Todos los jueves de 21 a 22 hs.

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viernes, 18 de diciembre de 2015

EL PATRÓN, RADIOGRAFÍA DE UN CRIMEN


EDITORIAL

Ella es una muchacha de unos 25 años, avejentada, con ojos sombríos, de tez oscura, proveniente del norte argentino. Acaba de escaparse del prostíbulo al que llegó con 14 años de existencia. Nunca trabó una amistad, no conoció a sus padres, su familia eran normalmente tipos armados que la trasladaban de un lado para otro hasta que por un tiempo era alojada en alguna casa donde una comadrona le daba de comer y atendía lo más básico para la supervivencia. Del mismo modo podrá decirse que se cría el ganado o algunos animales que se utilizan para alguna explotación.
No se explica donde un ser, que fue condicionado de esa manera, logra tener algún pensamiento relacionado a la libertad. ¿Qué digo pensamiento? ¡Debe ser una sensación!... Esa mañana tomó a su niño de dos años, salió a hurtadillas del viejo caserón que quedaba en el barrio de San Cristóbal y en la misma puerta paró un taxi y voló hasta la estación de Retiro... Tal vez algún cliente, uno de los tantos borrachos que se aparecían por el burdel, le comentó sobre el tren que va a Tucumán, sobre el precio de sus pasajes, sobre cómo y dónde comprarlos... Tal vez él mismo se los consiguió o tal vez alguna compañera con un poco más de" libertad" y más antigua, con menos fuerzas para desligarse de aquello, le facilitó un poco aquella salida...


Pasada las 8 de la mañana zarpó la locomotora diesel rumbo a Rosario y de ahí a Tucumán pasando por Santiago del Estero, su meta final. Subió con una pequeña mochila improvisada, no seguramente porque lo haya pensado poco, sino porque tal vez, no quería llevarse nada de allí... los cinco minutos de espera fueron eternos. Varias veces creyó desvanecerse. Alguna fuerza sobrenatural la sostuvo en pié cargando al chiquillo, hasta que por fin llamaron a abordar... Del rectángulo, que era la sala de espera, pasó por una puerta donde era solicitado los pasajes y documentos. Caminó por un corredor y a la izquierda se alzaba una puerta de madera, abierta desde las dos solapas fara facilitar el acceso. Del otro lado ya la vía y a la derecha un poco más adelante el tren... Llegó hasta el asiento temblorosa y desde el borde del mismo, se desplomaron los dos, dejando salir un suspiro largo, como si estuviese expulsando un espíritu que poblaba su cuerpo sin permiso...
Cuando el tren avanzó ya sobre los campos bonaerenses, recordó la madera floja del viejo parquet donde de a poco fue escondiendo la plata para los pasajes y un resto para la comida hasta encontrar alguna fuente de recursos. Recordó su última paliza propinada por la vieja de mierda que administraba todo aquello. 


Recordó la persecución, el seguimiento que se les hizo a las otras chicas buscando datos sobre "qué era lo que planeaba hacer con el dinero que faltaba en la rendición de sus cuentas". Repaso todo lo que hizo antes de salir, tratando de encontrar algún indicio, alguna huella que podía delatarla en su lugar de destino... en ese momento se acuerda de los ojos desorbitados de su niño, saliendo por primera vez de esa casa siniestra... Reprimió por unos momentos sus lágrimas, hasta que no las pudo contener más. Y salieron... torrencialmente, ahogando el llanto, al percatarse también, aunque no fuese ni una milésima parte, de lo que estaba pasando. Rendida luego de un rato, se durmió profundamente, como si fuese la primera vez en su vida que duerme de verdad...
Luego de horas, muy despacito, van abriendo sus ojos. Estos arden como arde el despertar en la intemperie. Su protectora, apoyado un perfil sobre la ventanilla, se aferra a él resuelta, alerta e implacable, como una leona que descansa a la sombra de un árbol luego de proveer alimento a su manada... Entre los brazos de su mamá el niño no se inquieta. Luego de refregarse los ojos dos o tres veces, parece descansar despierto mientras observa a su madre, como si por primera vez posase sus ojos sobre ella o como alguien que ha aprendido a no exaltarse ante la belleza para no perturbarla… Su madre lo mira y por primera vez, libremente, porque tiene ganas, porque así lo siente, porque es dueña absoluta de su cuerpo, por primera vez, sonríe.

Christian Soria.-

Canción post editorial



IMPRESIONES PARA EL PATRÓN


La farola del gran mago destella enceguecedora a lo lejos. Por allí, a nuestras espaldas, desde lo inalcanzable, aquella lámpara sabia, nos narra el mundo. Escucho sus voces cavernosas tronar como alaridos malditos, sus cuerpos largos y oscuros desarman sus danzas al confrontar sus delgadas figuras con la rugosidad filosa de la piedra. La deformidad del mundo estalla en la anécdota breve del reflejo, sobre aquel espejo torpe y averiado en donde también me miro. Giro hacia el costado con un gesto nuevo. Estallan mis vertebras atrofiadas en el sufrimiento más profundo, grita el dolor desesperado en aquella punzante sensación de la muerte del ánimo, en aquel devastador triunfo de la costumbre. Cae mi piel agrietada por los años como una corteza seca muerta de otoño y de olvido. Descubro entonces, a mi hermano. Veo sus cadenas que fueron las mías. Sus raíces profundas lo invaden de quietud y preconceptos, lo llenan de costosas ausencias. Corro hacia la lámpara que lo ilumina todo, aquella luz brillante ciega mis ojos, la claridad me regala, al fin, una nueva falsa mirada. Fue Platón, quien con el séptimo libro de su República, enseñaba su farol al mundo y nos alertaba acerca de aquella caverna alegórica en la que se instala nuestra percepción y conocimiento. En aquel texto, el filósofo, ponía en duda la realidad y lo verdadero, convidándonos a meditar sobre la idea de cómo percibimos al mundo y naturalmente, sobre los papeles de los esclavos, las figuras y el fuego. Filosofar y meditar, es quizás salir de la caverna, es estrenar una mirada nueva, que más adelante, nos revelara con seguridad, la existencia de otras cavernas más amplias y complejas. 


Pirandello, alguna vez esbozó aquella idea de que somos islas que flotan en el rio tormentoso del tiempo, carente de cualquier clase de comunicación entre ellas. Veo a los habitantes de aquellas islas, tal como lo hacía Platón, encadenados, prisioneros de esa parcialidad distorsionada que es la realidad percibida. ¿Será tal vez el lenguaje aquella cadena poderosa, aquel virus atroz que enferma los sentidos de nuestro organismo? Veo la estrechez de la caverna de Hermógenes, aquel humilde protagonista del film “El Patrón, radiografía de un crimen”, y pienso con temor en las piedras y sombras que maquillan estos ojos con que te miro. El relato cinematográfico, estará armado sobre una estructura no lineal y esto jugará a favor del suspense del film. Al quebrar la temporalidad narrativa con el uso de raccontos, se trabajará de manera eficaz la dosificación del crecimiento del conflicto, así como también el flujo de la información manejada tanto por los personajes como por los espectadores, favoreciendo de esa manera, el desarrollo del ya mencionado suspense. Sobre este concepto, se pronunció Hitchcock alguna vez, explicando su diferencia con la sorpresa. A grandes rasgos, el maestro del género, contaba que ambos términos se diferencian por el diferente uso de la información en el relato y daba un ejemplo bastante parecido al siguiente: Imagine usted que estamos en esta mesa hablando de trivialidades y entonces, una bomba hace que estallemos por los aires. Allí la sorpresa. 


Ahora imaginemos que el público, antes de nuestra llegada, ve entrar a alguien que sigilosamente coloca una bomba debajo de la mesa. Al ingresar nosotros, cada segundo de nuestra charla nimia será resignificada por la urgencia provocada por la inminente bomba. Allí, entonces, el suspence. La película “El patrón” contará con un grupo de actuaciones excelentemente construidas, personajes tridimensionales que se irán desarrollando de manera inversa, presentando primero la consecuencia para luego detenerse en la narración de su causa. Nos urge destacar la caracterización del personaje de Hermógenes Saldivar, interpretado visceralmente por Joaquín Furriel quien logra una interpretación de las que el cine casi se ha olvidado. Hermógenes, a través del recorrido de su curva dramática, lo perderá todo. Tal vez, la pérdida que más nos dolerá será la de su identidad. Perderá primero su nombre, lo llamaran Santiago y luego aquel papel que nos hace visibles ante el estado, su documento de identidad. Sin identidad, nos costará pensar en la justicia y sin justicia, mis amigos, jamás habrá verdad. Hermógenes partirá finalmente rumbo a su provincia y habrá sabor a triunfo en todo aquello. En esta caverna desde donde les hablo, sin embargo, el sabor final será otro. Quedará quizás cierta idea de mal menor resonando por los rincones. Quedará quizás la tristeza de saber las varias y complejas formas que puede tener finalmente, el matadero.-

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


FICHA TÉCNICA

Título original: El patrón, radiografía de un crimen
Año: 2014
Duración: 99 min.
País: Argentina
Director: Sebastián Schindel
Guión: Sebastián Schindel, Nicolás Batlle, Javier Olivera (Libro: Elias Neuman)
Música: Lucas Kohan
Fotografía: Marcelo Iaccarino
Reparto: Joaquín Furriel, Mónica Lairana, Guillermo Pfening, Luis Ziembrowski, Victoria Raposo, Germán De Silva, Andrea Garrote,

SINOPSIS


El patrón, radiografía de un crimen, se enfoca en un hecho criminal real sobre un hombre rural que llega a Buenos Aires en busca de trabajo y termina explotado por un siniestro patrón que lo obliga a vender carne podrida y que lo somete a una verdadera esclavitud, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires y en el siglo XXI

TRAILER


jueves, 17 de diciembre de 2015

EL ÚLTIMO TREN (CORAZÓN DE FUEGO)


EDITORIAL

El hombre de unos 65 años espera sentado en una plaza de Almagro. De reojo, mira a las palomas que pelean por unas pequeñas migajas de pan. Son las 11 de la noche de un jueves de agosto de 2002, y se avecina una vez más, un fin de semana oscuro. Observa algunos de los bancos más añejos para recostarse. Lo acompaña su fiel frazada, aquella que una vecina del barrio le regaló.
Las estrellas titilan mientras el humo de los colectivos empieza a desaparecer lentamente, solo quedan algunas voces de unos jóvenes repletos de sueños disfrutando de la última cerveza de la noche. Se volverán a sus vidas rutinarias, sin saber que les deparará el mañana.
Las hojas de los árboles se menean lentamente, las gotas de rocío despejan cualquier manto de sospecha sobre el anochecer que acecha. Las luces de la pizzería amiga se apagan, mientras el motor de un ciclomotor se aleja como un espectro entre las siluetas de los autos estacionados.
Un perro callejero será el cuidador de sus sueños, y quien lo mimará en busca de alguna sonrisa perdida. Juntos recorrieron calles y patearon asfaltos dueños de algún barrio, para acabar transitando adoquines húmedos que nos los llevan a ningún lugar.
Cuando nota que las voces se empiezan a dispersar lentamente, se acomoda para recostarse, como si estuviera en el mejor somier. Antes de dormirse, los ruidos de la fábrica de zapatos donde trabajó 25 años empiezan a hacer eco en su mente, imitando a un taladro repiqueteando sobre su sien.


En ese momento, se le aparece como si fuera un extraño acto de magia negra, la imagen del diablo, en la regordeta cara de aquel ya lejano nuevo gerente. Recuerda las miradas absortas de los compañeros, con sus incoloras lágrimas rodando por sus mejillas. Sonríe de golpe, al recordar el océano de puteadas que rezaba el viejo Anselmo, que finalizaba siempre con un: váyanse a la puta que los parió.
También rondan por su mente, ciertos magnates del poder, empresarios de la vida fácil y la ambición extrema, que dinamitaron el futuro de una generación que no llegó al reparto de pizza y champagne, porque nunca estuvieron en su consideración. Pasan las imágenes del bolso negro desvencijado en una habitación, las madrugadas haciendo cola para nacer nuevamente, entre fantasmales entrevistas que no llegarían a nada.
De repente, se encontró siendo expulsado como una rata por la inmobiliaria con la que trataba hace quince años, porque ellos no podían esperar unos meses, y la ruleta del dinero era más furiosa que la vida misma.
Trató de encontrar lugares para quedarse, pero las semanas se hacían cada vez más costosas. Entendió en un momento que le habían privatizado las fantasías, y el estómago ya se rendía ante los murmullos del desánimo. Se dedicó a vagar por los barrios como un lobo buscando el último cordero, comiendo platos ajenos, desayunando desechos moralmente infectados de perfumes caros, playas costosas y mentes vacías.


Cinco años pasaron de aquella vez que cerró la puerta de su vieja casa. Cada tanto, se da una vuelta para que los recuerdos cobren vida nuevamente, pero desde que la cuadra se convirtió en un complejo de edificios con personas apiñadas entre sí, dejó que las huellas de sus zapatos no pisen más el barrio.
Entonces nuevamente mira a su compañero de ruta, quien le hace una mueca para regalarle un poco de tranquilidad. Un par de horas después, los primeros rayos de sol sirven de despertador natural, y el paso apurado de la gente lo despabila aún más. Será otro día igual, con la esperanza de que en algún momento, alguien recupere esos sueños y los libere para que vuelen por el aire, mientras el transite por las vías siguiendo el camino de sus ilusiones, esperando ver si algún día la historia cambia y le da una mano…
Hoy, trece años después, recuerda ese momento como un bocado agridulce. Tuvo la suerte de volver a sentir el desafío del trabajo en una fábrica recuperada, aunque a veces extrañe la mirada de ese fiel compañero que un día, caminó tanto que nunca más volvió. Sin embargo, en estos últimos días el estómago volvió a crujir de dolor, escuchando apellidos funestos y palabras vacías repetidas como si fueran un pegadizo hit de verano. Los ojos se le irritaron y el corazón se agitó sorpresivamente, al punto que su cuerpo se desplomó en la cama, sintiendo que habíamos dejado escapar la posibilidad de subirnos a el último tren…

Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES PARA EL ÚLTIMO TREN


El paisaje desolado espera por ese tren que nunca va a llegar. El pueblo cerró su fábrica, y desde ese momento, se convirtió en un paisaje de casas abandonadas y recovecos fantasmales donde nadie quiere entrar. Los pocos animales que quedaron, fueron desapareciendo de a poco, algunos buscando otro destino, y otros, muriendo en la ignominia más furiosa.
Los árboles dejaron sus frutos abrazados fatalmente contra el suelo, esperando que alguien los recoja. El pasto de las vías creció sin piedad, y tapó todo anhelo de un nuevo despertar.
Solo los ancianos parecen tener vida en ese pueblo sin alma. Los jóvenes se fueron a las grandes o pequeñas ciudades, en busca de un futuro mejor, y perdiendo poco a poco sus capas, dejando el corazón a la intemperie. Los pocos chicos que hay, ya no reconocen el sonido de la locomotora que trasladaba sueños y ofrecía trabajos en cada parada.
La estación ya casi no tiene nombre, porque las letras del cartel fueron descascarándose de a poco, entrando ya en un estado de coma que parece irreversible.
El patrimonio se vendió a un precio regalado, con tal de hacer buenas migas con los gigantes del norte, a cambio de que esos seres siniestros sean invitados a una fiesta de globos donde no todos tienen participación. Y contra esos personajes con los que nunca tomaríamos una cerveza en el bar, son contra los que pelean los personajes del film El último tren, del uruguayo Diego Arsuaga


El director nos mostrará la pelea de tres veteranos (unos geniales Federico Luppi, Héctor Alterio y Pepe Soriano), que pertenecen a la Asociación Amigos del Riel, que secuestran una locomotora para que un estudio de Hollywood no se la lleve al Norte. Con la colaboración de Fernando León de Aranoa (Los lunes al sol) en el guión, Arsuaga nos llevará por un camino lineal, amparado en una fotografía hermosa, que empieza oscura pero después se torna más natural mientras empiezan a aparecer los grandes paisajes uruguayos. El estilo road movie o western, hace que por momentos la trama parezca bastante rápida, pero por el contrario, se toma todo su tiempo para ir llevando la curva dramática con un muy buen pulso. Los tres actores principales son los que llevan el ritmo de la película, pasando de momentos relajados a momentos tensos en cuestión de segundos, pero sin perder el sentido del humor, como en la escena donde al escribano interpretado magistralmente por Pepe Soriano, lo mandan de nuevo al internado.
Los tres amigos, a medida que van sorteando obstáculos, empiezan a recordar viejas nostalgias del pasado, mientras sólo por un momento, tratan de evadir sus problemas del presente, pero en ningún momento esos problemas son llevados a la sensiblería, sino por el contrario, son ayudados por una muy buena dosis de humor. Por su parte, vemos en Jimmy (Gastón Pauls), un empresario sin escrúpulos, que a cada paso que da, intenta traer agua para su molino.
El film hace una crítica social a ese neoliberalismo absurdo que vendió todo lo que encontró a su paso, quizás haciéndonos acordar a películas como la colombiana La estrategia del caracol, la argentina Caballos Salvajes o la nombrada anteriormente Los lunes al sol. En todos estos films, la esperanza es lo último que tienen los personajes para aferrarse a la vida.


Quizás esa esperanza venga en las palabras y en las miradas de Guito, el niño que Pepe sube al tren, sin pensar que va a terminar siendo acusado de secuestrador. Pero es el mismo Guito, quien le pide a esa prensa que sólo espera ver caer la gente para chupar la sangre que queda alrededor, quien les da un mensaje a todos sus compatriotas, al decir que él está haciendo lo que todos los uruguayos tendrían que hacer, el lugar de mirarlo por televisión. Sin dudas, ese es el punto de giro de la película, ya que sobre el final, empezamos a ver que todos los vecinos de los pueblos que van atravesando, se ofrecen a ayudarlos, quizás con esa renaciente ilusión de que algún día, la locomotora vuelva a funcionar y el pueblo vuelva a ser lo que alguna vez fue. Y son los mismos vecinos, los que luego de que esa locomotora pare en una vía muerta, impidan que se vuelva para Montevideo, sabiendo que como decía el cartel, el patrimonio no se vende, para no repetir los mismos errores del pasado. Errores que suelen cometerse en nombre del egoísmo pensando que el tren nos llevará a un sitio mejor, pero olvidando los vagones que hicieron que los cimientos estén fortalecidos. Mientras, seguiremos intentando combatir contra los feroces dientes del capitalismo, como hicieron estos tres grandes personajes, para seguir con expectativas hasta el último segundo, porque a pesar de que las vías se extingan y no haya lugar donde seguir, el reloj siempre estará para recordarnos que el tiempo no para.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


Me sumo a la esperanza de un nuevo amanecer
Me cargo la patria al hombro, también
Y haciendo mío los hijos de los demás
Mi sentimiento criollo no se echara a perder


Amo los andenes de la espera,
Las señales en la noche
Y tus alas de viajera…


Pueden venir cuantos quieran,
que serán tratados bien.
Los que estén en el camino,
bienvenidos al tren!


Verte feliz no es nada,
es todo lo que hacemos por ti.



FICHA TÉCNICA

Título original: El último tren (Corazón de fuego)
Año: 2002
Duración: 93 min.
País: Uruguay
Director: Diego Arsuaga
Guión: Diego Arsuaga & Fernando León de Aranoa (Historia: Andrea Pollio & Andrés Scarone)
Música: Hugo Jasa
Fotografía: Hans Burmann
Reparto: Héctor Alterio, Federico Luppi, José Soriano, Gastón Pauls, Balaram Dinard, Saturnino García, Eduardo Migliónico, Elisa Contreras, Jenny Goldstein, Alfonso Tort, Fred Deakin, Herbert Grierson, Eduardo Proust, Guillermo Chaibún, Virginia Ramos, Jorge Bolani.

SINOPSIS


Un poderoso estudio de Hollywood ha comprado para su próxima película una histórica locomotora uruguaya del siglo XIX. Aunque la noticia es motivo de orgullo para muchos uruguayos, no es bien recibida por los veteranos miembros de la Asociación de Amigos del Riel. Decididos a boicotear el traslado de la locomotora a Estados Unidos, tres de ellos y un niño, movidos por la consigna ""El patrimonio no se vende", secuestran la máquina y se lanzan a recorrer las abandonadas vías del interior del país perseguidos por las autoridades. Pero también encuentran la solidaridad de los pueblos que, aislados y abandonados por la falta de un medio de transporte que dejó de funcionar hace tiempo, ven en ellos una luz de esperanza.

TRAILER


miércoles, 16 de diciembre de 2015

DESPABILATE AMOR

PROGRAMA 122 (13-11-2015)

EDITORIAL

En la oscuridad densa de mi noche, se esconde un recuerdo. Escucho el eco de sus pasos cuando miro absorto por las ventanas de los bares, al mundo seguir intentando, o cuando camino sin rumbo alguno, por el empedrado gris de los puertos. Caen unas lágrimas color sepia por mis mejillas, se abren paso urgente por mi rostro surcado ya sin pedir permiso. Basta una melodía o la ausencia de ella para que el frio cuchillo del tiempo corte mi carne cansada y me arranque de este aquí y ahora, y me entregue en un descuido sabroso, al juego de tus brazos, al baile de tu pelo, a los pliegues de tu falda. 


Tiemblo en un suspiro como la luna sobre el mar. Digo lo no dicho. Callo en aquel instante el dolor. Somos aquella forma soñada, somos la fuerza inconcebible del universo, somos fatalmente lo que fuimos. Ahora, espero más solo la muerte del día. El mundo se derrumba a mis pasos y soy esta máquina que saluda y camina, que pide permiso y que no le importa. Soy el que se olvidó en alguna esquina, el que jamás regreso. Soy ese beso de papel, sobre una hoja amarilla que niega el olvido. Soy aquel dolor dulce de tu boca y mi boca, de mis lágrimas en tu abrigo. Soy el que camina distraído, una tarde cualquiera de domingo. Despabílate amor, y acaba de una vez conmigo.-

Lucas Itze.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE DESPABÍLATE AMOR


¿Qué se habrá hecho de tus ojos y los míos? De aquellas miradas que se sabían. ¿Por dónde flotaran nuestros suspiros o nuestras noches de amor que no fueron? ¿Qué habrá sido de aquel lugar desde donde veíamos al mundo? Aquel lugar que daba espacio a los torbellinos revolucionarios, aquel lugar que nos invitaba a enfrentar al mundo en vez de soportarlo. Estarán resonando ¿sobre qué paredones? aquellas carcajadas opulentas de dientes, de vientres que se hamacan, aquellas carcajadas de reunión de noche, entre amigos y guitarras. Hecho luz sobre aquellos retazos del tiempo caídos en cruel batalla, mis profundos honores a aquellos otros que espero me iluminen desde otra pieza lejana. Mírame rápido, antes que en un descuido me vuelva otro, suplica un Ernesto joven a su Ana. Allí, en aquella frase huérfana, que naufragará en la muerte misma de la escena, captaremos el dolor. Entenderemos en aquel susurro, la nostalgia misma de lo perdido, el padecimiento de aquel grupo de fantasmas, que pueblan el film de nuestro gran amigo Don Eliseo Subiela “Despabílate Amor”. 


El relato tendrá una estructura no lineal. Serán un grupo pequeño de raccontos, los encargados de graficar las anécdotas, aquel pasado que se niega a morir, aquel ancla pesada repleta de reproches, ausencias y promesas no cumplidas. Veremos la mano de Eliseo, aquel director exquisito, en la unión poéticamente caprichosa, tal vez surrealista, que se dará en la relación atreves del montaje del dialogo de espacios separados en forma y tiempo, pero unidos, evidentemente, desde un lugar más profundo y sincero. La cámara, estará supeditada a la narrativa del relato, evitando los subtextos. Será la fotografía la encargada de diferenciar los tiempos narrativos, se optará por los tonos marrones o sepia para el recuerdo y los colores más vivos para el presente del relato. Notaremos con profunda satisfacción, aquel acento poético delineado por la emotiva pluma de Mario Benedetti, ya trabajado en otros films del director, particularmente en aquella obra maestra que fue “El lado oscuro del corazón”. 


Despabílate amor, será una súplica para un grupo de almas atrapadas en un recuerdo. Tristes náufragos de historias que no fueron. Quien les habla, apuesta la nada que llena sus arcas, al hoy y al ahora. Manzi escribió alguna vez: “Si yo tuviera treinta condiscípulos y una maestra y un chocolatín, iría de nuevo al Jardín. Entonces el purrete que llevo en mi hombría, mataría a aquel hombre que hubo en mi niñez”. Planificar el beso que daré, en vez de disfrutar plenamente del que estoy dando, es algo muy cercano a lo nefasto. Nuestras sombras, mis amigos, deben ser cortas, aquella luz que ilumina nuestros días, debe acompañarnos a nuestro lado y jamás ser olvidada en el inalcanzable recuerdo. Besemos con los labios de hoy, apasionémonos con las caricias actuales, dejemos que el camino se siga poblando de anécdotas para tal vez mañana preguntarnos al abrir un cajón viejo… ¿A dónde van?

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


Algo que sonaba en el film


Un día nos encontraremos
En otro carnaval
Tendremos suerte si aprendemos
Que no hay ningún rincón
Que no hay ningún atracadero
Que pueda disolver
En su escondite lo que fuimos
El tiempo está después.


¡Vete...!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete...!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!


Nos fuimos con todo...


FICHA TÉCNICA

Título original: Despabílate, amor
Año: 1997
Duración: 98 min.
País: Argentina
Director: Eliseo Subiela
Guión: Eliseo Subiela
Música: Martin Bianchedi
Fotografía: Daniel Rodríguez Maseda
Reparto: Darío Grandinetti, Soledad Silveyra, Juan Leyrado, Gustavo Garzón, Marilyn Solaya

SINOPSIS

Un hombre con nostalgias de su época de adolescente ha descubierto en el rock que practica todos los días un remedio contra el envejecimiento. Quiere volver a ver a su antigua barra de amigos y pone en marcha el encuentro. Les propone un asalto como los de antes. Así llega a dar con Ernesto, un periodista cuarentón, ex militante y ex exiliado que anda detrás de una misteriosa cubana. El film muestra dos caras: la evocación nostálgica y el retrato actual de los personajes de ayer colmado de emoción.


PELICULA COMPLETA


viernes, 11 de diciembre de 2015

AMARCORD


EDITORIAL

¿De qué estamos hechos nosotros, aquí y ahora, sino de recuerdos? El recordar nos forma suceso a suceso, lo perdido, lo ganado. Aquellos que ya no están, quizás, aparecen en forma de recuerdo bajo una mueca minúscula que aprendió nuestro rostro. Hay tantas cosas y anécdotas en mi mente que pelean por salir y hacerse historia, pero en este momento no puedo contarlas todas, voy a referirme y a reflexionar en una en particular.
El viaje ha sido bastante azaroso pero al fin hemos llegado, se agotó el tiempo de echar culpas a dados arrojados por dioses malditos que hacían de aquella travesía un doloroso letargo. Habitamos la contemplación bajo mecanismos pasivos de errores involuntarios. El término paradoja quedó sellado en mi conformado por todas nuestras miradas encontradas, esas miradas que creyeron ciegamente en las pautas establecidas sobre la amistad. No fueron en vano los adioses que sangraron bronca y dolor. No fueron un desperdicio las veces que al mirarnos al espejo solo veíamos fantasmas empuñando sus dagas buscando con frialdad la profundidad de nuestra piel. No olvidaremos el naufragio plateado de noches que desaparecían veloces en esta enorme ciudad tan muerta y triste como nosotros.


Recuerdo tus dedos, aprendiendo a caminar sobre las cuerdas de mi primer guitarra… Dios! Cuantas notas pasaron desde aquel día. Ayer, una vieja melodía me recordaba que alguna vez me buscaste y yo me había ido… y que luego fui yo el que te buscó pero solo quedó de aquella vez una carta mal escrita y arrugada en una caja de cartón. El polvo con los años cubrió el amor que gritaban aquellas palabras y encegueció nuestros pasos que nos llevaron perdidos sobre senderos poco amables. Si después de todo te vi de otra manera fue porque un día recordé. Luego apareciste fresca y nueva como lo fuiste siempre, como te recordaba. Por eso no voy a olvidarme nunca de esa brisa que liberó nuevamente las palabras que puedo gritarte hoy tan satisfecho y lleno de calma. Por eso no olvidaré nunca el viaje que nos dejó en estas costas reposados boca a boca, piel a piel, no lo olvidaré para que la desdicha, no nos encuentre nunca más distraídos. Para seguir por siempre ahí, donde el amor quema, donde la vida duele. Quizás sea entonces desde aquí donde nos hagamos de una nueva hoja en blanco y estas palabras ocupen las primeras líneas de un recuerdo para mañana, que ya será nuestro y no solamente mío.


Alan Beneitez.-

Canción post editorial



IMPRESIONES PARA AMARCORD


El tiempo avanza, riéndose socarronamente de las heridas que va dejando atrás. En los sueños, se detiene como parte de un momento inmaculado, plagado de situaciones oníricas que regalan seguridad, esquivando cualquier pronóstico adverso. Así, esos sueños se transforman en recuerdos, que con el paso de la vida, empezaremos a desmitificar si fueron reales, o simplemente, producto de nuestros deseos más cobardemente guardados.
De esa manera transitamos la niñez y el paso de la adolescencia a la vida adulta, escapando de los temores amenazantes de una sociedad moldeada bajo los escritos de algún agrio libro de la mala memoria.
Marionetas de la verdad, delincuentes del pensamiento, holgazanes de la moral, y cientos de vendedores de falsas esperanzas se unirán para obstruir caminos, dinamitar ideas y aniquilar progresos en pos de un futuro manipulado. Y en el medio de esa calle, parado erguido frente a una formación de soldados que avanza ferozmente, se nos presenta nuestro amigo Federico Fellini, quien firma sus recuerdos en Amarcord (junto a su coequiper Tonino Guerra), una de sus obras más representativas, como si estuviera en Rimini, su ciudad de la infancia. Y se centra en Titta, una especie de su alter ego adolescente, y la familia de este, conformada por un grupo de queribles y entrañables personajes. El film va a narrar la vida de este pueblo durante un año, con las hermosas imágenes de una primavera que va llegando y dos personajes que van relatando como es la vida ahí, como para dar paso al conocimiento de algunos momentos históricos del lugar y a sus increíbles protagonistas. El director decide que sus narradores sean dos hombres perfectamente opuestos, como el vagabundo Giudizio, y el distinguido abogado.
Fellini basará su relato por partes evidentemente marcadas, como si fuesen bloques bien encastrados, pero no será del todo lineal ya que ofrecerá algunos flashbacks un tanto surrealistas, para ir descubriendo situaciones y uniendo los hilos del film.


Cada uno de los personajes que aparecen, tienen su espacio particular en el pueblo, empezando por Titta y su familia, conformada por su padre, Aurelio, un típico tano cascarrabias, su madre Miranda, una ama de casa y esposa ejemplar, su cuñado Lallo y su raro peinado nuevo. Además del abuelo, un anciano bastante particular.
La fotografía naturalista de Giuseppe Rotunno, que va cambiando la paleta de colores depende la estación del año en que se cuente la historia, y la música inolvidable de Nino Rota (si, el mismo de El Padrino), le dan una aureola de obra maestra en todos los aspectos. La cámara, siempre supeditada al relato, también es otro gran acierto del director, por momentos en paisajes generales, pero en otros con algunos travellings excelentes.
Fellini hace una crítica a la represión que se está por venir con el fascismo, pero también, no oculta su ataque en forma de sátira contra temas como la religión, la moral y el sexo, quizás con Volpina, la prostituta del pueblo, como máximo exponente, ya que su nombre hace referencia a Vulpes Vulpes, el nombre científico del zorro, en un juego de palabras exquisito.


Además de las críticas, el director hurga en su propio recuerdo, pero no el recuerdo de las personas en sí, sino en cómo las veía él. El film, además cuenta con mayoría de actores amateurs, o que trabajaban en pequeños teatros de pueblos, lo que hace que el público genere empatía y se sienta identificado con la mayoría de ellos. Quizás los dos actores más reconocidos en ese momento, sean dos de los personajes que se llevan todas las miradas, como son la Gradisca, esa peluquera con la que Titta sueña todo el tiempo, y que para todos es la Greta Garbo del pueblo, una mujer que sólo quiere casarse con alguien importante. Y el tio Teo, alguien que está loco pero que lo único que necesita, sabiamente, es una mujer, en el episodio más caricaturesco del film.
Así como van pasando las estaciones, y llega la muerte en forma de invierno, cuando en una de las escenas más sentidas del film, Miranda, la madre, nos deja a todos con el corazón helado.
Eso lo vemos como el fin de la adolescencia, esa muerte marca el nacimiento de una nueva vida, no sólo para el joven Titta, sino también para su padre, Aurelio, y eso es, ni más ni menos, que la llegada nuevamente de la primavera.
Y van volando los recuerdos, como el ramo de rosa que Gradisca tira en su boda, en la última escena del film, y que nadie quiere agarrar. Vuelan para esconder los recuerdos, pero también para escapar del olvido, para revivir los sueños y para levantar nuevamente vuelo, como si fueran unos pequeños barriletes.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


Todo está guardado en la memoria...



Nos fuimos con un clásico...



FICHA TECNICA

Título original: Amarcord
Año: 1973
Duración: 127 min.
País: Italia
Director: Federico Fellini
Guión: Tonino Guerra, Federico Fellini
Música: Nino Rota
Fotografía: Giuseppe Rotunno
Reparto: Bruno Zanin, Pupella Maggio, Armando Brescia, Ciccio Ingrassia, Josiane Tanzilli, Magalie Noël, Alvaro Vitali, Nando Orfei, Luigi Rossi, Antonino Faà di Bruno, Maria Antonietta Beluzzi, Gianfilippo Carcano, Aristide Caporale

SINOPSIS


Descripción de la vida cotidiana de la gente de un pueblo en el norte de Italia durante los años del fascismo, en la década de los años treinta. Cuenta la adolescencia de Titta y su familia, la llegada del fascismo, y como la gente va transitando las cuatro estaciones.