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jueves, 5 de diciembre de 2024

LA ANGUSTIA CORROE EL ALMA - ANGST ESSEN SEELE AUF DE RAINER WERNER FASSBINDER

PROGRAMA 453 (22-11-2024)

 

SINOPSIS


En un café al que acuden los trabajadores inmigrantes, Emmi Kurowski, una viuda de unos sesenta años, conoce a Salem, un marroquí treintañero. Inducido por la dueña del bar, Salem invita a Emmi a bailar, hablan, la acompaña a casa y, al día siguiente, se queda a vivir con ella. Esta relación provoca un gran escándalo, y las vecinas visitan al propietario del edificio para denunciar a Emmi. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Nombrar a la rosa es pulverizar a la rosa y no existe mayor soledad que esa. No hay mayor soledad que ese silencio ensordecedor que distancia la palabra de aquello que nombra. En este mundo estamos inmersos. Sobre este jardín que nadie cuida juegan nuestros aturdidos sentidos. Ciegos en una caverna donde rebotan los sonidos interminablemente buscando recuperar con nostalgia aquella magia perdida. ¿Cuál será el rayo que encienda nuevamente nuestra farola de mago? ¿Cuál será la estrella, ese verso aun no escrito, que devore para siempre aquella sombra que nos separa? Siempre estuvimos solos y olvidados, perdidos en el anonimato de esta muchedumbre de gente. Nos hemos desvanecidos hasta volvernos impalpables, ausentes, sombras de una anécdota que ya nadie escucha. Porque la soledad no implica la ausencia de gente. Estar solo es la desgarradora imposibilidad de comunicarnos. Es estar inmerso en este virus de luces y sombras, es observar tu mirada vacía frente a un mensaje que jamás llegará. Quizás sea el poeta uno de los pocos que logre romper aquella barrera de soledad al destruir las palabras, al jugar con los sentidos del universo, al quebrar la lógica naturalizada. Estar solo es mirar y no encontrar diferencias, es haber perdido la inteligencia de ver matices allí donde todos ven absolutismo, monotonía y uniformidad. Es haber perdido la comunión que justifica, aunque sea por algunos segundos, nuestra existencia. 



El pensamiento, el arte y el amor sean quizás nuestras únicas herramientas contra la angustiosa soledad. Tal vez alguien deje flotando en el viento alguna idea que nos atrape y encienda nuestros sentidos y con algo de suerte, aquello nos haga mejores personas, allí, solo por un ínfimo instante, ya no estaremos solos. Quizás cualquier día de estos, escuchemos por ahí algún acorde que nos transporte a cierto lugar al que jamás hubiéramos llegado por nuestros propios medios y aquello, puedo asegurarles, se parecerá bastante a la compañía. Quizás nos animemos a perdernos en una mentira, en un te amo, en una caricia que creeremos única, y que tal vez lo sea. Quizás nos animemos a vernos en los ojos de otro y sentirnos vulnerables, sentirnos que el mundo podría acabarse en aquel instante y que aun así todo estaría bien. Quizás esa mirada, aquella construcción fantasiosa a la que llaman amor, llena de idealizaciones y de fantasmas, logre un día sacarnos de nosotros mismos y así empatizar con el otro, reconocerlo aunque sea por un intervalo fugaz y allí todo habrá valido la pena. Habrá valido el peso asfixiante de toda la soledad vivida, de toda aquella angustia sobrellevada para lograr aquellos pequeños destellos donde nuestras islas se encuentren y así reaviven nuestras almas dormidas y hagan de aquella tristeza una gema luminosa, porque como bien sabemos, la angustia, queridos amigos, corroe el alma.   

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA ANGUSTIA CORROE EL 

ALMA

 


Alguna vez, entre estas tertulias, dijimos que el alemán Erich Fromm en su libro El arte de amar rezaba “No es el acto de amar, sino algo o alguien que amar” con lo que sintetizaba ese sentimiento. Y reconocía “que el amor no se reduce solo a esto, sino que se basa en otros elementos como la atención, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. El deseo de ver a la otra persona amada satisfecha en la realización de sí misma y de sus potencialidades se manifiesta en todas sus fuerzas”. Como también hemos dicho más de una vez en estos encuentros, existe ese oscuro mantra que reza que el amor nos completa, sin embargo, lo que buscamos es consumar el deseo. Siempre que hablemos de Rainer Werner Fassbinder hablaremos de amor, de deseo, de ausencias, de locura y del retrato de las verdades más crudas del ser humano. Alguna vez declaró "Creo que este sistema en el que vivimos no es un sistema en el que se pueda amar de verdad. Por ser, en general, un sistema de explotación es idóneo para también explotar el amor. No importa cómo suceda este amor y en todos los casos en que suceda. Es algo espantoso. Yo recomiendo el deseo de amar, pero no amar. Hay que dejar que el deseo se vuelva cada vez más grande, cada vez más claro y, entonces, es posible que ocurra algo”. Ese deseo lo convierte es un hombre apasionado y también auto destructivo, como la mayoría de sus personajes. 



Algo que también podemos ver en su film La angustia corroe el alma, traducción aquí del dicho árabe El miedo se come el alma. Estamos ante un melodrama con todas las letras… pero con el sello de Fassbinder. La película arranca en un bar donde una mujer de unos 60 años entra para resguardarse de la lluvia. Ahí hay unos inmigrantes tomando algo, mientras ella se pide una gaseosa. Música árabe suena de fondo. La cara de ella denota tristeza y será Selim (al que todos llaman Alí), un joven marroquí quien la saca a bailar un tango. Allí comenzará una historia de amor. El film, es un claro homenaje a "Sólo el cielo lo sabe", de Douglas Sirk. Fassbinder trabajará un guion con una estructura lineal. Como en casi toda su filmografía, los escenarios serán un mix entre lo teatral y lo audiovisual. La banda musical también se trabajará desde diferentes melodías, sonará música alemana, árabe y, como dijimos anteriormente, el tango tendrá su lugar destacado. La fotografía será naturalista con colores sobrios y apagados, que reflejan la atmósfera sombría de la película. Y si hay algo que sabía el alemán, era donde poner la cámara o como armar los encuadres. Aquí vemos un planteamiento en los planos basado en la dificultad de establecer una distancia con los personajes y sus vicisitudes dramáticas. Ya desde el comienzo, cuando Emmi y Alí llegan al edificio donde vive ella, veremos que una vecina le habla desde atrás de una ventana. 



Esos planos se repetirán a lo largo del metraje. Desde atrás de una puerta, de un barrote o de un vidrio sentiremos la lejanía que están viviendo los protagonistas con el resto de la sociedad, seremos parte de ese sistema opresivo y vigilante. Utilizará como es su costumbre, muchos planos fijos para mostrar la intimidad de sus personajes. Los planos generales serán para exponer el entorno, pero también elegirá primeros planos para manifestar los sentimientos de la pareja. Habrá algunos travellings rápidos y serpenteantes, algo bastante extraño para la filmografía del alemán. La película no sólo nos contará esa relación casi utópica sino sus consecuencias. Ella, una mujer germano-polaca viuda de 60 años, con una hija y dos hijos y que trabaja como empleada de limpieza en un edificio. El, un inmigrante de poco más de 30 años, que hace dos está en Alemania, trabaja en un taller y vive con cinco compañeros en un pequeño cuarto. “Es bueno hablar con alguien. Estoy sola la mayor parte del tiempo”, le confiesa Emmi a Alí antes de invitarlo a su casa a tomar un café. Emmi muestra en su triste mirada el sufrimiento y la soledad que viene padeciendo. Será la aparición del joven marroquí quien le dé un nuevo sentido a su vida. Pero el film no hablará solo del miedo, del amor y el deseo sino también será una crítica a la sociedad alemana. Y no sólo a su sector burgués. La falta de oportunidades, además de la soledad, de las personas mayores, es algo que marca la película. 



El racismo (ya sea con marroquíes, turcos, polacos o serbios), la intolerancia, la inseguridad, el miedo y la hipocresía son los otros elementos que vemos a través de la historia. Las vecinas, sus compañeras de trabajo y hasta el vendedor del barrio mostrarán su peor cara. Alí, con su poco alemán a cuestas, intentará ser siempre cortés. Ella le hablará de su pasado nazi y hasta lo invitará al restaurant donde cenaba Hitler. Mostrará un trasfondo de algo de moda en esos años ´70, agrandado por el ataque a los atletas israelíes dos años antes en los Juegos Olímpicos de Munich 1972. Aunque hoy sigue vigente. Fassbinder mostrará a Alí como especie de trofeo, cuando Emmi le exhiba su cuerpo ante sus compañeras de trabajo o Barbara, la anfitriona del bar, lo utilice casi como un juguete sexual. Claro, Fassbinder nos invita a recordar que durante el nazismo todos aquellos que no fueran arios no eran humanos y por tanto serían tratados como animales… A lo largo que pasan los minutos, se empezará a notar el aislamiento de la pareja, ya sea en un restaurant post casamiento o en la terraza de un bar, donde todos los miran. Las buenas intenciones de Emmi chocarán también con la cobardía de Alí en la curva dramática de la historia. Aquí otra buena mano del director, que no idealiza la pareja, sino que la presenta con sus miedos y con sus desatinos, como cualquier otra. La complejidad de las relaciones siempre se impone. “Seremos ricos, Ali … y nos compraremos un pedacito de cielo” le dice en un momento Emmi a Alí, como si fuera un mantra. Quizás en esa unión para salvarse el uno al otro, intentaron encontrar eso que tanto buscó Fassbinder: el deseo de amar.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO FASSBINDER

 


Nacido el 31 de mayo de 1945 en Baviera, Alemania. Hijo de un médico militar y de una traductora, que se separaron cuando tenía seis años. Empezó en el mundo del teatro escribiendo, adaptando y dirigiendo obras. Su llegada al cine se da en 1966 con el cortometraje El vagabundo. Sus primeros largos fueron en 1969: El amor es más frío que la muerte y Katzelmacher, con la primera película logra el premio a mejor fotografía y con la segunda el de mejor película alemana. Esa primera época fue claramente influenciada por la Nouvelle Vague. Empieza a interesarse en el melodrama estadounidense gracias a los films de Douglas Sirk, a quien va a visitar a su residencia de Lugano, Suiza. Su propósito desde ese momento fue crear unas películas «como las de Hollywood, pero sin la hipocresía». Esta intención dio lugar a un estilo de filmar atrevido y moderno (tan moderno como el de sus primeras películas, pero con otra actitud). La presencia de la cámara se hace casi visible al espectador, por los ángulos, los movimientos y los planos que hace, consiguiendo así una anti-naturalidad que pretende distanciar al espectador y obligarle a juzgar las historias sin manipulaciones sentimentales. Su primer «melodrama distanciado» fue Las amargas lágrimas de Petra von Kant(1972), que fue su primer éxito internacional. A partir de ahí se verán películas más crudas, frías y distantes. Recorrerá con su cine todo su país, filmando en lugares tan disímiles Baviera, Baden, Fráncfort, Coburgo y Berlín. Llevó al cine grandes obras literarias alemanas como Effi Brest (1894) de Theodor Fontane o Berlin Alexanderplatz (1929) de Alfred Döblin. Algunos de sus films más renombrados son Dios de la peste¿Por qué le da el ataque de locura al Señor R.?,  El soldado americano (las tres de 1970), El mercader de las cuatro estacionesLa angustia corroe el almaLa ley del más fuerteEl viaje a la felicidad de mamá KusterRuleta chinaUn año con trece lunasEl matrimonio de María BraunLolaLili MarleenLa ansiedad de Veronika Voss y su film póstumo Quarelle



Alcohólico y adicto a las drogas vivió su vida a mil por hora. Su muerte llegó tras un fallo cardíaco, al parecer resultado de la interacción entre somníferos y cocaína, el 10 de junio de 1982 con sólo 37 años y más de 40 films en su haber. Retrató todas las clases sociales: la burguesía en Ruleta china, los comerciantes en El mercader de las cuatro estaciones, el proletariado sobre todo en Viaje a la felicidad de Mamá Küster, el lumpen en El amor es más frío que la muerte, la patronal en La tercera generación, los intelectuales en El asado de Satán, los periodistas en La ansiedad de Veronika Voss, los artistas en Lili Marlene, los inmigrantes en Katzelmacher. De ahí que haya sido llamado el Balzac del cine alemán. Su estilo tuvo el perfil marcado de los grandes directores, se habla de él como un gran director de escena, ya que cada plano estaba minuciosamente diseñado para provocar un fuerte impacto estético en la pantalla, ya fuera por su sobriedad o por sus retorcidas técnicas. Para eso contó con la ayuda de la cámara Michael Ballhaus, quien luego trabajó con directores como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Robert Redford, Wolfgang Petersen, Robert Redford o Barry Levinson



La soledad, el miedo, la emancipación femenina, los personajes oscuros, el homosexualismo, la doble personalidad (doppelgänger) de varios de sus personajes, el abuso de drogas y la prostitución, fueron algunos de los temas que trató un director en una época que buscaba su nuevo mundo. La falta de su padre, también hizo que la mayoría de los personajes fuertes sean femeninos. Además, como su ritmo de trabajo era imposible de soportar para los productores cinematográficos, más acostumbrados a esperar la amortización parcial de sus films antes de seguir adelante, Fassbinder acabó alternando teatro con cine y con televisión, medio para el que rodó varias series de éxito que luego, convenientemente cortadas en su metraje, fueron estrenadas en las salas comerciales de exhibición. Esa pasión enfermiza por su trabajo lo confirmó en toda una declaración de principios: “Ya dormiré cuando esté muerto”, a lo que agregaba “Cada cual debe decidir si es mejor llevar una vida breve pero intensa o larga y rutinaria”. Claramente el maestro alemán eligió la primera.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Angst essen Seele auf

Año: 1974

Duración: 93 min.

País: Alemania del Oeste (RFA)

Dirección: Rainer Werner Fassbinder

Guion: Rainer Werner Fassbinder

Reparto: Brigitte Mira, El Hedi ben Salem, Barbara Valentin, Irm Hermann, Elma Kazlova

Música: Peer Raben

Fotografía: Jürgen Jürges

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 20 de julio de 2022

ADIÓS AL AYER - ABSCHIED VON GESTERN (ANITA G.) DE ALEXANDER KLUGE

PROGRAMA 374 (01-07-2022)

 

SINOPSIS

 

Anita G. es una joven de 22 años, que se traslada desde Alemania Oriental a la Occidental en busca de mayores expectativas de vida. Sin embargo su lugar de pertenencia más el hecho de ser judía harán que su adaptación sea imposible. Comenzará entonces a realizar actos de rebeldía, en contra de esa nueva sociedad y de las instituciones que la reglamentan. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Hay un libro que los que este programa hacemos queremos mucho, el cual decide abordar, sin servirse de la hipocresía y evitando los giros elegantes y desnaturalizados, actos que decididamente le festejamos, la temática de la otredad. El trato histórico con el otro, el distinto, el diferente, aquel otro que yo no soy pero que a su vez también es. Lucio Mansilla escribió esta obra en 1870 logrando un escrito apasionado, dinámico y sin tiempo, cualidades que caracterizan sin lugar a dudas al arte superior, aquel arte que trasciende, hablamos, claro, del texto “Una excursión a los indios Ranqueles”. Por aquellas páginas Lucio nos hablará de la hostilidad real existente en el encuentro con el otro. Hablará de aquel miedo que baila por nuestras vértebras cuando el diablo asoma sus cuernos por aquellos barrios. Cito al General Mansilla: “Entre asustarse y asustar, la decisión nunca es dudosa. Un gran capitán ha dicho que una batalla son dos ejércitos que se encuentran y quieren meterse miedo. En efecto, las batallas se ganan, no por el número de los que mueren gloriosamente, luchando como bravos, sino por el número de los que huyen o pierden toda iniciativa, aterrorizados por el estruendo del cañón, por el silbido de las balas, por el choque de las relucientes armas y el espectáculo imponente de la sangre, de los heridos y los cadáveres.” 



El otro está allí, atentando siempre contra nuestros intereses. Manipulando, agazapado como una pantera, desde el miedo, creando poder, creando significación, creando sentido. Huir, entonces, es ceder, es entregar aquel ejército que se llama ánimo, que se conoce como deseo. Correr es entregarlo todo, es dar el mando, para que el otro nos dirija, otorgarle el volante para que decida sin ningún escrúpulo nuestro destino. Bien vale esa batalla, clavar nuestros pies en la tierra con la furia más salvaje, más primaria, para no retroceder ni medio centímetro. Porque bajo aquel cielo sin estrellas nos encontrará la noche más oscura. Sobre aquella llanura echáramos nuestro cuerpo mal herido a descansar cuando los cañones avasallantes apaguen sus bocas de fuego. Desistir ante el miedo es abrazarse a aquella sensación de finitud entendiendo que el control lo tiene otro. Dios no es finito, dios no tiene miedo. Allí nos reconoceremos vulnerables, tropezaremos con los fantasmas de otro, con sus fantasías agrias y lejanas. Con esa distancia que impone la incomprensión, la injusticia y la soberbia de aquellos que huelen a tigre y miran al pasado porque en el recuerdo es en el único lugar donde sienten que su culo está seguro. Hablo de esos tipos que pasean sus miedos con resentimiento por las grandes avenidas del recuerdo y miran con desprecio a los pibes de la esquina que murmuran las canciones que todavía no han sido escritas. Contra aquellas bestias nuestras copas se vacían y las melodías resuenan con bombos de guerra, esa furia que grita ya no en silencio, sino a viva voz: Adiós, adiós al ayer.

                                                                                

Lucas Itze.-                

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ADIÓS AL AYER

 


El pasado acecha. Todos sabemos que un pueblo sin memoria está condenado a repetir los errores del pasado. Perderse en ese laberinto es volver a perder la identidad, y sin ella, sólo somos un número más. Como dice nuestro amigo George Orwell, “Quien controla el pasado, controla también el presente”. De ahí sabemos que de eso también depende el futuro... En los años ´60 el pueblo alemán se estaba reconstruyendo luego de la Segunda Guerra Mundial. Vigilada por las potencias aliadas (Unión Soviética, Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña), la guerra marcó a fuego a generaciones enteras. Y el cine no podía ser la excepción. Las pantallas se llenaron de films americanos. El cine local casi no existía. Y esos films en su mayoría demostraban el heroísmo americano o de los demás vencedores contra la humillación de los derrotados. El Manifiesto de Oberhausen, firmado por 26 directores en 1962, venía a romper con todo eso. Admiradores del neorrealismo italiano pero sobre todo, cultivados por la naciente Nouvelle Vague francesa, entendían que había otra manera de contar la historia. Recordar el pasado para cambiar el presente era una de las ideas más importantes. El lema era tan simple como directo “El cine de papá está muerto”



La idea principal partía de Haro Senft, quien un año antes había sido nominado al Oscar por un cortometraje en clave documental. A él, lo secundaban dos que luego serían los más importantes de ese manifiesto, que en su mayoría por un tema de presupuesto, eran directores de cortometrajes: Edgard Reitz y Alexander Kluge. Adiós al ayer fue, para la gran mayoría, la primera película del Nuevo Cine Alemán. El nombre elegido marcaba claramente una declaración de principios. Así nacía la ópera prima de Alexander Kluge, con su hermana Alexandra como protagonista. El film, emulando a las viejas obras mudas, abre con una frase con letras en blanco sobre un fondo negro “No nos separa del pasado un abismo sino el cambio de situación” ¿será que en ese presente el pasado todavía está latente? ¿A qué se le dice adiós? ¿Es una forma de olvidar la tragedia? Escapar de ese pasado pareció la única solución posible para la protagonista. Anita G., joven judía de 22 años, deja la Alemania socialista para iniciar una nueva vida en la Alemania Federal pero termina renegando de su presente y sufriendo por el pasado. Estamos ante un film que rompe ciertos moldes. Se romperá la condición de género y la linealidad buceará intempestivamente pero no se ahogará en flashbacks o raccontos, aunque ciertos momentos nos confundan por sus elipsis temporales. 



El director tomará ciertas libertades de la Nouvelle Vague y las usará para su conveniencia, generando una especie de rompecabezas. Utilizará las placas que servirán para separar escenas, en muchos casos con llamativas frases. De tanto en tanto, una voz en off relatará ciertas peripecias y las miradas de la joven Anita nos interpelarán más de una vez. Por ella, entenderemos también que ciertas risas son más sinceras cuando son reales. Habrá, además, un collage de escenas que compondrán la historia. Veremos relatos en clave documental frente a cámara e imágenes históricas para generar el contexto. También jugará con pinturas o dibujos que tendrán cierto significado a lo largo del film y que nos llevará a momentos surrealistas o escenas oníricas que harán más extraño todo. La fotografía en blanco y negro hará más densa esa ciudad aburrida y sin gracia. Algún tango confirmará esas sospechas. El sonido también será de importancia. Ciertas voces resonarán más cerca que otras para remarcar los puntos de vista. Por momentos la banda musical quedará muda de repente, en un corte tan abrupto como los realizados en el montaje. Nos sentiremos sofocados por ciertos primeros planos donde las caras escapan del encuadre. La cinta se compondrá en su mayoría de planos fijos aunque divisaremos algún que otro travelling con una cámara a paso lento o pequeños paneos para seguir a la protagonista. 



Y como no podía ser de otra manera, habrá cierto aroma expresionista dando vueltas por el aire. Notaremos también miradas a cámara que confirma esa salida a la calle al estilo neorrealista y habrá una libertad en la composición actoral que sin dudas ayuda a la verosimilitud de lo que estamos observando. Todo será con una clara intención estética, ideológica, moral y ética. Anita buscará escapar pero todo le resultará imposible. No solo no encontrará esa mejora en la calidad de vida tan deseada, sino que además su condición de joven judía que viene del este la ponen en una condición de perseguida eterna. Intentará trabajar o conseguir un lugar donde quedarse pero siempre se topará con dificultades que la dejan de lado. Decepción, neurosis, evasión serán algunas de las consecuencias que soportará. Ni siquiera el amor logrará salvarla de esa caída. Serán encuentros fortuitos y cuando parece que todo mejora, la vida otra vez se desmorona. ¿Llegará mañana el ayer? Nos pregunta una placa mientras ella es perseguida por unos militares. Ahí estará nuevamente el miedo al pasado, a esos años que vuelven una y otra vez y no la dejan escapar. “Todos tenemos la culpa de todo pero si todos lo supieran, la Tierra sería un paraíso”, reza una placa sobre el final, interpelándonos. Quizás ahí está una de las respuestas que tanto buscamos, en ser concientes de nuestra propia destrucción y dejar de seguir mirando para otro lado...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KLUGE

 


Alexander Kluge nació en Halberstadt, cerca de Magdeburgo, el 14 de febreero de 1932 y se doctoró en Derecho por la Universidad de Frankfurt en 1956. En esta ciudad trabó amistad con el filósofo Theodor Adorno, que entonces encabezaba la Escuela de Frankfurt desde el Instituto de Investigación Social, centro del que Kluge fue asesor jurídico. Tras escribir sus primeros relatos, pronto se interesó también por el cine y, en 1958, el filósofo le presentó a Fritz Lang, de quien fue asistente en sus últimas películas alemanas. En 1960 dirigió su primer corto; dos años más tarde fue uno de los redactores del manifiesto de Oberhausen, en el que se postularon las bases del llamado Nuevo Cine Alemán. Su primer largo, Adiós al Ayer, basado en su cuento "Anita G." obtuvo poco después el León de Plata en el Festival de Venecia. Desde entonces ha producido, escrito y dirigido una veintena de films. Algunos de los más reconocidos fueron Los artistas bajo la carpa del circo: Perplejos (1968), Trabajo ocasional de una esclava (1973), En peligro y máximo apuro al compromiso lleva a la muerte (1974); Ferdinando el Duro (1976), Die Patrioten (1979) y su último film (con 88 años años junto al filipino Khavn De La Cruz) titulado Orphea. De su obra escrita destacamos Procesos de aprendizaje con desenlaze mortal (1973), Nuevas historias: cuadernos 1-18 (1977) y la colección de relatos, en dos volúmenes, Crónica de los sentimientos (2000).

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Abschied von gestern (Anita G.)

Año: 1966

Duración: 88 min.

País: Alemania del Oeste (RFA)

Dirección: Alexander Kluge

Guión: Alexander Kluge

Fotografía: Thomas Mauch, Edgar Reitz (B&W)

Reparto: Alexandra Kluge, Hans Korte, Edith Kuntze-Pellogio, Palma Falck, Ado Riegler, Josef Kreindl, Käthe Ebner, Peter Staimmer

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 29 de junio de 2022

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE PETRA VON KANT - DIE BITTEREN TRÄNEN DER PETRA VON KANT DE RAINER WERNER FASSBINDER

PROGRAMA 373 (24-06-2022)

 

SINOPSIS

 

Petra von Kant, una diseñadora de moda que acaba de separarse de su marido, vive con su secretaria-esclava Marlene (personaje simbólicamente mudo). Cuando su amiga y confidente Sidonie le presenta a Karin, una joven de origen humilde, se enamora locamente de ella y le promete que va a convertirla en una famosa modelo. Sin embargo, Karin la abandona poco tiempo después para irse con su marido que, después de un viaje, acaba de volver a Frankfurt. Petra cae entonces en una profunda depresión. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Que difícil es escribir sobre el amor. Hojas y hojas en las que expusimos todas nuestras conquistas y derrotas. Horas buscando amalgamar frases que intenten ser creativas, metáforas que expliquen lo que no se puede decir con palabras. Insistimos con lágrimas que estallan contra el piso, con promesas en las que juramos amor eterno, con cuadros pintados a mano como testigos silenciosos o con portazos que dejaron un golpe seco, amargo y atroz. También dijimos, hace dos semanas nomás, que el amor es imposible. Como no podía ser de otra manera, repetimos hasta el hartazgo la idea de poseer al otro para sentirnos completos. Y también lo denunciamos e interpelamos. No faltó tampoco en estas citas, alguna pregunta del poeta Oliverio o alguna frase del amigo Cortázar. 



Este amor perfecto lo hablamos sin importar géneros ni razas. Para el amor no hay nada de eso. Solo pasión, sólo un corazón que late más fuerte. ¿Y porque seguimos indagando sobre el amor? Porque como dijimos más de una vez, también el amor salva. Hagamos el amor y no la guerra. El amor vence al odio. Frases que adoptamos como mantras. Y porque siempre estamos aprendiendo sobre el amor. Nadie es un experto en el tema. No hay una enciclopedia sobre el amor. Es jugar las cartas, equivocarse, barajar y dar de nuevo. El amor es complejo, es dar la vida. Por todo lo que nos hace bien. Es encontrar en el momento que uno menos se lo espera, algo por que seguir adelante. Y las ilusiones vuelven a encenderse. Aunque siempre nos quedarán lágrimas en el tintero porque bien sabemos que en algún momento, el amor nos desgarrará...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LAS AMARGAS LÁGRIMAS 

DE PETRA VON KANT

 

Hace poquito charlábamos sobre aquella laboriosa tarea de desaprender lo aprendido respecto del amor. Amar es seguir el guion de aquello que naturalizamos. Heredamos un saber que normaliza las formas y las maneras que el hecho amatorio debe tomar. Debe tomar, el mandato está allí y decanta naturalmente enmarcándose bajo la complicidad del poder real dentro de lo saludable, imponiendo un límite claro, contraponiéndose ferozmente a lo degenerado, lo enfermo, lo repudiable, lo no sano, la enfermedad. Donde aparece la ley, finaliza el amor. Aquel dispositivo heredado generador de sentido geopolitizará nuestro cuerpo delimitando zonas erógenas, narrándonos, detallándonos, tal como si fuera una película, dónde ubicar al placer. El amor naturalizado de tal manera es una de las formas del virus, es parte necesaria e imprescindible del plan. La pareja monogámica, heterosexual y falocéntrica, construirá relaciones en serie como si de una producción industrial se tratara, organizará al ser y sus energías, administrará sus fuerzas y restringirá al deseo con el único y perverso objetivo de hacerlo más productivo, más manipulable e influenciable. Se institucionalizará este producto bajo la opresiva entidad de la pareja y el matrimonio delimitando de esa manera el terreno fértil de la idea de felicidad, progreso y triunfo. Somos felices cuando encontramos el amor, será uno de los axiomas tal vez más escuchados, el amor nos completa, nos realiza repetirán a modo de oscuro mantra, las publicidades, los medios de comunicación y por supuesto los pésimos poemas, instalando de esa manera un absoluto, una verdad irrevocable, una verdadera verdad. 



El amor es deseo y falta, es ausencia, cómo entonces podría venir a completar aquello que ya somos. El amor es el otro y el otro, lejos de completarnos, nos interpela, nos niega desde su propia existencia. El otro es todo lo que yo no soy y esa ausencia, entonces, es también pura posibilidad. La otredad nos saca por fin de nosotros mismos. El amor, queridos amigos y amigas, es derrumbe, es el colapso final de toda estructura, de toda verdad instalada. El amor profana todo aquello que creíamos sagrado, derrumba salvajemente las siniestras estructuras erigidas por las eficaces e invisibles manos del poder. Solo en nuestra propia deconstrucción podremos dar lugar al amor y esa es una de las pocas buenas noticias que iluminan nuestra desgracia existencia. Quemar cada línea del guión, para renacer nuevos y mejores, para llenarnos de experiencias y de colores, de dulces matices. Amar es colapsar definitivamente, es abrir la existencia a la sorpresa, es asumir el riesgo de estar vivo escapando con elegancia de su estúpida burocracia y la judicialización de sus partes. Amar es parte de la aventura, es invitarse sin nostalgias absurdas, al olvido. Petra Von Kant derramó amargamente sus lágrimas por entender al amor de esta forma, pero lo hizo solo desde lo teórico, solo desde su lógica, no tuvo el valor de llevarlo a la acción, al cuerpo. Las amargas lágrimas de Petra Von Kant de nuestro gran amigo Rainer Werner Fassbinder es una obra moderna y única. Es un mensaje en una botella arrojada al mar de la conciencia. Es una película necesaria, provocativa, profunda y disruptiva. Alegórica y simbólica. Fassbinder fue al cine lo que Luis o Astor fueron a la música, lo que Antonin a las palabras, lo que Alejandra, con toda seguridad, al dolor. Rainer puso sobre la mesa aquellos temas a los que una sociedad hipócrita había decidido, y aún decide, no mirar y condenar. 



Trabajó sobre su narrativa buscando una voz propia y derrumbando los cánones establecidos de su época. Deconstruyendo lo que había sido maliciosamente naturalizado. Su film Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, titulo sugerente como la mayoría de los de su filmografía, será una adaptación de una obra de teatro de su autoría, marca original que se mantendrá en el traspaso de formatos. Toda la cinta transcurrirá en una única locación, salvo una sola escena que optará por otro escenario, y recurrirá al recurso del dialogo como herramienta informativa de aquel pasado desconocido, de aquello no visto. Donde la regla sugiere una ruptura en la linealidad narrativa, un racconto o un flashback, el director preferirá el dialogo, el monólogo. Bien sabe aquel que alguna vez se ha aventurado a la elaboración textual en este registro, que el recurso de la palabra debe estar cuidadosamente nivelado para evitar de esta manera redundancias o caer en el fatídico abismo del aburrimiento. El trabajo del artista sobre aquel cuerpo destinado a ser modelado que es el actor, según términos de Robert Bresson, debe ser balanceado con celosa precisión en cuanto al desarrollo de acciones puntuales durante el devenir discursivo del texto. Fassbinder lejos de desconocer estos por menores, los resolverá con maestría trabajando en una tonalidad de interpretación intermedia entre lo teatral y lo audiovisual. Marcará acciones que apoyaran la oralidad y muchas otras que le serán indiferentes o hasta la negaran. Allí el ingenio y el ojo del artista. La fotografía será otro de los puntos fuertes de esta obra desafiante. Se trabajará desde lo visual una estética que resaltará las características típicas de la etapa renacentista en la pintura, trabajando de esta manera con una paleta oscura cargada de rojos, dorados, celestes y verdes. 



Aparecerá también particularidades en el tratamiento de la imagen típicos de esta etapa como el humanismo, que resaltará la figura humana como protagonista, la exaltación de la belleza, el naturalismo desde el trabajo sobre la forma de los cuerpos. La estructura narrativa será lineal y estará organizada según la idea Aristotélica de tres actos. En el primero de ellos la protagonista expondrá su idea sobre el amor que coincidirá con lo planteado en el comienzo mismo de esta charla. En el segundo acto pondrá a prueba su discurso cuando llegue el amor de la mano de Karin. Caerá allí en las tinieblas profundas del amor idealizado, avasallará el deseo del otro, se humillará intentando poseer su libertad. Vendrá la calma con la resolución y el clímax en el tercer y último acto. Tesis, síntesis y antítesis. Petra llegará modificada y le hablará a aquel otro personaje del que todavía no hemos hecho mención alguna, Marlene. Será un personaje enigmático de tez pálida y vestida siempre de negro. Cumplirá la función de sirvienta, bajo el peor de los tratos y no hablará jamás. Reaccionará solo a los relatos de Petra. Llorará, se sorprenderá, pero jamás opinará. Terminará sus trabajos de diseño, redactará sus cartas y solo la mirará. Mientras no esté en escena se la oirá tipear animosamente. Solo eso sabremos de Marlene. Eso, y que toda la obra está dedicada a ella, a la que se volvió Marlene aquí rezará una placa al comienzo de la cinta. Habrá algo común entre los dos personajes, ¿será tal vez Marlene un alter ego de Petra? ¿Será la verdadera narradora de la obra? ¿La autora trabajando desde la oscuridad propia del acto creativo con aquel puñado de personajes que toman vida y autonomía? ¿Será la imagen de la artista como medio necesario entre la idea y la obra? Lo que es seguro es que Marlene será ausencia, y la ausencia, siempre enamora.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO FASSBINDER

 


Nacido el 31 de mayo de 1945 en Baviera, Alemania. Hijo de un médico militar y de una traductora, que se separaron cuando tenía seis años. Empezó en el mundo del teatro escribiendo, adaptando y dirigiendo obras. Su llegada al cine se da en 1966 con el cortometraje El vagabundo. Sus primeros largos fueron en 1969: El amor es más frío que la muerte y Katzelmacher, con la primera película logra el premio a mejor fotografía y con la segunda el de mejor película alemana. Esa primera época fue claramente influenciada por la Nouvelle Vague. Empieza a interesarse en el melodrama estadounidense gracias a los films de Douglas Sirk, a quien va a visitar a su residencia de Lugano, Suiza. Su propósito desde ese momento fue crear unas películas «como las de Hollywood, pero sin la hipocresía». Esta intención dio lugar a un estilo de filmar atrevido y moderno (tan moderno como el de sus primeras películas, pero con otra actitud). La presencia de la cámara se hace casi visible al espectador, por los ángulos, los movimientos y los planos que hace, consiguiendo así una anti-naturalidad que pretende distanciar al espectador y obligarle a juzgar las historias sin manipulaciones sentimentales. Su primer «melodrama distanciado» fue Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), que fue su primer éxito internacional. A partir de ahí se verán películas más crudas, frías y distantes. Recorrerá con su cine todo su país, filmando en lugares tan disímiles Baviera, Baden, Fráncfort, Coburgo y Berlín. Llevó al cine grandes obras literarias alemanas como Effi Brest (1894) de Theodor Fontane o Berlin Alexanderplatz (1929) de Alfred Döblin. Algunos de sus films más renombrados son Dios de la peste¿Por qué le da el ataque de locura al Señor R.?,  El soldado americano (las tres de 1970), El mercader de las cuatro estacionesLa angustia corroe el alma, La ley del más fuerteEl viaje a la felicidad de mamá KusterRuleta chinaUn año con trece lunasEl matrimonio de María BraunLolaLili MarleenLa ansiedad de Veronika Voss y su film póstumo Quarelle

 


Alcohólico y adicto a las drogas vivió su vida a mil por hora. Su muerte llegó tras un fallo cardíaco, al parecer resultado de la interacción entre somníferos y cocaína, el 10 de junio de 1982 con sólo 37 años y más de 40 films en su haber. Retrató todas las clases sociales: la burguesía en Ruleta china, los comerciantes en El mercader de las cuatro estaciones, el proletariado sobre todo en Viaje a la felicidad de Mamá Küster, el lumpen en El amor es más frío que la muerte, la patronal en La tercera generación, los intelectuales en El asado de Satán, los periodistas en La ansiedad de Veronika Voss, los artistas en Lili Marlene, los inmigrantes en Katzelmacher. De ahí que haya sido llamado el Balzac del cine alemán. Su estilo tuvo el perfil marcado de los grandes directores, se habla de él como un gran director de escena, ya que cada plano estaba minuciosamente diseñado para provocar un fuerte impacto estético en la pantalla, ya fuera por su sobriedad o por sus retorcidas técnicas. Para eso contó con la ayuda de la cámara Michael Ballhaus, quien luego trabajó con directores como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Robert Redford, Wolfgang Petersen, Robert Redford o Barry Levinson

 


La soledad, el miedo, la emancipación femenina, los personajes oscuros, el homosexualismo, la doble personalidad (doppelgänger) de varios de sus personajes, el abuso de drogas y la prostitución, fueron algunos de los temas que trató un director en una época que buscaba su nuevo mundo. La falta de su padre, también hizo que la mayoría de los personajes fuertes sean femeninos. Además, como su ritmo de trabajo era imposible de soportar para los productores cinematográficos, más acostumbrados a esperar la amortización parcial de sus films antes de seguir adelante, Fassbinder acabó alternando teatro con cine y con televisión, medio para el que rodó varias series de éxito que luego, convenientemente cortadas en su metraje, fueron estrenadas en las salas comerciales de exhibición. Esa pasión enfermiza por su trabajo lo confirmó en toda una declaración de principios: “Ya dormiré cuando esté muerto”, a lo que agregaba “Cada cual debe decidir si es mejor llevar una vida breve pero intensa o larga y rutinaria”. Claramente el maestro alemán eligió la primera.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Die Bitteren tränen der Petra von Kant

Año: 1972

Duración: 124 min.

País: Alemania del Oeste (RFA)

Dirección: Rainer Werner Fassbinder

Guion: Rainer Werner Fassbinder. Obra: Rainer Werner Fassbinder

Fotografía: Michael Ballhaus

Reparto: Margit Carstensen, Hanna Schygulla, Irm Hermann, Eva Mattes, Katrin Schaake, Gisela Fackeldey

 

PELÍCULA COMPLETA

NOSFERATU - PHANTOM DER NACHT DE WERNER HERZOG

PROGRAMA 372 (17-06-2022)

 

SINOPSIS

 

Adaptación de la famosa novela de Bram Stoker que toma como punto de referencia la insuperable adaptación de Murnau. Jonathan Harker viaja desde Wismar a Transilvania para visitar el castillo del legendario conde Drácula, a quien pretende venderle una mansión en su ciudad. Atraído por una fotografía de Lucy, la mujer de Harker, Nosferatu parte inmediatamente hacia Wismar, llevando con él la muerte y el horror. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Más de una vez hemos citado en este espacio a nuestro gran amigo Miguel de Unamuno, el inmenso filósofo de Salamanca, quien escribiera aquella obra fundamental llamada El sentimiento trágico de la vida. Allí el pensador desarrolla esa idea esencial sobre el trágico sentimiento que deviene de reflexionar y concientizarse respecto de la finitud de la existencia. Ahí, sin lugar a dudas, el fin de cualquier fiesta, allí el desvanecimiento irremediable de toda sonrisa. El sentimiento trágico de la vida es un libro sobre el tiempo y sus angustias. Es un texto sobre la muerte y lo inevitable, sobre lo absoluto. Nacemos con la única certeza de morir, o dicho de otro modo: La condición humana está estructurada en el segmento de la existencia de su ser por dos hechos absolutamente irracionales, azarosos e ilógicos y por eso también trágicos y angustiantes: nacer y morir. Antes y después de aquello la nada, la no expresión, el no verbo, el no ser, la ausencia cabal e inapelable, el abismo mismo. Instantáneamente ante la idea consciente e insoportable de finitud deviene casi por reflejo aquella otra de la eternidad. La eternidad, claro, no es ninguna esperanza, la vida del eterno es casi igual de miserable como la de aquel otro finito. El eterno siempre va a menos, siempre apuesta y arriesga menos. En su condición, basta sentarse a esperar que todo pase. Todas las oportunidades, todas las vidas y todas las aventuras son posibles para aquel que no perece. Pero lo cierto es que hay necesidad de un fin para que todo se estructure. Aunque duela y angustie nuestra historia precisa de un punto final. 



Después de todo es sobre el tiempo donde desarrollamos una identidad, la construimos sobre la centralización narrativa de experiencias pasadas, pero también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. Unamuno nuevamente. Pensar al tiempo, darle una entidad de pasado, presente y futuro, darle una lógica, es nada más y nada menos que  volverlo ilógico. Pensar al tiempo es descubrirlo irracional, es comprender que es imposible afirmarnos en un presente, en un ahora. Aquel  ahora, ese ápice vertiginoso como lo nombraba Jorge Luis, nos huye. El pasado no existe, no es, porque ya ha transcurrido, es nada. El futuro tampoco es porque no ha transcurrido, es una proyección propia y personal, una intromisión desesperada del almanaque. El presente, tal como dijimos, se nos escapa, es inhabitable e inaprensible, es el punto de encuentro entre el pasado y el futuro, es el crudo cruce entre dos nadas. Pensar el presente es hacerlo siempre desde el pasado, es una construcción fantasiosa sobre la que nos proyectamos y desde la que construimos existencia y también lenguaje. El presente es nada, no hay ahora. Aun así, el tiempo se sucede por una gracia inexplicable, y esta gracia puede convertirse en una condena. El futuro, asimismo, es una proyección que realizamos desde nuestra propia acumulación de pasado, pero aquella imagen especulativa, construida con lo que nos falta en el presente, tampoco la habitaremos jamás. Esa tal vez sea una buena noticia. El futuro nunca va a encajar con la imagen que diseñemos de él y es en aquella incongruencia cuando deviene la sorpresa. 



Hay algo abierto en el futuro, inaprensible, inapropiable que nos hace seguir siendo libres. Es por eso que las almas cobardes ensayan aquel futuro inventado, ese espacio que es todo posibilidad, a través de la esperanza. Matar la sorpresa es buscar reafirmar un ahora que no existe, es intervenir el futuro por temor al desconcierto  El ser humano como especie no es origen ni final, es tránsito, y eso es un golpe a nuestro narcisismo. Un tránsito entre el animal y la técnica. Nietzsche dice que el futuro está en la niñez, en la recuperación de sus valores, de nuestra relación con la contingencia, que allí es donde hay que ir buscarlo. Decía Federico que: Crecer es recuperar la seriedad con la que jugábamos cuando éramos niños. Este dicho que brilla por su simpatía y sonoridad, que parece engolosinarnos de nostalgia, rompe descaradamente con una forma canónica de ver el tiempo. El futuro no está adelante, es hacia atrás a dónde vamos. Pero no físicamente, claro, sino en la búsqueda urgente de aquella libertad salvaje en donde entendemos que todo puede ser de otra manera. La muerte final de toda categoría. Deconstruir el presente para que el futuro nos sorprenda, no esperarlo jamás con aquel  manual de sensaciones e intenciones. Nada está escrito y nada debe ser de una forma determinada. Nada debe ser. El futuro es nuestro patio de juegos. 

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE NOSFERATU

 


“La soledad, el sentirse y el saberse solo, desprendido del mundo y ajeno a sí mismo, separado de sí, no es característica exclusiva del mexicano. Todos los hombres, en algún momento de su vida, se sienten solos; y más: todos los hombres están solos. Vivir, es separarnos del que fuimos para internarnos en el que vamos a ser, futuro extraño siempre. La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. Su naturaleza -si se puede hablar de naturaleza al referirse al hombre, el ser que, precisamente, se ha inventado a sí mismo al decirle "no" a la naturaleza - consiste en un aspirar a realizarse en otro. El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. Por eso cada vez que se siente a sí mismo se siente como carencia de otro, como soledad". Así arrancaba el poeta Octavio Paz su apéndice La Dialéctica de la Soledad, que podemos encontrar en la obra El laberinto de la soledad. Donde el autor engloba a los mexicanos, desde aquí podríamos unir a cada ser humano en general. La soledad desgasta, aunque a veces la necesitemos. Ya decía otro poeta, el maldito Bukowski “la soledad no es algo que me molesta porque siempre tuve este terrible deseo de estar solo. Siento la soledad cuando estoy en una fiesta, o en un estadio lleno de gente vitoreando algo. Citaré a Ibsen: ‘Los hombres más fuertes son los más solitarios’. Viste cómo piensa la gente común: ‘Guau, es viernes a la noche, ¿qué vamos a hacer? ¿Quedarnos acá sentados?’. Bueno, sí. Porque no hay nada allá afuera. Es estupidez. Gente estúpida mezclándose con gente estúpida. Que se estupidicen entre ellos”. Resumiendo, mejor sólo que mal acompañado. Sin embargo, por las noches cuando la niebla cae y las estrellas desaparecen, los Octavio y los Charles bucearán en ese sentir: que pena estar sólo esta noche... 



Desde siempre, la historia de Drácula fue algo terrorífico. Aunque el libro de Bram Stoker nos enseñe más de amor que muchos poetas. En 1922 F.W. Murnau adaptó sin autorización la novela mencionada. Se transformó en una obra cumbre del expresionismo y una de las mejores películas mudas de la historia. En los ´90, ya con autorización, llegó el turno del Drácula de Francis Ford Coppola, uno de los grandes films de la década, donde hace foco en el amor y en la soledad, en unas actuaciones inolvidables de Gary Oldman y Winona Ryder como su musa. En el medio de ambas, apareció la obra de un tipo tan talentoso como demente: Werner Herzog. El alemán demostró que se pueden hacer remakes sin repetir todo y engrandeciendo la obra. En 1979 estrenó Nosferatu, el vampiro, basada en la novela de Stoker, pero a la vez, emulando la obra de su compatriota Murnau. La genialidad al palo. Y si antes hablamos de Octavio Paz, fue porque desde México eran esas momias reales de Guanajuato que aparecían en el comienzo del film mientras la música anunciaba terror y desazón. Herzog no deja de lado el expresionismo de Murnau pero le agrega su visión para crear pinturas en cada fotograma. La historia será la que conocemos todos. Habrá un conde, maravillosamente interpretado por Klaus Kinski. Este, en una diferencia con la película original, no generará temor, sino más bien se lo ve como alguien cordial y solitario pero a la vez extraño. Sus uñas largas, su calvicie y sus dientes largos como de rata son sus principales características. Bruno Ganz será el agente inmobiliario y la bella Isabelle Adjani su novia. 



La fotografía de Jörg Schmidt-Reitwein será clave para darle ese cambio tan herzogniano al film. La niebla constante en la ciudad, el blanco angelical que rodea a Lucy y la paleta de grises, conjugando todo con las luces y sombras que envuelven cada aparición del Conde serán de una belleza magistral. Tan magistral como la banda musical, esas marchas fúnebres que pasan desde el clásico Wagner a la popular banda Popol Vuh, quienes eran habituales colaboradores de Herzog (Aguirre o Fitzcarraldo, por ejemplo). Por su parte, el guión irá creciendo de forma dosificada, generando un aumento de emociones sobre la parte final del film. Los planos cenitales que muestran la ciudad fantasmagórica se yuxtaponen con tomas generales, como esa primera aparición del conde entre las sombras, cuando se abren las puertas de su castillo. Pura magia al servicio del espectador. La cámara por momentos se alejará y en otros se acercará, creando ese clima documentalista que tan bien conoce. También utilizará travellings para recorrer una ciudad afiebrada, moribunda, enferma. “La ausencia del amor, es el peor de los dolores” reza el Conde. Y contra ese dolor no hay antibiótico que sirva. Llegarán las ratas invadiéndolo todo, llegará la peste, el tenue sol dictará el final y llegará la muerte siempre bien predispuesta. Tendremos un choque de sensaciones: la pulseada del clásico final feliz contra la tristeza irremediable, una ambigüedad moral. Será ahí que entenderemos que la soledad también mata más que la mismísima muerte. Habrá un giro final para que Herzog se salga con la suya. Habrá un film en el que el terror más profundo es la falta de amor. Y eso, en las noches de soledad, es lo más difícil de digerir.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HERZOG

 


Nació en Munich el 5 de septiembre de 1942, creció en el seno de una familia muy pobre. Herzog creció sin radio ni cine, en pleno contacto con la naturaleza, en una granja, alejado del mundo moderno. Según afirma el propio director, no tuvo conocimiento de la existencia del cine hasta los once años, la misma fecha en la que vio por primera vez un coche. A los 17 años hizo su primera llamada telefónica. A los trece años se trasladó a Múnich para iniciar sus estudios secundarios. Su familia se alojó provisionalmente en una pensión donde, casualmente, se alojaba Klaus Kinski, actor que en un futuro sería clave en su carrera cinematográfica. Durante su adolescencia, pasó por una etapa de gran fervor religioso, llegando a convertirse al catolicismo, lo que provocó discusiones con sus familiares, ateos convencidos. Por esta época empezó a realizar sus primeros largos viajes a pie. Hacia los quince años atravesó media Europa, desde Múnich hasta Albania. También hizo caminando el viaje que lo llevó a Grecia. Hacia los 17 años decidió dedicarse al cine. Para pagarse sus películas, trabajó en diversos oficios, que combinaba con sus estudios secundarios y más tarde universitarios. Se matriculó en Historia, Literatura y Teatro en Múnich. Hacia 1960 obtuvo la beca Fulbright para el Seminario de cine de la Universidad de Duquesne, en Pittsburgh (Estados Unidos). Su primer film fue un corto documental titulado Heracles en 1962, donde hacía un paralelismo entre Heracles y los musculosos fanáticos del gimnasio. Su primer filme de ficción fue Signos de vida (1968). Las películas posteriores confirmaron su carácter visionario y su atención por lo irracional y por las realidades marginales, rasgos bien visibles en títulos como También los enanos comenzaron pequeños (1970), protagonizada por enanos, o documentales como Fata Morgana y Tierra de silencio y oscuridad (1972). El éxito internacional le llegó con Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972), poderoso film en el que su actor-fetiche Klaus Kinski interpreta al conquistador español Lope de Aguirre. 



El film lo consolidó como uno de los más importantes directores de Nuevo Cine Alemán, junto a Wim Wenders, Rainer W. Fassbinder, Volker Schlöndorff y Reinhard Hauff. El director consolidaría su reputación con el asombroso documental El gran éxtasis del escultor de madera Steiner (1973-1974). Le siguieron Corazón de cristal (1976), La Balada de Bruno S. (1997), Nosferatuvampiro de la noche (Nosferatu, Phantom der Nacht, 1978), en la que recreó la clásica versión fílmica de Drácula rodada en 1922 por Friedrich Wilhelm Murnau, Woyzeck (1979), basada en una pieza teatral inconclusa de Georg Büchner, y Fitzcarraldo (1982), historia de un excéntrico empresario del caucho obsesionado en construir una ópera en plena selva amazónica. De sus últimos títulos cabe destacar Donde sueñan las hormigas verdes (1984), Cobra verde (1987) y Grito de piedra (1991). 



Werner Herzog ha dirigido también montajes teatrales, en especial de óperas: Doctor Fausto (1985), Lohengrin (1987) y Juana de Arco (1989). En la década de los noventa realizó documentales para el cine y la televisión: En las puertas del infierno (1992), The Transformation of the World Into Music (1994), Little Dieter Needs to Fly (1997) y Mein liebster Feind (1999). Ya en el siglo XXI llegaron documentales como obras de ficción entre las que encontramos The White DiamondLa salvaje y azul lejaníaGrizzly ManRescate al amanecer, Hijo mío, hijo mío ¿que has hecho?, la remake de Un maldito policía, La cueva de los sueños olvidados, Hacia el infierno, Meeting Gorbachov o Fireball, visitantes de mundos oscuros, su último documental.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Nosferatu: Phantom der Nacht

Año: 1979

Duración: 106 min.

País: Alemania del Oeste (RFA)

Dirección: Werner Herzog

Guion: Werner Herzog. Libro: Bram Stoker

Música: Popol Vuh

Fotografía: Jörg Schmidt-Reitwein

Reparto: Klaus Kinski, Isabelle Adjani, Bruno Ganz, Jacques Dufilho, Roland Topor, Walter Ladengast, Dan van Husen, Jan Groth, Carsten Bodinus, Martje Grohmann

 

PELÍCULA COMPLETA