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lunes, 26 de diciembre de 2022

YEELEN DE SOULEYMANE CISSÉ

PROGRAMA 393 (09-12-2022)

 

SINOPSIS

 

Un viejo hechicero africano, representante de una tradición secreta imperante en su etnia, persigue a su hijo para destruirlo -según dice- por no respetar sus mismos preceptos religiosos. En su huida, las diversas peripecias por las que atraviesa el joven se convierten en las pruebas de un penoso proceso de maduración... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El viejo bebió la última gota de sangre para terminar con la maldición. Su tribu lo había erigido líder y no debía nunca verse vencido. Allí, en un paraje desértico, el cielo era infinito. Las estrellas nunca morían. El sonar de los tambores marcaban el inicio del ritual. Los olores se mezclaban con algunos bramidos inentendibles. El humo empezaba a enceguecer las miradas. El fuego asumía el control. Mujeres, hombres y niños bailaban a ritmo frenético. Los cuerpos desnudos se tambaleaban de derecha a izquierda. Los pies levantaban polvo en cada salto. Desde arriba, un pájaro observaba todo, sin entender lo que pasaba debajo de sus alas. No era el único que no entendía. Varios asistentes a la ceremonia, tampoco lo sabían con exactitud. Pero tenían que ser parte de la velada. Algunos hundían sus ojos en la arena para no mirar. En el medio, una víctima como objetivo. 



Sus huesos parecían estrujarse poco a poco. Su sangre se mezclaba cada vez más con la arena. Su pulso iba cada vez más en descenso. Su última palabra casi no había sido oída. Apenas podía balbucear alguna que otra vocal. El infierno tan temido era su próxima estación. La venganza empezaba a condimentarse. Diferentes polvos y líquidos se esparcían sobre su cuerpo. El solo imploraba que sea lo más rápido posible. La traición aparecía como sinónimo de muerte. La muerte, como sinónimo de espanto. El corazón poco a poco dejaba de latir. El viejo bebía un sorbo de la última gota de sangre. De la sangre de un joven al que sus ojos se le empezaban a cerrar. Es la sangre de un hijo a un padre. Es un padre olvidando ser padre. Es el final de una locura ancestral. Es la muerte que gana la batalla. Es el alma que se levanta y luego de varios estallidos, de repente se transforma en luz...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE YEELEN

 


El fin de año lleva consigo, casi inevitablemente, la necesidad de una suerte de balance de aquellos hechos más trascendentes que ocurrieron en el transcurso del mismo. Aquella ilusión de cierre, un cierre casi administrativo, con olor a caja chica y a fondo rotatorio, pareciera actuar sobre algunas almas como una especie de meta a alcanzar. Una meta alcanzada es siempre una esperanza que acciona con facilidad un doble juego. Por un lado, aparece la satisfacción embriagadora de lo concluido, aquella delicia indiscutible de la tarea terminada, y por el otro, la sensación inminente de que ya no somos los mismos. En este sentido, y entregándonos al juego administrativo del balance final, podemos concluir que por lejos, hemos tenido años mucho mejores que este 2022 que finaliza. Cuando menos lo pensábamos, una potencia declara una guerra sangrienta y pone a todo el mundo a bailar a su ritmo. Un virus mortal nos demuestra que la acumulación de bienes no asegura de ninguna manera la permanencia sobre esta roca. Todos somos igual de vulnerables frente a lo desconocido sin importar lo que tu cuenta bancaria quiera contarte. Una mañana cualquiera nos enteramos que Pablo ya no está entre nosotros, otro día, nos sentimos muchos más solos y desesperanzados con la ausencia de Hebe. Sentimos un desasosiego inmenso frente a la perversa impunidad de un imbécil que gatilla en la cabeza de la referente política más importante de toda la Argentina, desasosiego que se convertirá luego en bronca y desaliento al ver días más tarde el atropello de las derechas, que en sociedad con el partido judicial y el apoyo obsceno de los medios de comunicación, dan el fallo más tendencioso y fantasioso de la historia. De un plumazo estos tipos se llevan puesto un 6 de diciembre a las 17:30 horas el estado de derecho. La democracia sufrirá de esa manera un golpe del que costará mucho trabajo reponerse. Los femicidios desayunan con nosotros cada mañana. 



La depresión en la juventud crece de manera insospechada, la vida de todos se llenan de antidepresivos y los medicamentos psiquiátricos pasan a formar parte de los gastos mensuales. Jerry Lee Lewis nos deja y entendemos que con él se va una parte del rock and roll que jamás volveremos a escuchar. La pantalla funde a negro para siempre con la despedida de nuestro hermano Jean Luc Godard. La lista sigue, claro, pero para qué nombrarla. Solo un hechizo lograría hacernos creer  que del 31 al primero nuestra suerte podría ser capaz de cambiar. De todas formas el pensamiento mágico sigue instalado en nuestra sociedad a modo de grito ahogado, de botella tirada al mar con melancólica esperanza. Todavía el vecino sigue usando la cintita roja contra la envidia, todavía otros no caminan por las veredas impares para no invocar a los demonios, y nuestro compañero de oficina elige rezar para ganar un mundial. Quebrar la relación causa/efecto inspira siempre cierto sentido de libre albedrío, cierta libertad instalada allí lejos en el futuro. Pero lo cierto es que el destino está más escrito de lo que nosotros creemos y la pluma que lo sentencia no es otra que la de la ciencia. Hermoso seria que un jarrón se cayera al piso aquí en Argentina y un cerezo naciera en Okinawa, que una mariposa se pose en una flor naranja para que el verso de un poema se complete. Bien sabemos que el universo, en toda su inmensidad no funciona de esa manera. Dios, o sea, la naturaleza; y aunque lo desconozcamos, la naturaleza tiene sus propias reglas. Decía nuestro amigo Spinoza, que la realidad se expresa de infinitas formas, pero que el ser humano solo la capta con dos: extensión y entendimiento, cuerpo y alma. Somos minúsculos frente a una totalidad infinita. Yeelen, aquel maravilloso film del director africano Souleymane Cissé, desarrollará su propuesta dramática en aquel plano mágico donde el binomio causa / efecto se rompe y la vida, entonces, se sucede en un marco incomprensible para aquel hombre de Spinoza de sensibilidad acotada. Soma, padre de Nianankoro, tendrá una visión donde su hijo lo mata, es por ello que el hijo escapará del alcance de su padre para salvar su vida. 



El film nos recordará a la maravillosa cinta de Pier Paolo Pasolini, Edipo Rey, no solo por el tipo de historia narrada, sino también por la estética elegida para contar el relato. La estructura trabajada por el director, productor y guionista de la obra, será aquella clásica descripta minuciosamente por Joseph Campbell en su libro El Héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito. Campbell llegará con su trabajo a la conclusión de que hay una estructura en ciertos tipos de relatos mitológicos que se repiten de manera casi idéntica. Un héroe abandona el mundo ordinario para enfrentarse a un adversario y regresar a su hogar renovado profundamente como persona. Pensemos unos instantes en cuantas películas conocemos cuya trama se adapte a esta estructura. Campbell ira más profundo en su análisis y describirá 12 etapas de transición realizadas por el héroe. Nos hablará que el relato comenzará mostrándolo en el Mundo Ordinario; que habrá una Llamada a la Aventura; que el héroe Rechazará aquella llamada en un primer momento; que luego de aquel rechazo aparecerá en juego el Encuentro con el Mentor (por lo general un ser muy extraño); que este encuentro lo ayudará a Cruzar el Umbral; que habrá una instancia de Pruebas, Aliados y Enemigos; que habrá un Acercamiento a la Cueva más Profunda, a un conflicto interno antes desconocido por el protagonista; que habrá una instancia a la que llamara La gran Prueba; que esto llevará a una Recompensa; que el héroe comenzara un Camino de Vuelta, habrá también una instancia de Resurrección del héroe para culminar luego con su Regreso con el Elixir, su regreso modificado. Yeelen está planteada en estos términos, con cada uno de estos pasos clásicos narrados por Campbell



El film manejará una fotografía pocas veces vista en el cine africano. Habrá un cuidado notorio en las puestas de cámaras, en la elección de las paletas de colores, habrá una intención clara en los encuadres realizados. El héroe deberá enfrentar su destino, porque tal como reza todo manual de construcción del guión, si el conflicto dramático está armado correctamente, el protagonista no podrá escapar jamás a su enfrentamiento con la desestabilización de la armonía aparente. La resolución del conflicto dramático de Yeelen se dará en aquel mundo mágico de significaciones rotas, de palabras poderosas y figuras intimidantes. Al principio de la charla, hablábamos de que solo un hechizo podría salvar nuestro año. Hace algún tiempo, le preguntaron al mago Luis Piedrahita, quién creía él que era el mejor mago. Sin dudarlo un instante contesto con firmeza: Derek DelGaudio. Explicaba Luis que el mago Derek ejerce una magia completamente distinta a la vista hasta el momento y dio para graficar su argumento el siguiente ejemplo. Alguna vez DeGaudio realizó la siguiente magia en uno de sus shows: el mago anunció que haría desaparecer a una persona y pidió un voluntario cualquiera del público. Un señor de unos 50 años se ofreció amablemente a pasar al escenario.  Al subir, Derek le preguntó a qué se dedicaba y el hombre contesto que era plomero. El mago entonces, anunció a su público que haría desaparecer a un plomero. En medio de la tensión y la expectativa, tomó una cantidad de sobres blancos cerrados e hizo elegir al participante uno de ellos. El plomero tomó uno cualquiera, lo abrió, sacó una carta escrita de su interior y comenzó a leerla en silencio. En un primer momento el hombre sonrió, luego su gesto fue serio para terminar llorando desconsoladamente. 



Derek, el mago, entonces le pidió que le cuente al público que fue lo que había ocurrido. El plomero entonces dijo aun entre lágrimas: es una carta. Quién la escribe, pregunto el mago. Mi madre, respondió el hombre. El mago entonces pregunto si la madre del participante se encontraba entre el público, a lo que respondió que no. El hombre respondió que su madre vivía a varios kilómetros de donde estaban. El mago entonces insistió y preguntó si había hablado recientemente con ella, a lo que contesto que no, que no se comunicaba con ella hacía unos 12 años. Derek sorprendido, pregunto, entonces, qué es lo que decía esa carta. El plomero dijo que la carta hablaba de su infancia, de un perro que él había tenido cuando era chico, también contó que en ella lo llamaba con su sobrenombre de pequeño y que revelaba unos datos muy personales que lo habían emocionado profundamente hasta las lágrimas. Todos veían que la conmoción de aquel hombre era imposible de impostar, que su emoción no podía ser más que real. Fue entonces cuando Derek miró al público y les dijo: bueno… creo que ninguno de nosotros está viendo aquí a un plomero. El plomero que subió al escenario hace unos instantes, ya no está aquí entre nosotros. Por lo general los trucos de magia poseen una base visual en donde ya sabemos desde el comienzo lo que va a suceder. Alguien toma una carta de un mazo y sabe que el mago luego de algunas vueltas va a adivinarla. La mejor manera de conseguir una ilusión es realizar el truco de forma verdadera, sin tanques de oxígeno escondidos, sin cartas debajo de ninguna manga, ni engaños absurdos preparados de antemano. El mago Derek, tal como lo vimos, operó sobre el discurso, consiguió que se haga imposible sospechar lo que venía después. Desde este humilde espacio, consideramos que la verdadera magia está allí, no en el engaño traicionero, sino en lo que nos demostró Derek, en operar sobre nuestro discurso para transformarnos eternamente. Pero claro, quizás Derek no sea un mago, sino un poeta.        

 

Lucas Itze.-       

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CISSÉ

 


Nacido en Bamako el 21 de abril de 1940, fue criado en el seno de una familia musulmana. Fue un cinéfilo apasionado desde su infancia. Asistió a la escuela secundaria en Dakar y regresó a Malí en 1960, después de la independencia nacional. Su carrera cinematográfica comenzó como ayudante de proyección de un documental sobre la detención de Patrice Lumumba. Esto provocó su deseo de crear sus propias películas, y obtuvo una beca para la Escuela de Cine y Televisión de Moscú. En 1970 regresó a Malí y se incorporó al Ministerio de Información como camarógrafo, donde produjo documentales y cortometrajes. Dos años más tarde, produjo su primer mediometraje, Cinq jours d'une vie (Cinco días de una vida), que relata la historia de un joven que abandona una escuela coránica y se convierte en un ladrón callejero de poca monta. Cinq Jours se estrenó en el Festival de Cine de Cartago. En 1974, Cissé produjo su primer largometraje en lengua bambara, Den muso (La chica), la historia de una joven muda víctima de violación. La niña queda embarazada y es rechazada tanto por su familia como por el padre de la niña. Den Muso fue vetada por el Ministro de Cultura de Malí, y Cissé fue arrestado y encarcelado por haber aceptado financiación francesa para producirla. Cuatro años más tarde, Cissé produjo Baara (Obra), que recibió un premio en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadugú en 1979. En 1982 produjo Finyé (Viento), que cuenta la historia de jóvenes malienses insatisfechos que se levantan contra el gobierno. Esto le valió su segundo premio en el mencionado festival en 1983.



Entre 1984 y 1987, produjo Yeelen (La luz), una aclamada película que ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 1987 y fue nominado a una Palma de oro ese mismo año. En 1995 produjo Waati (Tiempo), que compitió por la Palma de oro en el Festival de Cannes de 1995. Luego llegó el largometraje Tell Me Who Your Are de 2009. Su último film fue en 2015 y se tituló O Ka, sobre la historia de un artista y sus recuerdos con su infancia en Bamako.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Yeelen

Año: 1987

Duración: 101 min.

País: Mali

Dirección: Souleymane Cissé

Guion: Souleymane Cissé

Música: Salif Keita, Michel Portal

Fotografía: Jean-Noel Ferragut, Jean-Michel Humeau

Reparto: Issiaka Kane, Aoua Sangare, Niamanto Sanogo, Balla Moussa Keita, Soumba Traore, Ismaila Sarr, Youssouf Tenin Cissé, Koke Sangare

 

PELÍCULA COMPLETA

 

domingo, 25 de diciembre de 2022

TOUKI BOUKI DE DJIBRIL DIOP MAMBETY

PROGRAMA 392 (25-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Mory, un pastor que conduce una moto decorada con cuernos de vaca, y la estudiante Anta, se conocieron en Dakar. Se sienten marginados, están hartos de Senegal y de África, por lo que sueñan con irse a París. Para conseguir el dinero para el pasaje recurrirán a diversas estratagemas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Podemos pensar el concepto de patria como aquel lugar propio de pertenencia, aquel espacio de contención cuya dinámica no difiere demasiado al de una casa. El padre, la madre y los hermanos conviviendo unidos, compartiendo juntos una historia común, una identidad. En este sentido, tomando esta alegoría entre la casa y el concepto de patria, podemos llegar a la conclusión de que toda la gramática destinada a explicar el sentido de lo patriótico es siempre una gramática familiar. Hagamos un pequeño recorrido sobre el origen de algunas palabras relacionadas directamente a este concepto. La palabra patria, por ejemplo, es un derivado del latín pater, patris, o sea, país del padre. Pensemos ahora en el término nación. Esta palabra deviene del termino latino natíoonis, o sea lugar de nacimiento. Vayamos, por último, a la otra palabra utilizada por nosotros como parte de la gramática que remarcamos en torno a la idea de patria, vayamos pronto, entonces, al término hermandad. Esta palabra deriva del latín germanus cuyo significado es hermano, muy a diferencia de hermana, cuyo vocablo latino es soror. Construir un sentido de patria es construir un imaginario donde toda la población se sienta parte de un mismo tronco, como si de una familia se tratara. Teniendo en cuenta el recorrido etimológico recién realizado, llegamos a inferir con claridad, que aquello que nos contiene, también del mismo modo, nos excluye. Nacemos en la tierra del padre donde todos somos hermanos. 



Una gran porción de la población queda excluida frente a esta propuesta de proyecto nacional. ¿Qué sucede entonces cuando es la propia patria la que te expulsa, la que te aparta situándote en un lugar diferente al resto? ¿Podríamos entonces no tener patria? ¿La patria nos constituye de manera esencial o accidenta? O mejor aún, ¿hay algo esencial en el ser humano que nos constituya como propio? Hemos mencionado alguna vez desde este mismo foro que el concepto de patria se relaciona con todo aquello que nos identifica como propio, y que el otro es aquello que yo no soy, o sea, es todo lo que no es propio. En el mundo globalizado en el que vivimos, teniendo en cuenta que la división política de los países es un hecho moderno y cambiante, un hecho arbitrario destinado a generar unidades de ordenamiento social en función de las nuevas condiciones de trabajo y del desarrollo tecnológico y productivo que se va desplegando con los cambios de época, teniendo en cuenta todo esto, ¿podemos seguir pensando lo propio como algo cerrado y definitivo o es que en lo más propio siempre habita el otro? Este tiempo que nos toca vivir, colmado de nacionalismos esencialistas, que siempre fueron dogmáticos, violentos y excluyentes, plantearse la libertad, plantearse el verdadero sueño de ser libre e independiente, de ser autónomo, respetado y aceptado es deconstruir definitivamente una idea de patria que se reafirma en contra del otro. Esa es la única fuga posible, la fuga definitiva y radical de nosotros mismos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TOUKI BOUKI

 


Buscar la libertad es siempre una ilusión compleja. Soñar con ese destino ideal nos hace dejar de lado todo lo bueno para centrarse en lo malo. La pobreza, la modernidad y la sociedad capitalista empujan a la gente a buscar un lugar mejor. Los sueños empiezan a perseguirse. La pelea entre lo tradicional y lo novedoso empieza a ser moneda corriente. El exilio surge como única salida. Esos barcos enormes, como sinónimo de salvación. Los que tienen suerte viajarán así. Otros morirán en las orillas intentando llegar en balsas que se destruyen a la primera ola. Ousmane Sembéne es considerado el “padre del cine africano”. En los años ´60, filma La negra de... la historia de una joven senegalesa que se va a trabajar como sirvienta de sus jefes a Francia. Sufrirá el racismo, la tragedia se hará presente y el film se convertirá en uno de los primeros en mostrar ciertas realidades ocultas. Será la puerta de entrada del cine de “la África negra” al mundo. Ya en los comienzos de la década del ´70, un joven de 28 años daría la otra puntada. Una década importante para el cine de ese continente que empezaba a emerger. Con un presupuesto de 30 mil dólares y solo dos cortos encima, Djibril Diop Mambéty sorprendió con su ópera prima titulada Touki Bouki (El viaje de la hiena). Allí veremos otra vez la idea de libertad. El sueño de escapar de esa pobreza que arruina generaciones. Y otra vez esa París idealizada como destino soñado. El de Mory, un pastor que tiene una moto decorada con cuernos de vaca y el de Anta, una joven estudiante que quiere también un estilo de vida mejor. La película mostrará fuertes imágenes de un matadero al principio. Costará mantener la mirada. Serán metáforas entrelazadas a lo largo del metraje. Dominador y dominado. La tradición contrastará con la modernización de ese país neocolonialista. Estará siempre presente esa dicotomía. Lo viejo y lo nuevo. Lo rural y lo urbano. Y los amantes como parte de esa historia, también uniendo sus diferencias de clase. 



El film beberá de algún sorbo de la Nouvelle Vague, encontraremos ciertos parecidos al Sin Aliento de Godard y también se transformará en una road movie delictiva, esa especie de Bonnie and Clyde del subdesarrollo. Aunque el objetivo de ellos, como mencionamos anteriormente, sean otros. La banda musical será otro elemento destacado, ya que conjugará el son de los tambores africanos, con el jazz y algún pop melódico como el que repiquetea en nuestros oídos luego de que termine el film, hablamos de París París de Josephine Baker. Por su parte, la banda sonora también logrará una amalgama de sonidos ambientales que nos acercará a ese continente tan lejano y a la vez extraño para nosotros. El guión no será lineal y elegirá las elipsis para dinamitar el tiempo. Habrá algo de realismo mágico que dejará al espectador con las preguntas dando vueltas en su cabeza. Que será cierto y que no, será algo que cada uno develará por su cuenta. El bocado tendremos que masticarlo nosotros. Para construir ese universo, será de gran ayuda el montaje, seco y directo, excelentemente diseñado, novedoso para lo que ofrecía el cine continental en esa época. La fotografía será bastante lograda, combinará los marrones y grises del poblado con los colores vivos típicos de los atuendos del lugar. También se asemejará en cierta forma al neorrealismo italiano, por el uso de actores no profesionales en la mayoría de sus papeles y por la mezcla de ficción por un lado y escenas de corte documental por otro. Los planos generales de esa aridez nos sofocan como a sus protagonistas. 



La intercalación de imágenes mostrará rituales, amuletos, matanza de animales y transpiración en los rostros como firma de un continente. La cámara por momentos seguirá a Mory como si fuera una mochila en su parte trasera, mientras anda en esa moto que es tan protagonista como los seres humanos. El guión se irá dosificando lentamente. Habrá una crítica política y social. Mory piensa en irse y volver como un rey. De ser un pastor a ser “Monsieur Mory”, en una idea meramente narcisista. Ese desprecio del que se va es algo muy común que Mambéty lo reseña más de una vez, esa idealización foránea de que todo lo de afuera es siempre mejor. Y ahí aparecerán también el abandono de los jóvenes a las tradiciones y el futuro como una incógnita. También será un adelantado a su época gracias a un personaje central en el desarrollo de la trama. Hablamos del homosexual al que Mory le robará dinero y ropa para comprar los ansiados pasajes a París. El director mostrará de que lado está parado y su consecuente respeto por la igualdad. Y las metáforas de fondo, el mar como liberación tanto en lo sexual como en lo personal. Porque ahí está la salida. Y será la diferencia entre lo fantástico y lo real lo que quedará entre tinieblas. Entre simbolismos quedarán marcadas ciertas preguntas. Fantasía que aparecerá con ellos desfilando, quizás como una imagen de lo que será. Y la importancia de la sociedad a esas apariencias, vitoreando a quienes antes mortificaban. Sobre el final, el círculo se cerrará, aunque las preguntas seguirán ahí. La moto del protagonista robada y casi destruida, como otro símbolo de esa civilización en parte ausente. Mientras en el barco estará esa gnete de bien, blanca y radiante, haciendo chistes sobre las máscaras africanas y hablando de lo inculto de sus habitantes. A ese barco subirán lleno de sueños para encontrar esa ansiada libertad sin saber que serán los nuevos esclavos de ese mundo globalizado. Aunque allá abajo, otros elegirán quedarse para que ciertas tradiciones, nunca sean conquistadas.

                       

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MAMBÉTY

 


Nació el 23 de enero de 1945. Perteneciente a la etnia wolof, nació en el seno de una familia musulmana en Colobane, cerca de Dakar, la capital del Senegal. Hijo de un clérigo musulmán y miembro de la tribu Lebou, Mambéty rodó en su ciudad natal algunas de sus películas. Su interés por el cine comenzó con el teatro y después de graduarse en la escuela de interpretación de Senegal, trabajó como actor en el Teatro Nacional Daniel Sorano de Dakar hasta que fue expulsado por motivos disciplinarios.

En 1969, a la edad de 24 años, sin formación reglada en rodaje, Mambéty dirigió y produjo su primer cortometraje, Contras’ City (Ciudad de Contrastes), un documental de ficción que muestra la ciudad de Dakar mientras se desarrolla en off una conversación entre un senegalés (el propio director Djibril Diop Mambéty) y una francesa. Al año siguiente, Mambéty hizo un mediometraje, Badou Boy, que cuenta las aventuras de Badou Boy, un joven caradura, mientras recorre las calles de Dakar montado en un autobús. Retratos humorísticos de viajeros, persecución de la policía, a la que llaman “el dragón negro”. Una crónica de la vida cotidiana en el Dakar popular. El film ganó el premio Silver Tanit en el Festival cinematográfico de Cartago en 1970 en Túnez. El primer largometraje técnicamente sofisticado y cargado de símbolos que rodó Mambéty fue Touki Bouki (1973), que recibió el Premio de la crítica en Cannes y el Premio del Jurado en el Festival cinematográfico de Moscú, atrayendo hacia el director senegalés la atención internacional. A pesar del éxito de la película, pasaron veinte años hasta que Mambéty rodara otro largometraje. Durante ese tiempo rodó un corto en 1989, Parlons Grandmère (Hablemos abuela), un documental sobre el cine en África Occidental, sobre todo en Burkina Faso, con apariciones de Idrissa Ouedraogo, uno de los más reconocidos del continente. Hyènes (1992) es la segunda y última película de Mambéty, sobre una senegalesa que viene del exterior, llena de dinero. Una adaptación del The visit de Friedrich Dürrenmatt conceptuada como continuación de Touki Bouki. 



En el momento de su muerte, el director había estado trabajando sobre una trilogía de películas cortas llamadas Contes des Petites Gens (Cuentos de Personas Pequeñas). El primero de los cortos fue Le Franc (1994), sobre un hombre que gana la lotería para no perder el billete lo pega con pegamento en la puerta de su casa, pero cuando tiene que ir a reclamar el premio no puede despegar el billete así que arranca la puerta y va todo el camino con ella hasta donde debe buscar el premio. Luego seguiría el segundo, La Petite Vendeuse de Soleil (La niña que vendía Sol), sobre una niña que empieza a vender periódicos, algo prohibido para las mujeres. Pero no lo pudo terminar de editar ya que lo sorprendió una temprana muerte por cáncer de pulmón a la edad de 53 años en un hospital parisino. Recibió un premio póstumo en 1999. Su muerte nos dejó sin uno de los talentos más reconocidos de África pese a su escasa filmografía.

 

FICHA TECNICA

 

Título original: Touki Bouki (Journey of the Hyena)

Año: 1973

Duración: 90 min.

País: Senegal

Dirección: Djibril Diop Mambéty

Guión: Djibril Diop Mambéty

Fotografía: Georges Bracher

Reparto: Magaye Niang, Mareme Niang, Aminata Fall, Ousseynou Diop, Christoph Colomb, Ndou Labia, Mustapha Ture

 

PELÍCULA COMPLETA

 

 

 

lunes, 28 de noviembre de 2022

ESTACIÓN CENTRAL - BAB EL HADID DE YOUSSEF CHAHINE

PROGRAMA 390 (04-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Un vendedor de periódicos tullido vive entre los andenes y vagones de la estación de tren de El Cairo, y se siente atraído por una atractiva vendedora de refrescos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Entender la dinámica del mundo es siempre una tarea compleja y casi siempre destinada al fracaso. Existe, como bien sabemos, una forma, un dinamismo general, un nado sincronizado que nos maneja y manipula el deseo como hilos invisibles ajustados a nuestras extremidades. Tal es nuestra voluntad. Deconstruir aquel sistema, desmembrarlo en sus propósitos, en sus controvertidas partes, es desatar el nudo de la angustia más primitiva. La verdad libera, es cierto, pero el gran problema es que hacer luego con esa verdad. El hombre está condenado a ser libre, decía hace muy poco un amigo nuestro. Charlando con mi compañera Romina Anselmi sobre este manojo de ideas, ella reflexionaba lo siguiente:

Vivimos de una determinada manera, con costumbres aceptadas. Con reglas morales que acomodan y nos ayudan a determinar, de cierta forma, el querer, el deber y el poder ser.

La pregunta sería ¿en qué  momento normalizamos determinadas situaciones, cuándo y quién decide qué cosas son aceptadas o no? ¿Cuáles son las pautas a seguir para que una actitud o un comportamiento este dentro o fuera de lo pautado como el bien o  el mal?

Allí, entonces, entraríamos en una discusión mucho más profunda. Discutiríamos, con toda seguridad, sobre qué es  la moralidad y cuáles son las leyes que la definen y la vuelven regla fundamental en el devenir de una determinada sociedad o grupo de personas.



Para que la idea de moral sea aceptada, se la debe poner en práctica. Para poder ponerla en práctica se la delimita: esto es, se definen límites que sobrepasan esa idea, y luego para poder validar esos límites, se condena a quien los sobrepasa, como advertencia, como idea que infunde temor, como algo que está más allá y que es inquebrantable, que es casi inentendible y quizás infundamentado.

¿Será que necesitamos los  limites o que estamos tan acostumbrados/as a tenerlos marcados que no nos atrevemos a existir si no están dispuestos?

¿Cómo podemos entonces decidir o definir cuando algo está bien o está mal, si desde que nacemos estamos condenados a introducir estas normas de conducta en nuestro comportamiento?

¿Quién puede entonces decir que elegimos? ¿Realmente elegimos que nos gusta y que no?

Hablamos muy a menudo de minorías, de marginales, de los otros y otras… pero ¿quiénes son? ¿Por qué  motivo son puestos en ese lugar y vistos desde esa perspectiva?

La norma moral viene siendo puesta en discusión desde los griegos, luego varios filósofos se preocuparon por definirla y discutirla, ya que las ideas pueden servir tanto al visionario que tiene el poder y la voluntad de imponerse como también a la contrafuerza que lo contrarresta y lo boicotea. ¿De qué lado estamos? ¿Desde qué lado nos posicionamos? ¿Desde la comodidad irreflexiva que deviene de la información masticada y preelaborada o desde un analítico y critico?

 

Lucas Itze – Romina Anselmi.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ESTACIÓN CENTRAL

 


Imaginemos un juego donde estamos todos repartidos en un bosque. Sin nada, viviendo como los primeros seres humanos. ¿Cuánto tardaríamos en ver como alguien mata a otro por un pedazo de territorio, por un poco de comida o por el amor de otro ser humano? Surgirán en ese momento los líderes, los laderos y también los rebeldes. Estarán hombres y mujeres, quizás niños. Seguramente se impongan condiciones y más de uno hará ejercicio de un autoritarismo desbordante. Los más fuertes serán los más temidos. Los débiles quedarán como carne de cañón. Adaptados a la maldita idea Darwiniana de la supervivencia del más apto, todos sabemos quienes serán los primeros en quedar de lado. Muchos años después, ciertos jerarcas nazis exterminaron millones de personas siguiendo ese manual y mal pensando en el Superhombre ideado por Nietzche. Y si hay un lugar donde esas teorías se llevaron a cabo durante siglos y se siguen llevando, es África. Allí, donde parece que ese Dios está siempre ausente, la vida pesa. El sol pega más fuerte, y la muerte está en cada esquina. Y el futuro llega de a poco, sobre todo en los países más débiles. En otros, el cambio cultural va mutando lentamente, tras siglos de historia. Allí, en la vieja Alejandría, hoy ciudad de El Cairo, vive Qinawi, un joven vendedor de diarios de la Estación de esa ciudad que tiene una discapacidad motora, quien es el protagonista de Estación Central, film del egipcio Youssef Chahine, quien además se pone en la piel de Qinawi



El director utilizará elementos del neorrealismo italiano pero no se conformará solo con eso y virará hacia otro género. La estación será parte fundamental. Allí se desarrollará toda la película. No habrá mucho más espacio escénico que esa gigante estación. Una voz en off nos la irá presentando como si fuese un personaje más del film. Luego, dirá que es Madbouli, el vendedor de periódicos de la estación, que tomará como empleado a un joven cojo que deambula allí. No es otro que Qinawi, de quien dará ciertos datos, reflexionando sobre algo del pasado. Ya en ese comienzo el montaje de imágenes llamará la atención. Teniendo en cuenta la cinematografía del país, ya notamos que estamos ante algo distinto. La paleta de colores en blanco y negro con su tonalidad de grises servirá para que todo parezca más apagado. Los planos y los encuadres hablarán más por lo que no vemos que por lo que vemos. En el primer caso, los primeros planos y los planos detalle están excelentemente armados. Y su otro gran acierto es la música. No harán falta tantos minutos para darnos cuenta que en ese armado musical, está la idea de Alfred Hitchcock. Chahine toma lo mejor del británico y lo lleva para sus tierras. Pero no sólo será el plano musical lo importante. Sino como poco a poco el film se va transformando en una historia de cine negro. Habrá una femme fatale, rubia, que será el amor del antihéroe. Ahí empezará a jugar con todos los elementos de ese cine de género hasta que la muerte y la tragedia se cruzan. Aunque lo interesante del film, son todos los ingredientes que el director utiliza para contar la historia, ya que arma un relato coral y una crítica a la sociedad egipcia de la época. 



A lo largo de los casi 75 minutos que dura el metraje, Chahine muestra la diferencia entre pobres y ricos y será uno de los primeros en el continente negro que hable de la creación de sindicatos para defender a los trabajadores, precarizados y explotados por ese sistema capitalista que está llegando. Veremos también la crítica al racismo y a la misoginia, donde las mujeres son tratadas como objetos pese a la lenta occidentalización del país. Y en esa occidentalización, el miedo al reciente feminismo y a cualquier cultura foránea que venga a romper los moldes. Aunque sin dudas, uno de los temas más representativos, es la represión sexual. En el comienzo, veremos el cobertizo donde duerme Qinawi lleno de fotos de mujeres, ese deseo se transforma en obsesión cuando conoce a Hanouma, quien vende gaseosas en la estación. Será casi un amor platónico, claramente no correspondido. Aparecerán entonces el rechazo y las burlas al diferente, a quien no tiene las mismas armas. Todo eso se convertirá en frustración. Frustración que alguien sin educación no podrá manejar. Saldrá a la luz su lado más salvaje y en un paso todo será locura y muerte. Todo, en nombre del amor. O de lo que él entiende por amor. Lo que le faltó siempre. Una sonrisa, una caricia. La única forma de escapar de esa sociedad que esconde al diferente, que le roba las pocas sonrisas que le quedan y lo obligan una vida triste y solitaria hasta el final...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CHAHINE

 


Nació en Alejandría el 25 de enero de 1926. Estudió en Victoria College, en su ciudad natal. Desde temprana edad, a Chahine le fascinaba el mundo de las artes y la actuación. Con 9 años, la tragedia llega al hogar cuando su hermano mayor fallece de neumonía. En su juventud, Chahine ingresa en la Universidad de Alejandría, tras lo cual convence a sus padres para que le permitan viajar a Hollywood y estudiar interpretación. Efectivamente, pasará en Los Ángeles desde 1946 hasta 1948, con el fin de estudiar en el colegio de Pasadena Playhouse. A su regreso trabaja como aprendiz para el director de documentales italiano Gianni Vernuccio, además de conocer al que fue su mentor, Alvisi Orfanelli. Es posible dividir su producción cinematográfica en cuatro etapas: la primera comprendería 18 películas, de Papá Amin (1950) a El alba de un nuevo día (1965); la segunda, las cinco películas entre El vendedor de anillos (1965) y La gente y el Nilo (1972); en la tercera estarían las cuatro producidas en colaboración con Argelia: de El gorrión (1972) a Una historia egipcia (1982); y, finalmente, la etapa en la que se encontrarían las coproducidas con Francia, desde Adiós, Bonaparte (1985) hasta Alejandría - Nueva York (2004). En su primera etapa, en la que la época dorada del cine egipcio alcanzó su apogeo, Chahine dirigió 18 películas de todos los géneros. Las más importantes son Duelo en el valle (1956), rodada en el Alto Egipto en medio de las ruinas de época de los faraones; Duelo en los muelles (1956), ambientada en el puerto de Alejandría, y Tú eres mi amor (1957), en la que de nuevo vuelve al Alto Egipto, esta vez a Aswan. En 1958, en Egipto dio a luz Estación Central, proyectada en el Festival de Berlín, que se convirtió en un éxito rotundo a costa de fracasar ante el público en Egipto. En Gamila (1958), la argelina, Chahine expresó su postura en contra de la ocupación francesa de Argelia y de la violencia que practicaban las fuerzas de ocupación contra el movimiento por la independencia. Saladino (1963) es un film hollywoodense en cuanto a la forma, pero de contenidos propagandísticos. La película identificó simbólicamente a Nasser como el nuevo Saladino. En esta película, Chahine descubrió, quizás por primera vez en la historia del cine, la verdad de que los objetivos las causas de las guerras son siempre políticos y económicos aún si se hace uso de las religiones, como ocurrió con las Cruzadas. En este sentido, Saladino es de principio a fin un mensaje de tolerancia entre musulmanes y cristianos. 



Con El alba de un nuevo día (1965), Chahine anunció su apoyo al nuevo régimen socialista. Es un canto de amor a El Cairo. Sin embargo, nada de esto le valió ante el régimen. Se vio obligado a emigrar al Líbano, donde empezó su segunda etapa artística. En esa transición hacia sus etapas tercera y cuarta, dirigió El vendedor de anillos (1965) y Como un ídolo de arena (1967). Su conciencia política, como él mismo reconoce, no alcanzó la mayoría de edad hasta la Guerra de 1967, cuando Israel ocupó el Sinaí egipcio, Cisjordania y los Altos del Golán. Tras la derrota del ‘67, Chahine cambió completamente. Pasó entonces de las filas de los partidarios del régimen a las de la oposición. El cineasta alejandrino sabía entonces que quien vendía su libertad para conseguir algo, perdía la libertad y lo perdía todo. Eso es lo que aparece con claridad en su obra maestra La tierra (1969) y en La elección (1970). Las dos películas se podrían entender como una crítica a aquellos intelectuales que vendieron su libertad y se sumaron a los sueños de Nasser, a cuyo fracaso contribuyó el propio líder egipcio, quien a su vez había vendido la libertad en la que fue educado en su juventud. La tierra fue proyectada en la sección oficial del Festival de Cannes de 1970 y celebrada por los críticos de Francia y del mundo, y en muchos países. La gente y el Nilo (1972) fue la primera coproducción egipcio-soviética. El espíritu con que fue dirigida lo llevó a su prohibición. En realidad, la versión exhibida en 1972 fue un nuevo montaje de la película; hubo que esperar veinte años para poder verla en su versión original en Francia, en 1992, con el título El Nilo y la vida. La primera de las coproducciones realizadas con Argelia fue El gorrión. La censura prohibió la proyección de la película en Egipto entre 1972 y 1975 debido a que terminaba exigiendo ir a la guerra para liberar las tierras ocupadas por Israel, en 1967. Solo fue permitida en 1975, después de la guerra de Octubre en 1973, en la que dichas tierras fueron liberadas. Chahine pasó de El gorrión, un film sobre la corrupción que llevó a la derrota de 1967, a El regreso del hijo pródigo (1976), considerada una de sus obras maestras y que continúa siendo hasta hoy la elegía más elevada realizada sobre la época de Nasser. En 1978 alumbró Alejandría..., ¿por qué? , la primera parte del cuarteto que conforma su autobiografía, a la que se sumaron Una historia egipcia (1982), Alejandría aún y siempre (1989) y Alejandría - Nueva York (2004). En Alejandría..., ¿por qué? , ganadora del Premio Especial del jurado del Festival de Berlín de 1979, Chahine vuelve a la Alejandría de su juventud, esto es, la de la época comprendida entre ambas guerras mundiales. Habla de la tolerancia que había caracterizado a la ciudad, presentando una historia de amor entre un chico egipcio musulmán y una chica hebrea. 



Tras el premio obtenido en el Festival de Berlín, Chahine logró su segunda recompensa importante con la participación de Una historia egipcia, la segunda parte de su autobiografía, en el Festival de Venecia de 1982. Con la llegada del Partido Socialista al gobierno francés en 1982 y de la mano de la política del ministro de Cultura Jacques Lang, que cambió el cine en Francia y en Europa, Chahine inició la etapa a la que pertenecen las ocho coproducciones con ese país realizadas entre 1985 y 2004. Chahine tuvo que pagar un precio por la larga relación de desencuentros entre Egipto y Francia cuando, en su primera coproducción, Adiós, Bonaparte (1985), establecía una relación de amistad entre el protagonista y un general francés debido al deslumbramiento que le producían al egipcio los aparatos científicos modernos que veía en la casa del general. También, le cuestionaron la elección para el título de una palabra francesa que significaba, además de “despedida”, “hasta pronto”. El cineasta egipcio cumplió 60 años mientras dirigía El sexto día (1986), la segunda película de su nueva etapa y la más francesa de todas sus producciones de ese período. En ella expresa por primera vez sus obsesiones acerca de la muerte, a través de un viaje que la protagonista realiza con su nieto, enfermo de cólera, en un barco por el Nilo que se dirige a Alejandría con la esperanza de ver el mar y alcanzar la curación antes de que llegue el sexto día, en el que mueren los afectados por ese mal. El film supuso un fracaso en Egipto y en Francia, con el que tuvo que cargar Chahine el mismo año que lloró el suicidio de Dalida, la protagonista de la película. Con Alejandría, aún y siempre (1989), se situaba en el campo de los partidarios de la libertad y la democracia en Egipto. Después, se volvió hacia el pasado lejano con la película El emigrante (1994), con la que se enfrentó por segunda vez en su carrera a la prohibición de uno de sus films, esta vez por estar inspirado en el profeta Yusuf. La prohibición fue en el mismo año en el que Naguib Mahfuz sufrió un atentado. Del dolor sentido por ambos sucesos nació El destino (1997), una película sobre la vida del filósofo árabe-andaluz Averroes, que narra cómo tuvo que enfrentarse a los extremistas islámicos, quienes lo declararon infiel y quemaron sus libros, y cómo éstos llegaron a Egipto. 



Después vino El otro (1999), en el que dio rienda suelta a su rabia por el deseo de los Estado Unidos de dominar el mundo. A los 75 años dirigió Silencio..., se rueda (2001), en la que cultiva el musical, una de sus grandes pasiones. Finalmente, llega Alejandría - Nueva York (2004), la cuarta parte de su autobiografía y en la que narra lo que le hubiera gustado que pasara y nunca sucedió. Su última película, El Caos (codirigida con Jalid Yusuf) se estrenó en 2007. Con ella volvió a practicar una crítica mordaz de la actualidad con un tema político relacionado con los cambios producidos en la última década y que dieron lugar a una merma en la estructura política y social en todos los niveles. En junio de 2008 fue víctima de una hemorragia cerebral que lo dejó en coma y del que no volvió a salir hasta su muerte, el 27 de julio de 2008.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bab el hadid (Gare Centrale)

Año: 1958

Duración: 77 min.

País: Egipto

Dirección: Youssef Chahine

Guion: Mohamed Abu Youssef, Abdel Hay Adib

Música: Fouad El-Zahry

Fotografía: Alevise Orfanelli (B&W)

Reparto: Farid Shawqi, Hind Rostom, Youssef Chahine, Hassan el Baroudi, Abdel Aziz Khalil, Naima Wasfy, Said Khalil, Abdel Ghani Nagdi, Loutfi El Hakim, Abdel Hamid Bodaoha, F. El Demerdache, Said El Araby, Ahmed Abaza, Hana Abdel Fattah, Safia Sarwat, Asaad Kellada

 

PELÍCULA COMPLETA 

domingo, 28 de marzo de 2021

NO SOY UNA BRUJA - I AM NOT A WITCH

PROGRAMA 320 (12-03-2021)

 

SINOPSIS

 

Después de un pequeño incidente en su pueblo de Zambia, Shula, de 9 años de edad, es acusada de brujería y enviada a un "campo de brujas", donde le dicen que si intenta escapar se convertirá en una cabra blanca. Tendrá que decidir si acepta su destino o si se arriesga en busca de la libertad. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Vivimos dentro de un sistema ordenatorio según el cual nuestra libertad se mide conforme a la cantidad de metros que la correa atada a nuestras posibilidades posea. Es por esto que hace muy poco desde este mismo foro te decíamos que la libertad estaba relacionada con la capacidad para pensar los propios límites. El ejercicio de la reflexión, la aventura del conocimiento, del saber y el autoconocimiento son tal vez las únicas herramientas reales ante la traicionera y embustera construcción de una libertad fantasiosa. El objeto de todo saber, su origen primario, vamos, no es otro sino el de instalar una batalla contra el miedo. Una batalla sangrienta y permanente contra el inaceptable miedo a ser. Vencer la ignorancia hace que nuestra existencia sea menos terrorífica. Defender el conocimiento del pasmo y de las anestesias es la gran tarea, la única revolución que nos hará conscientemente libres. 



Siempre estará también el otro con sus manejos y defensas de sus propias libertades, aquel otro, que nos condiciona y nos define por exterioridad contrapositiva. Hablo de la otredad, esa que nos limita y nos resignifica como toda palabra. La batalla por el sentido es siempre una batalla por lo real. Cabe entender entonces de esta manera que  la verdad es una cuestión de poder. La verdad es siempre una cuestión política. Será verdad lo que el poder nombre y será de esta forma también sentencia y límite para nuestra libertad. Porque bien sabemos que lo que quede fuera del texto ya no existirá. Quedará desterrado de sentido y tal como todos sabemos, lo que cae en aquel abismo oscuro, aquello que evoluciona de tal manera de convertirse en lo innombrable, porque después de todo evolucionar es siempre morir un poco, es taxativamente disuelto en su entidad. El ser humano, esa bestia que se narra y que es narrada. El ser humano, aquella victima intertextual.       

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE I AM NOT A WITCH


 

En su libro Espejos, Eduardo Galeano se preguntaba: "¿Adán y Eva eran negros?” Y continuaba: “En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores. Ahora las mujeres y los hombres, arco iris de la tierra, tenemos más colores que el arco iris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África. Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido”. Hace una semana hablábamos de la Revolución de Argelia, otro país africano, que quizás al estar al norte y no tanto en el centro, tiene una llegada más amplia al mundo de hoy. Aunque a pesar de eso, las disputas religiosas, los golpes de estado y la pobreza son algo normal, ayudado por los pocos años de vida como país independiente. Pero si vamos más al centro, en muchos países del continente negro, todo sigue siendo como en esos tiempos remotos que mencionaba nuestro admirado escritor uruguayo. Las piernas flacas y los pies descalzos siguen siendo moneda corriente. El agua escasea no sólo en las casas, sino en las áridas zonas donde los rezos por una lluvia que aliviane un poco el dolor de la vida sirven como un pequeño consuelo. 



Allí, los que tienen, tienen mucho, buscan cada vez más y se aprovechan de los que menos tienen. Allí los cazadores furtivos extinguen especies enteras y se sacan fotos como trofeos mientras otros trafican armas con los poderes de turno. Allí hay prácticas que uno todavía cree que son de otro tiempo pero están más presentes que nunca. En Tanzania hay comunidades de albinos, que son cazados porque creen que las pociones hechas a partir de extremidades de su cuerpo traen buena suerte y riqueza. Hace un tiempo, también en estas trincheras, hablábamos del film Moolaade, de Ousmane Sembene, que mostraba el rito de la ablación, que es la mutilación de los genitales femeninos para purificar a las jóvenes, en un sistema tan patriarcal como arcaico. Será la joven Rungano Nyoni, quien nos muestre otra parte desconocida de África. Nacida en Zambia, residió de joven en Gales pero volvió a su tierra para filmar No soy una bruja, en una co-producción de su país con Reino Unido, Francia y Alemania. En el pasado, las consideradas brujas eran las rebeldes, las que no se adaptaban a las leyes y que eran perseguidas por gobiernos y sobre todo, por las iglesias, que daban paso a la famosa “caza de brujas”. Basada en historias que pasan en su país, la cineasta nos relata la vida de Shula, una niña que huérfana que es acusada de brujería. El film abre con la maravillosa ópera de Vivaldi llamada Las cuatro estaciones, específicamente en la sonata Invierno: Allegro non molto, mientras una cámara situada desde el fondo de una van acompaña el viaje por un poblado africano con una simetría perfecta. 



Desde adentro de la camioneta, veremos como la cámara lentamente girará y como si fueran parte de un zoo, varias mujeres con idénticos vestidos y las caras pintadas de igual forma, permanecen sentadas mientras alguien explica porque están ahí. Son las llamadas brujas, que tienen un yugo en la espalda de donde salen unas cintas que no les permiten volar. Entonces aparecen en blanco y negro los títulos de crédito, pero el anzuelo está lanzado y entonces queremos saber de que se trata esta historia. El guión, también firmado por la directora, será lineal. La fotografía será del colombiano David Gallego, quien nos sorprendió hace poco con ese blanco y negro de El abrazo de la serpiente y que en este film confirma todo su talento. Jugará con colores que combinan con la aridez del lugar aunque también estará muy bien la iluminación en las oscuras noches entre bailes y ruidos de tambores. Habrá planos generales muy poéticos con la cámara fija y también travellings o cámara en mano, en muchos casos desde atrás de los protagonistas, que la tornará en una mirada minimalista. El film mezclará el drama y le añadirá cierto modo grotesco a algunas situaciones, que igualmente no escapa a lo que vemos en pantalla. Más bien, afirma que hay ciertos personajes que parecen salidos de una comedia de los Monty Phyton o del amigo Woody Allen por su incompetencia, pero son tan reales que duele, como el funcionario (ministro de turismo según una entrevista) que tiene el poder en esa comunidad. La música de Vivaldi resonará en varios momentos del film. La película además contará en su mayoría con actores y actrices no profesionales, lo que hace que todo sea más convincente. 



Shula, bautizada así por las brujas mayores, según los mitos de la comunidad, tiene que elegir entre ser una bruja o convertirse en cabra, donde lo primero será el mal menor. Será enviada con las demás brujas, en esa especie de campo de concentración donde hacen trabajos forzados hasta que puedan casarse, respetabilidad a través del matrimonio, en palabras de una ex bruja, en una prueba más del machismo reinante en la comunidad. La pequeña será una especie de rareza en ese mundo y el funcionario la utilizará para aumentar su popularidad, incluso llevándola a la televisión. Shula, interpretada de manera maravillosa por Maggie Mulubwa, casi no hablará y se comunicará con miradas propias de su resignación. Será luego de ese paseo como si fuera parte de un reality que la película dejará ese realismo mágico para convertirse definitivamente en un drama de denuncia que muestra el horror del ser humano. Cuando hablábamos de Moolaadé cerrábamos las impresiones diciendo “Será la muerte la causa definitiva donde las mujeres de la aldea se rebelarán contra sus hombres y sus normas. Serán ellas las que alzarán la voz tratando una vez más de cambiar el mundo, solo con el poder de sus marchas y sus palabras, como ciertas “locas” de nuestro país para evitar que sigan las matanzas y que no se derrame más sangre”. Acá pasará algo parecido y las brujas elegirán volar. Mientras tanto, seguimos pensando que esa libertad para moverse libremente que según Shula tenían las cabras es lo que nos está faltando. Cuando eso suceda, caerá para siempre El martillo de las brujas.

 

Marcelo De Nicola.-



Canción post impresiones

 

UNIVERSO NYONI

 


Rungano Nyoni nació en Lusaka, capital de Zambia el 17 de abril de 1982. Se trasladó desde muy chica con su familia a Gales y fue allí donde comenzó a estudiar actuación.  Empezó con pequeños papeles como actriz tanto en Reino Unido como en Alemania. Sin embargo, estaba más encariñada con la dirección. La novela La profesora de piano de Elfriede Jelinek fue su primera influencia, confirmada cuando Michael Haneke llevó la historia a la pantalla grande. En 2006 estrenó su primera película, Yande, la cual escribió y rodó en súper 8mm en blanco y negro. La cinta está inspirada en la pérdida de la identidad de las mujeres africanas, que gradualmente han adoptado las modas occidentales. En 2009 llegaron los cortos 20 Questions y The List, con el último logró el BAFTA galés como mejor cortometraje. Es nominado a los BAFTA ingleses por su siguiente corto: Mwansa the Great



Más adelante escribe otros dos cortos que tuvieron éxito en el Reino Unido, ambos dirigidos por Gabriel Gauchet: The Mass of Men y Z1. Se va a Dinamarca a filmar en 2014 Listen junto a Hamy Ramezan, que fue nominada a mejor corto europeo. Ese mismo año filma la película de episodios Nordic Factory junto a varios directores. Con No soy una bruja, oficialmente su primer largometraje, logra los premios a mejor dirección y mejor ópera prima en los Premios del Cine Independiente Británico en 2017. Durante la pandemia fue una de las cineastas que participó de la series de cortos para Netflix titulado Hecho en casa, junto a Paolo Sorrentino, Pablo Larraín, Sebastián Lelio, Kristen Stewart, Maggie Gyllenhall o Ladj Ly, entre otros.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: I Am Not a Witch

Año: 2017

Duración: 90 min.

País: Reino Unido

Dirección: Rungano Nyoni

Guion: Rungano Nyoni

Música: Matthew James Kelly

Fotografía: David Gallego

Reparto: Maggie Mulubwa, Gloria Huwiler, Travers Merrill, Chileshe Kalimamukwento, Henry B.J. Phiri, Dyna Mufuni, Nancy Murilo, Ritah Mubanga, Nellie Munamonga

 

PELÍCULA COMPLETA