lunes, 28 de noviembre de 2022

ESTACIÓN CENTRAL - BAB EL HADID DE YOUSSEF CHAHINE

PROGRAMA 390 (04-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Un vendedor de periódicos tullido vive entre los andenes y vagones de la estación de tren de El Cairo, y se siente atraído por una atractiva vendedora de refrescos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Entender la dinámica del mundo es siempre una tarea compleja y casi siempre destinada al fracaso. Existe, como bien sabemos, una forma, un dinamismo general, un nado sincronizado que nos maneja y manipula el deseo como hilos invisibles ajustados a nuestras extremidades. Tal es nuestra voluntad. Deconstruir aquel sistema, desmembrarlo en sus propósitos, en sus controvertidas partes, es desatar el nudo de la angustia más primitiva. La verdad libera, es cierto, pero el gran problema es que hacer luego con esa verdad. El hombre está condenado a ser libre, decía hace muy poco un amigo nuestro. Charlando con mi compañera Romina Anselmi sobre este manojo de ideas, ella reflexionaba lo siguiente:

Vivimos de una determinada manera, con costumbres aceptadas. Con reglas morales que acomodan y nos ayudan a determinar, de cierta forma, el querer, el deber y el poder ser.

La pregunta sería ¿en qué  momento normalizamos determinadas situaciones, cuándo y quién decide qué cosas son aceptadas o no? ¿Cuáles son las pautas a seguir para que una actitud o un comportamiento este dentro o fuera de lo pautado como el bien o  el mal?

Allí, entonces, entraríamos en una discusión mucho más profunda. Discutiríamos, con toda seguridad, sobre qué es  la moralidad y cuáles son las leyes que la definen y la vuelven regla fundamental en el devenir de una determinada sociedad o grupo de personas.



Para que la idea de moral sea aceptada, se la debe poner en práctica. Para poder ponerla en práctica se la delimita: esto es, se definen límites que sobrepasan esa idea, y luego para poder validar esos límites, se condena a quien los sobrepasa, como advertencia, como idea que infunde temor, como algo que está más allá y que es inquebrantable, que es casi inentendible y quizás infundamentado.

¿Será que necesitamos los  limites o que estamos tan acostumbrados/as a tenerlos marcados que no nos atrevemos a existir si no están dispuestos?

¿Cómo podemos entonces decidir o definir cuando algo está bien o está mal, si desde que nacemos estamos condenados a introducir estas normas de conducta en nuestro comportamiento?

¿Quién puede entonces decir que elegimos? ¿Realmente elegimos que nos gusta y que no?

Hablamos muy a menudo de minorías, de marginales, de los otros y otras… pero ¿quiénes son? ¿Por qué  motivo son puestos en ese lugar y vistos desde esa perspectiva?

La norma moral viene siendo puesta en discusión desde los griegos, luego varios filósofos se preocuparon por definirla y discutirla, ya que las ideas pueden servir tanto al visionario que tiene el poder y la voluntad de imponerse como también a la contrafuerza que lo contrarresta y lo boicotea. ¿De qué lado estamos? ¿Desde qué lado nos posicionamos? ¿Desde la comodidad irreflexiva que deviene de la información masticada y preelaborada o desde un analítico y critico?

 

Lucas Itze – Romina Anselmi.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ESTACIÓN CENTRAL

 


Imaginemos un juego donde estamos todos repartidos en un bosque. Sin nada, viviendo como los primeros seres humanos. ¿Cuánto tardaríamos en ver como alguien mata a otro por un pedazo de territorio, por un poco de comida o por el amor de otro ser humano? Surgirán en ese momento los líderes, los laderos y también los rebeldes. Estarán hombres y mujeres, quizás niños. Seguramente se impongan condiciones y más de uno hará ejercicio de un autoritarismo desbordante. Los más fuertes serán los más temidos. Los débiles quedarán como carne de cañón. Adaptados a la maldita idea Darwiniana de la supervivencia del más apto, todos sabemos quienes serán los primeros en quedar de lado. Muchos años después, ciertos jerarcas nazis exterminaron millones de personas siguiendo ese manual y mal pensando en el Superhombre ideado por Nietzche. Y si hay un lugar donde esas teorías se llevaron a cabo durante siglos y se siguen llevando, es África. Allí, donde parece que ese Dios está siempre ausente, la vida pesa. El sol pega más fuerte, y la muerte está en cada esquina. Y el futuro llega de a poco, sobre todo en los países más débiles. En otros, el cambio cultural va mutando lentamente, tras siglos de historia. Allí, en la vieja Alejandría, hoy ciudad de El Cairo, vive Qinawi, un joven vendedor de diarios de la Estación de esa ciudad que tiene una discapacidad motora, quien es el protagonista de Estación Central, film del egipcio Youssef Chahine, quien además se pone en la piel de Qinawi



El director utilizará elementos del neorrealismo italiano pero no se conformará solo con eso y virará hacia otro género. La estación será parte fundamental. Allí se desarrollará toda la película. No habrá mucho más espacio escénico que esa gigante estación. Una voz en off nos la irá presentando como si fuese un personaje más del film. Luego, dirá que es Madbouli, el vendedor de periódicos de la estación, que tomará como empleado a un joven cojo que deambula allí. No es otro que Qinawi, de quien dará ciertos datos, reflexionando sobre algo del pasado. Ya en ese comienzo el montaje de imágenes llamará la atención. Teniendo en cuenta la cinematografía del país, ya notamos que estamos ante algo distinto. La paleta de colores en blanco y negro con su tonalidad de grises servirá para que todo parezca más apagado. Los planos y los encuadres hablarán más por lo que no vemos que por lo que vemos. En el primer caso, los primeros planos y los planos detalle están excelentemente armados. Y su otro gran acierto es la música. No harán falta tantos minutos para darnos cuenta que en ese armado musical, está la idea de Alfred Hitchcock. Chahine toma lo mejor del británico y lo lleva para sus tierras. Pero no sólo será el plano musical lo importante. Sino como poco a poco el film se va transformando en una historia de cine negro. Habrá una femme fatale, rubia, que será el amor del antihéroe. Ahí empezará a jugar con todos los elementos de ese cine de género hasta que la muerte y la tragedia se cruzan. Aunque lo interesante del film, son todos los ingredientes que el director utiliza para contar la historia, ya que arma un relato coral y una crítica a la sociedad egipcia de la época. 



A lo largo de los casi 75 minutos que dura el metraje, Chahine muestra la diferencia entre pobres y ricos y será uno de los primeros en el continente negro que hable de la creación de sindicatos para defender a los trabajadores, precarizados y explotados por ese sistema capitalista que está llegando. Veremos también la crítica al racismo y a la misoginia, donde las mujeres son tratadas como objetos pese a la lenta occidentalización del país. Y en esa occidentalización, el miedo al reciente feminismo y a cualquier cultura foránea que venga a romper los moldes. Aunque sin dudas, uno de los temas más representativos, es la represión sexual. En el comienzo, veremos el cobertizo donde duerme Qinawi lleno de fotos de mujeres, ese deseo se transforma en obsesión cuando conoce a Hanouma, quien vende gaseosas en la estación. Será casi un amor platónico, claramente no correspondido. Aparecerán entonces el rechazo y las burlas al diferente, a quien no tiene las mismas armas. Todo eso se convertirá en frustración. Frustración que alguien sin educación no podrá manejar. Saldrá a la luz su lado más salvaje y en un paso todo será locura y muerte. Todo, en nombre del amor. O de lo que él entiende por amor. Lo que le faltó siempre. Una sonrisa, una caricia. La única forma de escapar de esa sociedad que esconde al diferente, que le roba las pocas sonrisas que le quedan y lo obligan una vida triste y solitaria hasta el final...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CHAHINE

 


Nació en Alejandría el 25 de enero de 1926. Estudió en Victoria College, en su ciudad natal. Desde temprana edad, a Chahine le fascinaba el mundo de las artes y la actuación. Con 9 años, la tragedia llega al hogar cuando su hermano mayor fallece de neumonía. En su juventud, Chahine ingresa en la Universidad de Alejandría, tras lo cual convence a sus padres para que le permitan viajar a Hollywood y estudiar interpretación. Efectivamente, pasará en Los Ángeles desde 1946 hasta 1948, con el fin de estudiar en el colegio de Pasadena Playhouse. A su regreso trabaja como aprendiz para el director de documentales italiano Gianni Vernuccio, además de conocer al que fue su mentor, Alvisi Orfanelli. Es posible dividir su producción cinematográfica en cuatro etapas: la primera comprendería 18 películas, de Papá Amin (1950) a El alba de un nuevo día (1965); la segunda, las cinco películas entre El vendedor de anillos (1965) y La gente y el Nilo (1972); en la tercera estarían las cuatro producidas en colaboración con Argelia: de El gorrión (1972) a Una historia egipcia (1982); y, finalmente, la etapa en la que se encontrarían las coproducidas con Francia, desde Adiós, Bonaparte (1985) hasta Alejandría - Nueva York (2004). En su primera etapa, en la que la época dorada del cine egipcio alcanzó su apogeo, Chahine dirigió 18 películas de todos los géneros. Las más importantes son Duelo en el valle (1956), rodada en el Alto Egipto en medio de las ruinas de época de los faraones; Duelo en los muelles (1956), ambientada en el puerto de Alejandría, y Tú eres mi amor (1957), en la que de nuevo vuelve al Alto Egipto, esta vez a Aswan. En 1958, en Egipto dio a luz Estación Central, proyectada en el Festival de Berlín, que se convirtió en un éxito rotundo a costa de fracasar ante el público en Egipto. En Gamila (1958), la argelina, Chahine expresó su postura en contra de la ocupación francesa de Argelia y de la violencia que practicaban las fuerzas de ocupación contra el movimiento por la independencia. Saladino (1963) es un film hollywoodense en cuanto a la forma, pero de contenidos propagandísticos. La película identificó simbólicamente a Nasser como el nuevo Saladino. En esta película, Chahine descubrió, quizás por primera vez en la historia del cine, la verdad de que los objetivos las causas de las guerras son siempre políticos y económicos aún si se hace uso de las religiones, como ocurrió con las Cruzadas. En este sentido, Saladino es de principio a fin un mensaje de tolerancia entre musulmanes y cristianos. 



Con El alba de un nuevo día (1965), Chahine anunció su apoyo al nuevo régimen socialista. Es un canto de amor a El Cairo. Sin embargo, nada de esto le valió ante el régimen. Se vio obligado a emigrar al Líbano, donde empezó su segunda etapa artística. En esa transición hacia sus etapas tercera y cuarta, dirigió El vendedor de anillos (1965) y Como un ídolo de arena (1967). Su conciencia política, como él mismo reconoce, no alcanzó la mayoría de edad hasta la Guerra de 1967, cuando Israel ocupó el Sinaí egipcio, Cisjordania y los Altos del Golán. Tras la derrota del ‘67, Chahine cambió completamente. Pasó entonces de las filas de los partidarios del régimen a las de la oposición. El cineasta alejandrino sabía entonces que quien vendía su libertad para conseguir algo, perdía la libertad y lo perdía todo. Eso es lo que aparece con claridad en su obra maestra La tierra (1969) y en La elección (1970). Las dos películas se podrían entender como una crítica a aquellos intelectuales que vendieron su libertad y se sumaron a los sueños de Nasser, a cuyo fracaso contribuyó el propio líder egipcio, quien a su vez había vendido la libertad en la que fue educado en su juventud. La tierra fue proyectada en la sección oficial del Festival de Cannes de 1970 y celebrada por los críticos de Francia y del mundo, y en muchos países. La gente y el Nilo (1972) fue la primera coproducción egipcio-soviética. El espíritu con que fue dirigida lo llevó a su prohibición. En realidad, la versión exhibida en 1972 fue un nuevo montaje de la película; hubo que esperar veinte años para poder verla en su versión original en Francia, en 1992, con el título El Nilo y la vida. La primera de las coproducciones realizadas con Argelia fue El gorrión. La censura prohibió la proyección de la película en Egipto entre 1972 y 1975 debido a que terminaba exigiendo ir a la guerra para liberar las tierras ocupadas por Israel, en 1967. Solo fue permitida en 1975, después de la guerra de Octubre en 1973, en la que dichas tierras fueron liberadas. Chahine pasó de El gorrión, un film sobre la corrupción que llevó a la derrota de 1967, a El regreso del hijo pródigo (1976), considerada una de sus obras maestras y que continúa siendo hasta hoy la elegía más elevada realizada sobre la época de Nasser. En 1978 alumbró Alejandría..., ¿por qué? , la primera parte del cuarteto que conforma su autobiografía, a la que se sumaron Una historia egipcia (1982), Alejandría aún y siempre (1989) y Alejandría - Nueva York (2004). En Alejandría..., ¿por qué? , ganadora del Premio Especial del jurado del Festival de Berlín de 1979, Chahine vuelve a la Alejandría de su juventud, esto es, la de la época comprendida entre ambas guerras mundiales. Habla de la tolerancia que había caracterizado a la ciudad, presentando una historia de amor entre un chico egipcio musulmán y una chica hebrea. 



Tras el premio obtenido en el Festival de Berlín, Chahine logró su segunda recompensa importante con la participación de Una historia egipcia, la segunda parte de su autobiografía, en el Festival de Venecia de 1982. Con la llegada del Partido Socialista al gobierno francés en 1982 y de la mano de la política del ministro de Cultura Jacques Lang, que cambió el cine en Francia y en Europa, Chahine inició la etapa a la que pertenecen las ocho coproducciones con ese país realizadas entre 1985 y 2004. Chahine tuvo que pagar un precio por la larga relación de desencuentros entre Egipto y Francia cuando, en su primera coproducción, Adiós, Bonaparte (1985), establecía una relación de amistad entre el protagonista y un general francés debido al deslumbramiento que le producían al egipcio los aparatos científicos modernos que veía en la casa del general. También, le cuestionaron la elección para el título de una palabra francesa que significaba, además de “despedida”, “hasta pronto”. El cineasta egipcio cumplió 60 años mientras dirigía El sexto día (1986), la segunda película de su nueva etapa y la más francesa de todas sus producciones de ese período. En ella expresa por primera vez sus obsesiones acerca de la muerte, a través de un viaje que la protagonista realiza con su nieto, enfermo de cólera, en un barco por el Nilo que se dirige a Alejandría con la esperanza de ver el mar y alcanzar la curación antes de que llegue el sexto día, en el que mueren los afectados por ese mal. El film supuso un fracaso en Egipto y en Francia, con el que tuvo que cargar Chahine el mismo año que lloró el suicidio de Dalida, la protagonista de la película. Con Alejandría, aún y siempre (1989), se situaba en el campo de los partidarios de la libertad y la democracia en Egipto. Después, se volvió hacia el pasado lejano con la película El emigrante (1994), con la que se enfrentó por segunda vez en su carrera a la prohibición de uno de sus films, esta vez por estar inspirado en el profeta Yusuf. La prohibición fue en el mismo año en el que Naguib Mahfuz sufrió un atentado. Del dolor sentido por ambos sucesos nació El destino (1997), una película sobre la vida del filósofo árabe-andaluz Averroes, que narra cómo tuvo que enfrentarse a los extremistas islámicos, quienes lo declararon infiel y quemaron sus libros, y cómo éstos llegaron a Egipto. 



Después vino El otro (1999), en el que dio rienda suelta a su rabia por el deseo de los Estado Unidos de dominar el mundo. A los 75 años dirigió Silencio..., se rueda (2001), en la que cultiva el musical, una de sus grandes pasiones. Finalmente, llega Alejandría - Nueva York (2004), la cuarta parte de su autobiografía y en la que narra lo que le hubiera gustado que pasara y nunca sucedió. Su última película, El Caos (codirigida con Jalid Yusuf) se estrenó en 2007. Con ella volvió a practicar una crítica mordaz de la actualidad con un tema político relacionado con los cambios producidos en la última década y que dieron lugar a una merma en la estructura política y social en todos los niveles. En junio de 2008 fue víctima de una hemorragia cerebral que lo dejó en coma y del que no volvió a salir hasta su muerte, el 27 de julio de 2008.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bab el hadid (Gare Centrale)

Año: 1958

Duración: 77 min.

País: Egipto

Dirección: Youssef Chahine

Guion: Mohamed Abu Youssef, Abdel Hay Adib

Música: Fouad El-Zahry

Fotografía: Alevise Orfanelli (B&W)

Reparto: Farid Shawqi, Hind Rostom, Youssef Chahine, Hassan el Baroudi, Abdel Aziz Khalil, Naima Wasfy, Said Khalil, Abdel Ghani Nagdi, Loutfi El Hakim, Abdel Hamid Bodaoha, F. El Demerdache, Said El Araby, Ahmed Abaza, Hana Abdel Fattah, Safia Sarwat, Asaad Kellada

 

PELÍCULA COMPLETA 

miércoles, 23 de noviembre de 2022

LOS TRAIDORES DE RAYMUNDO GLEYZER

PROGRAMA 389 (28-10-2022)

 

SINOPSIS

 

Película originalmente destinada para la clase obrera revolucionaria e intelectuales de izquierda. Trata sobre la vida de un militante sindical, que comienza su lucha en las filas peronistas durante los '60 y se corrompe en su ascenso al poder. La película fue y es considerada por muchos como el único film argentino que profundizó, indagó e investigó con audacia y valentía el accionar histórico de la CGT, su política corrupta y mafiosa. La película propone que la estructura sindical que permitió actuar a esos dirigentes sigue intacta. Los "traidores" de ayer son los mismos que hoy. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El tipo sacó a relucir su mejor traje. Se vistió de etiqueta, como para una fiesta. Justo él, que lo único que hacía era jactarse no ser como “ellos”. Ellos, eran los que se cagaban en las promesas hechas. Los que arreglaban cuanta reducción iba a haber. Los que por un lado decían una cosa y por otro lado, otra. Y ahora, estaba en ese mismo lugar. ¿Pensará alguna vez como llegó a semejante cambio? Si años antes gritaba a los cuatro vientos que la guerra era la única opción. Vociferaba lo que muchos callaron durante los nefastos años de la dictadura y siguen callando hasta hoy. Maniatados por lobbistas de los medios de comunicación, que ejercen sus millones de pautas silenciando sus ideales. De que ideales hablaba entonces... Y en la otra vereda, los que creyeron en él. Recordando sus días de juventud, envueltos en paños rojos hablando de revolución. Viviendo de utopías. Utopías que se encargaron de dinamitar con el paso de los años. 



El mundo de fantasía donde todos somos iguales, tenemos los mismos derechos y donde no hay nadie que no tenga un plato de comida sobre la mesa. Eso quedó escondido en algún viejo panfleto universitario. Sólo unos pocos siguieron luchando desde las tinieblas. Otros terminaron transando con jueces de turno por un par de migajas. Pero no todo está perdido. Siempre quedarán los que salgan a pelearla, sabiendo que son espiados, reprimidos, violentados. En busca de justicia y señalando con el dedo a los que jugaron con su ilusión. A los poderosos de siempre. A esas caras recién dibujadas que pueblan de afiches la ciudad. Por todos los que creyeron y fueron pisoteados por sus ideales. Con los puños en alto y nunca de rodillas. Para seguir luchando de pie pero recordando la cara de los traidores...

                              

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LOS TRAIDORES

 


Hace muy poquito, trajimos a este mismo foro algunas de las ideas desarrolladas por Jean Paul Sartre. Quisiera invitarlos una vez más a pensar brevemente sobre la idea del ser. Es el propio Sartre, en la que quizás sea una de sus obras más renombradas (no hablo acá del renunciamiento al premio nobel de literatura en 1964, acto que ya de por si formula una obra sólida, desafiante y por supuesto, intrigante en sí misma) sino de su texto “El existencialismo es un humanismo”. Es en aquella obra donde Jean Paul expone que la existencia precede a la esencia. Esta idea vendría a decirnos algo así como que no hay nada que nos defina de antemano. Nada que nos justifique en primera instancia. Sencillamente no somos, existimos. Es por esto, entonces – otra vez Sartre – que el hombre es lo que hace con lo que hicieron del él. Las demás cosas ya son desde su inicio. Una madera es desde el comienzo de su tiempo una madera, una silla está destinada a ser siempre, nada más y nada menos, que una silla. Por más que le demos otra función, siempre será una silla utilizada para otro objetivo. En cambio, el Ser del humano es vacío, es nada. De allí la angustia insoportable y desesperante que tiñe y acompaña toda nuestra existencia. Somos nada. Existimos desde la nada, elegimos y tomamos decisiones sobre nuestros actos, para ser. La libertad es siempre un peso que nos llena de ansiedades y angustias. Atravesar esa libertad es la gran aventura. 



Ser libre, en ese sentido, es siempre una gran responsabilidad porque implica claramente hacernos cargo de nuestras acciones, de lo que elegimos, de aquello que hacemos con lo que hicieron de nosotros. El desafío es siempre tomar decisiones que permitan seguir manteniendo ese estado de libertad del ser. El hombre está condenado a ser libre, a seguir inventando al hombre, día tras día. La existencia, después de todo, es transformación, y transformarse, es también saber decir no. Hablo de tener la valentía de aprender a morir en vida todas las veces que sea necesario para poder seguir siendo. El ser nunca es estático. Muy por el contrario, siempre es lábil y se halla en estado de conflicto. Hace unos días, los diarios entre sus titulares, destacaban una sangrienta pelea entre dos facciones del sindicato de la UOCRA seccional La plata. Pensemos por un instante en este hecho. No en la pelea, que por cierto no hace más que afirmar que la agresividad ya está instalada en la sociedad como respuesta primaria ante cualquier conflicto. Aquella violencia que denuncian, en todo caso, es la misma que ellos mismos alientan en cada edición. Sino propongo pensar el lugar donde los medios hegemónicos colocan, por ejemplo, a los sindicatos. ¿Cuál es el perfil que estos pasquines intentan instalar? ¿Qué callan sobre el accionar de estas organizaciones obreras? ¿Qué es lo que intentan resaltar? ¿Qué intentan generar en la mirada del otro? ¿Dónde está el foco sobre el que ellos miran, cuales son los parámetros utilizados para calificar lo que es noticia y lo que no? ¿Cuál es el poder real del comunicador dentro de una sociedad mediatizada? ¿Cuál es la ética que de ese poder se deriva? Raymundo Gleyzer en su film Los Traidores decide narrar una historia marcando un punto de vista claro y preciso. 



El director intentara exponer, con el devenir del film, a los dos grandes enemigos del sector obrero: La patronal y la burocracia como forma operativa dentro de cualquier tipo de organización. La patronal, porque siempre va a conspirar contra los intereses de sus empleados, y la burocracia, porque siempre va a ver a la política desde la ventana de un café. Así la mostrara el film en uno de sus planos más icónicos. La estructura narrativa será no lineal y reflejará, con sus cortes temporales, al caos vivido en aquellas épocas. El relato ira y vendrá con sus raccontos desorientando bastante al espectador. La fotografía será oscura y se ocupará en captar una Buenos Aires lluviosa, nublada y sin matices. Notaremos en las actuaciones cierto acartonamiento, cierta falta de naturalidad y organicidad en el decir de los textos, como también en el movimiento de los cuerpos dentro del cuadro. Será el último resabio de un cine anticuado que soltará finalmente al teatro para crear así su propio lenguaje. Los traidores relatará secuencias de abusos graves, de atropellos intolerables y grandes desencantos. El fantasma de la burocracia tomará champagne, comerá asado con el enemigo y llenará su panza de odio y ceguera. Llegará cierta justicia y la esperanza del beneficio de muchos sobre la angurria y ambiciones de unos pocos. Preferiremos entender la historia contada por Gleyzer no como un estado de situación recurrente en donde colocar el accionar de un grupo de personas con ciertas ideologías frente a la dirección de organizaciones populares, sino como la mala elección de un pequeño grupo de malandras mal intencionados. Nuevamente el juego de la libertad. Nuevamente el peso del ser sobre la existencia y la responsabilidad que el pueblo, siempre, pero siempre, de alguna manera termina cobrando. Porque como bien sabemos, tal como lo dijo una amiga de este programa, una compañera eterna: será sobre la ceniza de los traidores que se construirá la Patria de los humildes.

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GLEYZER

 


Raymundo Gleyzer nació en la Ciudad de Buenos Aires el 25 de septiembre de 1941. A los 20 años Gleyzer dejó la Facultad de Ciencias Económicas donde estaba estudiando y se inscribió en la de cine en La Plata. Tras pasar por la Escuela Superior de cine de la Universidad Nacional de La Plata, comenzó con sus primeros trabajos fílmicos. Su primer cortometraje fue El Ciclo, sobre un grupo de amigos sale de una fiesta. Es de madrugada. Se suben a sus autos, dispuestos a jugar al gallito o "chocada"... En 1964 realizó La tierra quema, un documental que narra la miseria de los campesinos en el noroeste de Brasil. Posteriormente realizó el mediometraje Ocurrido en Hualfin (1966) junto con Jorge Prelorán, sobre habitantes de ese pueblo que trabajan en las condiciones más precarias a cambio de la pura subsistencia. También ese año estrena Ceramiqueros en Traslasierra, sobre la vida de unos artesanos en Córdoba. A partir de 1965 inició otra etapa, marcada por su trabajo en noticieros (Canal 7 y Telenoche por Canal 13, ambos de Buenos Aires). Fue el primer camarógrafo argentino que filmó en las Islas Malvinas, desde donde produjo en 1966 una serie documental sobre vida cotidiana en las islas, para Telenoche, programa conducido en ese entonces por Mónica Cahen D'Anvers y Andrés Percivale, de ahí se desprende su documental Nuestras Islas Malvinas donde retrata la vida cotidiana de los habitantes de estas tierras. Fue necesario un permiso especial de la reina de Inglaterra para autorizar su viaje. Igualmente, fue el primero en enviar informes fílmicos y reportajes sobre el trabajo en la zafra del azúcar en Cuba, para emisión en la televisión argentina en 1970, documental que luego tituló Nota sobre Cuba. Junto a Prelorán también sacan el corto documental Quilino, sobre los habitantes de esa pequeña localidad de Córdoba. A nivel personal continuó su formación como marxista, se alejó en forma definitiva del Partido Comunista Argentino y comenzó a militar en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). Como fruto de este cambio, creó el grupo "Cine de la Base" junto a sus amigos militantes, usando la cámara como un arma de combate. Es así que realizó, ya desde la clandestinidad, los mediometrajes Swift (que trata de la captura del cónsul británico, Stanley Silvester, y el pedido de rescate por parte del ERP) y Ni olvido ni perdón, la Masacre de Trelew con material de archivo sobre la trágica masacre, y una nota a los líderes de Montoneros, ERP y FAR realizada por la televisión chubutense que no se exhibió en medios de comunicación en esa época. 



Por esos años empieza la filmación de México, la revolución congelada, un profundo análisis de la realidad socio-política de México, dentro del contexto histórico de la Revolución Mexicana. Incluye material de archivo de los años 1910, entrevistas con campesinos, políticos, intelectuales, clase media, sindicalistas, etc. Escenas de la vida de una familia indígena en Chiapas, sus rituales religiosos, sus cultivos, juicios y escuelas bilingües. En 1973 filmó Los traidores, que narra la historia de un sindicalista que pasa de ser un delegado que se preocupaba por la suerte de sus trabajadores a un burócrata que termina siendo el vocero de los intereses de la patronal, a partir de su excelente capacidad tanto para la negociación como para la simulación. El personaje al que hace obvia referencia Gleyzer es José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT en aquella época, asesinado por guerrilleros el 25 de septiembre de 1973 y lo retrata con su bigote y el automóvil Torino blanco característico. En 1974 filma el documental Me matan si no trabajo y si trabajo me matan: La huelga obrera en la fábrica INSUD, que es una de las últimas apariciones públicas del diputado Rodolfo Ortega Peña, asesinado por las fuerzas paramilitares (AAA), días después de terminado este film. Gleyzer fue un artista incansable que buscó mostrar al mundo los flagelos que sufren los habitantes de América Latina. Con el grupo "Cine de la Base", organizó y proyectó sus filmes en barrios, escuelas, universidades y fábricas. Sus películas, que tenían que ser filmadas y estrenadas clandestinamente, lo pusieron en la mira de la Alianza Anticomunista Argentina, creada por José López Rega, y el entonces comisario general de la Policía Federal Argentina, Alberto Villar durante el gobierno interino de Raúl Lastiri, en 1973. Con la dictadura instalada y a raíz de la persecución, el grupo "Cine de la Base" —desmembrado y expulsado al exilio— realizó desde Perú Las AAA son las tres Armas, un cortometraje con fragmentos de la "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar", escrita por Rodolfo Walsh. En 1976 realizó por razones de trabajo un viaje a Nueva York y como la filmación se demoraba Gleyzer decidió volver a Argentina, donde fue secuestrado el 27 de mayo de 1976 por la dictadura militar que derrocó a María Estela Martínez de Perón en la puerta del Sindicato Cinematográfico Argentino (SICA) y permanece desaparecido hasta hoy... La obra de Gleyzer forma parte de la historia del cine documental fundacional. Prueba de ello es la multilaureada México: La Revolución Congelada, que finalmente en 1972 pudo ser estrenada en Argentina. Las copias originales de Los traidores tuvieron que ser sacadas del país y volvieron mucho después de la instauración de la democracia en 1983. “Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán”. Raymundo Gleyzer, 1974...

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Los traidores

Año: 1972

Duración: 113 min.

País: Argentina

Dirección: Raymundo Gleyzer

Guion: Raymundo Gleyzer, Álvaro Melián, Víctor Proncet

Música: Víctor Proncet

Fotografía: Julio Lencina, Arsenio Reinaldo Pica

Reparto: Víctor Proncet, Raúl Fraire, Susana Lanteri, Mara Lasio, Mario Luciani, Lautaro Murúa, Walter Soubrie, Luis Politti, Osvaldo Santoro, Osvaldo Senatore    

 

PELÍCULA COMPLETA

MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO DE TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA

PROGRAMA 388 (21-10-2022)

 

SINOPSIS

 

Que las contradicciones del burgués reflejan las de la sociedad dominada por la burguesía, lo demuestra esta amarga historia, que hubiera sido intrascendente si no hubiera ocurrido en los vertiginosos días de la revolución, cuando todas las contradicciones se pusieron al rojo vivo. La película ofrece un monólogo interior dirigido a la calle. Inspirada en la novela homónima de Edmundo Desnoes. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La pregunta inicial ante el conflicto directo y claro que surge del término dominación es la siguiente: ¿Qué valor tiene la libertad? Es un hecho irrefutable que nacemos libres y, de no ser así, de haber nacido bajo una condición de esclavitud o sometimiento, es porque nuestra libertad efectivamente nos ha sido arrebatada. Pero volvamos a la pregunta inicial ¿Qué valor tiene la libertad? Para Rousseau hay un deber ético y político de rebelarse. Como si la vida de un pueblo que tiene que obedecer y entregar su soberanía a pesar suyo no fuera digna de ser vivida. Es cierto que nuestra libertad se encuentra constantemente amenazada de distintas maneras, bajo distintos y sutiles métodos que naturalizamos sin reparar en ellos. Nacemos y desde el inicio de todo se nos impone un lenguaje, un universo de palabras destinadas a designar, a crear, a comunicar. Un lenguaje que nos encadena a un modo particular de desarrollo lógico, que modela hasta nuestra propia forma de encadenar los pensamientos. Nos condiciona el inconsciente, nos condiciona el momento socio – político en el que vivimos. Sartre decía aquello de que un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Una libertad con ciertas limitaciones, pero libertad al fin. Lograr ser, ya es un paso enorme. Pero pensar la libertad en términos individuales no representa un gran desafío, ya que solo se ve amenazada con la aparición de un otro. La libertad no es simplemente un problema individual, sino ante todo un problema colectivo. Las revoluciones del siglo XVIII y comienzos del XIX marcaron el triunfo político de la burguesía, las revoluciones de comienzos del siglo XX pretendían consumar una igualdad que no se había concretado en los hechos, y por lo tanto querían terminar con el nuevo orden burgués. La revolución no pretende cambiar de tirano, sino crear las condiciones para que no haya más tiranía, de algún modo, la idea de libertad conlleva en sí misma a la de eternidad. 



La revolución está legitimada cuando se logra restituir una libertad colectiva que es sistemáticamente negada por el estado de las cosas reinantes. Derrocar un sistema, un orden determinado no lleva otra meta que la de la búsqueda de eternidad de aquellos laureles que se supieron conseguir. En aquella puja se encuentra el valor real de la libertad. El único motivo que puede hacer comprensible la obediencia es la imposibilidad de conseguir la autonomía en el caso de que lo impida una fuerza muy poderosa, entonces allí la revolución seria la torpeza y el apuro de unos pocos picaros. Escribía un joven Gramsci poco antes de entrar a la universidad: Parece que sea un cruel destino de los humanos este instinto que los domina de querer devorarse los unos a los otros, en vez de hacer que converjan las fuerzas unidas de todos para luchar contra la naturaleza y hacerla cada vez más útil para las necesidades de los hombres. Y en vez de eso, cuando un pueblo se siente fuerte y aguerrido, piensa enseguida en agredir a sus vecinos, rechazarlos y oprimirlos. Porque está claro que todo vencedor quiere destruir al vencido. Pero el hombre que por naturaleza es hipócrita y fingido, no dice “quiero conquistar para destruir”, sino, “quiero conquistar para civilizar” ¿Llegará el día en que podamos hacernos cargo con pura sinceridad de los modos mediante los cuales oprimimos, dominamos y avasallamos al otro? ¿El modo en el que devoramos su deseo y tiranizamos vilmente su esencia en pos de la seguridad, de la propia libertad o de cualquier otro nombre grandilocuente? El valor de la libertad es siempre grupal, es siempre con el otro. Lo demás, no importa nada.

 

Lucas Itze.-  

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO

 


Desde los comienzos del colonialismo cada país conquistado, empezaba a formar parte del tercer mundo. Siguiendo esa línea, fueron muy pocos los que se transformaron en potencia, o al menos, del llamado Primer Mundo. Ahí podemos encontrar a los Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y paremos de contar. Entonces, la llegada de los europeos a los llamados nuevos continentes, ¿fue un empujón al cielo o al infierno? Falta de igualdades, luchas sociales, corrupción política son clásicos ingredientes que emergen en los países del tercer mundo, en esos países que muchos no han dudado en llamar subdesarrollados. Pero casi nadie se acuerda de agregar ciertos condimentos que hacen más importante esa diferencia: colonialismo mental a través de los medios y de las grandes empresas, racismo, falta de oportunidades, planes Cóndor, préstamos del nunca bien intencionado FMI, aparición del Banco Mundial, apoyo a los dictadores de turno y capitalismo salvaje, entre otros. Esa puja interna, ese debate entre los propios miembro de la comunidad, los debilita y hace más fuerte a los de afuera. Sólo una Revolución puede intentar cambiar el camino. “En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma” decía el Che Guevara tiempo después de la Revolución Cubana. 



Gateando, tratando de aprender a caminar por su cuenta, la isla intentaba en esos primeros años sesenta mantenerse en pie. Y en ese hombre nuevo, vemos sin dudas a Sergio, el protagonista del film Memorias del Subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea. Ambientada en los comienzos de los años ´60, la película está basada en una novela de Edmundo Desnoes, quien co escribe el guión, además de hacer una breve aparición. Habrá claras influencias a la Nouvelle Vague y cosas del Neorrealismo italiano. Los planos fijos, las muestras de esa Cuba en reconstrucción serán semejantes a los de esos movimientos a los que hacemos referencia. El film no seguirá la clásica narración convencional, habrá cambios en la linealidad, pero además utilizará imágenes de archivo y el montaje al mejor estilo soviético logrará una mezcla entre ritmo frenético con pausas que en ciertos momentos se tornará semi documental. La cámara en mano recorrerá también la ciudad junto al protagonista, siendo testigos de sus pasos. También es para destacar la banda sonora elaborada por Leo Brewer, uno de los históricos compositores cubanos. Por su parte, la fotografía elegida por Ramón Suárez le dotará de una paleta de grises que sirve para recrear el momento y la situación del protagonista. Éste, un burgués que se acaba de quedar sólo luego de que su mujer y su hija se exiliaran en Miami, nos irá relatando su experiencia con los cambios que están sucediendo. En modo voz en off por momentos, y voz over por otro, sabremos su pensamiento para con esos compatriotas a los que etiqueta como subdesarrollados. Él, escritor, amante de Hemingway es quien termina, en términos de las palabras del Che Guevara, como alguien solitario y aislado de esas masas que lo acompañan. También tiene una mirada crítica a aquellos que se escapan. Sus preguntas existenciales sobre el sentido de la vida contrastan de lleno con las preocupaciones de ese pueblo que recién empieza a caminar por si mismo luego de cientos de años entre la espada española y estadounidense. 



Asistiremos a una crítica burguesa cuasi Godardiana a ciertas maneras de hacer cine: al comercial, al hollywoodense, y también, porque no, a algunos autores europeos. Un nuevo cine como herramienta para un cambio social y político, donde los espectadores conozcan la problemática viéndola en pantalla. En esa burguesía se sitúa el protagonista de la película, que prefiere no embarrarse sus zapatos y seguir mirando todo desde el balcón, en la tibia decisión de no irse pero tampoco de ser partícipe de la nueva lucha mientras sigue renegando de todo. En esas críticas estará presente su soledad y la realidad de que será él, alguien subdesarrollado por no poder adaptarse al nuevo mundo, convirtiéndose en un ejemplo de lo que tanto critica entre sus meras contradicciones. Allí radica su difícil acercamiento a esa sociedad que empieza a dar sus primeros pasos pero a la vez, admirándola con cierta fascinación, otra de sus tantas contradicciones. Acercamiento que es lo que intenta lograr el director con el público, al hacerlo parte de esas preguntas y no dejarlos como meros espectadores de la obra, entendiendo todo como un conjunto. Dejando de lado al protagonista de la historia y que los que busquen respuestas sean ellos del otro lado de la pantalla, y quizás, con ello, la única manera de crear su propia revolución.

           

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GUTIÉRREZ ALEA

 


Nacido en el seno de una familia progresista el 11 de diciembre de 1928, Tomás Gutiérrez Alea siempre manifestó un gusto por las artes. Antes de entrar a la universidad, Gutiérrez Alea dedicó su tiempo libre a tocar piezas de Chopin y Debussy bajo la tutela del pianista César Pérez Sentenat. Sin embargo, el cine europeo que tocó a su puerta constantemente durante su adolescencia, generó un interés por las historias que habían quedado fuera de representación durante la primera mitad del siglo XX. Tras graduarse como abogado en la Universidad de la Habana, Gutiérrez Alea viajó a Italia para estudiar cine en el Centro Sperimentale di Cinematographia de Roma. Ahí, conoció al también cubano Julio García Espinosa, con quien filmaría su primer largometraje: el documental El Mégano, de 1955. Tras el inicio de la Revolución cubana que, entre otras cosas, había prometido abrir y acercar las artes al pueblo cubano, Gutiérrez Alea y Espinosa regresaron a la isla y se encontraron con otros jóvenes realizadores partidarios de la Revolución. De esa unión surgió el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), un organismo público dedicado a la promoción y difusión de la industria cinematográfica. Durante sus primeros años de existencia, el ICAIC permitió el desarrollo de Gutiérrez Alea en la producción y dirección de documentales y noticieros. Sus documentales, La toma de La Habana por los ingleses, de 1958 y Esta nuestra tierra, de 1959, significarían los primeros trabajos cinematográficos de la Cuba liderada por el régimen castrista. En 1960, el cineasta escribió y dirigió la cinta Historias de la revolución, en la que contaba la historia de la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista, a través de tres pasajes protagonizados por una serie de personajes que representaban a la sociedad cubana. La película, primer largometraje apoyado por el ICAIC, fue exhibida en el segundo Festival Internacional de Cine de Moscú, donde fue condecorada con el premio de escritores de la URSS. Después de su irrupción en el terreno de la ficción, Gutiérrez Alea regresó brevemente al documental con los cortos Asamblea general y Muerte al invasor. Sin embargo, un par de años después decidió dedicarse por completo a las narraciones ficticias, presentando las cintas Las doce sillas, en 1962; Cumbite, en 1964; y Muerte de un burócrata, en 1966. Dicha cinta, inspirada en las rutinas de Buster Keaton y la mordacidad de Luis Buñuel, realizaba una crítica contra la burocracia estatal al plantear el infierno al que se tiene que enfrentar una mujer para acceder a la pensión de su fallecido esposo. 



En 1968, el director presentó lo que muchos consideran su mejor película: Memorias del subdesarrollo, donde planteaba la vida de un burgués en La Habana durante la invasión de Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles de principios de los sesenta. La cinta, basada en la novela nihilista de Edmundo Desnoes, fue la primera película cubana que logró evadir los bloqueos comerciales impuestos tras la Revolución y se exhibió en los Estados Unidos. Los siguientes trabajos del cineasta —Una pelea cubana contra los demonios, de 1971; El arte del tabaco, de 1974; La última cena, de 1976; De cierta manera, de 1977; Los sobrevivientes, de 1979; Hasta cierto punto, de 1983; Cartas del parque, de 1988; y Contigo a la distancia, de 1991— sirvieron sólo para magnificar su figura dentro de la naciente industria cubana, que en ese momento buscaba encontrar una voz que la representara en el mundo; Gutiérrez Alea tomó ese lugar en 1993, cuando Fresa y chocolate se convirtió en la cinta cubana más importante en la historia del país. 



La cinta, adaptación del cuento El lobo, el bosque y el nombre nuevo de Senel Paz, contaba la historia de David (interpretado por Vladimir Cruz), un estudiante de sociología que comienza a dudar del comunismo en el que él tanto había confiado después de conocer a Diego (Jorge Perugorría), un artista homosexual acosado por las políticas homófobas del régimen castrista. Con el apoyo del gobierno, capital español y mexicano y el compañerismo de Juan Carlos Tabío, quien fungió como codirector del filme, Gutiérrez Alea se consagró con su drama, uno de los primeros con temática LGBT que se produjeron en la región. Tras los buenos resultados, los ojos del mundo se pusieron ante Gutiérrez Alea, quien entregó en su último filme, Guantanamera, más parecido a sus primeros trabajos, enfocados en exponer las gracias y desventajas del subdesarrollo y la burocracia. Un año después del estreno del filme, el 16 de abril de 1996, Tomás Gutiérrez Alea falleció a los 68 años, dejando en la isla un espacio que aún no ha podido llenarse. A pesar de sus críticas al régimen en sus películas, Gutiérrez Alea no dejó de ser un partidario dedicado del socialismo cubano. Pero sus trabajos no se podían describir como mera propaganda. Gutiérrez describió la motivación para su posición contradictoria diciendo: “… el cine proporciona un elemento activo y de movilización, que estimula la participación en el proceso revolucionario. Entonces, no es suficiente tener un cine moralizante basado en el arangue y la exhortación. Necesitamos un cine que promueva y desarrolle una actitud crítica. Pero ¿cómo criticar y al mismo tiempo consolidar la realidad en la cual nos sumergen?”. (FUENTE: GATOPARDO.COM)

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Memorias del subdesarrollo

Año: 1968

Duración: 97 min.

País: Cuba

Dirección: Tomás Gutiérrez Alea

Guion: Tomás Gutiérrez Alea, Edmundo Desnoes. Novela: Edmundo Desnoes

Música: Leo Brouwer

Fotografía: Ramón F. Suárez (B&W)

Reparto: Daisy Granados, Sergio Corrieri, Eslinda Núñez, Omar Valdés, René de la Cruz, Beatriz Ponchova, Gilda Hernández, Yolanda Farr, Ofelia González

 

PELÍCULA COMPLETA