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jueves, 27 de noviembre de 2014

EL ARTISTA


EDITORIAL

Las líneas recorren el lienzo hasta llegar a un punto infinito. Los colores se entremezclan, formando un arco iris de diferentes tonalidades. Un poco de azul por acá, otro poco de naranja por allá, bastante de verde, por cierto, quizás recordando inconcientemente esos días acostado sobre un parque, disfrutando de un joven atardecer.
De a poco, van apareciendo manchones negros como para cambiar el tono, haciéndolo más oscuro, más sombrío. Porque desde siempre al negro lo asociamos con lo negativo, con lo feo, con lo malo. Es blanco o negro dicen… ¿Y en qué lugar está escrito que lo negro es negativo? ¿Bajo qué concepto repetimos esas malditas frases hechas?
No hay muchas respuestas, más allá de todo lo relacionado a que se debe a algo cultural e histórico. Entonces será hora de bucear en nuestra propia paleta de colores para definir a nuestro gusto que es lo bueno y lo malo, o mejor dicho, lo que nos interesa y lo que no.


Recordaremos imágenes de pequeños, y sonreiremos, como cuando éramos niños. Seguramente en cada una de esas diapositivas de nuestra vida, habrá un color de referencia. Quizás el azul del cielo, el naranja de las flores, el verde de las plantas, o hasta el rosa del vestido de tu primer amor de primavera. Y ni hablar de los colores de tu equipo favorito, esos que vas a amar hasta el fin de tus días…
Esas imágenes serán sin dudas el punto de partida para tu primera obra… Mientras tu mente se queda en blanco, y la roja sangre de las venas corre más rápido que nunca, vos estarás frente a frente con tu primera obra de arte. Y digo obra de arte porque es tuya y de nadie más, después vendrán las críticas positivas o negativas, alguna exposición, y hasta quizás algún premio, pero lo importante es que lleva tu nombre. Que es tu idea finalmente acabada. Que no le robaste nada a nadie, salvo un poco de inspiración. Que para lo que algunos son líneas sin sentido, para vos son caminos hacia la eternidad. Que donde algunos ven manchas oscuras, para vos son una luz en la oscuridad.
Y finalmente no importa lo que piense el cerebro de turno, ese que seguro criticará hasta el más mínimo detalle, pero que nunca en su vida tuvo la capacidad de hacer algo por sí mismo.
Por eso a veces es necesario agarrar la paleta de colores, mezclar lo bueno y lo malo y seguir adelante. Seguir por la línea recta, tratando de recorrer los mejores paisajes y trazando nuevas perspectivas a cada paso, inventando un nuevo mundo de ilusiones, como cuando dibuja El Artista…

Marcelo De Nicola

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES PARA EL ARTISTA



Hace mucho tiempo ya, el poeta germano Angelus Silesius, escribió con sobriedad que La rosa es porque si, florece porque florece. Disfrazada de inocencia y delicadeza, cualidades otorgadas quizás por la excelente observación y la no menos diestra pluma del poeta, aquel verso, tal vez como lo hace el capullo con la rosa, oculta un simbolismo precioso. Silisius, y esto también lo tomaría nuestro Jorge Luis más adelante, expone de manera extraordinaria, que el arte, al igual que la rosa, también florece porque si, con lo cual se niega a la estética. Creo firmemente en la inutilidad y la soberbia que implica el aventurarse en la triste empresa del análisis de cualquier tipo de arte. Después de todo, como decía nuestro amigo Marcel Duchamp, la significación final de la obra, su decodificación, su contacto con el mundo externo, lo realiza el espectador. 


Cada uno descubrirá en la pintura, entonces, lo que sus ojos le permitan ver. Esta mesa, con la humildad que la distingue, milita estas ideas desde los comienzos iniciales de gestación de esta pequeña tertulia. Es por esto que escribimos, muy modestamente, al comienzo de estas ideas, a modo de título, la palabra impresiones, la cual nos libera de manera casi mágica, del terrible y desolador peso de explicar lo inexplicable. ART HAPPENS, dirá con un golpe sobre la mesa, otro amigo de la casa, el pintor norteamericano James Whistler. El arte sucede o no sucede, sobrara entonces cualquier explicación al respecto. Entonces, por qué exigirle a Jorge, protagonista del interesante film El Artista de los hermanos Duprat, argumentación alguna. Notaremos en el devenir del relato, la insistencia del resto en llenar aquel silencio que él ofrece como respuesta. Tildarán de genialidades sus monosílabos. Aplaudirán con delirio su mutismo. La película planteará en una metáfora hermosa, la disociación entren el artista y su personaje. Por un lado estará ese genio creativo, sombrío, analítico, expectante, que es Romano, interpretado magistralmente por Alberto Laiseca, y por el otro estará Jorge, que será la figura pública, se ocupará de interpretar al artista. La película lo repetirá ad nauseam: lo importante es la obra, no el artista, aunque el entorno no deje de exigirle al autor lo mismo que a su creación. 


El film estará construido en su totalidad con planos fijos, no hallaremos nunca un movimiento de cámara. Quizás esto haga referencia al arte pictórico del cual se nutre la historia. Su fotografía será precisa en el encuadre, y naturalista en su iluminación. Andrés Duprat, realizador del guión original, estructuró el relato de manera lineal dosificando su conflicto de manera precisa. Borges se planteó alguna vez el mismo cuestionamiento que subyace en este relato: ¿Cuál es la tarea del arte? Respondió, entonces, que la tarea del artista no era otra que la de transformar lo que nos ocurre cotidianamente, en símbolos, en música; transformarlo en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres. Ese es el deber del artista, si no lo cumplimos, nos sentimos muy desdichados. Quienes frecuentamos ciertas cantinas del arte, conocemos perfectamente a aquellos argumentadores profesionales, adoradores de las explicaciones extensas, onanistas verbales. Los hemos visto acercarse a nuestras mesas, con la palabra justa, contestando a una pregunta que nadie hizo nunca. Es allí, entonces, cuando quienes creemos que estamos en este ladrillo para conmovernos, sin importar como, tomamos nuestra copa, nos levantamos respetuosamente y nos alejamos preguntando qué pasara cuando el arte ataque. 


Lucas Itze.-

Canción post análisis


También sonaron los Beatles


El himno a la paz


Otro gran tema revolucionario


El himno de Bob Marley


Y nos fuimos gritándole a la Reina



FICHA TÉCNICA
Título original: El artista
Año: 2008
Duración: 91 min.
País: Argentina
Director: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Guión: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Música: Diego Blieffeld
Fotografía: Mariano Cohn, Gastón Duprat
Reparto: Alberto Laiseca, Sergio Pángaro, Andrés Duprat, Enrique Gagliesi, Ana Laura Loza, Luciana Fauci

SINOPSIS

Jorge (Sergio Pángaro) es un enfermero que pasa de cuidar ancianos en un geriátrico a convertirse en el nuevo niño mimado de la escena artística porteña. Luego de presentar como propias unas pinturas de uno de los ancianos, su vida simple y monótona se transforma de repente en un constante peregrinar por galerías de arte, universidades, programas de televisión, reuniones con artistas e intelectuales.

Película completa




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