Mostrando entradas con la etiqueta Abderrahmane Sissako. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Abderrahmane Sissako. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de diciembre de 2022

BAMAKO DE ABDERRAHMANE SISSAKO

PROGRAMA 391 (11-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Melé canta en un bar, su marido Chaka está en el paro y la pareja está a punto de romper. El patio de la casa que comparten con otras familias se ha convertido en una sala de juicios: portavoces de la sociedad civil africana acusan al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional de los males que afligen a África. Y mientras se suceden las declaraciones de acusadores, defensores y testigos, la vida en el patio continúa. Chaka no parece muy preocupado por este deseo insólito de África de luchar por sus derechos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Somos lo que ellos hicieron de nosotros. Somos los secuestrados por un poder que nunca dejará liberarnos. Somos el llanto de las niñeces que mueren sobre el suelo color ocre. Somos la espera eterna de un mundo menos peor. Somos los pedazos de tierra por los que pelearon durante décadas. Somos esos esclavos que llenaron Europa y otros países del primer mundo. Somos esas balsas hundiéndose para escapar del hambre. Somos esos refugiados indeseables y expulsados de cualquier sitio. Somos la foto del niño negro en brazos de una sonrisa blanca. Somos el patio trasero del mundo. Somos el comienzo de la humanidad. Somos el sol y los colores alegres porque para triste está la vida. Somos las banderas multicolores, los miles de dialectos y las decenas de religiones. Somos la selva, el desierto y la sabana. 



Somos los animales más feroces del mundo. Somos las danzas esperando que la lluvia alguna vez se acuerde de mojar las heridas. Somos los pocos dólares que pretenden el FMI y el Banco Mundial en nombre de un desarrollo que nunca llega. Somos los pueblos que desaparecen luego de las privatizaciones. Somos la economía en rojo. Somos las enfermedades que parecían extinguidas. Somos las guerras civiles para perpetuarse en el poder. Somos las dictaduras que esparcen sangre a granel. Somos la justicia que nunca es justa. Somos la desesperanza de vida. Somos el futuro ya no existe. Somos Malí, Burundi, Somalia, Congo, Mozambique, Malawi, Chad, Sierra Leona... Somos el Tercer o Cuarto Mundo. Somos África...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BAMAKO

 


Hablar de democracia en un mundo tan diverso y variopinto como el que vivimos es bastante complejo. Aquel Kratos del Demos, bien sabemos que hoy es por lo menos, discutible. Podríamos pensar en su origen, en aquel momento en que la sociedad lavó sus culpas de tiranía, de hostigamiento autoritario, de imposición caprichosa y asesina de vidas de desposeídos y desposeídas sin medios ni oportunidades. Como aquella culpa que el monarca ingles intentaba borrar de sus manos junto con su esposa, y que ni siquiera todo el océano de Neptuno podía borrar. Aquella culpa simbolizada en una sangre espesa y trágica, que no se quitaría jamás. William fue certero con la imagen. Logró encerrar una verdad entre palabras que se volverían inmortales, que trascenderían al autor, para vagar por los mundos de los tiempos evidenciando como un espejo macabro la crueldad humana. El mundo, mis queridos amigos, cabe en la mano de un bebe. La sociedad, entonces, como todos y todas sabemos, lavó sus culpas y permitió a los ciudadanos elegir a sus representantes. El lobo hambriento, afilando sus fauces, vistiendo con orgullo su disfraz de oveja. Nuestro amo jugando al esclavo, con sus reglas, con sus fichas, con sus intereses sobre una mesa recién servida. Juntando las migas, miserablemente, porque en las sobras, no nos olvidemos, también hay un mundo.  La gran pregunta entonces era: ¿a quién se consideraba ciudadanos en aquellos tiempos? ¿Quiénes se sentaban a la mesa de aquel banquete y quienes ni siquiera olían el humo de la madera recién encendida? Eran considerados pueblo, ciudadanos, por aquel entonces, claro, solo unos pocos. Muy pocos. 



Digamos un pequeño manojo de hombres selectos. Hombres, las mujeres no participarían hasta una cantidad vergonzosa de tiempo después. Entre los selectos, estarían las personas adultas que fueran ciudadanos naturales, con el servicio militar terminado. Un grupo infinitamente pequeño eligiendo el destino de las inmensas masas postergadas, olvidadas y sometidas. La democracia creció, pero siempre lo hizo sobre esta misma línea. La población aumentó, pero la proporción de desigualdad se sostuvo. Aquel número fue, es y será innegociable. Aquel 1% que concentra las riquezas ha hecho de las democracias de los distintos países un chiste mal contado. Esos tipos son secuestradores impunes, matones de traje que someten la voluntad de naciones enteras. Juegan a los dados con la suerte de niños y niñas, con su salud, con su educación, con su futuro. Ante esta realidad, ¿Cómo podemos entonces hablar de democracia sin, por lo menos, sonrojarnos? Reformas previsionales, ajustes en el gasto público, recortes en salud, suba de la mortalidad infantil, crisis sanitaria, recortes en educación, privatización de empresas estatales, desempleo, precarización laboral, son solo algunos de los resultados de un sistema perverso que sociabiliza las perdidas y privatiza las ganancias. De un sistema que expulsa sin ningún remordimiento a las personas quitándole su condición humana, bajo el neutro disfraz del porcentaje, detrás de la desenfocada lente de la estadística. Entendemos a África aún sin vivir en África. Entendemos su pena, su sufrimiento, aún sin siquiera estar cerca de ellos. Bamako, del director Abderrahmane Sissako, es una película política. 



Es la voz, no solo de un país, sino de todo un continente que argumenta contundentemente, con cifras precisas, utilizando su mismo juego numerológico, el abuso sistemático a su soberanía, sus riquezas y sus comunidades. Bamako raspa, como el grito de cualquier torturado. El film poseerá una estructura lineal que ayudará a desarrollar un conflicto que crecerá lenta pero dosificadamente. Los caracteres vivirán en carne propia cada dato que el guión exprese. Habrá solo verdad en sus interpretaciones. Sissako trabajará en todo el metraje una fotografía que destacará el color ocre propio de aquellas tierras africanas. El lenguaje audiovisual estará al servicio del drama, eso será evidente. Encontraremos alegorías y distintas figuras retóricas compuestas en imagen. Habrá una sencilla pero inteligente puesta de cámara que ayudará a marcar la diferencia entre el mostrar y contar a través de una imagen, aquella semántica visual de la que nos hablaba nuestro amigo el fotógrafo Carlos Bosch. Bamako será una radiografía dolorosa del sometimiento y el vaciamiento dentro del continente. Desmantelará con argumentos claros y contundentes la maquinaria de la codicia que se replica de diferentes maneras, pero con un mismo sistema a nivel mundial. Bamako nos dirá de manera descarnada, que los mafiosos que secuestran países y hambrean a los pueblos, aún cobrando su botín, jamás devuelven a sus víctimas. Serán muchas las sensaciones que nos invadan al transitar esta obra. Entre ellas, quizás coincidamos en las siguientes ideas: la rentabilidad no puede estar por encima de la calidad de vida humana. Las necesidades básicas no se negocian. Donde hay una necesidad, hay un  derecho. La soberanía se defiende. La libertad se construye. El costo de una vida, no puede ser nunca más importante que su valor.       

 

Lucas Itze.-    

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SISSAKO

 


Abderrahmane Sissako nació en Kifa, Mauritania, el 13 de octubre de 1961. Poco después de su nacimiento, la familia de Sissako emigró a Malí, el país de su padre, donde completó parte de su educación primaria y secundaria. Sissako regresó brevemente a Mauritania, la tierra de su madre, en 1980. Luego se fue a Moscú, donde estudió cine en el Instituto Federal de Cine de 1983 a 1989. Sissako se estableció en Francia a principios de los años 1990. Su primer corto fue en 1991 y se tituló Le jeu y lo realizó con la ayuda del Instituto del Cine del Estado Ruso. Dos años después realiza otro corto: Oktyabr, que sigue a Idrissa, estudiante africano en la URSS, sale de la “zona universitaria” y vive durante una noche la vida de un soviético, en un film algo auto referencial. En 1998 dirige el documental Rostov-Luanda, ahí conoceremos que Abderrahmane Sissako recibió una beca para estudiar cine en Moscú, después de graduarse de la escuela. Para aprender ruso, fue enviado a Rostov en el río Don durante todo un año. En el interminable viaje en tren de Moscú a Rostov, conoció a Baribanga, un estudiante angoleño que iba a la misma escuela de idiomas. Ese año, lejos de casa, los dos africanos se hicieron amigos. Casi dos décadas después, Sissako decide buscar a Baribanga. Rostov-Luanda cuenta dos historias, la búsqueda del amigo perdido hace mucho tiempo, que conduce a un encuentro con la actual Angola. También es una retrospectiva personal, una película sobre la partida y el viaje, desde Mauritania, a Malí y luego a la antigua Unión Soviética, y el nuevo destino de la película, Angola. Su primer largometraje (o mediometraje, ya que dura una hora) de ficción llegó en 1998 bajo el título de La vie sur terre, rodada en Malí, donde el mismo director llega a su pueblo para reencontrarse con su padre y filmar la vida allí, sabiendo que nada ha cambiado para bien aunque llegue el año 2000. 



Su nombre empezó a ser reconocido en festivales cuando dirigió en 2002 Heremakono, la historia de un joven de Mauritania que quiere irse a España, en un pueblo donde ya no puede ni siquiera hablar la lengua de quienes viven allí. Ganó el premio a Mejor Película en nuestro BAFICI, además de ser alabada en Cannes. En 2006 filma Bamako, la historia de una pareja que vive en esa ciudad de Malí mientras África se desangra entre acusaciones al Banco Mundial y al FMI de los males de sus pueblos. Luego realizó algunos cortos para diferentes films de episodios y por último llegó su película más reconocida: Timbuktu, que fue nominada a los Oscars, BAFTA y arraso en los César franceses.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bamako

Año: 2006

Duración: 118 min.

País: Malí

Dirección: Abderrahmane Sissako

Guión: Abderrahmane Sissako

Fotografía: Jacques Besse

Reparto: Aïssa Maiga, Tiécoura Traoré, Maimouna Helene Diarra, Habib Dembélé, Djénéba Koné, Hamadoun Kassogué, William Bourdon, Roland Rappaport, Danny Glover, Elia Suleiman

 

PELÍCULA COMPLETA

 

miércoles, 28 de octubre de 2020

TIMBUKTU

PROGRAMA 302 (09-10-2020)

 

SINOPSIS

 

Año 2012, la ciudad maliense de Tombuctú ha caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. Pero en la ciudad los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales islamistas improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina en Tombuctú no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Avanza el mar sin piedad, nuestros talones ya saborean la salada muerte, huyen despavoridas todas nuestras intenciones individualistas construidas con el mismo barro que talló aquel futuro prometedor y que hoy se derrite en el horizonte de nuestras narices. La humedad corroe los cimientos, amenazando todo lo que creíamos indestructible. Quisiéramos estar más cerca pero no logramos atravesar los muros de los idiomas y dialectos. Nos ahoga por debajo el agua y por encima las pesadas palabras que caen junto al resto de las mentiras. Babilonia tan lejana como los años que nos separan de aquella gesta. La vida, aquella mueca servida en mi copa. En el incendio de estos micrófonos que cauterizan nuestras palabras y las vuelven inmortales. Posándose junto a la mesa cada vez que nos miramos  y sin decir más que salud, nuestros ojos se inundan de aquel néctar de felicidad hecha con la misma sustancia que por un lado nos recuerda lo vivo que estamos y por el otro amenaza con hundirnos. 

La música de fondo, ilumina todo lo que en miles de años no pudimos alumbrar con las palabras. Marcando en su pulso los secretos del universo. Mis amigos, hermanos con los que creamos los rituales que logran opacar por instantes la molesta presencia de la muerte. Nuestras piernas ya sienten el espesor del agua, pero seguimos caminando. Nada nos desalienta porque hay un acorde sonando allá a lo lejos esperando recibirnos para regalarnos aquel segundo infinito. Seguiremos caminando ante cualquier inclemencia creyendo siempre en la verdad de nuestros pasos. Descansando del temor en la compañía profunda de aquellas palabras que son abrazos. Respirando bocanadas de aire puro que son carcajadas. Sellando con fuego la poderosa lealtad que acompaña cada brindis. Sabiendo que nos apagamos pero con la misma intensidad que el sol. Jugando a crear un idioma universal que se entiende solo en el calor de esta fogata, en el oscuro silencio de una noche demasiado larga.

 

Alan Beneitez.

 

Canción elegida para la editorial


 

IMPRESIONES SOBRE TIMBUKTU

 


El desierto asoma como un mundo implacable. El ser humano se transforma es algo diminuto frente a tanta inmensidad. En este universo de cemento donde vivimos, lo vemos como algo lejano e intransitable. Tan lejano como África. Del continente negro nos acordamos quizás cuando vemos algún deporte por televisión o cuando esa misma caja boba nos informa sobre hambrunas, guerras civiles o barcas que se hundieron antes de llegar a Europa. O quizás cada tanto nos encontramos con documentales sobre los hermosos animales que habitan sus territorios. Parece otro mundo. Con su Dios hablando otro idioma y alienando otras mentes. Por esa zona tenemos dos países vecinos de gran influencia árabe y francesa. Por un lado Mauritania, que proviene de una antigua región del mismo nombre, donde habitaba el pueblo bereber y los romanos los conocían como mauri antes de anexionarlo a su Reino. Por el otro, Malí, que también fue un parte de un reino antiguo del mismo nombre que habitaban los Manden (también llamados Mandinga) entre los siglos XIII y XVII. En el primer país nació el cineasta Abderrahmane Sissako, quien puso a su nación en festivales de cine gracias al film Timbuktu. En el segundo país es donde está ambientada la película y se sucedieron varios de los hechos que rodean su historia. Una gacela corre por el árido desierto. Escucharemos disparos que hablan más que cualquier voz. Provienen de una camioneta. Luego veremos artesanías locales siendo objetos de pruebas para esos hombres. Es la paz que se acaba. Así comienza el film de Sissako, quien contará una historia lineal y también coral, ya que cuenta con múltiples conexiones no relacionadas entre sí, pero creando el orbe catastrófico que los une. Será entonces cuando aparezcan los extremistas quienes por megáfono anunciarán a la población medidas tan ridículas como ancestrales: prohibición de la música, del fútbol, de fumar y donde las mujeres además de taparse el rostro tendrán que usar guantes o calcetines. La muerte del arte y de la cultura. La mujer como un fantasma. 

Conoceremos a Kidane, un pastor que vive con su esposa Satima, su hija Toya y un niño huérfano llamado Issam. La familia vive en las dunas, alejada del pueblo, tranquilamente en sus jaimas, esas carpas de cuero utilizadas por los nómades árabes. En él se centrará la historia y es quien llevará a cargo la curva dramática del film, sin ser un protagonista absoluto, porque como mencionamos anteriormente, el director nos irá mostrando la vida de diferentes personajes que habitan entre las casas de barro y las calles de arena. Habrá actores profesionales con otros que no lo son (como la pareja protagonista, ambos músicos) y no se notará diferencia alguna. La película tendrá una fotografía exquisita, contemplando la belleza natural del lugar bajo el rayo del sol con las oscuras y tensas noches donde todos son sospechosos. Quien está detrás de esas maravillas visuales es el tunecino Sofian El Fani, quien un año antes se había encargado de la realista fotografía de La vida de Adele. La música mezclará ritmos occidentales con las típicas melodías africanas, todo a cargo del franco-tunecino Amine Bouafa. Los sonidos de las ventiscas de arena y los grillos por la noche, nos dejarán esa sensación de tensión mientras todo es vigilado. Habrá encuadres muy estudiados y planos de una belleza admirable, como ese plano general con vista al río luego de la pelea entre Kidane y el pescador. El film gana terreno porque nunca cae en los golpes bajos y hasta tiene algunos pasos de comedia, como por ejemplo que el nombre de la vaca que se pierda se llame GPS. 

En un mundo salvaje, serán los niños quienes persigan sus sueños, en forma de pelotas invisibles y goles festejados en una de las escenas más poéticas del film. Serán esas miradas de amor entre la pareja protagonista, que sin decirlo a viva voz uno ya sabe lo que transmiten. ¿De qué sirve huir constantemente? se pregunta Kidane cuando su mujer le menciona que ya todos sus vecinos huyeron, mucho antes del accidente que lo cambiará todo. Porque quizás tanto él, como varios de los personajes que viven allí (la cantante, la loca del pueblo...) prefieren quedarse a pelear en su tierra esperando que todo se detenga un día. Porque el problema no es el Islam sino los extremistas, en este caso Yihadistas, que decidirán como y porque vivir. Donde ellos tendrán camionetas 4x4, celulares y cámaras último modelo y elegirán a quien casar con quien. Y porque aunque también duden, ellos si podrán fumar o mirar a la mujer de otro. Y decidirán que risa importa más, hasta que ya no quede ninguna. Sissako nos mostrará un film político sin realizar propagandas ni adentrándose demasiado. Solo como un mero observador de esa verdad que aqueja a varias partes del planeta. Denunciará que todo fanatismo por la religión será temerario, que no todos los musulmanes son malos como a veces parece mostrarse desde los ojos de occidente. Y sobre todo, que ningún credo tiene la pura verdad. Que el hombre es siempre la principal amenaza, sin importar de donde provenga. Y como tal, es una crítica a la pena de muerte. El círculo se cerrará con la hija de Kidane corriendo. Y su mirada dirá mucho más que cualquier palabra. Y quizás preguntándose porque no la quiere Dios...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SISSAKO

 


Abderrahmane Sissako nació en Kifa, Mauritania, el 13 de octubre de 1961. Poco después de su nacimiento, la familia de Sissako emigró a Malí, el país de su padre, donde completó parte de su educación primaria y secundaria. Sissako regresó brevemente a Mauritania, la tierra de su madre, en 1980. Luego se fue a Moscú, donde estudió cine en el Instituto Federal de Cine de 1983 a 1989. Sissako se estableció en Francia a principios de los años 1990. Su primer corto fue en 1991 y se tituló Le jeu y lo realizó con la ayuda del Instituto del Cine del Estado Ruso. Dos años después realiza otro corto: Oktyabr, que sigue a Idrissa, estudiante africano en la URSS, sale de la “zona universitaria” y vive durante una noche la vida de un soviético, en un film algo auto referencial. En 1998 dirige el documental Rostov-Luanda, ahí conoceremos que Abderrahmane Sissako recibió una beca para estudiar cine en Moscú, después de graduarse de la escuela. Para aprender ruso, fue enviado a Rostov en el río Don durante todo un año. En el interminable viaje en tren de Moscú a Rostov, conoció a Baribanga, un estudiante angoleño que iba a la misma escuela de idiomas. Ese año, lejos de casa, los dos africanos se hicieron amigos. Casi dos décadas después, Sissako decide buscar a Baribanga. Rostov-Luanda cuenta dos historias, la búsqueda del amigo perdido hace mucho tiempo, que conduce a un encuentro con la actual Angola. También es una retrospectiva personal, una película sobre la partida y el viaje, desde Mauritania, a Malí y luego a la antigua Unión Soviética, y el nuevo destino de la película, Angola. Su primer largometraje (o mediometraje, ya que dura una hora) de ficción llegó en 1998 bajo el título de La vie sur terre, rodada en Malí, donde el mismo director llega a su pueblo para reencontrarse con su padre y filmar la vida allí, sabiendo que nada ha cambiado para bien aunque llegue el año 2000. 

Su nombre empezó a ser reconocido en festivales cuando dirigió en 2002 Heremakono, la historia de un joven de Mauritania que quiere irse a España, en un pueblo donde ya no puede ni siquiera hablar la lengua de quienes viven allí. Ganó el premio a Mejor Película en nuestro BAFICI, además de ser alabada en Cannes. En 2006 filma Bamako, la historia de una pareja que vive en esa ciudad de Malí mientras África se desangra entre acusaciones al Banco Mundial y al FMI de los males de sus pueblos. Luego realizó algunos cortos para diferentes films de episodios y por último llegó su película más reconocida: Timbuktu, que fue nominada a los Oscars, BAFTA y arraso en los César franceses.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Le chagrin des oiseaux (Timbuktu)

Año: 2014

Duración: 97 min.

País: Mauritania

Dirección: Abderrahmane Sissako

Guion: Abderrahmane Sissako, Kessen Tall

Música: Amin Bouhafa

Fotografía: Sofian El Fani

Reparto: Abel Jafri, Hichem Yacoubi, Kettly Noël, Toulou Kiki, Ibrahim Ahmed, Layla Walet Mohamed, Mehdi A.G. Mohamed, Fatoumata Diawara, Adel Mahmoud Cherif, Salem Dendou, Mamby Kamissoko, Yoro Diakité, Cheik A.G. Emakni, Zikra Oualet Moussa, Weli Cleib

 

PELÍCULA COMPLETA