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lunes, 15 de noviembre de 2021

GRITOS Y SUSURROS - VISKNINGAR OCH ROP DE INGMAR BERGMAN

PROGRAMA 348 (22-10-2021)

 

SINOPSIS

 

Ante la proximidad de la muerte de una de ellas, tres hermanas se reúnen en la vieja mansión familiar. Una vez en la casa, comienzan a recordar el pasado, y cuando la enferma entra en la agonía desvela la parte más oscura y tortuosa de su vida. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Espero la siesta eterna, mirando la lluvia caer. Recordando cuando chapoteábamos sin importar el tiempo. Cosa siniestra es el tiempo. Por momentos efímero. Y otras veces eterno. Escucho los silencios más sonoros de mis días. Bebo de los secretos mejores guardados mientras suspiro con más calma. Caen los recuerdos unos tras otros. Como hojas de almanaque. A veces se entremezclan con sueños y divago entre diferentes realidades. El olor a tierra mojada me transporta al pasado. Pastos verdes y flores resurgiendo de las cenizas. Vientos cobardes soplando sus tristes melodías. Bicicletas tiradas en el medio de la calle. Esa calle tan nuestra. Ese asfalto que dejó cientos de suelas gastadas. 



Esas veredas cubiertas de otoño en donde caminar sobre las hojas era escuchar la sinfonía más perfecta. Y las risas de un tiempo sin igual. Reuniones multitudinarias y siempre algún rostro nuevo. Los años pasando y las casas renovando sus caras. Y los viejos yéndose. Y los nietos creciendo. Y la calle que ahora solo es de los autos, que no dejan lugar a sueños. Amores, desamores, garabatos pintados en paredes sucias que se imaginaban como grafittis eternos. Y la vuelta al presente. Colores apagados y viejos olores matizan la sala de espera. Y el tic-tac que resuena más lento y fuerte que nunca. Las agujas empiezan a marchitarse hasta que caigan por completo mientras se baja el telón entre gritos y susurros.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE GRITOS Y SUSURROS

 


La muerte ahoga la ferocidad de su grito en el leve susurro del segundero del tiempo. Borges decía que la muerte es una vida vivida y que la vida, es una muerte que viene. Lo cierto es que morimos todo el tiempo. Estamos lanzados en este sin sentido, entre el rumor oscuro de dos eternidades bajo la certeza única de morir. Muere el niño y con él gran parte de nuestra capacidad lúdica. Muere el adolescente y aquel deceso se cargará a la inocencia y a la maravillosa capacidad de sorprendernos. Muere el adulto ante la soledad misma del abismo. El mar ronronea su muerte a cada instante y en el olvido mueren las hazañas prometidas. El viento se llevó muchos de tus nombres y en el fondo de ningún vaso encuentro ya tu destino. Aquel beso, aquellos ojos también sé hoy que han muerto. El miedo agudizó nuestros sentidos en la noche de esta selva. La miseria entonces talló nuestro talante. Necesitamos al otro, a ese otro que sabemos nuestro enemigo. Aquel otro hostil que avasallará nuestro deseo y buscará hacerlo suyo. Aquel otro ingobernable, inabarcable, inconcebible que atentará contra nuestros intereses. Nacerá de aquella sociedad nefasta el amor, la fe, la familia. Buscará el miedo detener el tiempo en la falacia misma del recuerdo y surgirá también por miedo aquella otra idea de perpetuación y transcendencia según la cual creeremos infectar de pasado al incierto futuro. 



Escribió Alejandra: En el eco de mis muertes aún hay miedo. ¿Sabes tú del miedo? Sé del miedo cuando digo mi nombre. Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos. Sí. En el eco de mis muertes aún hay miedo. Gritos y susurros del artista Ingmar Bergman es una película sobre la muerte y el miedo, sobre el tiempo y el deseo. Pero empecemos por el comienzo. Son los primeros planos que abren el film ya una obra maestra en sí mismos. Quiero decir, el film podría terminar a los dos minutos cero tres segundos y la obra ya nos habría conmovido, nos habría ofrecido poesía pura y sincera, nos habría interpelado y comprometido en nuestro pensamiento. En aquella brevedad se eternizará algo de la condición humana. En solo dos minutos cero tres segundos Bergman alcanza quizás lo que muchos no logran en todo un film. La referencia al deseo y a la pasión será tal que la película jamás fundirá a negro, en cambio lo hará siempre al rojo. La secuencia inicial comenzará con placas cuyo fondo será de un rojo intenso para fundir sobre la frialdad azulina de un bosque. Los planos serán fijos, serán perfectos. Habrá una semántica que los unirá como a las oraciones de un texto. La fotografía con el devenir de los planos irá virando a los colores cálidos para adentrarse así en la casa de donde el relato no se irá nunca. La estructura narrativa tendrá el aspecto de la novela literaria, con su división en capítulos y sus respectivos desarrollos dramáticos. 



Encontraremos también en su proceso algunos tintes surrealistas que no harán más que seguir tallando sobre la perfección obtenida como resultado final de la cinta. Será la muerte la que oficie de punto de giro del drama y el relato cambiara por completo. Será tal la modificación del punto de vista narrativo que la propia fotografía optará por otro modo de describir dejando de lado la herramienta del plano fijo para incorporar en cambio paneos de cámara y zooms. Empezará allí la narración propia y sin filtros de los distintos personajes. Se hablará del deseo desde la verdad pura, ya sin ropajes ni máscaras. Se develará el interior de los caracteres olvidándonos por un instante del miedo, volviendo aquella catarsis casi un hecho pornográfico. Se utilizará la herramienta del flash onírico para graficar más detalladamente aquellas sensaciones intimas, para poner de manifiesto lo no dicho, lo ausente, lo reprimido. Finamente se planteará la idea de la felicidad como construcción efímera, como instante fugaz capaz de vencer en un descuido a la angustia propia concebida por nuestra condición finita. Aquella idea de felicidad, del que ya se sabe muerto y se carga en su huida un instante eterno del olvido.       

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la nocheLos demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 



El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Cuando huye el día (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman



A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968)Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande.


 

Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Viskningar och rop (Cries and Whispers)

Año: 1972

Duración: 91 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guion: Ingmar Bergman

Música: Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel

Fotografía: Sven Nykvist

Reparto: Harriet Andersson, Kari Sylwan, Ingrid Thulin, Liv Ullmann, Anders Ek, Inga Gill, Erland Josephson, Henning Moritzen, Georg Årlin

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 20 de abril de 2021

ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL - SCENNER UR ETT ÄKTENSKAP

PROGRAMA 324 (16-04-2021)

 

SINOPSIS

 

El matrimonio formado por Johan, profesor de psicología, y Marianne, abogada, recibe una noche en su casa la visita de sus amigos Peter y Katerina. Al poco tiempo, los invitados empiezan una fuerte discusión en la que los anfitriones intentan mediar sin éxito alguno. Cuando se quedan solos, Johan y Marianne empiezan a hablar de su matrimonio y de sus problemas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

El sonido de la puerta retumbó en la habitación. Luego, el silencio. La última taza de café se fue helando de a poco, casi como nuestros sentimientos. Las cenizas de esa última madera del hogar se apagaron en el fulgor de los recuerdos. Las charlas, las risas y las miradas que decían más que las palabras quedaron atornilladas en un estante. La casa se volvió gris. Las sombras se hicieron más frecuentes y el calor se transformó en un otoño interminable. Las hornallas emanaban, quizás, el poco fuego que quedaba. No había mañana. Y el ayer terminó siendo un cuento intenso pero incierto. En los recovecos de la memoria se plantaron los momentos inolvidables. 



Los aromas tan nuestros se fueron escapando de las sábanas. Quedó alguna confesión perdida en ciertas noches de alcohol. Quedó el sabor de tus labios en esa maldita copa de vino. De ese mismo vino que bebimos años después. No importaba que el gusto ya no sea el mismo. La brevedad de una noche que se consumió en segundos. Taciturnos, esperando amaneceres ajenos. No había necesidad de que las palabras destruyan esa alegría efímera. Volver a ser, nuevamente. Sentirnos para después olvidarnos para siempre. Para que ese dolor al menos tenga un antibiótico natural. Y aprender de nosotros mismos. Para empezar una nueva historia. Y editar esos guiones para que no formen parte de nuestras próximas Escenas de la vida conyugal.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ESCENAS DE LA VIDA CONYUGAL

 


Hay una idea que alguna vez supo esbozar nuestro amigo poeta Oliverio que logró conmover en lo profundo a los que este programa hacemos. Desde la inmensa oscuridad de su piloto negro, Oliverio, con su vista reposada sobre otro presente, un presente descarnado y fatalmente sincero, se animó a decirnos que el amor es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida. En este sentido, cabe señalar y con esto alertar rápidamente al oyente, que el amor siempre es trágico porque en su ejercicio no hacemos más que entregar la conducción para que sea otro el que nos gobierne. Aquel otro que será la muerte misma de la aventura, que encadenará al deseo dentro de una casa, de una rutina con horarios marcados como los de una fábrica o una cárcel. ¿Cuál será la mercancía que se intentará comercializar en el quilombito aquel que es el amor? ¿Cuál será el lugar que se le dará a la familia en el gran mercado de la vida? Conocer el trágico sentido de la vida, aquella verdad, tal vez la única, de sabernos finitos, de entender que tanto nuestra vida como la de la gente que nos importa algún día acabará, algún día serán recuerdo para luego ser nada, tomar conciencia de que lo único certero es que todo esto tiene un final, pone en evidencia un abismo intolerable. En este contexto todo será miserable. Todo responderá al miedo, a las angustias, a las dudas, todo se convertirá en exigencia y perversión. 



El amor acorralado en su claustro monogámico y domesticado en su figura institucionalizada de la familia soplará avivando las llamas de una construcción social de la idea de seguridad, una triste ilusión de control y continuidad. Armaremos la farsa sobre esta idea, romantizando sin escrúpulos la posesión del otro, alimentando finalmente aquella vieja patraña de la completitud. Un amigo nuestro, Alejandro Dolina, ha dicho alguna vez algo así como que el amor es tan maravilloso que por eso uno busca que dure para siempre, y eso es lo terrible del amor. Dentro de la obra fílmica Escenas de la vida conyugal del maestro Bergman se denunciará esta idea institucionalizada del amor. Pongamos en claro algo: quien les habla cree fuertemente que este director es quizás uno de los mejores de la historia cinematográfica mundial, por lo que reconozco y por eso expongo sobre la mesa más temprano que tarde la falta de objetividad evidente en la construcción de las ideas que a continuación se expresan. Dicho esto y huyendo despavorido  de aquella objetividad que jamás tuvimos podemos decir que abordar esta obra es siempre una tarea insuficiente, fragmentada e incompleta. Bergman ha logrado en la historia de su filmografía lo que muchos intentaron y fallaron: hacer teatro con lenguaje cinematográfico. La mayoría de sus films y en particular Escenas de la vida conyugal se desarrollan dentro de una estructura donde el montaje viene a aportar a lo narrativo sin entrar en conflicto con la historia. Es fácil percibir la frescura en la utilización de los diálogos, es allí donde Bergman brilla más que cualquiera. Quien quizás más se acerca a esa genialidad es Woody Allen, tal vez su mejor alumno. 



El desarrollo dramático estará fuertemente sostenido desde las líneas de diálogos, las cuales aportaran información de los personajes y su pasado de manera profunda e inteligente. Invito a los y las oyentes a detenerse realmente en este punto. A permitirse saborear cada intervención y más aun cada silencio. Se encontrarán frente a algo pocas veces visto y escuchado, podrán percibir el trabajo minucioso de un verdadero orfebre de la palabra.  Recomendamos también la lectura de sus guiones originales en donde se puede hacer un trabajo similar al recién enunciado. Descubrirán que con un grato asombro que los libros cinematográficos de Bergman no solo se leen sino que también se escuchan y hasta se huelen. Tal es el efecto vivencial logrado. Habrá en Escenas de la vida Conyugal un trabajo cuidado desde el sonido. Vale rescatar una escena en particular del segundo acto de la obra, en donde la pareja comienza a discutir sobre sus diferencias y carencias. Ya no queda nada de ellos, de aquello que fueron o simularon ser. Allí donde antes parecía estar el amor ahora se evidencia un hueco, un vacío profundo, tal vez una distancia. Bergman tomará la acertada decisión entonces de hacer sonar los diálogos con algo de rebote, una casi imperceptible reverberación, logrando remarcar de esta manera la profundidad del escenario… el fondo pesando sobre la figura, la imposibilidad de ambos personajes de llenar cualquier vacío, ningún espacio. Con el devenir del conflicto, el cual se tornara violento no tanto desde las acciones de los personajes sino desde sus silencios, nos daremos cuenta que la única forma que encuentran de funcionar es desde la destrucción total de aquella figura de familia impuesta. Funcionarán rescatando al deseo de toda institución. Recordando que el amor nace en la ruptura misma de toda posesión. Funcionarán desde la idea más pura del amor que no es otra sino la de la única gambeta posible y eficaz para distraer aunque sea por un instante a la muerte.      

 

Lucas Itze.-       

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO BERGMAN

 


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la nocheLos demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 



El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Fresas salvajes (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después Cuando huye el día (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. 



Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv UllmanA su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968) o Pasión (1970), que fue la primera en color. 



En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande. 



Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Scener ur ett äktenskap

Año: 1974

Duración: 168 min.

País: Suecia

Dirección: Ingmar Bergman

Guion: Ingmar Bergman

Fotografía: Sven Nykvist

Reparto: Liv Ullmann, Erland Josephson, Bibi Andersson, Jan Malmsjö, Anita Wall, Gunnel Lindblom

 

PELÍCULA COMPLETA




jueves, 16 de noviembre de 2017

VERGÜENZA - SKAMMEN


EDITORIAL

Bravas llamas arderán por el odio. El olor a piel quemada, inundará nuestro olfato que buscará ser testigo de la crueldad. Los silencios serán cada vez más cortos, mientras la muerte acecha. Muchos ni siquiera entienden para qué bando juegan. Solo siguen órdenes y disparan peleando por su vida. Son esos momentos donde veremos lo peor del ser humano, ese que está solo para destruir y olvidará las bondades de las palabras. Nunca estuvimos en una guerra y ojalá, nunca lo estemos. Dicen que una vez allí no existe otra cosa que tu propia vida. Que seguirás tu camino, mientras quien ayer compartía tus sueños, agoniza tristemente, viéndote escapar como un cobarde. Serán esas las voces que aparecerán cada noche hasta que te acostumbres a dormir con ellas. 


¿A dónde irán a parar nuestros rezos, si enfrente piden lo mismo? ¿Será ese mismo Dios, quien juega a los dados con nuestras vidas, como si fuera una apocalíptica telenovela? ¿Dónde tendrán que llorarnos si quizás nuestros cuerpos estallan en mil pedazos? Esas serían algunas típicas preguntas, pero no tendremos respuesta. Solo ellos, los que pasaron por esa locura, que acabó con su vida tal y como era, podrán esbozar algún tipo de réplica. Y allá, lejos del ruido de los aviones, del olor a napalm, y de las balas que juegan miserablemente con esas vidas, están las marionetas que manejan todo. Esos que no se van a manchar de sangre, y solo dedicarán alguna que otra palabra vacía esperando recibir un abrazo cómplice. Esos que acrecientan sus bolsillos, porque las guerras, generan pérdidas, pero también dinero. Esos que evitarán mandar a sus hijos al infierno, mientras sus vecinos, luchan sin armas. Esos, que esperamos que alguna vez, se les caiga la cara de vergüenza.

Canción elegida para la editorial}




Ruido – Pequeña Orquesta Reincidentes




IMPRESIONES SOBRE VERGÜENZA


¿De quiénes son aquellas manos que golpean? Son manos jóvenes que tiemblan tanto como las nuestras. Tiemblan por el frio, el hambre, la soledad. Tiemblan por la muerte y por la lejanía, aunque tal vez no sean más que la misma cosa. Son manos sucias, cansadas, pero aun jóvenes. Manos de músicos, manos de obreros, de maestros, manos sin oficio aun. Golpean. Golpean. Golpean. ¿Sobre qué maderas descargan su ira… sobre que maderas si el bosque aúlla malherido con aquel silbido oscuro de humo y cenizas? La tierra murmura ya su muerte, y también la nuestra. ¿Y aquel ruido, que es aquel ruido tan perturbador, que significará aquel balbuceo inconcebible que ya no calla? Hablan, o al menos eso es lo que parece, pero aquel sonido que sale de sus bocas ya no dice nada, o dice muy poco, porque tal vez ya no halla mucho que decir. Pero ellos aún están allí, intentando explicarlo todo… argumentando las manos, dándole un significado al sonido, ocultando siempre el bosque. Vergüenza. Vergüenza es el grito que nace de mis entrañas. Y será también “La Vergüenza” el nombre del Film de Ingmar Bergman realizado por el director sueco en el año 1968. Bergman se encargara, una vez más, de realizar un análisis despierto e inteligente sobre la condición humana. 


Optará para la narración de su relato una estructura lineal y captaremos en su devenir, la sutiliza en la selección de cada elemento que aportará a la construcción de las funciones tanto denotativa como connotativa de la mencionada estructura. Cada plano, cada encuadre, cada línea de dialogo estará allí, como una sentencia maldita, para gritarnos a la cara que la guerra es hambre, es soledad, es la ausencia absoluta de colores, es la peor creación de ser humano. El film contará con caracterizaciones e interpretaciones notables que narraran extraordinariamente la degradación propia de la guerra. Nos costará tal vez organizar el relato según los tres actos aristotélicos clásicos, en donde, como ya hemos explicado más de una vez en este mismo foro,  en el primero de ellos se presentará a los personajes y al conflicto, en el segundo y el más largo de los tres se desarrollara el conflicto motor de la obra y en el tercero se concluirá tras una resolución. El director y guionista del relato decidirá, por el contrario, armar una estructura dividida en dos partes bien claras y densas en cuanto al peso emocional se refiere. En la primera de sus partes, si bien se presentará a los personajes, Bergman se abocará a la narración de la situación previa a la guerra. 


Los veremos a ellos sumergidos en aquel mundo celosamente impenetrable creado para salvaguardarse de aquel exterior que se derrumba. Serán, tal como dice Pirandello, como una isla incomunicada. Al entender su mundo de esta manera, revalorizaremos como metáfora aquella decisión artística de que el escenario para el desarrollo de la historia no sea otro que una isla sin ninguna referencia geográfica. Esta alegoría se volverá más fuerte en la segunda de las partes del film, en donde la isla, al igual que ellos mismos, será invadida y devastada por las horrorosas consecuencias que ha dejado la crueldad de la guerra. Sentiremos vergüenza por las miserias humanas, por entender a ese macabro enfrentamiento que la  guerra propone como una absurda bestia creada por el hombre para someter al mismo hombre. Sentiremos vergüenza por la banalización de la vida y a su vez también, por la naturalización de la muerte. Todo se convertirá en una cruel pesadilla sin sentido, y como en toda pesadilla, no habrá ni buenos ni malos. Solo habrá sufrimiento.-           

Lucas Itze.-

Canción post impresiones




Un gran tema de Pink Floyd




UNIVERSO BERGMAN


Hijo de un pastor luterano y de una dominante madre de origen valón, Ingmar Bergman nació en el seno de una familia muy estricta, en la que la buena conducta y la represión de los instintos se consideraban virtudes. No resulta pues extraño que, tanto él como su hermana Margareta, se refuguaran en un universo imaginario: juntos compraban trozos de película para el proyector familiar y construyeron también un teatro de marionetas. Bergman no contaba aún veinte años cuando dejó a sus padres para instalarse en Estocolmo. Desde entonces, se dedicó al teatro universitario y fue en esta época, entre finales de los 30 y comienzos de los 40, cuando entabló amistad con Erland Josephson y Vilgot Sjöman. En 1942, tras el estreno de una de sus obras, La muerte de Punch, Bergman fue invitado a formar parte del equipo de guionistas de la Svensk Filmindustri, donde pasó dos años revisando guiones, mientras seguía escribiendo obras favorablemente acogidas por la crítica. Ya su primer guión, Tortura, llevado a la pantalla por el importante cineasta sueco Alf Sjöberg, se basa en un recuerdo personal: el terror que inspirara a Bergman uno de sus profesores, que le hizo objeto de todo tipo de vejaciones y engaños en Estocolmo. Al año siguiente, 1945, la Svensk Filmindustri ofrece a Bergman la oportunidad de dirigir su primera película, Crisis, adaptación de una obra danesa cuyo protagonista, como en casi todos sus primeros trabajos, es un alter ego apenas encubierto del autor, que expresa así sus temores, ansiedades o aversiones o aspiraciones personales. Ese mismo año también dirigió Llueve sobre nuestro amor. Si Barco hacia la India (1947) y Puerto (1948) son perfectamente representativas de este periodo, las dos últimas obras de esta década, La sed (1949) y Hacia la felicidad (1949), muestran una nueva preocupación en Bergman, que aborda el tema de la pareja enredada en una lucha sin cuartel. Prisioneros el uno del otro, los amantes protagonistas de sus películas se entregan a un combate cuerpo a cuerpo, un torneo oratorio despiadado con evidentes resonancias de Strindberg. En el medio aparecen películas como Música en la noche, Los demonios nos gobiernan o Esto no puede ocurrir aquí. Los años 50 permitieron afianzarse a Bergman. Al principio de la década rodó dos brillantes historias de amor que exaltaban a la vez el esplendor del verano sueco y los fuegos efímeros de la pasión: Juegos de verano, también llamada Juventud, divino tesoro (1950), que fue presentada en Punta del Este, y esto llevó al éxito del director en lugares tan lejanos a sus país, como lo son Argentina, Uruguay y Brasil. También dirigió Un verano con Monika (1952), donde alcanzó su plenitud la sexualidad de Harriet Andersson. La carrera de Bergman en Suecia estuvo a punto de verse frenada a causa de la desfavorable recepción crítica de Noche de circo (1953), un análisis mordaz del deseo, el sentimiento de culpa y la vulnerabilidad humana. Pero la obtención por parte de Sonrisa de una noche de verano del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1955, volvió a situarle en posición privilegiada en Europa y Estados Unidos y le permitió abordar un proyecto que acariciaba desde tiempo atrás: El séptimo sello (1956), alegoría sobre la vida y la muerte donde refleja a la vez su concepción afectiva e intelectual de Dios y su intuición del posible holocausto nuclear. 


El clamoroso éxito obtenido por el film ofreció la posibilidad de dirigir, uno tras otro, cuatro importantes títulos: el primero fue Fresas salvajes (1956), con el director de cine Victor Sjöstrom como protagonista. Bergman recurriría nuevamente a sus recuerdos de infancia para efectuar un acercamiento lúcido y benévolo a la vejez, con toda su carga de lamentos y recriminaciones. Rodó después En el umbral de la vida (1957), un ejercicio de apariencia más documental que disecciona las reacciones de tres mujeres ante la maternidad. En El rostro (1958), un mago que no es otro que el propio Bergman, se gana la vida fascinando al público y exponiéndose a la vez a sus sarcasmos. Finalmente, El manantial de la doncella (1959) es una cruel historia de violación, asesinato y venganza, basada en una balada medieval. En el transcurso de los años siguientes, el estilo de Bergman experimentaría un cambio sensible. El cineasta aborda una etapa aparentemente austera. Una técnica más depurada y, una temática más profunda se ponían al servicio de un pensamiento inquieto y desgarrado. Tras filmar El ojo del diablo, llega la trilogía formada por Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El Silencio (1963) que le permitió ajustar cuentas definitivamente con su educación religiosa. 


Dejando a un lado su preocupación por el lugar del hombre en el Universo para considerar el del artista en el seno de la sociedad, Bergman, se convirtió en portavoz intelectual de su tiempo, persuadido de que el ser humano había llegado a una fase crítica de su evolución y de que la apatía del mundo moderno era tan sólo el reflejo de un cierto desencanto. Luego dirige ¡Esas mujeres! parodiando al cine de Fellini. Persona (1966), una obra profundamente marcada por la influencia de Jung y el psicoanálisis, reunió a Bergman, que entonces vivía en la desolada isla de Faro, con la actriz noruega Liv Ullman



A su alrededor, el cineasta tejió en los años siguientes una serie de dramas que destacan por su crudeza y violencia, como La hora del lobo (1967), La vergüenza (1968) o Pasión (1970), que fue la primera en color. En 1971, Bergman rodó en inglés La carcoma, con Elliot Gould, que supuso un completo fracaso comercial. Por contra Gritos y susurros (1972), alucinante estudio en blanco y negro de los últimos días de vida de una mujer enferma de cáncer y del comportamiento de sus hermanas, es encumbrada como una de sus obras maestras. El director sueco siempre fue consciente del impacto de la televisión, y desde 1969, año en que realizó El rito para la pequeña pantalla, mantuvo una relación fluida con el medio, también destino original de Secretos de un matrimonio (1973) y la adaptación de La flauta mágica (1974). En 1976 dirigió Cara a Cara, y luego un escándalo fiscal llevó a Begman a exiliarse en Munich, donde dirigió para Dino de Laurentiis El huevo de la serpiente (1977), ambiciosa reconstrucción del Berlín inmediato a la posguerra. La película se hizo eco del desasosiego y las preocupaciones del realizador como ocurrió también en De la vida de las marionetas (1980), donde se reflejan la impotencia y el sentimiento de fracaso de un individuo perseguido por la sociedad. En 1978 dirigió Sonata de otoño, con la que tuvo varias nominaciones. En 1982, presentó Fanny y Alexander y anunció que sería su última producción para la pantalla grande. 



Fuertes connotaciones autobiográficas aclaran retrospectivamente los temas de su obra: la fascinación por el mundo de los actores, el temor a los tabúes religiosos, la complicidad con el universo femenino, el descubrimiento de la muerte... Todo dentro del marco de una gran familia de Upsala a principios del siglo XX, visto a través de los ojos de un niño de doce años que, una vez más, puede considerarse el alter ego de Bergman. A partir de entonces, trabaja regularmente en el medio televisivo, para el que dirige títulos como Después del ensayo (1983), Los dos bienaventurados (1986), En presencia de un payaso (1997), o Saraband mientras que sus guiones son llevados al cine por otros cineastas, generalmente cercanos a su entorno, como su hijo Daniel Bergman, firmante de Niños del domingo (1992), el danés Bille August, que trasladó a la pantalla Las mejores intenciones (1992), y su ex-compañera sentimental, la actriz y directora Liv Ullman, realizadora de Confesiones privadas (1997) e Infiel (2000). Bergman falleció el 30 de julio del 2007, el mismo día que se otro grande del cine europeo: Michelangelo Antonioni.

Nos fuimos con otro clásico inglés



FICHA TÉCNICA

Título original: Skammen
Año: 1968
Duración: 99 min.
País: Suecia
Dirección: Ingmar Bergman
Guion: Ingmar Bergman
Fotografía: Sven Nykvist (B&W)
Reparto: Liv Ullmann, Max von Sydow, Sigge Fürst, Gunnar Björnstrand, Birgitta Valberg, Hans Alfredson, Ingvar Kjellson, Vilgot Sjöman.

SINOPSIS


Huyendo de la guerra civil que asola su país, Jan y Eva Rosenberg, dos músicos, se van a vivir a una isla, completamente apartados del mundo. Llevan una vida sencilla y apacible, preocupados únicamente por la música. Hasta que un día llegan unos soldados y todo cambia radicalmente. La pareja es arrestada bajo la acusación de colaborar con las fuerzas rebeldes. Al frente de la unidad militar que tiene la misión de defender la isla está el coronel Jacobi, un antiguo amigo de Jan y Eva. Pero esto no hará más que empeorar la situación