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miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PASAJERO - THE PASSENGER DE MICHELANGELO ANTONIONI

PROGRAMA 495 (27-02-2026)

 

SINOPSIS

 

David Locke (Jack Nicholson) es un desilusionado periodista que emprende una peligrosa investigación sobre las intrigas políticas internacionales que facilitan la implantación de regímenes dictatoriales en algunos países africanos, lo que le hará vivir situaciones muy arriesgadas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El diario está ahí, arriba de la mesa. Alguien lo ojea al pasar, pero nada llama la atención. Son las mismas noticias de mierda de hace tiempo. El mozo mira de reojo y el espejo le devuelve otra mirada. Las mesas llenas, el aroma a café entremezclado con las minutas de turno. Los chimentos de los viejos que venían siempre los jueves al mediodía. Hoy ya ninguno viene, cada tanto aparece alguno para ver que todo sigue ahí, donde lo dejaron. Se le pianta un lagrimón cuando piensa en todos los pedidos que tenía que sacar a las corridas, pero sólo la propina ya le salvaba el finde. Diarios hay menos, hoy todo está detrás de las pantallas. El televisor vomita todo su odio contra los laburantes. Una vez más, como congraciándose con el policía de turno que fajará a alguien dentro de unas horas. Pensar que alguno de esos azules alguna vez pidieron algo de arriba por acá, como de costumbre, rememora. Y, piensa para sus adentros, que también tiene algo de culpa porque en algún momento lo convencieron. Vuelve a mirar el espejo que lo lleva a esos fines de semana caóticos pero felices. Las charlas con Tito, el diariero de la esquina. El pobre viejo tuvo un ACV y no lo vio más. Sus hijos reventaron el puesto de diarios y cambió hasta la fisonomía de la cuadra. Cuadra que llegaba hasta la esquina con gente esperando, quejas por la demora, por los lugares, siempre alguno con más ganas de discutir que otro. 



El espejo se vuelve a deformar. Muchas sillas fueron cambiadas por esas banquetas incómodas que no sirven para nada. El eco del televisor vuelve a retumbar, los compañeros lo miran, cada uno en su mundo. Los gritos vienen de la calle. Siempre alguien a punto de pelear, parece que todo está por estallar en cualquier momento. Bocinas, insultos, algún vidrio roto. Cosas de cada semana. A veces viene un tipo diferente, con relojes y cadenitas de oro. Lentes oscuros. Entrado en canas, siempre con un buen traje para la ocasión. Lo espera un auto siempre enfrente, el chofer mira a ambos lados, el señor baja. Entra como mirando con asco, pide siempre lo mismo, está unos 40 minutos mientras charla por el celular y se va… El mozo fantasea por un momento ser él… cambiar de cuerpo sólo por unas semanas o, aunque sea, unas horas. ¿Se irá a un country o un hotel de lujo? Se pregunta… Y así empieza a imaginar sus autos, sus conquistas, sus viajes. Yo haría lo mismo, pero trataría mejor a la gente, le confiesa a su compañero de confianza. Quizás no quiere ser él, quizás quiere desaparecer por un momento y disfrutar desde otro lugar. Quizás anhela, como todos nosotros, que ser pasajeros de nuestro propio destino, alguna vez tenga recompensa…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EL PASAJERO

 


Hay algo de mí que me hacer ser yo y no otro. Hay algo que me distingue inevitablemente del otro, una esencialidad, un algo propio que pareciera sostenerse en el tiempo. Si doblo una esquina cualquiera y me encuentro 30 años después al negro Becerra, por más calvicie que ostente, por mucho bigote que porte para compensar, por más que oculte al pibe que fue en el patético disfraz del saco y la corbata, sabré de inmediato, sin ninguna duda, que el tipo delante mío es el negro Becerra. ¿Por qué? ¿Cómo se da este fenómeno? Su esencia lo delatará, su mismidad, su “lo suyo propio” estará ahí para gritarme fuerte en la cara que fue él quien cerraba bares conmigo hace ya tantos años sin decirme siquiera una palabra. La identidad del negro lo revelará como un truco mal hecho. Pero ¿Qué es la identidad? Pareciera ubicarse, por lo recién dicho, en el plano de lo físico, de lo visible. Pareciera relacionarse con lo inmutable, con lo constante. Pero si observamos atentamente por un instante, si reflexionamos con cierta agudeza, el cuerpo muta, se degrada y siente. El empirista David Hume decía que las impresiones no nos proporcionan la existencia de una substancia que contiene las cualidades percibidas por los sentidos. No hay una impresión de un “yo”, y, por ende, no hay idea de un “yo”. No se puede atrapar al “yo”, solo tenemos percepciones. La búsqueda de la identidad es siempre también una búsqueda sobre la verdad. El cuerpo se muere, entonces allí no puede estar la verdad. Identidad es una palabra que deriva del termino latino IDEM, o sea, lo mismo. Buscar la verdad, buscar la identidad de las cosas es realizar un viaje hacia aquello estable e inmutable, hacia un mundo, claro, que no es este que percibimos, el nuestro. 



Platón en el desarrollo de todo su pensamiento buscó sostener y argumentar la idea de la existencia de una realidad objetiva e inamovible, de un absoluto, de una realidad realmente real. El filósofo la halló, pero no en este plano, ejemplo de esto es el famoso cuadro de Rafael, La escuela de Atenas, donde Platón es representado señalando hacia arriba, hacia el plano celestial. Ese era para el filósofo el lugar donde lo real resida. Platón sacó a la verdad, a lo real del plano corporal por ser deficiente, mutable, degradable y sensible y la ubicó allí en el mundo de las ideas, de lo incorpóreo. Introdujo entonces el concepto de alma y le dio forma a aquella idea que ya todos conocemos como dualismo ontológico. El alma es lo verdadero y el cuerpo es la cárcel del alma. Lo sensible, lo que percibimos es solo una resonancia, un reflejo de aquello absoluto y real. Por otro lado, podemos pensar a la identidad como un cúmulo de historia. El pasado, queramos o no, nos condena a una identidad. El consultorio de cualquier psicólogo se nutre de esta idea y del conflicto que esta conlleva. El tedio del absurdo nos explicará Camus en su libro El mito de Sísifo nace en la forzada búsqueda de una estabilidad, de una continuidad, aun bajo la pesada conciencia de que la existencia es una inestabilidad insoportable. Construimos identidad sobre la centralización narrativa de experiencias pasadas, pero también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. Allí el síntoma. Buscar una identidad es matar la sorpresa. Imagínense cambiando de carrera universitaria dos o tres veces. De dejarla para siempre, de dejarlo todo para siempre, como Alexander Supertrump para encontrar un yo que finalmente es un X vacía, para encontrar que ese yo es una maldita construcción en constante conflicto. 



Ahora bien, buscar una verdad es también buscar un absoluto. ¿Cómo construir una unidad sino de manera ficticia? ¿Cómo construir historia, pasado, registro verdadero? La idea de unidad se logra siempre a través del ejercicio propio de la memoria, después de todo es la memoria la que nos unifica en lo que somos, pero ¿hay algo que sea menos corrompible y subjetivo que la memoria? En tiempos de posverdad, donde las nuevas tecnologías que supuestamente venían a aportar felicidad a las vidas humanas hoy son el lobo del hombre, donde la inteligencia artificial se nos escapa de las manos a cada segundo, emancipándose temerariamente, tomando una peligrosa autonomía de las que pocos toman real consciencia, pregunto: ¿en qué lugar ponemos hoy a la verdad sabiéndola constructo directo del poder real? Michelangelo Antonioni hará una suerte de ensayo respecto de estas ideas en su film El Pasajero. El relato girará en torno al personaje representado por el siempre genial Jack Nicholson, David Locke, un reportero que estará realizando un documental en África sobre la dictadura en un país de aquel continente. En el viaje, formará una amistad con un pasajero llamado Robertson, con quien entablará una charla sobre la vida que grabará en una cinta de audio. Allí le contará su crisis existencial, el hartazgo respecto a su profesión de reportero, su conflicto con la verdad y lo creíble de las noticias que las personas consumen. Al llegar a África, David encontrará a Robertson muerto en su hotel y reparará en su parecido físico. Es allí donde decidirá cambiar identidades. La locación no será azarosa. Recordemos que la mayoría de los escritores malditos tenían como destino África para realizar un viaje interno, introspectivo. Este será el viaje que comenzará David, ahora Robertson



Pasará el umbral, tendrá un ayudante e irá construyendo y descubriendo una vida y una identidad nueva mientras escapa de su antiguo yo que lo persigue con vehemencia. La fotografía trabajará planos generales y jugará las distintas etapas del personaje remarcándolas con diferentes paletas de colores. Algunas secuencias trabajarán el blanco y el verde agua, otras buscarán el contraste con el color rojo. El conflicto que trabajará Antonioni será claramente interno, el cual será el más fuerte, ya que habrá otro externo evidente que se desarrollará en la situación marco dentro del género policial. Avanzará de manera lenta y llegaremos aquí a la famosa definición que dice que Antonioni narra donde Hollywood elipsa. Pura realidad. Usará el director esos tiempos para ocuparse de sus personajes, de lo que sienten, de lo que sucede en su interior, de lo que dicen sin decirlo, de lo que hacen sin hacerlo. El film será cíclico y nos regalará uno de los mejores planos secuencia de la historia del cine. Más allá de las puestas de cámara de todo el film que responden a una inteligencia superior, a una economía de movimientos sutilmente diseñada, llegando al final de la cinta, el director realizará un movimiento de cámara de una belleza estética única. De una coordinación excelsa. Allí, con una sola toma, resolverá la historia demostrando que la identidad en definitiva encierra, limita. Aquel cúmulo de situaciones que demuestra esa cámara que nunca corta, no sirve para huir de ningún lado. Lo cierto, si es que existe, es que ningún camino lleva a ningún lado. Tal como dice Don Juan, el único camino válido, es aquel que tiene corazón. Allí estaremos nosotros, para recorrerlo entero, para descubrirlo y sentir su latido, para ser en todo su recorrido, un simple pasajero.   

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ANTONIONI

 


Michelangelo Antonioni nació en Ferrara, Emilia-Romaña el 29 de septiembre de 1912. Hijo de una familia de industriales, creció en una familia humilde pero que mantenía una buena posición social. Antes que el cine, Antonioni se apasionó por la música y el dibujo. Antonioni empezó a escribir críticas en 1936 en el Corriere Paduano, actividad que proseguiría en la revista Cinema. Además de seguir diversos cursos de Letras, se licenció en economía por la Universidad de Bolonia. Se inició en el cine como ayudante de Marcel Carné en la Guerra (como hizo antes Visconti), si bien este no lo acogió bien; pero siempre admiraría la técnica que aprendió con el cineasta clásico francés y su naturalismo negro (lo mismo en parte que Lattuada). Marchó a Roma en 1942, donde cursó estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Cinecittà, durante tres meses, de todos modos, muy importantes para él. Colaboró con Roberto Rosellini y otros grandes directores de la época, hasta que en 1943 rodó el documental Gente de Po, que no vio la luz hasta 1947, y parte del material se perdió durante la Guerra. Después de varios cortos, llegó su primer largometraje en 1950: Crónica de un amor, un melodrama sobre gente de la burguesía. Mismo caso para su siguiente film: La señora de las camelias. Luego siguieron Amor en la ciudad y Los vencidos. Empieza a experimentar con las temáticas sociales en Las amigas de 1955. El grito del año 1957 se convierte en su primera obra maestra y empieza a mostrar su obsesión con el aislamiento, algo que trabajó a lo largo de su filmografía. 



A partir de allí empieza a sacar películas que se convirtieron en clásicos: La aventura (que marca el comienzo de la colaboración con su musa: Monica Vitti), La Noche, El eclipse y El desierto rojo, todas con la gran actriz italiana y con actores de la talla de Alain Delon, Francisco Rabal, Marcello Mastroianni, Richard Harris, entre otros. Se va a Reino Unido para filmar Blow-Up, basada en un cuento de Julio Cortázar, que se convierte en una de sus obras más importantes. Sigue con otro clásico como Zabriskie Point y en 1975 llega El pasajero, para muchos, su última gran obra. En los ´80 llegan El misterio de Oberwald e Identificación de una mujer. En 1985 sufre un ACV que lo deja paralizado en parte y hace que deje por un tiempo de filmar. Tuvieron que pasar casi 15 años hasta que Wim Wenders lo convenza y filmen juntos Más allá de las nubes. Su última participación fue un episodio del film Eros de 2004, que formó parte junto a Wong Kar-Wai y Steven Soderbergh. Antonioni falleció el 30 de julio de 2007, el mismo día que el cineasta sueco Ingmar Bergman.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Professione: Reporter (The Passenger)

Año: 1975

Duración: 119 min.

País: Italia

Dirección: Michelangelo Antonioni

Guion: Mark Peploe, Michelangelo Antonioni, Peter Wollen. Historia: Mark Peploe

Reparto: Jack Nicholson, Maria Schneider, Jenny Runacre, Ambroise Bia, Steven Berkoff.

Música: Ivan Vandor

Fotografía: Luciano Tovoli

 

PELÍCULA COMPLETA

 

martes, 11 de junio de 2019

BUSCO MI DESTINO - EASY RIDER



SINOPSIS

Dos jóvenes motoristas de Los Ángeles emprenden un viaje hacia Nueva Orleáns. Cruzan todo el país con la intención de descubrir América. Después de vender cocaína a un hombre de Los Ángeles, Billy y Wiatt (alias Capitán América) asisten a la fiesta del Mardî Gras. Pronto reanudan el viaje y se van encontrando con personajes de lo más estrafalario, entre ellos un ranchero y su familia, o un autoestopista de una comuna hippie, antes de ser arrestados en un pueblecito por parar sin un permiso. Su compañero de celda, un abogado borracho, les hace un gran favor sacándoles de la cárcel y luego decide unirse a ellos. (FILMAFFINITY)

EDITORIAL

Creo que nada es casual, a veces pareciera que lo único que hacemos es contaminar nuestros pulmones de este aire cargado de tanto futuro y así pasan nuestros días. Estoy casi convencido que el único sendero posible son los determinados por nuestro entorno y estadísticamente estamos predeterminados a vivir una vida acorde al pequeño abanico que nos brindan sus variables. Nuestro gran karma como sujetos será la sujeción, y los pequeños momentos de libertad serán entreactos de diversas formas de coacción. La felicidad entonces, solo será un boliche con las puertas abiertas para quienes se vistan con la máscara de la ignorancia o de la complicidad. No hay felicidad en la verdad. Sin embargo, ante este panorama desalentador, contaremos con nuestro más fiel amigo, el deseo. Serán nuestros deseos quienes intentarán salvarnos entre el paso de una forma de opresión y otra. 


Será libertad aquel encuentro con tu amada, será libertad aquel abrazo postergado, será libertad aquel saltos de cabeza hacia los paredones, será libertad aquella amistad que tanto tranquiliza con pequeños actos heroicos; como el que, no hace un mucho tiempo atrás, un gran amigo, tuvo conmigo presentándome a Roberto Juarroz y su forma de nombrar lo nombrado. Quisiera, entonces, en este pequeño acto intentar replicar ese aire de libertad que pude respirar luego de leer un verso de este gran poeta y que dice de la siguiente manera:

Una red de mirada mantiene unido al mundo no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda que puede ser de dios.
Sin embargo, ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro para averiguar si existe el aire
o crear un mundo para saber si hay dios
o ponernos el sombrero para comprobar que existimos.

Así concluye o así comienza una noche más de nuestro ciclo radial. Brindando desde el mejor parque de nuestro calabozo, jugando a la guerra con la moral, perdidos en el laberinto de las preguntas, cagados de miedo, pero con la alegría de sabernos abrazados y con la idea indeclinable de que es el deseo la única señal hacia la salida.

Alan Leonel Beneitez.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES PARA BUSCO MI DESTINO


Desde el otoño de un sueño Morrison escribió: Cuando a los verdaderos asesinos de los Reyes se les permite vagabundear libremente, mil magos surgen en la tierra: ¿Dónde está la fiesta que nos prometieron? Fue tal vez en aquella búsqueda desesperada de la libertad cuando soplamos sobre el fuego sagrado que ardía en nuestra estrella apagándola para siempre, provocando esta noche sin ninguna luna que bañe las aguas de nuestras aventuras. El sueño del mundo, queridos amigos, duerme sobre nosotros y nos arroja dentro del vientre moribundo de una cueva donde la avaricia y la soledad chispean mintiendo en la fugacidad de su fulgor la calidez temprana del amanecer de cualquier idea. Aprenderemos allí los mitos de nuestra historia, que se encadenaran entre las paredes grises de un relato que nos alejará para siempre de aquella angustiosa pregunta sobre el misterio mismo de la existencia. Apagaremos entonces el consumido cigarro de toda urgencia sobre el inmundo asfalto del tiempo, y diremos ya sin gesto que habrá un momento para cada cosa asesinando así, en aquella inocencia fingida, a la irrupción de cualquier sorpresa.  Y adoctrinaremos al deseo y nos esconderemos de nuestra propia sombra que nos observará inmutable como una pantera bajo la lluvia. Llegará aquel día, tal vez llegue, en que miraremos con cierta nostalgia nuestro rostro lacerado y atravesado por los muros de un adulto y no encontraremos indicio siquiera de aquella aventura prometida. 


Ese día, tendremos la triste certeza de que ya es demasiado tarde. Jack Kerouack, en su libro On the Road, dio alguna señal para huir de aquella caverna platónica en donde encerramos nuestra existencia. En aquellas páginas descubriremos en el subtexto de su historia un manual de instrucciones que nos enseñará a desadherirnos del personaje que uno ha creado. Nos mostrara cómo doblar en cualquier esquina y dejar olvidado a aquel que uno creía que era y no era. Y será este mismo ejercicio el que propondrá a lo largo de su metraje el film Easy Riders del director Dennis Hopper. La película construirá la mayoría de su relato sobre una estructura de características lineales que se quebrará solo en algunos cambios de secuencias, estos son grupos de escenas unidas bajo una misma temática, utilizando la herramienta de ruptura temporal denominada flashforward, en donde se adelantará con una insistencia y ritmo que recordará tal vez al montaje  de atracciones Eisensteano, el comienzo de la secuencia siguiente. Su estructura narrativa también responderá a la división en los tres actos aristotélicos, en cuyo primer acto se presentará a los personajes y se planteará un inicio del conflicto dramático en donde el tiempo morirá simbólicamente en al desprenderse el protagonista de su reloj. 


Será objetivo del segundo acto, narrar el desarrollo de aquel conflicto de manera dosificada, en donde se planteará la idea del inicio de  un viaje utilizando para esto las convenciones clásicas del road movie, pero también se podrá advertir en aquella propuesta el fascinante subtexto de un recorrido interno de ambos protagonistas. Llegará en el tercero de sus actos la catarsis dramática, el clímax con sus dos tiempos milimétricamente marcados: la culminación, en aquellas memorables escenas del carnaval y el cementerio, que dejaran entrever una fuerte influencia de la Novelle Vague y más puntualmente de la narrativa propia del genio de Jean-Luc Godard, donde se encarnarán los miedos y frustraciones ancestrales de los personajes; y su desenlace, resultado de toda la tensión dramática, en el trágico recorrido final. El film aportará una feroz y descarnada crítica a la sociedad estadounidense  donde se trabajará con cierta ironía la representación de muchos de los valores sobre los que la sociedad del gran imperio basa la construcción de su sistema moral. El film planteará la vuelta a la naturaleza, a aquel estado salvaje del que ni siquiera la anécdota nos queda contraponiendo a cada instante la hostilidad del mundo moderno. Nos iremos del relato con la certeza de que la vida se esconde, aun verde e intacta en algún rincón no muy lejos de nosotros mismos.

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


 Otro de los temas que suena en el film


UNIVERSO HOPPER


Nacido en Dodge City en el 17 de mayo de 1936. Hizo cursos de pintura y a los 13 años su familia se muda a California. En la universidad empieza a interesarse en Shakespeare y en la actuación. Su debut fue en la película Johnny Guitar pero su nombre no aparece en los créditos. Su nombre apareció por primera vez en pantalla en la serie Medic de 1955. Ese mismo año aparece con James Dean en Rebelde sin Causa y Gigante, dos de las tres películas que rodó el mito antes de su muerte. Esto afectó fuertemente a Hopper, además de su pelea con el director Henry Hathaway mientras filmaba Del Infierno a Texas. Esto hizo que deje de trabajar en Hollywood y se dedique a la fotografía. Apreció en distintas series como Bonanza, El túnel del tiempo, y en algunos films junto al legendario John Wayne, hasta que en 1969 logra trabajar con Peter Fonda a quien dirigió en Easy Rider. La película se realizó con poco presupuesto se convirtió en la primera película independiente estadounidense en convertirse en un éxito millonario. Pero los problemas con todo tipo de drogas afectaron seriamente el trabajo de Hopper. En 1971 filma en Perú La última película, un film experimental que se convirtió en una película de culto y casi inconseguible. También hizo que los grandes estudios le den la espalda por el fracaso comercial que fue. En esa década participó como actor de films claves como El amigo americano de Wim Wenders y Apocalypse Now de Francis Ford Coppola


En 1980 dirige Caído del cielo, que la crítica bautizó como “el último film de la era Punk-rock”, donde una joven crece en un ambiente de alcohol y drogas. En los 80 filma con Coppolla Rumble Fish y con David Lynch Terciopelo Azul y es nominado al Oscar por Hoosiers. En 1988 dirige Colors con Sean Penn y Robert Duvall.  En 1990 dirige para la TV Camino de retorno con Jodie Foster y para cine Zona Caliente con Don Johnson y Jennifer Connelly. Su último film como director fue la comedia Misión Explosiva en 1994. Siguió trabajando como uno de los actores más prolíficos de los noventa en cintas como Máxima Velocidad, Basquiat, Waterworld y todo proyecto raro que aparezca. Uno de sus últimos films fue Elegy, de la española Isabel Coixet en 2008. Peleó contra un cáncer de próstata hasta el 29 de mayo de 2010 que se convirtió en leyenda.

FICHA TÉCNICA

Título original: Easy Rider
Año: 1969
Duración: 94 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Dennis Hopper
Guion: Terry Southern, Peter Fonda, Dennis Hopper
Música: Steppenwolf, Mars Bonfire, Jimi Hendrix, The Byrds, Roger McGuinn
Fotografía: László Kovács
Reparto: Peter Fonda, Dennis Hopper, Jack Nicholson, Karen Black, Antonio Mendoza, Phil Spector, Luana Anders, Toni Basil, Mac Mashourian, Warren Finnerty.

martes, 28 de octubre de 2014

EL RESPLANDOR - THE SHINING



EDITORIAL

No sé si el hombre es social por naturaleza, sé que muchos tiemblan ante la soledad. Sé que el aislamiento, el encierro, quiebra hasta los espíritus más fuertes. Pero para esto debe haber una predisposición.
Hoy veremos a un hombre enloquecer, pero no de forma súbita. Toda su vida, toda una correlación de circunstancias lo empuja hasta ese momento de aceptación de una decisión que ya había sido tomada.
¿Por qué ser profesor? ¿Por qué casarse? ¿Cómo determinar con que mujer hacerlo? ¿Tener un hijo? ¿Por qué escribir? Y por último como culminación de una serie infinita de preguntas: ¿Qué escribir? ¿Tengo algo para decir?
Y si en ese mismo momento determinado, en esa justa pregunta, me doy cuenta de que la sociedad, empezando desde mi familia, me empuja a hacer todas esas cosas y además determina los gustos y los criterios por los cuales debo elegir? Entonces tengo algún contenido? mi respuesta sería no, al menos no propios, no auto determinados.


 "Todo trabajo y nada de ocio hace de mi un tipo aburrido"
Qué pregunta debe hacerse alguien que quiera saber si tiene dentro suyo algún contenido, alguna elección, la que sea, a través de los sentidos o el intelecto o, por qué no, la fe? Esa pregunta sería: ¿ Qué me gusta? ¿Eso que me gusta me causa verdadero placer?
Elecciones, elecciones, todo pasa por elegir. Ahí es donde puede que se manifieste la naturaleza humana, en su libertad aunque muchos digan que no existe. ¿Es el hombre un ser social por naturaleza? no lo sé, lo repito, por ahí no pasa la película. Si su elección es ser social entonces diría que sí, porque está en la naturaleza del hombre elegir.
La única posibilidad que queda es derribar barreras, desterrar a los carceleros y terminar con mis represores. Por ahí pasa la película. Jack termina de aceptar una vieja decisión en su vida, la única diría. También su obra maestra, algo que puede comunicarle a los demás... SU RESPLANDOR.

Christian Soria

Canción elegida para la editorial



Impresiones para “El Resplandor”


Me enfrento de cara a mi abismo. Hurgo entre mis dudas. Comparto mi mesa con mis miedos y bebo de su vino de lejanías y ausencias. Bajo a mis infiernos, aquellos solitarios y fríos infiernos, a aquellas tierras sin tu nombre, buscando, quizás, una mirada que me devuelva alguna imagen auténtica. He recorrido mis calles a plena luz del día, y en un descuido descubrí brillar en las sombras ciertas verdades. Cuando me faltaste, confirme cierto tu nombre. En tu ausencia, advertí lo doloroso que pueden ser un par de ojos negros. Quizás en la muerte para siempre seremos, cuando el polvo sea polvo, esa indescifrable raíz, de la cual para siempre crecerá, ecuánime o atroz, nuestro solitario cielo o infierno, nos advirtió Borges alguna vez. 


Camino, entonces, aquella oscuridad buscando lo ecuánime o lo atroz, aprendiendo de cada herida, hermanándome de alguna manera con todos mis fantasmas. Después de todo, crear tal vez sea también, morir un poco. El blanco de mi hoja, muere en el negro de estas palabras que escribo y en ellas, también se va algo mío. Dijo Nieztsche: “quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro tuyo”. Como no pensar aquí en Jack, aquel escritor sumergido en su acto creativo, aquel tipo transitando su abismo y sus miserias. En Jack veremos la sublimación del ser ante la obra. Veremos aquel terreno pantanoso y hostil que es de donde sale ese montón de espejitos de colores que es el arte. El Resplandor servirá como una gran metáfora de aquel viaje interno que exige cada material a su autor. El mundo de Jack olerá a sangre, a niñez solitaria, a ausencias y también a castración. Estructuralmente, el film comienza con el sinuoso recorrido en auto de nuestro protagonista por unas rutas montañosas. El paisaje se ira volviendo cada vez más árido y hostil en su recorrido. Así es como decide el genial Stanley Kubrick presentarnos a Jack. Lo hará desde el lugar de un personaje iniciando un viaje que comienza entre tupidos bosques verdes para terminar en el peor de los inviernos. Y lo que en un comienzo fueron solo curvas que doblaban el camino, terminara siendo el desesperado y caótico recorrido dentro de un laberinto imposible. El film trabajara aquel infierno con una fotografía muy precisa, cada plano y cada puesta, acompañara de manera extraordinaria la transición recorrida por el protagonista. La idea de viaje estará acentuada también desde cámara. Veremos gran cantidad de seguimientos en plano secuencia de personajes con el uso de Steadycam, herramienta que aportara fluidez al movimiento de cámara facilitando la realización del recorrido sin necesidad de cortes. 


Luis Alberto escribió en 1980, año en que se estrena El Resplandor, lo siguiente: Es inútil que pretendas brillar con tu historia personal. Un guerrero no detiene jamás su marcha. Quizás podamos entender a Jack como la imagen visible de aquella bella metáfora. Intentemos por un momento escapar a esa idea occidental de muerte y veamos en su oscuridad aprendida la cálida caricia de un poema concluido, la nota final de cualquier sinfonía. Tal vez entonces, cuando llegue el momento, podamos ver sus ojos con ojos más tranquilos, lejos del miedo y el espanto que supone lo finito. Entonces, quizás, en ese instante, podamos extenderle nuestras manos y darle gracias.

Lucas Itze.-

Canción post análisis


The Cure, algo que sonó en los ochenta


También sonaba esto


John Lennon ponía su voz con...


Y nos fuimos con los Rolling...



FICHA TÉCNICA

Título original: The Shining
Año: 1980
Duración: 146 min.
País: Estados Unidos
Director: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick & Diane Johnson (Novela: Stephen King)
Música: Rachel Elkind & Wendy Carlos
Fotografía: John Alcott
Reparto: Jack Nicholson, Shelley Duvall, Danny Lloyd, Scatman Crothers, Barry Nelson, Philip Stone, Joe Turkel, Lia Beldam, Billie Gibson, Barry Dennen, David Baxt, Manning Redwood, Lisa Burns, Louise Burns, Alison Coleridge, Norman Gay

Sinopsis


Jack Torrance se traslada con su mujer y su hijo de siete años al impresionante hotel Overlook, en Colorado, para encargarse del mantenimiento de las instalaciones durante la temporada invernal, época en la que permanece cerrado y aislado por la nieve. Su objetivo es encontrar paz y sosiego para escribir una novela. Sin embargo, poco después de su llegada al hotel, al mismo tiempo que Jack empieza a padecer inquietantes trastornos de personalidad, se suceden extraños y espeluznantes fenómenos paranormales.

TRAILER


martes, 17 de junio de 2014

ATRAPADO SIN SALIDA - ONE FLEW OVER THE CUCKOO´S NEST

Programa 34 (04-11-2013)


EDITORIAL

A veces me pregunto cual es el límite entre la cordura y la locura. Siempre partiendo de la base o las convenciones pactadas en la sociedad que dicen que existen seres de mentes sanas y los que no. Los que no controlan determinados impulsos y actúan de forma ¿peligrosa? Como para convivir con el resto deberán ser sometidos, en primer lugar, a decirle adiós a su libertad de caminar por los lugares que acostumbraba y que le servían como baldío de pensamientos desgarradores. Aquellos pueden ser un parque, una calle oscura o poco transitada, siempre con la luna de acompañante de lujo. Tal vez un bar, que cobija con la humedad de su ambiente noctámbulo y recicla la basura diaria de la “normalidad cotidiana”. Sin embargo, esa seria la parte menos pesada del asunto. La segunda parte consiste en el proceso de despedirse de uno mismo. Porque si hay algo peor que estar encerrado entre cuatro paredes es que esas paredes estén construidas alrededor de tu cerebro. No serán tus ojos los que vean aquellos muros sino tus ideas. Eso es lo que me hace pensar a veces que estamos mandando a la hoguera a la gente equivocada, y que el hecho de que oculten de nuestra vista a aquellas personas negándose a ser adiestradas de una forma cobarde es porque no quieren que las veamos. Porque en realidad  son aquellas personas los héroes y nosotros simples tipos cobardes y sumisos preocupados por el brillo del tapizado de nuestro auto ultimo modelo, hablando del clima, del precio de la moneda y cuanta estupidez se nos cruce por nuestros engañosos 5 sentidos. Engañados por nosotros mismos, oscureciendo el brillo de una verdad.  


Por ello es que disfruto de tanto en tanto la sensación de que me voy de mi y nadie entiende lo que estoy hablando. De que todos van hacia una dirección y yo en la vereda de enfrente riendo y gritando. Vomitando verdades crueles, esas que nadie quiere escuchar. Merecedoras de hacerme encerrar y obligarme a empastarme hasta que el cerebro me quede como una gelatina. Pero lo que más disfruto es que en aquella vereda siempre me encontraré con las personas más fascinantes. De allí es de donde sacaré a mis amigos, en aquel lugar voy a aprender de qué se trata todo esto. Allá es peligroso. Si, pero que linda la sensación de retomar el control luego de haber temido no volver a apoyar los pies. Que agradable saber que aquellos desequilibrados son los que piensan que hacen las cosas que corresponden y no ven que se dirigen hacia un lugar del que no se vuelve. Aquel lugar cómodo que equivocadamente buscan sólo les bloqueará el camino hacia lugares nuevos. Será muy tarde el día que quieran volver y cruzar aquella calle porque estarán en la soledad de la multitud. Atrapados. Sin salida…

Alan Beneitez.

Canción elegida para la editorial


Canción post análisis


Una canción que es más que un homenaje


Y nos fuimos con Charly, tratando de encontrar la salida



FICHA TÉCNICA

Título original: One Flew Over the Cuckoo's Nest
Año: 1975
Duración: 133 min.
País: Estados Unidos
Director: Milos Forman
Guión: Bo Goldman, Lawrence Hauben (Novela: Ken Kesey)
Música: Jack Nitzsche
Fotografía: Haskell Wexler
Reparto: Jack Nicholson, Louise Fletcher, Brad Dourif, William Redfield, Will Sampson, Sydney Lassick, Christopher Lloyd, Danny DeVito, Dean R. Brooks, William Duell, Scatman Crothers, Mews Small, Nathan George, Delos V. Smith, Vincent Schiavelli, Josip Elic

Sinopsis


Randle McMurphy (Jack Nicholson), un violador de espíritu libre, que vive contracorriente, es recluido en un hospital psiquiátrico. La inflexible disciplina del centro acentúa su contagiosa tendencia al desorden, que acabará desencadenando una guerra entre los pacientes y el personal de la clínica con la fría y severa enfermera Ratched (Louise Fletcher) a la cabeza. La suerte de cada paciente del pabellón está en juego.

Trailer