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miércoles, 9 de octubre de 2024

EO DE JERZY SKOLIMOWSKI

PROGRAMA 445 (13-09-2024)

 

SINOPSIS

 

El mundo es un lugar misterioso, sobre todo visto a través de los ojos de un animal. En su camino, EO, un asno gris de ojos melancólicos, se topa con buena gente y otra no tan buena, conoce la alegría y la pena, y la rueda de la fortuna transforma, según el momento, su buena suerte en desastre, y su desdicha en felicidad inesperada. Pero nunca, en ningún momento, perderá la inocencia. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Hace algún tiempo que miro a la naturaleza con cierta melancolía. Camino sobre el cemento oscuro y agrietado, miro los edificios atravesar las nubes, irguiéndose imponentes como bestias petrificadas que alguna vez pretendieron robarse el sol. Las casas con sus paredes pintadas, con sus pinturas descascaradas como cavernas solitarias perdidas en la multitud apabullante de otras cavernas. Veo los negocios con sus carteles histéricos, con sus luces iluminando tristezas. Están allí comercializando los sueños, vendiendo sin descaro sus promesas. Sigo con mi vista decepcionada aquellos cables que conducen a la nada. Que se cruzan en el aire caprichosamente sin ninguna gracia, que mueren carente de toda estética, inescrupulosamente, ocultando el cielo con el aplomo de una sentencia que se repite hasta el olvido. Escucho en mi andar lento de bípedo cansado, el mecánico aullido del transporte que se amontona desesperado, fingiendo el fin de los tiempos en cada esquina, con aquella ansiedad avasallante que tose el humo negro del vértigo del que se alimenta. Busco un puente. Aquel puente que une al humano con el niño, con aquel niño que es el verdadero hijo de la naturaleza, que conserva lo salvaje, que carece de idioma, de normas y prejuicios. Aquel niño sin dioses, sin moral, sin un otro construido. 



Ese niño desbordado de deseo, con un cuerpo aun carente de discurso, virgen todavía de poder, de fronteras políticas para el placer. Vacío de absolutos, con las posibilidades intactas. Lo busco con las fuerzas que no tengo, trato de imaginarlo, de mentir, aunque sea, aquel recuerdo. De evocar por un instante aquel león que supo ser nuestro espíritu, caminando con firmeza sobre un verde pasto que jamás veremos. Conectado en plenitud con la naturaleza de la que era parte. Sin embargo, solo veo el camello que recorre con su carga extenuante este desierto de cemento repleto de fantasmagóricos espectros de almas obedientes. Nos veo caminar en círculos fingiendo destinos pomposos. Nos veo creer en el progreso, descansando el porvenir en la tecnología, creyendo aún que el futuro está allí adelante. Siento la soledad de estar todos juntos, el miedo feroz que nos une con un objetivo que ya sabemos errado. Veo en nuestros rostros el hartazgo, voy pateando las máscaras que nos sostenían como tribu. Nos veo pasar con la mirada al suelo, castigados por los palos adoctrinadores de las instituciones que dominan nuestras almas, humillan nuestra dignidad y asesinan con crueldad la disidencia y el estado de ánimo. Nos veo caminar los mismos caminos sin mirar a los costados, viendo el poder sin buscar la resistencia. Naturalizando todo, olvidando para siempre nuestro estado salvaje.  

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE EO

 


Pan y circo, vengan todos a ver como se reparten un par de migajas sobre los manteles, pero tengan cuidado de no pisarlos. Elijan luego la fila y disfruten del espectáculo más asombroso del mundo. Y tengan miedo, mucho miedo… porque hay un león enajenado suelto, buscando a sus víctimas más débiles, para así demostrar ser rey de la selva, aunque no haya ni árboles alrededor. Vengan a observar como el circo se desmorona y los antiguos malabaristas ya caen de espaldas hacia el fuego que empieza a crecer como si fuera la sucursal del infierno. A correr, a escapar y tratar de sobrevivir en este caos donde los más viejos morirán primero. A ser testigos de las borracheras de poder y el maquillaje de ocasión. De los pactos y las dádivas cobradas por unos muchos pesos. Allí están, sádicos hambreantes de un pueblo sin júbilo ni futuro. Vengan a ver como estalla la violencia frente a nuestros ojos. Cómo los palos los reciben los mismos de siempre. Vengan a escuchar los ruidos de los casquillos que estallan en el asfalto. Siéntanse como animales desfilando hacia el matadero. Mírennos con esos ojos tiernos que ya no tienen espacio en este lugar. Busquen la salida en una caricia, que tanto nos hace falta en estos tiempos. Olvidémonos por un rato de los debates sin sentido y de los discursos de odio. La violencia en las calles o en una cancha. Los gritos, las amenazas, los insultos y los bocinazos. Todo ese combo que viene incluido en el ser humano. La sociedad desamorada. La muerte del más frágil. La crueldad sin miramientos. ¿Desde dónde miramos esta sociedad satirizada? 



Desde los ojos de un simple burro, imaginó el octogenario cineasta polaco Jerzy Skolimowski en el film EO. Conoceremos entonces a EO (interpretado por seis asnos), que significa la transcripción onomatopéyica del rebuzno de un asno, quien vive en un circo, siendo explotado, pero también cuidado y amado por la joven Kassandra, con quien hace algunos números. Un grupo de ambientalistas irán a protestar y el ayuntamiento decidirá el traslado de EO, y todo se transformará en una especie de road movie siguiendo sus peripecias. Sin dudas, el film será un gran homenaje al film Al azar de Baltasar, de Robert Bresson, aunque está no tendrá un aura Bressoniana, sino más bien será en modo fábula. El guion escrito por el director junto a Eva Piaskowska trabajará un estilo no lineal debido a algunos flashbacks de los recuerdos del protagonista con su cuidadora. Estaremos ante un film con muy poco diálogo, donde tanto la banda sonora como la musical tendrán un papel preponderante. Sentiremos la respiración de EO como si estuviéramos con él. La música nos sumergirá y nos adentrará en la historia, pero también estarán bien aprovechados los silencios. La película estará contada casi de manera episódica, a medida que nuestro animal va cambiando de lugar: del circo a una granja de caballos, a un bosque, al mercado negro, a ser el talismán de un club de fútbol (o el culpable, depende la hinchada) y hasta a salir del país en algún momento. El director trabajará muchos los planos desde la mirada subjetiva del burro, desde esos ojos vemos el mundo que lo rodea. Al haber poco diálogo, las imágenes tendrán que hacer el resto. Ahí aparecerá la mano de Michal Dymek, que pondrá una maravillosa fotografía al servicio del director. Gracias a esa mezcla, notaremos el estado emocional de EO, la belleza de sus momentos libres y ese rojo furioso como señal de alerta a lo largo del metraje. 



Además de la cámara subjetiva, tendremos varios planos generales y algunos planos interiores muy bien logrados, principalmente en el comienzo, cuando nuestro asno se encuentre mirando caballos galopando en campo abierto, en ese contraste entre encierro y libertad. No será una película cien por ciento de oda a los animales sino de una crítica al ser humano. A su crueldad y a su falta de empatía. Sin importar la clase social. Notaremos la miseria en todos los escalafones. Veremos la explotación animal en sus diferentes estados. Nos terminaremos preguntando si, explotado y todo, EO no era más feliz con Kassandra en el circo, alguien que lo cuidaba y quería. Quizás ese número de resucitación con su compañera era el momento donde su vida valía la pena. Habrá algo satírico y grotesco, en una crítica no sólo a la Polonia actual sino a la Europa en general, nacionalismo, elitismo, trabajadores, todos están bajo la mirada del cineasta polaco, pero desde la altura y los ojos del asno. En ellos veremos la tristeza y el desconcierto, con esas lágrimas que caen sobre su pelaje gris. Y la historia nos interpela y nos pregunta ¿Cuán salvajes somos para manipular tanta inocencia? En la Antigua Roma los emperadores usaban el pan y el espectáculo de los circos para mantener a la población feliz y distraída. Ambos eran gratis y servían para que la población se olvide de los asuntos importantes. El Pan y Circo sigue hasta hoy desde diferentes maneras. Y siguiendo con los dichos, todos los caminos conducen a Roma, hasta donde llegó EO sobre el final del film. Quizás para demostrar que, aunque pasen los siglos, los salvajes seremos siempre los mismos, encargándonos de perpetuar este circo romano…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SKOLIMOWSKI

 


Jerzy Skolimowski, nació en Łódź, Polonia, hijo de María y Stanisław Skolimowski, arquitecto de profesión. En varias ocasiones a lo largo de su vida, ha reconocido haber tenido una vida marcada por la guerra, pues cuando era pequeño fue testigo de sus brutalidades, habiendo tenido, incluso, que ser rescatado de los escombros de una casa en Varsovia, destruida por una bomba. Su padre, miembro de la resistencia polaca, fue ejecutado por los nazis. Cuenta Skolimowski que su madre escondió en la casa a una familia judía y recuerda que se le insistió en que fuera amable con los nazis para mantener las apariencias. Después de la guerra, su madre fue designada como agregada cultural en la embajada polaca en Praga. Entre sus compañeros en el colegio de Poděbrady, una ciudad balneario cercana a Praga, estaban los futuros directores de cine Milos Forman e Ivan Passer, así como Václav Havel. Skolimowski estaba considerado como un alumno problemático en el colegio pues habitualmente estaba involucrado en todas las travesuras. En el colegio estudió etnografía, historia y literatura y se dedicó al boxeo, que fue también el argumento de un documental de larga duración, la que puede considerarse su primera película. Su interés por el jazz y su relación con el compositor Krzysztof Komeda, le pusieron en contacto con el actor Zbigniew Cybulski y con los directores Andrzej Munk y Roman Polanski



Recién cumplidos los 20 años, Skolimowski ya podía ser considerado escritor, habiendo publicado algunos libros de poemas y de cuentos. Pronto Skolimowski conoció a Andrzej Wajda, director de la entonces denominada 'Escuela Polaca', quien le mostró el guion de una película sobre la juventud, escrito por Jerzy Andrzejewski, el autor de la novela Cenizas y diamantes. A Skolimowski no le gustó el guion y lo rechazó. En cualquier caso, en respuesta al reto de Wajda, produjo su propia versión que a la postre se convirtió en la base de su película Los brujos Inocentes (1960), dirigido por Wajda, con Skolimowski en el papel de boxeador. Skolimowski se matriculó en la Escuela Nacional del Cine en Łódź con la intención de evitarse el largo aprendizaje necesario para poder graduarse como director de cine. Para ello hizo uso de las películas depositadas en la Escuela, que estaban a su disposición para la práctica de los estudios, y tras los consejos iniciales de Andrzej Munk, filmó durante algunos años siguiendo la pauta de rodar escenas muy seguidas. Así, no obstante haber sacado unos resultados muy pobres en los trabajos del curso, Skolimowski, consiguió terminar el rodaje antes de terminar los estudios. Tras terminar sus estudios, Skolimowski empezó a colaborar con Polański, escribiendo los diálogos del guion de Cuchillo en el agua (1962). Entre 1964 y 1984 completó seis películas semiautobiográficas: Marcas identificatorias, ninguna, 1964, Walkover (1965), La barrera (1966), ¡Arriba las manos! (rodada en 1967 y estrenada en 1981), Trabajo Clandestino y El éxito es la mayor venganza, y otras dos entregas La partida, rodada en Bélgica (1967) y Deep End, en Reino Unido, basadas en sus propios guiones originales. 



La barrera ganó el Gran Premio del Festival Internacional de Cine de Bérgamo. La partida ganó el Oso de Oro en el XVII Festival Internacional de Cine de Berlín. Entre 1970 y 1992, mientras vivía y trabajaba en varios países, rodando en varios de ellos:  Las Aventuras de Gerard, El grito y Trabajo clandestino (con Jeremy Irons) en Reino Unido, El rey, la reina y el caballero en Alemania, El éxito es la mayor venganza en Francia y Torrentes de primavera en Italia. Cuando Skolimowski volvió a Polonia para filmar Arriba las manos, la tercera película de la trilogía de Andrzej y la cuarta del sexteto de sus películas polacas. Los temas antiestalinistas de Arriba las manos que contenía esta película hizo que se prohibiera su exhibición, provocando además la expulsión de Skolimowski de la Polonia comunista. Skolimowski entonces se restableció en Londres, donde residió en el mismo edificio que Jimi Hendrix.  Como actor ha trabajado no sólo en Polonia, sino también en el cine anglosajón, tanto británico como estadounidense, bajo dirección de cineastas tan prestigiosos como Volker Schlöndorf, Taylor Hackford, Julien Schabel o David Cronenberg, gracias a su perfecto dominio del inglés. Durante algo más de quince años abandonó la dirección cinematográfica y se retiró para dedicarse a la pintura, realizando exposiciones en Londres, París y Varsovia. En los últimos años volvió al ruedo en su país natal con films como Cuatro noches con Anna, Essential Killing, 11 minutos y EO, hasta ahora su último film. También apareció como actor en una de las películas de Avengers, interpretando a Georgi Luchkov, interrogador de Romanoff y co escribió uno de los últimos films de Polanski: The Palace.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: EO

Año: 2022

Duración: 88 min.

País: Polonia

Dirección: Jerzy Skolimowski

Guion: Jerzy Skolimowski, Eva Piaskowska

Reparto: Sandra Drzymalska, Isabelle Huppert, Lorenzo Zurzolo, Mateusz Kosciukiewicz, Lolita Chammah, Tomasz Organek, Agata Sasinowska, Anna Rokita, Michal Przybyslawski, Gloria Iradukunda, Piotr Szaja, Andrzej Szeremeta

Música: Pawel Mykietyn

Fotografía: Michal Dymek

 

PELÍCULA COMPLETA

jueves, 19 de octubre de 2023

FITZCARRALDO DE WERNER HERZOG

PROGRAMA 425 (05-10-2023)

 

SINOPSIS

 

Brian Fitzgerald "Fitzcarraldo", un excéntrico y megalómano hombre de negocios obsesionado con la ópera, ha ido perdiendo su prestigio y su fortuna en absurdas empresas sin futuro. Su último proyecto consiste en construir un teatro de ópera en un poblado peruano a orillas del Amazonas; para conseguir el capital necesario para financiar tan magna empresa se dedica al comercio del caucho. Su extravagante plan exige sacar del río un gran barco fluvial y transportarlo hasta la cima de un monte. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Será por nuestros sueños que destruimos todo a cada paso? ¿O por simple ambición? Acechamos al mundo desde nuestra propia creación. Nos transformamos en los habitantes de un planeta que grita sus miedos y sus angustias. Nos creemos los mismos dioses que hemos inventado y más. Y hasta iremos en busca de otro planeta porque este ya lo estamos terminando de aniquilar. Esa locura tan nuestras nos invita a ir por todo. Sabernos finitos nos obliga a que el “como sea” se transforme en religión. Y así, mutilamos civilizaciones de miles de años. Y en nombre de esos dioses creados por nosotros mismos, o mejor dicho, de los dioses que nos convienen. ¿Quién nos juzgará? Será la propia naturaleza enviando sus fuerzas imposibles de detener. Serán el fuego y el agua los aliados para ponernos en penitencia. Y ahí ni el poder ni el dinero podrán cambiar el rumbo. 



Para la naturaleza, el burgués será igual que el nativo y el oro no servirá para nada. Asistiremos al entierro de nuestra especie más temprano que tarde. Rociaremos con nafta cada músculo para que se desgarre por dentro. Exhumaremos sus almas para que se alcen hasta el cielo como símbolo del perdón divino. Un perdón que esperamos cuando ya lo hemos arruinado todo. Cuando abrazamos esa idea estúpida de sentirnos impunes. ¿Habrá tiempo para volver a intentarlo? ¿Para pensar que solo somos simples humanos y cumplir con lo que la naturaleza nos legó? ¿A ser sólo un cuerpo que habita y un corazón que ama? La batalla está casi perdida y parece imposible. Quizás ese sea nuestro último logro, la conquista de lo inútil.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post editorial

 


IMPRESIONES SOBRE FITZCARRALDO

 


La palabra, evidentemente, nos excede. Huir de la dictadura que aquel virus impone, bien sabemos, roza lo inocente. Estamos sometidos a ser dentro del texto, dentro de lo dicho, estamos condenados a no ser más que palabras. Nada existe fuera del texto, sostenía Jaques Derrida. Lo innombrable es categóricamente disuelto en su entidad. No hay verdad que no pueda ser enunciada, somos estrictamente hablados por el lenguaje. ¿Pero cuál es esa voz que nombra lo real? Si el lenguaje es un sistema social creado con leyes particulares, ¿cómo es entonces que algo tan preciado como lo real pueda definirse en tal inestable ecosistema? ¿Cómo puede existir una verdad, en un mundo formado de palabras abstractas cuya única relación con aquello que nombra deviene de la arbitrariedad? ¿Quién da valor a aquellas sombras que enuncian? ¿O será que la verdad es simplemente una aproximación alegórica, un simple reflejo de la cosa? Nadie llega a conocer nada, nadie llega verdaderamente a la cosa. Las palabras nos llevan por caminos sin salida que satisfacen nuestra ociosa ansiedad de conocimiento, pero, en definitiva, todo puede ser siempre definido de otro modo. La verdad, es un ejército de metáforas en permanente estado de combate, aseguraba un amigo de este programa, y, como bien sabemos, una batalla por el sentido es siempre una batalla por el poder, es siempre una cuestión política. 



En este contexto así planteado, con la mano ya servida de esta manera, ¿Cómo entonces podríamos apropiarnos del lenguaje? ¿Cómo podríamos revelarnos ante el poder indiscutible de lo dicho, y peor aún, ante el determinismo absolutista de lo repetido? ¿Cómo llegar al otro, a ese otro que por ser hablado nos huye, ese otro que se nos escapa en la incertidumbre propia de los interminables reflejos de un laberinto de espejos? El otro es entonces, un imposible. ¿Pero no es aquella imposibilidad que el otro representa una invitación al propio abismo? Lo imposible es el límite de la experiencia, todo lo que lo exceda se desarrollará siempre en el plano de lo no experimentado, de la no experiencia. Transitar lo imposible es salir del código. Es un ataque directo a lo establecido, es destrozar por completo el paradigma de lo real, es desafiar directamente a aquello que llamamos poder. Derrida, definía a la filosofía como una experiencia de lo imposible y con ello se apartaba de los lugares hegemónicos que sostenían la utilidad de la filosofía en sus términos tradicionales. Apartarse de aquellos límites instituidos, es entender definitivamente que no hay verdades comprobadas pero sí mentiras evidentes, es entonces, darle lugar a lo imposible. Pero aclaremos algo, lo imposible no implica solamente la ausencia de posibilidad. Lo imposible es el anhelo último de nuestra condición finita que tiene que vérselas toda su existencia con aquella imposibilidad. En ese anhelo, sobre esa condición, se erige Fritzcarraldo. Klaus Kinski, bajo la pluma y dirección de nuestro querido amigo Werner Herzorg, construye un personaje que narrará un relato sobre lo imposible. 



En aquella simpleza se esconde la gema preciosa de esta película. Alrededor de aquello tan cotidiano, tan humano, ronda la historia que esta súper producción intenta soslayar interponiendo subtramas tan llamativas como confusas, fotografiando maravillosos colores de manera tal que parecieran jamás visto por el ojo humano, relacionando otredades tan distantes que las creeremos opuestas. El relato expondrá los objetivos del héroe naturalmente dentro del primer acto. Volveremos con seguridad sobre ellos porque creeremos no haberlos entendidos. Allí empezará a jugar con nosotros Herzog. Aquello que creeremos absurdo, será la conquista de lo inútil, será el relato de lo imposible, porque el propio Werner es, claro, el director de lo imposible. Basta revisar su filmografía, tanto de ficción como la de documental, para entender rápidamente la constante de esta temática, la obsesión minuciosa sobre la narración de esta dificultad. Es entonces de esta manera que este valioso director nos demuestra su batalla contra el poder, contra los límites establecidos por las instituciones, contra las bases normalizadoras de la narrativa de toda experiencia. El modo de trabajo de este artista sobre lo real, sobre la verdad representada en pantalla, es una de las particularidades de su estilo. Herzog trabajará en locaciones reales, con actores y actrices autóctonos, evitando en la medida de lo posible, el uso de efectos especiales, dato no menor al hablar justamente de una película que se plantea como eje temático la acción de cruzar un barco de varias toneladas sin ser desarmado por encima de una montaña. 



Lo imposible estará presente a cada instante, en cada escena de Fritzcarraldo. La fotografía del film será otra de las maravillas que esta obra expone. Habrá encuadres que serán dignos de ser detenidos para contemplar con detenimiento su perfecta composición, el equilibrio exacto en la distribución de los objetos dentro del cuadro, y por supuesto, claro, la iluminación barroca que nos recordará sin duda a las obras desafiantes del artista Caravaggio. El protagonista será un tipo que a pesar de todas las dificultades, dejará su vida en la búsqueda de su deseo. En demostrar que otra realidad, que otra manera de significación, siempre es posible. Eso lo convertirá en un temerario dentro de un mundo de cobardes que piensan solo hasta donde otros le permiten. Como bien sabemos, queridos amigas y amigos, el que arriesga poco, siempre gana poco. ¿Dónde guardaran sus deseos esos tipos que transitan solo lo posible, que no huyen de sus propias prisiones por temor al sueño de aquello que les juraron inalcanzable? Recuerdo aquel grito de otro tipo temerario, ese que nos decía con furia: seamos libres que lo demás no importa nada, cuando el poder había depositado nuestra libertar en el plano, justamente, de lo imposible. Por esos tipos, existen estas obras y estos directores. Por aquellos personajes que siguen adelante cuando aquello que les muestran como  realidad no les basta.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HERZOG

 


Nació en Munich el 5 de septiembre de 1942, creció en el seno de una familia muy pobre. Herzog creció sin radio ni cine, en pleno contacto con la naturaleza, en una granja, alejado del mundo moderno. Según afirma el propio director, no tuvo conocimiento de la existencia del cine hasta los once años, la misma fecha en la que vio por primera vez un coche. A los 17 años hizo su primera llamada telefónica. A los trece años se trasladó a Múnich para iniciar sus estudios secundarios. Su familia se alojó provisionalmente en una pensión donde, casualmente, se alojaba Klaus Kinski, actor que en un futuro sería clave en su carrera cinematográfica. Durante su adolescencia, pasó por una etapa de gran fervor religioso, llegando a convertirse al catolicismo, lo que provocó discusiones con sus familiares, ateos convencidos. Por esta época empezó a realizar sus primeros largos viajes a pie. Hacia los quince años atravesó media Europa, desde Múnich hasta Albania. También hizo caminando el viaje que lo llevó a Grecia. Hacia los 17 años decidió dedicarse al cine. Para pagarse sus películas, trabajó en diversos oficios, que combinaba con sus estudios secundarios y más tarde universitarios. Se matriculó en Historia, Literatura y Teatro en Múnich. Hacia 1960 obtuvo la beca Fulbright para el Seminario de cine de la Universidad de Duquesne, en Pittsburgh (Estados Unidos). Su primer film fue un corto documental titulado Heracles en 1962, donde hacía un paralelismo entre Heracles y los musculosos fanáticos del gimnasio. Su primer filme de ficción fue Signos de vida (1968). Las películas posteriores confirmaron su carácter visionario y su atención por lo irracional y por las realidades marginales, rasgos bien visibles en títulos como También los enanos comenzaron pequeños (1970), protagonizada por enanos, o documentales como Fata Morgana y Tierra de silencio y oscuridad (1972). El éxito internacional le llegó con Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972), poderoso film en el que su actor-fetiche Klaus Kinski interpreta al conquistador español Lope de Aguirre. 



El film lo consolidó como uno de los más importantes directores de Nuevo Cine Alemán, junto a Wim Wenders, Rainer W. Fassbinder, Volker Schlöndorff y Reinhard Hauff. El director consolidaría su reputación con el asombroso documental El gran éxtasis del escultor de madera Steiner (1973-1974). Le siguieron Corazón de cristal (1976), La Balada de Bruno S. (1997), Nosferatuvampiro de la noche (Nosferatu, Phantom der Nacht, 1978), en la que recreó la clásica versión fílmica de Drácula rodada en 1922 por Friedrich Wilhelm Murnau, Woyzeck (1979), basada en una pieza teatral inconclusa de Georg Büchner, y Fitzcarraldo (1982), historia de un excéntrico empresario del caucho obsesionado en construir una ópera en plena selva amazónica. De sus últimos títulos cabe destacar Donde sueñan las hormigas verdes (1984), Cobra verde (1987) y Grito de piedra (1991).  Werner Herzog ha dirigido también montajes teatrales, en especial de óperas: Doctor Fausto (1985), Lohengrin (1987) y Juana de Arco (1989). En la década de los noventa realizó documentales para el cine y la televisión: En las puertas del infierno (1992), The Transformation of the World Into Music (1994), Little Dieter Needs to Fly (1997) y Mein liebster Feind (1999). Ya en el siglo XXI llegaron documentales como obras de ficción entre las que encontramos The White DiamondLa salvaje y azul lejaníaGrizzly ManRescate al amanecer, Hijo mío, hijo mío ¿que has hecho?, la remake de Un maldito policía, La cueva de los sueños olvidados, Hacia el infierno, Meeting Gorbachov o Fireball, visitantes de mundos oscuros, su último documental.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Fitzcarraldo

Año: 1982

Duración: 157 min.

País: Alemania del Oeste

Dirección: Werner Herzog

Guion: Werner Herzog

Música: Popol Vuh

Fotografía: Thomas Mauch

Reparto: Klaus Kinski, Claudia Cardinale, Paul Hittscher, Miguel Ángel Fuentes, José Lewgoy.

 

PELÍCULA COMPLETA

 

martes, 10 de octubre de 2023

LAMB DE VALDIMAR JÓHANNSSON

PROGRAMA 424 (22-09-2023)

 

SINOPSIS

 

Una pareja sin hijos descubre un misterioso recién nacido en su granja de Islandia. El potencial de crear una familia les trae mucha alegría, pero también podría destruirles. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El mal es un límite. El infierno, por ende, también lo es. ¿Pero cuál es ese límite? ¿Cómo será esa línea que nos separa de lo que somos, ese abismo donde habita la no experiencia? Porque después de todo, cruzar un límite nos arroja de lleno al plano de aquello que jamás hemos experimentado. ¿Cómo se sentirá el peso de ese paso final, de aquel veredicto diabólico? Suponemos que la geografía del infierno es por lo menos pequeña. La vida infernal jamás podría imaginarse o conjeturarse bajo el cobijo de las grandes amplitudes o de las extravagantes puestas. La maldad es más bien corta. Una acción, un objetivo, un pensamiento y al girar la esquina, el aliento fétido de una tristeza inagotable, el helado río de lágrimas sin ningún tipo de consuelo nos recibirá para otorgarnos nuestro juicio final. Un infierno que golpee preciso, que nos enseñe el verdadero rostro del dolor sin prefacios ni preludios inoportunos. Así de drástica y directa debe ser la estepa infernal. Es importante aclarar, que el único infierno posible es el individual; con el tormento de nuestros propios miedos comiéndonos el cuerpo lentamente, como aquel Prometeo quien, tras haber robado el fuego, fuera condenado y encadenado desnudo en las montañas del Cáucaso, donde un buitre le desgarra de día su hígado, que insiste en regenerarse por completo todas las noches. La acción infernal carece bajo estricto mandato e inquebrantables reglas, de tramas complejas, de líneas de transiciones llevaderas, y de recorridos dramáticos pomposos y desarrollados. La acción infernal no requiere narrativa. Es acción pura, es ser siendo. 



Es el instante apabullador, ese ápice vertiginoso que no precisa de sorpresa alguna, porque bien sabemos que el peor de los infiernos es aquel que ya conocemos. Ese dolor atemorizante que entendemos y desarrollamos como límite, que nos declara inapelablemente humanos. Los pecados, queridos compañeros y compañeras, se pagan en vida. El infierno, entonces, nos reafirma en nuestra condición humana, en nuestra insoslayable naturaleza de límite, de espectro arrojado al inefable perímetro gris que separa al significante del significado, que divide de manera inexplicable y arbitraria a la idea de la cosa, nos asienta, inexorablemente, en la monstruosa condición de entes arrojados a esta desoladora mixtura indefinible que no es ni infierno ni paraíso y, por supuesto, mucho menos purgatorio. Es a ese pequeño espacio sin tiempo que, tal vez, seremos arrojados por mucho que mintamos benevolencias o por mucho que peinemos buenas intenciones. El sufrimiento siempre es tanto que nos cabe entonces la duda sobre si ya no habremos sido, en definitiva, librados a nuestra suerte infernal. Que esta vida absurda que vivimos, que estos amores para siempre que se terminan todo el tiempo, que estos amaneceres que no temen con seguir adelante ante la fría ignorancia de nuestras derrotas, no son ya el diseño mismo del averno para nosotros reservado. La verdad, es que nunca lo sabremos, porque es en ese mismo paño donde se discute aquel conflicto eterno entre la razón y la fe, el gran debate humano por la trascendencia. El infierno o el paraíso nos alcanzaran de cualquier modo. aunque ante su aparición no sepamos ponerle ningún nombre. Llegado el momento, pagaremos, porque, si de algo estamos seguros es que lo único que nos queda siempre es pagar. Saldaremos la cuenta que debamos y nos iremos sin ninguna urgencia, con lo que nos quede dignidad sobre los hombros, en busca, claro, del próximo bar.           

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LAMB

 

Aceptar el dolor puede llegar a ser imposible. Convivimos con él, tratamos de ocultarlo y mantenerlo al margen de nuestra vida. “Si nuestra existencia no tiene por fin inmediato el dolor, puede afirmarse que no tiene ninguna razón de ser en el mundo. Porque es absurdo admitir que el dolor sin término que nace de la miseria inherente a la vida y que llena el mundo, no sea más que un puro accidente y no su misma finalidad. Cierto es que cada desdicha particular parece una excepción, pero la desdicha general es la regla”. Así abre su libro Los dolores del mundo el filósofo Arthur Schöpenahuer. Allí, afirma también que las alegrías y los placeres no dejan huella como si lo deja el dolor. Para entenderlo, vayamos a esta parte del texto. “Sentimos el dolor, pero no la ausencia de dolor; sentimos el cuidado, pero no la falta de cuidados; el temor, pero no la seguridad. Sentimos el deseo y el anhelo, como sentimos el hambre y la sed: pero apenas se ven colmados, todo se acabó, como una vez que se traga el bocado cesa de existir para nuestra sensación. Todo el tiempo que poseemos estos tres grandes bienes de la vida, que son salud, juventud y libertad, no tenemos conciencia de ellos. No los apreciamos sino después de haberlos perdido, porque también son bienes negativos. No nos percatamos de los días felices de nuestra vida pasada hasta que los han sustituido días de dolor… A medida que crecen nuestros goces, nos hacemos más insensibles a ellos: el hábito ya no es placer. Por eso mismo crece nuestra facultad de sufrir: todo hábito suprimido causa una sensación penosa. Las horas transcurren tanto más veloces cuanto más agradables son; tanto más lentas cuanto más tristes, porque no es el goce lo positivo, sino el dolor, y por eso se deja sentir la presencia de éste. El aburrimiento nos da la noción del tiempo y la distracción nos la quita. Esto prueba que nuestra existencia es tanto más feliz cuanto menos lo sentimos, de donde se deduce que mejor valdría verse libre de ella”. Un poco pesimista el pensamiento de nuestro amigo alemán, pero no por eso correctamente cierto. 



La pérdida, entonces nos hunde en un dolor eterno. La vida se transforma en una rutina gris, una autopista sin sorpresas que se transita de manera automática. Sólo un milagro parecerá confrontar ese dolor y regalar nuevas emociones. En ese mundo de miradas perdidas, días grises y paisajes enormes, habitan María e Ingvar, los protagonistas del film Lamb, del islandés Valdimar Jóhannsson. Ya desde los primeros minutos, tenemos que afinar el oído y la vista y prestar atención a lo que vemos. Y también a lo que no vemos. Si se dejan llevar por el palabrerío pensarán que están ante una película de terror, pero no les hagan caso. Como siempre decimos, abrazamos a esas personas que rompen con los géneros y transitan por diferentes vertientes. Jóhannsson forma parte del estilo de nuevos directores como Ari Aster o Robert Eggers, con quienes los emparenta ese Folk Horror que viene dando que hablar en los últimos años. La película abarcará una comunión entre la historia bíblica, la mitología nórdica y cierto surrealismo en medio de la naturaleza más agreste. El guión estará firmado por el director junto a Sjon, un poeta, artista y escritor islandés, creador de parte de la banda musical de Björk en Bailarina en la oscuridad de Lars Von Trier y guionista del reciente film The Northman (justamente de Eggers). Unos suspiros, unos pasos que acechan, será lo primero que oiremos, mientras la imagen es todo blanco en medio de una tormenta de nieve. Unos caballos corriendo cuando la cámara se acerca aparecerán a continuación. Una oveja, con cuernos de carnero (el Anticristo según la iconografía cristiana), será la próxima imagen. La primera referencia bíblica. Veremos un establo, otros pasos que se escuchan, animales nerviosos y una radio que ora las plegarias porque ya es Navidad… Segunda referencia y así podemos seguir enumerando varias más. El guion será lineal y el film estará contado en capítulos. 



Luego de la aparición del letrero sobre el primero en cuestión, conoceremos a los protagonistas. Una pareja de pastores en medio de la inmensidad rural, entre vegetación y montañas, aislados de todo. Un lugar silencioso salvo por los ruidos de la naturaleza, tanto qué durante los primeros diez minutos, la voz en esa radio será la única que conoceremos. En uno de los primeros diálogos habrá una charla sobre viajes en el tiempo y ahí, en esas miradas, intuiremos que hay algo escondido en su alma. Por momentos la atmósfera se hace irrespirable, pero no sabemos porque… El film trabajará una fotografía sobria, una paleta de colores fríos, donde predominan los verdes y azules opacos y también el uso de grises. Esta ayudará a sentir ese invierno continuo del paisaje. La inmensidad de este se verá a través de planos generales. El director utilizará planos detalle y también planos y contraplanos entre los protagonistas, no solo humanos sino animales (nunca una mirada de una oveja dolió tanto…). La cámara se transformará además en un observador obsesivo. Habrá grandes interpretaciones de Noomi Rapace y Hilmir Snær Guðnason, la pareja protagonista, gracias a sus gestos y sus miradas. La banda sonora, como anunciamos al comienzo, será clave para escuchar pequeños sonidos que nos mantengan alerta todo el tiempo. La música acompañará sutilmente sin estridencias. El nacimiento de un pequeño cordero y la adopción de la familia como propio, serán la clave en la curva dramática de la película. 



La aparición de este nuevo ser, más el regreso de Petur, el hermano de Ingvar, trastocarán la pacífica vida familiar. Y aquí la frase “Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo” se transforma en lo opuesto. Habrá desde allí una tensión latente. Mientras pasan los minutos, el director nos irá revelando ciertos secretos guardados. Entenderemos por que ciertas charlas, ciertas miradas tristes y, sobre todo, ciertas actitudes. Desde la alegoría bíblica, se mencionará al diablo como el creador del caos. Desde el punto más terrenal, será una respuesta de la naturaleza en venganza de los humanos que intentan apropiarse de lo suyo. Desde la mirada humana, estaremos ante una madre que busca erradicar su dolor y volver a crear una familia, sea como sea. Se unirán dos mundos, lo real y lo desconocido, el amor y el miedo, lo maravilloso y lo temible y porque no, el pasado y el presente. Y ya no importa que de todo lo que veamos es real. Lo cierto es que el caos empieza a reinar y el infierno se vuelve más presente que nunca. Quizás, y rememorando a Tarkovski, de quien el film tiene también marcada influencia, se necesitará un sacrificio para liberarse. Y por fin animarse a sonreírle al cielo, para escapar de ese infierno.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO JÓHANNSSON

 


Valdimar Jóhannsson nació en el norte de Islandia el 28 de abril de 1978. Ha trabajado en varios proyectos detrás de cámara, ya sea en iluminación, fotografía o técnico de efectos visuales. Varios de esos trabajos fueron en Hollywood y en su país, entre los que se destacan Rogue One, La vida secreta de Walter Mitty, la serie LazyTown, Amundsen, Juego de Tronos y Prometheus. En 2003 realizó su primer cortometraje titulado Pjakkur. Presentó su cortometraje Dolor en 2008 en el Festival Internacional de Cine de Reykjavík. Del 2013 al 2015 participó en el programa de Doctorado de Béla Tarr llamado Film Factory en Sarajevo. El primer largometraje de Valdimar fue Lamb (2021), que dirigió y escribió. Lamb arrasó en los Premios Edda 2022, ganando 12 premios, incluidos Mejor Película y Mejor Guión por Valdimar. Lamb también ganó el Premio Un Cierta Mirada a la Originalidad en Cannes, el Premio de Cine del Consejo Nórdico y fue preseleccionado para el Premio de la Academia a la Mejor Película Internacional.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Lamb

Año: 2021

Duración: 106 min.

País: Islandia

Dirección: Valdimar Jóhannsson

Guion: Sjón Sigurdsson, Valdimar Jóhannsson

Música: Þórarinn Guðnason

Fotografía: Eli Arenson

Reparto: Noomi Rapace, Hilmir Snær Guðnason, Björn Hlynur Haraldsson

 

PELÍCULA COMPLETA

BORDER DE ALI ABBASI

PROGRAMA 421 (01-09-2023)

 

SINOPSIS

 

Tina es una agente de aduanas reconocida por su eficiencia y por su extraordinario olfato. Da la impresión de poder oler la culpabilidad de un individuo. Pero cuando Vore, un hombre aparentemente sospechoso, pasa junto a ella, sus habilidades se ponen a prueba por primera vez. Tina sabe que Vore oculta algo, pero no logra identificar qué es. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Cuál es el límite del ser humano? Encajar en la sociedad parece ser a veces el único objetivo. El diferente siempre será mirado de reojo. Aquel que no cumpla con estándares típicos de belleza será siempre castigado. La inteligencia no tendrá rédito suficiente. Lo artificial le gana a lo real. Las amistades se miden por cantidad de likes mientras el planeta se vuelve un estereotipo. Estamos en un mundo donde el ya y el ahora son moneda corriente. Una foto interesa más que dos mil palabras. Un título importa más que el contenido. Los filtros son el Dios del mundo de hoy. El llamado clickbait está arrasando con todo. Estamos perdiendo la batalla ante el mundo virtual. Las redes condicionan y desde el anonimato se teje una cadena de odio invisible que es una epidemia sin final. Se lanzan improperios con una facilidad asombrosa. Se opina de los cuerpos, de las actitudes y de las elecciones con una animosidad que asusta. Se descree de todo lo que se dice. Todo comentario parece condicionado. Se cuecen mentiras con la rapidez de la luz. 



Total, no importa, cuando la verdad sea revelada, no va a tener el mismo enfoque y pasará desapercibida. La maldad surge como algo natural del hombre. Sólo la amarga aparición de la muerte nos volverá más sensibles. Pero durará algunas horas, cuando la noticia pase a ser otra, todo quedará en el olvido y volverán a tronar las voces de la más oscura infamia. ¿Surgirá la empatía en algún momento? Difícil predecirlo, aunque parece poco probable, ya que muchos en nombre de la libertad, sólo quieren quitarte viejos derechos conseguidos, luchas que serán pisoteadas a la primera de cambio. Pero allí estaremos algunos defendiendo nuestra trinchera una vez más. Enarbolando la bandera de la igualdad y de la resistencia. Tejiendo nuestra suerte en un bosque cada vez más oscuro. Haciendo lo imposible para volver a ser luz y que nadie pueda traspasar nuestra frontera.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BORDER

 


Los cánones de belleza a lo largo de los tiempos se han escrito sobre los cuerpos. El capricho convenido entre dos o tres personas se ha tallado sin escrúpulos sobre la carne sometida de la sociedad. El resultado, claro, fue el que toda imposición depara: sumisión, angustia, dolor, y exclusión. Escribió un poeta amigo de esta casa: Tengo buenas y malas noticias para vos, la belleza es lo que te da felicidad. Bien sabemos que donde hay poder hay resistencia, pero cómo luchar contra un poder que se naturaliza a través de la cultura para poder perdurar en el ejercicio de su sometimiento. Carl Gustav Jung pensaba que el único propósito de la existencia humana era encender una luz en la oscuridad del mero ser. Allí estará la psicología metiendo sus narices, pero sobre todo estará la filosofía realizado aquel difícil trabajo de la deconstrucción de todo aquello que el poder naturaliza, evidenciando y visibilizando todo aquello establecido y aceptado, emancipando para echar alguna luz en todo este lio. La naturaleza sostiene, da solidez e incuestionabilidad a aquello que la gente suele llamar sentido común. Todo puede ser modificado salvo lo natural ya que es inherente a lo que somos. Sobre aquel sentido de naturaleza se construyen las sociedades, se crea su modo de pensar, de actuar, de sentir. Sobre aquellas bases nace la idea de lo bello y lo triste sobre la que escribiría nuestro amigo Kawabata. Resistir al poder es luchar contra el pensamiento de que las cosas no pueden ser de otro modo, es pelear contra aquel letargo sobre el cual la sociedad se sostiene y por el cual es manipulada. Pelear contra lo natural es anarquizar al mundo. Nada es natural, todo puede ser de otra manera, tomar otra forma, tener otro sentido. Darle a la naturaleza el carácter de inmutable es caer en una paradoja. 



Basta con mirar en este mismo instante a través de cualquier ventana para darse cuenta que no hay nada más cambiante que la naturaleza. Lo natural es el perpetuo movimiento, nada está completamente quieto. Nada es definitivamente inmóvil. El ser es movimiento infinito, cómo entonces lo natural puede ser entender una cierta manera de relacionarse y no otra. Cómo lo natural puede ser un modelo de belleza y no otro. La belleza, la sexualidad, las relaciones inter e intrapersonales, son todas creaciones inherentes y propias del ser, cómo entonces podrían llegar a entenderse como modelos fijos, como entidades categóricas inquebrantables, como cánones inapelables desarrollados para la exclusión, capaces de crear los códigos de lo que está bien, de lo que es correcto y sano. ¿Cómo podríamos separar lo natural de lo humano, como podríamos pensar que aquello elegido, intervenido por el ser humano deja de ser natural? ¿No es este último acaso parte de la naturaleza? ¿Cuál es la línea que separa lo natural de lo artificial? ¿Qué naturaleza no está intervenida y que artificialidad no posee algo de natural? Hay una forma de ser del mundo, de verlo y de transitarlo que se instala como un virus en nuestro sistema nervioso y nos regala la peor de las pesadillas. La heteronormatividad está inscripta en el cuerpo y genera una estructura desde donde se naturaliza una concepción del mundo. El sexo, por ejemplo, es una escritura, nadie nace con una sexualidad, pero en su más temprano desarrollo aparecerá toda la maquinaria del poder operando sobre el deseo, sobre el modo en que nos miramos y nos elegimos, aparecerá trazando el mapa político del erotismo de nuestro propio cuerpo. Como pensar libremente entonces sobre nuestra propia identidad cuando partimos de bases tan políticamente tendenciosas. 



El enunciado performativo nos define dentro del binario. Somos lo que él dicta, lo saludable, lo natural, somos femeninos o masculinos. Esta definición respecto del género nos identifica, somos esto porque no somos aquello otro. Pero pensado en este mismo sentido, ¿la identidad no genera un hecho violento? ¿Toda definición no es de algún modo una sentencia? La identidad nos violenta porque nos exige siempre ser una sola y única cosa, nos condena a la mismidad olvidando de esa manera para siempre a los otros. Siempre que exista una política de la identidad va coexistir una política de la exclusión. Por qué no pensar aquello expuesto por Paul Beatriz Preciado de que la identidad puede ser narrativa, una identidad que se vaya transformando todo el tiempo. Sobre estas ideas se levanta aquella obra de nuestro amigo Ali Abbassi llamada Border o Criaturas Fronterizas. El director narrará un film incómodo que nos interpelará desde su comienzo. Estaremos frente a un guion que cuestionará de manera profunda y novedosa, temáticas propias de lo humano, y para hacerlo, lo hará desde la otra frontera, lo hará desde lo no humano. El relato estará guiado por el punto de vista de Tina, una oficial de aduana. Simbólicamente, el personaje principal de esta historia será una representante del estado que se encargará de impedir que entren cosas ilegales al país. Con cierta velocidad, y teniendo en cuenta lo hablado hasta aquí, podemos armar y entender aquella alegoría como la idea del poder real ejercida por una figura estatal que controla el ingreso de nuevas ideas a la región particular que cada uno somos, dejando pasar solamente las que este poder considera legales y deportando, de la misma manera, aquellas otras que pudieran traer conflictos a sus propios intereses. Allí estará la figura retórica del film. Desde este comienzo y durante todo el desarrollo de la curva dramática, el relato avanzará con el análisis metafórico de las ideas de género, identidad, belleza y poder. 



Hablará del resentimiento de los excluidos y de la necesidad humana de vivir en comunidad. Hablará de aceptar las reglas y de ser funcional a ellas, de la necesidad de ser hablados y escritos y de la urgencia de tener un pasado que nos contenga. El film tendrá una estructura lineal y su fotografía trabajará sobre colores fríos. Todo será el verde del bosque y cielos opacos de nubes. Todo será blanco y pálido como la luz de un trueno. Todo será animal y desesperante. Notaremos la predominancia del uso de cámara en mano, apoyando de esta manera la idea del encuentro con lo salvaje que esta historia relata y el uso continuo del plano detalle. Se trabajará desde cámara no lo general sino lo particular. Allí estará la historia que Abassi narra. No en los poblados caminos del centro del pensamiento, sino allá lejos, por aquellos pasillos donde pocos transitan, por esos caminos donde los pastos aún están verdes porque nadie los pisa. La película contará con un trabajo extraordinario de maquillaje y de actuación siendo ésta última particular por correrse justamente de los parámetros comúnmente acostumbrados para producciones de este tipo. El relato hará este juego todo el tiempo, dosificando la fantasía con el correr su conflicto, exponiendo nuestros propios prejuicios escritos en la sometedora narrativa de nuestro ser.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ABBASI

 


Ali Abbasi nació en 1981 en Teherán, República de Irán. Estudió en la Universidad Politécnica de Teherán hasta 2002, cuando se trasladó a Europa para estudiar en la Real Academia de las Ciencias de Suecia en Estocolmo. Tras graduarse en artes en 2007 se inscribió en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, graduándose en 2011 y presentando el cortometraje M for Markus, un mediometraje experimental con tintes surrealistas donde una detective de policía femenina, descubre un cuerpo mutilado en una escena del crimen. Su búsqueda de un asesino la lleva a conocer al joven e inocente Markus, hacia el que se ve fuertemente atraída. Su relación con el muchacho provoca que su vida cambie drásticamente, adentrándose en un mundo onírico y grotesco. Su primer largometraje llegó en 2016 bajo el título Shelley, que cuenta la historia de Louise y Kasper, una pareja danesa, que viven en una casa de campo en medio del bosque, lejos de la vida moderna, la tecnología e incluso la electricidad. El mayor sueño de Louise es ser madre, pero ella no puede tener hijos. En su desesperación, decide hacer un pacto con su asistenta de hogar Elena, que acepta llevar al hijo de Louise como madre de alquiler a cambio de una gran suma de dinero. Pero la vida que crece en su interior toma forma demasiado rápido, afectando las vidas de todos como una fuerza maligna. La paranoia y el horror rondan el inminente nacimiento. 



En 2018 filma en Suecia Border, con la que logra el Premio en la sección Un Certain Regard a mejor película en Cannes. Además, fue nominada al Oscar como mejor maquillaje. Su último film llegó el año pasado y fue Araña sagrada, ambientada en Irán de 2001. Una periodista de Teherán se sumerge en los barrios con peor reputación de la ciudad santa de Mashhad para investigar una serie de femicidios. Pronto se dará cuenta de que las autoridades locales no tienen ninguna prisa por resolver el asunto. Los crímenes son obra de un solo hombre, que asegura purificar la ciudad de sus pecados y que ataca a prostitutas por la noche. Este año dirigió algunos capítulos de la serie The Last of Us.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Gräns

Año: 2018

Duración: 101 min.

País: Suecia

Dirección: Ali Abbasi

Guion: Ali Abbasi, Isabella Eklöf. Novela: John Ajvide Lindqvist

Reparto: Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Akerblom, Jörgen Thorsson, Ann Petrén.

Música: Christoffer Berg, Martin Dirkov

Fotografía: Nadim Carlsen

 

PELÍCULA COMPLETA