jueves, 23 de abril de 2026

LA ANGUSTIA DEL MIEDO - ANGST DE GERALD KARGL

PROGRAMA 501 (17-04-2026)

 

SINOPSIS

 

Tras pasar años en prisión por asesinar a una anciana, un asesino es puesto en libertad. No tardará en volver a sentir deseos de matar. Después de fracasar en el intento de asesinar a una taxista, descubre una casa rural aislada, donde vive una chica adolescente con su madre enferma y su hermano retardado. Un objetivo perfecto para ejecutar su sádico plan, el asesinato perfecto... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Cuerdas rojas en las muñecas,

ya no es sangre, ya no es hilo.

Son serpientes que muerden su propia cola,

como cuerdas rojas apretando mis muñecas,



que ya no son rezos, ya no son castigos,

son mi última ofrenda para mi último Dios que, 

en forma de cuerdas, aprieta mis muñecas, 

hasta cortar lo más rojo que yo tengo.

 

Nahuel Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA ANGUSTIA DEL MIEDO

 


Salió de la casa como cualquier día de semana, para la clásica rutina laboral. Saludó al vecino que siempre salía a pasear al perro a la misma hora. No sabía mucho de su vida. Apenas el nombre, alguna charla de ocasión en el almacén. Algún brindis a la distancia cuando se encontraban en la vereda viendo los fuegos artificiales en alguna Navidad o Año Nuevo. Un tipo normal, con su mujer, dos hijos, el perro y toda la vida en el barrio. Nada interesante. Nada fuera de lo común. Ya en la oficina, las 9 horas, una de almuerzo, se consumieron lentamente. El colectivo que lo trajo de vuelta estaba atestado. Pero esta vez paró, subió como pudo y se fue acomodando entre el gentío en esa hora y pico de viaje que lo esperaba. Siempre visualizaba los asientos a ver cuál se desocupaba primero, para poder sentarse y dormitar un rato. De más está decir, que casi nunca acertaba. Bajó del colectivo y caminó un par de cuadras, se sentía un aire espeso en el ambiente. Dobló para encarar para su casa y se sorprendió por las luces azules y rojas que titilaban. La policía, gente por todos lados. Un par de ambulancias. Y hasta canales de televisión. Justo cuando estaba frente a la puerta de su casa, como un guionista con un pulso perfecto, sacaban a su vecino esposado. No tardó tiempo en enterarse del motivo. Con el correr de las horas, fueron sacando cadáveres de un sótano escondido. Mientras la mujer y las hijas lloraban desconsoladas, sin entender que pasaba. Y el perro, su fiel amigo, miraba todo desde un costado. 



Enseguida se puso a pensar como no había notado nada extraño. Después se conformó con creer qué si ni la familia sospechaba, porque él iba a hacerlo. Luego las preguntas lo llevaron a pensar cómo o porqué… Cuando una vez le preguntaron porque lo había hecho, solo esbozó cinco letras: deseo. No es tal cual la historia de Werner Kniesek, el asesino en serie austríaco en el que se basó su coterráneo Gerald Kargl para su film La angustia del miedo, pero si el ansia de matar es lo que lo emparenta con la historia antes contada. El film arrancará con imágenes desde unas cúpulas hasta terminar con una toma cenital donde el protagonista está comiendo en una prisión, donde el sol apunta hacia el plato de comida. Esos planos serán utilizados varias veces durante el metraje, como si fuéramos ese Dios pasivo y perverso que no se inmuta por lo que pasa. Los personajes no tendrán nombres y no habrá casi diálogos. Solo se escuchará la voz over del protagonista contando su historia, repitiendo sus pensamientos, exaltando sus deseos más terroríficos. Este sale de prisión luego de diez años encerrado por el asesinato de una anciana. Y sale con la sed de sangre intacta. Llegará a un restaurante donde un anciano y dos jóvenes podrían ser sus presas, pero desiste. Luego intentará con una taxista, que logrará escapar. Hasta que encuentra una vieja casona en un lugar medio despoblado. El director utilizará por momentos un estilo que nos hará acordar a un documental. 



El guion será de forma lineal y la historia se contará casi en tiempo real, lo que será interesante desde el punto de vista del montaje, que por momentos también será frenético. Ofrecerá un virtuoso panel de planos, desde los contrapicados hasta los cenitales que dijimos anteriormente. Los primeros planos del asesino y de sus víctimas servirán para la mostrar la crueldad de los actos. La cámara lo seguirá de forma desenfrenada. El sonido por momentos nos envolverá, habrá goteos incipientes y música como para no escaparnos de esa sensación de temor y agobio. La paleta de colores estará dotada del blanco, sumado a grises y marrones que nos recordarán a las películas que más tarde rodaría un tal Haneke, que sin dudas bebió mucho de este film. Donde comparte otra característica: el espiral de violencia se sitúa en un lugar burgués, alejado de las miserias, donde la aparente felicidad es dinamitada por el mismo infierno y la violencia como síntoma de la falta de comunicación de la sociedad. Allí, en esa casa, el asesino se encontrará con un joven con problemas mentales en silla de ruedas y la llegada de su madre y su hermana darán comienzo a la faena. La casa se resignificará también como un sitio del que no se puede escapar, asistiremos a sus atrocidades sin despegar los ojos de la pantalla. Los asesinatos serán brutales, perversos y vomitivos. 



Quizás en esa realidad, y por la cual un tal Gaspar Noé la considera una de sus películas favoritas, es donde el film se hace más tétrico. Habrá otro tema a desarrollar, que es el conflicto interno del personaje. El guionista Miguel Machalski definía el concepto de conflicto de una manera tan práctica como novedosa. Miguel sale de la oposición clásica de fuerzas opuestas y lleva al concepto a la idea de una ruptura de un orden aparente. Allí, su caída al infierno se dará por las acciones pasadas de una madre sobre protectora, que lo llevó a la locura. Así nos internaremos en la mente del protagonista, que no tendrá un antagonista absoluto sino su propio deseo de sangre, ya que ni siquiera la sociedad aparece como rival propiamente dicho. El director no hace una crítica a su personaje, sólo muestra la crueldad del mismo, con un naturalismo asombroso. Y así, quizás caminando por la calle, tal vez nos cruzamos más de una vez con estos asesinos que caminan a la par nuestra, con una tranquilidad asombrosa, mientras van decidiendo cuál será su próxima víctima, como si sorteara un asesinato por números…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KARGL

 


Gerald Kargl nació en Villach, Austria en 1953. Kargl empezó a filmar películas a los catorce años. Entre 1976 y 1982 se encargó de organizar el festival cinematográfico Österreichischen Filmtage, y se desempeñó como editor de la revista Filmschrift. En 1983 escribió, produjo y dirigió el largometraje Angst en colaboración con el cineasta polaco Zbigniew Rybczyński, quien ganó un Óscar con su cortometraje Tango ese mismo año. Basada en la historia real del asesino en serie Werner Kniesek, la película fue censurada en todo el territorio europeo por sus explícitas escenas de violencia y marcó de forma negativa la posterior carrera de Kargl como cineasta. Alejado de los largometrajes por la recepción inicial de Angst, entre 1984 y 1994 trabajó en más de 100 comerciales y filmes promocionales como director, autor y productor, recibiendo varios premios a nivel internacional. Desde 1994, Kargl escribió, dirigió y produjo más de veinte documentales y películas educativas.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Angst

Año: 1983

Duración: 76 min.

País: Austria

Dirección: Gerald Kargl

Guion: Gerald Kargl, Zbigniew Rybczynski

Reparto: Erwin Leder, Rudolf Götz, Edith Rosset, Silvia Rabenreither, Robert Hunger-Bühler, Josefine Lakatha, Renate Kastelik

Música: Klaus Schulze

Fotografía: Zbigniew Rybczynski

 

PELÍCULA COMPLETA

MELANCOLÍA - MELANCHOLIA DE LARS VON TRIER

PROGRAMA 499 (27-03-2026)

 

SINOPSIS

 

Justine (Kirsten Dunst) y su prometido Michael (Alexander Skarsgård) celebran su boda con una suntuosa fiesta en casa de su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland). Mientras tanto, el planeta Melancolía se dirige hacia la Tierra... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El cigarro se consume lentamente. Las cenizas caen sobre una baldosa mojada. La lluvia no cesa. La gente que camina sin paraguas trata de apurar el paso sin resbalarse en el intento. Otros, se adecúan a lo que dicta la madre naturaleza. Al fin y al cabo, ella siempre decide todo. Miro las caras que pasan a mi lado. Son como zombis que transitan en modo automático. Algunos se desconectan con sus auriculares. Otros hacen del celular una parte más de su cuerpo. Todos fingen felicidad. Alguno me mira de reojo. Sigo apoyado sobre ese edificio que siempre parece a punto de derrumbarse. Mi mirada está perdida, ni yo sé por qué… Si en este mismo momento el edificio empieza a agrietarse para caerse sobre mí, no gastaría ni un gramo de energía en correr. Total, ese resultado final el tabaco lo está realizando con más paciencia. Pienso entrar al bar. Ese bar que acabo de salir hace unos minutos… o quizás fueron horas, quién sabe. También pienso que me mirarán con extrañeza si vuelvo a entrar y pedirme otra vez lo mismo de antes. Pienso, pienso, pienso. A veces demasiado y en ese pensar se van los actos que podríamos haber hecho. De pronto, del edificio sale una chica con un paraguas negro. Coincide con sus rulos y con su maquillaje. Que lo noto rápidamente porque cae sobre su piel, debido a unas lágrimas que intenta secarse. Mira la gente, la calle, la lluvia, las baldosas flojas y los autos que pasan. 



Los colectivos atestados de gente van por otro carril. Ella pensará en llegar allí lo antes posible. Bah, otra vez yo pensando lo que ella pensará, quizás está esperando un kilo de helado de pistacho, no lo sé. Chocamos las miradas fugazmente. De pronto parece invadirnos un silencio desolador, esos de película. Y en segundos, una explosión, lejana pero que nos invita a agarrarnos de las paredes. Gritos, corridas, llantos. A lo lejos se ve humo. El mundo tiembla. Algunas llamas se cuelan en edificios lejanos. La sirena de los bomberos aparecerá de pronto. Ella sigue apoyada sobre la otra punta de ese edificio. Nos volvemos a mirar. Decide acercarse cautelosamente y me pide fuego. Le convido torpemente y su rostro delata todo. Esa especie de tristeza, pero más duradera. La reconocí en el momento, porque estaba en la misma situación. Una especie de estado. Con una seña me dice que nos sentemos sobre el pequeño escalón del edificio. Una vez hincados, apoya su cabeza sobre mis hombros. Siento paz, como en mucho tiempo no sentía. Imagino que ella también. Nos quedamos así por segundos, minutos, quizás horas. Con sus enormes rulos cayendo sobre mi espalda. Ella sin lágrimas. Yo sin necesidad de pensamientos. El mundo sigue girando, naciendo, estallando y muriendo. Y aquí nuestros cuerpos petrificados, intentando escapar de la melancolía.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE MELANCOLÍA

 


Nadie habla del abismo, porque como bien sabemos, cuando miramos al abismo, es el abismo el que nos mira a nosotros. Y ahí, claro, la cosa se complica. Tenés que estar bien. Ya va a pasar. Tenés que mirar para adelante. Vas a salir, vos sos fuerte. Son algunas de las frases que el temor pone en boca al interlocutor del doliente. Nadie se queda en el barro a ver qué pasa. Nadie se ensucia para escuchar, para dar un abrazo o simplemente estar, acompañar desde la presencia, con silencio de fogata. Y entonces, uno queda solo. Solo y con un mandato: tenés que estar bien. Pero la felicidad no llega por mucho que la invoque. La felicidad no llega y somos cada vez más conscientes de aquello. Y esto nos coloca en aquel lugar que tan bien el viejo describió en aquel poema llamado Final: Somos como rosas que nunca se molestaron por germinar cuando debimos haberlo hecho, y es como si el sol se hubiera hartado de esperar. Ahí estamos nosotros, los tristes, los angustiados, los melancólicos, los dolientes, los dolidos, los que sufrimos. Con ese vacío en el pecho, con esa ansiedad que solo se distrae con pastillas, con nuestras miradas perdidas, y nuestros ojos rojos por el llanto que no cede, por el sueño que no llega y eso nos desespera cada vez más, eso profundiza nuestra prisión y nos sumerge un poco más en la oscura profundidad de nuestro ser, por las imágenes que nos castigan. Estamos solos, cada vez más solos. Y esa soledad se profundiza al mirar a nuestro alrededor. 



Porque para entonces, nuestra mirada ya no es la misma, porque uno cae en cuenta sobre la realidad simbolizada que nos rodea. El sinsentido imperante. Cae en cuenta, irremediablemente, sobre nuestra finitud en un mundo infinito. Sobre nuestra imperfección en un sistema natural perfecto. Nuestra insignificancia frente a la inmensidad avasallante de un universo apático. La habitación es pequeña, es oscura y temeraria. Lo único que queda, quizás es entonces, rebelarnos. Revelarnos contra aquello que intentan hacer de nosotros. Tenés que estar bien. Rebelarnos ante la sentencia, porque un tipo triste, un tipo que enfrenta a su abismo, que ya no tiene nada de donde sujetarse, nada que lo ate, da miedo. Su mirada toma un brillo distinto, y logra mirar a la naturaleza por primera vez con verdadera melancolía. Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Rebelarse ante tanto autoritarismo, ante tanto cartón pintado. Ante las posturas, el lenguaje mismo. Hablar nosotros mismos alguna vez para al fin romper la dictadura del lenguaje, de todo aquello dicho. El film que nos congrega hoy es el de un gran amigo de esta casa llamado Melancolía, del siempre incorrecto Lars Von Trier. La cinta narrará la historia de Justine, una joven que se casará en la mansión donde vive su hermana con su marido millonario y su hijo. Los primeros segundos de la película, en donde el director presentará a sus personajes, habrá una decisión estética muy clara sobre el cómo lo hará, revelará mucho del conflicto. 



Se la verá a Justine y al novio en una gigantesca limusina intentando llegar a la mansión por un minúsculo camino de tierra. En una curva, la limusina debido a su tamaño no podrá girar y se atascará por unas cuantas horas. Eso será Justine. Será el objeto que desencaje con el entorno. Será una limusina gigante para un camino pequeño, será una mala decisión que será tomada por vistosa y no por funcional. Será la evidencia del mandato. En la secuencia siguiente, la veremos llegar caminando con los zapatos en la mano. En menos de 5 minutos de película, el director con la astucia que lo caracteriza, nos ha contado casi todo. Basta con afilar el ojo y ver que esta todo allí servido para nosotros. Para ser fiel a la realidad, el film comenzará con una breve secuencia de imágenes pseudo apocalípticas en cámara lenta, tal vez con la mejor fotografía que este que les habla haya visto jamás. Aquellos planos tendrán una delicadeza estética dignas del mejor arte pictórico. ¿Será todo un racconto? En realidad no, ya que aquellas imágenes responden más al mundo onírico que al real. La estructura narrativa estará dividida en dos capítulos, los cuales cada uno se llevara el nombre de una de las hermanas. Comenzaremos con Justine para luego seguir con Claire. Justine padecerá de una tristeza profunda, para no confundir los términos, usaremos el correcto, padecerá de melancolía. 



El texto Duelo y Melancolía de Sigmund Freud de 1917, describe el perfil psicológico del personaje con claridad, aun siendo que el texto mismo se jacta de no ser claro o preciso.  En el primer capítulo la veremos a ella doliente, sufriente y vulnerable. En cambio su hermana Claire será la que llevará las riendas de la situación. La cuidará, la ayudará con mucha paciencia a levantarse de la cama, a realizar distintas actividades, a comer. Todo cambiará en el segundo capítulo. Lo notaremos en el brillo melancólico de la mirada de Justine. Dejará de ser víctima, aceptará su condición, su soledad fuera del rebaño, vamos, aceptará al fin que su postura no es otra que la de quien hace filosofía, la de quien cuestiona y deconstruye y eso claro, angustia y nos aparta de la masa inexorablemente. Y allí sus ojos por fin miran a la naturaleza con aquella nostalgia tan seductora. Entonces, el  segundo capítulo será la metáfora convertida en literalidad. El mundo, SU mundo, será destruido por un planeta llamado Melancolía. Ella mantendrá la calma mientras su hermana colapsará y entrará en pánico. La diferencia entre ambas será en que Justine no tendrá nada que perder, será su transformación a la que estemos asistiendo, estaremos viendo al fin a la mariposa salir del capullo. Los anarquistas tenían una teoría, la cual concuerda perfectamente con el modo de filmar del director Lars Von Trier. La teoría es la siguiente: destruir es fácil. Destruir y construir es la gran aventura. Construir sin destruir, no supera la ilusión.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO VON TRIER



Nació en Copenhague (Dinamarca) el 30 de abril de 1956. Lars von Trier fue uno de los creadores de Dogma 95, un movimiento cinematográfico con el cual se llama al regreso de historias más creíbles en la industria fílmica, al uso mínimo de los efectos especiales. Empezó a fines de los 70 con pequeñas películas en su país natal, y fue en el año 1984, cuando recién salido de la escuela de cine, empezó a ser reconocido por la crítica. Con El Elemento del crimen, dio comienzo a la trilogía Europa, que siguió con Epidemic en 1987 y que se cerraría con Europa en 1990. En 1996 lanzó otra trilogía, a la que tituló Corazón Dorado, que arrancó con Rompiendo las olas, con el que terminó de afianzarse en todo el mundo. Luego llegó Los Idiotas en 1998, y Bailarina enla oscuridad en 2000.



Otra trilogía iba a armar a partir del 2003, cuando con Dogville dio origen a la trilogía USA, donde el director muestra el punto de vista del país americano. En 2005 filmó Manderlay, y se espera Washington, que nunca vio la luz. En el medio filmó el documental Las cinco obstrucciones, junto al antiguo director Jorgen Leth. En 2007 filmó la única película que no forma parte de una trilogía: El jefe de todo esto. Su nueva trilogía se dio a llamar Trilogía de la Depresión y comenzó con Anticristo en 2009, siguió con Melancolía en 2011 y en 2013 salió la polémica Nymphomaniac. En 2018 dirigió hasta ahora su último film, titulado La casa de Jack, con Matt Dillon y Bruno Ganz. En los años ´90 creó la miniserie El reino, sobre un hospital que esconden secretos demasiado terribles que van saliendo a la luz. El año pasado volvió con la tercera temporada luego de 25 años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Melancholia

Año: 2011

Duración: 136 min.

País: Dinamarca

Dirección: Lars von Trier

Guion: Lars von Trier

Reparto: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård, Brady Corbet, John Hurt.

Música: Mikkel Maltha

Fotografía: Manuel Alberto Claro

 

PELÍCULA COMPLETA

 

JUEGOS DE PLACER - BOOGIE NIGHTS DE PAUL THOMAS ANDERSON

PROGRAMA 498 (20-03-2026)

 

SINOPSIS

 

A finales de los 70, Jack Horner, un director de cine porno que considera su trabajo una forma de arte descubre a Eddie Adams, un joven ingenuo que desea triunfar y que tiene unas características físicas muy adecuadas para ese tipo de cine. Eddie cambia su nombre por el de Dirk Diggler, se adapta inmediatamente a nuevo estilo de vida y pronto se convierte en una gran estrella del porno. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Nuestras miradas se cruzaron una vez más y como por reflejo, mi mano se levantó y pidió otra cerveza. El Británico se caracterizó siempre por tener malas putas y pésimos mozos. Manolo se acercó y con su humor de mierda habitual me dijo: si no pagas no te sirvo más. Del otro lado, ella seguía mirando discretamente, delicadamente. Con esos ojos que eran una balsa en el turbio mar del infierno en donde yo habitaba. Decidí sacar los últimos billetes arrugados del bolsillo para que Manolo funcionara. Y Manolo funcionó, con aquella cara de orto legendaria, institucional, casi turística. Cayó la cerveza, fría, espumosa. La bebí despacio porque la sabia última. La saboree, como saboreaba esa mirada esporádica. Ella era delgada, pelirroja, con un vestido negro que dejaba ver lo necesario para imaginar lo justo. Las piernas cruzadas, la columna erguida delicadamente dibujaba una curva con el peligro necesario para espantar cobardes. La copa en la mano era el punto final que el poeta jamás habría podido encontrar. El bolsito sobre la barra, chiquito, de esos absurdos, que guardan nada pero esconden todo. Yo desde mi mesa la observaba atónito, con hambre de lobito en plena merienda de corderos. Sus labios rojos posándose sobre la copa. Bebiendo, sorbo a sorbo. Su cabello rojo fuego, como el de aquella Lilith expulsada del paraíso por haber querido coger con Adán como la leña lo hace con el fuego. Por haber querido saciar aquella sed que no se sacia. Desde mi mesa, con lo último de cerveza, la observaba. Distinguida, con esas medias negras que acariciaban sus piernas como yo estaba deseado hacerlo desde que la vi. De pronto su mirada volvió a cruzarse con la mía. Pensé en mis ojos cansados, mis ojos rojos de la bebida, del humo del cigarro, de las malas noches. Vi en sus ojos una serenidad implacable, vi algo en ella indomable que me excito aún más. Maté entonces el resto de cerveza y decidí ir a hablarle. 



Tragué hasta la espuma de la copa, la apoyé fuerte contra la mesa, y sacando valor de donde no tenía, dirigí mi brújula a las coordenadas de aquella pelirroja a la que ningún hombre de letras se había animado a describir jamás. Apoyé mi mano pesada sobre la mesa, levanté mi cuerpo y mis ojos dictaron el camino que mis pies debían seguir. Todo mi cuerpo temblaba, no se trataba de una puta, de una transacción a la que yo ya estaba habituado, de una tipa cualquiera, era una situación delicada y eso era justamente lo que yo no era. Sentía las piernas entumecidas, el cuerpo pesado pero me movilizaba una sensación de que esa tipa era distinta. Pensé en mi vida y en la ínfima posibilidad de salir de toda esa mierda que me rodeaba, de salir con ella. Con el hechizo de sus ojos, con la delicada suavidad de sus manos. ¿Por qué no? me dije. ¿Por qué no a mí, aunque sea una sola vez en la vida, por qué no a mí? Al intentar dar mi tercer o cuarto paso, una mano pesada cayó como la muerte misma sobre mi hombro y entonces Manolo me giró sobre mi eje haciendo temblar todo mi cuerpo. -Te estas yendo sin pagar la última, ¿te pensás que soy boludo? Mirá que nos conocemos pero acá de arriba no toma nadie. Entré a tartamudear, el gallego enojado parecía inmenso, y entonces le dije, - estoy yendo a hablarle a la pelirroja. ¡Ma que pelirroja! y fue cuando me tomo del forro del culo, del roto cuello de mi camisa y comenzó el sutil éxodo hacia la puerta, chocándome con las mesas, sillas y los parroquianos que a esa hora murmuraban algo que suponía eran puteadas. En el recorrido, decidí girar la cabeza para verla aunque sea una vez más. Al hacerlo miré hacia aquel destino que mis piernas intentaban realizar con tanta dificultad y justo allí, junto a la barra, pude divisar claramente que solo había una silla vacía. No había vasos ni restos de nada. Busqué desesperado para todos lados y ella no estaba. Era el mismo triste bar de siempre. Abrumado por las mismas soledades. A los segundos, Manolo había hecho lo suyo. Con algunos raspones por la caída, el codo de la manga agujereada y el ánimo estallado contra el cordón de la vereda, decidí caminar por las inmediaciones del Lezama. Por aquellas calles oscuras, de veredas anchas donde uno es devorado por la nada misma que espera agazapada como una pantera hambrienta. Después de todo, a los tipos como yo, la vida nos guarda esa porción del mundo, aquella sin luz, la de las tinieblas, la de los recuerdos de las minas pelirrojas con vestidos negros, que nos miran y nos llenan el pecho de ilusiones en esta noche siempre eterna, tristes juegos de placer.

 

Lucas Itze.-      

 

Canción post editorial

 


IMPRESIONES SOBRE JUEGOS DE PLACER

 


Sentado en un ajado sillón color café, un viejo recuerda desde sus jóvenes años hasta hoy. Su niñez, cuando leía el diario bajo un farol prendido a kerosene, mientras se oían los pasos de los sulkis llevados por los caballos. A medida que llegaba la adolescencia, la radio se transformaba en su compañera y cuando tuvo un poco de dinero aprovechó para comprarse algunos vinilos que sonaban en esa época, como para que el tocadiscos no esté de adorno. Se vino para la gran ciudad y las calles de tierra se convirtieron en anchas avenidas y edificios cada vez más enormes. Allí fue por primera vez al cine. En su pueblo había, pero quería debutar a lo grande. “No me daban lo´ojo´ pa ver toda la pantalla”, le repetía a sus nietos. Luego llegó el turno de la televisión, que en un principio unía a las familias a la hora de cenar para ver la telenovela de turno. Con el paso del tiempo, el aparato estupidizó miles de cerebros. Ya no escuchaba tanta radio, el casette lo había reemplazado. Grabar las cintas con los mejores temas era algo común y corriente… Hoy piensa que muchos no entenderían que la birome no servía solamente para escribir… Ya no iba tanto al cine. Se había comprado una videocasetera, alquilaba el VHS y la podía ver varias veces si tenía ganas. También llegaron el CD y el Walkman. O los videojuegos… pero para eso ya estaba grande. Entonces volvía a la radio. Su primer amor. A imaginarse las caras detrás de esas voces. A recordar que el paso del tiempo lo cambió todo… 



Quizás no llegó a saber que en un dispositivo hay desde una cámara de fotos hasta una agenda. Que tenes que pagar para casi todo, que la oferta y la demanda es cada vez mayor, mientras la gente es más pobre. Aunque sus fotos de perfil no lo demuestren. Que el paso de los años y de las décadas mutan hasta en su color. Que ciertos cambios sirvieron pero que otros dejaron atrás algo más artesanal, más elaborado. Que el ascenso y la caída hoy se advierten minuto a minuto. Como si fuera un viejo, pero con sólo 27 años Paul Thomas Anderson llevó al cine otros grandes cambios, pero ambientados en la industria del cine para adultos, el pase del cielo al infierno y la atmósfera de dos décadas bien diferentes, en su segundo largometraje, titulado Boogie Nights y traducido como Juegos de placer por estos pagos. Al igual que muchos directores de esa época, se nota que Anderson creció viendo cine. Al estilo Tarantino o Linklater, aprendió todos los trucos desde joven mirando películas. Cinéfilo por naturaleza, no suena extraño el comienzo del film, con un plano secuencia de más de 3 minutos, desde la calle hasta adentro de un bar, en un claro homenaje a los Buenos Muchachos de Scorsese, donde si nos damos cuenta, presenta a casi todos sus personajes. Si quería llamar la atención, lo había logrado. Pero no se iba a quedar sólo en eso. El film cuenta la historia de Eddie (Mark Wahlberg), un joven camarero de 17 años, a quien Jack Horner (Burt Reynolds), un director de cine para adultos lo convence para ser su próxima estrella. Anderson había filmado un corto parecido cuando tenía 17 años y empezaba a estudiar cine. Luego dejó la carrera, pero siguió de forma autodidacta y aquí retoma la idea de ese personaje, inspirado en un actor del género triple X de los ´80. 



Estaremos ante un gran guión, que consta de grandes diálogos y personajes inolvidables y es, además, también una declaración de amor al cine, cualquiera sea el género, pero ese cine que esté hecho en celuloide. Pese a la duración del metraje, la curva dramática no se volverá densa, sino que siempre mantiene su ritmo y como diremos más adelante, casi que se dividirá en dos partes. Aquí trabajará muy bien la fotografía para retratar los colores de la época. Los rojos, amarillos, verdes, asaltarán la pantalla. Retratará la cultura pop con esas luces de neón tan de los ´70, pero también mostrará el cambio de la década siguiente. De hecho, por momentos uno piensa que está mirando un film de esos años. Estará muy bien trabajado el sonido y contará con una banda musical con clásicos de esos tiempos. Se notará la mano del director en los encuadres y en la elección de planos. Además de los planos secuencia, se servirá de primeros planos y planos detalle. La coreografía no se quedará atrás, ya que serán varios los momentos en que la cámara divague entre decenas de personajes, mostrando una maestría para la creación de escenarios, que no deja de sorprender. Anderson entenderá a la perfección el mundo que está contando. No será necesario mostrar las escenas sexuales, la importancia estará en las caras y gestos de quienes están detrás de cámara, quizás como una forma de mostrar que ellos también son parte importante de lo que se filma. 



La historia seguirá el ascenso y caída de Eddie, ahora llamado Dirk Diggler, en un cambio de década donde el cine para adultos empieza a ser reemplazado por el auge de los VHS. La película estará claramente dividida en dos partes, ese comienzo arrollador, fiestas por doquier hasta la caída no sólo del protagonista, sino de varios de los personajes, donde una tragedia marcará el comienzo del fin. También ahí estará el retrato de las décadas. De los años de la apertura sexual y las drogas de los setenta, a esos ochenta donde todo es más marginal, más violento, más alienado, y sobre todo en esa industria, más consumista. Ahí seguiremos a ese compendio de personajes solitarios, frustrados y por momentos patéticos, en sus idas y vueltas. Habrá otra cosa más para destacar de ese joven director: su dirección de actores, donde forma un elenco coral con casi todos jóvenes que fueron luego las estrellas de la década siguiente y donde todos estarán a la altura. No faltará una crítica a la moral, personificados en padres, abogados, estudiantes o empleados bancarios. Esos que se escandaliza para afuera pero que consumen el mismo producto escondidos en sus habitaciones. Y el paso del tiempo y los cambios, como puntas de lanza. Anderson, así como el viejo del comienzo volvió a la radio, homenajea la época donde no todo era tan fácil, pero esa forma más artesanal, lo hacía más puro. Esa crítica al consumismo que casi lo convierte en un visionario de estos tiempos, de clips que se venden por miles en cuestión de minutos. Pero lo hace como si se tratara un juego de niños, casi como ese principiante Eddie que de un momento a otro estaba en la cima y tuvo que aprender a volar para no caer tan bruscamente. Porque del cielo al infierno, hay un solo paso, y a veces puede ser tarde… muy tarde.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ANDERSON

 


Paul Thomas Anderson, nació en Studio City, California, el 26 de junio de 1970. hijo de Bonnie Gough y Ernie Anderson, quien fue actor y voz de la cadena American Broadcasting Company (ABC) y del personaje de terror Ghoulardi, de donde la compañía productora de su hijo toma el nombre: Ghoulardi Film Company. El interés de Anderson por el cine comenzó siendo muy joven. Mientras cursaba la educación secundaria realizó un documental satírico de 30 minutos de duración titulado The Dirk Diggler Story (1988), acerca de un joven actor de cine porno (inspirado en John Holmes, quien más adelante también serviría como principal inspiración para Boogie Nights). Después de un breve período en el Emerson College y un período aún más corto en la Universidad de Nueva York, Anderson comenzó su carrera como asistente de producción en telefilmes, videoclips y shows en Los Ángeles y Nueva York. En 1992 realizó Cigarettes and Coffee, un cortometraje de cinco viñetas ambientado en una cafetería (no confundir con Coffee and Cigarettes de Jim Jarmusch). El corto fue proyectado en el Festival de cine de Sundance de 1993, donde recibió elogios considerables. En unos pocos años, Anderson hizo su largometraje debut, Sydney, que posteriormente sería retitulado Hard Eight (1996), titulado en el país como Vivir del azar. Aquí cuenta la historia de un sexagenario que encuentra a un joven que necesita dinero para pagar el funeral de su madre, por lo que lo invita a acompañarlo a ganar dinero en casinos. El reparto incluyó a Phillip Baker Hall, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman (tres habitués de sus films), Gwyneth Paltrow y Samuel L. Jackson. Con su segundo film impresionó a todo Hollywood: Boogie Nights se convirtió en una de las sorpresas de la temporada, donde fue nominado a Mejor guion original y a los mejores secundarios para Burt Reynolds, a quien rescató del olvido y Julianne Moore, quien saltaría a la fama. En el año 1999 llega su confirmación gracias a Magnolia, otra historia coral con un gran elenco (otra vez Moore, Reilly, Seymour Hoffman, Baker Hall, Macy, entre otros), a quien se le suma Tom Cruise. Un melodrama de historias cruzadas que volvió a poner a Cruise como un actor serio. Otra nominación a mejor guión. Y mejor película en el prestigioso Festival de Berlín. Para muchos, su obra maestra. 



Sorprende en 2002 cuando decide elegir a Adam Sandler para su film Embriagado de amor, donde muestra por primera vez que los personajes dramáticos no le sientan mal. La historia de un hombre solitario y sobre protegido qué gracias a un error de un concurso, puede ganar millas en viajes de avión. Allí conoce el amor por primera vez. Se lleva el premio a Mejor director en Cannes. Cambia su estilo cuando en 2007 filma Petróleo Sangriento, basada en la novela de Upton Sinclair. Con un Daniel Day-Lewis arrollador, el film se convirtió en uno de los más premiados del director, pero perdió el Oscar ante Sin lugar para los débiles de los Hermanos Coen. En 2012 se mete con, para muchos, el inicio de la cienciología, en el film The Master, donde Joaquin Phoenix y Phillip Seymour Hoffman realizan un duelo actoral entre personajes completamente diferentes. Nominaciones para ambos y también para Amy Adams



En 2014 vuelve a trabajar con Phoenix y tratar la California de los ´70 con el film Vicio propio, sobre un peculiar detective privado de Los Ángeles, que le pide ayuda su exmujer, una seductora "femme fatale" debido a la desaparición de su amante, un magnate inmobiliario que pretendía devolverle a la sociedad todo lo que había expoliado, adaptación de la novela de Thomas Pynchon. Nominada a mejor guión adaptado. Vuelve a llamar a Day-Lewis para la película El hilo fantasma, sobre un modisto de la realeza de los años ´50 que tiene todo bajo control hasta que una joven musa irrumpe en su vida. Nominada a mejor película. Otra vez se ambienta en el Valle de San Fernando en 1973, para Licorizze Pizza, con la cantante Alana Haim y Cooper Hoffman, el hijo de su recordado amigo Philippe. Una historia de amor, adolescencia, sueños y música ambientada en esa época. Otra nominación a mejor película y guion original. El 2025 fue el año de su consagración definitiva. El estreno de Una batalla tras otra, también basada en una novela de Pynchon, recorre la historia de un ex revolucionario interpretado por Leonardo DiCaprio, que vuelve a la acción luego del secuestro de su hija por paramilitares. Benicio del Toro, Sean Penn, Teyana Taylor y Chase Infinity, completan el film que se acaba de llevar el Oscar a mejor película, director, guion adaptado y el tercer Oscar para Sean Penn. Además del cine, ha dirigido más de 20 videos musicales, entre los que se destacan artistas como Fiona Apple, Radiohead, Haim o The Smile.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Boogie Nights

Año: 1997

Duración: 156 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Paul Thomas Anderson

Guion: Paul Thomas Anderson

Reparto: Mark Wahlberg, Burt Reynolds, Julianne Moore, Don Cheadle, John C. Reilly, William H. Macy, Philip Seymour Hoffman, Heather Graham.

Música: Michael Penn

Fotografía: Robert Elswit

 

PELICULA COMPLETA