miércoles, 4 de marzo de 2026

EL PASAJERO - THE PASSENGER DE MICHELANGELO ANTONIONI

PROGRAMA 495 (27-02-2026)

 

SINOPSIS

 

David Locke (Jack Nicholson) es un desilusionado periodista que emprende una peligrosa investigación sobre las intrigas políticas internacionales que facilitan la implantación de regímenes dictatoriales en algunos países africanos, lo que le hará vivir situaciones muy arriesgadas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El diario está ahí, arriba de la mesa. Alguien lo ojea al pasar, pero nada llama la atención. Son las mismas noticias de mierda de hace tiempo. El mozo mira de reojo y el espejo le devuelve otra mirada. Las mesas llenas, el aroma a café entremezclado con las minutas de turno. Los chimentos de los viejos que venían siempre los jueves al mediodía. Hoy ya ninguno viene, cada tanto aparece alguno para ver que todo sigue ahí, donde lo dejaron. Se le pianta un lagrimón cuando piensa en todos los pedidos que tenía que sacar a las corridas, pero sólo la propina ya le salvaba el finde. Diarios hay menos, hoy todo está detrás de las pantallas. El televisor vomita todo su odio contra los laburantes. Una vez más, como congraciándose con el policía de turno que fajará a alguien dentro de unas horas. Pensar que alguno de esos azules alguna vez pidieron algo de arriba por acá, como de costumbre, rememora. Y, piensa para sus adentros, que también tiene algo de culpa porque en algún momento lo convencieron. Vuelve a mirar el espejo que lo lleva a esos fines de semana caóticos pero felices. Las charlas con Tito, el diariero de la esquina. El pobre viejo tuvo un ACV y no lo vio más. Sus hijos reventaron el puesto de diarios y cambió hasta la fisonomía de la cuadra. Cuadra que llegaba hasta la esquina con gente esperando, quejas por la demora, por los lugares, siempre alguno con más ganas de discutir que otro. 



El espejo se vuelve a deformar. Muchas sillas fueron cambiadas por esas banquetas incómodas que no sirven para nada. El eco del televisor vuelve a retumbar, los compañeros lo miran, cada uno en su mundo. Los gritos vienen de la calle. Siempre alguien a punto de pelear, parece que todo está por estallar en cualquier momento. Bocinas, insultos, algún vidrio roto. Cosas de cada semana. A veces viene un tipo diferente, con relojes y cadenitas de oro. Lentes oscuros. Entrado en canas, siempre con un buen traje para la ocasión. Lo espera un auto siempre enfrente, el chofer mira a ambos lados, el señor baja. Entra como mirando con asco, pide siempre lo mismo, está unos 40 minutos mientras charla por el celular y se va… El mozo fantasea por un momento ser él… cambiar de cuerpo sólo por unas semanas o, aunque sea, unas horas. ¿Se irá a un country o un hotel de lujo? Se pregunta… Y así empieza a imaginar sus autos, sus conquistas, sus viajes. Yo haría lo mismo, pero trataría mejor a la gente, le confiesa a su compañero de confianza. Quizás no quiere ser él, quizás quiere desaparecer por un momento y disfrutar desde otro lugar. Quizás anhela, como todos nosotros, que ser pasajeros de nuestro propio destino, alguna vez tenga recompensa…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EL PASAJERO

 


Hay algo de mí que me hacer ser yo y no otro. Hay algo que me distingue inevitablemente del otro, una esencialidad, un algo propio que pareciera sostenerse en el tiempo. Si doblo una esquina cualquiera y me encuentro 30 años después al negro Becerra, por más calvicie que ostente, por mucho bigote que porte para compensar, por más que oculte al pibe que fue en el patético disfraz del saco y la corbata, sabré de inmediato, sin ninguna duda, que el tipo delante mío es el negro Becerra. ¿Por qué? ¿Cómo se da este fenómeno? Su esencia lo delatará, su mismidad, su “lo suyo propio” estará ahí para gritarme fuerte en la cara que fue él quien cerraba bares conmigo hace ya tantos años sin decirme siquiera una palabra. La identidad del negro lo revelará como un truco mal hecho. Pero ¿Qué es la identidad? Pareciera ubicarse, por lo recién dicho, en el plano de lo físico, de lo visible. Pareciera relacionarse con lo inmutable, con lo constante. Pero si observamos atentamente por un instante, si reflexionamos con cierta agudeza, el cuerpo muta, se degrada y siente. El empirista David Hume decía que las impresiones no nos proporcionan la existencia de una substancia que contiene las cualidades percibidas por los sentidos. No hay una impresión de un “yo”, y, por ende, no hay idea de un “yo”. No se puede atrapar al “yo”, solo tenemos percepciones. La búsqueda de la identidad es siempre también una búsqueda sobre la verdad. El cuerpo se muere, entonces allí no puede estar la verdad. Identidad es una palabra que deriva del termino latino IDEM, o sea, lo mismo. Buscar la verdad, buscar la identidad de las cosas es realizar un viaje hacia aquello estable e inmutable, hacia un mundo, claro, que no es este que percibimos, el nuestro. 



Platón en el desarrollo de todo su pensamiento buscó sostener y argumentar la idea de la existencia de una realidad objetiva e inamovible, de un absoluto, de una realidad realmente real. El filósofo la halló, pero no en este plano, ejemplo de esto es el famoso cuadro de Rafael, La escuela de Atenas, donde Platón es representado señalando hacia arriba, hacia el plano celestial. Ese era para el filósofo el lugar donde lo real resida. Platón sacó a la verdad, a lo real del plano corporal por ser deficiente, mutable, degradable y sensible y la ubicó allí en el mundo de las ideas, de lo incorpóreo. Introdujo entonces el concepto de alma y le dio forma a aquella idea que ya todos conocemos como dualismo ontológico. El alma es lo verdadero y el cuerpo es la cárcel del alma. Lo sensible, lo que percibimos es solo una resonancia, un reflejo de aquello absoluto y real. Por otro lado, podemos pensar a la identidad como un cúmulo de historia. El pasado, queramos o no, nos condena a una identidad. El consultorio de cualquier psicólogo se nutre de esta idea y del conflicto que esta conlleva. El tedio del absurdo nos explicará Camus en su libro El mito de Sísifo nace en la forzada búsqueda de una estabilidad, de una continuidad, aun bajo la pesada conciencia de que la existencia es una inestabilidad insoportable. Construimos identidad sobre la centralización narrativa de experiencias pasadas, pero también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. Allí el síntoma. Buscar una identidad es matar la sorpresa. Imagínense cambiando de carrera universitaria dos o tres veces. De dejarla para siempre, de dejarlo todo para siempre, como Alexander Supertrump para encontrar un yo que finalmente es un X vacía, para encontrar que ese yo es una maldita construcción en constante conflicto. 



Ahora bien, buscar una verdad es también buscar un absoluto. ¿Cómo construir una unidad sino de manera ficticia? ¿Cómo construir historia, pasado, registro verdadero? La idea de unidad se logra siempre a través del ejercicio propio de la memoria, después de todo es la memoria la que nos unifica en lo que somos, pero ¿hay algo que sea menos corrompible y subjetivo que la memoria? En tiempos de posverdad, donde las nuevas tecnologías que supuestamente venían a aportar felicidad a las vidas humanas hoy son el lobo del hombre, donde la inteligencia artificial se nos escapa de las manos a cada segundo, emancipándose temerariamente, tomando una peligrosa autonomía de las que pocos toman real consciencia, pregunto: ¿en qué lugar ponemos hoy a la verdad sabiéndola constructo directo del poder real? Michelangelo Antonioni hará una suerte de ensayo respecto de estas ideas en su film El Pasajero. El relato girará en torno al personaje representado por el siempre genial Jack Nicholson, David Locke, un reportero que estará realizando un documental en África sobre la dictadura en un país de aquel continente. En el viaje, formará una amistad con un pasajero llamado Robertson, con quien entablará una charla sobre la vida que grabará en una cinta de audio. Allí le contará su crisis existencial, el hartazgo respecto a su profesión de reportero, su conflicto con la verdad y lo creíble de las noticias que las personas consumen. Al llegar a África, David encontrará a Robertson muerto en su hotel y reparará en su parecido físico. Es allí donde decidirá cambiar identidades. La locación no será azarosa. Recordemos que la mayoría de los escritores malditos tenían como destino África para realizar un viaje interno, introspectivo. Este será el viaje que comenzará David, ahora Robertson



Pasará el umbral, tendrá un ayudante e irá construyendo y descubriendo una vida y una identidad nueva mientras escapa de su antiguo yo que lo persigue con vehemencia. La fotografía trabajará planos generales y jugará las distintas etapas del personaje remarcándolas con diferentes paletas de colores. Algunas secuencias trabajarán el blanco y el verde agua, otras buscarán el contraste con el color rojo. El conflicto que trabajará Antonioni será claramente interno, el cual será el más fuerte, ya que habrá otro externo evidente que se desarrollará en la situación marco dentro del género policial. Avanzará de manera lenta y llegaremos aquí a la famosa definición que dice que Antonioni narra donde Hollywood elipsa. Pura realidad. Usará el director esos tiempos para ocuparse de sus personajes, de lo que sienten, de lo que sucede en su interior, de lo que dicen sin decirlo, de lo que hacen sin hacerlo. El film será cíclico y nos regalará uno de los mejores planos secuencia de la historia del cine. Más allá de las puestas de cámara de todo el film que responden a una inteligencia superior, a una economía de movimientos sutilmente diseñada, llegando al final de la cinta, el director realizará un movimiento de cámara de una belleza estética única. De una coordinación excelsa. Allí, con una sola toma, resolverá la historia demostrando que la identidad en definitiva encierra, limita. Aquel cúmulo de situaciones que demuestra esa cámara que nunca corta, no sirve para huir de ningún lado. Lo cierto, si es que existe, es que ningún camino lleva a ningún lado. Tal como dice Don Juan, el único camino válido, es aquel que tiene corazón. Allí estaremos nosotros, para recorrerlo entero, para descubrirlo y sentir su latido, para ser en todo su recorrido, un simple pasajero.   

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ANTONIONI

 


Michelangelo Antonioni nació en Ferrara, Emilia-Romaña el 29 de septiembre de 1912. Hijo de una familia de industriales, creció en una familia humilde pero que mantenía una buena posición social. Antes que el cine, Antonioni se apasionó por la música y el dibujo. Antonioni empezó a escribir críticas en 1936 en el Corriere Paduano, actividad que proseguiría en la revista Cinema. Además de seguir diversos cursos de Letras, se licenció en economía por la Universidad de Bolonia. Se inició en el cine como ayudante de Marcel Carné en la Guerra (como hizo antes Visconti), si bien este no lo acogió bien; pero siempre admiraría la técnica que aprendió con el cineasta clásico francés y su naturalismo negro (lo mismo en parte que Lattuada). Marchó a Roma en 1942, donde cursó estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Cinecittà, durante tres meses, de todos modos, muy importantes para él. Colaboró con Roberto Rosellini y otros grandes directores de la época, hasta que en 1943 rodó el documental Gente de Po, que no vio la luz hasta 1947, y parte del material se perdió durante la Guerra. Después de varios cortos, llegó su primer largometraje en 1950: Crónica de un amor, un melodrama sobre gente de la burguesía. Mismo caso para su siguiente film: La señora de las camelias. Luego siguieron Amor en la ciudad y Los vencidos. Empieza a experimentar con las temáticas sociales en Las amigas de 1955. El grito del año 1957 se convierte en su primera obra maestra y empieza a mostrar su obsesión con el aislamiento, algo que trabajó a lo largo de su filmografía. 



A partir de allí empieza a sacar películas que se convirtieron en clásicos: La aventura (que marca el comienzo de la colaboración con su musa: Monica Vitti), La Noche, El eclipse y El desierto rojo, todas con la gran actriz italiana y con actores de la talla de Alain Delon, Francisco Rabal, Marcello Mastroianni, Richard Harris, entre otros. Se va a Reino Unido para filmar Blow-Up, basada en un cuento de Julio Cortázar, que se convierte en una de sus obras más importantes. Sigue con otro clásico como Zabriskie Point y en 1975 llega El pasajero, para muchos, su última gran obra. En los ´80 llegan El misterio de Oberwald e Identificación de una mujer. En 1985 sufre un ACV que lo deja paralizado en parte y hace que deje por un tiempo de filmar. Tuvieron que pasar casi 15 años hasta que Wim Wenders lo convenza y filmen juntos Más allá de las nubes. Su última participación fue un episodio del film Eros de 2004, que formó parte junto a Wong Kar-Wai y Steven Soderbergh. Antonioni falleció el 30 de julio de 2007, el mismo día que el cineasta sueco Ingmar Bergman.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Professione: Reporter (The Passenger)

Año: 1975

Duración: 119 min.

País: Italia

Dirección: Michelangelo Antonioni

Guion: Mark Peploe, Michelangelo Antonioni, Peter Wollen. Historia: Mark Peploe

Reparto: Jack Nicholson, Maria Schneider, Jenny Runacre, Ambroise Bia, Steven Berkoff.

Música: Ivan Vandor

Fotografía: Luciano Tovoli

 

PELÍCULA COMPLETA

 

lunes, 2 de marzo de 2026

EL VIDEO DE BENNY - BENNY´S VIDEO DE MICHAEL HANEKE

PROGRAMA 494 (20-02-2026)

 

SINOPSIS

 

Benny es un chico de 14 años de buena familia. Sus padres intentan compensar la falta de cariño hacia su hijo regalándole un estupendo equipo de vídeo. Obsesionado con el uso de su nuevo juguete, graba cómo sacrifican a un cerdo con una pistola, escena que lo incita a cometer un acto salvaje. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Hay días fuera de foco. Hablo de esos días en que cuesta enfocar por más que uno busque la lente correcta para mirarlos. Hay días que cuesta habitarlos, que uno es un extraño. Un extranjero. Hay días que uno hace cosas mecánicamente, sin corazón. Esos días el sol brilla menos, y entonces uno quisiera guardarse, hablar poco, dejarlo pasar esperando no estar, ser desde la ausencia, ausente en la presencia. Hay días que no querés que el día te reconozca y reservas la sombra del mundo para tu mísera existencia. Porque esos días uno se sabe miserable y es aplastado por la inmensidad del universo, aquel zapato pesado que nos pisa como un insecto el ánimo, las expectativas, cualquier esperanza. Esos días, claro, se muere el doble. Escribir es más tedioso. Las palabras corren siempre más rápido que uno. Las ideas nos abandonan en el peor invierno y no nos dejan manera de escupir el infierno que nos quema por dentro. Hay días indiferentes, distantes, fríos, días que no nos contienen. Siguen su rumbo, con todo aquel desprecio, con toda aquella apatía. Siguen su camino sin esperar nada de nosotros. Porque no somos nada en el infinito devenir del torrentoso río de sus horas. Aun así, un día, un día cualquiera digo, puede cambiarnos la vida. 



El tiempo, germen del día, materia prima fundamental, es lo que lo hace verdadero. Todo lo que suceda allí adentro, atravesado por el tiempo, cargará con la categoría de verdad, de lo verdadero. Habrá sido. No habrá retorno. Será único. Pero nosotros, queridos amigos artistas, tenemos un profundo compromiso, una responsabilidad ineludible, la cual, bien sabemos, jamás es con la verdad. Nos servimos de ella, claro, para transformarla, para moldearla e intervenirla. No somos contadores de la maldita verdad, No somos moscas en la pared que la observan ocultas desde un rincón para después plasmarla en un papel, en un lienzo o una canción y luego llamarlo obra. Escupo sobre aquellos débiles, cobardes y tristes autores cuyos aburridos parloteos no superan al noticiero de la tarde. Cualquiera sea el día, acá están, los verdaderos artistas, los temerarios, aquellos cuyas plumas queman, cuyos cuadros miran la rosa hasta pulverizar la mirada, aquellos tipos son avispas clavándole el aguijón en el corazón a la verdad. Vamos, uno no es escritor de 8 a 5. Nuestro compromiso es con la poesía siempre, nunca con la verdad. Maldito tiempo. Imparable. Corredor incansable, devenir simultaneo e imposible. Ya basta tiempo, la angustia de tus pasos, ganándole siempre a la vida. Tu soberbia implacable. La vida tan frágil. El tiempo tan trágico. Tan colosalmente firme. Hay días que resulta útil tener a mano el punto final. 

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EL VIDEO DE BENNY

 


Siempre decimos en esta casa, que el primer pez que tuvo hambre se convirtió en asesino. También alguna vez el compañero de estas tertulias se preguntaba qué pasaría si la pelea entre el bien y el mal la ganara alguna de las dos fuerzas, confirmando luego “que se perdería con seguridad el sentido de toda ética, ya que la coexistencia de lo bueno y lo malo es necesaria para situar las bases de posturas diferentes. El otro existe como una amenaza inminente pero también existe como método identificatorio. Yo soy lo que el otro no es. Así entonces el bien necesita del mal para instalar definitivamente la oposición del concepto”. Hace algunos años, no sabemos si un habitante chino decidió comer un murciélago, pero si sabemos que hubo una pandemia que nos llevó puesto. Meses de confinamiento, años de distancia social y cuidados personales y frases como “de la pandemia vamos a salir mejores”, que murieron más rápido que una flor en el desierto. Hoy, queridos amigos, lamentamos comunicar que no sólo no salimos mejores, sino que nos volvimos más egoístas. El odio acelera con fuerza y las redes sociales sirven como espejo perfecto, ya que detrás del teclado todos podemos escribir lo que se nos canta. 



Primero fue la televisión, luego los realitys y hoy las redes, son los que fueron formando opinión y descartando los argumentos. El plan está a punto de ejecutarse. De hecho, en estas horas se confirmó la quita de varios de nuestros derechos, una vez más. Un plan del que hablamos también años atrás cuando vimos El séptimo continente, film del alemán casi austríaco Michael Haneke. Ahí, la crítica a la sociedad burguesa, a la alienación, a la televisión y todo eso que empezó a ser moneda corriente en los ´90, terminaba de manera devastadora. La mirada del director, sobre esa parte de la sociedad y la violencia extrema se volvieron frecuentes en sus films. Todavía recordamos a Paul rompiendo la cuarta pared en Funny Games, para ver si nos animábamos a seguir con el juego. Que obviamente lo hicimos, porque el morbo puede más. O sino, ¿Por qué cuando hay un accidente nos detenemos casi a cero para ver qué pasó? ¿O cuando entramos a una noticia con un accidente o algún crimen grabado, lo primero que hacemos es darle play al video? Somos voyeuristas de la violencia, un sadismo difícil de explicar. Haneke lo sabe y por eso su cine nos interpela. Como otros amigos de esta casa como Von Trier o Gaspar Noé, nos pregunta hasta cuando aguantamos. Ahí radica lo interesante del planteo. Todo en forma de arte, porque en ellos no puede ser de otro modo. Entre El séptimo continente y Funny Games, el director filmó El video de Benny



El asesinato de un cerdo con una cámara de video es la primera escena. Otra vez la pregunta… ¿Están dispuestos a seguir? Y, como amantes del morbo, si esto empezó así, obviamente seguiremos frente a la pantalla. Otra vez un estudio provocador y perturbador, otra crítica a la burguesía esta vez personificado en Benny, un adolescente de 14 años hijo de una familia adinerada que se la pasa desconectado de la realidad gracias al cine, a la tv y, sobre todo, a una video cámara que le regalaron. El joven, obsesionado con los videos violentos, decide crear el suyo. La mezcla entre la ficción y la realidad se parte hasta que todo estalla, nuevamente. Y al igual que en los dos films que mencionamos anteriormente, la casa será la otra protagonista. Los seres enclaustrados, las habitaciones frías como sus personajes y esa sensación de que el peligro está allá afuera y no adentro. Sin embargo, no todo es lo que parece. Haneke, una vez más se pregunta porque sus personajes hacen lo que hacen y, sobre todo, cuáles son sus sentimientos. La ausencia de música y la fotografía hacen todo más abrumador. 



Si en Funny Games recordamos ese blanco impoluto que era el eje de la iluminación, aquí volvemos a recordar su film anterior, El séptimo continente, donde la iluminación es sombría y las habitaciones oscuras. Las actuaciones serán otra vez claves, con un Arno Frisch que luego confirmaría su talento en Funny Games. Habrá pocos diálogos, como ejemplo de esa familia donde la falta del mismo es evidente. Y la cámara, generalmente estará desde planos alejados, como experimentando la vida de Benny, cuando no es directamente lo que graba desde su cámara. Y así, como quien no quiere la cosa, Haneke juzga desde las imágenes y también desde las acciones. La extrema libertad, se vuelve peligrosa cuando los padres no ponen límites o se desentienden de lo que hacen sus hijos. El acceso a cualquier contenido puede llevar al desastre. Hace tiempo era los VHS. Hoy son Internet, las redes y los celulares. El mundo sigue cambiando, pero los peligros son los mismos. Hasta que un corazón delator decida cobrar venganza.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HANEKE

 


Nacido el 23 de marzo de 1942 en Munich (Alemania) creció en Austria, concretamente en la ciudad de Weiner Neustadt. Hijo del director y actor Fritz Haneke y de la actriz Beatrix von Degenschild. Después de fracasar en su intento de ingresar en la Escuela teatral Max Reinhardt, Haneke cursó estudios de filosofía, psicología e interpretación en la Universidad de Viena antes de trabajar como crítico de cine y director de obras de teatro y películas televisivas durante los años 70 y 80. Su primer largometraje cinematográfico fue “El Séptimo Continente” (1989), un drama familiar en tonos sombríos y desesperanzados que estaba basado en un hecho real. Este título fue el primer film de una trilogía conocida como la glaciación emocional que fue continuada por “El Vídeo de Benny” (1992), otra historia con familia disfuncional que contaba con el protagonismo de un psicópata adolescente, a quien le regalan una cámara y graba cómo sacrifican a un cerdo con una pistola, el punto de partida para iniciarlo en el salvajismo. El film fue nominado como mejor film europeo. 



La tercera parte fue “71 Fragmentos De Una Cronología Del Azar” (1994), realización en donde se incidía en comportamientos criminales significando la violencia existente en la sociedad urbana, en este caso, diferentes líneas narrativas e historias no relacionadas que confluyen en una matanza en un banco austriaco. Esta vez, los premios fueron el de mejor película en el Festival de Chicago y película, guion, y premio de la crítica en Sitges, Cataluña. En el medio rueda para la TV Die Rebelion, la historia de un soldado que pierde una pierna en la guerra y empieza a perder su patriotismo. En 1997 adapta para la televisión, El Castillo, de Franz Kafka. Otra vez la alienación, la burocracia, y la frustración forman parte de su filmografía. Ulrich Muhe como K. era el protagonista. Se vuelve a unir con este actor para el film Funny Games, la historia de una familia que se va de vacaciones a su casa de verano. Allí, dos jóvenes vecinos ingresaran para pedirles huevos, pero con un juego bastante particular: a las 9 del día siguiente, los integrantes de la familia tienen que estar muertos. Obtuvo el premio de la crítica en Cannes. En el 2000 se traslada a Francia donde dirige Código Desconocido, película con la participación de la actriz francesa Juliette Binoche, una historia coral que aborda asuntos de racismo e inmigración. El film fue nominado a la Palma de Oro en Cannes. Un año después llega “La Profesora de Piano” (2001), film protagonizado por Isabelle Huppert, Annie Girardot y Benoit Magimel, en un drama erótico y psicológico basado en una novela de la escritora austriaca Elfriede Jelinek que le valió ganar el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, además de los premios para los actores principales. Allí, una profesora de piano, para escapar de la influencia maternal, frecuenta cines porno y sex shops hasta que uno de sus alumnos, comienza a seducirla. Además, logró el BAFTA como mejor película extranjera, y varias nominaciones en diferentes festivales, no sólo al film, sino a la actriz protagónica.



En 2003, vuelve a convocar a Huppert para el film El tiempo del lobo, en un tiempo indeterminado, un desastre ha ocurrido, se sabe que el agua sin contaminar es sagrada y el ganado debe ser quemado. Una familia escapa de la ciudad al campo, pero evitar el caos generalizado, será imposible. Mejor guion en Sitges. Dos años después filma Caché (Escondido), un thriller en el que vuelve a retratar otro descenso a los infiernos de una familia aparentemente normal. Daniel Auteuil encarna al presentador de televisión que recibe videos anónimos de su entorno familiar, filmados sin que nadie lo advierta mientras que la policía se niega a ayudarlo, ya que no constituye ningún delito. Haneke se llevó el premio a mejor Director en Cannes, además de que el film se llevó el premio de la crítica, además de premios en varios festivales y asociaciones de críticos. Dos años después vuelve a filmar Funny Games pero en Estados Unidos, con Naomi Watts y Tim Roth como protagonistas. Vuelve a Alemania en 2009 para filmar La cinta blanca, ambientada en la época previa a la Primera Guerra Mundial. En un pueblo alemán se suceden una serie de hechos violentos con un grupo de niños como testigos.  La historia reflexiona sobre los orígenes del nazismo mucho tiempo antes de que empiece a dar que hablar. La película más premiada de Haneke, con Globo de Oro a mejor película extranjera (perdió el Oscar ante El secreto de sus ojos). Palma de Oro en Cannes, además del Premio de la Crítica y Mejor película europea, entre otras decenas de premios y nominaciones.



Si con La cinta blanca saltó definitivamente a la fama, con su próxima película, lo confirmó. En 2012 llegó Amor, la historia de una pareja de 80 años, ambos jubilados que viven en París y profesores de música clásica. Un día, ella sufre un infarto que le paraliza un costado, donde luego de una operación, queda hemipléjica. Ella le pide a su marido que nunca más la lleve a un hospital. La unión y el amor se pondrán a prueba. La película, protagonizada por la actriz de 85 años, Emanuelle Riva (Hiroshima Mon Amour) fue un éxito mundial. Ganadora del OscarGlobo de Oro (ambas como película extranjera) y Festival de Cannes, tres de los premios más importantes del cine, entre muchos otros. Este año volvió a trabajar con Isabelle Huppert en Final feliz. La película gira en torno a una familia burguesa y el drama de los refugiados. La familia posee una empresa en Calais, al lado de los campamentos donde viven miles de refugiados, pero su vida, no es color de rosa. Por primera vez, el director deja el drama para para irse un poco para el lado de la comedia… Veremos con que sigue el maestro europeo.

 

FICHA TÉCNICA

Título original: Benny's Video

Año: 1992

Duración: 105 min.

País: Austria

Dirección: Michael Haneke

Guion: Michael Haneke

Reparto: Arno Firsch, Angela Winkler, Ulrich Mühe, Ingrid Strassner.

Fotografía: Christian Berger

 

PELÍCULA COMPLETA

IMPERIO - INLAND EMPIRE DE DAVID LYNCH

PROGRAMA 493 (13-02-2026)

 

SINOPSIS

 

La percepción de la realidad de una actriz (Laura Dern) se va distorsionando cada vez más. Al mismo tiempo descubre que, quizá, se está enamorando de su partenaire (Justin Theroux) en un remake polaco inconcluso y supuestamente maldito. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El telón negro se abre. Ella observa desde atrás del escenario a toda esa gente que espera con cierta impaciencia. Hace algunos pasos y de un pequeño salto traspasa la línea que está marcada sobre el piso de madera. Siente moverse estando aún de pie, entonces levanta la vista y mira hacia los costados, observa con desconfianza ese vagón de subte que la arrastra tiempo atrás. Se nota todo más viejo, aunque ella esté con un vestido de gala carísimo. Los pasajeros la observan con extrañeza, como si fuera un personaje exótico. Luego de algunos minutos y tantas estaciones, reconoce la estación Medalla Milagrosa. Logra bajar antes de que las puertas se cierren. Sube por las escaleras y sale a esa calle sombría, justo debajo de la autopista. Camina unos metros para adentrarse en un complejo de edificios que da a Avenida del Trabajo, como ella siempre la llamó. Una llave escondida en su cartera de lujo abre la puerta del edificio, mientras cuelga otra más añeja. El ascensor no anda y decide subir los seis pisos por la escalera. Una puerta blanca a medio pintar, la espera, incólume. Prueba con la otra llave y entra a ese “dos ambientes” un tanto descascarado. Hay sonidos extraños y aromas que la llevan a un viaje tanto mental como onírico. 



El sonido llega desde esa pequeña habitación. Está rodeada de fotos de Katharine Hepburn, James Dean, la Monroe, Hitchcock y tantos otros. También hay colores, más de los que recordaba. Mientras tanto, una vieja tele de tubo transmite imágenes de una videocasettera que se encuentra conectada abajo. Allí se ve a una niña bailando con un vestido idéntico al que lleva puesto. Descubre caras conocidas. Muchas de ellas, vecinas que ven las flores crecer desde abajo hace tiempo. La habitación se ilumina y ella empieza a bailar en círculo. Esas caras se le aparecen una al lado de la otra y se ríen, con signo de aprobación. De pronto, las luces se apagan y la casa pareciera deformarse. El edificio realiza chasquidos como si se va a venir abajo. La heroína corre y llega otra a vez hasta la avenida, a la que encuentra un poco cambiada pero no detiene su camino. Vuelve hacia el subte, que acelera sin parar en las demás estaciones. No sabe porque, pero la línea E se transformó en la D y la estación 9 de Julio la espera. La puerta se abre y sale a pasos apurados. Empieza a sentir leves murmullos, levanta la mirada y está parada sobre el escenario. La función está por comenzar. Y ahí, en ese lugar, vuelve a ser la reina de su propio imperio…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida de editorial

 


IMPRESIONES SOBRE IMPERIO

 


De pronto, la primera claridad que tengo, es la librería de venta de usados vista de manera vertical, como si los edificios crecieran de manera infinita hasta el cielo, y los rayos de la rueda de mi moto los atravesara como acribillándolos en todas direcciones. El sol de las cinco de la tarde que cae como un verdugo certero sobre mi rostro. Aquellas dos cosas son lo único claro. Esas dos imágenes, no me dejarán en paz por años. Volverán en sueños, en recuerdos, volverán en silencio. Mi cuerpo comenzó a ponerse tieso como el asfalto. Ya no siento nada. Febrero arde en las calles, la gente inunda la avenida con su andar pesado, agotado y aburrido. Arrastran sus pies, sus caras ni siquiera fingen expresión alguna. Son frías como el gélido dedo de la muerte que siempre recorre mi espalda. Y el sol, aquel puto sol que arde como un bonzo en esa tarde que se derrite como toda esperanza. Aquella primera claridad se apaga de golpe. Mis oídos zumban como un maldito enjambre enfurecido. Mi nariz arde, pero es lo único que siento. Abro los ojos y la luz se ha ido. Siento mi cuerpo caer, descender. Es todo al revés. Sombras. Luces multicolores. La nada. Yo. Yo solo. ¿Y el otro­? Siempre hay un otro. Intento mover el cuerpo, pero ya no me sirve. Las manos clavadas en la espalda como una daga que atraviesa todo lo que soy de lado a lado. Desconfío de mis movimientos, los encuentro viciados, alterados. 



Los encuentro reducidos a espasmos simbólicos. A tristes serpenteos espásticos. Yo ya no soy mi cuerpo. No soy sus movimientos. Solo queda la película. Solo queda la imagen. Aquello que se ve, que los ojos deducen del tiempo y el espacio. Una mujer inmensa atrapada en unas calzas negras, transpira. Intenta cruzar con su perrito por el medio de Boedo. Los autos doblan e impiden su paso. La mujer los maldice con firmeza, con un odio contenido. Un viejo con paso cansino mira su último sol. El ultimo calor sobre su cara. Él lo sabe. De alguna manera yo también. El subte escupe gente como una concha gigante poblando un universo. Una nube con forma de conejo. Nos miramos un tiempo, hasta que la luz se apaga nuevamente. Es siempre difícil confiar en el otro. El otro de por si es hostil. Es todo lo que no soy. Viene por mí. Por lo mío. El otro, por más que acompañe, siempre es trapero y vil. Ese oro con mayúscula, presente desde la ausencia, ausente en su presencia. Esa sombra de otro. Mi mamá dice que me calle, que deje hablar a mi hermano. Guardo silencio. Hay una discusión. La pelea sube de tono y la cena se vuelve un infierno. El viejo se para de golpe, todo es de golpe con aquel tipo tan ajeno, y revolea desafiante el plato sobre la mesa. Ahora nadie habla. Ya no recuerdo lo que quería decir y no me importa, el miedo me enmudece. Mamá lo mira, el viejo se va sin decir nada para no volver nunca más, para no decir nada nunca más. El plato roto sobre la mesa, las migas, un sifón vacío. Mi estómago se cierra volviendo veneno todo aquello que ingiere. Mi estómago se cierra para siempre. 



Todo mi interior se cierra para siempre. Aquel plato roto cierra cualquier conexión con el exterior. Hay un arma que mi viejo apunta a su cabeza y mi mamá se la quita forcejeando. Hay un auto que acelera en una avenida arriesgando la vida de todos y yo lloro, pero solo un poco. Luego me calmo e intento manejar la situación. Mucho después el plato, el plato roto que rompe algo en mí irreparable. El silencio que ordenan. El silencio que cumplo. La librería de usados se nubla. La bota sobre mi cara. ¿Y el otro? ¿Lo sabré alguna vez? ¿Sabré para donde habrá corrido? Las manos de algunos gorditos bien vestidos, con celulares en la mano, señalan San Juan. Buena opción. Todos hubiéramos corrido para San Juan en contra mano. La bota en mi cara. La mosca insoportable zumbado interminable sobre la lancha. Caen tres, cuatro, seis motos azules. Todos quieren su trofeo y yo con el plato roto en mi pecho. Irreparable. Como bien todos sabemos existen varias maneras de armar un relato. Allí la habilidad del cuentista, allí su capacidad de mantener la atención de quien lee o escucha. El arte de la narración posee una complejidad delicada en donde, tal como dice el ensayista Jorge Wagensberg, dentro de aquel binomio comunicacional que se forma entra la obra y el espectador, ambos deben parecerse al menos un poco en su complejidad. Tanto el artista como el consumidor de ese arte, deben poseer una sensibilidad por lo menos similar, una intelectualidad parecida. De no ser así, de poseer alguno de los dos un estado mayor o tal vez menor, el binomio no funcionaría jamás porque advendría, irremediablemente la guadaña mortal del aburrimiento. David Keith Lynch, es un artista complejo, creador de obras complejas, las cuales desafían a cada instante, a cada plano, en cada línea de diálogo, a su público, a su receptor, haciéndolo participe activo, espectador atento, dentro del análisis sintáctico del lenguaje visual por él propuesto.



Hablo aquí tanto de su obra cinematográfica como de su obra pictórica. Lynch es un autor, de eso no cabe ninguna duda. Sus obras son particulares todas. No existe la liviandad en su arte, ni siquiera en las publicidades por él dirigidas. Ingresar en su universo es caer en la madriguera. Es entregarse a un verosímil armado meticulosamente con mano de orfebre. Cada detalle, cada objeto se resignifica en una obra Lynchiana. Allí la labor del espectador, su concentración profunda, aquella profundidad por donde según el propio David hallaremos al pez dorado. allí la similitud de la que antes hablábamos. No cualquiera está dispuesto a jugar su juego, eso es una realidad. No hay piso firme en ninguna obra Lynchiana y eso molesta, eso raspa. Eso levanta gente del cine porque no todos disfrutan de entregarse al viaje, y tal vez esto no esté tan mal. No disfrutan la sorpresa, el desconcierto, el no saber, el no entender o quizás entender pero más tarde. Y cuando digo más tarde hablo tal vez ya terminada la película, semanas, meses después. Tal vez uno llega a la insoportable idea de que no siempre hay que entender todo en un relato, menos si hablamos de cine. Tal vez nos olvidamos de sentir con el resto de todos nuestros sentidos y nos centramos en la lógica causa – consecuencia con la que creemos convivir cotidianamente. Olvidarse de aquello y sentir con todo el resto, eso, mis queridos amigos, también es cine, y me animo a decir que del mejor. Inland Empire, es un deleite para los que amamos el arte de David Keith Lynch. Encontraremos en el relato una similitud sorprendente y guiños constantes a su obra anterior Mulholland Drive. Creeremos distinguir hasta escenarios utilizados en esta última cinta, situación que resignifica automáticamente, para quien descifra aquella pista, al personaje principal. 



Como verán, una película de Lynch pueden ser varias películas a la vez, depende del ojo que interpreta, de la información que el espectador posea, de su similitud con el artista. David dialogará dentro del film con otra obra suya llamada Rabbits realizada 4 años antes (2002) respondiéndose interrogantes realizados en aquel entonces. La película estará construida con ambientes propios de las peores pesadillas, oscuros, siniestros. El sonido tendrá, como siempre, un papel protagónico dentro del film. También lo tendrán las lentes gran angulares y los primerísimos primeros planos y planos cortos que ayudarán a resaltar la gestualidad siniestra de los personajes. Pero volviendo al sonido, las películas de Lynch suenan, narran sonoramente más allá del dialogo. Respiran, están vivas, palpitan. Un relato vivo es un relato bien hecho. No importa la solidez sobre la que caminamos sino la fluidez del viaje. Como Caronte, David nos llevará por la profunda oscuridad de su inframundo, pero no con la sencilla liviandad del alma muerta, sino con la pesada responsabilidad de sabernos vivos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO LYNCH

 


Decir David Lynch es decir surrealismo. Después de un debut en una película animada titulada Seis hombres enfermos en 1966, siguió con un par de cortos, pero no hasta el año 1977 donde se daría a conocer con la rarísima Cabeza borradora, película surrealista y sombría filmada en blanco y negro. Para Stanley Kubrick, una de sus películas favoritas de todos los tiempos. Gracias a esto, atrajo la atención del productor Mel Brooks, quien lo contrató para dirigir El hombre elefante. La catarata de nominaciones y premios que albergó la película (una de las mejores de los ´80), habla a las claras de que Brooks estaba en lo cierto. 8 nominaciones al Oscar (incluído dirección y guión adaptado) y un Bafta a mejor película.



Cuatro años después llegó Dune, su primer fiasco, una multi producción que no tuvo éxito ni en la taquilla ni en la crítica. En 1986 llegó Blue Velvet, lo que terminó de erigir en uno de los grandes directores de la época, otra nominación al Oscar como mejor director, no estuvo nominada a mejor película, a pesar de que Woody Allen, ganador por Hannah y sus hermanas, haya declarado que era la mejor película del año. Después de un par de películas para la Tv, llegó Corazón salvaje, una cinta con críticas buenas y malas pero que le valió la Palma de Oro en Cannes. Luego creó una de las series más aplaudidas de los 90, como fue Twin Peaks (con su película incluida, que fue nominada a la Palma de Oro en Cannes).



En 1997 filma otra obra maestra: Carretera perdida, donde el surrealismo al que nos tiene tan acostumbrado mezclado con el cine negro que pocos como él lo manejan. En 1999 dirige Una historia sencilla, demostrando que Lynch también puede contar historias normales, y hacerlo con gran calidad. Otra nominación en Cannes, un clásico para el a esta altura. El comienzo del siglo XXI lo encontró con otra obra cumbreEl camino de los sueños (Mulholland Drive). Una de las películas más extrañas, pero que demuestra que la marca David Lynch está en su mejor momento. Nueva nominación como mejor director en los Oscar, premio que sí consiguió en Cannes.



En 2006 dirigió INLAND EMPIRE, otra obra surrelista que dejó críticas de las mejores, y también de las peores… A partir de ahí, sólo se dedicó a filmar cortos, y documentales hasta que en 2017 volvió con el cierre de Twin Peaks, titulada el retorno, con la mayoría de los protagonistas 25 años después. David Keith Lynch nos dejó el 16 de enero de 2025, a los 78 años. Y se convirtió en leyenda…

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Inland Empire

Año: 2006

Duración: 176 min.

País: Estados Unidos

Dirección: David Lynch

Guion: David Lynch

Reparto: Laura Dern, Justin Theroux, Harry Dean Stanton, Grace Zabriskie, Jeremy Irons, Diane Ladd, William H. Macy, Julia Ormond.

Música: David Lynch

Fotografía: David Lynch, Odd-Geir Sæther

 

PELÍCULA COMPLETA