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jueves, 21 de mayo de 2026

TUVALU DE VEIT HELMER

PROGRAMA 503 (08-05-2026)

 

SINOPSIS

 

Anton, un joven aprendiz de monitor de natación, mantiene la ilusión de su padre ciego de que la piscina siga intacta y muy concurrida. Anton es un excéntrico solitario que sueña con navegar por los anchos mares rumbo a Tuvalu, sueño que comparte con Eva, joven de 18 años a quien le agrada mucho el carácter especial de Anton. El fallecimiento de su padre en la piscina al caerle un trozo de techo les impide salir al mar con el remolcador de Eva. El culpable de lo sucedido no es otro que Gregor, el hermano de Anton, cuyo objetivo es destruir la piscina, y de paso toda la ciudad, para reemplazarla por una nueva ciudad futurista. Anton tiene difícil la labor de salvar la piscina y mantenerla abierta, pero todo resultaría soportable si al menos se ganara el corazón de Eva. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El mundo se vuelve una guerra infinita. Aquí y allá los misiles van y vienen. Todo está a punto de explotar. Acá, a pocos kilómetros de la Casa Rosada, miles de personas hace fila para conseguir un trabajo por un mísero sueldo, mientras otros se roban todo y los acusan de vagos. Allí están ellos contando las horas para poder volar hacia otro destino mientras sus cuentas bancarias se engrosan. Y acá estamos nosotros, rezando para que no sigan aumentándonos las horas de trabajo. Porque nos quieren controlados. Porque desde su más ínfimo pensamiento, no podemos tener nuestros ratos de ocio. Porque el laburante no puede vacacionar en el mismo lugar que el patrón… ¿A dónde se vio esa utopía? Se preguntan algunos de ellos. Pero aquí seguimos soñando sueños que una vez fueron inalcanzables, pero los pudimos lograr. 



Aunque poco a poco quieren volver al pasado. Las fábricas dejan de producir, los comercios cierran, las pymes desaparecen. El dinero da pocas vueltas en el pasamanos, pero vuelve a los mismos de siempre. Las calles están cada vez más frías y oscuras. Y en esa oscuridad se alcanzan a divisar espectros de vidas pasadas. Vidas felices y con futuro. Y que hoy piden un poco de comida, arropados en colchones desarmados, en la puerta de cualquier negocio. Y cada vez son más. Y si el tiempo sigue pasando, quizás mañana seamos uno de ellos. Y la muerte espera en cada esquina. O en cada marcha, pero no sólo por algún bastonazo o un disparo certero, sino por falta de medicamentos o recortes de todo tipo. Mientras detrás de las vallas, algunos se pasean con sus custodios y choferes de turno, mientras piensan si se van a descansar a las montañas de la Patagonia o a la lejana isla de Tuvalú.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE TUVALU

 


¿Dónde está aquella mano que se extendía para invitarnos a jugar? El sol se ha apagado y ya no entiendo este cuerpo que habito cada mañana. Ya no entiendo estos ojos que miran por la ventana y ven los mismos árboles que antes veían. Sus ramas han crecido, sus troncos ahora son fuertes y se han preparado para la crudeza del invierno. Veo sus hojas despeinadas en cada otoño, las veo volver vivas en cada ciclo perfecto. A pesar de su entorno, la vida sigue, se abre paso, ancestralmente, ritualmente, en silencio. Tan enfocada, tan ensimismada la vida. Y yo cada vez más lejos, sintiendo tan ajenas estas manos que miro extrañado, estupefacto. Estas manos a las que les desconfío. Estas palabras que sé de otro. Aún tengo en la piel la textura de aquel recuerdo donde nada era definido, donde el tobogán era una cosquilla inmensa en la panza y la belleza era tan sorprendente que no tenía genero ante estos ojos deslumbrados. La belleza del árbol enfocado en su vida me llena de una nostalgia repleta de preguntas. ¿Qué he hecho con esta aventura? ¿Cuándo me distraje tanto? ¿Cuándo fue que el dolor ganó tanto terreno, cuando fue que el miedo se lo cargó todo; lo más sencillo, un aroma, el amanecer, tus ojos, la mágica sonrisa de mis hijos, el respirar… ¿Cómo olvidar el respirar? Tomar unos segundos al día para concientizar la respiración, el llenar el cuerpo de oxígeno. ¿Qué fue lo que pasó con estos rituales vitales, esenciales? 



El niño se ha escondido bajo esta oscura piel del obrero. Este obrero que entrega su cuerpo, su tiempo, que no es dueño de su palabra. ¿Dónde quedó lo dicho, lo original de nuestra forma, la etimología de aquello hablado? El lenguaje fue arrasado para someter al hombre masa, para borrar todo rasgo de individualismo. El deterioro del lenguaje tanto del que hablamos como del que nos permitimos escuchar es una forma de autodestrucción sumamente grave, sobre todo cuando acompaña, desde adentro, las enormes fuerzas de agresión externa a las que estamos diariamente sometidos. El sujeto se constituye a través de la trama del lenguaje y gracias a este. Apoderarse de él, de sus particularidades, mercantilizarlo es amenazar la palabra. Es someter al hombre, empobrecerlo para dominarlo. Esto ocurre sobre todo allí donde la cultura comercial no permite ni tolera el crecimiento de la conciencia de la lengua, una amenaza seria y cierta para un sistema que aspira a controlar y cotizar la información, junto con el placer de la comunicación y de la expresión, de una manera implacable y exclusivamente monetaria. Ya no habrá juegos ni instancias superiores del pensamiento donde refugiarnos, ya no habrá para nosotros la vasta poesía, la excelsa palabra que nos invite, aunque sea por un pequeño instante, a olvidarnos de aquella fría mano que un día vendrá por nosotros. Soñar que estamos vivos en un mundo donde aún soñamos. 



El film Tuvalu del director Veit Helmer vendrá a plantearnos, creo, un poco esta idea. Digo creo, alejándome de la estúpida idea tan moderna de ser auténtico (hasta el más imbécil puede serlo) sino buscando ser cauto. En la duda encontraremos nuestros amigos, en los tipos que sometan aquello que huelan a certeza y sean capaces de someter sin reparos aquellos pensamientos nuevamente a exámenes, allí seguramente estará nuestro hogar. Alguien repleto de certezas, un sabio, en un mundo que carece de absolutos, es un ser peligroso. Pero volviendo al film, puedo decir muchas cosas técnicas respecto de su periferia, pero me cuesta contestar lo más básico ¿Cuál es su trama? ¿Problema del relato? No lo sé, quizás dificultad o limitación de quien observa, triste desencuentro donde no se produjo aquel binomio comunicacional donde la magia sucede. Pienso inevitablemente en nuestro querido amigo Jorge Wagensberg quien dijera aquello de que el artista debe parecerse al menos un poco en la complejidad de su mente con aquel que consume su arte, de no ser así devendría, inevitablemente, el aburrimiento. Algo de esto quizás haya pasado con el director Helmer. En este caso no fue el aburrimiento sino el desconcierto de no poder responder la sencilla pregunta. ¿De qué va la cinta? Centrémonos en lo que sí capto nuestra atención, en lo que hizo que hoy, estemos hablando con ustedes de esta película. Flotará sobre toda la cinta una atmosfera diferente a cualquier película del circuito industrial, eso ya hará que nos acomodemos en la butaca y le demos una oportunidad, eso hará encender nuestra antena y nos hará empatizar con el relato. 



Pocos segundos de comenzada la película reconoceremos una escena que nos llevara directamente a un homenaje a Cinema Paradiso, donde aparecerán una especie de Toto y Alfredo, él ciego, el otro pequeño, ágil y escurridizo, ayudándolo a manipular una especie de máquina ¿el cinematógrafo? Que luego nos enteraremos que será una bomba de agua para llenar la pileta pública para la que trabajan. El film será una distopía, estará instalado en un tiempo indeterminado, en algún momento, en algún lugar donde todo es destrucción y ruinas, donde sobran pobres y faltan sueños. Seguirán las referencias al cine mundial en todas sus épocas durante toda la película. Habrá lugar para Tiempos Modernos de Chaplin, introduciendo así a la industrialización y el capitalismo con sus posteriores consecuencias. Estará el cine francés con el estilo de Truffaut en sus puestas de cámara, con sus personajes. Bresson con sus primeros planos y aquella manera tan particular de iluminar los rostros. No faltará lugar para dar un salto en el tiempo y abrir las puertas a un personaje impresionantemente Lyncheano, inspirado casi textual en el protagonista de Cabeza Borradora. 



Tendrá la cinta también cierto aire a Kusturica y de esta forma las citas continuarán a cada instante para el ojo atento, para el cinéfilo apareciendo como regalos acertados. El director decidirá no usar banda musical pero sí banda sonora, aunque la película simula ser silente. Habrá muy poco dialogo, serán líneas cortas en distintos idiomas, a veces solo sonidos guturales. Y asa la historia continuará, con planos bellamente armados, con cambios de película fílmica, cambios técnicos en el revelado dando como resultado distintos colores monocromáticos. Será destacable una escena recurrente dentro del film que funcionará como clara metáfora del hecho cinematográfico. Pensemos lo siguiente: en el teatro es la palabra, en el cine es la acción. Todos los días, luego de llenar la pileta, sentaran al padre ciego de Antón, antiguo guardavidas, en su viejo lugar de trabajo. Antón pondrá una cinta donde sonará el sonido ambiente de la pileta repleta de gente disfrutando del baño. El apoyará al realismo de la situación tirando salvavidas al agua y realizando acciones puntuales para que el verosímil se construya. El viejo lo creerá aún sin creerlo. Fe poética dirá Coleridge. Ese será quizás uno de los mejores homenajes al cine que nos dejará el film. Se completará la secuencia cuando uno de los antagonistas, hijo capitalista, con la mirada obnubilada por no ver el ahora sino el futuro, rompa la cinta, y el viejo aun así ría, ría fuerte de alegría confirmando su fe en aquella fantasía, en aquel juego que jamás dejaría de jugar. Allí estará el brazo extendido que estábamos buscando, ese será el convite, la contraseña, la piedrita golpeando la ventana. Los días que siguen serán duros y temibles. Tendremos nuestras sentencias que nos acompañarán para siempre, nuestros miedos que nos enseñaron a sentir para no alejarnos jamás del camino, para no salir a buscar nunca nuestros sueños. Para alejarnos siempre de nosotros mismos. La esperanza será, queridos amigos, aunque rompan nuestras cintas, nuestras fantasías, será seguir buscando aquella mano que nos invite a jugar, aquel barco que nos lleve a la aventura que alguna vez nos prometimos. Esa promesa de pirata que alguna vez nos hicimos. En aquella isla todavía sueño que los espero.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HELMER

 


Nacido en Hannover, Alemania, el 24 de abril de 1968. Comenzó a rodar películas a los catorce años. Tras terminar sus estudios, realizó prácticas en la cadena de televisión alemana NDR. Dos meses antes de la caída del muro, se trasladó a Berlín Este para estudiar dirección teatral en la prestigiosa escuela de arte dramático «Ernst Busch». De 1991 a 1997, Helmer estudió dirección cinematográfica en la HFF de Múnich. En 1995 dirigió el corto ¡Sorpresa! y escribió el guión del documental Los hermanos Skladanowsky, dirigida por el reconocido Wim Wenders. Su primer largometraje, Tuvalu (protagonizado por Denis Lavant y Chulpan Khamatova ), obtuvo más de 32 premios. En 2003 dirigió La puerta del paraíso, la historia de dos desterrados, ella hindú, el ruso que se enamoran y el hará lo imposible porque ella se reúna con su hijo. En 2008 llega uno de sus films más aplaudidos: Absurdistán, un pueblo de pocos habitantes situado en medio de las montañas en el que los hombres se rigen por una acentuada apatía; en la actualidad pasa por un momento de extrema sequía. Cansadas de la pereza de sus cónyuges, las mujeres deciden actuar bajo un contundente lema: “no hay agua, no hay sexo”. En 2011 filma Baikonur, sobre un joven que vive cerca del cosmódromo de esa ciudad de Kazajstán y sueña con ser el nuevo Gagarin, su vida cambia cuando la cápsula con una astronauta cae del cielo, pierde la memoria y él le hace creer que es su marido. Una fábula al estilo Jeunet que recibió buenas críticas en su país. 



En 2014 llegó Fiddlesticks, una película infantil sobre unos niños de cuatro y un coatí que se rebelan ante la normalidad de la ciudad y desatan un caos. En 2018 filma The Bra, con los dos actores de Tuvalu, a los que se suman Miki Manojlovic y Paz Vega, que cuenta la historia de un solitario conductor de un tren de mercancías que recorre las montañas del Cáucaso encuentra un sujetador en su tren y recorre toda la vía buscando a su propietaria para devolvérselo. Vuelve a sorprender en 2023 con la película Góndola, en la que narra el encuentro entre dos azafatas de cabina de una senda de teleféricos, con sus respectivos viajes de ida y vuelta, situada en una zona turística en las montañas de Georgia. Entre ambas, nacerá un vínculo que va más allá de la amistad, pese a que, en realidad, la interacción se reduce al punto de encuentro en el aire entre ambos viajes. Su último film es Akiko, el mono volador, otro film infantil que es una fábula animalista que sigue el periplo de un mono que logra escaparse del zoo para encontrar a su familia con la ayuda de otros animales.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Tuvalu

Año: 1999

Duración: 100 min.

País: Alemania

Dirección: Veit Helmer

Guion: Michaela Beck, Veit Helmer

Reparto: Denis Lavant, Chulpan Khamatova, Philippe Clay, Terence Gillespie, E.J. Callahan

Música: Goran Bregovic, Jürgen Knieper

Fotografía: Emil Hristow (B&W)

 

PELICULA COMPLETA

miércoles, 10 de mayo de 2023

ALEMANIA, AÑO CERO - GERMANIA, ANNO ZERO DE ROBERTO ROSSELLINI

PROGRAMA 406 (28-04-2023)

 

SINOPSIS

 

Edmund, un niño de doce años, intenta sobrevivir a las duras condiciones de la postguerra alemana, especialmente en Berlín, una ciudad que ha quedado completamente derruida tras la Segunda Guerra Mundial. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El gran conflicto del ser humano siempre ha sido el otro. Hablo del otro como ser, como entidad diferente al que soy, el otro como otredad. Aquel ser que es lo que yo no soy. Hablo del límite, hablo de aquel ente que conspira contra los propios intereses, hablo de la amenaza, de ese peligro que acecha. Hablo de aquel otro que no solo es diferente, sino que excede a quien yo soy, quien yo creo ser, a quien yo percibo que fui y aquel que proyecto que seré. Quizás todo, entonces, este en la percepción. Quizás el gran problema del ser humano no sea el otro, sino su capacidad de percepción, su capacidad de entender el mundo, de limitarlo, su reconocimiento cognitivo del lugar que habita, su limitación geográfica, su sumisión al poder, un poder ejercido por otros, su naturalización de lo establecido, de aquello ya dicho, su reducción salvaje al lenguaje heredado, su punto de vista aceptado, su definición por aquello que no es, o sea, claro, por el otro, por reconocer y percibir a ese otro. El gran conflicto del ser humano, entre muchos otros grandes conflictos, quizás sea su existencia. Existir en un mundo donde el protagonismo es compartido, donde el miedo al abismo oscuro de la noche, lo hizo correr desesperado en busca de un refugio donde resguardar su vida, sus creencias, donde resguardar su ser, distinto a aquel otro ser, que también, tanto como él, solo buscaba ser siendo. 



La idea de nación, de nacionalismo, la construcción misma de un ser nacional, no es otra cosa que el acuerdo tácito de la construcción de un yo común, de un yo masa sin diferencias ni particularidades. De un yo que se identifique con el otro, un yo que lo absorba, lo fagocite, y peor aún… lo interprete. Lo traduzca a su propia forma, a su propia lógica, a su propia subjetividad. Después de todo ¿quién demonios sabe qué es ser argentino? ¿qué significa aquella pavada de la argentinidad, de la viveza criolla? ¿Acaso nos define comer asado, bailar un tango o tener preferencia por este o aquel equipo de futbol? El ser nacional es introducir al otro en un relato propio, es hacerlo accesible. Convertirlo en la propia ficción. Violentarlo, violarlo en lo más profundo de su miserable existencia. Traducirlo a la propia lengua, declararle la maldita guerra a su ser. Reducirlo, domesticarlo. Hacer de aquello un otro posible a sabiendas de que se trata de un radicalmente otro, de un ente inabordable y sin acceso alguno. De un ente Inalcanzable. Construir un ser nacional es quizás buscar una convivencia con el otro y para ello, claro, es menester la construcción de lugares comunes, de puntos de encuentros para borrar definitivamente aquella atormentadora pregunta de quienes somos, para olvidar de una buena vez por todas, la falta de sentido de todo este circo que se cae a pedazos por la tristeza de los payasos que lo componen, esa soledad absoluta que nos invada en forma de angustia y nos interpela en cualquier descuido. Estar con otro, no es estar con otro, sino es estar con uno mismo en aquel otro. El yo insiste en hacer del otro siempre un medio para su necesidad, anulándolo como ser, convirtiéndolo en un medio para sí mismo. La soledad del viaje es infinita. El ser humano, es su propio gran conflicto.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES ALEMANIA, AÑO CERO

 


Desde un edificio en ruinas se ven las heridas de un pueblo que quiere cicatrizar. Años, décadas, y quizás hasta siglos harán falta para deshacerse de los fantasmas. Aunque algunos todavía habitan escondidos en sus refugios. El súper hombre imaginado por Nietzche viró de tal manera que se transformó en una masacre. El poder y la ambición se coronaron como vencedores de un juego sin igual. Miles de mentes fueron seducidas por los discursos del odio. En algunos lados nada ha cambiado, se siguen vertiendo esos discursos sin entender cuál puede llegar a ser su peligro. Y la propaganda mediática sigue al servicio de ellos. Pero volviendo al pasado: ¿Cómo jugará en la mente de un niño semejante violencia? Será quizás hasta natural. Crecer sin sentirse culpable de la locura que le tocó vivir será la principal apuesta. Desandar los caminos de la miseria, rodeado de pobreza y marginalidad será la moneda corriente de esos años. Esa culpa invadirá tanto a sus habitantes que hasta los símbolos patrios serán puestos en duda. Esas ruinas son las que impactan en el primer visionado del film Alemania, año cero de Roberto Rossellini. Berlín es un esqueleto gigante que parece descomponerse de a poco. El director, famoso por ser el primer director del Neorrealismo, muestras las penurias de un pueblo hundido por sus propias decisiones. La cámara seguirá al joven Edmund, un niño de doce años, por las calles alemanas. El intento de sobrevivir y la muerte que acecha estarán presentes todo el tiempo. Ya desde el comienzo lo vemos al niño remover tierras para crear tumbas y ganarse alguna moneda. Pero es expulsado por tener menos de 13 años. 



Rossellini luego nos mostrará a su familia, entre los que se encuentran su padre que se siente una carga para todos los que viven allí, su hermana Eva, quien sale por las noches con soldado aliados y su hermano Karl, quien está escondido por haber sido soldado del régimen nazi. Los escenarios naturales hacen todo más dantesco. La fotografía en blanco y negro permiten ver el juego de luces y sombras de esos edificios demolidos. Algunas tomas se hicieron en esa Berlín sacudida por la guerra, lo que hizo que ciertos planos parezcan documentales. El director utilizó planos largos y amplias panorámicas de la ciudad para generar ese vacío, para que todo sea más deplorable. La cámara en mano y sus travellings largos logran que el andar, la mirada y las expresiones de Edmund sean más naturales. El guion será lineal y se trabajó bastante con la improvisación, en particular en las escenas tomadas al aire libre. Como casi siempre, contó con mayoría de actores no profesionales. Al igual que Umberto D., el film no es cien por ciento neorrealista, ya que se trasladaron a Italia para las acciones situadas en el interior de la casa. Rossellini no juzga, pero muestra esa sociedad cabizbaja. Sin ningún prurito, nos resalta la imagen del profesor de Edmund, un personaje deleznable que sigue idolatrando la figura de Hitler mientras utiliza su poder y tiene la firme idea de la supervivencia del más fuerte, mientras se resaltan signos de pedofilia y abuso infantil contra la más pura inocencia. La decadencia moral en su máxima expresión. Quizás por eso, solo la muerte puede acabar con tanto dolor. En esas imágenes de iglesias, monumentos y estatuas destruidas, en ese polvo que abunda en las calles y en esa desesperanza donde el precipicio parece ser la única salida, está el retrato de ese joven que vaga como un fantasma sin rumbo. 



Rossellini siempre enfatizó que prefería mostrar la vida cotidiana y no una película de guerra “Filmar la verdad para construir la moral enfrentada a la existencia” declaró alguna vez. La verdad desde la mirada de un niño que tiene que ganarse el pan y su luchar por sobrevivir en una ciudad desangelada. Una ciudad que tenía que recomponerse, en medio de un proceso de desnazificación, donde todos eran sospechosos. Como renacer de las cenizas era el gran enigma. Ya lo había intentado décadas antes, pero volvió a surgir el odio y todo volvió para atrás. Cambio de moneda, planes asesorados por grandes potencias, pleno empleo, asistencia social y miembros sindicales en la toma de decisiones de las empresas lograron que en pocos años la economía progrese de una manera impensada. El milagro alemán estaba hecho. Las ruinas pronto se transformaron en una ciudad en constante cambio. El odio empezó a transformarse en fraternidad mientras las fábricas de cervezas festejaban. Un muro dividió su mundo hasta que todo volvió a transformarse en uno. Las máquinas siguen trabajando y los edificios se vuelven cada vez más lujosos. Pero ojo, los fantasmas están ahí, todavía escondidos, pero con ganas de salir en cualquier momento para volver a purificar esa raza aria que hoy sienten transformada. Porque el miedo siempre está latente, esperando abrir esa jaula para que ciertos monstruos nos sigan acechando.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ROSSELLINI

 


Roberto Rossellini nació el 8 de mayo de 1906 en una familia burguesa en Roma. Su padre, Angélico Giuseppe, construyó la primera sala de cine de la ciudad, el Cine Corso, en 1918, y años más tarde, el Barberini. Rossellini pasaba mucho tiempo en estas salas y conoció el trabajo de King Vidor, influencia determinante en su carrera. Al mismo tiempo tenía un fuerte interés en la mecánica, que plasmó en inventos de gran ingenio. Llegó a construir un zoom modificado 25/250 mm con control remoto, utilizado en muchas de sus películas. Tras la muerte de su padre y la rápida disolución de la fortuna familiar, Rossellini entró en contacto con el mundo del cine. Su ingreso en el ambiente cinematográfico se vio facilitado por las numerosas relaciones que tenía con gente que trabajaba en el ambiente. Su primer trabajo en la industria fue como técnico de sonido. Comenzó su carrera en 1936 dirigiendo algunos cortometrajes y realizando documentales con temáticas naturalistas, como Fantasía submarina (1939). La nave blanca (1942) fue su primer largometraje rodado con actores no profesionales en un barco real. Más adelante trabajó en producciones de propaganda en títulos como Un piloto regresa y El hombre de la cruz, guionados por el propio Mussolini. Eran los tiempos de Mussolini; Italia había entrado en guerra al lado de Alemania y el régimen fascista quería utilizar el cine como medio de propaganda, de ahí que reclutara entre las clases acomodadas a jóvenes que quisieran participar en sus producciones. El Fascio no exigía grandes compromisos políticos y el joven Rossellini tampoco se comprometía. Lo que a él le interesaba de verdad era rodar y aprender la técnica del cine. Trabajó como ayudante de dirección, luego como montador y finalmente como director. Su primera película, en 1942, fue una cinta de aventuras encargada por el Ministerio de Marina. Se titulaba “La nave blanca” y en ella utilizaba a actores no profesionales para contar las peripecias de un barco hospital italiano durante la guerra. Tras ésta rodaría otras películas de propaganda pero a medida que la guerra avanzaba el burgués Rossellini empezó a tomar conciencia de los crímenes del fascismo y de la represión nazi. En la Italia de los años '40 fue forjándose lo que se convertiría en neorrealismo. Por distintas vías se reclama que en contra de la censura, el cine sea un reflejo exacto de la realidad.  El neorrealismo centró su atención en el hombre considerado como ser social, es decir, desde una perspectiva antropológica. Su trilogía de la guerra está compuesta por tres películas fundacionales del movimiento: Roma ciudad abierta, Paisà y Alemania año cero. 


La fama le llega a Rossellini tras dirigir Roma,ciudad abierta (1945) con la ayuda de Federico Fellini y con Aldo Fabrizi como actor. La película representó el emblema de una tendencia cinematográfica que se extendería unos diez años con el neorrealismo. "Las cosas están ahí, ¿por qué manipularlas?" dijo alguna vez. El guión de Roma, ciudad abierta fue coescrito por Rossellini, Sergio Amidei, Federico Fellini y Celeste Negarville. La película está inspirada en la historia verídica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la Resistencia. Paisà integra seis historias intercaladas al final de la guerra desde la invasión aliada en Europa, en julio de 1943, hasta el invierno de 1944. Alemania año cero narra la vida de Edmund, un niño de doce años que sobrevive en el Berlín de posguerra manteniendo a su familia. "Con el neorrealismo nos vimos desde fuera, de modo despejado, casi con descuido, castigando con ese descuido todas nuestras ambiciones creativas. Así le fue devuelta su autenticidad a las cosas, llegando a una función del cine que ya no era personal, egoísta, sino social". Stromboli es el resultado de una famosa carta escrita a Rossellini por Ingrid Bergman. Ella le expresaba admiración por su trabajo y el deseo de trabajar con él. Es recordada, también, por la relación que se estableció entre Rossellini y Bergman a partir de su trabajo conjunto, así como por el romance que mantuvieron y el hijo que tuvieron fuera de sus respectivos matrimonios. Europa 51 (1952) es un manifiesto dramático ante el drama social de la posguerra, protagonizado por Ingrid Bergman. Una mujer burguesa se entrega a la caridad cristiana para con un pueblo -ese mismo pueblo que tiempo antes le era indiferente-, luego de recibir el shock traumático tras la muerte de su hijo. 



Ya no creo en el amor (La paura), de 1954, es una adaptación libre de la novela Miedo, de Stephan Zweig, concebida como la continuación de Alemania año cero. "Es mi película mejor construida, y en la que la historia adquiere más significado… Habla de la importancia de la confesión, ya que es donde se puede esperar una cierta humildad y un gran espíritu de tolerancia".  En 1959, fascinado por las posibilidades que ofrecía el nuevo medio, Roberto Rossellini realizó su primer trabajo televisivo, L'India vista da Rossellini, que inauguró una serie de obras para la pequeña pantalla que ocuparían su última etapa creativa y de entre las que destacan La edad del hierro (L'età del ferro, 1965), La toma del poder de Luis XIV (La presa di potere di Luigi XIV, 1967), además de estudios biograficos como los dedicados a los filósofos Sócrates (Socrate, 1971) y Blaise Pascal (1972). Algunos otros films de su extensa filmografía fueron: El amor, Francisco, juglar de Dios, La máquina matamalvados, Nosotras las mujeres, Juana de Arco, Ya no creo en el amor, Viaggio en Italia, El general de la Rovere o Era noche en Roma. Desde una posición humanista cercana a la del hombre del Renacimiento, Rossellini reivindicó una ética de las imágenes y cada film como una experiencia de conocimiento. Su estética e ideas influenciaron a movimientos cinematográficos posteriores como la Nueva Ola Francesa. El director que introdujo la modernidad en el cine falleció el 3 de junio de mayo de 1977, días después de haber presidido el jurado del Festival de Cannes.

 

FICHA TÉCNICA


Título original: Germania, anno zero

Año: 1948

Duración: 74 min.

País: Italia

Dirección: Roberto Rossellini

Guion: Roberto Rossellini, Carlo Lizzani, Max Colpet. Idea: Basilio Franchina

Música: Renzo Rossellini

Fotografía: Robert Juillard (B&W)

Reparto: Edmund Moeschke, Ernst Pittschau, Barbara Hintz, Franz-Otto Krüger, Alexandra Manys, Erich Gühne

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 19 de marzo de 2019

MANIFESTO



SINOPSIS

La actriz Cate Blanchett da vida a trece personajes distintos a través de los cuales expone algunos de los manifiestos más emblemáticos y revolucionarios del arte del siglo XX. Un vagabundo, una punki, una profesora, una viuda, una coreógrafa, una científica o una presentadora de televisión son algunos de los roles que ponen voz, entre otros, a los principios del dadaísmo, el "pop art" o el futurismo.

EDITORIAL MANIFESTO

Respetaremos cualquier obra. El arte, como tal, nos obliga a eso. Realizaremos comentarios sutiles y evitaremos cualquier chabacanería barata. Alzaremos las voces siempre por los más débiles. Será nuestro orgullo estar en la vereda contraria a los poderosos. No caeremos ante religiones de ningún tipo. Seremos nuestro propio Dios. Nos abalanzaremos ante cada crítica destructiva. No toleraremos el agravio de ninguna manera. Nos embanderaremos con la lucha de las madres… y también de las niñas. 


No engañaremos a la audiencia. Evitaremos cualquier falso testimonio. Verteremos nuestro desprecio hacia el maltrato verbal o físico. Seremos la palabra enseñada por cada maestro, la marcha por cada obrero despedido y la voz de cada desocupado. Nos rebelaremos ante quien ose dificultar nuestro camino. Brindaremos mirándonos a los ojos, demostrando confianza y transparencia. Llevaremos en alto el valor de nuestras voces. Creeremos siempre en el otro. Hasta el fin de los días. Será nuestro manifiesto.

Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial

IMPRESIONES SOBRE MANIFESTO


Los manifiestos llaman a la revolución y anuncian nuevas eras. Junto con el ímpetu de lo intencional y la estética, hay un ánimo de emergencia y subversión, literalmente “inscrito” en ellos. El estilo distintivo del manifiesto apunta a crear un impacto emocional.  La narración anuncia: “Para lanzar un manifiesto, es preciso querer: ABC para fulminar contra 1, 2, 3; volar de ira y aguzar las alas para conquistar y diseminar pequeños ABCs y grandes ABCs; firmar, gritar, maldecir; demostrar el propio non plus ultra; organizar la prosa en la forma de una evidencia absoluta e irrefutable.”  Para entender este concepto es necesario revisar las intervenciones cargadas de humor de Tristán Tzara (1918) que torcieron las convenciones lingüísticas y así también la lógica de su comprensión del lenguaje. 


“Tomen un diario. Tomen tijeras. Elijan un artículo de ese diario con una extensión que contemple la que intentan darle a su poema. Recorten el artículo. Recorten luego con cuidado cada palabra de ese artículo y pónganlas en una bolsa. Agítenla levemente. Saquen un recorte tras otro. Cópienlos a conciencia en el orden en que salieron de la bolsa. El poema se asemejará a ustedes. Y así serán escritores infinitamente originales con una sensibilidad carismática, aun cuando no sea comprendida por la gente” – esa es la recomendación de Tzara para disolver las estructuras conocidas y dejar que emerjan nuevas. Pero fueron los Futuristas Alexander Rodchenko, Lucio Fontana, Guy Debord y Filippo Tommaso Marinetti  quienes a partir de 1910 desencadenaron la gran ola de manifiestos y lo hicieron redactando “Manifiesto del Futurismo” 


Esta vanguardia dotó al género de algunos rasgos distintivos: “La comunicación urgente y precisa de la intención autoral; la retórica apelativa; el estilo provocativo de combate y, con frecuencia, la autopromoción propagandística”. Como una combinación de texto funcional y artístico, los manifiestos pueden ubicarse “en algún lugar entre literatura y no-literatura, poética y poema, texto e imagen, palabra y acción.” Y aquí el director Julian Rosefeldt hizo un extraordinario collage sonoro, visual, textual y por consiguiente político entre las diferentes corrientes estéticas a lo largo del siglo XX cuya obra se titula Manifiesto realizada en el 2015 teniendo como protagonista a la actriz Cate Blanchett. Hay un punto de referencia en el film, condición inexcusable para todo o que deviene de él y que justamente lo hace con el inmenso Karl Marx citando un fragmento del Manifiesto del Partido Comunista de 1848 “Todo lo sólido se desvanece en el aire” porque para Marx y Friedrich Engels estaba claro que la burguesía en sí tampoco podía existir sin revolucionar constantemente todas las relaciones sociales. 


Utilizando un lenguaje ambiguo a lo largo del film el director crea texto y contexto apareciendo los manifiestos ambiciosos de arquitectos como Bruno Taut, Antonio Sant’Elia y Robert Venturi. La creencia imperturbable de Taut en el poder de la arquitectura para transformar enteramente al mundo, su romanticismo referido al movimiento alemán “Wandervogel” (“Ave errante”) y su entusiasmo por los materiales nuevos como el vidrio, el acero y el hormigón. También los artísticos como los de Francis Picabia, Kurt Schwitters, Richard Huelsenbeck, André Breton y Lebbeus Woods, entre otros. Lo que nos muestra el director no son adolescentes enojados con el sistema,   montados en barricadas o que proclaman sus demandas ante asambleas secretas. Aquí, dotado de una belleza contundente, se compilan los textos donde está claro, si hay una revolución que proclamar es el llamamiento interno para que así sea. Como diría Lebbeus Woods en 1993 “Estoy en guerra con mi tiempo, mañana comenzamos juntos a construir una nueva ciudad”.

Marina Rossetto.-

Canción post impresiones

Ya lo decían los Pistols…

UNIVERSO ROSEFELDT


Nacido en Munich en 1965, Julian Rosefeldt estudió arquitectura en su ciudad natal y en Barcelona. Después de recibir su diploma en 1994, comenzó a trabajar en colaboración con el graduado de Munich, Piero Steinle. Es reconocido por sus opulentas y meticulosamente coreografiadas obras, mayoritariamente presentadas como complejas instalaciones multi-pantalla. Inspirado tanto por la historia del cine como la del arte y de la cultura popular, Rosefeldt usa expresiones cinematográficas familiares para transportar a los espectadores hacia lo surrealista, reinos teatrales donde los rituales del día a día absorben a sus habitantes, empleando humor y sátira para seducir al público con palabras cotidianas convertidas en extrañas. Su trabajo se expone internacionalmente en museos y festivales de cine: su obra Manifesto (2015) se ha presentado en diferentes museos y galerías de arte.

FICHA TÉCNICA

Título original: Manifesto
Año: 2015
Duración: 95 min.
País: Alemania
Dirección: Julian Rosefeldt
Guion: Julian Rosefeldt
Fotografía: Christoph Krauss
Reparto: Cate Blanchett

miércoles, 4 de junio de 2014

GOOD BYE LENIN!

Programa 18 (15-07-2014)


EDITORIAL

Un muro puede dividir una familia, una sociedad y hasta un país. Si, unos pocos ladrillos pueden llegar a hacer eso. Y a partir de ahí, los del otro lado son los enemigos, aunque hasta hace un día eran todos hermanos.
Es rara la vida a veces, que cuesta entenderla. Y si cuesta entender la vida, imagínense el mundo. No siempre se necesita un muro para dividir una nación. Tampoco es cuestión de estar a favor o en contra de esa idea, sólo que levantar una pared como pasó aquella vez me parece una soberana estupidez…
La caída del Muro de Berlin representó la caída del comunismo, y también nos mostró los dientes filosos del capitalismo…
Las marcas multinacionales empezaron a aparecer como moneda corriente en todo el mundo, desde la gaseosa más conocida del mundo hasta las cadenas de hamburguesas que hoy vemos a cada paso. Si algo de eso estaba en tu patria, estabas conectado del mundo, de lo contrario, no existías, estabas alejado.
Además de eso, el capitalismo salvaje trajo consigo la globalización, la expansión comercial, el intercambio de productos, y el Made in China al por mayor.
El desempleo y la explotación son quizás los mayores problemas que ha traído este modelo económico, político y social. Donde siempre sufren los que menos tienen. Ojo, tampoco digo que lo otro era perfecto e ideal. No… a mí nunca me gustaron los extremos. Creo que lo mejor es encontrar el punto exacto, tratar de tomar lo bueno de cada lado y unirlo, que esa construcción de ideas sea nuestro propio muro, pero que nadie quede excluido.



En este mundo que vivimos hoy es muy fácil opinar sobre alguien sin conocerlo, sólo por estar del lado contrario, no sólo ideológicamente, sino hasta por cuestiones de camiseta. Y ahí me viene a la mente una vez más el futbol, porque esa Alemania que se reunificaba después de la caída del Muro, se abrazaba en gloria y júbilo un año después, cuando nuestro Goyco no pudo con ese único y maldito penal, y los que antes se enfrentaban casi a muerte, festejaban juntos ese título mundial…
Creo que es hora de hacer nuestra propia Revolución, de tener nuestro propio noviembre,  derribar nuestros muros, tomar todo lo bueno y dejar atrás lo malo. Que el capitalismo deje de entrometerse en nuestras vidas, y deje de llevarse todo por delante. Que los que menos tienen, tengan las mismas posibilidades que los que más tienen. Que las grandes empresas dejen lugar a esas empresas familiares que después de años tuvieron que vender todo, hasta sus recuerdos.
O simplemente, que todo sea un poco más justo, decirle adiós al capitalismo, como alguna vez algunos dijeron Good Bye, Lenin!

Marcelo De Nicola

Canción elegida para la Editorial


IMPRESIONES SOBRE GOOD BYE LENIN!



Socialismo, una historia de amor. Así podríamos llamar a Good Bye, Lenin! Film de Wolfgang Becker, película que estamos tratando hoy. Amor de un hijo a una madre y amor de una madre a su país.
Pero mejor, vamos a repasar un poco del cine alemán. Este ha sido, históricamente, de lo mejor de Europa. Ya desde los viejos años veinte nos aparecen films como El Gabinete del Doctor Caligari de Robert Wiene en 1920 o Nosferatu de Murnau en 1922, título que pasaron a la historia de ese modo de hacer cine que se llamó Expresionismo Alemán (que se basaba mucho en temas fantásticos y dramas sociales, con escenografías abstractas y deformes y una iluminación a base de luces y sombras que llevaban al espectador a una sensación de tensión dependiendo la iluminación del personaje u objeto donde debía centrarse la atención). Los últimos films de este modo de hacer cine en esa época vinieron otra vez de la mano de Murnau con Fausto y del austríaco Fritz Lang con Metrópolis, en los años  26 y 27 respectivamente.
A partir de ahí el cine alemán fue tendiendo más al realismo, pero la llegada de Hitler al poder, llevó a que sus cineastas se pusieran al servicio del nuevo régimen y que los grandes se fueran a probar suerte a Hollywood, para así darle punto final a una época dorada.
Muchos años después llegó otro grupo de cineastas llamativamente geniales, la corriente se llamó Nuevo cine alemán y a partir de los 60, nombre como Werner Herzog con Aguirre, la cólera de Dios o Fitzcarraldo, Wim Wenders con El cielo sobre Berlín o la hermosa París, Texas, Volker Schoklondorf con El joven Torless o el Tambor de hojalata y Rainer Fassbinder con Todos nos llamamos Alí o El matrimonio de María Braun llevaron al cine alemán otra vez a lo más alto del mundo.


Con unas reminiscencias a la Nouvelle Vague francesa y con temas como la soledad, la depresión, el pasado y el futuro del país estos cineastas se abrieron paso a partir de los sesenta y algunos hasta nos siguen dando lecciones en la actualidad.
En este siglo XXI, varias películas alemanas aparecieron de la mano de nuevos directores, podemos nombras al pasar La vida de los otros de Henckel von Donnersmarck, La caída o El experimento, ambas de Oliver Hirschbiegel, Los EduKadores de Hans Weingartner, Al otro lado o Contra la pared de Faith Akin y Corre Lola Corre o Perfume, ambas de Tom Tykwer, por citar sólo algunas.
Así, en este boom alemán, llegó Good Bye, Lenin! de Wolfgang Becker. El director nos cuenta en esta película lineal una historia de una familia que vive en la Berlín Oriental del año 1989. La historia empieza en el verano del 78, con recuerdos de la infancia del protagonista, rememorando sus videos caseros y su amor por la astronomía, furor en esa época gracias al primer alemán oriental en el espacio, Sigmund Jähn.


Con un muy buen guión (escrito por Becker junto a Bernd Lichtenberg), con grandes detalles de la historia alemana, y muchas imágenes de archivo sobre lo que iba pasando en esa época, el director nos introduce en la vida de Alex (una genial interpretación del hispano-alemán Daniel Brühl), alguien que duda entre las ideologías socialistas de su madre, o las historias capitalistas que vienen del otro lado del Muro. Luego de un enfrentamiento con la policía, su madre sufre un infarto, y luego de ocho meses despierta del coma, con un país unificado, y sin el muro en el medio… pero ella no lo tiene que saber
La música compuesta por Yann Tiersen (el mismo de Amélie) nos sumerge paso a paso y nos adentra cada vez más en la historia. En esos meses hospitalarios, Alex se enamora de Lara, una enfermera soviética (buen trabajo de la actriz rusa Chulpan Kamatrova) y además lidia con su hermana (intepretada por María Bello de correcto trabajo) y su pequeña sobrina.


Con bastante tacto, originalidad y más que nada, mucha ironía sobre el poder Occidental (la escena de Coca Cola se roba los aplausos), el director nos revuelve el alma con las imágenes de esa hermosa Berlín oriental que ya no existe. También miramos con alegría y hasta un poco de ternura, ese falso noticiero (con un genial Florian Mayer como “presentador”), que Alex le pasa día a día a su madre, donde también, como él, soñamos que el mundo sea así, un poco más justo.
La película nos muestra lo que uno es capaz de hacer por una madre. En ese complejo de Edipo que tenemos desde que nacemos… La madre, para un hombre, siempre es nuestro primer amor. Es la primera mujer de la que nos enamoramos, con la que reímos, lloramos y peleamos. Y uno es capaz de todo por ella, incluso, de revivir un país que ya no existe más.


Será por eso que uno cada vez que ve esta película, recuerda que hay que agradecerles por siempre que nos hayan traído al mundo, y que hayan luchado por la vida que creían justa, como hizo Christianne, la madre de Alex, a pesar de alguna mentira de la que se arrepentirá toda su vida. Porque ellas, como nosotros, no son perfectas, pero siempre sabrán la verdad, porque como dice la canción de Pink Floyd, ella siempre te esperará, pero también sabrá dónde has estado. Ahora los dejo con esta hermosa canción llamada Mother, mientras le voy a dar un abrazo a mi vieja…

Marcelo De Nicola

Tema elegido para el análisis 


No podía faltar esta crítica al sistema


Y nos despedimos con:


FICHA TÉCNICA

Título original: Good Bye, Lenin!
Año: 2003
Duración: 118 min.
País: Alemania
Director: Wolfgang Becker
Guión: Wolfgang Becker & Bernd Lichtenberg
Música: Yann Tiersen
Fotografía: Martin Kukula
Reparto: Daniel Brühl, Katrin Saß, Chulpan Khamatova, Maria Simon, Jürgen Vogel, Michael Gwisdek, Burghart Klaußner, Alexander Beyer, Florian Lukas, Hanna Schwamborn

Sinopsis

Berlín, octubre de 1989. Unos días antes de la caída del Muro, la madre de Alex, una mujer orgullosa de sus ideas comunistas, entra en coma. Cuando despierta ocho meses después, su hijo hará lo posible y lo imposible para que no se entere de que está viviendo en una Alemania reunificada y capitalista. Su objetivo es convertir el apartamento familiar en una isla anclada en el pasado, una especie de museo del socialismo en el que su madre viva cómodamente creyendo que nada ha cambiado.