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martes, 3 de septiembre de 2024

HAPPY TOGETHER DE WONG KAR-WAI

PROGRAMA 440 (09-08-2024)

 

Lai Yiu-Kai y Ho Po-Wing viven una apasionada relación. Viajan desde Hong Kong a Argentina, pero la llegada al nuevo país parece transformar las cosas y Ho, de repente, abandona a Lai. Éste comienza a trabajar como portero de un bar, con el único afán de reunir el dinero suficiente para volver a su país. Un día Ho reaparece, pero las cosas ya no son iguales... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Qué iremos a hacer con este amor que es la cura, pero también es el veneno? ¿Qué iremos a hacer? ¿Morir por amor? Después de todo no hay otra forma de morir, como tampoco hay otra forma de amar sino muriendo. ¿Qué iremos a hacer con esta historia que nos contamos, esta historia de sutiles casualidades sincronizadas por una mano invisible, de sabanas revueltas y peleas infernales? ¿Qué haremos con estos cuerpos muertos secándose al sol? Inventar al amor entre un par de circunstancias arrojadas como dados sobre un paño inexorable. Apostar al fuego a pesar del viento y del agua que nos arremete a cada instante. Inventar el mito por amor, aquella cinta que nos une para siempre en este laberinto de mentiras. Inventarlo para que algo de todo esto tenga algún sentido. Inventarlo para no alcanzarlo nunca, porque como bien sabemos, el único amor verdadero es el amor imposible, aquel al que nunca se llega y se mantiene impoluto en el inalcanzable mundo de las ideas. El amor, así como también el arte, es siempre desde la ausencia, desde la falta y allí su profunda paradoja. Al igual que el pensamiento filosófico respecto del saber, siendo el móvil del amor la búsqueda de nuestra plenitud, este nunca puede alcanzar su propósito final. El amor es la búsqueda que cuando logra alcanzar aquello que busca, se disuelve como búsqueda y entonces allí muere. Debemos desaprender el amor. Amamos según un dispositivo heredado que construye nuestra subjetividad afectiva. Pero, en definitiva, el amor es el otro y ese otro, por otro, por inalcanzable e inaccesible, duele. 



Claro que siempre está aquella posibilidad de amar apropiándose del otro, de proyectar todo lo que yo necesito que el otro sea para mi propia tranquilidad. En tal caso, todo ideal de amor será siempre una forma de ensimismamiento. Pero no nos detendremos ni un segundo a pensar en aquella forma bastarda. Para nosotros amar es siempre una aventura a la cual accedemos con la certeza de que nunca saldremos ilesos. Hablo de la maravillosa experiencia de retirar nuestro yo para que el otro sea. De amar desinteresadamente, apasionadamente. En su etimología, la palabra pasión deviene de la acción pasiva y se liga a un estado de sufrimiento. Dejar ser, apagar nuestro ego, visualizar y reconocer a aquel otro, desapropiarnos de uno mismo en función de ese otro es siempre doloroso. Para el yo, entonces, la economía del amor es siempre una experiencia de pérdida y despojo. Al poner la importancia en el otro, al entregarnos de lleno a esa dinámica, vamos siempre en contra nuestro. Lo mejor del amor es que nos saca de nosotros mismos, es que, ante la debilidad del otro, ante su vulnerabilidad, decidimos no avanzar. Es que allí, donde creíamos estar en casa, nos hace sentir finalmente un extranjero. 

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE HAPPY TOGETHER

 


Apartarse. Ir y volver. Los recuerdos grises que aparecen. Los caminos que se bifurcan. El tango como esa melodía errante. Todo lento, pero incesante. De un lugar, de un mundo que fue y ya no será. ¿Con qué ojos vemos ese pasado? Sería bueno investigarlo. Estar aquí o allá. Depende el lugar sabremos que sombras vemos y que luces nos apagan. Viajar a otro mundo. Encontrarlo tan cínicamente ideal. Sin la mochila de la historia y de la memoria atrás. ¿Desde qué punto se ve una obra? Como amenazan los recuerdos la mirada de otro que llega desde un lugar tan lejano. La época como una marca indeleble. La nostalgia, siempre de la mano y el morbo de la subjetividad. Esos caminos se cruzan muchas veces desde el punto de vista del que mira. No importa si alguien quiso contar algo totalmente ajeno a uno. Entonces agarramos esas imágenes (o la música o la historia o lo que fuere) y las hace parte de su yo. En esa transmisión de fotogramas que invocan sentidos perdidos por ese pasado que ya no es tal. ¿Mejor? No lo creo. Diferente… en algún punto quizás. Una locura adolescente seguramente. Un mundo visto desde los ojos de otro mundo encontrándose en un punto en común. Buenos Aires… Capital Federal mejor dicho. Bien sabemos que Buenos Aires significa unas cosas para unos y otras para otros. La Boca, Barracas, San Telmo. La cerveza y la pizza. Un “pizza, birra, faso” de otro estilo (dicho film se estrenaría al año siguiente). El tango y la cumbia, aunque no tengan mucho en común. El fútbol. Boca y River, con ambas hinchadas y las tribunas llenas. 



Los adoquines, que le daban ese color a una ciudad que se negaba a apagarse. El Riachuelo que ya había pasado los mil días, pero estaba peor que antes. Los años ´90. El mundo se despertaba, las guerras aumentaban, como así los países del planisferio. Empezaba otro tipo de libertinaje. Sobre el final de esa década ya el Sida no era la enfermedad rosa. Ya la homosexualidad en algunos países no estaba penalizada. Argentina estaba empezando a transitar una decadencia política que estallaría en 2001. El uno a uno y sus ventajas. Miami como segunda patria. El champagne poniendo mimosas a las mujeres del poder. Ese poder que cometía algunos de los crímenes más recordados. Las bandas más importantes que hacían fila para tocar. Y ciertos tipos creyéndose un Rolling Stone más. Daba para todo. Incluso para que algunos cineastas vengan a filmar… De su admiración por un tal Maradona pero sobre todo por la novela The Buenos Affaire de Manuel Puig, un día llegó a estas tierras Wong Kar-Wai. Nacido en China pero criado en Hong Kong, justamente un lugar donde bien saben que es ser visto por la mirada del otro, en plena pelea por si ese territorio era británico o chino. Vino para contar una historia de pasión, sábanas sudadas y desencuentros entre dos jóvenes que querían conocer las Cataratas del Iguazú. Tony Leung y Leslie Cheung eran los actores del momento, dos figuras claves del nuevo cine hongkonés. Bien sabemos que Kar-Wai más que guiones propiamente dichos suele tener muchos bocetos y es de utilizar la improvisación como parte importante de su rutina. 



El film sorprenderá con la fotografía en blanco y negro proporcionada por el clásico director australiano Christopher Doyle, habitual colaborador del cineasta. Durante ese período tendremos la presentación de personajes, conoceremos a Yiu Fai (que también será narrador de la historia) y a Po Wing, el viaje nunca hecho hacia Iguazú, la ausencia de Po y su vuelta, en medio de discusiones que terminarán en un hospital. Luego, la fotografía volverá al color que nos tiene acostumbrado el director. Esta reflejará la emoción de los personajes, el juego de colores y sus contrastes estarán directamente unidos a la experiencia de los mismos. Un juego que se combina con el tiempo, en un pase de baile bien tanguero. Habrá momentos monocromáticos, aparecerán los sepias por ciertas noches, pero como siempre, esos verdes y rojos, con algún que otro amarillo, se mezclarán para darle la clásica identidad Wongkarwaiana, su marca de poesía visual. Esa tenacidad en los colores y la cámara en mano nos meterá tan de lleno en esa habitación que por momentos nos obliga a alejarnos. Las imágenes de esos primeros planos y la cámara con movimientos temblorosos serán parte de ciertos encuentros del metraje. Sin embargo, por momentos todo se relajará y pasaremos a ser simples testigos de una pieza de baile o espiar por el vidrio de una puerta en el restaurant que Fai trabaja. Todos elementos visuales que utiliza el director para crear una atmósfera pesada y tensa, gracias también a perfiles bien diferenciados de los protagonistas. Fai es amable, tranquilo y está en búsqueda de un amor duradero y de un trabajo para poder regresar. Po Wing es terco, infiel y por momentos agresivo. Será él quien se vaya en busca de otros amores e incluyo llegue hasta la prostitución. 



El film tendrá una buena base de diálogos fluidos, donde la desesperanza por no poder volver a su país y tener que buscar lugares para dormir y trabajar marcarán la relación. Y sobre el último tercio de la película, aparecerá el tercer protagonista que acelerará la curva dramática de la película. Hablamos de Chang, un compañero de trabajo taiwanés de Fai. Será la otra voz que narre partes de la historia y aunque no esté tan desarrollada, será de vital importancia para el devenir de Fai. El tango, con Astor Piazzolla como protagonista, será el condimento ideal para enmarcar los fotogramas de esas calles porteñas. La película mostrará la trama del desarrollo entre los tres personajes principales y sus componentes locales. Desde los bares y las cantinas hasta los conventillos de La Boca. Desde los cines porno del microcentro hasta los baños de Constitución. Todo desde una mirada ajena, pero a la vez tan nuestra. Donde la suciedad y la belleza se unen. Una historia más de amor, de soledad, de desencuentros y de tristezas. Una historia más de almas que buscan un lugar mejor. De vidas que siguen su curso sin saber dónde van a dormir esa noche. Con la desilusión y la incertidumbre a flor de piel. De unas unos seres tan pequeños ante la inmensidad de esas cataratas. De que el fin del mundo no se termine en un simple faro. De una ciudad que parecía vida y muerte al mismo tiempo. El símbolo de una década que ya no está más. Y también a escucharnos. Porque “los oídos lo ven todo y mejor que los ojos” diría Chang. Y que parece raro, que ciertas miradas nos hagan acordar de esos viejos tiempos como si fuéramos nosotros mismos. Como si el mundo nos obligue a mirarnos en el espejo.

 

Marcelo De Nicola.-

 


Canción post impresiones

 



UNIVERSO WONG KAR-WAI

 



Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.

Empezó trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films, gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.

Su primer film fue en 1988, llamado El fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que están inmersos en el mundo de la mafia china.

Dos años después llegó Días salvajes, film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.



En 1994 filma Ashes of Time, donde cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.

Ese mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin Tarantino.

Un año después filma la excelente Angeles caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que vive con su padre.

En 1997 estrena Felices juntos, la historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho, aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director en Cannes.

El 2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo de Críticos de Nueva York.



Participa del film Eros, una película dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se tituló La Mano.

En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del cineasta.

Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. 



El último largo que ha filmado fue El arte de la guerra en 2013, la historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.

En estos años está preparando Blossoms Shangai, una serie contada durante dos períodos: desde la década de 1960 hasta mediados de la década de 1970, el final de la Revolución Cultural; y desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI.
Sería una adaptación de la novela de Jin Yucheng que completaría una nueva trilogía junto a sus emblemáticos títulos ‘Deseando amar’ y ‘2046’.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Chun gwong tsa sit

Año: 1997

Duración: 98 min.

País: Kong Kong

Dirección: Wong Kar-Wai

Guion: Wong Kar-Wai

Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung, Chen Chang, Gregory Dayton

Música: Danny Chung

Fotografía: Christopher Doyle

 

PELÍCULA COMPLETA

domingo, 14 de febrero de 2021

CON ÁNIMO DE AMAR - IN THE MOOD FOR LOVE

PROGRAMA 313 (15-01-2021)

 

SINOPSIS

 

Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio habitado principalmente por residentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos. Un día, ambos descubrirán algo inesperado sobre sus respectivos cónyuges. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Hoy regresé a mi viejo barrio para recordarte. Caminando por aquellas veredas donde tantas veces imagine un tal vez que nunca se materializó. Dibujé siluetas tuyas con mi sombra, sombra intocable, sombra que se transformaba cuando intentaba acercarme, que huía cada vez que daba un paso. Sombra misteriosa que pintaba tu pelo negro con el humo de mi cigarrillo. Sombra que se distraía y se ponía a jugar ser mi espejo de hoy ¡Maldita sombra que interpretó a la perfección tu papel! Hoy regresé a encontrar en aquellas huellas que dejamos y que aún siguen intactas, trocitos de posibilidades, intentos imaginarios de sinceramientos presos de absurda cobardía, fantasías que quedaron abrazadas a pedazos de mi inocencia y juventud, sensaciones de real satisfacción inmortalizadas en tus risas, aun sabiendo que el destino no tenía más que eso para nosotros.


Y entonces pensé que no teniendo nada, lo tenía todo y me pregunté cuando fue que me volví tan exigente y autoritario con mi felicidad. Si solo bastaba con quemar las horas buscando revelar el misterio que escondían ciertos gestos tuyos. La felicidad descansaba en pequeños actos desinteresados, en la búsqueda de metas inalcanzables, en besos imaginarios, en esos instantes que el viento se me aliaba acercándome tu perfume. Todo aquello que en principio parecía un homenaje a tu gracia mutó y entonces me di cuenta que no era a vos a quien buscaba sino a mí mismo. A mi yo de antaño que sin tanta tecnología sabía dónde encontrarte pero sobre todo, donde encontrarme. No teníamos nuestro Pont des Arts pero si aquella esquina, aquella magia y aquellos atados de 10 que quemábamos con la misma rapidez que se fueron esos atardeceres y que ardieron junto a la posibilidad de llegar a vos. Bebo el último sorbo de vino caliente sentado en el umbral de aquella puerta que es donde termina mi recorrido y donde te vi por última vez sin saberlo. Me despido de vos y de mí mismo con la esperanza de que este eco que aún resuena sobreviva y siga esperándome allí otros 20 años más o hasta que vuelva a perderme.

 

Alan Beneitez.-

 

Canción elegida para editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CON ÁNIMO DE AMAR


Todo empezó sobre aquella mesa de madera perdida en el fondo del lugar, bajo la luz amarillenta, junto al humeante cenicero que como una locomotora infernal me conducía sin frenos a los arrabales más desiertos que la noche escondía. Esa noche de la cual hasta las estrellas habían huido también fue protagonista de aquel comienzo. Tan frágil, tan agobiante, tan lejana. La trama ve aquella seductora danza que dibuja el humo de mi cigarrillo y sale a su encuentro sin dudarlo. Siempre supe que hay algo de adolescente en el actuar de la trama. Ese amor que no presiente, ese fuego incontenible, indomable. Esa inocencia rebelde, ese desacato militante para con los horarios y las tradiciones. Uno termina cediendo ante sus caprichos, pero aun así buscamos tenderle trampas. Buscamos parecer mejores de lo que somos, solo para retenerla un rato más, un café más, un último renglón más. Hacemos talleres para seducirla, buscamos una vida de excesos, nos perfumamos de bohemia. Visitamos bares y hasta tiramos botellas al dormido mar de las nostalgias. Nos dejamos la barba y la vista perdida en cualquier lado. Pero la trama se va como los buenos amores, sin decir nada, sin últimas palabras, sin hasta luegos. El blanco devora toda forma como una fiera hambrienta. Ya no hay rectas, ya no hay colores. Los nombres buscan algún refugio allá lejos, muy cerca del olvido. Hace frío por acá. Ya no hay voces. No hay olores. Nadie dicta el texto. ¿Dónde está aquel jardín bañado de sol dorado? El conejo ya no viene y sin conejo no hay madriguera. ¿Cuál será mi abismo, si hasta el sol se ha olvidado de nosotros? Alejandra. ¿Por qué siempre Alejandra? Una muñeca vestida de princesa toma el té. Con sutileza de princesa y no de muñeca, bebe sin quemarse. Apoya una taza que ya no es de este mundo, sino de otro al que olvidaremos en el próximo sorbo. El ahora, aquel ápice vertiginoso. Borges. Siempre Borges.



En cada intento sus sombras aparecen a devorarlo todo. A exigir más de donde hay tan poco. El cuadro busca la altura de la muñeca princesa, todo es blanco y negro y el fondo se equilibra de manera exacta con su recorte. Exterior / atardecer en el acantilado / hora mágica. El sol cae lento por el fondo de la imagen. Vemos el moribundo recorrido del astro en su eterno tiempo real. El punto de vista no se moverá de ahí. La muñeca llora. La lágrima helada sobre el té. Bergman. Bergman y la muerte. Bergman y el blanco y negro. Siempre ellos dando forma, siempre ellos cuestionándolo todo. Allen, Von Trier, Cortázar, mi viejo. ¿Mi viejo? Si, el también y mi vieja con toda su poesía recitada, esa poesía que resuena como un río inalcanzable contando historias con su canto de rocas. Allí es donde está todo el tesoro, aquel tesoro que nunca se alcanza pero al que uno recurre como si las manos pudieran jugar con sus monedas doradas. Aquel tesoro que está pero no se toca. ¿Pero qué hacer con un tesoro que no se toca? Bueno, después de todo, un tesoro que no se toca no es otra cosa más que un recuerdo. Aventurarse al recuerdo por más que duela, volver a esas callecitas de la memoria donde todos éramos felices y todos estaban vivos. Algunos detractores querrán llevarse nuestra aventura y acercarán con sus frías manos la tentadora copa del olvido advirtiéndonos que nada de lo que uno recuerda es auténtico, que lo verdadero jamás puede ser parte de la memoria. Pero nosotros rechazaremos con cierto heroísmo aquel alivio canallesco que promete el olvido porque siempre supimos que no hay otro paraíso que el paraíso perdido. 


Esto puede parecer el final pero quizás no sea más que un intento. Tal vez es solo el comienzo. Este será el juego que nos propondrá nuestro buen amigo Wong Kar-Wai en la segunda parte de la trilogía sobre el amor llamada In The Mood For Love. Será Chow el encargado de padecer el doloroso conflicto que es siempre recordar. Intentará escribirlo todo, borrará y empezará de nuevo. Probará estilos intentando acercarse ya no a lo verdadero de una historia sino a aquel recuerdo inmanente de un amor idílico. El film estará construido con una estética exquisita. Podremos reconocer muchas influencias que ayudarán a organizar un todo diferente. Notaremos cierta narrativa Almodovariana que se repetirá en el armado de escenarios y elección de colores. Habrá cierta dramática que nos recordara la escritura de Allen. Notaremos cierto ritmo típico de Cortázar. Y los boleros sonaran para robarnos el alma, infernalmente, enfermizamente. La estructura narrativa del film no será lineal, la trama se perderá para luego volver diferente. Se crearán no espacios que serán sostenidos por la capacidad actoral de los intérpretes. Habrá escaleras que suban y bajen a la vez para llegar a habitación situadas en ninguna parte. Aunque el tono lo amerite, no estaremos dentro del terreno de lo surrealista. Asistiremos a una experiencia única de la narrativa y la memoria. La creación buscando derrotar al olvido. El arte, buscándole algún sentido a toda esta vida, a este manojo infernal de memoria que somos, a este cúmulo de ausencias infinitas, a este ser perdido entre la soledad de dos incógnitas. Este sí puede ser el final. Aunque tal vez sea solo el principio.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO WONG KAR WAI

 


Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.

Empezó trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films, gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.

Su primer film fue en 1988, llamado El fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que están inmersos en el mundo de la mafia china.

Dos años después llegó Días salvajes, film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.


En 1994 filma 
Ashes of Time, donde cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.

Ese mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin Tarantino.

Un año después filma la excelente Angeles caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que vive con su padre.

En 1997 estrena Felices juntos, la historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho, aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director en Cannes.


El 2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo de Críticos de Nueva York.

Participa del film Eros, una película dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se tituló La Mano.

En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del cineasta.



Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. El último largo que ha filmado fue El arte de la guerra en 2013, la historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.

En estos años está preparando Blossoms Shangai, una serie contada durante dos períodos: desde la década de 1960 hasta mediados de la década de 1970, el final de la Revolución Cultural; y desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI.
Sería una adaptación de la novela de Jin Yucheng que completaría una nueva trilogía junto a sus emblemáticos títulos ‘Deseando amar’ y ‘2046’.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Fa yeung nin wa (In the Mood for Love)

Año: 2000

Duración: 95 min.

País: Hong Kong

Dirección: Wong Kar-Wai

Guion: Wong Kar-Wai

Música: Michael Galasso

Fotografía: Christopher Doyle, Mark Lee

Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Rebecca Pan, Siu Ping-Lam, Mama Hung, Chan Man-Lei, Koo Kam-Wah, Yu Hsien, Chow Po-Chun, Joe Cheung, Kelly Lai

 

PELÍCULA COMPLETA

viernes, 6 de julio de 2018

EL SABOR DE LA NOCHE - MY BLUEBERRY NGHTS



EDITORIAL

Para quedarte donde estás tenes que correr lo más rápido que puedas... y si queres ir a otro sitio, deberás correr, por lo menos, dos veces más rápido… esto nos avisó Lewis Carroll antes de caer para siempre en aquella madriguera de la que jamás saldría. El amor, tal como hemos dicho más de una vez en este foro, es peligro y nada carente de movimiento ha sido hasta el momento merecedor de aquel título. El amor realmente vivo, el único que vale la pena por cierto, es aquel que es una sentencia y jamás una tibia apuesta. Aquel amor que así como un día sucede, irruptoramente, sin antesalas ni preámbulos dilatorios, puede cualquier otro dejar de suceder. Es aquel que corre y que algunas personas se ilusionan con capturar. Estarán, estos pobres seres, alimentando y siguiendo entonces una estrella y un destino que ya dejo de alumbrarlos hace tiempo. Allí, en aquella triste jaula fría como un almanaque, se creerá estar cultivando algo que durará para siempre, algo con raíces, que los identifique. Pero llegará el día en que estos personajes miren y busquen a sus costados y se descubran finalmente solos. Será evidente entonces, aquella necesidad humana de creer en absolutos, de creer en algo que se sostenga en el tiempo para sosegar de aquella manera el miedo a la muerte. 


Los que hoy hacemos este programa, proponemos tal como lo hacía Carroll, el movimiento. Nos adelantamos a los supersticiosos de las primeras filas, que ya se los oye argumentar que de esa manera sufriremos también nuestros desencantos y las angustias golpearan con sus frías manos nuestras puertas, y les diremos que ninguno de los que aquí estamos le escapamos al dolor, menos aun si proviene de aquello que amamos. Seremos nosotros elegantes en aquel sufrimiento e iremos a buscar aquello que perdimos en otras experiencias, evitando reproches y vanas solicitudes de justicia divina. Tal como hemos declarado más de una vez, amaremos sabiendo siempre que la única manera de ser felices en aquel lío es renunciando a la idea de veracidad. Amaremos entonces disfrutando aquellos instantes, fugaces y milagrosos por mas ficticios que sean. Amaremos hasta prendernos fuego, sin especulaciones y correremos dos veces más rápido para de esa manera, escaparnos también de nosotros mismo. Porque aquel amor verdadero que reivindicamos es libertad y ser libre no es jamás adueñarse de uno mismo, sino huir de aquel que somos.

Lucas Itze.-

Canción elegida para la editorial


IMPRESIONES SOBRE EL SABOR DE LA NOCHE


La mirada se posa triste en el fondo de la copa. Ni una gota rebelde de vino parece cambiar la ecuación. Los minutos se congelan en una noche nevada. El blanco quema los ojos que ya no quieren mirar. La luna se esconde entre nubes para hacer más oscuro el show. El amor se deshace mientras soñamos despiertos. Las lágrimas piden permiso para escaparse antes que uno se dé cuenta. La noche se alarga mientras las moscas de bar beben sus últimos sorbos. El primer rayo de sol iluminará la cara y aparecerán vestigios de la noche anterior. Es la señal de la última resaca, donde los amores suelen suicidarse de madrugada. Entre copas y noches iluminadas, aparece El sabor de la noche, del hongkonés Wong Kar Wai. La hermosa voz de Norah Jones mientras aparecen los créditos nos invita a quedarnos atentos. La cantante debuta como actriz en un protagónico donde se enfrenta a grandes estrellas y sale bien parada. El film será lineal, y la veremos a Elizabeth, la protagonista, llegando a un bar y preguntando por ese alguien que se transformará en pasado. El director y co-guionista (junto a Lawrence Block) dividirá la historia en tres marcadas partes, en los que ella empieza un viaje buscando encontrarse a sí misma tras la ruptura con su pareja. 


Como todo el cine de Kar Wai, la pantalla se llenará de colores brillantes que iluminan todo. De ruidos de trenes cruzan la ciudad a toda hora. Los tonos verdes, azules y rojos a los que nos tiene acostumbrados, aparecerán con un magnetismo que no nos permitirá escapar de lo que estamos viendo. Los encuadres serán cuadros perfectos, mientras la cámara se esconderá detrás de vidrios, puertas y se asomará entre medios de muebles o frascos, demostrando su gran talento para crear unas imágenes potentes, como si fuéramos los testigos de lo que pasan los protagonistas. Esos silencios que vemos desde atrás de un vidrio, no necesitan palabras. Y el director lo sabe y lo usa a su antojo, llevándonos de acá para allá. Así juega también con la cámara, como si estuviera en puntitas de pie, con movimientos ralentizados o acelerados, o tratando de encontrar un punto fijo entre tanto desenfoque. Y cuando no hay palabras, bien está utilizada la música, en la voz de Norah Jones, Ry Cooder o Cat Jones, quien hasta hace un cameo como ex novia de Jeremy. Kar Wai desembarca en Estados Unidos con una película a su manera, con una poesía visual que impacta a cualquiera pero también diferente a su obra. Ya no veremos esa suavidad en los protagonistas. 


Aquí también serán pobres diablos esperando encontrar la felicidad perdida pero transmutada a la sociedad estadounidense, donde tenemos otro tipo de perdedores, quizás también sensibles pero que no lo demuestran. De ahí que creemos que la historia no termina de cerrar. Desde este humilde espacio, sentimos que el director se queda en el medio y no se atreve a pasar la línea. Sin dudas los personajes mejor logrados aparecen a partir de la segunda historia, porque tanto Jeremy como Elizabeth no desarrollan importantes cambios a lo largo del metraje y eso hace que el pastel al final tenga gusto a poco. Porque Kar Wai, al igual que en casi todos sus film, nos muestra el desamor y la soledad. Y el escapar a eso. Y no importa si estás en la cosmopolita Nueva York, un pueblo de Memphis o el desierto de Nevada, porque en cualquier lugar encontrarás a alguien sufriendo igual o peor. Pero ese mundo que nos pintó de luces y pasteles suena edulcorado y poco doloroso. Y sabemos de sobra que puede hundirse en heridas muchos más profundas, ya que así se ganó la admiración de muchos años antes. Como esas que tenía Arnie, quizás el personaje mejor logrado del film. Ese que encontraremos siempre que vayamos a beber nuestra última copa en el bar para luego convertirse en nuestro ángel de la soledad.

Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones



Uno de los temas del film


UNIVERSO WONG KAR WAI


Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.
Empezó trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films, gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.
Su primer film fue en 1988, llamado El fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que están inmersos en el mundo de la mafia china.
Dos años después llegó Días salvajes, film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.


En 1994 filma Ashes of Time, donde cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.
Ese mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin Tarantino.
Un año después filma la excelente Angeles caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que vive con su padre.
En 1997 estrena Felices juntos, la historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho, aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director en Cannes.


El 2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo de Críticos de Nueva York.
Participa del film Eros, una película dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se tituló La Mano.
En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del cineasta.


Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. El último largo que ha filmado fue The Grandmaster en 2013, la historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.
Sin dudas, esperamos más poesías visuales e historias de amor como sólo Wong Kar Wai sabe contarlas…

FICHA TÉCNICA

Título original: My Blueberry Nights
Año: 2007
Duración: 90 min.
País: Hong Kong
Dirección: Wong Kar-Wai
Guion: Wong Kar-Wai, Lawrence Block (Historia: Wong Kar-Wai)
Música: Ry Cooder
Fotografía: Darius Khondji
Reparto: Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman, Rachel Weisz, David Strathairn, Hector A. Leguillow, Frankie Faison, Chad R. Davis.

SINOPSIS

Elizabeth (Norah Jones) es una joven que comienza un viaje espiritual a través de América en un intento de recomponer su vida tras una ruptura. En el camino, enmarcada entre el mágico paisaje urbano de Nueva York y las espectaculares vistas de la legendaria Ruta 66, la joven se encontrará con una serie de enigmáticos personajes que le ayudarán en su viaje.