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jueves, 20 de noviembre de 2025

SUSPIRIA DE DARÍO ARGENTO

PROGRAMA 486 (31-10-2025)

 

SINOPSIS

 

Una joven (Jessica Harper) ingresa en una exclusiva academia de baile la misma noche en que asesinan a una de las alumnas. La subdirectora del centro es la amable Madame Blank, que brinda a la nueva alumna las comodidades y facilidades necesarias para su aprendizaje. Pero, poco a poco, una atmósfera malsana se va apoderando del lugar, y la estancia de la joven se va convirtiendo en una verdadera pesadilla. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Desde los comienzos de los tiempos, la verdadera manzana que envenenó la mente del ser fue la duda. Parafraseando al relato bíblico, la serpiente no hizo más que preguntar. Instalar la búsqueda de una respuesta, sobre todo una respuesta en aquello que hasta entonces se encontraba naturalizado o se atribuía a la inmensa gracia de dios. El pensamiento pre filosófico se organizó a través del mito, la religión y la magia. Allí estaban organizadas las respuestas que el ser buscaba. La magia, por su parte no solo buscó respuestas, sino también control. Entendió bajo una rigurosa contemplación que la naturaleza poseía ciertas repeticiones y constancias a las que intento gobernar en vez de entender para utilizar a su favor. Pasado el tiempo, la filosofía iría mas allá con el pensamiento y comprendería que la belleza estaba en la pregunta y jamás en la respuesta. El movimiento del pensamiento se encontraba en seguir preguntando sobre cuestiones tales como el origen, el por qué; a diferencia del sabio, cuyo pensar era reposado, detenido, expectante, porque ya era poseedor del saber y de todas las respuestas. Pero volvamos al pensamiento pre filosófico. Pensemos en la concepción actual evolucionista, esta fue realizada en un sentido claramente fijista, es decir sosteniendo el carácter inmutable de las especies, apegándose, claramente, a la versión bíblica de la creación. Allí la respuesta a la pregunta del origen, el mito bíblico. Por aquel entonces rondaba la idea preformacionista que ayudó a asentar la explicación mítica del origen bíblico. 



Esta teoría sintetizaba la continuidad específica, interpretaba que todas las especies vivientes se habían originado durante la creación, siguiendo siempre claro la tradición judío cristiana, y lo habían hecho con las mismas características que hoy podemos observar, y que su estudio y clasificación debía responder a la exaltación de la obra divina: en la adaptación de los organismos a un medio se veía la infinita sabiduría de dios y en las descripciones de las especies conocidas se vislumbraban los arquetipos ideales concebidos por el plan divino. Desde la antigüedad la humanidad conocía la existencia de conchas marinas en lo alto de las montañas o de inmensos huesos de animales desconocidos. A estas maravillas, los distintos pueblos le dieron variadas explicaciones como por ejemplo: creaciones abortadas de la Madre Tierra o los dioses, extinciones de míticas razas de gigantes, terribles lluvias e inundaciones que cubrieron al mundo incluso en sus cimas más elevadas. Las respuestas van a ir variando según el desarrollo del pensamiento. Lo interesante es que a través del tiempo y de las ideas, el pensamiento mágico ha sabido instalarse en el inconsciente del ser. Aquella necesidad de control sobre la naturaleza, sobre la otredad, sobre la física misma se ha abierto un camino en el tiempo que jamás nadie ha podido cerrar. Quien les habla debe admitir, más que le pese, haber conocido, haber tenido algún contacto con cierta forma de la magia. Creo, y digo esto sin temor a equivocarme, que el punto culmine del amor es el momento más mágico que la existencia del ser humano pueda experimentar. Aquel momento en que nuestro ser desaparece de este plano por unos instantes y se eleva a algo superior desconocido, luminoso, carente de tiempo y espacio. Esa es tal vez la única magia que recuerde haber experimentado.   

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE SUSPIRIA

 


Allá, en un pueblito remoto del interior, un árbol se incendiaba todas las noches. Al otro día, este estaba como nuevo. Nadie entendía que sucedía. Al principio alguien osó llamar a los bomberos, pero con el correr de los días todo se volvió más habitual. Era un árbol alejado del ruido, de las luces, de la humanidad. Allá, en el medio del campo, decidía cada noche auto incendiarse para al otro día renacer con sus gigantes ramas y brillantes hojas. Los paisanos ya ni se inmutaban por el olor a humo que llegaba desde kilómetros no tan lejanos. La casa más cercana, a uno dos kilómetros, era de doña Maruja, una anciana solitaria, criolla, bien de campo. Había quedado viuda hace años y todos sus hijos, por tal o cual motivo, también habían fallecido. Cada tanto iba al pueblo con un aspecto poco más que andrajoso y muchos, sobre todos los más chicos, salían despavoridos ante su andar. La vieja bruja la llamaban los mocosos. Pero las ideas siempre vienen de sus mayores. Un atardecer, varios niños (o no tanto), fueron a ver como ardía el árbol, con tanta mala suerte que una rama se cortó y cayó sobre uno de ellos. Matándolo en el acto. El pueblo necesitaba encontrar culpables. Y claramente el nombre que se oyó en el medio de las discusiones de los vecinos fue claro: Maruja. Se convencieron y fueron hasta esa humilde casona de campo para pedirle explicaciones. La mujer no entendía nada, y hasta confesaba que nunca había visto al árbol prenderse fuego. Eso hizo que la rabia de la multitud se volviera más cruel. Hubo golpes, torturas, pero Maruja nunca cambió su opinión. Por la noche, mientras el árbol ardía, su corazón dijo basta. En ese momento, el árbol se iluminó como nunca antes, se veía hasta desde otros pueblos. 



Los vecinos imaginaron que fue el último suspiro lo que lo llevó a eso. Nunca se supo. Y si, después de la muerte de Maruja, al contrario de lo que todos pensaban, el árbol siguió ardiendo. Fueron días, semanas, meses. Hasta que un buen día, cuando ya nadie lo recordaba, no lo hizo más. Pero la tumba de Maruja si llevaba algunas mujeres, para muchos, pecadoras, que iban a pedirle justicia, perdón o simplemente, un consejo. Esa historia me recuerda a otra de Eduardo Galeano, que nos contaba lo siguiente: El libro Malleus Maleficarum, también llamado El martillo de las brujas, recomendaba el más despiadado exorcismo contra el demonio que lleva tetas y pelo largo. Dos inquisidores alemanes, Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, lo escribieron, por encargo del Papa Inocencio VIII, para hacer frente a las conspiraciones demoníacas contra la Cristiandad. Se publicó por primera vez en 1486, y hasta fines del siglo dieciocho fue el fundamento jurídico y teológico de los tribunales de la Inquisición en varios países. Los autores sostenían que las brujas, harén de Satán, representaban a las mujeres en estado natural: «Toda brujería proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable.» Y demostraban que «esos seres de aspecto bello, contacto fétido y mortal compañía» encantaban a los hombres y los atraían, silbidos de serpiente, colas de escorpión, para aniquilarlos. Y advertían a los incautos, citando a la Biblia: «La mujer es más amarga que la muerte. Es una trampa. Su corazón, una red, y cadenas sus brazos.» Este tratado de Criminología, que envió a miles de mujeres a las piras de la Inquisición, aconsejaba someter a tormento a todas las sospechosas de brujería. Si confesaban, merecían el fuego. Si no confesaban, también, porque sólo una bruja, fortalecida por su amante el Diablo en los aquelarres, podía resistir semejante suplicio sin soltar la lengua. 



El Papa Honorio III había sentenciado que el sacerdocio era cosa de machos: – Las mujeres no deben hablar. Sus labios llevan el estigma de Eva, que perdió a los hombres. Ocho siglos después, la Iglesia católica sigue negando el púlpito a las hijas de Eva. El mismo pánico hace que los fundamentalistas musulmanes les mutilen el sexo y les tapen la cara. Y el alivio por el peligro conjurado mueve a los judíos muy ortodoxos a empezar el día susurrando: – Gracias, Señor, por no haberme hecho mujer… Ya en el siglo XIX, aparece el poema en prosa Levana y Nuestras Señoras del Dolor, extraído del libro Suspiria de Profundis, de Thomas de Quincey. En él se contaba la historia de tres hermanas de la costa del Mar Negro que, haciendo uso de la brujería, extendieron su reinado de terror alrededor del mundo, alcanzando gran poder a medida que dejaban un reguero de destrucción a su paso. En el siglo XIX, Mater Lechrymarum, la Señora de las Lágrimas; Mater Suspiriorum, la Señora de los Suspiros; y Mater Tenebrarum, Señora de las Tinieblas, como eran conocidas, ordenaron al arquitecto y alquimista Emilio Varelli la construcción de sus respectivas residencias, en Friburgo (Alemania), Nueva York (Estados Unidos) y Roma (Italia), desde donde controlarían la humanidad a través del dolor, las lágrimas y la oscuridad. Será la Señora de los Suspiros, la parte que Dario Argento llevará a la pantalla en 1977 (la otras llegarán en un lapso de 30 años) bajo el nombre Suspiria. 



El film nos cuenta la historia de Susy, quien llega desde Nueva York a Friburgo para estudiar danza en una renombrada academia alemana. Ya desde el comienzo algo nos va a llamar la atención. Del aeropuerto la imagen se va con la protagonista, con un blanco angelical. A sus costados dos mujeres de rojo la pasan por al lado. La imagen muestra la puerta de salida con una de ella cruzándola. Un afroamericano con un guitarra y luego una pareja de ancianos vestidos de verde completan la escena. Ella de blanco impoluto sale de del aeropuerto mientras la bufanda se le vuela hacia atrás formando las alas de un ángel. Lo diabólico y lo angelical quedarán marcados en el comienzo mismo del film. El sonido de la lluvia y la música de la banda Goblin empezarán a confirmar que serán parte importante durante todo el metraje. Ella desde un taxi mira la lluvia y el agua que se junta, acaso símbolo de la purificación, o de la tormenta que será una especie de pasaje ritual, el que une a los muertos de los vivos. Un bosque y la llegada a la Academia, pintada con un rojo furioso. La salida de una joven será el comienzo de una historia que se transformará en pesadilla. Argento seguirá a esa joven y ahí veremos una puesta en escena magnífica. Comenzarán los asesinatos y todo se volverá asfixiante. La fotografía de Luciano Tovoli representará a la perfección lo que Argento pretendía. La paleta de colores compuesta por los colores rojo, azul y verde, pasando por algún salmón o rosado cada tanto, logra traspasar la pantalla. La escenografía será perfecta. Habrá partes que recuerden al expresionismo, a cierta cultura pop en algunas escenas, pero también destaca todo lo relacionado a la pintura y arquitectura. 



Habrá Art Decó y Art Noveau por doquier, habrá homenajes a diferentes pintores y artistas y también encontraremos algunas palabras escondidas que nos llevarán a la literatura. La trama seguirá a Susy en busca de sobrevivir en esa academia y tratando de encontrar respuesta a los asesinatos. El guion quizás se irá por las ramas y encontraremos un final no tan a medida de las expectativas generadas. Pero seguiremos maravillados con la puesta en escena y con esas imágenes que nos llevan a preguntarnos que nos está diciendo. El símbolo de la masonería aparecerá en algunos pasajes del film y la flor de lis, otro símbolo masón, será clave en el final. También en otras religiones es importante, como en la egipcia, que es la puerta a los Jardines Colgantes de Babilonia. Aquí es la manija de la puerta donde Susy empieza a descubrir todo, en un pasillo con pinturas doradas que recuerda a un útero, donde al final está la reunión de brujas. Ella, la ingenua con buena moral descubrirá todo. Y si con la puesta en escena no alcanza, la mano del director se verá en los excelentes planos, algunos simétricos que recuerdan a Kubrick, los travellings, los excelentes planos secuencia, en esa sangre espesamente roja y, sobre todo, en los planos detalle que todo amante del terror necesita. Y también en esa sensación de perturbación e inseguridad que se esconde entre cada decorado, que logran una experiencia visual fantástica. El fuego finalmente lo consumirá todo, como en ese árbol que contamos al principio. Quien sabe, si el día después esa academia de las brujas renacería de sus cenizas.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ARGENTO

 


Nacido en Roma el 7 de septiembre de 1940, estuvo vinculado a las artes desde su niñez, ya que era hijo de un productor cinematográfico y de una fotógrafa profesional. A comienzos de su carrera se desempeñó como redactor en diversos diarios, y más adelante trabajó como guionista para cineastas como Sergio Leone, Tonino Cervi, Alfio Caltabiano y Armando Crispino, en géneros como el wéstern, el cine erótico y el cine bélico. Su debut detrás de las cámaras fue con la primera parte de la llamada “trilogía animal”, cuando en 1970 dirigió El pájaro de las plumas de cristal, sobre un joven escritor americano que está en Roma, presencia un asesinato y empieza a investigar a un asesino en serie. Fue el comienzo del director con el género llamado Giallo, que lo marcaría en toda su carrera. En 1971 llega El gato de las nueve colas, sobre otro asesinato donde un ciego es un testigo clave. La trilogía cierra con Cuatro moscas de terciopelo gris, con otra historia sobre asesinatos en las que se ve involucrado un baterista de rock. Da un paso a la comedia con el film La quinta jornada de 1973 ambientada en la Roma del Siglo XIX. Empieza a ser reconocido internacionalmente gracias al film de 1975 titulado Profundo Rojo, donde un compositor inglés presencia en Roma el brutal asesinato de una médium, e inmediatamente trata de localizar al sádico asesino. 



En 1977 filma la primera parte de la llamada Trilogía de las Tres Madres: Suspiria, que vuelve a llamar la atención de la crítica internacional. Tres años después llega la segunda parte: Inferno, que es una especie de secuela de Suspiria, donde una joven poetisa encuentra un antiguo diario en latín y descubre la existencia de las Tres Madres del Mal y empieza a creer que en su apartamento habita una de ellas. Sus films sobre asesinos en serie siguen con Tinieblas en 1982, Phenomena en 1985, con una adolescente Jennifer Connelly y Terror en la ópera de 1987, en la que para muchos fue la última gran película del director. 



En los años ´90 llegaron Ojos diabólicos, Trauma (su primer film americano, con su hija Asia Argento), El arte de matar y El fantasma de la Ópera. Ya en el siglo XXI su cine ha ido cada vez más en decadencia para los especialistas, aquí aparecen films como Insomnio (con el gran Max Von Sydow), El jugador, La madre de las lágrimas, que completa la trilogía de las Madres, Giallo (segundo film americano), Drácula 3D y su último film titulado Occhiali Neri (Dark Glasses en inglés).

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Suspiria

Año: 1977

Duración: 101 min.

País: Italia

Dirección: Dario Argento

Guion: Daria Nicolodi, Dario Argento. Libro: Thomas De Quincey

Reparto: Jessica Harper, Stefania Cassini, Flavio Bucci, Udo Kier, Miguel Bosé, Rudolf Schündler, Joan Bennett, Alida Valli.

Música: Goblin, Dario Argento, Massimo Morante, Fabio Pignatelli, Claudio Simonetti

Fotografía: Luciano Tovoli

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 23 de octubre de 2024

FUE LA MANO DE DIOS - E STATA LA MANO DI DIO DE PAOLO SORRENTINO

PROGRAMA 448 (04-10-2024)

 

SINOPSIS

 

El oscarizado guionista y director Paolo Sorrentino presenta la historia de un chico, Fabietto Schisa (Filippo Scotti), en el turbulento Nápoles de los años ochenta. En "Fue la mano de Dios", hay lugar para alegres sorpresas, como la llegada del legendario futbolista Diego Maradona, y para una tragedia igual de imprevista. El destino interpreta su papel, la alegría y la desdicha se entrelazan y el futuro de Fabietto echa a rodar. Sorrentino vuelve a la ciudad que lo vio nacer para contar su historia más personal: un relato sobre el destino y la familia, los deportes y el cine, el amor y la pérdida. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El olor a tierra mojada todavía persistía en sus narices. El barro era un pasajero más debajo de sus suelas. Se sentía el gusto a ese último pucho mientras la tumba se cerraba. La soledad era abrumadora. La vida ya no era la misma. La veía como una prisión injusta. ¿Se podría escapar de eso? El ruido del tren sonó como un despertador, corrió por las vías hasta encontrarse con ese vagón que lo abrazó por primera vez. Todos los mundos se unieron ahí dentro. Vendedores ambulantes y postulantes de abogacía. Músicos callejeros y psicólogas inmaculadas. Bebedores de cervezas y secretarias ejecutivas. Había de todo para observar en un viaje largo, de esos que ya no se hacen más. Pasar por pueblos que hoy son sombras de lo que fueron. Las grandes ciudades se unían entre vagones y asientos exclusivos. El sol del atardecer lo hundió en el sueño más profundo. De pronto estaba en un atril aplaudido por todos. Los fotógrafos se abalanzaban a su paso. Las mujeres más bellas que jamás imaginó hacían fila para saludarlo. Y de esos ojos alguna que otra lágrima empezó a caer. Aparecía en el fondo la sonrisa de su padre, con esa musculosa blanca bien de los ´50. Las manos de su madre amasando quien sabe qué. Los gritos de los vecinos de enfrente, siempre terminando con amenazas que nunca se cumplían. La pelota de cuero que, aunque mojada, nadie debía esquivar, para no ser el hazmerreír del barrio. Las primeras miradas sin querer queriendo, los primeros amores, las primeras vergüenzas. 



El primer baile, el último abrazo. Los desconocidos que en segundos eran los mejores amigos. Los celos y la vuelta del colegio. La lluvia que hacía a las calles más pobres, inundadas, chapoteando entre barro y baldosas flojas que tenían más años que los abuelos del lugar. La policía que amenazaba por cualquier cosa y recibía algún vuelto que quedaba por ahí. El mundo que parecía pequeño, pero a la vez gigante cuando el mar apareció antes sus ojos. Las navidades que parecían interminables, las mismas anécdotas de siempre y algún integrante fugaz que las fotos lo destacarían de por vida. Los perros de la cuadra siempre esperando alguna migaja. Aparecían como en fotogramas el ferretero, el almacenero, el afilador de cuchillos, el vendedor de helados que hacía feliz cada verano. Tiempo olvidado. Tiempo que se fue y ya no volverá. Caras gastadas de sudores y sangre. Cuando esos ojos se abrieron treinta años después y el barro se juntó con el oro y esas historias de damas bellas y fotógrafos hambrientos se hicieron realidad. Los olores y las máscaras eran distintas pero su interior seguía siendo el mismo. El champagne y los autos de lujo eran su nuevo portal. Las grandes marcas le regalaban los mejores relojes, trajes y zapatos, que generalmente donaba por ahí. La prensa se hacía eco de las hazañas, pero disfrutaba más cualquier caída. Así de rancios suelen ser. Entonces necesitaba volver a ser. Y así, de vez en cuando se daba una vuelta por sus esquinas para recordar ese mundo que casi no existía. Muchos se sorprendían, pero en el fondo seguían debatiendo si hizo un pacto con el Diablo o si fue la mano de Dios…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE FUE LA MANO DE DIOS

 


Estamos solos. Estamos solos y tristes, pero vamos, eso ya lo sabemos. Eso, hoy, tal vez no sea lo peor, lo más terrible. Se ve en nuestras caras, en nuestra forma de caminar. Se oye en las charlas que tenemos en los bares, algunas canciones lo alertan. Hemos apagado el reloj. Ya nadie espera nada en ninguna parte. Ya nadie ejerce aquel ensayo del futuro que es la esperanza, nadie la practica. La realidad, que es nuestro aquí y ahora, ese instante vertiginoso en el que verdaderamente somos, se ha vuelto un lugar inhabitable. No registrar el ahora, no poder habitarlo, es siempre una mala noticia. El viento se lleva aquella frase que resuena en nuestra cabeza a otros oídos. Nuestro cuerpo resuena con aquel decir maldito. Así no se puede vivir más, ese es el mantra que atraviesa hoy nuestra existencia, eso es lo primero del día. En uno de sus últimos poemas escrito en el año 1971, Alejandra, dejó tal vez su más crudo anuncio, su botella arrojada al mar, su grito desesperado. En aquel verso abatido, que ella escribió desde la sala 18 del hospital Pirovano, Pizarnik dijo: Yo, por mi parte, no puedo más. Un año más tarde, en 1972, dejaría escrito en una pizarra la frase: No quiero ir nada más que esta el fondo, para luego quitarse la vida con una sobredosis de seconal. 



Hace algún tiempo, luego de dar una clase magistral, le preguntaron a Fernando Birri para qué servía la utopía. El cineasta aguardó un segundo y respondió: Esa pregunta me la formulo todos los días. La utopía está allí en el horizonte. Yo sé que no la alcanzaré nunca. Yo sé qué si camino diez pasos, ella se alejará diez pasos, si camino 20, ella se encontrará 20 pasos más lejos. Tengo la certeza de que nunca jamás la alcanzaré. ¿Vos me preguntas para qué sirve? La utopía sirve para eso… para seguir caminando. La realidad hoy nos encuentra de pie, sí, pero inmóviles. Y esa es quizás la peor de nuestras traiciones, el gran síntoma de toda esta enfermedad. Si no caminamos, si ya no nos movemos, si ya no nos movemos con y no nos conmovemos, si no sacudimos el polvo de lo que somos de los anchos hombros de la existencia, ¿Cómo haremos que la espera se convierta al fin en esperanza? ¿Cómo haremos de esta realidad un refugio amable para nuestros días? En el libro O lo uno o lo otro, más específicamente en Diario de un seductor, Søren Kierkegaard escribe las siguientes líneas: No pertenecía al mundo de la realidad, pero sus relaciones con él eran muchas. A penas la realidad perdía su poder estimulador se encontraba desalmado y el espíritu del mal se encontraba a su lado. Los seres humanos eran para él solamente un estímulo, un acicate. Yo también me siento arrastrado en aquella zona nebulosa, en aquel mundo de ensoñación, donde nos asustamos a cada instante de nuestra propia sombra. 



Este párrafo de Kierkegaard bien podría describir parte del perfil del personaje de Fabietto Schisa, joven protagonista del film Fue la mano de Dios, dirigido y guionado por Paolo Sorrentino. El film nos hablará justamente de la esperanza cuando ya no esperamos nada. Hará un paralelismo bellísimo entre el personaje y su ciudad natal, entre la Nápoles olvidada por su propia patria y su vida personal en un momento particular. La fotografía que trabajará el metraje será en su mayoría naturalista hasta volverse barroca en sus momentos más dramáticos. El balance compositivo de cada uno de los planos será destacable en todo el film. El director sabrá colocar la cámara poéticamente, economizando movimientos, pero lo que logrará sobre todo será transmitir la belleza invaluable de las locaciones napolitanas. Habrá allí un desafío complejo, el mostrar la tristeza de lo bello. La angustia ancestral de Adán al tomar consciencia de sí mismo dentro de un paraíso armado en exclusiva para él. El silencio de la palabra, su ineficacia, ante tal despertar. Fabietto sufrirá una tragedia familiar a una edad muy temprana. Claro que no hay edad ideal para transitar una tragedia, pero es verdad, o quizás más probable, que a una edad avanzada el hecho nos encuentre mejor parado, con otras herramientas. A los 15 años, la cosa cambia. Sufrir una perdida estructural en aquel período, afecta con certeza al desarrollo emocional de cualquier persona. 



Fabietto dejará de ser hijo en el momento que más necesita a sus padres. El universo, que para él era aquella zona nebulosa, aquel mundo de ensoñación, donde nos asustamos a cada instante de nuestra propia sombra, aquel que nos describía Kierkegaard hace un rato, se volverá distante y hostil. El mundo le exigirá certezas a él que solo tiene preguntas, a él que solo acuna miedos y que ya no cuenta con ningún papá o mamá que espante con palabras tiernas a los fantasmas que lo atormentan. El relato tendrá una estructura lineal y contará con algunos flashes oníricos que servirán para describir el universo emocional del personaje. El punto de vista narrativo será el de joven Fabietto, por lo que el director nos hará recorrer la curva dramática a través de sus ojos. Espiaremos a Patrizia con su picardía, observaremos con fascinación a su hermano que intentará realizarse en la actuación, soñaremos al conocer a Armando, su amigo contrabandista, con lanchas recorriendo el mar a toda velocidad y nos perderemos en su sonrisa cuando se desarme a carcajadas junto con su padre. El guionista, tal como lo adelantamos antes, trabajará el paralelismo de los puntos de quiebre de la ciudad de Nápoles al llegar Diego Armando Maradona y el generado tras la tragedia sufrida por Fabietto. Se confrontará la espera con la esperanza, la visualización de un futuro prometedor con el estatismo más pétreo y angustioso. Pero Fabietto lo resolverá, se dará cuenta que podrá volver a ser feliz a pesar de todo, podrá volver a caminar, pero sabiendo que ahora lo hace con sus propios pasos, podrá salir con inteligencia, con instinto, con ternura, pero sobre todo podrá amigarse con la realidad, gracias aquello, tan especial, que todo el mundo tiene.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SORRENTINO

 


Nacido en mayo de 1970, nació en Nápoles, en el sur de Italia.

 Su comienzo fue en el año 1998, con un corto titulado L'amore non ha confin. La historia de un sicario que es enviado a realizar un encargo y allí se lleva la sorpresa de encontrarse con un amor de juventud. Su primer largo fue en 2001, L'uomo in più. Habla de Nápoles en los años 80. Época de bonanza en la Italia del éxito fácil. Dos hombres comparten el mismo nombre, la misma fecha de nacimiento: uno es futbolista, el otro cantante. Sus destinos se cruzan por azar en tiempos de decadencia para ambos. En 2004 dirige Las consecuencias del amor, la historia de un hombre que lleva ocho viviendo en la habitación de un hotel suizo. Ocho años sin trabajar, fumando en silencio, sentado en el vestíbulo o en el bar del hotel. Una atroz rutina, esperando eternamente a que ocurra algo. Observa cómo transcurre la vida sin expresar ningún sentimiento ni emoción. No tiene a nadie. Está solo. ¿Cuáles son los secretos inconfesables de Titta? 



En 2006 llega El amigo de la familia, donde Geremia, un sastre y usurero de avanzada edad, es un hombre repulsivo y tacaño que vive en una casa destartalada con su madre enferma. Su relación con el dinero es morbosa y obsesiva, y suele usarlo para entrometerse en los asuntos de los demás, fingiendo ser un buen amigo de la familia. Un día, un hombre le pide dinero prestado para la boda de su hija, de la que el avaro se enamora a primera vista. El film fue nominado a la Palma de Oro en Cannes Dos años después llega otro gran éxito con Il Divo, Film sobre uno de los personajes más controvertidos de la política italiana: Giulio Andreotti, que fue jefe del gobierno en siete ocasiones. Narra las presuntas relaciones de Andreotti con la mafia siciliana, los delitos por los que fue procesado en los años 90 y absuelto por falta de pruebas. Una de las mejores películas italiana de los últimos años para la crítica. En 2011 llega Un lugar donde quedarse, donde Sean Penn es un excéntrico músico que vive en Dublin, y se tiene que volver a Nueva York por la muerte de su padre y descubre que su progenitor buscaba vengarse de una humillación. Su hijo intentará cumplir lo que su padre no pudo. En 2013 se termina de hacer conocido en el mundo gracias a La Gran Belleza, con la que logró el Oscar a mejor película extranjera. 



En el año 2015 estrenó Youth (La juventud), la historia de un director de orquesta y otro de cine que se encuentran en un hotel de los Alpes. El primero ha abandonado la carrera musical, pero le llega una propuesta de un emisario de la Reina Isabel para que vuelva a tocar: dirigir un concierto en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe. Con actores de la talla de Michael Caine, Harvey Keitel y Rachel Weisz. Al año siguiente dirigió la serie El joven Papa con Jude Law y luego de varios cortometrajes, volvió a hacer un largo con la biografía Silvio (y los otros), basada en la vida de Silvio Berlusconi y en algunos lugares dividida en dos partes (Loro 1 y 2). Luego llegó el tutno de Fue la mano de Dios y este año estrena la epopeya de Parthenope, otra vez con Nápoles como protagonista. Se dice que para el año que viene habría un rodaje con Jennifer Lawrence, que sería un biopic de la superagente de Hollywood Sue Mengers.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: È stata la mano di Dio

Año: 2021

Duración: 130 min.

País: Italia

Dirección: Paolo Sorrentino

Guion: Paolo Sorrentino

Reparto: Filippo Scotti, Toni Servillo, Teresa Saponangelo, Luisa Ranieri, Marlon Joubert, Renato Carpentieri, Massimiliano Gallo, Betti Pedrazzi, Biagio Manna, Ciro Capano, Enzo Decaro, Sofya Gershevich, Lino Musella

Música: Lele Marchitelli

Fotografía: Daria D'Antonio

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 10 de mayo de 2023

ALEMANIA, AÑO CERO - GERMANIA, ANNO ZERO DE ROBERTO ROSSELLINI

PROGRAMA 406 (28-04-2023)

 

SINOPSIS

 

Edmund, un niño de doce años, intenta sobrevivir a las duras condiciones de la postguerra alemana, especialmente en Berlín, una ciudad que ha quedado completamente derruida tras la Segunda Guerra Mundial. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El gran conflicto del ser humano siempre ha sido el otro. Hablo del otro como ser, como entidad diferente al que soy, el otro como otredad. Aquel ser que es lo que yo no soy. Hablo del límite, hablo de aquel ente que conspira contra los propios intereses, hablo de la amenaza, de ese peligro que acecha. Hablo de aquel otro que no solo es diferente, sino que excede a quien yo soy, quien yo creo ser, a quien yo percibo que fui y aquel que proyecto que seré. Quizás todo, entonces, este en la percepción. Quizás el gran problema del ser humano no sea el otro, sino su capacidad de percepción, su capacidad de entender el mundo, de limitarlo, su reconocimiento cognitivo del lugar que habita, su limitación geográfica, su sumisión al poder, un poder ejercido por otros, su naturalización de lo establecido, de aquello ya dicho, su reducción salvaje al lenguaje heredado, su punto de vista aceptado, su definición por aquello que no es, o sea, claro, por el otro, por reconocer y percibir a ese otro. El gran conflicto del ser humano, entre muchos otros grandes conflictos, quizás sea su existencia. Existir en un mundo donde el protagonismo es compartido, donde el miedo al abismo oscuro de la noche, lo hizo correr desesperado en busca de un refugio donde resguardar su vida, sus creencias, donde resguardar su ser, distinto a aquel otro ser, que también, tanto como él, solo buscaba ser siendo. 



La idea de nación, de nacionalismo, la construcción misma de un ser nacional, no es otra cosa que el acuerdo tácito de la construcción de un yo común, de un yo masa sin diferencias ni particularidades. De un yo que se identifique con el otro, un yo que lo absorba, lo fagocite, y peor aún… lo interprete. Lo traduzca a su propia forma, a su propia lógica, a su propia subjetividad. Después de todo ¿quién demonios sabe qué es ser argentino? ¿qué significa aquella pavada de la argentinidad, de la viveza criolla? ¿Acaso nos define comer asado, bailar un tango o tener preferencia por este o aquel equipo de futbol? El ser nacional es introducir al otro en un relato propio, es hacerlo accesible. Convertirlo en la propia ficción. Violentarlo, violarlo en lo más profundo de su miserable existencia. Traducirlo a la propia lengua, declararle la maldita guerra a su ser. Reducirlo, domesticarlo. Hacer de aquello un otro posible a sabiendas de que se trata de un radicalmente otro, de un ente inabordable y sin acceso alguno. De un ente Inalcanzable. Construir un ser nacional es quizás buscar una convivencia con el otro y para ello, claro, es menester la construcción de lugares comunes, de puntos de encuentros para borrar definitivamente aquella atormentadora pregunta de quienes somos, para olvidar de una buena vez por todas, la falta de sentido de todo este circo que se cae a pedazos por la tristeza de los payasos que lo componen, esa soledad absoluta que nos invada en forma de angustia y nos interpela en cualquier descuido. Estar con otro, no es estar con otro, sino es estar con uno mismo en aquel otro. El yo insiste en hacer del otro siempre un medio para su necesidad, anulándolo como ser, convirtiéndolo en un medio para sí mismo. La soledad del viaje es infinita. El ser humano, es su propio gran conflicto.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES ALEMANIA, AÑO CERO

 


Desde un edificio en ruinas se ven las heridas de un pueblo que quiere cicatrizar. Años, décadas, y quizás hasta siglos harán falta para deshacerse de los fantasmas. Aunque algunos todavía habitan escondidos en sus refugios. El súper hombre imaginado por Nietzche viró de tal manera que se transformó en una masacre. El poder y la ambición se coronaron como vencedores de un juego sin igual. Miles de mentes fueron seducidas por los discursos del odio. En algunos lados nada ha cambiado, se siguen vertiendo esos discursos sin entender cuál puede llegar a ser su peligro. Y la propaganda mediática sigue al servicio de ellos. Pero volviendo al pasado: ¿Cómo jugará en la mente de un niño semejante violencia? Será quizás hasta natural. Crecer sin sentirse culpable de la locura que le tocó vivir será la principal apuesta. Desandar los caminos de la miseria, rodeado de pobreza y marginalidad será la moneda corriente de esos años. Esa culpa invadirá tanto a sus habitantes que hasta los símbolos patrios serán puestos en duda. Esas ruinas son las que impactan en el primer visionado del film Alemania, año cero de Roberto Rossellini. Berlín es un esqueleto gigante que parece descomponerse de a poco. El director, famoso por ser el primer director del Neorrealismo, muestras las penurias de un pueblo hundido por sus propias decisiones. La cámara seguirá al joven Edmund, un niño de doce años, por las calles alemanas. El intento de sobrevivir y la muerte que acecha estarán presentes todo el tiempo. Ya desde el comienzo lo vemos al niño remover tierras para crear tumbas y ganarse alguna moneda. Pero es expulsado por tener menos de 13 años. 



Rossellini luego nos mostrará a su familia, entre los que se encuentran su padre que se siente una carga para todos los que viven allí, su hermana Eva, quien sale por las noches con soldado aliados y su hermano Karl, quien está escondido por haber sido soldado del régimen nazi. Los escenarios naturales hacen todo más dantesco. La fotografía en blanco y negro permiten ver el juego de luces y sombras de esos edificios demolidos. Algunas tomas se hicieron en esa Berlín sacudida por la guerra, lo que hizo que ciertos planos parezcan documentales. El director utilizó planos largos y amplias panorámicas de la ciudad para generar ese vacío, para que todo sea más deplorable. La cámara en mano y sus travellings largos logran que el andar, la mirada y las expresiones de Edmund sean más naturales. El guion será lineal y se trabajó bastante con la improvisación, en particular en las escenas tomadas al aire libre. Como casi siempre, contó con mayoría de actores no profesionales. Al igual que Umberto D., el film no es cien por ciento neorrealista, ya que se trasladaron a Italia para las acciones situadas en el interior de la casa. Rossellini no juzga, pero muestra esa sociedad cabizbaja. Sin ningún prurito, nos resalta la imagen del profesor de Edmund, un personaje deleznable que sigue idolatrando la figura de Hitler mientras utiliza su poder y tiene la firme idea de la supervivencia del más fuerte, mientras se resaltan signos de pedofilia y abuso infantil contra la más pura inocencia. La decadencia moral en su máxima expresión. Quizás por eso, solo la muerte puede acabar con tanto dolor. En esas imágenes de iglesias, monumentos y estatuas destruidas, en ese polvo que abunda en las calles y en esa desesperanza donde el precipicio parece ser la única salida, está el retrato de ese joven que vaga como un fantasma sin rumbo. 



Rossellini siempre enfatizó que prefería mostrar la vida cotidiana y no una película de guerra “Filmar la verdad para construir la moral enfrentada a la existencia” declaró alguna vez. La verdad desde la mirada de un niño que tiene que ganarse el pan y su luchar por sobrevivir en una ciudad desangelada. Una ciudad que tenía que recomponerse, en medio de un proceso de desnazificación, donde todos eran sospechosos. Como renacer de las cenizas era el gran enigma. Ya lo había intentado décadas antes, pero volvió a surgir el odio y todo volvió para atrás. Cambio de moneda, planes asesorados por grandes potencias, pleno empleo, asistencia social y miembros sindicales en la toma de decisiones de las empresas lograron que en pocos años la economía progrese de una manera impensada. El milagro alemán estaba hecho. Las ruinas pronto se transformaron en una ciudad en constante cambio. El odio empezó a transformarse en fraternidad mientras las fábricas de cervezas festejaban. Un muro dividió su mundo hasta que todo volvió a transformarse en uno. Las máquinas siguen trabajando y los edificios se vuelven cada vez más lujosos. Pero ojo, los fantasmas están ahí, todavía escondidos, pero con ganas de salir en cualquier momento para volver a purificar esa raza aria que hoy sienten transformada. Porque el miedo siempre está latente, esperando abrir esa jaula para que ciertos monstruos nos sigan acechando.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ROSSELLINI

 


Roberto Rossellini nació el 8 de mayo de 1906 en una familia burguesa en Roma. Su padre, Angélico Giuseppe, construyó la primera sala de cine de la ciudad, el Cine Corso, en 1918, y años más tarde, el Barberini. Rossellini pasaba mucho tiempo en estas salas y conoció el trabajo de King Vidor, influencia determinante en su carrera. Al mismo tiempo tenía un fuerte interés en la mecánica, que plasmó en inventos de gran ingenio. Llegó a construir un zoom modificado 25/250 mm con control remoto, utilizado en muchas de sus películas. Tras la muerte de su padre y la rápida disolución de la fortuna familiar, Rossellini entró en contacto con el mundo del cine. Su ingreso en el ambiente cinematográfico se vio facilitado por las numerosas relaciones que tenía con gente que trabajaba en el ambiente. Su primer trabajo en la industria fue como técnico de sonido. Comenzó su carrera en 1936 dirigiendo algunos cortometrajes y realizando documentales con temáticas naturalistas, como Fantasía submarina (1939). La nave blanca (1942) fue su primer largometraje rodado con actores no profesionales en un barco real. Más adelante trabajó en producciones de propaganda en títulos como Un piloto regresa y El hombre de la cruz, guionados por el propio Mussolini. Eran los tiempos de Mussolini; Italia había entrado en guerra al lado de Alemania y el régimen fascista quería utilizar el cine como medio de propaganda, de ahí que reclutara entre las clases acomodadas a jóvenes que quisieran participar en sus producciones. El Fascio no exigía grandes compromisos políticos y el joven Rossellini tampoco se comprometía. Lo que a él le interesaba de verdad era rodar y aprender la técnica del cine. Trabajó como ayudante de dirección, luego como montador y finalmente como director. Su primera película, en 1942, fue una cinta de aventuras encargada por el Ministerio de Marina. Se titulaba “La nave blanca” y en ella utilizaba a actores no profesionales para contar las peripecias de un barco hospital italiano durante la guerra. Tras ésta rodaría otras películas de propaganda pero a medida que la guerra avanzaba el burgués Rossellini empezó a tomar conciencia de los crímenes del fascismo y de la represión nazi. En la Italia de los años '40 fue forjándose lo que se convertiría en neorrealismo. Por distintas vías se reclama que en contra de la censura, el cine sea un reflejo exacto de la realidad.  El neorrealismo centró su atención en el hombre considerado como ser social, es decir, desde una perspectiva antropológica. Su trilogía de la guerra está compuesta por tres películas fundacionales del movimiento: Roma ciudad abierta, Paisà y Alemania año cero. 


La fama le llega a Rossellini tras dirigir Roma,ciudad abierta (1945) con la ayuda de Federico Fellini y con Aldo Fabrizi como actor. La película representó el emblema de una tendencia cinematográfica que se extendería unos diez años con el neorrealismo. "Las cosas están ahí, ¿por qué manipularlas?" dijo alguna vez. El guión de Roma, ciudad abierta fue coescrito por Rossellini, Sergio Amidei, Federico Fellini y Celeste Negarville. La película está inspirada en la historia verídica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la Resistencia. Paisà integra seis historias intercaladas al final de la guerra desde la invasión aliada en Europa, en julio de 1943, hasta el invierno de 1944. Alemania año cero narra la vida de Edmund, un niño de doce años que sobrevive en el Berlín de posguerra manteniendo a su familia. "Con el neorrealismo nos vimos desde fuera, de modo despejado, casi con descuido, castigando con ese descuido todas nuestras ambiciones creativas. Así le fue devuelta su autenticidad a las cosas, llegando a una función del cine que ya no era personal, egoísta, sino social". Stromboli es el resultado de una famosa carta escrita a Rossellini por Ingrid Bergman. Ella le expresaba admiración por su trabajo y el deseo de trabajar con él. Es recordada, también, por la relación que se estableció entre Rossellini y Bergman a partir de su trabajo conjunto, así como por el romance que mantuvieron y el hijo que tuvieron fuera de sus respectivos matrimonios. Europa 51 (1952) es un manifiesto dramático ante el drama social de la posguerra, protagonizado por Ingrid Bergman. Una mujer burguesa se entrega a la caridad cristiana para con un pueblo -ese mismo pueblo que tiempo antes le era indiferente-, luego de recibir el shock traumático tras la muerte de su hijo. 



Ya no creo en el amor (La paura), de 1954, es una adaptación libre de la novela Miedo, de Stephan Zweig, concebida como la continuación de Alemania año cero. "Es mi película mejor construida, y en la que la historia adquiere más significado… Habla de la importancia de la confesión, ya que es donde se puede esperar una cierta humildad y un gran espíritu de tolerancia".  En 1959, fascinado por las posibilidades que ofrecía el nuevo medio, Roberto Rossellini realizó su primer trabajo televisivo, L'India vista da Rossellini, que inauguró una serie de obras para la pequeña pantalla que ocuparían su última etapa creativa y de entre las que destacan La edad del hierro (L'età del ferro, 1965), La toma del poder de Luis XIV (La presa di potere di Luigi XIV, 1967), además de estudios biograficos como los dedicados a los filósofos Sócrates (Socrate, 1971) y Blaise Pascal (1972). Algunos otros films de su extensa filmografía fueron: El amor, Francisco, juglar de Dios, La máquina matamalvados, Nosotras las mujeres, Juana de Arco, Ya no creo en el amor, Viaggio en Italia, El general de la Rovere o Era noche en Roma. Desde una posición humanista cercana a la del hombre del Renacimiento, Rossellini reivindicó una ética de las imágenes y cada film como una experiencia de conocimiento. Su estética e ideas influenciaron a movimientos cinematográficos posteriores como la Nueva Ola Francesa. El director que introdujo la modernidad en el cine falleció el 3 de junio de mayo de 1977, días después de haber presidido el jurado del Festival de Cannes.

 

FICHA TÉCNICA


Título original: Germania, anno zero

Año: 1948

Duración: 74 min.

País: Italia

Dirección: Roberto Rossellini

Guion: Roberto Rossellini, Carlo Lizzani, Max Colpet. Idea: Basilio Franchina

Música: Renzo Rossellini

Fotografía: Robert Juillard (B&W)

Reparto: Edmund Moeschke, Ernst Pittschau, Barbara Hintz, Franz-Otto Krüger, Alexandra Manys, Erich Gühne

 

PELÍCULA COMPLETA