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martes, 15 de septiembre de 2026

LAS ACACIAS DE PABLO GIORGELLI

PROGRAMA 517 (11-09-2026)

 

SINOPSIS

 

Rubén es un camionero solitario que recorre desde hace años la autopista de Asunción del Paraguay a Buenos Aires, cargando madera. Sin embargo, el viaje de hoy será diferente. Esta mañana, en un paradero de la autopista cerca de Asunción, Jacinta se presenta una hora más tarde para iniciar un viaje por carretera que la llevará a Buenos Aires. Es más, Rubén se entera en ese mismo momento que la pequeña Anahí, de 5 meses, viajará con ellos. No es el mejor comienzo pero a medida que vayan pasando los kilómetros, la relación entre Rubén y Jacinta irá creciendo. Ninguno de ellos habla mucho de sus vidas, ninguno pide mucho tampoco. Es un viaje de pocas palabras, pero no silencioso. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Salió de la fábrica enfundado en un rojo furioso que parecía pintado por un artista. Se echó a andar por las rutas más recorridas del país. Pero tampoco le faltó meterse en el barro, en esas calles de tierra donde poder doblar requería un tiempo mayor al normal. Ha trasladado tantas cosas que perdió la cuenta. Y ha pasado por tantas manos. Hasta que llegó el día que todo fue tirando a definitivo. Como ese amor de verano que sirve para alejar soledades. Primero fue un viaje corto, casi una prueba de fin de semana. Luego, el tiempo los fue acercando. Ya el olor del primer mate de la mañana se sentía antes de que suba al asiento. Ya sabía que iban a ser horas. La música de fondo. Alguna confesión, sabiendo que su oído iba a estar siempre ahí. Y más seguro que un cura. Pobre el que los veía charlando, pensarán que era un loco decía… Es que de soledades se vive en este mundo. De estaciones de servicios, de parrillas al paso, de amigos por horas, de alguna visitante de ocasión. Y no iba a ponerse celoso por eso. Si, al fin y al cabo, nadie lo había cuidado mejor. Los mejores años de su vida, sin ninguna duda. 



Cada tanto al médico por alguna abolladura y no más que eso. Perdió la cuenta de las provincias que visitó. Ni hablar de los pueblos. En algunos lugares, los chiquilines hasta se sorprendían al verlo. Ahí se sentía como cuando salió de la fábrica. Aunque los años no venían solos. Varios lo quisieron retirar. Muchos otros intentaron desarmarlo de golpe, pero siempre resistió. Ya con los años empezó a caminar menos. Su pareja de toda la vida lo cambió por alguien más joven pero siempre volvía a ese amor. Nunca lo dejó de lado. Lo sacaba a carretear cada tanto, para no oxidarse en el olvido. Fue ahí cuando empezó a entender de soledades. Quizás cuando ya no tenía quien lo charle, cuando el aroma de ese mate lo gambeteaba y se iba por la otra punta. Pero ese gigante de hierro y varias ruedas se conformó con jubilarse poco a poco y, desde ese viejo garage, recibir el saludo de su amante día tras día, para que la maldita soledad no lo pueda vencer…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 




IMPRESIONES SOBRE LAS ACACIAS

 


La naturaleza del hombre es, antes que nada, solitaria. Casi siempre estamos solos. Vivimos sumergidos en esta marea de gente, atravesados por un lenguaje que no nos contiene ni nos nombra. No hay mayor soledad que ese silencio ensordecedor que distancia la palabra de aquello que nombra. No existe mayor soledad que la palabra insuficiente, la del receptor que no oye, la del ruido en el mensaje, la de este grito que se ahoga en un murmullo virtual inalcanzable que nos promete un futuro que, paradójicamente, nos asegura que nos matará en 10 años. La soledad binaria de ceros y unos, simplificada, disociada y ajustada al entendimiento de un receptor sencillo, simple como el mensaje que pretende recibir. ¿Qué soledad más profunda en este mundo habrá que esta? Sábato tenía cierto optimismo, muy raro en él, respecto de esto. El escritor decía que tal vez aluna vez en la vida, muy de vez en cuando, se generaban efímeros puentes donde se forjaba una comunión con el otro, o sea una común unión, efímera, fugaz, temporaria, por demás breve. Agregaba Ernesto, o tal vez nosotros, que aquellos puentes se tendían en ocasiones muy particulares. Tal como Sábato, creemos desde este espacio, que esas breves conexiones se dan en situaciones particulares de las relaciones humana tales como el amor, el pensamiento y algún hecho artístico. Conectar con una lírica, con una melodía, voy a menos, conectar con un acorde, nos hermana inevitablemente con el artista, y eso hace puente. 



Unos ojos negros casi felinos descubiertos observándonos desde el anonimato en la espera de un semáforo, hace puente. Creer que uno está enamorado es puente. Sumergirse en la marea feroz de una charla inteligente también lo es. Luego, la mayoría del tiempo, el resto de la vida digo, somos, tal como nos describía Pirandelllo como islas incomunicadas que viajan sin interrelacionarse. Viviendo nuestras vidas en la soledad más íntima del ceno quizás de una familia, de una urbe, de una comunidad. Muriendo el tiempo tan callando. Porque la soledad siempre es en función del tiempo. Uno sufre la soledad porque se sabe finito, vamos, porque sabe que va a morir. El eterno no se siente solo porque vive en la certeza de que todo en algún momento le llegará. Tal como dijimos alguna vez en este mismo foro,  pensar al tiempo, darle una entidad de pasado, presente y futuro, darle una lógica, es nada más y nada menos que  volverlo ilógico. Pensar al tiempo es descubrirlo irracional, es comprender que es imposible afirmarnos en un presente, en un ahora. Aquel  ahora nos huye. El pasado no existe, no es, porque ya ha transcurrido, es nada. El futuro tampoco es porque no ha sucedido, es una especulación propia y personal, una intromisión desesperada del almanaque. El presente, tal como dijimos, es inhabitable e inaprensible, es el punto de encuentro entre el pasado y el futuro, es el crudo cruce entre dos nadas. Pensar el presente es hacerlo siempre desde el pasado, es una construcción fantasiosa sobre la que nos proyectamos y desde la que construimos existencia y también lenguaje. El presente es nada, no hay ahora



Aun así, el tiempo se sucede por una gracia inexplicable, y esta gracia puede convertirse en una condena. El futuro, asimismo, es una proyección que realizamos desde nuestra propia acumulación de pasado, pero aquella imagen especulativa, construida con lo que nos falta en el presente, tampoco la habitaremos jamás. Esa tal vez sea una buena noticia. El futuro nunca va a encajar con la imagen que diseñemos de él y es en aquella incongruencia cuando deviene la sorpresa. La mala noticia, y la real, es que padecemos nuestra existencia entre el choque de dos nadas. Camus, en su libro El mito de Sísifo, encontrará una solución a esta existencia sostenida entre el cruce de dos nadas, sin tiempo ni espacio: el suicidio. Por su lado, Schopenhauer dice: Toda vida es esencialmente sufrimiento, a lo que Nietzsche agrega descarnadamente en su pesimismo radicalmente trágico la idea de no haber nacido y de haberlo hecho morir pronto, retirarse de la vida. Estamos solos, estamos tristes y todo aquello es una tragedia en sí. Conocemos nuestro destino, y como héroes y heroínas que somos de nuestra epopeya, no podemos escapar a nuestro final trágico y solitario. Lo sabemos. Moriremos cualquier día de estos. Lo haremos en la más profunda de las soledades. Morirán aquellos que amamos y harán más profundo el abismo que nos habita. Pero estará bien, de eso también se trata esta aventura. 



Allí está Las Acacias, aquel film simple en toda la complejidad de la concepción de aquel término, tranquilo y movilizante, el cual va a venir a chocar un poco con todas estas ideas desde el amor, el pensamiento y claro, desde el arte. Pablo Giogelli, su flamante director, intentará entrar en aquel mundo tan excelentemente narrado por Lucrecia Martel, pero lo hará con su impronta personal. Eso le dará una riqueza particular a la cinta. La película abrirá inicialmente con el sonido sobre los títulos, anticipando que habrá algo que nuestro héroe tendrá que oír, que habrá algo que no estará en la imagen y que servirá para su proceso dentro de la curva dramática. Entonces, la cinta abrirá impactante con una Acacia de gran altura a contra luz y nuevamente el sonido. Se oirá fuera de campo el quiebre de una madera y un árbol entrará a cuadro cayendo. Estos 20 segundos de celuloide bien podrían ser una gran metáfora del conflicto de Rubén, protagonista del film. Gastón Bachelard dice que toda metáfora es un mito en miniatura. Allí está entonces el mito de Rubén, solo falta desarrollarlo. La película será una Road Movie, y transcurrirá en su mayoría en la cabina de un camión, situación que reducirá profundamente la capacidad de puesta de cámaras y de encuadres para una película de más de una hora. Esta situación estará resuelta con delicadeza e inteligencia por el director, el DF de la película, y el montajista. El relato será dinámico y entretenido, aunque sencillo y sin demasiadas pretensiones. Allí estará la belleza de Las Acacias. Tendrá la frescura de cuando uno se sienta a la vera de un río. 



En tal situación pueden pasar dos cosas. Que nos quedemos en el simple acto de visualización del agua correr, o conectarnos realmente, enérgicamente con la situación entera. Con la vibración de la tierra, la potencia del rio, su sonido, su canto, la historia que trae al chocar con las piedras, la caricia del viento en la cara, el movimiento de las hojas y el juego de sus sombras creando duendes inquietos recorriendo la tierra a nuestro alrededor. Y el rio… el rio fluyendo. Las Acacias decide sentir y mostrar al espectador la segunda situación. Logra con simpleza, con economía de planos, transmitir esa visión de la tierra, de las personas de la provincia, de la vida lejos de los edificios, del tránsito y la velocidad imperiosa citadina. La fotografía de la cinta estará virada a las tonalidades verdes y predominarán los planos cortos. La estructura narrativa del relato será lineal y el conflicto será interno. Veremos el árbol caer y aquella será la resolución del conflicto de Rubén. Nos sorprenderá, no lo veremos venir y será maravilloso. Nos quedaremos con la cara de nuestro protagonista en primer plano con sus ojos vidriosos y pediremos que funda a negro porque la película será eso, y Giorgelli lo hará en el momento exacto, justo allí donde Ruben, entre tanta coraza, tanto dolor asumido, tanta soledad mal llevada, podrá generar aquel efímero puente del que hablábamos al principio y en aquella brevedad de su ser, en aquella comunión podrá, aunque de manera casi imperceptible, dejar ver su corazón.

 

Lucas Itze.-        

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GIORGELLI

 


Nació en 1967 en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Giorgelli Empezó como montajista en film como Moebius (1996), Sólo por hoy (2000) y Lo Natural (2002). En 2011 filma su primer largometraje: Las acacias, con el que gana la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. Luego llega Invisible en 2018, que narra la vida de Ely, que tiene 17 años y está embarazada.  En 2021 filma su último film hasta la fecha: La encomienda, sobre unos hombres que naufragan y quedan a la intemperie en el mar azul intentando sobrevivir.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Las acacias

Año: 2011

Duración: 82 min.

País: Argentina

Dirección: Pablo Giorgelli

Guion: Pablo Giorgelli, Salvador Roselli

Reparto: Germán de Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani.

Fotografía: Diego Poleri

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 10 de diciembre de 2025

CONVIVENCIA DE CARLOS GALETTINI

PROGRAMA 489 (21-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Dos íntimos amigos, uno un porteño práctico (Brandoni) y el otro un español intelectual (Sacristán), pasan los fines de semana en una quinta en El Tigre, en el Delta del río Paraná. Un día de tormenta llega Tina (Dopazo), una joven extraviada, que afectará la relación entre ambos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un recuerdo se cuela en un pasillo oscuro, repleto de hojas secas. El viento las fue trayendo y amontonando. Se siente una risa que le da un poco de calor y color a esa imagen. No la encuentro como real, sin embargo, ella trae el aroma de su perfume y la suavidad de su piel. La vida es un poco más digna, podría decirse. Por ese pasillo salió por última vez. Sus rulos perfectos se bamboleaban con violencia. El ruido de los pasos despertaba hasta al pájaro más soñador. Las horas, días, meses y años se esfumaron en un suspiro. No hubo una despedida. Ni siquiera un hasta luego. Solo nos volvimos dos desconocidos que terminaron un pacto tácito. Un contrato sin formalizar. Los platos se habían amontonado y el café destilaba un gusto amargo. La cama quedaba enorme y las sábanas se arremolinaban en un costado. Los colores se volvían apagados, grises, sin alegría. Las paredes se descascaraban. Así que eso era la felicidad y no lo había notado. Al final, bastante imbécil había resultado. 



¿Qué era todo esto entonces? Tristeza, me repetía a mí mismo. Y así buscaba como escapar de ahí. Pero no, cualquier alegría duraba un tiempo y después volvía a la programación habitual. Soledad pensé luego. Era lo más lógico. Lo que todos te repetían. Pero no, siempre fui alguien que se llevó bien con la soledad, por lo tanto, había que tachar esa idea. Y un día mientras un tango sonaba apareció la nostalgia. Si, debía ser ella. No tenía dudas. Los recuerdos, las voces, los aromas y hasta las ausencias eran el combo de momentos que venían bajo ese nombre. Eran esas mezclas de felicidad y tristeza, de pasión y desencanto, de amores y odios. Se extrañaba todo a la vez. Y resurgía esa trillada frase que cita que todo tiempo pasado fue mejor. No sé si en este caso lo era. Seguramente no. Y llega la noche y vuelve a aparecer con fuerza. Y es en ese pequeño momento que llega el deseo de que esa nostalgia se transforme en convivencia.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CONVIVENCIA

 


Miro por la ventana y llueve. Las gotas golpean el vidrio y el techo de chapa del pequeño galpón del patio que resuena como si fuera a quebrarse. Llueve con fuerza, con violencia. De manera copiosa, densa. El agua cae sin casi dejar lugar entre gota y gota. Chet Baker gira en el toca discos interpretando Lonely Star y tu mano se posa en mi hombro. Me sacas el cigarrillo, lo dejas sobre el cenicero repleto de colillas, me invitas a pararme y apoyas tu cabeza sobre mi pecho. No bailamos, pero nos movemos al ritmo de la música. Te abrazo fuerte, intento retener tu olor, la textura de tu piel, la sensación de ese no baile. Algo cae en la cocina que nos sobresalta. Corro, está oscuro. Piso vidrio. Enciendo la luz, la lluvia de fondo ruge cada vez más fuerte, enfurecida, la chapa golpea ensordecedora. Ya la música no se escucha, estás sentada, una copa de vino destrozada en el suelo es el reflejo fiel de tu ánimo. Intento darte la mano y te levantas espantada, furiosa. Tu mirada se clava en la mía con una frialdad que te desconozco. Gritas, me insultas, exigís. El vino recorre las baldosas como la sangre de un órgano vital herido de muerte, incurable, irreparable. Salís de la cocina empujándome, jurando no volver. En pocas palabras me convertís en una bestia en la que temo reconocerme injustamente. Intento seguirte por las escaleras que llevan a las habitaciones, pero no te alcanzo. Un relámpago ilumina los escalones. Afuera el mundo se desarma en agua y truenos, en viento y sudestada. La furia de la naturaleza golpea sobre los vidrios, las ventanas, el viento cierra las puertas con violencia, como invitándolas a no volver a abrirse jamás. Llego al piso de arriba y escucho el llanto de una nena. Es nuestra hija que llora en su cuarto desconsolada. La pequeña Zoe con sus 8 años, acostada en su cama hecha un bollo, temblando, abrazada a una soledad infinita. Me acuesto a su lado e intento calmarla. Finge hacerlo, lo hace por mí. Es ella quitándome angustia, es la niña curando al padre con sus manos de hada, con su mágica forma de ver las cosas que la hacen vencer el miedo, alejar la pena para ponerme a salvo. Sabe, de alguna manera, que el vulnerable soy yo. Por más que ella sienta el mismo dolor. Por más que ella tenga el mismo vacío en el pecho. Lo lee en mis ojos, en el temblor de mis manos. Con dulzura me acaricia y me abraza, un abrazo eterno, un abrazo que aun siento apretando mi cintura, dándome calor en el pecho. 



Acaricio su pelo largo, larguísimo. Le prometo que vamos a estar bien sin lograr que ninguno de los dos lo creamos. Nos llena el silencio. Y sus ojos me miran. Se produce quizás la más tierna de las conversaciones jamás tenida entre ambos. Desde el silencio, desde otro plano, sacando la palabra de lugar, poniendo en juego otros sentidos, otros sentires. Ya sin tiempo, sin edades, leo en sus ojos una sabiduría abrumadora, una compasión emotiva. Ese pequeño instante volverá a mí cada vez que lo necesite, será la tabla en la tempestad, será lo que ayude a no ahogarme entre tanta lluvia. Alguien cierra con fuerza la puerta principal de la casa. Suena seco, fuerte, decidido. Suena para siempre. Suena como deteniendo el tiempo, como jurando no volverse a abrir, suena a sentencia, a castigo. Bajo las escaleras corriendo. El pasillo hasta la puerta pareciera alargarse cada vez más. Una melodía entra lenta, algo sucia. Sigo caminando por aquel túnel oscuro que me lleva a la puerta de entrada. La lluvia pega fuerte sobre los vidrios del ventanal del comedor. Reconozco la melodía, Es Chet Baker, es Lonely Star. Alguien fuma  sentado solo sobre la ventana, mirando la lluvia. Se la oye golpear sobre el techo de chapa del pequeño galpón del patio como si fuera a partirla. La casa está oscura, sola, fría, inmensa. En cada rincón aguarda como un sicario una historia. La lluvia no cesa y sin saberlo la casa se llena de fantasmas que se protegen de ella a mi lado. La nostalgia puede ser la peor de las celdas cuyos barrotes ilusorios detienen el tiempo para nosotros y nos dejan bailando con nuestros propios espectros hasta caer muertos, viviendo quizás una vida de anécdotas que ya sucedieron, una vida cobarde, que se niega a la aventura del hoy. La gran aventura queridos amigos, no está en juntarnos con la tribu a narrar aquellas historias de cuando soñábamos conquistar el mundo sobre aquel barco de velas rojas. Nosotros, que hoy traicionamos a aquellos niños vistiéndonos de traje, cobrando un sueldo, alejándonos de lo salvaje, prefiriendo lo seguro y olvidando el bosque para siempre. No, la gran aventura está en seguir sumando anécdotas, contar historias de ayer para programar las de mañana. Ese es el juego, eso es ganarle al tiempo y escaparle, de alguna manera a aquel sentimiento trágico de la vida. El film Convivencia de Carlos Galettini, adaptación de la obra teatral del dramaturgo Oscar Viale, viene a reflexionar sobre todo aquello, sobre la nostalgia, sobre el tiempo, sobre la aventura. Será un film alegórico, metafórico, un hermoso juego de luces y sombras donde nada será lo que parece. De este juego nace el cine, y este es el juego que decide jugar Galettini a la hora de adaptar su obra. Del teatro quedaran algunos códigos como la economía de escenarios o la necesidad de una urgencia. 



La sudestada será la excusa inminente para mantener a los personajes dentro de la casa. Si nos manejáramos dentro de los códigos del teatro, bastaría con solo nombrarla para armar en el espectador la idea del temporal, en cambio, siendo una obra cinematográfica, nobleza obliga, el deber es mostrar aquel temporal para que el verosímil funcione. La cinta recordará a otro film ya tratado en esta tertulia llamado The House, película filmada por nuestro gran amigo Sharunas Bartas, en el tipo de tratamiento que se le dará a la casa donde sucederá toda la acción. El relato comenzará con una bruma que se disipará de a poco y dejará ver una vieja casona del Tigre bastante descuidada, la cámara seguirá en travelling e ingresará por transición. Adentro presentará a los otros personajes Enrique y Adolfo. El primero más mundano, más visceral, más natural y salvaje, el segundo más racional, más cultural y medido. La casa funcionará como un personaje más que los contiene, un personaje donde, tal como decíamos, será habitado por la nostalgia que los mantendrá atrapados en sus propios recuerdos. No podrán salir de allí, estarán atrapados como en un loop temporal, narrando las mismas historias, discutiendo los mismos detalles. Habrá un intento de cambio al llegar ella, Tina. Una especie de diosa que intentará curar esa nostalgia. Será lo nuevo, lo joven, lo bello. Hará funcionar el tiempo dentro de la casa, alejando por unos instantes al recuerdo, haciendo que los personajes habiten el aquí y el ahora. Pero no lo logrará. Tina se irá sin haber podido cumplir su misión. Vencerá la casa, la neblina. La muerte, que los estará esperando bajo la lluvia en forma de sombra. Podremos nosotros, los espectadores, quizás ir un poco más lejos en la interpretación de las alegorías y preguntarnos qué estamos viendo realmente. ¿Qué es real y que no dentro del relato? Es llamativo lo opuesto de los dos personajes protagónicos, la parte racional y la parte salvaje. Los recuerdos. La nostalgia. La casa. La neblina que lo confunde todo. Da la sensación, sin forzar demasiado las cosas, que el autor quiere contarnos cómo funciona la cabeza de una persona melancólica encerrada en sus recuerdos. La casa, su cabeza, luchando dentro de ella contra las imágenes que se repiten una y otra vez, deteniéndolo en el tiempo. Como aquellos amigos que cuentan las mismas anécdotas, se hace un silencio, las risas muren despacio y luego alguien paga la cuenta y se retiran del bar en silencio. Entiendo Convivencia en este sentido, veo en ella esa lucha, ese temor de morir sin avanzar, de morir creyendo estar viviendo una vida de aventuras mientras seguimos las reglas de otros, mientras vendemos nuestra libertad para que otros decidan sobre nuestra suerte. El tiempo se acaba, la aventura es ahora, el resto, queridos amigos, es solo ausencia.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GALETTINI

 


Nacido en Buenos Aires, fue asistente de dirección en La tregua de Sergio Renan, la primera película argentina nominada al Oscar en el año 1975. En ese mismo año dirigió su primer film: Las sorpresas, una película de tres episodios junto a Luis Puenzo y Alberto Fischerman. El segmento de Galettini se tituló Corazonada. Un año después y en solitario, filma Juan que reía, con un gran elenco como Luis Brandoni, Luisina Brando, Federico Luppi, Enrique Pinti, entre otros. La historia de un vendedor de vinos que quiere ascender, pero que cuando le roban su auto (un Citroen 2cv), que no está asegurado, empieza una curva descendente inevitable. En 1979 dirige Cuatro pícaros bomberos, sobre unos bomberos que se ven involucrados en la estafa a un empresario de la carne. Ese mismo año dirige también La aventuras de los paraguas asesinos, donde los ya clásicos Tiburón, Delfín y Mojarrita, intentan luchar contra unos criminales. Este film, y los dos siguientes (Los superagentes y la gran aventura de oro, y Los superagentes contra todos), han sido calificadas como propaganda ideológica a favor de la Última dictadura.



En 1983 filma Se acabó el curro, sobre dos típicos chantas que quieren estafar a un turista peruano en medio de la especulación financiera de la época. En 1984 dirige Los tigres de la memoria, la historia de Carlos, quien buscando noticias de sus hijos exguerrilleros, acepta colaborar con su restaurante en una red de traficantes de drogas. En 1986 llega Seré cualquier cosa, pero te quiero, sobre una mujer de 40 años que se enamora de un fontanero. A partir de 1987 empieza con una serie de clásicos que conocemos todos, con cuatro nombres asociados a sus películas: Emilio Disi, Berugo Carámbula, Alberto Fernandez de Rosa Gino Renni, sumados a Paolo el Rockero, empezaban sus aventuras Los matamonstruos en la mansión del terror, que luego prosiguieron en Los bañeros más locos del mundo 1 y 2, y Los pilotos más locos del mundo.



También aparecieron clásicos como Las locuras del extraterrestre, y las 4 partes de Los Exterminaitors con la dupla Disi-Francella. Entre todas esas películas cómicas filmó en 1991: Charly, días de sangre, la historia de un joven con problemas (Fabián Gianola) que es llevado a una quinta donde murió quemado su hermano. La idea es disfrutar de un fin de semana agradable, pero un asesino serial amenaza al elenco y a la hiperinflación por entonces reinante. Vuelve un poco a las fuentes con Convivencia, donde gana el Condor de Plata a Mejor Película en 1993. La historia de dos amigos que viven en el Tigre, uno es porteño (Brandoni), el otro español (Sacristán), pero de repente aparece una chica (Dopazo), que amenaza con romper la amistad. En 1996 llega Policía corrupto, donde Romero es un policía de la división antinarcótico. Es ambicioso y no tiene escrúpulos y se mueve en un oscuro mundo de prostitutas, narcotraficantes y políticos. Todo se pudre cuando Romero se queda con un vuelto importante. El film estuvo teñido de escándalo al recibir un alto subsidio, luego incluso de haber sido declarado como "sin interés". El director renunció en el primer día de montaje (en los créditos figura un seudónimo); y la productora le inició juicio a Gerardo Romano, quien declaró: "esta debe ser la peor película argentina en años". Ese mismo año dirige Besos en la frente, y dos años después le encomiendan dirigir la segunda parte de Dibu, la exitosa serie argentina para chicos.



En 2003 llega Ciudad del sol, la historia de Manuela, una estudiante que empieza a encontrar los porqué del suicidio de su madre, en un pasado celosamente guardado, con un elenco importante como Darío Grandinetti, Jazmín Stuart, Leonor Manso, Luis Luque, Nicolas Cabré, Patricio Contreras, entre otros. Su último film fue La patria equivocada, en 2011, en la que Clarita se enamora de Clorindo y abandona su bien posicionado hogar para dedicar su vida a su marido, desertor del ejército, y a sus ideales. Luego de la muerte de Clorindo, busca otro destino para su hijo. Los descendientes de esta familia, irán recorriendo la historia de la construcción de la Argentina atravesada por el orgullo, la pasión y la venganza. Con Juana Viale como protagonista.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Convivencia

Año: 1993

Duración: 97 min.

País: Argentina

Dirección: Carlos Galettini

Guion: Carlos Galettini, Luisa Irene Ickowicz

Reparto: Luis Brandoni, José Sacristán, Cecilia Dopazo, Betiana Blum, Víctor Laplace.

Música: Oscar Kreimer

Fotografía: Félix Monti

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 14 de agosto de 2024

NOMADLAND DE CHLOÉ ZHAO

PROGRAMA 437 (12-07-2024)

 

SINOPSIS

 

Una mujer, después de perderlo todo durante la recesión, se embarca en un viaje hacia el Oeste americano viviendo como una nómada en una caravana. Tras el colapso económico que afectó también a su ciudad en la zona rural de Nevada, Fern toma su camioneta y se pone en camino para explorar una vida fuera de la sociedad convencional, como nómada moderna. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Perder el miedo a lo salvaje, a lo natural, a salir de la zona de confort. A escaparse de uno mismo, a nuestros sueños, a nuestras pesadillas. A que la maldita rutina nos quite años de vida. A que alguien nos vigile. A que otros hablen de nosotros. A que el mundo nos desgarre. A que la muerte nos encuentre en la mejor parte del cuento. A que ese cuento nos delate. A que la memoria nos olvide. A que nuestros ojos no nos reconozcan. A que esa sonrisa desaparezca. A que el camino sea inviable. A que la plata no alcance. A las lágrimas vertidas sobre la piel. A pensar en uno mismo. A reencontrarnos. A explorar sitios desconocidos. A bailar en un entierro. A largar esa carcajada en el momento menos oportuno. A cantar falta envido sin mirar las cartas. A tirar un caño en nuestra propia área. A caminar con los ojos cerrados. 



A que no quieran comprarnos con palabras de cotillón. A perdernos la vida, en definitiva. Y entonces habrá que salir. A abrazar el aroma de los campos y las flores. A viajar por las rutas más improbables. A cazar nuestros anhelos imposibles. A regalarnos alegrías. A mirar a los amigos a los ojos. A brindar con ellos sin esperar nada a cambio. Y saber que estarán cuando los necesitemos. A recordar sin ponernos tristes. A cambiar de canal cuando sea necesario. A olvidar a quien nos olvida. A animarnos a hacer nuestro propio camino. A convertirnos en nuestros propios héroes. A encontrar nuestras causas perdidas. A vivir la vida. En definitiva, a ser nosotros mismos.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE NOMADLAND

 


Varias veces desde esta mesa, que hoy es otra pero es siempre la misma, advertimos que estamos solos y que también estamos tristes. Estamos solos en medio de las multitudes ensordecedoras y en la agonía de los bares con sus mesas histéricas. Estamos solos en el tramposo juego que proponen las palabras, cuyo hechizo te hace inalcanzable; en el laborioso esfuerzo que realiza nuestra mente para descifrar el mensaje, para generar el relato, ese que inventa que estamos todos juntos y que la horda de amigos baila al compás de tu música. La teoría filosófica del solipsismo plantea que el mundo exterior solo es comprensible a través del yo, que lo único que existe es nuestra mente, ni siquiera las impresiones que de ella surjan. Por otro lado, la doctrina del escepticismo, en su posición más radical, expone sin titubeos que no hay verdades absolutas, y de existirlas, el hombre sería incapaz de conocerlas. Nadie puede llegar a saber nada, ni siquiera sobre nuestra propia existencia o experiencias pasadas, porque estas se basan en el contenido actual de nuestras mentes, incluido las impresiones de la memoria. ¿Pueden sentir la soledad de aquel viaje, de aquel recorrido repleto de fantasmas? Lo cierto es que siempre estuvimos solos, el resto es solo un mal entendido. Vivir es esa extraña sensación de soltar a ese que fuimos para dar lugar a aquel otro que vamos a hacer. El ser es siempre siendo, es inaprensible, es en un no tiempo, de ahí uno de los orígenes de su angustia existencial. La soledad entonces es aquella pelusa última en el bolsillo de la existencia humana, es el resultado propio de su condición. Esta siempre allí, agazapada, susurrándonos al oído que la fiesta terminará. 



Ahora bien, si la soledad es nuestra condición inevitable, nuestro estado natural, ¿por qué no podemos estar solos? ¿Por qué obstruimos ese canal de dialogo con nosotros mismos, de autoconocimiento? ¿Por qué el silencio nos genera tanta ansiedad? ¿Por qué el gustarnos y disfrutarnos se ha vuelto un mal slogan en un mundo frenético que lo único que busca es sacarnos de nuestro eje, desoír lo que nuestro cuerpo habla para llenar nuestros oídos de necesidades ajenas, de ideas prefabricadas, de objetivos que llenan las arcas de otros?. Decir basta y andar, hacerse cargo de uno mismo, de nuestras necesidades, de nuestra soledad más íntima, sin cargarla de actividades infinitas o de ruidos estruendosos para mantenernos bien lejos. Hacerlo, hacerlo de una buena vez, aunque la vida ya haya pasado… ese sería un hermoso regalo de despedida. Y esta será la decisión que tome Fern, en este relato maravilloso llamado Nomadland dirigido y adaptada por la artista china Zhao Ting, también conocida como Chloé Zhao. El film será una road movie que buscará ser la metáfora del recorrido interno de la protagonista. No será ni más (ni menos) que la búsqueda interna de su yo, aquel yo consumido y postergado lealmente, cariñosamente, en la economía perversa del amor, luego de que su pareja culminara con la muerte de su marido. Aquí el punto de ataque del relato, bajo estas circunstancias la directora y guionista decidirá presentarnos a nuestra heroína. Fern, decidirá soltar lo último material que la ataba a su pareja y se lanzará al camino, a perderse para por fin encontrarse. En aquel viaje se enfrentará a sus desiertos, a sus temibles ausencias, a esos inviernos furiosos donde la piel y los recuerdos duelen. Pero lo hará siempre con la calma de quien sabe su objetivo, aquella calma de quien no olvida la esencia de su búsqueda. 



La fotografía del film comenzará con una paleta de colores fríos, repleta de blancos y grises, para luego ir sumando ciertas gamas cálidas con el devenir del drama. El conflicto crecerá muy de apoco, con un ritmo muy intimista, lo que ayudará a comprender la metáfora dramática planteada, la situación marco desde donde acciona nuestro personaje. La cinta trabajará la mayor parte del relato con planos cortos, tamaño que ayudara narrativamente a remarcar el efecto intimista de la obra. Habrá pocas puestas con cámara fija dándole relevancia al uso de cámara en mano típica del road movie. La estética elegida por la directora coqueteará todo el tiempo con la del documental o docu ficción. Sin que lo sepamos hasta el momento de los títulos finales, la directora expondrá en pantalla un puñado de historias reales narradas por sus protagonistas. Solo al final del film notaremos que la entrañable Linda May, con aquella historia de lucha incansable, con aquel amor infinito para ofrecer, no estaba representado por una actriz. Solo en los créditos finales notaremos que aquella terrible historia de soledad, cáncer y muerte estaba narrada por la verdadera Swankie o que las lágrimas de Bob Wells, al hablar sobre la muerte de su hijo, no eran lágrimas representadas desde la ausencia, sino unas legítimas, dolorosas y desgarradoras. Pero el film no se quedará con eso, no olvidará, como tampoco lo hará Fern, su objetivo final. La cinta continuará sin apuros, sin elipsis forzadas, buscándose a ella misma, hasta encontrarse definitivamente para poder fundir a negro en aquella paz real y absoluta. No perdamos la oportunidad de buscarnos a nosotros mismos, de salir a la lluvia a limpiar nuestras heridas, a curarnos y hacer de una buena vez las paces con nosotros, con todo aquello que hicimos e hicieron de nosotros. Solo allí nos hallaremos realmente en casa.

Lucas Itze.-

 

Canción post Impresiones

 


UNIVERSO ZHAO

 


Nació el 31 de marzo de 1982 en Pekín, China bajo el nombre Zhao Ting. Creció en su país natal hasta su adolescencia, cuando se mudó a Brighton, Inglaterra, para estudiar en un internado. Su padre era gerente de una compañía siderúrgica en Pekín, mientras que su madre, empleada en un hospital, también formó parte de una compañía circense que actuaba para el Ejército Popular de Liberación. A la edad de 18 años, Zhao se trasladó a Estados Unidos donde finalizó su educación de bachillerato en Los Ángeles. Estudió Ciencia Política durante cuatro años en el Mount Holyoke College de Massachusetts, mientras trabajaba como bartender. Luego se anotó para un programa de dirección de cine de la Universidad de Nueva York titulado Tisch School of the Arts. Allí filmó su primer cortometraje llamado Daughters. En esa universidad conoció a Joshua James Richards, quien fue el director de fotografía de sus próximos films. Como parte de su proyecto de tesis en la Universidad de Nueva York, Zhao realizó su primer largometraje, Songs My Brothers Taught Me, proyectado por primera vez en el festival de Sundance de 2015. Ambientada en la reserva indígena de Pine Ridge, en Dakota del Sur, la película cuenta la historia de dos hermanos lakota, Johnny y Jashaun, quienes deben enfrentar la muerte de su padre, un hombre ausente dedicado a la monta de caballos de rodeo. El film tuvo varias nominaciones en el circuito independiente y recibió elogios de la crítica. El filme es una muestra del estilo cinematográfico de Zhao, cercano al cine documental. Al igual que con la mayoría del elenco de Nomadland, para Songs My Brothers Taught Me contrató actores no profesionales para interpretar personajes muy similares a ellos mismos. La película presenta una trama suelta, inspirada en la vida del actor principal, John Reddy: en ella vemos la casa donde creció y hay participación de algunos miembros de su familia. También ofrece un vistazo a la vida dentro de la reserva y toca algunos de los problemas sociales que aquejan a la comunidad. En su siguiente producción, The Rider, Zhao recurrió al mismo estilo documental para crear otra película contemplativa que llama a la reflexión. 



Rodada en el Parque Nacional Badlands de Dakota del Sur, The Rider, al igual que Songs My Brothers Taught Me, toma prestadas algunas experiencias de la vida real de su protagonista, Brady Jandreau, quien también comparte la pantalla con familiares suyos interpretándose a sí mismos. Después de enseñarle a cabalgar a Zhao, durante la producción de Songs My Brothers Taught Me, Jandreau sufrió un accidente en el rodeo que resultó en una lesión cerebral, limitando su capacidad para volver a montar. The Rider es el relato de ese suceso llevado a la ficción, el cual recibió cuatro nominaciones a los Independent Spirit Awards. Luego llegó la consagración definitiva con Nomadland, con la cual ganó casi todos los premios posibles (Oscar, Globo de Oro, Bafta, Venecia, entre otros). Da un golpe de timón en el año 2021 cuando firma para Marvel y se pone tras las cámaras con el fin de súper héroes Eternals, que trata acerca de un grupo de superhéroes inadaptados. 



A pesar de que la incursión de Zhao en el universo de Marvel marca una clara separación respecto a sus trabajos anteriores, ella ha dicho que siempre se ha imaginado a sí misma como una artista del manga, pues “cuenta con profundas y fuertes raíces en el manga”. Para el 2025 se espera el estreno del film Hamnet, que narra la historia de Agnes, la esposa de William Shakespeare, en su lucha por superar la pérdida de su único hijo, Hamnet. Una historia humana y desgarradora como telón de fondo para la creación de la obra más famosa de Shakespeare, Hamlet. Paul Mescal y Jessie Buckley serían la pareja protagonista.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Nomadland

Año: 2020

Duración: 108 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Chloé Zhao

Guion: Chloé Zhao. Libro: Jessica Bruder

Reparto: Frances McDormand, David Strathairn, Linda May, Charlene Swankie, Bob Wells.

Música: Ludovico Einaudi

Fotografía: Joshua James Richards

 

PELICULA COMPLETA

 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

CONTROL DE ANTON CORBIJN

PROGRAMA 383 (09-09-2022)

 

SINOPSIS

 

Película sobre los últimos años de Ian Curtis, el enigmático cantante de la banda Joy Division e icono del post-punk inglés, hasta su trágico suicidio en 1980. Cómo le afectó el dramático conflicto entre el gran amor que sentía por su esposa y la apasionada relación con su amante, sus ataques de epilepsia, su extraordinario talento y sus arrolladoras actuaciones en directo. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Las luces brillan. El escenario tiembla. La gente aplaude. ¿Vienen a ver a la estrella o al hombre que está muriendo por dentro? El humo empieza a decolorar las luces. La multitud está en trance. Muchos ojos se cierran buscando su momento perfecto. Yo no lo encuentro. Cierro los ojos y me invade la frustración. ¿Quién soy realmente? ¿Dónde perdí la felicidad? Ya no hay más romanticismo. La presión invade los cuerpos y comprime las mentes. Los flashes se disparan sin cesar. ¿Será la última foto? Siempre ronda eso en mi cabeza, cuando será esa última imagen. No, no quiero estar demacrado y desalmado, siendo un montón de piel fruncida. “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver” dicen que dijo James Dean (aunque en realidad era de un film de Humprey Bogart) y siempre me pareció exagerado. 



Pero no me conocía a mi mismo. Giras, tapas de revistas, paparazzis, se han vuelto parte de mí. Intimidad. Nueve letras. Una palabra. Desaparecida de mi diccionario. Reemplazada por adicciones, lujos y amistades de cartón. ¿Quiénes son esos tipos que me siguen a todos lados como si fuera la maldita Reina? No se cuando fue, de repente aparecieron. Y ya no hubo marcha atrás. Cuando te das cuenta, el trampolín está en la punta del edificio. Y la mente otra vez te habla, te hechiza, te obliga a saltar. El deseo de estar solo me invade. Y en un momento... no habrá más nada. Ya no me quedan fuerzas para tomar el control...

                                                                                                  

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CONTROL

 


Sus ojos claros se levantan y se confunden con el cielo. El cielo está gris, sus ojos también. No hay rastros de juventud en su mirada, el eco de una sonrisa muere por última vez sobre su pupila dilatada. Hay una palabra oculta detrás de aquellas nubes, una palabra que no aparece. El tiempo fue un ensayo de lo perverso, un perverso ensayo sin ninguna gracia. La música insiste en que hay que bailar mientras él intenta recordar dónde fue que olvidó aquel parque de juegos, dónde dejó su galera repleta de trucos, con qué alarma despertó de su última confianza y en qué esquina olvidó su último optimismo. El deseo, aquel niño caprichoso, ¿en qué bosque se habrá escondido? Todo es frío y se aleja de alguna manera para siempre. Las sombras caminan sobre las paredes llevándose con ellas todo lo que lo ata a este mundo. Alguna vez quiso huir de un verso del viejo Hank, quiso también confundirse entre los personajes de Burroughs, el extravagante, para condenar sus penas a las amarillentas páginas de un libro y dejarlas cautivas en aquella cárcel con olor a tinta al cerrar la portada del texto. Pero hoy comprende que él es esos versos, que aquellos personajes son el caricaturesco reflejo de su sombra. Se da cuenta que aquella mirada del poeta lo interpela atravesándolo en su propio dolor, que sus abismos son tan reales como cualquier ficción. Mira con sus ojos grises como el cielo y aun no lo comprende. 



No logra entender que ya casi no es humano, que el amor lo perdió para siempre, que ya sus dedos no sienten, que no hay sabor en su boca, que sus brazos están fríos y vacíos, que está solo ahogado en un mar de gente. Su cuerpo tiembla aun sin música, en el sordo silencio, en el mutismo más apabullante y se estremece en un automático vacío demencial. La muerte ensaya su ritual, su cuerpo cae al piso y cruje como una hoja seca, el cielo es cada vez más chico. Ian Curtis quedó solo, abandonado hasta por su propio cuerpo. Muy lejos del deseo, muy lejos de todo. Control, dirigida en el año 2007 por Anton Corbijn cuenta esta historia centrándose en la narración de aquello perdido. El film elige como punto de ataque no la historia de una de las bandas más importantes para la música post punk y para el género musical gótico, sino otra, la historia de las pérdidas más profundas de su cantante. Su atención está allí, en describir la parte como punto de partida, como excusa para luego narrar de forma más soslayada el todo. La película será correcta, prolija, inglesa. La fotografía estará planteada en escala de grises generando un universo intimista y melancólico. La puesta de cámara no buscará acompañar el recorrido dramático que realizará el protagonista sino simplemente ser funcional al relato evitando sobresalir en la composición de una narración propia. 



Control se destacará en dos puntos muy fuertes que ayudaran a conmocionar al espectador. Uno de ellos será la buscada obsesiva que se intuye en la realización del casting para los distintos caracteres. Los parecidos físicos serán sorprendentes en todos los casos, eso ayudará al espectador al rápido reconocimiento de cada personaje y con esto a generar fácilmente empatía con todos ellos. El otro punto que se logrará de manera exquisita será la interpretación actoral. Estaremos frente a una composición de personaje trabajada con un esmero pocas veces visto en este tipo de films. Habrá naturalidad en su desarrollo logrando de esta manera una composición orgánica que se mantendrá lejos de caer en la imposición estereotipada que podría suponer la representación de un modelo real. El guión manejará una estructura lineal lo que ayudará a centrar la atención en el recorrido dramático que realizará el protagonista, el cual irá desde la satisfacción del deseo como un único móvil, lo que estará representado en el carácter caprichoso y compulsivo de sus elecciones, en el intento de sostener un estilo de vida sin importar las consecuencias naturales del mismo, hasta la pérdida del control en todos los aspectos de su vida, que provocarán el nefasto desenlace de la anedonia profunda que lo llevará a las puertas mismas de su propio abismo. Ian Curtis quedará solo, lo que no implica que no tendrá gente a su alrededor. Estará solo en el peor de los sentidos, en aquella soledad insoportable hija de la incomprensión, en aquella distancia inabarcable que implica la falta de comunicación con el otro, en aquella muerte absoluta que representa la pérdida absoluta de todo deseo.    

 

Lucas Itze.-                      

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CORBIJN

 


Anton Johannes Gerrit Corbijn van Willenswaard nació el 20 de mayo de 1955 en los Países Bajos. Su padre fue párroco y su madre enfermera, sin embargo, desde chico se interesó por el mundo del arte, más precisamente por la fotografía. Fue tomando fotografías en su país natal al músico Herman Brood, y gracias a estas el músico empezó a ser reconocido. En 1979 se muda a Londres y se convierte en fotógrafo de bandas como Joy Division y Public Image LTD. Durante este período Corbijn también inició su trabajo como fotógrafo para prestigiosas revistas como Vogue y Rolling Stone. Para muchos, crea un estilo ya que tiende a dejar a un lado la fotografía glamour tradicional, dándole a su trabajo un toque más natural, frecuentemente en blanco y negro. La gente a la que fotografía da la impresión de estar calmada y lejos de la vida cotidiana. Sus fotografías muestran emociones naturales. Su patentado e influyente estilo de imágenes en blanco y negro ha sido imitado o copiado a tal punto en que se ha convertido en un cliché del rock y una parte vital del lenguaje visual en los años 1990. En esos años, fotografió decenas de artistas, entre los que se encuentran Jimmy Page y Robert Plant, Rolling Stones, Bob Dylan, Tom Waits, Bruce Springsteen, Miles Davis, Kate Bush, Björk, David Lynch, Lou Reed, Johnny Depp, Willem Dafoe, Robert De Niro, Stephen Hawking, Elvis Costello, Morrissey, Steven Spielberg, Clint Eastwood, Roxette o Eurythmics. Luego comenzó a darse cuenta de que sus imágenes y su música iban muy bien juntas. Así hizo algunas fotos en vivo, y eventualmente se convirtió en el diseño de todo el set en vivo de bandas como Depeche Mode y de las portadas de sus álbumes. También de otras bandas como: Bruce Springsteen, Nick Cave, The Creatures, Bryan Adams, Metallica, The Rolling Stones, Bon Jovi, The Killers, Simple Minds, REM o The Bee Gees. Corbijn comenzó su carrera como director de videos musicales cuando Palais Schaumburg le pidió que dirigiera un video. Después de ver el video resultante de Hockey, la banda Propaganda hizo que Corbijn dirigiera Dr. Mabuse



Fue en ese momento, mediados de los ´80, cuando se convierte en uno de los más importantes directores de ese medio, entre los que se destacan Never Let Me Down Again, Strangelove y Personal Jesus de Depeche Mode, One de U2, Heart Shapped Box de Nirvana, My Friends de Red Hot Chili Peppers, Hero of the Day de Metallica, Salvation de Roxette y Talk y Viva La Vida de Coldplay. En 2007 dirige su primera película, Control, sobre la vida de Ian Curtis, basada en el libro Touching From a Distance de Deborah Curtis. Su segunda película se estrenó en 2010, basado en una novela de Martin Booth: El ocaso de un asesino (The American) con George Clooney como un asesino a sueldo en su última misión. Adapta otra novela, esta vez de John Le Carre, cuando en 2013 filma El hombre más buscado, donde Philip Seymour Hoffman es un inmigrante ruso en Alemania que es investigado por las agencias de seguridad. Su último film fue en 2015, donde vuelve al biopic, esta vez con Life, que cuenta la vida del fotógrafo de la revista del mismo nombre y su gran amistad con James Dean, luego de la portada del año 1955. Hoy, sigue dirigiendo videos de Depeche Mode, además de diseñar las escenografías de sus giras mundiales.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Control

Año: 2007

Duración: 121 min.

País: Reino Unido

Dirección: Anton Corbijn

Guion: Matt Greenhalgh. Libro: Deborah Curtis

Música: Joy Division, New Order

Fotografía: Martin Ruhe (B&W)

Reparto: Sam Riley, Samantha Morton, Craig Parkinson, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James Anthony Pearson, Toby Kebbell, Harry Treadaway

 

PELÍCULA COMPLETA