SINOPSIS
José Sirgado (Eusebio Poncela) es un
director de serie B en plena crisis creativa y personal, incapaz de romper con
su expareja (Cecilia Roth). Inmerso en una espiral de autodestrucción, y con
las drogas como acicate, José recibe noticias de un antiguo conocido, Pedro
(Will More). Se trata de un extravagante joven que graba en Super 8 y cuya
obsesión por controlar el ritmo de sus películas lo lleva descubrir el
fotograma rojo. El hallazgo despertará la curiosidad de José, quien emprenderá
un viaje hacia el “arrebato”. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Me mira… nos miramos. Ella sabe lo que estoy pensando. Yo sé lo que quiere ella. No puedo dárselo… O quizás sí. Somos parte de lo mismo. Desde que era un niño soñé con ella. Es algo casi neurótico a esta altura. Está siempre sobre mí. No almuerzo, no ceno. Sólo pienso en ella. En sus ruidos. En sus propios fantasmas. Que ya son los míos. ¿Quién habita este ser? ¿Quién decoró esta habitación? El rojo furioso se entremezcla con el azul más frío. Está todo en un mismo cuadro. Las dos mitades de mí quizás… La mezcla perfecta de fuego y hielo. Un encuadre perfecto. Nadie se animaría a editar esa escena. Afuera se escuchan ruidos. Bocinas, gritos, a lo lejos una sirena invade todo. Bajo a ver… bajamos, dice ella. Que se inmiscuye entre todo el gentío para tener una mejor visión. Capta todo, no para. Como un niño que aprende cosas nuevas. Está así, siempre incorporando conocimiento. Alguien la quiere manotear, pero llegamos a un acuerdo. No se puede estar siempre viendo todo. La sangre llama la atención, pero también impacta. La muerte es así, hermosa y horrible al mismo tiempo.
Y está siempre
al acecho, ella también lo sabe, porque vio muertes de todo tipo. Pero nunca
una real, entonces su corazón se moviliza. Además de sangre y muerte, ha visto
tantas cosas en este tiempo. Hemos visto, mejor dicho. Mis ojos ya son los
suyos y viceversa. Y yo sinceramente ya no sé quién soy. Mi mente arde. El
whisky, las pastillas y las líneas de cocaína aspiradas me envuelven en sueños
eternos y etéreos. Quizás surjan nuevas ideas. Quizás todo ya está escrito. Y
por eso todo es repetitivo, aburrido, sin gracia. Copias de copias. Es la
madrugada. Estoy casi desnudo. Corro por una avenida en sentido contrario al
tráfico. Alguna bocina suena. Alguna puteada también. Los semáforos parecen
todos del mismo color. No me interesa saber cuál es cuál. Creo que ella está
conmigo. Estoy seguro que sí. O ella ya soy yo. Pienso sin pensar, respondo sin
responder. Escucho un click, un rollo que cae, una brutal frenada. El sonido de
ese último arrebato…
Marcelo De Nicola.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE ARREBATO
El amor es todo aquello que dicen que no es. Si hemos podido descifrar algo respecto del amor en este pequeño tiempo de existencia, es que no se trata de otra cosa más que de entrega. Uno entra en el perverso juego del amor para perder. Quien pretenda salir de esta sádica travesura ileso, afortunado o por la misma puerta por la que entró, confunde vilmente las reglas. Maneja canallescamente la economía de los sentimientos, y claro, esconde cartas bajo la manga para no mostrar nunca todo el mazo. Varios juegan en ese paño, sumando naipes, especulando ases, esperando las buenas para poder cantar sobre algo sólido. Basura, miseria. En la economía del amor, todo es pérdida, no existe acto más bello, más repleto de hidalguía, de nobleza, que apartar el yo para dejar que el otro sea. Evitar que el ser, en el encuentro con el otro, fagocite su deseo, lo posea. Amar, tal como hemos dicho alguna vez, es un pretexto para adueñarse del otro y así transformar su vida en nuestra vida. ¡Vamos! en cualquier descuido aquella relación tan lábil, tan sin sentido, tan indefinida, tan innombrable, tan efímera puede tomar la dinámica del amo y esclavo en un pestañar de ojos, e instalarse años en la insania feroz del sometimiento del uno hacia el otro, variando el vínculo según la demanda.
Allí entonces no habitará el amor sino el engaño y mezquindad, el ventajismo y el insostenible e infortunado egoísmo. Aun así, no podemos dejar de amar, porque queramos o no, aquel estado de insania, nos hace mejores. Queramos o no, el enamorado insiste en mejorarse. Y allí va y se aventura en el aprendizaje de algún acorde con séptima novena. O se inicia en la sorpresiva tarea de la higiene personal. O tal vez veremos al enamorado intentar proezas tales como caminar sin arrastrar los pies, aprender algún verso perdido de algún poema uruguayo o simplemente encontrar en tu mirada aquel rayo que el sol ha perdido hace ya tanto. Allí el único souvenir, que entre tanta perdida y tanto despojo, claro, no es poco. Se le atribuye a nuestro querido amigo Charles Bukowski la siguiente carta: Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada. Deja que te mate, y deja que devore tus restos. Porque de todas las cosas que te mataran, lenta o rápidamente, es mucho mejor ser asesinado por un amante. Sin demasiados malabares del pensamiento, podemos encontrar aquí un claro prólogo para el film Arrebato del director español Iván Zulueta.
Más allá de la
historia en la que podamos centrarnos, o mejor aún, en las historias que la
cinta pueda empecinarse en contarnos, sin dudas, la película es una reflexión
sobre el arte del cine, sobre el cineasta como personaje, sobre aquel ser
creador. Un cineasta solo merece ese nombre cuando sabe lo que hace. Es un
hombre que no puede prescindir de la consciencia de su arte, de la reflexión
sobre su oficio, del pensamiento de aquello que lleva a cabo. El cineasta
piensa al cine para decir el mundo, y con él inventa formas. Todo esto estará
en el film más allá de la historia. Veremos al hombre consumido por su arte,
obsesionado por el punto de vista, consumido por el Kino glaz, la cámara ojo. Veremos al hombre perder su mirada de
hombre y ser devorado por aquella otra de artista, lo veremos creando forma,
tal como teorizaba Bresson,
moldeando frente y detrás de cámara. Imposible ser el mismo luego de gritar
corten. Si algo verdadero ha sucedido en el plató, todos los ahí presentes
habrán sido modificados por una energía inexplicable, irreproducible y fugaz.
Eso será lo que irá a buscar el verdadero artista al rodaje, ese será el
resplandor que deberá rodar, que lo valdrá todo. Por ese instante dará su vida,
porque aquel ápice vertiginoso del tiempo será su obra, y allí dejará su alma
para mutar en otra piel que vuelvan a lograr mirar la rosa hasta finalmente
pulverizar los ojos. Este será el
film de Iván Zulueta, todo el resto de la cinta, será simple ficción.
Lucas
Itze.-
Canción
post impresiones
UNIVERSO ZULUETA
Nacido como Juan Ricardo Miguel Zulueta Vergarajauregui en San Sebastián el 29 de septiembre de 1943. No se pudo inscribir como Iván debido al origen ruso del mismo. Nació en el seno de una familia burguesa con intereses azucareros en Cuba, su padre fue abogado y director del Festival de Cine de San Sebastián y su madre era pintora, por lo que de joven se interesó por las artes plásticas. Luego estudió decoración y se fue a Nueva York donde ingresó en la Liga de estudiantes de arte de Nueva York, donde estudió pintura al óleo y dibujo publicitario. Es aquí donde tuvo contacto con el Pop art, la Nouvelle Vague y el New American Cinema (con figuras como Jonas Mekas y John Cassavetes). En octubre de 1964, Zulueta ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía. Otros estudiantes eran Pilar Miró, Álvaro del Amo, Juan Tébar, Antonio Drove y Jaime Chávarri. Conoció a José Luis Borau, su profesor de guion, que se convirtió en su mentor a lo largo de toda su carrera. Iván Zulueta dirigió dos cortometrajes en 35 mm como prácticas para sus cursos: Ágata (1966), inspirado en El retrato ovalado de Edgar Allan Poe, e Ida y vuelta (1967), basado en un relato de William Jenkins. Este segundo cortometraje no es aprobado por el tribunal y, coincidiendo con los disturbios en la escuela que originan su clausura, Iván deja la EOC sin obtener su carné del sindicato (que durante los años del franquismo era esencial para poder firmar una película de forma oficial). En 1968, Pedro Olea produjo un programa televisivo llamado Último grito, presentado por José María Íñigo y Judy Stephen. Decide que sea Iván el que lo dirija debido a sus gustos musicales. El programa consistía en un "magazine", mezcla de sketches, video-clips, gags y psicodelia. En 1970 realiza su primer largometraje Un, dos, tres… al escondite inglés, una sátira donde un grupo de jóvenes músicos hará lo imposible para boicotear una canción que no les gusta nada, y que va a representar a España en un famoso festival de música. Una insólita cinta del singular Zulueta en la que, tras el éxito de Massiel en el Festival de Eurovisión, se parodia este tipo de concursos con una delirante historia rodada sin guión y con la actuación de varios grupos punteros de la época. Ya que Iván no pertenecía al sindicato de directores, fue José Luis Borau el que figuró como director.
Al
principio de esta década se inicia para Zulueta una prolífica carrera como
cartelista. Gracias a un material sobrante de negativo en 35 mm de El Imán,
experimenta con una truca y realiza los cortometrajes Masaje y Frank Stein, en
los que principalmente juega con el ritmo y el tempo. Concretamente, Frank
Stein consiste en remontar una película jugando con los tiempos. Esta técnica
se convertirá en una fuente de experimentación para Zulueta que repetirá este
mismo experimento en varios de sus cortometrajes en super 8 mm, como King Kong, Mi ego está en babia, A malgam A
y El mensaje es facial. Conoce a Pedro Almodóvar y colabora como cámara en
el cortometraje de este titulado "El
sueño (o la estrella)" (1975) en super 8 mm. De una forma más
profesional, colabora como ayudante de dirección en Vestida de tul (1975) de Jaime
Chávarri y Los restos del naufragio
(1978) de Ricardo Franco. Augusto
Martínez Torres le propone entonces tratar de experimentar en un formato que le
permita llegar a la distribución comercial sin perder por ello la posibilidad
de jugar con la cámara. Finalmente, consigue una cámara 16 mm que posibilita a
Iván lo deseado. El resultado fue Leo es
pardo (1976), que fue presentado en el Festival de Berlín. Al mismo tiempo,
el éxito de este cortometraje abrió las posibilidades de llevar esta
experimentación al largometraje. Este iba a ser Arrebato, del año 1979. La adicción a la heroína y su bloqueo
impulsaron un retiro y un tratamiento con metadona. Llegó a preparar un guion
que quedó en la nada, aunque siguió trabajando de cartelista de directores como
Almodóvar, Manuel Gutiérrez Aragón, José
Luis Borau o José Luis Garci. Vuelve a fines de los ´80 para trabajar para
la TVE, en un mediometraje titulado Parpados
y más adelante filma el corto Ritesti,
una historia de terror con un montaje fragmentado que recuerda a David Lynch.
En los 2000 críticos y personalidades del mundo del cine rescatan varios de sus
cortometrajes, que hasta se reestrenan en salas. Zulueta muere en San Sebastián
el 30 de diciembre de 2009 a los 66 años, dejando un legado de cineasta maldito
y de culto.
FICHA
TÉCNICA
Título
original: Arrebato
Año: 1979
Duración:
110 min.
País:
España
Dirección:
Iván Zulueta
Guion: Iván
Zulueta
Reparto:
Eusebio Poncela, Cecilia Roth, Will More, Martha Fernández-Muro
Música:
Grupo Negativo
Fotografía:
Ángel Luis Fernández
PELÍCULA COMPLETA















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