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miércoles, 19 de diciembre de 2018

PRIMER



EDITORIAL

Vidas sin tiempo. Ir y volver. Nacer y morir. Recuerdos pasados que vomitan viejos deseos. Sueños que regresan al punto cero. Horas que se emancipan de la mente. Todo es tiempo. El tiempo es el culpable de todo, como bien dijo alguna vez Eduardo Sacheri. Porque hay momentos que deberían permanecer eternamente. La vida se rige por cada minuto, por cada segundo. El ayer olvidado, el hoy dividido, el mañana destruido. Así hasta el final. En un loop eterno volvemos a cometer los mismos errores del pasado. Nada se pierde, todo se transforma dice una famosa frase. Nosotros preferimos el nada cambia, todo vuelve. El pasado recupera su arma más letal y ahí sí que estamos desamparados. Las leyes de la selva levitan sobre el caos de la ciudad buscando más brutalidad. 


La violencia cada vez más presente. Las balas en la recámara esperando con ansias encontrarse con su destino. Entonces, como si fuera una máquina del tiempo, el pasado más oscuro vuelve con ansias de revancha. Con ganas de destruir lo poco que quedó en pie. Todo disfrazado de moralinas baratas y frases de cotillón. El futuro duele porque el tiempo sigue avanzando y no hay ninguna máquina que nos ayude a reparar los horrores. Y si la hubiera, la usaríamos para cosas ilegales. Sí, todos y cada uno de nosotros.  El hombre buscará saciar sus propios placeres primero. Y hasta ahí llegaremos, destruyéndonos entre nosotros mismos. Como a lo largo de nuestra historia. Mientras los siglos pasan y las horas mueren. Porque siempre sabremos que al final de la historia, el tiempo no para.

Marcelo De Nicola.-

Canción post editorial


IMPRESIONES SOBRE PRIMER


Hemos utilizado más de una vez este mismo espacio para pensar sobre la idea de identidad, aquella traición cobarde de la existencia. Señalamos en aquellas oportunidades, y no dejaremos de hacerlo en esta, que la identidad  se desarrolla sobre la base de la centralización narrativa de experiencias pasadas, como así también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. Someteremos en el artificio de aquel ejercicio, bajo la fantasiosa soberbia especulativa de quien enuncia, al futuro. Ya no serán los estímulos aquellos salvajes vagabundos del tiempo, sin destinos ni definiciones, orgullosos de peligros inminentes, vamos de sorpresa. Nuestros ojos no encontrar ya aquel caos seductor en tu mirada, aquel fuego que es el único fuego. En cambio, encontraremos ese fármaco tranquilizante que opera en la obediencia desmesurada del dispositivo creador de sentido encargado de levantar los muros demandados por el orden: los planes. Planificar es acribillar al ser. A través de nuestros planes infectaremos de pasado al futuro. Trascenderemos buscando evitar de alguna manera la muerte. Planificar el futuro no es más que proyectar nuestra existencia, nuestra  artificiosa idea de identidad, sobre una absurda hipótesis de continuidad que busca asegurarnos un mañana, un después, una oportunidad.  Santo Tomás de Aquino interpretaba al futuro como una mera limitación del ser humano: el futuro, solo es futuro para nosotros, para dios es presente porque es eterno. Después de todo, la eternidad no consiste en otra cosa que la abolición absoluta del tiempo. John Stuart Mill sostenía que el desconocimiento del futuro resultaba indispensable para la vida en sociedad. Todos los pilares de nuestra civilización correrían graves riesgos si conociéramos de ante mano lo que sucederá.  Todo nuestro pensamiento, toda nuestra lógica, toda nuestra construcción mental descansa sobre el desconocimiento del futuro, vamos, sobre la falta de eternidad, sobre la angustiosa idea de sabernos finitos. 


Sin embargo, y más allá de todo argumento, buscamos para nuestra tranquilidad existencial ordenar el caos, hilar sucesos otorgándoles un sentido arbitrario, una coherencia espectral que trascienda el tiempo y sea capaz de explicar o dar pistas de aquello que sucederá. Tal vez aquel ejercicio se parezca un poco a la esperanza, aquel ensayo de lo venidero, aquel olorcito del porvenir, según el propio Borges. Allí surgirá entonces el determinismo que nos dirán que todo está escrito, pero también aparecerán los defensores del libre albedrio que insistirán en reflexionar que afirmar que todo está determinado, equivale a pensar que la afirmación misma también lo está, por lo que se anula su valor de afirmación. Estarán también los que piensen en la circularidad del tiempo, los eternos retornistas, pero aquí también es indispensable el desconocimiento del futuro ya que si vamos a vivir varias veces lo mismo, el conocimiento de la repetición es un rasgo diferencial que anula inexorablemente el retorno.  Ahora bien, como ya dijimos, el presente se entromete y mira hacia el futuro y siguiendo una idea del tiempo que avanza, hacia allá vamos. Pero aun así, hay cosas que se originan y operan en el futuro. Claramente la ley es un ejemplo y el aburrimiento podría ser otro. El aburrimiento se instala en el futuro, aburrirse no es otra cosa que perder toda perspectiva de que algo va a cambiar. 


Una película es aburrida no por lo que está sucediendo sino cuando en su devenir, uno adivina amargamente su final. No es este el caso de PRIMER el complejo film de Shane Carruth. La cinta trabajará la temática del viaje en el tiempo planteando la paradoja moral de la manipulación de los sucesos. Su estructura no será lineal y su montaje apoyará esta ruptura temporal a través de abruptas elipsis, atentando, podríamos decir de manera metafórica, contra la fluidez natural de los movimientos. El antes y después se esfumaran planteando un hoy dudoso, repleto de claves y guiños tal vez solo destinados al ojo despierto del espectador. El relato poseerá actuaciones sobresalientes, entre ellas las del director del film quien no solo protagoniza la obra sino que también la guiona, produce, edita y compone su música. La paleta de colores trabajara sobre las tonalidades frías y se empataran sin ningún problema los distintos formatos de los soportes utilizados en rodaje. El conflicto será perfectamente dosificado aun cuando entendamos que el relato no va hacia ningún lado. Sobre el final, o tal vez el comienzo, del film vendrá tal vez a nuestra mente aquella historia del emperador Shih Huang Ti, el ideólogo de la muralla y el responsable de impartir la orden de quemar todos los libros con el único objetivo de abolir el pasado. Tanto el pasado como el futuro son construcciones arbitrarias del ser humano que no buscan otra cosa sino la permanencia, la trascendencia. Abolir cualquiera de los dos no es más que abolir al tiempo, no es más que la angustiosa empresa de abolir la muerte.    

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


También sonaron estos temas…




UNIVERSO CARRUTH


Nacido el primer día de 1972, Carruth asistió a la escuela secundaria donde se especializó en matemáticas y luego trabajó como desarrollador de software de simuladores de vuelos. Con solo 7000 dólares se dispuso a filmar su primera película, donde hizo de todo: el guion, la producción, la fotografía, el montaje y hasta la banda sonora. Hablamos de Primer, que fue la gran revelación del 2004 y con el que consiguió el gran Premio del Jurado en el Festival de cine independiente de Sundance. Nueve años después vuelve a ponerse atrás de casi todo, salvo el montaje, donde compartió su lugar con David Lowery (director de A Ghost Story) para el film Upstream Color, otra misteriosa cinta experimental, que se centra en la historia de dos personas, Kris (Amy Seimetz) y Jeff (Shane Carruth), cuyas vidas quedan vinculadas a un parásito, sin ser conscientes de ello, a través de un lazo que afecta al comportamiento y a la manera de vivir. Este parásito es un ser con un ciclo de vida de tres fases que empieza en el ser humano, sigue en el cerdo y acaba en la orquídea. Ambos buscan desesperadamente un lugar seguro entre ellos mismos, mientras luchan para conseguir encajar los fragmentos dispersos de sus destrozadas vidas. Otra vez grandes críticas y premios en diferentes festivales para el director. Se comenta que su próxima película, que la viene pre produciendo hace unos años, llevaría el nombre de The Modern Ocean, y contaría con estrellas de la talla de Anne Hathaway, Keanu Reeves y Daniel Radcliffe. Según el director, "Es una continuación del lenguaje emocional que construí con Upstream Color. Una historia romántica trágica”. El director Steven Soderbergh (Traffic, Sexo, mentiras y video, La gran estafa, Che) declaró: “Veo a Shane como un hijo ilegítimo de David Lynch y James Cameron”. Veremos que nos trae a futuro el sorprendente director.

FICHA TÉCNICA

Título original: Primer
Año: 2004
Duración: 78 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Shane Carruth
Guion: Shane Carruth
Música: Shane Carruth
Fotografía: Shane Carruth, Anand Upadhyaya
Reparto: David Sullivan, Shane Carruth, Casey Gooden, Carrie Crawford, Anand Upadhyaya, Samantha Thomson.

SINOPSIS

Cuatro hombres trabajan en un garaje construyendo aparatos altamente complejos. En parte por accidente y en parte por su pericia, descubren un mecanismo dotado de poderes que les permite conseguir casi todo lo que quieran. Se trata de un hallazgo que podría cambiar el mundo, pero que pondrá a prueba las relaciones entre sus inventores...

miércoles, 16 de noviembre de 2016

HER


EDITORIAL

Ante la ausencia del dato duro y concreto, ante esa deforestación severa que es el olvido, resistirá sin dudas, aquel dato tan incorpóreo como preciso, aquella información que navegará en nuestra ayuda por el torrente sanguíneo del deseo y que sabe vestir las roídas ropas del tiempo. Hablo, mis amigos, de aquel dato insoportablemente puro, aquel que solo llegara a través de nuestros sentidos. Entonces la anécdota toma otro valor y la importancia sobre las cosas, otro rumbo. No recuerdo el día y menos la hora. Tampoco hay mes, aunque puedo intuirlo. De todas maneras, estas ausencias carecen de importancia para la construcción de aquella imagen sucia de olvido. Lo que sí importa es que recuerdo aquel calor calcinante que encendía el asfalto y nuestras miradas. Y que al instante, apareció tu sonrisa que invito a la mía, que ya estaba cansada, y bailaron junto a una brisa perdida y bondadosa. Y después importaron tus mejillas encendidas de pasión, y tu mano y la mía que buscaron juntas refugio ante la temible ira del dios, que volcaría en su naufragio otras tres pequeñas risas que vendrían a hacer trizas nuestro pequeño y frágil universo. Y ahí, entonces, nos haríamos cómplices jugando inocentes en aquel patio de la existencia. Y vendrían las promesas, que buscarían eternizar desesperadamente algo que moría a cada instante. Nos consolaba un “para siempre” dicho con ensayada sinceridad, dicho con aquel temor genuino del que en realidad está pidiendo auxilio. Y aunque juramos no salvarnos nunca, y entregar nuestro cuerpo a las brasas mismas que encendían aquel misterio que rodea al ser, y morirnos en cada poema, en cada caricia, y nos juramos en silencio no atesorar con avaricia el pasado, ni joder el futuro con la torpeza de nuestros planes… aunque lo intentamos con unas fuerzas que no teníamos, el miedo finalmente pudo más, y nos traicionamos a la vuelta de la esquina de nuestra propia historia. 


Y un día, descubrimos con profunda desilusión, que habíamos hecho de esta aventura, un lugar seguro. Allí estaba ante nuestros ojos, la peor de las traiciones. Allí estábamos nosotros, ya cansados, simulando sorpresas, agendando contratiempos, tan lejos del bosque. Y tampoco recuerdo el día, ni la hora o el mes, pero sí recuerdo que nos miramos y que los dos llorábamos. Y que llorábamos hacía días, y que inundamos las habitaciones con llanto. Todos los canteros y todos los floreros tenían nuestro llanto. Y por un instante, hasta nos tuvimos miedo. Y creo que te lo dije y entonces te abrazaste a lo único seco que quedaba en la casa y lloraste más fuerte. Lloraste con todo el cuerpo. Te olvidaste de todo llorando. Y te abrace jurándome que si te caías, me caería con vos, y te rodee todo el cuerpo y me preparé a tu lado para aquel salto hacia la oscuridad pavorosa de nuestro abismo. Pero entonces volvimos a vernos… con ese miedo intacto de cuando éramos chicos, con la misma sorpresa de aquella vez que nos conocimos. Y nos vimos, y ya no sabíamos más nada. Nos descubrimos solos, tan solos como siempre estuvimos. Me miraste con los ojos aun húmedos, aun rojos, me miraste desde los escombros de la tristeza, y entonces te reíste. Y fue una risa nueva, que invito a la mía que estaba escondida y temblando, muerta del susto. No recuerdo el día, ni tampoco la hora, pero sí recuerdo que aquella fue la vez que volvimos a caminar, una vez más, juntos.-

Lucas Itze.-

Canción post editorial



IMPRESIONES SOBRE HER


La noche oscurece de repente. Todos los contornos que cubrían el sol desaparecieron como por arte de magia. La luna se terminó escondiendo detrás de unas nefastas nubes grises que no dejan atrapar los sueños. El árbol, tan verde, tan lleno de vida, empezó a dejar caer hojas secas ante la primer ventisca. El silencio de repente lo acaparó todo. Las voces que se escuchaban a lo lejos eran como moscas queriendo revolotear sobre frutas secas. El fuego había crecido demasiado rápido y se había expandido hacia lugares inesperados. Las llamas se avivaban de una manera salvaje, a medida que el tiempo se escurría. Las lluvias y los vientos intentaron apagarlo, pero siempre aparecía esa chispa de esperanza al final de todo. Ese fuego descubrió un sentimiento perfectamente logrado, incapaz de repetirse. Serán jirones disfrazados de llamas infinitas, aunque sabremos perfectamente que será sólo una fotocopia lograda con esmero. Y cuando esa última chispa se apague... ¿Qué hacemos? La soledad, fiel compañera en muchas ocasiones de la vida, estará ahí otra vez, riéndose en tu cara. Como esa cara que aparece en un tremendo primer plano y recita cartas de amor, en el film Her de Spike Jonze. Así aparece Theodore, con esos anteojos como pasados de moda, y unos bigotes de otra época. Descubrimos que trabaja en una empresa como escritor de cartas para otras personas, y no hace falta mucho para darnos cuenta lo que le pesa su soledad en ese primer viaje en el ascensor, donde busca reproducir canciones melancólicas.


El director nos empuja a un futuro muy tecnológico, en una especie de film romántico-distópico. La carga de la película está representada magistralmente en la actuación de Joaquin Phoenix, como ese hombre a punto de divorciarse que busca escaparle a la soledad. Lo logrará cuando compre un ordenador que contiene un sistema operativo de Inteligencia Artificial, capaz de relacionarse y evolucionar de tal forma que termine pareciendo humana.
Samantha será la que logre reavivar esas cenizas que creía apagadas. No será necesario un contacto físico, pero será más real que muchas relaciones humanas. ¿O acaso hay algo más real que esa escena de sexo, sobre ese fondo negro, en una escena maravillosamente romántica, entre un ser humano y un sistema operativo?
El film será también una crítica a esa sociedad híper comunicada, donde hoy vemos gente que se tropieza mientras tiene los ojos pegados al celular y en el futuro los veremos dialogando con personas virtuales, olvidando la simpleza de ciertas charlas.
Jonze nos llevará por un camino lineal, mezclado con algunos flashbacks que nos mostrarán los recuerdos de la vida de Theodore con Catherine. La fotografía será intensa, con marcados colores en rojo. El encargado, Hoyte Van Hoytema, aseguró que trató de eliminar los colores azules casi por completo, algo que está muy relacionado a las películas futuristas, para darle más identidad al resto de los colores. La música, en su mayoría interpretada por Arcade Fire, envuelve toda la trama, con el pico máximo en la escena donde Theodore toca el ukelele, mientras la hermosa voz de Scarlett Johanson hace el resto. La musa de Woody Allen demuestra que no hace falta estar en pantalla para hacer un gran papel, ya que se mimetiza por completo con el personaje encarnado en Samantha.


Theodore, en tanto, se irá enamorando de Samantha, como haría cualquiera de nosotros, los que buscamos lo distinto en esas pequeñas cosas, un dialogo, un chiste, una mueca de cariño.
Lo real y lo virtual se mezclarán tanto que por un momento parecerá no haber diferencia. Nuestro héroe volverá a sentir algo que creía perdido, pero descubrirá, una vez más, que el amor también duele, y cuando menos uno se imagina, te da un golpe de nocaut. El guion es un manojo de frases excelentes, pero me quedo con esa que dice el protagonista: “El corazón no es como una caja que se llena. Crece en tamaño mientras más amas”. Y el de nuestro protagonista se agranda con el paso del film, tanto, que ante un revés, le es casi imposible curarlo. Jonze nos lleva por un subibaja de emociones, y Phoenix lo interpreta perfectamente. Con él sufrimos, lloramos, nos desilusionamos y hasta soltamos carcajadas cuando el muñequito virtual de su juego preferido se pone furioso. Quizás, porque encontramos en él, ese personaje que nos devuelve un espejo nuestro, en las largas noches de soledad.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


La voz de Scarlett...


Y nos fuimos así...


UNIVERSO JONZE


Spike Jonze nació bajo el nombre de Adam Spriegel, en Maryland el 22 de octubre de 1969. En los 90, se convirtió en uno de los grandes directores de videos musicales, de bandas como Beastie Boys, Sonic Youth, Chemical Brothers, REM, Björk, Weezer, entre otras.
Su primera película llegó en 1999, con la colaboración de Charlie Kauffman y sorprendió a propios y extraños: Quieres ser John Malkovich, donde un titiritero interpretado por John Cusack, encontraba un piso en donde accedía al cerebro del mismísimo John Malkovich. Nominado a los Oscar y Globo de Oro como mejor director, y mejor guión original.


En 2002 llega Adaptation, nuevamente en dupla con Kauffman, una gran historia autobiográfica sobre un guionista un poco confundido, que confundió, paradójicamente, hasta a los propios profesionales que eligen los Oscar, que lo nominaron a Kauffman y a su hermano ficticio a mejor guion...


Apareció en 2009 con el film fantástico Donde viven los monstruos, esta vez con guión propio, la película, basada en un cuento infantil, recibió críticas dispares.
Un año después filmó I´m Here, una historia de amor entre dos robots, que obtuvo muy buenas críticas, que fue una especie de adelanto de Her…

FICHA TÉCNICA

Título original: Her
Año: 2013
Duración: 126 min.
País: Estados Unidos
Director: Spike Jonze
Guión: Spike Jonze
Música: Arcade Fire, Owen Pallett
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Reparto: Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, Olivia Wilde, Chris Pratt, Sam Jaeger, Portia Doubleday, Katherine Boecher, Alia Janine, Matt Letscher

SINOPSIS


En un futuro cercano, Theodore, un hombre solitario a punto de divorciarse que trabaja en una empresa como escritor de cartas para terceras personas, compra un día un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial, diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para su sorpresa, se crea una relación romántica entre él y Samantha, la voz femenina de ese sistema operativo.