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viernes, 24 de noviembre de 2017

LA TORTUGA ROJA - LA TORTUE ROUGE


EDITORIAL

Se puso de pie trabajosamente, y en silencio se acercó a ella. Intentó buscar su mirada, pero su vista, que ocultaba vaya uno a saber qué rencores, permanecía distante en el horizonte más lejano, perdida en aquel ensueño que él ya le conocía. Decidió no discutir, no esa noche que el frio helaba más profundo que el olvido. Él sabía con certeza que la primavera se escondía celosa en aquellos labios, que un universo inconmensurable de colores despertaba cada mañana detrás de aquellos ojos que lo ignoraban, que su sola presencia lo invitaba a mejorar, a no querer jamás bajar los brazos, a querer trascender… si, aquella fantasía vagaba últimamente corroyendo cada arista dura que con instintivo esfuerzo su mente había creado para mantenerlo a salvo… a él que no era nada ni nadie, que solo era un hombre entre todos los hombres, un numero tal vez en la triste lista interminable de todos los números. Cerró entonces sus ojos embriagado en aquel juego de las distancias, los cerró con alguna intención lejana de recordar aun lo que justamente era un juego, evocando aquel dulzor con el que aquella pócima abría todas las puertas y ventanas, olvidando por un instante a aquel hombre cuerdo que siempre habita entre los locos. 


Cerró los ojos y la besó, y al hacerlo, su mano acarició aquel rostro que insistía en la crueldad de la indiferencia. La beso ofreciendo toda la ternura que un hombre como él podía entregar. La acarició con un grito desesperado que suplicaba en su lento recorrido tal vez cobijo, tal vez cariño. Entonces, el cartel con el rostro de aquella dama se apagó. El hombre tardó unos instantes en alejarse, refugiado quizás en la tibieza de los tubos que ya lo abandonaba como un beso fugitivo. Finalmente, aquel hombre de edad incierta, tomó su roída manta e improvisó una cama a los pies de la oscura publicidad. Se recostó y clavo su mirada en el horizonte más lejano, allí lejos de toda la miseria que lo rodeaba, en aquel infinito silencioso y distante, con el único deseo de encontrarla.-       

Lucas Itze.-

Canción elegida para la editorial


La fantasía de Charly


 IMPRESIONES PARA LA TORTUGA ROJA


Caminamos por la salvaje cornisa de la vida intentando destruir la tiranía de los miedos. Buceamos sin sentido, descubriendo sigilosas mentiras que nos contaron desde nuestros comienzos. Soportamos la presión de vivir bajo algunos conceptos ridículamente confirmados. No nos queda otra, entonces, que lanzarnos al mar de las vacilaciones buscando escapar de nuestras propias mentiras. De sumergirnos entre los temores más infames de nuestra existencia. De lanzarnos al mundo desnudo, en busca de un renacer. De naufragar hasta esa lejana isla donde encontrar la libertad. De elegir quedarse ahí para siempre, o volver al mundo que nos rodea. Con un naufragio, justamente, arranca la ópera prima animada del holandés Michael Dudok de Wit, titulada La Tortuga Roja. Autor de uno de los cortos más premiados de los últimos años, Father and Daughter, nada menos que el estudio Ghibli, con Hayao Miyazaki a la cabeza, puso los ojos en el director para su primera Coproducción Internacional. En el film, confluirán dos importantes corrientes animadas. 


Por un lado, estará claramente marcada la relación del ser humano con la naturaleza, como en la mayoría de las películas del famoso Estudio, recordando a films como La princesa Mononoke o Ponyo en el acantilado, pero por el otro, estará muy patente el trazo fino (llamado Ligne claire) de su admirado Hergé, creador de Tin Tin, sobre todo en los rasgos occidentales de los personajes, y también, todo lo relacionado con los dibujos franco-belgas que el director mamó desde pequeño. De hecho, el mismo dice que los ojos, como simples puntos negros, son su mejor homenaje. El guion, firmado en dupla con la francesa Pascale Ferran no nos dará datos de tiempo y lugar, como tampoco habrá palabras para entender lo que pasa, haciendo que la falta de diálogos, haga centrarnos completamente en la trama. Las imágenes serán grandilocuentes. Los colores vivos, mostrarán el poder de la naturaleza, y los planos generales, demostrarán lo pequeño que es el hombre frente a todo lo que lo rodea. La música creada por Laurent Perez del Mar, al no haber diálogos, será la pieza fundamental del film, así como la banda sonora de la película, con esos ruidos de olas desgarradoras, o pasos de pequeños cangrejos que conviven en la isla. El guion establecerá los tres actos aristotélicos que venimos nombrando desde el comienzo de nuestros tiempos. Habrá una presentación, donde el solitario protagonista, esa especie de Robinson Crusoe, intentará por cualquier medio irse de la isla, ese será su conflicto, aspirar volver a su vida habitual. Su lucha será ante la feroz naturaleza, un nuevo mundo salvaje que desconoce. 


Intentará por medio de balsas hechas por el, cruzar el océano, esa especie de pared acuática que lo retiene. Al no poder escapar de la isla, desatará toda su furia en esa figura extraña que impide su objetivo: la tortuga roja que da nombre al film. Esta se transformará en una hermosa mujer, y será ese el momento donde el entenderá que su mundo quizás ya no está allá, sino acá, siendo este el giro que iniciará la curva dramática del personaje y dando pie al segundo acto, donde veremos el desarrollo de la historia. Creemos que la tortuga será la unión entre el ser humano y la naturaleza. De ahí, nacerá ese hijo como fruto de esa redención del hombre con ese ecosistema que lo retiene. Aprenderá a convivir en la isla y será el pequeño, quien dará sus primeros pasos y no necesitará de sus padres para echarse al agua y nadar. Allí, como si fuera su pequeño mundo, encontrará una botella llegada desde el mar, y buscará también su libertad, a través de ese pequeño objeto llegado desde la civilización. Su partida será justamente el desenlace, marcando el principio del fin también para su padre. Esa botella, donde mirará el horizonte, significará su encierro, su propia pecera. Salir de ahí, experimentar el ciclo de vida por su cuenta, será el punto de partida para poder enfrentarse a sus preguntas para así cruzar ese océano anárquico que lo detiene y del que su padre nunca pudo salir…

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


La poesía de Luis Alberto


UNIVERSO DUDOK DE WIT


Michaël Dudok de Wit nació en Abcoude en el Países Bajos. Después de su educación secundaria en los Países Bajos, asistió a la Escuela de Bellas Artes de Ginebra. En 1978, se graduó de la Escuela de Arte y Diseño de West Surrey (ahora la Universidad para las Artes Creativas) con su primera película, The Interview.
Después de trabajar durante un año en Barcelona, se instaló en Londres, donde dirige y anima comerciales galardonados para televisión y cine. En 1992, creó el cortometraje Tom Sweep, seguido de El monje y el pez (1994), que se realizó en Francia con el estudio Folimage. Este corto, de seis minutos, fue nominado a un Oscar y ha ganado numerosos premios, incluyendo un premio César por Mejor Cortometraje y el Cartoon d'Or. Michael también escribe e ilustra libros ilustrados para niños y enseña animación en universidades de arte en Inglaterra y el extranjero.


Su película Padre e hija (2000) ganó un Premio de la Academia, un Premio BAFTA, el Gran Premio en Annecy , el Gran Premio en Animafest Zagreb y docenas de otros premios importantes. En 2006, hizo el cortometraje El aroma del té, que fue dibujado completamente con granos de té. Sus películas The Monk and the Fish y Father and Daughter se incluyeron en el programa de animación de espectáculos. En 2016, lanzó su primer largometraje: The Red Turtle. Su estilo, Desde Tom Sweep , todas las películas de Dudok de Wit tienen su característico dibujo de trazo de pincel y su uso de tinta y acuarela.

Nos despedimos con algo de Skay


FICHA TECNICA

Título original: La tortue rouge
Año: 2016
Duración: 80 min.
País: Francia
Dirección: Michael Dudok de Wit
Guion: Michael Dudok de Wit, Pascale Ferran
Música: Laurent Perez del Mar

SINOPSIS


Un náufrago vive en una isla tropical poblada por tortugas, cangrejos y aves. En completa soledad, el protagonista pronto conocerá los contornos de esa isla, y sacará todas las fuerzas necesarias para aprender a construir una balsa y así poder huir. Pero todos sus intentos de huída se verán frustrados por la misteriosa intervención de una gigantesca tortuga que destruye sus embarcaciones.

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