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jueves, 21 de mayo de 2026

TUVALU DE VEIT HELMER

PROGRAMA 503 (08-05-2026)

 

SINOPSIS

 

Anton, un joven aprendiz de monitor de natación, mantiene la ilusión de su padre ciego de que la piscina siga intacta y muy concurrida. Anton es un excéntrico solitario que sueña con navegar por los anchos mares rumbo a Tuvalu, sueño que comparte con Eva, joven de 18 años a quien le agrada mucho el carácter especial de Anton. El fallecimiento de su padre en la piscina al caerle un trozo de techo les impide salir al mar con el remolcador de Eva. El culpable de lo sucedido no es otro que Gregor, el hermano de Anton, cuyo objetivo es destruir la piscina, y de paso toda la ciudad, para reemplazarla por una nueva ciudad futurista. Anton tiene difícil la labor de salvar la piscina y mantenerla abierta, pero todo resultaría soportable si al menos se ganara el corazón de Eva. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El mundo se vuelve una guerra infinita. Aquí y allá los misiles van y vienen. Todo está a punto de explotar. Acá, a pocos kilómetros de la Casa Rosada, miles de personas hace fila para conseguir un trabajo por un mísero sueldo, mientras otros se roban todo y los acusan de vagos. Allí están ellos contando las horas para poder volar hacia otro destino mientras sus cuentas bancarias se engrosan. Y acá estamos nosotros, rezando para que no sigan aumentándonos las horas de trabajo. Porque nos quieren controlados. Porque desde su más ínfimo pensamiento, no podemos tener nuestros ratos de ocio. Porque el laburante no puede vacacionar en el mismo lugar que el patrón… ¿A dónde se vio esa utopía? Se preguntan algunos de ellos. Pero aquí seguimos soñando sueños que una vez fueron inalcanzables, pero los pudimos lograr. 



Aunque poco a poco quieren volver al pasado. Las fábricas dejan de producir, los comercios cierran, las pymes desaparecen. El dinero da pocas vueltas en el pasamanos, pero vuelve a los mismos de siempre. Las calles están cada vez más frías y oscuras. Y en esa oscuridad se alcanzan a divisar espectros de vidas pasadas. Vidas felices y con futuro. Y que hoy piden un poco de comida, arropados en colchones desarmados, en la puerta de cualquier negocio. Y cada vez son más. Y si el tiempo sigue pasando, quizás mañana seamos uno de ellos. Y la muerte espera en cada esquina. O en cada marcha, pero no sólo por algún bastonazo o un disparo certero, sino por falta de medicamentos o recortes de todo tipo. Mientras detrás de las vallas, algunos se pasean con sus custodios y choferes de turno, mientras piensan si se van a descansar a las montañas de la Patagonia o a la lejana isla de Tuvalú.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TUVALU

 


¿Dónde está aquella mano que se extendía para invitarnos a jugar? El sol se ha apagado y ya no entiendo este cuerpo que habito cada mañana. Ya no entiendo estos ojos que miran por la ventana y ven los mismos árboles que antes veían. Sus ramas han crecido, sus troncos ahora son fuertes y se han preparado para la crudeza del invierno. Veo sus hojas despeinadas en cada otoño, las veo volver vivas en cada ciclo perfecto. A pesar de su entorno, la vida sigue, se abre paso, ancestralmente, ritualmente, en silencio. Tan enfocada, tan ensimismada la vida. Y yo cada vez más lejos, sintiendo tan ajenas estas manos que miro extrañado, estupefacto. Estas manos a las que les desconfío. Estas palabras que sé de otro. Aún tengo en la piel la textura de aquel recuerdo donde nada era definido, donde el tobogán era una cosquilla inmensa en la panza y la belleza era tan sorprendente que no tenía genero ante estos ojos deslumbrados. La belleza del árbol enfocado en su vida me llena de una nostalgia repleta de preguntas. ¿Qué he hecho con esta aventura? ¿Cuándo me distraje tanto? ¿Cuándo fue que el dolor ganó tanto terreno, cuando fue que el miedo se lo cargó todo; lo más sencillo, un aroma, el amanecer, tus ojos, la mágica sonrisa de mis hijos, el respirar… ¿Cómo olvidar el respirar? Tomar unos segundos al día para concientizar la respiración, el llenar el cuerpo de oxígeno. ¿Qué fue lo que pasó con estos rituales vitales, esenciales? 



El niño se ha escondido bajo esta oscura piel del obrero. Este obrero que entrega su cuerpo, su tiempo, que no es dueño de su palabra. ¿Dónde quedó lo dicho, lo original de nuestra forma, la etimología de aquello hablado? El lenguaje fue arrasado para someter al hombre masa, para borrar todo rasgo de individualismo. El deterioro del lenguaje tanto del que hablamos como del que nos permitimos escuchar es una forma de autodestrucción sumamente grave, sobre todo cuando acompaña, desde adentro, las enormes fuerzas de agresión externa a las que estamos diariamente sometidos. El sujeto se constituye a través de la trama del lenguaje y gracias a este. Apoderarse de él, de sus particularidades, mercantilizarlo es amenazar la palabra. Es someter al hombre, empobrecerlo para dominarlo. Esto ocurre sobre todo allí donde la cultura comercial no permite ni tolera el crecimiento de la conciencia de la lengua, una amenaza seria y cierta para un sistema que aspira a controlar y cotizar la información, junto con el placer de la comunicación y de la expresión, de una manera implacable y exclusivamente monetaria. Ya no habrá juegos ni instancias superiores del pensamiento donde refugiarnos, ya no habrá para nosotros la vasta poesía, la excelsa palabra que nos invite, aunque sea por un pequeño instante, a olvidarnos de aquella fría mano que un día vendrá por nosotros. Soñar que estamos vivos en un mundo donde aún soñamos. 



El film Tuvalu del director Veit Helmer vendrá a plantearnos, creo, un poco esta idea. Digo creo, alejándome de la estúpida idea tan moderna de ser auténtico (hasta el más imbécil puede serlo) sino buscando ser cauto. En la duda encontraremos nuestros amigos, en los tipos que sometan aquello que huelan a certeza y sean capaces de someter sin reparos aquellos pensamientos nuevamente a exámenes, allí seguramente estará nuestro hogar. Alguien repleto de certezas, un sabio, en un mundo que carece de absolutos, es un ser peligroso. Pero volviendo al film, puedo decir muchas cosas técnicas respecto de su periferia, pero me cuesta contestar lo más básico ¿Cuál es su trama? ¿Problema del relato? No lo sé, quizás dificultad o limitación de quien observa, triste desencuentro donde no se produjo aquel binomio comunicacional donde la magia sucede. Pienso inevitablemente en nuestro querido amigo Jorge Wagensberg quien dijera aquello de que el artista debe parecerse al menos un poco en la complejidad de su mente con aquel que consume su arte, de no ser así devendría, inevitablemente, el aburrimiento. Algo de esto quizás haya pasado con el director Helmer. En este caso no fue el aburrimiento sino el desconcierto de no poder responder la sencilla pregunta. ¿De qué va la cinta? Centrémonos en lo que sí capto nuestra atención, en lo que hizo que hoy, estemos hablando con ustedes de esta película. Flotará sobre toda la cinta una atmosfera diferente a cualquier película del circuito industrial, eso ya hará que nos acomodemos en la butaca y le demos una oportunidad, eso hará encender nuestra antena y nos hará empatizar con el relato. 



Pocos segundos de comenzada la película reconoceremos una escena que nos llevara directamente a un homenaje a Cinema Paradiso, donde aparecerán una especie de Toto y Alfredo, él ciego, el otro pequeño, ágil y escurridizo, ayudándolo a manipular una especie de máquina ¿el cinematógrafo? Que luego nos enteraremos que será una bomba de agua para llenar la pileta pública para la que trabajan. El film será una distopía, estará instalado en un tiempo indeterminado, en algún momento, en algún lugar donde todo es destrucción y ruinas, donde sobran pobres y faltan sueños. Seguirán las referencias al cine mundial en todas sus épocas durante toda la película. Habrá lugar para Tiempos Modernos de Chaplin, introduciendo así a la industrialización y el capitalismo con sus posteriores consecuencias. Estará el cine francés con el estilo de Truffaut en sus puestas de cámara, con sus personajes. Bresson con sus primeros planos y aquella manera tan particular de iluminar los rostros. No faltará lugar para dar un salto en el tiempo y abrir las puertas a un personaje impresionantemente Lyncheano, inspirado casi textual en el protagonista de Cabeza Borradora



Tendrá la cinta también cierto aire a Kusturica y de esta forma las citas continuarán a cada instante para el ojo atento, para el cinéfilo apareciendo como regalos acertados. El director decidirá no usar banda musical pero sí banda sonora, aunque la película simula ser silente. Habrá muy poco dialogo, serán líneas cortas en distintos idiomas, a veces solo sonidos guturales. Y asa la historia continuará, con planos bellamente armados, con cambios de película fílmica, cambios técnicos en el revelado dando como resultado distintos colores monocromáticos. Será destacable una escena recurrente dentro del film que funcionará como clara metáfora del hecho cinematográfico. Pensemos lo siguiente: en el teatro es la palabra, en el cine es la acción. Todos los días, luego de llenar la pileta, sentaran al padre ciego de Antón, antiguo guardavidas, en su viejo lugar de trabajo. Antón pondrá una cinta donde sonará el sonido ambiente de la pileta repleta de gente disfrutando del baño. El apoyará al realismo de la situación tirando salvavidas al agua y realizando acciones puntuales para que el verosímil se construya. El viejo lo creerá aún sin creerlo. Fe poética dirá Coleridge. Ese será quizás uno de los mejores homenajes al cine que nos dejará el film. Se completará la secuencia cuando uno de los antagonistas, hijo capitalista, con la mirada obnubilada por no ver el ahora sino el futuro, rompa la cinta, y el viejo aun así ría, ría fuerte de alegría confirmando su fe en aquella fantasía, en aquel juego que jamás dejaría de jugar. Allí estará el brazo extendido que estábamos buscando, ese será el convite, la contraseña, la piedrita golpeando la ventana. Los días que siguen serán duros y temibles. Tendremos nuestras sentencias que nos acompañarán para siempre, nuestros miedos que nos enseñaron a sentir para no alejarnos jamás del camino, para no salir a buscar nunca nuestros sueños. Para alejarnos siempre de nosotros mismos. La esperanza será, queridos amigos, aunque rompan nuestras cintas, nuestras fantasías, será seguir buscando aquella mano que nos invite a jugar, aquel barco que nos lleve a la aventura que alguna vez nos prometimos. Esa promesa de pirata que alguna vez nos hicimos. En aquella isla todavía sueño que los espero.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HELMER

 


Nacido en Hannover, Alemania, el 24 de abril de 1968. Comenzó a rodar películas a los catorce años. Tras terminar sus estudios, realizó prácticas en la cadena de televisión alemana NDR. Dos meses antes de la caída del muro, se trasladó a Berlín Este para estudiar dirección teatral en la prestigiosa escuela de arte dramático «Ernst Busch». De 1991 a 1997, Helmer estudió dirección cinematográfica en la HFF de Múnich. En 1995 dirigió el corto ¡Sorpresa! y escribió el guión del documental Los hermanos Skladanowsky, dirigida por el reconocido Wim Wenders. Su primer largometraje, Tuvalu (protagonizado por Denis Lavant y Chulpan Khamatova ), obtuvo más de 32 premios. En 2003 dirigió La puerta del paraíso, la historia de dos desterrados, ella hindú, el ruso que se enamoran y el hará lo imposible porque ella se reúna con su hijo. En 2008 llega uno de sus films más aplaudidos: Absurdistán, un pueblo de pocos habitantes situado en medio de las montañas en el que los hombres se rigen por una acentuada apatía; en la actualidad pasa por un momento de extrema sequía. Cansadas de la pereza de sus cónyuges, las mujeres deciden actuar bajo un contundente lema: “no hay agua, no hay sexo”. En 2011 filma Baikonur, sobre un joven que vive cerca del cosmódromo de esa ciudad de Kazajstán y sueña con ser el nuevo Gagarin, su vida cambia cuando la cápsula con una astronauta cae del cielo, pierde la memoria y él le hace creer que es su marido. Una fábula al estilo Jeunet que recibió buenas críticas en su país. 



En 2014 llegó Fiddlesticks, una película infantil sobre unos niños de cuatro y un coatí que se rebelan ante la normalidad de la ciudad y desatan un caos. En 2018 filma The Bra, con los dos actores de Tuvalu, a los que se suman Miki Manojlovic y Paz Vega, que cuenta la historia de un solitario conductor de un tren de mercancías que recorre las montañas del Cáucaso encuentra un sujetador en su tren y recorre toda la vía buscando a su propietaria para devolvérselo. Vuelve a sorprender en 2023 con la película Góndola, en la que narra el encuentro entre dos azafatas de cabina de una senda de teleféricos, con sus respectivos viajes de ida y vuelta, situada en una zona turística en las montañas de Georgia. Entre ambas, nacerá un vínculo que va más allá de la amistad, pese a que, en realidad, la interacción se reduce al punto de encuentro en el aire entre ambos viajes. Su último film es Akiko, el mono volador, otro film infantil que es una fábula animalista que sigue el periplo de un mono que logra escaparse del zoo para encontrar a su familia con la ayuda de otros animales.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Tuvalu

Año: 1999

Duración: 100 min.

País: Alemania

Dirección: Veit Helmer

Guion: Michaela Beck, Veit Helmer

Reparto: Denis Lavant, Chulpan Khamatova, Philippe Clay, Terence Gillespie, E.J. Callahan

Música: Goran Bregovic, Jürgen Knieper

Fotografía: Emil Hristow (B&W)

 

PELICULA COMPLETA

viernes, 8 de septiembre de 2023

LA CHICA DE LA FÁBRICA DE FÓSFOROS - TULITIKKUNTEHTAAN TYTTÖ DE AKI KAURISMÄKI

PROGRAMA 420 (25-08-2023)

 

SINOPSIS

 

Una joven solitaria hace un trabajo mecánico y rutinario en una fábrica de cerillas. Cuando llega a casa debe soportar a su perverso padrastro y la falta de cariño de su madre. Por las noches sale a bailar intentando divertirse y encontrar pareja, pero nunca tiene suerte. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Vivimos atravesados por la insuficiente y ficticia idea del tiempo. Todo se acaba, todo se consume y se corrompe, todo cede. Algo empieza para luego morir y de esa manera marcar para siempre su final. Aquel mono intrépido que fuimos, fue arrancado de la atura acechante de sus ramas y atrapado en un solo movimiento por el profesor del tiempo. Fue encerrado en esta jaula paranoica que hoy somos. En este cuerpo que se degrada constantemente, que nos traiciona con la precariedad de sus sentidos y que se tropieza constantemente con la misma piedra para repetir en cada una de sus muertes, aquella escena aprendida que domestica la única posibilidad de experimentar una vida diferente. La verdadera cárcel no es el reloj, aquella solo es su máscara más vulgar. La verdadera cárcel, reside en la frivolidad táctica del almanaque. En la soledad de sus rectángulos negros muere de inanición y aburrimiento la espontaneidad de cada uno de nuestros gestos. Cae en aquel inmundo suelo toda nuestra belleza animal, muere allí, al fin, el instinto. Aquellas aventuras que alguna vez nos prometimos entre lágrimas, hoy visten de traje y se alejan apuradas. Corren llegando tarde a todos lados, intentando maquillar con cierta decencia la vil necesidad de cobrar un salario, sin entender jamás que en aquella traición han vendido su inocencia a un precio absurdo e incomprendido. El humano encerrado en el almanaque, caminando en círculos entre aquellos oscuros pasillos de penal, se ha convertido ahora en aquel animal que trabaja. 



Su vida viva, su vida viviendo, ya no le pertenece, es ahora posesión de la fábrica para la que produce, para la que vive, para la que existe. Es ella quien da sentido a su SER, quien lo categoriza en el inventario mismo de la existencia. Realizarse para un animal que piensa es acercarse a la consumación de su propio deseo. La bestia que piensa es siempre un sujeto deseante. Muerto el deseo, adoctrinada su fantasía, el sujeto ya no se piensa sino que ahora es pensado. Es allí entonces cuando nos damos cuenta que entender al humano, es entenderlo produciendo, es pensarlo organizando el trabajo con otro, desde desventajosas relaciones de poder cuyo miserable objetivo final no es otro sino  la organización funcional del trabajo. Hablo de ese humano que camina desorientado por las calles de su existencia eligiendo entre las posibles libertades que el mismo sistema que lo contiene le presenta. Su libertad, en este sentido, queda extirpada de su condición humana para ocultarse inalcanzable en aquel puente con lo post humano, en aquella seriedad de niño que juega desde su salvajismo originario, desde la pura incorporación de la contingencia. Ya no somos ni origen ni final, sino, solo tránsito. El humano vive para producir y las horas se organizan en su sadismo para optimizarlo. En cada cilindro que se acciona, en cada ficha que se imprime, en cada sirena que lanza su mugriento aliento de frustraciones y control al cielo, se oye como un susurro el sucio recuerdo del plan. 



La torre sin soldado, el ojo que nos mira, la familia formada en su religión, el vecino que vigila, el ser padres, el ser madres, la escuela, la pesada sombra de la moral como la gramática natural del deseo, la geo-politización de los cuerpos, la policía con sus largos bastones adoctrinadores, las leyes punitorias que defienden la dinámica y el modo de explotación del hombre por el hombre. Todos los engranajes trabajando en tiempo y forma, sin descanso alguno porque siempre hay más, y claro que hay más. La vida alumbrada por la timidez de un sol que se escabulle con sutiliza y discreción a través de una pequeña ventana. La ensordecedora soledad de sabernos todos juntos. De reconocernos en todas nuestras charlas sin verdaderos sueños que deseen al fin destruir para construir, porque todavía muy dentro nuestro nos suena aquello de que construir sin destruir no supera nunca la ilusión. La cobardía, la falta absoluta de coraje, para pensar un destino que nos encuentre juntos. Dentro de aquel engranaje sometimos para siempre a la sorpresa. Al contratiempo rejuvenecedor de lo inesperado. Matamos al ocio y perdimos allí la poderosa herramienta para lograr poner nuestra mente en blanco, el último bastión de verdadera independencia. Perdimos para siempre el encontrarte en una esquina, por error. El Fallar en nuestro intento de entendimiento. El derretir el cuerpo de pasión hasta que sea otro y después otro y otro más para perdernos así en la misteriosa locura de ya no ser nadie. Perdimos ese para siempre tan efímero. El odiarnos de verdad hasta prendernos fuego de amor. El robar ese silencio. El resolver esa tristeza. Ese olvidarte al doblar la esquina para luego mentirme un recuerdo que duela menos. Ese permitirte ser vos para no perderme nunca la aventura del yo. Ese sorprenderme por el agite salvaje de tu mirada. Perdimos la aventura sorprendente de desnaturalizar la existencia.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA CHICA DE LA FÁBRICA 

DE FÓSFOROS

 


El mundo es una maquinaria donde todos somos piezas desechables. Nosotros, vagas marionetas que nos creemos auto suficientes, deambulamos tratando de ser felices, consumiendo lo necesario para sobrevivir en el mundo capitalista. La rutina aparecerá como ese veneno que caerá con fuerza sobre nuestras ilusiones. El silencio, es nuestro amigo y enemigo en esos rituales, callados ante semejante impotencia. Las palabras se contraen al igual que nuestros músculos. Somos una pieza más de ese engranaje que nos quiere obligar a renunciar a nuestros sueños, a nuestros anhelos. En el fondo sabemos que las victorias son casi imposibles, pero la rendición no será nunca parte de nuestra estrategia. Pero el deseo siempre estará presente. Y el amor es el que intentará sacarnos de esa rutina inalterable. Erich Fromm en su libro El arte de amar escribía lo siguiente: “No es el acto de amar, sino algo o alguien que amar”. En este mundo de marionetas como recién decíamos, habría que buscar ese complemento para llenarnos con el otro ser amado. Complementarse pero también completarse. Y agregaba que “el amor no se reduce solo a esto, sino que se basa en otros elementos como la atención, el respeto, la responsabilidad y el conocimiento. El deseo de ver a la otra persona amada satisfecha en la realización de sí misma y de sus potencialidades se manifiesta en todas sus fuerzas”. Todos esos elementos, son los que están ausentes en la vida de Iris, la protagonista del film La chica de la fábrica de fósforos de Aki Kaurismäki. Asistimos entonces a mirar atónitos esos primeros veinte minutos donde casi no hay diálogos. Veremos el paso a paso de cómo se trabaja en una fábrica de fósforos, con escenas dignas de un documental. Luego de unos minutos siguiendo la cadena de montaje de esos troncos que se transformarán en cerillas, conoceremos a Iris, nuestra protagonista, encargada del etiquetado de las cajas, siendo la última pieza de ese engranaje. 



La cámara la seguirá como si fuera un observador, un mero voyeur. Recorrerá una y otra vez esas veredas grises, asistirá a esos encuentros con una familia que sólo le presta atención a la televisión y sonreirá con ella en el autobús mientras lee una saga de novelas románticas. Será la tercera entrega del director sobre la llamada trilogía del proletariado. Estamos ante un guión donde las palabras estarán de más. Lo visual y lo sonoro se moverán como pez en el agua. En esos primeros minutos, solo conoceremos la voz de Iris para pedir una caña en un bar. Lo otro que escucharemos, será la voz de un cantante de esa especie de tango con rasgos finlandeses o las voces del televisor con las noticias que sacuden los años ´90. El fin del comunismo, las revoluciones, el creciente poder del capitalismo, son sólo algunas de las imágenes que se ven no sólo en la caja boba, sino lo que se huele en el metraje. Nuestra protagonista divagará entre la fábrica y la casa e irá a despejarse a un salón de baile, donde beberá de la soledad más angustiosa, cuando la imagen nos muestre las sombras de las parejas en la pista sobre la figura de una Iris solitaria. Luego de esos veinte minutos casi silentes, la segunda palabra que sonará en el film vendrá del padrastro, quien le gritará “puta” antes de pegarle una cachetada solo por comprarse un vestido rojo. Ahí entenderemos entonces un poco más esa mirada triste de Iris. Estamos ante una película de poco más de 60 minutos. Kaurismäki logra con las elipsis temporales no sumar minutos sin sentido a la historia. Trabajará una bella fotografía donde el rojo siempre aparece, quizás como sinónimo de deseo y de pasión, cosas que anhela y no tiene, aunque la paleta se conforme de colores fríos y otoñales. La música será otro componente importante, con tangos y boleros con unas letras acordes a lo vivido por el personaje en cuestión. Por tanto, la banda sonora, será de extrema calidad. 



Los ruidos de la fábrica nos transportan ahí dentro de esa cadena de montaje. Las actuaciones serán cien por ciento verosímiles, donde no hay una mueca de más, sobre todo en Kati Outinen, la excelente protagonista. Por último, los planos… Utilizará muy bien los planos detalles, sobre todo en el visionado de la fábrica. Habrá una puesta en escena fría y seca, marca registrada del director finlandés. Se armará de unos encuadres muy bien creados, donde cada plano general demostrará que se quiere mostrar y que no. Ese es el otro juego que plantea el director en cuanto al lenguaje audiovisual, no sólo de silencios que incomodan sino de imágenes ausentes que desgarran. En un mundo alienado, donde todos se mueven por inercia, sólo el deseo y la muerte pueden lograr intentar cambiar el destino. Y será ese conjunto lo que unirá en el final a casi todos los protagonistas. Ahí aparecerán ciertos conceptos como el valor, la dignidad o la libertad. En ese frío lugar donde habitan, nuestra heroína solo llorará frente a una pantalla de cine, aunque su tristeza la invada por completo. Serán autómatas sin expectativas. Será una caricatura de esa sociedad occidental que ya vislumbraba un futuro oscuro. Una muestra de la deshumanización en un mundo industrializado donde somos sólo una pieza más. Una sociedad que creó su propio veneno y nos lo dio de beber en un enorme frasco que contenía todos sus males.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KAURISMÄKI

 


Nació en Orimattila, Finlandia, el 4 de abril de 1957. Reconocido como un cineasta profundamente incómodo con el tiempo en el que necesariamente se inscribe. En 1983 asume su primera experiencia como productor independiente y filma Crimen y Castigo, adaptación de la novela de Dostoyevsky cuyo argumento tiene como escenario a Helsinki moderno, y que después encontraremos en una buena parte de su obra, como es el caso de los filmes “Calamari Union” (1985), la trilogía “Sombras en el paraíso” (1986), “Ariel” (1988) y “La chica de la fábrica de cerillas” (1990). Las últimas tres forman parte de la trilogía del proletariado. La filmografía de Kaurismäki cuenta con tres películas que a pesar de la distinta temática mantienen entre ellas cierta relación, las tres han sido rodadas fuera de Finlandia, respetando el idioma original de cada lugar. Como ocurre en Contraté un asesino a sueldo, calificada como una magistral comedia negra, que fue rodada en Londres y en inglés, al igual que en La vida de bohemia ambientada en París y cuyos protagonistas hablan en francés. 



Es un paréntesis en el que Kaurismäki experimenta y trabaja aspectos de la vida distintos a los ya tratados, use conforma así un espacio precedido por la trilogía del proletariado y la trilogía de lo cotidiano. Las películas que conforman el espacio entre ambas trilogías son Leningrad Cowboys Go America de 1989, y las mencionadas Contraté un asesino a sueldo de 1990 y La vida de bohemia de 1992. Luego Aki se embarcó en un nuevo proyecto al que titularía Toma tu pañuelo, Tatiana de 1994. Esta es una de las películas que mejor definen el cine de Kaurismäki, puesta en escena minimalista, participación de un número limitado de personajes, falta casi absoluta de diálogos, exprimiendo al máximo la capacidad de los personajes de concentrar todo un diálogo en una sola pero intensa mirada. La historia se centra en dos amigos que inician un viaje en coche, en una de las paradas conocen a dos chicas con las que entablarán una amistad, ambas hablan un idioma distinto al de los dos amigos con lo que entenderse resulta complicado. Luego llega la trilogía de lo cotidiano, también conocida como la trilogía de los perdedores, se inicia con una de las películas más aclamadas del director, Nubes pasajeras de 1996. 



En ésta Kaurismäki recurre a los personajes sencillos, a aquellos a los que la suerte no les sonríe, una pareja que debe enfrentarse al desempleo, jóvenes sin oportunidades que sufren las penurias de la falta de un puesto de trabajo. Tras este filme da paso a Un hombre sin pasado del 2002, su protagonista es un hombre que ha perdido la memoria, que padece una de las mayores tragedias del ser humano que es la soledad, debido a su falta de recuerdos es marginado y debe reiniciar su vida en un entorno desconocido para él. La trilogía se cierra con la película Luces al atardecer del 2006, en la que ahonda en el sentimiento de soledad del ser humano. En el medio filmó la película muda Juha, un clásico de la literatura finlandesa. Sus últimos films hablan del drama de la inmigración. Son El puerto del 2011 y El otro lado de la esperanza en 2017. Este año llegó su último film, con el que logró el Premio Internacional del Jurado en Cannes, hablamos de Fallen Leaves, la historia de una mujer soltera que conoce a un trabajador alcohólico al que intentar sacarlo de su drama personal.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Tulitikkutehtaan tyttö (The Match Factory Girl)

Año: 1990

Duración: 69 min.

País: Finlandia

Dirección: Aki Kaurismäki

Guion: Aki Kaurismäki

Reparto: Kati Outinen, Elisa Salo    , Esko Nikkari, Vesa Vierikko.

Música: Reijo Taipale

Fotografía: Timo Salminen

 

PELÍCULA COMPLETA

domingo, 25 de diciembre de 2022

TOUKI BOUKI DE DJIBRIL DIOP MAMBETY

PROGRAMA 392 (25-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Mory, un pastor que conduce una moto decorada con cuernos de vaca, y la estudiante Anta, se conocieron en Dakar. Se sienten marginados, están hartos de Senegal y de África, por lo que sueñan con irse a París. Para conseguir el dinero para el pasaje recurrirán a diversas estratagemas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Podemos pensar el concepto de patria como aquel lugar propio de pertenencia, aquel espacio de contención cuya dinámica no difiere demasiado al de una casa. El padre, la madre y los hermanos conviviendo unidos, compartiendo juntos una historia común, una identidad. En este sentido, tomando esta alegoría entre la casa y el concepto de patria, podemos llegar a la conclusión de que toda la gramática destinada a explicar el sentido de lo patriótico es siempre una gramática familiar. Hagamos un pequeño recorrido sobre el origen de algunas palabras relacionadas directamente a este concepto. La palabra patria, por ejemplo, es un derivado del latín pater, patris, o sea, país del padre. Pensemos ahora en el término nación. Esta palabra deviene del termino latino natíoonis, o sea lugar de nacimiento. Vayamos, por último, a la otra palabra utilizada por nosotros como parte de la gramática que remarcamos en torno a la idea de patria, vayamos pronto, entonces, al término hermandad. Esta palabra deriva del latín germanus cuyo significado es hermano, muy a diferencia de hermana, cuyo vocablo latino es soror. Construir un sentido de patria es construir un imaginario donde toda la población se sienta parte de un mismo tronco, como si de una familia se tratara. Teniendo en cuenta el recorrido etimológico recién realizado, llegamos a inferir con claridad, que aquello que nos contiene, también del mismo modo, nos excluye. Nacemos en la tierra del padre donde todos somos hermanos. 



Una gran porción de la población queda excluida frente a esta propuesta de proyecto nacional. ¿Qué sucede entonces cuando es la propia patria la que te expulsa, la que te aparta situándote en un lugar diferente al resto? ¿Podríamos entonces no tener patria? ¿La patria nos constituye de manera esencial o accidenta? O mejor aún, ¿hay algo esencial en el ser humano que nos constituya como propio? Hemos mencionado alguna vez desde este mismo foro que el concepto de patria se relaciona con todo aquello que nos identifica como propio, y que el otro es aquello que yo no soy, o sea, es todo lo que no es propio. En el mundo globalizado en el que vivimos, teniendo en cuenta que la división política de los países es un hecho moderno y cambiante, un hecho arbitrario destinado a generar unidades de ordenamiento social en función de las nuevas condiciones de trabajo y del desarrollo tecnológico y productivo que se va desplegando con los cambios de época, teniendo en cuenta todo esto, ¿podemos seguir pensando lo propio como algo cerrado y definitivo o es que en lo más propio siempre habita el otro? Este tiempo que nos toca vivir, colmado de nacionalismos esencialistas, que siempre fueron dogmáticos, violentos y excluyentes, plantearse la libertad, plantearse el verdadero sueño de ser libre e independiente, de ser autónomo, respetado y aceptado es deconstruir definitivamente una idea de patria que se reafirma en contra del otro. Esa es la única fuga posible, la fuga definitiva y radical de nosotros mismos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TOUKI BOUKI

 


Buscar la libertad es siempre una ilusión compleja. Soñar con ese destino ideal nos hace dejar de lado todo lo bueno para centrarse en lo malo. La pobreza, la modernidad y la sociedad capitalista empujan a la gente a buscar un lugar mejor. Los sueños empiezan a perseguirse. La pelea entre lo tradicional y lo novedoso empieza a ser moneda corriente. El exilio surge como única salida. Esos barcos enormes, como sinónimo de salvación. Los que tienen suerte viajarán así. Otros morirán en las orillas intentando llegar en balsas que se destruyen a la primera ola. Ousmane Sembéne es considerado el “padre del cine africano”. En los años ´60, filma La negra de... la historia de una joven senegalesa que se va a trabajar como sirvienta de sus jefes a Francia. Sufrirá el racismo, la tragedia se hará presente y el film se convertirá en uno de los primeros en mostrar ciertas realidades ocultas. Será la puerta de entrada del cine de “la África negra” al mundo. Ya en los comienzos de la década del ´70, un joven de 28 años daría la otra puntada. Una década importante para el cine de ese continente que empezaba a emerger. Con un presupuesto de 30 mil dólares y solo dos cortos encima, Djibril Diop Mambéty sorprendió con su ópera prima titulada Touki Bouki (El viaje de la hiena). Allí veremos otra vez la idea de libertad. El sueño de escapar de esa pobreza que arruina generaciones. Y otra vez esa París idealizada como destino soñado. El de Mory, un pastor que tiene una moto decorada con cuernos de vaca y el de Anta, una joven estudiante que quiere también un estilo de vida mejor. La película mostrará fuertes imágenes de un matadero al principio. Costará mantener la mirada. Serán metáforas entrelazadas a lo largo del metraje. Dominador y dominado. La tradición contrastará con la modernización de ese país neocolonialista. Estará siempre presente esa dicotomía. Lo viejo y lo nuevo. Lo rural y lo urbano. Y los amantes como parte de esa historia, también uniendo sus diferencias de clase. 



El film beberá de algún sorbo de la Nouvelle Vague, encontraremos ciertos parecidos al Sin Aliento de Godard y también se transformará en una road movie delictiva, esa especie de Bonnie and Clyde del subdesarrollo. Aunque el objetivo de ellos, como mencionamos anteriormente, sean otros. La banda musical será otro elemento destacado, ya que conjugará el son de los tambores africanos, con el jazz y algún pop melódico como el que repiquetea en nuestros oídos luego de que termine el film, hablamos de París París de Josephine Baker. Por su parte, la banda sonora también logrará una amalgama de sonidos ambientales que nos acercará a ese continente tan lejano y a la vez extraño para nosotros. El guión no será lineal y elegirá las elipsis para dinamitar el tiempo. Habrá algo de realismo mágico que dejará al espectador con las preguntas dando vueltas en su cabeza. Que será cierto y que no, será algo que cada uno develará por su cuenta. El bocado tendremos que masticarlo nosotros. Para construir ese universo, será de gran ayuda el montaje, seco y directo, excelentemente diseñado, novedoso para lo que ofrecía el cine continental en esa época. La fotografía será bastante lograda, combinará los marrones y grises del poblado con los colores vivos típicos de los atuendos del lugar. También se asemejará en cierta forma al neorrealismo italiano, por el uso de actores no profesionales en la mayoría de sus papeles y por la mezcla de ficción por un lado y escenas de corte documental por otro. Los planos generales de esa aridez nos sofocan como a sus protagonistas. 



La intercalación de imágenes mostrará rituales, amuletos, matanza de animales y transpiración en los rostros como firma de un continente. La cámara por momentos seguirá a Mory como si fuera una mochila en su parte trasera, mientras anda en esa moto que es tan protagonista como los seres humanos. El guión se irá dosificando lentamente. Habrá una crítica política y social. Mory piensa en irse y volver como un rey. De ser un pastor a ser “Monsieur Mory”, en una idea meramente narcisista. Ese desprecio del que se va es algo muy común que Mambéty lo reseña más de una vez, esa idealización foránea de que todo lo de afuera es siempre mejor. Y ahí aparecerán también el abandono de los jóvenes a las tradiciones y el futuro como una incógnita. También será un adelantado a su época gracias a un personaje central en el desarrollo de la trama. Hablamos del homosexual al que Mory le robará dinero y ropa para comprar los ansiados pasajes a París. El director mostrará de que lado está parado y su consecuente respeto por la igualdad. Y las metáforas de fondo, el mar como liberación tanto en lo sexual como en lo personal. Porque ahí está la salida. Y será la diferencia entre lo fantástico y lo real lo que quedará entre tinieblas. Entre simbolismos quedarán marcadas ciertas preguntas. Fantasía que aparecerá con ellos desfilando, quizás como una imagen de lo que será. Y la importancia de la sociedad a esas apariencias, vitoreando a quienes antes mortificaban. Sobre el final, el círculo se cerrará, aunque las preguntas seguirán ahí. La moto del protagonista robada y casi destruida, como otro símbolo de esa civilización en parte ausente. Mientras en el barco estará esa gnete de bien, blanca y radiante, haciendo chistes sobre las máscaras africanas y hablando de lo inculto de sus habitantes. A ese barco subirán lleno de sueños para encontrar esa ansiada libertad sin saber que serán los nuevos esclavos de ese mundo globalizado. Aunque allá abajo, otros elegirán quedarse para que ciertas tradiciones, nunca sean conquistadas.

                       

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MAMBÉTY

 


Nació el 23 de enero de 1945. Perteneciente a la etnia wolof, nació en el seno de una familia musulmana en Colobane, cerca de Dakar, la capital del Senegal. Hijo de un clérigo musulmán y miembro de la tribu Lebou, Mambéty rodó en su ciudad natal algunas de sus películas. Su interés por el cine comenzó con el teatro y después de graduarse en la escuela de interpretación de Senegal, trabajó como actor en el Teatro Nacional Daniel Sorano de Dakar hasta que fue expulsado por motivos disciplinarios.

En 1969, a la edad de 24 años, sin formación reglada en rodaje, Mambéty dirigió y produjo su primer cortometraje, Contras’ City (Ciudad de Contrastes), un documental de ficción que muestra la ciudad de Dakar mientras se desarrolla en off una conversación entre un senegalés (el propio director Djibril Diop Mambéty) y una francesa. Al año siguiente, Mambéty hizo un mediometraje, Badou Boy, que cuenta las aventuras de Badou Boy, un joven caradura, mientras recorre las calles de Dakar montado en un autobús. Retratos humorísticos de viajeros, persecución de la policía, a la que llaman “el dragón negro”. Una crónica de la vida cotidiana en el Dakar popular. El film ganó el premio Silver Tanit en el Festival cinematográfico de Cartago en 1970 en Túnez. El primer largometraje técnicamente sofisticado y cargado de símbolos que rodó Mambéty fue Touki Bouki (1973), que recibió el Premio de la crítica en Cannes y el Premio del Jurado en el Festival cinematográfico de Moscú, atrayendo hacia el director senegalés la atención internacional. A pesar del éxito de la película, pasaron veinte años hasta que Mambéty rodara otro largometraje. Durante ese tiempo rodó un corto en 1989, Parlons Grandmère (Hablemos abuela), un documental sobre el cine en África Occidental, sobre todo en Burkina Faso, con apariciones de Idrissa Ouedraogo, uno de los más reconocidos del continente. Hyènes (1992) es la segunda y última película de Mambéty, sobre una senegalesa que viene del exterior, llena de dinero. Una adaptación del The visit de Friedrich Dürrenmatt conceptuada como continuación de Touki Bouki. 



En el momento de su muerte, el director había estado trabajando sobre una trilogía de películas cortas llamadas Contes des Petites Gens (Cuentos de Personas Pequeñas). El primero de los cortos fue Le Franc (1994), sobre un hombre que gana la lotería para no perder el billete lo pega con pegamento en la puerta de su casa, pero cuando tiene que ir a reclamar el premio no puede despegar el billete así que arranca la puerta y va todo el camino con ella hasta donde debe buscar el premio. Luego seguiría el segundo, La Petite Vendeuse de Soleil (La niña que vendía Sol), sobre una niña que empieza a vender periódicos, algo prohibido para las mujeres. Pero no lo pudo terminar de editar ya que lo sorprendió una temprana muerte por cáncer de pulmón a la edad de 53 años en un hospital parisino. Recibió un premio póstumo en 1999. Su muerte nos dejó sin uno de los talentos más reconocidos de África pese a su escasa filmografía.

 

FICHA TECNICA

 

Título original: Touki Bouki (Journey of the Hyena)

Año: 1973

Duración: 90 min.

País: Senegal

Dirección: Djibril Diop Mambéty

Guión: Djibril Diop Mambéty

Fotografía: Georges Bracher

Reparto: Magaye Niang, Mareme Niang, Aminata Fall, Ousseynou Diop, Christoph Colomb, Ndou Labia, Mustapha Ture

 

PELÍCULA COMPLETA

 

 

 

sábado, 24 de diciembre de 2022

BAMAKO DE ABDERRAHMANE SISSAKO

PROGRAMA 391 (11-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Melé canta en un bar, su marido Chaka está en el paro y la pareja está a punto de romper. El patio de la casa que comparten con otras familias se ha convertido en una sala de juicios: portavoces de la sociedad civil africana acusan al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional de los males que afligen a África. Y mientras se suceden las declaraciones de acusadores, defensores y testigos, la vida en el patio continúa. Chaka no parece muy preocupado por este deseo insólito de África de luchar por sus derechos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Somos lo que ellos hicieron de nosotros. Somos los secuestrados por un poder que nunca dejará liberarnos. Somos el llanto de las niñeces que mueren sobre el suelo color ocre. Somos la espera eterna de un mundo menos peor. Somos los pedazos de tierra por los que pelearon durante décadas. Somos esos esclavos que llenaron Europa y otros países del primer mundo. Somos esas balsas hundiéndose para escapar del hambre. Somos esos refugiados indeseables y expulsados de cualquier sitio. Somos la foto del niño negro en brazos de una sonrisa blanca. Somos el patio trasero del mundo. Somos el comienzo de la humanidad. Somos el sol y los colores alegres porque para triste está la vida. Somos las banderas multicolores, los miles de dialectos y las decenas de religiones. Somos la selva, el desierto y la sabana. 



Somos los animales más feroces del mundo. Somos las danzas esperando que la lluvia alguna vez se acuerde de mojar las heridas. Somos los pocos dólares que pretenden el FMI y el Banco Mundial en nombre de un desarrollo que nunca llega. Somos los pueblos que desaparecen luego de las privatizaciones. Somos la economía en rojo. Somos las enfermedades que parecían extinguidas. Somos las guerras civiles para perpetuarse en el poder. Somos las dictaduras que esparcen sangre a granel. Somos la justicia que nunca es justa. Somos la desesperanza de vida. Somos el futuro ya no existe. Somos Malí, Burundi, Somalia, Congo, Mozambique, Malawi, Chad, Sierra Leona... Somos el Tercer o Cuarto Mundo. Somos África...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BAMAKO

 


Hablar de democracia en un mundo tan diverso y variopinto como el que vivimos es bastante complejo. Aquel Kratos del Demos, bien sabemos que hoy es por lo menos, discutible. Podríamos pensar en su origen, en aquel momento en que la sociedad lavó sus culpas de tiranía, de hostigamiento autoritario, de imposición caprichosa y asesina de vidas de desposeídos y desposeídas sin medios ni oportunidades. Como aquella culpa que el monarca ingles intentaba borrar de sus manos junto con su esposa, y que ni siquiera todo el océano de Neptuno podía borrar. Aquella culpa simbolizada en una sangre espesa y trágica, que no se quitaría jamás. William fue certero con la imagen. Logró encerrar una verdad entre palabras que se volverían inmortales, que trascenderían al autor, para vagar por los mundos de los tiempos evidenciando como un espejo macabro la crueldad humana. El mundo, mis queridos amigos, cabe en la mano de un bebe. La sociedad, entonces, como todos y todas sabemos, lavó sus culpas y permitió a los ciudadanos elegir a sus representantes. El lobo hambriento, afilando sus fauces, vistiendo con orgullo su disfraz de oveja. Nuestro amo jugando al esclavo, con sus reglas, con sus fichas, con sus intereses sobre una mesa recién servida. Juntando las migas, miserablemente, porque en las sobras, no nos olvidemos, también hay un mundo.  La gran pregunta entonces era: ¿a quién se consideraba ciudadanos en aquellos tiempos? ¿Quiénes se sentaban a la mesa de aquel banquete y quienes ni siquiera olían el humo de la madera recién encendida? Eran considerados pueblo, ciudadanos, por aquel entonces, claro, solo unos pocos. Muy pocos. 



Digamos un pequeño manojo de hombres selectos. Hombres, las mujeres no participarían hasta una cantidad vergonzosa de tiempo después. Entre los selectos, estarían las personas adultas que fueran ciudadanos naturales, con el servicio militar terminado. Un grupo infinitamente pequeño eligiendo el destino de las inmensas masas postergadas, olvidadas y sometidas. La democracia creció, pero siempre lo hizo sobre esta misma línea. La población aumentó, pero la proporción de desigualdad se sostuvo. Aquel número fue, es y será innegociable. Aquel 1% que concentra las riquezas ha hecho de las democracias de los distintos países un chiste mal contado. Esos tipos son secuestradores impunes, matones de traje que someten la voluntad de naciones enteras. Juegan a los dados con la suerte de niños y niñas, con su salud, con su educación, con su futuro. Ante esta realidad, ¿Cómo podemos entonces hablar de democracia sin, por lo menos, sonrojarnos? Reformas previsionales, ajustes en el gasto público, recortes en salud, suba de la mortalidad infantil, crisis sanitaria, recortes en educación, privatización de empresas estatales, desempleo, precarización laboral, son solo algunos de los resultados de un sistema perverso que sociabiliza las perdidas y privatiza las ganancias. De un sistema que expulsa sin ningún remordimiento a las personas quitándole su condición humana, bajo el neutro disfraz del porcentaje, detrás de la desenfocada lente de la estadística. Entendemos a África aún sin vivir en África. Entendemos su pena, su sufrimiento, aún sin siquiera estar cerca de ellos. Bamako, del director Abderrahmane Sissako, es una película política. 



Es la voz, no solo de un país, sino de todo un continente que argumenta contundentemente, con cifras precisas, utilizando su mismo juego numerológico, el abuso sistemático a su soberanía, sus riquezas y sus comunidades. Bamako raspa, como el grito de cualquier torturado. El film poseerá una estructura lineal que ayudará a desarrollar un conflicto que crecerá lenta pero dosificadamente. Los caracteres vivirán en carne propia cada dato que el guión exprese. Habrá solo verdad en sus interpretaciones. Sissako trabajará en todo el metraje una fotografía que destacará el color ocre propio de aquellas tierras africanas. El lenguaje audiovisual estará al servicio del drama, eso será evidente. Encontraremos alegorías y distintas figuras retóricas compuestas en imagen. Habrá una sencilla pero inteligente puesta de cámara que ayudará a marcar la diferencia entre el mostrar y contar a través de una imagen, aquella semántica visual de la que nos hablaba nuestro amigo el fotógrafo Carlos Bosch. Bamako será una radiografía dolorosa del sometimiento y el vaciamiento dentro del continente. Desmantelará con argumentos claros y contundentes la maquinaria de la codicia que se replica de diferentes maneras, pero con un mismo sistema a nivel mundial. Bamako nos dirá de manera descarnada, que los mafiosos que secuestran países y hambrean a los pueblos, aún cobrando su botín, jamás devuelven a sus víctimas. Serán muchas las sensaciones que nos invadan al transitar esta obra. Entre ellas, quizás coincidamos en las siguientes ideas: la rentabilidad no puede estar por encima de la calidad de vida humana. Las necesidades básicas no se negocian. Donde hay una necesidad, hay un  derecho. La soberanía se defiende. La libertad se construye. El costo de una vida, no puede ser nunca más importante que su valor.       

 

Lucas Itze.-    

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SISSAKO

 


Abderrahmane Sissako nació en Kifa, Mauritania, el 13 de octubre de 1961. Poco después de su nacimiento, la familia de Sissako emigró a Malí, el país de su padre, donde completó parte de su educación primaria y secundaria. Sissako regresó brevemente a Mauritania, la tierra de su madre, en 1980. Luego se fue a Moscú, donde estudió cine en el Instituto Federal de Cine de 1983 a 1989. Sissako se estableció en Francia a principios de los años 1990. Su primer corto fue en 1991 y se tituló Le jeu y lo realizó con la ayuda del Instituto del Cine del Estado Ruso. Dos años después realiza otro corto: Oktyabr, que sigue a Idrissa, estudiante africano en la URSS, sale de la “zona universitaria” y vive durante una noche la vida de un soviético, en un film algo auto referencial. En 1998 dirige el documental Rostov-Luanda, ahí conoceremos que Abderrahmane Sissako recibió una beca para estudiar cine en Moscú, después de graduarse de la escuela. Para aprender ruso, fue enviado a Rostov en el río Don durante todo un año. En el interminable viaje en tren de Moscú a Rostov, conoció a Baribanga, un estudiante angoleño que iba a la misma escuela de idiomas. Ese año, lejos de casa, los dos africanos se hicieron amigos. Casi dos décadas después, Sissako decide buscar a Baribanga. Rostov-Luanda cuenta dos historias, la búsqueda del amigo perdido hace mucho tiempo, que conduce a un encuentro con la actual Angola. También es una retrospectiva personal, una película sobre la partida y el viaje, desde Mauritania, a Malí y luego a la antigua Unión Soviética, y el nuevo destino de la película, Angola. Su primer largometraje (o mediometraje, ya que dura una hora) de ficción llegó en 1998 bajo el título de La vie sur terre, rodada en Malí, donde el mismo director llega a su pueblo para reencontrarse con su padre y filmar la vida allí, sabiendo que nada ha cambiado para bien aunque llegue el año 2000. 



Su nombre empezó a ser reconocido en festivales cuando dirigió en 2002 Heremakono, la historia de un joven de Mauritania que quiere irse a España, en un pueblo donde ya no puede ni siquiera hablar la lengua de quienes viven allí. Ganó el premio a Mejor Película en nuestro BAFICI, además de ser alabada en Cannes. En 2006 filma Bamako, la historia de una pareja que vive en esa ciudad de Malí mientras África se desangra entre acusaciones al Banco Mundial y al FMI de los males de sus pueblos. Luego realizó algunos cortos para diferentes films de episodios y por último llegó su película más reconocida: Timbuktu, que fue nominada a los Oscars, BAFTA y arraso en los César franceses.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bamako

Año: 2006

Duración: 118 min.

País: Malí

Dirección: Abderrahmane Sissako

Guión: Abderrahmane Sissako

Fotografía: Jacques Besse

Reparto: Aïssa Maiga, Tiécoura Traoré, Maimouna Helene Diarra, Habib Dembélé, Djénéba Koné, Hamadoun Kassogué, William Bourdon, Roland Rappaport, Danny Glover, Elia Suleiman

 

PELÍCULA COMPLETA