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miércoles, 22 de octubre de 2025

MACARIO DE ROBERTO GAVALDÓN

PROGRAMA 483 (03-10-2025)

 

SINOPSIS

 

Macario, un aldeano sumamente pobre que tiene esposa y varios hijos, se dedica a vender leña en el pueblo. Harto de una vida de privaciones y apuros, manifiesta que su mayor anhelo es poder comerse él solo un pavo, sin tener que compartirlo con nadie. Su esposa, confidente de tan profundo deseo, un día roba uno de la granja de una familia rica. Cuando Macario se dispone a comérselo, Dios, el Diablo y la Muerte se le aparecen para pedirle que lo comparta. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un tallo nace, acariciado por mil amaneceres, azotado por todas las tormentas. Nace con el canto de cien pájaros, con el andar de millones de hormigas. Y crece fuerte en el silencio del bosque, en complicidad de las canciones de los vientos y las hojarascas. Allí aparecerá con el tiempo el fruto, que brotará de su tallo. Nacerá de él, pero pronto tomará su propio recorrido, su forma particular y hasta ira más allá de su origen y desarrollará un gusto, una textura, una dulzura o quizás una amargura. Las lunas pasaran, una tras otra, desdibujando su forma, guiando a los mares, consumiendo su vigorosidad con la sutiliza invisible del paso del tiempo. El sol marchitará sus últimos jugos de vida y entonces el fruto caerá a la tierra encontrando su fin de existencia, vamos, su muerte. Pero aun vencido por un ciclo inevitable, infalible, de un diseño delicado y perverso a su vez, digno de las precisas manos de un orfebre, el fruto ya la en la tierra, ya sin vida, desafiará a la muerte esparciendo sus semillas sobre la tierra. Quisieron enterrarnos y no sabían que éramos semillas, rezaba algún cartel un 24 de marzo. Es sobre este tópico que nuestro amigo Don Miguel de Unamuno discutía con aquellos que intentaban la vulgaridad de la siguiente argumentación: pero Don Miguel, usted vivirá en sus obras… A lo que Unamuno, repleto de humanidad, respondía yo quiero existencia de bulto, no sombra de existencia, yo quiero ser protagonista de mi consciencia. Automáticamente, si hablamos de la muerte, arrojaremos sobre la mesa la carta otra carta, la de la inmortalidad. La inmortalidad, bien sabemos, quita urgencia. El inmortal va siempre a menos. La inmortalidad carece de movimiento, de energía. ¿Qué drama podría contarse entre dos inmortales si no existiría conflicto, si en la inmortalidad, si en la infinitud del tiempo cualquier cosa sería posible, bastaría con sentarse a esperar para que cualquier amor suceda, para que cualquier reino caiga y vuelva a resurgir? 



Tal vez, tal como dice un amigo, la solución esté en ser inmortal y no saberlo y aquello sucede en el momento culmine del amor. La petite Mort, aquel minuto, aquel ápice vertiginoso donde estamos vivos y muertos a la vez. Dice Hiedegger que lo que nos define es ser para la muerte y la muerte posee una conexión esencial con el tiempo. Pero cómo convivir con la certeza de la inminencia de la muerte. Por otro lado, Platón aclaraba en cada asado que la filosofía es un ejercicio para la muerte, no la resuelve, pero nos ayuda a comprendernos en nuestra finitud. Sabernos finitos angustia, eso es un hecho irrefutable. Pensarnos perecederos, temporales, fugaces, mortales angustia porque no solo racionalizamos el sentimiento trágico de nuestra vida sino también de aquellos que amamos. No solo moriremos nosotros en cualquier instante, sino también lo harán aquellos que queremos. ¿Qué angustia mayor que esa podría acompañarnos en este camino? No hay sonrisa que no se apague ante el recuerdo de aquella verdad. Saber que esto tiene un final, activa una urgencia también que tiene que ver con la responsabilidad del estar habitando este aquí y ahora. Existir implica una responsabilidad sobre la vida que una vive o no vive hasta su muerte. Allí hay un montón de variantes de las cuales la mayoría no dependen de nosotros, pero algunas si, y de esas debemos hacernos cargo. De esas decisiones que nos hacen doblar esquinas, cruzar de calles, caminar otros barrios guiados solos por el deseo. Marcando un camino que niega otros. Eso le da otro sabor al viaje si sabemos que todo tiene un final. En definitiva, queridos amigos y amigas, la vida tiene algún sentido solo porque se termina.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE MACARIO


 

Más de una vez, en estos recovecos que tenemos como trinchera, frente a estos micrófonos que tratan de escupir sensaciones y no sentencias, nos preguntamos qué poder elegiríamos. Siempre aparecen la inmortalidad, la posibilidad de viajar en el tiempo, el ser invisible, el trasladarse de un lado a otro en cuestión de segundos o la sanación divina. Todas cuestiones metafísicas e improbables, claro está. También hablamos de lo que genera el poder, de cómo corrompe y cómo transforma a los seres. Y claro está, hablamos de esos tres entes que están siempre giran alrededor nuestro: El Diablo, Dios y la Muerte. Una tríada que forma adeptos desde hace siglos. Y, cómo más de una vez lo hemos citado, vienen las palabras de nuestro amigo Unamuno quien nos decía que el sentimiento trágico de la vida reside en entender y ser consciente de que nuestra existencia es finita. Y es ahí entonces cuando la angustia se apodera de nosotros. Y los pensamientos se contraen. Por supuesto que la muerte es siempre triste, aunque hay ciertos pueblos que lo viven de forma diferente. México, por ejemplo, es uno de los países que tiene una de sus festividades más importantes. Hablamos del Día de los Muertos, posterior al Día de los Santos, otra de las fiestas católicas del país. Durante esas festividades, transita el film Macario de Roberto Gavaldón, basado en una novela de Bruno Traven. La película lleva el nombre del protagonista, interpretado por Ignacio López Tarso, un pobre campesino que junta leña para vender en el pueblo y así llevar algo de comer para su esposa y sus cinco hijos. 



El film de hecho arranca con una leyenda sobre que es la celebración de ese día tan particular. Mientras los títulos avanzan, marionetas de calaveras irán apareciendo, estas imágenes con la música utilizada nos harán pensar en esas películas de terror de los años ´30, aunque es sólo un pequeño homenaje de los varios que veremos durante los 90 minutos del film. Una vez pasado los créditos, conoceremos al protagonista mientras corta leña. También en esos primeros minutos el director nos irá mostrando a su familia y su humilde forma de vivir. Como destacamos anteriormente, el film conectará varios géneros. Estaremos ante una película donde el llamado realismo mágico será parte fundamental de la trama. También habrá momentos que nos recuerden a ese neorrealismo italiano de los años ´40. Pero sin dudas, será un film hermanado en muchas situaciones con otro clásico del cine mexicano: Los olvidados de Buñuel. Habrá allí alguna escena que nos recordará inmediatamente a esa gran obra de arte. Y para confirmar ese parentesco, el director de fotografía será Gabriel Figueroa, el mismo de Los Olvidados, que elige un blanco y negro ideal para la historia. Esa niebla que es constante en el metraje, también aparecía en el film de Buñuel. La escenografía del film será otro gran aporte, tanto en los paisajes naturales como en el pueblo y en la muestra de cómo se festeja ese día tan esperado. La música también estará a la altura, sobre todo en los encuentros con esos tres personajes que se encontrarán con Macario. 



Llega El día de los Muertos y Macario tiene un deseo, que para muchos sería egoísta: comer un guajalote (lo que en otros países llamamos pavo o pollo) él solo, sin tener que compartirlo con nadie. Su esposa, en un trabajo soberbio de la joven Pina Pellicier, decide robar uno para que él pueda cumplir su deseo. Ahí, empezará el conflicto del film y la curva dramática del personaje. Y aparecerá otro nombre amigo de esta casa: Ingmar Bergman, porque a todos se nos vino a la mente El séptimo sello cuando aparecieron los tres personajes que nombramos al principio: el diablo, dios y la muerte. Cuando el joven se dispone a probar el primer bocado, se le aparecerá alguien que le ofrecerá riqueza a cambio, pero Macario rechaza la oferta. Un tiempo después, será el propio dios quien intente obtener un poco de ese guajalote y aquí vendrá una de las grandes frases de la película: “¿Por qué, Señor? A ti no te interesa este bocado. Te interesa un gesto que yo haga, una acción. Tú sabes que yo no he querido nada pa’ mí solo toda mi vida. Pa’ ti es un animalito muerto, apenas un pretexto pa’ hacer que yo me porte bien. Pa’ mí lo es todo: toda el hambre de mi vida, todo lo que he dado, todo lo que no he recibido. Perdóname. Yo sé que puedes perdonarme si tú quieres. Yo no quiero convidarte, ¡NO QUIERO!”. Por último, llegará alguien que no pide nada a cambio, sólo tiene hambre. Luego de partir el pavo en partes iguales, confirmaremos que es la muerte, quien, en modo de agradecimiento, le da “el agua de la vida”. La muerte le dirá qué cuando visite a un enfermo, lo verá junto a él, si está al pie de la cama con una gota de agua éste podrá ser salvado, pero si está en la cabecera de la misma no podrá, ya que esa persona le pertenece. “Usa bien mi regalo y hazte digno del título de amigo que te doy” le dice antes de despedirse. 



Para confirmarlo, Macario utilizará el agua mágica con su propio hijo ese mismo día y así arrancará su otra vida, donde será visto como un sanador para unos o como un impostor para otros. A partir de ahí, Macario empezará a ser reconocido y podrá acceder a todo lo que nunca tuvo. A lo largo del film veremos una crítica social, no sólo al poder, sino también a la burguesía, a la justicia y a la Inquisición, todos tratando de sacar su propia tajada. Además, por momentos tendrá ribetes cómicos y hasta algo de humor negro lo que la vuelve a emparentar con Buñuel. Encontraremos una brillante escena sobre el final, donde Macario y La Muerte se encontrarán en un lugar con miles de velas ardiendo, cada una será lo que queda de cada vida. “Esta es la humanidad. Aquí ves arder las vidas tranquilamente. A veces soplan los vientos de la guerra, los de la peste y las vidas se apagan por millares al azar” dirá quien siempre al final vence. El film no cuestionará sino nos dejará preguntas para hacernos. ¿Con quién haríamos un trato nosotros? Nos llevará a que la respuesta será que cada acto y cada decisión tendrá sus consecuencias y puede ser nuestra propia condena. Que el poder corrompe, que con la Muerte nunca se juega y que el dinero no puede comprar todo. Y qué en la vida de los pobres, los momentos de felicidad son breves, porque, como dijo Macario “Nos pasamos la vida muriéndonos de hambre”.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GAVALDÓN

 


Roberto Gavaldón nació el 7 de junio de 1909 en Chihuahua, Jiménez. Tras un viaje por Estados Unidos, en donde pretendió cursar la carrera de odontólogo, Roberto Gavaldón decidió entrar de lleno en el mundo del cine. En 1933 dio sus primeros pasos como extra en películas como Almas encontradas, de Rafael J. Sevilla, y El prisionero trece, de Fernando de Fuentes. A partir de 1936 desarrolló un intenso aprendizaje como ayudante de dirección al lado de algunos de los realizadores de más renombre en aquellos años. Demostró su saber hacer con Gabriel Soria, a quien consideró su maestro, en ¡Ora Ponciano! (1936), La bestia negra (1938), Mala yerba (1940) o Casa de mujeres (1942), entre otras. También lo reclamó Chano Urueta para Jalisco nunca pierde (1937) y El conde de Montecristo (1941), y asistió en Su admirable majadero (1938) a Alberto Gout, quien le dio la oportunidad de ser coguionista de Café Concordia (1939). A lo largo de toda una década, las más de treinta películas en las que intervino como ayudante de dirección le dieron una experiencia que no tardó en aplicar desde un puesto de mayor relieve. En 1943 ya pudo codirigir algunas películas como Las calaveras del terror, con Fernando Méndez; Tormenta en la cumbre, con Julián Soler, y Naná, con Celestino Gorostiza. Estas películas le animaron a abordar su primera obra como director, para lo cual eligió una novela de Vicente Blasco Ibáñez, La barraca, con la que ganó 10 Premios Ariel, entre ellos el de Mejor película. A mediados de los años cuarenta, Roberto Gavaldón formó parte del grupo del Sindicato Técnico de la Industria del Cine (STIC) que promovió la alfabetización audiovisual en las escuelas. También formó parte del Sindicato de Trabajadores de la Producción (STPC), junto a dos grandes de la época como Jorge Negrete y Mario Moreno, popularmente conocido como “Cantinflas”. A partir de ahí arma una sólida carrera con más de 50 films, entre los que se destacan títulos clásicos de la época de oro del cine mexicano. En este listado aparecen El Socio, La otra, La diosa arrodillada, La casa chica, Rosauro Castro, En la palma de tu mano, Mi vida por la tuya, Deseada, La noche avanza, El rebozo de Soledad, El niño y la niebla, Sombra verde, Camelia, La escondida, Miércoles de ceniza y Flor de Mayo. 



Todos films que fueron éxitos en su país. A nivel mundial empieza a ser reconocido con Macario, película que fue nominada en los Oscar y en Cannes. Rosa Blanca, Días de otoño, El gallo de oro, La vida inútil de Pito Pérez, Doña Macabra, El hombre de los hongos y Cuando tejen las arañas son los films más destacados de su última etapa. Trabajó con grandes figuras latinoamericanas de la época, como Hugo Del Carril, Luis Sandrini, Dolores del Rio, Arturo de Córdova, María Félix, Pedro Arméndariz, Ricardo Montalbán, Ignacio López Tarso, Pina Pellicier, Cantinflas y Libertad Lamarque. Algunos de sus compañeros de equipo de guion fueron Javier Revueltas, Julio Alejandro y hasta Gabriel García Márquez, en el film El gallo de Oro. Su asistente de fotografía fue casi siempre Gabriel Figueroa. A finales de los años cincuenta, Roberto Gavaldón fue uno de los diputados encargado de elaborar el proyecto de Ley de Cine que reclamaban los diversos sectores profesionales. Con anterioridad firmó una película que la productora estadounidense Eagle Lion rodó en México (Adventures of Casanova, 1947), dirigió en Argentina la historia Mi vida por la tuya (1950), que escribió con Tulio Demicheli con Mecha Ortiz y Carlos Cores, y rodó también en México una producción de Walt Disney, The Little Outlaw (Pablito y yo, 1953). El director falleció el 4 de septiembre de 1986 y cuatro días después su familia recibe la Medalla Salvador Toscano en reconocimiento a su valiosa obra fílmica por la Academia Mexicana de Cine. Se iba así uno de los directores mexicanos más importantes de todos los tiempos.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Macario

Año: 1960

Duración: 91 min.

País: México

Dirección: Roberto Gavaldón

Guion: Roberto Gavaldón, Emilio Carballido. Historia: Bruno Traven

Reparto: Ignacio López Tarso, Pina Pellicer, Enrique Lucero, José Galvez, Mario Alberto Rodríguez.

Música: Raúl Lavista

Fotografía: Gabriel Figueroa (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA 

martes, 5 de agosto de 2025

GUMMO DE HARMONY KORINE

PROGRAMA 474 (11-07-2025)

 

SINOPSIS

 

Un grupo de jóvenes marginales pasan sus días flirteando con la delincuencia y las drogas en Xenia, Ohio, un pueblo devastado por un tornado años atrás y que sigue viviendo en la miseria que este hecho provocó. Estos jóvenes viven como desechos sociales, como los restos del tornado y sus aspiraciones en la vida pasan por matar gatos de la forma más cruel e imaginable, robar en tiendas, esnifar pegamento y descubrir la sexualidad con deficientes mentales. Entre estos personajes, encontramos a una madre que quiere que su hijo aprenda a bailar claqué en memoria de su difunto marido; una joven que busca desesperadamente su gato por todo el pueblo y un chico que va paseando por las calles con unas enormes orejas rosas de conejo. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un olor nauseabundo inunda la escena. Las casas de adoquines son pinturas que mezclan el cubismo y el impresionismo. La banda sonora incluye charcos pisoteados, gritos y risas sádicas. El barro emerge como un enemigo inalterable. El musgo se junta y le pone algo de verde a tanto color grisáceo. Hay algún llanto de bebé que se oye lejano, casi tan lejos de este mundo. Las pieles se raspan, se agrietan y amenazan con derramar sangre en cada esquina. El mundo sabe a muerte. Pero no a esa muerte pacífica sino a la ejercida en nombre de la violencia. Pero también de la ignorancia. La noche espesa logra que ciertos aullidos inviten nuevamente a la luna a salir. Aunque a veces ni ella quiere aparecerse. El sol muere cada mañana, como miles de gatos, perros o pájaros que ni siquiera tienen fuerzas para sobrevivir. Cada día es un lamento. Cada tarde una amenaza. Cada noche una pesadilla. La gente está ahí. Algunos divagan entre tierras y algunos pedazos de cemento. Otros intentan escapar hacia un sitio más seguro. A trabajar de lo que se pueda. Las infancias casi no existen. Están, pero parecen animales sacados de un cuento maldito. Porque la maldad se resignifica a cada paso. 



El mundo se transforma en caos. Y el caos se transforma en guerra. Aunque no haya tanques ni ametralladoras. Tampoco soldados o generales. Son todos del mismo rango. Y tienen las mismas posibilidades. Aunque es un presente estancado. Lo único que sale afuera son los mocos de los pequeños más infelices. O los vómitos de las adolescentes que saben que algo no llegará al noveno mes. Es el sadismo con los ojos de los poderosos regodeándose en ese sistema inmundo. Es la miseria que algunos pagan para ver más de cerca. Es una historia inconexa, sin principio ni final. Aunque el final ya lo sepamos. Es el mundo que nos patea el culo una y otra vez. Es la vida que intenta llegar de alguna forma a la adultez mientras todo se derrumba a nuestro alrededor. Son los viejos que ya no tienen remedios. Y por ende tampoco tienen remedio. Es la película que pasa una y otra vez mientras la música sigue sonando. Porque esos gritos siguen resignificándose. Y nos volvemos a tapar la nariz. Porque sabemos que todo, absolutamente todo, huele a espíritu adolescente.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE GUMMO

 


Pido permiso a los presentes para ser autorreferencial por lo menos por unos instantes. La autorreferencia siempre es indecorosa, poco sutil y muchas veces de una ceguera notable e imperdonable. Intentaremos no caer tan evidentemente en ninguna de estas categorías. He sentido durante estos últimos tiempos, que el mundo se me escapa de las manos. He sentido el temporal destrozarlo todo, lo he visto con mis propios ojos. He visto a muchos negarlo, aun cuando sus casas han sido arrasadas, cuando sus mesas han quedado vacías, cuando sus billeteras no consiguen los remedios necesarios para continuar viviendo. Para luchar contra sus cáncer, para combatir aquella leucemia. He visto en medio de este maldito temporal tener que elegir salvar el corazón o una pierna, porque el dinero no alcanzaba para ambos, lo he visto. He visto, en estos últimos tiempos, al mundo irse. Tomar una dirección, que digo una, tomar varias direcciones distintas, huir despavorido, caóticamente hacia algún lado que aún no he podido comprender. Naturalizarlo todo, sin prejuicios, sin moralinas que vengan a cuestionar enojos, exabruptos, arbitrariedades. No hay brújula, no hay norte. Solo se corre para algún lado con la única seguridad de seguir corriendo. Ojo, siempre me apasiono que no haya un adelante, pero la idea de correr por correr me resulta insultante. Mi sensación es la de un cuerpo muerto, inerte, que solo observa. Que es testigo obligado de su época, espectador sentenciado de un drama demencial sin ninguna coherencia. Fragmentos caóticos unidos sin ninguna gracia, sin ningún concepto estético. Un cuerpo muerto que ve el mundo seguir ya sin él, que lo ve continuar como una comparsa sin tiempo ni compas. Sin ritmo ni afinación alguna. 



Una comparsa que no une en baile y voces a sus participantes, sino que los suelta ante la lucha fatal de un sálvese quien pueda. Mi cuerpo muerto, inerte, aquel espectador obligado que observa, sufre y no comprende. Pienso en la maldad del ser, en aquella maldad que estuvo desde la primera hora, esa maldad que convirtió en asesino al primer pez que tuvo hambre, y me pregunto por qué vuelve ahora con la misma intensidad. Homo homini lupos me repito como un mantra interminable. Homo homini lupos. De todos modos, no creo en aquella maldad porque sí. En ese lobo contra el hombre por la maldad misma. La inteligencia humana busca lo muerto porque lo vivo se le escapa. Lo vivo, lo que es absolutamente inestable, lo absolutamente individual es, en rigor, ininteligible. Allí quizás una explicación. Gummo, dirigida magistralmente por Harmony Korine, viene a plantearnos, tal vez, estas ideas recién descriptas, este puñado de sensaciones.  Un tornado arrasará con Xenia Ohio. Todo será muerte, destrozo, miseria. El director optará por una estética que remitirá a una especie de documental hogareño, tomado con cámaras no profesionales. Como si fuera una reconstrucción de fragmentos de videos encontrados. Habrá claro una cámara que narre la cual guardará con sumo cuidado aquella estética. Esa cámara será un personaje más, acompañará la trama de manera subjetiva, estará en la acción viviéndola y no se limitará solo mostrarla. Habrá una voz en off casi susurrante, que contará sobre el pueblo, sobre la vida, sobre la muerte, sobre el valor hacia ambos. 



Será una narración intimista de un personaje que no estaremos seguros de verlo durante el film. Los protagonistas del relato serán dos jóvenes, pero la historia se extenderá hacia la juventud en general de aquel pueblo. El antagonista, como si de una narración de Stephen King se tratara será el mismo Xenia, Ohio luego de aquel huracán. Con todas sus faltas de oportunidades, con todas sus soledades caminando por las calles, con la pobreza robando a los pobres. Allí estarán claramente las dos fuerzas contrapuestas, o como prefiere llamarlo tanto Machalski como nosotros, la ruptura de un orden aparente. En todo este caos habrá un niño disfrazado de conejo rosa. Será lo vivo, lo inestable, lo individual, lo ininteligible. Aquello que ya dijimos que se le escapa a la inteligencia humana. Sera por eso que aparecerá siempre solo, siempre perseguido, siempre golpeado. Claro que la maldad será el tema flotante durante todo el film. Será el resultado del tedio, de la falta de objetivos, de oportunidades. Estará ahí al alcance de la mano. No habrá educación para combatirla, no habrá una palabra que guíe a aquellos chicos y chicas, no habrá nada porque todo se lo habrá llevado el tornado dejando la nada misma. Homo homini lupos, volvamos a esto, el hombre es el lobo del hombre. La maldad innata, originaria. Es verdad que la crueldad humana puede llegar a lugares de una oscuridad inimaginable. Ejemplos no faltan. Salgan a la ventana ahora mismo y verán varios. Pero aquella pelea entre el bien y el mal es eterna y así lo será por los tiempos de los tiempos. 



Es por eso que corremos de inmediato de la discusión el factor innato de la malicia. Pensemos en algo sencillo, pero practico. ¿Qué pasaría si esa pelea la ganara cualquiera de las dos fuerzas? ¿Qué quedaría? Se perdería con seguridad el sentido de toda ética, ya que la coexistencia de lo bueno y lo malo es necesaria para situar las bases de posturas diferentes. El otro existe como una amenaza inminente pero también existe como método identificatorio. Yo soy lo que el otro no es. Así entonces el bien necesita del mal para instalar definitivamente la oposición del concepto. Pero tal como venimos diciendo, el bien esta intervenido de mal porque no importa cuál sea la vereda en donde nos paremos, siempre actuaremos con la certeza de estar haciendo lo correcto. Siempre, sea lo que sea que hagamos, pensaremos que lo estamos haciendo en nombre de algún bien. Es por eso que, reflexionando en lo sucedido en Xenia, Ohio, el mejor consejo que podemos dar desde este humilde espacio es: mejor no hablar de ciertas cosas.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KORINE

 


Nació en California el 4 de enero de 1973. Es el hijo de Eve y Sol Korine. A la edad de 5 años, Korine se mudó con su familia a la costa este de los Estados Unidos, concretamente a Nashville (Tennessee), lugar donde pasó su juventud. Desde muy pequeño sintió pasión por el cine, dedicando sus ratos libres a ver películas de Rainer Werner Fassbinder, Douglas Sirk, Jean-Luc Godard o Werner Herzog, el cual aparecería en la futura película de Korine Julien Donkey-Boy. Al cumplir la mayoría de edad, se trasladó a Nueva York, donde comenzó a estudiar escritura dramática en el Tisch School of the Arts, dejándolo por su interés en el baile de tap profesional. Recién llegado a la Gran Manzana, se topó con el director y fotógrafo Larry Clark en el Square Park de Washington, en el que Korine practicaba habitualmente skate con sus amigos. Este le llamó la atención a Clark, que le tomó una serie de fotografías. Comenzaron a hablar y Korine le mostró un guion que había escrito recientemente. Le gustó tanto que le sugirió que escribiese un nuevo guion, que finalmente se convertiría en el de la película Kids, dirigida por el mismo Clark. Después de esto, ambos entablaron una estrecha relación y Clark pasó a ser el mentor de Korine. Tras el estreno de Kids, que generó bastante controversia y polémicas debido a sus escenas de sexo y consumo de drogas por adolescentes, Korine creció y realizó su primer film como director en 1997, Gummo. Se trata de una exploración a lo más profundo y crudo de Estados Unidos, donde las escenas de maltrato a animales se entremezclan con otras de prostitución y abuso sexual sin que haya ninguna continuidad lineal entre ellas. Sus escenas filmadas en vídeo y el manejo del sonido tiñen a la película de una fuerte impronta experimental. Después de esto dirigió el cortometraje El Diario de Anna Frank Parte II, con algunos de los actores no profesionales de Gummo. En 1999, Korine se propuso realizar otra película basada en la vida de su tío esquizofrénico. De aquí nace Julien Donkey-Boy. Este filme pertenece al manifiesto Dogma 95. Julien es interpretado por Ewen Bremner (Trainspotting) y su padre lo interpreta el director Werner Herzog. Tres años más tarde, Larry Clark dirige Ken Park, película basada en un guion de Korine que se narra la vida y los problemas de un grupo de amigos adolescentes. Fue prohibido en algunos países debido a sus explícitas escenas de sexo entre los jóvenes, así como de abusos y violencia. Korine no participó en la producción de Ken Park a causa de algunas diferencias con el director. 



Tras unos años sin tener noticias del director, en 2006 revive con su tercera película, Mr. Lonely. La cinta cuenta la historia de un hombre que dedica su vida a imitar a Michael Jackson, y que se va a vivir a una isla de imitadores, contando con la presencia de Marilyn Monroe, Charlie Chaplin y James Dean, entre otros. Se trata de su película mejor aceptada hasta el momento, ya que ablanda el dramatismo de la historia y no hay escenas tan extremas como en las anteriores. En el certamen del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2009 se estrenó película Trash Humpers, pudiendo verse por primera vez en España en el 47° certamen del Festival de Cine de Gijón, se trata de una historia de narrativa no tradicional -se trata de un cine muy alejado del comercial en cuanto a estética y guión- que retrata personajes esperpénticos que han abandonado las normas convencionales, y que muchas veces son la envidia de aquellos que se rigen por el contrato social. En 2012 creó Spring Breakers, que expone el "sueño americano" de una manera cruda e impactante, sobre cuatro jóvenes integrantes que terminan en la cárcel luego de un allanamiento por drogas en su casa. Un joven traficante, que ve en ellas posibles delincuentes, las saca bajo fianza. En 2019 llegó el momento es Rimas y Alcohol que sigue las hilarantes desventuras de Moondog, un hombre rebelde y adorable que vive la vida a lo grande. Su último film fue Baby Invasion, descrito como un 'thriller interactivo', es un largometraje sobre invasores de viviendas, rodado desde la perspectiva de un shooter en primera persona. Las imágenes se han creado con seis cámaras corporales (una de ellas la lleva el propio Korine). Ah, y las caras de los invasores se han tratado con tecnología de inteligencia artificial para que parezcan bebés. Además de sus proyectos cinematográficos, Korine realizó otros en diferentes campos comunicativos. Publicó en 1998 un libro titulado A Crack Up at the Race Riots. En 2002 colaboró en la realización de Pass the Bitch Chicken, con una serie de fotografías. También dirigió una serie de videos musicales, entre los que están “Living Proof” de Cat Power, “Sunday” de Sonic Youth, “Workhorse” de Will Oldham y “Needed Me” de Rihanna.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Gummo

Año: 1997

Duración: 89 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Harmony Korine

Guion: Harmony Korine

Reparto: Linda Manz, Max Perlich, Jacob Reynolds, Chloë Sevigny, Jacob Sewell.

Música: Randall Poster

Fotografía: Jean-Yves Escoffier

 

PELÍCULA COMPLETA 

martes, 9 de mayo de 2023

UMBERTO D. DE VITTORIO DE SICA

PROGRAMA 405 (21-04-2023)

 

SINOPSIS

 

Umberto Domenico Ferrari es un jubilado que intenta sobrevivir con su miserable pensión. Sumido en la pobreza, vive en una pensión, cuya dueña lo maltrata porque no consigue reunir el dinero necesario para pagar el alquiler de su habitación. Los únicos amigos que tiene en este mundo son una joven criada y sobre todo su perro Flike. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL UMBERTO D.

 

Salió de su habitación por última vez. No cruzó una palabra con nadie. Ese pasillo que tantas veces había transitado, se volvió monocromático. El humo de ese cigarro maltrecho hacía la película más desolada. No tenía un destino definido. Empezó a caminar como un poseído. Bebió una ginebra en el bar amigo, que ya no era tan amigo desde que no tenía dinero. Algún maní de ocasión le sirvió para no irse a dormir con la panza vacía. Deambuló por los adoquines de Barracas, San Telmo, La Boca… en cada baldosa mojada se espejaban los recuerdos de una vida que ya no era suya. Llegó a plaza Constitución y se sentó a admirar ese palo borracho que tenía seguramente más años que él. No le importaban las espinas ni las cucarachas gigantes que le pasaban por arriba de los zapatos. Cada tanto, algún taxi reducía la velocidad creyendo que podía ser el último pasajero de la madrugada. También por momentos voces indistintas sonaban más lejos e iban acercándose lentamente. Alguno osaba pedirle unas monedas, pero desistía al verlo. El cansancio lo venció y se dejó caer. De repente, estaba en una playa con lujosos yates alrededor. Una música alegre invadía todo mientras hombres y mujeres bailaban sin parar. El aroma a cerveza ligera y fresca lo elevaba. Era feliz nuevamente. 



Hasta que unas luces azules lo iluminaron de golpe. Se dio cuenta que era un loco sueño cuando escuchó la voz de un policía que lo zamarreaba para despertarlo. Vio en esos bigotes su angustia más profunda. Se le vinieron a la mente los momentos más oscuros de su vida. Sintió un dolor en el pecho recordando algún golpe mientras pedía una jubilación más digna. Siempre supo que a los azules eso poco les interesa. Temía volver a visitar un calabozo tantos años después. Pero esta vez zafó, solo le pidieron su identificación. Pasado el susto, se levantó nuevamente y enfiló para la estación. Iba en contra del gentío que llegaba desde el conurbano para laburar temprano por un sueldo miserable. Algo que él mismo había vivido, hasta que ancló sus pies en la metrópolis cansado de viajes y promesas. Se subió a uno de esos viejos vagones con destino hacia el sur. Fue mirando estación por estación mientras pensaba en el niño que alguna vez fue. Llegó a su lugar de origen y bajó con cierta timidez. Empezó a cruzar las vías, pero se frenó súbitamente. Sus oídos lo devolvieron otra vez a su pasado. Como pudo, encaró por ese cúmulo de maderas y hierros rectos y se acostó a esperar. Una bocina atronó en toda la estación. Y ese sonido se ensambló con el último suspiro de su respiración….

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE UMBERTO D.

 


Es recurrente en este espacio, recordar aquella idea desarrollada por nuestro amigo James Joyce en su Ulises respecto de los fantasmas. Hoy no será la excepción, cito a James: ¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. Existe la niñez y la vejez, en el medio no hay nada, me dijo alguna vez un amigo, para en un descuido convertirse en sombra y luego, definitivamente, en olvido. ¿En dónde quedó aquel animal feroz que éramos? ¿Cuándo fue que tocó el suelo aquella pelota que arrojamos en el parque cuando juagábamos hace tantos años atrás? ¿Cuándo fue que perdimos la seriedad en el juego, para encerrarnos en esta jaula de nostalgias, en este cementerio de palabras que sueñan con ser metáforas y arruinan en su silencio cualquier verso? ¿Dónde fue que olvidamos nuestra farola de magos, aquella que iluminaba los jardines donde jugábamos cuando éramos niños? La vejez nos ha alcanzado y eso es terrible. El acorde final, aquellas notas que no reverberarán jamás, nos esperan un par de compases más adelante. La trampa se nos sincera y nos mira ya con calma a los ojos. No hay apuro porque no hay donde correr. La sabiduría que nos prometieron no ha llegado, en cambio hay un cúmulo de argumento mal entendidos, el descortés resentimiento que descorcha cada uno de nuestros vinos, hay la demanda, la seguridad de los rituales, el placer burgués de la ausencia de todo riesgo. 



Ya no se ve en ningún horizonte aquella moral heroica que velaba por nuestro honor. Ya lejos quedó el peligro de la ausencia de toda planificación, del deseo enloquecedor atravesando la integridad de nuestro cuerpo. El desorden del sobresalto, el fabuloso sentimiento de la sorpresa, el huir de nosotros mismos para ir en la búsqueda desesperada de aquella naturaleza que asesinamos a fuerza de buenas costumbres, de sentido común. La vejez es siempre la ausencia del desconcierto, es el ocaso definitivo de todo asombro. ¿Dónde quedo el sarcasmo en nuestras miradas, la complejidad a la que aspirábamos en cada pregunta, en todas nuestras decepciones? ¿En qué anécdota quedó olvidado aquel farol donde escondíamos el culo de los rayos para iluminarnos? Hoy solo proyecta una sombra oscura e insoportable de aquello que supimos ser. Hoy caminamos lento, arrastrando nuestros zapatos cansados, sobre aquel fantasma que se dibuja con nostalgia en la orilla de nuestras pisadas. Aquel monstruo oscuro en cuyo estómago aúllan todas nuestras historias pasadas, nuestras mentiras consensuadas, aquellos logros inventados. Envejecer es estar cada vez más solo, es ir desapareciendo de a poco a la vista de aquellos jóvenes que no pierden el tiempo en mirar de dónde vienen, sino a dónde van. Porque para ellos todavía el tiempo es un aliado inofensivo, una oportunidad repleta de posibilidades. Envejecer es olvidar para siempre nuestro destino, es convertirnos de a poco en un fantasma al que nadie ya ve, al que nadie, en consecuencia, ya toca. 



Umberto D., escrita y dirigida por nuestro gran amigo Vittorio De Sica, viene a contarnos la historia de este adulto mayor, Don Umberto, que poco a poco se desvanece con el devenir del epilogo de su vida. Si bien el film se encuentra enmarcado dentro del periodo correspondiente al neorrealismo italiano (la película de De Sica es de 1952 y esta vanguardia se inicia varios años antes, en 1945 con aquella joya de Rossellini llamada Roma, ciudad abierta) podemos descubrir rápidamente que el film de De Sica carece de la mayoría de las características que distinguen a este movimiento. Por lo general el neorrealismo recurrió a un estilo de producción de rodaje (mas por necesidad que por elección) destacada por su austeridad. Es común ver en este tipo de films locaciones naturales, debido a que los estudios se encontraban en ruinas por la guerra. Esto traerá como consecuencia la utilización de iluminación natural, el doblaje como recurso por la imposibilidad de tomar sonido directo, una fotografía precaria, de cámara en mano, de iluminación defectuosa, un equipo de rodaje reducido y actuaciones de artistas no profesionales. Umberto D. es todo lo contrario. El film se caracteriza por su extraordinaria fotografía, sus locaciones cuidadosamente elegidas, sus interiores reproducidos dentro de un estudio, su complejo diseño de iluminación y sus actuaciones orgánicas. Encontraremos al neorrealismo en el punto de vista del director, en la temática elegida para su relato. 



Estaremos frente a lo que nuestro querido amigo Santiago Carlos Oves llamaba “una película de cuentito”. Un relato lineal en su estructura donde se expondrá con claridad el punto de vista realista con ciertos tintes católicos característico de De Sica. El director optará por realizar una película de denuncia, lejos del panfletismo típico de la etapa anterior. De Sica denunciará el maltrato a los ancianos, la deshumanización en el trato cotidiano y la pobreza de una Italia de posguerra arrasada por el fascismo. El film comenzará con un grupo de ancianos organizados en una marcha pidiendo por sus derechos. Durante el desarrollo de la curva de acción, Umberto, tal como comentamos el programa anterior respecto de la reflexión de Camus, irá adquiriendo conciencia de su presente, lo que lo llevará a no esperar ya más nada de nadie, a perder aquello que todo el mundo llama esperanza. Se cruzará por su cabeza la peor de las ideas para entrar en el tercer acto ya abatido. Umberto comprenderá que no está solo, que no todo está perdido, que la naturaleza lo espera allí, para devolverlo a lo más salvaje de su esencia, para seguir luchando por su supervivencia. El film retomará entonces la imagen del comienzo y cambiará aquellos ancianos abatidos y reprimidos por la policía local, por un grupo de chicos y chicas jugando en una plaza. De Sica demostrará una vez más su magistral uso del lenguaje audiovisual. Su agudo punto de vista sobre una realidad que nos excede, finalmente, a todos.

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO DE SICA

 


Nació en Sora, Italia el 7 de julio de 1901. estudios primarios y secundarios. Posteriormente se trasladó con su familia a Florencia y más tarde a Roma, donde se graduó en contabilidad. Durante varios años formó parte de grupos teatrales universitarios y de aficionados, y ya en 1922 ingresó en la compañía teatral de Tatiana Paulova. Dos años más tarde encarnó el papel de galán en The Play's the thing en substitución del primer actor, que había caído enfermo. A partir de entonces construyó personajes destacados, y en la temporada 1927-1928 logró un gran éxito en la compañía de Sergio Tofano recitando textos de Luigi Pirandello, Marcel Achard y otros. En 1933 organizó una compañía con Tofano y Rissone; dos años después dirigió un nuevo grupo teatral, que formó con Rissone y Melnati. De forma paralela debutó en el cine como galán protagonista de diversas comedias ligeras: en 1931 participó en La vecchia signora, de Amleto Palermi. Se inició en la dirección en 1940, con la película Rosa Escarlata. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Vittorio De Sica emprendió su producción más característica, encuadrada en el neorrealismo italiano, corriente cinematográfica que reflejó la dura situación social y económica de la sociedad italiana en aquellos años. En varias ocasiones se ha dicho de él que pasó de ser un intérprete brillante de comedias de vodevil a director, poeta y portavoz de los pobres y humildes. En este sentido, resultó vital la colaboración con su guionista habitual de la época, Cesare Zavattini. En 1946 dirigió El limpiabotas, con la que obtuvo su primer Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Inspirándose en el relato homónimo de Luigi Bartolini, repitió el galardón con la más aplaudida y recordada de sus cintas, Ladrón de bicicletas (1948): las melodramáticas desventuras de un padre y un hijo por subsistir en la miseria se convierten en la imagen misma de un país abatido y deshecho. 



Convertido ya en gran figura del panorama cinematográfico internacional, Vittorio De Sica fue galardonado con la Palma de Oro del Festival de Cannes por Milagro en Milán (1951). Umberto D. (1952) y Estación Termini (1953) completan la lista de filmes de su etapa neorrealista. En 1955 se le concedió el Trofeo de Oro de Selznick por "los valores humanos expresados en sus filmes". En 1953 interpretó Pan, amor y fantasía, de Luigi Comencini, junto a Gina Lollobrigida, con tal éxito que un año más tarde repetiría en Pan, amor y celos (esta vez bajo la dirección de Dino Risi). Pese a que a partir de entonces de decantó por proyectos más comerciales, para los que contó con figuras de la talla de Sophia Loren y Marcello Mastroianni, De Sica mereció todavía un tercer y un cuarto Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Ayer, hoy y mañana (1963) y El jardín de los Finzi-Contini (1970), siendo ésta última el inicio de un giro hacia un cine más personal. Durante el rodaje de El viaje (1973), su último filme, cayó enfermo de una afección bronquial; un año después falleció en una clínica de París, adonde había acudido para asistir al estreno de dicha película. Otras películas importantes de su filmografía son: El oro de Nápoles, El techo, Dos mujeres, El juicio universal, Los condenados de Altona, Bocaccio 70 (junto a Federico Fellini y Mario Monicelli), El especulador, Matrimonio a la italiana y Los girasoles de Rusia.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Umberto D.

Año: 1952

Duración: 84 min.

País: Italia

Dirección: Vittorio De Sica

Guion: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica

Música: Alessandro Cicognini

Fotografía: Aldo Graziati

Reparto: Carlo Battisti, Maria Pia Casilio, Lina Gennari, Memmo Carotenuto, Alberto Albani Barbieri

 

PELÍCULA COMPLETA

domingo, 25 de diciembre de 2022

TOUKI BOUKI DE DJIBRIL DIOP MAMBETY

PROGRAMA 392 (25-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Mory, un pastor que conduce una moto decorada con cuernos de vaca, y la estudiante Anta, se conocieron en Dakar. Se sienten marginados, están hartos de Senegal y de África, por lo que sueñan con irse a París. Para conseguir el dinero para el pasaje recurrirán a diversas estratagemas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Podemos pensar el concepto de patria como aquel lugar propio de pertenencia, aquel espacio de contención cuya dinámica no difiere demasiado al de una casa. El padre, la madre y los hermanos conviviendo unidos, compartiendo juntos una historia común, una identidad. En este sentido, tomando esta alegoría entre la casa y el concepto de patria, podemos llegar a la conclusión de que toda la gramática destinada a explicar el sentido de lo patriótico es siempre una gramática familiar. Hagamos un pequeño recorrido sobre el origen de algunas palabras relacionadas directamente a este concepto. La palabra patria, por ejemplo, es un derivado del latín pater, patris, o sea, país del padre. Pensemos ahora en el término nación. Esta palabra deviene del termino latino natío – onis, o sea lugar de nacimiento. Vayamos, por último, a la otra palabra utilizada por nosotros como parte de la gramática que remarcamos en torno a la idea de patria, vayamos pronto, entonces, al término hermandad. Esta palabra deriva del latín germanus cuyo significado es hermano, muy a diferencia de hermana, cuyo vocablo latino es soror. Construir un sentido de patria es construir un imaginario donde toda la población se sienta parte de un mismo tronco, como si de una familia se tratara. Teniendo en cuenta el recorrido etimológico recién realizado, llegamos a inferir con claridad, que aquello que nos contiene, también del mismo modo, nos excluye. Nacemos en la tierra del padre donde todos somos hermanos. 



Una gran porción de la población queda excluida frente a esta propuesta de proyecto nacional. ¿Qué sucede entonces cuando es la propia patria la que te expulsa, la que te aparta situándote en un lugar diferente al resto? ¿Podríamos entonces no tener patria? ¿La patria nos constituye de manera esencial o accidenta? O mejor aún, ¿hay algo esencial en el ser humano que nos constituya como propio? Hemos mencionado alguna vez desde este mismo foro que el concepto de patria se relaciona con todo aquello que nos identifica como propio, y que el otro es aquello que yo no soy, o sea, es todo lo que no es propio. En el mundo globalizado en el que vivimos, teniendo en cuenta que la división política de los países es un hecho moderno y cambiante, un hecho arbitrario destinado a generar unidades de ordenamiento social en función de las nuevas condiciones de trabajo y del desarrollo tecnológico y productivo que se va desplegando con los cambios de época, teniendo en cuenta todo esto, ¿podemos seguir pensando lo propio como algo cerrado y definitivo o es que en lo más propio siempre habita el otro? Este tiempo que nos toca vivir, colmado de nacionalismos esencialistas, que siempre fueron dogmáticos, violentos y excluyentes, plantearse la libertad, plantearse el verdadero sueño de ser libre e independiente, de ser autónomo, respetado y aceptado es deconstruir definitivamente una idea de patria que se reafirma en contra del otro. Esa es la única fuga posible, la fuga definitiva y radical de nosotros mismos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TOUKI BOUKI

 


Buscar la libertad es siempre una ilusión compleja. Soñar con ese destino ideal nos hace dejar de lado todo lo bueno para centrarse en lo malo. La pobreza, la modernidad y la sociedad capitalista empujan a la gente a buscar un lugar mejor. Los sueños empiezan a perseguirse. La pelea entre lo tradicional y lo novedoso empieza a ser moneda corriente. El exilio surge como única salida. Esos barcos enormes, como sinónimo de salvación. Los que tienen suerte viajarán así. Otros morirán en las orillas intentando llegar en balsas que se destruyen a la primera ola. Ousmane Sembéne es considerado el “padre del cine africano”. En los años ´60, filma La negra de... la historia de una joven senegalesa que se va a trabajar como sirvienta de sus jefes a Francia. Sufrirá el racismo, la tragedia se hará presente y el film se convertirá en uno de los primeros en mostrar ciertas realidades ocultas. Será la puerta de entrada del cine de “la África negra” al mundo. Ya en los comienzos de la década del ´70, un joven de 28 años daría la otra puntada. Una década importante para el cine de ese continente que empezaba a emerger. Con un presupuesto de 30 mil dólares y solo dos cortos encima, Djibril Diop Mambéty sorprendió con su ópera prima titulada Touki Bouki (El viaje de la hiena). Allí veremos otra vez la idea de libertad. El sueño de escapar de esa pobreza que arruina generaciones. Y otra vez esa París idealizada como destino soñado. El de Mory, un pastor que tiene una moto decorada con cuernos de vaca y el de Anta, una joven estudiante que quiere también un estilo de vida mejor. La película mostrará fuertes imágenes de un matadero al principio. Costará mantener la mirada. Serán metáforas entrelazadas a lo largo del metraje. Dominador y dominado. La tradición contrastará con la modernización de ese país neocolonialista. Estará siempre presente esa dicotomía. Lo viejo y lo nuevo. Lo rural y lo urbano. Y los amantes como parte de esa historia, también uniendo sus diferencias de clase. 



El film beberá de algún sorbo de la Nouvelle Vague, encontraremos ciertos parecidos al Sin Aliento de Godard y también se transformará en una road movie delictiva, esa especie de Bonnie and Clyde del subdesarrollo. Aunque el objetivo de ellos, como mencionamos anteriormente, sean otros. La banda musical será otro elemento destacado, ya que conjugará el son de los tambores africanos, con el jazz y algún pop melódico como el que repiquetea en nuestros oídos luego de que termine el film, hablamos de París París de Josephine Baker. Por su parte, la banda sonora también logrará una amalgama de sonidos ambientales que nos acercará a ese continente tan lejano y a la vez extraño para nosotros. El guión no será lineal y elegirá las elipsis para dinamitar el tiempo. Habrá algo de realismo mágico que dejará al espectador con las preguntas dando vueltas en su cabeza. Que será cierto y que no, será algo que cada uno develará por su cuenta. El bocado tendremos que masticarlo nosotros. Para construir ese universo, será de gran ayuda el montaje, seco y directo, excelentemente diseñado, novedoso para lo que ofrecía el cine continental en esa época. La fotografía será bastante lograda, combinará los marrones y grises del poblado con los colores vivos típicos de los atuendos del lugar. También se asemejará en cierta forma al neorrealismo italiano, por el uso de actores no profesionales en la mayoría de sus papeles y por la mezcla de ficción por un lado y escenas de corte documental por otro. Los planos generales de esa aridez nos sofocan como a sus protagonistas. 



La intercalación de imágenes mostrará rituales, amuletos, matanza de animales y transpiración en los rostros como firma de un continente. La cámara por momentos seguirá a Mory como si fuera una mochila en su parte trasera, mientras anda en esa moto que es tan protagonista como los seres humanos. El guión se irá dosificando lentamente. Habrá una crítica política y social. Mory piensa en irse y volver como un rey. De ser un pastor a ser “Monsieur Mory”, en una idea meramente narcisista. Ese desprecio del que se va es algo muy común que Mambéty lo reseña más de una vez, esa idealización foránea de que todo lo de afuera es siempre mejor. Y ahí aparecerán también el abandono de los jóvenes a las tradiciones y el futuro como una incógnita. También será un adelantado a su época gracias a un personaje central en el desarrollo de la trama. Hablamos del homosexual al que Mory le robará dinero y ropa para comprar los ansiados pasajes a París. El director mostrará de que lado está parado y su consecuente respeto por la igualdad. Y las metáforas de fondo, el mar como liberación tanto en lo sexual como en lo personal. Porque ahí está la salida. Y será la diferencia entre lo fantástico y lo real lo que quedará entre tinieblas. Entre simbolismos quedarán marcadas ciertas preguntas. Fantasía que aparecerá con ellos desfilando, quizás como una imagen de lo que será. Y la importancia de la sociedad a esas apariencias, vitoreando a quienes antes mortificaban. Sobre el final, el círculo se cerrará, aunque las preguntas seguirán ahí. La moto del protagonista robada y casi destruida, como otro símbolo de esa civilización en parte ausente. Mientras en el barco estará esa gnete de bien, blanca y radiante, haciendo chistes sobre las máscaras africanas y hablando de lo inculto de sus habitantes. A ese barco subirán lleno de sueños para encontrar esa ansiada libertad sin saber que serán los nuevos esclavos de ese mundo globalizado. Aunque allá abajo, otros elegirán quedarse para que ciertas tradiciones, nunca sean conquistadas.

                       

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MAMBÉTY

 


Nació el 23 de enero de 1945. Perteneciente a la etnia wolof, nació en el seno de una familia musulmana en Colobane, cerca de Dakar, la capital del Senegal. Hijo de un clérigo musulmán y miembro de la tribu Lebou, Mambéty rodó en su ciudad natal algunas de sus películas. Su interés por el cine comenzó con el teatro y después de graduarse en la escuela de interpretación de Senegal, trabajó como actor en el Teatro Nacional Daniel Sorano de Dakar hasta que fue expulsado por motivos disciplinarios.

En 1969, a la edad de 24 años, sin formación reglada en rodaje, Mambéty dirigió y produjo su primer cortometraje, Contras’ City (Ciudad de Contrastes), un documental de ficción que muestra la ciudad de Dakar mientras se desarrolla en off una conversación entre un senegalés (el propio director Djibril Diop Mambéty) y una francesa. Al año siguiente, Mambéty hizo un mediometraje, Badou Boy, que cuenta las aventuras de Badou Boy, un joven caradura, mientras recorre las calles de Dakar montado en un autobús. Retratos humorísticos de viajeros, persecución de la policía, a la que llaman “el dragón negro”. Una crónica de la vida cotidiana en el Dakar popular. El film ganó el premio Silver Tanit en el Festival cinematográfico de Cartago en 1970 en Túnez. El primer largometraje técnicamente sofisticado y cargado de símbolos que rodó Mambéty fue Touki Bouki (1973), que recibió el Premio de la crítica en Cannes y el Premio del Jurado en el Festival cinematográfico de Moscú, atrayendo hacia el director senegalés la atención internacional. A pesar del éxito de la película, pasaron veinte años hasta que Mambéty rodara otro largometraje. Durante ese tiempo rodó un corto en 1989, Parlons Grandmère (Hablemos abuela), un documental sobre el cine en África Occidental, sobre todo en Burkina Faso, con apariciones de Idrissa Ouedraogo, uno de los más reconocidos del continente. Hyènes (1992) es la segunda y última película de Mambéty, sobre una senegalesa que viene del exterior, llena de dinero. Una adaptación del The visit de Friedrich Dürrenmatt conceptuada como continuación de Touki Bouki. 



En el momento de su muerte, el director había estado trabajando sobre una trilogía de películas cortas llamadas Contes des Petites Gens (Cuentos de Personas Pequeñas). El primero de los cortos fue Le Franc (1994), sobre un hombre que gana la lotería para no perder el billete lo pega con pegamento en la puerta de su casa, pero cuando tiene que ir a reclamar el premio no puede despegar el billete así que arranca la puerta y va todo el camino con ella hasta donde debe buscar el premio. Luego seguiría el segundo, La Petite Vendeuse de Soleil (La niña que vendía Sol), sobre una niña que empieza a vender periódicos, algo prohibido para las mujeres. Pero no lo pudo terminar de editar ya que lo sorprendió una temprana muerte por cáncer de pulmón a la edad de 53 años en un hospital parisino. Recibió un premio póstumo en 1999. Su muerte nos dejó sin uno de los talentos más reconocidos de África pese a su escasa filmografía.

 

FICHA TECNICA

 

Título original: Touki Bouki (Journey of the Hyena)

Año: 1973

Duración: 90 min.

País: Senegal

Dirección: Djibril Diop Mambéty

Guión: Djibril Diop Mambéty

Fotografía: Georges Bracher

Reparto: Magaye Niang, Mareme Niang, Aminata Fall, Ousseynou Diop, Christoph Colomb, Ndou Labia, Mustapha Ture

 

PELÍCULA COMPLETA