martes, 15 de septiembre de 2026

LAS ACACIAS DE PABLO GIORGELLI

PROGRAMA 517 (11-09-2026)

 

SINOPSIS

 

Rubén es un camionero solitario que recorre desde hace años la autopista de Asunción del Paraguay a Buenos Aires, cargando madera. Sin embargo, el viaje de hoy será diferente. Esta mañana, en un paradero de la autopista cerca de Asunción, Jacinta se presenta una hora más tarde para iniciar un viaje por carretera que la llevará a Buenos Aires. Es más, Rubén se entera en ese mismo momento que la pequeña Anahí, de 5 meses, viajará con ellos. No es el mejor comienzo pero a medida que vayan pasando los kilómetros, la relación entre Rubén y Jacinta irá creciendo. Ninguno de ellos habla mucho de sus vidas, ninguno pide mucho tampoco. Es un viaje de pocas palabras, pero no silencioso. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Salió de la fábrica enfundado en un rojo furioso que parecía pintado por un artista. Se echó a andar por las rutas más recorridas del país. Pero tampoco le faltó meterse en el barro, en esas calles de tierra donde poder doblar requería un tiempo mayor al normal. Ha trasladado tantas cosas que perdió la cuenta. Y ha pasado por tantas manos. Hasta que llegó el día que todo fue tirando a definitivo. Como ese amor de verano que sirve para alejar soledades. Primero fue un viaje corto, casi una prueba de fin de semana. Luego, el tiempo los fue acercando. Ya el olor del primer mate de la mañana se sentía antes de que suba al asiento. Ya sabía que iban a ser horas. La música de fondo. Alguna confesión, sabiendo que su oído iba a estar siempre ahí. Y más seguro que un cura. Pobre el que los veía charlando, pensarán que era un loco decía… Es que de soledades se vive en este mundo. De estaciones de servicios, de parrillas al paso, de amigos por horas, de alguna visitante de ocasión. Y no iba a ponerse celoso por eso. Si, al fin y al cabo, nadie lo había cuidado mejor. Los mejores años de su vida, sin ninguna duda. 



Cada tanto al médico por alguna abolladura y no más que eso. Perdió la cuenta de las provincias que visitó. Ni hablar de los pueblos. En algunos lugares, los chiquilines hasta se sorprendían al verlo. Ahí se sentía como cuando salió de la fábrica. Aunque los años no venían solos. Varios lo quisieron retirar. Muchos otros intentaron desarmarlo de golpe, pero siempre resistió. Ya con los años empezó a caminar menos. Su pareja de toda la vida lo cambió por alguien más joven pero siempre volvía a ese amor. Nunca lo dejó de lado. Lo sacaba a carretear cada tanto, para no oxidarse en el olvido. Fue ahí cuando empezó a entender de soledades. Quizás cuando ya no tenía quien lo charle, cuando el aroma de ese mate lo gambeteaba y se iba por la otra punta. Pero ese gigante de hierro y varias ruedas se conformó con jubilarse poco a poco y, desde ese viejo garage, recibir el saludo de su amante día tras día, para que la maldita soledad no lo pueda vencer…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 




IMPRESIONES SOBRE LAS ACACIAS

 


La naturaleza del hombre es, antes que nada, solitaria. Casi siempre estamos solos. Vivimos sumergidos en esta marea de gente, atravesados por un lenguaje que no nos contiene ni nos nombra. No hay mayor soledad que ese silencio ensordecedor que distancia la palabra de aquello que nombra. No existe mayor soledad que la palabra insuficiente, la del receptor que no oye, la del ruido en el mensaje, la de este grito que se ahoga en un murmullo virtual inalcanzable que nos promete un futuro que, paradójicamente, nos asegura que nos matará en 10 años. La soledad binaria de ceros y unos, simplificada, disociada y ajustada al entendimiento de un receptor sencillo, simple como el mensaje que pretende recibir. ¿Qué soledad más profunda en este mundo habrá que esta? Sábato tenía cierto optimismo, muy raro en él, respecto de esto. El escritor decía que tal vez aluna vez en la vida, muy de vez en cuando, se generaban efímeros puentes donde se forjaba una comunión con el otro, o sea una común unión, efímera, fugaz, temporaria, por demás breve. Agregaba Ernesto, o tal vez nosotros, que aquellos puentes se tendían en ocasiones muy particulares. Tal como Sábato, creemos desde este espacio, que esas breves conexiones se dan en situaciones particulares de las relaciones humana tales como el amor, el pensamiento y algún hecho artístico. Conectar con una lírica, con una melodía, voy a menos, conectar con un acorde, nos hermana inevitablemente con el artista, y eso hace puente. 



Unos ojos negros casi felinos descubiertos observándonos desde el anonimato en la espera de un semáforo, hace puente. Creer que uno está enamorado es puente. Sumergirse en la marea feroz de una charla inteligente también lo es. Luego, la mayoría del tiempo, el resto de la vida digo, somos, tal como nos describía Pirandelllo como islas incomunicadas que viajan sin interrelacionarse. Viviendo nuestras vidas en la soledad más íntima del ceno quizás de una familia, de una urbe, de una comunidad. Muriendo el tiempo tan callando. Porque la soledad siempre es en función del tiempo. Uno sufre la soledad porque se sabe finito, vamos, porque sabe que va a morir. El eterno no se siente solo porque vive en la certeza de que todo en algún momento le llegará. Tal como dijimos alguna vez en este mismo foro,  pensar al tiempo, darle una entidad de pasado, presente y futuro, darle una lógica, es nada más y nada menos que  volverlo ilógico. Pensar al tiempo es descubrirlo irracional, es comprender que es imposible afirmarnos en un presente, en un ahora. Aquel  ahora nos huye. El pasado no existe, no es, porque ya ha transcurrido, es nada. El futuro tampoco es porque no ha sucedido, es una especulación propia y personal, una intromisión desesperada del almanaque. El presente, tal como dijimos, es inhabitable e inaprensible, es el punto de encuentro entre el pasado y el futuro, es el crudo cruce entre dos nadas. Pensar el presente es hacerlo siempre desde el pasado, es una construcción fantasiosa sobre la que nos proyectamos y desde la que construimos existencia y también lenguaje. El presente es nada, no hay ahora



Aun así, el tiempo se sucede por una gracia inexplicable, y esta gracia puede convertirse en una condena. El futuro, asimismo, es una proyección que realizamos desde nuestra propia acumulación de pasado, pero aquella imagen especulativa, construida con lo que nos falta en el presente, tampoco la habitaremos jamás. Esa tal vez sea una buena noticia. El futuro nunca va a encajar con la imagen que diseñemos de él y es en aquella incongruencia cuando deviene la sorpresa. La mala noticia, y la real, es que padecemos nuestra existencia entre el choque de dos nadas. Camus, en su libro El mito de Sísifo, encontrará una solución a esta existencia sostenida entre el cruce de dos nadas, sin tiempo ni espacio: el suicidio. Por su lado, Schopenhauer dice: Toda vida es esencialmente sufrimiento, a lo que Nietzsche agrega descarnadamente en su pesimismo radicalmente trágico la idea de no haber nacido y de haberlo hecho morir pronto, retirarse de la vida. Estamos solos, estamos tristes y todo aquello es una tragedia en sí. Conocemos nuestro destino, y como héroes y heroínas que somos de nuestra epopeya, no podemos escapar a nuestro final trágico y solitario. Lo sabemos. Moriremos cualquier día de estos. Lo haremos en la más profunda de las soledades. Morirán aquellos que amamos y harán más profundo el abismo que nos habita. Pero estará bien, de eso también se trata esta aventura. 



Allí está Las Acacias, aquel film simple en toda la complejidad de la concepción de aquel término, tranquilo y movilizante, el cual va a venir a chocar un poco con todas estas ideas desde el amor, el pensamiento y claro, desde el arte. Pablo Giogelli, su flamante director, intentará entrar en aquel mundo tan excelentemente narrado por Lucrecia Martel, pero lo hará con su impronta personal. Eso le dará una riqueza particular a la cinta. La película abrirá inicialmente con el sonido sobre los títulos, anticipando que habrá algo que nuestro héroe tendrá que oír, que habrá algo que no estará en la imagen y que servirá para su proceso dentro de la curva dramática. Entonces, la cinta abrirá impactante con una Acacia de gran altura a contra luz y nuevamente el sonido. Se oirá fuera de campo el quiebre de una madera y un árbol entrará a cuadro cayendo. Estos 20 segundos de celuloide bien podrían ser una gran metáfora del conflicto de Rubén, protagonista del film. Gastón Bachelard dice que toda metáfora es un mito en miniatura. Allí está entonces el mito de Rubén, solo falta desarrollarlo. La película será una Road Movie, y transcurrirá en su mayoría en la cabina de un camión, situación que reducirá profundamente la capacidad de puesta de cámaras y de encuadres para una película de más de una hora. Esta situación estará resuelta con delicadeza e inteligencia por el director, el DF de la película, y el montajista. El relato será dinámico y entretenido, aunque sencillo y sin demasiadas pretensiones. Allí estará la belleza de Las Acacias. Tendrá la frescura de cuando uno se sienta a la vera de un río. 



En tal situación pueden pasar dos cosas. Que nos quedemos en el simple acto de visualización del agua correr, o conectarnos realmente, enérgicamente con la situación entera. Con la vibración de la tierra, la potencia del rio, su sonido, su canto, la historia que trae al chocar con las piedras, la caricia del viento en la cara, el movimiento de las hojas y el juego de sus sombras creando duendes inquietos recorriendo la tierra a nuestro alrededor. Y el rio… el rio fluyendo. Las Acacias decide sentir y mostrar al espectador la segunda situación. Logra con simpleza, con economía de planos, transmitir esa visión de la tierra, de las personas de la provincia, de la vida lejos de los edificios, del tránsito y la velocidad imperiosa citadina. La fotografía de la cinta estará virada a las tonalidades verdes y predominarán los planos cortos. La estructura narrativa del relato será lineal y el conflicto será interno. Veremos el árbol caer y aquella será la resolución del conflicto de Rubén. Nos sorprenderá, no lo veremos venir y será maravilloso. Nos quedaremos con la cara de nuestro protagonista en primer plano con sus ojos vidriosos y pediremos que funda a negro porque la película será eso, y Giorgelli lo hará en el momento exacto, justo allí donde Ruben, entre tanta coraza, tanto dolor asumido, tanta soledad mal llevada, podrá generar aquel efímero puente del que hablábamos al principio y en aquella brevedad de su ser, en aquella comunión podrá, aunque de manera casi imperceptible, dejar ver su corazón.

 

Lucas Itze.-        

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GIORGELLI

 


Nació en 1967 en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Giorgelli Empezó como montajista en film como Moebius (1996), Sólo por hoy (2000) y Lo Natural (2002). En 2011 filma su primer largometraje: Las acacias, con el que gana la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. Luego llega Invisible en 2018, que narra la vida de Ely, que tiene 17 años y está embarazada.  En 2021 filma su último film hasta la fecha: La encomienda, sobre unos hombres que naufragan y quedan a la intemperie en el mar azul intentando sobrevivir.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Las acacias

Año: 2011

Duración: 82 min.

País: Argentina

Dirección: Pablo Giorgelli

Guion: Pablo Giorgelli, Salvador Roselli

Reparto: Germán de Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani.

Fotografía: Diego Poleri

 

PELÍCULA COMPLETA

UPSTREAM COLOR DE SHANE CARRUTH

PROGRAMA 516 (04-09-2026)

 

SINOPSIS

 

Casi nueve años después de su aclamadísima ópera prima, "Primer", Carruth vuelve a ponerse tras la cámara -y vuelve a ejercer de guionista, compositor y director de fotografía- para contar la historia de un hombre y una mujer que se atraen el uno al otro para verse enredados en el ciclo vital de un organismo inmortal. La identidad se vuelve una ilusión mientras luchan para unir los fragmentos perdidos de sus destrozadas vidas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Despojada de todo se acerca a la mesa pisando el pasto con sus pies descalzos. Su cuerpo se siente liviano. Ella la espera allí, impasible. Con su taza de té alzada en una mano. No bebe, la sostiene como si posara para un cuadro. Se la ve pálida y hermosa. La bella dama. La mujer de labios rojos. Allí sentada, esperando imperturbable su llegada.

¿Puedo sentarme? Pregunta la recién llegada.

Soy una reina, esta colina con césped es mi reino, debes hablarme con respeto, responde la pálida y hermosa mujer.

Fue entonces cuando la que ya no tenía nada, la de los pies descalzos, hizo una reverencia y pido perdón.

Ahora puedes sentarte, el té se ha helado. Aquí las esperas son largas y siempre el té se enfría, pero lo que abunda en mi reino es la paciencia. ¿Y cómo te llamas? Preguntó la dama de labios rojos.

No lo recuerdo. Hoy a la mañana lo recordaba, pero ya no.

No te acuerdas porque tu nombre ahora es mío, replicó con cinismo la soberana. Yo soy tu reina y todo lo que posees me pertenece.

Nada es lo que poseo su majestad.

La reina la miró fijo a los ojos, luego sacó una bolsita de terciopelo rojo de su saco de reina, y de ella unos pequeños huesos amarillentos que arrojos sobre la mesa. Leyó algo en la posición de su caída y pronto volvió a guardarlos.

El sol está cayendo por el norte dijo la reina y luego sorbió de su té helado.

Pero recién está amaneciendo mi bella reina, el sol recién asoma por el mar.

Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro despierta sentencio la pálida dama.

Tus ojos no sirven en mi reino.


 

La recién llegada cerró sus ojos y buscó sentir. Recorrió con la punta de sus dedos el blanco mantel que vestía la pequeña mesa del té. Con sus pies descalzos buscó la frescura del pasto verde y largo, pero su cuerpo no podía recibir sensación alguna. Cualquier acto era el mismo ante la falta de una respuesta al estímulo. Quiso sentir pena, pero no pudo. Elevó su cabeza hacia el cielo, y la mano huesuda de su soberana abrió sus ojos, deslizó su uña roja y puntiaguda lento sobre su nariz. Luego tomó una masita de un plato de plata que posaba sobre la mesa, la mordió y sus migas cayeron desagradablemente sobre su ropa, luego ella sonrió.

Mi aliento respira en cada una de tus horas, dijo mientras masticaba.

No hay flores en tu reino, quiero volver a sentir.

La noche anima tu insolencia. El sol alargaba sus sombras recién saliendo detrás del mar.

Quiero recordar, solo eso. Está muy mal visto no saber quién es uno. Fue entonces cuando la Bella señora se puso de pie, enorme, impactante, a contraluz de aquel sol que juraba negar. De un solo movimiento tiró la mesa que la separaba de la recién llegada, de la despojada, de aquella que nada sentía, y dijo con vos reverberante, a modo de conjuro final:

Ya no hay estrellas que iluminen ningún camino. No hay una luna que llore sobre las saladas aguas de este mar. La jaula está abierta. Ya eres pájaro. ¿Qué harás ahora con el miedo?

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE UPSTREAM COLOR

 


Con el paso del tiempo, la civilización ha mutado, ha ido transformándose. Cosas que antes resultaban naturales, hoy nos parecen una barbarie. La mayoría por suerte han sido para mejor. Aunque siempre hay cosas para cuestionar. Este nuevo siglo nos trajo la unión de la comunicación, la sociedad plena, la poca privacidad y la conexión eterna. Basta con pensar cuanto tiempo estamos con el celular en la mano… Crearon una máquina perfecta de dependencia, todo está ahí, en un pequeño objeto. Ahí están los amigos, la familia, los viajes, los recuerdos, la agenda, la calculadora, la cámara de fotos, la cuenta del banco… Somos parte de ese sistema que nos obliga a estar cada vez más conectado virtualmente y más alejados de la naturaleza que nos rodea. ¿Qué sería de nosotros si de pronto, nos desconectamos de todo? Lo primero que pensarán es que estamos locos, o mínimo, un poco separados de nuestra realidad. Básicamente por no seguir las reglas del juego. Algunos quizás nos llamaremos “trascendentalistas”. ¿Qué sería eso? El trascendentalismo fue una corriente filosófica de mitades del siglo XIX. Para ellos, el alma de cada individuo es idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene. Trabajaron con la sensación de que el advenimiento de una nueva era estaba al alcance de la mano. Fueron críticos de su sociedad contemporánea. Además del tema divino, entre sus ideas principales estaban la intuición sobre lógica, a través de la intuición espiritual y experiencia directa, el individualismo y la libertad, basado en la autosuficiencia y con un pensamiento crítico hacia las normas sociales y la resistencia pacífica ante la injusticia gubernamental y por último, la conexión con la naturaleza, ya que consideraban que el entorno natural es una manifestación viva de lo divino y un espacio esencial para sanar el espíritu y escapar de la deshumanización industrial. 



Algunos de estos filósofos fueron Ralph Waldo Emerson, Margarte Fuller y Henry David Thoreau. Este último, fue autor de dos de los grandes textos americanos. En 1849 escribió el célebre ensayo Desobediencia Civil, donde sostiene que los individuos deben dar prioridad a su conciencia antes que, a la obediencia a leyes injustas, argumentando que la sumisión pasiva a la autoridad gubernamental facilita la perpetuación de la injusticia. Su postura fue motivada por su oposición a la esclavitud y a la Guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), la cual consideraba moral y políticamente inaceptable. Ensayo que sirvió de base para nombres como Mahatma Gandhi o Martin Luther King, entre otros. Ya en esos años, el escritor se había mudado a una granja del lago Walden, donde se construyó una choza y vivió unos años para demostrar que la vida en la naturaleza es la verdadera vida del hombre libre que ansíe liberarse de las esclavitudes de la sociedad industrial. Por otro, que la comprensión de los recursos de la naturaleza, sus reglas, sus recompensas, son un camino que el hombre no debe olvidar. En 1854 escribe la obra Walden, basada en esas vivencias. Su primer párrafo dice “Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada”



En el mismo habla de economía, literatura, del sonido (del silbido del tren que interrumpía su sueño), de la soledad, los visitantes, el campo, los estanques, entre otras cosas. Hay un capítulo para cada uno de ellos. Y la conexión con la naturaleza como foco principal. Es justamente Walden, el texto que sirve como conexión para el film Upstream Color de Shane Carruth. Este comienza con alguien recolectando una larva. Luego esa larva es utilizada para que sea ingerida por una chica llamada Kris y así ejercer un control mental sobre ella, leyendo varios pasajes del libro Walden. Durante ese estadío, le robarán todos sus bienes y quedará en endeudada. Despertará luego en su casa con gusanos arrastrándose sobre su piel, que, aunque intente quitarlos con un cuchillo, no podrá. En el medio, se revela como alguien trasfiere un gusano del cuerpo de Kris a un cerdo. Al no tener pruebas, desiste de hacer una denuncia. Luego empieza a tener unas sensaciones extrañas. Cuando empieza una relación con un hombre llamado Jeff, se darán cuenta que han pasado por situaciones similares. Carruth, luego de Primer, vuelve a hacer un film no apto para todo público. Otra vez, será director, actor, guionista, montajista, director de fotografía y creador de la banda sonora. Hará un gran uso de la cámara, que pasará de los primeros planos a los planos medios, además de jugar mucho con el plano detalle. Justamente el montaje ayudará con las elipsis y la fotografía estará muy bien lograda, sobre todo por como utiliza la iluminación. La música también será destacada, ya que, en los momentos silentes, se servirá de ella con minúsculos sonidos que harán una obra minimalista. 



A lo largo del film, entendemos, o creemos entender, que lo que le pasa a ese cerdo que tiene la larva, le va pasando a los personajes. Hay alguien a cargo de ellos que resulta invisible para el resto. Una especie de observador secreto. Que tiene el don de ver o sentir a los seres psíquicamente vinculados a ellos. Cuando el cerdo tiene cría, la pareja siente como una sensación de pérdida, los recuerdos del otro suenan como propios. Es el giro de la curva dramática donde empiezan a aflorar ciertos recuerdos. ¿Conocieron al observador o es sólo una imaginación? ¿Es esa conexión la que juega entre ellos? ¿Es una conexión con la naturaleza? Thoreau en su libro cita “toda nuestra vida es de una moral sorprendente. Entre la virtud y el vicio jamás hay un instante de tregua. Somos conscientes de que hay un animal en nosotros cuyo despertar está en razón directa al letargo de lo superior de nuestra naturaleza. Aquel es reptil y sensual, y quizá no lo podemos expulsar completamente; es como los gusanos que están instalados en nuestro cuerpo, aunque estemos vivos y sanos”. Carruth utiliza Walden como un enlace entre estos dos mundos. Entre la literatura y el cine. Y utiliza el cine como medio para describir la conexión entre seres humanos y, sobre todo, para intentar que estos vuelvan a reconectarse con ese animal del pasado, con ese animal amante de la naturaleza. ¿Seremos esos gusanos capaces de destruirlo todo? ¿Tendremos que esperar que las orquídeas cambien de color para entender lo que hacemos? ¿O seguiremos siendo marionetas manejadas por la sociedad para adoctrinarnos y volvernos manejables? Quizás, somos parte de este mundo perdido, siendo observados sin saberlo y estableciendo con mayor precisión, esta desconexión sideral de la que somos parte…


Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CARRUTH

 


Nacido en Myrtle Beach, Carolina del Sur, en 1972, Carruth estudió matemáticas en la universidad y se convirtió en desarrollador de software de simulación de vuelo antes de realizar su primera película. Posteriormente, dedicó los siguientes ocho años al desarrollo de "A Topiary", otra película de ciencia ficción. La película nunca se realizó y Carruth afirmó que "básicamente desperdicié toda mi vida" en el proyecto. El guionista y director Shane Carruth, antiguo ingeniero de software, irrumpió en la escena del cine independiente con su película de ciencia ficción de bajísimo presupuesto, Primer (2004), en 2004. Carruth también interpretó uno de los dos papeles principales y compuso la música. "Primer" ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio Alfred P. Sloan en el Festival de Cine de Sundance. 



Finalmente, Carruth realizó una segunda película, Upstream Color (2013), que se estrenó en 2013 tras su debut en el Festival de Cine de Sundance. Luego de varias discusiones con productoras, actualmente afirma haberse retirado del cine.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Upstream Color

Año: 2013

Duración: 96 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Shane Carruth

Guion: Shane Carruth

Reparto: Shane Carruth, Amy Seimetz, Andrew Sensenig, Juli Erickson, Thiago Martins.

Música: Shane Carruth

Fotografía: Shane Carruth

 

PELÍCULA COMPLETA

EL JOCKEY DE LUIS ORTEGA

PROGRAMA 515 (28-08-2026)

 

SINOPSIS

 

Remo Manfredini es un jockey legendario, pero su comportamiento autodestructivo comienza a eclipsar su talento y amenaza su relación con su novia Abril.
El día de la carrera más importante de su carrera, que lo liberará de sus deudas con su jefe mafioso Sirena, sufre un grave accidente, desaparece del hospital y deambula por las calles de Buenos Aires. Libre de su identidad, comienza a descubrir quién está destinado a ser en realidad. Pero Sirena quiere encontrarlo, vivo o muerto. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La noche era calurosa, siempre las navidades en el barrio solían ser así. Las mesas eternas en las veredas eran el decorado que completaba el festín. Los chicos iban y venían. La pelota iba de una manzana a otra. Eso sí, a las 12 menos cuarto, todos adentro. No vaya a ser cosa que alguien descubra ciertos secretos. Luego llegaba el brindis, la hora de los regalos. Algunos con más que otros, pero todos compartiendo ese momento que luego no se compartirá más. De repente, unos estruendos aturden a toda la vecindad. No son cuetes normales, no. Lo saben los mayores. Nosotros los chicos los festejamos. Claro, en ese momento no entendemos lo que significa que alguien saque una pistola y efectúe tiros al aire. Tampoco sabemos la peligrosidad. De los más grandes, algunos ríen, otros se enojan. Lo que pasa todos los años. El tipo luego baja de la terraza, sin el arma en mano y ríe. Algunos lo retan. A Pocho no le interesa. Vive hace años y lo conoce todo el mundo. “Ya me extrañarán, chiquito”, me dice mientras me guiña un ojo. Luego, se pondrá a hablar de fútbol para terminar con su pasión: el turf. Y empieza la etapa de convencimiento… Se sienta de lado y dice “vos tenes que ser jockey, que son flacos y chiquitos como vos. Haceme caso”. Años escuchando esa frase. Básicamente cada vez que lo cruzaba. Un día, suena el timbre, escucho voces hasta que alguien me llama y lo primero que veo es una boina marrón. Un saco color azul y un pantalón que hace juego con la boina. El tipo de los tiros al aire me acompaña hasta su auto quien sabe para llegar a donde… 



En ese viaje eterno suenan las carreras de caballos de fondo. Estacionamos frente al Hipódromo de Palermo. Gente de traje y corbata a pasos apurados cuentan billetes frente a las ventanillas. En el fondo esperaba él, un caballo hermoso, color petróleo. Estaba con la mirada tranquila, aunque sus ojos eran amenazantes. No me quería acercar mucho, siempre les tuve pánico. El viejo me llevó hacia allí endulzándome los oídos y casi sin pensarlo estaba arriba de esa bestia de cuatro patas, obviamente ayudado por alguien del lugar. Ese fue el comienzo. Esa fue la bifurcación de la historia. Vinieron años de entrenamientos, perderme ciertos momentos adolescentes y perderle el miedo a la bestia. Allí también estaba ella. Con su pelo atado y su fina estampa. Una mueca alcanzó para que sea eterna. Rivales de amor y de odio. Creciendo cada uno desde lugar. Pasión e intensidad, como en la pista. Todo cambió cuando resonó mi nombre en el mítico hipódromo. Unos enloquecían, otros puteaban. Pocho me llevaba hacia la victoria. Si, le pusimos ese nombre. En homenaje al viejo que murió poco tiempo después de esa tarde de domingo. Quizás fue el legado, quizás fue una historia inconclusa, quizás fue ese amor de verano inolvidable. O una vida que en algún momento pudo existir. Y quizás también, en esos últimos recuerdos, se terminó creando la leyenda del jockey...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EL JOCKEY

 


Alguna vez Mario Benedetti nos advirtió con la más pura de las honestidades lo siguiente: mírame pronto, antes que en un descuido me vuelva otro. Y culminó diciendo: en mis manos te  traigo viejas señales, son mis manos de ahora, no las de antes. Doy lo que puedo, y no tengo vergüenza del sentimiento. Seré en este juego quien muera con el sol cuando las flores escondan su belleza diaria a la luna y conviden a las estrellas su ardiente danza de sombras, aromas y frescuras. Mi nombre no valdrá nada en tu primer sol. Seré el fuego apasionado del astro quemándolo todo, ardiendo en la pureza misma de la creación. Nos construiremos como en la niñez; sin reglas, ni tiempo, ni espacio. Sin miedos que nos detengan, que arruinen el juego, que impongan normas, o personajes preestablecidos. Lo haremos con la seriedad que propone lo lúdico, con la sonrisa del puente que nos devuelve ese misterio de pantera que todavía se esconde en el velo de nuestra mirada, esa mirada que desarma cada forma para hacer de aquello visto algo nuevo. Moriremos para empezar de nuevo como las flores, dejando nuestras semillas caer sobre la tierra. Apostando a otro ciclo hasta dar finalmente con nosotros mismos. Asomarnos al abismo es siempre trágico, y es tal vez esto lo que afirma el sufrimiento de la vida. Habrá un destino para nosotros, un punto final que haga fundir a negro toda esta pantalla. Dependerá en parte de nosotros encontrar ese destino y ese personaje, descubrir sus particularidades, caminar hacia él con la tesura y la templanza de quien sabe lo que hace, o tal vez con la simple resignación del quien camina sabiendo que cada paso dado niega al anterior. 



Lo cierto es que el destino está allí y hasta ahora no hubo hombre sobre este cascote que escapara del punto final de su historia. Para los griegos, el destino era más poderoso que los dioses. Los dioses griegos no tenían omnipotencia, el gobierno de estos estaba reducido, antes que nada tenían fe en la fatalidad. Si hay una moraleja en las historias griegas es, queridos amigos, desconfíen del destino. Siempre el destino es más poderoso que los dioses. Su personificación en la mitología griega, fueron las Moiras. En principio, todo humano tenía su Moira, o sea su parte de vida, de felicidad y de desgracia. Como bien se sabe, estas eran inflexibles e impedían a los dioses acudir en socorro de tal o cual héroe cuando había llegado su hora. En un inicio se pensaba en una Moira universal, pero luego de Homero, se establecieron tres Moiras. Se las conocieron también como las parcas y regulaban la vida desde el nacimiento del héroe hasta la muerte. Tenían un hilo, uno hilaba, otro enrollaba y el último cortaba el hilo cuando la existencia llegaba a su fin. El nacimiento de la tragedia, tal vez la primer gran obra de Nietzsche, de 1871, es donde el filósofo introduce las figuras de Apolo y Dionisio como instintos artísticos que permiten crear la tragedia griega. Para el filósofo estas dos figuras son instintos artísticos contrapuestos que en algún momento se pueden complementar, y que de hecho se complementan para formar aquello que se llama la tragedia ática o clásica griega. Destrucción, aniquilación y creación. Esa es la transformación que va sufriendo a través de la obra Nietzscheana Dionisio



En su obra la tragedia clásica se da como resultado, como conjunción de las dos fuerzas: la terrible, la nocturna, musical e instintiva, Dionisiaca y la bella, armoniosa, escultora y arquitectónica fuerza de Apolo. Schopenhauer dice: Toda vida es esencialmente sufrimiento, Nietzsche lee este pesimismo en los griegos y llega a la idea de que el pesimismo radicalmente trágico figura en la idea de no haber nacido y de haberlo hecho morir pronto, retirarse de la vida. Para poder soportar la existencia, entonces, los griegos tuvieron que crear un velo, los dioses olímpicos. Fue un proceso apolíneo de belleza que fue transformando aquel escenario titánico del horror. Poner un velo no es tapar, es seguir entreviendo lo que no soporta una mirada directa, y una mirada última jamás soporta una mirada directa. La tragedia consiste, entonces, en una tensión irresoluble, la cual nos muestra bellamente que no podemos ser inmortales. Por último, el destino del héroe, a pesar de sus virtudes, de su ingenio, su fortaleza, su astucia, sus capacidades superadoras a las humanas, será siempre trágico. Allí lo audaz, allí el peligro de su accionar heroico. Nos gusta pensar, desde este humilde recinto, que El Jockey, de nuestro gran amigo Luis Ortega, juega en su construcción con los elementos clásicos de una tragedia griega. Tal como hemos expuesto recién, nuestro héroe, un escéptico que tensa su existencia entre lo Apolinio y lo Dionisio, recorre la curva dramática con un destino del que no puede ni busca escapar. 



Estarán las Moiras, aquellos tres matones de personalidades diferentes regulando su vida, tensando sus hilos. Habrá lo bello y lo puro en contraposición de aquello terrible, nocturno y siniestro. Y sobre todo habrá una pregunta sobre el ser que flotará sobre toda la trama, primero sugerida, luego de manera explícita. ¿Y vos quién sos? ¿Vos sabes quién sos? El film se caracterizará por narrar a través de la cámara fija, planos medios, muchas veces cámaras bajas contrapicadas. La fotografía nos recordará a los films de Aki Kaurismaki y ciertos personajes y diálogos nos traerán a la mente a David Lynch o a los hermanos Coen. Serán referencias, aromas, ambientes que tomará el director como referencia, como guiño artístico para con su público. La música será otro gran protagonista como en cualquier cinta de Ortega. La banda musical será exacta, nostálgica y compleja ya que buscará canciones con letra y no simple música ambiental que acompañe las acciones o remarque un sentimiento. Cada tema musical será un mensaje que bien podría haber sido diálogo o tal vez acción. El film estará dividido en los clásicos tres actos aristotélicos y tendrá una de las mejores prestaciones de personajes que este que  habla haya visto jamás. Ortega volverá a demostrar que es un artista frente a la cámara, un poeta que filma, tal como decía Jaques Aumont, todo un cineasta, porque un cineasta solo merece ese nombre cuando sabe lo que hace.

 

Lucas Itze.-       

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ORTEGA

 


Luis Ortega nació el 12 de julio de 1980. Es el quinto hijo de Palito Ortega y Evangelina Salazar, por lo que siempre estuvo rodeado de artistas. Su debut como director lo hizo con apenas 21 años cuando filmó Caja Negra, con Dolores Fonzi, donde cuenta la historia de tres personajes: una jovencita que trabaja en una tintorería, un padre que sale de la cárcel y para en el Ejército de Salvación, y una anciana. Luego le siguió Monoblock, donde tiene el gusto de dirigir a su madre junto a Graciela Borges, Rita Cortes y Carolina Fal, donde la turbia historia de estas cuatro mujeres está delimitado en un pequeño monoambiente. 



En 2009 protagoniza junto al recordado Alejandro Urdapilleta el film Los santos sucios, donde un grupo de 5 sobrevivientes se embarcan en un viaje que los hará enfrentarse a sus peores miedos, sus sueños y sus deseos en la búsqueda de la salvación a través del Río Fijman. En 2011 filmó Verano maldito con guión de Urdapilleta y la actuación de su hermana Julieta y Joaquín Furriel. La historia gira en torno a una pareja de clase alta que recibe la sorpresiva visita de un tío de él. Un año después llega Dromómanos, sobre cinco personas que deambulan por la ciudad y por una villa en las afueras de una Buenos Aires casi irreconocible, nocturna, feroz, concreta y lírica. En 2014 filma Lulú con Daniel Melingo como protagonista y con Nahuel Pérez Biscayart y Ailín Salas como dos chicos de la calle que se enamoran. 



En 2018 llega su film más reconocido: El ángel con Lorenzo Ferro, la historia de Robledo Puch, uno de los asesinos seriales más famosos de Argentina. En el medio, realizó varias de las series de renombre de los últimos años: Lo que el tiempo nos dejó, Un año para recordar, Historias de un clan, El marginal y dos capítulos de la serie Narcos: México. Su último film fue El Jockey, con la que ganó numerosos premios en varios festivales del mundo.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: El Jockey

Año: 2024

Duración: 97 min.

País: Argentina

Dirección: Luis Ortega

Guion: Luis Ortega, Fabián Casas, Rodolfo Palacios

Reparto: Nahuel Pérez Biscayart, Úrsula Corberó, Daniel Giménez Cacho, Mariana di Girolamo, Daniel Fanego, Osmar Nuñez, Luis Ziembrowski, Roberto Carnaghi.

Música: Sune Wagner

Fotografía: Timo Salminen

 

PELÍCULA COMPLETA

lunes, 14 de septiembre de 2026

FREAKS DE TOD BROWNING

PROGRAMA 514 (21-08-2026)

 

SINOPSIS

 

En un circo lleno de seres deformes, tullidos y personas con diversas amputaciones, Hans, uno de los enanos, hereda una fortuna. A partir de ese momento, Cleopatra, una bella trapecista, intentará seducirlo para hacerse con su dinero. Para lograr su objetivo, traza un plan contando con la complicidad de Hércules, el forzudo del circo. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

En el principio de todo fue la oscuridad. Una negrura espesa, un vacío. La nada. De esta manera tan poco prometedora, tan, digamos, sacra, arranca esta historia. De pronto, como si de una suerte de capricho se tratara, bajo la orden o el pedido de alguien (las mejores mieles llegan sin que nadie las espere) la mismísima vida tronó en sus dedos y en el último clic se hizo la luz, y esto, naturalmente, separó las tinieblas de lo brillante, lo claro de lo oscuro. Estaba todo por hacerse, no había ideas previas, no había otros modelos a que remitirse, el creador estaba listo para hacer historia. Para comenzar un relato jamás narrado. El blanco impoluto, las tintas y pinceles ordenados como si del diseño de un paraíso se tratara, preciso, con una lógica natural capaz de ser decodificada en su complejidad y totalidad solo por su compositor, la silla reclinable para bucear en el prestigioso mar de las ideas, o con la capacidad tal para dejar ir a la mente un rato, ese pequeño instante necesario para esconderse de aquello ya creado, de lo mundano, para hurgar ella sola en lugares sagrados y lejanos, tal vez en la ardua búsqueda de aquel pez dorado, que lo modifique todo a último momento. Pero continuemos, como bien todos sabemos, tal como se debe, toda pureza siempre se corrompe, y es allí donde aquellos ojos toman aquel brillo seductor y comienzan a ver a la naturaleza con cierta nostalgia. Nadie escapa del primer diablo, fue entonces cuando las primeras gotas de tinta cayeron sobre el papel. El silencio fue aún más profundo y aterrador que en el comienzo. Una llovizna negra bautizó la hoja y fue allí realmente el comienzo, el inicio de todo. 



Luego recuerdo algo similar a un baile ritual en círculos, en donde el color negro se aclaraba hacia al final con una intencionalidad bien marcada. Bajo la idea de que la naturaleza carece de toda recta, las líneas fueron todas a mano alzada. Marcando su inexactitud, mostrando su coherencia con el habitad que lo rodeaba. Con precisión sí, pero no con exactitud. Dejó participar el error como parte del proceso, le permitió un lugar que otro le hubiera ocultado por vergüenza, por temor. Él no, ante la creación, sintió orgullo de aquellas pequeñas fallas, de esos desaciertos. Los incorporó naturalmente haciéndome allí, tal vez, el regalo más inconmensurable hermoso jamás recibido: la dignidad. Luego líneas esquizofrénicas atravesaron los círculos, la mano busco casi inconscientemente el rojo, pero no lo hallo. Mi suerte siguió entonces monocromática, en la escala de grises. Intencionado el negro en ciertos salpicones, matizando en algunos giros para suaviza, para dar profundidad. Y entonces allí estaba yo. Perfecto, complejo. Bello de una manera sofisticada. Etéreo. Flotaba sobre el papel como una gaviota volando al ras del mar recibiendo sus gotas frescas sobre todo su plumaje, jugando con sus alas sobre el agua, admirando como si fuera la última vez el brillo del sol caer sobre el mar, con su vaivén hipnótico, suave y tranquilo. Ahí estaba yo, con la ligereza de mil dragones, con aquella capacidad de oxigenarme, de llenar cada espacio como si fuera un diseño único y formar un eje propio, singular, diferente a cualquiera, lo sé, con una capacidad especial. Esa era mi libertad, allí se fundaba mi independencia. Mis líneas, mis círculos, mi maravillosa abstracción me unían a la naturaleza, al bosque, a la energía misma que nos recorre a todos. Yo era parte de todos y a todos los sentía en mí. 



Una noche, siempre hay una maldita noche, el apocalipsis llegó a mi mundo como llega o llegará a todos. ¿No sé por qué la nostalgia? Uno no pide existir pero nunca aprende a morirse. Nunca aprende a soltar y dejarse caer en el vacío para siempre. Aquella noche, la mano llegó a los colores y aparecieron los ocres, los rojos y algunas tonalidades de amarillos. Aquel regalo de líneas a mano alzada, toda su dignidad, desapareció en el mismo instante que una regla plástica de números gastados se posó sobre la hoja y curó aquellas fallas. ¿Entienden la tragedia que cargan estas palabras? Que como en una caravana de un funeral, ceremoniosamente, llevan su pena, su dolor más profundo, una atrás de la otra. Guardando un silencio respetuoso, solo mostrando, exponiendo. Tal distancia no responde a la frialdad sino más a aquello escrito alguna vez por Marechal, aquellas palabras no parecen llevar la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve de un poema concluido. Tal fue mi sensación, tal mi soledad, así mi muerte. Mi libertad, ahora, se limitaba a un prolijo título. Un rótulo bajo el ángulo derecho inferior daba alguno datos y culminaba con el nombre de mi creador. Era una figura perfecta ahora, que encajaba dentro de un mundo imperfecto. Era una figura con colores que provenían de una naturaleza que nadie había visto, con sus líneas rectas imposibles. Con sugerencias de un material inexistente en cualquier bosque, en cualquier mar. Había perdido mi libertad, pero había ganado la mirada del mundo, dentro de una carpeta negra, con un gran título que llevaba letras de gran tamaño, impresas en papel reciclable.  

Este es un texto dedicado a los dibujos caídos en proceso.

      

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE FREAKS

 


Es difícil empezar a escribir estas líneas pensando en las veces que nosotros mismos corrimos la mirada al ver a alguien que nos resultaba ajeno. A alguien que no era normal según los parámetros de la sociedad. Que loco que sea normal alguien que picaneaba y torturaba a Víctor Basterra con su hija Eva en brazos y no lo sea alguien que, por ejemplo, le falten las extremidades. Sin dudas, los monstruos son los que tienen apariencia normal y a las pruebas nos remitimos. Ya lo decía el escritor italiano Primo Levi: “Los monstruos existen, pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes, los funcionarios dispuestos a creer y obedecer sin discutir…” Levi se salvó del Holocausto. ¿Qué diría hoy al ver lo que su propio pueblo le hace a los demás? Hoy los funcionarios al mando son monstruos sin corazón, obsesionados por el poder y sin un gramo de empatía, por más que enfrente hayas niños autistas, jubilados o discapacitados. Todos caen en la misma bolsa del terror, bajo quien sabe que excusa siniestra. Allí andan con sus autos de lujo o camperas de cuero, jugando un juego que ni saben cómo jugar. Y así, no sólo nuestra política sino también en el mundo, se llenó de “frikis”. Aunque estos outsiders juegan ese rol para distraer y de paso, destruir a los demás. Entonces, volviendo a la pregunta inicial. ¿Quiénes son realmente los monstruos? 



En las décadas del ´20 y ´30, un director llamado Tod Browning se caracterizaba por tener entre sus filas de actores a gente con enanismo, lo que era algo poco habitual en el Hollywood de esa época. Era 1931, venía de rodar Drácula con Bela Lugosi y se dispuso a filmar la que sería una de sus películas más controvertidas y la Metro Goldwyn Meyer oficiaría como productora. Tanto los productores como otros actores que había en el set de los estudios, pusieron el grito en el cielo porque el elenco de la nueva película de Browning se paseaba muy tranquilo por los bares del estudio. Claro, entre ellos había personas con enanismo, discapacitados motrices y mentales y hasta siamesas. El film en cuestión, que se estrenaría pese a todo en 1932, era Freaks. La MGM ganó una batalla mandándolos a otro lugar y recortando escenas, pero perdió la guerra. El film se estrenó igual. La película empezará con el cartel de la misma y una mano la arrancará de cuajo. Ese comienzo nos dará a entender que no será una comedia. Luego, un hombre se dirige a unos espectadores, (a nosotros, al fin y al cabo), para ver a una monstruosidad viviente que antes era una hermosa mujer y contará la historia. Allí dirá algo clave para lo que vendrá: “entre ellos existe un ominoso código para defenderse. El mal que se le hace a uno de ellos, se les hace a todos”



Luego arrancará el racconto con la imagen de una rubia trapecista y luego una pareja de enanos vestidos de gala, parte del circo andante de las afueras de París en donde se contará la historia. La siguiente escena expondrá las diferencias que nos quiere mostrar el director. En un bosque, un hombre se le queja a otro porque vio unas cosas horribles que se arrastraban, mientras las imágenes muestran algunos seres con problemas físicos o mentales. Cuando ambos mundos se encuentran, son echados hasta que aparece una mujer que trabaja en el circo. “Me gusta sacarlos afuera para que tomen sol y jugar como niños, porque eso es lo que la mayoría son” dice mientras va mostrando a cada uno. Luego ella les dice que no se asusten… y ahí entendemos que los monstruos no son ellos. La trama será bastante sencilla, Hans, uno de los enanos del circo, comprometido con Frida, también de su misma condición, heredará una fortuna. Cleopatra, la trapecista (o trepadora), intentará enamorarlo para quedarse con el dinero y escapar con el forzoso Hércules. Filmada en blanco y negro, será una tragicomedia. Habrá partes cómicas para ir virando hacia el terror en los momentos finales de los 64 minutos que quedaron. Quizás el recorte de 30 minutos que hizo la Metro, nos privó de ahondar un poco más en las historias de los personajes, nunca lo sabremos. La película tendrá una música típicamente circense, pero se quedará muda cuando el terror aceche. La película contará con planos generales y medios para mostrar el espacio y también se servirá de planos detalles de los cuerpos de ciertos protagonistas, como si fuera un documental. 



La cámara estará a la altura de las personas de talla baja cuando estén frente a cámara. Los encuadres mostrarán la amplitud del circo, para plasmarlo de forma real, tanto en sus rutinas como el detrás de escena. También contará con los primeros planos para ver las reacciones de los protagonistas, algo enfatizado en la boda de Cleopatra y Hércules. Será ese el momento donde la curva dramática de los personajes acelere el final. La historia tendrá amores y traiciones, tendrá personajes que como buenos vouyers que somos, no dejaremos de mirar. Ahí entonces aparecerán Schlitze, Koo-koo y los pinheads, dulces retrasados mentales con microcefalia, enfermedad que hace que su cráneo sea reducido en proporción a su cuerpo, la mujer sin brazos, que suple su carencia con una asombrosa habilidad con los pies; las hermanas siamesas, unidas por el tronco; Josephine-Joseph, mitad hombre, mitad mujer, posiblemente hermafrodita,; la mujer barbuda o el fascinante Príncipe Randian, el torso viviente: un hombre sin brazos ni piernas que se arrastra y enciende cigarros con la boca. Todos seres que se unirán para vengarse de los verdaderos monstruos del film, la típica pareja bella de las historietas. “La aceptamos, serás una de nosotros” será la frase que servirá como antesala al clamoroso final. Final que se verá modificado luego por la productora. Porque ellos no entendieron nada y terminaron deformando la cinta. Y para demostrar una vez más, que la normalidad, es asunto de quien la idealice.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BROWNING

 


Nacido como Charles Albert Browning, Jr. en Louisville, Kentucky, Estados Unidos el 12 de julio de 1880. Ya desde pequeño, realizaba obras de teatro en el jardín trasero de su casa. Estaba fascinado por el circo y la vida de la farándula, y a la edad de 16 años se marchó de su hogar bautista de clase media enrolado en un circo ambulante, para convertirse en un miembro activo de los espectáculos de feria y carnaval que tanto le habían fascinado siempre. Cambiando su nombre al de "Tod", viajó por todo el país con espectáculos circenses y de variedades. Sus trabajos fueron dispares dentro de este mundo del espectáculo, llegando a actuar contratado como el cadáver viviente en un número de enterramiento en directo, trabajando como payaso con el Ringling Brothers Circus o participando en muchos números a cada cual más disparatado, trabajos que le sirvieron posteriormente para inspirarse en sus obras cinematográficas. A partir de 1905 se pasó al vodevil como actor, mago, bailarín, etc. Apareció en la tira cómica de Mutt and Jeff, y actuó con blackface en la obra titulada The Wheel of Mirth junto al comediante Charles Murray. Más tarde, mientras Browning se encontraba trabajando como director de un teatro de variedades en Nueva York, conoció a D. W. Griffith. En 1909 comenzó a actuar en el cine con Murray en comedias de corta duración para Griffith y el estudio Biograph Company. En 1913, Griffith rompió con Biograph y se trasladó a California. Browning le siguió y continuó trabajando en las películas de Griffith, esta vez para los estudios Reliance-Majestic Studios, incluyendo un pequeño papel como extra en el film épico Intolerancia. Ya en aquella época comenzó a dirigir, realizando de manera esporádica 11 cortometrajes para Reliance-Majestic. En junio de 1915, tuvo un accidente de coche mientras circulaba a toda velocidad, chocando en un cruce contra un tren en marcha. Sus pasajeros en el vehículo eran los actores Elmer Booth y George A. Seigmann, con los que había estado bebiendo en un bar. Booth falleció en el acto, mientras que Seigmann y el propio Browning sufrieron heridas de consideración, las cuales en el caso de Browning le costaron la pérdida de los dientes frontales y una pierna derecha destrozada. Durante su larga convalecencia, Browning   se dedicó a escribir guiones, y no volvió a la actividad cinematográfica hasta 1917. 



Según los biógrafos David J. Skal y Elias Savada, el trágico evento transformó la perspectiva creativa de Browning: abandonando la comedia que había sido su especialidad, se enfocará en el melodrama moralista, con temas recurrentes de crimen, culpabilidad y retribución. De hecho, de las treinta y una películas que dirigió entre 1920 y 1939, casi todas fueron melodramas. Su primer éxito en las salas fue El trío fantástico (1925); le siguieron destacados filmes protagonizados por el gran Lon Chaney: Maldad encubierta (1926), La casa del horror (1927) y Garras humanas (1927). De su etapa en el cine sonoro se recuerda especialmente Drácula (1931), con Bela Lugosi, quien se convertiría en el vampiro más famoso. 



Antes de retirarse en 1939, Tod Browning todavía aportó al séptimo arte otras dos cintas memorables: Freaks (1932), denostada en su momento y actualmente muy apreciada, y Muñecos infernales (1936). En 1942, tras una cuesta abajo plagada de descalabros profesionales iniciada con las peticiones de censura y las malas críticas que recibió Freaks, su carrera quedó truncada definitivamente y Browning decidió comprar una casa en Malibú y retirarse allí definitivamente con su esposa Alice, luego de haber dirigido más de 60 películas. El 12 de mayo de 1944 falleció su esposa, (la revista Variety publicó accidentalmente una esquela de Browning), lo que sumió a Tod en una soledad total con la única idea de esperar ya su propia muerte. A su delicada salud mental se unieron un cáncer de laringe y en los últimos momentos de su vida, una apoplejía. Tod Browning falleció el 6 de octubre de 1962 a los 82 años, a consecuencia del cáncer que padecía y fue encontrado tristemente muerto en el cuarto de baño.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Freaks

Año: 1932

Duración: 64 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Tod Browning

Guion: Willis Goldbeck, Leon Gordon, Al Boasberg. Relato: Tod Robbins

Reparto: Wallace Ford, Leila Hyams, Olga Baclanova, Roscoe Ates, Henry Victor, Harry Earles, Daisy Earles, Rose Dione.

Música: Richard Wagner

Fotografía: Merrit B. Gerstad (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA