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miércoles, 22 de octubre de 2025

MACARIO DE ROBERTO GAVALDÓN

PROGRAMA 483 (03-10-2025)

 

SINOPSIS

 

Macario, un aldeano sumamente pobre que tiene esposa y varios hijos, se dedica a vender leña en el pueblo. Harto de una vida de privaciones y apuros, manifiesta que su mayor anhelo es poder comerse él solo un pavo, sin tener que compartirlo con nadie. Su esposa, confidente de tan profundo deseo, un día roba uno de la granja de una familia rica. Cuando Macario se dispone a comérselo, Dios, el Diablo y la Muerte se le aparecen para pedirle que lo comparta. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un tallo nace, acariciado por mil amaneceres, azotado por todas las tormentas. Nace con el canto de cien pájaros, con el andar de millones de hormigas. Y crece fuerte en el silencio del bosque, en complicidad de las canciones de los vientos y las hojarascas. Allí aparecerá con el tiempo el fruto, que brotará de su tallo. Nacerá de él, pero pronto tomará su propio recorrido, su forma particular y hasta ira más allá de su origen y desarrollará un gusto, una textura, una dulzura o quizás una amargura. Las lunas pasaran, una tras otra, desdibujando su forma, guiando a los mares, consumiendo su vigorosidad con la sutiliza invisible del paso del tiempo. El sol marchitará sus últimos jugos de vida y entonces el fruto caerá a la tierra encontrando su fin de existencia, vamos, su muerte. Pero aun vencido por un ciclo inevitable, infalible, de un diseño delicado y perverso a su vez, digno de las precisas manos de un orfebre, el fruto ya la en la tierra, ya sin vida, desafiará a la muerte esparciendo sus semillas sobre la tierra. Quisieron enterrarnos y no sabían que éramos semillas, rezaba algún cartel un 24 de marzo. Es sobre este tópico que nuestro amigo Don Miguel de Unamuno discutía con aquellos que intentaban la vulgaridad de la siguiente argumentación: pero Don Miguel, usted vivirá en sus obras… A lo que Unamuno, repleto de humanidad, respondía yo quiero existencia de bulto, no sombra de existencia, yo quiero ser protagonista de mi consciencia. Automáticamente, si hablamos de la muerte, arrojaremos sobre la mesa la carta otra carta, la de la inmortalidad. La inmortalidad, bien sabemos, quita urgencia. El inmortal va siempre a menos. La inmortalidad carece de movimiento, de energía. ¿Qué drama podría contarse entre dos inmortales si no existiría conflicto, si en la inmortalidad, si en la infinitud del tiempo cualquier cosa sería posible, bastaría con sentarse a esperar para que cualquier amor suceda, para que cualquier reino caiga y vuelva a resurgir? 



Tal vez, tal como dice un amigo, la solución esté en ser inmortal y no saberlo y aquello sucede en el momento culmine del amor. La petite Mort, aquel minuto, aquel ápice vertiginoso donde estamos vivos y muertos a la vez. Dice Hiedegger que lo que nos define es ser para la muerte y la muerte posee una conexión esencial con el tiempo. Pero cómo convivir con la certeza de la inminencia de la muerte. Por otro lado, Platón aclaraba en cada asado que la filosofía es un ejercicio para la muerte, no la resuelve, pero nos ayuda a comprendernos en nuestra finitud. Sabernos finitos angustia, eso es un hecho irrefutable. Pensarnos perecederos, temporales, fugaces, mortales angustia porque no solo racionalizamos el sentimiento trágico de nuestra vida sino también de aquellos que amamos. No solo moriremos nosotros en cualquier instante, sino también lo harán aquellos que queremos. ¿Qué angustia mayor que esa podría acompañarnos en este camino? No hay sonrisa que no se apague ante el recuerdo de aquella verdad. Saber que esto tiene un final, activa una urgencia también que tiene que ver con la responsabilidad del estar habitando este aquí y ahora. Existir implica una responsabilidad sobre la vida que una vive o no vive hasta su muerte. Allí hay un montón de variantes de las cuales la mayoría no dependen de nosotros, pero algunas si, y de esas debemos hacernos cargo. De esas decisiones que nos hacen doblar esquinas, cruzar de calles, caminar otros barrios guiados solos por el deseo. Marcando un camino que niega otros. Eso le da otro sabor al viaje si sabemos que todo tiene un final. En definitiva, queridos amigos y amigas, la vida tiene algún sentido solo porque se termina.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE MACARIO


 

Más de una vez, en estos recovecos que tenemos como trinchera, frente a estos micrófonos que tratan de escupir sensaciones y no sentencias, nos preguntamos qué poder elegiríamos. Siempre aparecen la inmortalidad, la posibilidad de viajar en el tiempo, el ser invisible, el trasladarse de un lado a otro en cuestión de segundos o la sanación divina. Todas cuestiones metafísicas e improbables, claro está. También hablamos de lo que genera el poder, de cómo corrompe y cómo transforma a los seres. Y claro está, hablamos de esos tres entes que están siempre giran alrededor nuestro: El Diablo, Dios y la Muerte. Una tríada que forma adeptos desde hace siglos. Y, cómo más de una vez lo hemos citado, vienen las palabras de nuestro amigo Unamuno quien nos decía que el sentimiento trágico de la vida reside en entender y ser consciente de que nuestra existencia es finita. Y es ahí entonces cuando la angustia se apodera de nosotros. Y los pensamientos se contraen. Por supuesto que la muerte es siempre triste, aunque hay ciertos pueblos que lo viven de forma diferente. México, por ejemplo, es uno de los países que tiene una de sus festividades más importantes. Hablamos del Día de los Muertos, posterior al Día de los Santos, otra de las fiestas católicas del país. Durante esas festividades, transita el film Macario de Roberto Gavaldón, basado en una novela de Bruno Traven. La película lleva el nombre del protagonista, interpretado por Ignacio López Tarso, un pobre campesino que junta leña para vender en el pueblo y así llevar algo de comer para su esposa y sus cinco hijos. 



El film de hecho arranca con una leyenda sobre que es la celebración de ese día tan particular. Mientras los títulos avanzan, marionetas de calaveras irán apareciendo, estas imágenes con la música utilizada nos harán pensar en esas películas de terror de los años ´30, aunque es sólo un pequeño homenaje de los varios que veremos durante los 90 minutos del film. Una vez pasado los créditos, conoceremos al protagonista mientras corta leña. También en esos primeros minutos el director nos irá mostrando a su familia y su humilde forma de vivir. Como destacamos anteriormente, el film conectará varios géneros. Estaremos ante una película donde el llamado realismo mágico será parte fundamental de la trama. También habrá momentos que nos recuerden a ese neorrealismo italiano de los años ´40. Pero sin dudas, será un film hermanado en muchas situaciones con otro clásico del cine mexicano: Los olvidados de Buñuel. Habrá allí alguna escena que nos recordará inmediatamente a esa gran obra de arte. Y para confirmar ese parentesco, el director de fotografía será Gabriel Figueroa, el mismo de Los Olvidados, que elige un blanco y negro ideal para la historia. Esa niebla que es constante en el metraje, también aparecía en el film de Buñuel. La escenografía del film será otro gran aporte, tanto en los paisajes naturales como en el pueblo y en la muestra de cómo se festeja ese día tan esperado. La música también estará a la altura, sobre todo en los encuentros con esos tres personajes que se encontrarán con Macario. 



Llega El día de los Muertos y Macario tiene un deseo, que para muchos sería egoísta: comer un guajalote (lo que en otros países llamamos pavo o pollo) él solo, sin tener que compartirlo con nadie. Su esposa, en un trabajo soberbio de la joven Pina Pellicier, decide robar uno para que él pueda cumplir su deseo. Ahí, empezará el conflicto del film y la curva dramática del personaje. Y aparecerá otro nombre amigo de esta casa: Ingmar Bergman, porque a todos se nos vino a la mente El séptimo sello cuando aparecieron los tres personajes que nombramos al principio: el diablo, dios y la muerte. Cuando el joven se dispone a probar el primer bocado, se le aparecerá alguien que le ofrecerá riqueza a cambio, pero Macario rechaza la oferta. Un tiempo después, será el propio dios quien intente obtener un poco de ese guajalote y aquí vendrá una de las grandes frases de la película: “¿Por qué, Señor? A ti no te interesa este bocado. Te interesa un gesto que yo haga, una acción. Tú sabes que yo no he querido nada pa’ mí solo toda mi vida. Pa’ ti es un animalito muerto, apenas un pretexto pa’ hacer que yo me porte bien. Pa’ mí lo es todo: toda el hambre de mi vida, todo lo que he dado, todo lo que no he recibido. Perdóname. Yo sé que puedes perdonarme si tú quieres. Yo no quiero convidarte, ¡NO QUIERO!”. Por último, llegará alguien que no pide nada a cambio, sólo tiene hambre. Luego de partir el pavo en partes iguales, confirmaremos que es la muerte, quien, en modo de agradecimiento, le da “el agua de la vida”. La muerte le dirá qué cuando visite a un enfermo, lo verá junto a él, si está al pie de la cama con una gota de agua éste podrá ser salvado, pero si está en la cabecera de la misma no podrá, ya que esa persona le pertenece. “Usa bien mi regalo y hazte digno del título de amigo que te doy” le dice antes de despedirse. 



Para confirmarlo, Macario utilizará el agua mágica con su propio hijo ese mismo día y así arrancará su otra vida, donde será visto como un sanador para unos o como un impostor para otros. A partir de ahí, Macario empezará a ser reconocido y podrá acceder a todo lo que nunca tuvo. A lo largo del film veremos una crítica social, no sólo al poder, sino también a la burguesía, a la justicia y a la Inquisición, todos tratando de sacar su propia tajada. Además, por momentos tendrá ribetes cómicos y hasta algo de humor negro lo que la vuelve a emparentar con Buñuel. Encontraremos una brillante escena sobre el final, donde Macario y La Muerte se encontrarán en un lugar con miles de velas ardiendo, cada una será lo que queda de cada vida. “Esta es la humanidad. Aquí ves arder las vidas tranquilamente. A veces soplan los vientos de la guerra, los de la peste y las vidas se apagan por millares al azar” dirá quien siempre al final vence. El film no cuestionará sino nos dejará preguntas para hacernos. ¿Con quién haríamos un trato nosotros? Nos llevará a que la respuesta será que cada acto y cada decisión tendrá sus consecuencias y puede ser nuestra propia condena. Que el poder corrompe, que con la Muerte nunca se juega y que el dinero no puede comprar todo. Y qué en la vida de los pobres, los momentos de felicidad son breves, porque, como dijo Macario “Nos pasamos la vida muriéndonos de hambre”.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GAVALDÓN

 


Roberto Gavaldón nació el 7 de junio de 1909 en Chihuahua, Jiménez. Tras un viaje por Estados Unidos, en donde pretendió cursar la carrera de odontólogo, Roberto Gavaldón decidió entrar de lleno en el mundo del cine. En 1933 dio sus primeros pasos como extra en películas como Almas encontradas, de Rafael J. Sevilla, y El prisionero trece, de Fernando de Fuentes. A partir de 1936 desarrolló un intenso aprendizaje como ayudante de dirección al lado de algunos de los realizadores de más renombre en aquellos años. Demostró su saber hacer con Gabriel Soria, a quien consideró su maestro, en ¡Ora Ponciano! (1936), La bestia negra (1938), Mala yerba (1940) o Casa de mujeres (1942), entre otras. También lo reclamó Chano Urueta para Jalisco nunca pierde (1937) y El conde de Montecristo (1941), y asistió en Su admirable majadero (1938) a Alberto Gout, quien le dio la oportunidad de ser coguionista de Café Concordia (1939). A lo largo de toda una década, las más de treinta películas en las que intervino como ayudante de dirección le dieron una experiencia que no tardó en aplicar desde un puesto de mayor relieve. En 1943 ya pudo codirigir algunas películas como Las calaveras del terror, con Fernando Méndez; Tormenta en la cumbre, con Julián Soler, y Naná, con Celestino Gorostiza. Estas películas le animaron a abordar su primera obra como director, para lo cual eligió una novela de Vicente Blasco Ibáñez, La barraca, con la que ganó 10 Premios Ariel, entre ellos el de Mejor película. A mediados de los años cuarenta, Roberto Gavaldón formó parte del grupo del Sindicato Técnico de la Industria del Cine (STIC) que promovió la alfabetización audiovisual en las escuelas. También formó parte del Sindicato de Trabajadores de la Producción (STPC), junto a dos grandes de la época como Jorge Negrete y Mario Moreno, popularmente conocido como “Cantinflas”. A partir de ahí arma una sólida carrera con más de 50 films, entre los que se destacan títulos clásicos de la época de oro del cine mexicano. En este listado aparecen El Socio, La otra, La diosa arrodillada, La casa chica, Rosauro Castro, En la palma de tu mano, Mi vida por la tuya, Deseada, La noche avanza, El rebozo de Soledad, El niño y la niebla, Sombra verde, Camelia, La escondida, Miércoles de ceniza y Flor de Mayo. 



Todos films que fueron éxitos en su país. A nivel mundial empieza a ser reconocido con Macario, película que fue nominada en los Oscar y en Cannes. Rosa Blanca, Días de otoño, El gallo de oro, La vida inútil de Pito Pérez, Doña Macabra, El hombre de los hongos y Cuando tejen las arañas son los films más destacados de su última etapa. Trabajó con grandes figuras latinoamericanas de la época, como Hugo Del Carril, Luis Sandrini, Dolores del Rio, Arturo de Córdova, María Félix, Pedro Arméndariz, Ricardo Montalbán, Ignacio López Tarso, Pina Pellicier, Cantinflas y Libertad Lamarque. Algunos de sus compañeros de equipo de guion fueron Javier Revueltas, Julio Alejandro y hasta Gabriel García Márquez, en el film El gallo de Oro. Su asistente de fotografía fue casi siempre Gabriel Figueroa. A finales de los años cincuenta, Roberto Gavaldón fue uno de los diputados encargado de elaborar el proyecto de Ley de Cine que reclamaban los diversos sectores profesionales. Con anterioridad firmó una película que la productora estadounidense Eagle Lion rodó en México (Adventures of Casanova, 1947), dirigió en Argentina la historia Mi vida por la tuya (1950), que escribió con Tulio Demicheli con Mecha Ortiz y Carlos Cores, y rodó también en México una producción de Walt Disney, The Little Outlaw (Pablito y yo, 1953). El director falleció el 4 de septiembre de 1986 y cuatro días después su familia recibe la Medalla Salvador Toscano en reconocimiento a su valiosa obra fílmica por la Academia Mexicana de Cine. Se iba así uno de los directores mexicanos más importantes de todos los tiempos.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Macario

Año: 1960

Duración: 91 min.

País: México

Dirección: Roberto Gavaldón

Guion: Roberto Gavaldón, Emilio Carballido. Historia: Bruno Traven

Reparto: Ignacio López Tarso, Pina Pellicer, Enrique Lucero, José Galvez, Mario Alberto Rodríguez.

Música: Raúl Lavista

Fotografía: Gabriel Figueroa (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA 

martes, 23 de septiembre de 2025

WHIPLASH DE DAMIEN CHAZELLE

PROGRAMA 480 (29-08-2025)

 

SINOPSIS

 

El objetivo de Andrew Neiman (Miles Teller), un joven y ambicioso baterista de jazz, es triunfar en el elitista Conservatorio de Música de la Costa Este. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza. Terence Fletcher (J.K. Simmons), un profesor conocido tanto por su talento como por sus rigurosos métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del Conservatorio. Cuando Fletcher elige a Andrew para formar parte del grupo, la vida del joven cambiará. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Arrancar este programa hoy para mí no es tarea fácil. Yo, el más corazonado de los hombres y por el más, también el más amargo como me calificó alguna vez Hernández sin saberlo. Pero habitémonos hoy, aquí y ahora. Démonos la oportunidad de estar acá y compartirnos. De abrazarnos fraternalmente sin más adjetivos. Con ese basta. Abrazarnos fraternalmente, en ese gesto donde uno se funde con el otro sin importar el motivo. No importa si es festejo o lamento. Es siempre una celebración el latir de corazones al unísono, como cuando estábamos dentro del vientre materno y vibrábamos con mamá. Tum Tum, Tum Tum al mismo tiempo, sin palabras, sin preguntas, sin sentencias. Éramos música. Nacimos música. Tum Tum, Tum Tum ahí está ese ritmo que nos alegraba, nos calmaba, nos hacía sentir en casa. Sentirse en casa es sentirse seguro, cálido, sentirse protegido, cuidado, aislado del peligro, eso es casa. Casa no es casa, digo la casa física. Casa es una mirada, es un abrazo, un llamado a tiempo, una palabra que nos saca de nosotros mismo, unos ojos brujos que juran no irse jamás. Eso es casa. Tum Tum, Tum Tum… estos días estuve varias veces en casa, en lugares distinto, con gente que no me lo esperaba. Creo, aunque quizás no lo parezca, estar en casa en este mismo momento. Sentado en esta silla, con estas luces potentes y este micrófono que me amplifica lo que quisiera callar. Como bien sabemos, la conexión con aquel ritmo primordial un día, naturalmente, se corta. Brutalmente somos arrancados de aquel espacio tan nuestro, tan íntimo y pacífico. 



Ese espacio de conexión tan intenso, con aquel ritmo inolvidable que buscaremos reproducir la vida entera, desaparecerá de la manera más tajante y violenta. Nacerán todos los géneros musicales sobre esa simple base: tum tum, tum tum. Alargándolos, atrasándolo. Jugando claro, porque ahora aprendimos de reglas. Aprendimos de formas y de modos. Pero ojo, al nacer no dejamos de ser música. Lo primero que hacemos para reafirmar nuestra vida es gritar, ahí aparece el canto, claro. La vibración de todo el cuerpo. Ahora somos canto. Feroz, presente, primitivo. Lo primero que hacemos para compartir nuestra vida con los demás es cantar. A viva voz. Así entramos en este mundo, en esta casa. En donde luego, con el tiempo, tal como dicen algunos, caemos en cuenta con solo mirar por la ventana que la humanidad ha tomado la maldita tendencia, vaya uno a saber por qué, vaya uno a saber cuándo, a la entropía o al suicidio. Basta pensar en Gaza, en medio oriente, basta con pensar en la esquina de nuestra casa, en nosotros mismos y en cómo nos interrelacionamos. La agresión y el odio se han naturalizado y se ha infiltrado en la comunicación en general. Lo vemos en la gráfica, en el verbo, en la charla cotidiana. Esta allí con sus uñas y dientes, alejando los abrazos, la unión, el apoyo, el consenso, el gran terror para cualquier liderazgo. Es verdad, el mundo se ha roto, pero no es de ahora, solo que ahora decidimos mirar la fisura. Decidimos hacerlo porque cada vez es más grande y más difícil de reparar claro. Un elefante en una habitación, imposible de no ver. 



Está ahí, lo sabemos. Es muy triste pensar que justo en este momento en que las posibilidades tecnológicas podrían hacer un gran aporte a la felicidad humana, desde el desarrollo guiado de las inteligencias artificiales, desde el uso apropiado e inteligente de humanoides o tal vez el uso de nuevas tecnologías para la siembra, es muy triste pensar que todo eso esté derivando hacia un camino que apesta a guerra y que huele tanto a muerte. Pensar en términos de éxito y fracaso hoy es muy complicado. ¿Quién puede tener el valor de nombrar algún éxito logrado a través de una guerra? ¿Cuál de todos ustedes puede comunicar el fracaso de una pareja al separarse? Los escucho… Desde la humilde opinión de este gil que les habla, creo que fuimos pesimamente enseñados respecto del éxito y el fracaso. El éxito, por lo general, y para ser benevolente con el término, está asociado al logro de un objetivo previamente planteado y el fracaso, por lo contrario, con la falla en el intento de alcanzar aquel objetivo. Ya llega aquel examen del bien y el mal escribió el Doctor García alguna vez. Déjenme pensar, hoy, en un momento tan especial de mi vida, donde todo cambia de forma tan vertiginosa, que  todo es proceso. Déjenme esa oportunidad. Déjenme esta noche para no pensar en éxitos ni en fracasos, sino en caminos realizados. En las fotos que esos caminos dejaron. En las anécdotas que nos llevamos. Déjenme para mí hoy entenderlo así y patear bien lejos el dolor, porque sin dolor entra el juego y jugando uno aprende. Y yo, mis queridos amigos, mis queridas amigas, en este abrazo del que todavía no nos soltamos, solo quiero decirles que estoy acá, para seguir aprendiendo.

  

Lucas Itze.-  

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE WHIPLASH

 


¿Qué es el éxito? ¿Qué es la perfección? ¿Ser perfecto significa ser exitoso? ¿Se logra la perfección a través del éxito? ¿Cómo conviven ambos en un mismo ser? Ya alguna vez dijimos que en todo lo bueno hay algo malo y viceversa. Y que por lo tanto, lo perfecto es lo imperfecto. Cuántas veces hemos derramado lágrimas buscando la perfección. Y cuantas más habrán caído en busca del éxito. El ser humano tiende constantemente a alimentar esas dos ideas. Pero es más cruel cuando lo proyecta en el otro. Ahí es cuando deposita todas sus frustraciones. Además, el exitoso, tiene que ser perfecto. Tiene que tener un talento con el cual sea imposible fallar. Y si falla, saltarán todas las hienas que oliendo sangre buscarán lamer esas heridas. ¿Cuánta sangre habrá que derramar en busca de la perfección? A ese derramamiento de sangre lo lleva Terrence Fletcher a su alumno Andrew, en ese maravilloso largometraje de Damien Chazelle titulado Whiplash. Andrew toca la batería en un prestigioso conservatorio, pero tiene en su maestro Terrence a alguien abusivo que intenta sacar lo mejor de sus alumnos sin importar cómo. Primero, estamos ante un duelo actoral de excelencia. J.K. Simmons recibió todos los premios posibles por encarnar a ese maestro perfeccionista, melómano y abusivo, que pasa de la alabanza a la crueldad en cuestión de segundos. 



El trabajo de Miles Teller también es notable porque, aunque quedó opacado por su compañero, es el que tiene que llevar la curva dramática de su personaje y lo hace de manera prodigiosa. Estamos ante un guion lineal con su característicos tres actos aristotélicos bien definidos. Tendremos la presentación de los personajes, luego seguirá toda la acción relativa al proceso de aprendizaje para cerrar con un desenlace a puro nervio y con un final con un conjunto de vaivenes emocionales. El film será un gran ejemplo de lo que es el gran uso del lenguaje audiovisual. Un comienzo en negro, con un redoble de tambores que se van intensificando antes del título serán un gran ejemplo. Luego, la primera escena será el plano general de un pasillo, una puerta abierta y alguien tocando la batería, mientras la cámara se acerca hasta donde él está, vestido de blanco. De pronto, como si fuera un monje negro, aparecerá Terrence, marcando la diferencia entre esos colores que visten. Ahí, en ese primer encuentro, Andrew parecerá acorralado entre los instrumentos de batería mientras Terrence le habla. En esa primera escena está el conflicto, que se irá desarrollando a lo largo del film. La película contará mayormente con una fotografía oscura para darle más dramatismo a la historia. 



La iluminación jugará con las luces y sombras para reflejar las emociones de los personajes. La composición de planos contará con encuadres ideales para lo que el director quiere mostrar. Habrá diálogos, pero lo más importante será la música, que hablará por los protagonistas. Todo gracias a la pericia de su habitual colaborador, Justin Hurwitz, compañero de cuarto y de banda del director. Y acá llegarán los dos grandes aciertos por lo cual la película se transforma en una gran obra. Por un lado, el sonido. Cada ruido que aparezca, sea musical o no, estará muy bien logrado. Ni hablar de cuando suenan los instrumentos y los palillos de la batería empiezan a hacer su magia. Pero sin dudas, la perfección, y no nos queda grande esa palabra en este caso, proviene del montaje. La edición de Tom Cross es una maravilla. Hay una gran conjunción entre el sonido, los planos, el encuadre y el montaje. Los planos detalle serán clave, los planos pasarán de la mano de Fletcher a las manos de Andrew, de ahí a los gestos de Fletcher, volverá hacia los palillos sonando y así repetirán la misma secuencia y será casi todo un círculo infinito. La cámara y el silencio acrecientan la tensión que uno mismo empieza a experimentar el sufrimiento que está pasando el protagonista. Estaremos ante la clásica historia sobre la obsesión. Pero aquí no importa el qué sino el cómo. Veremos a medida que avanza el metraje temas como la manipulación, la búsqueda de la perfección y la pelea de esas dos fuerzas contrapuestas llevan el film hacia un “in crescendo” cada vez más caótico. 



Se nota la química entre ambos actores en una batalla que parece más de un ámbito bélico que artístico, como si el sargento Hartman de Nacido para matar fuera un profesor de un conservatorio. Ese ida y vuelta será electrizante, habrá una pequeña pausa, pero dejará lo mejor para ese clímax final donde ambos lo darán todo. La sangre se derramará y la mente se quedará en blanco. Quizás habrán logrado lo imposible, aunque el miedo aparezca a cada paso, porque bien sabemos que el éxito puede ser el principio del fin y tiende a ser tan perfecto que asusta.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CHAZELLE

 

Damien Sayre Chazelle nació en Providence, Rhode Island el 19 de enero de 1985. Es hijo de Celia Martin, escritora y profesora y del científico informático de origen francés Bernard Chazelle.  Dedicarse al cine fue su más temprana ambición, sin embargo, cuando iba al instituto se formó como baterista de jazz en Princeton High School. Allí conoció a su profesor de batería, que tenía un fuerte carácter y fue la inspiración para crear el personaje de Terence Fletcher, en Whiplash. Aunque cultivó su amor por la música, Chazelle asegura que sabía que no tenía talento para ser un gran músico así que después de la escuela secundaria volvió a centrarse en el cine, al que describe como su primer amor. Fue a la Universidad de Harvard donde se graduó en estudios Visuales y Ambientales. El debut de Chazelle como guionista y director fue en la película Guy and Madeline on a Park Bench; donde contó con Justin Hurwitz como compositor de música original, dupla que se mantiene con las siguientes dos películas del director. Compartió el trabajo de guion con el director Ed Gass-Donnelly en el film El último exorcismo parte II, en 2013. También escribió el guion de Grand Piano de 2013, un thriller en el que un pianista es amenazado de muerte durante un concierto. Chazelle asegura en entrevistas que a pesar de que trabajaba como guionista siempre quiso dirigir su propio guion. La película con la que Chazelle inició su reconocimiento fue Whiplash; en un principio los productores rechazaron el guion, aun así, apareció en la Black List de 2012 (una lista donde se encuentran los mejores guiones sin producir) como una de las mejores películas sin hacer de ese año. Finalmente fue aceptada por los productores, entre ellos Helen Estabrook, quien propuso a J.K. Simmons para el papel del profesor, Terence Fletcher. Para obtener el presupuesto de la película, se hizo primero un corto como prueba, el cual obtuvo aplausos en el Festival de Cine de Sundance en 2013. Whiplash ganó el Premio de la Audiencia y el Gran Premio del Jurado; en el Festival de Sundance, en la categoría de largometrajes de drama estadounidenses. Incluso le valió nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película, y resultó ganadora del Óscar al Mejor Actor de Reparto, Mejor Montaje y Mejor Sonido. 



En 2016 La La Land llega por parte de Lionsgate; una película que narra la historia de Mia y Sebastian (Emma Stone y Ryan Gosling), dos soñadores que buscan alcanzar sus sueños en el cine y la música. Chazelle obtuvo gran reconocimiento por parte de la prensa y audiencia, e incluso algunas revistas le dieron el nombre de "La Película del 2016". En enero de 2017 la Academia anuncia los nominados al Oscar, La La Land resulta nominada a 14 premios, siendo la tercera película en la historia en contar con este número. Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Música, Mejor Canción, Mejor Actriz y Mejor Actor son algunas de las categorías nominadas. En la entrega de los Oscar, La La Land consigue 6 premios de las 14 nominaciones obtenidas, entre ellas mejor Canción, Banda sonora y Actriz, incluido el director, convirtiéndose éste en el más joven en lograrlo hasta ahora. Posteriormente, realizó el siguiente filme sobre Neil Armstrong, First Man. Esta ocasión volvió a contar en el reparto con Ryan Gosling y con la Actriz Claire Foy. En 2019 ha dirigido dos capítulos de la serie The Eddy, estrenada en la plataforma Netflix el 8 de mayo de 2020. En 2021 inició la filmación de Babylon, donde contaría en el elenco con Brad Pitt, Margot Robbie y Tobey Maguire, contando la transición del cine mudo al sonoro. ​Se sumaron también al reparto Olivia Wilde y Spike Jonze. En 2022 se estrenó la película el 25 de diciembre para EE. UU. y no estuvo prevista para festivales. Como dato curioso el mismo Chazelle confesó que existe una versión de aproximadamente dos horas de Babylon grabada con un Iphone en su patio trasero por él, su esposa y Diego Calva. Veremos cuál es el próximo proyecto de uno de los directores más interesantes de los últimos años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Whiplash

Año: 2014

Duración: 103 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Damien Chazelle

Guion: Damien Chazelle

Reparto: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, Austin Stowell, Jayson Blair.

Música: Justin Hurwitz

Fotografía: Sharone Meir

 

PELÍCULA COMPLETA

jueves, 10 de octubre de 2024

INSANÍA - SILENÍ DE JAN SVANKMAJER

PROGRAMA 446 (20-09-2024)

 

SINOPSIS

 

Tras asistir al funeral de su madre, Jean Barlot emprende un viaje y se detiene a pasar la noche en una pensión. Durante el sueño causa destrozos en la habitación. A la mañana siguiente, averigua que un extraño marqués que se hospeda allí ha pagado los desperfectos y que, además, lo invita a pasar la noche en su castillo. Barlot acepta la invitación, pero sus fuertes convicciones morales y religiosas sufrirán un fuerte impacto al espíar al marqués y a sus amigos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Háblame, háblame hasta que puedas salir de esta habitación. Mírame, mírame… Reconozco en esos ojos el hastío, en la pronta independización de la oscuridad ante la luz. Se ve a la muerte acercándose lentamente entre tinieblas. ¿La ves? Está siempre detrás nuestro, pero a la vez un paso adelante. ¿Por qué cierras los ojos? Acaso no quieres encontrar la libertad… esas sábanas blancas no van a poder detenerte. ¿Acaso crees que tus manos y tus pies están atados como castigo? Mira a tu alrededor, todo se está incendiando. El mundo se está diluyendo entre sueños necios y falsas promesas. ¿A qué quieres ir allá? ¿A pelear en nombre de quién? Observa el espejo y dime que no estás mejor aquí que allá… Adentro está la libertad, no allá afuera. No… no… no… no tengas miedo. ¿Por qué tiemblas? Pastillas, electro shocks… si, eso debe ser… No me engañes! Nada de eso es verdad. Son sólo pequeños pasos para ser libre. El mundo se olvidó de vos, todavía no te diste cuenta… Existís sólo por nosotros. Si hoy tu vida terminara, nadie se enteraría. Un número más de la lista. No me preguntes más que has hecho o por qué. Saliste sorteado campeón… 



Es una ruleta rusa. Te tocó a vos. En otra vida me tocará a mí… Si es que hay otra vida. ¿Pensás que esta es la única y nos tocó perder? A veces me pasa. ¿Querés hablarme de libertad? No… no… perdón que me ría. En nombre de la libertad se están haciendo tantas cosas, que ni un loco podría haber imaginado… Hoy es una palabra de moda hermano… y nadie a ciencia cierta sabe su significado. Odian la libertad, esa es la realidad. No hay mucha diferencia entre lo que hay afuera o lo que vemos adentro todos los días. Pero algunos tienen menos suerte que otros. Bueno, creo que se está terminando mi hora doctor. Ya puede mirar para otro lado. Ya dejo de tutearlo.. bah, a veces lo hago, a veces me olvido del personaje. Me voy a mi habitación a soñar de todos esos mundos nuevos que alguna vez hablamos. Ya puede ser libre, como todos quieren. Salga y vea lo que es… Es el manicomio en el que todos vivimos hoy...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE INSANÍA

 


Chaplin decía que la vida es una comedia cuando se la ve en plano general pero una tragedia cuando la observamos en primer plano. Solo basta mirar un buen rato al sol para quemar estos ojos, que no son más que un dispositivo previo y heredado creador de subjetividades, para lograr ver el plan. Caminamos todos juntos por allí, con el mismo paso, pequeñas gotas en un mar planchado. Atenuados, controlados caminamos. El truco, el conejo que sale de la galera y concreta la fantasía es solo una palabra. Sí, el lenguaje es el virus. Libertad. Caminamos todos juntos a un mismo tiempo, con un mismo ritmo, atenuados y controlados, llenos de verdades, operando –definitivamente- sobre certezas heredadas previamente y, aun así, nos sentimos libres. Nótese que dije “todos juntos” y aquella elocución bastó en la cabeza de ustedes para interpelarlos conjuntamente con el discurso. Funcionó allí el truco, la ilusión de libertad en la naturalización de un absoluto. Basta con introducir la duda en nuestro sistema para transformar aquel “todos” en un “todos y todas” y ni que hablar si nos animamos a ir más a fondo para llegar a la desobediencia absoluta de un “todes”.  El poder está allí agazapado en las sombras de lo cotidiano, operando en las fibras nerviosas de nuestro día a día. El poder está allí, alejando la duda para no ver las diferencias, recostándonos en la tranquilidad acogedora de la certeza, aquella que nos hace sentir parte de algo, que nos diluye en esencia dentro de la masa que nos contiene y protege de la soledad abrumadora de la existencia. Ejerzamos la duda, la contingencia, miremos al sol para deconstruir las verdades absolutas sobre la que se construye nuestro ser. ¿Quién diseña entonces nuestra libertad? ¿Cuál es la mano que marca el pulso sobre el que caminamos, cual es la voz que declara la normalidad de nuestros actos? 



En aquel libro maravillo de nuestro amigo Zito Lema llamado Conversaciones con Enrique Pichón Riviere sobre el arte y la locura, el psiquiatra declara que: Al analizar las distintas categorías utilizadas por la ciencia del hombre para abordar el problema de la salud, de lo “normal” y lo “patológico”, de las “formas de adaptación” nos parece entrar en un terreno esquivo, ambiguo, lleno de indefiniciones o definiciones contradictorias. Entiendo que esta ambigüedad es solo aparente; en realidad se trata de la ocultación ideológica de las características del problema, para escamotear las condiciones de producción, los criterios de salud y enfermedad mental, o sea normalidad y anormalidad, y la función que el aparato u organizaciones de la salud cumple en una sociedad de clases. El análisis de los distintos criterios y definiciones de la salud y de las formas de organización y asistencia que aquellas inspiran y justifican, nos remite a sus condiciones de producción, condiciones que son históricas, económicas y políticas. Toda teoría de la salud y enfermedad implica y reenvía a una concepción del sujeto, del mundo y de la historia que lo fundamenta. Agregará más adelante Pichón Riviere lo siguiente: El criterio de salud, la norma que evalúa la forma de adaptación a la realidad, es funcional en el sistema de relaciones sociales, como lo es la norma jurídica. El criterio de salud vigente, criterio de competencia social, como condensación de ideas, es condensación de ideas de la clase dominante, funcional con sus intereses  y objetivos. Y como condensación de la ideología dominante tendrá el carácter ocultante y mistificador que le confiere a esa ideología su papel en la lucha de clases. Quien rompe alguna de estas normas, la jurídica y la de salud, ligadas por su origen común (relaciones sociales, relaciones de propiedad) y una función compartida (control social) se hace acreedor a la marginación y descalificación sistemática de sus actos y pensamientos. La reclusión en el hospicio es, de hecho, una forma concreta que asume esa marginación, esa sanción. Existe la ley escrita, que constituye el orden público y expresa la voluntad de una clase en el poder y otra coherente con la anterior que implica el criterio de normalidad a partir de la cual se juzga la conducta de los sujetos. Esa ley no escrita es también expresión de intereses de clase. 



Allí entonces la mano normalizadora que define quién sí y quién no. Una frontera es siempre un límite político, es siempre la manifestación activa del poder. Este es el grito que puede oírse en la maravillosa obra del director Jan Švankmajer, puntalmente en su película Lunacy, la cual dirige y guiona. El film estará basado libremente en dos cuentos de Edgar Alan Poe llamados “El sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether” y “El entierro prematuro”. De allí sacará el artista el material para construir su relato. El film comenzará con una secuencia onírica recurrente donde el joven Jean Berlot sufrirá una crisis y será abordado por dos enfermeros que buscarán reducirlo con un chaleco de fuerza. Al día siguiente, ya repuesto de aquella pesadilla, se encontrará con el Marques quien se ofrecerá a llevarlo hasta su destino. Comenzará de esa manera el formato narrativo clásico del camino del héroe. Se introducirá nuestro protagonista en un universo que, por su aspecto, parecerá contarnos una verdad alternativa. Tal será el juego que planteará la película en todo momento desde su sintáxis audiovisual. Habrá autos, habrá autopistas, pero el Marques se transportará en carruaje por el campo, alejándose de aquellas verdades cotidianas y absolutas. Notaremos de inmediato una clara referencia en este personaje al Marqués de Sade. Será mediante él que el film atacará la moral cristiana, deconstruirá verdades naturalizadas e interpelará así al espectador. 



Tal como bien sabemos, Donatien Alphonse François de Sade, el verdadero Marqués, poseía una cosmovisión del mundo que se organizaba según una estructura de poder. Así entonces, encontraba que había personas que mandaban y otras que obedecían, introducirá allí la idea del sádico y el masoquista siendo el primero el encargado de ordenar aquello que el segundo obedecerá. El film expondrá todo el tiempo estas dinámicas de poder abordando la idea del dios, de la culpa cristiana e introducirá así la idea del instinto, de la naturaleza humana. La moral impuesta, dirá el verdadero Marqués de Sade, aleja al ser humano de su naturaleza y su biología. Esto puede desembocar en tristeza porque inculca al ser en valores que no son los propios, sino que son forzados por la vida en sociedad, la crianza y la educación. Se preguntará, entonces, cuánto del individuo es su yo natural y cuanto es impuesto. El film instalará esta duda tanto en el protagonista como en el espectador. Jean Berlot decidirá aceptar la propuesta del Marqués e ingresar al hospicio por él señalado. Allí todo será caos, se manejarán valores y morales diferentes a los esperados. Los internados tendrán libertades, podrán expresarse de manera artística, no habrá un orden establecido. El Marqués de Sade apuntará en su filosofía, a que a mayores experiencias de dolor tiene una persona más se llega a conocer a sí misma. Para él, será necesario reconocerse dentro de alguno de los dos grupos, sádico o masoquista, para encontrar la felicidad. Quedar en el medio, escribirá, lleva al desequilibrio y a la incertidumbre. Estará entonces aquel grupo del manicomio bien definido según estos términos, más allá de las libertades practicadas. Estarán aquellos y aquellas que obedecen de manera masoquista y estarán los que ordenan y mandan, de manera sádica. Habrá una clara referencia en todo esto a la dialéctica del amo y el esclavo planteada por el amigo Hegel, teoría que introdujimos hace poco en este mismo espacio. Veremos que en la dialéctica planteada por el filósofo se juegan todas las herramientas hasta ahora utilizadas por el director en su narrativa. 



Hegel dirá que la historia humana comienza con el enfrentamiento de dos deseos, de dos consciencias deseantes. Dividirá así entre el deseo del humano y el deseo animal. El deseo del humano desea deseos, es decir desea el deseo del otro, o sea que el otro lo reconozca. De esa forma somete con el objetivo de ser reconocido como un superior. El animal, en cambio, desea cosas naturales, la materia. Para Hegel la conciencia es deseo, al desear el humano el deseo del otro, al poner el filósofo allí al deseo, expulsa a la conciencia de la inmanencia, la arroja hacia afuera, dejando así de ser una interioridad. El humano entonces desea el deseo del otro y esta lucha se resuelve entonces con el sometimiento del otro por temor a morir. El esclavo será el que de los dos tenga miedo a morir y anteponga este temor a su deseo. Será más fuerte su temor a morir que su deseo de ser reconocido. El otro, claro, funcionará de forma inversa. Su deseo será mucho más fuerte que su miedo, eso lo convertirá en el amo.  Dada esta situación, el amo entiende que aquel que lo reconoce, aquel que entrega el deseo que lo hacía humano, es un mero esclavo. No es un igual, sino algo inferior. Ante esto, el amo se paraliza. El esclavo, entonces, trabajará para su amo desde su sometimiento haciendo de él un ser pasivo y ocioso entregado al goce del placer. Trabajará entonces la materia para satisfacer a su sometedor, trabajará la naturaleza transformándola, creando así la cultura. La historia humana se construirá de la mano del esclavo. La cultura para Hegel es el desarrollo del esclavo trabajando de manera creativa con la materialidad. Esta creatividad, esta sensibilidad, le devolverá aquella humanidad perdida en la entrega de su deseo y le permitirá sentirse más humano que su amo. Se llegará entonces al cuarto momento que es la conciliación de los contrarios. Los antagónicos estarán conciliados en una síntesis superadora de las contradicciones anteriores que los contendrán. Švankmajer instalará esta dinámica en toda la cinta y dará un giro menos prometedor que el pensado por Hegel. El director se centrará en la idea de que cualquier relación de poder implica sometimiento, implica una diferencia que el humano no está capacitado para soportar, y que no habrá síntesis superadora mientras haya un grupo que sostenga las cuerdas. Como dijimos alguna vez, donde hay poder hay resistencia y en aquella resistencia, todo preso es político.   

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SVANKMAJER

 


Nacido en Praga en 1934, es uno de los célebres cineastas de animación. Utiliza casi siempre en sus películas, las técnicas de Stop Motion, trabajando con marionetas y también actores reales. Varios de los grandes cineastas de la actualidad como Tim Burton, Terry Gilliam y los hermanos Quay han confesado que sus films se vieron influidos por el mundo creado por el artista checo. Algunos de los artistas que inspiraron a Svankmajer fueron Edgar Allan Poe, Lewis Carroll y el Doctor Fausto. La filmografía de Svankmajer está repleta de cortos y muy pocos largometrajes. Su primera vez detrás de las cámaras fue con el corto El último truco del Sr. Schwarcewallde y del Sr. Edgar. Sobre dos magos que compiten para ver cuál es el mejor truco. Los cortos que siguieron a continuación fueron: Johan Sebastian Bach, Juego con piedras, La fábrica de ataúdes, Et cetera, Historia Naturae, El jardín, Picnic con Weismann, El apartamento, Una tranquila semana en casa, Don Juan, El osario, Jabberwocky, El diario de Leonardo, El castillo de Otranto, La caída de la casa Usher, Dimensiones del diálogo, En el sótano, El péndulo, el pozo y la esperanza, Another Kind of Love, Juegos viriles… 



Alice es su primer largo, y después siguen los cortometrajes como Flora, Carne enamorada, Oscuridad, luz, oscuridad, La muerte del estanilismo en Bohemia, Comida, hasta que llega su segundo largo que es Fausto, en el año 1994, basado en el mito del héroe alemán. En 1996 filma Los conspiradores del placer donde una serie de personajes dan rienda suelta a sus inimaginables placeres carnales haciendo referencia a Freud o El marqués de Sade, y haciendo uso de la masturbación, fetichismo, bestialismo, etc… En el 2000 filma El pequeño Otik, la historia de una pareja que no puede tener hijos, entonces el marido decide recortar una raíz del jardín y le da forma de niño. La esposa termina aceptando a la raíz como un bebé, pero después de un tiempo esta empieza a cobrar vida. Sigue en 2005 con Lunacy, donde cuenta la historia de un hombre que tras asistir al funeral de su madre, emprende un viaje y se detiene a pasar la noche en una pensión. Durante el sueño causa destrozos en la habitación. A la mañana siguiente, averigua que un extraño marqués que se hospeda allí ha pagado los desperfectos y que, además, lo invita a pasar la noche en su castillo. Acepta la invitación, pero sus fuertes convicciones morales y religiosas sufrirán un fuerte impacto al espiar al marqués y a sus amigos. En 2010 llega Sobrevivir a la vida, donde un hombre casado, que sueña recurrentemente que coquetea con una mujer.  Para acabar con esto, decide visitar un psiquiatra, pero en vez de mejorar, el problema se agrava. En 2018 filmó Insect, Adaptación de la novela de Karel Capek "The Insect Play", cuyo argumento está relacionado con la "Metamorfosis" de Kafka. 'Insect' es una metahistoria que explora la línea que separa a los insectos y los humanos. Lo último que ha filmado es el documental Kunstkamera, Una asombrosa variedad de pinturas, dibujos, esculturas, grabados, objetos y materiales llenan sala tras sala, pero este no es un museo abierto al público en general. Es el hogar de la célebre pareja de artistas Jan Svankmajer y su difunta esposa Eva, situado en el Castillo Horni Stankov de la República Checa.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Sílení

Año: 2005

Duración: 121 min.

País: República Checa

Dirección: Jan Švankmajer

Guion:Jan Švankmajer. Historia: Edgar Allan Poe, Marqués de Sade

Reparto: Pavel Liska, Jan Tríska, Anna Geiserová, Jaroslav Dusek, Pavel Nový

Fotografía: Juraj Galvánek

 

PELÍCULA COMPLETA