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martes, 24 de junio de 2014

EL HOMBRE DE AL LADO

Programa 43 (03-02-2014)


EDITORIAL

Rolex, Armani, Versace, autos de lujo. Mujeres con carteras Louis Voutton, gente de la más alta alcurnia de la sociedad… gente bien que le dicen. Personajes del jet set, modelos y empresarios. Todos llegaban poco a poco a la primera reunión que organizaba en mi casa. Pensaba: esta va a ser una noche histórica.
Deliciosos manjares habitaban la cocina, embelesada por chefs dispuestos a dejar sobre nuestros estómagos un maremoto de ricos sabores. Una música tenue, con aires de los suburbios neoyorquinos le terminaba de dar forma a la velada.
Como generalmente sucede en este tipo de eventos, la gente se dispersaba en grupos, de a poco se empezaban a ver alguna que otra mirada por arriba de los hombros, sádicamente envidiosa.
La gala iba por carriles normales, mientras algunos disfrutaban de la entrada, otros ya bebían sus primeros sorbos de un exquisito vino, dando detalles de sus acuerdos empresariales, viajes por el mundo, y hasta sus últimas conquistas amorosas.
Fueron pasando las horas, primero la cena, luego un par de brindis con champagne, y la luz fue bajando hasta quedar casi a oscuras. En esa tenue oscuridad, el sonar de la música, cada vez más fuerte, dio paso a la pista de baile. Sí, mi living parecía el boliche top por excelencia.
Mientras la gente disfrutaba, me fui hacia un costado, como a lo lejos, pensando que en realidad esa no era mi fiesta, ni mi gente. Me preguntaba ¿Pertenezco a este mundo?


Ampliando la mirada, podía ver a un empresario infiel, cortejando a una joven 20 años menor, mientras en la otra punta, dos jóvenes muchachas no paraban de empolvarse la nariz…
En un momento, alguien me avisó que había una persona afuera preguntando por mí, pero que tenga cuidado porque no tenía buen aspecto. Cuando llegué a la puerta, sonreí al ver a un amigo de hace años, con quien crecimos juntos, ya que vivía en la casa contigua a la mía. Hacía tiempo que con él no tenía contacto, por cuestiones de agenda.
Apenas lo hice entrar, pareció que el mundo se detenía en ese instante y todas las miradas penetraban en mí. Me hice el distraído, mientras mi amigo miró con sorpresa a los presentes. Sentí como el zumbido de moscas repetían mi nombre, pero no le dí importancia.
Mientras charlabamos de la vida, volví a mirar a mí alrededor, notaba sus sonrisas de copetín, sus diálogos completamente vacíos de sentimientos, sus miradas indiscretas, sus ojos sin magia.
Me levanté, pedí atención a los invitados, y decidí, cordialmente, que alguien alce la copa por esta noche, y se anime a decir unas palabras para la ocasión. Para mi sorpresa, el primero en levantarse fue la persona que no estaba en mis planes. Con un vaso de cerveza en mano (el champagne no es para mí, me dijo minutos antes), se paró en el centro de la escena y empezó su discurso: Quiero agradecer en nombre del dueño de la casa esta importante velada, veo caras desdibujadas tras unos rostros perfectos, veo sueños sin realizar, veo sonrisas de plástico, pero sobre todo, veo oscuridad y un futuro de cartón. Disculpen estas palabras, no es nada en contra de ustedes, sólo les quería pedir una cosa más, levante la mano el que sepa el segundo nombre o el de los padres del organizador…
Mi cara se transformó, la escena se volvió tragicómica. El ruidoso silencio se hizo eco en cada parte de la casa. Mi compañero de aventuras se tomó la cerveza de un sorbo y se hizo paso entre la gente hasta llegar a la puerta. Me hizo dar cuenta que todas las personas que estaban allí no me conocían, y que yo, evidentemente, tampoco las conocía a ellas. Que todos se movían por interés. Que el sol que los perseguía era de un cielo incoloro, que el verdadero sol estaba en otra parte.
Decidí entonces levantarme, mirarlos lentamente a todos, uno por uno, a los ojos. Ojos muertos que se desviaron al verme y empecé a caminar rumbo a la puerta. Debía agradecerle a mi amigo lo que había hecho por mí, debía de una vez por todas, tener la humildad de EL HOMBRE DE AL LADO.

Marcelo De Nicola

Canción elegida para la editorial


IMPRESIONES SOBRE EL HOMBRE DE AL LADO


El término “ventana” proviene del latín ventus (viento), haciendo referencia a la capacidad de ventilación que proporciona. La ventana es un vano o hueco  elevado sobre el suelo, que se abre en una pared con la finalidad de proporcionar luz y aire al espacio correspondiente. La carencia de esta apertura, nos remite, naturalmente, a las antípodas, entiéndase un espacio gobernado por la oscuridad y carente de oxigeno. Sin luz ni oxigeno, cualquier forma de vida, por nosotros conocida, estaría destinada, irremediablemente, al deceso, a la muerte, y por qué no, también al olvido. La ventana, a esta altura objeto casi fundamental para la existencia, es el disparador del conflicto trabajado por Andrés Duprat, acertado guionista del film “El hombre de al lado”. 


Entendemos por conflicto al resultado de dos fuerzas opuestas ejercidas por el protagonista y el antagonista respectivamente, las cuales comparten un mismo fin y cuya resultante es el movimiento del relato dentro de la curva dramática. Distinguimos tres tipos de conflicto posibles. El conflicto interno, quizás el más seductor, dependiendo claramente de la construcción del personaje, ya que el campo de batalla será la psiquis del carácter. El conflicto con el medio ambiente, recuérdese en este punto cualquier película de desastres naturales. Y por ultimo, el conflicto externo, donde el antagonista puede ser otra persona, un grupo o hasta la sociedad misma. El hombre de al lado, trabajará este último tipo de conflicto y lo hará de manera inteligente. El disparador será el intento de Víctor de construir una ventana sobre una medianera. Leonardo, propietario de la histórica casa Curutchet, diseñada por el mítico arquitecto Le Corbusier, se negará hasta las ultimas consecuencias. El film se desarrollara dentro de las convenciones de la comedia, tendrá gags efectivos, diálogos inteligentes. Contará con una fotografía muy cuidada, con planos celosamente construidos y perfectamente balanceados que inevitablemente nos harán recordar al cine de Gustavo Taretto, otro obsesivo de la composición del plano, otro gran cineasta. 


El hombre de al lado profundizará la problemática generada por la ventana y llevará el conflicto a un nivel mucho mas profundo. Nos hablará de la frialdad de cierto arte de elite contemporáneo. De su falta de pasión, nos contará cómo aquel témpano minimalista navega a la deriva en el mar de sus terminologías y conceptos, naufragando en un vomito masturbatorio destinado a tristes personajes prototípicos, gustosos de la vida enlatada, angustiosos seres convencidos de la experiencia sin marcas ni cicatrices. Entenderemos, no sin angustia, que la pared tapando la ventana de Víctor es quizás una triste referencia a la distancia que supo tomar cierto tipo de arte respecto del pueblo, respecto de la gente, porque no nos olvidemos que el hombre de al lado también es el prójimo y sin luz ni aire, su existencia se ve claramente comprometida. 


Pero no perdamos la esperanza, estas paredes han existido siempre y siempre, de alguna forma u otra, también han caído. Las nubes volverán una y otra vez a taparlo todo con su fría distancia de sombras. Pero no bajaremos los brazos, seguiremos rasgando nuestras guitarras, sangrando nuestros poemas, apasionándonos en la oscuridad de la carbonilla de algún dibujo. Seguiremos creando, con la esperanza de levantar un día la vista y sentir con alegría, que aquí viene el sol.

Lucas Itze.-

Canción post análisis


Esperamos, mientras, que salgan al sol


Y le deseamos Larga vida al sol 

Y Gustavo quería ser del jet 


Y nos fuimos con una dedicación a la gente que se olvida de Lo Artesanal


FICHA TÉCNICA

Título original: El hombre de al lado
Año: 2009
Duración: 101 min.
País: Argentina
Director: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Guión: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Música: Sergio Pangaro
Fotografía: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Reparto: Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Enrique Gagliesi, Inés Budassi, Lorenza Acuña, Eugenio Scopel, Debora Zanolli, Bárbara Hang, Ruben Guzman

Sinopsis


La película narra un conflicto entre vecinos que parece no tener fin. Una simple pared medianera puede dividir dos mundos, dos maneras de vestir, de comer, de vivir. De un lado Leonardo (Rafael Spregelburd), fino y prestigioso diseñador que vive en una casa realizada por Le Corbusier. Del otro lado Víctor (Daniel Aráoz), vendedor de coches usados, vulgar, rústico y avasallador. Víctor decide hacer una ventana para tener más luz, y ahí empieza el problema: cada uno toma conciencia de la existencia del otro.

Trailer


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