Ficción o realidad, esa es la cuestión. El mundo del cine conjuga personajes de todo tipo y color, cada semana nos ocuparemos de analizar diferentes obras del séptimo arte, con el fin de informarnos, debatir y recordar esas películas que nos hicieron reír, llorar, pensar, y sobre todo, sumergirnos en ese mundo apasionante. Todos los viernes de 20 a 21 hs, por FM Boedo, con la conducción de Lucas Itze, Marcelo De Nicola y Camila Dubinsky.
En el lejano planeta Ygam viven unas
criaturas gigantescas llamadas “Draags” que han domesticado a los pequeños
"Oms", seres humanos que están siendo exterminados. Pero un Om
consigue escapar... (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Una mano gigante juega con nosotros. Nos bambolea de aquí para allá. Somos
su juego preferido. Cuando se aburre, nos estrella contra otra parte del
universo. Y llegan los tsunamis, los terremotos, los incendios. Esto no salió
de mi mente, claro está. Se me ocurre siempre desde que en el film Hombres de
Negro mostró extraterrestres jugando con distintas galaxias, como si fueran
bolitas de vidrio. ¿Y por qué asustarnos de eso? Si somos nosotros mismos los
encargados de destruir todo. Hasta hace poco más de sesenta años, en el país
más importante del mundo, había colectivos o vagones para blancos y para
negros. Si, hablamos de ese país que siempre es el que lucha contra las
invasiones extraterrestres o que gana en cuanta guerra mundial haya. Vietnam
demostró que no siempre es así. Irán parecería que también. Hace más de
doscientos años, las potencias se repartieron África, creando las fronteras
como a ellos les convenía. Hoy, esa causa sigue sufriendo las consecuencias,
porque todavía hay cientos de etnias que forman un país creado bajo la mirada
europea y se desangran en guerras internas. De a poco, los países africanos se
están levantando y están sacando casi todo lo que quedó de sus usurpadores,
principalmente de Francia. País que cuando llegó a América también colonizó
tierras y esclavizó poblaciones enteras. Haití, por ejemplo, fue uno de los
primeros países de población negra en independizarse. A los franceses no les
gustó y diez años después vinieron por todo. O le pagaban una suma millonaria
por año o los bombardeaban.
Duró años esa infame tradición, que terminó
convirtiendo a la isla en uno de los países más pobres del mundo. En la parte
de arriba también pasaban cosas… Judíos, gitanos, armenios fueron divagando sin
lugar o siendo exterminados. Hoy los palestinos sufren el karma de ese estado
creado por las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial. Y el mundo
parece que mira para otro lado. En otros momentos fueron los balcánicos, los
sirios, los kurdos y la palabra refugiado se volvía tendencia. Ya más acá,
fueron miles los africanos que cruzaron el Mediterráneo para no morir en el
mar. No hay Inteligencia Artificial que pueda detener eso. Aquí, un presidente
en estas semanas dijo que “Si un extraterrestre llega y ve los números
oficiales, piensa que va a ser potencia”. Lamentamos decir que mientras unos
números se dibujan, más gente queda en la calle y ni los extraterrestres
entenderían como hacen para sobrevivir. Mientras un poco más arriba en el mapa,
los campesinos y mineros salen a la calle para que no les arrebaten lo único
que les queda: la dignidad. Suena increíble cómo pasan los años y se siguen
viendo problemas que creíamos superados. Ya ni ciertas leyes nos dan esa
tranquilidad. Así que, señores extraterrestres, los invito a pasar unos días.
Quizás ustedes puedan solucionar lo que en miles de años no pudimos. Y que
nuestro lugar en el mundo deje de ser un planeta salvaje…
Marcelo De Nicola.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE EL PLANETA SALVAJE
Tal como todos sabemos, instalar una
dictadura es instalar un modelo económico. Someter al otro, al hermano, al
vecino, digo al límite, no es por otra cosa sino pura avaricia. No juega otro
sentimiento para tal fenómeno. No se activa otro nervio para semejante
atrocidad. Anulados los derechos devendrá indefectiblemente el estado de
sumisión ante el amo, el guía, aquel de cuyas decisiones y caprichos dependerán
nuestras vidas. Nuestra identidad, nuestra cultura, nuestro poder crítico,
hasta nuestra delicada autoestima serán secuestradas juntos con aquellos
incapaces de adaptarse al nuevo régimen. Porque siempre hay uno, queramos o no.
Más flexible, más riguroso. Que nos empodere o esclavice, encabezado por algún
esquizofrénico ególatra, siempre hay un organizador, un contrato social que declare
lo que es justo y lo que no. El hombre ha nacido libre pero por todas partes se
encuentra encadenado, escribirá Jean
Jaques Rousseau. Pero lo más nocivo de aquellas cadenas o tal vez lo más
humillante para nosotros como especie es la naturalización de las mismas hasta invisibilizarla.
Operan desde lo más oscuro, desde el hábito, desde
la construcción misma del ser geopolitizando el cuerpo, atravesándolo,
moldeándolo. Aquellas cadenas son constructo
de lo no dicho, de aquello a lo que estamos tan sometidos que ni siquiera es
necesario mencionar. Alguno que se cree dueño de los demás, no es menos esclavo
que ellos, escribirá luego en su famoso libro El Contrato Social el mismo Rousseau,
y proseguirá más adelante: mientras un pueblo está obligado a obedecer y
obedece, hace bien; pero si, no bien puede sacudir el yugo, lo sacude, hace
todavía mejor: pues al recuperar este pueblo su libertad por el mismo derecho
que se la ha quitado, o bien tiene fundamentos para recuperarla, o no los había
para quitársela. Pero el orden social es un derecho sagrado que sirve de base a
todos los demás. Este derecho, sin embargo, no está fundado en la naturaleza;
está fundado por lo tanto en convenciones. Es tal vez bajo estas ideas que
nuestro querido amigo René Laloux
desarrolló esta increíble metáfora sobre el sometimiento, aquel "homo homini lupus" llamado Planeta Salvaje.
Algún ojo despierto se
tentará a refutarme inmediatamente argumentando que el antagonismo en el relato
se da entre seres no humanos contra colonias humanas. A lo que yo humildemente
responderé con una pregunta ¿guardan aún su condición humana aquellas bestias
capaces de vejamientos tales como la tortura física y moral, la expropiación de
identidad, la desaparición física a sus propios hermanos, a sus semejantes?
¿Recordarán aquellas bestias algún día haber sido humanos? ¿Tuvieron madre
acaso, eran de nuestra misma especie esos bárbaros que amenazaron a Víctor Basterra, mientras lo picaneaban
atado a una cama en la ESMA, con
apoyarle a su hija Eva recién nacida
en su pecho para que también reciba las descargas eléctricas con el único
objetivo de conseguir información? ¿Realmente alguno o alguna que esté del otro
lado puede afirmarlo? Lo dudo sinceramente. Allí entonces la metáfora poética
de Laloux. El film tendrá una
estructura lineal y trabajará sobre la técnica de animación. La fotografía
coqueteará con los colores plenos, utilizando esto tal vez como distintivo a
través de todo el film. Sin llegar al pop, habrá algunas similitudes con lo que
trabajaron en su momento los Beatles
en Yellow Submarine.
Hablo del tipo
de trazo en el dibujo, en el tipo de color utilizado, hasta el tipo de
personajes muchas veces serán similares. Planeta
Salvaje, marcará una huella en el género y eso será evidente. El relato
estará dividido en forma clásica, en sus tres actos aristotélicos y su
argumento narrará la coexistencia de dos especies en un planeta. Una de ellas
será la dominante, la otra, la humana, será tomada como una plaga capaz de ser
domesticada. Nos vendrá rápidamente a la cabeza Michel Foucault con su Vigilar
y Castigar y aquel inventario punitivo que el ser humano fue capaz de
construir durante la historia para defender aquel orden social del que
hablábamos al principio. Todo el planeta será hostil, la naturaleza, los Draggs, los Oms, que serán los hombres, que también serán salvajes entre ellos.
Todo será un maldito caos de muerte y cacería hasta que descubrirán que las
bestias, como suele pasar en estos casos, de alguna manera, poseerán alguna
característica humana. Y será aquello lo que detendrá al fin la cacería. Pondrá
limite a la locura, aquella insania que comenzó un día cuando sin saber por
qué, como si de un relato de Ray Bradbury se tratara, salieron a matarse todos
los animales sin ninguna razón.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO LALOUX
René Laloux nació en París
el 13 de julio de 1929. Había estudiado arte y pintura, pero fue en un trabajo
que consiguió en una institución psiquiátrica donde empezó a forjar su estilo
característico, experimentando con animaciones junto con los internos. Allí
creó su primera película animada Los
dientes del mono (1960): un dentista roba los dientes de pacientes pobres
para una clientela rica hasta que un mono mago se venga. Otro de sus
colaboradores importantes fue Roland
Topor, con quien Laloux hizo los cortometrajes Tiempo muerto (Les temps morts, 1964), donde narra, mediante el
escrito del belga Jacques Sternberg,
esa fascinación morbosa pero poética que el ser humano siente hacia la muerte y
Los caracoles (Les escargots, 1965),
una especie de preludio de su primer largometraje: El planeta salvaje (La planète sauvage, 1973). Después colaboraría
con dibujantes y animadores como por ejemplo Jean Moebius, para crear otro largometraje, de menor impacto
mediático, Los amos del tiempo (Les
maîtres du temps, 1982), que también tiene que ver con aventuras espaciales. El
largometraje Gandahar (Gandahar,
1988) fue realizado en los EE UU, al igual que Años ligeros, ambos en colaboración con el artista francés Caza
(con quien realizó los cortos Como se
salvó Wang Fo y La Prisionera).
Gandahar cuenta la historia de un pueblo que por haber olvidado al monstruo
Metamorphe en el fondo del océano, sus habitantes, un feliz planeta son
condenados a desaparecer. Afortunadamente Metamorphe asustado por lo inminente
de su muerte debe resucitarlos para obtener de ellos la energía que precisa
para alcanzar la inmortalidad... Las versiones de EE UU fueron dobladas por Harvey Weinstein, de un guion adaptado
por Isaac Asimov. Estas versiones
estadounidenses no tuvieron tanto éxito como las francesas y recaudaron menos
de 400.000 dólares en su estreno. Laloux murió de un ataque de corazón el 14 de
marzo de 2004 en Angoulême, Charente, Poitou-Charentes, Francia.
FICHA TÉCNICA
Título original: La planéte sauvage
Año: 1973
Duración: 73 min.
País: Francia
Dirección: René Laloux
Guion: René Laloux, Roland Topor.
Novela: Stefan Wul
Reparto: Voces: Jean Valmont, Eric
Benton, Jennifer Drake, Jean Topart
Anton, un joven aprendiz de monitor de
natación, mantiene la ilusión de su padre ciego de que la piscina siga intacta
y muy concurrida. Anton es un excéntrico solitario que sueña con navegar por
los anchos mares rumbo a Tuvalu, sueño que comparte con Eva, joven de 18 años a
quien le agrada mucho el carácter especial de Anton. El fallecimiento de su
padre en la piscina al caerle un trozo de techo les impide salir al mar con el
remolcador de Eva. El culpable de lo sucedido no es otro que Gregor, el hermano
de Anton, cuyo objetivo es destruir la piscina, y de paso toda la ciudad, para
reemplazarla por una nueva ciudad futurista. Anton tiene difícil la labor de
salvar la piscina y mantenerla abierta, pero todo resultaría soportable si al
menos se ganara el corazón de Eva. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
El mundo se vuelve una
guerra infinita. Aquí y allá los misiles van y vienen. Todo está a punto de
explotar. Acá, a pocos kilómetros de la Casa Rosada, miles de personas hace
fila para conseguir un trabajo por un mísero sueldo, mientras otros se roban todo
y los acusan de vagos. Allí están ellos contando las horas para poder volar
hacia otro destino mientras sus cuentas bancarias se engrosan. Y acá estamos
nosotros, rezando para que no sigan aumentándonos las horas de trabajo. Porque
nos quieren controlados. Porque desde su más ínfimo pensamiento, no podemos
tener nuestros ratos de ocio. Porque el laburante no puede vacacionar en el
mismo lugar que el patrón… ¿A dónde se vio esa utopía? Se preguntan algunos de
ellos. Pero aquí seguimos soñando sueños que una vez fueron inalcanzables, pero
los pudimos lograr.
Aunque poco a poco quieren volver al pasado. Las fábricas
dejan de producir, los comercios cierran, las pymes desaparecen. El dinero da
pocas vueltas en el pasamanos, pero vuelve a los mismos de siempre. Las calles
están cada vez más frías y oscuras. Y en esa oscuridad se alcanzan a divisar
espectros de vidas pasadas. Vidas felices y con futuro. Y que hoy piden un poco
de comida, arropados en colchones desarmados, en la puerta de cualquier
negocio. Y cada vez son más. Y si el tiempo sigue pasando, quizás mañana seamos
uno de ellos. Y la muerte espera en cada esquina. O en cada marcha, pero no
sólo por algún bastonazo o un disparo certero, sino por falta de medicamentos o
recortes de todo tipo. Mientras detrás de las vallas, algunos se pasean con sus
custodios y choferes de turno, mientras piensan si se van a descansar a las
montañas de la Patagonia o a la lejana isla de Tuvalú.
Marcelo De Nicola.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE TUVALU
¿Dónde está
aquella mano que se extendía para invitarnos a jugar? El sol se ha apagado y ya
no entiendo este cuerpo que habito cada mañana. Ya no entiendo estos ojos que
miran por la ventana y ven los mismos árboles que antes veían. Sus ramas han
crecido, sus troncos ahora son fuertes y se han preparado para la crudeza del
invierno. Veo sus hojas despeinadas en cada otoño, las veo volver vivas en cada
ciclo perfecto. A pesar de su entorno, la vida sigue, se abre paso,
ancestralmente, ritualmente, en silencio. Tan enfocada, tan ensimismada la
vida. Y yo cada vez más lejos, sintiendo tan ajenas estas manos que miro
extrañado, estupefacto. Estas manos a las que les desconfío. Estas palabras que
sé de otro. Aún tengo en la piel la textura de aquel recuerdo donde nada era
definido, donde el tobogán era una cosquilla inmensa en la panza y la belleza
era tan sorprendente que no tenía genero ante estos ojos deslumbrados. La
belleza del árbol enfocado en su vida me llena de una nostalgia repleta de
preguntas. ¿Qué he hecho con esta aventura? ¿Cuándo me distraje tanto? ¿Cuándo
fue que el dolor ganó tanto terreno, cuando fue que el miedo se lo cargó todo;
lo más sencillo, un aroma, el amanecer, tus ojos, la mágica sonrisa de mis
hijos, el respirar… ¿Cómo olvidar el respirar? Tomar unos segundos al día para
concientizar la respiración, el llenar el cuerpo de oxígeno. ¿Qué fue lo que
pasó con estos rituales vitales, esenciales?
El niño se ha escondido bajo esta
oscura piel del obrero. Este obrero que entrega su cuerpo, su tiempo, que no es
dueño de su palabra. ¿Dónde quedó lo dicho, lo original de nuestra forma, la
etimología de aquello hablado? El lenguaje fue arrasado para someter al hombre
masa, para borrar todo rasgo de individualismo. El deterioro del lenguaje tanto
del que hablamos como del que nos permitimos escuchar es una forma de
autodestrucción sumamente grave, sobre todo cuando acompaña, desde adentro, las
enormes fuerzas de agresión externa a las que estamos diariamente sometidos. El
sujeto se constituye a través de la trama del lenguaje y gracias a este.
Apoderarse de él, de sus particularidades, mercantilizarlo es amenazar la palabra.
Es someter al hombre, empobrecerlo para dominarlo. Esto ocurre sobre todo allí
donde la cultura comercial no permite ni tolera el crecimiento de la conciencia
de la lengua, una amenaza seria y cierta para un sistema que aspira a controlar
y cotizar la información, junto con el placer de la comunicación y de la
expresión, de una manera implacable y exclusivamente monetaria. Ya no habrá
juegos ni instancias superiores del pensamiento donde refugiarnos, ya no habrá
para nosotros la vasta poesía, la excelsa palabra que nos invite, aunque sea
por un pequeño instante, a olvidarnos de aquella fría mano que un día vendrá
por nosotros. Soñar que estamos vivos en un mundo donde aún soñamos.
El film Tuvalu del director Veit Helmer vendrá a plantearnos, creo, un poco esta idea. Digo creo,
alejándome de la estúpida idea tan moderna de ser auténtico (hasta el más imbécil puede serlo) sino buscando ser cauto. En la duda encontraremos
nuestros amigos, en los tipos que sometan aquello que huelan a certeza y sean
capaces de someter sin reparos aquellos pensamientos nuevamente a exámenes,
allí seguramente estará nuestro hogar. Alguien repleto de certezas, un sabio,
en un mundo que carece de absolutos, es un ser peligroso. Pero volviendo al film,
puedo decir muchas cosas técnicas respecto de su periferia, pero me cuesta
contestar lo más básico ¿Cuál es su
trama? ¿Problema del relato? No lo sé, quizás dificultad o limitación de
quien observa, triste desencuentro donde no se produjo aquel binomio
comunicacional donde la magia sucede. Pienso inevitablemente en nuestro querido
amigo Jorge Wagensberg quien dijera
aquello de que el artista debe parecerse al menos un poco en la complejidad de
su mente con aquel que consume su arte, de no ser así devendría,
inevitablemente, el aburrimiento. Algo de esto quizás haya pasado con el
director Helmer. En este caso no fue
el aburrimiento sino el desconcierto de no poder responder la sencilla
pregunta. ¿De qué va la cinta?
Centrémonos en lo que sí capto nuestra atención, en lo que hizo que hoy,
estemos hablando con ustedes de esta película. Flotará sobre toda la cinta una
atmosfera diferente a cualquier película del circuito industrial, eso ya hará
que nos acomodemos en la butaca y le demos una oportunidad, eso hará encender
nuestra antena y nos hará empatizar con el relato.
Pocos segundos de comenzada
la película reconoceremos una escena que nos llevara directamente a un homenaje
a Cinema Paradiso, donde aparecerán
una especie de Toto y Alfredo, él ciego, el otro pequeño,
ágil y escurridizo, ayudándolo a manipular una especie de máquina ¿el
cinematógrafo? Que luego nos enteraremos que será una bomba de agua para llenar
la pileta pública para la que trabajan. El film será una distopía, estará instalado
en un tiempo indeterminado, en algún momento, en algún lugar donde todo es
destrucción y ruinas, donde sobran pobres y faltan sueños. Seguirán las
referencias al cine mundial en todas sus épocas durante toda la película. Habrá
lugar para Tiempos Modernos de Chaplin, introduciendo así a la
industrialización y el capitalismo con sus posteriores consecuencias. Estará el
cine francés con el estilo de Truffaut
en sus puestas de cámara, con sus personajes. Bresson con sus primeros planos y aquella manera tan particular de
iluminar los rostros. No faltará lugar para dar un salto en el tiempo y abrir
las puertas a un personaje impresionantemente Lyncheano, inspirado casi textual en el protagonista de Cabeza Borradora.
Tendrá la cinta
también cierto aire a Kusturica y de
esta forma las citas continuarán a cada instante para el ojo atento, para el
cinéfilo apareciendo como regalos acertados. El director decidirá no usar banda
musical pero sí banda sonora, aunque la película simula ser silente. Habrá muy
poco dialogo, serán líneas cortas en distintos idiomas, a veces solo sonidos
guturales. Y asa la historia continuará, con planos bellamente armados, con
cambios de película fílmica, cambios técnicos en el revelado dando como resultado
distintos colores monocromáticos. Será destacable una escena recurrente dentro
del film que funcionará como clara metáfora del hecho cinematográfico. Pensemos
lo siguiente: en el teatro es la
palabra, en el cine es la acción. Todos los días, luego de llenar la
pileta, sentaran al padre ciego de Antón,
antiguo guardavidas, en su viejo lugar de trabajo. Antón pondrá una cinta donde sonará el sonido ambiente de la pileta
repleta de gente disfrutando del baño. El apoyará al realismo de la situación
tirando salvavidas al agua y realizando acciones puntuales para que el
verosímil se construya. El viejo lo creerá aún sin creerlo. Fe poética dirá Coleridge. Ese será quizás uno de los
mejores homenajes al cine que nos dejará el film. Se completará la secuencia
cuando uno de los antagonistas, hijo capitalista, con la mirada obnubilada por
no ver el ahora sino el futuro, rompa la cinta, y el viejo aun así ría, ría
fuerte de alegría confirmando su fe en aquella fantasía, en aquel juego que
jamás dejaría de jugar. Allí estará el brazo extendido que estábamos buscando,
ese será el convite, la contraseña, la piedrita golpeando la ventana. Los días
que siguen serán duros y temibles. Tendremos nuestras sentencias que nos
acompañarán para siempre, nuestros miedos que nos enseñaron a sentir para no
alejarnos jamás del camino, para no salir a buscar nunca nuestros sueños. Para
alejarnos siempre de nosotros mismos. La esperanza será, queridos amigos,
aunque rompan nuestras cintas, nuestras fantasías, será seguir buscando aquella
mano que nos invite a jugar, aquel barco que nos lleve a la aventura que alguna
vez nos prometimos. Esa promesa de pirata que alguna vez nos hicimos. En
aquella isla todavía sueño que los espero.
Lucas
Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO
HELMER
Nacido
en Hannover, Alemania, el 24 de abril de 1968. Comenzó a rodar películas a los
catorce años. Tras terminar sus estudios, realizó prácticas en la cadena de
televisión alemana NDR. Dos meses antes de la caída del muro, se trasladó a
Berlín Este para estudiar dirección teatral en la prestigiosa escuela de arte
dramático «Ernst Busch». De 1991 a 1997, Helmer estudió dirección
cinematográfica en la HFF de Múnich. En 1995 dirigió el corto ¡Sorpresa! y
escribió el guión del documental Los
hermanos Skladanowsky, dirigida por el reconocido Wim Wenders. Su primer largometraje, Tuvalu (protagonizado por Denis
Lavant y Chulpan Khamatova ),
obtuvo más de 32 premios. En 2003 dirigió La
puerta del paraíso, la historia de dos desterrados, ella hindú, el ruso que
se enamoran y el hará lo imposible porque ella se reúna con su hijo. En 2008
llega uno de sus films más aplaudidos: Absurdistán,
un pueblo de pocos habitantes situado en medio de las montañas en el que los
hombres se rigen por una acentuada apatía; en la actualidad pasa por un momento
de extrema sequía. Cansadas de la pereza de sus cónyuges, las mujeres deciden
actuar bajo un contundente lema: “no hay agua, no hay sexo”. En 2011 filma Baikonur, sobre un joven que vive cerca
del cosmódromo de esa ciudad de Kazajstán y sueña con ser el nuevo Gagarin, su
vida cambia cuando la cápsula con una astronauta cae del cielo, pierde la
memoria y él le hace creer que es su marido. Una fábula al estilo Jeunet
que recibió buenas críticas en su país.
En 2014 llegó Fiddlesticks, una película infantil sobre unos niños de cuatro y un
coatí que se rebelan ante la normalidad de la ciudad y desatan un caos. En 2018
filma The Bra, con los dos actores
de Tuvalu, a los que se suman Miki
Manojlovic y Paz Vega, que
cuenta la historia de un solitario conductor de un tren de mercancías que
recorre las montañas del Cáucaso encuentra un sujetador en su tren y recorre
toda la vía buscando a su propietaria para devolvérselo. Vuelve a sorprender en
2023 con la película Góndola, en la
que narra el encuentro entre dos azafatas de cabina de una senda de
teleféricos, con sus respectivos viajes de ida y vuelta, situada en una zona
turística en las montañas de Georgia. Entre ambas, nacerá un vínculo que va más
allá de la amistad, pese a que, en realidad, la interacción se reduce al punto
de encuentro en el aire entre ambos viajes. Su último film es Akiko, el mono volador, otro film
infantil que es una fábula animalista que sigue el periplo de un mono que logra
escaparse del zoo para encontrar a su familia con la ayuda de otros animales.
El amor es un negocio en
Family Romance: una compañía que ofrece el servicio de alquiler de sustitutos.
La madre de Mahiro, una chica de 12 años, contrata los servicios de la empresa
para que Yuichi Ishii se haga pasar por su padre, desaparecido.
EDITORIAL
EL ARTE DE LA IMPOSTURA
El hombre de nuestros días
vive tratando de causar buena impresión. Su principal desvelo es la
aprobación ajena. Para lograrla existen diferentes métodos y estrategias.
Algunos ejercen la
inteligencia, otros se deciden por la tenacidad o la belleza, otros cultivan la
santidad o el coraje.
Sin embargo, por ser todas
estas virtudes muy difíciles de cumplir, ciertos pícaros se limitan a
fingirlas.
Por cierto que tampoco
esto es sencillo: el engaño es una disciplina que exige atenciones y cuidados
permanentes.
Por suerte para los
hipócritas y simuladores, existe desde hace mucho tiempo el Servicio de Ayuda
al Impostor.
I Basándose en modernos criterios científicos, los
especialistas de la organización instruyen, aconsejan, dictan clases, resuelven
casos particulares y difunden las técnicas más refinadas para obtener
apariencias provechosas.
Cuando algún zaparrastroso
quiere presumir de elegante, el Servicio le recomienda sastres, lociones y
corbatas.
Si se trata de aparentar
cultura, el cliente tiene a su disposición frases hechas, aforismos brillantes
y gestos de suficiencia.
Los que pretenden pasar
por guapos son adiestrados en el arte del aplomo y la compadrada.
Muchos pobres practican
para fingirse ricos, y muchos ricos se esfuerzan por parecer indigentes.
Hay que decir que algunos
postulantes son muy adoquines y no alcanzan a completar los cursos. Otros
tienen características tan marcadas que resulta imposible disimularlas.
Durante muchos años, los
hipócritas aplazados debieron resignarse a mostrar crudamente sus verdaderas y
abominables condiciones, o bien a ser descubiertos en sus torpes fraudes. Pero
con el tiempo, el Servicio encontró una fórmula drástica para socorrer a los
menos favorecidos. Así nació el reemplazo liso y llano como recurso extremo.
Imaginemos a un morocho
tratando infructuosamente de ingresar en un selecto club nocturno. El hombre
fracasa con las tinturas y el maquillaje.
Inmediatamente el servicio
designa a un rubio cabal en su reemplazo. El impostor entra sin problemas a la
milonga y en nombre del morocho rechazado baila y se divierte toda la noche.
Los ejemplos son
innumerables: estudiantes mediocres que se hacen reemplazar en los exámenes;
enamorados tímidos que -como Cyrano de Bergerac- mandan en su lugar a un
picaflor; empleados capaces que para lograr un ascenso envían a un chupamedias
y personas hartas de su familia que se hacen substituir en los cumpleaños.
El Servicio de Ayuda al
Impostor ha ido perfeccionando la tecnología del reemplazo con disfraces
impecables. Se sospecha que hoy en día, la mayoría de las personas que uno
trata son en realidad agentes de la organización. Nuestros amigos, nuestras
novias, nuestros gobernantes y nuestros cuñados pueden haber sido reemplazados
por impostores profesionales. Tal vez yo mismo estoy fingiendo escribir estas
minucias a nombre y beneficio de un cliente llamado Dolina. Tal vez usted, que
finge leerme, esté reemplazando a alguien que no se atreve a confesar que los
mitos de Flores lo tienen harto.
II Los gobiernos, lo mismo que las personas particulares,
viven preocupados por la opinión de los de afuera. Continuamente sugieren a la
población la necesidad de mejorar lo que se llama imagen exterior.
Para lograrlo se promueve
la difusión de nuestros aspectos más brillantes. Cuando nos visitan los
extranjeros, se les muestran nuestros rincones más presentables, se les hace
comer una empanada y se les obliga a escuchar a la orquesta de Osvaldo Pugliese.
La exaltación de nuestros
méritos va casi siempre acompañada de un cuidadoso disimulo de nuestros
defectos. Además, en tren de aparentar y a falta de extranjeros, se suele hacer
bandera ante los propios criollos.
Con toda insistencia se
señala que los médicos argentinos son los mejores del mundo, para no mencionar
a los enfermos. Si se produce algún desperfecto en una transmisión
internacional, los locutores se apresuran a aclarar que el jarabe se ha
originado en el satélite alemán, con lo cual nos quedamos todos tranquilos.
La actitud temerosa del
juicio ajeno es proverbial en el periodismo. Hace poco una cronista aprovechó
su paso por Roma para consultar a los transeúntes italianos acerca de nuestra
nueva situación institucional. Los televidentes recibieron varias reflexiones,
expresadas en cocoliche que, en general, nos perdonaban la vida. Al final de la
encuesta, la cronista no podía ocultar su satisfacción. Habíamos pasado la
difícil prueba de agradar a los heladeros de la Vía Marguta.
No estaría mal recurrir al
Servicio de Ayuda al Impostor para perfeccionar nuestras representaciones ante
los extraños.
La solvencia de la
organización nos permitiría aparentar cualquier cosa: que tenemos 100 millones
de habitantes, que somos prósperos, que somos poderosos. Se podrían editar
censos adulterados y mapas fraudulentos que nos muestren en el doble de nuestra
extensión.
Manuel Mandeb recomendó
alguna vez la conveniencia de fingirnos el Japón, para desconcertar a nuestros
enemigos. El pensador de Flores proponía que todos nos estiráramos los ojos con
los dedos y habláramos pronunciando las erres como eles.
Aquí se nos viene encima
una duda: ¿no será que otros países ya nos están engañando? La mentada potencia
norteamericana puede ser nada más que una ficción creada por los impostores del
norte. A lo mejor, Suecia es un país tropical, pero lo disimula. Quizá la Unión
Soviética es una pequeña república del Africa y Luxemburgo es en verdad el
mayor país del mundo.
En todo caso, antes de
encarar cualquier acción para mejorar nuestra imagen externa es indispensable
decidir cuál es la sensación que se quiere dejar. Si dispersamos nuestros
esfuerzos en simulaciones diferentes e inconexas, los resultados habrán de ser más
bien confusos. Dígasenos de una vez qué fingiremos ser: ¿una nación apacible?
¿una nación encrespada? ¿una nación limpia? ¿una nación angloparlante?
Los tratadistas reconocen
tres tipos de impostura: horizontal, ascendente y descendente. La última
consiste en mostrarse peor de lo que se es. Y no faltan economistas que
postulan este camino para despertar la conmiseración internacional.
III Los teóricos más barrocos del Servicio creen que la impostura
es un arte. Y más aún: afirman que todo arte es una impostura. Cien gramos de
pinturas al aceite se nos aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje
lunar. Quinientos kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules. Una
curiosa combinación de tintas y papeles es presentada como el alma de un hombre
atormentado.
Solamente la música está
libre de simulaciones. Un acorde en mi menor es precisamente eso y no pretende
ser nada más.
Los teóricos también han
defendido el carácter ético de la impostura ascendente. El argumento principal
no es muy novedoso: de tanto aparentar bondad, uno acaba por ser bueno.
Faltan en esta monografía
datos concretos que permitan al lector la contratación del Servicio.
Lamentablemente, no es
posible ofrecerlos.
Para empezar, nadie sabe
cuál es la ubicación de la entidad. A veces, el local asume el aspecto de un
almacén. Otras veces, se aparece como un copetín al paso, o como una estación
de ferrocarril. Los impostores son siempre consecuentes con sus representaciones
y por más que uno les plantee sus necesidades, insisten en vender garbanzos,
servir una ginebra o despachar un boleto de ida y vuelta a Caseros.
Es cierto que a menudo
aparecen impostores ofreciendo sus servicios. Pero la organización ya ha
advertido al público que se trata en realidad de falsos impostores que deben
ser denunciados a la policía.
IV Vaya
uno a saber cuántos ridículos firuletes habremos hecho los criollos para
agradar a los polacos y coreanos.
¿Estaremos bien? ¿No
seremos una nación fuera de lugar? ¿Qué pensarán de nosotros estos visitantes
holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor Smith? ¡Cuidado, disimulen
que ahí viene un francés! ¿No estaremos desentonando en el concierto internacional?
Yo creo que tal vez no
importa desentonar en un concierto que parece dirigido por Mandinga.
Vale la pena intentar el
camino difícil, el más penoso, el más largo pero también el más seguro. Es el
camino de la verdad. El que quiera parecer honrado, que lo sea. El que quiera
fama de valiente, que se la gane a fuerza de guapeza.
Y si queremos que el mundo
piense que somos una gran nación, sepamos que lo más conveniente es ser de
veras una gran nación.
Mientras llegan esos
tiempos, podríamos empezar a fingir que no fingimos.
Alejandro Dolina, "Crónicas del Ángel Gris"
Canción elegida para
la editorial
IMPRESIONES SOBRE
FAMILY ROMANCE, LLC
Gran invento la verdad. Tal vez la cadena de
opresión más codiciada por aquellas manos cobardes que operan desde la
oscuridad, desde la clandestinidad; esas manos que no se manchan y mandan a
hacer el trabajo sucio a otro, pero que son antena precisa de todo lo que pasa,
porque ellos son todo lo que pasan.
Hablo de la verdad que opera normalizando, naturalizando, aquella que opera
sobre los cuerpos performándolos. Lo
cierto es que la verdad no existe, es una farsa represora e inescrupulosa. La verdad es el poder para imponerla.
Quien logra imponer una visión de la realidad sobre las otras circundantes ha
creado la verdad. La realidad entonces, es un conflicto de verdades
diferenciadas en la cual triunfa la que más poder tiene. Allí vemos entonces a
los medios de comunicación saltando como leones hambrientos sobre la realidad
para manejar deliberadamente su verdad. Allí vemos también a los analistas
sociales, a los prestigiosos periodistas masticando los hechos para escupir lo
que el poder real les dicta. Podríamos pensar en este punto en dónde ubicar a
la verdad. Tal como dijimos hace poco, el finado Platón la quita del cuerpo por ser perecedero, por sentir, allí jamás
podría habitar la verdad, lo absoluto. El filósofo, entonces decide ubicarla en
otro plano. Si nos remontamos brevemente en la historia, hablo del periodo presocrático, siglo V AC, claramente
caracterizado por el paso de la cosmovisión del mito al logos, o sea a la
razón, con el auge de la democracia, se engendrarán luchas de dominio y se
trabajará sobre la idea de poder lográndolo a través de la persuasión del
pueblo para lo que se estudiará el manejo del lenguaje. El movimiento sofístico responderá con astucia a esta
necesidad. Los sofistas inventarán
la educación en un medio artificial, educarán sobre el dominio perfecto de la
palabra. Más adelante, Platón y Aristóteles les reprocharán a los
sofistas ser comerciantes del saber.
La palabra, entonces,como función organizadora de la verdad, de lo que es, de lo real. El lenguaje como acceso, como acercamiento a lo
verdadero. Protágoras, tal vez junto a Gorgias uno
de los sofistas más renombrados, sostenía que el hombre es la medida de todas las cosas. Nuevamente la idea de
que la verdad es una creación, una construcción colectiva. Ahora bien,
si sostenemos esta hipótesis en donde el único acceso a lo verdadero, a lo
real, para el ser es a través del lenguaje y dentro de una construcción
colectiva, podemos caer en la cuenta rápidamente que estamos sometidos a un
sistema de subjetividad creado como
una delicada obra de orfebrería, afectado por la propia historia, cultura, por
nuestras propias vivencias. Podemos introducir entonces a la mentira. Nos
adelantamos bastante en el tiempo y nos vamos a Federico que dirá que la
verdad es la mentira más eficiente. Lo verdadero, lo real, lo absoluto,
será una mentira que habrá logrado su objetivo. En este sentido, podemos pensar
entonces que lo verdadero no depende de un hecho comprobatorio sino del convencimiento. Dirá más
adelante Nietzsche que no hay
hechos, solo interpretaciones. Dicho esto, tal vez podemos concluir que,
como no hay relación entre el pensamiento y la cosa, hablo en términos Saussurianos, de la relación arbitraria
entre ambos, pero lo que quizás sí haya es una relación interna entre los
enunciados, de esta manera, lo verdadero, tal vez, estaría relacionado con la construcción propia de un relato y la
sumisión ante la aceptación del mismo. Hablo de la creación de un relato
propio que nos cierre y que a su vez cierre moralmente dentro de una sociedad.
Hacer terapia quizás no sea más que restablecer aquel relato roto para lograr
que vuelva a cerrarnos, para lograr una nueva verdad que apacigüe el fuego de
nuestras angustias. Volvemos a la conclusión entonces de que la
verdad miente. Es artificial, arbitraria e impuesta como el lenguaje que la construye.
Tomamos
por última vez a Nietzsche con aquel texto “Sobre la verdad y Mentira en sentido extramoral” donde
escribirá que: el conocimiento depende
del lenguaje y que este es una construcción humana. Agregará: que el humano está profundamente sumergido
en ilusiones y ensueños, que su ojo se desliza tan solo sobre la superficie de
las cosas y ve formas, su sensación no conduce por ninguna parte a la verdad,
sino se contenta con recibir estímulos externos. Los hombres no huyen de
ser engañados sino del perjuicio que aquel engaño pueda provocar. Allí con toda
seguridad ubicaremos al arte, que como bien decía Picasso es
una mentira que nos acerca a la verdad.
En este sentido, podemos decir que el film de Werner Herzog, Family
Romance, LLC es una película con una profunda concepción nietzscheana en la cual el director, a
través de su trama logra figurar un breve ensayo sobre la verdad. Herzog ya cuestionará y profundizará
sobre este tema en su libro El Futuro de
la verdad, en el cual dedicará un capítulo entero al film y al análisis de
lo verdadero, de la categoría de lo real que se juega en él. La cinta contará
la historia de una empresa que alquila actores que reemplazan a personas reales
en situaciones reales. Allí estará el juego, ese será su paño. Será esa la
línea, la delgada línea, sobre la que se hará preguntas Herzog y también su protagonista. En algún momento se pondrá en
juego el valor moral de aquello que el trabajo de la compañía construye. ¿Cuál
debería ser el límite? ¿Hasta dónde deberían llegar? La idea de verdad estará
flotando todo el tiempo en el relato y estará sustentado no solo desde las
actuaciones sino también desde lo estético. La fotografía del film estará
diseñada al estilo documental, con puestas de cámaras muy austeras y uso de luz
por lo general natural. El director optará por locaciones exteriores en donde
notaremos la ausencia de extras, aportándole esto mayor veracidad a la escena.
Muchas de las puestas de cámara serán en mano decisión que reforzará la idea de
documental. En cuanto a las actuaciones, la dirección de los actores, estará
trabajada para sostener el verosímil generado por ellos mismos al momento de su
trabajo cotidiano en la empresa. Eso será lo que el director buscará retratar
en la historia. Nuevamente la verdad. Nuevamente lo real. Herzog planteará situaciones, simple situaciones que serán resueltas
por los propios actores y actrices a través de sus reacciones físicas, de los
movimientos de los cuerpos dentro del espacio escénico, y claro, también, a
través de los diálogos. Todo se complicará cuando los sentimientos se mezclen
en aquella farsa que llaman realidad. Allí se verá el cartón pintado, los
vidrios de colores, los hilos que sostienen a las marionetas que se mueven a
nuestro alrededor. Oscar Wilde decía
aquello de dame una máscara y te diré la
verdad. ¿Cuál de nosotros será el verdadero entre tanta máscara caída?
¿Vale la pena hacernos esta pregunta después de todo lo dicho? El enamorado
cree en su amor fervientemente y con eso basta. Su mentira lo salva tal vez de
un millar de verdades bastardas. Nos quedaremos con él, con su penar, aunque
sea ficticio. Y nuestro abrazo será sincero, verosímil, aunque sepamos que
también sea cartón pintado en esta realidad simulada y construida por otros y
para otros. Nos iremos caminando despacio, desconfiando de todo, porque ese es
nuestro escenario, porque es allí donde nuestro acto se desarrolla. Porque para
eso hacemos este programa, para eso escribimos nuestras canciones, nos
enloquecemos con acordes imposibles o buscamos palabras mágicas que nos
transporten a otros mundos. Seguiremos haciendo preguntas para
defendernos de las certezas porque vivimos en la idea de que no hay verdades
absolutas pero si, queridos amigos y amigas, mentiras evidentes.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO HERZOG
Nació en Munich el 5 de septiembre de 1942, creció
en el seno de una familia muy pobre. Herzog creció sin radio ni cine, en pleno
contacto con la naturaleza, en una granja, alejado del mundo moderno. Según
afirma el propio director, no tuvo conocimiento de la existencia del cine hasta
los once años, la misma fecha en la que vio por primera vez un coche. A los 17
años hizo su primera llamada telefónica. A los trece años se trasladó a Múnich
para iniciar sus estudios secundarios. Su familia se alojó provisionalmente en
una pensión donde, casualmente, se alojaba Klaus Kinski, actor que
en un futuro sería clave en su carrera cinematográfica. Durante su
adolescencia, pasó por una etapa de gran fervor religioso, llegando a
convertirse al catolicismo, lo que provocó discusiones con sus familiares,
ateos convencidos. Por esta época empezó a realizar sus primeros largos viajes
a pie. Hacia los quince años atravesó media Europa, desde Múnich hasta Albania.
También hizo caminando el viaje que lo llevó a Grecia. Hacia los 17 años
decidió dedicarse al cine. Para pagarse sus películas, trabajó en diversos
oficios, que combinaba con sus estudios secundarios y más tarde universitarios.
Se matriculó en Historia, Literatura y Teatro en Múnich. Hacia 1960 obtuvo la
beca Fulbright para el Seminario de cine de la Universidad de
Duquesne, en Pittsburgh (Estados Unidos). Su primer film fue un corto
documental titulado Heracles en 1962, donde hacía un
paralelismo entre Heracles y los musculosos fanáticos del gimnasio. Su primer
filme de ficción fue Signos de vida (1968). Las películas
posteriores confirmaron su carácter visionario y su atención por lo irracional
y por las realidades marginales, rasgos bien visibles en títulos como También
los enanos comenzaron pequeños (1970), protagonizada por enanos, o
documentales como Fata Morgana y Tierra de silencio y
oscuridad (1972). El éxito internacional le llegó con Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972), poderoso film en el que su
actor-fetiche Klaus Kinski interpreta al conquistador español Lope de
Aguirre.
El
film lo consolidó como uno de los más importantes directores de Nuevo
Cine Alemán, junto a Wim Wenders, Rainer W. Fassbinder, Volker
Schlöndorff y Reinhard Hauff. El director consolidaría su reputación con el
asombroso documental El gran éxtasis del escultor de madera Steiner (1973-1974).
Le siguieron Corazón de cristal (1976), La
Balada de Bruno S. (1997), Nosferatu, vampiro
de la noche (Nosferatu, Phantom der Nacht, 1978), en la que recreó la
clásica versión fílmica de Drácula rodada en 1922 por Friedrich Wilhelm
Murnau, Woyzeck (1979), basada en una pieza teatral inconclusa
de Georg Büchner, y Fitzcarraldo(1982), historia de un
excéntrico empresario del caucho obsesionado en construir una ópera en plena
selva amazónica. De sus últimos títulos cabe destacar Donde sueñan las
hormigas verdes (1984), Cobra verde (1987) y Grito
de piedra (1991). Werner
Herzog ha dirigido también montajes teatrales, en especial de óperas: Doctor
Fausto (1985), Lohengrin (1987) y Juana de
Arco (1989). En la década de los noventa realizó documentales para el
cine y la televisión: En las puertas del infierno (1992), The
Transformation of the World Into Music (1994), Little Dieter
Needs to Fly (1997) y Mein liebster Feind (1999). Ya
en el siglo XXI llegaron documentales como obras de ficción entre las que
encontramos The White Diamond, La salvaje y azul lejanía, Grizzly Man, Rescate
al amanecer, Hijo mío, hijo mío ¿que has hecho?, la remake de Un
maldito policía, La cueva de los sueños olvidados, Hacia el infierno, Meeting
Gorbachov o Fireball, visitantes de mundos oscuros, su último documental.
FICHA TÉCNICA
Título original: Family Romance, LLC
Año: 2019
Duración: 89 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Werner Herzog
Guion: Werner Herzog
Reparto: Mahiro Tanimoto, Ishii Yuichi, Miki
Fujimaki, Takashi Nakatani, Kumi Manda, Yuka Watanabe, Jin Kuroinu, Shun
Ishigaki, Tatsuaki Hôjô