sábado, 19 de junio de 2021

PÁJAROS DE VERANO

PROGRAMA 331 (04-06-2021)

 

SINOPSIS

 

Basada en una historia real que explica el origen del narcotráfico en Colombia, la película se sitúa en los años 70 cuando la juventud norteamericana abraza la cultura hippie y con ella a la marihuana. Esto provoca que los agricultores de la zona se conviertan en “empresarios” a un ritmo veloz. En el desierto de Guajira, una familia indígena Wayuu se ve obligada a asumir un papel de liderazgo en esta nueva empresa. La riqueza y el poder se combinan con una guerra fratricida que pondrá en grave peligro a su familia, a sus vidas y a sus tradiciones ancestrales.

 

EDITORIAL

 

No habitar este mundo es huir para siempre de la soberanía de la palabra. Huir de este mundo, es abandonar los limites, es olvidar aquel sueño del todo para saborear aquel otro gusto indefinido de la nada. Cuando muere la palabra se lleva consigo a aquel orden autoritario de lo dicho, de lo estipulado, lo convenido. Si la palabra muere, las paredes de cartón de este escenario arderían purificando su hechizo. Dios dijo, entonces hubo. En la muerte misma de la palabra  moriría al fin el inventario divino. Una nebulosa sin color y sin forma tomaría las calles anestesiando los nervios furiosos que mantienen girando todavía al mundo. Sosegando definitivamente el delirio que baila en cada llama. La figura del otro caería herida de muerte quebrando de esa manera para siempre el curioso espejo, astillando con certeza el mapa profundo de la geografía de toda identidad. Seriamos semejantes no en la farmacológica igualdad sino en la soledad profunda de la diferencia. 



La pura libertad, la travesura final. La aventura prometida. Viene el otoño, se siente en los huesos. Un vendaval furioso arrastra los cadáveres retóricos, las pesadas significaciones chocan con violencia contra las frágiles paredes del entendimiento. Vuelan los significados vulnerables estrellándose por primera vez contra la razón. Los significantes descubren su música nunca dicha. Ya no hay eco porque ya no hay quien lo escuche, ya no está ese que lo imagine, aquel que lo nombre. Ya no hay sangre ni lazos, la chispa madre humea desangrándose para siempre. No hay distancias y el tiempo tropieza en su carrera absurda. No hay tu nombre sobre mi nombre, ni noche que devore el bosque. Esta sombra espesa que se parece tanto al olvido. Una caricia helada como el último relámpago. Una noche de tierra llena dibuja el ocaso en las fauces profundas de nuestro paraíso.  

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE PÁJAROS DE VERANO

 


El valor de la palabra ha caído en desuso. Hoy se escuchan tantas voces que las palabras quedan vírgenes de inteligencia. Ya nada de lo dicho es eterno. Como hemos hablado muchas veces en este foro, La palabra limita, detiene, y por todo eso tranquiliza. Es gracias a ella que todo tiene un nombre. Todo a imagen y semejanza del ser humano. Según Philip. K. Dick “La herramienta básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si puedes controlar el significado de las palabras, puedes controlar a la gente que debe usar las palabras”. En algunas culturas, esa palabra era todo. El pueblo Wayúu, conformado por nativos que representan ciertos sectores de Colombia y Venezuela, le daba a la palabra la ley más sagrada. De allí surge El Palabrero, elemento central para cumplir ésta máxima. En él reside el rol de resolver los problemas mediante la mediación o negociación de los conflictos entre diferentes clanes. Su voz es indiscutible. Será para nosotros una cultura desconocida. Pero hasta en esas culturas históricas, el poder y la ambición pueden destruir ritos ancestrales. Ciro Guerra nos había mostrado pinceladas de estos pobladores en films como La sombra del caminante y El abrazo de la serpiente. Esta vez nos adentra un poco más, especialmente en el pueblo Wayúu y con Cristina Gallego como dupla de dirección. Basada en un guión de Maria Camila Arias y Jacques Toulemonde, estamos ante una película sin género definido, porque abarca varios matices. 



El film arrancará casi al estilo documental, donde veremos a esta etnia nativa con sus usos y costumbres, sus ritos de iniciación y la aparición del “palabrero”, personaje central de la historia. En esa primera escena, Úrsula le dice su hija Zaida “Si hay familia, hay prestigio. Si hay prestigio, hay honor. Si hay honor, hay palabra, Si hay palabra, hay paz”. En ellas encontraremos en esta cultura la importancia de las mujeres, como una especie de matriarcas de la familia. Pero la historia no girará exclusivamente a lo relacionado con esas costumbres sino que relatará gran parte de los hechos reales del comienzo del narcotráfico entre fines de los ´60 y principios de los ´80. La película trabajará un guión lineal que utilizará las elipsis narrativas para contar la historia. Estará dividida en cinco jayeechi, típico canto guajiro para los migrantes, al estilo La Divina Comedia de Dante Alighieri. Con una bella fotografía de David Gallego, quien nos deslumbró con ese blanco y negro en El abrazo de la serpiente, aquí también tendremos imágenes de una fuerte carga visual y pictóricos paisajes. Eso servirá para que en los planos generales ese desértico paisaje parezca más inmenso. La música guajira, sus cantos y poemas nos llevarán indefectiblemente hacia allá. Además veremos momentos surrealistas con sueños que parecen salidos de cuadros de René Magritte. Estaremos también ante un reparto coral que se moverá como pez en el agua. 



Todas las actuaciones, desde los protagonistas hasta los pequeños papeles, estarán a la altura, llevando veracidad a lo que se está contando. Será el dinero el que en un principio moverá todo. Rapayet, el protagonista, intentará casarse con Zaida pero la dote exigida por Úrsula será imposible para él. Durante un encuentro fortuito con unos hippies americanos que buscan marihuana, Rapayet encontrará el modo de tener dólares frescos y así podrá casarse con Zaida. La semilla del capitalismo ya había germinado y de repente, una parte de una sociedad se convertía en empresarios, sin estar preparados para esa batalla. A partir de ahí los directores nos mostrarán la pelea entre las viejas costumbres de las etnias y el creciente negocio narco. Lo que antes se disputaban las familias, ahora se volvía cada vez más riesgoso. El poder, la ambición y la violencia escalarán a un ritmo insostenible. Los clanes empezarán su disputa a ver quien tiene la mayor parte del negocio. Y a partir de ahí, todo se corrompe. Ni la palabra logrará salvarlos. La violencia sobre la palabra debe ser castigada anuncia el palabrero. Y como advertían desde el comienzo, sin palabras, no hay paz. Será la ruina y el film se transformará en una historia de gángsters. Dos polos opuestos que se unen de forma brillante. Será el final de la historia para los clanes pero el comienzo de otra historia más fuerte y más redituable. Y a muchos no les quedó otra opción que escapar y dejar atrás todo. Porque esos pájaros de verano se terminaron convirtiendo en los pájaros negros que terminaron destruyendo hasta la ley sagrada de las palabras.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GUERRA

 


Ciro Alfonso Guerra nació el 6 de febrero de 1981 en César, uno de los 32 departamentos que forman la República de Colombia. En la Universidad Nacional de ese país cursó sus estudios de cine y televisión. Su primer se llamó Silencio y lo filmó en el año 1998. Luego llegaron Alma e Intento. Ya en el 2004 llega su primer largometraje: La sombra del caminante, la historia de un hombre que perdió una pierna y no puede encontrar trabajo y se hace amigo de un “silletero”, alguien que carga gente a sus espaldas. También los une el pasado violento del país, lo que hará redescubrir su propio pasado. En 2009 llega Los viajes del viento, ambientada en 1968, cuenta la historia de un juglar que lleva cantos con su acordeón y decide hacer su último viaje, yendo a devolverle el instrumento a su anciano dueño. 



En 2015 llegó El abrazo de la serpiente, que logró la nominación al Oscar como mejor película extranjera, además de lograr premios o menciones en grandes festivales como Cannes, San Sebastián o La Habana. En 2018 llegó su última película filmada en su país: Pájaros de verano, que narra la historia real del origen del narcotráfico en Colombia, entre fines de los ´60 y principios de los ´70. Donde tienen que aparecer los nuevos “empresarios”, entre ellos una familia indígena que tiene que aprender a llevar los nuevos negocios. Otra vez nominaciones y premios en distintos festivales. En 2019 Netflix estrena la producción colombiana Frontera Verde, donde Guerra es uno de los productores y dirige algunos capítulos. Son 8 capítulos de una serie sobrenatural sobre unas muertes que aparecen en los profundo del Amazonas. Su último film fue el primero hecho en Estados Unidos, basado en la novela de John Maxwell Coetzee dirige Waiting for the Barbarians, con Johnny DeppMark Rylance y Robert Pattinson. Narra la historia de un magistrado británico que comienza a cuestionar su lealtad al Imperio durante la colonización mientras se viene una inevitable guerra contra los Bárbaros. El 24 de junio de 2020, un reportaje publicado en la revista Volcánicas11 reseña los testimonios de siete mujeres que narran situaciones en las cuales Guerra las habría acosado sexualmente, en algunos casos de manera violenta. Un testimonio adicional narra como el director habría abusado sexualmente de una mujer que se encontraba en su casa, ubicada en la ciudad de Bogotá. Las agresiones habrían ocurrido entre los años 2013. Frente a las acusaciones el cineasta publicó un video rechazándolas  y haciendo un llamado a que la justicia revele la verdad de los casos. No obstante las autoras del reportaje han mencionado en reportajes posteriores que el objetivo de la denuncia fue hacer un llamado de atención sobre la normalización de la violencia sexual en la industria audiovisual colombiana que obstaculiza el crecimiento profesional de las mujeres y las afecta física y emocionalmente. Veremos como sigue esta historia, mientras, esperemos si seguirá trabajando en América o volverá a Colombia...

Mientras tanto, Cristina Gallego (nacido en Bogotá en 1978) fue productora de todos los films de Ciro Guerra, quien fue su marido durante varios años, hasta que decidieron codirigir Pájaros de Verano.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Pájaros de verano

Año: 2018

Duración: 125 min.

País: Colombia

Dirección: Ciro Guerra, Cristina Gallego

Guión: Maria Camila Arias, Jacques Toulemonde

Música: Leonardo Heiblum

Fotografía: David Gallego

Reparto: Carmiña Martínez, José Acosta, Natalia Reyes, Jhon Narváez, Greider Meza, José Vicente Cote, Juan Bautista Martínez

 

PELÍCULA COMPLETA

ADIÓS A LOS NIÑOS - AU REVOIR LES ENFANTS

PROGRAMA 330 (28-05-2021)

 

SINOPSIS

 

Invierno de 1943. Durante la ocupación alemana de Francia, en un internado católico para chicos, Julián, un muchacho de trece años, queda impresionado por la personalidad de Bonnet, un nuevo compañero que ingresa en el colegio después de iniciado el curso. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Escondamos los tesoros más preciados: una foto, una caricia, una sonrisa. Hagamos un pozo en el fondo de nuestra alma para depositar esos momentos infinitos. Porque tarde o temprano, alguien nos lo quitará... Que sean esos déspotas sin amor quienes se queden atragantados en su propia memoria. Esas marionetas sin sentimientos manejadas a control remoto no lograrán callar esas miles de voces. Esas que todavía resuenan en las aulas vacías. Quedarán nombres grabados a fuego. En cada guardapolvo abrazaremos sus cuerpos ya vencidos. Y donde ya no quedan lágrimas, habrá dolores eternos. Desde nuestra guarida hemos escupido tantas oraciones que a veces no nos quedan palabras. Pero hay algo que nunca vamos a negociar: saber de que lado estamos. Por eso en lugar de llenar la hoja en blanco de caracteres inertes preferimos gritar una vez más que no debe haber raza, sexo o religión que nos haga diferentes. 



Ya corrió mucha sangre alrededor del planeta y las explosiones se siguen sucediendo. Y esos tiernos corazones de repente quedaron mutilados sin saber como ni porque se transformaron en adultos en un abrir y cerrar de ojos. Y ahí se hicieron añicos miles de sueños. Y quizás hasta dejamos morir un futuro que hubiese cambiado todo. Y nadie sabe tampoco bien porqué. Y nosotros, simples seres que transitamos esta vida sólo como un número más, estamos lejos de entenderlo. Y en parte agradecemos eso. Mientras tanto en alguna parte del planeta otra risa se apaga y solo quedará escondida en inútiles recuerdos. Y no hay mucho más para agregar. Porque en cada bomba que estalla, estamos más cerca del final, pero nos resistimos porque creemos que nunca, pero nunca, es tiempo para decir Adiós a los niños.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ADIÓS A LOS NIÑOS

 


La mirada tiene un poder tan inmenso y aun así son pocas las veces en las que reparamos sobre ella. Confiamos más en las palabras aunque sepamos sin pretextos que nos mienten. Aplaudimos cuando alguien nos dice “rojo” o “libro”, cuando alguien nos dice “amor”. Pero ¿qué hay de verdad en todo aquello? La convención. La arbitrariedad. El poder. Aun así, o tal vez por eso, las palabras escriben leyes, derechos, tratados. Palabras que decretan la paz, pero ¿Qué paz? Palabras que dictaminan la justicia, pero ¿Qué justicia? ¿La justicia para quién, la justicia de quién? Palabras insuficientes mintiendo un mensaje que nunca llega. La poesía es la rama del arte que juega con esa insuficiencia, que la delata y la expone. Se sirve de las palabras pero opera en su insuficiencia. Todos sabemos que el poema está en la mirada, jamás en la palabra. No es lo escrito su terreno, esa es solo su excusa. Alejandra nos decía que una mirada desde una alcantarilla puede ser una visión del mundo, la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizar los ojos. La propuesta es clara: acabar con la dictadura del lenguaje, liberar heroicamente nuestra visión esclava de aquel grito que retumba en nuestro cerebro repitiendo la palabra rosa e ir al fin (por fin) más allá. En definitiva ser poetas ante una realidad que muere de angustia en la frialdad claustrofóbica de un inventario. La mirada puede hacernos gigantes en un mundo de enanos. 



Puede reducirnos a nada en un universo inconmensurable. Puede estar a la altura de las circunstancias y así tender manos y puentes entre los que más lo necesitan. Mi mirada sobre tus ojos es capaz de dejar en ridículo a cualquier te amo. La mirada del miedo que mira a la monstruosidad y no al monstruo. La mirada indiscreta capaz de convertir en piedra la curiosidad impertinente del mortal que la lance. La mirada vacía de la traición que asesina con la eficacia del mejor de los cuchillos. La mirada: que sugiere sutilmente sin caer en la soberbia pétrea del decir. Esta será una herramienta muy valorada dentro del lenguaje audiovisual por su capacidad evocativa y la amplitud de matices que con su correcto uso se puede alcanzar. En el film que hoy nos convoca de Louis Malle, Adiós a los Niños, podremos encontrar una utilización muy cuidada de este recurso. La película contará con personajes que preferirán insinuar a declamar. Alguna vez el guionista y director argentino Santiago Carlos Oves me dijo que el dialogo es la herramienta del guionista perezoso. El desafío del escritor audiovisual está en generar, en construir y diseñar imágenes complejas capaces de comunicar, en hacer accionar a sus personajes sin la necesidad de que sean ellos mismos los que comuniquen en su decir lo que sucede en sus mundos internos, resultado inevitable de su tridimensionalidad. 



Adiós a los niños logrará la construcción cuidadosa de este tipo de imágenes así como también el diseño preciso de este tipo de personajes. Nos encontraremos en el relato con Julien y Jean, los protagonistas del drama, que ocultarán secretos, miedos y sentimientos. Dirán poco, y accionarán mucho. El film poseerá una fotografía que optará por los colores fríos y las cámaras fijas. Habrá un trabajo sobre los distintos escenarios que manejará el director en donde con el correr de la curva dramática se remarcará las bajas temperaturas y la hostilidad de las nevadas para graficar de manera artística y metafórica el avance feroz de la guerra, la llegada inminente de la muerte. La película será crítica con la mirada que se suele ejercer sobre el otro, sobre el distinto, sobre las diferencias. Llamará la atención sobre la diversidad de creencias y la persecución cobarde del hombre sobre el hombre. La palabra dios, la palabra nazi, la palabra amigo sucumbirán ante la fortaleza de una simple mirada. Allí estará el relato que lo dirá todo sin decir nada. Allí estará la ausencia de dialogo ejerciendo todo su poder comunicacional. Beethoven nos recomendó alguna vez no romper el silencio si no era para mejorarlo. Allí estará entonces el silencio, como lo está aquí ahora, llenando este espacio entre nosotros.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MALLE

 


Nacido en Thumeries, departamento de Nord en 1932, Malle provenía de una familia de industriales del azúcar (era nieto de Henri Béghin, el fundador de la marca de azúcar Beghin-Say), quienes hicieron su fortuna en las guerras napoleónicas. Creció en un ambiente muy acomodado y pasó por distintos internados católicos. Un amigo suyo que formaba parte del equipo de filmación en el barco Calypso de Jacques-Yves Cousteau, tuvo que cederle a Louis su puesto y en 1955 asumió como asistente de dirección y camarógrafo en el documental El mundo del silencio, por el cual recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes, junto con Jacques-Yves Cousteau. A continuación trabaja con Robert Bresson para preparar (y rodar en parte) Un condamné à mort s'est échappé. Dirigió su primer largometraje a los 25 años, Ascensor para el cadalso (1957) con Jeanne Moreau en la que mostraba su pasión por el jazz, usando una banda musical original de Miles Davis



Luego, realizó Los amantes (1958), también con Jeanne Moreau y en la que atacaba a la burguesía. Más adelante se decidió a adaptar uno de los relatos más difíciles de Raymond QueneauZazie en el metro (1960). En 1962 llegó Una vida privada. Más tarde rodó Fuego fatuo (1963), que trataba sobre la depresión y el suicidio: se basaba en un relato trágico, homónimo del colaboracionista Pierre Drieu La Rochelle. El peso de Camus y el teatro del absurdo marcan su trayectoria. Mas tarde llegaron ¡Viva María! y El ladrón de París. En 1968 se alejó de Francia y de la ficción para rodar Calcuta, un documental que trata de la vida de los campesinos de la India. Luego dirige otros documental como Humano, demasiado humano y Plaza de la República. Al regreso de su viaje, Malle rodó una película que provocó una gran polémica: El soplo al corazón (1971). La película evoca la relación incestuosa (aunque romántica) entre una madre y su hijo. 



Tres años más tarde, la controversia que suscitó tuvo un carácter político. En Lacombe Lucien (1974), con guion cuidadoso, compartido con el novelista Patrick Modiano, trabajó con actores no profesionales (como el protagonista) mezclados con profesionales, tal como hiciera Robert Bresson. Malle describía el lento progreso de un joven campesino, de familia desarraigada y humilde, hacia el colaboracionismo, cerca de Toulouse, zona en la que hubo masacres nazis destacadas. Quería mostrar una Francia que había estado oculta. En el punto más agrio de esa polémica, Malle decidió emigrar a los Estados Unidos. Ya había rodado un documental en ese país algunos años antes (Humain trop humain, 1973), en el que seguía la vida de los trabajadores estadounidenses pobres, experiencia que repitió en 1985 en God's Country. En Hollywood filmó, entre otras películas, La pequeña (1978) con la joven Brooke Shields y sobre todo Atlantic City (1980), con Burt Lancaster y Susan Sarandon, donde relata las desventuras de un pícaro retirado y de su vecina, en la ciudad de los casinos. Luego hace tres films más: Mi cena con André ("My Dinner with André"), Crackers y Alamo Bay



Cuando regresó a Francia en 1987 volvió a tratar el tema que le había hecho marcharse: la ocupación nazi en Francia, a través de un film que será el punto más alto de su carrera, Adiós, muchachos (1987). En un colegio católico, durante la ocupación, un muchacho burgués descubre que uno de sus compañeros es judío. En esta película, Louis Malle narra sus recuerdos de la guerra. La historia, en parte autobiográfica, ya que él fue testigo de una situación similar durante su infancia, trata de un joven judío que se había ocultado en su internado, pero fue luego descubierto por la Gestapo y deportado. Malle declaró que ese tema le había perseguido desde siempre y que, de hecho, esta historia trágica es la que le había llevado al cine. La película retoma también algunos elementos de películas anteriores; de Lacombe Lucien toma al colaboracionista contra su voluntad; de El soplo en el corazón, la intensa relación entre madre e hijo. La película fue un éxito y ganó diversos premios. Filmó a continuación la comedia Milou en mayo (1989), así como Herida (1992). Su último film fue una magnífica adaptación de Vania en la calle 42 (1994), pieza teatral de Antón Chéjov; este Vanya on 42nd Street se estrenó el 19 de octubre de ese año en los Estados Unidos y el 25 de enero de 1995 en Francia. Falleció el 23 de noviembre de ese año por un linfoma a los 63 años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Au revoir les enfants

Año: 1987

Duración: 104 min.

País: Francia

Dirección: Louis Malle

Guión: Louis Malle

Música: Franz Schubert

Fotografía: Renato Berta

Reparto: Gaspard Manesse, Raphaël Fetjo, Francine Racette, Stanislas Carré de Malberg, Philippe Morier-Genoud, François Berléand, François Négret, Peter Fitz, Pascal Rivet, Bendit Henriet, Xavier Legrand, Irène Jacob

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 8 de junio de 2021

DOGS DON´T WEAR PANTS - KOIRAT EIVÄT KÄYTÄ HOUSUJA

PROGRAMA 329 (21-05-2021)

 

SINOPSIS

 

Años después de la muerte de su esposa, Juha lucha con la tristeza y el arrepentimiento. Pero encontrará consuelo en Mona, una amante que está tan ansiosa de castigar a Juha como él desea ser castigado. Todo acaba por descontrolarse, ya que ninguno sabe hasta dónde están dispuestos a llegar. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse a su vez en un monstruo. Cuando miras largo tiempo al abismo, también este mira dentro tuyo. El día en que mis sueños se despierten, aquel día que descubra que luz y sombra son solo un punto de vista, que lo que siempre hubo al fin y al cabo no fue otra cosa sino oscuridad; en aquella hora fatal de la esperanza, habré de olvidarme para siempre del mundo. Caerán las cenizas de los guiones que dictaron nuestros descuidos, nuestras suertes y nuestros amores. Caerán una a una las palabras que vistieron la soledad del universo. Arderá todo lo que tuve y seré eterno. Llegará la bestia y me envolverá con sus harapientos ropajes devolviéndome el aroma ancestral de la tierra. Seré monstruo. Seré abismo. Seré el frío aullido en la inmensidad de la noche. Se desarmará entre mis fauces el hechizo cruel del tiempo. Sangrará tibio aún el olvido y ya no será necesario ningún camino. La pesadilla entonces habrá empezado y someterá despiadadamente a la cobardía que se esconde en todos los sueños. El infierno es ahora y arde frenético en nuestras pupilas con el nuevo alba. Un silencio lunar amanece sepultándose entre nosotros. Ya no habrá ninguna muerte que nos separe, te lo juro, aunque nada tenga algún sentido. ¿Será esta la verdadera aventura que un día nos prometimos? ¿Quién guía este cuerpo enardecido? No la guía nadie.   

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES DOGS DON´T WEAR PANTS

 


¿En qué momento somos capaces de entender la muerte? Conociéndonos finitos desde que tenemos uso de razón, sabemos que la muerte está ahí siempre. Quizás nunca pensándola tan cercana pero a medida que vamos creciendo nos ponemos más en contacto con ella. Arthur Schopenhauer en su obra Los dolores del mundo escribía lo siguiente: “El animal conoce la muerte tan sólo cuando muere; el hombre se aproxima a su muerte con plena conciencia de ella en cada hora de su vida”. Vamos amigos, digámoslo en criollo... mientras estamos escuchando esto, estamos muriendo un poco. En ese mismo libro el filósofo alemán agregaba: “La vida debe considerarse un préstamo recibido de la muerte, y el sueño es el interés diario de ese préstamo”. Allí nos fundiremos en abrazos con los que ya no están y recordaremos esas risas hoy ya apagadas. El inconsciente será la unión de esos dos mundos. La mente en blanco (esa famosa luz al final de la vida) surgirá cuando esa finitud sea latente. Así lo experimenta Juha, el protagonista del film Dogs Don’t Wear Pants, de Jukka-Pekka Valkeapää. Estamos ante una película que podría abarcar varios géneros. Esta vez nos vamos bien cerca del Polo Norte, allá en la fría Finlandia, donde todo parece más nostálgico aún. De la escuela de nuestro amigo Aki Kaurismaki (y porque no de su hermano Mika), el director nos contará una historia lineal que comenzará en un soleado día de pesca. En esos primeros minutos conoceremos al protagonista, interpretado por Pekka Strang. Pero la paz se romperá en minutos por el llanto de su hija, que nos llevará a la absurda muerte de su esposa. Así dará inicio a la primera parte de los famosos tres actos aristotélicos para que una elipsis de unos diez años nos lleve a los créditos iniciales. Sabremos que Juha es un cirujano reconocido en su ambiente y que su hija está entrando en la adolescencia. 



La película trabajará los colores fríos, predominando el blanco tanto en la casa como en el hospital, aunque se mezclará con una especie de azul oscuro que se ve ya desde la primera escena. Habrá un meticuloso trabajo de sonido que te sumergirá de lleno en la pantalla. La banda musical buceará por diferentes géneros, con esos repiqueteos lánguidos que suenan en el trágico momento que sufre el protagonista, así como también música más oscura y envolvente durante cierto desarrollo del film, sin dejar de lado la música clásica y hasta el tecno. El director elegirá mayormente primeros planos y encuadres cerrados, sin profundidad de campo para indicarnos el sufrimiento de Juha, para quien no hay mucho más allá que el hoy. Él es quien lleva el peso de la historia y quien tenga que transformarse para esa doble vida que empezará a cargar. Luego de llevar a su hija a hacerse un piercing, descubrirá un sótano donde conocerá a Mona (Krista Kosonen), una mujer que también tiene una doble vida: quiropráctica por un lado y dominatriz sadomasoquista por otro. Su accidental encuentro lo llevará a la asfixia y es ahí donde sus mundos se unirán. Allí verá un océano de agua quizás como símbolo de un nuevo nacimiento, eso que sufrió cuando casi se ahoga para rescatar a su mujer. 



Su hija lo devolverá al presente pero volverá más adelante para conectarse con ese pasado imposible. En ese sótano la fotografía cambiará al rojo sangre mientras empieza un juego de dominante y dominado. El director nos adentrará en ese desconocido mundo con sus reglas y sus personajes, alejándose de los juicios morales, demostrando que no hay perversidad en ellos, sino gente común y corriente. Mona lo tratará como un perro y el obedecerá a su ama. Cada encuentro lo dejará al borde de un colapso y por lo tanto, cada vez más cerca de su mujer. Será ese dolor la única forma de alivianar su muerte. Será esa realidad onírica lo que lo acerque a ese pasado perfecto del que no quiere despertar. Se transformará en una adicción que lo hará perder tiempo con su hija y que le creará problemas hasta en el trabajo, donde sospecharán de algún problema mental. Y también Mona sufrirá un cambio en su vida. El no la verá como un mero juego sexual y eso hará para ella un personaje atractivo. Así, ella no será quien maneje el juego sino una partenaire que Juha necesita para cumplir su objetivo, que no es otro que el de su propia muerte. Agobiado, buscará llegar a ese final pero ella entenderá todo: “No soy lo que estás buscando, no voy a hacer esto” expresará Mona, sabiendo que ese es el límite que no se puede cruzar. Resignificará un nuevo comienzo para que el dolor no exista más. Para que el amor se descubra aún en su lado más salvaje. Y se transforme en un amor animal.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO VALKEAPÄÄ

 


Nació en Porvo, Finlandia en 1977. Sus primeros cortometrajes fueron Ojos cerrados sin manos (2000) y Keinu (2003).  Su primer largometraje fue Muukalainen (2009), que sirvió de tesis para la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki. Valkeapää ganó el premio principal en el Festival de Cine de Gotemburgo por esa película. La historia de un chico y su madre que viven en un pueblo rural de Finlandia que se ve amenazada por la llegada de un forastero. Su segundo largo llegó en 2014 y se llamó He ovat paenneet (They Have Escaped), una road movie donde se unen un chico que hace servicios sociales en un internado y una chica que está viviendo allí. Consiguió varios premios en su país. Su tercer film fue Los perros no llevan pantalones donde se dio a conocer un poco más en el mundo, ya que se estrenó en la quincena de directores del Festival de Cannes, además de ser presentado en varios festivales del mundo.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Koirat eivät käytä housuja

Año: 2019

Duración: 106 min.

País: Finlandia

Dirección: J-P Valkeapää

Guion: J-P Valkeapää, Juhana Lumme

Música: Michal Nejtek

Fotografía: Pietari Peltola

Reparto: Krista Kosonen, Pekka Strang, Oona Airola, Iiris Anttila, Antons Baronskis, Armands Bergis, Amos Brotherus, Marat Efendijev, Laine Kate Ertmane, Aleksandrs Garins, Ester Geislerova, Ilona Huhta, Viivi Ihalainen

 

PELÍCULA COMPLETA 

sábado, 5 de junio de 2021

LA NIÑA SANTA

PROGRAMA 328 (14-05-2021)

 

SINOPSIS

 

Amalia es una niña como las otras del coro, que se cuestionan sus creencias religiosas. Cuando el Dr. Jano llega a dar una charla al hotel donde Amalia vive con su madre, ella siente que tiene una misión: librar del pecado a ese hombre que está seduciendo a su madre. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Salió de su cuarto por última vez. Siguió los caminos de siempre. Los árboles silbaban sus típicas canciones de otoño. Pasaron las plazas con niños en su interior (ella bien sabe que en ellos no habita la maldad). Subió los escalones y pasó por arriba de la vías del tren al tiempo que la locomotora anunciaba su llegada. El día gris camuflaba ese miércoles de miércoles. Algunas nubes amenazaban con crear danzas de lluvia pero finalmente el sol iba a terminar ganando la batalla. Pasó por la iglesia de siempre pero esta vez no entró. La confesión sería tiempo después. No iba a tentarse con que un sacerdote la arranque de su objetivo. Ella, fiel creyente, entendió que su destino era hoy. Llegó al encuentro a la hora indicada. Su víctima (o victimario) ya estaba allí. Con sus zapatos recién lustrados y un café con su nombre en una mano. El hall del hotel era ameno. Simple, sin tantos lujos, pero con las comodidades básicas. Ella se dirigió directamente al mostrador pidiendo la llave de una habitación. El maquillaje, sus rulos recién hechos y unos anteojos negros la hacían ver como una persona de mayor edad a la que tenía. Minutos después, él se sorprendió cuando el altavoz dijo su nombre. En recepción le dieron la llave de una habitación. Empezaba un juego que no había planeado. Al abrir la puerta, varias cartas y cruces armaban un camino hasta la cama. En una punta había una Biblia. En la otra, unas esposas. 



Una tele de pronto se encendió y desde ahí comenzaron las preguntas. Mientras una sombra se acercaba y le pedía que cierre los ojos para continuar con el show. El aceptó con una excitación desbordante. Las esposas y la venda en los ojos eran parte de su cuerpo. El video prosiguió con preguntas incuestionables sobre su pasado. Él se había dado cuenta de que ya no era un juego. Las velas derretidas empezaban a unirse a su piel. No había gritos ya que su boca también estaba inutilizada. Solo podía escuchar relatos oscuros y siniestros. Y sentir esos dolores ahora propios. Ella alzó una pequeña navaja y la empezó a hundir en su cuerpo. Luego tomó un crucifijo y lo incrustó en el lugar donde antes había piel. Rodeó la cama con velas y puso su canción preferida de la misa de los domingos. Antes de cumplirse la hora de despedida, juntó sus cosas y rezó por él. Le recordó cada vez que volvió a su cuarto llorando, muerta de miedo. Se deshizo de los anteojos y de sus pestañas postizas antes de dejar el cuarto. El quedó esperando por alguien que lo encuentre, con una marca de por vida. Finalmente entendió que había sido el elegido para la transformación de La niña santa.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA NIÑA SANTA

 


Alejandra escribió que la moral es la gramática del deseo. ¿Qué hubiera sido del hombre, de las sociedades, del desarrollo de nuestras vidas, de la delicada construcción de nuestras personalidades si hubiéramos crecido sin aquella correa atada al cuello de nuestras emociones? El deseo está escrito en nuestra piel, pero ¿con qué letra? ¿Cuál es el narrador que conecta los símbolos para hacerlos palabras, las palabras para hacerlas oraciones y las oraciones para describir aquello que quema, que arde y que manda? ¿Quién es el censor detrás del minucioso diseño del rebaño, quien es aquel maldito asesino de ideas? Teniendo en cuenta la historia del desarrollo del pensamiento de la humanidad, el hombre siempre estuvo domesticado por la miserable mano de la iglesia. Desde los fríos panteones que sus mármoles supieron levantar, su voz usurpó el saber y de esa forma conquistó la verdad. En la arrogancia  de aquel robo nace la despiadada arquitectura del rebaño. El diseño inescrupuloso del cuerpo y sus necesidades. La ambición desmedida de poder arrojó al ser a un terrible e infernal abismo y colocó a la vida muy lejos del alcance de cualquiera. El comercio se basó en la fe recompensando la sumisa obediencia, cauce obligado de todas las acciones, con una nada maquillada de paraíso. Se educó bajo aquella idea, se mató y se aleccionó bajo aquella idea. Temibles genocidios se realizaron bajo aquella idea que firmaba su compromiso con la vida  usando esas manos malditas rojas todavía de sangre. Con el concepto de alma se ató a la culpa a un cuerpo devastado en su sentir para que finalmente se hundiera en el desprecio torturante de la doctrina pasiva de la manipulación y el acatamiento. Pero un día el pastor fue devorado por la oveja. Dios ha muerto sentencio Nietzsche y su asesino fue el ser humano. Aquel grito de guerra fue un atentado real contra la verdad y los grandes absolutos. Contra SU verdad y la cuidadosa construcción de SUS absolutos. El hombre entonces ante aquella caída dejaría de ser una meta y pasaría a ser un puente, un tránsito entre el animal y lo post humano. Crecer es recuperar la seriedad con la que jugábamos cuando éramos niños, agregara más adelante Federico. En aquel niño estará contenido lo animal. 



En su libro “El nacimiento de la Tragedia Nietzsche analizará ciertas características de la mitología de la antigua Grecia y trabajará sobre la dicotomía filosófica y literaria de lo Apolíneo y lo Dionisiaco. Tomará entonces a los hijos de Zeus, Apolo dios del Sol y de la razón y a Dionisio dios del vino y de la pasión. Dirá entonces aquello de que el interior de nuestro ser es un campo de batalla donde Apolo y Dionisio combaten todo el tiempo. Apolo es el límite, Dionisio el desborde. Concluirá diciendo que la gran tragedia de lo  humano es cuando Apolo destierra finalmente a Dionisio. Es en aquel punto donde habrá que trabajar para su pronto retorno porque en definitiva la vida nunca es posible sin un equilibrio entre ambos. Este dilema será el que trabajara Lucrecia Martel en su obra La niña santa. Los personajes que llevarán el relato padecerán durante toda la curva dramática este conflicto de intensa búsqueda de equilibrio entre el deseo y la moral. Cuando el deseo intente incendiar los cuerpos, las ideas, cuando el deseo proponga más, aparecerá la moral para castrarlo. Lo hará con crudeza invadiendo los cuerpos de culpa y temor. Lo hará en nombre de dios y las buenas costumbres. Y en la muerte de aquel fuego apasionado quedará solo el humo entre las personas. Ante aquella incertidumbre la entrega del amor será reprimida y por eso torpe, la exploración y el autoconocimiento se darán en forma violenta, y el placer finalmente se derramará siempre entre lágrimas. Las actuaciones manejarán este registro creando personajes con dos universos bien marcados. Su accionar será el resultado de un trabajo interno opuesto a lo manifestado. Se narrará tal como lo hiciera en sus films Michelangelo Antonioni, o sea, sobre lo sugerido. Los detractores de esta herramienta se levantarán ofuscados de su butaca para denunciar un atentado sobre el dinamismo en el desarrollo del conflicto dramático. Nombrarán el término meseta y rezarán ansiosos, estos puristas de las formas y los modos, por la pronta dosificación en el crecimiento del drama. Pero… ¿Por qué no pensar en que cada historia tiene su propio ritmo, su propio tiempo? ¿Por qué no jugar a entregarnos no solo intelectualmente sino también sensitivamente a la vibración propuesta por el que cuenta, por aquel que narra? ¿Por qué no confiar en quien tiene las riendas y permitirnos de esa manera sentir una película además de verla? Caetano decía que la música en cada región tiene la propia vibración de su tierra de origen. No vibra igual un chamamé correntino que una cueca chilena aun en la similitud de sus ritmos. ¿Por qué no respetar aquello intrínseco? 



La niña santa se tomará sus tiempos, sin atentar de esta manera contra la atención del espectador. Allí estará la belleza artística de Lucrecia. Allí sentiremos aquella tierra salteña vibrando en cada escena, narrando desde cada plano, hablando en cada silencio. El relato apoyará la dualidad planteada entre lo Dionisiaco y lo Apolíneo también desde la fotografía vistiendo de esa manera muchas de sus escenas con rojos intensos y fríos azules. La cámara, como en la mayoría de las películas de Lucrecia tomará una altura que no será la comúnmente utilizada por los y las directoras. Hemos dicho alguna vez en este mismo foro que todo punto de vista es político porque toma una decisión sobre un recorte de la realidad. Todo plano, entonces, es ideológico.  Pensar siempre supone tomar partido y es allí donde la realidad se escinde, es allí donde se construye la particularidad de la mirada, es allí donde se interpreta lo recortado. Martel decidirá entonces tomar una visión cuya altura responda a un pequeño o pequeña de 10 o 12 años que no es otra que la altura de un trípode sin extender, algo no mayor al metro y medio. Será una visión sin moral, cargada de una intensa curiosidad. Desde allí mirará Lucrecia al universo y desde allí decidirá contarlo. La niña santa tendrá una construcción sobre el relato sonoro pocas veces encontrada en el cine nacional. Lucrecia (como también nosotros) entiende al cine como una narración resultante del trabajo comprometido en el uso de la imagen pero también del sonido. Tal como remarcaba Roland Barthes en su libro La cámara Lúcida, entendemos a la imagen pesada, inmóvil y obstinada. Tal es el peso histórico que ejerce en la sociedad. En cambio el sonido es disperso, inquieto y cambiante, de allí que sus posibilidades narrativas son múltiples y de una belleza indescriptible cuando se utiliza artísticamente. Martel romperá en La niña santa con aquel peso propio de la imagen y decidirá entonces trabajar con cuidado un universo sonoro dentro del film el cual muchas veces narrará con una presencia superior al de la imagen que lo evoca. Vencerá de esta manera la dictadura gramatical del cine. Será un guiño a aquella revolución que tanto pedimos desde esta humilde trinchera enloquecida de libros, papeles e ideas. Será todo un gesto. Hablará al fin el deseo sin la soga impertinente de ninguna moral.

 

Lucas Itze.-        

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO MARTEL


 

Nació el 14 de diciembre de 1966 en Salta. Cursó sus estudios secundarios en el Bachillerato Humanista Moderno de la ciudad de Salta. Martel se formó en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) de Buenos Aires. Empezó con algunos cortos como La Otra, No te la llevarás, maldito, El 56, Piso 24, Besos rojos y Rey Muerto, este último formó parte de Historias Breves, Película compuesta por nueve cortometrajes estrenados en 1995, realizados por estudiantes de la Universidad del Cine y premiados por el INCAA. Algunos de esos estudiantes eran Adrián Caetano, Bruno Stagnaro, Paula Hernández y Daniel Burman, entre otros. En ese 1995 empezó a dirigir para televisión la serie DNI y los sketchs Magazine For Fai, con Mex Urtizberea y un grupo de chicos que revolucionaron la televisión argentina. Su ópera prima llegó en 2001 cuando filmó La Ciénaga, la primera parte de la llamada Trilogía de Salta, donde se hizo conocida en varios festivales, logrando premios en los prestigiosos festivales de Sundance y de La Habana. Luego siguió con La Niña Santa y cerró la trilogía en 2008 con La mujer sin cabeza, que también fue reconocida en varias partes del mundo. 



En el último tiempo ha participado de distintas películas de episodios, documentales (La ciudad que huye) y diversos cortos como Nurva Argirópolis, Pescados, Muta o Leguas. Su último largo es Zama del año 2017, basada en la novela de Antonio Di Benedetto, y narra la historia de Don Diego de Zama, un oficial español del siglo XVII asentado en Asunción que espera su transferencia a Buenos Aires. Para este año estaba preparando junto a María Alche, el documental Chocobar, una crónica del asesinato del activista indígena Javier Chocobar y la expulsión de su comunidad de sus tierras ancestrales en Argentina. La película desenreda los 500 años de acciones que llevaron a este tiroteo, tanto con un arma como con una cámara, y lo contextualiza dentro del sistema de tenencia de la tierra que surgió en toda América Latina.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: La niña santa

Año: 2004

Duración: 106 min.

País: Argentina

Dirección: Lucrecia Martel

Guión: Lucrecia Martel

Música: Andrés Gerszenzon

Fotografía: Félix Monti

Reparto: Mercedes Morán, Carlos Belloso, Alejandro Urdapilleta, María Alché, Julieta Zylberberg, Mía Maestro, Mónica Villa, Marta Lubos, Alejo Mango, Arturo Goetz

 

PELÍCULA COMPLETA