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viernes, 2 de junio de 2017

NO TE MUERAS SIN DECIRME A DONDE VAS


EDITORIAL

Queda un adiós dicho por teléfono hace algunos años.
Quedan las noches de risas y vinos, algún café y la cita de un libro.
Queda un aroma conocido de mañana helada y también una caricia.
Queda mi guitarra, ahora muda y el canto de un bosque.
Un murmullo de olas que se acercan y luego se alejan, como nosotros mismos.
Y el sabor de un tango que muerte en la agonía de sus ocho pasos.
Queda una larga mesa y un mantel que aún baila sobre ella.
El humo de un cigarro que nunca se acaba y aquella última luna que dibuja su sombra en la fría tristeza de un almanaque.
Sentiremos como una condena, el metálico sabor de comprender que el mundo ya no es el mismo.
Y que el mañana es difícil sin el olvido.
Haremos algún día, una tregua con aquel vacío y será para el viento tu nombre.
Y ya no habrá tiempo entre tu recuerdo y el mío.

Canción elegida para la editorial


El tema con el que cierra el film



IMPRESIONES SOBRE NO TE MUERAS SIN DECIRME A DONDE VAS


El cine se puede ver de diferentes maneras. Para algunos es un arte, para otros es un momento de relax, estarán los que lo ven por diversión y los que lo analizan desde diferentes perspectivas, desde psicológicas hasta filosóficas. Y para muchos, sin dudas, es el lugar donde podemos mostrar que algunos sueños, se hacen realidad. Desde chicos imaginamos historias e intentamos concretar que muchos de esos sueños se transformen en algo real. Y quien no tiene sueños, perderá las esperanzas, y poco a poco, se le borrará la sonrisa. En este país, hermoso como pocos, nació un creador de sueños que nos dejó un legado eterno. Hace poco, sus sueños se esfumaron, y el cine quedó huérfano de pasión, de inteligencia y de talento. Eliseo Subiela, para muchos, ha sido el maestro. Alguien que soñó demasiado, y pudo transportar esos deseos a la pantalla, para que los disfrutemos todos. Como intenta hacer Leopoldo, el personaje interpretado por Darío Grandinetti, en esa hermosa película titulada No te mueras sin decirme a dónde vas. Leopoldo, un inventor, desarrolla una máquina capaz de grabar los sueños humanos, los reales, los que suceden mientras uno duerme. Pese a estar casado, en uno de esos sueños conoce al amor de su vida. 


Ella se llama Rachel, y un día, se la encuentra donde el proyecta los sueños, y perdone que nombre tantas veces esa palabra, pero no hay otro sinónimo que tenga tanta importancia como ella, pero volviendo del falso paréntesis, el lugar donde él trabaja es, justamente, el cine. Allí se encontrarán cara a cara, hasta que en un momento, Rachel, interpretada por Mariana Arias, le asegura que es un espíritu, que falleció hace 110 años y que él, en verdad no es Leopoldo, sino William, antiguo ayudante de Thomas Alva Edison, en una de sus tantas reencarnaciones. A partir de ahí empieza la curva dramática del personaje, el film seguirá su linealidad (con algún que otro flashback), y la fotografía será una paleta de colores fuertes excepto en los sueños y los recuerdos, que serán en blanco y negro y con una imagen un poco más difusa, como si fuese una vieja película. El guion tendrá además sus momentos divertidos, generalmente gracias a Carlitos, un robot que habla con la voz de Carlos Gardel, creación de Oscar, amigo de Leopoldo e interpretado por Oscar Martínez. La música, interpretada por ese talentoso que es Pedro Aznar, también le cae de maravilla al film. Pero lo más destacado, son las preguntas que nos deja al terminar de verla. Leopoldo, como todos nosotros, estos cobardes adoradores de sueños, tiene miedo a morir. 


Rachel está muerta, extraña algunas cosas tan simples como un abrazo o tener deseos, pero al mismo tiempo no quiere volver a la vida, ya que está segura que va a volver a perderlas. El director nos pone en la disyuntiva, y a los personajes también, de la idea de la reencarnación. ¿Existe la vida después de la muerte? ¿Cómo volveríamos? ¿Encontraríamos nuevamente a nuestras almas gemelas? Muchas preguntas, ninguna respuesta. Rachel le dirá a Leopoldo, si el universo fuera solo tu barrio, tu ciudad, tu país, tu planeta... Si la vida se acabara en una caja de madera, si solo fuera esto que conoces hasta aquí, estaríamos pensando en un Dios tan mediocre, tan mezquino... Yo, por mi parte, creo que sí. Pero si por esas cuestiones metafísicas o vaya a saber de qué tipo, esas cosas suceden, no sabría que pensar. Porque si, buscaríamos la forma de hallar a esos que perdimos hace tiempo, pero también tendríamos el miedo de volverlos a perder, en un círculo infinito. Seguiremos soñando, porque como nos escupe el protagonista, sin sueños no somos más que vísceras y miedos. Por eso, quizás elijamos encontrarnos todos, Eliseo incluido, en esa eternidad donde vagarán sonriendo y de la mano, las almas enamoradas como Leopoldo y Rachel, para que el final de esa película no termine siendo, como tantas, otra triste canción de amor.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


Otro tema de Aznar


Para que vea que Pappo también podía ser amoroso...


Una joyita de Luca...



FICHA TÉCNICA

Título original: No te mueras sin decirme adónde vas
Año: 1995
Duración: 120 min.
País: Argentina
Director: Eliseo Subiela
Guion: Eliseo Subiela
Música: Pedro Aznar
Fotografía: Hugo Colace
Reparto: Darío Grandinetti,  Mariana Arias,  Oscar Martínez,  Mónica Galán,  Tincho Zabala, Leonardo Sbaraglia,  James Murray,  Jairo,  Sandra Sandrini

SINOPSIS


Leopoldo trabaja como proyeccionista en un cine en Buenos Aires. Lleva años intentando construir una máquina capaz de grabar los sueños humanos. Un día consigue grabar un sueño, en el que se enamora de una mujer que vivió 110 años antes. Poco después, conoce a esa mujer en la puerta del cine en el que trabaja. Se llama Raquel, y dice que ambos llevan años reencarnándose y convirtiéndose en amantes. Leopoldo no consigue recordar nada de Raquel, pero ambos se enamoran. El problema surge cuando Raquel se confiesa harta de reencarnaciones, y desea permanecer muerta de una vez por todas. Leopoldo, en cambio, tiene un miedo atroz a la muerte...

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