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miércoles, 10 de diciembre de 2025

CONVIVENCIA DE CARLOS GALETTINI

PROGRAMA 489 (21-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Dos íntimos amigos, uno un porteño práctico (Brandoni) y el otro un español intelectual (Sacristán), pasan los fines de semana en una quinta en El Tigre, en el Delta del río Paraná. Un día de tormenta llega Tina (Dopazo), una joven extraviada, que afectará la relación entre ambos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un recuerdo se cuela en un pasillo oscuro, repleto de hojas secas. El viento las fue trayendo y amontonando. Se siente una risa que le da un poco de calor y color a esa imagen. No la encuentro como real, sin embargo, ella trae el aroma de su perfume y la suavidad de su piel. La vida es un poco más digna, podría decirse. Por ese pasillo salió por última vez. Sus rulos perfectos se bamboleaban con violencia. El ruido de los pasos despertaba hasta al pájaro más soñador. Las horas, días, meses y años se esfumaron en un suspiro. No hubo una despedida. Ni siquiera un hasta luego. Solo nos volvimos dos desconocidos que terminaron un pacto tácito. Un contrato sin formalizar. Los platos se habían amontonado y el café destilaba un gusto amargo. La cama quedaba enorme y las sábanas se arremolinaban en un costado. Los colores se volvían apagados, grises, sin alegría. Las paredes se descascaraban. Así que eso era la felicidad y no lo había notado. Al final, bastante imbécil había resultado. 



¿Qué era todo esto entonces? Tristeza, me repetía a mí mismo. Y así buscaba como escapar de ahí. Pero no, cualquier alegría duraba un tiempo y después volvía a la programación habitual. Soledad pensé luego. Era lo más lógico. Lo que todos te repetían. Pero no, siempre fui alguien que se llevó bien con la soledad, por lo tanto, había que tachar esa idea. Y un día mientras un tango sonaba apareció la nostalgia. Si, debía ser ella. No tenía dudas. Los recuerdos, las voces, los aromas y hasta las ausencias eran el combo de momentos que venían bajo ese nombre. Eran esas mezclas de felicidad y tristeza, de pasión y desencanto, de amores y odios. Se extrañaba todo a la vez. Y resurgía esa trillada frase que cita que todo tiempo pasado fue mejor. No sé si en este caso lo era. Seguramente no. Y llega la noche y vuelve a aparecer con fuerza. Y es en ese pequeño momento que llega el deseo de que esa nostalgia se transforme en convivencia.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CONVIVENCIA

 


Miro por la ventana y llueve. Las gotas golpean el vidrio y el techo de chapa del pequeño galpón del patio que resuena como si fuera a quebrarse. Llueve con fuerza, con violencia. De manera copiosa, densa. El agua cae sin casi dejar lugar entre gota y gota. Chet Baker gira en el toca discos interpretando Lonely Star y tu mano se posa en mi hombro. Me sacas el cigarrillo, lo dejas sobre el cenicero repleto de colillas, me invitas a pararme y apoyas tu cabeza sobre mi pecho. No bailamos, pero nos movemos al ritmo de la música. Te abrazo fuerte, intento retener tu olor, la textura de tu piel, la sensación de ese no baile. Algo cae en la cocina que nos sobresalta. Corro, está oscuro. Piso vidrio. Enciendo la luz, la lluvia de fondo ruge cada vez más fuerte, enfurecida, la chapa golpea ensordecedora. Ya la música no se escucha, estás sentada, una copa de vino destrozada en el suelo es el reflejo fiel de tu ánimo. Intento darte la mano y te levantas espantada, furiosa. Tu mirada se clava en la mía con una frialdad que te desconozco. Gritas, me insultas, exigís. El vino recorre las baldosas como la sangre de un órgano vital herido de muerte, incurable, irreparable. Salís de la cocina empujándome, jurando no volver. En pocas palabras me convertís en una bestia en la que temo reconocerme injustamente. Intento seguirte por las escaleras que llevan a las habitaciones, pero no te alcanzo. Un relámpago ilumina los escalones. Afuera el mundo se desarma en agua y truenos, en viento y sudestada. La furia de la naturaleza golpea sobre los vidrios, las ventanas, el viento cierra las puertas con violencia, como invitándolas a no volver a abrirse jamás. Llego al piso de arriba y escucho el llanto de una nena. Es nuestra hija que llora en su cuarto desconsolada. La pequeña Zoe con sus 8 años, acostada en su cama hecha un bollo, temblando, abrazada a una soledad infinita. Me acuesto a su lado e intento calmarla. Finge hacerlo, lo hace por mí. Es ella quitándome angustia, es la niña curando al padre con sus manos de hada, con su mágica forma de ver las cosas que la hacen vencer el miedo, alejar la pena para ponerme a salvo. Sabe, de alguna manera, que el vulnerable soy yo. Por más que ella sienta el mismo dolor. Por más que ella tenga el mismo vacío en el pecho. Lo lee en mis ojos, en el temblor de mis manos. Con dulzura me acaricia y me abraza, un abrazo eterno, un abrazo que aun siento apretando mi cintura, dándome calor en el pecho. 



Acaricio su pelo largo, larguísimo. Le prometo que vamos a estar bien sin lograr que ninguno de los dos lo creamos. Nos llena el silencio. Y sus ojos me miran. Se produce quizás la más tierna de las conversaciones jamás tenida entre ambos. Desde el silencio, desde otro plano, sacando la palabra de lugar, poniendo en juego otros sentidos, otros sentires. Ya sin tiempo, sin edades, leo en sus ojos una sabiduría abrumadora, una compasión emotiva. Ese pequeño instante volverá a mí cada vez que lo necesite, será la tabla en la tempestad, será lo que ayude a no ahogarme entre tanta lluvia. Alguien cierra con fuerza la puerta principal de la casa. Suena seco, fuerte, decidido. Suena para siempre. Suena como deteniendo el tiempo, como jurando no volverse a abrir, suena a sentencia, a castigo. Bajo las escaleras corriendo. El pasillo hasta la puerta pareciera alargarse cada vez más. Una melodía entra lenta, algo sucia. Sigo caminando por aquel túnel oscuro que me lleva a la puerta de entrada. La lluvia pega fuerte sobre los vidrios del ventanal del comedor. Reconozco la melodía, Es Chet Baker, es Lonely Star. Alguien fuma  sentado solo sobre la ventana, mirando la lluvia. Se la oye golpear sobre el techo de chapa del pequeño galpón del patio como si fuera a partirla. La casa está oscura, sola, fría, inmensa. En cada rincón aguarda como un sicario una historia. La lluvia no cesa y sin saberlo la casa se llena de fantasmas que se protegen de ella a mi lado. La nostalgia puede ser la peor de las celdas cuyos barrotes ilusorios detienen el tiempo para nosotros y nos dejan bailando con nuestros propios espectros hasta caer muertos, viviendo quizás una vida de anécdotas que ya sucedieron, una vida cobarde, que se niega a la aventura del hoy. La gran aventura queridos amigos, no está en juntarnos con la tribu a narrar aquellas historias de cuando soñábamos conquistar el mundo sobre aquel barco de velas rojas. Nosotros, que hoy traicionamos a aquellos niños vistiéndonos de traje, cobrando un sueldo, alejándonos de lo salvaje, prefiriendo lo seguro y olvidando el bosque para siempre. No, la gran aventura está en seguir sumando anécdotas, contar historias de ayer para programar las de mañana. Ese es el juego, eso es ganarle al tiempo y escaparle, de alguna manera a aquel sentimiento trágico de la vida. El film Convivencia de Carlos Galettini, adaptación de la obra teatral del dramaturgo Oscar Viale, viene a reflexionar sobre todo aquello, sobre la nostalgia, sobre el tiempo, sobre la aventura. Será un film alegórico, metafórico, un hermoso juego de luces y sombras donde nada será lo que parece. De este juego nace el cine, y este es el juego que decide jugar Galettini a la hora de adaptar su obra. Del teatro quedaran algunos códigos como la economía de escenarios o la necesidad de una urgencia. 



La sudestada será la excusa inminente para mantener a los personajes dentro de la casa. Si nos manejáramos dentro de los códigos del teatro, bastaría con solo nombrarla para armar en el espectador la idea del temporal, en cambio, siendo una obra cinematográfica, nobleza obliga, el deber es mostrar aquel temporal para que el verosímil funcione. La cinta recordará a otro film ya tratado en esta tertulia llamado The House, película filmada por nuestro gran amigo Sharunas Bartas, en el tipo de tratamiento que se le dará a la casa donde sucederá toda la acción. El relato comenzará con una bruma que se disipará de a poco y dejará ver una vieja casona del Tigre bastante descuidada, la cámara seguirá en travelling e ingresará por transición. Adentro presentará a los otros personajes Enrique y Adolfo. El primero más mundano, más visceral, más natural y salvaje, el segundo más racional, más cultural y medido. La casa funcionará como un personaje más que los contiene, un personaje donde, tal como decíamos, será habitado por la nostalgia que los mantendrá atrapados en sus propios recuerdos. No podrán salir de allí, estarán atrapados como en un loop temporal, narrando las mismas historias, discutiendo los mismos detalles. Habrá un intento de cambio al llegar ella, Tina. Una especie de diosa que intentará curar esa nostalgia. Será lo nuevo, lo joven, lo bello. Hará funcionar el tiempo dentro de la casa, alejando por unos instantes al recuerdo, haciendo que los personajes habiten el aquí y el ahora. Pero no lo logrará. Tina se irá sin haber podido cumplir su misión. Vencerá la casa, la neblina. La muerte, que los estará esperando bajo la lluvia en forma de sombra. Podremos nosotros, los espectadores, quizás ir un poco más lejos en la interpretación de las alegorías y preguntarnos qué estamos viendo realmente. ¿Qué es real y que no dentro del relato? Es llamativo lo opuesto de los dos personajes protagónicos, la parte racional y la parte salvaje. Los recuerdos. La nostalgia. La casa. La neblina que lo confunde todo. Da la sensación, sin forzar demasiado las cosas, que el autor quiere contarnos cómo funciona la cabeza de una persona melancólica encerrada en sus recuerdos. La casa, su cabeza, luchando dentro de ella contra las imágenes que se repiten una y otra vez, deteniéndolo en el tiempo. Como aquellos amigos que cuentan las mismas anécdotas, se hace un silencio, las risas muren despacio y luego alguien paga la cuenta y se retiran del bar en silencio. Entiendo Convivencia en este sentido, veo en ella esa lucha, ese temor de morir sin avanzar, de morir creyendo estar viviendo una vida de aventuras mientras seguimos las reglas de otros, mientras vendemos nuestra libertad para que otros decidan sobre nuestra suerte. El tiempo se acaba, la aventura es ahora, el resto, queridos amigos, es solo ausencia.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GALETTINI

 


Nacido en Buenos Aires, fue asistente de dirección en La tregua de Sergio Renan, la primera película argentina nominada al Oscar en el año 1975. En ese mismo año dirigió su primer film: Las sorpresas, una película de tres episodios junto a Luis Puenzo y Alberto Fischerman. El segmento de Galettini se tituló Corazonada. Un año después y en solitario, filma Juan que reía, con un gran elenco como Luis Brandoni, Luisina Brando, Federico Luppi, Enrique Pinti, entre otros. La historia de un vendedor de vinos que quiere ascender, pero que cuando le roban su auto (un Citroen 2cv), que no está asegurado, empieza una curva descendente inevitable. En 1979 dirige Cuatro pícaros bomberos, sobre unos bomberos que se ven involucrados en la estafa a un empresario de la carne. Ese mismo año dirige también La aventuras de los paraguas asesinos, donde los ya clásicos Tiburón, Delfín y Mojarrita, intentan luchar contra unos criminales. Este film, y los dos siguientes (Los superagentes y la gran aventura de oro, y Los superagentes contra todos), han sido calificadas como propaganda ideológica a favor de la Última dictadura.



En 1983 filma Se acabó el curro, sobre dos típicos chantas que quieren estafar a un turista peruano en medio de la especulación financiera de la época. En 1984 dirige Los tigres de la memoria, la historia de Carlos, quien buscando noticias de sus hijos exguerrilleros, acepta colaborar con su restaurante en una red de traficantes de drogas. En 1986 llega Seré cualquier cosa, pero te quiero, sobre una mujer de 40 años que se enamora de un fontanero. A partir de 1987 empieza con una serie de clásicos que conocemos todos, con cuatro nombres asociados a sus películas: Emilio Disi, Berugo Carámbula, Alberto Fernandez de Rosa Gino Renni, sumados a Paolo el Rockero, empezaban sus aventuras Los matamonstruos en la mansión del terror, que luego prosiguieron en Los bañeros más locos del mundo 1 y 2, y Los pilotos más locos del mundo.



También aparecieron clásicos como Las locuras del extraterrestre, y las 4 partes de Los Exterminaitors con la dupla Disi-Francella. Entre todas esas películas cómicas filmó en 1991: Charly, días de sangre, la historia de un joven con problemas (Fabián Gianola) que es llevado a una quinta donde murió quemado su hermano. La idea es disfrutar de un fin de semana agradable, pero un asesino serial amenaza al elenco y a la hiperinflación por entonces reinante. Vuelve un poco a las fuentes con Convivencia, donde gana el Condor de Plata a Mejor Película en 1993. La historia de dos amigos que viven en el Tigre, uno es porteño (Brandoni), el otro español (Sacristán), pero de repente aparece una chica (Dopazo), que amenaza con romper la amistad. En 1996 llega Policía corrupto, donde Romero es un policía de la división antinarcótico. Es ambicioso y no tiene escrúpulos y se mueve en un oscuro mundo de prostitutas, narcotraficantes y políticos. Todo se pudre cuando Romero se queda con un vuelto importante. El film estuvo teñido de escándalo al recibir un alto subsidio, luego incluso de haber sido declarado como "sin interés". El director renunció en el primer día de montaje (en los créditos figura un seudónimo); y la productora le inició juicio a Gerardo Romano, quien declaró: "esta debe ser la peor película argentina en años". Ese mismo año dirige Besos en la frente, y dos años después le encomiendan dirigir la segunda parte de Dibu, la exitosa serie argentina para chicos.



En 2003 llega Ciudad del sol, la historia de Manuela, una estudiante que empieza a encontrar los porqué del suicidio de su madre, en un pasado celosamente guardado, con un elenco importante como Darío Grandinetti, Jazmín Stuart, Leonor Manso, Luis Luque, Nicolas Cabré, Patricio Contreras, entre otros. Su último film fue La patria equivocada, en 2011, en la que Clarita se enamora de Clorindo y abandona su bien posicionado hogar para dedicar su vida a su marido, desertor del ejército, y a sus ideales. Luego de la muerte de Clorindo, busca otro destino para su hijo. Los descendientes de esta familia, irán recorriendo la historia de la construcción de la Argentina atravesada por el orgullo, la pasión y la venganza. Con Juana Viale como protagonista.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Convivencia

Año: 1993

Duración: 97 min.

País: Argentina

Dirección: Carlos Galettini

Guion: Carlos Galettini, Luisa Irene Ickowicz

Reparto: Luis Brandoni, José Sacristán, Cecilia Dopazo, Betiana Blum, Víctor Laplace.

Música: Oscar Kreimer

Fotografía: Félix Monti

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 3 de septiembre de 2024

LARGO VIAJE HACIA LA NOCHE - DI QIU ZUI HOU DE YE WAN DE BI GAN

PROGRAMA 443 (30-08-2024)

 

SINOPSIS

 

Luo Hongwu regresa a Kaili, su ciudad natal, de la que huyó hace varios años. Comienza la búsqueda de la mujer que amaba, y a quien nunca ha podido olvidar. Ella dijo que su nombre era Wan Quiwen. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La memoria es un oficio que ejerzo cada vez menos. Hablo de la memoria personal, no de aquella otra colectiva que nos construye como sociedad. La angustia que trae aparejado el recuerdo nostálgico deviene sin dudas de aquel sabor a muerte que nos deja en la boca la imagen evocada cuando se esfuma en la fugaz espuma de su devenir. El aficionado al recuerdo entiende aquella soledad en la que nos deja la imagen perdida como una marea que sube y baja todo el tiempo, como un oleaje sereno que en su ronroneo nos susurra suave al oído que nada vuelve de la misma manera. Los confines del recuerdo son siempre tierras áridas, castigadas por una bruma densa y constante, habitadas por temibles fantasmas cuya malévola finalidad no es otra que la de confundir al viajante. Quien emprende la travesía de la memoria, aquel que se entrega al canto de sirenas del recuerdo, deberá saber que se encuentra siempre en peligro. Aquellos espectros infernales esperan la llegada confiada del memorioso para abusar sin ningún reparo de su fe poética. Comenzará allí un chantaje sentimental absurdo repleto de caras conocidas, de supuestos sentimientos heroicos, de coincidencias exactas, de momentos justos, de lugares precisos. Aquellos serán algunos de los materiales con los que esas sombras aberrantes levantarán las paredes del letal laberinto de la memoria. El fin del viaje es conocido por todos nosotros. Quedará el memorioso ensimismado olvidado en el centro del laberinto, perdido para siempre en los destellos de una vida que no fue. Los fantasmas del recuerdo irán modificando cada anécdota para ajustarla al relato exigido por el viajante. El hechizo será potente y ponzoñoso, el engaño será preciso para que la víctima no descubra jamás el truco. 



Vivirá entonces el sentenciado una vida alumbrada por el farol de viejos relatos, generando de esa manera una inmensa sombra que será su presente. Morirá en el recelo de historias deformadas y mentirosas, entre frases del tenor de “si usted me hubiera visto en aquellos años…” o aquella otra “porque en mi época…” A partir de allí toda forma será engaño, todo brillo el de una estrella muerta. No habrá nunca posibilidad de pensamiento para aquel olvidado en el laberinto de la memoria. Pensar es olvidar diferencias, es conseguir la capacidad de abstracción.  De todas maneras, siempre estaremos tentados al recuerdo porque el olvido lastima. El olvido nos propone empezar de nuevo, genera movimiento, entrega al cuerpo para que las cosas sucedan. Recordar nos protege de próximos fracasos, presiente antes de amar haciendo de esa apuesta un barato juego de naipes, un negociado inescrupuloso donde las partes protegen intereses. Nada bueno lograremos cayendo en el sinuoso laberinto del recuerdo. No habrá premio para aquella aventura. No volverán jamás las canciones, los poemas, los amigos ni los amores. La única manera de reencontrar un amor perdido es en otra persona. Buscar personas y tiempos que ya han pasado es una actitud demencial que conduce a la perdición. Bien sabemos que este viaje será arduo y complejo, es por eso que hemos decidido llevar aquella luz de nuestra existencia bien pegada a nosotros, iluminando nuestro aquí y ahora. Solo de esa forma tendremos la oportunidad de girar nuestra mirada para observar el camino transitado y ya sin correr ningún peligro, lejos de toda nostalgia, ver el largo viaje hacia la noche.          

 

Lucas Itze.-        

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LARGO VIAJE A LA NOCHE

 


Un día como cualquier otro, caminaba junto a un amigo por el microcentro porteño. De repente, entramos a esos juegos de realidad virtual. Casi sin pensarlo, mi respiración se agitaba. Tenía un arma en la mano y alguien nos perseguía. El lugar era muy oscuro. Había caños y caminos enchapados por doquier. Luces de neón verdes y rojas eran la poca iluminación que tenía. De pronto giré hacia la derecha y vi a mi compañero de viaje correr para un lado. Como si ya lo hubiese vivido antes, le grité para que vaya para el lado contrario. En ese momento sentí que eso lo había visto o soñado alguna vez. ¿Cómo iba yo a saber de ese peligro si nunca realmente estuve allí? Mis pensamientos hicieron que quede paralizado en la escena. Luego de unos minutos deambulando por ahí, la imagen se fundió a negro y otra vez estábamos en las calles porteñas. De repente el sonar de un teléfono le dio fin a la historia. Todo había sido un sueño, pero… yo sentía que lo había soñado antes, sino… ¿Cómo saber de dónde iba a venir el enemigo para dar aviso a mi compañero? ¿Por qué parecía haberlo vivido? Este mismo amigo recuerdo que contaba que él pensaba en algo y a la noche soñaba con eso, cosa que claramente no le creíamos. ¿Y si era verdad? Total, los sueños son sumamente propios. El amigo Freud fue quién empezó a interesarse por ellos. Uno de sus mayores descubrimientos fue que los individuos padecen de emociones enterradas en el subconsciente y que estos ascienden a una superficie consciente durante los sueños que cada uno tiene. Según su interpretación, en primer lugar, para lograr interpretar los sueños, se deberá descomponer el relato en diferentes partes y realizar preguntas (¿Quién había en el sueño?, ¿Qué enfrentaba?, ¿Cómo me siento con ello?) y al final se revelará el sueño como una realización de deseos propios, conocido como "deformación onírica”. 



El tiempo, además, en los sueños es infinito. Es allí donde uno hace y deshace las horas a su antojo. Allí no miraremos el reloj continuamente, y aunque no lo crean, eso es un triunfo. Y la memoria, ¿Qué papel juega en todo eso? ¿Cuánto de ese subconsciente está abrazado directamente a la memoria? A lo largo de estos años hemos traído este tema muchas veces. Y todavía le seguimos dando vueltas. Sueños, tiempo y memoria. Tres palabras que siempre suelen estar conectadas. Así como las conecta el talentoso Bi Gan en su film Largo viaje hacia la noche (que nada tiene que ver con la obra de Eugene O´Neall). El cineasta chino nos trae la historia de Luo Hongwu, quien regresa a Kaili por el funeral de su padre, para comenzar la búsqueda de una mujer que amó y no pudo olvidar: Wan Quiwen. Bi Gan nos lleva por un viaje hipnótico, donde la música, las imágenes y los colores se unen para embellecer la pantalla. ¿Entendemos lo que estamos viendo? No del todo, pero seguimos ahí y eso es un punto a favor. El film estará dividido claramente en dos partes. Esa primera parte durará un poco más de una hora, notaremos que el guión no será lineal y viajaremos del presente al pasado todo el tiempo, por lo que hablamos también de una estructura circular, algo que quedará confirmado con el travelling final. Conoceremos a esos dos amantes y también a otros personajes que serán parte de la historia, como Wildcat, un ladrón y amigo de Luo por el que comenzará todo el drama. La memoria será la protagonista de todo ese desarrollo. A través de lo poco que recuerda de Wan, Luo intentará encontrarla de alguna forma. Habrá algo de Wong Kar-Wai en cada fotograma. El verde será el color protagonista por tres elementos claves de la historia: un reloj, un libro y un vestido. El rojo será el otro color que resalte. La lluvia incesante, hasta en lugares techados, creará una atmósfera pesada y densa, como si estuviera en La Zona de nuestro amigo Tarkovski. 



Los planos fijos y los planos generales tendrán una perfección absoluta, habrá algunos primeros planos bellísimos y tristes a la vez. La música será la musa perfecta para la combinación audiovisual. Seguiremos en ese comienzo a Luo sin entender mucho de lo que pasa. Sabremos, eso sí, que, si una manzana aparece, una lágrima caerá por alguna mejilla. Detalles que trataremos de descifrar a lo largo del metraje. A borbotones tendremos que ir juntando información de Luo. Trabaja en un casino y se da a entender que está familiarizado con el crímen organizado. Wan, su amor perdido, era la mujer de un gángster llamado Zuo, quien además asesinó a su amigo Wildcat por no cumplir una entrega. Esa vieja historia se mezclará con el recorrido actual donde nuestro amigo visita su viejo barrio y los recuerdos empiezan a aparecer. Ciertos lugares y objetos aparecerán para darle importancia al relato: el restaurant de su madre, el cine, un libro de poesías de portada verde, una foto con un agujero, las manzanas que nombramos anteriormente… El tiempo se deforma y se trasforma y por momento nos perdemos, pero que importa, el juego ya lo estamos jugando. Otra vez un reloj, en esa metáfora del tiempo, servirá para iniciar el otro viaje de Luo, cuando encuentre un número de teléfono y una foto de Wan. Su búsqueda será incesante en otro pueblo donde parece que siempre es de noche y la lluvia no para nunca. 



Se encuentra con una prostituta que le dice que espere en un cine. Luo se pone sus anteojos 3D y… el título de la película comienza. Asistiremos entonces a aproximadamente 59 minutos de una de las cosas más bellas, hipnotizantes y perfectas que dio el cine. Será un viaje en un plano secuencia que nos llevará con Luo a recorrer esa noche. ¿Lucimiento egocéntrico o un recurso expresivo? Pueden ser las dos, o ambas a la vez. “La diferencia entre cine y memoria es que las películas siempre son falsas. Están compuestas por una serie de escenas” nos había anticipado nuestro protagonista. Aparecerán personajes que nos recordarán a otros, pero ni nosotros ni el protagonista tendremos la respuesta final. Nos meteremos en una mina abandonada, nos subiremos a una moto y luego a una aerosilla, para terminar en un pool o recorriendo pasillos de ese pequeño pueblo. Lo veremos desde la tierra, pero también desde el cielo, volando por sobre esos techos. Aquí ya no hay lluvia y las luces le dan un poco de vida al lugar. La cámara seguirá todo hasta que se apague la última chispa de una bengala. Nos quedaremos pensando si ese final es todo producto de un sueño. O si todo en definitiva lo fue. O que parte de eso será relativo a la memoria. Capaz no tendremos muchas respuestas, aunque, en definitiva, lo importante fue ser parte de ese onírico viaje.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BI GAN

 


Bi Gan nació en la ciudad de Kaili en la provincia de Guizhou en junio de 1989. Durante sus años universitarios, Bi vio Stalker de Andrei Tarkovsky, y luego declaró en una entrevista: "El cine puede ser diferente [de las películas convencionales]; puedes hacer lo que quieras. Lo que había visto hasta ese momento eran principalmente películas de Hollywood. Lo que me enseñaron fue bastante aburrido". Debido a esta película en particular, decidió dedicarse al cine. "Antes de eso, mis padres y mis parientes pensaron que me quedaría sin trabajo después de graduarme porque no quería hacer nada". En 2010 realizó el cortometraje de ficción South, que ganó el primer premio en el Festival de Cine "Guang Sui Ying Dong" (La luz sigue el movimiento de la sombra), patrocinado por la universidad. Dos años más tarde, en 2012, realizó un cortometraje en blanco y negro, Diamond Sutra (también conocido como El poeta y cantante), que presenta una historia de asesinato en un pequeño pueblo aislado en la montaña. La película recibió el Premio de Mención Especial de la 19.ª Ifva de Hong Kong (Incubadora de Cine y Medios Visuales en Asia), un premio organizado por el Centro de Artes de Hong Kong,​ y se ubicó entre los 10 primeros en el 9º Festival de Cine Independiente de China en Nanjing. En 2015, el largometraje debut de Bi, Kaili Blues, escrito por él, le dio al director emergente una mayor exposición. La película obtuvo el premio al Mejor Director Revelación en la 52.ª edición de los Golden Horse Awards,​ el Premio FIPRESCI,​ el Premio Montgolfiere de Oro en el 37º Festival de los Tres Continentes de Nantes,​ y la Mejor Ópera Prima Premio en el 68.º Festival de Cine de Locarno. 



Kaili Blues nos narra qué en la mística y subtropical provincia de Guizhou, hay una pequeña clínica donde trabajan dos doctores de vida tranquila. Uno de ellos, Chen Sheng, debe viajar para ir a buscar a su sobrino, que ha sido abandonado por su padre. Durante el viaje, Chen Sheng para en un lugar llamado Dang Mai, donde el tiempo parece haberse detenido y donde la vida de sus habitantes es un misterio. En 2017, Bi escribió y dirigió su segundo largometraje, Largo viaje hacia la noche, protagonizado por Tang Wei, Huang Jue, Sylvia Chang y Lee Hong-chi. La película también tiene su sede en la provincia de Guizhou y se estrenó en 2018. Su último trabajo también es un corto titulado Una historia corta.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Di qiu zui hou de ye wan (Long Day's Journey Into Night)

Año: 2018

Duración: 133 min.

País: China

Dirección: Bi Gan

Guion: Bi Gan

Reparto: Sylvia Chang, Yongzhong Chen, Jue Huang, Lee Hong-Chi, Meng Li, Wei Tang

Música: Lim Giong, Point Hsu

Fotografía: Dong Jingsong, David Chizallet, Yao Hung-i

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 25 de agosto de 2020

CUANDO HUYE EL DÍA - SMULTRONSTÄLLET


PROGRAMA 294 (14/08/2020)

 

SINOPSIS

 

El profesor Borg, un eminente médico, debe ir a la ciudad de Lund para recibir un homenaje de su universidad. Sobrecogido, tras un sueño en el que contempla su propio cadáver, decide emprender el viaje en coche con su nuera, que acaba de abandonar su casa, tras una discusión con su marido, que se niega a tener hijos. Durante el viaje se detiene en la casa donde pasaba las vacaciones cuando era niño, un lugar donde crecen las fresas salvajes y donde vivió su primer amor. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Las paredes se resquebrajan. La pintura empieza a olvidar su color original. Ciertas telarañas se mecen al compás de una breve brisa. Un reloj empieza a anunciar el silencio. Las sirenas suenan con más fuerza. La muerte acecha y el día muere en su inocencia más cruel, más profunda, más insolente. De fondo la tv ataca. Con violencia. Con esa verborragia tan apabullante como mentirosa. Y las horas se hacen eternas. El tiempo empieza a tirar los dados y a esconder las cartas. Ya no tendremos el as bajo la manga. Será todo cuestión de azar o de destino. 

La cabeza mientras tanto sigue trabajando a mil. Los pensamientos se entrecruzan como los malditos cables de esos auriculares vencidos. La música calma las fieras y nos saca una sonrisa en medio de tanto caos. La rutina se vuelve normalidad y los días parecen clonados. Una foto vieja yace en un cajón olvidado. Recuerdos amarillentos vuelven a formar parte de la memoria. Y la sonrisa de niño empieza a desaparecer como por arte de magia. Y cae la noche y también las caretas. El reloj anuncia un nuevo amanecer y nada parece cambiar. Solo las hojas del almanaque que caen apesadumbradamente. Ya sin ganas, como ausentes de toda histeria colectiva. Gambeteando el final. Y huyendo del tiempo que se obsesiona con seguir corriendo...

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CUANDO HUYE EL DÍA


 

En estos tiempos que nos toca transitar, donde la introspección es un puma escondido en las oscuridades de cualquier rincón, no está mal hablar del tiempo. Por lo general, en la niñez, el tiempo está vinculado a la esperanza. Por aquellas primeras épocas, donde el desengaño es un acorde que aún no nos han enseñado, tiempo y esperanza son la misma cosa. Luego pasaran los años y el presentimiento nos invitará a ir a menos, a apostar poco, a hacer del amor este almanaque obsoleto lleno de pretensiones. Ya no habrá aquella seriedad al jugar y todo estará atado a una regla, a una oscura y temible cadena. Están allí, abrazando nuestras piernas a cada paso, brillando en cada ritual, manteniéndonos fuera de los bares y del peligro. Porque lejos del peligro ya no seremos aquellas bellas panteras de miradas profundas y movimientos elegantes, con un instinto que lejos de detectar una oferta conveniente, nos salve la vida, la nuestra y tal vez, la de nuestra manada. En este sentido, mientras miramos de reojo nuestros propios tobillos, podemos aventurarnos brevemente a reflexionar sobre aquellas cadenas que construyen veredas rectas y generan esquinas arbitras. Uno de los grandes grilletes del hombre, tal vez sea el tiempo. Por más que queramos y lo deseemos con ganas ninguno o ninguna de los que hoy escuchamos o participamos de este programa podrá abrazarse a Eisenstein o gritarle en la cara todo su racismo a ese tipo que filmo películas con el nombre de Griffith. Ninguno o ninguna de los que estamos hoy acá, podrá avisarle a John que no firme ese autógrafo. Otro grillete es el espacio, claramente no podemos estar en dos lugares al mismo tiempo. Por compleja que sea la pirueta cósmica que realice quien les habla, jamás podrá estar diciendo estas zonceras en el estudio mientras lee recostado en su cama aquello escrito por Borges sobre que Chuang Tzu soñó que era una mariposa. 

Y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre”. Finalmente, el otro de los grilletes es la lógica. Por mucho que gritemos en los bares discutiendo con nuestros amigos y amigas, Pi seguirá representando 3,141592 y esto será así por más que el dueño del boliche invite los tragos. Habiendo dicho esto, podemos entender que nuestro gran amigo Ingmar Bergman pensaba en las mismas cadenas cuando realizo este film maravilloso que hoy nos sienta alrededor de esta fogata, llamado “Fresas Salvajes” o como se conoció en Hispanoamérica, ciertamente con mayor gusto, “Cuando huye el día”. Estaremos, una vez más, frente a un film existencialista de aquel mago del guion, la puesta en escena y la fotografía llamado Bergman. El relato se centrara en Isak, un anciano profesor a quien una universidad nombrará como doctor honoris causa. En aquel suceso trascendental de su vida, se generará una introspección profunda que se servirá de herramientas surrealistas y  romperá aquellas cadenas antes nombradas para ser narrada. Habrá existencia de bulto y no sombra de existencia según términos de Unamuno. Sera el propio Isak siendo interpelado e interpelando a su vez a su pasado. Todo este juego en aquel ápice vertiginoso del presente. El film poseerá una de las más maravillosas fotografías en blanco y negro que este pobre mortal haya visto nunca. La estructura narrativa falseará una linealidad que se verá rota en si misma cuando descubramos que es el pasado el que se inmiscuirá en el presente. El director nuevamente se servirá de manera exquisita del lenguaje audiovisual, de los tiempos teatrales (en ese tono estará resuelta la dirección de actores), de la profundidad en los diálogos, de la magia del monocromo para construir un relato sólido, profundo y sincero. Por allí andará un personaje que pensará que lo tendrá todo (reconocimiento, dinero, prestigio) y que se dará cuenta con el devenir del film  que en realidad nada es lo que tiene. Será atacado en un descuido por los fantasmas del pasado que volverán sin ningún reparo ni escrúpulos a mostrarle de manera metafórica la mayoría de sus errores. Toda la película será un viaje interno de autoreconocimiento, de introspección, tal como lo describíamos en el inicio de este relato. 

Si la película ha funcionado, es probable que nos invite de alguna manera, o por lo menos nos tiente a recorrer el mismo camino que Isak. Quien les habla los ha traicionado. Desde la miseria más profundo de los sentimientos, desde la kermés misma del sentir, este aficionado al pensamiento, a la retórica, ha intentado tal como Isak, volver. Aun habiendo repetido Ad Nauseam desde este mismo micrófono que nadie vuelve a ningún lado. Que volver nos está prohibido y que el que retorna nunca es aquel que debería sino siempre otro. Hace pocos días, un amigo, un hermano me tendió su mano llena de magia y abrió una puerta. Y allí, lejos de toda ley, de toda lógica, corrí nuevamente como un nene con los cachetes rojos sobre un balcón frio y alto. Visité a mis abuelos repletos de discusiones absurdas y reproches. Lloré un amor gélido, egoísta, aquel triste amor que me encadenó a soñar con amar sin presentir. Toqué con ternura aquellas puertas del espanto, del desencuentro que también fueron puertas del deseo y del amor sincero. Aquella puerta de las lágrimas, pero también de la alegría más profunda. Aquella puerta, aquel descanso que ayudó a formar al tipo triste y descreído que hoy escribe. El tiempo fue solidario conmigo, no puedo quejarme. Encontré una gran compañera y construimos una bella familia. Una que jamás tuvimos las agallas de imaginar. Pero los fantasmas seguirán estando allí, presos de nostalgia, haciéndose más poderosos sin ninguna duda, cuando huye el día.

Lucas Itze.-                

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 

Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refugiaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la noche, Los demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. y un año después llega Una Lección de amor.


Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Fresas salvajes (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. 


En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman. 


A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), Vergüenza (1968) o Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande. Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Smultronstället

Año: 1957

Duración: 90 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guión: Ingmar Bergman

Música: Erik Nordgren

Fotografía: Gunnar Fischer (B&W)

Reparto: Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand, Folke Sundquist, Björn Bjelvenstam, Naima Wifstrand, Jullan Kindahl, Max von Sydow, Ake Fridell