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lunes, 28 de noviembre de 2022

ESTACIÓN CENTRAL - BAB EL HADID DE YOUSSEF CHAHINE

PROGRAMA 390 (04-11-2022)

 

SINOPSIS

 

Un vendedor de periódicos tullido vive entre los andenes y vagones de la estación de tren de El Cairo, y se siente atraído por una atractiva vendedora de refrescos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Entender la dinámica del mundo es siempre una tarea compleja y casi siempre destinada al fracaso. Existe, como bien sabemos, una forma, un dinamismo general, un nado sincronizado que nos maneja y manipula el deseo como hilos invisibles ajustados a nuestras extremidades. Tal es nuestra voluntad. Deconstruir aquel sistema, desmembrarlo en sus propósitos, en sus controvertidas partes, es desatar el nudo de la angustia más primitiva. La verdad libera, es cierto, pero el gran problema es que hacer luego con esa verdad. El hombre está condenado a ser libre, decía hace muy poco un amigo nuestro. Charlando con mi compañera Romina Anselmi sobre este manojo de ideas, ella reflexionaba lo siguiente:

Vivimos de una determinada manera, con costumbres aceptadas. Con reglas morales que acomodan y nos ayudan a determinar, de cierta forma, el querer, el deber y el poder ser.

La pregunta sería ¿en qué  momento normalizamos determinadas situaciones, cuándo y quién decide qué cosas son aceptadas o no? ¿Cuáles son las pautas a seguir para que una actitud o un comportamiento este dentro o fuera de lo pautado como el bien o  el mal?

Allí, entonces, entraríamos en una discusión mucho más profunda. Discutiríamos, con toda seguridad, sobre qué es  la moralidad y cuáles son las leyes que la definen y la vuelven regla fundamental en el devenir de una determinada sociedad o grupo de personas.



Para que la idea de moral sea aceptada, se la debe poner en práctica. Para poder ponerla en práctica se la delimita: esto es, se definen límites que sobrepasan esa idea, y luego para poder validar esos límites, se condena a quien los sobrepasa, como advertencia, como idea que infunde temor, como algo que está más allá y que es inquebrantable, que es casi inentendible y quizás infundamentado.

¿Será que necesitamos los  limites o que estamos tan acostumbrados/as a tenerlos marcados que no nos atrevemos a existir si no están dispuestos?

¿Cómo podemos entonces decidir o definir cuando algo está bien o está mal, si desde que nacemos estamos condenados a introducir estas normas de conducta en nuestro comportamiento?

¿Quién puede entonces decir que elegimos? ¿Realmente elegimos que nos gusta y que no?

Hablamos muy a menudo de minorías, de marginales, de los otros y otras… pero ¿quiénes son? ¿Por qué  motivo son puestos en ese lugar y vistos desde esa perspectiva?

La norma moral viene siendo puesta en discusión desde los griegos, luego varios filósofos se preocuparon por definirla y discutirla, ya que las ideas pueden servir tanto al visionario que tiene el poder y la voluntad de imponerse como también a la contrafuerza que lo contrarresta y lo boicotea. ¿De qué lado estamos? ¿Desde qué lado nos posicionamos? ¿Desde la comodidad irreflexiva que deviene de la información masticada y preelaborada o desde un analítico y critico?

 

Lucas Itze – Romina Anselmi.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ESTACIÓN CENTRAL

 


Imaginemos un juego donde estamos todos repartidos en un bosque. Sin nada, viviendo como los primeros seres humanos. ¿Cuánto tardaríamos en ver como alguien mata a otro por un pedazo de territorio, por un poco de comida o por el amor de otro ser humano? Surgirán en ese momento los líderes, los laderos y también los rebeldes. Estarán hombres y mujeres, quizás niños. Seguramente se impongan condiciones y más de uno hará ejercicio de un autoritarismo desbordante. Los más fuertes serán los más temidos. Los débiles quedarán como carne de cañón. Adaptados a la maldita idea Darwiniana de la supervivencia del más apto, todos sabemos quienes serán los primeros en quedar de lado. Muchos años después, ciertos jerarcas nazis exterminaron millones de personas siguiendo ese manual y mal pensando en el Superhombre ideado por Nietzche. Y si hay un lugar donde esas teorías se llevaron a cabo durante siglos y se siguen llevando, es África. Allí, donde parece que ese Dios está siempre ausente, la vida pesa. El sol pega más fuerte, y la muerte está en cada esquina. Y el futuro llega de a poco, sobre todo en los países más débiles. En otros, el cambio cultural va mutando lentamente, tras siglos de historia. Allí, en la vieja Alejandría, hoy ciudad de El Cairo, vive Qinawi, un joven vendedor de diarios de la Estación de esa ciudad que tiene una discapacidad motora, quien es el protagonista de Estación Central, film del egipcio Youssef Chahine, quien además se pone en la piel de Qinawi. 



El director utilizará elementos del neorrealismo italiano pero no se conformará solo con eso y virará hacia otro género. La estación será parte fundamental. Allí se desarrollará toda la película. No habrá mucho más espacio escénico que esa gigante estación. Una voz en off nos la irá presentando como si fuese un personaje más del film. Luego, dirá que es Madbouli, el vendedor de periódicos de la estación, que tomará como empleado a un joven cojo que deambula allí. No es otro que Qinawi, de quien dará ciertos datos, reflexionando sobre algo del pasado. Ya en ese comienzo el montaje de imágenes llamará la atención. Teniendo en cuenta la cinematografía del país, ya notamos que estamos ante algo distinto. La paleta de colores en blanco y negro con su tonalidad de grises servirá para que todo parezca más apagado. Los planos y los encuadres hablarán más por lo que no vemos que por lo que vemos. En el primer caso, los primeros planos y los planos detalle están excelentemente armados. Y su otro gran acierto es la música. No harán falta tantos minutos para darnos cuenta que en ese armado musical, está la idea de Alfred Hitchcock. Chahine toma lo mejor del británico y lo lleva para sus tierras. Pero no sólo será el plano musical lo importante. Sino como poco a poco el film se va transformando en una historia de cine negro. Habrá una femme fatale, rubia, que será el amor del antihéroe. Ahí empezará a jugar con todos los elementos de ese cine de género hasta que la muerte y la tragedia se cruzan. Aunque lo interesante del film, son todos los ingredientes que el director utiliza para contar la historia, ya que arma un relato coral y una crítica a la sociedad egipcia de la época. 



A lo largo de los casi 75 minutos que dura el metraje, Chahine muestra la diferencia entre pobres y ricos y será uno de los primeros en el continente negro que hable de la creación de sindicatos para defender a los trabajadores, precarizados y explotados por ese sistema capitalista que está llegando. Veremos también la crítica al racismo y a la misoginia, donde las mujeres son tratadas como objetos pese a la lenta occidentalización del país. Y en esa occidentalización, el miedo al reciente feminismo y a cualquier cultura foránea que venga a romper los moldes. Aunque sin dudas, uno de los temas más representativos, es la represión sexual. En el comienzo, veremos el cobertizo donde duerme Qinawi lleno de fotos de mujeres, ese deseo se transforma en obsesión cuando conoce a Hanouma, quien vende gaseosas en la estación. Será casi un amor platónico, claramente no correspondido. Aparecerán entonces el rechazo y las burlas al diferente, a quien no tiene las mismas armas. Todo eso se convertirá en frustración. Frustración que alguien sin educación no podrá manejar. Saldrá a la luz su lado más salvaje y en un paso todo será locura y muerte. Todo, en nombre del amor. O de lo que él entiende por amor. Lo que le faltó siempre. Una sonrisa, una caricia. La única forma de escapar de esa sociedad que esconde al diferente, que le roba las pocas sonrisas que le quedan y lo obligan una vida triste y solitaria hasta el final...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CHAHINE

 


Nació en Alejandría el 25 de enero de 1926. Estudió en Victoria College, en su ciudad natal. Desde temprana edad, a Chahine le fascinaba el mundo de las artes y la actuación. Con 9 años, la tragedia llega al hogar cuando su hermano mayor fallece de neumonía. En su juventud, Chahine ingresa en la Universidad de Alejandría, tras lo cual convence a sus padres para que le permitan viajar a Hollywood y estudiar interpretación. Efectivamente, pasará en Los Ángeles desde 1946 hasta 1948, con el fin de estudiar en el colegio de Pasadena Playhouse. A su regreso trabaja como aprendiz para el director de documentales italiano Gianni Vernuccio, además de conocer al que fue su mentor, Alvisi Orfanelli. Es posible dividir su producción cinematográfica en cuatro etapas: la primera comprendería 18 películas, de Papá Amin (1950) a El alba de un nuevo día (1965); la segunda, las cinco películas entre El vendedor de anillos (1965) y La gente y el Nilo (1972); en la tercera estarían las cuatro producidas en colaboración con Argelia: de El gorrión (1972) a Una historia egipcia (1982); y, finalmente, la etapa en la que se encontrarían las coproducidas con Francia, desde Adiós, Bonaparte (1985) hasta Alejandría - Nueva York (2004). En su primera etapa, en la que la época dorada del cine egipcio alcanzó su apogeo, Chahine dirigió 18 películas de todos los géneros. Las más importantes son Duelo en el valle (1956), rodada en el Alto Egipto en medio de las ruinas de época de los faraones; Duelo en los muelles (1956), ambientada en el puerto de Alejandría, y Tú eres mi amor (1957), en la que de nuevo vuelve al Alto Egipto, esta vez a Aswan. En 1958, en Egipto dio a luz Estación Central, proyectada en el Festival de Berlín, que se convirtió en un éxito rotundo a costa de fracasar ante el público en Egipto. En Gamila (1958), la argelina, Chahine expresó su postura en contra de la ocupación francesa de Argelia y de la violencia que practicaban las fuerzas de ocupación contra el movimiento por la independencia. Saladino (1963) es un film hollywoodense en cuanto a la forma, pero de contenidos propagandísticos. La película identificó simbólicamente a Nasser como el nuevo Saladino. En esta película, Chahine descubrió, quizás por primera vez en la historia del cine, la verdad de que los objetivos las causas de las guerras son siempre políticos y económicos aún si se hace uso de las religiones, como ocurrió con las Cruzadas. En este sentido, Saladino es de principio a fin un mensaje de tolerancia entre musulmanes y cristianos. 



Con El alba de un nuevo día (1965), Chahine anunció su apoyo al nuevo régimen socialista. Es un canto de amor a El Cairo. Sin embargo, nada de esto le valió ante el régimen. Se vio obligado a emigrar al Líbano, donde empezó su segunda etapa artística. En esa transición hacia sus etapas tercera y cuarta, dirigió El vendedor de anillos (1965) y Como un ídolo de arena (1967). Su conciencia política, como él mismo reconoce, no alcanzó la mayoría de edad hasta la Guerra de 1967, cuando Israel ocupó el Sinaí egipcio, Cisjordania y los Altos del Golán. Tras la derrota del ‘67, Chahine cambió completamente. Pasó entonces de las filas de los partidarios del régimen a las de la oposición. El cineasta alejandrino sabía entonces que quien vendía su libertad para conseguir algo, perdía la libertad y lo perdía todo. Eso es lo que aparece con claridad en su obra maestra La tierra (1969) y en La elección (1970). Las dos películas se podrían entender como una crítica a aquellos intelectuales que vendieron su libertad y se sumaron a los sueños de Nasser, a cuyo fracaso contribuyó el propio líder egipcio, quien a su vez había vendido la libertad en la que fue educado en su juventud. La tierra fue proyectada en la sección oficial del Festival de Cannes de 1970 y celebrada por los críticos de Francia y del mundo, y en muchos países. La gente y el Nilo (1972) fue la primera coproducción egipcio-soviética. El espíritu con que fue dirigida lo llevó a su prohibición. En realidad, la versión exhibida en 1972 fue un nuevo montaje de la película; hubo que esperar veinte años para poder verla en su versión original en Francia, en 1992, con el título El Nilo y la vida. La primera de las coproducciones realizadas con Argelia fue El gorrión. La censura prohibió la proyección de la película en Egipto entre 1972 y 1975 debido a que terminaba exigiendo ir a la guerra para liberar las tierras ocupadas por Israel, en 1967. Solo fue permitida en 1975, después de la guerra de Octubre en 1973, en la que dichas tierras fueron liberadas. Chahine pasó de El gorrión, un film sobre la corrupción que llevó a la derrota de 1967, a El regreso del hijo pródigo (1976), considerada una de sus obras maestras y que continúa siendo hasta hoy la elegía más elevada realizada sobre la época de Nasser. En 1978 alumbró Alejandría..., ¿por qué? , la primera parte del cuarteto que conforma su autobiografía, a la que se sumaron Una historia egipcia (1982), Alejandría aún y siempre (1989) y Alejandría - Nueva York (2004). En Alejandría..., ¿por qué? , ganadora del Premio Especial del jurado del Festival de Berlín de 1979, Chahine vuelve a la Alejandría de su juventud, esto es, la de la época comprendida entre ambas guerras mundiales. Habla de la tolerancia que había caracterizado a la ciudad, presentando una historia de amor entre un chico egipcio musulmán y una chica hebrea. 



Tras el premio obtenido en el Festival de Berlín, Chahine logró su segunda recompensa importante con la participación de Una historia egipcia, la segunda parte de su autobiografía, en el Festival de Venecia de 1982. Con la llegada del Partido Socialista al gobierno francés en 1982 y de la mano de la política del ministro de Cultura Jacques Lang, que cambió el cine en Francia y en Europa, Chahine inició la etapa a la que pertenecen las ocho coproducciones con ese país realizadas entre 1985 y 2004. Chahine tuvo que pagar un precio por la larga relación de desencuentros entre Egipto y Francia cuando, en su primera coproducción, Adiós, Bonaparte (1985), establecía una relación de amistad entre el protagonista y un general francés debido al deslumbramiento que le producían al egipcio los aparatos científicos modernos que veía en la casa del general. También, le cuestionaron la elección para el título de una palabra francesa que significaba, además de “despedida”, “hasta pronto”. El cineasta egipcio cumplió 60 años mientras dirigía El sexto día (1986), la segunda película de su nueva etapa y la más francesa de todas sus producciones de ese período. En ella expresa por primera vez sus obsesiones acerca de la muerte, a través de un viaje que la protagonista realiza con su nieto, enfermo de cólera, en un barco por el Nilo que se dirige a Alejandría con la esperanza de ver el mar y alcanzar la curación antes de que llegue el sexto día, en el que mueren los afectados por ese mal. El film supuso un fracaso en Egipto y en Francia, con el que tuvo que cargar Chahine el mismo año que lloró el suicidio de Dalida, la protagonista de la película. Con Alejandría, aún y siempre (1989), se situaba en el campo de los partidarios de la libertad y la democracia en Egipto. Después, se volvió hacia el pasado lejano con la película El emigrante (1994), con la que se enfrentó por segunda vez en su carrera a la prohibición de uno de sus films, esta vez por estar inspirado en el profeta Yusuf. La prohibición fue en el mismo año en el que Naguib Mahfuz sufrió un atentado. Del dolor sentido por ambos sucesos nació El destino (1997), una película sobre la vida del filósofo árabe-andaluz Averroes, que narra cómo tuvo que enfrentarse a los extremistas islámicos, quienes lo declararon infiel y quemaron sus libros, y cómo éstos llegaron a Egipto. 



Después vino El otro (1999), en el que dio rienda suelta a su rabia por el deseo de los Estado Unidos de dominar el mundo. A los 75 años dirigió Silencio..., se rueda (2001), en la que cultiva el musical, una de sus grandes pasiones. Finalmente, llega Alejandría - Nueva York (2004), la cuarta parte de su autobiografía y en la que narra lo que le hubiera gustado que pasara y nunca sucedió. Su última película, El Caos (codirigida con Jalid Yusuf) se estrenó en 2007. Con ella volvió a practicar una crítica mordaz de la actualidad con un tema político relacionado con los cambios producidos en la última década y que dieron lugar a una merma en la estructura política y social en todos los niveles. En junio de 2008 fue víctima de una hemorragia cerebral que lo dejó en coma y del que no volvió a salir hasta su muerte, el 27 de julio de 2008.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bab el hadid (Gare Centrale)

Año: 1958

Duración: 77 min.

País: Egipto

Dirección: Youssef Chahine

Guion: Mohamed Abu Youssef, Abdel Hay Adib

Música: Fouad El-Zahry

Fotografía: Alevise Orfanelli (B&W)

Reparto: Farid Shawqi, Hind Rostom, Youssef Chahine, Hassan el Baroudi, Abdel Aziz Khalil, Naima Wasfy, Said Khalil, Abdel Ghani Nagdi, Loutfi El Hakim, Abdel Hamid Bodaoha, F. El Demerdache, Said El Araby, Ahmed Abaza, Hana Abdel Fattah, Safia Sarwat, Asaad Kellada

 

PELÍCULA COMPLETA 

martes, 24 de noviembre de 2020

ESTACIÓN CENTRAL - CENTRAL DO BRASIL

PROGRAMA 307 (13-11-2020)

 

SINOPSIS

 

En los asfixiantes pasillos de la Estación Central, en Río de Janeiro, una antigua maestra se gana la vida escribiendo las cartas que le dictan los analfabetos. Endurecida por la soledad y por la adversidad, Dora ha ido cayendo en una estoica indiferencia. Sin embargo, cuando una de sus clientes muere atropellada a la salida de la estación, decide hacerse cargo de su hijo y llevarlo a casa de su padre en una remota zona del nordeste de Brasil. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La pobreza es el principal sinónimo del olvido. Allí en ese limbo quedan las últimas palabras, que perecen como el fatal aliento de la medianoche. Donde las vías se entrecruzan para tomar caminos inciertos. Donde esas voces lloran tangos embebidos en whisky barato y cigarros encontrados. Olores de estación que se sienten al caminar por la madrugada. Mientras se escuchan esos fantasmas que deambulan cada noche en los vagones vacíos esperando ser rescatados por la señora memoria. Sabiendo que cada moneda encontrada podría significar un nuevo destino o no irse a dormir con la panza vacía. Allí estarán ellos siendo nadie entre la multitud. Donde ciertos ojos se posan en cientos de amores que nunca tendrán. Donde habitarán las miradas más rancias y la conciencia social brille por su ausencia. Donde habrá letras y números pero para muchos serán solo garabatos de colores. 

Y algunos tantos de repente desaparecerán al llegar la mañana. Y con el tiempo también serán olvido. Y las razzias enseñarán a correr y a esconderse en el medio de esa estación gigante con aroma a cenizas. Y las vías muertas entonces serán las que ofrezcan la libertad menos pensada. Para encontrar un nuevo camino y que florezca un recuerdo menos cruel. Y dónde quizás la música se transforme en baile para apagar tanta lluvia en el corazón. Ese corazón que se escapa de todo pero que siempre vuelve a esos malditos momentos, porque sabe que el olvido es la peor de las miserias. Y será entonces que aparecerá la memoria para construir unos cimientos que parecían imposibles. Y allí entonces renacerán de una vez los recuerdos más bellos mezclados con los más espantosos. Para salir a ver la luz del sol y volver a acordarse cuando todo era oscuridad. Pero siempre con la frente en alto escapando del olvido, como si seguiríamos corriendo por la Estación Central.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ESTACIÓN CENTRAL


La ignorancia ha sido a través de toda la historia del conocimiento, la herramienta más precisa de sumisión, explotación, exclusión y control de todas las épocas. Sócrates dio pelea a los sofistas los cuales mercantilizaban el saber y buscaban a través de la venta de conocimiento formar gente para el poder. Gente que gobierne y conduzca al pueblo, pero ¿con que intereses? ¿Con que valores e ideales? Dicen que Sócrates sostuvo en algunos de sus diálogos, tal vez refutando a algunos de los sofistas, que un saber que no tenía a la verdad como objetivo era un saber corrupto. Por su parte, Platón creía fervientemente que debían gobernar los que sabían, los preparados, los seleccionados y criados para tal motivo. Su ímpetu lo llevó a fantasear una escuela especial para formar líderes en donde a los estudiantes se le hiciera creer que habían sido seleccionados por los mismos dioses. Él pensaba que la condena a muerte misma de Sócrates, su maestro, había sido producto de la ignorancia. Al respecto argumentaba lo siguiente: el mal no existe, el mal es la ignorancia. Educando a la sociedad no habría errores. Con la misma agudeza, criticaba a la democracia definiéndola como una forma de degradación de la política. ¿Pero quienes participaban de aquella democracia de fines del siglo V? Solo el  12% de la población tenía un derecho participativo y activo dentro de aquella forma de gobierno, el otro 88%, integrado por mujeres, esclavos, extranjeros, claro, quedaba por fuera. El propio Epicuro dirá en su momento, ya en la etapa helenista, esa belleza de: nos duele aquello de lo que dependemos, proponiendo claro la autarquía. Y avanzará con algo más bello aún, el axioma principal tal vez de este que escribe. Dirá: huye del dolor, busca el placer. Aquel placer se logrará entre otras maneras, a través del saber. Solo a través de la búsqueda del conocimiento, solo a través de la muerte misma de la ignorancia, se logrará la aponía, o sea  la ausencia del dolor, la ataraxia, la imperturbabilidad del alma y la tan deseada y antes mencionada autarquía. Ya en el siglo XX Ortega y Gasset, en su libro La rebelión de las Masas, distinguirá entre el hombre masa y el humano de selección, describiendo al primero como aquel hombre ignorante y falto de complejidades, aquel sujeto falto de individualidad y de pensamiento crítico, destinado a la dominación y al segundo como al hombre que busca elevar su pensamiento rigiéndolo por instancias superiores. 

Una vez más, la educación, el saber, como forma de liberación ante la tiranía del poder. La educación, el saber, como acceso a tal vez el único paraíso real, que no es otro sino el conocimiento. Latinoamérica es quizás el ejemplo que tenemos más próximo de aquella batalla contra el sometimiento y el analfabetismo. Basta mirar a nuestros lados y ver el lugar que se le da a la educación en las regiones más próximas. Basta mirar hace poco tiempo atrás en nuestro propio país la devastación realizada por la derecha en materia educativa, empujando al abismo a la educación pública, mediante el recorte de presupuesto, la persecución constante de educadores, la eliminación imperdonable de núcleos de aprendizaje, el desfinanciamiento sistemático de programas educativos claves para la inclusión. Allí hubo una intención y una política clara y estremecedora de construcción de sujeto. Un sujeto aislado, poco crítico y fácilmente gobernable a través de slogans publicitarios sonoros y vacíos de contenido. El film de Walter Salles llamado Estación Central, representa sustancialmente a este sujeto que venimos desarrollando y las consecuencias propias sobre un Brasil golpeado históricamente por deficiencias económicas y educativas. Como bien sabemos, la clase media brasilera es mínima o inexistente, por lo que la brecha social pasa a ser un profundo abismo. Tal como en la Grecia del Siglo V, los excluidos, los olvidados, los nadies nos diría Galeano, son la inmensa mayoría, dejando de esta manera las decisiones y el acceso a la educación, a la salud, y claro también a la dignidad, a un puñado de privilegiados. El film se centrará en Dora, una maestra jubilada que vive con lo mínimo en uno de los monoblocks de Rio de Janeiro y que para sustentarse, esto no es más que comprar comida y pagar un alquiler, se sienta todo el día en la Estación Central de trenes para ofrecer aquello que la distingue de la inmensa mayoría que la rodea: saber leer y escribir. Dora pasará todo el día escribiendo cartas para aquellos que no tienen las herramientas para hacerlo. Lejos de brindar un servicio, aparecerá allí un juego perverso según el cual ella misma decidirá que carta mandar al correo y que carta romper, rasgando de la misma manera los sueños y deseos de aquel que la dictó. Se instalará de esta manera la idea y el funcionamiento del poder que otorga el saber frente al desconocimiento, el sujeto de selección en contraposición del hombre masa. 

Dora conocerá a Josué, un niño de no más de 10 años, quien al morir su madre en un sorpresivo accidente quedará varado solo por completo en la estación. Ella conocerá su historia a través de las cartas dictadas y entonces decidirá acompañarlo en un interminable viaje con el objetivo de encontrar a su padre. La estructura narrativa del film será lineal y tomará la forma de road movie en donde los periplos se irán presentando a medida que los protagonistas avancen en su viaje. La paleta de colores será la que el cine brasileño nos tiene acostumbrados resaltando los rojos y las diferentes tonalidades de verdes. El tratamiento del lenguaje audiovisual se acercará más a lo que se entiende como formato televisivo en donde abundará la economía de planos y las cámaras fijas, depositando la mayor tensión dramática sobre las líneas de diálogos y las actuaciones de los protagonistas. Todo se irá volviendo más denso y doloroso a medida que los personajes se adentren en su camino hacia la búsqueda de Jesús, el padre de Josué, que no es otra búsqueda que la de la verdad, de la identidad, la cual es siempre una búsqueda de lo esencial, lo inmutable, de la propia sangre. Aquellas menciones dentro del film a lo religioso, tanto en los nombres de los personajes como en las costumbres y tradiciones que se reproducen en los distintos pueblos, pueden invitarnos a realizar una lectura cartesiana de la obra. En el paso de la edad media a la edad moderna hay un cambio en la pregunta filosófica. La pregunta pre socrática por excelencia era ¿Cuál es el principio de todas las cosas?, se intentaba comprender qué era el mundo, había una prevalencia de la búsqueda cosmológica, el logos al servicio de la compresión del cosmos. Ya con la etapa clásica, el cuestionamiento filosófico se modifica a uno cuyo eje es antropológico y en donde el objetivo es entender el alma humana y no el alma del mundo, el orden de lo humano, por lo tanto, el orden social. Se producen entonces un movimiento en la relación del pensamiento el cual en un inicio estaba ligado a la religión para pasar a relacionarse directamente con la ciencia. El siglo XVII es el llamado siglo de la transición ubicado entre el renacimiento y el iluminismo. Si en la edad media el principio de autoridad estaba puesto en la escolástica, o sea en la estructura de pensamiento que depositaba a la verdad en la comprensión de los textos autorizados, que no eran otros que la Biblia  o los textos de los filósofos griegos antiguos, con la modernidad este principio se modifica y pasa a tener su eje en la razón. 

Con la modernidad y principalmente con Descartes hay un distanciamiento con la iglesia (sin poder aún desprenderse del todo) y un cambio de paradigma donde todo conocimiento tiene como fuente de legitimación la propia racionalidad, el propio yo. Se pasa de un saber puesto en las autoridades (o sea en los textos) a un saber puesto en la individualización de cada ser. De esta manera es el ser humano el que se resignifica y la ciencia pasa a ser la actividad central. Se cuestionarán todos los conceptos de la época dados hasta entonces por ciertos y entendidos como verdades absolutas e inamovibles, verdades obvias, a través del ejercicio de aquello que se denominó la duda metódica. Algo del manejo de esta duda estará presente en Dora, quien desconfiará de todas las creencias impuestas  por el entorno. Cuando todos crean, Dora desconfiará. Cuando todos recen y alcen sus alabanzas, Dora se apoyará en la ciencia utilizando la lectura y la escritura. Poseerá el  saber y buscará la verdad a través del mismo. Claro está que con poseer solo el saber no basta. Alguien puede almacenar datos y no por ellos saber usarlos. De aquellos repetidores de saberes nos distanciamos fervientemente. Los que este programa integramos preferimos siempre la mesa de la inteligencia, que se encuentra bien lejos de la de aquellos charlatanes de feria. Y nos aventuramos a creer que Dora y Josué también prefieren nuestra misma mesa porque en su relación puede verse aquel destello propio de lo inteligente. Porque inteligente no es aquel que posee todas las respuestas sino aquel capaz de construir pensamiento. Aquel que logra relacionar dos cosas que antes estaban separadas. Aquel que une, lo que antes no estaba unido.

Lucas Itze.-


Canción post impresiones


UNIVERSO SALLES

 


Walter Moreira Salles Jr., más conocido solamente como Walter Salles, nace en Río de Janeiro,  Brasil el 12 de abril de 1956. Con la chapa de ser el hijo del banquero Walter Moreira Salles, el joven puede elegir los mejores lugares para estudiar. Pero primero se inclina por algo no tan común: Economía, especialidad que estudia en la Pontificia Universidad Católica en Rio de Janeiro. Luego, realizó una maestría en comunicación audiovisual en la Universidad de California. Empezó con documentales como Japón, un viaje en el tiempo: Kurosawa pintor de imágenes en 1986, Franz Krajcberg, o poeta do vestigios o Chico en el país de la delicadeza perdida, sobre Chico Buarque. Aunque se hizo conocido en 1991 con su primer cinta de ficción llamada Exposure, el gran arte, basada en una obra homónima de Rubem Fonseca. Fue en su momento el film más caro de Brasil, y contó con actores de varios países. El film, trata la historia de un fotógrafo estadounidense que busca venganza tras el asesinato de amante y la violación de su novia. En 1995 junto con Daniela Thomas, dirigen Tierra Extranjera, ambientada en las crisis del Brasil de Collor de Melho, donde nos narra la historia de Paco, quien se exilia en España, pero antes, tendrá que pasar por Lisboa, donde encuentra el amor y el peligro a la muerte. En 1998 salen dos películas, en lo que será su año que lo termina de lanzar a la fama. Primero nuevamente junto a Daniela Thomas hacen una coproducción con Francia llamada El primer Día, la historia de un joven que escapa de la cárcel el primer día del 2000. Ese año, en soledad, dirige para muchos su obra maestra: Estación Central de Brasil, donde Dora, es una maestra que escribe las cartas dictadas por los analfabetos. Un día, una clienta muere atropellada por un colectivo, y ella decide hacerse cargo de su pequeño hijo, y van en búsqueda de su padre, recorriendo el nordeste del país. La película fue nominada al Oscar como mejor film extranjero además de que su protagonista (Fernanda Montenegro), fuese nominada a mejor actriz. Además, ganó el Globo de Oro, el BAFTA, el Oso de Oro en Berlín, el Festival de Sundance y muchos premios alrededor del mundo. Tres años después volvió con Abril desesperado, en Argentina llamada Detrás del sol, donde cuenta la historia de enfrentamiento y venganza entre dos familias terratenientes de Brasil. Otro éxito de crítica y nominaciones como mejor película extranjera en los Globo de Oro y los BAFTA. Si estaba en un buen momento, se terminó de confirmar en 2004, cuando llevó al cine los viajes del Che Guevara y Alberto Granado en el film Diarios de motocicleta, con Gael García Bernal y Rodrigo de la Serna. Otra vez lluvia de nominaciones y premios, llevándose el Oscar a Mejor Canción para el uruguayo Jorge Drexler y su nominación a mejor guion. El film se llevó el BAFTA, el César, el Premio del Jurado en Cannes, entre otros premios. 

Con la plata de esos films, se muda a Hollywood para dirigir una remake de un film japonés. Agua turbia, así se llamó, contó con la participación de estrellas como Jeniffer Connelly, John C. Reilly y Tim Roth y por primera vez, Salles se mete en el mundo del terror, al contar la historia de una joven que se muda y en su nuevo hogar empieza a aparecer una mancha de humedad que se extiende por toda la casa. Empieza a participar en diferentes películas de cortos, como París, je t´aime, Cada quien con su cine, o Historias de los Derechos Humanos. En 2008 se vuelve a unir a Daniela Thomas para el film Línea de Pase, la historia de cuatro hermanos de padres diferentes, que viven con su madre, una empleada doméstica que espera otro hijo de un padre desconocido, basada en una historia real. 

En 2012 dirige En el camino, su última película de ficción, ya que después participó del documental Venice 70, que son 70 cortos sobre el futuro del cine creado para el 70 aniversario del Festival de Venecia. Sus últimos trabajos fueron el documental sobre la vida del director chino Jia Zhang-Ke, según la crítica, uno de los más importantes de nuestro tiempo, director de films como Pickpocket, Platform, The World o Naturaleza muerta. Y otra película de episodios rodada en China bajo el nombre Where Has the Time Gone?

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Central do Brasil

Año: 1998

Duración: 115 min.

País: Brasil

Dirección: Walter Salles

Guión: João Emanuel Carneiro, Marcos Bernstein

Música: Antonio Pinto, Jaques Morelenbaum

Fotografía: Walter Carvalho

Reparto: Fernanda Montenegro, Vinicius de Oliveira, Marilia Pêra, Soia Lira, Othon Bastos, Otávio Augusto, Stela Freitas, Caio Junqueira, Matheus Nachtergaele

 

PELÍCULA COMPLETA