Ficción o realidad, esa es la cuestión. El mundo del cine conjuga personajes de todo tipo y color, cada semana nos ocuparemos de analizar diferentes obras del séptimo arte, con el fin de informarnos, debatir y recordar esas películas que nos hicieron reír, llorar, pensar, y sobre todo, sumergirnos en ese mundo apasionante. Todos los viernes de 20 a 21 hs, por FM Boedo, con la conducción de Lucas Itze, Marcelo De Nicola y Camila Dubinsky.
Tras pasar años en prisión por
asesinar a una anciana, un asesino es puesto en libertad. No tardará en volver
a sentir deseos de matar. Después de fracasar en el intento de asesinar a una
taxista, descubre una casa rural aislada, donde vive una chica adolescente con
su madre enferma y su hermano retardado. Un objetivo perfecto para ejecutar su
sádico plan, el asesinato perfecto... (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Cuerdas rojas en
las muñecas,
ya no es sangre,
ya no es hilo.
Son serpientes
que muerden su propia cola,
como cuerdas
rojas apretando mis muñecas,
que ya no son
rezos, ya no son castigos,
son mi última
ofrenda para mi último Dios que,
en forma de cuerdas, aprieta mis
muñecas,
hasta cortar lo más rojo que yo tengo.
Nahuel
Itze.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE LA ANGUSTIA DEL
MIEDO
Salió de la casa como
cualquier día de semana, para la clásica rutina laboral. Saludó al vecino que
siempre salía a pasear al perro a la misma hora. No sabía mucho de su vida.
Apenas el nombre, alguna charla de ocasión en el almacén. Algún brindis a la distancia
cuando se encontraban en la vereda viendo los fuegos artificiales en alguna
Navidad o Año Nuevo. Un tipo normal, con su mujer, dos hijos, el perro y toda
la vida en el barrio. Nada interesante. Nada fuera de lo común. Ya en la
oficina, las 9 horas, una de almuerzo, se consumieron lentamente. El colectivo
que lo trajo de vuelta estaba atestado. Pero esta vez paró, subió como pudo y
se fue acomodando entre el gentío en esa hora y pico de viaje que lo esperaba.
Siempre visualizaba los asientos a ver cuál se desocupaba primero, para poder
sentarse y dormitar un rato. De más está decir, que casi nunca acertaba. Bajó
del colectivo y caminó un par de cuadras, se sentía un aire espeso en el
ambiente. Dobló para encarar para su casa y se sorprendió por las luces azules
y rojas que titilaban. La policía, gente por todos lados. Un par de
ambulancias. Y hasta canales de televisión. Justo cuando estaba frente a la
puerta de su casa, como un guionista con un pulso perfecto, sacaban a su vecino
esposado. No tardó tiempo en enterarse del motivo. Con el correr de las horas,
fueron sacando cadáveres de un sótano escondido. Mientras la mujer y las hijas
lloraban desconsoladas, sin entender que pasaba. Y el perro, su fiel amigo,
miraba todo desde un costado.
Enseguida se puso a pensar como no había notado
nada extraño. Después se conformó con creer qué si ni la familia sospechaba,
porque él iba a hacerlo. Luego las preguntas lo llevaron a pensar cómo o
porqué… Cuando una vez le preguntaron porque lo había hecho, solo esbozó cinco
letras: deseo. No es tal cual la historia de Werner Kniesek,
el asesino en serie austríaco en el que se basó su coterráneo Gerald Kargl
para su film La angustia del miedo, pero si el ansia de matar es lo que
lo emparenta con la historia antes contada. El film arrancará con imágenes
desde unas cúpulas hasta terminar con una toma cenital donde el protagonista
está comiendo en una prisión, donde el sol apunta hacia el plato de comida.
Esos planos serán utilizados varias veces durante el metraje, como si fuéramos
ese Dios pasivo y perverso que no se inmuta por lo que pasa. Los personajes no
tendrán nombres y no habrá casi diálogos. Solo se escuchará la voz over del
protagonista contando su historia, repitiendo sus pensamientos, exaltando sus
deseos más terroríficos. Este sale de prisión luego de diez años encerrado por
el asesinato de una anciana. Y sale con la sed de sangre intacta. Llegará a un
restaurante donde un anciano y dos jóvenes podrían ser sus presas, pero
desiste. Luego intentará con una taxista, que logrará escapar. Hasta que
encuentra una vieja casona en un lugar medio despoblado. El director utilizará
por momentos un estilo que nos hará acordar a un documental.
El guion será de
forma lineal y la historia se contará casi en tiempo real, lo que será
interesante desde el punto de vista del montaje, que por momentos también será
frenético. Ofrecerá un virtuoso panel de planos, desde los contrapicados hasta
los cenitales que dijimos anteriormente. Los primeros planos del asesino y de
sus víctimas servirán para la mostrar la crueldad de los actos. La cámara lo
seguirá de forma desenfrenada. El sonido por momentos nos envolverá, habrá
goteos incipientes y música como para no escaparnos de esa sensación de temor y
agobio. La paleta de colores estará dotada del blanco, sumado a grises y
marrones que nos recordarán a las películas que más tarde rodaría un tal Haneke,
que sin dudas bebió mucho de este film. Donde comparte otra característica: el
espiral de violencia se sitúa en un lugar burgués, alejado de las miserias,
donde la aparente felicidad es dinamitada por el mismo infierno y la violencia
como síntoma de la falta de comunicación de la sociedad. Allí, en esa casa, el
asesino se encontrará con un joven con problemas mentales en silla de ruedas y
la llegada de su madre y su hermana darán comienzo a la faena. La casa se
resignificará también como un sitio del que no se puede escapar, asistiremos a
sus atrocidades sin despegar los ojos de la pantalla. Los asesinatos serán
brutales, perversos y vomitivos.
Quizás en esa realidad, y por la cual un tal Gaspar
Noé la considera una de sus películas favoritas, es donde el film se hace
más tétrico. Habrá otro tema a desarrollar, que es el conflicto interno del
personaje. El guionista Miguel Machalski definía el concepto de
conflicto de una manera tan práctica como novedosa. Miguel sale de la oposición
clásica de fuerzas opuestas y lleva al concepto a la idea de una ruptura de un
orden aparente. Allí, su caída al infierno se dará por las acciones pasadas de
una madre sobre protectora, que lo llevó a la locura. Así nos internaremos en
la mente del protagonista, que no tendrá un antagonista absoluto sino su propio
deseo de sangre, ya que ni siquiera la sociedad aparece como rival propiamente
dicho. El director no hace una crítica a su personaje, sólo muestra la crueldad
del mismo, con un naturalismo asombroso. Y así, quizás caminando por la calle,
tal vez nos cruzamos más de una vez con estos asesinos que caminan a la par
nuestra, con una tranquilidad asombrosa, mientras van decidiendo cuál será su
próxima víctima, como si sorteara un asesinato por números…
Marcelo De Nicola.-
Canción post impresiones
UNIVERSO KARGL
Gerald Kargl nació en Villach, Austria
en 1953. Kargl empezó a filmar películas a los catorce años. Entre 1976 y 1982
se encargó de organizar el festival cinematográfico Österreichischen Filmtage,
y se desempeñó como editor de la revista Filmschrift. En 1983 escribió, produjo
y dirigió el largometraje Angst en colaboración con el cineasta polaco Zbigniew
Rybczyński, quien ganó un Óscar con su cortometraje Tango ese mismo año.
Basada en la historia real del asesino en serie Werner Kniesek, la
película fue censurada en todo el territorio europeo por sus explícitas escenas
de violencia y marcó de forma negativa la posterior carrera de Kargl como
cineasta. Alejado de los largometrajes por la recepción inicial de Angst, entre
1984 y 1994 trabajó en más de 100 comerciales y filmes promocionales como
director, autor y productor, recibiendo varios premios a nivel internacional.
Desde 1994, Kargl escribió, dirigió y produjo más de veinte documentales y
películas educativas.
FICHA TÉCNICA
Título original: Angst
Año: 1983
Duración: 76 min.
País: Austria
Dirección: Gerald Kargl
Guion: Gerald Kargl, Zbigniew
Rybczynski
Reparto: Erwin Leder, Rudolf Götz,
Edith Rosset, Silvia Rabenreither, Robert Hunger-Bühler, Josefine Lakatha,
Renate Kastelik
Justine (Kirsten Dunst) y su prometido
Michael (Alexander Skarsgård) celebran su boda con una suntuosa fiesta en casa
de su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland). Mientras
tanto, el planeta Melancolía se dirige hacia la Tierra... (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
El cigarro se consume
lentamente. Las cenizas caen sobre una baldosa mojada. La lluvia no cesa. La
gente que camina sin paraguas trata de apurar el paso sin resbalarse en el
intento. Otros, se adecúan a lo que dicta la madre naturaleza. Al fin y al
cabo, ella siempre decide todo. Miro las caras que pasan a mi lado. Son como
zombis que transitan en modo automático. Algunos se desconectan con sus
auriculares. Otros hacen del celular una parte más de su cuerpo. Todos fingen
felicidad. Alguno me mira de reojo. Sigo apoyado sobre ese edificio que siempre
parece a punto de derrumbarse. Mi mirada está perdida, ni yo sé por qué… Si en
este mismo momento el edificio empieza a agrietarse para caerse sobre mí, no
gastaría ni un gramo de energía en correr. Total, ese resultado final el tabaco
lo está realizando con más paciencia. Pienso entrar al bar. Ese bar que acabo
de salir hace unos minutos… o quizás fueron horas, quién sabe. También pienso
que me mirarán con extrañeza si vuelvo a entrar y pedirme otra vez lo mismo de
antes. Pienso, pienso, pienso. A veces demasiado y en ese pensar se van los
actos que podríamos haber hecho. De pronto, del edificio sale una chica con un
paraguas negro. Coincide con sus rulos y con su maquillaje. Que lo noto
rápidamente porque cae sobre su piel, debido a unas lágrimas que intenta
secarse. Mira la gente, la calle, la lluvia, las baldosas flojas y los autos
que pasan.
Los colectivos atestados de gente van por otro carril. Ella pensará
en llegar allí lo antes posible. Bah, otra vez yo pensando lo que ella pensará,
quizás está esperando un kilo de helado de pistacho, no lo sé. Chocamos las
miradas fugazmente. De pronto parece invadirnos un silencio desolador, esos de
película. Y en segundos, una explosión, lejana pero que nos invita a agarrarnos
de las paredes. Gritos, corridas, llantos. A lo lejos se ve humo. El mundo
tiembla. Algunas llamas se cuelan en edificios lejanos. La sirena de los
bomberos aparecerá de pronto. Ella sigue apoyada sobre la otra punta de ese
edificio. Nos volvemos a mirar. Decide acercarse cautelosamente y me pide
fuego. Le convido torpemente y su rostro delata todo. Esa especie de tristeza,
pero más duradera. La reconocí en el momento, porque estaba en la misma
situación. Una especie de estado. Con una seña me dice que nos sentemos sobre
el pequeño escalón del edificio. Una vez hincados, apoya su cabeza sobre mis
hombros. Siento paz, como en mucho tiempo no sentía. Imagino que ella también.
Nos quedamos así por segundos, minutos, quizás horas. Con sus enormes rulos cayendo
sobre mi espalda. Ella sin lágrimas. Yo sin necesidad de pensamientos. El mundo
sigue girando, naciendo, estallando y muriendo. Y aquí nuestros cuerpos
petrificados, intentando escapar de la melancolía.
Marcelo De Nicola.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE MELANCOLÍA
Nadie habla
del abismo, porque como bien sabemos, cuando miramos al abismo, es el abismo el
que nos mira a nosotros. Y ahí, claro, la cosa se complica. Tenés que estar bien. Ya va a pasar. Tenés que mirar para adelante. Vas
a salir, vos sos fuerte. Son algunas de las frases que el temor pone en
boca al interlocutor del doliente. Nadie se queda en el barro a ver qué pasa.
Nadie se ensucia para escuchar, para dar un abrazo o simplemente estar,
acompañar desde la presencia, con silencio de fogata. Y entonces, uno queda
solo. Solo y con un mandato: tenés que
estar bien. Pero la felicidad no llega por mucho que la invoque. La
felicidad no llega y somos cada vez más conscientes de aquello. Y esto nos
coloca en aquel lugar que tan bien el viejo describió en aquel poema llamado Final: Somos como rosas que nunca se molestaron por germinar cuando debimos
haberlo hecho, y es como si el sol se hubiera hartado de esperar. Ahí
estamos nosotros, los tristes, los angustiados, los melancólicos, los
dolientes, los dolidos, los que sufrimos. Con ese vacío en el pecho, con esa
ansiedad que solo se distrae con pastillas, con nuestras miradas perdidas, y
nuestros ojos rojos por el llanto que no cede, por el sueño que no llega y eso
nos desespera cada vez más, eso profundiza nuestra prisión y nos sumerge un
poco más en la oscura profundidad de nuestro ser, por las imágenes que nos
castigan. Estamos solos, cada vez más solos. Y esa soledad se profundiza al
mirar a nuestro alrededor.
Porque para entonces, nuestra mirada ya no es la
misma, porque uno cae en cuenta sobre la realidad simbolizada que nos rodea. El
sinsentido imperante. Cae en cuenta, irremediablemente, sobre nuestra finitud
en un mundo infinito. Sobre nuestra imperfección en un sistema natural
perfecto. Nuestra insignificancia frente a la inmensidad avasallante de un
universo apático. La habitación es pequeña, es oscura y temeraria. Lo único que
queda, quizás es entonces, rebelarnos. Revelarnos contra aquello que intentan
hacer de nosotros. Tenés que estar bien.
Rebelarnos ante la sentencia, porque un tipo triste, un tipo que enfrenta a su
abismo, que ya no tiene nada de donde sujetarse, nada que lo ate, da miedo. Su
mirada toma un brillo distinto, y logra mirar a la naturaleza por primera vez
con verdadera melancolía. Cada hombre es
lo que hace con lo que hicieron de él. Rebelarse ante tanto autoritarismo,
ante tanto cartón pintado. Ante las posturas, el lenguaje mismo. Hablar
nosotros mismos alguna vez para al fin romper la dictadura del lenguaje, de
todo aquello dicho. El film que nos congrega hoy es el de un gran amigo de esta
casa llamado Melancolía, del siempre
incorrecto Lars Von Trier. La cinta
narrará la historia de Justine, una
joven que se casará en la mansión donde vive su hermana con su marido
millonario y su hijo. Los primeros segundos de la película, en donde el
director presentará a sus personajes, habrá una decisión estética muy clara
sobre el cómo lo hará, revelará mucho del conflicto.
Se la verá a Justine y al novio en una gigantesca
limusina intentando llegar a la mansión por un minúsculo camino de tierra. En
una curva, la limusina debido a su tamaño no podrá girar y se atascará por unas
cuantas horas. Eso será Justine.
Será el objeto que desencaje con el entorno. Será una limusina gigante para un
camino pequeño, será una mala decisión que será tomada por vistosa y no por
funcional. Será la evidencia del mandato. En la secuencia siguiente, la veremos
llegar caminando con los zapatos en la mano. En menos de 5 minutos de película,
el director con la astucia que lo caracteriza, nos ha contado casi todo. Basta
con afilar el ojo y ver que esta todo allí servido para nosotros. Para ser fiel
a la realidad, el film comenzará con una breve secuencia de imágenes pseudo
apocalípticas en cámara lenta, tal vez con la mejor fotografía que este que les
habla haya visto jamás. Aquellos planos tendrán una delicadeza estética dignas
del mejor arte pictórico. ¿Será todo un racconto? En realidad no, ya que
aquellas imágenes responden más al mundo onírico que al real. La estructura
narrativa estará dividida en dos capítulos, los cuales cada uno se llevara el
nombre de una de las hermanas. Comenzaremos con Justine para luego seguir con Claire.
Justine padecerá de una tristeza
profunda, para no confundir los términos, usaremos el correcto, padecerá de
melancolía.
El texto Duelo y Melancolía
de Sigmund Freud de 1917, describe el perfil psicológico
del personaje con claridad, aun siendo que el texto mismo se jacta de no ser
claro o preciso.En el primer capítulo
la veremos a ella doliente, sufriente y vulnerable. En cambio su hermana Claire será la que llevará las riendas
de la situación. La cuidará, la ayudará con mucha paciencia a levantarse de la
cama, a realizar distintas actividades, a comer. Todo cambiará en el segundo
capítulo. Lo notaremos en el brillo melancólico de la mirada de Justine. Dejará de ser víctima,
aceptará su condición, su soledad fuera del rebaño, vamos, aceptará al fin que
su postura no es otra que la de quien hace filosofía, la de quien cuestiona y
deconstruye y eso claro, angustia y nos aparta de la masa inexorablemente. Y
allí sus ojos por fin miran a la naturaleza con aquella nostalgia tan
seductora. Entonces, elsegundo capítulo
será la metáfora convertida en literalidad. El mundo, SU mundo, será destruido por un planeta llamado Melancolía. Ella mantendrá la calma
mientras su hermana colapsará y entrará en pánico. La diferencia entre ambas
será en que Justine no tendrá nada
que perder, será su transformación a la que estemos asistiendo, estaremos
viendo al fin a la mariposa salir del capullo. Los anarquistas tenían una
teoría, la cual concuerda perfectamente con el modo de filmar del director Lars Von Trier. La teoría es la
siguiente: destruir es fácil. Destruir y
construir es la gran aventura. Construir sin destruir, no supera la ilusión.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO
VON TRIER
Nació en Copenhague (Dinamarca) el 30 de abril de 1956. Lars von Trier fue
uno de los creadores de Dogma 95, un movimiento cinematográfico con
el cual se llama al regreso de historias más creíbles en la industria fílmica,
al uso mínimo de los efectos especiales. Empezó a fines de los 70 con pequeñas
películas en su país natal, y fue en el año 1984, cuando recién salido de la
escuela de cine, empezó a ser reconocido por la crítica. Con El Elemento del crimen, dio comienzo a la trilogía Europa,
que siguió con Epidemic en 1987 y que se cerraría con Europa en
1990. En 1996 lanzó otra trilogía, a la que tituló Corazón Dorado,
que arrancó con Rompiendo las olas, con el que terminó de afianzarse en todo el mundo.
Luego llegó Los Idiotas en 1998, y Bailarina enla oscuridad en 2000.
Otra trilogía iba a armar a partir del 2003, cuando con Dogvilledio origen a la trilogía USA,
donde el director muestra el punto de vista del país americano. En 2005
filmó Manderlay, y se espera Washington, que nunca vio la luz. En
el medio filmó el documental Las cinco obstrucciones, junto al antiguo director Jorgen Leth. En 2007 filmó la
única película que no forma parte de una trilogía: El jefe de todo esto.
Su nueva trilogía se dio a llamar Trilogía de la Depresión y
comenzó con Anticristoen 2009, siguió con Melancolía en
2011 y en 2013 salió la polémica Nymphomaniac. En 2018 dirigió hasta
ahora su último film, titulado La casa de Jack, con Matt
Dillon y Bruno Ganz. En los años ´90 creó la
miniserie El reino, sobre un hospital que esconden secretos
demasiado terribles que van saliendo a la luz. El año pasado volvió con la
tercera temporada luego de 25 años.
FICHA
TÉCNICA
Título original: Melancholia
Año: 2011
Duración: 136 min.
País: Dinamarca
Dirección: Lars von Trier
Guion: Lars von Trier
Reparto: Kirsten Dunst, Charlotte
Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård, Brady Corbet, John Hurt.
A finales de los 70, Jack Horner, un
director de cine porno que considera su trabajo una forma de arte descubre a
Eddie Adams, un joven ingenuo que desea triunfar y que tiene unas
características físicas muy adecuadas para ese tipo de cine. Eddie cambia su
nombre por el de Dirk Diggler, se adapta inmediatamente a nuevo estilo de vida
y pronto se convierte en una gran estrella del porno. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Nuestras miradas se cruzaron una vez
más y como por reflejo, mi mano se levantó y pidió otra cerveza. El Británico
se caracterizó siempre por tener malas putas y pésimos mozos. Manolo se acercó
y con su humor de mierda habitual me dijo: si no pagas no te sirvo más. Del
otro lado, ella seguía mirando discretamente, delicadamente. Con esos ojos que
eran una balsa en el turbio mar del infierno en donde yo habitaba. Decidí sacar
los últimos billetes arrugados del bolsillo para que Manolo funcionara. Y Manolo
funcionó, con aquella cara de orto legendaria, institucional, casi turística.
Cayó la cerveza, fría, espumosa. La bebí despacio porque la sabia última. La
saboree, como saboreaba esa mirada esporádica. Ella era delgada, pelirroja, con
un vestido negro que dejaba ver lo necesario para imaginar lo justo. Las
piernas cruzadas, la columna erguida delicadamente dibujaba una curva con el
peligro necesario para espantar cobardes. La copa en la mano era el punto final
que el poeta jamás habría podido encontrar. El bolsito sobre la barra,
chiquito, de esos absurdos, que guardan nada pero esconden todo. Yo desde mi
mesa la observaba atónito, con hambre de lobito en plena merienda de corderos.
Sus labios rojos posándose sobre la copa. Bebiendo, sorbo a sorbo. Su cabello
rojo fuego, como el de aquella Lilith expulsada del paraíso por haber querido
coger con Adán como la leña lo hace con el fuego. Por haber querido saciar
aquella sed que no se sacia. Desde mi mesa, con lo último de cerveza, la
observaba. Distinguida, con esas medias negras que acariciaban sus piernas como
yo estaba deseado hacerlo desde que la vi. De pronto su mirada volvió a
cruzarse con la mía. Pensé en mis ojos cansados, mis ojos rojos de la bebida,
del humo del cigarro, de las malas noches. Vi en sus ojos una serenidad
implacable, vi algo en ella indomable que me excito aún más. Maté entonces el
resto de cerveza y decidí ir a hablarle.
Tragué hasta la espuma de la copa, la
apoyé fuerte contra la mesa, y sacando valor de donde no tenía, dirigí mi brújula
a las coordenadas de aquella pelirroja a la que ningún hombre de letras se
había animado a describir jamás. Apoyé mi mano pesada sobre la mesa, levanté mi
cuerpo y mis ojos dictaron el camino que mis pies debían seguir. Todo mi cuerpo
temblaba, no se trataba de una puta, de una transacción a la que yo ya estaba
habituado, de una tipa cualquiera, era una situación delicada y eso era
justamente lo que yo no era. Sentía las piernas entumecidas, el cuerpo pesado
pero me movilizaba una sensación de que esa tipa era distinta. Pensé en mi vida
y en la ínfima posibilidad de salir de toda esa mierda que me rodeaba, de salir
con ella. Con el hechizo de sus ojos, con la delicada suavidad de sus manos.
¿Por qué no? me dije. ¿Por qué no a mí, aunque sea una sola vez en la vida, por
qué no a mí? Al intentar dar mi tercer o cuarto paso, una mano pesada cayó como
la muerte misma sobre mi hombro y entonces Manolo me giró sobre mi eje haciendo
temblar todo mi cuerpo. -Te estas yendo sin pagar la última, ¿te pensás que soy
boludo? Mirá que nos conocemos pero acá de arriba no toma nadie. Entré a
tartamudear, el gallego enojado parecía inmenso, y entonces le dije, - estoy
yendo a hablarle a la pelirroja. ¡Ma que pelirroja! y fue cuando me tomo del
forro del culo, del roto cuello de mi camisa y comenzó el sutil éxodo hacia la
puerta, chocándome con las mesas, sillas y los parroquianos que a esa hora
murmuraban algo que suponía eran puteadas. En el recorrido, decidí girar la
cabeza para verla aunque sea una vez más. Al hacerlo miré hacia aquel destino
que mis piernas intentaban realizar con tanta dificultad y justo allí, junto a
la barra, pude divisar claramente que solo había una silla vacía. No había
vasos ni restos de nada. Busqué desesperado para todos lados y ella no estaba.
Era el mismo triste bar de siempre. Abrumado por las mismas soledades. A los
segundos, Manolo había hecho lo suyo. Con algunos raspones por la caída, el
codo de la manga agujereada y el ánimo estallado contra el cordón de la vereda,
decidí caminar por las inmediaciones del Lezama. Por aquellas calles oscuras,
de veredas anchas donde uno es devorado por la nada misma que espera agazapada
como una pantera hambrienta. Después de todo, a los tipos como yo, la vida nos
guarda esa porción del mundo, aquella sin luz, la de las tinieblas, la de los
recuerdos de las minas pelirrojas con vestidos negros, que nos miran y nos
llenan el pecho de ilusiones en esta noche siempre eterna, tristes juegos
de placer.
Lucas Itze.-
Canción post editorial
IMPRESIONES SOBRE JUEGOS DE PLACER
Sentado en un ajado sillón
color café, un viejo recuerda desde sus jóvenes años hasta hoy. Su niñez,
cuando leía el diario bajo un farol prendido a kerosene, mientras se oían los
pasos de los sulkis llevados por los caballos. A medida que llegaba la adolescencia,
la radio se transformaba en su compañera y cuando tuvo un poco de dinero
aprovechó para comprarse algunos vinilos que sonaban en esa época, como para
que el tocadiscos no esté de adorno. Se vino para la gran ciudad y las calles
de tierra se convirtieron en anchas avenidas y edificios cada vez más enormes.
Allí fue por primera vez al cine. En su pueblo había, pero quería debutar a lo
grande. “No me daban lo´ojo´ pa ver toda la pantalla”, le repetía a sus nietos.
Luego llegó el turno de la televisión, que en un principio unía a las familias
a la hora de cenar para ver la telenovela de turno. Con el paso del tiempo, el
aparato estupidizó miles de cerebros. Ya no escuchaba tanta radio, el casette
lo había reemplazado. Grabar las cintas con los mejores temas era algo común y
corriente… Hoy piensa que muchos no entenderían que la birome no servía
solamente para escribir… Ya no iba tanto al cine. Se había comprado una
videocasetera, alquilaba el VHS y la podía ver varias veces si tenía ganas.
También llegaron el CD y el Walkman. O los videojuegos… pero para eso ya estaba
grande. Entonces volvía a la radio. Su primer amor. A imaginarse las caras
detrás de esas voces. A recordar que el paso del tiempo lo cambió todo…
Quizás
no llegó a saber que en un dispositivo hay desde una cámara de fotos hasta una
agenda. Que tenes que pagar para casi todo, que la oferta y la demanda es cada
vez mayor, mientras la gente es más pobre. Aunque sus fotos de perfil no lo
demuestren. Que el paso de los años y de las décadas mutan hasta en su color.
Que ciertos cambios sirvieron pero que otros dejaron atrás algo más artesanal,
más elaborado. Que el ascenso y la caída hoy se advierten minuto a minuto. Como
si fuera un viejo, pero con sólo 27 años Paul
Thomas Anderson llevó al cine otros grandes cambios, pero ambientados en la
industria del cine para adultos, el pase del cielo al infierno y la atmósfera
de dos décadas bien diferentes, en su segundo largometraje, titulado Boogie Nights y traducido como Juegos de placer por estos pagos. Al
igual que muchos directores de esa época, se nota que Anderson creció viendo
cine. Al estilo Tarantino o Linklater, aprendió todos los trucos
desde joven mirando películas. Cinéfilo por naturaleza, no suena extraño el
comienzo del film, con un plano secuencia de más de 3 minutos, desde la calle
hasta adentro de un bar, en un claro homenaje a los Buenos Muchachos de Scorsese,
donde si nos damos cuenta, presenta a casi todos sus personajes. Si quería
llamar la atención, lo había logrado. Pero no se iba a quedar sólo en eso. El
film cuenta la historia de Eddie (Mark Wahlberg), un joven camarero de 17 años, a quien Jack
Horner (Burt Reynolds), un
director de cine para adultos lo convence para ser su próxima estrella.
Anderson había filmado un corto parecido cuando tenía 17 años y empezaba a
estudiar cine. Luego dejó la carrera, pero siguió de forma autodidacta y aquí
retoma la idea de ese personaje, inspirado en un actor del género triple X de
los ´80.
Estaremos ante un gran guión, que consta de grandes diálogos y
personajes inolvidables y es, además, también una declaración de amor al cine,
cualquiera sea el género, pero ese cine que esté hecho en celuloide. Pese a la
duración del metraje, la curva dramática no se volverá densa, sino que siempre
mantiene su ritmo y como diremos más adelante, casi que se dividirá en dos
partes. Aquí trabajará muy bien la fotografía para retratar los colores de la
época. Los rojos, amarillos, verdes, asaltarán la pantalla. Retratará la
cultura pop con esas luces de neón tan de los ´70, pero también mostrará el
cambio de la década siguiente. De hecho, por momentos uno piensa que está
mirando un film de esos años. Estará muy bien trabajado el sonido y contará con
una banda musical con clásicos de esos tiempos. Se notará la mano del director
en los encuadres y en la elección de planos. Además de los planos secuencia, se
servirá de primeros planos y planos detalle. La coreografía no se quedará
atrás, ya que serán varios los momentos en que la cámara divague entre decenas
de personajes, mostrando una maestría para la creación de escenarios, que no
deja de sorprender. Anderson entenderá a la perfección el mundo que está
contando. No será necesario mostrar las escenas sexuales, la importancia estará
en las caras y gestos de quienes están detrás de cámara, quizás como una forma
de mostrar que ellos también son parte importante de lo que se filma.
La
historia seguirá el ascenso y caída de Eddie, ahora llamado Dirk
Diggler, en un cambio de década donde el cine para adultos empieza a
ser reemplazado por el auge de los VHS. La película estará claramente dividida
en dos partes, ese comienzo arrollador, fiestas por doquier hasta la caída no
sólo del protagonista, sino de varios de los personajes, donde una tragedia
marcará el comienzo del fin. También ahí estará el retrato de las décadas. De
los años de la apertura sexual y las drogas de los setenta, a esos ochenta
donde todo es más marginal, más violento, más alienado, y sobre todo en esa
industria, más consumista. Ahí seguiremos a ese compendio de personajes
solitarios, frustrados y por momentos patéticos, en sus idas y vueltas. Habrá
otra cosa más para destacar de ese joven director: su dirección de actores,
donde forma un elenco coral con casi todos jóvenes que fueron luego las
estrellas de la década siguiente y donde todos estarán a la altura. No faltará
una crítica a la moral, personificados en padres, abogados, estudiantes o
empleados bancarios. Esos que se escandaliza para afuera pero que consumen el
mismo producto escondidos en sus habitaciones. Y el paso del tiempo y los
cambios, como puntas de lanza. Anderson, así como el viejo del comienzo volvió
a la radio, homenajea la época donde no todo era tan fácil, pero esa forma más
artesanal, lo hacía más puro. Esa crítica al consumismo que casi lo convierte
en un visionario de estos tiempos, de clips que se venden por miles en cuestión
de minutos. Pero lo hace como si se tratara un juego de niños, casi como ese
principiante Eddie que de un momento a otro estaba en la cima y tuvo que
aprender a volar para no caer tan bruscamente. Porque del cielo al infierno,
hay un solo paso, y a veces puede ser tarde… muy tarde.
Marcelo De Nicola.-
Canción post impresiones
UNIVERSO ANDERSON
Paul Thomas Anderson, nació en Studio City, California, el 26 de junio de
1970. hijo de Bonnie Gough y Ernie Anderson, quien fue actor y voz de la cadena
American Broadcasting Company (ABC) y del personaje de terror Ghoulardi, de donde la compañía
productora de su hijo toma el nombre: Ghoulardi Film Company. El interés de
Anderson por el cine comenzó siendo muy joven. Mientras cursaba la educación
secundaria realizó un documental satírico de 30 minutos de duración titulado The Dirk Diggler Story (1988), acerca
de un joven actor de cine porno (inspirado en John Holmes, quien más adelante también serviría como principal
inspiración para Boogie Nights).
Después de un breve período en el Emerson College y un período aún más corto en
la Universidad de Nueva York, Anderson comenzó su carrera como asistente de
producción en telefilmes, videoclips y shows en Los Ángeles y Nueva York. En
1992 realizó Cigarettes and Coffee,
un cortometraje de cinco viñetas ambientado en una cafetería (no confundir con
Coffee and Cigarettes de Jim Jarmusch). El corto fue proyectado en el Festival
de cine de Sundance de 1993, donde recibió elogios considerables. En unos pocos
años, Anderson hizo su largometraje debut, Sydney,
que posteriormente sería retitulado Hard
Eight (1996), titulado en el país como Vivir
del azar. Aquí cuenta la historia de un sexagenario que encuentra a un
joven que necesita dinero para pagar el funeral de su madre, por lo que lo
invita a acompañarlo a ganar dinero en casinos. El reparto incluyó a Phillip Baker Hall, John C. Reilly, Phillip Seymour Hoffman (tres habitués de sus films), Gwyneth Paltrow y Samuel L. Jackson. Con su segundo film impresionó a todo Hollywood:
Boogie Nights se convirtió en una de
las sorpresas de la temporada, donde fue nominado a Mejor guion original y a
los mejores secundarios para Burt
Reynolds, a quien rescató del olvido y Julianne
Moore, quien saltaría a la fama. En el año 1999 llega su confirmación
gracias a Magnolia, otra historia coral con un gran elenco (otra vez Moore, Reilly, Seymour Hoffman,
Baker Hall, Macy, entre otros), a quien se le suma Tom Cruise. Un melodrama de historias cruzadas que volvió a poner a
Cruise como un actor serio. Otra nominación a mejor guión. Y mejor película en
el prestigioso Festival de Berlín.
Para muchos, su obra maestra.
Sorprende en 2002 cuando decide elegir a Adam Sandler para su film Embriagado de amor, donde muestra por
primera vez que los personajes dramáticos no le sientan mal. La historia de un
hombre solitario y sobre protegido qué gracias a un error de un concurso, puede
ganar millas en viajes de avión. Allí conoce el amor por primera vez. Se lleva
el premio a Mejor director en Cannes.
Cambia su estilo cuando en 2007 filma Petróleo
Sangriento, basada en la novela de Upton
Sinclair. Con un Daniel Day-Lewis
arrollador, el film se convirtió en uno de los más premiados del director, pero
perdió el Oscar ante Sin lugar para los
débiles de los Hermanos Coen. En
2012 se mete con, para muchos, el inicio de la cienciología, en el film The Master, donde Joaquin Phoenix y Phillip
Seymour Hoffman realizan un duelo actoral entre personajes completamente
diferentes. Nominaciones para ambos y también para Amy Adams.
En 2014 vuelve a trabajar con Phoenix y tratar la
California de los ´70 con el film Vicio
propio, sobre un peculiar detective privado de Los Ángeles, que le pide
ayuda su exmujer, una seductora "femme fatale" debido a la
desaparición de su amante, un magnate inmobiliario que pretendía devolverle a
la sociedad todo lo que había expoliado, adaptación de la novela de Thomas Pynchon. Nominada a mejor guión
adaptado. Vuelve a llamar a Day-Lewis
para la película El hilo fantasma,
sobre un modisto de la realeza de los años ´50 que tiene todo bajo control
hasta que una joven musa irrumpe en su vida. Nominada a mejor película. Otra
vez se ambienta en el Valle de San Fernando en 1973, para Licorizze Pizza, con la cantante Alana Haim y Cooper Hoffman,
el hijo de su recordado amigo Philippe. Una historia de amor, adolescencia,
sueños y música ambientada en esa época. Otra nominación a mejor película y
guion original. El 2025 fue el año de su consagración definitiva. El estreno de
Una batalla tras otra, también
basada en una novela de Pynchon,
recorre la historia de un ex revolucionario interpretado por Leonardo DiCaprio, que vuelve a la
acción luego del secuestro de su hija por paramilitares. Benicio del Toro, Sean Penn,
Teyana Taylor y Chase Infinity, completan el film que se acaba de llevar el Oscar a
mejor película, director, guion adaptado y el tercer Oscar para Sean Penn.
Además del cine, ha dirigido más de 20 videos musicales, entre los que se
destacan artistas como Fiona Apple, Radiohead, Haim o The Smile.
FICHA TÉCNICA
Título original: Boogie Nights
Año: 1997
Duración: 156 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Paul Thomas Anderson
Guion: Paul Thomas Anderson
Reparto: Mark Wahlberg, Burt Reynolds,
Julianne Moore, Don Cheadle, John C. Reilly, William H. Macy, Philip Seymour
Hoffman, Heather Graham.