martes, 3 de septiembre de 2024

LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE - DI QIU ZUI HOU DE YE WAN DE BI GAN

PROGRAMA 443 (30-08-2024)

 

SINOPSIS

 

Luo Hongwu regresa a Kaili, su ciudad natal, de la que huyó hace varios años. Comienza la búsqueda de la mujer que amaba, y a quien nunca ha podido olvidar. Ella dijo que su nombre era Wan Quiwen. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La memoria es un oficio que ejerzo cada vez menos. Hablo de la memoria personal, no de aquella otra colectiva que nos construye como sociedad. La angustia que trae aparejado el recuerdo nostálgico deviene sin dudas de aquel sabor a muerte que nos deja en la boca la imagen evocada cuando se esfuma en la fugaz espuma de su devenir. El aficionado al recuerdo entiende aquella soledad en la que nos deja la imagen perdida como una marea que sube y baja todo el tiempo, como un oleaje sereno que en su ronroneo nos susurra suave al oído que nada vuelve de la misma manera. Los confines del recuerdo son siempre tierras áridas, castigadas por una bruma densa y constante, habitadas por temibles fantasmas cuya malévola finalidad no es otra que la de confundir al viajante. Quien emprende la travesía de la memoria, aquel que se entrega al canto de sirenas del recuerdo, deberá saber que se encuentra siempre en peligro. Aquellos espectros infernales esperan la llegada confiada del memorioso para abusar sin ningún reparo de su fe poética. Comenzará allí un chantaje sentimental absurdo repleto de caras conocidas, de supuestos sentimientos heroicos, de coincidencias exactas, de momentos justos, de lugares precisos. Aquellos serán algunos de los materiales con los que esas sombras aberrantes levantarán las paredes del letal laberinto de la memoria. El fin del viaje es conocido por todos nosotros. Quedará el memorioso ensimismado olvidado en el centro del laberinto, perdido para siempre en los destellos de una vida que no fue. Los fantasmas del recuerdo irán modificando cada anécdota para ajustarla al relato exigido por el viajante. El hechizo será potente y ponzoñoso, el engaño será preciso para que la víctima no descubra jamás el truco. 



Vivirá entonces el sentenciado una vida alumbrada por el farol de viejos relatos, generando de esa manera una inmensa sombra que será su presente. Morirá en el recelo de historias deformadas y mentirosas, entre frases del tenor de “si usted me hubiera visto en aquellos años…” o aquella otra “porque en mi época…” A partir de allí toda forma será engaño, todo brillo el de una estrella muerta. No habrá nunca posibilidad de pensamiento para aquel olvidado en el laberinto de la memoria. Pensar es olvidar diferencias, es conseguir la capacidad de abstracción.  De todas maneras, siempre estaremos tentados al recuerdo porque el olvido lastima. El olvido nos propone empezar de nuevo, genera movimiento, entrega al cuerpo para que las cosas sucedan. Recordar nos protege de próximos fracasos, presiente antes de amar haciendo de esa apuesta un barato juego de naipes, un negociado inescrupuloso donde las partes protegen intereses. Nada bueno lograremos cayendo en el sinuoso laberinto del recuerdo. No habrá premio para aquella aventura. No volverán jamás las canciones, los poemas, los amigos ni los amores. La única manera de reencontrar un amor perdido es en otra persona. Buscar personas y tiempos que ya han pasado es una actitud demencial que conduce a la perdición. Bien sabemos que este viaje será arduo y complejo, es por eso que hemos decidido llevar aquella luz de nuestra existencia bien pegada a nosotros, iluminando nuestro aquí y ahora. Solo de esa forma tendremos la oportunidad de girar nuestra mirada para observar el camino transitado y ya sin correr ningún peligro, lejos de toda nostalgia, ver el largo viaje hacia la noche.          

 

Lucas Itze.-        

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LARGO VIAJE A LA NOCHE

 


Un día como cualquier otro, caminaba junto a un amigo por el microcentro porteño. De repente, entramos a esos juegos de realidad virtual. Casi sin pensarlo, mi respiración se agitaba. Tenía un arma en la mano y alguien nos perseguía. El lugar era muy oscuro. Había caños y caminos enchapados por doquier. Luces de neón verdes y rojas eran la poca iluminación que tenía. De pronto giré hacia la derecha y vi a mi compañero de viaje correr para un lado. Como si ya lo hubiese vivido antes, le grité para que vaya para el lado contrario. En ese momento sentí que eso lo había visto o soñado alguna vez. ¿Cómo iba yo a saber de ese peligro si nunca realmente estuve allí? Mis pensamientos hicieron que quede paralizado en la escena. Luego de unos minutos deambulando por ahí, la imagen se fundió a negro y otra vez estábamos en las calles porteñas. De repente el sonar de un teléfono le dio fin a la historia. Todo había sido un sueño, pero… yo sentía que lo había soñado antes, sino… ¿Cómo saber de dónde iba a venir el enemigo para dar aviso a mi compañero? ¿Por qué parecía haberlo vivido? Este mismo amigo recuerdo que contaba que él pensaba en algo y a la noche soñaba con eso, cosa que claramente no le creíamos. ¿Y si era verdad? Total, los sueños son sumamente propios. El amigo Freud fue quién empezó a interesarse por ellos. Uno de sus mayores descubrimientos fue que los individuos padecen de emociones enterradas en el subconsciente y que estos ascienden a una superficie consciente durante los sueños que cada uno tiene. Según su interpretación, en primer lugar, para lograr interpretar los sueños, se deberá descomponer el relato en diferentes partes y realizar preguntas (¿Quién había en el sueño?, ¿Qué enfrentaba?, ¿Cómo me siento con ello?) y al final se revelará el sueño como una realización de deseos propios, conocido como "deformación onírica”. 



El tiempo, además, en los sueños es infinito. Es allí donde uno hace y deshace las horas a su antojo. Allí no miraremos el reloj continuamente, y aunque no lo crean, eso es un triunfo. Y la memoria, ¿Qué papel juega en todo eso? ¿Cuánto de ese subconsciente está abrazado directamente a la memoria? A lo largo de estos años hemos traído este tema muchas veces. Y todavía le seguimos dando vueltas. Sueños, tiempo y memoria. Tres palabras que siempre suelen estar conectadas. Así como las conecta el talentoso Bi Gan en su film Largo viaje hacia la noche (que nada tiene que ver con la obra de Eugene O´Neall). El cineasta chino nos trae la historia de Luo Hongwu, quien regresa a Kaili por el funeral de su padre, para comenzar la búsqueda de una mujer que amó y no pudo olvidar: Wan Quiwen. Bi Gan nos lleva por un viaje hipnótico, donde la música, las imágenes y los colores se unen para embellecer la pantalla. ¿Entendemos lo que estamos viendo? No del todo, pero seguimos ahí y eso es un punto a favor. El film estará dividido claramente en dos partes. Esa primera parte durará un poco más de una hora, notaremos que el guión no será lineal y viajaremos del presente al pasado todo el tiempo, por lo que hablamos también de una estructura circular, algo que quedará confirmado con el travelling final. Conoceremos a esos dos amantes y también a otros personajes que serán parte de la historia, como Wildcat, un ladrón y amigo de Luo por el que comenzará todo el drama. La memoria será la protagonista de todo ese desarrollo. A través de lo poco que recuerda de Wan, Luo intentará encontrarla de alguna forma. Habrá algo de Wong Kar-Wai en cada fotograma. El verde será el color protagonista por tres elementos claves de la historia: un reloj, un libro y un vestido. El rojo será el otro color que resalte. La lluvia incesante, hasta en lugares techados, creará una atmósfera pesada y densa, como si estuviera en La Zona de nuestro amigo Tarkovski



Los planos fijos y los planos generales tendrán una perfección absoluta, habrá algunos primeros planos bellísimos y tristes a la vez. La música será la musa perfecta para la combinación audiovisual. Seguiremos en ese comienzo a Luo sin entender mucho de lo que pasa. Sabremos, eso sí, que, si una manzana aparece, una lágrima caerá por alguna mejilla. Detalles que trataremos de descifrar a lo largo del metraje. A borbotones tendremos que ir juntando información de Luo. Trabaja en un casino y se da a entender que está familiarizado con el crímen organizado. Wan, su amor perdido, era la mujer de un gángster llamado Zuo, quien además asesinó a su amigo Wildcat por no cumplir una entrega. Esa vieja historia se mezclará con el recorrido actual donde nuestro amigo visita su viejo barrio y los recuerdos empiezan a aparecer. Ciertos lugares y objetos aparecerán para darle importancia al relato: el restaurant de su madre, el cine, un libro de poesías de portada verde, una foto con un agujero, las manzanas que nombramos anteriormente… El tiempo se deforma y se trasforma y por momento nos perdemos, pero que importa, el juego ya lo estamos jugando. Otra vez un reloj, en esa metáfora del tiempo, servirá para iniciar el otro viaje de Luo, cuando encuentre un número de teléfono y una foto de Wan. Su búsqueda será incesante en otro pueblo donde parece que siempre es de noche y la lluvia no para nunca. 



Se encuentra con una prostituta que le dice que espere en un cine. Luo se pone sus anteojos 3D y… el título de la película comienza. Asistiremos entonces a aproximadamente 59 minutos de una de las cosas más bellas, hipnotizantes y perfectas que dio el cine. Será un viaje en un plano secuencia que nos llevará con Luo a recorrer esa noche. ¿Lucimiento egocéntrico o un recurso expresivo? Pueden ser las dos, o ambas a la vez. “La diferencia entre cine y memoria es que las películas siempre son falsas. Están compuestas por una serie de escenas” nos había anticipado nuestro protagonista. Aparecerán personajes que nos recordarán a otros, pero ni nosotros ni el protagonista tendremos la respuesta final. Nos meteremos en una mina abandonada, nos subiremos a una moto y luego a una aerosilla, para terminar en un pool o recorriendo pasillos de ese pequeño pueblo. Lo veremos desde la tierra, pero también desde el cielo, volando por sobre esos techos. Aquí ya no hay lluvia y las luces le dan un poco de vida al lugar. La cámara seguirá todo hasta que se apague la última chispa de una bengala. Nos quedaremos pensando si ese final es todo producto de un sueño. O si todo en definitiva lo fue. O que parte de eso será relativo a la memoria. Capaz no tendremos muchas respuestas, aunque, en definitiva, lo importante fue ser parte de ese onírico viaje.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BI GAN

 


Bi Gan nació en la ciudad de Kaili en la provincia de Guizhou en junio de 1989. Durante sus años universitarios, Bi vio Stalker de Andrei Tarkovsky, y luego declaró en una entrevista: "El cine puede ser diferente [de las películas convencionales]; puedes hacer lo que quieras. Lo que había visto hasta ese momento eran principalmente películas de Hollywood. Lo que me enseñaron fue bastante aburrido". Debido a esta película en particular, decidió dedicarse al cine. "Antes de eso, mis padres y mis parientes pensaron que me quedaría sin trabajo después de graduarme porque no quería hacer nada". En 2010 realizó el cortometraje de ficción South, que ganó el primer premio en el Festival de Cine "Guang Sui Ying Dong" (La luz sigue el movimiento de la sombra), patrocinado por la universidad. Dos años más tarde, en 2012, realizó un cortometraje en blanco y negro, Diamond Sutra (también conocido como El poeta y cantante), que presenta una historia de asesinato en un pequeño pueblo aislado en la montaña. La película recibió el Premio de Mención Especial de la 19.ª Ifva de Hong Kong (Incubadora de Cine y Medios Visuales en Asia), un premio organizado por el Centro de Artes de Hong Kong, y se ubicó entre los 10 primeros en el 9º Festival de Cine Independiente de China en Nanjing. En 2015, el largometraje debut de Bi, Kaili Blues, escrito por él, le dio al director emergente una mayor exposición. La película obtuvo el premio al Mejor Director Revelación en la 52.ª edición de los Golden Horse Awards, el Premio FIPRESCI, el Premio Montgolfiere de Oro en el 37º Festival de los Tres Continentes de Nantes, y la Mejor Ópera Prima Premio en el 68.º Festival de Cine de Locarno. 



Kaili Blues nos narra qué en la mística y subtropical provincia de Guizhou, hay una pequeña clínica donde trabajan dos doctores de vida tranquila. Uno de ellos, Chen Sheng, debe viajar para ir a buscar a su sobrino, que ha sido abandonado por su padre. Durante el viaje, Chen Sheng para en un lugar llamado Dang Mai, donde el tiempo parece haberse detenido y donde la vida de sus habitantes es un misterio. En 2017, Bi escribió y dirigió su segundo largometraje, Largo viaje hacia la noche, protagonizado por Tang Wei, Huang Jue, Sylvia Chang y Lee Hong-chi. La película también tiene su sede en la provincia de Guizhou y se estrenó en 2018. Su último trabajo también es un corto titulado Una historia corta.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Di qiu zui hou de ye wan (Long Day's Journey Into Night)

Año: 2018

Duración: 133 min.

País: China

Dirección: Bi Gan

Guion: Bi Gan

Reparto: Sylvia Chang, Yongzhong Chen, Jue Huang, Lee Hong-Chi, Meng Li, Wei Tang

Música: Lim Giong, Point Hsu

Fotografía: Dong Jingsong, David Chizallet, Yao Hung-i

 

PELÍCULA COMPLETA

BURNING - BUH-NING DE LEE CHANG-DONG

PROGRAMA 442 (23-08-2024)

 

SINOPSIS

 

Cuando hace una entrega, Jongsu (Yoo), un joven mensajero, se encuentra por casualidad con Haemi (Jun), una chica que vivía en su vecindario. La joven le pide que cuide a su gato durante su viaje a África. A su regreso, Haemi le presenta a Ben (Yeun), un joven misterioso y con dinero que conoció allí. Un día, Ben revela a Jongsu un extraño pasatiempo que tiene... Adaptación de una historia de Haruki Murakami. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Apareció como de la nada. Su sonrisa blanca brillaba en medio de una marea humana. La estación de Retiro, en época de Navidad, siempre resulta ser un caos. Las corridas y las valijas tropezando estaban a la orden del día. Los altoparlantes nombraban empresas, lugares y hasta nombres de personas que no se encuentran. Al contrario del mundo, ella caminaba con una paz ajena a todo, como en cámara lenta. Su piel blanca y su mirada felina en unos ojos no tan redondos, le habían dado el apodo más clásico, pero “la China” lo tomaba como algo natural. Quizás chocamos nuestras miradas, pero el primer encuentro se dio cuando un paquete se cayó sobre mis pies. Ni siquiera atiné a agacharme cuando ella lo levantó como un rayo, agradeciéndome de todos modos. Luego, minutos después, ambos quisimos parar el mismo taxi. Como un gesto de caballerosidad, dejé que se suba ella, pero me sorprendió cuando dejó la puerta entre abierta para que me sume al paseo. No tenía idea donde viajaba cada uno, pero sentí que una oportunidad así no se desperdicia. Así me enteré que era del norte del país y viajaba a un congreso de medicina que se haría al mediodía. Tenía ya el lugar de alojamiento y sorprendentemente me pidió que sea su guía para unas horas en la ciudad de la furia, lugar que sólo había visto por televisión. Dudé unos instantes, pero su simpatía fue más fuerte. Esa espontaneidad me había llamado la atención como nadie. Luego de pasar por casa para cambiarme y asearme, llegué al lugar del encuentro. Mientras caminábamos, sus historias salían de su boca como si fueran pequeños cuentos. Era casi un monólogo que quería que sea infinito. Aparecían y desaparecían personajes como por arte de magia. Ya los sentía como de mi propio universo. El Obelisco, San Telmo, La Boca se trasformaban en vagos testigos de su encanto. Hasta el Riachuelo parecía tener mejor aroma con ella al lado. Bajamos por la boca del subte, que para la China era como una película de ciencia ficción. Había algo triste en su miraba que no podía descubrir. 



Hablaba de fogatas ancestrales y árboles que se encendían cada noche. Cada vez que decía la palabra fuego era como un multiverso de gestos. Su voz cambiaba, su piel se oscurecía, sus ojos como nunca se volvían más circulares. Pero de la nada cambiaba de tema y como si fuese un juego nombraba pueblos y parajes olvidados por Dios. La llegada a Palermo contrastaba con toda esa historia. Yo hubiese preferido otros sitios, pero había que hacer lo clásico en poco tiempo. Me habló de su infancia, de las tardes al sol con su abuela preferida, de los velorios largos por ser familia numerosa y de sus mascotas. Las horas parecían segundos y casi de forma automática volvimos para su hotel. Por mi parte, casi no había hablado. Solo me limité a observar y deducir. Había tanto para preguntar, pero a la vez tan poco. Ni siquiera mi alma de periodista quiso romper ese hechizo. En la habitación una copa de champagne ofició de bienvenida. Nos abrazamos cálidamente e inundamos las sábanas como una pareja que no se ve durante meses. Como si fuera el amor del más puro. Me desperté cuando el sol iluminaba mi cara. El silencio tenía un sabor amargo. Las copas de champagne estaban como nuevas. No había nada más alrededor, solo un anotador con ciertos garabatos. Su valija ya no estaba. Su ausencia lo tapaba todo. Bajé raudamente y me fui hasta la terminal de Retiro pero no la encontré. No tenía ni una foto. Solo era “la China”. Cada época cercana a la Navidad me acerco hasta la terminal a ver si esa blanca sonrisa aparece de golpe. Entre cientos de papeles encontré nombres de esos pueblos y parajes, algunos que ni aparecían en el mapa. Llevo recorrido 2467 kilómetros. Solo su voz y algunas imágenes borrosas de su rostro se me aparecen cada tanto. La oscuridad se acerca al costado de la ruta, la vuelta se hace más eterna. Mientras a lo lejos, los árboles vuelven a prenderse fuego cuando se asoma la primera estrella…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BURNING

 


Borges escribió alguna vez respecto de su estilo de escritura que él no era poseedor de ninguna estética, que el tiempo le había enseñado algunas astucias. Siempre recordamos aquellos versos de Angelus Silesius que decían: La flor es sin porque, florece porque florece. No tiene preocupación por sí misma, no desea ser vista. Gran alivio para el creador ¿verdad? Hablo de aquel que tiene la pulsión creadora y que ejerce sin engaños ni posturas su disciplina, de aquel que vive una vida artística y no de ese otro que es poeta de 9 a17, lleno de especulaciones y necesidades ajenas. Muchachos, Muchachas… la flor es sin porque. Borges en aquel párrafo, entonces, agrega dos factores esenciales: tiempo y astucia. Escribir es ser verosímil en el desarrollo del engaño. Atención que no dije verídico, la verdad es otra cosa. Artísticamente hablando, la verdad no tiene ningún valor ya que precisa de una rigurosidad de la que el proceso creativo carece. Al igual que el mago con su acto de magia, quien escribe, debe preparar sus artilugios de manera sutil, dosificada e inteligente. Descubrir el hilo, encontrar la carta, baja de manera automática al lector del relato, levanta sin dudas al espectador de su butaca. Tiempo para lograr que la agilidad de nuestras manos sea infalible, para descubrir cuales son aquellos movimientos que somos capaces de realizar para esconder las cartas con mayor eficacia. Tiempo para entender el juego, para no detenernos en el porqué de la flor, para aceptar de una buena vez su falta de preocupación por sí misma. Esto no nos exime de estar atentos a los detalles, muy por el contrario, pero sí nos da la libertad para que las imágenes fluyan aboliendo aquella actitud detectivesca que aniquila toda creación. Astucia para adiestrar nuestros sentidos. Para ver en la piedra al David y saber que solo hay que quitar lo que sobre para descubrirlo. 



Astucia para lograr que no te distraigas nunca de mi voz, para lograr entretenerte, que no es otra cosa que tenerte entre. Para aguzar el oído y la vista y lograr así que nuestros relatos sean honestos y estén vivos. Podemos llegar a comprender el relato fílmico Burning del director y guionista Lee Chang - Dong como el desarrollo de un proceso creativo realizado por un escritor. Juguemos con aquella posibilidad. Después de todo, la palabra juego está siempre emparentada a cualquier proceso creativo. Stephen Nachmanovitch, nos recuerda en su libro Free Play que para que la creación fluya hay que tomar una actitud acrítica y jugar con la misma seriedad que lo hace un niño. El vocablo inglés para designar la interpretación actoral no es otra sino play, jugar, play a rol. Al guión cinematográfico se lo denomina como screenplay. Pero volvamos al film. La película comienza sobre la pantalla negra de los títulos. Abre primero el audio con la vaguedad de una idea que comienza a gestarse, como algo que llega desde lejos, por partes, una propuesta, una invitación al juego, un primer estímulo para que nuestra creatividad comience a armar el rompecabezas, un sentimiento al que habrá que poner atención para realizar aquel bello juego de la mente llamado pareidolia, esa capacidad de encontrar formas a través de patrones vagos. Como quien encuentra formas observando una nube, llegará entonces la imagen a vestir a aquel audio. El director decidirá presentar a su protagonista desde la ausencia. Lee Jong-Su es un joven escritor que durante todo el metraje se jactara de su intención de comenzar a escribir una novela. Es probable que la elección de presentarlo desde la ausencia responda a esta idea invisible de la mano del autor en una obra. Este desaparecer de quien escribe para que la obra tome su propia identidad. Igual que dios con su propia creación, el autor siempre es desde la ausencia. La primera imagen que nos entrega el film es la de una bisagra de gran tamaño en primer plano. 



Viene entonces a nuestra mente, de forma casi instantánea, aquella idea de Gabriel García Márquez respecto del oficio del escritor, donde realiza la analogía de la carpintería. Márquez dice que el escritor debe hipnotizar al lector para que éste no piense sino en el cuento que se le está contando. Eso requiere de una enorme cantidad de clavos y bisagras para que no despierte. La técnica de escribir depende de esa carpintería. El metraje continuará y el protagonista caminará por la desbordada ciudad. Ruido ensordecedor de autos, una muchedumbre yendo y viniendo, parlantes vendiendo productos. Allí el caos de la creación, caos que, por otra parte, la mano del artista debe ordenar para darle algún sentido. En esa primera secuencia podemos ver la materia prima del escritor, del artista. De aquel pan es de donde debe nutrir su arte. Trabajar sobre universos que uno conoce hace que la imaginación fluya, hace que ese universo que envento sea orgánico y verosímil. Cuando hablamos de construcción de universos, hablamos de la creación de aquel lugar que podemos habitar internamente, sea real o no. El caos se reducirá entonces a ella, Shin Hae-Mi. Nuevamente la pareidolia, la capacidad de encontrar una forma, su personaje, entre patrones vagos, la masa de gente. Espinoza decía lo siguiente: «Nadie hasta ahora ha determinado lo que puede un cuerpo». Para empezar a escribir debemos visualizar cuerpos, formas concretas, detalles. Ella le hablará primero y le dirá que se conocen de antes. Él no la recordará. Ibsen decía que el primer contacto con sus personajes era como si cruzaran miradas en un viaje a larga distancia. Allí, él observaría su apariencia y conversaría de algunas trivialidades como para empezar a conocerse. Será en esa misma escena donde ella le dirá que no la reconoce porque se ha realizado una cirugía estética. Hay algo de ella, como personaje en construcción, que se resiste al autor. Él la conoce porque es parte de su universo, pero no la recuerda porque aun la está construyendo, tridimencionando



Ella introducirá más a delante a Ben, personaje que conocerá en su viaje a África (destino típico de los escritores llamados malditos, recordemos que Rimbaud vivió hasta casi su muerte en aquellas tierras). Lee Jong-su lo definirá rápidamente marcando la fuerza de intención del personaje, aquella característica central que guiará su accionar, su motivación, su deseo. Lo comparará con el protagonista de una obra de otro escritor, Scott Fitzgerald, dirá es un Gran Gatsby cualquiera. Con el correr del drama, ella le comentará que está estudiando pantomima e instalará de ese modo aquella idea de la inteligencia mimética de los actores. La capacidad de entender y hacerse entender a través de un sistema de signos que se crean en el cuerpo, la capacidad de crear en su cuerpo, la presencia de una ausencia. Ella logrará como personaje hacer presente en nuestro protagonista el recuerdo de un amor olvidado, la memoria de un pueblo que cambio, una libertad perdida, una pasión que ya no sentía. Nadie escribe a partir de una idea. La idea por si sola nunca es fecunda, no moviliza, es siempre un prejuicio, siempre un juicio previo. Es el carro delante del caballo. Lo que genera movimiento, lo que encierra un mito, lo que posee una hipótesis poética es siempre la imagen. Sartre decía que es solo frente al otro que el yo aparece y se manifiesta. Ese otro es imagen y solo en aquel paño podremos vestir otras morales, otros valores, solo en aquel paño podremos ponerle voz a la demencia y vestir el andrajoso ropaje de los excesos. Kartún decía que si el poeta tiene la pulsión de mirar alrededor suyo una multitud de seres alados que vuelan sobre él, el dramaturgo además tiene la pulsión de convertirse en ellos. Habitar esas almas es siempre el gran desafío de este juego, aunque aquello nos quite el sueño y en la oscuridad de la noche, a veces, pensemos en graneros que se derrumban al incendiarse.

 

Lucas Itze.-  

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO LEE CHANG-DONG

 


Nacido en Daegu el 1 de marzo de 1954, se graduó en filología coreana a mediados de los ´80. Trabajó como director de teatro y profesor de lengua en una escuela secundaria hasta convertirse en uno de los novelistas más exitosos de su país gracias a El Botín. El cambio de rumbo lo dio a mitad de los ´90 cuando escribió los guiones de los films de su amigo Park Kwang-suTo the Starry Island y Single Spark. Luego llegó su primer largometraje, fechado en 1997 bajo el nombre Green Fish, una crítica de la sociedad coreana a través de los ojos de un joven que se ve atrapado en el submundo criminal. En 2000 hizo Peppermint Candy, la historia de un hombre soltero a lo largo de veinte años de historia de Corea del Sur en orden cronológico inverso (desde la revolución estudiantil de 1980 hasta 2000). 



La misma pareja de protagonista se une para el film Oasis, con el que gana el León de oro a mejor director en el Festival de Venecia. En 2007 llega Secret Sunshine, la trágica historia de una mujer que enviuda y se va a vivir con su hijo a otra ciudad. Termina de hacerse conocido en el mundo gracias a su film del año 2010 “Poesía para el alma”, un melodrama que mezcla la poesía, la vejez y la dura enfermedad del Alzheimer. 



Logra el premio a Mejor Guión en Cannes. Su último film es quizás el más conocido, hablamos de Burning, un extraño thriller basado en una historia de Haruki Murakami,q que llegó a Netflix estos últimos años. Logró premios y nominaciones en muchas partes del mundo

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Buh-ning

Año: 2018

Duración: 148 min.

País: Corea del Sur

Dirección: Lee Chang-Dong

Guion: Lee Chang-Dong, Jungmi Oh. Historia: Haruki Murakami

Reparto: Yoo Ah-in, Steven Yeun, Jeon Jong-seo, Gang Dong-won, Moon Sung-keun

Música: Mowg

Fotografía: Hong Kyung-pyo

 

PELÍCULA COMPLETA

HAPPY TOGETHER DE WONG KAR-WAI

PROGRAMA 440 (09-08-2024)

 

Lai Yiu-Kai y Ho Po-Wing viven una apasionada relación. Viajan desde Hong Kong a Argentina, pero la llegada al nuevo país parece transformar las cosas y Ho, de repente, abandona a Lai. Éste comienza a trabajar como portero de un bar, con el único afán de reunir el dinero suficiente para volver a su país. Un día Ho reaparece, pero las cosas ya no son iguales... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Qué iremos a hacer con este amor que es la cura, pero también es el veneno? ¿Qué iremos a hacer? ¿Morir por amor? Después de todo no hay otra forma de morir, como tampoco hay otra forma de amar sino muriendo. ¿Qué iremos a hacer con esta historia que nos contamos, esta historia de sutiles casualidades sincronizadas por una mano invisible, de sabanas revueltas y peleas infernales? ¿Qué haremos con estos cuerpos muertos secándose al sol? Inventar al amor entre un par de circunstancias arrojadas como dados sobre un paño inexorable. Apostar al fuego a pesar del viento y del agua que nos arremete a cada instante. Inventar el mito por amor, aquella cinta que nos une para siempre en este laberinto de mentiras. Inventarlo para que algo de todo esto tenga algún sentido. Inventarlo para no alcanzarlo nunca, porque como bien sabemos, el único amor verdadero es el amor imposible, aquel al que nunca se llega y se mantiene impoluto en el inalcanzable mundo de las ideas. El amor, así como también el arte, es siempre desde la ausencia, desde la falta y allí su profunda paradoja. Al igual que el pensamiento filosófico respecto del saber, siendo el móvil del amor la búsqueda de nuestra plenitud, este nunca puede alcanzar su propósito final. El amor es la búsqueda que cuando logra alcanzar aquello que busca, se disuelve como búsqueda y entonces allí muere. Debemos desaprender el amor. Amamos según un dispositivo heredado que construye nuestra subjetividad afectiva. Pero, en definitiva, el amor es el otro y ese otro, por otro, por inalcanzable e inaccesible, duele. 



Claro que siempre está aquella posibilidad de amar apropiándose del otro, de proyectar todo lo que yo necesito que el otro sea para mi propia tranquilidad. En tal caso, todo ideal de amor será siempre una forma de ensimismamiento. Pero no nos detendremos ni un segundo a pensar en aquella forma bastarda. Para nosotros amar es siempre una aventura a la cual accedemos con la certeza de que nunca saldremos ilesos. Hablo de la maravillosa experiencia de retirar nuestro yo para que el otro sea. De amar desinteresadamente, apasionadamente. En su etimología, la palabra pasión deviene de la acción pasiva y se liga a un estado de sufrimiento. Dejar ser, apagar nuestro ego, visualizar y reconocer a aquel otro, desapropiarnos de uno mismo en función de ese otro es siempre doloroso. Para el yo, entonces, la economía del amor es siempre una experiencia de pérdida y despojo. Al poner la importancia en el otro, al entregarnos de lleno a esa dinámica, vamos siempre en contra nuestro. Lo mejor del amor es que nos saca de nosotros mismos, es que, ante la debilidad del otro, ante su vulnerabilidad, decidimos no avanzar. Es que allí, donde creíamos estar en casa, nos hace sentir finalmente un extranjero. 

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE HAPPY TOGETHER

 


Apartarse. Ir y volver. Los recuerdos grises que aparecen. Los caminos que se bifurcan. El tango como esa melodía errante. Todo lento, pero incesante. De un lugar, de un mundo que fue y ya no será. ¿Con qué ojos vemos ese pasado? Sería bueno investigarlo. Estar aquí o allá. Depende el lugar sabremos que sombras vemos y que luces nos apagan. Viajar a otro mundo. Encontrarlo tan cínicamente ideal. Sin la mochila de la historia y de la memoria atrás. ¿Desde qué punto se ve una obra? Como amenazan los recuerdos la mirada de otro que llega desde un lugar tan lejano. La época como una marca indeleble. La nostalgia, siempre de la mano y el morbo de la subjetividad. Esos caminos se cruzan muchas veces desde el punto de vista del que mira. No importa si alguien quiso contar algo totalmente ajeno a uno. Entonces agarramos esas imágenes (o la música o la historia o lo que fuere) y las hace parte de su yo. En esa transmisión de fotogramas que invocan sentidos perdidos por ese pasado que ya no es tal. ¿Mejor? No lo creo. Diferente… en algún punto quizás. Una locura adolescente seguramente. Un mundo visto desde los ojos de otro mundo encontrándose en un punto en común. Buenos Aires… Capital Federal mejor dicho. Bien sabemos que Buenos Aires significa unas cosas para unos y otras para otros. La Boca, Barracas, San Telmo. La cerveza y la pizza. Un “pizza, birra, faso” de otro estilo (dicho film se estrenaría al año siguiente). El tango y la cumbia, aunque no tengan mucho en común. El fútbol. Boca y River, con ambas hinchadas y las tribunas llenas. 



Los adoquines, que le daban ese color a una ciudad que se negaba a apagarse. El Riachuelo que ya había pasado los mil días, pero estaba peor que antes. Los años ´90. El mundo se despertaba, las guerras aumentaban, como así los países del planisferio. Empezaba otro tipo de libertinaje. Sobre el final de esa década ya el Sida no era la enfermedad rosa. Ya la homosexualidad en algunos países no estaba penalizada. Argentina estaba empezando a transitar una decadencia política que estallaría en 2001. El uno a uno y sus ventajas. Miami como segunda patria. El champagne poniendo mimosas a las mujeres del poder. Ese poder que cometía algunos de los crímenes más recordados. Las bandas más importantes que hacían fila para tocar. Y ciertos tipos creyéndose un Rolling Stone más. Daba para todo. Incluso para que algunos cineastas vengan a filmar… De su admiración por un tal Maradona pero sobre todo por la novela The Buenos Affaire de Manuel Puig, un día llegó a estas tierras Wong Kar-Wai. Nacido en China pero criado en Hong Kong, justamente un lugar donde bien saben que es ser visto por la mirada del otro, en plena pelea por si ese territorio era británico o chino. Vino para contar una historia de pasión, sábanas sudadas y desencuentros entre dos jóvenes que querían conocer las Cataratas del Iguazú. Tony Leung y Leslie Cheung eran los actores del momento, dos figuras claves del nuevo cine hongkonés. Bien sabemos que Kar-Wai más que guiones propiamente dichos suele tener muchos bocetos y es de utilizar la improvisación como parte importante de su rutina. 



El film sorprenderá con la fotografía en blanco y negro proporcionada por el clásico director australiano Christopher Doyle, habitual colaborador del cineasta. Durante ese período tendremos la presentación de personajes, conoceremos a Yiu Fai (que también será narrador de la historia) y a Po Wing, el viaje nunca hecho hacia Iguazú, la ausencia de Po y su vuelta, en medio de discusiones que terminarán en un hospital. Luego, la fotografía volverá al color que nos tiene acostumbrado el director. Esta reflejará la emoción de los personajes, el juego de colores y sus contrastes estarán directamente unidos a la experiencia de los mismos. Un juego que se combina con el tiempo, en un pase de baile bien tanguero. Habrá momentos monocromáticos, aparecerán los sepias por ciertas noches, pero como siempre, esos verdes y rojos, con algún que otro amarillo, se mezclarán para darle la clásica identidad Wongkarwaiana, su marca de poesía visual. Esa tenacidad en los colores y la cámara en mano nos meterá tan de lleno en esa habitación que por momentos nos obliga a alejarnos. Las imágenes de esos primeros planos y la cámara con movimientos temblorosos serán parte de ciertos encuentros del metraje. Sin embargo, por momentos todo se relajará y pasaremos a ser simples testigos de una pieza de baile o espiar por el vidrio de una puerta en el restaurant que Fai trabaja. Todos elementos visuales que utiliza el director para crear una atmósfera pesada y tensa, gracias también a perfiles bien diferenciados de los protagonistas. Fai es amable, tranquilo y está en búsqueda de un amor duradero y de un trabajo para poder regresar. Po Wing es terco, infiel y por momentos agresivo. Será él quien se vaya en busca de otros amores e incluyo llegue hasta la prostitución. 



El film tendrá una buena base de diálogos fluidos, donde la desesperanza por no poder volver a su país y tener que buscar lugares para dormir y trabajar marcarán la relación. Y sobre el último tercio de la película, aparecerá el tercer protagonista que acelerará la curva dramática de la película. Hablamos de Chang, un compañero de trabajo taiwanés de Fai. Será la otra voz que narre partes de la historia y aunque no esté tan desarrollada, será de vital importancia para el devenir de Fai. El tango, con Astor Piazzolla como protagonista, será el condimento ideal para enmarcar los fotogramas de esas calles porteñas. La película mostrará la trama del desarrollo entre los tres personajes principales y sus componentes locales. Desde los bares y las cantinas hasta los conventillos de La Boca. Desde los cines porno del microcentro hasta los baños de Constitución. Todo desde una mirada ajena, pero a la vez tan nuestra. Donde la suciedad y la belleza se unen. Una historia más de amor, de soledad, de desencuentros y de tristezas. Una historia más de almas que buscan un lugar mejor. De vidas que siguen su curso sin saber dónde van a dormir esa noche. Con la desilusión y la incertidumbre a flor de piel. De unas unos seres tan pequeños ante la inmensidad de esas cataratas. De que el fin del mundo no se termine en un simple faro. De una ciudad que parecía vida y muerte al mismo tiempo. El símbolo de una década que ya no está más. Y también a escucharnos. Porque “los oídos lo ven todo y mejor que los ojos” diría Chang. Y que parece raro, que ciertas miradas nos hagan acordar de esos viejos tiempos como si fuéramos nosotros mismos. Como si el mundo nos obligue a mirarnos en el espejo.

 

Marcelo De Nicola.-

 


Canción post impresiones

 



UNIVERSO WONG KAR-WAI

 



Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.

Empezó trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films, gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.

Su primer film fue en 1988, llamado El fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que están inmersos en el mundo de la mafia china.

Dos años después llegó Días salvajes, film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.



En 1994 filma Ashes of Time, donde cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.

Ese mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin Tarantino.

Un año después filma la excelente Angeles caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que vive con su padre.

En 1997 estrena Felices juntos, la historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho, aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director en Cannes.

El 2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo de Críticos de Nueva York.



Participa del film Eros, una película dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se tituló La Mano.

En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del cineasta.

Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. 



El último largo que ha filmado fue El arte de la guerra en 2013, la historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.

En estos años está preparando Blossoms Shangai, una serie contada durante dos períodos: desde la década de 1960 hasta mediados de la década de 1970, el final de la Revolución Cultural; y desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI.
Sería una adaptación de la novela de Jin Yucheng que completaría una nueva trilogía junto a sus emblemáticos títulos ‘Deseando amar’ y ‘2046’.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Chun gwong tsa sit

Año: 1997

Duración: 98 min.

País: Kong Kong

Dirección: Wong Kar-Wai

Guion: Wong Kar-Wai

Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung, Chen Chang, Gregory Dayton

Música: Danny Chung

Fotografía: Christopher Doyle

 

PELÍCULA COMPLETA