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miércoles, 6 de diciembre de 2023

ASCENSIÓN - VOSKHOZHDENIYE DE LARISA SHEPITKO

PROGRAMA 431 (17-11-2023)

 

SINOPSIS

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, dos partisanos soviéticos se apartan del grupo, que está hambriento, para ir a una pequeña granja a coger provisiones. Pero como los alemanes han llegado primero, tendrán que seguir recorriendo territorio ocupado para encontrar otro sitio donde abastecerse. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El último sorbo de agua casi caliente le bajó por esa garganta seca y desesperada. Sus memorias se deformaban. No sabía si por el paso del tiempo o por el dolor reinante. Unas paredes descascaradas eran testigos del infierno. Blancas, como sábanas. El techo celeste como simulando un cielo hacía más maquiavélico todo. Un escritorio viejo, lleno de papeles y expedientes desordenados, conformaban el cuadro grotesco. Sobre él, descansaban algunas lapiceras, una vieja máquina de escribir y un teléfono que sonaba de tanto en tanto. Ah, un detalle que olvidaba… el cenicero. De bronce, pesado, de los de antes, donde se apoyaba un habano que pedía la muerte a cada instante. Había también un pequeño velador con una luz que titilaba intermitentemente. Como no queriendo ser parte de la secuencia. El olor a humedad quedaba impregnado en la ropa. Había solo tres sillas. Una en cada frente del escritorio (que tenía dos cajones con llaves) y otra que descansaba de forma perpendicular a ellas. Era sorprendente de hecho que las paredes y el techo estén pintados, cuando el piso era solo cemento. 



Como si no había tiempo para más. El silencio envolvía todo. Frente a él, en una de las sillas, estaba su verdugo. Bigotes, aliento a ese habano moribundo y con su traje de etiqueta. Bien de civil para que no queden dudas. Carraspeó, dijo algunas palabras que quedarían grabadas en su mente, y apoyó un revólver sobre esos papeles desparramados. En el medio, insultó a alguien que osó pasarle un llamado y volvió a lo importante. La mudez lo exasperaba, hasta creo que lo excitaba. Ni hablar las lágrimas o las gotas de sudor que recorrían la cara de su víctima. Se paró, se acercó lentamente y le puso el revólver en la sien. Empezó a gatillar jugando a la ruleta rusa mientras se reía diabólicamente. Fueron 2 minutos que parecían horas. Volvió a su escritorio, tomó el teléfono y sólo dijo, efusivamente dos palabras: “Ya cantó”. Uno había cumplido con su tarea. El otro llevaría tatuada la palabra traidor hasta el fin de sus días. El escarnio público lo condenaría. La muerte, siempre al acecho, se disfrazaría de compañera para quitarle los fantasmas que convivieron con él hasta el final de sus días.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA ASCENSIÓN

 


Buscar que una ilusión se cumpla, es confundir una ilusión con un pagaré. Las ilusiones están para garantizar la existencia plena del deseo, para mantener aquella pulsión de vida intacta, aquellas ganas de seguir viviendo, nunca para ser logradas o satisfechas. Solo podemos creer, entonces, en aquello que no podemos alcanzar. En aquello que siempre esté instalado en el futuro, en aquello que jamás se haga presente. Después de todo en la incompletitud habita el deseo. ¿Qué haríamos si estuviéramos realizados? ¿Si después de toda una vida de lucha lográramos aquello por lo que batallamos con tanta dedicación, con tanta responsabilidad y con tanto afecto? ¿Qué pasaría con nosotros ante semejante descalabro cósmico? ¿Qué pasaría con nuestro deseo al encontrarse de un momento a otro satisfecho, completo, culminado, resuelto? La respuesta es de tan clara abrumadora, seguiríamos encontrando la falta. Seguiríamos hallando la ausencia, lo incompleto de aquello que creemos el todo. El resultado siempre es el dolor, claro. El dolor, que por otro lado, también debe ser satisfecho. Entendemos que si hay una pulsión de vida a la que alimentar, aquella que nos lleva a conservarnos, a mantenernos vivos, a seguir deseando, también hay una pulsión de muerte que se nutre, principalmente, de nuestro dolor, que goza en nuestra angustia y desea apasionadamente nuestras desesperanzas. El dolor, entonces, es siempre parte de aquello que somos. Por ausencia, por falta, por satisfacer la angustia, el dolor siempre está allí, construyéndonos, delimitando aquello que también somos, aquello que no podemos dejar de ser. Llegará aquel día en que aceptemos nuestras penas como propias, todos nuestros dolores más profundos, y les abramos finalmente la puerta para dejarlas jugar con libertad en el oscuro jardín de nuestra existencia. 



Después de todo, el dolor es el registro que tiene nuestra psiquis de que estamos luchando. Es el esfuerzo que hace nuestra mente para ponerse de pie y seguir adelante. Darle amor a aquella parte oscura de nuestro ser, de alguna manera también nos mantiene vivos. Lo que sucede por amor acontece más allá del bien y del mal. Continuar en las condiciones que sea, aquella lucha sin descanso por una patria justa, libre y soberana, aun entendiendo la utopía, la ausencia, la falta eterna, no es otra cosa que amor por aquellos desposeídos, por aquellos que de verdad no pueden. Es entender que el sistema es injusto desde sus bases más primarias, es encontrarnos dando la pelea contra aquel poder establecido, con los dueños de todo esto, con aquellos miserables e invisibles que viven eternamente en la norma. Allí, en la batalla perdida, en el conflicto eterno, no encuentro más que amor. Después de todo, bien sabemos que la paz no es otra cosa que la aceptación del rebaño. Todos los seres humanos llevamos en nuestros hombros la historia de la humanidad, todos llevamos encima el olor de nuestros muertos. Esa es nuestra única esencia, aquello nos construye, nos coloca inevitablemente en una vereda y no en otra, aunque caminemos la vida creyéndonos otra cosa, viviendo otro relato. La sangre, queridos amigos, es para siempre. El film la Ascensión de la directora Larisa Shepitko nos regalará una historia con un puñado de personajes que vivirán el deseo, los ideales, el dolor mismo, de la manera recién expuesta. La película ya desde su título hará una clara referencia al relato cristiano según el cual el Cristo hombre logra ascender de manera espiritual para conectar plenamente con dios padre, es el momento donde su humanidad es tomada por los cielos. 



La comunión máxima entre espíritu y cuerpo. Este será el recorrido que también hará Sotnikov, protagonista del relato. Herido por las balas nazis, y con la salud absolutamente deteriorada, Sotnikov seguirá junto a Rybak caminando en busca de comida para llevar al grupo de rebeldes al que pertenecen. Caminarán sobre la nieve imposible, caminarán contra un clima devastador, sostenidos solo por la fe, las ilusiones y sus valores. Serán la militancia y la traición, el cristo elevado y el judas de los treinta denarios. Sotnikov irá comprendiendo a través de su recorrido el sentido de su muerte como el mayor acto de amor jamás realizado, mientras que su compañero hará en un contrapunto dramático excelentemente logrado, el recorrido inverso, aferrándose de manera egoísta a una vida ya sentenciada. Uno vivirá el ahora, buscándose a sí mismo, entregando en  un acto militante lo único que tiene, su vida. El otro no dejará jamás de calcular, de especular respecto del futuro, será por eso que el relato utilizará solo con él la herramienta del flashfoward adelantando a modo de hipótesis su devenir. El relato, entonces, romperá su linealidad. La fotografía estará compuesta por una muy lograda escala de grises. Notaremos el uso de la herramienta de cámara en mano para ciertas secuencias, lo que ayudará sustancialmente a incrementar cierta sensación de encierro, de peligro inminente, de sofocación en medio de un agobiante ambiente de nieve imponente e impenetrable. Ayudará el uso de esta herramienta narrativa también a participar al espectador en las sensaciones que los personajes transitan. Generará una comunión en donde sentiremos sus mismos miedos, sentiremos el frio penetrante que los congelará durante toda la cinta, sentiremos el cansancio agobiante que les impedirá seguir adelante. El film continuara con los dos personajes intentando llegar a un lugar inexistente, a un lugar que ya no está. Excelente imagen retórica que nos graficará la naturaleza de toda ilusión, de toda esperanza. 



Nuestros héroes serán capturados y allí se verá su esencia. Uno dirá frente a su torturador nazi: ¿hay algo más importante que el propio pellejo?, y no necesitará decir más nada. La cinta se llenará entonces de angustia, traición y muerte. La triste verdad quedará expuesta a nuestra mirada en una sola línea, en un solo plano: solo los traidores quedan vivos. Hay un pasaje bíblico de Marcos, relacionado a la ascensión de Jesús, que dice: Los que no crean se condenaran, y allí estará nuevamente la ilusión en juego. La fe como motivo de militancia, la fe ordenando una metafísica que por definición es puro caos. El amor a una idea que nos incluya, aunque sepamos que hay un poder mucho más grande y organizado que va a buscar dividirnos siempre. El amor al otro, a la patria, porque después de todo qué es la patria sino el lugar donde vamos a buscar el abrazo del otro, el resguardo del otro. Nunca el odio resolvió nada. Nunca la exclusión fue la solución a ningún problema. Cuidado, y lo repetimos nuevamente y lo seguiremos haciendo todas las veces que haga falta: el fascismo nunca fue un juego.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción sobre impresiones

 


UNIVERSO SHEPITKO

 


Larisa Shepitko nació en Artemovsk, Ucrania, URSS el 6 de enero de 1938. Fue criada por su madre, una maestra de escuela. Su padre, un oficial persa, se divorció de la madre de Shepitko y abandonó a la familia siendo Shepitko aún muy joven, cosa que nunca le llegó a perdonar. Recordaba: "Mi padre luchó durante toda la guerra. Para mí, la guerra fue una de las primeras impresiones más poderosas. Recuerdo la sensación de una vida trastornada, de una familia separada. Recuerdo el hambre y cómo nuestra madre y nosotros, los tres hermanos, éramos evacuados. La impresión de una calamidad global ciertamente dejó una marca en mi mente de niña." No es de extrañar, pues, que la obra de Shepitko a menudo trate acerca de la soledad y la sensación de aislamiento. En 1954, Sheptiko se graduó del instituto en Lviv. Se mudó a Moscú con 16 años, donde estudió en el Instituto Gerásimov de Cinematografía (VGIK). Allí fue alumna de Aleksandr Dovzhenko durante 18 meses, hasta la muerte de éste en 1956. Shepitko se refería a él como "mi mentor" y adoptó su lema: "Hay que abordar cada película como si fuera la última". Shepitko se graduó de la VGIK en 1963, con un diploma de honor por su primer largometraje de ficción Calor (Znoi o Heat), que realizó con tan solo 22 años. Esta película cuenta la historia de una nueva comunidad agrícola en Asia Central de mediados de los años 50. Fue rodada en Kirguizistan y era la adaptación de una famosa novela titulada Ojo de camello, de Chingiz Aitmatov. Calor ganó el Simposio Grand Prix ex aequo en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary en 1964, así como otro premio en el All-Union Film Festival en Leningrado. Durante la fase de edición de Calor, Shepitko trabajó con Elem Klímov, quien también era un estudiante del VGIK en ese momento. Klímov le propuso matrimonio a Shepitko, pero esta lo rechazó; Shepitko tan solo aceptó su propuesta cuando aquel le prometió que no trataría de influenciar su obra.Y así, en 1963, Klímov y Shepitko se casaron y en 1973 tuvieron un hijo, Anton. Klímov, Shepitko y Andrei Tarkovsky estuvieron al frente de la "nueva ola" rusa que floreció bajo el mandato de Nikita Khrushchev antes de la toma de decisiones drásticas en lo relativo a lo cultural en 1967-8.En 1966 Shepitko rodó su controvertido segundo largometraje Alas. Retrato de la famosa piloto de la aviación soviética en la Segunda Guerra Mundial, Nadezhda Petrovna. La obra se centra en su vida después de la guerra, y sus dificultades para hacer frente a la vida cotidiana como un personaje anónimo, incapaz de olvidar su pasado y de aceptar una vida tranquila lejos de sus tiempos de fama y acción. Una dirección de fotografía excepcional, una trama realista y una interpretación estelar por parte de la actriz protagonista Maya Bulgakova hacen de Alas una película extraordinaria, que constituyó la carta de presentación de Shepitko al mundo y que le supuso sus primeros problemas con las autoridades soviéticas. En 1967, Shepitko rodó la segunda de las tres historias que finalmente compusieron El comienzo de una era desconocida (Nachalo nevedomogo veka). Titulada Homeland Electricity (Rodina Elektrichevstva), trataba acerca de un joven ingeniero que trae la electricidad a un pueblo empobrecido. El relato estaba basado en la historia de Andrey Platonov, cuya narrativa describía la "causa común" de la construcción comunista de forma ambigua, lo que probablemente conllevó la toma de medidas al respecto por parte de las autoridades soviéticas. Este proyecto estaba destinado a la conmemoración del 50º aniversario de la Revolución de Octubre. Se concibió originalmente como un conjunto de cuatro episodios, pero tan solo llegaron a rodarse tres, dirigidos por Andrei Smirnov, Larisa Shepitko y Genrikh Gabay. No obstante, una vez terminados, fueron archivados por la censura alegando que la representación de los bolcheviques era negativa. No se hicieron públicos hasta 20 años después, durante la perestroika. Asimismo, no se conserva ningún negativo original y únicamente se conservan copias de dos de ellos, el de Smirnov y el de Shepitko. El episodio que rodó Gabay aún no se ha encontrado. En 1969, Shepitko rodó su primera película en color, un musical con toques de fantasía para la televisión titulado en inglés In the 13th hour of the night (V trinadtsatom chasu nochi). Se trataba de un revue de Año Nuevo, protagonizado por Vladimir Basov, Georgy Vitsin, Zinovy Gerdt, Spartak Mishulin y Anatoly Papanov. Tras un cortometraje que no llegó a ver la luz y un breve período de trabajo en la televisión, en 1971 Shepitko dirigió su único largometraje rodado en Technicolor Tú y yo, un relato existencial de desilusión con el comunismo y ambientada en la URSS contemporánea, que algunos consideran un trabajo menor y etiquetan como un "convencional melodrama", debido a los problemas que Alas le supuso y a la supuesta adopción de un tono menos crítico o subversivo para satisfacer a las autoridades soviéticas. Tú y yo tiene como a protagonistas a dos cirujanos con diferentes nociones del éxito y la realización. A través de una narrativa experimental no lineal, Shepitko cuenta una historia profundamente personal de la intelectualidad soviética de la época. Tú y yo tuvo una acogida favorable en el Festival de Venecia, pero no contó con mucho público en la URSS. La película esta referenciada como una "obra maestra" en el primer capítulo de la serie Women Make Film señalando que apenas se ha visto



La censura soviética fue muy estricta con los anteriores trabajos de la cineasta rusa, lo que la obligó a reflexionar sobre su siguiente proyecto. Pese a las adversidades, su irreverente sentido artístico la llevó a producir su magnum opus: La ascensión (1977), el último filme que Shepitko terminó en vida. Esta película le mereció un gran reconocimiento tanto a nivel nacional - temáticamente estaba muy en línea con el característico orgullo nacionalista ruso - como a nivel internacional, reconocimiento que se materializó en la recepción del Oso de Oro en la 27ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín en 1977, el segundo que se otorgaba a una mujer; la primera en recibir este honor fue la húngara Márta Mészáros en 1975. De hecho, en la URSS se trató La ascensión como una obra maestra y, como ocurrió con Andrei Rublev de Andrei Tarkovsky, las autoridades soviéticas prohibieron su exportación. A Shepitko le preocupaba profundamente la muerte. Era muy supersticiosa y quiso que le echaran las cartas en Bulgaria en 1978. Inmediatamente después llevó a una de sus amigas a una iglesia cercana y le hizo jurar que, si algo le ocurriera a ella o a Elem, su marido, ella cuidaría de su hijo, Anton. A los pocos meses, el 2 de julio de 1979, la carrera de Shepitko quedó truncada al morir en un accidente de coche en una autopista cercana a la ciudad de Tver junto a cinco miembros del equipo técnico mientras buscaban localizaciones para Adiós a Matiora. Tenía 41 años. La comunidad del cine soviético quedó desconcertada. Andrei Tarkovsky escribió en su diario: "Larisa Shepitko ha sido enterrada, así como cinco integrantes de su equipo. Un accidente de coche. Todos murieron al instante. Fue tan repentino que no se encontró adrenalina en la sangre de ninguno". Adiós a Matiora, película basada en la novela homónima de Valentín Rasputin, iba a convertirse en el quinto largometraje de la directora. Su esposo, el cineasta Elem Klímov, tomó las riendas del proyecto tras la muerte de Shepitko y lo planteó como un homenaje a la obra de su esposa. Adiós a Matiora (1983) se convirtió en una de las obras clave del cine soviético de la perestroika impulsada por Mijaíl Gorbachov. No obstante, la crítica afirmó que "el producto final carecía de la visión única y personal de Shepitko, que se trataba, obviamente, de un punto de vista que no podía replicarse". Además, Klímov dirigió un emotivo documental de 25 minutos en memoria de Shepitko, que tituló sencillamente Larisa (1980). Larisa Shepitko fue rápidamente borrada de la memoria colectiva. Sus películas, hasta hace poco, eran desconocidas incluso para el cinéfilo más experto y no habían sido restauradas ni homenajeadas. Klímov, de hecho, murió en 2003 sin haber conseguido que fuese reconocida por la Rusia de Putin como el talento artístico y cinematográfico que fue. En 2004, el Festival Internacional de Cine de Leeds, en colaboración con la Soviet Export Film, organizó una retrospectiva de toda su filmografía, incluyendo Adiós a Matiora. Asimismo, en 2015, el Instituto Lumière de Lyon le dedicó una retrospectiva completa en su sección dedicada a Mujeres Cineastas.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Voskhozhdeniye (The Ascent)

Año: 1977

Duración: 111 min.

País: Unión Soviética (URSS)

Dirección: Larisa Shepitko

Guion: Yuri Klepikov, Larisa Shepitko. Novela: Vasili Bykov

Música: Alfred Shnitke

Fotografía: Vladimir Chukhnov, Pavel Lebeshev

Reparto: Boris Plotnikov, Vladimir Gostyukhin, Sergei Yakovlev, Viktoriya Goldentul, Lyudmila Polyakova, Mariya Vinogradova, Mikhail Selyutin, Leonid Yukhin, Vasili Kravtsov

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 10 de mayo de 2023

ALEMANIA, AÑO CERO - GERMANIA, ANNO ZERO DE ROBERTO ROSSELLINI

PROGRAMA 406 (28-04-2023)

 

SINOPSIS

 

Edmund, un niño de doce años, intenta sobrevivir a las duras condiciones de la postguerra alemana, especialmente en Berlín, una ciudad que ha quedado completamente derruida tras la Segunda Guerra Mundial. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El gran conflicto del ser humano siempre ha sido el otro. Hablo del otro como ser, como entidad diferente al que soy, el otro como otredad. Aquel ser que es lo que yo no soy. Hablo del límite, hablo de aquel ente que conspira contra los propios intereses, hablo de la amenaza, de ese peligro que acecha. Hablo de aquel otro que no solo es diferente, sino que excede a quien yo soy, quien yo creo ser, a quien yo percibo que fui y aquel que proyecto que seré. Quizás todo, entonces, este en la percepción. Quizás el gran problema del ser humano no sea el otro, sino su capacidad de percepción, su capacidad de entender el mundo, de limitarlo, su reconocimiento cognitivo del lugar que habita, su limitación geográfica, su sumisión al poder, un poder ejercido por otros, su naturalización de lo establecido, de aquello ya dicho, su reducción salvaje al lenguaje heredado, su punto de vista aceptado, su definición por aquello que no es, o sea, claro, por el otro, por reconocer y percibir a ese otro. El gran conflicto del ser humano, entre muchos otros grandes conflictos, quizás sea su existencia. Existir en un mundo donde el protagonismo es compartido, donde el miedo al abismo oscuro de la noche, lo hizo correr desesperado en busca de un refugio donde resguardar su vida, sus creencias, donde resguardar su ser, distinto a aquel otro ser, que también, tanto como él, solo buscaba ser siendo. 



La idea de nación, de nacionalismo, la construcción misma de un ser nacional, no es otra cosa que el acuerdo tácito de la construcción de un yo común, de un yo masa sin diferencias ni particularidades. De un yo que se identifique con el otro, un yo que lo absorba, lo fagocite, y peor aún… lo interprete. Lo traduzca a su propia forma, a su propia lógica, a su propia subjetividad. Después de todo ¿quién demonios sabe qué es ser argentino? ¿qué significa aquella pavada de la argentinidad, de la viveza criolla? ¿Acaso nos define comer asado, bailar un tango o tener preferencia por este o aquel equipo de futbol? El ser nacional es introducir al otro en un relato propio, es hacerlo accesible. Convertirlo en la propia ficción. Violentarlo, violarlo en lo más profundo de su miserable existencia. Traducirlo a la propia lengua, declararle la maldita guerra a su ser. Reducirlo, domesticarlo. Hacer de aquello un otro posible a sabiendas de que se trata de un radicalmente otro, de un ente inabordable y sin acceso alguno. De un ente Inalcanzable. Construir un ser nacional es quizás buscar una convivencia con el otro y para ello, claro, es menester la construcción de lugares comunes, de puntos de encuentros para borrar definitivamente aquella atormentadora pregunta de quienes somos, para olvidar de una buena vez por todas, la falta de sentido de todo este circo que se cae a pedazos por la tristeza de los payasos que lo componen, esa soledad absoluta que nos invada en forma de angustia y nos interpela en cualquier descuido. Estar con otro, no es estar con otro, sino es estar con uno mismo en aquel otro. El yo insiste en hacer del otro siempre un medio para su necesidad, anulándolo como ser, convirtiéndolo en un medio para sí mismo. La soledad del viaje es infinita. El ser humano, es su propio gran conflicto.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES ALEMANIA, AÑO CERO

 


Desde un edificio en ruinas se ven las heridas de un pueblo que quiere cicatrizar. Años, décadas, y quizás hasta siglos harán falta para deshacerse de los fantasmas. Aunque algunos todavía habitan escondidos en sus refugios. El súper hombre imaginado por Nietzche viró de tal manera que se transformó en una masacre. El poder y la ambición se coronaron como vencedores de un juego sin igual. Miles de mentes fueron seducidas por los discursos del odio. En algunos lados nada ha cambiado, se siguen vertiendo esos discursos sin entender cuál puede llegar a ser su peligro. Y la propaganda mediática sigue al servicio de ellos. Pero volviendo al pasado: ¿Cómo jugará en la mente de un niño semejante violencia? Será quizás hasta natural. Crecer sin sentirse culpable de la locura que le tocó vivir será la principal apuesta. Desandar los caminos de la miseria, rodeado de pobreza y marginalidad será la moneda corriente de esos años. Esa culpa invadirá tanto a sus habitantes que hasta los símbolos patrios serán puestos en duda. Esas ruinas son las que impactan en el primer visionado del film Alemania, año cero de Roberto Rossellini. Berlín es un esqueleto gigante que parece descomponerse de a poco. El director, famoso por ser el primer director del Neorrealismo, muestras las penurias de un pueblo hundido por sus propias decisiones. La cámara seguirá al joven Edmund, un niño de doce años, por las calles alemanas. El intento de sobrevivir y la muerte que acecha estarán presentes todo el tiempo. Ya desde el comienzo lo vemos al niño remover tierras para crear tumbas y ganarse alguna moneda. Pero es expulsado por tener menos de 13 años. 



Rossellini luego nos mostrará a su familia, entre los que se encuentran su padre que se siente una carga para todos los que viven allí, su hermana Eva, quien sale por las noches con soldado aliados y su hermano Karl, quien está escondido por haber sido soldado del régimen nazi. Los escenarios naturales hacen todo más dantesco. La fotografía en blanco y negro permiten ver el juego de luces y sombras de esos edificios demolidos. Algunas tomas se hicieron en esa Berlín sacudida por la guerra, lo que hizo que ciertos planos parezcan documentales. El director utilizó planos largos y amplias panorámicas de la ciudad para generar ese vacío, para que todo sea más deplorable. La cámara en mano y sus travellings largos logran que el andar, la mirada y las expresiones de Edmund sean más naturales. El guion será lineal y se trabajó bastante con la improvisación, en particular en las escenas tomadas al aire libre. Como casi siempre, contó con mayoría de actores no profesionales. Al igual que Umberto D., el film no es cien por ciento neorrealista, ya que se trasladaron a Italia para las acciones situadas en el interior de la casa. Rossellini no juzga, pero muestra esa sociedad cabizbaja. Sin ningún prurito, nos resalta la imagen del profesor de Edmund, un personaje deleznable que sigue idolatrando la figura de Hitler mientras utiliza su poder y tiene la firme idea de la supervivencia del más fuerte, mientras se resaltan signos de pedofilia y abuso infantil contra la más pura inocencia. La decadencia moral en su máxima expresión. Quizás por eso, solo la muerte puede acabar con tanto dolor. En esas imágenes de iglesias, monumentos y estatuas destruidas, en ese polvo que abunda en las calles y en esa desesperanza donde el precipicio parece ser la única salida, está el retrato de ese joven que vaga como un fantasma sin rumbo. 



Rossellini siempre enfatizó que prefería mostrar la vida cotidiana y no una película de guerra “Filmar la verdad para construir la moral enfrentada a la existencia” declaró alguna vez. La verdad desde la mirada de un niño que tiene que ganarse el pan y su luchar por sobrevivir en una ciudad desangelada. Una ciudad que tenía que recomponerse, en medio de un proceso de desnazificación, donde todos eran sospechosos. Como renacer de las cenizas era el gran enigma. Ya lo había intentado décadas antes, pero volvió a surgir el odio y todo volvió para atrás. Cambio de moneda, planes asesorados por grandes potencias, pleno empleo, asistencia social y miembros sindicales en la toma de decisiones de las empresas lograron que en pocos años la economía progrese de una manera impensada. El milagro alemán estaba hecho. Las ruinas pronto se transformaron en una ciudad en constante cambio. El odio empezó a transformarse en fraternidad mientras las fábricas de cervezas festejaban. Un muro dividió su mundo hasta que todo volvió a transformarse en uno. Las máquinas siguen trabajando y los edificios se vuelven cada vez más lujosos. Pero ojo, los fantasmas están ahí, todavía escondidos, pero con ganas de salir en cualquier momento para volver a purificar esa raza aria que hoy sienten transformada. Porque el miedo siempre está latente, esperando abrir esa jaula para que ciertos monstruos nos sigan acechando.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ROSSELLINI

 


Roberto Rossellini nació el 8 de mayo de 1906 en una familia burguesa en Roma. Su padre, Angélico Giuseppe, construyó la primera sala de cine de la ciudad, el Cine Corso, en 1918, y años más tarde, el Barberini. Rossellini pasaba mucho tiempo en estas salas y conoció el trabajo de King Vidor, influencia determinante en su carrera. Al mismo tiempo tenía un fuerte interés en la mecánica, que plasmó en inventos de gran ingenio. Llegó a construir un zoom modificado 25/250 mm con control remoto, utilizado en muchas de sus películas. Tras la muerte de su padre y la rápida disolución de la fortuna familiar, Rossellini entró en contacto con el mundo del cine. Su ingreso en el ambiente cinematográfico se vio facilitado por las numerosas relaciones que tenía con gente que trabajaba en el ambiente. Su primer trabajo en la industria fue como técnico de sonido. Comenzó su carrera en 1936 dirigiendo algunos cortometrajes y realizando documentales con temáticas naturalistas, como Fantasía submarina (1939). La nave blanca (1942) fue su primer largometraje rodado con actores no profesionales en un barco real. Más adelante trabajó en producciones de propaganda en títulos como Un piloto regresa y El hombre de la cruz, guionados por el propio Mussolini. Eran los tiempos de Mussolini; Italia había entrado en guerra al lado de Alemania y el régimen fascista quería utilizar el cine como medio de propaganda, de ahí que reclutara entre las clases acomodadas a jóvenes que quisieran participar en sus producciones. El Fascio no exigía grandes compromisos políticos y el joven Rossellini tampoco se comprometía. Lo que a él le interesaba de verdad era rodar y aprender la técnica del cine. Trabajó como ayudante de dirección, luego como montador y finalmente como director. Su primera película, en 1942, fue una cinta de aventuras encargada por el Ministerio de Marina. Se titulaba “La nave blanca” y en ella utilizaba a actores no profesionales para contar las peripecias de un barco hospital italiano durante la guerra. Tras ésta rodaría otras películas de propaganda pero a medida que la guerra avanzaba el burgués Rossellini empezó a tomar conciencia de los crímenes del fascismo y de la represión nazi. En la Italia de los años '40 fue forjándose lo que se convertiría en neorrealismo. Por distintas vías se reclama que en contra de la censura, el cine sea un reflejo exacto de la realidad.  El neorrealismo centró su atención en el hombre considerado como ser social, es decir, desde una perspectiva antropológica. Su trilogía de la guerra está compuesta por tres películas fundacionales del movimiento: Roma ciudad abierta, Paisà y Alemania año cero


La fama le llega a Rossellini tras dirigir Roma,ciudad abierta (1945) con la ayuda de Federico Fellini y con Aldo Fabrizi como actor. La película representó el emblema de una tendencia cinematográfica que se extendería unos diez años con el neorrealismo. "Las cosas están ahí, ¿por qué manipularlas?" dijo alguna vez. El guión de Roma, ciudad abierta fue coescrito por Rossellini, Sergio Amidei, Federico Fellini y Celeste Negarville. La película está inspirada en la historia verídica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la Resistencia. Paisà integra seis historias intercaladas al final de la guerra desde la invasión aliada en Europa, en julio de 1943, hasta el invierno de 1944. Alemania año cero narra la vida de Edmund, un niño de doce años que sobrevive en el Berlín de posguerra manteniendo a su familia. "Con el neorrealismo nos vimos desde fuera, de modo despejado, casi con descuido, castigando con ese descuido todas nuestras ambiciones creativas. Así le fue devuelta su autenticidad a las cosas, llegando a una función del cine que ya no era personal, egoísta, sino social". Stromboli es el resultado de una famosa carta escrita a Rossellini por Ingrid Bergman. Ella le expresaba admiración por su trabajo y el deseo de trabajar con él. Es recordada, también, por la relación que se estableció entre Rossellini y Bergman a partir de su trabajo conjunto, así como por el romance que mantuvieron y el hijo que tuvieron fuera de sus respectivos matrimonios. Europa 51 (1952) es un manifiesto dramático ante el drama social de la posguerra, protagonizado por Ingrid Bergman. Una mujer burguesa se entrega a la caridad cristiana para con un pueblo -ese mismo pueblo que tiempo antes le era indiferente-, luego de recibir el shock traumático tras la muerte de su hijo. 



Ya no creo en el amor (La paura), de 1954, es una adaptación libre de la novela Miedo, de Stephan Zweig, concebida como la continuación de Alemania año cero. "Es mi película mejor construida, y en la que la historia adquiere más significado… Habla de la importancia de la confesión, ya que es donde se puede esperar una cierta humildad y un gran espíritu de tolerancia".  En 1959, fascinado por las posibilidades que ofrecía el nuevo medio, Roberto Rossellini realizó su primer trabajo televisivo, L'India vista da Rossellini, que inauguró una serie de obras para la pequeña pantalla que ocuparían su última etapa creativa y de entre las que destacan La edad del hierro (L'età del ferro, 1965), La toma del poder de Luis XIV (La presa di potere di Luigi XIV, 1967), además de estudios biograficos como los dedicados a los filósofos Sócrates (Socrate, 1971) y Blaise Pascal (1972). Algunos otros films de su extensa filmografía fueron: El amor, Francisco, juglar de Dios, La máquina matamalvados, Nosotras las mujeres, Juana de Arco, Ya no creo en el amor, Viaggio en Italia, El general de la Rovere o Era noche en Roma. Desde una posición humanista cercana a la del hombre del Renacimiento, Rossellini reivindicó una ética de las imágenes y cada film como una experiencia de conocimiento. Su estética e ideas influenciaron a movimientos cinematográficos posteriores como la Nueva Ola Francesa. El director que introdujo la modernidad en el cine falleció el 3 de junio de mayo de 1977, días después de haber presidido el jurado del Festival de Cannes.

 

FICHA TÉCNICA


Título original: Germania, anno zero

Año: 1948

Duración: 74 min.

País: Italia

Dirección: Roberto Rossellini

Guion: Roberto Rossellini, Carlo Lizzani, Max Colpet. Idea: Basilio Franchina

Música: Renzo Rossellini

Fotografía: Robert Juillard (B&W)

Reparto: Edmund Moeschke, Ernst Pittschau, Barbara Hintz, Franz-Otto Krüger, Alexandra Manys, Erich Gühne

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 4 de noviembre de 2020

AVE FÉNIX - PHOENIX

PROGRAMA 304 (23-10-2020)

 

SINOPSIS

 

Nelly Lenz, una alemana judía superviviente de Auschwitz, regresa a su Berlín natal con la cara desfigurada y acompañada por su gran amiga Lene Winter, de la Agencia Judía. Nelly pide a un eminente cirujano que le reconstruya el rostro para que sea lo más parecida a como era antes. Recuperada de la operación empieza a buscar a su marido Johnny, un pianista. Pero el reencuentro no es lo que ella esperaba. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Platón trabaja desde su filosofía, o sea desde su búsqueda del conocimiento, la necesidad de demostrar que algo es estable. Tal vez sea la condena a muerte de Sócrates, su maestro, la que organice o dirija aquella búsqueda, aquella forma de ejercitar el pensamiento, de interpelar lo estipulado y por eso también, lo heredado. Sócrates muere condenado por una sentencia dictada por un tribunal de la época. ¿Hace esto que la muerte de Sócrates sea justa? Platón se preguntará entonces ¿Qué es la Justicia? En el desarrollo de su pensamiento surgirá la necesidad de sostener que hay una realidad realmente real, un absoluto, una realidad objetiva e inamovible, una realidad inmutable. Platón ubicará aquella realidad en un mundo diferente al corporal y planteará que al estar atados a un cuerpo finito y que siente, estamos condenados a un acceso sectario y parcial de la realidad. Esbozará entonces un concepto que será tal vez el origen de todas nuestras tristezas. Dirá Platón que no solo somos cuerpo, sino que hay una parte en nuestro ser que es absoluta y que es nuestro acceso a la verdad. Llamará a aquella parte: alma. Dará forma a aquella idea y la conoceremos como dualismo ontológico platónico según el cual se plantea una escisión no solo del ser humano sino también de la realidad. Vinculará al alma con el mundo de lo incorpóreo, de las ideas y al cuerpo con lo aparente, lo sensible. Dirá, tal vez con cierta pedantería, que el alma es lo verdadero, que el cuerpo, es la cárcel del alma. El cuerpo muta, se degrada y siente. El cuerpo se muere, entonces allí no puede estar la verdad. La búsqueda sobre la verdad es también una búsqueda sobre la identidad. Identidad es una palabra que deriva del termino latino IDEM, o sea, lo mismo. Buscar la verdad, buscar la identidad de las cosas es realizar un viaje hacia aquello estable e inmutable, hacia un mundo, claro, que no es este que percibimos, el nuestro. 

Preguntarnos quienes somos es tal vez exigirnos la búsqueda de algo en nosotros que se repita siempre del mismo modo. Pero si somos transformación permanente, somos aquello inestable, esa cárcel que Platón deshecha y exime de toda verdad, en dónde entonces buscar lo inalterable, la matriz, lo primario. ¿Será     posible aquella búsqueda? ¿Podremos lograr esa división entre lo que cambia y lo que permanece? ¿Cuál de todos estos caminos será el que nos conduzca a nuestra esencialidad? Tal vez la respuesta sea no sea la esperada, ni la más optimista y pensemos como David Hume que las impresiones no nos proporcionan la existencia de una substancia que contiene las cualidades percibidas por los sentidos. No hay una impresión de un “yo”, y por ende, no hay idea de un “yo”. No se puede atrapar al “yo”, solo tenemos percepciones. ¿Pueden imaginarse en qué estado de soledad nos deja aquella idea? ¿Cómo construir una unidad sino de manera ficticia? La idea de unidad se logra siempre a través del ejercicio propio de la memoria, después de todo es la memoria la que nos unifica en lo que somos, pero ¿hay algo que sea menos corrompible y subjetivo que la memoria? La identidad nos ordena y por eso también nos delimita. Supone un juego constante con la diferencia en donde se prioriza aquello que me constituye y me aleja de aquello que no es propio, de la otredad, lo otro, el otro. La identidad entonces, queridos amigos, queridas amigas: tranquiliza. Es quizás una respuesta creativa ante ese abismo oscuro producto de aquella conciencia de deriva que es lo humano. A aquel campo de batalla en donde, como decía Nietzsche, no existe un yo sino múltiples facetas que conviven en estado de tensión. Viene a tranquilizar aquella sensación de que el ser no tiene ningún sentido así como tampoco lo tiene su muerte. Aquel vacío existencial que conlleva este naufragio hacia la nada.  La identidad, entonces, podemos entenderla como una construcción, no es el destino sino el viaje. Una salida elegante, una mentira que nos acerca a la verdad. La verdad, que no es otra cosa que una mentira exitosa. La verdad, otra construcción.

 

Lucas Itze.-  

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE PHOENIX



Encerrados solo por los límites de nuestra piel la vida nos da la oportunidad de ser. Tener una identidad, dejar brillar aquella luz particular que nos representa en la infinitud de las almas. Solemos jugar y decir que esa sensación solo es fugaz porque al momento de darnos un nombre, aquel al que responderemos hasta el día de nuestra muerte, ya nos carga la responsabilidad de portarnos como Juan, Miguel, Laura o Jesús. Nacer en una fecha y horario particular, por ejemplo, también determinará aspectos que solo los nacidos en esa fecha y horario obtendrán. Y hasta nos enseñarán a aceptar todo aquello como un regalo. Es que en definitiva si bien pareciera que son aptitudes universales y naturales funcionan como moldes. En ese sentido podríamos hablar sobre los procesos de sociabilización que nos explica Max Weber como fundamentales para el desarrollo humano en vías de encajar en este engranaje social. Habrán dos instancias según el sociólogo que serán fundamentales: el proceso primario y de mayor relevancia será aquel entorno familiar que sentará las bases de la personalidad del niño, determinará en ese proceso costumbres, nociones sobre el bien, el mal, desarrollará las emociones y formas de expresarlas. Luego estarán las instituciones para el proceso secundario que acompañarán la individualidad del sujeto haciendo de espejo y en el reflejo se darán la afirmación o rectificación de la personalidad. En ese sentido podríamos pensar en una idea de inestabilidad originaria que necesita de objetos estables para desarrollarse. La familia es un concepto, una idea tan antigua como la humanidad. Hoy establecida como institución funciona como objeto estable en la idea que estamos trabajando. Instituciones más novedosas como los países y estados tendrán luego, también, su rol de objeto estable. La identidad de una persona estará conformada por un conjunto de convenciones establecidas a partir de instituciones que se perciben como la representación máxima de la estabilidad. Pareciera ser muy simple pero la dinámica histórica nos muestra que una guerra puede destruir todo aquello que consideramos sólido y establecido. Cuando una bomba cae en una ciudad nos enrostra que la estabilidad solo son dos jóvenes enamorándose un verano.

Ave Fénix, la historia escrita en común entre Christian Petzold y el fallecido Harun Farocki, es una adaptación de la novela "Retorno de las cenizas", de Hubert Montelhet, que tuvo anteriormente dos versiones cinematográficas. Estrenada en 2014 en Alemania, nos encontraremos con una historia de posguerra, un drama que buscará jugar con el metamensaje para simbolizar el proceso de reconstrucción de un país azotado por la segunda guerra mundial. Mientras que el mensaje será aquel rostro de Nelly Lenz protagonizado por Nina Hoss, veremos el rostro desfigurado de Nelly, por primera vez, al mismo tiempo que los escombros del edificio en el que ella vivía antes de la guerra y por los que camina unos segundos hasta que desiste enseguida al verse reflejada en un espejo roto. Le dirá a continuación a Lene (Nina Kunzedorf), su amiga, que ella ya no existe. A partir de ese momento podremos captar aquel juego propuesto por el director alemán. Se reforzará desde el dialogo que mantendrán dentro del vehículo la importancia en la semántica en la palabras utilizadas: reconstrucción / restauración. La conversación será sobre aquella cara irreconocible pero también sobre las calles de Berlín. Ella, cantante, buscará a su esposo Johnny (Ronald Zerfeld), pianista, con la esperanza de encontrar en él pedazos de lo que fue ella para, de alguna manera, volver a reconocerse. Aquel será el nudo de la historia en la que se desarrollaran ideas sobre la traición, el miedo, los valores, el amor, y la identidad. 

Este último concepto será el que sobresalga a partir de planos que buscaran afirmar la idea mostrando siluetas humanas indefinidas a través de vidrios esmerilados o reflejados en otros objetos. Quedará afirmada la idea de que el concepto de realidad tal como Platón explicó alguna vez se encuentra delimitado siempre bajo algún reflejo. La imposibilidad de llegar a lo genuino aun hasta nuestras propias verdades, aquellas que solo nos definirían a nosotros mismos podría llegar a ser solo un buen reflejo de nuestras propias sombras. Tanto la fotografía como la puesta en escena estarán muy bien utilizadas por lo que el retrato de la época será casi perfecto. La banda musical esta realizada por Stefan Will, pianista, compositor y podríamos decir que socio de Petzold ya que ha trabajado la música de la mayor parte de sus realizaciones. Con respecto a la música podemos decir que tendrá un rol minimalista pero de gran importancia porque el film comienza y finaliza con “Speak Slow” de Kurt Weill, compositor alemán que obtuvo el éxito definitivo con "La ópera de cuatro cuartos" en 1928, escrita en colaboración con el dramaturgo Bertolt Brecht. 

La resolución, casi como una conclusión final será la letra de la canción. Phoenix quedará resuelta en esos últimos minutos que son el punto más alto de la película, siendo la trama en algunos pasajes un poco endeble en la verosimilitud de los acontecimientos que construyen las relaciones y que van develando información acerca de los personajes y de la historia a cuenta gotas, pero que sin embargo, retomando lo dicho sobre el metamensaje, importará poco y funcionará por lo que representa simbólicamente el largometraje. La veremos a Nelly resuelta en dejar aquellos espejos rotos atrás y decidida en confiar solamente en los suyos. Aceptando sus nuevas formas pero sobre todo sintiendo que después de tanto tiempo puede estar en pie…

 

Alan Beneitez.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO PETZOLD

 


Nació en Hilden Haan, Renania del Norte-Westfalia, el 14 de septiembre de 1960. Luego de la secundaria, estudió teatro y filología en Berlín. En 1988 entró a la Escuela de Cine de Berlín, donde se recibió en 1994. En esos años, más precisamente en 1992 dirigió el mediometraje Das warme Geld, sobre dos amigas que roban en bares para sobrevivir. Su primer largo fue para la televisión y llegó en 1995. Se tituló Pilotinnen, y trataba sobre la vida de una representante de cosméticos que ve peligrar su trabajo. Un año después filma también para la TV Cuba libre, una road movie sobre dos indigentes que fueron pareja y se vuelven a reencontrar. En 1998 dirige Die Beischlafdiebin, otro telefilm con una ladrona como protagonista. Su gran salto se da en el año 2000 cuando estrena La seguridad interior, sobre dos terroristas de izquierda que huyen de la policía hace 15 años y se complica la situación cuando la hija se enamora de un desconocido. 

Logra el premio a Mejor película en Alemania. Luego filma otro telefilm llamado Toter Mann, en la que la protagonista es quien se transformaría en su actriz fetiche: Nina Hoss. En 2003 llega Wolfsburg, la historia de un hombre depresivo que atropella a un niño en bicicleta y entra en contacto con la madre de ella, sin decir quien es. En 2005 filma Fantasmas sobre una mujer que busca a su hija desaparecida desde los 3 años, hasta que cree dar con ella. Nuevamente trabaja con Nina Hoss en Yella, quien gana el Oso de plata en Berlin luego de interpretar a una mujer que renuncia a todo para buscar una nueva vida. En 2008 llega Triangulo, otro drama romántico con tres protagonistas que llevan complejas historias de vida. Hace un parate para otra peli para la tv llamada Dreileben y continúa con Barbara, uno de sus mejores films, que tiene a una enfermera que es enviada a trabajar a un pequeño pueblo de Alemania Oriental como castigo.

Nina Hoss nuevamente como protagonista, gana el premio a Mejor director en Berlín. Luego llega Phoenix en 2014 y cuatro años después estrena Transit, nuevamente sobre la Segunda Guerra Mundial, esta vez con un refugiado alemán que está en Marsella y quiere llegar a México bajo la identidad de un escritor muerto pero se enamora de una joven que no quiere escapar. Nominada a mejor película extranjera en varios festivales. 

Lo último que ha filmado llegó este año: Undine, sobre una historiadora llamada Ondina (como las ninfas acuáticas de la mitología griega) que da conferencia sobre el desarrollo urbano de Berlín. Pero cuando su amante la abandona, el mito se apodera de ella y solo quiere venganza de una sola manera: matándolo para regresar a las aguas.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Phoenix

Año: 2014

Duración: 98 min.

País: Alemania

Dirección: Christian Petzold

Guion: Christian Petzold, Harun Farocki (Novela: Hubert Monteilhet)

Música: Stefan Will

Fotografía: Hans Fromm

Reparto: Nina Hoss, Ronald Zehrfeld, Uwe Preuss, Nina Kunzendorf, Michael Maertens, Uwe Preuss, Imogen Kogge, Eva Bay, Kirsten Block, Megan Gay, Valerie Koch

 

PELÍCULA COMPLETA