SINOPSIS
En el altiplano boliviano, una pareja
de ancianos quechuas lleva años viviendo la misma vida cotidiana. Durante una
sequía inusualmente larga, Virginio y su esposa Sisa se enfrentan a un dilema:
resistir o ser derrotados por el entorno y el propio tiempo. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Nietzsche proponía realizar un puente entre el hombre y el niño. Entre esta cosa que somos, este sucio engranaje insignificante y deshumanizado, que mantiene funcionando la más siniestra y tortuosa maquinaria jamás inventada, y lo salvaje. Nunca entendimos ser un puente y siempre aceptamos la soberbia de ser el final. Y sobre la piedra de la palabra, construimos las ciudades, las vergüenzas, los miedos y también los dioses. La rueda comenzó a girar y todos también lo hicimos junto a ella. La máquina nos exigió estar ahí bajo el lema del progreso y cumplimos con su mandato. Después ya ni lema se necesitó para que nuestros cuerpos accionaran y así satisfacer sistemáticamente un deseo que ni siquiera intuíamos ajeno. Cada vez más lejos del niño y del juego, tuvimos que inventarnos una vida, un relato que encajara, viendo morir con un silencio cómplice, ya sin rostro, nuestras viejas promesas tras la ventana de un bar olvidado en las calles del tiempo. Lejos del pensamiento mágico de nuestros ancestros, nuestros días transcurren hoy en este circo de cartón, donde todo está ubicado cuidadosamente en un caos controlado, y las personas se mueven en una danza coreográfica, con caminos repetidos y rutinas esclavizantes.
Donde
la sorpresa muere porque el guion lo indica. El plan es claro y está frente a
nuestros ojos. Ya no seremos aquellos piratas en busca de nuevas tierras,
porque estamos solos. Ya no seremos aquellos jóvenes desafiantes enfrentando la
vida con la cadencia de un inmortal en cada pisada, porque estamos exhaustos,
estamos tristes y cansados. Ya no atentaremos contra el lenguaje, con versos
provocativos y desafiantes, encendiendo nuestra boca en una llama viviente,
porque nos han adoctrinado y han puesto sus palabras allí donde iban las
nuestras. Miramos a nuestros costados y ya no hay nada por lo que valga la pena
entregar lo que nos queda. Eso lograron. Eso entregamos. Ya no hay en el
silencio escondidas las palabras del poema. Ya no queda el rio para contarnos
que es olvido, ya no vuela el cóndor sobre nosotros anunciando nuestra muerte.
La música no nos atraviesa como una lanza encendida y tus brazos están tan
lejos en toda esta mentira que me es imposible hacer casa ya sin ellos.
Lucas Itze.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE UTAMA
“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo… y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que moja. Así describe nuestro gran amigo de esta casa Eduardo Galeano, “el descubrimiento de América”. Hace años, se festejaba el día de la raza y se eliminaba cualquier consulta sobre los pueblos originarios. Ya más adelante en el tiempo, ciertas políticas determinaron que se pase a llamar Dia de la Diversidad Cultural y que se recuerde a los nativos como las víctimas de un saqueo que sigue hasta el día de hoy. En estos tiempos que corren, muchas de esas cosas que se ganaron amenazan con perderse. Y los pueblos originarios no son la excepción. Por eso en estas fechas no hay nada que celebrar. Recordamos siempre que hubo genocidio, etnocidio y ecocidio producto de los procesos de exterminio, silenciamiento e invisibilización de pueblos enteros y sus culturas, usurpación de sus territorios, saqueo y robo de sus bienes comunes, desvalorización de sus saberes ancestrales…y un sinfín de atrocidades que fueron cometidas en nombre de “La Civilización”. Hoy, mientras se intenta regalar nuestra Patagonia al mejor postor, siguen sucediendo varias de esas crueldades. Y a eso le sumamos el cambio climático, negado por los mismos que quieren silenciar el pasado.
En algunos sitios, las inundaciones son cada vez más frecuentes, los glaciares se deshielan cada vez más rápido, los océanos toman más lugar y hay islas que empiezan a pensar en ser despobladas antes que de que desaparezcan bajo el agua. Y, como contrapartida, los desiertos son cada vez más áridos y las sequías más extensas. El agua, la respuesta a todo, incluso a la vida, es el bien más deseado en este momento. Y su privatización ya está en camino. Con la falta de agua como tema de fondo, Alejandro Loayza Grisi nos trae el film Utama, que en quechua significa Nuestro Hogar. Ya de por sí es interesante ver una película de un país que no tiene tanta tradición en el cine. Jorge Sanjinés fue uno de sus pioneros y en estos últimos años han empezado a llegar más cine del altiplano a diferentes festivales. Recordando un poco a Paz Encina y su Hamaca Paraguaya, Loayza nos trae otra historia de una pareja de ancianos donde la familia, las raíces, las tradiciones y el clima se entremezclan para formar un todo. El film nos presenta a Virginio y Sisa, una pareja que está esperando que la sequía termine de una vez. La llegada de su nieto Clever intentará ser la conexión entre la tradición y lo moderno, entre lo sagrado y lo profano, y será el encargado de la curva dramática del film. El intentará que Virginio deje de arriar sus amadas llamas y decida ir a la ciudad, a hacerse ver una enfermedad que lo va consumiendo de a poco. El lugar ha quedado casi deshabitado porque la mayoría se ha ido la ciudad. Sólo queda la inmensidad del paisaje y unas pocas vidas que deambulan entre tierra agrietada.
La película contará con un guion lineal y
con una excelente fotografía de Bárbara Álvarez, quien ha sabido trabajar con
Lucrecia Martel, quien dotará a las imágenes de una belleza absoluta, además de
crear elipsis para crear los puentes necesarios entre los personajes y la
naturaleza. Los planos generales de ese pequeño poblado desierto parecerán
pinturas. El enfoque de los personajes ante la inmensidad del lugar, mostrará
lo pequeño que es el ser humano ante la perfección del entorno. La música
elegida será ideal para conectar y trasladarnos a ese mundo que vemos en
pantalla. La banda de sonido, desde el viento hasta la respiración entrecortada
del protagonista, demostrará la importancia de esos pequeños ruidos para que
todo sea más verosímil. La sequía, como dijimos al principio, será la excusa perfecta
para tratar un tema que es de vital importancia en esos lugares: el valor de la
tradición. Pese a tener pocos diálogos, a lo largo del metraje irán apareciendo
frases que nos dejarán pensando. “El tiempo se ha cansado” repite
Virginio mientras espera esa lluvia que no llega. Y ahí aparecerán los ritos,
con sangre de llama incluida, para ver si sus dioses escuchan sus plegarias.
Mientras el director trabajaba con habitantes de pueblos originarios, varios le
repetían una frase que al director le quedó resonando “No podemos irnos
porque nuestra tierra quedará silenciada”. Ahí encontró entonces ese porqué
que tanto necesitaba. Ahí estaba Virginio, explicando el porqué de su decisión
pese a su salud cada vez más delicada. La clave nos la dará la charla con su
nieto “El cóndor, cuando se siente inútil, cuando ya no puede volar... busca
el pico más alto, encoge las alas y se deja caer” le dice. Virginio
entiende como nadie que su tiempo se está acabando y de convertirse en polvo,
lo mejor es que sea en esa tierra que habitó toda la vida. Quizás en algún
momento sus huesos se transforman en piedras, como esas que él junta siempre
para llevarle a su amada. Y recordar esos versos que don Ricardo
recitó alguna vez “Sentimiento indiano, orgullo nativo han parido este
canto en el corazón mío”.
Marcelo De Nicola.-
Canción post impresiones
UNIVERSO LOAYZA GRISI
Nacido en 1985, hijo de Marcos
Loayza, reconocido director boliviano. Su ópera prima “Utama” se
estrenó en el Festival de Sundance 2022 donde obtuvo el Gran Premio
en la World Dramatic Competition. Además de este premio la película obtuvo
más de una cuarentena de premios y participó en más de 80 Festivales
Internacionales, incluyendo BFI London, Karlovy Vary, Hong Kong, Cartagena,
Lima, El Cairo, Toulouse, Sydney, Palm Springs, San Francisco, Málaga,
Göteborg, Guadalajara y Transilvania, entre otros. Fue nominada como Mejor
Película Iberoamericana en los Premios Goya 2023 y tuvo 5 nominaciones a los
Premios Platino 2023 en los cuales ganó Mejor Música y Mejor fotografía. Fue la
representante boliviana para los Premios Oscar 2023. Alejandro inicia su
carrera artística en la fotografía fija, realizando muestras, numerosas
publicaciones y ganando 2 premios nacionales en Bolivia. Posteriormente salta a
la imagen en movimiento como director de fotografía. Atraído por las historias
que se pueden contar con la creación de imágenes, incursiona en guion y
dirección de cine campo en el que hoy se desempeña. Estudió comunicación
social, publicidad e hizo un máster en guion en la Universidad Complutense de
Madrid junto a The MediaPro Studio. Es cofundador y co-organizador del
laboratorio de guion ISLAB.
FICHA TÉCNICA
Título original: Utama
Año: 2022
Duración: 87 min.
País: Bolivia
Dirección: Alejandro Loayza Grisi
Guion: Alejandro Loayza Grisi
Reparto: Luisa Quispe, José Calcina,
Santos Choque
Música: Cergio Prudencio
Fotografía: Barbara Álvarez


























