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miércoles, 25 de febrero de 2026

LA FUENTE DE LA DONCELLA - JUNGFRUKÄLLAN DE INGMAR BERGMAN

PROGRAMA 491 (12-12-2025)

 

SINOPSIS

 

Suecia, siglo XIV. Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a su hija Karin en compañía de Ingrid, una muchacha que odia a Karin en secreto. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y abandona a la princesa, pero la muchacha prosigue su camino y se encuentra con unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Si de algo estamos seguros es que lo que ya ha ocurrido se mantiene melancólico e inalcanzable en el pasado y que aquello que proyectamos, eso que soñamos y añoramos lo depositamos en un futuro lejano e improbable. Lo único real es, tal como decía Borges, el ápice vertiginoso del presente. Aristóteles, por su parte, sentencia respecto del tiempo que lo que ha sido ha sido. Que el pasado es imposible de modificar. Ni los dioses tienen el poder sobre aquello. Desde este humilde espacio nos aventuramos a discrepar con el pensador. Quizás desde nuestro agnosticismo podamos ver la situación desde otro punto de vista, con otros cercos que guíen nuestra mirada y dudar sobre la afirmación aristotélica y creer que aquello que ilumina nuestro presente puede resignificar nuestro pasado de manera significativa. Todo pasado se resignifica por un hecho presente y no necesitamos ser dioses para lograrlo. Pensemos en una traición repentina, inesperada. Instantáneamente modifica el significado de toda una historia lo queramos o no. 



Esto quiere decir, Aristóteles mediante, que una acción puede ahondar tan profundo en nuestro ser que puede cambiar el sentido de todo aquello que somos, de todo aquello que fuimos, y rearmarnos de forma tan diferente para tomar caminos que jamás imaginaríamos que fuéramos capaces de tomar. La fragilidad de nuestra existencia queda expuesta en el grano de arena que acaba de caer. La muerte es quizás lo único irrefutable. Aquello que ninguna acción puede modificar. Y ese es el origen trágico de todas nuestras angustias, el saber que no saldremos vivos de este valle donde las malas noticias sobran y los buenos siempre llegan tarde. Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo que detiene al mejor. Cuando del mundo no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños vendrán en ese sueño de la muerte! Se preguntaba el príncipe de Dinamarca en medio de su conflicto moral y al mismo tiempo abriendo la duda sobre el más allá. Nuestra respuesta no es la más esperanzadora pero si tal vez la más honesta. No hay sueño, hay nada, mentira toda otra verdad. La muerte es el último verso, el punto final. Y si después de la vida no hay nada, hagamos de esto, queridos amigos, algo injusto.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA FUENTE DE LA 

DONCELLA


 

Había una vez una tierra, un mundo, donde cada uno creía en su Dios. La gente le llevaba afrentas, le rezaba y armaba sus propias fiestas y rituales. Un día, alguien bajó de un barco y se llevó por delante todo. Arrasaron no sólo con la tierra sino también con las mujeres y niños. Llegó la violencia, llegó “la misión”. Todavía en ciertas zonas de nuestro propio país, quedan algunos recuerdos de lo que alguna vez fue. Un genocidio. Primero bajo el nombre de “descubrimiento”. ¿Quién descubrió a quién? Los nuevos les pusieron nombre y los echaron y masacraron. Con el paso de los siglos todo siguió su curso. Desde la guerra de la triple frontera hasta la infame “Campaña del Desierto”. Y así como pasó acá, se sucedió en diferentes partes del mundo. O sino, como fue que se dividieron África las potencias, trazando líneas y partiendo tierras y etnias que contribuyeron a décadas de masacres entre pueblos… La llegada del cristianismo y el judaísmo, sirvió para seguir ejerciendo el poder sobre otras religiones. A partir de ahí, cualquier persona que profesara un culto a una religión que no sea una de esas dos, era considerado “pagano”. Así los cristianos llegaron también a los países nórdicos. 



En Suecia se empieza a introducir alrededor del año 1200 y en el 1216 la Santa Sede reconoce al país como cristiano, de hecho, en 1249 se produce la primera cruzada sueca contra los fineses paganos. Atrás, quedan las historias de los vikingos y sus dioses nórdicos como Thor, Freyja, Loki u Odin. Y este último será justamente un nombre importante en el film del maestro Ingmar Bergman llamado La fuente de la doncella, donde mostrará esa lucha de poder entre cristianismo y paganismo. La película abrirá con un plano americano de una bella mujer que enciende un fuego. La cámara la sigue lentamente desde una distancia relativamente cercana, para no perdernos detalles. Luego ella realiza plegarias al dios Odín, y en la siguiente escena una mujer reza ante Cristo en la cruz. En esas dos primeras escenas, Bergman marca la lucha entre esas dos fuerzas opuestas. La película está ambientada en el siglo XIV y está basada en una antigua balada sueca recopilada en la tradición oral del siglo XIII, que dice “donde muere una doncella aparecerá un manantial”. El guion de Bergman llevará la curva dramática de los personajes de manera lenta y pausada. Todos los protagonistas se lucirán frente a cámara. 



Estaremos como siempre en su filmografía, ante unos planos soñados. Trabajará con planos generales para mostrar la belleza natural del paisaje o los lugares donde viven. También utilizará los primeros planos para mostrar la inocencia, la ira o el dolor de sus personajes. La fotografía en blanco y negro servirá como un mapa de época. Se manejará con lentos travellings para mostrar la calma y serenidad del lugar, pero lo contrarrestará con algunos movimientos bruscos en los momentos de violencia y tensión. Habrá algunos planos detalle de objetos que se repiten a lo largo del film, como el agua o las velas. La película nos muestra la relación entre Töre, el dueño de la granja, con los miembros de su familia: su esposa Marëta, su hija Karin y su hija bastarda Ingeri, quien está embarazada y convive como criada. Será ella, que representa el resentimiento y la marginalidad, la que invoque a Odin clamando venganza contra Karin, quien encarna a la doncella, como símbolo de inocencia y pureza. Tendremos una especie de aviso medio encriptado que parece sin sentido, en una charla entre madre e hija sobre cuántos hombres la sacaron a bailar y la madre cortará la anécdota luego del tercero. 



Se acerca el Viernes Santo y la bella y virginal Karin debe llevar las velas al altar de la Iglesia, que servirán como ofrenda para la Vírgen. Ingeri la acompañará durante parte de ese trayecto donde la naturaleza se dividirá entre vegetación y arroyos. Allí le hablará de sexo y también le avisa que alguien puede abusar de ella, pero Karin responde que se podría escapar. Luego de un parate, Karin seguirá su camino sola en el bosque, símbolo en esos tiempos de tierras sin ley, donde la vegetación será más abundante y todo parece más enigmático. Allí aparecerán tres pastores, dos hombres y un niño, quienes la invitan a compartir la comida. El viaje se transformará en tragedia, ante la escondida mirada de Ingeri que no hará nada. El film seguirá su curso, habrá venganza, más muerte y nos quedará un milagro para el final. Será en ese final donde empezarán las preguntas, la madre echándose la culpa por querer a su hija más que a Dios, el padre preguntándole porque permitió que pasara todo lo que pasó… Será el momento de la duda, algo ya clásico en el cine del director sueco. Nos dejará siempre preguntas sin respuestas, sobre todo si pensamos si obraríamos igual que el padre en una situación así. Quizás, nadie tenga la respuesta concreta mientras otros le empezamos a decir adiós a Dios.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la nocheLos demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 



El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Cuando huye el día (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman



A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968) o Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande.



Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se fue otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Jungfrukällan (The Virgin Spring)

Año: 1960

Duración: 88 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guion: Ulla Isaksson

Reparto: Max Von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindblom, Birgitta Pettersson, Axel Düberg, Alan Edwall, Tor Isedal.

Música: Erik Nordgren

Fotografía: Sven Nykvist (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA

lunes, 25 de noviembre de 2024

PLEASURE DE NINJA THYBERG

PROGRAMA 450 (01-11-2024)

 

SINOPSIS

 

La joven Jessica deja atrás su vida en un pueblo sueco para ir a Los Ángeles y convertirse en la próxima gran estrella porno. El camino hacia su objetivo será más accidentado de lo que había imaginado. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Leila salió de su casa por última vez. Tenía una meta definida. Todo comenzó hace unos años, cuando era adolescente y empezó a explorar su cuerpo, mientras su piel se erosionaba. Su imaginación volaba hacia límites insospechados. Internet, la nueva arma de la globalización, hizo el resto. Antes era todo más complicado, la vida era más artesanal. Hoy esas tres doble V la comunicaban con un mundo donde todo estaba al alcance de la mano, la mercantilización al palo. Cualquier cosa que uno quisiera encontrar, estaba ahí. Desde pornografía hasta asesinatos masivos. El mundo se transformó entonces en una gran pantalla en el que si no estabas ahí adentro eras un caso especial. Un video íntimo podía cambiar la historia. De repente, el pueblo la empezó a mirar con otros ojos. Los dedos acusatorios y esa moralidad idiota eran algo común. Al principio esa sensación la incomodaba. Pero Laila se acostumbró y fue por más. Su ilusión cambió, de soñar con ser una chica Almodóvar a ser una chica playboy. Ahora había que transitar el camino. Una vez que se alejó de todo, sabía que no debía volver. Trenes, metros, algún que otro avión y mucho auto stop se transformaron en su GPS. Kilómetros que la llevaron a diferentes destinos. 



Imaginaba ciertos lugares donde podía empezar a hacerse importante. Budapest, Praga, quizás Moscú… Siempre pensó que en esa zona de Europa del Este podía ser una nueva Laila, que su nombre sea reconocido, que era una conexión directa al estrellato. Pero no. Había elegido una ruta más oscura y escabrosa. Y si, hasta se enfrentó al terror y a la muerte más de una vez. El mercado negro era implacable. Pero no quería mirar atrás. Fueron meses de luchas hasta que conoció a un productor que le consiguió lo que deseaba: la ruta a Los Angeles, la meca del cine. Laila llegó con una mano atrás y otra adelante. Para colmo, los primeros meses fueron complicados. El sueño americano tampoco era un cuento de hadas, con decir que a veces extrañaba las producciones europeas. Maltratos psicológicos y físicos eran parte del derecho de piso. Mucho dependía de quien era el que ponía los billetes. Y las jóvenes no tenían ni voz ni voto. Así aguantó. Así pasaron los meses. Horas de grabaciones y su nombre empezó a hacerse tendencia. Cuando una limusina la pasó a buscar por un hotel cinco estrellas, supo que el esfuerzo había dado sus frutos. Había que aprovechar el momento, sabía qué en ese mundo frívolo, todo es cuestión de segundos. Bajó de la limusina, entró al estudio y las miradas la seguían. Laila miró a cámara… y el placer lo envolvió todo.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE PLEASURE

 


Los tiempos que hoy nos tocan vivir, focalizan la concepción del ser definiéndolo dentro de un conjunto. Pareciera como que el ser es solo en sociedad, en articulación con otros seres que definen y rotulan aquella existencia. Vamos de nuevo, el ser está siendo dentro de un grupo que lo contiene y le da entidad, le da pertenencia. El ser y la entidad… allí empieza a aparecer algo. Hay una diferencia ontológica entre ser y ente. El ente es todo lo que posee la cualidad de ser, el ser entonces siempre es previo a la cosa, es lo que hace que la cosa sea. Kant va a decir que el sentido no está en las cosas sino en el modo en que el ser humano construye ese sentido en las cosas. Las cosas no son lo que son sino lo que somos y lo que somos se proyecta sobre lo que es. No existe para Kant la posibilidad del conocimiento de las cosas en sí mismas. La gran limitación para aquel conocimiento es la finitud, lo que implica aceptar nuestras limitaciones. Nunca accedemos a las cosas tal como son sino que lo hacemos de la manera en que nosotros podemos conocerlas. Accedemos a la realidad totalmente limitados por toda una serie de ordenamientos, dispositivos y características que nos hacen a nosotros ser lo que somos. Pero volvamos al ser. El ser se presenta siempre ocultándose, yéndose. Es un acontecimiento que cuando lo busco se escapa, cuando lo quiero abarcar excede la capacidad de mi razón. Esto tiene una explicación y es que el ser está atravesado por el tiempo. Esta idea, tremenda, disruptiva, terrorífica, rompe con la concepción estable de la realidad. Si el ser está atravesado por el tiempo, se encuentra en todo momento deviniendo, está siendo ahí, la realidad entonces es vértigo puro, es caos. Cae entonces de esta manera la idea de que lo real es algo estable, ordenado, absoluto y aprehensible. 



Heidegger abarca estas ideas y vuelve a poner en su libro  Ser y Tiempo la pregunta sobre el SER rompiendo con el antropocentrismo del momento. Se pregunta: ¿por qué hay algo y no más bien nada? rompe con las teorías basadas en el conocimiento, las teorías gnoseológicas e introduce al hombre arrojándolo a la existencia, el dasain, el ser ahí.  El hombre que se angustia, el hombre que se pregunta, el hombre que muere. Pensar a la realidad como un orden es farmacológico, es una idealización cuyo objetivo es lograr evitar la angustia y el dolor que el cambio y el caos provoca. Si algo cambia, se degenera, termina, es finito. Si somos atravesados por el tiempo, si somos ahí, en el devenir entonces el ser es el ser para la muerte. Lo que hacemos durante toda nuestra vida cotidiana, es olvidar al ser para consagrarnos al dominio de los entes, de las cosas. La sociedad olvida la trascendencia para concentrarse en el dominio de la cosa y así perderse y olvidar aquella preguntar de por qué mas bien no hay nada, aquella consciencia que tenemos, esa condición trágica que nos dicta que hagamos lo que hagamos, nos vamos a morir. Entonces, la idea de pertenecer, la construcción social del éxito expulsado como valor de la entidad que es y expuesto deliberadamente (o no) a un sistema de producción el cual es alimentado a través del reconocimiento masivo y el beneficio económico, es también olvidar la trascendencia, es consagrarnos también al dominio de los entes, es olvidar la nada, es olvidar la muerte. Bella será ese ser que evitará preguntas para pertenecer. El film Pleasure de la directora sueca Ninja Thyberg planteará a través de su heroína cuánto alguien está dispuesto a ofrecer para considerarse parte, para llegar al éxito. ¿Cuál es el límite del ser para seguir siendo? 



La directora planteará este dilema dentro de la situación marco de la industria cinematográfica dedicada al género pornográfico. Será un film atrevido desde sus imágenes, intenso y provocativo. Buscará interpelar de manera sutil al consumidor o consumidora del género incorporando al elenco actores y actrices reconocidas en el ámbito de la industria. La estructura del relato será no lineal, utilizando la herramienta del racconto como ruptura temporal narrativa para dividir en dos tiempos la llegada del éxito de la protagonista y su camino recorrido. La fotografía estará inspirada en colores pasteles, que ayudarán a resaltar la inocencia de Bella. Con el correr de la cinta esta paleta irá virando a los tonos más fríos remarcando de esa manera la transición dramática recorrida por la protagonista. Bella entregará lo único que tiene que es su inocencia para poder pertenecer, para poder ser en un mundo que no se cuestiona más que números de visualizaciones o de seguidores. Ya en la cumbre de su éxito, Ella tendrá un momento Heideggeriano, se preguntará, casi sin saberlo, aquello de ¿Por qué hay algo y no más bien nada? al verse sola, ya sin amigos, siendo un ente casi sin existencia. Vendrá seguramente a nuestras mentes en aquella escena final esa reflexión de Alejandro: Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO THYBERG

 


Ninja Thyberg nació el 12 de octubre de 1984 en Gotemburgo, Suecia. Entre 2012 y 2015 estudió dirección de cine en la Academia de Arte Dramático de Estocolmo. Entre 2012 y 2015 dirigió varios cortos que tuvieron repercusión en festivales de cine europeos y norteamericanos. Afro (2012) fue nominado al Premio 1km en el Festival de Cine de Estocolmo, Hot Chicks (2014) ganó el mismo premio en la edición de 2014 del festival y logró una nominación a mejor cortometraje en el Festival de Cine de Gotemburgo, y Catwalk (2015) ganó la distinción Student Visionary en el Festival de Cine de Tribeca. En 2021 estrenó el largometraje Pleasure, basado en su cortometraje del mismo nombre. Protagonizado por Sofia Kappel, el filme relata la historia de una joven sueca que viaja a los Estados Unidos para iniciar una carrera como actriz pornográfica, descubriendo los oscuros secretos de esa industria.  Debutó en el Festival de Cine de Sundance de 2021 y cosechó críticas positivas.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Pleasure

Año: 2021

Duración: 107 min.

País: Suecia

Dirección: Ninja Thyberg

Guion: Ninja Thyberg, Peter Modestij

Reparto: Sofia Kappel, Kasia Szarek, Casey Calvert, Mark Spiglitz, Evelyn Claire

Música: Karl Frid

Fotografía: Sophie Winqvist

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 10 de octubre de 2023

BORDER DE ALI ABBASI

PROGRAMA 421 (01-09-2023)

 

SINOPSIS

 

Tina es una agente de aduanas reconocida por su eficiencia y por su extraordinario olfato. Da la impresión de poder oler la culpabilidad de un individuo. Pero cuando Vore, un hombre aparentemente sospechoso, pasa junto a ella, sus habilidades se ponen a prueba por primera vez. Tina sabe que Vore oculta algo, pero no logra identificar qué es. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Cuál es el límite del ser humano? Encajar en la sociedad parece ser a veces el único objetivo. El diferente siempre será mirado de reojo. Aquel que no cumpla con estándares típicos de belleza será siempre castigado. La inteligencia no tendrá rédito suficiente. Lo artificial le gana a lo real. Las amistades se miden por cantidad de likes mientras el planeta se vuelve un estereotipo. Estamos en un mundo donde el ya y el ahora son moneda corriente. Una foto interesa más que dos mil palabras. Un título importa más que el contenido. Los filtros son el Dios del mundo de hoy. El llamado clickbait está arrasando con todo. Estamos perdiendo la batalla ante el mundo virtual. Las redes condicionan y desde el anonimato se teje una cadena de odio invisible que es una epidemia sin final. Se lanzan improperios con una facilidad asombrosa. Se opina de los cuerpos, de las actitudes y de las elecciones con una animosidad que asusta. Se descree de todo lo que se dice. Todo comentario parece condicionado. Se cuecen mentiras con la rapidez de la luz. 



Total, no importa, cuando la verdad sea revelada, no va a tener el mismo enfoque y pasará desapercibida. La maldad surge como algo natural del hombre. Sólo la amarga aparición de la muerte nos volverá más sensibles. Pero durará algunas horas, cuando la noticia pase a ser otra, todo quedará en el olvido y volverán a tronar las voces de la más oscura infamia. ¿Surgirá la empatía en algún momento? Difícil predecirlo, aunque parece poco probable, ya que muchos en nombre de la libertad, sólo quieren quitarte viejos derechos conseguidos, luchas que serán pisoteadas a la primera de cambio. Pero allí estaremos algunos defendiendo nuestra trinchera una vez más. Enarbolando la bandera de la igualdad y de la resistencia. Tejiendo nuestra suerte en un bosque cada vez más oscuro. Haciendo lo imposible para volver a ser luz y que nadie pueda traspasar nuestra frontera.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BORDER

 


Los cánones de belleza a lo largo de los tiempos se han escrito sobre los cuerpos. El capricho convenido entre dos o tres personas se ha tallado sin escrúpulos sobre la carne sometida de la sociedad. El resultado, claro, fue el que toda imposición depara: sumisión, angustia, dolor, y exclusión. Escribió un poeta amigo de esta casa: Tengo buenas y malas noticias para vos, la belleza es lo que te da felicidad. Bien sabemos que donde hay poder hay resistencia, pero cómo luchar contra un poder que se naturaliza a través de la cultura para poder perdurar en el ejercicio de su sometimiento. Carl Gustav Jung pensaba que el único propósito de la existencia humana era encender una luz en la oscuridad del mero ser. Allí estará la psicología metiendo sus narices, pero sobre todo estará la filosofía realizado aquel difícil trabajo de la deconstrucción de todo aquello que el poder naturaliza, evidenciando y visibilizando todo aquello establecido y aceptado, emancipando para echar alguna luz en todo este lio. La naturaleza sostiene, da solidez e incuestionabilidad a aquello que la gente suele llamar sentido común. Todo puede ser modificado salvo lo natural ya que es inherente a lo que somos. Sobre aquel sentido de naturaleza se construyen las sociedades, se crea su modo de pensar, de actuar, de sentir. Sobre aquellas bases nace la idea de lo bello y lo triste sobre la que escribiría nuestro amigo Kawabata. Resistir al poder es luchar contra el pensamiento de que las cosas no pueden ser de otro modo, es pelear contra aquel letargo sobre el cual la sociedad se sostiene y por el cual es manipulada. Pelear contra lo natural es anarquizar al mundo. Nada es natural, todo puede ser de otra manera, tomar otra forma, tener otro sentido. Darle a la naturaleza el carácter de inmutable es caer en una paradoja. 



Basta con mirar en este mismo instante a través de cualquier ventana para darse cuenta que no hay nada más cambiante que la naturaleza. Lo natural es el perpetuo movimiento, nada está completamente quieto. Nada es definitivamente inmóvil. El ser es movimiento infinito, cómo entonces lo natural puede ser entender una cierta manera de relacionarse y no otra. Cómo lo natural puede ser un modelo de belleza y no otro. La belleza, la sexualidad, las relaciones inter e intrapersonales, son todas creaciones inherentes y propias del ser, cómo entonces podrían llegar a entenderse como modelos fijos, como entidades categóricas inquebrantables, como cánones inapelables desarrollados para la exclusión, capaces de crear los códigos de lo que está bien, de lo que es correcto y sano. ¿Cómo podríamos separar lo natural de lo humano, como podríamos pensar que aquello elegido, intervenido por el ser humano deja de ser natural? ¿No es este último acaso parte de la naturaleza? ¿Cuál es la línea que separa lo natural de lo artificial? ¿Qué naturaleza no está intervenida y que artificialidad no posee algo de natural? Hay una forma de ser del mundo, de verlo y de transitarlo que se instala como un virus en nuestro sistema nervioso y nos regala la peor de las pesadillas. La heteronormatividad está inscripta en el cuerpo y genera una estructura desde donde se naturaliza una concepción del mundo. El sexo, por ejemplo, es una escritura, nadie nace con una sexualidad, pero en su más temprano desarrollo aparecerá toda la maquinaria del poder operando sobre el deseo, sobre el modo en que nos miramos y nos elegimos, aparecerá trazando el mapa político del erotismo de nuestro propio cuerpo. Como pensar libremente entonces sobre nuestra propia identidad cuando partimos de bases tan políticamente tendenciosas. 



El enunciado performativo nos define dentro del binario. Somos lo que él dicta, lo saludable, lo natural, somos femeninos o masculinos. Esta definición respecto del género nos identifica, somos esto porque no somos aquello otro. Pero pensado en este mismo sentido, ¿la identidad no genera un hecho violento? ¿Toda definición no es de algún modo una sentencia? La identidad nos violenta porque nos exige siempre ser una sola y única cosa, nos condena a la mismidad olvidando de esa manera para siempre a los otros. Siempre que exista una política de la identidad va coexistir una política de la exclusión. Por qué no pensar aquello expuesto por Paul Beatriz Preciado de que la identidad puede ser narrativa, una identidad que se vaya transformando todo el tiempo. Sobre estas ideas se levanta aquella obra de nuestro amigo Ali Abbassi llamada Border o Criaturas Fronterizas. El director narrará un film incómodo que nos interpelará desde su comienzo. Estaremos frente a un guion que cuestionará de manera profunda y novedosa, temáticas propias de lo humano, y para hacerlo, lo hará desde la otra frontera, lo hará desde lo no humano. El relato estará guiado por el punto de vista de Tina, una oficial de aduana. Simbólicamente, el personaje principal de esta historia será una representante del estado que se encargará de impedir que entren cosas ilegales al país. Con cierta velocidad, y teniendo en cuenta lo hablado hasta aquí, podemos armar y entender aquella alegoría como la idea del poder real ejercida por una figura estatal que controla el ingreso de nuevas ideas a la región particular que cada uno somos, dejando pasar solamente las que este poder considera legales y deportando, de la misma manera, aquellas otras que pudieran traer conflictos a sus propios intereses. Allí estará la figura retórica del film. Desde este comienzo y durante todo el desarrollo de la curva dramática, el relato avanzará con el análisis metafórico de las ideas de género, identidad, belleza y poder. 



Hablará del resentimiento de los excluidos y de la necesidad humana de vivir en comunidad. Hablará de aceptar las reglas y de ser funcional a ellas, de la necesidad de ser hablados y escritos y de la urgencia de tener un pasado que nos contenga. El film tendrá una estructura lineal y su fotografía trabajará sobre colores fríos. Todo será el verde del bosque y cielos opacos de nubes. Todo será blanco y pálido como la luz de un trueno. Todo será animal y desesperante. Notaremos la predominancia del uso de cámara en mano, apoyando de esta manera la idea del encuentro con lo salvaje que esta historia relata y el uso continuo del plano detalle. Se trabajará desde cámara no lo general sino lo particular. Allí estará la historia que Abassi narra. No en los poblados caminos del centro del pensamiento, sino allá lejos, por aquellos pasillos donde pocos transitan, por esos caminos donde los pastos aún están verdes porque nadie los pisa. La película contará con un trabajo extraordinario de maquillaje y de actuación siendo ésta última particular por correrse justamente de los parámetros comúnmente acostumbrados para producciones de este tipo. El relato hará este juego todo el tiempo, dosificando la fantasía con el correr su conflicto, exponiendo nuestros propios prejuicios escritos en la sometedora narrativa de nuestro ser.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ABBASI

 


Ali Abbasi nació en 1981 en Teherán, República de Irán. Estudió en la Universidad Politécnica de Teherán hasta 2002, cuando se trasladó a Europa para estudiar en la Real Academia de las Ciencias de Suecia en Estocolmo. Tras graduarse en artes en 2007 se inscribió en la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, graduándose en 2011 y presentando el cortometraje M for Markus, un mediometraje experimental con tintes surrealistas donde una detective de policía femenina, descubre un cuerpo mutilado en una escena del crimen. Su búsqueda de un asesino la lleva a conocer al joven e inocente Markus, hacia el que se ve fuertemente atraída. Su relación con el muchacho provoca que su vida cambie drásticamente, adentrándose en un mundo onírico y grotesco. Su primer largometraje llegó en 2016 bajo el título Shelley, que cuenta la historia de Louise y Kasper, una pareja danesa, que viven en una casa de campo en medio del bosque, lejos de la vida moderna, la tecnología e incluso la electricidad. El mayor sueño de Louise es ser madre, pero ella no puede tener hijos. En su desesperación, decide hacer un pacto con su asistenta de hogar Elena, que acepta llevar al hijo de Louise como madre de alquiler a cambio de una gran suma de dinero. Pero la vida que crece en su interior toma forma demasiado rápido, afectando las vidas de todos como una fuerza maligna. La paranoia y el horror rondan el inminente nacimiento. 



En 2018 filma en Suecia Border, con la que logra el Premio en la sección Un Certain Regard a mejor película en Cannes. Además, fue nominada al Oscar como mejor maquillaje. Su último film llegó el año pasado y fue Araña sagrada, ambientada en Irán de 2001. Una periodista de Teherán se sumerge en los barrios con peor reputación de la ciudad santa de Mashhad para investigar una serie de femicidios. Pronto se dará cuenta de que las autoridades locales no tienen ninguna prisa por resolver el asunto. Los crímenes son obra de un solo hombre, que asegura purificar la ciudad de sus pecados y que ataca a prostitutas por la noche. Este año dirigió algunos capítulos de la serie The Last of Us.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Gräns

Año: 2018

Duración: 101 min.

País: Suecia

Dirección: Ali Abbasi

Guion: Ali Abbasi, Isabella Eklöf. Novela: John Ajvide Lindqvist

Reparto: Eva Melander, Eero Milonoff, Viktor Akerblom, Jörgen Thorsson, Ann Petrén.

Música: Christoffer Berg, Martin Dirkov

Fotografía: Nadim Carlsen

 

PELÍCULA COMPLETA

lunes, 15 de noviembre de 2021

GRITOS Y SUSURROS - VISKNINGAR OCH ROP DE INGMAR BERGMAN

PROGRAMA 348 (22-10-2021)

 

SINOPSIS

 

Ante la proximidad de la muerte de una de ellas, tres hermanas se reúnen en la vieja mansión familiar. Una vez en la casa, comienzan a recordar el pasado, y cuando la enferma entra en la agonía desvela la parte más oscura y tortuosa de su vida. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Espero la siesta eterna, mirando la lluvia caer. Recordando cuando chapoteábamos sin importar el tiempo. Cosa siniestra es el tiempo. Por momentos efímero. Y otras veces eterno. Escucho los silencios más sonoros de mis días. Bebo de los secretos mejores guardados mientras suspiro con más calma. Caen los recuerdos unos tras otros. Como hojas de almanaque. A veces se entremezclan con sueños y divago entre diferentes realidades. El olor a tierra mojada me transporta al pasado. Pastos verdes y flores resurgiendo de las cenizas. Vientos cobardes soplando sus tristes melodías. Bicicletas tiradas en el medio de la calle. Esa calle tan nuestra. Ese asfalto que dejó cientos de suelas gastadas. 



Esas veredas cubiertas de otoño en donde caminar sobre las hojas era escuchar la sinfonía más perfecta. Y las risas de un tiempo sin igual. Reuniones multitudinarias y siempre algún rostro nuevo. Los años pasando y las casas renovando sus caras. Y los viejos yéndose. Y los nietos creciendo. Y la calle que ahora solo es de los autos, que no dejan lugar a sueños. Amores, desamores, garabatos pintados en paredes sucias que se imaginaban como grafittis eternos. Y la vuelta al presente. Colores apagados y viejos olores matizan la sala de espera. Y el tic-tac que resuena más lento y fuerte que nunca. Las agujas empiezan a marchitarse hasta que caigan por completo mientras se baja el telón entre gritos y susurros.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE GRITOS Y SUSURROS

 


La muerte ahoga la ferocidad de su grito en el leve susurro del segundero del tiempo. Borges decía que la muerte es una vida vivida y que la vida, es una muerte que viene. Lo cierto es que morimos todo el tiempo. Estamos lanzados en este sin sentido, entre el rumor oscuro de dos eternidades bajo la certeza única de morir. Muere el niño y con él gran parte de nuestra capacidad lúdica. Muere el adolescente y aquel deceso se cargará a la inocencia y a la maravillosa capacidad de sorprendernos. Muere el adulto ante la soledad misma del abismo. El mar ronronea su muerte a cada instante y en el olvido mueren las hazañas prometidas. El viento se llevó muchos de tus nombres y en el fondo de ningún vaso encuentro ya tu destino. Aquel beso, aquellos ojos también sé hoy que han muerto. El miedo agudizó nuestros sentidos en la noche de esta selva. La miseria entonces talló nuestro talante. Necesitamos al otro, a ese otro que sabemos nuestro enemigo. Aquel otro hostil que avasallará nuestro deseo y buscará hacerlo suyo. Aquel otro ingobernable, inabarcable, inconcebible que atentará contra nuestros intereses. Nacerá de aquella sociedad nefasta el amor, la fe, la familia. Buscará el miedo detener el tiempo en la falacia misma del recuerdo y surgirá también por miedo aquella otra idea de perpetuación y transcendencia según la cual creeremos infectar de pasado al incierto futuro. 



Escribió Alejandra: En el eco de mis muertes aún hay miedo. ¿Sabes tú del miedo? Sé del miedo cuando digo mi nombre. Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos. Sí. En el eco de mis muertes aún hay miedo. Gritos y susurros del artista Ingmar Bergman es una película sobre la muerte y el miedo, sobre el tiempo y el deseo. Pero empecemos por el comienzo. Son los primeros planos que abren el film ya una obra maestra en sí mismos. Quiero decir, el film podría terminar a los dos minutos cero tres segundos y la obra ya nos habría conmovido, nos habría ofrecido poesía pura y sincera, nos habría interpelado y comprometido en nuestro pensamiento. En aquella brevedad se eternizará algo de la condición humana. En solo dos minutos cero tres segundos Bergman alcanza quizás lo que muchos no logran en todo un film. La referencia al deseo y a la pasión será tal que la película jamás fundirá a negro, en cambio lo hará siempre al rojo. La secuencia inicial comenzará con placas cuyo fondo será de un rojo intenso para fundir sobre la frialdad azulina de un bosque. Los planos serán fijos, serán perfectos. Habrá una semántica que los unirá como a las oraciones de un texto. La fotografía con el devenir de los planos irá virando a los colores cálidos para adentrarse así en la casa de donde el relato no se irá nunca. La estructura narrativa tendrá el aspecto de la novela literaria, con su división en capítulos y sus respectivos desarrollos dramáticos. 



Encontraremos también en su proceso algunos tintes surrealistas que no harán más que seguir tallando sobre la perfección obtenida como resultado final de la cinta. Será la muerte la que oficie de punto de giro del drama y el relato cambiara por completo. Será tal la modificación del punto de vista narrativo que la propia fotografía optará por otro modo de describir dejando de lado la herramienta del plano fijo para incorporar en cambio paneos de cámara y zooms. Empezará allí la narración propia y sin filtros de los distintos personajes. Se hablará del deseo desde la verdad pura, ya sin ropajes ni máscaras. Se develará el interior de los caracteres olvidándonos por un instante del miedo, volviendo aquella catarsis casi un hecho pornográfico. Se utilizará la herramienta del flash onírico para graficar más detalladamente aquellas sensaciones intimas, para poner de manifiesto lo no dicho, lo ausente, lo reprimido. Finamente se planteará la idea de la felicidad como construcción efímera, como instante fugaz capaz de vencer en un descuido a la angustia propia concebida por nuestra condición finita. Aquella idea de felicidad, del que ya se sabe muerto y se carga en su huida un instante eterno del olvido.       

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la nocheLos demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 



El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Cuando huye el día (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman



A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968)Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande.


 

Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Viskningar och rop (Cries and Whispers)

Año: 1972

Duración: 91 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guion: Ingmar Bergman

Música: Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel

Fotografía: Sven Nykvist

Reparto: Harriet Andersson, Kari Sylwan, Ingrid Thulin, Liv Ullmann, Anders Ek, Inga Gill, Erland Josephson, Henning Moritzen, Georg Årlin

 

PELÍCULA COMPLETA