SINOPSIS
Justine (Kirsten Dunst) y su prometido
Michael (Alexander Skarsgård) celebran su boda con una suntuosa fiesta en casa
de su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland). Mientras
tanto, el planeta Melancolía se dirige hacia la Tierra... (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
El cigarro se consume lentamente. Las cenizas caen sobre una baldosa mojada. La lluvia no cesa. La gente que camina sin paraguas trata de apurar el paso sin resbalarse en el intento. Otros, se adecúan a lo que dicta la madre naturaleza. Al fin y al cabo, ella siempre decide todo. Miro las caras que pasan a mi lado. Son como zombis que transitan en modo automático. Algunos se desconectan con sus auriculares. Otros hacen del celular una parte más de su cuerpo. Todos fingen felicidad. Alguno me mira de reojo. Sigo apoyado sobre ese edificio que siempre parece a punto de derrumbarse. Mi mirada está perdida, ni yo sé por qué… Si en este mismo momento el edificio empieza a agrietarse para caerse sobre mí, no gastaría ni un gramo de energía en correr. Total, ese resultado final el tabaco lo está realizando con más paciencia. Pienso entrar al bar. Ese bar que acabo de salir hace unos minutos… o quizás fueron horas, quién sabe. También pienso que me mirarán con extrañeza si vuelvo a entrar y pedirme otra vez lo mismo de antes. Pienso, pienso, pienso. A veces demasiado y en ese pensar se van los actos que podríamos haber hecho. De pronto, del edificio sale una chica con un paraguas negro. Coincide con sus rulos y con su maquillaje. Que lo noto rápidamente porque cae sobre su piel, debido a unas lágrimas que intenta secarse. Mira la gente, la calle, la lluvia, las baldosas flojas y los autos que pasan.
Los colectivos atestados de gente van por otro carril. Ella pensará
en llegar allí lo antes posible. Bah, otra vez yo pensando lo que ella pensará,
quizás está esperando un kilo de helado de pistacho, no lo sé. Chocamos las
miradas fugazmente. De pronto parece invadirnos un silencio desolador, esos de
película. Y en segundos, una explosión, lejana pero que nos invita a agarrarnos
de las paredes. Gritos, corridas, llantos. A lo lejos se ve humo. El mundo
tiembla. Algunas llamas se cuelan en edificios lejanos. La sirena de los
bomberos aparecerá de pronto. Ella sigue apoyada sobre la otra punta de ese
edificio. Nos volvemos a mirar. Decide acercarse cautelosamente y me pide
fuego. Le convido torpemente y su rostro delata todo. Esa especie de tristeza,
pero más duradera. La reconocí en el momento, porque estaba en la misma
situación. Una especie de estado. Con una seña me dice que nos sentemos sobre
el pequeño escalón del edificio. Una vez hincados, apoya su cabeza sobre mis
hombros. Siento paz, como en mucho tiempo no sentía. Imagino que ella también.
Nos quedamos así por segundos, minutos, quizás horas. Con sus enormes rulos cayendo
sobre mi espalda. Ella sin lágrimas. Yo sin necesidad de pensamientos. El mundo
sigue girando, naciendo, estallando y muriendo. Y aquí nuestros cuerpos
petrificados, intentando escapar de la melancolía.
Marcelo De Nicola.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE MELANCOLÍA
Nadie habla del abismo, porque como bien sabemos, cuando miramos al abismo, es el abismo el que nos mira a nosotros. Y ahí, claro, la cosa se complica. Tenés que estar bien. Ya va a pasar. Tenés que mirar para adelante. Vas a salir, vos sos fuerte. Son algunas de las frases que el temor pone en boca al interlocutor del doliente. Nadie se queda en el barro a ver qué pasa. Nadie se ensucia para escuchar, para dar un abrazo o simplemente estar, acompañar desde la presencia, con silencio de fogata. Y entonces, uno queda solo. Solo y con un mandato: tenés que estar bien. Pero la felicidad no llega por mucho que la invoque. La felicidad no llega y somos cada vez más conscientes de aquello. Y esto nos coloca en aquel lugar que tan bien el viejo describió en aquel poema llamado Final: Somos como rosas que nunca se molestaron por germinar cuando debimos haberlo hecho, y es como si el sol se hubiera hartado de esperar. Ahí estamos nosotros, los tristes, los angustiados, los melancólicos, los dolientes, los dolidos, los que sufrimos. Con ese vacío en el pecho, con esa ansiedad que solo se distrae con pastillas, con nuestras miradas perdidas, y nuestros ojos rojos por el llanto que no cede, por el sueño que no llega y eso nos desespera cada vez más, eso profundiza nuestra prisión y nos sumerge un poco más en la oscura profundidad de nuestro ser, por las imágenes que nos castigan. Estamos solos, cada vez más solos. Y esa soledad se profundiza al mirar a nuestro alrededor.
Porque para entonces, nuestra mirada ya no es la misma, porque uno cae en cuenta sobre la realidad simbolizada que nos rodea. El sinsentido imperante. Cae en cuenta, irremediablemente, sobre nuestra finitud en un mundo infinito. Sobre nuestra imperfección en un sistema natural perfecto. Nuestra insignificancia frente a la inmensidad avasallante de un universo apático. La habitación es pequeña, es oscura y temeraria. Lo único que queda, quizás es entonces, rebelarnos. Revelarnos contra aquello que intentan hacer de nosotros. Tenés que estar bien. Rebelarnos ante la sentencia, porque un tipo triste, un tipo que enfrenta a su abismo, que ya no tiene nada de donde sujetarse, nada que lo ate, da miedo. Su mirada toma un brillo distinto, y logra mirar a la naturaleza por primera vez con verdadera melancolía. Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Rebelarse ante tanto autoritarismo, ante tanto cartón pintado. Ante las posturas, el lenguaje mismo. Hablar nosotros mismos alguna vez para al fin romper la dictadura del lenguaje, de todo aquello dicho. El film que nos congrega hoy es el de un gran amigo de esta casa llamado Melancolía, del siempre incorrecto Lars Von Trier. La cinta narrará la historia de Justine, una joven que se casará en la mansión donde vive su hermana con su marido millonario y su hijo. Los primeros segundos de la película, en donde el director presentará a sus personajes, habrá una decisión estética muy clara sobre el cómo lo hará, revelará mucho del conflicto.
Se la verá a Justine y al novio en una gigantesca limusina intentando llegar a la mansión por un minúsculo camino de tierra. En una curva, la limusina debido a su tamaño no podrá girar y se atascará por unas cuantas horas. Eso será Justine. Será el objeto que desencaje con el entorno. Será una limusina gigante para un camino pequeño, será una mala decisión que será tomada por vistosa y no por funcional. Será la evidencia del mandato. En la secuencia siguiente, la veremos llegar caminando con los zapatos en la mano. En menos de 5 minutos de película, el director con la astucia que lo caracteriza, nos ha contado casi todo. Basta con afilar el ojo y ver que esta todo allí servido para nosotros. Para ser fiel a la realidad, el film comenzará con una breve secuencia de imágenes pseudo apocalípticas en cámara lenta, tal vez con la mejor fotografía que este que les habla haya visto jamás. Aquellos planos tendrán una delicadeza estética dignas del mejor arte pictórico. ¿Será todo un racconto? En realidad no, ya que aquellas imágenes responden más al mundo onírico que al real. La estructura narrativa estará dividida en dos capítulos, los cuales cada uno se llevara el nombre de una de las hermanas. Comenzaremos con Justine para luego seguir con Claire. Justine padecerá de una tristeza profunda, para no confundir los términos, usaremos el correcto, padecerá de melancolía.
El texto Duelo y Melancolía
de Sigmund Freud de 1917, describe el perfil psicológico
del personaje con claridad, aun siendo que el texto mismo se jacta de no ser
claro o preciso. En el primer capítulo
la veremos a ella doliente, sufriente y vulnerable. En cambio su hermana Claire será la que llevará las riendas
de la situación. La cuidará, la ayudará con mucha paciencia a levantarse de la
cama, a realizar distintas actividades, a comer. Todo cambiará en el segundo
capítulo. Lo notaremos en el brillo melancólico de la mirada de Justine. Dejará de ser víctima,
aceptará su condición, su soledad fuera del rebaño, vamos, aceptará al fin que
su postura no es otra que la de quien hace filosofía, la de quien cuestiona y
deconstruye y eso claro, angustia y nos aparta de la masa inexorablemente. Y
allí sus ojos por fin miran a la naturaleza con aquella nostalgia tan
seductora. Entonces, el segundo capítulo
será la metáfora convertida en literalidad. El mundo, SU mundo, será destruido por un planeta llamado Melancolía. Ella mantendrá la calma
mientras su hermana colapsará y entrará en pánico. La diferencia entre ambas
será en que Justine no tendrá nada
que perder, será su transformación a la que estemos asistiendo, estaremos
viendo al fin a la mariposa salir del capullo. Los anarquistas tenían una
teoría, la cual concuerda perfectamente con el modo de filmar del director Lars Von Trier. La teoría es la
siguiente: destruir es fácil. Destruir y
construir es la gran aventura. Construir sin destruir, no supera la ilusión.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO
VON TRIER
Nació en Copenhague (Dinamarca) el 30 de abril de 1956. Lars von Trier fue
uno de los creadores de Dogma 95, un movimiento cinematográfico con
el cual se llama al regreso de historias más creíbles en la industria fílmica,
al uso mínimo de los efectos especiales. Empezó a fines de los 70 con pequeñas
películas en su país natal, y fue en el año 1984, cuando recién salido de la
escuela de cine, empezó a ser reconocido por la crítica. Con El Elemento del crimen, dio comienzo a la trilogía Europa,
que siguió con Epidemic en 1987 y que se cerraría con Europa en
1990. En 1996 lanzó otra trilogía, a la que tituló Corazón Dorado,
que arrancó con Rompiendo las olas, con el que terminó de afianzarse en todo el mundo.
Luego llegó Los Idiotas en 1998, y Bailarina enla oscuridad en 2000.
Otra trilogía iba a armar a partir del 2003, cuando con Dogville dio origen a la trilogía USA,
donde el director muestra el punto de vista del país americano. En 2005
filmó Manderlay, y se espera Washington, que nunca vio la luz. En
el medio filmó el documental Las cinco obstrucciones, junto al antiguo director Jorgen Leth. En 2007 filmó la
única película que no forma parte de una trilogía: El jefe de todo esto.
Su nueva trilogía se dio a llamar Trilogía de la Depresión y
comenzó con Anticristo en 2009, siguió con Melancolía en
2011 y en 2013 salió la polémica Nymphomaniac. En 2018 dirigió hasta
ahora su último film, titulado La casa de Jack, con Matt
Dillon y Bruno Ganz. En los años ´90 creó la
miniserie El reino, sobre un hospital que esconden secretos
demasiado terribles que van saliendo a la luz. El año pasado volvió con la
tercera temporada luego de 25 años.
FICHA
TÉCNICA
Título original: Melancholia
Año: 2011
Duración: 136 min.
País: Dinamarca
Dirección: Lars von Trier
Guion: Lars von Trier
Reparto: Kirsten Dunst, Charlotte
Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård, Brady Corbet, John Hurt.
Música: Mikkel Maltha
Fotografía: Manuel Alberto Claro







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