Todos los jueves de 21 a 22 hs.

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lunes, 8 de agosto de 2016

ZELIG


EDITORIAL

Camino por las veredas destruidas por el paso de los años, cruzo la calle adoquinada mientras el reflejo de la luz de un colectivo me apunta directo a la nuca, no paro, no miro para atrás, sigo adelante esquivando miradas. Veo un patrullero con la sirena prendida en la puerta de una pizzería, me río para dentro pero me siento en la misma situación que el auto, abandonado a su andar, esperando alguien que lo manipule. La lluvia no tarda en llegar, busco guarida bajo un frondoso árbol que pierde hojas por la ventisca, mientras me pregunto quién soy, de donde vengo, como llegué hasta acá. Arranco de nuevo en dirección hacia el río y escucho bocinas y bombos, gente que protesta, recuerdo ciertas caras en carteles haciendo promesas imposibles y la sangre hierve al compás de los tambores. Me camuflo en una peatonal entre trajes de etiqueta, portafolios y carros de basura que buscan reciclar su futuro a cambio de unas monedas. Anochece y en la plaza se escuchan los primeros ruidos de bolsas que se contraen mientras cuerpos cadavéricos vagan con la mirada perdida. Por momentos soy ellos, pero me pregunto si ellos alguna vez podrán ser yo... Los olores me siguen los pasos y se impregnan en mi ropa mientras un taxi acude a mi rescate. Una vez adentro escucho sermones mientras paseo por la ciudad a cambio de varias opiniones y demasiados billetes. Siento que ya estuve en ese auto pero en la parte de adelante y decido bajarme sin más dialogo que un gracias y hasta luego. La luz del auto desaparece raudamente entre la cortina de agua. 


Encuentro un edificio en ruinas al lado de uno lujoso, como si fueran el ying y el yang arquitectónico. Siento que pasé la vida en ambas edificaciones, observando las hermosas luces y espejos gigantes en uno y soportando el frío del invierno en el otro. De repente la veo a ella y trato de seguirla pero su sombra desaparece en la mía... quizás ella soy yo, quizás nos encontramos en un mismo cuerpo, mientras las nubes revolotean alrededor de la luna, que me hace entender que ya no está llorando el cielo. Sin darme cuenta, camino entre las bóvedas del cementerio, contemplo el silencio como el más ruin de los cobardes, mirando la nada. Me niego a creer que estoy aquí buscando la salvación eterna, el perdón de las almas olvidadas. ¿Estoy vivo o soy un muerto que deambula por la ciudad en busca de alguna fórmula mágica perdida? Miles de rostros empiezan a desfigurarme la cara mientras mi cabeza entra en un huracán de apariciones entre gritos y llantos. Siento que fui todas esas personas pero a la vez no los reconozco. Nuevamente una sirena me devuelve a la realidad. Esta vez es mucho más aguda y cercana. De repente unas puertas se abren y un fondo de paredes blancas invade mi mente. Un pasillo largo con camillas completa el decorado mientras mis pies se piden permiso mutuamente para moverse. Bajo al parque mientras empiezo a caminar en círculos por horas sin entrar en comunicación con nadie. Encuentro en esas vueltas eternas la forma para escapar de la locura de la sociedad, de las mentiras y de la furia que nos tienen atados a una silla sin respaldo. Quizás esta sea la forma para entender quién soy, sabiendo que la mejor manera de engañar al mundo, es entrando en trance...

Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE ZELIG


Así como hace varios años un filósofo ítalo argentino, intentando desenmarañar el concepto del alma humana, intentando alcanzar lo más profundo de ella, preguntó insistentemente ante una audiencia estupefacta (que según la crónica narra jamás comprendió aquella interpelación) “come se fa el vino?”, hoy, desde la humildad de esta mesa y de los amigos que la integran, me interesa preguntar, retomando tal vez la energía de aquel que indagaba, aquella pasión por interponer la duda a lo evidente: ¿Qué es una imagen? Una imagen, intentará responder rápidamente alguien del público, es un reflejo. Sera aquí, entonces, donde la respuesta a nuestra pregunta empiece a alejarse. El 5 de diciembre del 1829, Joseph Niepce, luego de varios ensayos, inventa lo que se llamó “la cámara oscura” con la cual logra captar sobre una placa aquello que su objetivo reflejaba. Luego de su muerte, aquel invento sería usurpado y comercializado por Louis Daguerre con el nombre de “Daguerrotipo” quien lograría fijar de manera permanente, aquello entregado por la cámara. Con el advenimiento de este nuevo medio de expresión, algunas personas repararon asombrados en la capacidad para registrar y a la vez revelar la realidad física visible, o potencialmente visible. Hubo acuerdo general en que la fotografía reproduce la naturaleza con una fidelidad “equiparable a la naturaleza misma”. El mismo Darwin declararía en aquella época que a él le interesaba la verdad y no la belleza y que no había dudas de que las instantáneas transmitían las expresiones faciales más evanescentes y fugaces. 


Aquel “espejo con memoria” traería consigo entonces, una gran y eterna discusión entre los artistas y los realistas en donde estos últimos argumentarían que el fotógrafo debía invariablemente reproducir, de algún modo, los objetos que se encuentran ante su lente; que carecen, decididamente, de la libertad del artista para disponer las formas e interrelaciones espaciales al servicio de su visión interior. Sería por aquella mitad del siglo XIX que el positivismo se expandiría por toda Europa dando los argumentos a los realistas para desangelar miserablemente a los amigos de esta casa, los muchachos del movimiento romántico. La mentalidad positivista vendría a festejar una representación fiel de la realidad, completamente impersonal. Sera también a raíz del surgimiento de este movimiento que se organicen las herramientas para legitimar el estudio naturalista del ser humano, tanto individual como colectivamente volviéndolos objetos de estudio. ¿Cuál será entonces aquella realidad objetiva que le quita el sueño a esos canallescos refutadores de leyendas? ¿Cómo será aquel reflejo / objeto tan despojado del “yo” que observa? Recordemos en este punto que un plano es ideología no por lo que muestra, sino también por lo que decide no mostrar. ¿Cómo despojar del yo a aquella “realidad” (y aclaro realidad entre comillas) que queda fuera de campo? La fotografía convierte al sujeto en objeto, es la captura de aquel sutil instante donde el representado no es ni sujeto ni objeto, sino un sujeto que se ve devenir en objeto, dirá Barthes una “mircroexperiencia de la muerte”. 


Miguel de Unamuno, a esta altura ya un amigo más de la casa, nos dijo hace algún tiempo que el ser es una unidad. Que el ser otro, en este caso el convertirse en objeto, era destruir esa unidad y por lo tanto era la nada y que la nada, no era otra cosa más que la muerte misma. Continuará entonces Roland Barthes en su libro “La cámara Lucida” diciendo que una foto – retrato es una empalizada de fuerzas. Dirá que son cuatro los imaginarios que se cruzan, se afrontan, se deforman. Ante el objetivo, soy a la vez: aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean, aquel que el fotógrafo cree que soy y aquel de quien se sirve para exhibir su arte. Al posar, entonces, uno fabrica instantáneamente otro cuerpo, uno se transforma, anticipadamente, en imagen. ¿Será entonces la imagen un cúmulo de intenciones tal vez tallados por la época, tal vez dictados por la cultura, aquella cultura que es la memoria del pasado de los pueblos? Zelig, aquel experimento en la filmografía de Woody Allen, tal vez venga a aportar a este caos de ideas algunas preguntas. El film profundizará sobre el peso de la mirada del Otro y la sobrevaloración de aquellos reflejos. Trabajará la idea de que la imagen es la que es pesada, inmóvil, obstinada y es por eso que las sociedades se apoyan en ella. El yo, sin embargo, es ligero, dividido y disperso y jamás puede estar quieto, tal vez por eso es incapturable. Seguiremos caminando por las tinieblas, buscando desesperados el reflejo del otro para reafirmar así absurdamente nuestro yo. Mientras tanto, entre las vicisitudes del recorrido de este laberinto, sigo preguntándome: ma come se fa el vino?!

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


También escuchamos un clásico


Y nos fuimos con otros genios


FICHA TÉCNICA

Título original: Zelig
Año: 1983
Duración: 76 min.
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Música: Dick Hyman
Fotografía: Gordon Willis (B&W)
Reparto: Woody Allen, Mia Farrow, Gale Hansen, Stephanie Farrow, Garrett Brown, Mary Louise Wilson, Sol Lomita, John Rothman, Susan Sontag

SINOPSIS


Falso documental sobre Leonard Zelig, el hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana de la 'era del jazz'. Su historia arranca el día que miente al afirmar que ha leído Moby Dick, sólo para no sentirse excluido. Desde entonces, su necesidad de ser aceptado lo lleva a transformarse físicamente en las personas que lo rodean, convirtiéndose así en un fenómeno mediático, en una celebridad sin esencia. Testigo de algunos de los acontecimientos más importantes de los años treinta, encaja a la perfección en todas partes porque asume las características tanto físicas como psíquicas de las personas con quien está para caerles bien.

miércoles, 3 de agosto de 2016

PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y OTRA VEZ PRIMAVERA


EDITORIAL

Arranquemos con esta frase: Jorge Luis dice "solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece"...
Según entiendo, algunas religiones o prácticas religiosas orientales, se centran o apuntan hacia el desprendimiento del ego... Me viene a la mente una escena de la película "Siete años en el Tíbet", en la que Brad Pitt protagoniza a un reconocido escalador de montañas alemán llamado Henry. En esta escena Henry trata de impresionar a una mujer tibetana haciendo una demostración de sus habilidades y mostrándole los títulos que a lo largo de su carrera había conseguido. Ella le responde que "escalar montañas es un tonto placer" y que una de las grandes diferencias entre sus culturas, que en realidad serían nuestras culturas, es que nosotros "admiramos al hombre que se impulsa hacia la cima en cualquier modo de vida, mientras que ellos admiran al hombre que abandona su ego". Y termina diciendo " al ciudadano tibetano promedio jamás se le pasaría por la cabeza llamar la atención de esa manera".
Me pregunto desde el desconocimiento total, y para que la pregunta quede en suspenso ¿Si se abandona el ego, que pasa con el deseo? ¿Se puede seguir deseando?


Observemos la frase con la que inauguramos esto: dice "solo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece". ¿Acá él dice que solo los recuerdos nos pertenecen? si es así, veamos que nos parece que son los recuerdos. Pensemos en un recuerdo en particular. ¿Lo tienen? ¿Es igual a la experiencia original? si es un recuerdo viejo, ¿es igual a como lo recordábamos hace algunos años? Bueno esto nos indica que no los manejamos, no los poseemos, entonces, volvamos sobre el sentido de la frase de Jorge Luis. Si entonces, eso que se ha ido no nos pertenece, y según él es lo único que nos pertenece, entonces nada nos pertenece. O solo nos pertenece la disolución de todo, ni el devenir, porque este es incontrolable.
¿Qué pensamos ahora sobre el deseo? Hablemos sobre el deseo del otro.
Cuando uno desea algo, desea poseerlo. Lo mismo pasa con el deseo del otro. Según Hegel, el encuentro de dos deseos es una lucha a muerte en la que la definición de esto es la individualización del amo por un lado y el esclavo por el otro. Pero es a muerte y se da que en esta lucha uno de ellos tuvo miedo a morir. Ahora, este resultado no da felicidad o placer para uno u otro, porque el deseo es de doblegar al otro, no el del otro doblegado, entonces cuando el otro es doblegado, porque tuvo miedo a morir, cambia y el deseo queda insatisfecho para ambas partes. Esto es psicoanálisis puro. Si entendemos que esto es así entonces perpetrar el deseo es un vaciamiento del espíritu. Es la angustia de no satisfacer nunca nuestros deseos. O de que no nos satisfagan nunca nuestros deseos.


En fin, pensaba que entendiendo así lo que es el deseo entonces puede no haber tanta diferencia entre nuestras culturas. Lamentablemente en Occidente se hace un culto al deseo, a dominar al otro y a todo lo que nos rodea. La expresión máxima de esto son las ciencias, disciplina que se lanza al dominio de los entes en general. En Oriente se abandona el deseo y el ego, que es la expresión máxima del deseo. Esto es inconcebible para nosotros, porque para nosotros es el motor de nuestras vidas el desear, y desear es el terreno de la gente que sabe vivir, según nuestra cultura...
Juzgo con estas palabras a nuestra cultura, pero desde el desconocimiento total de lo que significa abandonar el deseo y desde la insatisfacción de ver el rumbo que vamos llevando como sociedad.
Pensando sobre nosotros, hay una palabra que utilizamos con frecuencia y que tal vez involucre al deseo en alguna de sus formas y que a simple vista puede parecer que es la posesión del otro en su totalidad. Pero si pensamos sobre lo que significa y vamos hacia sus profundidades puede resultar algo muy distinto. Ella es casi una forma de vida. Es amor.

Chistian Soria.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES PARA PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO... Y OTRA VEZ PRIMAVERA


La belleza radica en las pequeñas cosas... Una flor... un castillo de arena... una hoja seca cayendo de un árbol... Una gota de lluvia en medio de una ventisca húmeda y fría... No hay nada bello por decreto, no hay un manual estipulado de belleza. Kant nos dice: lo bello es lo que agrada universalmente sin concepto... y en la naturaleza, tratando de ser objetivos, la belleza es el todo, es una satisfacción desnuda de todo interés.
La belleza de un arco iris, de una oruga convirtiéndose en mariposa, de una estrella fugaz surcando el furioso cielo azul de la noche, rememoran paisajes perfectos de la naturaleza. Una belleza que solo puede ser contaminada por la mano del hombre, siempre dispuesto a destruir todo lo que hay a su lado. Y por esa razón, buscará liberar al corazón de esa piedra que lo atormenta todas las noches. Una piedra que arrastramos de por vida, como le muestra el monje a su pupilo en el film Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera, del talentoso Kim Ki Duk. El director surcoreano elige un monasterio Budista que flota en el río Jusan para contarnos el círculo de la vida. No será necesario ahondar en diálogos... los silencios, las imágenes, y los símbolos que van apareciendo en el film, alcanzarán para entender todo.
Kim Ki Duk trabajará todo de forma lineal, con un gran sentido del tacto. Los encuadres y los planos firmes de cámara, lograrán una perfecta contemplación poética de la naturaleza, una especie de haiku visual. Veremos cámaras fijas que de a poco van ampliando el horizonte para entender que la plataforma se mueve, aunque por momentos no nos demos cuenta. Pero lo que más se acerca a la belleza pura es su imagen. Cada estación estará marca por una cromática diferente. La fotografía de Baek Dong-Hyun logra un poder visual exquisito, y eso está perfectamente estudiado, ya que el director viene del mundo de la pintura. Los colores fuertes para el principio del film, con el verde como máximo exponente darán paso a una paleta de colores marrones o amarillentos mientras las hojas del otoño caen. Sobre el final, el blanco de la nieve invernal, recubrirá todo en una escala de colores fríos.


El film nos mostrará las etapas de la vida a partir de las estaciones del año. Empezará con la primavera, donde veremos un niño haciendo travesuras, como atarle piedras a un pez, una rana y una serpiente, mientras el monje lo mira a lo lejos, sin decirle nada. Al otro día, el alumno amanecerá con una piedra atada a su cintura, y el monje le dirá que vaya a liberar a los animales, pero si alguno de ellos está muerto, cargará con esa piedra en el corazón el resto de su vida. Al ver que sólo la rana pudo sobrevivir, el pequeño romperá en llanto. La primavera, el perro, y el niño, representan el inicio de la vida, la ignorancia entre el bien y el mal, hechos que la sabiduría del monje intentará transmitir en esos primeros pasos. Llegaremos al verano, donde un gallo aparecerá en escena, como representación de la adolescencia y de la lujuria, de las primeras decisiones que marcarán un camino. La llegada de una joven con su madre para intentar curar su alma enferma, y regresar cuando encuentre la paz, despertará esas pasiones en el joven adolescente. Veremos cómo esa puerta en el medio del lago, es un pasaje al mundo real, la perdida de la inocencia. Las puertas son otros símbolos que aparecen varias veces y el director nos va tirando pistas de lo que va a suceder, como cuando el joven monje, en vez de atravesar la puerta decide pasar por el costado, por esa especie de muro invisible, para estar junto a su amante, en un anticipo de lo que será su futuro... Luego de ser descubiertos, las palabras del monje resonarán con fuerza, cuando le dice que la lujuria despierta el deseo de poseer. Y eso despierta la intención de asesinar. La chica, ya en paz, se irá. El joven seguirá sus pasos, pero a escondidas...


El otoño, la soledad del monje llegando a la tercera edad y el gato representarán la independencia, la edad adulta, pero también la comodidad para esconderse de sus decisiones, como cuando el monje ya adulto, viene a buscar la redención luego de haber asesinado a su esposa, rememorando las viejas palabras de su maestro. La escena con los detectives y el maestro pidiendo terminar el Sutra budista, para limpiar el alma, como un punto importante de la película... donde vemos un claro ejemplo de filosofía budista, ya que ninguno de los personajes tiene un nombre, ya que según su filosofía, abandonan su individualidad, para ser parte de un todo, los únicos que tienen nombre son los dos policías, no budistas. El final, con el monje realizando un ritual de suicidio, dará paso a la inmortalidad.
Inmortalidad que se verá en la serpiente, que abandona el bote para refugiarse en el templo, mientras el invierno hiela todo a su alrededor, como esperando la llegada del nuevo monje y servirle de guía. El monje llega después de pasar un tiempo en la cárcel, a la espera de la redención definitiva. Vuelven a aparecer los animales que el martirizó de niño, para ir cerrando el ciclo. La puesta del Buda mirando hacia el templo, para resguardarlo del pecado. El ciclo se termina de cerrar con la nueva primavera, una tortuga como representación de la longevidad, y la eternidad del ciclo de la vida, mientras un niño juega con las piedras en sus manos, para empezar todo de nuevo.
El maestro coreano apunta directamente a los sentidos, a preguntarnos internamente sobre cuestiones esenciales de la vida, a interactuar entre lo que se ve y lo que se capta, mientras nos demuestra que la violencia está ahí, latente, esperando despertar. Un film que contiene una hermosa metáfora basada en la filosofía budista, nos va atrapando con imágenes, con los ruidos de las hojas, el sonido del agua, y el silbido del viento como una perfecta canción, la canción para los días de la vida...

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


FICHA TECNICA

Título original: Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom
Año: 2003
Duración: 103 min.
País: Corea del Sur
Director: Kim Ki-duk
Guión: Kim Ki-duk
Música: Park Ji-woong
Fotografía: Baek Dong-hyeon
Reparto: Oh Yeong-su, Kim Ki-duk, Kim Jung-yeong, Seo Jae-gyeong, Kim Yeong-min, Ha Yeo-jin, Ji Dae-han

SINOPSIS

En un remoto valle entre las montañas, un joven discípulo aprende a templar su espíritu a partir de las doctrinas de Buda. Su maestro, un venerado monje, le enseña lo valioso de cada vida en particular y lo importante y delicado de cada uno de nuestros actos en esta vida.
A medida va pasando el tiempo, aquel joven aprendiz va despertando y madurando cada vez más su espíritu. El pequeño templo flotante perdido entre las montañas le fue quedando cada vez más chico y el fuego del deseo, inherente en todo ser humano, estalla, así como también estallarán todas las pasiones.

martes, 2 de agosto de 2016

THE FORBIDDEN ROOM

PROGRAMA 148 (15-07-2016)

EDITORIAL

Lo palpable lo mórbido
el conco fondo ardido los tanturbios
las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne
y sus pistilos núbiles contráctiles
y sus anexos nidos
los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto
su mosto azul desnudo
cada veta
cada vena del sueño del eco de la sangre
las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo
cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo
y sus vaciados rostros
y sus cauces
hasta morder la tierra
lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda
cualquier estar en llaga
los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia
cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa
la estéril lela estela
el microazar del germen del móvil del encuentro


los entonces ya prófugos
la busca en sí gratuita
los mititos
hasta ingerir la tierra
todo modo poroso
el pozo lato solo del foso inmerso adentro
la sed de sed sectaria los finitos abrazos
toda boca
lo tanto
el amor terco a todo
el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor
la lacra
amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero
que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro
hasta exhalar la tierra
con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias
sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües
sus convecinos muertos de memoria
su luz de mies desnuda
sus axilas de siesta
y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes
hasta el destete enteco
hasta el destente neutro
hasta morirla

Oliverio Girondo


IMPRESIONES PARA THE FORBIDDEN ROOM


Aquello que está realmente vivo es ininteligible a nuestros sentidos. Y hablo de los sentidos como aquel resabio domesticado de lo que alguna vez fueron estos ojos guiados por un verdadero instinto. Aquello vivo y absolutamente inestable, aquello profundamente individual, escapa heroicamente nuestra razón. Sobre las ideas muertas, lo categorizado y conceptualizado trabajará la ciencia y será también sobre aquella muerte que se desarrollará la inteligencia humana, ya que lo vivo corre como el río, sonoro e inalcanzable. Estamos frente a un film indiscutiblemente vivo, claramente irracional, fragmentado como el recuerdo, oscuro como toda pesadilla. The Forbidden Room de Guy Maddin y Evan Johnson será un relato complejo, un tenebroso laberinto que se deberá transitar con el morboso placer de entregarse al juego sin caer jamás en la desesperante sensación de saberse perdido. 


Decía un gran amigo de esta casa, el señor Robert Bresson, que él prefería que las personas sientan la película a que la entiendan. Allí quizás la esencia del hecho artístico, Lord Byron nos grita desde el fondo que el arte es causar efecto no importa cómo. Aparecerá como resultado, entonces, la conmoción, el movimiento puro y efectivo. El film abrirá instalando el caos desde sus placas de inicio, tanto en lo visual como en lo sonoro. Luego aparecerá aquella cita bíblica que rezará lo siguiente: cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Sobre esta idea se planteará la estructura narrativa y estética de la película. Asistiremos a la ilación de incongruentes situaciones que disgregaran en otros raccontos armando de esta manera, las crueles paredes del laberinto. Reconoceremos ciertamente por los caminos transitados fuertes influencias del cine Lynchiano, tanto en la energía trabajada actoralmente como también en el sonido y la iluminación. 


Habrá también cierta estética y hasta citas puntuales al expresionismo alemán que las encontraremos en la construcción de algunos delos tantos personajes o mismo en la elaboración de ciertos escenarios y vestuarios. Veremos cierta tendencia al arte abstracto, muy similar a lo trabajado por Bill Morrison en varios de sus cortometrajes. Se respirará cierto aroma a Warhol, hablo no de su fotografía sino de su cinematografía. Se trabajará la idea de la asfixia de forma tal que construirá una columna vertebral sobre la que se instalará el desarrollo del relato. Vendrán a apoyar esta idea la utilización de planos cerrados, la tiniebla sobre la que se montará cada escena, la colorimetría que jugará con nuestra percepción como también lo hará la banda musical del film, cargando de drama cada instante, cada cuadro. Llegaremos al final del laberinto, confundidos, profundamente aturdidos por la extraordinaria experiencia de habernos perdidos en la incongruencia de un suelo que creíamos firme. Fundirá todo a negro, menos aquella extraña sensación de habernos sentido vivos.-

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


UNIVERSO MADDIN


Nacido en la ciudad de Winnipeg, su educación cinematográfica se inició y consolidó al margen de cualquier escuela, rodando breves piezas con amigos los fines de semana.
Su primera película, The dead father, es un cortometraje de 26 minutos realizado en 1986 con una cámara Bolex de 16mm. Pese a ser un trabajo primerizo muestra ya algunas de las constantes de su cine: ironía y humor tamizando una historia trágica, mezcolanza de géneros y experimentación formal.
Dos años después llegaría su primer largometraje, Tales from the Gimli Hospital, rodada con un presupuesto de tan sólo 20000 dólares y que alcanzó cierta notoriedad al ser rechazada por el Festival de Toronto. Narra el desarrollo de una epidemia en el pueblo de Gimli a principios del siglo XX y en ella se pueden encontrar referencias y homenajes que van desde las vanguardias francesas al expresionismo alemán pasando por directores tótem de la época muda como Fritz Lang o David Wark Griffith.
Posteriormente, Maddin ha rodado más de 30 películas entre cortometrajes y largometrajes, pasando poco a poco del más oscuro underground al estreno y celebración de sus películas en algunos de los más importantes festivales de cine del mundo.
Algunos de esos largometrajes son Careful de 1992; Dracula: Pages From a Virgin's Diary de 2002, que ganó el Festival de Cine de Sitges y que convirtió a su autor en un director bastante particular, en 2003 filma The Saddest Music in the World sobre un concurso en el que tienen que tocar la música más triste del mundo, que ha obtenido muy buenas críticas.
Los últimos dos grandes trabajos fueron Brand Upon the Brain! y el documental surrealista My Winnipeg, basado en su ciudad natal.

FICHA TECNICA

Título original: The Forbidden Room
Año: 2015
Duración: 130 min.
País: Canadá
Director: Guy Maddin, Evan Johnson
Guión: Guy Maddin, Evan Johnson, Robert Kotyk
Música: Galen Johnson, Guy Maddin, Jason Staczek
Fotografía: Benjamin Kasulke, Stephanie Anne Weber Biron
Reparto: Roy Dupuis, Clara Furey, Louis Negin, Mathieu Amalric, Paul Ahmarani, Geraldine Chaplin, Udo Kier, Sophie Desmarais, Charlotte Rampling, Karine Vanasse, Jacques Nolot, Amira Casar, Carolina Dhavernas, Gregory Hlady, Noel Burton, Slimane Dazi, Maria de Medeiros.

SINOPSIS


El film sigue a una tripulación de un submarino, un grupo de bandidos del bosque, un cirujano famoso y un batallón de niños soldados que reciben más de lo que esperaban. Todos siguen su camino hacia las ideas progresistas sobre la vida y el amor del que se ven rodeados.