Ficción o realidad, esa es la cuestión. El mundo del cine conjuga personajes de todo tipo y color, cada semana nos ocuparemos de analizar diferentes obras del séptimo arte, con el fin de informarnos, debatir y recordar esas películas que nos hicieron reír, llorar, pensar, y sobre todo, sumergirnos en ese mundo apasionante. Todos los viernes de 20 a 21 hs, por FM Boedo, con la conducción de Lucas Itze, Marcelo De Nicola y Camila Dubinsky.
Hong Kong, 1962.
Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio
habitado principalmente por residentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una
joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es
secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de
viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de
casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos. Un
día, ambos descubrirán algo inesperado sobre sus respectivos cónyuges.
(FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Hoy regresé a mi viejo barrio para recordarte.
Caminando por aquellas veredas donde tantas veces imagine un tal vez que nunca
se materializó. Dibujé siluetas tuyas con mi sombra, sombra intocable, sombra
que se transformaba cuando intentaba acercarme, que huía cada vez que daba un
paso. Sombra misteriosa que pintaba tu pelo negro con el humo de mi cigarrillo.
Sombra que se distraía y se ponía a jugar ser mi espejo de hoy ¡Maldita sombra
que interpretó a la perfección tu papel! Hoy regresé a encontrar en aquellas
huellas que dejamos y que aún siguen intactas, trocitos de posibilidades,
intentos imaginarios de sinceramientos presos de absurda cobardía, fantasías
que quedaron abrazadas a pedazos de mi inocencia y juventud, sensaciones de
real satisfacción inmortalizadas en tus risas, aun sabiendo que el destino no
tenía más que eso para nosotros.
Y entonces pensé que no teniendo nada, lo
tenía todo y me pregunté cuando fue que me volví tan exigente y autoritario con
mi felicidad. Si solo bastaba con quemar las horas buscando revelar el misterio
que escondían ciertos gestos tuyos. La felicidad descansaba en pequeños actos
desinteresados, en la búsqueda de metas inalcanzables, en besos imaginarios, en
esos instantes que el viento se me aliaba acercándome tu perfume. Todo aquello
que en principio parecía un homenaje a tu gracia mutó y entonces me di cuenta
que no era a vos a quien buscaba sino a mí mismo. A mi yo de antaño que sin
tanta tecnología sabía dónde encontrarte pero sobre todo, donde encontrarme. No
teníamos nuestro Pont des Arts pero si aquella esquina, aquella magia y
aquellos atados de 10 que quemábamos con la misma rapidez que se fueron esos
atardeceres y que ardieron junto a la posibilidad de llegar a vos. Bebo el
último sorbo de vino caliente sentado en el umbral de aquella puerta que es
donde termina mi recorrido y donde te vi por última vez sin saberlo. Me despido
de vos y de mí mismo con la esperanza de que este eco que aún resuena sobreviva
y siga esperándome allí otros 20 años más o hasta que
vuelva a perderme.
Alan Beneitez.-
Canción elegida para editorial
IMPRESIONES
SOBRE CON ÁNIMO DE AMAR
Todo empezó sobre
aquella mesa de madera perdida en el fondo del lugar, bajo la luz amarillenta,
junto al humeante cenicero que como una locomotora infernal me conducía sin
frenos a los arrabales más desiertos que la noche escondía. Esa noche de la
cual hasta las estrellas habían huido también fue protagonista de aquel
comienzo. Tan frágil, tan agobiante, tan lejana. La trama ve aquella seductora
danza que dibuja el humo de mi cigarrillo y sale a su encuentro sin dudarlo.
Siempre supe que hay algo de adolescente en el actuar de la trama. Ese amor que
no presiente, ese fuego incontenible, indomable. Esa inocencia rebelde, ese
desacato militante para con los horarios y las tradiciones. Uno termina
cediendo ante sus caprichos, pero aun así buscamos tenderle trampas. Buscamos
parecer mejores de lo que somos, solo para retenerla un rato más, un café más,
un último renglón más. Hacemos talleres para seducirla, buscamos una vida de
excesos, nos perfumamos de bohemia. Visitamos bares y hasta tiramos botellas al
dormido mar de las nostalgias. Nos dejamos la barba y la vista perdida en
cualquier lado. Pero la trama se va como los buenos amores, sin decir nada, sin
últimas palabras, sin hasta luegos. El blanco devora toda forma como una fiera
hambrienta. Ya no hay rectas, ya no hay colores. Los nombres buscan algún
refugio allá lejos, muy cerca del olvido. Hace frío por acá. Ya no hay voces.
No hay olores. Nadie dicta el texto. ¿Dónde está aquel jardín bañado de sol
dorado? El conejo ya no viene y sin conejo no hay madriguera. ¿Cuál será mi
abismo, si hasta el sol se ha olvidado de nosotros? Alejandra. ¿Por qué siempre Alejandra?
Una muñeca vestida de princesa toma el té. Con sutileza de princesa y no de
muñeca, bebe sin quemarse. Apoya una taza que ya no es de este mundo, sino de
otro al que olvidaremos en el próximo sorbo. El ahora, aquel ápice vertiginoso.
Borges. Siempre Borges.
En cada intento sus sombras aparecen a devorarlo todo. A
exigir más de donde hay tan poco. El cuadro busca la altura de la muñeca
princesa, todo es blanco y negro y el fondo se equilibra de manera exacta con
su recorte. Exterior / atardecer en el acantilado / hora mágica. El sol cae
lento por el fondo de la imagen. Vemos el moribundo recorrido del astro en su
eterno tiempo real. El punto de vista no se moverá de ahí. La muñeca llora. La
lágrima helada sobre el té. Bergman.
Bergman y la muerte. Bergman y el blanco y negro. Siempre
ellos dando forma, siempre ellos cuestionándolo todo. Allen, Von Trier, Cortázar, mi viejo. ¿Mi viejo? Si, el también y mi vieja con toda su poesía recitada, esa poesía que resuena como
un río inalcanzable contando historias con su canto de rocas. Allí es donde está
todo el tesoro, aquel tesoro que nunca se alcanza pero al que uno recurre como
si las manos pudieran jugar con sus monedas doradas. Aquel tesoro que está pero
no se toca. ¿Pero qué hacer con un tesoro que no se toca? Bueno, después de
todo, un tesoro que no se toca no es otra cosa más que un recuerdo. Aventurarse
al recuerdo por más que duela, volver a esas callecitas de la memoria donde
todos éramos felices y todos estaban vivos. Algunos detractores querrán llevarse
nuestra aventura y acercarán con sus frías manos la tentadora copa del olvido
advirtiéndonos que nada de lo que uno recuerda es auténtico, que lo verdadero jamás
puede ser parte de la memoria. Pero nosotros rechazaremos con cierto heroísmo
aquel alivio canallesco que promete el olvido porque siempre supimos que no hay
otro paraíso que el paraíso perdido.
Esto puede parecer el final pero quizás no
sea más que un intento. Tal vez es solo el comienzo. Este será el juego que nos
propondrá nuestro buen amigo Wong
Kar-Wai en la segunda parte de la trilogía sobre el amor llamada In The Mood For Love. Será Chow el
encargado de padecer el doloroso conflicto que es siempre recordar. Intentará
escribirlo todo, borrará y empezará de nuevo. Probará estilos intentando
acercarse ya no a lo verdadero de una historia sino a aquel recuerdo inmanente
de un amor idílico. El film estará construido con una estética exquisita.
Podremos reconocer muchas influencias que ayudarán a organizar un todo
diferente. Notaremos cierta narrativa Almodovariana
que se repetirá en el armado de escenarios y elección de colores. Habrá cierta
dramática que nos recordara la escritura de Allen. Notaremos cierto ritmo típico de Cortázar. Y los boleros sonaran para robarnos el alma,
infernalmente, enfermizamente. La estructura narrativa del film no será lineal,
la trama se perderá para luego volver diferente. Se crearán no espacios que serán sostenidos por la
capacidad actoral de los intérpretes. Habrá escaleras que suban y bajen a la
vez para llegar a habitación situadas en ninguna parte. Aunque el tono lo
amerite, no estaremos dentro del terreno de lo surrealista. Asistiremos a una
experiencia única de la narrativa y la memoria. La creación buscando derrotar
al olvido. El arte, buscándole algún sentido a toda esta vida, a este manojo
infernal de memoria que somos, a este cúmulo de ausencias infinitas, a este ser perdido entre la soledad de dos
incógnitas. Este sí puede ser el final. Aunque tal vez sea solo el principio.
Lucas Itze.-
Canción post
impresiones
UNIVERSO
WONG KAR WAI
Nacido en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5
años de edad, por las dificultades para hablar el idioma cantones de su lugar
adoptivo (él hablaba mandarín y dialectos de Shangai), iba con su madre al cine
pasándose horas ahí dentro.
Empezó trabajando como guionista para la
televisión, y después empezó una carrera junto a su amigo australiano Christopher
Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films,
gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el poeta de la imagen”.
Su primer film fue en 1988, llamado El
fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que
están inmersos en el mundo de la mafia china.
Dos años después llegó Días salvajes,
film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.
En 1994 filma Ashes of Time, donde
cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de
tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.
Ese mismo año llega uno de sus films más
aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno
barrio turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por
un lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue
nominada a mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos
de Quentin Tarantino.
Un año después filma la excelente Angeles
caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere
retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que
vive con su padre.
En 1997 estrena Felices juntos, la
historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva
vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja
de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho,
aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director
en Cannes.
El 2000 llega con una catarata de premios gracias
al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un
diario local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba
de ir a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto
descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de
la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor
película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo
de Críticos de Nueva York.
Participa del film Eros, una película
dividida en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto
a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni. Su segmento se
tituló La Mano.
En 2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el
film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque
en realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra
del cineasta.
Llega a Hollywood en 2007 cuando estrena My
Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual
por América y a lo largo de la
Ruta 66 se encontrará con diversos personajes. Nominada a la Palma de Oro en Cannes. El último
largo que ha filmado fue El arte de la guerra en 2013, la
historia de Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce
Lee) y la bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su
importancia en la civilización china, en la previa de la invasión japonesa de
1936.
En estos años está preparando Blossoms Shangai, una
serie contada durante dos períodos: desde la década de 1960 hasta mediados de
la década de 1970, el final de la Revolución Cultural;
y desde la década de 1980 hasta principios del siglo XXI.
Sería una adaptación de la novela de Jin Yucheng que completaría una nueva
trilogía junto a sus emblemáticos títulos ‘Deseando amar’ y ‘2046’.
FICHA TÉCNICA
Título original:
Fa yeung nin wa (In the Mood for Love)
Año: 2000
Duración: 95 min.
País: Hong Kong
Dirección: Wong
Kar-Wai
Guion: Wong
Kar-Wai
Música: Michael
Galasso
Fotografía: Christopher
Doyle, Mark Lee
Reparto: Tony
Leung Chiu-Wai, Maggie Cheung, Rebecca Pan, Siu Ping-Lam, Mama Hung, Chan
Man-Lei, Koo Kam-Wah, Yu Hsien, Chow Po-Chun, Joe Cheung, Kelly Lai
Reflexionar
sobre el recuerdo en un país donde los personajes que hoy se quedan con tu
trabajo, tu dignidad, tu salud, tu educación, tu deseo son los mismos que lo
hicieron hace algo más de doce años, se convierte en algo, por lo menos,
difícil. De todas maneras, podemos hacer el ejercicio y aunque sea jugar por un
instante con aquel concepto. Alguien dijo que el recuerdo es un sendero
recorrido por las lágrimas, y creo coincidir con aquella idea. Una imagen vence
la erosión prudente del olvido, cuando sus detalles están esculpidos por el
filoso cincel de los sentimientos. Solo de aquella manera lograremos que valga
la pena sumergirnos en aquel tormentoso bosque plagado de oscuros reflejos que
es nuestro pasado, para ir al encuentro de aquello que insiste en volver. Cabe
destacar, como la audiencia bien lo sabe, que este programa descree por
completo del recuerdo (aunque no así de la memoria) y de aquel juego del
retorno que este propone. Como ya hemos repetido en distintas ocasiones, nadie
vuelve sino al lugar que nunca estuvo. El retorno es imposible.
Nos
sumergiremos con patético heroísmo en el empantanado camino de la anécdota para
rescatar de la lejanía inconmensurable del hoy, cierta caricia, cierto rostro.
Caminaremos las cuadras de nuestra niñez chiflando con el mayor de nuestros
esfuerzos a la impasible ventana de Cristian, arrojaremos piedras del material
que están hechos los sueños al balcón del gordo Gomez implorando verlo salir
nuevamente con aquel gesto desprolijo, suplicaremos ante el rostro atónito de
cualquier anciana que deje salir a jugar Emi aunque sea una vez más… pero todo
esto será en vano. Aquellas cuadras ya no existen o son parte del recuerdo de
algún otro. El viajante sabio sabrá detener su búsqueda a tiempo, en el
instante previo a sucumbir ante lo que Unamuno llamó el sentimiento trágico de
la vida, justo algunos pasos previos a caer ante la pavorosa angustia de
sabernos finitos. El camino estará repleto de profundas tristezas y eso tal vez
lo haga más interesante. Habrá un lugar, para la suerte de todos nosotros,
donde nos confundiremos en un único abrazo. Ese lugar, mis queridos amigos, es
el olvido.-
Lucas
Itze.-
Canción
elegida para la editorial
Uno
de los temas del film
IMPRESIONES SOBRE 2046
El
tren está esperando en la estación. Los pasos son cada vez más rápidos,
transformándose en una carrera contra el tiempo. El altavoz avisa que es el
horario de partida. En una de las ventanas, se ve su largo cabello negro, como
si estuviera ausente. Se la ve riendo a lo lejos, hablando quien sabe con quién.
Los músculos intentarán su último esfuerzo, mientras la garganta revienta algún
vidrio, en un grito tan enérgico como jamás escuchado. La bocina marcará el
punto de quiebre. Será el último ruido. Se producirá un silencio infinito.
Vendrán a la mente cientos de imágenes que pasarán como un álbum de fotos. Un
beso, una caricia, una sonrisa inmaculada. Un adiós, espontáneo como pocos.
Miles de voces escondidas tras un caparazón cobarde que no vieron la luz.
Preguntas que sólo encontrarán respuestas en conversaciones entre almohadas y
ecos de agujas de reloj. Recuerdos de amores olvidados y de desamores
inolvidables. Palabras mudas que nunca llegaron a destino, ya que se perdieron
en el subconsciente, de miedo a ser rechazadas. Será el tiempo el encargado de
curar las heridas. Nos mataremos a preguntas, tratando de explicarnos porque no
hicimos tal o cual cosa. Repasaremos ciertas escenas una y mil veces, para
tratar de cambiar un final que no estaba escrito, pero que no nos animamos a
modificarlo. Aparecerán sueños con finales felices, para despertarnos y volver
nuevamente a quedarnos sin nada. Veremos pasar los trenes, pero los vagones
siempre estarán vacíos. ¿Habremos dejado escapar algo para toda la vida o solo
disfrutamos del aquí y ahora? ¿Podremos convivir con esos recuerdos...?
Amores,
desamores, olvidos, recuerdos, un poco de todo eso es lo que nos trae el gran
cineasta Wong Kar-Wai en su film 2046. La película iniciará con una voz
en off hablando de un futuro lejano, en un planeta conectado por una enorme red
ferroviaria, y a donde todas las almas solitarias intentan llegar a ese lugar
misterioso que es 2046. Salvo Tak,
el único que decidió volver. Pronto, nos daremos cuenta que él es el
protagonista de una novela que está escribiendo Chow, el verdadero protagonista del film. Los entendidos del cine
del director de origen chino, veremos en Chow a alguien que reconocemos de
films pasados, como Días Salvajes,
pero sobre todo, Deseando amar, pero
sin ser una secuela propiamente dicha. Aquí, el amor de Chow con Su Li-Zhen se ha acabado. De ella,
quedarán sólo los recuerdos. El volverá a Hong Kong luego de años trabajando en
Singapur, y se encontrará con Lulú,
un antiguo amor. Al salir, se dará cuenta que la habitación es la 2046, mismo
número de sus aventuras pasionales con Su Li-Zhen. El querrá alquilar esa
habitación, pero no podrá. Más tarde, se enterará que Lulú fue asesinada luego
de su encuentro. Tendrá que conformarse con la habitación 2047, que está
conectada a la 2046 por un pasillo en común. Allá pasará sus días, intentando
borrar los recuerdos. Será ahí donde se cruce con varias preciosas mujeres, a
quienes seducirá, como una especie de gigoló moderno, para no quedarse con
ninguna. La historia no será lineal, ya que se moverá por diferentes líneas de
tiempo. Veremos a Chow a partir de 1966, pero también recordaremos cosas del
pasado, y sobre todo, nos adentraremos en el futuro, en ese 2046 multicolor,
con las androides más bellas que se recuerden.
También habrá algunas imágenes
de archivo, para situarnos en ese contexto histórico. El director demostrará
una vez más porque es llamado un poeta visual. Cada fotograma estará
perfectamente encuadrado. Jugará con los colores de una forma brillante.
Veremos la perfecta sintonía entre la vestimenta de algunos protagonistas, y
las cortinas o paredes que conforman el hotel. Por momentos, la pantalla
quedará casi toda verde, en otros momentos, se disfrazará todo de rojo. Algunos
encuadres darán la sensación de que la cámara es el ojo del espectador, como si
estuviera espiando que es lo que pasa más allá de la mirilla. También jugará
mucho con las cámaras, a veces ralentizando la escena, mientras suena alguna
ópera de fondo, como en ese comienzo dividido entre el hotel y el club de
baile. Recurrirá mucho la profundidad de campo y los planos cortos, mezclado
con ciertas luces fuera de foco, como el humo del cigarro que se superpone con
la luz del televisor, demostrando que el director elige con paciencia como
jugar con todo lo que tiene a mano. Las habitaciones pequeñas y los pasillos
angostos se conjugarán con la frialdad de Chow para encerrar sentimientos.
Solo
veremos la terraza del hotel en los momentos donde la hija del dueño del hotel
va a llorar de tristeza, como el lugar ideal para sacar las emociones afuera.
En algunos casos, Kar-Wai mostrará lo justo y necesario, focalizará quizás más
en los sonidos, que en las imágenes, recordando una escena donde se ven los
pies de la vecina sobre una pila de libros, mientras se escucha gritos de
placer de fondo. La fotografía y la música, entonces, serán fundamentales para
que el film sea completo. Shigeru
Umebayashi y Peer Raben serán
los encargados de mezclar óperas con canciones como Perfidia y Siboney, en un
español que queda sonando de fondo en nuestras mentes. Kar-Wai también utiliza
distintos idiomas, según los protagonistas, como el mandarín, el cantonés o el
japonés, lo que hace todo mucho más real. Real como los recuerdos, esos que
vienen a la mente de Chow cada tanto y que no puede olvidar, aunque pase el
tiempo. Elegirá ese camino. Preferirá pasiones de una sola noche, evitando que
el tiempo lo deje otra vez sin nada. Ese tiempo que dicen que cura todo, pero
no es más que una simple frase de fantasía. Ese que se escurrió una vez,
mientras el tren se alejaba, y nos dejó con miles de preguntas sin responder,
esperando que alguien nos saque de ese refugio que es la soledad.
Marcelo
De Nicola.-
Canción post impresiones
La
mañana me encuentra sospechando en el aire ¡contaminado!,
¡Vías
muertas de un expreso que quedó en el pasado!
Nos
despedimos con todo
FICHA
TÉCNICA
Título
original: 2046
Año:
2004
Duración:
120 min.
País: Hong Kong
Director: Wong Kar-Wai
Guion: Wong Kar-Wai
Música: Peer Raben, Shigeru
Umebayashi
Fotografía: Christopher Doyle,
Lai Yiu Fai, Kwan Pun Leung
Reparto: Tony Leung Chiu
Wai, Zhang Ziyi, Faye Wong,
Gong Li, Kimura Takuya, Lau Ka
Ling, Chang Chen, Maggie Cheung, Ah Ping
SINOPSIS
Un
escritor que creía escribir sobre el futuro, en realidad estaba escribiendo
sobre el pasado. En su novela, un misterioso tren salía de cuando en cuando con
dirección al año 2046. Todos los que subían a él lo hacían con el mismo
propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decía que en 2046 nada cambiaba.
Nadie sabía a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los que
viajaron regresó jamás. Con una excepción. Él estuvo allí. Se marchó
voluntariamente. Quería cambiar.
N.
tiene 19 años. Hace poco pasó esa parte que debería ser hermosa: la
adolescencia. La suya fue muy distinta. Los recuerdos de la niñez, en tanto,
son simples bocetos en color gris, mezclados con negro y rojo. N. siempre
sintió que no nació, sino que apareció en el mundo como si hubiera sido una
falsa obra de algún brujo ya sin poderes. Aprendió a caminar entre olores de
licores baratos y cigarros vencidos. Quizás, ese tóxico humo lo envolvía para
llevarlo a sueños un poco más ajenos, pero más reales. El mundo, aún estaba muy
lejos de lo que él veía en ese pequeño televisor en blanco y negro, que escupía
absurdas telenovelas a la tarde, y vacíos personajes de plástico por las
noches.
Sus
primeros pasos tardaron en llegar, y la soledad era siempre la opción más
rentable tras esas cortinas metálicas. En esos primeros años, dibujó sonrisas,
apiló sueños y desnudó tristezas.
Sus compinches de ocasión, aparecían y
desaparecían como el bello arco iris que sale tras un típico chaparrón
veraniego. Sus nombres, irían olvidándose con el paso del tiempo, tras los
primeros cambios de barrio. Su primer día escolar, reunió muchas de las razones
por la cual N. se sentía olvidado. Su nula historia familiar, sumada a su pobre
escritura, hizo que sea un chiste fácil para la mayoría de sus compañeros. Si…
el no dudó en afirmar que no sabía quiénes eran sus padres y que creció entre
aromas de vino blanco y atados de cigarrillos. Para las autoridades, la mejor
forma de ayudarlo, fue enviarlo a un reformatorio, porque se excusaron en la
mísera compasión, aduciendo que no iba a poder alcanzar el nivel de los demás.
En
los cinco años que estuvo ahí dentro, N. aprendió muchas cosas, pero sobre
todo, a no confiar ni en el movimiento de su sombra. Fue una tarde de agosto,
con una lluvia y temperatura que hostigaban hasta el más valiente, cuando se
acercó uno de los jerarcas del lugar, y lo reunió con otros tres futuros
colegas. Después de tres años de encierro, N iba a salir a la calle.
La
felicidad irrumpió en su cara como cuando el destino gambetea a la muerte.
Sentía excitación por estar por primera vez subido a un auto, o mejor dicho, a
una camioneta. Los tres que acompañaban a él y al chofer ya habían pasado por
eso, así que se los veía tranquilos. De repente, el chofer frenó en una calle
oscura. Sacó de una bolsa un par de armas y se puso a explicar el próximo paso.
La inocencia estaba salteando etapas imperdonables, para meterse de lleno en el
subterfugio más marginal de la decadencia. Lo que ellos no se animaban, tenía
que ser hecho por N. y compañía, como si fuera un cruel juego de niños. Los
chicos salieron y cumplieron con lo que debían hacer. No fue necesario usar
esos pequeños pedazos de cromo para terminar con lo planeado. El debut de N.
fue tan soñado que se ganó el derecho a comer un postre por una semana. Esa
noche N. pensó. Pensó en los chicos del barrio. Pensó en esas habitaciones
oscuras. Pensó en su madre. ¿Existiría su madre en algún punto del universo?
¿Recordaría su cuerpo tibio y sus primeros llantos? ¿O también le habrán robado
la vida como hicieron con él?...
Dos
años más duró esa supervivencia ahí dentro. Todavía recuerda el llanto
desgarrador del Chipi, aquel pequeño con ojos color miel, después de que una de
las salidas salga mal. El rojo que envolvía el cuerpo de la pequeña criatura no
entraba en la razón de N., y ese día le hizo un click en la cabeza. Tenía doce
años cuando en lugar de bajarse rápidamente con los otros, le apuntó directamente
al chofer para que lo lleve hasta un puente que aparecía a lo lejos como en las
películas. Una vez que bajó, empezó a caminar bajo la oscuridad, deseando
encontrar alguna luz de esperanza para su nueva vida.
Luego
de esa caminata de un par de horas, encontró refugio bajo un techo que servía
de reparo para la lluvia. Se despertó nuevamente de noche, cuando un señor
gordo y con un traje bastante extraño para su voluptuoso cuerpo, lo
"acarició" con la suela de su zapato. Junto a él, dos morochas
exuberantes lo miraban con cariño, algo que el casi ya había olvidado. Entró
junto a ellos y le dieron algo de comer. Sus ojos se desorbitaban viendo
mujerzuelas con poca ropa que bailaban al ritmo de los billetes que
sobrevolaban sus cuerpos.
N.
encontró en ese antiguo cabaret, una pizca de alegría. Sintió por primera vez
la posibilidad de no ser invisible. Era el encargado de ordenar las sillas y
ayudar a los mozos en lo que necesitaban, a cambio de tener un lugar para
dormir por las noches. Sus primeras monedas le sirvieron de sueldo para
comprarse un par de zapatillas y alguna que otra remera. Quería que Lucy, la
jovencita más mimada del lugar, la chica color dorado, que emanaba perfume de
alegría en su mirada, ya no lo viera como un niño. Cada vez que ella llegaba,
el corazón se le volvía un volcán de fuego a punto de erupcionar, pero también,
ese fuego era apagado por bloques de hielo cuando ella se iba con los clientes
de turno. Entre bambalinas, Lucy le había hecho una promesa, cuando cumpla
quince años, ella, que acusaba 19 aunque parecían menos, iba a ser su regalo de
cumpleaños.
El
día tan ansiado finalmente llegó. El ardor de su cuerpo apretándose contra los
dulces pechos de ella los convirtió en un todo. N. sintió que había llegado a
su meta más importante. Los días posteriores no mecharon la relación, pero eso
debía mantenerse en secreto ante los dueños del lugar.
En ese mundo de drogas y
alcohol se sintió importante. Probó muchas cosas, pero pudo salir con vida de
otras. Pero todavía tenía una espina clavada en el corazón que debía ser
quitada para siempre. Cuando cumplió los 18, N. saludó con un beso a Lucy, se
abrazó con la demás chicas que lo querían como su hijo y decidió ir en busca de
su futuro, pero sobre todo, de su pasado. Prometió volver. Empezó una
interminable recorrida por hospitales primero, y luego instituciones,
reformatorios y hasta cárceles, ya que los diferentes trámites y análisis le
dieron alguna proporción del nombre de la mujer que buscaba. Descubrió que se
llamaba Eva y que había venido desde el mal llamado interior del país en busca
de un futuro mejor para sus hijos. Descubrió que entonces no estaba sólo en
este mundo, pero que iba a ser difícil acercarse a la verdad. Once fueron los
meses que pasaron para encontrar las respuestas. Anotó los datos y la dirección
de esa mujer que lo había abandonado antes de nacer, para encontrarse cara a
cara diecinueve años después. Llegó al lugar, y con más miedos que certezas
apretó suavemente el botón del timbre. Una chica de unos veinte años lo invitó
a pasar, le contó que era una de las tres hijas de Eva, N. quería abrazarla con
toda su fuerza, pero su cuerpo permanecía inmóvil. En ese lapso, se enteró que
la hija mayor había muerto por una rara enfermedad, mientras que la más chica
trabajaba con ella.
De repente, un silencio envolvió el hogar y sólo se escuchó
el ruido de la llave abriendo la cerradura. Cuando Eva entró, le salió del alma
una sonrisa al ver a N. sentado en su casa, los ojos de N. se humedecieron
inesperadamente. Eva, era, sin duda alguna, la mujer más importante del cabaret
que él conocía como la palma de su mano. Un segundo después, el mundo se
paralizó, cuando atrás de Eva apareció el hermoso rostro de Lucy, su hija
menor. N. se quedó sin palabras, todo lo que había soñado por tantos años se
derrumbó en un segundo... Eva lo había abandonado en la puerta de un hospital
porque no iba a poder criarlo dignamente, según los datos que había reunido. El
prefirió guardarse su verdad, y contó que había averiguado la dirección para
pasar a saludarlas, porque iba a ser un viaje muy largo. Después de un pequeño
abrazo de despedida, empezó otra vez esa larga caminata hacia el puente, allí
en el lugar donde había dejado de ser invisible. Como siempre que algo se
apaga, la lluvia decoraba la foto, entonces caminó por las orillas del puente,
mientras el río esperaba con los brazos abiertos semejante bocado de inocencia.
En unos segundos, pasaron los olores de licores, cigarros, chicos sangrando,
bailes exóticos, y besos de placer, hasta recordar no sin un aroma dulzón, lo
que le dejaron aquellas huellas que machacaron una y otra vez, esos malditos días
salvajes.
Marcelo
De Nicola.-
Canción post editorial
IMPRESIONES PARA DÍAS
SALVAJES
Hace
algunos años, en este mismo foro, pero en unas circunstancias completamente
diferentes, uno de los personajes de los que hoy conforman esta casa, tal vez
uno de los más admirado por este grupo, escabullía en su discurso un
interrogante que sabría traspasar el hecho audiovisual y de esa manera lograr
un cambio en nuestra forma de percibir al mundo, en nuestra forma de sentirlo.
Tal vez aquel fue el hecho que lo convirtió en un amigo inseparable para todos
nosotros. Quizás, por aquel discurso todavía levantamos la copa y brindamos a
la distancia cuando reconocemos a Santa
en la mirada disconforme de cualquiera que se siente a nuestra mesa, o mejor
aún, cuando descubrimos algunas de sus palabras, de sus huellas, en cualquiera
de nuestros discursos borrachos de pasiones truncas. Santa, ese tipo que conocimos un lunes y al sol, se preguntaba
desde el cobijo del bar, con la copa en la mano y un corazón por garganta,
cuanto valían 8000 pesetas, pero cuidado, no en euros, sino en pesetas. El
abismo en aquella consulta era evidente. Su profundidad, por lo menos,
llamativa. Entre esos dos signos interrogativos se oía el grito desesperante de
la relatividad de lo que nos rodea, de lo lábil de ciertas certezas. Allí
estaba viva aquella lucha entre lo evidente y lo percibido, entre el valor y el
precio.
Allí estaba la duda, destruyendo pero para construir, logrando así la
gran aventura, aquel barco de velas rojas que nos prometimos hace tanto tiempo.
Hoy, inmersos en otra circunstancia, la pregunta es distinta aunque parecida.
Hoy, gracias a otro amigo, Wong Kar Wai,
logramos preguntarnos lo siguiente: ¿Cuánto vale un instante? ¿Cuál es el valor
que le damos a aquello que los señores de la mesa de enfrente insisten en miden
en minutos, segundos o encerrar bajo la frialdad de inescrupulosos almanaques?
¿Cuál es el valor de aquel instante en que nuestros ojos se cruzaron, de
aquellos pocos segundos que se niegan a pasar luego de más de 11 años? ¿Cuál
será el valor?, ¿con que reloj medir, aquel momento en que abrace a uno de mis
hermanos y nos empapamos juntos en la alegría de festejar aquel sueño precioso
que crecía y se abría paso en el vientre de aquella que un día decidió darle la
mano? Como medir aquel instante singular en que su emoción fue también la mía.
Aquellos momentos que se revelan a todas las normas y sueñan con ser años o
mejor aún, sueñan con no morir jamás, de aquellos instantes se compone el
poético relato cinematográfico de nuestro amigo llamado “Days of Being Wild”. El film contará con una propuesta fotográfica
inteligentemente armada, aunque un tanto oscura, utilizando en varias
secuencias, una paleta en gamas de verdes. Los encuadres serán sencillos,
equilibrados y muchas veces poéticos.
La estructura del relato será lineal y
estará acompañada por el uso de voces en off, donde los personajes narraran sus
sensaciones con cierta tonalidad literaria. Emergerá entonces, cierta bruma
melancólica y densa, asistiremos sin ningún aviso a un instante poético que
probablemente nos haga pensar en la escritura y en los recursos utilizados
alguna vez por Marguerite Duras. Habrá algo de la nouvelle vague en la
resolución de ciertas escenas, en las composiciones actorales, en la narración
de ciertos planos. Days of bieng Wild será una película que narre el conflicto
vivido por cuatro personajes ante la imposibilidad de ser amados. Ellos andarán
por las desoladas calles heridos de muerte por aquel melancólico instante que
un día, en un terrible descuido, les supo robar para siempre el amor. Allí
andarán, padeciendo las ausencias, amando lo que fueron, a contratiempo del deseo,
viviendo paralelamente en aquellos instantes que se niegan a morir. Tal vez la
noche sea muy oscura y descubramos en alguna copa que las transversales jamás
existieron. La soledad será infinita, pero habrá que seguir adelante. Después
de todo, los que esta mesa ocupamos, moriremos en la certeza de preferir
nuestras mentiras de amor antes de sucumbir ante la crueldad de aquel terrible
monstruo al que todos llaman verdad.
Lucas
Itze.-
Canción post impresiones
¿Cuánto dura una hora para vos?
UNIVERSO WONG KAR WAI
Nacido
en China en 1958, emigró a Hong Kong a los 5 años de edad, por las dificultades
para hablar el idioma cantones de su lugar adoptivo (él hablaba mandarín y
dialectos de Shangai), iba con su madre al cine pasándose horas ahí dentro.
Empezó
trabajando como guionista para la televisión, y después empezó una carrera
junto a su amigo australiano Christopher
Doyle, quien sería el director de fotografía de la mayoría de sus films,
gracias a ese binomio, Kar Wai fue apodado “el
poeta de la imagen”.
Su
primer film fue en 1988, llamado El
fluir de las lágrimas, donde la historia se centra en dos hermanos que
están inmersos en el mundo de la mafia china.
Dos
años después llegó Días salvajes,
film con el que empezó a ser reconocido en diferentes partes del mundo.
En
1994 filma Ashes of Time, donde
cuenta la historia de un armador de katanas en la antigua China, en un film de
tono épico. El film ganó el premio a mejor fotografía en Venecia.
Ese
mismo año llega uno de sus films más aclamados: Chungking Express, dos historias de amor en el pleno barrio
turístico de Hong Kong. Un joven policía y una traficante de drogas por un
lado. Un agente de policía y una camarera de un bar por el otro. Fue nominada a
mejor película en varios festivales. Uno de los films preferidos de Quentin
Tarantino.
Un
año después filma la excelente Angeles
caídos, un notable drama donde conviven un asesino a sueldo que quiere
retirarse, una prostituta enamorada de el sin conocerlo, y un joven mudo que
vive con su padre.
En
1997 estrena Felices juntos, la
historia de Lai y Ho, dos jóvenes que vienen a Argentina en busca de una nueva
vida, pero una vez en Buenos Aires, los caminos se separan, y Lai, que trabaja
de portero de un bar, quiere volver a Hong Kong, cuando su antiguo amante Ho,
aparece, la cosas ya no son iguales. El film ganó el premio al mejor director
en Cannes.
El
2000 llega con una catarata de premios gracias al film Con ánimo de Amar, la historia de Chow, un redactor de un diario
local que se muda a un edificio donde conocerá a Li Zhen, quien se acaba de ir
a vivir con su esposo. Ellos se volverán cada vez más amigos, pero pronto
descubrirán algo inesperado de sus respectivos cónyuges. Es la segunda parte de
la trilogía iniciada en Días salvajes. El film consiguió el premio a mejor
película extranjera en los Bafta ingleses, los César franceses, y en el Círculo
de Críticos de Nueva York.
Participa
del film Eros, una película dividida
en tres episodios sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. Junto a Steven Soderbergh y Michelangello Antonioni.
Su segmento se tituló La Mano.
En
2004 cierra la trilogía iniciada en 1991 con el film 2046, sobre un escritor que escribía sobre el futuro, aunque en
realidad estaba escribiendo sobre el pasado. Para muchos, la obra maestra del
cineasta.
Llega
a Hollywood en 2007 cuando estrena My
Blueberry Nights, la historia de una jóven que realiza un viaje espiritual
por América y a lo largo de la Ruta 66 se encontrará con diversos personajes.
Nominada a la Palma de Oro en Cannes.
El último largo que ha filmado fue The Grandmaster en 2013, la historia de
Ip Man, el mítico maestro de kung fu japonés (y maestro de Bruce Lee) y la
bella Gong (la gran luchadora del país en ese momento) y su importancia en la
civilización china, en la previa de la invasión japonesa de 1936.
Sin
dudas, esperamos más poesías visuales e historias de amor como sólo Wong Kar
Wai sabe contarlas…
¿Qué pasa en tu nube hoy?
Cuando te busco no estás, cuando te encuentro te vas...
FICHA TÉCNICA
Título original: Ah fei zing
zyun (Days of Being Wild)
Hong
Kong, años 60. Yuddy, un joven atractivo y seductor, descubre que la
ex-prostituta alcohólica que le ha criado no es su verdadera madre y que además
se niega a revelar la identidad de ésta. Esto provoca en Yuddy serios
conflictos emocionales que le llevan a forzar a dos mujeres a luchar por su
amor...