lunes, 17 de abril de 2023

LA PASAJERA - PASAZERKA DE ANDRZEJ MUNK Y WITOLD LESIEWICZ

PROGRAMA 403 (31-03-2023)

 

SINOPSIS

 

Terminada la Segunda Guerra Mundial, Liza huyó de Europa. Hasta entonces había sido vigilante en el campo de concentración de Auschwitz. Cuando años después regresa, durante la travesía en barco reconoce un rostro que no ha podido olvidar... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El sufrimiento es el dolor del tiempo

la angustia es la memoria del desamparo

y la depresión apenas una cobardía del cuerpo

el único dolor que confiere nobleza,

es la tristeza.

 

La tristeza del mono cuando comprendió que lo había

atrapado el profesor del universo,

la tristeza del árbol cuando entre sus ramas congeladas

comenzó a escuchar los cuchicheos desesperados de los pájaros,

o la tristeza del hombre primitivo

obligado a quedar atrapado en la jaula de la nostalgia.

 

O la tristeza de mi abuelo

cuando vio desaparecer la ferretería,

luego la tintorería...

y comprendió que pronto iba a esfumarse en la nada

el bar en donde él había construido veinte años atrás,

su hogar nómade.

Esa es la tristeza,

la tristeza de un niño ya un poco más grande

encontrando en los cables

el cadáver de algún barrilete

que remontó hace mucho tiempo.

La tristeza de rememorar,

o la tristeza de un niño pequeño en la playa,

inventando historia dentro del castillo de arena que va construyendo,

historias que el mar inmediatamente destruirá,

tratando de enseñarle al niño las consignas de la existencia:

que nada es real,

que todos están solos,

que la ausencia es eterna.

 


A veces, locamente, me parece comprender

el contenido de todos los argumentos,

el origen de todas las historias,

y hasta… y hasta el destino de todas las intrigas.

 

No es que...

No es que tenga la pretensión de haberlo vivido todo,

ni siquiera lo he soñado todo,

no guardo en los bolsillos de mi memoria

la versión taquigráfica de todo cuanto existe.

 

Pero igual todas las voces me resultan conocidas

como si ya las hubiera escuchado,

y todos los paisajes me parecen vistos

como si ya los hubiera visto.

Escucho la misma canción en la letra de todas las canciones,

sin embargo, no es que guardo en la memoria de mis ojos

el largo laberinto de todos los reflejos.

 

Entonces...

¿Cómo es posible que sienta que a todos he amado?

¿Que todo lo he llorado? ¿Y que ha todos he perdido?

Es como si en una instancia imposible

un misterioso filamento luminoso

uniese todo cuanto existe...

Y aún... lo que no existe.

 

Enrique Symns.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA PASAJERA

 


Corré, corré lo más que puedas. No pares ni un segundo… Hasta que los músculos se agoten. Hasta que la respiración empiece a flaquear. No se te ocurra mirar atrás. Porque va a venir por vos mucho más rápido de lo que imaginas. Bueno… ya podés dejar de correr. Vas a llegar más cansado y entonces el sueño llegará más temprano que tarde. Entre sueños empezarás a sentir voces. Gritos desgarradores y olores que aparecen de repente. Ya no tenés fuerzas para correr. Los rostros y los números están cada tanto ahí, enfrente tuyo. ¿Cómo será escapar de eso? No lo vas a saber nunca… no mereces saberlo nunca. ¿Qué es todo este preámbulo? ¿A quién me estoy dirigiendo? Tranquilos… esas personas lo saben. Escucharán esto y entenderán por donde viene la mano. Sabrán que la memoria puede también ser su feroz enemiga. Obediencia debida y punto final fue el nefasto juego de palabras que usaron alguna vez. Para intentar desterrar ese pasado que si o si algún día va a alcanzarte. No dudes, algún día llegará a tiempo. Y brindaremos deseando el peor de los castigos. El verdugo será la víctima y las risas flotarán en ciertos ríos y campos. En algunos casos la obra muere con el autor. En muchos otros, siempre esperaremos que ciertas obras (o ciertos actos), no se olviden nunca. El olvido es la más imperdonable de las muertes. Es esa foto que siempre debemos guardar. Será por eso que el cineasta polaco Andrzej Munk dejó cientos de fotogramas guardados. El entendió siempre que la obra no muere con el autor, sino que se engrandece. Y su film La Pasajera no hace otra cosa que confirmarlo. 



Estamos ante una película totalmente diferente. Una película incompleta, de alguna manera. Munk estaba rodando el film cuando fallece en un accidente automovilístico en 1961. Dos años después llegó el estreno, gracias a la finalización por parte de Witold Lesiewicz y de colaboradores cercanos al director. De hecho, el film arranca con la foto del director y la voz over del narrador contando su muerte y como se llegó a finalizar el metraje, que será la historia de una cuidadora de objetos personales del campo de concentración de Auschwitz y su relación con una prisionera. Años después, mientras disfruta de un cruce cree encontrarse con ese rostro que no podrá olvidar… La película está íntegramente formada en dos partes. El final, ese crucero donde la gente va a olvidar sus miserias, será lo que Munk nunca pudo terminar de filmar. “Una isla en el tiempo donde el pasado y el futuro apenas existen, sólo el presente” dice el narrador sobre el lujoso trasatlántico. Como una sabia decisión, el director nos irá contando ese presente en fotos. Veremos el rostro de Liza desencajado y contándole su pasado a su marido. Serán todos fotogramas con la voz de ella de fondo. Será una decisión estética y particularmente brillante. Será el presente inundado de pasado. Será un presente inconcluso, porque nadie tenía un final escrito. Pero si había un pasado y eso está lo más detallado posible. Entonces será el turno de lo fílmico. Allí arrancará un racconto en el que conoceremos ese rostro que Liza pensó no volver a ver. Hablamos de Marta. Liza la elegirá como su ayudante. 



Será su forma de que su conciencia esté menos sucia y se notará con sumo cuidado su interés romántico en ella. Será el juego del amo y el esclavo. Y el rebelarse en ese juego puede romper esquemas. Ambas lo sabían. Y las protagonistas, ambas de gran actuación, lo determinaban con más gestos que palabras. Siempre es difícil imaginarse algunas atrocidades. Siempre es difícil hablar o filmar sobre la guerra, si no estuviste en una. El mismo caso se da para los campos de concentración. Nadie que no haya pasado por ahí puede saber la realidad del caso. Aunque Munk en este caso dejó ciertas imágenes casi poéticas aun en la peor de las bajezas humanas. La película contará con unos encuadres y unos planos que se combinarán con una hermosa fotografía en blanco y negro que resaltará una escala de grises muy bien creada por Krzysztof Winiewicz. El humo negro de las chimeneas se yuxtapondrá con la imagen de una nena acariciando un perro ante la sonrisa de un oficial alemán, mostrando las dos caras del ser humano. Opresor y oprimido en una lucha sin igual. Se explorará la psiquis de Liza y sus intentos por defender su inmoralidad. Intentando transformar a Marta en un objeto más de ese campamento. Se verá el poder de quien puede decidir el destino de una persona con mover sólo un dedo. Autómatas sin corazón que se mueven como pez en el agua. Sin culpas ni lágrimas. Auto justificarse es propio de los humanos dice una voz over sobre el final para confirmar la teoría. El ser humano no puede huir de su pasado y a veces ciertas miradas lo perseguirán hasta el fin de sus días. No sabremos a ciencia cierta si ese rostro era el de Liza. Veinte años es mucho tiempo. Lo que sí sabemos, es que durante ese tiempo ambas tuvieron que crearse un pacto para vivir.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MUNK

 


Andrzej Munk nació el 16 de octubre de 1921 en Cracovia, en el seno de una familia judía. Durante la Segunda Guerra Mundial se traslada a Varsovia y se esconde de los soldados nazis. Mientras tanto, con un nombre falso logra entrar a trabajar como operario en la construcción. Fue parte del Alzamiento de Varsovia de 1944 (la mayor rebelión civil contra la Alemania nazi), donde hubo 250 mil civiles muertos y luego se tuvo que trasladar a Kasprowy Wierch, donde empieza a trabajar como conserje en la estación teleférico. Después de la guerra, Munk regresó a Varsovia y se unió a la Facultad de Arquitectura reabierta en la Universidad de Tecnología de Varsovia. Debido a problemas de salud, dejó la universidad y luego estudió derecho en Universidad de Varsovia. Finalmente se mudó a Łódź, donde se unió a la Escuela de Cine y Teatro de Łódź. Se graduó en 1951 y comenzó a trabajar como camarógrafo para la Polska Kronika Filmowa. En este período Munk terminó varios cortometrajes y documentales, entre los que se destacan Destino – Nowa Huta, Diarios de campesinos, Palabras de ferroviarios y Una mañana de domingo. En 1948 se unió al Partido Obrero Unificado Polaco, pero en 1952 fue expulsado por "comportamiento culpable". Su primer trabajo de ficción llegó junto a Jan Riesser bajo el título Los hombres de la cruz azul, un mediometraje sobre algunos miembros de la resistencia eslovaca en la Segunda Guerra Mundial. Su nombre empezó a hacerse conocido en Europa gracias a su primer largometraje: Sangre sobre los rieles, que cuenta la historia de un hombre que muere arrollado por un tren y empiezan a hacerse todas las investigaciones previas. 



Vuelve al nazismo con otro mediometraje titulado Con Bravura y en ese mismo año, 1958, estrena otra de sus grandes obras: Heroica, un conjunto de dos novelas cinematográficas sobre la idea polaca del heroísmo y la virtud, una sobre un hombre que busca sobrevivir de cualquier forma y la otra sobre un grupo de prisioneros que quiere escaparse del campo de concentración. Su siguiente film pareció anticipar lo que venía, hablamos de Mala suerte, una tragicomedia sobre un polaco que siempre se encuentra en el lugar y en el momento equivocado. En 1961 empezó a rodar el film La Pasajera, cuando volviendo de los campos de concentración de Auschwitz encontró la muerte en un accidente automovilístico. Tenía solo 39 años y era ya considerado uno de los grandes directores europeos del futuro. Quien terminó el trabajo fue Witold Liesewicz, que dirigió 24 films entre 1949 y 1979, entre los que se encontraban El desertor, Year One, April o Unknown pero ninguno tuvo éxito fuera de su país. Falleció en marzo de 2012 a los 89 años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Pasazerka

Año: 1963

Duración: 62 min.

País: Polonia

Dirección: Andrzej Munk, Witold Lesiewicz

Guion: Andrzej Munk, Zofia Posmysz-Piasecka

Música: Tadeusz Baird

Fotografía: Krzysztof Winiewicz (B&W)

Reparto: Aleksandra Slaska, Anna Ciepielewska, Janusz Bylczynski, Barbara Horawianka, Anna Jaraczówna, Maria Koscialkowska, Andrzej Krasicki, Irena Malkiewicz, Leon Pietraszkiewicz

 

PELÍCULA COMPLETA

 


miércoles, 12 de abril de 2023

MADRE JUANA DE LOS ANGELES - MATKA JOANNA OD ANIOLOW DE JERZY KAWALEROWICZ

PROGRAMA 402 (24-03-2023)

 

SINOPSIS

 

S.XVII. A una apartada localidad llega un sacerdote católico con el objetivo de exorcizar a las monjas del convento de dicha zona, supuestamente poseídas por distintos demonios, y encabezadas por su superiora, conocida como Madre Juana de los ángeles. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Su mirada se perdía en la ínfima oscuridad. A veces parecía que la luz no existía. El sol permanecía escondido detrás de ese frondoso bosque que rodeaba el convento. Ella miraba el techo como esperando alguna respuesta. Solo oía silencios enceguecedores. Su alma se incendiaba por dentro. Su cuerpo se derretía por las noches pero su lujuria interna era insaciable. Paseaba su vestido como si fuera un lastre. Ella soñaba y en esos sueños descubría el placer. Sueños que se transformaban en pesadillas cuando amanecía toda transpirada sin entender el porqué. Sus miedos la convertían en un fantasma. La delgadez de su cuerpo hacía mella en su físico. Se había transformado de repente en la herejía hecha persona. Se sintió un cuerpo poseído por el mismísimo Satanás. No había confesión que la librase de su tortura. Quiso escapar pero sus pasos se rendían antes de llegar al bosque. Empezó a rezar, aunque los cambios no se vislumbraban. Temía los castigos divinos. Los de su amado Señor… y los de sus santos patronos. Tenía que esconderse de la madre superiora. Allí, en esas cuatro paredes grisáceas, olía el horror de las olvidadas. No quería ser un número más de esa lista. Todavía recordaba los gritos y llantos de dolor de algunas de sus compañeras. Muchas nunca volvieron. 



Cada tanto la despertaba algún fiero olor, de esos que venían de las calderas. Dicen que cada vez que una desaparecía, una flor se marchitaba en el bosque y un árbol se transformaba en otoño. Nunca vio a nadie con otros ojos. Su virginal cuerpo bebió siempre de la más absoluta moral. Nadie pudo jamás contaminar su sexo. Sin embargo, se sentía como un cúmulo de pecados. Allí, en su más inmaculada inocencia se consideraba sucia. No quería ser parte de esas desdichadas que se rebelaban ante el Señor. Su plena conciencia la llevaba a ser siempre la santa ejemplificación del lugar. Pero por las noches ya no quería dormir. Temía que esos placeres quebranten años de corrección. Sintió entonces que había que dar el siguiente paso. No podía claudicar… No debía claudicar. Esperó a que la última luz se apague para comenzar su guion. Abrió un libro y empezó a leerlo mientras un círculo de velas yacía a su alrededor. Cada página que leía era lanzada al fuego para crear un calor insoportable. Hasta que llegó el momento que esperaba y todo empezó a arder. Su cuerpo quedó envuelto en llamas en cuestión de pocos minutos. No quiso gritar. Nadie apareció hasta que unas horas después el humo empezó a salir de la habitación. Era demasiado tarde. El cuento estaba terminado. Solo quedaron a salvo algunas hojas de ese Martillo de las Brujas que la transformó en cenizas para siempre.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE MADRE JUANA DE LOS ANGELES

 


Desde que estamos en este ladrillo, la dicotomía ha construido y diseñado nuestra cosmogonía en general. Quiero decir que, nuestro dispositivo previo generador de subjetividades, no ha hecho más que trabajar sobre aquellos dos bytes. Hace muy poco, alguien me dijo que entre esto y aquello hay la cantidad de grises que vos quieras. No se equivocaba. Siempre depende de uno, claro. De nuestras ganas de ir más allá de los límites naturalizados por el poder. Aquel límite que nadie ve, que nadie cuestiona pero que de alguna manera se transforma en un camino incuestionable. Decía Ortega y Gasset que el hombre masa, en contraposición al ser de selección, jamás se remite a una instancia superior, sus movimientos oscilan entre los parámetros de las normas, de lo esperable, de lo establecido por un orden, por la ética o el ethos griego. Sobre aquella tela se recortará esa implícita ley maldita llamada La Moral. Es en ese mismo paño, de hombres masa que no se distinguen el uno del otro, que eliminan toda particularidad en el buen nombre de una generalidad categórica que viene a encasillarlos, a decirles quienes son y cómo actuar, donde nuestras alas se cortan para siempre en un ritual cívico castrador del cual el ser obtiene la tan buscada tranquilidad del absoluto, allí, sobre aquella mesa, el poder construye el imaginario del bien y del mal. Aquel binomio del que la psicología se alimenta, porque el bien es lo correcto y el mal vendría a ser lo indebido, pero lo correcto, por lo general, no coincide nunca con el deseo y entonces, inexorablemente, trae culpa. Lo indebido, claro, también. La lucha contra el mal existe desde los inicios de los tiempos. La moralidad esclava de la cual deriva lo malo, se eleva siempre en contraposición con el accionar noble del cual surge lo correcto. Suena evidente, entonces, decir que toda sociedad tiende laboriosamente al bien. 



Su accionar para demarcar ese camino no es otro sino un complejo conjunto de sistemas que operaran de forma sincrónica sobre el nervio más profundo de la sociedad para delinear de manera tacita a veces, evidente otras, sus conductas, sus deseos, sus relaciones, sus valores, escondiéndose muchas veces bajo aquel nauseabundo concepto del sentido común. Lo cierto es entonces que el bien desata su fervorosa batalla contra el mal con una única intención, con el claro objetivo que es el de diferenciarse. Vale aclarar que el único sentido de este concepto, vamos, de la construcción moral y ética toda, es aquella diferencia; aquella épica batalla no se libra con ningún otro objetivo. Pues bien, estarán con seguridad del otro lado del micrófono preguntándose lo mismo que todos nosotros aquí. Las batallas se ganan o se pierden. ¿Qué sucedería entonces si el bien triunfara, si aquella batalla eterna tuviera definitivamente un final? Inicialmente, podemos pensar que bajo aquella particular circunstancia, ese triunfo se llevaría puesto consigo al concepto en sí. ¿Cómo sabríamos que estamos haciendo el bien? ¿Cómo ordenaríamos nuestra sociedad con su complejo entretejido de sistemas, si ya no tenemos contra que oponerlo? ¿Hacia dónde estarían direccionadas las acciones de aquel conjunto de personas si no tuviera una identidad contraria con la cual distinguirse? Tal como hemos dicho muchas veces desde este micrófono, el bien es funcional al mal por necesidad. Por auto conservación digamos. El antagonista necesario para que el protagonista avance sobre la curva dramática. Es por esto entonces que el bien genera las condiciones para que el mal exista. 



Este juego dual entre dos fuerzas de igual intensidad que se oponen, se manifestará con toda claridad en el film del polaco Jerzy Kawalerowicz titulado “Madre Juana de los Ángeles”. La cinta contará con la belleza y la precisión típica de los films del danés Carl Dreyer. El eje central del relato será, tal como venimos diciendo, la gran batalla entre el bien y el mal. El film lo trabajará de manera inteligente desde todos los planos que conforman la cinta. Leeremos la batalla en la superposición de los blancos sobre los negros, entenderemos aquel conflicto en las puestas de cámara, en el intenso y extraordinario trabajo con los actores, en el lucido trabajo del movimiento de los cuerpos / objetos en el interior del cuadro. Encontraremos planos dentro del film que se quedaran con nosotros para siempre. Estoy hablando de una puesta desafiante, que pareciera tener su inspiración, su búsqueda, su origen, en las artes gráficas o en la fotografía fija. Estoy hablando de una perfección en el diseño de plano, en su composición misma, en el trabajo de la fotogénesis sobre los objetos, realmente pocas veces vistas. El director y guionista, tomará un hecho verídico que hará referencia a un brote de histeria colectiva ocurrido en un convento de monjas francesas en el año 1634, donde la madre superiora, al ser rechazada sentimentalmente por un sacerdote, lo acusará de utilizar magia negra y de poseerla con demonios. Esta será la semilla de la cual surgirá el relato. Dios y el diablo personificando su guerra ancestral. El bien y el mal, combatiendo cara a cara, discurso a discurso. El campo de batalla elegido por el director, un sacerdote y una monja, será el correcto. Esta elección permitirá humanizar al conflicto, para de esta manera, lograr empatizar profundamente con los personajes, los cuales, lejos de la posición de aquellas deidades tan amigas de lo absoluto, demostraran dudas, sentimientos, pasiones. 



El metraje contará con una estructura narrativa lineal y coqueteará con los géneros de suspenso y terror. Presenciaremos líneas de diálogos que harán tambalear las bases del catolicismo a través de argumentaciones sólidas y contundentes. Se planteará en algún momento la hipótesis de pensar que al mundo no lo hizo dios sino el diablo. Claramente, y lo hemos dicho más de una vez, los que este programa hacemos, estamos bastantes distanciados de aquel espantapájaros mal diseñado llamado dios. Pero, aun así, y quizás por haber entrado un poco en el juego propuesto por el film, aquella hipótesis nos llegó de alguna manera. Aquel diablo que argumentaba contra el dios de la disciplina, el dios de las leyes, el dios de lo blanco sobre lo negro, se parecía curiosamente más a nosotros. Era un diablo que, tal como el hombre masa de Ortega y Gasset, quería remitirse a una instancia superior. Vamos, quería ser libre. Quería escapar del rebaño de ovejas de aquel pastor autoritario y manipulador. Quería bailar sobre las llamas de sus pasiones, quería sentir y vivir la vida, no desde el frio cristal de una sanguchera, sino exponiéndose al peligro de la experiencia. Quería, claro, huir definitivamente del miedo que ofrece las fauces del verdadero predador. Si la nada es lo que nos espera después de la muerte, vivamos tratando de hacer que esto, sea una cosa injusta

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KAWALEROWICZ

 


Nacido el 19 de enero de 1922 en una ciudad que hoy pertenece a Ucrania, trabajó al principio como ayudante de dirección, y debutó como director de cine en 1951 con la película realista socialista Gromada. De Kawalerowicz sobresalen su poderosa imaginería, así como la profundidad de las ideas que circulan por sus películas. Por cierto, él se negó siempre a hacer filmes de propaganda. De su misma escuela destacan obras de otros directores de talento como Andrzej Wajda, Tadeusz Konwicki y Juliusz Machulski, hoy clásicos. A partir de 1954 dirigió ya con cierta regularidad una serie de películas que apenas salieron más allá de su país, aunque Kawalerowicz fue uno de los directores que se vieron favorecidos en un primer momento -aunque luego condicionado- por la política cinematográfica diseñada por el secretario del partido comunista polaco Wladislaw Gomulka a lo largo de los años cincuenta y sesenta. En 1954 filma Celuloza, sobre un joven que busca empleo y se une al partido comunista. Dos años después sigue con Cien, que sigue la investigación de alguien que fue arrollado por un tren. En 1957 realizó la primera película perteneciente a la escuela de cine polaca, desprovista de influencias del realismo socialista que se tituló El verdadero fin de la guerra, sobre una pareja que en la Segunda Guerra Mundial es separada para llevarlos a un campo de exterminio. En 1959 llega Night Train, donde un joven, que quiere ser doctor, se sube a un tren en el que conoce a una joven secretaria... Considerada la mejor película de su realizador junto a Faraón, un thriller de intriga que homenajea a Hitchcock. El reconocimiento internacional le llegó cuando Madre Juana de los Angeles (1961) obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes. Sus películas, desde este momento, comenzaron a circular por algunos círculos culturales europeos a partir de los circuitos de Arte y Ensayo que comenzaron a surgir en estos años. 



Es así como sorprendió de nuevo a todos con Faraón (1964), una historia arropada en una sólida base documental que fue más allá de las propuestas realizadas por Hollywood y en la que analizó y reflexionó con detalle sobre el poder político y religioso. Dicho film fue nominado al Oscar y es considerada una de las mejores películas de la historia del país. En 1969 dirigió El Juego, sobre una pareja burguesa que empieza una crisis matrimonial. En 1971 filma en Italia Maddalena, un film de alto contenido erótico sobre dos mujeres llamadas Maddalena, la película es recordada por presentar por primera vez la obra musical "Chi Mai" de Ennio Morricone. En 1977 filma La muerte de un presidente, sobre la elección y el asesinato del primer presidente de la República de Polonia, luego de la Primera Guerra Mundial. 



Más tarde llegan Spotkanie na Atlantyku (cuenta la historia de 7 personas que realizan un viaje en barco de Polonia a Canadá), Austeria (Sobre un judío que esconde a sus pares en una taberna, en la Segunda Guerra Mundial), Jeniec Europy (sobre los últimos años de Napoleón) y Quo Vadis? (una aventura romántica en la Roma 1 DC). En 2007 sufrió una hemorragia cerebral y cuatro semanas después, el 27 de diciembre falleció, se iba uno de los directores más importantes del cine polaco.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Matka Joanna od Aniolów

Año: 1961

Duración: 110 min.

País: Polonia

Dirección: Jerzy Kawalerowicz

Guion: Jaroslaw Iwaszkiewicz, Tadeusz Konwicki. Novela: Jaroslaw Iwaszkiewicz

Música: Adam Walacinski

Fotografía: Jerzy Woljcik (B&W)

Reparto: Lucyna Winnicka, Mieczyslaw Voit, Anna Ciepielewska, Maria Chwalibog

 

PELÍCULA COMPLETA