Todos los jueves de 21 a 22 hs.

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martes, 1 de julio de 2014

SURVEILLANCE

Programa 48 (10-03-2014)


EDITORIAL

Cuando el jabón comenzó a escurrirse por el parabrisas del Mercedes, Emilio sintió la satisfacción de haber hecho la elección correcta. No necesitó darse vuelta para corroborarlo con los otros tres ocupantes del auto. Sentía en su nuca la mirada aprobatoria de cada uno. El ruido del secador arañando el vidrio lo sacó de su éxtasis. El pibe entró su mano oscura y mugrienta por la ventanilla dejando en su camino el olor de miles de calles y alcantarillas. Emilio lo miró con ternura, con ojos paternales sin saber ya si era él quien lo elegía o el pibe lo elegía a él. El semáforo cantó la luz verde y sin dejar de mirarlo Emilio aceleró. El pibe, mareado por jaleos baratos y licores vencidos ensayo una puteada al vacío. Solo logró retener en el único cacho de cerebro todavía vivo la imagen de aquel rostro, de esos cachetes regordetes salpicados con unas pecas ridículas. Logró ver también la cadenita dorada que brillaba y colgaba de su cuello blanco y lampiño. La amargura se esfumó en el instante en que acercó el plástico cortado a su boca y bebió un buen trago. La noche y el silencio volvían a invadirlo todo. El pibe ya cabeceaba por el sueño cuando sintió que un auto frenaba cerca. -Otra vez el poli violeta ese…- pensó entre sueño. Intento entreabrir los ojos pero algo lo roció provocándole el ardor de dos brasas incandescentes, su nariz segregaba tanto moco que casi le impedía respirar, un miedo profundo invadió su cuerpo. Casi por reflejo intentó pararse y comenzó a tirar golpes a las sombras que se le acercaban. Un golpe seco retumbó en la cuadra, el cuerpo del pibe tembló en un espasmo y se desplomó sobre el asfalto oscuro.


Un olor a sahumerio invadía el galpón, su humo agregaba a la fotografía del lugar un clima casi cinematográfico. El pibe estaba sentado en una silla todavía inconsciente, tenía sus manos atadas al respaldo de la misma y de su boca abierta, asomaba parte del trapo con el que él secaba los vidrios de los autos. La luz de una lámpara lo iluminaba desde arriba generando largas sombras bajo sus ojos. Un hilo de sangre brotaba desde su nariz y avanzaba dándole color al oscuro fondo que generaba su piel ennegrecida. El grupo lo observaba desde la tiniebla, con el olfato alerta a cualquier movimiento, como lobos a punto de un banquete. Emilio reparó en la sangre de la nariz, solo tenía ojos para aquel recorrido lento como un orgasmo que nunca llega. Aquel rostro salvaje no llegaría a los 18 años, aunque quizás los superaba ampliamente. Nunca se sabía con certeza. El pibe parpadeo y una danza cargada de pánico bailó por toda su columna. Como en cámara lenta la fiera surgió desde la oscuridad y descargó un golpe certero cargado de odio sobre la piel dura y sucia del pibe, quien cayó e intento gritar. Ahora si el orgasmo había llegado y su nariz chorreaba sangre en cantidad. Emilio hizo una seña para que todos se detengan. Volvió a sentarlo, se sacó el reloj dorado que decoraba su muñeca izquierda, se arrodilló detrás de él y comenzó a olerlo con placer. Acarició con el dorso de su mano la mejilla del pibe en una muestra de cariño que nunca hubiera sido capaz de realizar estando en otra situación. La mezcla de incienso, sangre y tierra lo excitó de tal manera que le provocó una fuerte erección. Todo parecía sacado de la fantasía más erótica y morbosa jamás imaginada. Había pureza y belleza en todo aquello. La cara de miedo del pibe, su sangre que brotaba casi pornográficamente, aquel llanto ahogado por su propio pañuelo… dios, aquel llanto… era como un mantra que lo elevaba. Lo escuchaba con atención, como quien intenta retener algo para toda la vida. Pero Emilio era conciente que las cosas no son eternas, ni siquiera el sufrimiento. Aquel pobre pibe, violado tantas veces por la vida cruel y miserable pronto dejaría de latir. Arrancarían de una vez y para siempre su sufrimientos y angustias, sus ausencias, sus carencias… todo. Emilio se levantó lentamente y dio un paso hacia atrás. Los lobos purificaron aquella alma de la única manera que sabían. El pibe no duró mucho, él estaba acostumbrado a no aferrarse a ninguna cosa, ni siquiera a su propia vida.  

Lucas Itze.-        

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE SURVEILLANCE


Pensemos un momento en el sol. Aquel astro que se suicida día a día, que se incendia apasionadamente, en la oscura y fría soledad del universo. Aquel acto de amor shakespireano, nos convida, en su tragedia, con vida. Será entonces el sol quien con su tibia caricia de amante ardiente reparta diversas tonalidades de verdes a las praderas, acompañe en su crecimiento hasta a la flor más pequeña o simplemente ilumine tu sonrisa, para que yo me pierda en ella. Ahora bien, que sucedería si un día, aquel ojo de dragón, se cerrara para siempre sentenciándonos, en su ausencia, a la peor de las tinieblas, quizás el único destino posible para cualquier ausencia. O peor aun, que sucedería si aquel coito eterno entre la tierra y el sol llegara a su orgasmo, y en aquel violento espasmo, el sol, derramara sus llamas sobre todos nosotros, su jardín de gente. 


Las certezas son intentos fallidos, tristes juegos de la mente que solo nos sirven para convencer al vecino de que la nube de dudas donde mañana apoyará su pie, es firme como el asfalto. Surveillance, el impactante film de Jennifer Lynch, es el ojo de dragón que se cierra y nos llena de ausencia, es el orgasmo del sol que nos quema como un bonzo en el momento menos esperado. La estructura narrativa de la película estará plagada de raccontos perfectamente diferenciados en el relato por su trabajo fotográfico. Veremos entonces, secuencias enteras, o sea grupos de escenas agrupadas por un mismo tema, trabajadas con altos contrastes. Todas ellas, servirán de pistas para el espectador, serán las migas, que como en el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm, la directora nos arrojará para que lleguemos a destino. El film contará con excelentísimas actuaciones como las de Bill Pullman y Julia Ormond, quienes encarnan a aquella pareja encargada de mostrarnos que no todo es lo que parece. Todos mentirán, y lo harán desde el principio. Pero bueno, después de todo si estamos allí, como espectadores, es por el simple placer de ser engañados. Las primeras mentiras caerán rápido, con los primeros raccontos. Allí descubriremos que los policías mienten, que Bobby miente, que sus relatos son puras patrañas. 


Pero nunca desconfiaremos de ellos, porque ellos son la ley, son el FBI que viene a poner orden a ese cuarto de adolescente que es este pequeño pueblito de Nebraska, tomado como escenario para una serie de sangrientas muertes. El film nos convidará a creer en los agentes Anderson y Hallaway a pesar de ciertas respuestas, a pesar de ciertos gestos. Creeremos en la mirada casi protectora de Elizabeth para con Stephanie, aquella adorable niña que acaba de quedar huérfana. También confiaremos en Sam, al endurecerse frente al relato del oficial Bennett, porque a esa altura ya estaremos hartos de sus falacias. Pero entonces, todo se llenará de sangre. Y en este inesperado giro, veremos la dualidad en los personajes, idéntica a la que trabaja David, padre de la directora del film Jennifer Lynch. La matanza comenzará de una forma erótica, desquiciada. Habrá excitación en los ojos de Sam. El olor a muerte lo llevará al éxtasis. Elizabeth, su compañera, compartirá esa excitación. 


Aquel baño de sangre, aquella ira desparramada a raudales será su fetiche mejor. No habrá explicación para tanta violencia, nadie la necesitará. Resignificaremos cada gesto, cada palabra y veremos que el engaño estuvo siempre ante nuestros ojos. Entenderemos a la mentira evidente. Y solo quedara aquel vacío, esa quietud y ese silencio que solo nace con la muerte. Allí quedara, el desierto.

Lucas Itze.-    

Canción post análisis


Bienvenidos a este gourmet del infierno


Vimos el film, y se nos vino a la cabeza esto: 


Mientras esperamos que llegue la paz


Durante una tanda, bailamos un rock yugular


Y nos fuimos pensando que aunque pasen los años, no nos van a detener

         

FICHA TÉCNICA

Título original: Surveillance
Año: 2008
Duración: 93 min.
País: Estados Unidos
Director: Jennifer Chambers Lynch
Guión: Jennifer Chambers Lynch, Kent Harper
Música: Todd Bryanton
Fotografía: Peter Wunstorf
Reparto: Julia Ormond, Bill Pullman, Pell James, Ryan Simpkins, French Stewart, Kent Harper, Kyle Briere, Hugh Dillon, Gill Gayle, Michael Ironside

Argumento


Una  serie de violentas muertes lleva a los agentes del FBI, Hallaway y Anderson (Bill Pullman y Julia Ormond), a una pequeña ciudad rural de Nebraska. En la sede policial se reúnen los tres sobrevivientes de un baño de sangre en la ruta: la adicta Bobbi (Pell James), el oficial Bennett (Kent Harper) y la pequeña Stephanie (Ryan Simpkins) para indagarlos sobre lo sucedido.
Bennett y su compañero Conrad (French Stewart), se dedican a dispararle a neumáticos de autos que pasan por la ruta, y al hacerlos creer que iban a gran velocidad, los extorsionan.
Bobbi y su novio Johnny (Mac Miller) van a buscar drogas a lo de un dealer, pero este muere de un ataque y ellos aprovechan para llevarse algunas drogas.
Por su parte, Stephanie va con sus padres y su hermano de vacaciones, cuando en la ruta ve un auto azul estacionado con manchas de sangre y una camioneta blanca detrás. Les quiere avisar a sus padres pero ellos no la escuchan.
Tanto la familia como la joven pareja se encuentran en un paraje y en las noticias escuchan sobre la desaparición de una mujer.
Mientras están en la ruta, el oficial Bennett le dispara al auto de la familia, lo que los obliga a parar. Johnny y Bobbi que venían detrás, paran para intentar ayudarlos.
En ese momento vuelven a aparecer los oficiales, quienes vuelven a extorsionar de manera violenta a tanto a la familia de la niña como a la joven pareja. Antes de irse, Stephanie les cuenta lo que vio.
Minutos después, la camioneta blanca impacta a toda velocidad a los dos autos, causando la muerte de Johnny y del padre de la niña. Cuando llegan los policías se produce un tiroteo, los asesinos matan a la madre y al hermano de Steven y el oficial Conrad también muere en el tiroteo.
Nuevamente en el presente, los agentes intentan descubrir la verdad, mientras en un motel cercano aparecen tres muertos. Cuando la agente Anderson va a investigar el hecho con los policías Wright y Degrasso, estos descubren que en realidad los agentes eran los asesinos. Ella se da cuenta y los mata a ambos, mientras Hallaway mata a todos los que quedaban en la oficina, excepto a Bobbi. Una vez que llega, se reencuentran, matan a Bobbi y se van, dejando escapar a Stephanie, la única que sabía todo…

Trailer


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