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martes, 3 de septiembre de 2024

HAPPY TOGETHER DE WONG KAR-WAI

PROGRAMA 440 (09-08-2024)

 

Lai Yiu-Kai y Ho Po-Wing viven una apasionada relación. Viajan desde Hong Kong a Argentina, pero la llegada al nuevo país parece transformar las cosas y Ho, de repente, abandona a Lai. Éste comienza a trabajar como portero de un bar, con el único afán de reunir el dinero suficiente para volver a su país. Un día Ho reaparece, pero las cosas ya no son iguales... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Qué iremos a hacer con este amor que es la cura, pero también es el veneno? ¿Qué iremos a hacer? ¿Morir por amor? Después de todo no hay otra forma de morir, como tampoco hay otra forma de amar sino muriendo. ¿Qué iremos a hacer con esta historia que nos contamos, esta historia de sutiles casualidades sincronizadas por una mano invisible, de sabanas revueltas y peleas infernales? ¿Qué haremos con estos cuerpos muertos secándose al sol? Inventar al amor entre un par de circunstancias arrojadas como dados sobre un paño inexorable. Apostar al fuego a pesar del viento y del agua que nos arremete a cada instante. Inventar el mito por amor, aquella cinta que nos une para siempre en este laberinto de mentiras. Inventarlo para que algo de todo esto tenga algún sentido. Inventarlo para no alcanzarlo nunca, porque como bien sabemos, el único amor verdadero es el amor imposible, aquel al que nunca se llega y se mantiene impoluto en el inalcanzable mundo de las ideas. El amor, así como también el arte, es siempre desde la ausencia, desde la falta y allí su profunda paradoja. Al igual que el pensamiento filosófico respecto del saber, siendo el móvil del amor la búsqueda de nuestra plenitud, este nunca puede alcanzar su propósito final. El amor es la búsqueda que cuando logra alcanzar aquello que busca, se disuelve como búsqueda y entonces allí muere. Debemos desaprender el amor. Amamos según un dispositivo heredado que construye nuestra subjetividad afectiva. Pero, en definitiva, el amor es el otro y ese otro, por otro, por inalcanzable e inaccesible, duele. 



Claro que siempre está aquella posibilidad de amar apropiándose del otro, de proyectar todo lo que yo necesito que el otro sea para mi propia tranquilidad. En tal caso, todo ideal de amor será siempre una forma de ensimismamiento. Pero no nos detendremos ni un segundo a pensar en aquella forma bastarda. Para nosotros amar es siempre una aventura a la cual accedemos con la certeza de que nunca saldremos ilesos. Hablo de la maravillosa experiencia de retirar nuestro yo para que el otro sea. De amar desinteresadamente, apasionadamente. En su etimología, la palabra pasión deviene de la acción pasiva y se liga a un estado de sufrimiento. Dejar ser, apagar nuestro ego, visualizar y reconocer a aquel otro, desapropiarnos de uno mismo en función de ese otro es siempre doloroso. Para el yo, entonces, la economía del amor es siempre una experiencia de pérdida y despojo. Al poner la importancia en el otro, al entregarnos de lleno a esa dinámica, vamos siempre en contra nuestro. Lo mejor del amor es que nos saca de nosotros mismos, es que, ante la debilidad del otro, ante su vulnerabilidad, decidimos no avanzar. Es que allí, donde creíamos estar en casa, nos hace sentir finalmente un extranjero. 

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE HAPPY TOGETHER

 


Apartarse. Ir y volver. Los recuerdos grises que aparecen. Los caminos que se bifurcan. El tango como esa melodía errante. Todo lento, pero incesante. De un lugar, de un mundo que fue y ya no será. ¿Con qué ojos vemos ese pasado? Sería bueno investigarlo. Estar aquí o allá. Depende el lugar sabremos que sombras vemos y que luces nos apagan. Viajar a otro mundo. Encontrarlo tan cínicamente ideal. Sin la mochila de la historia y de la memoria atrás. ¿Desde qué punto se ve una obra? Como amenazan los recuerdos la mirada de otro que llega desde un lugar tan lejano. La época como una marca indeleble. La nostalgia, siempre de la mano y el morbo de la subjetividad. Esos caminos se cruzan muchas veces desde el punto de vista del que mira. No importa si alguien quiso contar algo totalmente ajeno a uno. Entonces agarramos esas imágenes (o la música o la historia o lo que fuere) y las hace parte de su yo. En esa transmisión de fotogramas que invocan sentidos perdidos por ese pasado que ya no es tal. ¿Mejor? No lo creo. Diferente… en algún punto quizás. Una locura adolescente seguramente. Un mundo visto desde los ojos de otro mundo encontrándose en un punto en común. Buenos Aires… Capital Federal mejor dicho. Bien sabemos que Buenos Aires significa unas cosas para unos y otras para otros. La Boca, Barracas, San Telmo. La cerveza y la pizza. Un “pizza, birra, faso” de otro estilo (dicho film se estrenaría al año siguiente). El tango y la cumbia, aunque no tengan mucho en común. El fútbol. Boca y River, con ambas hinchadas y las tribunas llenas. 



Los adoquines, que le daban ese color a una ciudad que se negaba a apagarse. El Riachuelo que ya había pasado los mil días, pero estaba peor que antes. Los años ´90. El mundo se despertaba, las guerras aumentaban, como así los países del planisferio. Empezaba otro tipo de libertinaje. Sobre el final de esa década ya el Sida no era la enfermedad rosa. Ya la homosexualidad en algunos países no estaba penalizada. Argentina estaba empezando a transitar una decadencia política que estallaría en 2001. El uno a uno y sus ventajas. Miami como segunda patria. El champagne poniendo mimosas a las mujeres del poder. Ese poder que cometía algunos de los crímenes más recordados. Las bandas más importantes que hacían fila para tocar. Y ciertos tipos creyéndose un Rolling Stone más. Daba para todo. Incluso para que algunos cineastas vengan a filmar… De su admiración por un tal Maradona pero sobre todo por la novela The Buenos Affaire de Manuel Puig, un día llegó a estas tierras Wong Kar-Wai. Nacido en China pero criado en Hong Kong, justamente un lugar donde bien saben que es ser visto por la mirada del otro, en plena pelea por si ese territorio era británico o chino. Vino para contar una historia de pasión, sábanas sudadas y desencuentros entre dos jóvenes que querían conocer las Cataratas del Iguazú. Tony Leung y Leslie Cheung eran los actores del momento, dos figuras claves del nuevo cine hongkonés. Bien sabemos que Kar-Wai más que guiones propiamente dichos suele tener muchos bocetos y es de utilizar la improvisación como parte importante de su rutina. 



El film sorprenderá con la fotografía en blanco y negro proporcionada por el clásico director australiano Christopher Doyle, habitual colaborador del cineasta. Durante ese período tendremos la presentación de personajes, conoceremos a Yiu Fai (que también será narrador de la historia) y a Po Wing, el viaje nunca hecho hacia Iguazú, la ausencia de Po y su vuelta, en medio de discusiones que terminarán en un hospital. Luego, la fotografía volverá al color que nos tiene acostumbrado el director. Esta reflejará la emoción de los personajes, el juego de colores y sus contrastes estarán directamente unidos a la experiencia de los mismos. Un juego que se combina con el tiempo, en un pase de baile bien tanguero. Habrá momentos monocromáticos, aparecerán los sepias por ciertas noches, pero como siempre, esos verdes y rojos, con algún que otro amarillo, se mezclarán para darle la clásica identidad Wongkarwaiana, su marca de poesía visual. Esa tenacidad en los colores y la cámara en mano nos meterá tan de lleno en esa habitación que por momentos nos obliga a alejarnos. Las imágenes de esos primeros planos y la cámara con movimientos temblorosos serán parte de ciertos encuentros del metraje. Sin embargo, por momentos todo se relajará y pasaremos a ser simples testigos de una pieza de baile o espiar por el vidrio de una puerta en el restaurant que Fai trabaja. Todos elementos visuales que utiliza el director para crear una atmósfera pesada y tensa, gracias también a perfiles bien diferenciados de los protagonistas. Fai es amable, tranquilo y está en búsqueda de un amor duradero y de un trabajo para poder regresar. Po Wing es terco, infiel y por momentos agresivo. Será él quien se vaya en busca de otros amores e incluyo llegue hasta la prostitución. 



El film tendrá una buena base de diálogos fluidos, donde la desesperanza por no poder volver a su país y tener que buscar lugares para dormir y trabajar marcarán la relación. Y sobre el último tercio de la película, aparecerá el tercer protagonista que acelerará la curva dramática de la película. Hablamos de Chang, un compañero de trabajo taiwanés de Fai. Será la otra voz que narre partes de la historia y aunque no esté tan desarrollada, será de vital importancia para el devenir de Fai. El tango, con Astor Piazzolla como protagonista, será el condimento ideal para enmarcar los fotogramas de esas calles porteñas. La película mostrará la trama del desarrollo entre los tres personajes principales y sus componentes locales. Desde los bares y las cantinas hasta los conventillos de La Boca. Desde los cines porno del microcentro hasta los baños de Constitución. Todo desde una mirada ajena, pero a la vez tan nuestra. Donde la suciedad y la belleza se unen. Una historia más de amor, de soledad, de desencuentros y de tristezas. Una historia más de almas que buscan un lugar mejor. De vidas que siguen su curso sin saber dónde van a dormir esa noche. Con la desilusión y la incertidumbre a flor de piel. De unas unos seres tan pequeños ante la inmensidad de esas cataratas. De que el fin del mundo no se termine en un simple faro. De una ciudad que parecía vida y muerte al mismo tiempo. El símbolo de una década que ya no está más. Y también a escucharnos. Porque “los oídos lo ven todo y mejor que los ojos” diría Chang. Y que parece raro, que ciertas miradas nos hagan acordar de esos viejos tiempos como si fuéramos nosotros mismos. Como si el mundo nos obligue a mirarnos en el espejo.

 

Marcelo De Nicola.-

 


Canción post impresiones

 



UNIVERSO WONG KAR-WAI

 



Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.

Empezó trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films, gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.

Su primer film fue en 1988, llamado El fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que están inmersos en el mundo de la mafia china.

Dos años después llegó Días salvajes, film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.



En 1994 filma Ashes of Time, donde cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.

Ese mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin Tarantino.

Un año después filma la excelente Angeles caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que vive con su padre.

En 1997 estrena Felices juntos, la historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho, aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director en Cannes.

El 2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo de Críticos de Nueva York.



Participa del film Eros, una película dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se tituló La Mano.

En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del cineasta.

Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. 



El último largo que ha filmado fue El arte de la guerra en 2013, la historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.

En estos años está preparando Blossoms Shangai, una serie contada durante dos períodos: desde la década de 1960 hasta mediados de la década de 1970, el final de la Revolución Cultural; y desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI.
Sería una adaptación de la novela de Jin Yucheng que completaría una nueva trilogía junto a sus emblemáticos títulos ‘Deseando amar’ y ‘2046’.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Chun gwong tsa sit

Año: 1997

Duración: 98 min.

País: Kong Kong

Dirección: Wong Kar-Wai

Guion: Wong Kar-Wai

Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung, Chen Chang, Gregory Dayton

Música: Danny Chung

Fotografía: Christopher Doyle

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 26 de julio de 2017

2046


EDITORIAL

Reflexionar sobre el recuerdo en un país donde los personajes que hoy se quedan con tu trabajo, tu dignidad, tu salud, tu educación, tu deseo son los mismos que lo hicieron hace algo más de doce años, se convierte en algo, por lo menos, difícil. De todas maneras, podemos hacer el ejercicio y aunque sea jugar por un instante con aquel concepto. Alguien dijo que el recuerdo es un sendero recorrido por las lágrimas, y creo coincidir con aquella idea. Una imagen vence la erosión prudente del olvido, cuando sus detalles están esculpidos por el filoso cincel de los sentimientos. Solo de aquella manera lograremos que valga la pena sumergirnos en aquel tormentoso bosque plagado de oscuros reflejos que es nuestro pasado, para ir al encuentro de aquello que insiste en volver. Cabe destacar, como la audiencia bien lo sabe, que este programa descree por completo del recuerdo (aunque no así de la memoria) y de aquel juego del retorno que este propone. Como ya hemos repetido en distintas ocasiones, nadie vuelve sino al lugar que nunca estuvo. El retorno es imposible. 


Nos sumergiremos con patético heroísmo en el empantanado camino de la anécdota para rescatar de la lejanía inconmensurable del hoy, cierta caricia, cierto rostro. Caminaremos las cuadras de nuestra niñez chiflando con el mayor de nuestros esfuerzos a la impasible ventana de Cristian, arrojaremos piedras del material que están hechos los sueños al balcón del gordo Gomez implorando verlo salir nuevamente con aquel gesto desprolijo, suplicaremos ante el rostro atónito de cualquier anciana que deje salir a jugar Emi aunque sea una vez más… pero todo esto será en vano. Aquellas cuadras ya no existen o son parte del recuerdo de algún otro. El viajante sabio sabrá detener su búsqueda a tiempo, en el instante previo a sucumbir ante lo que Unamuno llamó el sentimiento trágico de la vida, justo algunos pasos previos a caer ante la pavorosa angustia de sabernos finitos. El camino estará repleto de profundas tristezas y eso tal vez lo haga más interesante. Habrá un lugar, para la suerte de todos nosotros, donde nos confundiremos en un único abrazo. Ese lugar, mis queridos amigos, es el olvido.-

Lucas Itze.-

Canción elegida para la editorial



Uno de los temas del film


 IMPRESIONES SOBRE 2046


El tren está esperando en la estación. Los pasos son cada vez más rápidos, transformándose en una carrera contra el tiempo. El altavoz avisa que es el horario de partida. En una de las ventanas, se ve su largo cabello negro, como si estuviera ausente. Se la ve riendo a lo lejos, hablando quien sabe con quién. Los músculos intentarán su último esfuerzo, mientras la garganta revienta algún vidrio, en un grito tan enérgico como jamás escuchado. La bocina marcará el punto de quiebre. Será el último ruido. Se producirá un silencio infinito. Vendrán a la mente cientos de imágenes que pasarán como un álbum de fotos. Un beso, una caricia, una sonrisa inmaculada. Un adiós, espontáneo como pocos. Miles de voces escondidas tras un caparazón cobarde que no vieron la luz. Preguntas que sólo encontrarán respuestas en conversaciones entre almohadas y ecos de agujas de reloj. Recuerdos de amores olvidados y de desamores inolvidables. Palabras mudas que nunca llegaron a destino, ya que se perdieron en el subconsciente, de miedo a ser rechazadas. Será el tiempo el encargado de curar las heridas. Nos mataremos a preguntas, tratando de explicarnos porque no hicimos tal o cual cosa. Repasaremos ciertas escenas una y mil veces, para tratar de cambiar un final que no estaba escrito, pero que no nos animamos a modificarlo. Aparecerán sueños con finales felices, para despertarnos y volver nuevamente a quedarnos sin nada. Veremos pasar los trenes, pero los vagones siempre estarán vacíos. ¿Habremos dejado escapar algo para toda la vida o solo disfrutamos del aquí y ahora? ¿Podremos convivir con esos recuerdos...? 


Amores, desamores, olvidos, recuerdos, un poco de todo eso es lo que nos trae el gran cineasta Wong Kar-Wai en su film 2046. La película iniciará con una voz en off hablando de un futuro lejano, en un planeta conectado por una enorme red ferroviaria, y a donde todas las almas solitarias intentan llegar a ese lugar misterioso que es 2046. Salvo Tak, el único que decidió volver. Pronto, nos daremos cuenta que él es el protagonista de una novela que está escribiendo Chow, el verdadero protagonista del film. Los entendidos del cine del director de origen chino, veremos en Chow a alguien que reconocemos de films pasados, como Días Salvajes, pero sobre todo, Deseando amar, pero sin ser una secuela propiamente dicha. Aquí, el amor de Chow con Su Li-Zhen se ha acabado. De ella, quedarán sólo los recuerdos. El volverá a Hong Kong luego de años trabajando en Singapur, y se encontrará con Lulú, un antiguo amor. Al salir, se dará cuenta que la habitación es la 2046, mismo número de sus aventuras pasionales con Su Li-Zhen. El querrá alquilar esa habitación, pero no podrá. Más tarde, se enterará que Lulú fue asesinada luego de su encuentro. Tendrá que conformarse con la habitación 2047, que está conectada a la 2046 por un pasillo en común. Allá pasará sus días, intentando borrar los recuerdos. Será ahí donde se cruce con varias preciosas mujeres, a quienes seducirá, como una especie de gigoló moderno, para no quedarse con ninguna. La historia no será lineal, ya que se moverá por diferentes líneas de tiempo. Veremos a Chow a partir de 1966, pero también recordaremos cosas del pasado, y sobre todo, nos adentraremos en el futuro, en ese 2046 multicolor, con las androides más bellas que se recuerden. 


También habrá algunas imágenes de archivo, para situarnos en ese contexto histórico. El director demostrará una vez más porque es llamado un poeta visual. Cada fotograma estará perfectamente encuadrado. Jugará con los colores de una forma brillante. Veremos la perfecta sintonía entre la vestimenta de algunos protagonistas, y las cortinas o paredes que conforman el hotel. Por momentos, la pantalla quedará casi toda verde, en otros momentos, se disfrazará todo de rojo. Algunos encuadres darán la sensación de que la cámara es el ojo del espectador, como si estuviera espiando que es lo que pasa más allá de la mirilla. También jugará mucho con las cámaras, a veces ralentizando la escena, mientras suena alguna ópera de fondo, como en ese comienzo dividido entre el hotel y el club de baile. Recurrirá mucho la profundidad de campo y los planos cortos, mezclado con ciertas luces fuera de foco, como el humo del cigarro que se superpone con la luz del televisor, demostrando que el director elige con paciencia como jugar con todo lo que tiene a mano. Las habitaciones pequeñas y los pasillos angostos se conjugarán con la frialdad de Chow para encerrar sentimientos. 


Solo veremos la terraza del hotel en los momentos donde la hija del dueño del hotel va a llorar de tristeza, como el lugar ideal para sacar las emociones afuera. En algunos casos, Kar-Wai mostrará lo justo y necesario, focalizará quizás más en los sonidos, que en las imágenes, recordando una escena donde se ven los pies de la vecina sobre una pila de libros, mientras se escucha gritos de placer de fondo. La fotografía y la música, entonces, serán fundamentales para que el film sea completo. Shigeru Umebayashi y Peer Raben serán los encargados de mezclar óperas con canciones como Perfidia y Siboney, en un español que queda sonando de fondo en nuestras mentes. Kar-Wai también utiliza distintos idiomas, según los protagonistas, como el mandarín, el cantonés o el japonés, lo que hace todo mucho más real. Real como los recuerdos, esos que vienen a la mente de Chow cada tanto y que no puede olvidar, aunque pase el tiempo. Elegirá ese camino. Preferirá pasiones de una sola noche, evitando que el tiempo lo deje otra vez sin nada. Ese tiempo que dicen que cura todo, pero no es más que una simple frase de fantasía. Ese que se escurrió una vez, mientras el tren se alejaba, y nos dejó con miles de preguntas sin responder, esperando que alguien nos saque de ese refugio que es la soledad.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones



La mañana me encuentra sospechando en el aire ¡contaminado!,
¡Vías muertas de un expreso que quedó en el pasado!


 Nos despedimos con todo



FICHA TÉCNICA

Título original: 2046
Año: 2004
Duración: 120 min.
País: Hong Kong
Director: Wong Kar-Wai
Guion: Wong Kar-Wai
Música: Peer Raben, Shigeru Umebayashi
Fotografía: Christopher Doyle, Lai Yiu Fai, Kwan Pun Leung
Reparto: Tony Leung Chiu Wai,  Zhang Ziyi,  Faye Wong,  Gong Li,  Kimura Takuya, Lau Ka Ling,  Chang Chen,  Maggie Cheung,  Ah Ping

SINOPSIS


Un escritor que creía escribir sobre el futuro, en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. En su novela, un misterioso tren salía de cuando en cuando con dirección al año 2046. Todos los que subían a él lo hacían con el mismo propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decía que en 2046 nada cambiaba. Nadie sabía a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los que viajaron regresó jamás. Con una excepción. Él estuvo allí. Se marchó voluntariamente. Quería cambiar.