Todos los jueves de 21 a 22 hs.

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domingo, 8 de junio de 2014

BRAZIL

Programa 24 (26-08-2013)


EDITORIAL

Recuerdo un sueño que tuve alguna vez. Era bien temprano. También verano pero apenas se sentía el calor del sol sólo cuando la brisa fría, rezago de la noche se detenía y daba lugar a la sensación de la luz en el rostro. No había despertadores, sólo la claridad del amanecer con sus primeros rayos. Aquellos me hicieron abrir los ojos de a poco y al reaccionar me di cuenta de que tampoco había un techo. Al no ser que se considere el cielo como tal. Si fuera el caso, ese techo no era el mismo que el del día anterior. Las caras y formas que dibujaban las gruesas nubes lo hacían diferente. Ellas me contaban historias a través de las figuras y yo me perdía en aquellas imágenes blancas. Sentía todo con una plenitud que desconocía hasta ese entonces. No había noticias, radios ni televisores que contaminaran esa atmósfera perfecta. La única novedad era el llegar de un nuevo día. El único problema, elegir cuales de las cosas tan disfrutables para mi haría hasta que la luna se hiciera presente. Mi estadía en aquel lugar era esplendido, sólo que el saber que había una ruta al costado y que esa ruta todavía tenia interminables destinos, me empujaba a dejar aquel sitio y seguir en busca de buenas nuevas. El viejo truco de andar por las sombras bajo los rayos del sol, libre de cerrojos y molestas cadenas daba resultado y mis alas comenzaban a tomar forma. Llegué a sentir el placer del dolor. Tanto que mi propio cuerpo ya resultaba un obstáculo para mí. No quería más pieles, ni andares agotadores recordados por mis piernas. 


Ya no seguía el rastro de aquel cuerpo con hermosos pechos, con la suavidad de su delicado rostro y la dulzura de sus labios. Aquellas imágenes habían quedado en algún lugar del camino. Presas en algún televisor último modelo. Adiestrando otras mentes. No la conocía personalmente pero sabía que la encontraría. Ella existía y estaba sintiendo las mismas cosas que yo. Para el momento del encuentro seriamos otra cosa que una forma humana que recibe y luego actúa haciendo una devolución. Entonces recordé que no estaba solo. Atrás habían quedado seres queridos. Estaban despiertos, pero muertos. Dejé mi bolso, ese que ya no pesaba tanto porque durante todo ese tiempo decidí desprenderme de cosas inútiles. En aquel sueño cambie dolores por una melodía, cambie una mala amistad por un árbol. Deje la tercer o cuarta comida de más por un sendero de tierra. Decidí entonces despertar. Caminar entre los televisores, cruzarme con desgracias inventadas, golpearme con los despertadores y los edificios. Digerir basura con los intestinos agotados, pasearme entre las sombras para rescatar a aquellos queridos muertos y decirles que aquel paraíso existe. Sé que no todos me acompañaran, pero acá estoy. Muerto como ustedes, soñando aquel viaje hasta que mi despertador coloque el cerrojo hasta la próxima función. Pero sin resignarme e insistiendo con mi invitación. Vayamos a buscarla que todavía estamos a tiempo. Ese paraíso existe todavía en algún lugar. Y nuestra madre allí estará, a pesar de los dolores. Hermosa, radiante como siempre. Lista para cobijarnos entre sus brazos.

Alan Beneitez

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE BRAZIL


HOY ESTOY SIN SABER YO NO SÉ CÓMO 
hoy estoy para penas solamente, 
hoy no tengo amistad, 
hoy sólo tengo ansias 
de arrancarme de cuajo el corazón 
y ponerlo debajo de un zapato. 
Hoy reverdece aquella espina seca, 
hoy es día de llantos en mi reino, 
hoy descarga en mi pecho el desaliento 
plomo desalentado. 
No puedo con mi estrella, 
y me busco la muerte por las manos 
mirando con cariño las navajas, 
y recuerdo aquel hacha compañera, 
y pienso en los más altos campanarios 
para un salto mortal serenamente. 
Si no fuera ¿por qué?... no se por qué, 
mi corazón escribiría una postrera carta, 
una carta que llevo ahí metida, 
haría un tintero de mi corazón, 
una fuente de sílabas, de adioses y regalos, 
y ahí te quedas, al mundo le diría. 
Yo nací en mala luna. 
Tengo la pena de una sola pena 
que vale más que toda la alegría. 
Un amor me ha dejado con los brazos caídos 
y no puedo tenderlos hacia más. 
¿No ven mi boca qué desengañada, 
que inconformes mis ojos? 
Cuanto más me contemplo más me aflijo: 
cortar este dolor ¿con qué tijeras? 
Ayer, mañana, hoy 
padeciendo por todo 
mi corazón, pecera melancólica, 
penal de ruiseñores moribundos. 
Me sobra el corazón. 
Hoy descorazonarme, 
yo el más descorazonado de los hombres, 
y por el más, también el más amargo. 
No sé por qué, no sé por qué ni cómo 
me perdono la vida cada día. 


Esta maravilla nos la regaló Miguel Hernández hace ya tiempo. En ella se respira la misma angustia que acompaña durante toda la película a Sam Lowry, interpretado magistralmente por Jonathan Price, protagonista del relato. Brazil es una gran película, de eso no hay dudas. Su director, nuestro amigo Terry Gilliam, nos da la visión de un futuro nefasto, un futuro antiguo y nefasto. Es con este tipo de películas que nace el termino “Futuro antiguo”. John Beard y Keith Pain fueron los encargados de la dirección de arte del film, con esto quiero decir que fueron las personas que tomaron las decisiones, siempre junto al director, de cómo vestir cada escena, cada plano. Allí aparecerán, entonces, maquinas de escribir con pretensiones de potentes computadoras, gigantes lupas que aumentaran ínfimas pantallas, mangueras y cables que colgaran por cualquier lado, todo será muy cargado y tendrá la misma característica: no servirá para nada. Este futuro que plantea Gilliam, nos grita en la cara que perdimos la batalla. El consumismo devoró cada neurona viva, el automatismo convirtió al ser humano en un ser inservible y sin ninguna iniciativa. Y aun así, con estas irreparables perdidas, ese futuro, hijo tal vez de alguna clase de progreso, no funciona en lo más mínimo. Todo será oscuro y turbio. Todo será trágicamente falso y acartonado. Tristes pepitas de un papel picado sucio por las huellas de una fiesta que ya paso. Por las calles de ese verosímil creado por Gilliam hay olor a Paul Auster. En sus recovecos, se pueden ver las mismas tinieblas que pueblan aquella maravillosa obra de este neoyorquino llamada “El país de las últimas cosas”. Reconoceremos, también, a Kafka al instante. 


Lo veremos en los personajes, en las líneas de acción, en los distintos escenarios, inundara hasta los diálogos. Todos ellos estarán teñidos por el lúgubre y tedioso universo de “El Proceso”. Habrá algo de “Memorias del Subsuelo” en el trabajo del deseo de los personajes, quizás la obra más importante del siempre genial Dostoievski. El relato estará repleto de citas cinematográficas, hablamos puntualmente de obras magistrales como “Metrópolis” de Fritz Lang o “El acorazado Potemkin” de Eisenstein, ya un habitué de esta casa. Veremos puestas de cámaras y encuadres que, seguramente, fueron semillas que germinaron después de un tiempo en “12 monos” otro poema futurista de Gilliam. El relato estará estructurado linealmente, aunque nunca quedará claro cuando es de día y cuando de noche. Todo parecerá una gran pesadilla soñada por el protagonista, quien a su vez sueña que lucha contra sus miedos, que todavía hay un sol intensamente amarillo y brillante y que hay árboles y pastos aun intactos. El sueño dentro del sueño (¡salud Borges!). El relato se manejara dentro del surrealismo y las actuaciones se mantendrán en el tono del grotesco. 


Salvo la de Sam, lo que generara un gran contraste y ayudara a dejar en claro la no pertenencia a ese mundo enfermo en el que el film se desarrolla. Desde la fotografía se trabajaran escenarios inmensos, oscuros y fríos, con encuadres capaces de devorar y disminuir al personaje. Habrá algo de expresionismo en todo aquello y celebro esa decisión porque, según mi humilde entender, la obra lo amerita. Encontraremos sombras eternas, rectas filosas como navajas, cuadros que serán gritos en esa noche densa que es el film. Hasta habrá un juego con carteles de publicidad ubicados detrás de los personajes, cuyos slogans estarán inteligentemente compuestos dentro del encuadre junto al personaje y   participaran irónicamente con sus diálogos. Terry Gilliam trabajara planos secuencias, esto es cuando la cámara no corta y narra la acción en una sola toma. 
También hará uso de travellings que ayudaran a intencionar aun más la sensación de vértigo y ahogo sufrida por el personaje. Aquel mundo inefable terminara absorbiendo a Sam y ese espiral infinito que es el juego de la burocracia se cobrara su ficha mas preciada, asesinara de una vez y para siempre su sueño. Y una vez más habrá sensación de batalla perdida en todos nosotros, que creímos ver en los ojos del protagonista, también nuestra lucha. El sol quizás haya muerto, definitivamente. Mañana estaremos más solos y más tristes y desayunaremos el amargo desengaño de saber que todo lo prometido por las religiones y por las tristes instituciones, no fue más que un estúpido espejismo.

Lucas Itze.-        

Canción post análisis: 


Homenaje de Intoxicados al film Brazil


También sonó: 


Y el Flaco nos dejaba esto: 


Nos despedimos con una mítica frase de Luca: 



FICHA TÉCNICA

Título original: Brazil
Año: 1985
Duración: 131 min.
País: Reino Unido
Director: Terry Gilliam
Guión: Terry Gilliam, Tom Stoppard, Charles McKeown
Música: Michael Kamen
Fotografía: Roger Pratt
Reparto: Jonathan Pryce, Kim Greist, Michael Palin, Katherine Helmond, Ian Holm, Bob Hoskins, Ian Richardson, Peter Vaughan, Robert De Niro, Jim Broadbent, Barbara Hicks, Charles McKeown, Derrick O'Connor, Kathryn Pogson

Sinopsis

En una deprimente y oscura sociedad distópica, donde reinan las máquinas, una mosca cae dentro de un ordenador y cambia el apellido del guerrillero Harry Tuttle (Robert De Niro) por el de un tranquilo padre de familia, quien es detenido y asesinado por el aparato represor del Estado.
Sam Lowry (Jonthan Pryce) es un burocrático y tranquilo hombre, que en su vida no tiene grandes cambios, hasta que le es encomendado entregar el talón a la familia de la víctima, gracias a esto, conoce a Jill Layton (Kim Griest), la mujer de sus sueños, y testigo del secuestro.

Sam tiene una madre adicta a las cirugías, quien es una persona recalcitrante y muy bien relacionada con las altas esferas del poder. Ella le consigue un ascenso que el rechaza, pero termina aceptando para poder ayudar a la joven de la que está enamorado. A su vez, construye una amistad con Tuttle, y juntos tratarán de nos ser atrapados, ya que empieza a ser considerado una amenaza para el sistema. Un sistema que finalmente lo atrapa, lo lleva a la tortura, y también, a la locura…

Trailer


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