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domingo, 25 de diciembre de 2022

TOUKI BOUKI DE DJIBRIL DIOP MAMBETY

PROGRAMA 392 (25-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Mory, un pastor que conduce una moto decorada con cuernos de vaca, y la estudiante Anta, se conocieron en Dakar. Se sienten marginados, están hartos de Senegal y de África, por lo que sueñan con irse a París. Para conseguir el dinero para el pasaje recurrirán a diversas estratagemas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Podemos pensar el concepto de patria como aquel lugar propio de pertenencia, aquel espacio de contención cuya dinámica no difiere demasiado al de una casa. El padre, la madre y los hermanos conviviendo unidos, compartiendo juntos una historia común, una identidad. En este sentido, tomando esta alegoría entre la casa y el concepto de patria, podemos llegar a la conclusión de que toda la gramática destinada a explicar el sentido de lo patriótico es siempre una gramática familiar. Hagamos un pequeño recorrido sobre el origen de algunas palabras relacionadas directamente a este concepto. La palabra patria, por ejemplo, es un derivado del latín pater, patris, o sea, país del padre. Pensemos ahora en el término nación. Esta palabra deviene del termino latino natío – onis, o sea lugar de nacimiento. Vayamos, por último, a la otra palabra utilizada por nosotros como parte de la gramática que remarcamos en torno a la idea de patria, vayamos pronto, entonces, al término hermandad. Esta palabra deriva del latín germanus cuyo significado es hermano, muy a diferencia de hermana, cuyo vocablo latino es soror. Construir un sentido de patria es construir un imaginario donde toda la población se sienta parte de un mismo tronco, como si de una familia se tratara. Teniendo en cuenta el recorrido etimológico recién realizado, llegamos a inferir con claridad, que aquello que nos contiene, también del mismo modo, nos excluye. Nacemos en la tierra del padre donde todos somos hermanos. 



Una gran porción de la población queda excluida frente a esta propuesta de proyecto nacional. ¿Qué sucede entonces cuando es la propia patria la que te expulsa, la que te aparta situándote en un lugar diferente al resto? ¿Podríamos entonces no tener patria? ¿La patria nos constituye de manera esencial o accidenta? O mejor aún, ¿hay algo esencial en el ser humano que nos constituya como propio? Hemos mencionado alguna vez desde este mismo foro que el concepto de patria se relaciona con todo aquello que nos identifica como propio, y que el otro es aquello que yo no soy, o sea, es todo lo que no es propio. En el mundo globalizado en el que vivimos, teniendo en cuenta que la división política de los países es un hecho moderno y cambiante, un hecho arbitrario destinado a generar unidades de ordenamiento social en función de las nuevas condiciones de trabajo y del desarrollo tecnológico y productivo que se va desplegando con los cambios de época, teniendo en cuenta todo esto, ¿podemos seguir pensando lo propio como algo cerrado y definitivo o es que en lo más propio siempre habita el otro? Este tiempo que nos toca vivir, colmado de nacionalismos esencialistas, que siempre fueron dogmáticos, violentos y excluyentes, plantearse la libertad, plantearse el verdadero sueño de ser libre e independiente, de ser autónomo, respetado y aceptado es deconstruir definitivamente una idea de patria que se reafirma en contra del otro. Esa es la única fuga posible, la fuga definitiva y radical de nosotros mismos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TOUKI BOUKI

 


Buscar la libertad es siempre una ilusión compleja. Soñar con ese destino ideal nos hace dejar de lado todo lo bueno para centrarse en lo malo. La pobreza, la modernidad y la sociedad capitalista empujan a la gente a buscar un lugar mejor. Los sueños empiezan a perseguirse. La pelea entre lo tradicional y lo novedoso empieza a ser moneda corriente. El exilio surge como única salida. Esos barcos enormes, como sinónimo de salvación. Los que tienen suerte viajarán así. Otros morirán en las orillas intentando llegar en balsas que se destruyen a la primera ola. Ousmane Sembéne es considerado el “padre del cine africano”. En los años ´60, filma La negra de... la historia de una joven senegalesa que se va a trabajar como sirvienta de sus jefes a Francia. Sufrirá el racismo, la tragedia se hará presente y el film se convertirá en uno de los primeros en mostrar ciertas realidades ocultas. Será la puerta de entrada del cine de “la África negra” al mundo. Ya en los comienzos de la década del ´70, un joven de 28 años daría la otra puntada. Una década importante para el cine de ese continente que empezaba a emerger. Con un presupuesto de 30 mil dólares y solo dos cortos encima, Djibril Diop Mambéty sorprendió con su ópera prima titulada Touki Bouki (El viaje de la hiena). Allí veremos otra vez la idea de libertad. El sueño de escapar de esa pobreza que arruina generaciones. Y otra vez esa París idealizada como destino soñado. El de Mory, un pastor que tiene una moto decorada con cuernos de vaca y el de Anta, una joven estudiante que quiere también un estilo de vida mejor. La película mostrará fuertes imágenes de un matadero al principio. Costará mantener la mirada. Serán metáforas entrelazadas a lo largo del metraje. Dominador y dominado. La tradición contrastará con la modernización de ese país neocolonialista. Estará siempre presente esa dicotomía. Lo viejo y lo nuevo. Lo rural y lo urbano. Y los amantes como parte de esa historia, también uniendo sus diferencias de clase. 



El film beberá de algún sorbo de la Nouvelle Vague, encontraremos ciertos parecidos al Sin Aliento de Godard y también se transformará en una road movie delictiva, esa especie de Bonnie and Clyde del subdesarrollo. Aunque el objetivo de ellos, como mencionamos anteriormente, sean otros. La banda musical será otro elemento destacado, ya que conjugará el son de los tambores africanos, con el jazz y algún pop melódico como el que repiquetea en nuestros oídos luego de que termine el film, hablamos de París París de Josephine Baker. Por su parte, la banda sonora también logrará una amalgama de sonidos ambientales que nos acercará a ese continente tan lejano y a la vez extraño para nosotros. El guión no será lineal y elegirá las elipsis para dinamitar el tiempo. Habrá algo de realismo mágico que dejará al espectador con las preguntas dando vueltas en su cabeza. Que será cierto y que no, será algo que cada uno develará por su cuenta. El bocado tendremos que masticarlo nosotros. Para construir ese universo, será de gran ayuda el montaje, seco y directo, excelentemente diseñado, novedoso para lo que ofrecía el cine continental en esa época. La fotografía será bastante lograda, combinará los marrones y grises del poblado con los colores vivos típicos de los atuendos del lugar. También se asemejará en cierta forma al neorrealismo italiano, por el uso de actores no profesionales en la mayoría de sus papeles y por la mezcla de ficción por un lado y escenas de corte documental por otro. Los planos generales de esa aridez nos sofocan como a sus protagonistas. 



La intercalación de imágenes mostrará rituales, amuletos, matanza de animales y transpiración en los rostros como firma de un continente. La cámara por momentos seguirá a Mory como si fuera una mochila en su parte trasera, mientras anda en esa moto que es tan protagonista como los seres humanos. El guión se irá dosificando lentamente. Habrá una crítica política y social. Mory piensa en irse y volver como un rey. De ser un pastor a ser “Monsieur Mory”, en una idea meramente narcisista. Ese desprecio del que se va es algo muy común que Mambéty lo reseña más de una vez, esa idealización foránea de que todo lo de afuera es siempre mejor. Y ahí aparecerán también el abandono de los jóvenes a las tradiciones y el futuro como una incógnita. También será un adelantado a su época gracias a un personaje central en el desarrollo de la trama. Hablamos del homosexual al que Mory le robará dinero y ropa para comprar los ansiados pasajes a París. El director mostrará de que lado está parado y su consecuente respeto por la igualdad. Y las metáforas de fondo, el mar como liberación tanto en lo sexual como en lo personal. Porque ahí está la salida. Y será la diferencia entre lo fantástico y lo real lo que quedará entre tinieblas. Entre simbolismos quedarán marcadas ciertas preguntas. Fantasía que aparecerá con ellos desfilando, quizás como una imagen de lo que será. Y la importancia de la sociedad a esas apariencias, vitoreando a quienes antes mortificaban. Sobre el final, el círculo se cerrará, aunque las preguntas seguirán ahí. La moto del protagonista robada y casi destruida, como otro símbolo de esa civilización en parte ausente. Mientras en el barco estará esa gnete de bien, blanca y radiante, haciendo chistes sobre las máscaras africanas y hablando de lo inculto de sus habitantes. A ese barco subirán lleno de sueños para encontrar esa ansiada libertad sin saber que serán los nuevos esclavos de ese mundo globalizado. Aunque allá abajo, otros elegirán quedarse para que ciertas tradiciones, nunca sean conquistadas.

                       

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MAMBÉTY

 


Nació el 23 de enero de 1945. Perteneciente a la etnia wolof, nació en el seno de una familia musulmana en Colobane, cerca de Dakar, la capital del Senegal. Hijo de un clérigo musulmán y miembro de la tribu Lebou, Mambéty rodó en su ciudad natal algunas de sus películas. Su interés por el cine comenzó con el teatro y después de graduarse en la escuela de interpretación de Senegal, trabajó como actor en el Teatro Nacional Daniel Sorano de Dakar hasta que fue expulsado por motivos disciplinarios.

En 1969, a la edad de 24 años, sin formación reglada en rodaje, Mambéty dirigió y produjo su primer cortometraje, Contras’ City (Ciudad de Contrastes), un documental de ficción que muestra la ciudad de Dakar mientras se desarrolla en off una conversación entre un senegalés (el propio director Djibril Diop Mambéty) y una francesa. Al año siguiente, Mambéty hizo un mediometraje, Badou Boy, que cuenta las aventuras de Badou Boy, un joven caradura, mientras recorre las calles de Dakar montado en un autobús. Retratos humorísticos de viajeros, persecución de la policía, a la que llaman “el dragón negro”. Una crónica de la vida cotidiana en el Dakar popular. El film ganó el premio Silver Tanit en el Festival cinematográfico de Cartago en 1970 en Túnez. El primer largometraje técnicamente sofisticado y cargado de símbolos que rodó Mambéty fue Touki Bouki (1973), que recibió el Premio de la crítica en Cannes y el Premio del Jurado en el Festival cinematográfico de Moscú, atrayendo hacia el director senegalés la atención internacional. A pesar del éxito de la película, pasaron veinte años hasta que Mambéty rodara otro largometraje. Durante ese tiempo rodó un corto en 1989, Parlons Grandmère (Hablemos abuela), un documental sobre el cine en África Occidental, sobre todo en Burkina Faso, con apariciones de Idrissa Ouedraogo, uno de los más reconocidos del continente. Hyènes (1992) es la segunda y última película de Mambéty, sobre una senegalesa que viene del exterior, llena de dinero. Una adaptación del The visit de Friedrich Dürrenmatt conceptuada como continuación de Touki Bouki. 



En el momento de su muerte, el director había estado trabajando sobre una trilogía de películas cortas llamadas Contes des Petites Gens (Cuentos de Personas Pequeñas). El primero de los cortos fue Le Franc (1994), sobre un hombre que gana la lotería para no perder el billete lo pega con pegamento en la puerta de su casa, pero cuando tiene que ir a reclamar el premio no puede despegar el billete así que arranca la puerta y va todo el camino con ella hasta donde debe buscar el premio. Luego seguiría el segundo, La Petite Vendeuse de Soleil (La niña que vendía Sol), sobre una niña que empieza a vender periódicos, algo prohibido para las mujeres. Pero no lo pudo terminar de editar ya que lo sorprendió una temprana muerte por cáncer de pulmón a la edad de 53 años en un hospital parisino. Recibió un premio póstumo en 1999. Su muerte nos dejó sin uno de los talentos más reconocidos de África pese a su escasa filmografía.

 

FICHA TECNICA

 

Título original: Touki Bouki (Journey of the Hyena)

Año: 1973

Duración: 90 min.

País: Senegal

Dirección: Djibril Diop Mambéty

Guión: Djibril Diop Mambéty

Fotografía: Georges Bracher

Reparto: Magaye Niang, Mareme Niang, Aminata Fall, Ousseynou Diop, Christoph Colomb, Ndou Labia, Mustapha Ture

 

PELÍCULA COMPLETA

 

 

 

martes, 25 de octubre de 2022

SANGRE DE CÓNDOR - YAWAR MALLKU DE JORGE SANJINÉS

PROGRAMA 386 (07-10-2022)

 

SINOPSIS

 

Pelí­cula sobre la esterilización de mujeres campesinas por miembros del llamado Cuerpo de Paz de Bolivia. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Soy un hombre que sabe convertirse en pájaro. Aquella es una verdad que durante siglos intentaron transformar. Durante demasiadas lunas buscaron confundirla con otras verdades. Hoy, al ver el mundo puedo entender que lo lograron. Nos dieron unas palabras, cuando teníamos todo un idioma, nos dieron un pasado, un linaje, hasta una identidad sin saber que nuestra única madre era la tierra y que todos los que allí estábamos éramos hermanos, sin entender que donde ellos veían el bosque, solo un bosque, nosotros veíamos cada árbol, cada planta, cada animal que recorría este suelo al que llamábamos casa. Fuimos muy mal leídos siempre, muy mal comprendidos. El miedo fue el primero de los velos que impidió vernos tal como éramos. Esa soberbia corrosiva de querer explicarlo todo, aquella absurda necesidad de dar siempre una respuesta a lo que creían era una pregunta, aquella miserable actitud de querer completar con sus cosas aquello que veían vacío. Se sintieron amenazados ante la oscuridad de lo desconocido y entonces fuimos el monstruo a quien debían dominar. A la bestia se la mata quitándole su poder. Acorralándola. Nadie puede enfrentarse a ella si sabe que va morir. Hablo de la muerte como ellos la entienden, claro. La muerte del cuerpo que para ellos es la muerte de la aventura. Toda muerte, vista desde esa altura, es siempre trágica y deshonrosa. Así, entonces, se declararon superiores, por encima de cualquiera de nosotros, hasta incluso de nuestros más ancianos cuya vista superaba cualquier horizonte. Lo veíamos en su mirada que se oscurecía, que cada vez veía menos de lo que para nosotros era evidente y estaba a nuestro alcance. Trajeron entonces a su dios y a su libro sagrado. Nos llamaron bárbaros y nos hicieron sentir culpables hasta de haber nacido. El miedo creció y se transformó luego en ambición. 



La mirada se oscurecía aún más. Ya no solo nos habían sometido tratándonos como bestias sin ninguna capacidad, sin ninguna destreza y ningún derecho, ahora iban por nuestra casa, iban por aquello que nuestras tierras nos daban. Por aquellos frutos que con tanto respeto y agradecimiento nosotros tomábamos. Rompieron el balance ancestral con nuestra madre, quebraron para siempre nuestra conexión, aquella línea que nos une a cada hoja que el viento mueve, a cada animal por más pequeño que este sea. Esa línea que nosotros vemos pero que ellos con su mirada enceguecida de miedo y ambición ni siquiera advirtieron. No tardó entonces en aparecer el poder para terminar de arruinarlo todo. Las hojas de coca lo habían anunciado desde el comienzo, las enfermedades en nuestros hermanos lo demostraban pero no supimos leerlo a tiempo. No entraba en nuestra cabeza aquella crueldad. Así como ellos no supieron leernos, nosotros, aún con la evidencia que nuestros rituales anticipaban, tampoco supimos. Fue así entonces que el poder los consumió de tal manera que sometieron lo más sagrado, la tierra. La invadieron con sus venenos, la forzaron allí donde ella se negaba. La arrasaron ferozmente sin siquiera derramar una lagrima. Alguna vez un chamán me dijo que no se necesita gran cosa para morir, y buscar la muerte es no buscar nada. Sigo descubriendo sabiduría en sus palabras, sigo viendo una luz en ellas, capaz de alumbrar a tiempo aquellos demonios que son el miedo, la ambición y el poder. Soy un hombre que sabe convertirse en pájaro, en un mundo que condena a sus hijos a vivir para siempre de pie.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE SANGRE DE CÓNDOR

 


Hace más de 50 años, el maestro Eduardo Galeano nos contaba “Se extiende la pobreza y se concentra la riqueza en esta región que cuenta con inmensas legiones de brazos caídos que se multiplican sin descanso. Nuevas fábricas se instalan en los polos privilegiados de desarrollo -Sao Paulo, Buenos Aires, la ciudad de México- pero menos mano de obra se necesita cada vez. El sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. Y la gente se reproduce. Se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. Cada vez queda más gente a la vera del camino, sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales, y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños; porfiadamente, los niños latinoamericanos continúan naciendo, reivindicando su derecho natural a obtener un sitio bajo el sol en estas tierras espléndidas que podrían brindar a todos lo que a casi todos niegan. A principios de noviembre de 1968, Richard Nixon comprobó en voz alta que la Alianza para el Progreso había cumplido siete años de vida y, sin embargo, se habían agravado la desnutrición y la escasez de alimentos en América Latina. Pocos meses antes, en abril, George W. Ball escribía en Life: «Por lo menos durante las próximas décadas, el descontento de las naciones más pobres no significará una amenaza de destrucción del mundo. Por vergonzoso que sea, el mundo ha vivido, durante generaciones, dos tercios pobre y un tercio rico. Por injusto que sea, es limitado el poder de los países pobres». Ball dice que la impunidad es todavía posible, porque los pobres no pueden desencadenar la guerra mundial, pero el Imperio se preocupa: incapaz de multiplicar los panes, hace lo posible por suprimir a los comensales. «Combata la pobreza, ¡mate a un mendigo!», garabateó un maestro del humor negro sobre un muro de la ciudad de La Paz. ¿Qué se proponen los herederos de Malthus sino matar a todos los próximos mendigos antes de que nazcan?... Podríamos transcribir casi todo el libro de donde se extrajo este fragmento, que no es otro que el clásico y más vivo que nunca Las venas abiertas de América Latina de Don Eduardo Galeano. 



En esa última pregunta se encolumnan muchos de los títeres que vemos en las redes sociales, en la televisión y hasta el Congreso, esos negacionistas, asesinos de la democracia que tanto nos costó conseguir, pululando por el aire de los canales a viva voz y escupiendo su odio a cada paso. Y todavía callando la voz de los verdaderos dueños de estas tierras. Desalojados, desamparados, esterilizados pero nunca resignados, seguirán luchando por contar su historia. “El habitante de una nación desarrollada no se identifica con el hambriento de la India o Brasil. Vemos a esa gente como una raza o especie distinta y en realidad lo son. Idearemos, antes de cien años, métodos apropiados para deshacernos de ellos... Son simplemente animales – diremos – constituyen una verdadera enfermedad. Resultado: Las naciones ricas y fuertes devorarán a los pobres y a los débiles”. Son esas palabras del científico californiano James Donner la que cita el director boliviano Jorge Sanjinés en su film Sangre de cóndor (o Yawar Mallku en quechua) en el comienzo de esos 67 minutos en los que decidió darles voz a sus compatriotas olvidados. Estamos ante una cinta de clara denuncia social, cine político de los que no abundaban por esos lares en el año 1969. La película será una heredera natural del Neorrealismo italiano, por sus locaciones, sus actores no profesionales y su lenguaje, donde se mezcla el quechua de la población nativa con el español o el inglés. También beberá sorbos de esa Nouvelle Vague que marcó a toda una generación de cineastas, entre los que estaba Sanjinés, no cabe duda. El film, escrito por el director junto a Oscar Soria, no respetará la linealidad y ahí estará la influencia de la escuela francesa. Esa diferenciación con el modo de narración clásico, hizo que el estreno, sobre todo en su país, se pierda un poco el devenir de la historia. Hoy, sin dudas es uno de los puntos fuertes del film. 



Este no tendrá un conglomerado de actuaciones heroicas ni recordadas y se notará el bajo presupuesto con el que se realizó. La fotografía en blanco y negro ayudará a crear el clima de desazón y frustración de los protagonistas. La escala de grises irá variando pero los paisajes del altiplano iluminarán la pantalla en cada aparición. Será ese enorme lugar contrastando con la pequeña comunidad. Las imágenes se compondrán de planos fijos pero serán los primeros planos los que realmente mostrarán las miserias de los habitantes. Habrá belleza en las tomas, desde el paisaje local a los sufridos rostros de la comunidad. En sus caras, en sus ojos, se verá esa tristeza marcada por desigualdades y malos tratos. El ritmo narrativo será pausado, cadente, prácticamente igual que la tranquilidad del pueblo que nos muestra el director, aunque este irá in crescendo a medida que aumentan las injusticias para el protagonista. También se abrazará al estilo semi documental en los momentos donde los rituales indígenas aparecerán en escena. La típica música local le dará un aire de frescura y los sonidos del viento entre el desierto atravesarán al espectador. Son los años ´60 y los Cuerpos de Paz enviado desde el Imperio del Norte estarán ahí para estirilizar mujeres y violentar cuerpos, no como ayuda humanitaria, como nos hacían creer. 



Un fusilamiento de parte de las autoridades será lo que veremos al principio y a partir de ahí, los flashbacks continuarán con la historia. Sanjinés también nos mostrará la ciudad, esa jungla de cemento, donde vive Sixto, quien trabaja en una fábrica y allí será objeto de burlas y por las que negará sus raíces. De vuelta en su pueblo se sentirá más importante que el resto. Sencillamente, el lobo de ciudad mostrando sus dientes aunque no sepa cazar corderos, como esa burguesía local que quieren sentirse extranjeros en su propio país. Serán la tragedia y la desigualdad lo que cambiará la conciencia y le abrirá la mente. Aunque siempre sabemos que no se puede mantener a un pueblo dormido. Su propia cultura transformará la tristeza en rebelión. “El mal ha llegado con los gringos” repite alguien y no hacemos otra cosa que darles la razón. Mientras ellos bailan su música, el pueblo irrumpirá en sus casas, en una escena donde audio e imagen se entremezclan de forma magnífica. Ya nada será igual. Llegará la muerte también... y ese rostro indignado a punto de estallar, será el preludio de esos fusiles en alto. Para que nadie vuelva a invisibilizarlos y que las sonrisas de los niños florezcan aún en los lugares con menos recursos. Porque de ellos es el futuro y serán sus voces las que retumbarán para no olvidar sus raíces. Aunque los quieran muertos antes de nacer...

                                                                                                 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SANJINÉS

 


Jorge Sanjinés nació en la ciudad de La Paz el 31 de julio de 1936. Estudió filosofía en la Universidad Mayor de San Andrés. En 1957 decide inscribirse en un curso de cine dictado en Concepción (Chile) y al final de éste realiza un cortometraje. El cortometraje, de 2 minutos de duración, fue musicalizado por Violeta Parra, que entonces residía en esa ciudad. Entre 1958 y 1959, estudia en el Instituto Cinematográfico de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde realiza tres cortometrajes: Cobre, El Maguito y La guitarrita. Retorna a Bolivia en 1961, donde al año siguiente conforma el Consejo Nacional de Cultura para el Cine y, entre 1965 y 1966, dirige el Instituto Cinematográfico Boliviano. Entre 1962 y 1965 realiza varios cortometrajes: Sueños y realidades (1962), Una jornada difícil (1963) y Revolución (1963), cortometraje de 10 minutos que recibió el Premio Joris Ivens 1964 en Leipzig. Filma también los mediometrajes Un día paulino, y ¡Aysa! (Derrumbe) (1964), la serie de cortos Bolivia avanza, El mariscal Zepita e Inundación (1965). En ese periodo, junto a Óscar Soria se sientan las bases del grupo cinematográfico que más tarde se conocería como Grupo Ukamau, nombre que toman del primer largometraje del grupo realizado en 1966, que constituye la primera película hablada en aymara, que cuenta la historia de la venganza de un campesino indio, luego del asesinato de su mujer por un mestizo. Luego se unirían al grupo Ricardo Rada y Antonio Eguino. El Grupo Ukamau fundó la primera Escuela Fílmica Boliviana en 1961, de la cual, además de catedráticos, Óscar Soria sería director y Jorge Sanjinés sub director. El Grupo Ukamau organizó también el Cine Club Boliviano, primera institución de Cine-Debate en Bolivia que llevó a cabo el Primer Festival Fílmico Boliviano en la Universidad Mayor de San Andrés, en el que se exhibieron varias de las realizaciones cinematográficas bolivianas producidas desde 1948. En 1969 filma Sangre de cóndor y dos años después llega El coraje del pueblo, que relata la masacre de la noche de San Juan durante el gobierno de Barrientos. 



En 1973 filma El enemigo principal, sobre una comunidad indígena que busca liberar a los campesinos de la explotación. En 1977 Sanjinés realiza ¡Fuera de aquí! el primer largometraje en que participara la Universidad de los Andes (ULA) de Mérida en coproducción con el grupo Ukamau y la Universidad Central del Ecuador. El film fue rodado en el Ecuador, con intervención de personal del Departamento de Cine de la ULA y editado en Mérida. Junto con su esposa Beatriz Palacios, ruedan el documental Las banderas del amanecer, que cuenta los hechos acaecidos en Bolivia entre 1979 y 1982, años llenos de acontecimientos dramáticos entre ellos, el golpe de estado encabezado por el coronel Alberto Natush y la masacre de Todos Santos. En 1989 dirige La Nación Clandestina, sobre un campesino renegado de su clase, vuelve a su pueblo a pagar sus culpas por prestar servicio como represor durante la dictadura, bailando la danza del "Danzanti" hasta morir. Él espera borrar su pasado, y anhela un renacimiento. En 1995 llega Para recibir el canto de los pájaros, sobre el encuentro de dos culturas, narrado a través de un grupo de cineastas que trata de rodar una película sobre la conquista española, le sirve a Jorge Sanjinés para abordar el sometimiento de culturas y pueblos a lo largo de la historia, sin esquivar las aristas ideológicas, con Geraldine Chaplin en el reparto. 



Tarda nueve años en volver a filmar, hasta que estrena Los hijos del último jardín, un thriller sobre unos jóvenes que planean asaltar la casa de un político corrupto para devolverle el dinero al pueblo. El 2012 rueda Insurgentes, donde rescata del olvido a varios héroes indígenas a lo largo de la historia, hasta llegar a la ascensión de Evo Morales como presidente. Con 80 años, su último largometraje fue Juana Azurduy, guerrillera de la patria grande, la historia de la gran heroína y su encuentro con Simón Bolivar y Antonio José de Sucre, sorprendidos por sus logros y su humilde lugar en donde vivía.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Yawar mallku (La sangre del cóndor)

Año: 1969

Duración: 70 min.

País: Bolivia

Dirección: Jorge Sanjinés

Guion: Jorge Sanjinés, Óscar Soria

Música: Alfredo Domínguez, Ignacio Quispe, Alberto Villalpando

Fotografía: Antonio Eguino

Reparto: Marcelino Yanahuaya, Benedicta Mendoza, Vicente Verneros Salinas, Danielle Caillet, Felipe Vargas

 

PELÍCULA COMPLETA

jueves, 14 de enero de 2021

EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

 PROGRAMA 310 (11-12-2020)

 

SINOPSIS

 

Karamakate fue en su día un poderoso chamán del Amazonas; es el último superviviente de su pueblo y vive en lo más profundo de la selva. Lleva años en total soledad, que lo han convertido en "chullachaqui", una cáscara vacía de hombre, privado de emociones y recuerdos. Pero su solitaria vida da un vuelco el día en que a su remota guarida llega Evan, un etnobotánico norteamericano en busca de la yakruna, una poderosa planta oculta, capaz de enseñar a soñar. Karamakate accede a acompañar a Evan en su búsqueda y juntos emprenden un viaje al corazón de la selva en el que el pasado, presente y futuro se confunden, y en el que el chamán irá recuperando sus recuerdos perdidos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El calor de aquella fogata crecía mientras yo, apoyando mi culo de oficinista sobre ese tronco que junto a otros, rodeaban circularmente aquel fuego me iba inclinando hacia adelante hasta quedar completamente inmóvil. No solo mi cuerpo, sino también mis sentidos. Entonces, fue cuando se abrió aquel portal por primera vez. Habíamos encontrado con mi amigo, un hermano de aquellos que se presentan sin mostrar documentos ni análisis de sangre, una especie de publicidad que invitaba a realizar un viaje chamánico. Era un taita colombiano que cada tanto se venía al país a divulgar su cultura a través del maestro Yagé. En su momento supe que taita significa padre en lengua quechua y es una palabra utilizada tradicionalmente en varias comunidades indígenas para llamar a quien se debe respeto: padres, abuelos, mayores, autoridades. Por eso también se llama taita el especialista en el manejo del yagé. Un intermediario que vivía por Lugano y que era como el discípulo y amigo del maestro se llamaba Pablo, aunque nos pidió al momento de presentarse que lo llamáramos Pablito. Tenía la manía de referirse a todas las cosas o personas en diminutivo, característica que de entrada nos causó mucha gracia pero que quizás hoy, reviviendo aquella experiencia puede llegar a pensarse que aquella manera de comunicarse que lo dejaba como un tarado era una expresión quizás, algo rudimentaria para hacer entender que hacía mucho tiempo que él había comprendido lo pequeño, lo insignificante que somos nosotros, la humanidad, y todo lo que creamos y nombramos. Pablito nos comunicó por teléfono y por mail las condiciones previas para poder concurrir al ritual que se realizaría en un destino aún incierto, lo único que deslizó casi a modo de secreto revelado fue que sería en una casa quinta en la zona de Escobar. Ese dato nos lo darían una vez pasado el filtro que constaba con una especie de entrevista con el taita y la aprobación que él nos daría si sintiera que estábamos preparados para tal aventura. La cosa que nunca llegamos a concretar dicho encuentro pero como teníamos el efectivo y la voluntad de aceptar la otra condición y el consejo para no tener un mal “viajecito”, llegamos rápidamente a un acuerdo. El consejo y condición constaba con un ayuno de dos semanas sin carnes, bebidas alcohólicas, drogas ni sexo, digamos que a los 20 años cumplir con todos esos requisitos es un tanto difícil aunque completamente sanador si lo realizas a rajatabla. Tal como hicimos, y se lo dedicamos a todos aquellos que desconfiaron de nuestra fuerza de voluntad no sin razón, al cabo de un mes, un sábado por la mañana muy temprano, estábamos en aquel flamante Ford Taunus color rojo persa, viajando por la Panamericana a lo que sería una de las mejores experiencias que hayamos vivido. 



Luego de un silencioso recorrido, por fin estábamos allí. No conocíamos nada sobre aquellos rituales. Tampoco conocíamos personalmente ni al taita ni a Pablito ni al resto de los concurrentes, de los que no voy a hacer descripción alguna porque no alcanzaría el tiempo. Sin embargo no fue nada difícil reconocer a Pablito cuando ingresamos a una quinta con mucho espacio arbolado y una casa algo precaria que solo usamos para ingerir aquella sustancia de consistencia barrosa y de sabor indescriptible pero fuerte como mezcla de vodka con chimichurri. Ah... y el baño también demasiado pequeño para el maltrato que recibió de parte de todos los que lo habitamos, lo que se notó que no todos habían cumplido su palabra con respecto al ayuno. Era un living amplio donde acomodamos todas nuestras bolsas de dormir, todo lo que habíamos llevado. Mujeres de un lado, hombre enfrente y al costado, en lo que parecía un escenario, porque en ese sector estaba elevado como diez centímetros del resto de la habitación un sillón que parecía muy cómodo y en el que reposaba con un aura muy particular el personaje más imaginado por todos nosotros durante casi un mes. Lo único que generaba confianza eran sus pelos largos y abundantes canas, una camisa tipo árabe blanca y un despliegue de bijoutería artesanal en cuello, muñecas y orejas. La charla introductoria la dio Pablito: corta, precisa y cargada de diminutivos, dijo que disfrutáramos de aquel momento, del regalo que traía el taita de sus tierras y que en caso de que nos sintiéramos “maluquitos” acudiéramos en seguida al maestro que nos atendería rápidamente. Tampoco voy a hacer mención detallada de que el querido Pablito, fue quien más precisó de la sanación del taitita luego de intentar arrojarse de cabeza a aquella fogata que ardió hasta altas horas de la madrugada. Una vez acomodados y presentados, formados en una hilera, fuimos acercándonos al rincón donde se encontraba el taita y era él quien servía el “yagecito” en un vaso de esos que se usan de medidor o para tomar bebidas blancas. Si bien lo esperado es siempre encontrarse en una tribu, lejos de la civilización, hacerse de algunas costumbres autóctonas, deshacerse de algunas propias, realizar un proceso previo, más acorde para tal fin, cuando me encontré enfrentado a aquel señor, dejando caer esa preparación que se deslizaba como un dulce de leche caliente adentro del medidor, tuve la sensación de haber estado en aquel lugar, de haber realizado todo lo necesario y su mirada me dio la tranquilidad de estar preparado para tomarlo. 



Una vez ingerido podíamos acostarnos en nuestras bolsas de dormir o salir a recorrer el parque o sentarse al costado del fuego en busca de relajación. El yagé haría lo que venía a hacer en su debido momento nos dijeron, y debíamos ayudarlo intentando relajarnos. Algunos optamos por salir de esa casa que se achicó rápidamente luego del estado de ebriedad instantáneo que generaba ese preparado. Estuve caminando casi media hora por los alrededores hasta que nos mancomunamos un par alrededor del fuego. No recuerdo muy bien la conversación, era de esas casuales, de aquella que uno puede tener al lado de una parrilla mientras espera que el asado se cocine. Hasta que de repente tuve mi vista fijada en el centro de la combustión, en el calor que se desprendía de los troncos como chispas. El calor de aquella fogata crecía mientras yo apoyando mi culo de oficinista sobre el tronco que junto a otros, rodeaban circularmente aquel fuego, me iba inclinando hacia adelante hasta quedar completamente inmóvil. No solo mi cuerpo sino también mis sentidos, entonces fue cuando se abrió aquel portal por primera vez. La sensación de un sueño tan real y tan descabellado como la de sentir estar presenciando desde las alturas el movimiento de la tierra sobre su eje, poder tocar las moléculas que conforman la atmósfera y sentarme sobre ella pudiendo divisar la tierra por debajo y el universo por encima. Volverme tan pequeño como una de aquellas moléculas para luego meterme dentro de mi torrente sanguíneo y arrancar los males como si fuesen cáscaras adheridas a mis paredes venosas. Escuchar las canciones que hoy siento que se encuentran perdidas o que nunca tuvieron la posibilidad de ser escuchadas. Todo aquello en un segundo que parecieron años. Años acumulados de enseñanza, de rituales que atravesaron el tiempo, la distancia, que pasaron de boca en boca. Hubo una conexión ancestral mágica que me unió aquella noche, con todo aquello. Se que volveré algún día. Volveremos algún día porque al regresar, nos juramos sin hablar que aun quedan melodías perdidas, que no pronunciarán sus gritos, sino a través de nosotros.

 

Alan Beneitez.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EL ABRAZO DE LA SERPIENTE

 


Creer que el mundo es como tú piensas es una estupidez, dijo. El mundo es un sitio misterioso. Sobre todo en el crepúsculo. Así lo escuché hablar a Don Juan alguna vez. Con aquella voz que era parte del universo sonoro que lo rodeaba, esa voz que no buscaba ser más que el canto del bosque, porque ella también era el bosque. Esa voz que claro, no escuché jamás pero que vive en mi interior con la claridad y frescura propia de aquello que huye del tiempo. La selva ya no habla, le hemos cortado su lengua y nuestros sentidos se han abrumado con aquel virus que es el lenguaje. Ya no sabemos que dicen las piedras. Ya no aprendemos nada del viento y al sol lo levanta la sirena de una fábrica, todos los malditos días. El saber mágico fue condenado y ridiculizado, fue ocultado y olvidado y entonces a falta de esos saberes, nos volvimos serios y sabios a través de la creación del alma, el dinero y la acumulación material. Allí el hombre obtuvo su correa y la mano que puso el collar no fue otra que la de la iglesia. Un día, desafiamos los límites y olvidamos para siempre que el hombre es un puente y no una meta. Nietzsche nos decía que el hombre es una cuerda tendida entre el animal y el súper hombre o como nos gusta entenderlo a nosotros, lo post humano. Allí entonces surge su peor temor, su más terrible fantasma: el devenir. Nuestra única certeza es sabernos finitos, lo único concreto en nuestra existencia es que nacemos con un destino inevitable: morir. Morimos entre dos incógnitas. Comprender que no somos ni origen ni final, sino tránsito, simplemente tránsito, un paso en la eternidad, es la gran aventura, es el gran desafío final. ¿Que hemos hecho con ese animal que habla que es el hombre? Como no desear al ver a nuestro alrededor la disolución de esto que somos y con eso entonces un inminente retorno a nuestra animalidad, a nuestra conexión con la tierra y todo lo que la habita. A nuestra conexión con el universo. 


Y no digo esto desde una nostálgica adulación del pasado, desde la obsoleta idea de la superación expansiva del hombre actual, o sea desde la idea de un hombre más reflexivo, más inteligente o tal vez más fuerte. No hablo de evolución, sino que lo pienso desde esta idea, utópica quizás, de lo post humano que nos invita a reformular nuestro contacto con aquella animalidad domesticada y perdida. Que nos plantea recuperar nuestra relación con la contingencia. Volver, sin mirar a los costados, a esa fabulosa y aun revolucionaria convicción de que todo puede ser de otra manera, a ese crepúsculo del que nos hablaba Don Juan al comienzo. Si las cosas se plasman de algún modo y se nos presentan como obvias, o sea como un único camino evidente, es porque hay detrás una voluntad de poder que necesita imponer su propia lógica. Desarmar aquella red de poder es reconciliarnos con la animalidad olvidada, es quebrar para siempre la concepción binaria del mundo para así volver a su inconmensurable riqueza. A su misterio profundo. El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra dialoga perfectamente con esta idea. El film se desarrolla en el Amazonas y narra dos historias que involucran a un mismo personaje en distintos momentos de su existencia, el chamán Karamakate. Desde el montaje se trabajará la idea de la deconstrucción de la ilusión del tiempo por lo que las historias estarán entre mezcladas intentando recrear el juego engañoso de la memoria. Karamakate no puede recordar sus saberes ancestrales he iniciara un viaje para buscar aquella conexión con la tierra, con su objetivo, con su destino único. El relato contará con una fotografía poética, profunda, que acompañará la narración sin lidiar con ella. Se trabajara en monocromo buscando comunicar desde el uso de la escala de grises y esto nos recordara quizás a aquel otro film de Jim Jarmusch llamado Dead Man cuya temática es similar a la manejada en el relato de Guerra. El montaje buscará la fluidez y la sutileza del raccord inspirándose quizás en aquel devenir constante y armonioso del río Amazonas, que es también aquel devenir alterado de las imágenes jugando el juego embustero de la memoria. 


La cámara acompañará este desarrollo mostrando con belleza pero jamás compitiendo con el relato. Será un punto de vista propio de la selva, una pantera mimetizada que observa y espera. Las actuaciones manejaran un sentido de verdad que nos harán olvidar de la ficción para invitarnos a entrar en las convenciones propias del cine documental. El trabajo realizado sobre la banda sonora del film servirá para apoyar con ímpetu esta sensación. El universo sonoro recreado será tan elaborado que hará de la selva un personaje más con voz propia. El espectador podrá sentir el peso de la selva, la densidad de su atmósfera, el abrigo de su noche profunda. El lenguaje será otro de los grandes protagonistas del film de Ciro Guerra. Escucharemos hablar en lenguas aborígenes que se mezclaran por momentos con el español. Habrá diálogos en alemán, en inglés y portugués y nos gustará leer allí quizás al lenguaje como frontera entre los hombres pero también al hombre como unidad frente al dialogo común con la tierra. Será evidente entonces que el olvido de Karamakate es también nuestro olvido. Que su desconexión con la tierra es también la nuestra hablemos el idioma que hablemos. Veremos imágenes que no podremos poner en palabras y estará muy bien no hacerlo. Olvidar la soberbia del lenguaje quizás sea una de las claves para nuestra reconexión con lo salvaje. No todo se dice. No todo se nombra. No todo se define dentro de aquella cárcel arbitraria de la significación. La pregunta sobre el más allá, sobre lo inexplorado, lo desconocido siempre es correcta. Después de todo lo inteligente es encontrar la pregunta acertada que desarme la verdad instalada. El error, entonces es dar una respuesta. Lo intempestivo queridos oyentes, siempre es preguntar.                

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones


 

UNIVERSO GUERRA


 

Ciro Alfonso Guerra nació el 6 de febrero de 1981 en César, uno de los 32 departamentos que forman la República de Colombia. En la Universidad Nacional de ese país cursó sus estudios de cine y televisión. Su primer se llamó Silencio y lo filmó en el año 1998. Luego llegaron Alma e Intento. Ya en el 2004 llega su primer largometraje: La sombra del caminante, la historia de un hombre que perdió una pierna y no puede encontrar trabajo y se hace amigo de un “silletero”, alguien que carga gente a sus espaldas. También los une el pasado violento del país, lo que hará redescubrir su propio pasado. En 2009 llega Los viajes del viento, ambientada en 1968, cuenta la historia de un juglar que lleva cantos con su acordeón y decide hacer su último viaje, yendo a devolverle el instrumento a su anciano dueño. 


En 2015 llegó El abrazo de la serpiente, que logró la nominación al Oscar como mejor película extranjera, además de lograr premios o menciones en grandes festivales como Cannes, San Sebastián o La Habana. En 2018 llegó su última película filmada en su país: Pájaros de verano, que narra la historia real del origen del narcotráfico en Colombia, entre fines de los ´60 y principios de los ´70. Donde tienen que aparecer los nuevos “empresarios”, entre ellos una familia indígena que tiene que aprender a llevar los nuevos negocios. Otra vez nominaciones y premios en distintos festivales. En 2019 Netflix estrena la producción colombiana Frontera Verde, donde Guerra es uno de los productores y dirige algunos capítulos. Son 8 capítulos de una serie sobrenatural sobre unas muertes que aparecen en los profundo del Amazonas. Su último film fue el primero hecho en Estados Unidos, basado en la novela de John Maxwell Coetzee dirige Waiting for the Barbarians, con Johnny Depp, Mark Rylance y Robert Pattinson. Narra la historia de un magistrado británico que comienza a cuestionar su lealtad al Imperio durante la colonización mientras se viene una inevitable guerra contra los Bárbaros. El 24 de junio de 2020, un reportaje publicado en la revista Volcánicas11​ reseña los testimonios de siete mujeres que narran situaciones en las cuales Guerra las habría acosado sexualmente, en algunos casos de manera violenta. Un testimonio adicional narra como el director habría abusado sexualmente de una mujer que se encontraba en su casa, ubicada en la ciudad de Bogotá. Las agresiones habrían ocurrido entre los años 2013. Frente a las acusaciones el cineasta publicó un video rechazándolas ​ y haciendo un llamado a que la justicia revele la verdad de los casos. No obstante las autoras del reportaje han mencionado en reportajes posteriores que el objetivo de la denuncia fue hacer un llamado de atención sobre la normalización de la violencia sexual en la industria audiovisual colombiana que obstaculiza el crecimiento profesional de las mujeres y las afecta física y emocionalmente. Veremos como sigue esta historia, mientras, esperemos si seguirá trabajando en América o volverá a Colombia...

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: El abrazo de la serpiente

Año: 2015

Duración: 125 min.

País: Colombia

Dirección: Ciro Guerra

Guión: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra

Música: Nascuy Linares

Fotografía: David Gallego (B&W)

Reparto: Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Brionne Davis, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna, Nicolás Cancino

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 15 de julio de 2014

AGUIRRE, LA IRA DE DIOS - AGUIRRE DER ZORN GOTTES

Programa 56 (16-05-2014)


EDITORIAL

¿Cuándo dejaremos de naturalizar esta absurda y mentirosa idea de la civilización? Me niego a llamarlo de esta manera por las raíces despojadas de su tierra, por los océanos, que ahora son más de lágrima y mugre que de agua. Porque en este lugar, las únicas montañas que veo son de concreto y en ellas crecen pobres victimas alienadas. Son rocas, que pudiendo evitarlo, se dejan dinamitar y regalan los metales preciosos que llevan dentro. Olvidando sus doradas capacidades dejan correr su vida con ríos de carcajadas artificiales y llorando monedas de 5 centavos. Esta es la civilización que nos regalaron en nombre de Dios. ¿y quiénes serán capaz de refutar eso? ¿Cómo romper con una idea que esta tan arraigada y sujeta en lo más profundo de nuestras conciencia colectiva? ¿Cómo triunfa la vida ante un rifle cargado y validado por la máxima autoridad? Sera cuestión de empezar a aceptar que nos equivocamos y aprender de ello. De buscar hacia atrás confesiones que sirvan para comenzar a construir, de una vez por todas, cosas a favor de la vida. 


La siguiente cita puede servir como ejemplo:
En Cuzco en el 1589, el último sobreviviente de los conquistadores originales del Perú, Don Mancio Serra de Leguisamo, escribió en el preámbulo de su testamento lo siguiente:
“Encontramos estos reinos en tal buen orden, y decían que los incas los gobernaban en tal sabia manera que entre ellos no había un ladrón, ni un vicioso, ni tampoco un adultero, ni tampoco se admitía entre ellos a una mala mujer, ni había personas inmorales. Los hombres tienen ocupaciones útiles y honestas. Las tierras, bosques, minas, pastos, casas y todas las clases de productos eran regularizadas y distribuidas de tal manera que cada uno conocía su propiedad sin que otra persona la tomara o la ocupara, ni había demandas respecto a ello... el motivo que me obliga a hacer estas declaraciones es la liberación de mi conciencia, ya que me encuentro a mí mismo culpable. Porque hemos destruido con nuestro malvado ejemplo, las personas que tenían tal gobierno que era disfrutado por sus nativos. Eran tan libres del encarcelamiento o de los crímenes o los excesos, hombres y mujeres por igual, que el indio que tenía 100,000 pesos de valor en oro y plata en su casa, la dejaba abierta meramente dejando un pequeño palo contra la puerta, como señal de que su amo estaba fuera. Con eso, de acuerdo a sus costumbres, ninguno podía entrar o llevarse algo que estuviera allí. Cuando vieron que pusimos cerraduras y llaves en nuestras puertas, supusieron que era por miedo a ellos, que tal vez no nos matarían, pero no porque creyeran que alguno pudiera robar la propiedad del otro. Así que cuando descubrieron que teníamos ladrones entre nosotros, y hombres que buscaban hacer que sus hijas cometieran pecados, nos despreciaron.”
Creo que en este tipo de actitudes es en donde se encuentra Dios. Creo en seguir en esa dirección, cultivando sonrisas, conquistando corazones, creyendo en aquellos ojos sinceros e inocentes. Cosechando los frutos de estar rodeado con las personas adecuadas. Sé que mi aldea es adepta a esas mismas creencias y los que habitan allí todavía saben regalarse cielos y hasta construirlos. Las puertas estarán abiertas dentro de este mundo en el que hay quienes sufren y son víctimas mientras que otros disfrutan del poder de la Ira de Dios….

Alan Beneitez

Canción elegida para la editorial


IMPRESIONES SOBRE AGUIRRE, LA IRA DE DIOS


“Gimen los pies maltratados, la fe permanece sorda” escribió alguna vez el gran Nicomendes Santa Cruz. En esas palabras escuchamos todavía el ruido a cadenas arrastrándose sobre las plantas de un frondoso bosque. Todavía escuchamos la palabra de dios esclavizando almas, justificando el dolor, sirviendo un banquete repleto de muerte y miseria. Vemos la sangre derramada sobre aquella tierra donde antes crecían flores. Vemos culturas devastadas y oímos al viento quejarse en un silbido atroz, recordándonos eso de que el hombre es el lobo del hombre. Descubrimos en todo aquello la mano de la ambición, que como un fuego lleno de rabia devasta todo a su alrededor. Será la ambición la fuerza que movilice al personaje de Aguirre, protagonista del film de Herzog.


El mismo protagonista se definirá como “la ira de dios” y aclarará en un pequeño monólogo que si su deseo es que los pájaros caigan de los árboles, los pájaros caerán. Y el film no se privará de mostrarlo. El primer pájaro será la corona que lo llevo a esas tierras, luego seguirá el mismo Pizarro y continuará con cuanto hombre se interponga en su paso. La película contará con una puesta en escena que muchas veces nos dará la impresión de estar frente a un documental.
Trabajará con locaciones naturales lo que sumará de manera invaluable al dramatismo del relato. La puesta de cámaras estará supeditada a este irregular escenario lo que forzará algunas de las composiciones de planos. Lejos de detenerse frente a este contratiempo, Herzog lo utiliza dramáticamente logrando en el espectador la construcción de un verosímil  sólido, recreando un mundo vivo y tan salvaje como la ira del propio Aguirre. 


Sentiremos el ahogo que genera aquella selva interminable, transitaremos el desánimo de los personajes al no ver luz al final del camino. El futuro de aquella expedición, representado quizás por el personaje de la hija del protagonista, morirá junto con ella cuando una flecha arrojada desde la nada atraviese su joven cuerpo. Será el triunfo de la selva. Será el triunfo del sometido sobre la tiranía y el aniquilamiento colonialista. Y lo disfrutaremos. Veremos alejarse aquella balsa derrotada, vacía por la misma muerte que quienes la tripulaban querían imponer. Será aquella balsa vacía, una metáfora de la victoria peruana, una bella metáfora dentro de un poema más grande soñado por quienes hoy forman esta mesa, un poema salvaje y revolucionario que nos hable de aquella patria grande, que nos hable de América Latina.- 

Lucas Itze.- 

Canción post análisis


Divididos nos dejó esta historia


También seguimos esperando fumar de la pipa de la paz


Y nos fuimos, esperando saber a donde estará la libertad...

      
FICHA TÉCNICA

Título original: Aguirre der Zorn Gottes
Año: 1972
Duración: 94 min.
País: Alemania del Oeste
Director: Werner Herzog
Guión: Werner Herzog
Música: Popol Vuh
Fotografía: Thomas Mauch
Reparto: Klaus Kinski, Helena Rojo, Del Negro, Ruy Guerra, Peter Berling, Cecilia Rivera, Dany Ades, Armando Polanah

Argumento

Siglo XVI. Los soldados Españoles a las ordenes Don Gonzalo de Pizarro prosiguen su destructor paso por Sudamérica, ordenando la conquista de El Dorado, y le da el comando de la misión a Pedro de Arzúa. Luego de pasar por ríos del Amazonas, la expedición se encuentra exhausta debido a los insectos, la maleza y el barro que hacen cada vez más difícil la misión. Es entonces cuando aparece Aguirre, quien toma el mando, y manda a asesinar a Arzúa, y dejando como líder a Fernando de Guzmán.
La locura por tener más riqueza y poder, hace que Aguirre descargue su ira con todos, y con su tropa perdida en un Amazonas sin poder retornar, dando vueltas en una balsa que desarma poco a poco, quedando a merced no sólo de los indígenas, sino también de las enfermedades y el hambre…