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lunes, 11 de julio de 2016

EL SILENCIO - TYSTNADEN


EDITORIAL

Gente apiñada en la estación, algunos relojean el fondo del túnel, a ver si aparece por milagro esa pequeña luz. Cuando el ciempiés de metal estaciona, varios intentan entrar como pueden, formando una especie de tetris humano donde nadie puede encastrar. Otros tendrán que esperar un tiempo más. Empujones, protestas y algún que otro grito son parte del folclore diario de la furibunda mañana semanal en la ciudad.
Celulares, auriculares y unos pares de libros desorientados son parte del decorado, mientras de fondo algún vendedor ofrece los productos al menor precio.
Pero a pesar de toda esa parafernalia que los rodea, todos son presos de sus propias ilusiones, y caminan hacia la última estación atravesando su propio destino. Si, admitámoslo, la soledad es nuestra principal compañera. A pesar de que tengamos una vida social agitada, en el fondo estamos solos.
Inventamos un hotel con habitaciones vacías, buscando sueños para alojar. Cada habitación tendrá un colchón de palabras que esperan ser diseminadas por esos pasillos grises, para que no queden olvidadas en un sótano cerrado. Pero nuestros miedos tendrán la llave que encerrará cualquier frase que quedará desteñida con el tiempo.


Porque son nuestras las decisiones que uno elige a lo largo del camino. Porque es uno el que revuelve el azúcar de la taza de café por las noches, tratando de encontrar respuestas. Y después de ese café, llegará la batalla con la almohada para intentar conciliar el sueño, mientras la película que no queremos ver se repite una y otra vez en tu mente. No importa si dormís solo o acompañado, porque la guerra interna sabe bastante de balas perdidas y perdigones incrustados.
Después de un sueño profundo, te levantas a la mañana intentando una vez más ser vos, evitando el maldito pero necesario egoísmo que nos vigila, siempre al acecho. Nuevamente escucharás esas voces que salen desde tu más profundo sentimiento y que juegan una y otra vez con tu mente, impidiendo relajarte por la ajetreada rutina. Voces que en cierto momento se transformarán en gritos para escapar de esa tensa calma que nos contiene, encerrados en una mera ilusión cínica. Quedaremos atrapados en ese vendaval de ruidos, deseando de una vez por todas llegar a nuestro propio desierto, reclamando que el egoísmo haga su presencia estelar. Gritaremos solos buscando algún abrazo que nos calme y nos lleve a esa infancia que perdimos hace tiempo, donde la mayor preocupación era que llegue la hora para salir a jugar. Será en ese apretón cuando desearemos siempre la compañía y por fin, se nos ilumine una sonrisa, cuando nos demos cuenta que, entre tantos murmullos, se escuche el eterno sonido del silencio…

Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE EL SILENCIO


En la oscuridad más profunda de la noche se encuentran los traidores. Están allí, viviendo sus miserables vidas, obteniendo de ella experiencias miserables. Esconden sus pieles bajo la anónima tibieza de un par de soles bastardos, jugando sus cartas manchadas, siempre lejos de cualquier borde. Están allí, soñando aquel sueño de ser un lobito más en esta manada sin luna, con la triste esperanza de poder caminar algún día esta calle olvidando para siempre su sombra, con la vista fija, al fin, en aquel instante vertiginoso que se presta a morir. Será su traición el olvido, y lo será también cualquier nombre, y se esconderá en todos los números y se oirá para siempre en la indiferente voz del tintinar de tres monedas de oro. El aliento de todo su decir empañará, oportunamente, el culo opaco sobre el que descansa la fría copa del silencio. Y serán otras las palabras que amanezcan en la muerte de aquellas otras nunca dichas, serán otras las anécdotas y callaran los colores, y en aquel ruido bastardo también sonará, abrasivo, el silencio. Sabio silencio que ilumina, oportuno silencio distante, melancólico silencio de adoquines húmedos y fantasmagóricas neblinas, humillante silencio que engaña verdades, que oculta al desaparecido que grita también su silencio desesperado bajo un asfalto pesado de angustiosas preguntas, misterioso silencio que preside a la vida y que nos espera agazapado allí en la oscuridad de la muerte. 


Del mismo modo que el lenguaje brota de la necesidad de comunicarse el hombre con los demás hombres, el pensamiento como lenguaje interior, consiste en la comunicación del hombre consigo mismo y en aquel silencio de la palabra hablada serán otros los signos que participen en la ilusoria aventura de la comunicación. Marshall Mc Luhan dijo que el medio era el mensaje, esto nos hace pensar, entonces, que en aquel silencio de la palabra hablada el mensaje, no habrá muerto, sino que recaerá sobre el cuerpo que calla valorándolo ahora como signo del enunciado. De esta manera funcionará el silencio dentro del minucioso relato guionado y dirigido por aquel inmenso artista que demostró ser nuestro querido amigo Ingmar Bergman. Callará en la cinta el lenguaje hablado, serán breves los diálogos y solo aparecerán ante la imposibilidad de la imagen de comunicar el mensaje buscado. Jean Claude Carrier, en su libro The End, dice respecto a la escritura de diálogos, que es la herramienta común del guionista perezoso, y agrega luego que el dialogo aparecerá solo para contar aquello que la imagen no puede. Hablaran entonces los cuerpos, las miradas, actuará en su esplendor el lenguaje cinematográfico todo, con sus luces y planos, con su montaje y angulaciones, susurraremos en teleobjetivo y sentiremos la furia del grito con los gran angulares. Profundizará Bergman sobre la idea del silencio instalándolo también allí donde emisor y receptor no conectan porque la simbología utilizada difiere entre ellos. Lo que debería ser comunicación, entonces, será solo ruido. 


En aquel ruido donde Bergman sitúa a sus personajes, descubriremos finalmente una lograda imagen de la soledad que ellos padecen. Habrá silencio entre Anna y Ester y cuando dialoguen, tampoco lograran comunicarse. Será el ruido sus evasivas, sus pocas ganas de enfrentar el conflicto que tanto las lastima. Anna buscará alguna respuesta a través del reclamo y el agravio, hablando siempre desde el resentimiento y el odio. Ester poco dirá y se lamentará profundamente tanto por Anna como por Johan, su sobrino. Habrá cierto olor a traición entre ellas, se callaran verdades y el dolor se lo comerá todo. Dice Unamuno que todo lo vital es irracional y todo lo racional es antivital, porque la razón es esencialmente escéptica. La razón, la lógica y las leyes que rigen a ambas tienen como objeto de conocimiento lo que ya está muerto, pues lo vivo, lo que es absolutamente inestable, lo absolutamente individual es, en rigor, ininteligible. La inteligencia humana, busca lo muerto, pues lo vivo se le escapa. La razón movilizará a Ester y también lo hará, en menor medida, con Anna. Intentaran rescatar desde aquel pasado muerto alguna verdad, pero la ruidosa distancia de sus soledades le impedirá llegar a algo. Quedaran ellas allí, en esa búsqueda desesperada, hurgando en lo muerto, racionalizando lo que ya no son, lo que tal vez algún día fueron. El film culminará de golpe, casi sin aviso, como se van los que saben, dejándonos tal vez aquel mismo sabor que experimentamos con Bukowski cuando nos dijo que la mejor manera de terminar un poema como este es quedarse de pronto… callado.-

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


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FICHA TÉCNICA

Título original: Tystnaden
Año: 1963
Duración: 96 min.
País: Suecia
Director: Ingmar Bergman
Guión: Ingmar Bergman
Música: Bo Nilsson, J.S. Bach
Fotografía: Sven Nykvist (B&W)
Reparto: Ingrid Thulin, Gunnel Lindblom, Jörgen Lindström, Haakan Jahnberg, Leif Forstenberg, Biger Malmsten

SINOPSIS


Ester, su hermana Anna y su sobrino Johan atraviesan en tren un país extranjero y sombrío, probablemente en guerra. Los tres vuelven a casa, pero tienen que interrumpir el viaje y detenerse en una ciudad a descansar en un oscuro y destartalado hotel, ya que Ester, que sufre una crisis vital, se ha puesto enferma. Mientras Ester trata de reprimir la atracción sexual que le inspira Anna, ésta sale en busca de sensaciones que la liberen del tedio y la angustia. La total incomunicación entre las dos hermanas hace que su relación sea una extraña mezcla de odio exacerbado y patológica dependencia, situación a la que asiste como testigo mudo el niño.

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