miércoles, 25 de febrero de 2026

LA FUENTE DE LA DONCELLA - JUNGFRUKÄLLAN DE INGMAR BERGMAN

PROGRAMA 491 (12-12-2025)

 

SINOPSIS

 

Suecia, siglo XIV. Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a su hija Karin en compañía de Ingrid, una muchacha que odia a Karin en secreto. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y abandona a la princesa, pero la muchacha prosigue su camino y se encuentra con unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Si de algo estamos seguros es que lo que ya ha ocurrido se mantiene melancólico e inalcanzable en el pasado y que aquello que proyectamos, eso que soñamos y añoramos lo depositamos en un futuro lejano e improbable. Lo único real es, tal como decía Borges, el ápice vertiginoso del presente. Aristóteles, por su parte, sentencia respecto del tiempo que lo que ha sido ha sido. Que el pasado es imposible de modificar. Ni los dioses tienen el poder sobre aquello. Desde este humilde espacio nos aventuramos a discrepar con el pensador. Quizás desde nuestro agnosticismo podamos ver la situación desde otro punto de vista, con otros cercos que guíen nuestra mirada y dudar sobre la afirmación aristotélica y creer que aquello que ilumina nuestro presente puede resignificar nuestro pasado de manera significativa. Todo pasado se resignifica por un hecho presente y no necesitamos ser dioses para lograrlo. Pensemos en una traición repentina, inesperada. Instantáneamente modifica el significado de toda una historia lo queramos o no. 



Esto quiere decir, Aristóteles mediante, que una acción puede ahondar tan profundo en nuestro ser que puede cambiar el sentido de todo aquello que somos, de todo aquello que fuimos, y rearmarnos de forma tan diferente para tomar caminos que jamás imaginaríamos que fuéramos capaces de tomar. La fragilidad de nuestra existencia queda expuesta en el grano de arena que acaba de caer. La muerte es quizás lo único irrefutable. Aquello que ninguna acción puede modificar. Y ese es el origen trágico de todas nuestras angustias, el saber que no saldremos vivos de este valle donde las malas noticias sobran y los buenos siempre llegan tarde. Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo que detiene al mejor. Cuando del mundo no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños vendrán en ese sueño de la muerte! Se preguntaba el príncipe de Dinamarca en medio de su conflicto moral y al mismo tiempo abriendo la duda sobre el más allá. Nuestra respuesta no es la más esperanzadora pero si tal vez la más honesta. No hay sueño, hay nada, mentira toda otra verdad. La muerte es el último verso, el punto final. Y si después de la vida no hay nada, hagamos de esto, queridos amigos, algo injusto.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA FUENTE DE LA 

DONCELLA


 

Había una vez una tierra, un mundo, donde cada uno creía en su Dios. La gente le llevaba afrentas, le rezaba y armaba sus propias fiestas y rituales. Un día, alguien bajó de un barco y se llevó por delante todo. Arrasaron no sólo con la tierra sino también con las mujeres y niños. Llegó la violencia, llegó “la misión”. Todavía en ciertas zonas de nuestro propio país, quedan algunos recuerdos de lo que alguna vez fue. Un genocidio. Primero bajo el nombre de “descubrimiento”. ¿Quién descubrió a quién? Los nuevos les pusieron nombre y los echaron y masacraron. Con el paso de los siglos todo siguió su curso. Desde la guerra de la triple frontera hasta la infame “Campaña del Desierto”. Y así como pasó acá, se sucedió en diferentes partes del mundo. O sino, como fue que se dividieron África las potencias, trazando líneas y partiendo tierras y etnias que contribuyeron a décadas de masacres entre pueblos… La llegada del cristianismo y el judaísmo, sirvió para seguir ejerciendo el poder sobre otras religiones. A partir de ahí, cualquier persona que profesara un culto a una religión que no sea una de esas dos, era considerado “pagano”. Así los cristianos llegaron también a los países nórdicos. 



En Suecia se empieza a introducir alrededor del año 1200 y en el 1216 la Santa Sede reconoce al país como cristiano, de hecho, en 1249 se produce la primera cruzada sueca contra los fineses paganos. Atrás, quedan las historias de los vikingos y sus dioses nórdicos como Thor, Freyja, Loki u Odin. Y este último será justamente un nombre importante en el film del maestro Ingmar Bergman llamado La fuente de la doncella, donde mostrará esa lucha de poder entre cristianismo y paganismo. La película abrirá con un plano americano de una bella mujer que enciende un fuego. La cámara la sigue lentamente desde una distancia relativamente cercana, para no perdernos detalles. Luego ella realiza plegarias al dios Odín, y en la siguiente escena una mujer reza ante Cristo en la cruz. En esas dos primeras escenas, Bergman marca la lucha entre esas dos fuerzas opuestas. La película está ambientada en el siglo XIV y está basada en una antigua balada sueca recopilada en la tradición oral del siglo XIII, que dice “donde muere una doncella aparecerá un manantial”. El guion de Bergman llevará la curva dramática de los personajes de manera lenta y pausada. Todos los protagonistas se lucirán frente a cámara. 



Estaremos como siempre en su filmografía, ante unos planos soñados. Trabajará con planos generales para mostrar la belleza natural del paisaje o los lugares donde viven. También utilizará los primeros planos para mostrar la inocencia, la ira o el dolor de sus personajes. La fotografía en blanco y negro servirá como un mapa de época. Se manejará con lentos travellings para mostrar la calma y serenidad del lugar, pero lo contrarrestará con algunos movimientos bruscos en los momentos de violencia y tensión. Habrá algunos planos detalle de objetos que se repiten a lo largo del film, como el agua o las velas. La película nos muestra la relación entre Töre, el dueño de la granja, con los miembros de su familia: su esposa Marëta, su hija Karin y su hija bastarda Ingeri, quien está embarazada y convive como criada. Será ella, que representa el resentimiento y la marginalidad, la que invoque a Odin clamando venganza contra Karin, quien encarna a la doncella, como símbolo de inocencia y pureza. Tendremos una especie de aviso medio encriptado que parece sin sentido, en una charla entre madre e hija sobre cuántos hombres la sacaron a bailar y la madre cortará la anécdota luego del tercero. 



Se acerca el Viernes Santo y la bella y virginal Karin debe llevar las velas al altar de la Iglesia, que servirán como ofrenda para la Vírgen. Ingeri la acompañará durante parte de ese trayecto donde la naturaleza se dividirá entre vegetación y arroyos. Allí le hablará de sexo y también le avisa que alguien puede abusar de ella, pero Karin responde que se podría escapar. Luego de un parate, Karin seguirá su camino sola en el bosque, símbolo en esos tiempos de tierras sin ley, donde la vegetación será más abundante y todo parece más enigmático. Allí aparecerán tres pastores, dos hombres y un niño, quienes la invitan a compartir la comida. El viaje se transformará en tragedia, ante la escondida mirada de Ingeri que no hará nada. El film seguirá su curso, habrá venganza, más muerte y nos quedará un milagro para el final. Será en ese final donde empezarán las preguntas, la madre echándose la culpa por querer a su hija más que a Dios, el padre preguntándole porque permitió que pasara todo lo que pasó… Será el momento de la duda, algo ya clásico en el cine del director sueco. Nos dejará siempre preguntas sin respuestas, sobre todo si pensamos si obraríamos igual que el padre en una situación así. Quizás, nadie tenga la respuesta concreta mientras otros le empezamos a decir adiós a Dios.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la nocheLos demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 



El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Cuando huye el día (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman



A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968) o Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande.



Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se fue otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Jungfrukällan (The Virgin Spring)

Año: 1960

Duración: 88 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guion: Ulla Isaksson

Reparto: Max Von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindblom, Birgitta Pettersson, Axel Düberg, Alan Edwall, Tor Isedal.

Música: Erik Nordgren

Fotografía: Sven Nykvist (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 10 de diciembre de 2025

CONVIVENCIA DE CARLOS GALETTINI

PROGRAMA 489 (21-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Dos íntimos amigos, uno un porteño práctico (Brandoni) y el otro un español intelectual (Sacristán), pasan los fines de semana en una quinta en El Tigre, en el Delta del río Paraná. Un día de tormenta llega Tina (Dopazo), una joven extraviada, que afectará la relación entre ambos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un recuerdo se cuela en un pasillo oscuro, repleto de hojas secas. El viento las fue trayendo y amontonando. Se siente una risa que le da un poco de calor y color a esa imagen. No la encuentro como real, sin embargo, ella trae el aroma de su perfume y la suavidad de su piel. La vida es un poco más digna, podría decirse. Por ese pasillo salió por última vez. Sus rulos perfectos se bamboleaban con violencia. El ruido de los pasos despertaba hasta al pájaro más soñador. Las horas, días, meses y años se esfumaron en un suspiro. No hubo una despedida. Ni siquiera un hasta luego. Solo nos volvimos dos desconocidos que terminaron un pacto tácito. Un contrato sin formalizar. Los platos se habían amontonado y el café destilaba un gusto amargo. La cama quedaba enorme y las sábanas se arremolinaban en un costado. Los colores se volvían apagados, grises, sin alegría. Las paredes se descascaraban. Así que eso era la felicidad y no lo había notado. Al final, bastante imbécil había resultado. 



¿Qué era todo esto entonces? Tristeza, me repetía a mí mismo. Y así buscaba como escapar de ahí. Pero no, cualquier alegría duraba un tiempo y después volvía a la programación habitual. Soledad pensé luego. Era lo más lógico. Lo que todos te repetían. Pero no, siempre fui alguien que se llevó bien con la soledad, por lo tanto, había que tachar esa idea. Y un día mientras un tango sonaba apareció la nostalgia. Si, debía ser ella. No tenía dudas. Los recuerdos, las voces, los aromas y hasta las ausencias eran el combo de momentos que venían bajo ese nombre. Eran esas mezclas de felicidad y tristeza, de pasión y desencanto, de amores y odios. Se extrañaba todo a la vez. Y resurgía esa trillada frase que cita que todo tiempo pasado fue mejor. No sé si en este caso lo era. Seguramente no. Y llega la noche y vuelve a aparecer con fuerza. Y es en ese pequeño momento que llega el deseo de que esa nostalgia se transforme en convivencia.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CONVIVENCIA

 


Miro por la ventana y llueve. Las gotas golpean el vidrio y el techo de chapa del pequeño galpón del patio que resuena como si fuera a quebrarse. Llueve con fuerza, con violencia. De manera copiosa, densa. El agua cae sin casi dejar lugar entre gota y gota. Chet Baker gira en el toca discos interpretando Lonely Star y tu mano se posa en mi hombro. Me sacas el cigarrillo, lo dejas sobre el cenicero repleto de colillas, me invitas a pararme y apoyas tu cabeza sobre mi pecho. No bailamos, pero nos movemos al ritmo de la música. Te abrazo fuerte, intento retener tu olor, la textura de tu piel, la sensación de ese no baile. Algo cae en la cocina que nos sobresalta. Corro, está oscuro. Piso vidrio. Enciendo la luz, la lluvia de fondo ruge cada vez más fuerte, enfurecida, la chapa golpea ensordecedora. Ya la música no se escucha, estás sentada, una copa de vino destrozada en el suelo es el reflejo fiel de tu ánimo. Intento darte la mano y te levantas espantada, furiosa. Tu mirada se clava en la mía con una frialdad que te desconozco. Gritas, me insultas, exigís. El vino recorre las baldosas como la sangre de un órgano vital herido de muerte, incurable, irreparable. Salís de la cocina empujándome, jurando no volver. En pocas palabras me convertís en una bestia en la que temo reconocerme injustamente. Intento seguirte por las escaleras que llevan a las habitaciones, pero no te alcanzo. Un relámpago ilumina los escalones. Afuera el mundo se desarma en agua y truenos, en viento y sudestada. La furia de la naturaleza golpea sobre los vidrios, las ventanas, el viento cierra las puertas con violencia, como invitándolas a no volver a abrirse jamás. Llego al piso de arriba y escucho el llanto de una nena. Es nuestra hija que llora en su cuarto desconsolada. La pequeña Zoe con sus 8 años, acostada en su cama hecha un bollo, temblando, abrazada a una soledad infinita. Me acuesto a su lado e intento calmarla. Finge hacerlo, lo hace por mí. Es ella quitándome angustia, es la niña curando al padre con sus manos de hada, con su mágica forma de ver las cosas que la hacen vencer el miedo, alejar la pena para ponerme a salvo. Sabe, de alguna manera, que el vulnerable soy yo. Por más que ella sienta el mismo dolor. Por más que ella tenga el mismo vacío en el pecho. Lo lee en mis ojos, en el temblor de mis manos. Con dulzura me acaricia y me abraza, un abrazo eterno, un abrazo que aun siento apretando mi cintura, dándome calor en el pecho. 



Acaricio su pelo largo, larguísimo. Le prometo que vamos a estar bien sin lograr que ninguno de los dos lo creamos. Nos llena el silencio. Y sus ojos me miran. Se produce quizás la más tierna de las conversaciones jamás tenida entre ambos. Desde el silencio, desde otro plano, sacando la palabra de lugar, poniendo en juego otros sentidos, otros sentires. Ya sin tiempo, sin edades, leo en sus ojos una sabiduría abrumadora, una compasión emotiva. Ese pequeño instante volverá a mí cada vez que lo necesite, será la tabla en la tempestad, será lo que ayude a no ahogarme entre tanta lluvia. Alguien cierra con fuerza la puerta principal de la casa. Suena seco, fuerte, decidido. Suena para siempre. Suena como deteniendo el tiempo, como jurando no volverse a abrir, suena a sentencia, a castigo. Bajo las escaleras corriendo. El pasillo hasta la puerta pareciera alargarse cada vez más. Una melodía entra lenta, algo sucia. Sigo caminando por aquel túnel oscuro que me lleva a la puerta de entrada. La lluvia pega fuerte sobre los vidrios del ventanal del comedor. Reconozco la melodía, Es Chet Baker, es Lonely Star. Alguien fuma  sentado solo sobre la ventana, mirando la lluvia. Se la oye golpear sobre el techo de chapa del pequeño galpón del patio como si fuera a partirla. La casa está oscura, sola, fría, inmensa. En cada rincón aguarda como un sicario una historia. La lluvia no cesa y sin saberlo la casa se llena de fantasmas que se protegen de ella a mi lado. La nostalgia puede ser la peor de las celdas cuyos barrotes ilusorios detienen el tiempo para nosotros y nos dejan bailando con nuestros propios espectros hasta caer muertos, viviendo quizás una vida de anécdotas que ya sucedieron, una vida cobarde, que se niega a la aventura del hoy. La gran aventura queridos amigos, no está en juntarnos con la tribu a narrar aquellas historias de cuando soñábamos conquistar el mundo sobre aquel barco de velas rojas. Nosotros, que hoy traicionamos a aquellos niños vistiéndonos de traje, cobrando un sueldo, alejándonos de lo salvaje, prefiriendo lo seguro y olvidando el bosque para siempre. No, la gran aventura está en seguir sumando anécdotas, contar historias de ayer para programar las de mañana. Ese es el juego, eso es ganarle al tiempo y escaparle, de alguna manera a aquel sentimiento trágico de la vida. El film Convivencia de Carlos Galettini, adaptación de la obra teatral del dramaturgo Oscar Viale, viene a reflexionar sobre todo aquello, sobre la nostalgia, sobre el tiempo, sobre la aventura. Será un film alegórico, metafórico, un hermoso juego de luces y sombras donde nada será lo que parece. De este juego nace el cine, y este es el juego que decide jugar Galettini a la hora de adaptar su obra. Del teatro quedaran algunos códigos como la economía de escenarios o la necesidad de una urgencia. 



La sudestada será la excusa inminente para mantener a los personajes dentro de la casa. Si nos manejáramos dentro de los códigos del teatro, bastaría con solo nombrarla para armar en el espectador la idea del temporal, en cambio, siendo una obra cinematográfica, nobleza obliga, el deber es mostrar aquel temporal para que el verosímil funcione. La cinta recordará a otro film ya tratado en esta tertulia llamado The House, película filmada por nuestro gran amigo Sharunas Bartas, en el tipo de tratamiento que se le dará a la casa donde sucederá toda la acción. El relato comenzará con una bruma que se disipará de a poco y dejará ver una vieja casona del Tigre bastante descuidada, la cámara seguirá en travelling e ingresará por transición. Adentro presentará a los otros personajes Enrique y Adolfo. El primero más mundano, más visceral, más natural y salvaje, el segundo más racional, más cultural y medido. La casa funcionará como un personaje más que los contiene, un personaje donde, tal como decíamos, será habitado por la nostalgia que los mantendrá atrapados en sus propios recuerdos. No podrán salir de allí, estarán atrapados como en un loop temporal, narrando las mismas historias, discutiendo los mismos detalles. Habrá un intento de cambio al llegar ella, Tina. Una especie de diosa que intentará curar esa nostalgia. Será lo nuevo, lo joven, lo bello. Hará funcionar el tiempo dentro de la casa, alejando por unos instantes al recuerdo, haciendo que los personajes habiten el aquí y el ahora. Pero no lo logrará. Tina se irá sin haber podido cumplir su misión. Vencerá la casa, la neblina. La muerte, que los estará esperando bajo la lluvia en forma de sombra. Podremos nosotros, los espectadores, quizás ir un poco más lejos en la interpretación de las alegorías y preguntarnos qué estamos viendo realmente. ¿Qué es real y que no dentro del relato? Es llamativo lo opuesto de los dos personajes protagónicos, la parte racional y la parte salvaje. Los recuerdos. La nostalgia. La casa. La neblina que lo confunde todo. Da la sensación, sin forzar demasiado las cosas, que el autor quiere contarnos cómo funciona la cabeza de una persona melancólica encerrada en sus recuerdos. La casa, su cabeza, luchando dentro de ella contra las imágenes que se repiten una y otra vez, deteniéndolo en el tiempo. Como aquellos amigos que cuentan las mismas anécdotas, se hace un silencio, las risas muren despacio y luego alguien paga la cuenta y se retiran del bar en silencio. Entiendo Convivencia en este sentido, veo en ella esa lucha, ese temor de morir sin avanzar, de morir creyendo estar viviendo una vida de aventuras mientras seguimos las reglas de otros, mientras vendemos nuestra libertad para que otros decidan sobre nuestra suerte. El tiempo se acaba, la aventura es ahora, el resto, queridos amigos, es solo ausencia.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GALETTINI

 


Nacido en Buenos Aires, fue asistente de dirección en La tregua de Sergio Renan, la primera película argentina nominada al Oscar en el año 1975. En ese mismo año dirigió su primer film: Las sorpresas, una película de tres episodios junto a Luis Puenzo y Alberto Fischerman. El segmento de Galettini se tituló Corazonada. Un año después y en solitario, filma Juan que reía, con un gran elenco como Luis Brandoni, Luisina Brando, Federico Luppi, Enrique Pinti, entre otros. La historia de un vendedor de vinos que quiere ascender, pero que cuando le roban su auto (un Citroen 2cv), que no está asegurado, empieza una curva descendente inevitable. En 1979 dirige Cuatro pícaros bomberos, sobre unos bomberos que se ven involucrados en la estafa a un empresario de la carne. Ese mismo año dirige también La aventuras de los paraguas asesinos, donde los ya clásicos Tiburón, Delfín y Mojarrita, intentan luchar contra unos criminales. Este film, y los dos siguientes (Los superagentes y la gran aventura de oro, y Los superagentes contra todos), han sido calificadas como propaganda ideológica a favor de la Última dictadura.



En 1983 filma Se acabó el curro, sobre dos típicos chantas que quieren estafar a un turista peruano en medio de la especulación financiera de la época. En 1984 dirige Los tigres de la memoria, la historia de Carlos, quien buscando noticias de sus hijos exguerrilleros, acepta colaborar con su restaurante en una red de traficantes de drogas. En 1986 llega Seré cualquier cosa, pero te quiero, sobre una mujer de 40 años que se enamora de un fontanero. A partir de 1987 empieza con una serie de clásicos que conocemos todos, con cuatro nombres asociados a sus películas: Emilio Disi, Berugo Carámbula, Alberto Fernandez de Rosa Gino Renni, sumados a Paolo el Rockero, empezaban sus aventuras Los matamonstruos en la mansión del terror, que luego prosiguieron en Los bañeros más locos del mundo 1 y 2, y Los pilotos más locos del mundo.



También aparecieron clásicos como Las locuras del extraterrestre, y las 4 partes de Los Exterminaitors con la dupla Disi-Francella. Entre todas esas películas cómicas filmó en 1991: Charly, días de sangre, la historia de un joven con problemas (Fabián Gianola) que es llevado a una quinta donde murió quemado su hermano. La idea es disfrutar de un fin de semana agradable, pero un asesino serial amenaza al elenco y a la hiperinflación por entonces reinante. Vuelve un poco a las fuentes con Convivencia, donde gana el Condor de Plata a Mejor Película en 1993. La historia de dos amigos que viven en el Tigre, uno es porteño (Brandoni), el otro español (Sacristán), pero de repente aparece una chica (Dopazo), que amenaza con romper la amistad. En 1996 llega Policía corrupto, donde Romero es un policía de la división antinarcótico. Es ambicioso y no tiene escrúpulos y se mueve en un oscuro mundo de prostitutas, narcotraficantes y políticos. Todo se pudre cuando Romero se queda con un vuelto importante. El film estuvo teñido de escándalo al recibir un alto subsidio, luego incluso de haber sido declarado como "sin interés". El director renunció en el primer día de montaje (en los créditos figura un seudónimo); y la productora le inició juicio a Gerardo Romano, quien declaró: "esta debe ser la peor película argentina en años". Ese mismo año dirige Besos en la frente, y dos años después le encomiendan dirigir la segunda parte de Dibu, la exitosa serie argentina para chicos.



En 2003 llega Ciudad del sol, la historia de Manuela, una estudiante que empieza a encontrar los porqué del suicidio de su madre, en un pasado celosamente guardado, con un elenco importante como Darío Grandinetti, Jazmín Stuart, Leonor Manso, Luis Luque, Nicolas Cabré, Patricio Contreras, entre otros. Su último film fue La patria equivocada, en 2011, en la que Clarita se enamora de Clorindo y abandona su bien posicionado hogar para dedicar su vida a su marido, desertor del ejército, y a sus ideales. Luego de la muerte de Clorindo, busca otro destino para su hijo. Los descendientes de esta familia, irán recorriendo la historia de la construcción de la Argentina atravesada por el orgullo, la pasión y la venganza. Con Juana Viale como protagonista.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Convivencia

Año: 1993

Duración: 97 min.

País: Argentina

Dirección: Carlos Galettini

Guion: Carlos Galettini, Luisa Irene Ickowicz

Reparto: Luis Brandoni, José Sacristán, Cecilia Dopazo, Betiana Blum, Víctor Laplace.

Música: Oscar Kreimer

Fotografía: Félix Monti

 

PELÍCULA COMPLETA

jueves, 20 de noviembre de 2025

LA TRIBU - PLEMYA DE MIROSLAV SLABOSHPITSKY

PROGRAMA 488 (14-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Un adolescente sordomudo ingresa en un internado especial donde, para sobrevivir, tiene que formar parte de una organización salvaje, "la tribu", dedicada a todo tipo de actos delictivos. Su amor por una de las concubinas del líder lo llevará a desafiar las reglas no escritas en la jerarquía de la banda. Una película que no precisa de doblaje ni subtítulos, donde toda la comunicación es mediante el lenguaje de signos. Porque el amor y el odio no necesitan traducción. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Dice Roland Barthes en su libro Lo Neutro que el héroe occidental está destinado a tomar siempre una postura. Frente a un hecho debe actuar, frente a una situación, inevitablemente, debe tomar una posición, cualquiera sea. Esta postura, claro, lo sitúa ante la duda lejos del silencio. Ante una pregunta, nuestro héroe, deberá responder, jamás podrá llamarse a la neutralidad del silencio. Dicen que el silencio es divino, los dioses, los sabios callan,  la palabra es del hombre.  La duda, la pregunta, siempre se encuentra dentro del plano de lo humano. Es el humano el que busca el saber desnaturalizando mientras duda a través de la pregunta. Es el humano el que no calla por soberbia, por narcisismo, es el humano quien se incomoda frente al silencio hasta encontrarlo amenazante. Es el humano el que pone tal peso en la palabra oral que la utiliza como sentencia, le otorga cualidades mágicas, la lleva a tales extremos que exceden lo comunicacional.  Freud decía que toda pregunta es una voluntad de saber sexual, o sea, toda pregunta es siempre indiscreta. Roland Barthes, a su vez,  agregaba  que no era un modo natural del discurso sino uno cultural y que era la peor de las violencias. Toda pregunta es indiscreta y está relacionada con el voyerismo, ya que expone al cuestionado, lo exhibe. 



Nos urge de manera imperiosa postular el derecho a callarse, ese sería el único escudo contra el peligro del habla. Hablo aquí de resignificar el silencio, de devolverle el valor perdido a través de la historia. Hablo también de callar para habitarnos, para sentirnos, para encontrar aquel equilibrio armonioso dentro de nosotros, aquel  encuentro con nosotros mismos del que escapamos con la palabra hablada. Y cuidado, temo no ser interpretado y que se piense que este mensaje ataca torpemente a la comunicación. Lejos está de las intenciones de este que les habla caer en aquellas tentadoras trampas del lenguaje. El silencio comunica porque también es signo, por lo tanto de alguna u otra manera, también es texto y aquello hace que no caiga en la nada. Jaques Derrida lo enunciaba de la siguiente manera: no hay nada fuera del texto. El ser nombra, designa, da entidad. Se estructura y se articula su universo perceptivo y cognitivo a través de un sistema heredado, arbitrario y naturalizador. La palabra recolecta toda esa información y da sentido. Mi pregunta estuvo siempre sobre aquella nada que señala el filósofo. Aquel abismo innegable y ensordecedor, aquella línea entre el significado y el significante donde suceden otras cosas, donde seguramente nada es lo que parece y solo queda el silencio para la tribu.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA TRIBU

 


El mundo parece un lugar tan sencillo, pero no siempre lo es. Hay muchos que están ahí, invisibilizados, olvidados. Quizás son noticias por algún motivo, pero vuelven al anonimato. La exclusión es parte de su vida. ¿Cuántos lugares vemos solo con escaleras y sin ascensores? ¿Cuántos edificios públicos no tienen ni una mísera rampa? ¿En cuántos lugares se nos enseña lenguajes de señas? Y para colmo, ni ellos escapan de los recortes presupuestarios. La sociedad los aglutina bajo la mirada de la lástima sin siquiera pensar en cómo se sienten ellos. Las miradas se esquivan, los murmullos se hacen más evidentes y los pasos se apuran solo de pasar frente a ellos. Alguna vez un amigo de esta casa, Lars Von Trier, llevó al cine Los idiotas para darle un cachetazo al mundo y mostrarle sus propias miserias. La vida de los excluidos suele tener hasta cierto morbo. También se me viene a la mente ese magistral film de Tom DiCillio llamado Living in Oblivion donde una persona de talla baja se ofende con el director de un film y le dice “a los enanos nos llaman para hacer siempre los mismos papeles”. Será que nosotros siempre los vemos como excluidos… ¿Y qué pasa cuando somos nosotros los que estamos en ese lugar? Desde ahí quizás podemos relacionar al film Plemya (o La Tribu en nuestro idioma) del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky, que nos cuenta una historia que transcurre en un internado para sordomudos y donde el único lenguaje que vemos a lo largo de los 130 minutos es el de señas. 



Aclaramos, no tiene nada que ver con los films que mencionamos anteriormente, ni cerca está de ser una historia Vontrieriana… ¿entonces? Bueno, la película arranca con una leyenda que nos dice que no habrá subtítulos ni voz en over y sólo se guiará por el lenguaje de señas. Ya desde un comienzo nos marca que hay que estar atentos a las imágenes y a los sonidos. Entonces… ¿Seremos capaces de seguir el ritmo, de no sentirnos excluidos de ese mundo que desconocemos? Luego, esa primera imagen, de un plano fijo donde un colectivo con fuelle color verde llega, nos llamará la atención. Entenderemos desde un principio que la cámara se situará siempre a distancia y evitará los primeros planos o planos detalle. Allí conoceremos a Sergey y lo escoltaremos hasta el internado. El sonido ambiente si nos recordará a algo de Von Trier: al Dogma 95, porque al no haber música, cada paso, cada sonido del viento, cada puerta que se abre o se cierra será clave para adentrarnos en la historia. La fotografía se nutrirá de una paleta de colores fríos que marcarán la opresión y la desesperanza del lugar. El azul y el verde estarán casi todo el tiempo en pantalla. Sumado al blanco de la nieve para esos paisajes inhóspitos. Los pasillos, las habitaciones y hasta las líneas de las paredes nos hacen pensar que es un lugar sin escapatoria. 



Como si estuviéramos encerrados juntos a ellos. El director utilizará muchos travellings y se guiará mayoritariamente por planos secuencia, necesarios para reemplazar las palabras. A medida que avanza el film, ya no estaremos esperando los subtítulos, sino que estaremos inmersos en esa historia. Con actores y actrices sordomudos y no profesionales, la película avanza lentamente. Sergey será parte de una “tribu” en la que tendrá que ir escalando para ganar poder. Como en muchas películas de este estilo, habrá malos, venta de drogas, robos, abusos y prostitución. La ley del más fuerte en la que los adolescentes son capaces de cualquier cosa por seguir perteneciendo a esa tribu. El protagonista llevará su curva dramática a medida que van pasando los minutos y llegará totalmente cambiado al final del camino. Se enamorará de una de las prostitutas, pero ese amor se terminará convirtiendo en una obsesión. Aparecerán la violencia y el sexo de manera cruda y directa, sin necesidad de subtítulos. Donde la intimidad parece no ser una opción. Está todo ahí, a la vista. Descarnado y desangelado. Y los ruidos de los pasos por las escaleras, que evocan a esos gritos que no dejan salir las palabras.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SLABOSHPITSKY

 


Myroslav Slaboshpytskyi nació en Kiev el 17 de octubre de 1974. es hijo del escritor y crítico literario ucraniano Mykhailo Slaboshpytskyi. Hasta 1982 vivió en Lviv. Slaboshpytskyi Estudió en la Universidad Nacional de Teatro, Cine y TV en Kiev, se licenció en Dirección de Cine y Televisión. Ha trabajado como reportero y escrito guiones para cine y televisión. A principios de la década de 1990 trabajó en los Estudios Cinematográficos Dovzhenko. Desde 2000 es miembro de la Asociación Ucraniana de Cinematógrafos. Fue Vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Cineastas de Ucrania. En 2002, debido a un conflicto con la jefa del Servicio Estatal de Cinematografía, Anna Chmil, se marchó a Rusia, a San Petersburgo, donde empezó a trabajar como guionista y segundo director en varios proyectos. Trabajó en el estudio cinematográfico Lenfilm de San Petersburgo, en particular en la serie Detachment, con Igor Lifanov y otros. Empezó dirigiendo cortometrajes como El incidente (2006), Diagnóstico (2009), Sordera (2010) y Basura Nuclear (2012). Con su primer largometraje, estrenado en 2014 y titulado Plemya (La tribu), sobre jóvenes sordomudos que se encuentran en un internado, logró el premio a Mejor película en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Plemya (The Tribe)

Año: 2014

Duración: 130 min.

País: Ucrania

Dirección: Miroslav Slaboshpitsky

Guion: Miroslav Slaboshpitsky

Reparto: Grigoriy Fesenko, Yana Novikova, Rosa Babiy, Alexander Dsiadevich, Yaroslav Biletskiy, Ivan Tishko, Alexander Osadchiy, Alexander Sidelnikov, Alexander Panivan

Fotografía: Valentyn Vasyanovych

 

PELÍCULA COMPLETA

HONEY BOY DE ALMA HAR'EL

PROGRAMA 487 (07-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Otis es un niño de 12 años que descubre desde muy joven la cara oculta de Hollywood, ejerciendo de especialista en shows televisivos. Su padre es un antiguo payaso de rodeo con diversos problemas, ahora sin trabajo, que decide convertirse en su guardián. Cuando Otis no está grabando sus escenas como doble, pasa el rato con él en hoteles de poca monta situados en las afueras de las ciudades donde se alojan. La convivencia entre ambos es muy compleja, y Otis anhela que su padre se comporte como tal. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Luz, cámara, acción… Una botella cae al piso. El ruido de los vidrios rompe el monótono silencio. Las paredes grises se oscurecen de golpe. Un labio se corta y un párpado se contrae. Hay gritos e insultos. Son las 2 de la mañana. La luz se apaga. Corten.

Luz, cámara, acción… El sol aparece levemente por la ventana. Un pie se apoya sobre el piso y su piel se abre con un vidrio. La sangre empieza a derramarse. Hay insultos al aire. Son las 2 de la tarde. Las persianas se bajan. Corten.

Luz, cámara, acción… Una lágrima amaga con escaparse, pero no lo logra. La música suena a todo volumen. El timbre también. Alguien grita del otro lado de la puerta. Se siente un olor a alcohol barato desde el otro lado. Los vidrios yacen en el piso. La sangre también. Son las 10 de la noche. Alguien cae fundido sobre una cama. Corten.

Luz, cámara, acción… Un grito resuena en la oscuridad. Otro vidrio sembrando venganza. Alguien se despierta con un golpe sobre su cuerpo. Los moretones son más evidentes. La televisión vomita odio. Y en ese cuarto el odio se respira en cada poro. Una sombra se va. Una puerta se abre y luego se cierra violentamente. Son las 4 de la mañana. Por fin hay algo de paz. Corten.



Luz, cámara, acción… Un perfume rodea toda la habitación. Hay risas y susurros. Luego se transforman en gemidos. Los vidrios y la sangre ya no están. Una escoba reposa junto a un placard. La música es más suave. Son las 6 de la mañana. La pasión lo envuelve todo. Corten.

Luz, cámara, acción… Las risas se convierten en llanto. El olor a cigarrillo elimina al del perfume. Ya no hay música ni tv. Un cenicero vuela de un lado a otro. Un vaso hace lo mismo en sentido contrario. Increíblemente no se rompe. Alguien se va corriendo dejando parte de sus prendas en el piso. Son las 7 de la mañana. Es la vuelta a lo natural. Corten.

Luz, cámara, acción… Una sirena se escucha a lo lejos. Se va acercando constantemente. En minutos, las paredes se vuelven azules y rojas. Alguien golpea fervientemente. Nadie atiende. De repente un ruido despierta a cualquiera que esté ahí dentro. Efectivos policiales entran. Son las 9 de la mañana. Otro domingo primaveral. Corten.

Luz, cámara, acción… Una puerta entreabierta. A lo lejos se ve una valija a medio armar. El sonido de la ducha se corta. Un cajón se abre y se siente el ruido de unas monedas. Una toalla cae sobre la cama. Una pequeña sombra se mueve por la habitación. Luego se escapa por la puerta. Esta se cierra lentamente. Son las 3 de la tarde. El futuro ya llegó. Los sueños se reinician. Corten.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE HONEY BOY

 


Matemos al sol, vamos, hagámoslo de una maldita vez. Entremos con rabia a la oscuridad. Entremos con salvajismo. Seamos puente. Caigamos en la madriguera. El conejo blanco, otro demonio. Sigámoslo hasta las fauces del peor de los infiernos, del más doloroso, aquel donde el fuego quema y purifica, arde en un grito liberador. Matemos al sol porque es en la noche donde todo pasa. Donde las defensas ceden, donde los besos son más largos, y los desamores tocan a la puerta de modo familiar, con aquel toque que no nos hace mirar por la mirilla. Que la noche sea larga y profunda y quizás así podamos confundir el temible vaho del infierno con la primaveral brisa del paraíso. Pero es necesario que el sol muera para que la luz se apegue y estemos frente a frente con la sombra, con el abismo. En la noche gobierna el miedo porque el viento susurra preguntas. El viento trae la duda. Nos aleja de aquella certeza de la que el sol dispone y alardea. Matemos al sol y llenemos el lugar de amigos, de la verdadera tribu. Cantemos las canciones ancestrales, aquellas melodías mágicas, bailemos sin ningún sentido, movamos nuestro cuerpo hasta caer agotados, preparemos nuestro ser, nuestra carne para morir. Estaremos todos juntos allí, pero nos sentiremos tan solos, y estará bien así. Atinaremos a tildar de traición aquel despojo, pero será solo miedo. El viaje que nos espera deberá ser solitario, oscuro y doloroso. 



Soltemos todo aquello que tengamos y ofrezcámoslo a la noche, al infierno que de ella depende. Al dios Baco encargado de deshacer nuestras máscaras y disfraces los cuales caerán sobre nuestros pies, dejando nuestros cuerpos desnudos, intactos, puros. Nos miraremos y no nos recordaremos.  Las llamas arderán a nuestro alrededor y sentiremos la serpiente llegar. ¿Pueden oírla? ¿Pueden sentir la dulce mordedura penetrando la carne, los tiernos dientes despojándonos del viejo mundo? Caen para siempre las montañas, los viejos rostros, los amores, todas las felicidades y las furias, se hacen cenizas purificándose papá y mamá, las estrellas, los cielos que vimos juntos, cada caricia se desvanece, todo vuelve a nada, al misterio de la chispa para empezar de nuevo. Mueren las palabras y con ellas lo que nombran. Se quiebra el relato y allí cae el telón de toda la farsa, de nuestra cosmovisión. Caen nuestros ojos muertos al fin. Nadie vive de paraísos es por eso que hay que matar al sol. Armar un nuevo relato, con nuevas palabras que resignifiquen el nuevo mundo. Renacer del dolor. Volver a la vida nuevos, con un nuevo sol que nos ilumine distinto, que alumbre a los objetos desde otra perspectiva, con otros dolores y otras penas, que claro, duelan distinto. Pero siendo otros, porque detenerse es quedarse en el infierno, es matar al sol para quedarse a soplar con melancolía sus cenizas. 



Alma Har'el demostrará en su film Honey Boy la importancia de recorrer el camino hacia nuestro propio infierno, por más dolor que esto traiga. Morir, matar al relato, las viejas palabras, para rearmar otro que sea más eficaz, que ayude a sobrellevar esto que llamamos vida, con todos sus recuerdos y frustraciones. Nacer de nuevo con nuevas palabras para matar viejos demonios, para no volverse ceniza y morir con el sol. El film narrará la vida de Otis, un niño actor con un padre alcohólico y abusivo. Con una relación extremadamente violenta y sometedora. En ese ámbito crece Otis, separado de su madre quien vive con Tom, su nueva pareja. La estructura narrativa del film no será lineal, recurrirá todo el tiempo al recurso del racconto para narrar la niñez del protagonista, sus padecimientos y abusos. El presente narrativo será el de él encerrado en un centro de tratamiento psicológico en donde seguiremos su terapia contra la ansiedad, que busca encontrar las raíces en traumas infantiles para combatir su actual alcoholismo y accionar violento. El film tendrá un montaje muy cuidado donde cada corte funcionará como elipsis para introducir al racconto. Las actuaciones serán orgánicas y precisas. Será tal la naturalidad y estará tan bien lograda la tridimensionalidad con la que estará construido el personaje de Otis que llegaremos a sentir su dolor, su ansiedad, sus mismas penas. Querremos quemar el sol para renacer nuevos en un mundo sin abusos, sin golpes ni adicciones. En un mundo más tierno, donde no haga falta morir a cada rato para rehacer el guion de nuestras vidas.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HAR'EL

 


Alma Har'el nació el 2 de julio de 1975 Tel Aviv, Israel. Comenzó su trabajo como fotógrafa y VJ en conciertos de música en vivo. Uno de los proyectos más destacados de Har'el como VJ fue una colaboración con el grupo musical israelí Balkan Beat Box, que incluyó un vídeo de 11 minutos. Su trabajo en actuaciones de videoarte en directo con diferentes músicos llevó a Har'el a dirigir vídeos musicales, y sus frecuentes colaboraciones con el cantante Zach Condon, de la banda Beirut, le valieron numerosos premios y nominaciones en festivales de cine y vídeos musicales. El trabajo de Har'el en el video musical de Beirut para su sencillo "Elephant Gun" (2009) le valió nominaciones a Mejor Debut como directora en los MTV Video Music Awards y los Music Video Production Association Awards, y fue número 30 en los 50 Mejores Videos de la Década de la revista Paste. En 2011 tuvo su debut como directora en un documental titulado Bombay Beach. Una nostálgica mirada al pasado que sigue a varios personajes, entre ellos un poeta octogenario, un joven bipolar de siete años y un prominente jugador de fútbol americano. En su videoclip de 2012 para la canción «Fjögur píanó» de la banda islandesa Sigur Rós, perteneciente al álbum Valtari, Har'el dirigió a Shia LaBeouf junto con la bailarina Denna Thomsen. El vídeo formó parte del experimento cinematográfico Valtari Mystery Film Experiment, en el que Sigur Rós invitó a doce cineastas a seleccionar una canción del álbum y grabar un vídeo inspirado en la música. The Wall Street Journal explicó que «Todos los directores recibieron el mismo presupuesto de 10 000 dólares y ninguna instrucción de la banda. Con esa libertad creativa, la cineasta Alma Har'el creó mariposas muertas, piruletas luminosas y una actuación sin ropa (en todos los sentidos) de una estrella de superproducciones de Hollywood». LaBeouf, al explicar su participación en el proyecto, declaró que le escribió una carta de admirador a Har'el tras quedar profundamente conmovido por Bombay Beach, a lo que Har'el respondió que le gustaría trabajar con él. Ambos volverían a colaborar: LaBeouf produjo su documental de 2016, LoveTrue, Un ensayo cinematográfico sobre la existencia de algo tan inefable como el "amor verdadero", a través de tres personajes: una stripper de Alaska, un librepensador criado en Hawaii, y un compositor de Nueva York que canta al desamor. Volvieron a unirse en 2019 cuando Har´el dirigió Honey Boy, basado en un guion autobiográfico del actor. Su última creación, es la miniserie La mujer del lago, que se estrenó el año pasado y está protagonizada por su compatriota Natalie Portman y ambientada en Baltimore en la década del ´60.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Honey Boy

Año: 2019

Duración: 93 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Alma Har'el

Guion: Shia LaBeouf

Reparto: Noah Jupp, Shia LaBeouf, Lucas Hedges, Malika Monroe, Natasha Lyonne, Martin Starr.

Música: Alex Somers

Fotografía: Natasha Braier

 

PELÍCULA COMPLETA