SINOPSIS
El amor es un negocio en
Family Romance: una compañía que ofrece el servicio de alquiler de sustitutos.
La madre de Mahiro, una chica de 12 años, contrata los servicios de la empresa
para que Yuichi Ishii se haga pasar por su padre, desaparecido.
EDITORIAL
EL ARTE DE LA IMPOSTURA
El hombre de nuestros días
vive tratando de causar buena impresión. Su principal desvelo es la
aprobación ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias.
Algunos ejercen la
inteligencia, otros se deciden por la tenacidad o la belleza, otros cultivan la
santidad o el coraje.
Sin embargo, por ser todas
estas virtudes muy difíciles de cumplir, ciertos pícaros se limitan a
fingirlas.
Por cierto que tampoco
esto es sencillo: el engaño es una disciplina que exige atenciones y cuidados
permanentes.
Por suerte para los
hipócritas y simuladores, existe desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda
al Impostor.
I Basándose en modernos criterios científicos, los
especialistas de la organización instruyen, aconsejan, dictan clases, resuelven
casos particulares y difunden las técnicas más refinadas para obtener
apariencias provechosas.
Cuando algún zaparrastroso
quiere presumir de elegante, el Servicio le recomienda sastres, lociones y
corbatas.
Si se trata de aparentar
cultura, el cliente tiene a su disposición frases hechas, aforismos brillantes
y gestos de suficiencia.
Los que pretenden pasar
por guapos son adiestrados en el arte del aplomo y la compadrada.
Muchos pobres practican
para fingirse ricos, y muchos ricos se esfuerzan por parecer indigentes.
Hay que decir que algunos
postulantes son muy adoquines y no alcanzan a completar los cursos. Otros
tienen características tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
Durante muchos años, los
hipócritas aplazados debieron resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y
abominables condiciones, o bien a ser descubiertos en sus torpes fraudes. Pero
con el tiempo, el Servicio encontró una fórmula drástica para socorrer a los
menos favorecidos. Así nació el reemplazo liso y llano como recurso extremo.
Imaginemos a un morocho
tratando infructuosamente de ingresar en un selecto club nocturno. El hombre
fracasa con las tinturas y el maquillaje.
Inmediatamente el servicio
designa a un rubio cabal en su reemplazo. El impostor entra sin problemas a la
milonga y en nombre del morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
Los ejemplos son
innumerables: estudiantes mediocres que se hacen reemplazar en los exámenes;
enamorados tímidos que -como Cyrano de Bergerac- mandan en su lugar a un
picaflor; empleados capaces que para lograr un ascenso envían a un chupamedias
y personas hartas de su familia que se hacen substituir en los cumpleaños.
El Servicio de Ayuda al
Impostor ha ido perfeccionando la tecnología del reemplazo con disfraces
impecables. Se sospecha que hoy en día, la mayoría de las personas que uno
trata son en realidad agentes de la organización. Nuestros amigos, nuestras
novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados pueden haber sido reemplazados
por impostores profesionales. Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas
minucias a nombre y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que
finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se atreve a confesar que los
mitos de Flores lo tienen harto.
II Los gobiernos, lo mismo que las personas particulares,
viven preocupados por la opinión de los de afuera. Continuamente sugieren a la
población la necesidad de mejorar lo que se llama imagen exterior.
Para lograrlo se promueve
la difusión de nuestros aspectos más brillantes. Cuando nos visitan los
extranjeros, se les muestran nuestros rincones más presentables, se les hace
comer una empanada y se les obliga a escuchar a la orquesta de Osvaldo Pugliese.
La exaltación de nuestros
méritos va casi siempre acompañada de un cuidadoso disimulo de nuestros
defectos. Además, en tren de aparentar y a falta de extranjeros, se suele hacer
bandera ante los propios criollos.
Con toda insistencia se
señala que los médicos argentinos son los mejores del mundo, para no mencionar
a los enfermos. Si se produce algún desperfecto en una transmisión
internacional, los locutores se apresuran a aclarar que el jarabe se ha
originado en el satélite alemán, con lo cual nos quedamos todos tranquilos.
La actitud temerosa del
juicio ajeno es proverbial en el periodismo. Hace poco una cronista aprovechó
su paso por Roma para consultar a los transeúntes italianos acerca de nuestra
nueva situación institucional. Los televidentes recibieron varias reflexiones,
expresadas en cocoliche que, en general, nos perdonaban la vida. Al final de la
encuesta, la cronista no podía ocultar su satisfacción. Habíamos pasado la
difícil prueba de agradar a los heladeros de la Vía Marguta.
No estaría mal recurrir al
Servicio de Ayuda al Impostor para perfeccionar nuestras representaciones ante
los extraños.
La solvencia de la
organización nos permitiría aparentar cualquier cosa: que tenemos 100 millones
de habitantes, que somos prósperos, que somos poderosos. Se podrían editar
censos adulterados y mapas fraudulentos que nos muestren en el doble de nuestra
extensión.
Manuel Mandeb recomendó
alguna vez la conveniencia de fingirnos el Japón, para desconcertar a nuestros
enemigos. El pensador de Flores proponía que todos nos estiráramos los ojos con
los dedos y habláramos pronunciando las erres como eles.
Aquí se nos viene encima
una duda: ¿no será que otros países ya nos están engañando? La mentada potencia
norteamericana puede ser nada más que una ficción creada por los impostores del
norte. A lo mejor, Suecia es un país tropical, pero lo disimula. Quizá la Unión
Soviética es una pequeña república del Africa y Luxemburgo es en verdad el
mayor país del mundo.
En todo caso, antes de
encarar cualquier acción para mejorar nuestra imagen externa es indispensable
decidir cuál es la sensación que se quiere dejar. Si dispersamos nuestros
esfuerzos en simulaciones diferentes e inconexas, los resultados habrán de ser más
bien confusos. Dígasenos de una vez qué fingiremos ser: ¿una nación apacible?
¿una nación encrespada? ¿una nación limpia? ¿una nación angloparlante?
Los tratadistas reconocen tres tipos de impostura: horizontal, ascendente y descendente. La última consiste en mostrarse peor de lo que se es. Y no faltan economistas que postulan este camino para despertar la conmiseración internacional.
III Los teóricos más barrocos del Servicio creen que la impostura es un arte. Y más aún: afirman que todo arte es una impostura. Cien gramos de pinturas al aceite se nos aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje lunar. Quinientos kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules. Una curiosa combinación de tintas y papeles es presentada como el alma de un hombre atormentado.
Solamente la música está
libre de simulaciones. Un acorde en mi menor es precisamente eso y no pretende
ser nada más.
Los teóricos también han
defendido el carácter ético de la impostura ascendente. El argumento principal
no es muy novedoso: de tanto aparentar bondad, uno acaba por ser bueno.
Faltan en esta monografía
datos concretos que permitan al lector la contratación del Servicio.
Lamentablemente, no es
posible ofrecerlos.
Para empezar, nadie sabe
cuál es la ubicación de la entidad. A veces, el local asume el aspecto de un
almacén. Otras veces, se aparece como un copetín al paso, o como una estación
de ferrocarril. Los impostores son siempre consecuentes con sus representaciones
y por más que uno les plantee sus necesidades, insisten en vender garbanzos,
servir una ginebra o despachar un boleto de ida y vuelta a Caseros.
Es cierto que a menudo
aparecen impostores ofreciendo sus servicios. Pero la organización ya ha
advertido al público que se trata en realidad de falsos impostores que deben
ser denunciados a la policía.
IV Vaya
uno a saber cuántos ridículos firuletes habremos hecho los criollos para
agradar a los polacos y coreanos.
¿Estaremos bien? ¿No
seremos una nación fuera de lugar? ¿Qué pensarán de nosotros estos visitantes
holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor Smith? ¡Cuidado, disimulen
que ahí viene un francés! ¿No estaremos desentonando en el concierto internacional?
Yo creo que tal vez no
importa desentonar en un concierto que parece dirigido por Mandinga.
Vale la pena intentar el
camino difícil, el más penoso, el más largo pero también el más seguro. Es el
camino de la verdad. El que quiera parecer honrado, que lo sea. El que quiera
fama de valiente, que se la gane a fuerza de guapeza.
Y si queremos que el mundo
piense que somos una gran nación, sepamos que lo más conveniente es ser de
veras una gran nación.
Mientras llegan esos
tiempos, podríamos empezar a fingir que no fingimos.
Alejandro Dolina, "Crónicas del Ángel Gris"
Canción elegida para
la editorial
IMPRESIONES SOBRE
FAMILY ROMANCE, LLC
Gran invento la verdad. Tal vez la cadena de opresión más codiciada por aquellas manos cobardes que operan desde la oscuridad, desde la clandestinidad; esas manos que no se manchan y mandan a hacer el trabajo sucio a otro, pero que son antena precisa de todo lo que pasa, porque ellos son todo lo que pasan. Hablo de la verdad que opera normalizando, naturalizando, aquella que opera sobre los cuerpos performándolos. Lo cierto es que la verdad no existe, es una farsa represora e inescrupulosa. La verdad es el poder para imponerla. Quien logra imponer una visión de la realidad sobre las otras circundantes ha creado la verdad. La realidad entonces, es un conflicto de verdades diferenciadas en la cual triunfa la que más poder tiene. Allí vemos entonces a los medios de comunicación saltando como leones hambrientos sobre la realidad para manejar deliberadamente su verdad. Allí vemos también a los analistas sociales, a los prestigiosos periodistas masticando los hechos para escupir lo que el poder real les dicta. Podríamos pensar en este punto en dónde ubicar a la verdad. Tal como dijimos hace poco, el finado Platón la quita del cuerpo por ser perecedero, por sentir, allí jamás podría habitar la verdad, lo absoluto. El filósofo, entonces decide ubicarla en otro plano. Si nos remontamos brevemente en la historia, hablo del periodo presocrático, siglo V AC, claramente caracterizado por el paso de la cosmovisión del mito al logos, o sea a la razón, con el auge de la democracia, se engendrarán luchas de dominio y se trabajará sobre la idea de poder lográndolo a través de la persuasión del pueblo para lo que se estudiará el manejo del lenguaje. El movimiento sofístico responderá con astucia a esta necesidad. Los sofistas inventarán la educación en un medio artificial, educarán sobre el dominio perfecto de la palabra. Más adelante, Platón y Aristóteles les reprocharán a los sofistas ser comerciantes del saber.
La palabra, entonces, como función organizadora de la verdad, de lo que es, de lo real. El lenguaje como acceso, como acercamiento a lo verdadero. Protágoras, tal vez junto a Gorgias uno de los sofistas más renombrados, sostenía que el hombre es la medida de todas las cosas. Nuevamente la idea de que la verdad es una creación, una construcción colectiva. Ahora bien, si sostenemos esta hipótesis en donde el único acceso a lo verdadero, a lo real, para el ser es a través del lenguaje y dentro de una construcción colectiva, podemos caer en la cuenta rápidamente que estamos sometidos a un sistema de subjetividad creado como una delicada obra de orfebrería, afectado por la propia historia, cultura, por nuestras propias vivencias. Podemos introducir entonces a la mentira. Nos adelantamos bastante en el tiempo y nos vamos a Federico que dirá que la verdad es la mentira más eficiente. Lo verdadero, lo real, lo absoluto, será una mentira que habrá logrado su objetivo. En este sentido, podemos pensar entonces que lo verdadero no depende de un hecho comprobatorio sino del convencimiento. Dirá más adelante Nietzsche que no hay hechos, solo interpretaciones. Dicho esto, tal vez podemos concluir que, como no hay relación entre el pensamiento y la cosa, hablo en términos Saussurianos, de la relación arbitraria entre ambos, pero lo que quizás sí haya es una relación interna entre los enunciados, de esta manera, lo verdadero, tal vez, estaría relacionado con la construcción propia de un relato y la sumisión ante la aceptación del mismo. Hablo de la creación de un relato propio que nos cierre y que a su vez cierre moralmente dentro de una sociedad. Hacer terapia quizás no sea más que restablecer aquel relato roto para lograr que vuelva a cerrarnos, para lograr una nueva verdad que apacigüe el fuego de nuestras angustias. Volvemos a la conclusión entonces de que la verdad miente. Es artificial, arbitraria e impuesta como el lenguaje que la construye.
Muchas de las puestas de cámara serán en mano decisión que reforzará la idea de
documental. En cuanto a las actuaciones, la dirección de los actores, estará
trabajada para sostener el verosímil generado por ellos mismos al momento de su
trabajo cotidiano en la empresa. Eso será lo que el director buscará retratar
en la historia. Nuevamente la verdad. Nuevamente lo real. Herzog planteará situaciones, simple situaciones que serán resueltas
por los propios actores y actrices a través de sus reacciones físicas, de los
movimientos de los cuerpos dentro del espacio escénico, y claro, también, a
través de los diálogos. Todo se complicará cuando los sentimientos se mezclen
en aquella farsa que llaman realidad. Allí se verá el cartón pintado, los
vidrios de colores, los hilos que sostienen a las marionetas que se mueven a
nuestro alrededor. Oscar Wilde decía
aquello de dame una máscara y te diré la
verdad. ¿Cuál de nosotros será el verdadero entre tanta máscara caída?
¿Vale la pena hacernos esta pregunta después de todo lo dicho? El enamorado
cree en su amor fervientemente y con eso basta. Su mentira lo salva tal vez de
un millar de verdades bastardas. Nos quedaremos con él, con su penar, aunque
sea ficticio. Y nuestro abrazo será sincero, verosímil, aunque sepamos que
también sea cartón pintado en esta realidad simulada y construida por otros y
para otros. Nos iremos caminando despacio, desconfiando de todo, porque ese es
nuestro escenario, porque es allí donde nuestro acto se desarrolla. Porque para
eso hacemos este programa, para eso escribimos nuestras canciones, nos
enloquecemos con acordes imposibles o buscamos palabras mágicas que nos
transporten a otros mundos. Seguiremos haciendo preguntas para
defendernos de las certezas porque vivimos en la idea de que no hay verdades
absolutas pero si, queridos amigos y amigas, mentiras evidentes.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO HERZOG
Nació en Munich el 5 de septiembre de 1942, creció
en el seno de una familia muy pobre. Herzog creció sin radio ni cine, en pleno
contacto con la naturaleza, en una granja, alejado del mundo moderno. Según
afirma el propio director, no tuvo conocimiento de la existencia del cine hasta
los once años, la misma fecha en la que vio por primera vez un coche. A los 17
años hizo su primera llamada telefónica. A los trece años se trasladó a Múnich
para iniciar sus estudios secundarios. Su familia se alojó provisionalmente en
una pensión donde, casualmente, se alojaba Klaus Kinski, actor que
en un futuro sería clave en su carrera cinematográfica. Durante su
adolescencia, pasó por una etapa de gran fervor religioso, llegando a
convertirse al catolicismo, lo que provocó discusiones con sus familiares,
ateos convencidos. Por esta época empezó a realizar sus primeros largos viajes
a pie. Hacia los quince años atravesó media Europa, desde Múnich hasta Albania.
También hizo caminando el viaje que lo llevó a Grecia. Hacia los 17 años
decidió dedicarse al cine. Para pagarse sus películas, trabajó en diversos
oficios, que combinaba con sus estudios secundarios y más tarde universitarios.
Se matriculó en Historia, Literatura y Teatro en Múnich. Hacia 1960 obtuvo la
beca Fulbright para el Seminario de cine de la Universidad de
Duquesne, en Pittsburgh (Estados Unidos). Su primer film fue un corto
documental titulado Heracles en 1962, donde hacía un
paralelismo entre Heracles y los musculosos fanáticos del gimnasio. Su primer
filme de ficción fue Signos de vida (1968). Las películas
posteriores confirmaron su carácter visionario y su atención por lo irracional
y por las realidades marginales, rasgos bien visibles en títulos como También
los enanos comenzaron pequeños (1970), protagonizada por enanos, o
documentales como Fata Morgana y Tierra de silencio y
oscuridad (1972). El éxito internacional le llegó con Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972), poderoso film en el que su
actor-fetiche Klaus Kinski interpreta al conquistador español Lope de
Aguirre.
El
film lo consolidó como uno de los más importantes directores de Nuevo
Cine Alemán, junto a Wim Wenders, Rainer W. Fassbinder, Volker
Schlöndorff y Reinhard Hauff. El director consolidaría su reputación con el
asombroso documental El gran éxtasis del escultor de madera Steiner (1973-1974).
Le siguieron Corazón de cristal (1976), La
Balada de Bruno S. (1997), Nosferatu, vampiro
de la noche (Nosferatu, Phantom der Nacht, 1978), en la que recreó la
clásica versión fílmica de Drácula rodada en 1922 por Friedrich Wilhelm
Murnau, Woyzeck (1979), basada en una pieza teatral inconclusa
de Georg Büchner, y Fitzcarraldo (1982), historia de un
excéntrico empresario del caucho obsesionado en construir una ópera en plena
selva amazónica. De sus últimos títulos cabe destacar Donde sueñan las
hormigas verdes (1984), Cobra verde (1987) y Grito
de piedra (1991). Werner
Herzog ha dirigido también montajes teatrales, en especial de óperas: Doctor
Fausto (1985), Lohengrin (1987) y Juana de
Arco (1989). En la década de los noventa realizó documentales para el
cine y la televisión: En las puertas del infierno (1992), The
Transformation of the World Into Music (1994), Little Dieter
Needs to Fly (1997) y Mein liebster Feind (1999). Ya
en el siglo XXI llegaron documentales como obras de ficción entre las que
encontramos The White Diamond, La salvaje y azul lejanía, Grizzly Man, Rescate
al amanecer, Hijo mío, hijo mío ¿que has hecho?, la remake de Un
maldito policía, La cueva de los sueños olvidados, Hacia el infierno, Meeting
Gorbachov o Fireball, visitantes de mundos oscuros, su último documental.
FICHA TÉCNICA
Título original: Family Romance, LLC
Año: 2019
Duración: 89 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Werner Herzog
Guion: Werner Herzog
Reparto: Mahiro Tanimoto, Ishii Yuichi, Miki
Fujimaki, Takashi Nakatani, Kumi Manda, Yuka Watanabe, Jin Kuroinu, Shun
Ishigaki, Tatsuaki Hôjô
Música: Ernst Reijseger
Fotografía: Werner Herzog








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