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viernes, 7 de agosto de 2026

ARREBATO DE IVÁN ZULUETA

PROGRAMA 512 (31-07-2026)

 

SINOPSIS

 

José Sirgado (Eusebio Poncela) es un director de serie B en plena crisis creativa y personal, incapaz de romper con su expareja (Cecilia Roth). Inmerso en una espiral de autodestrucción, y con las drogas como acicate, José recibe noticias de un antiguo conocido, Pedro (Will More). Se trata de un extravagante joven que graba en Super 8 y cuya obsesión por controlar el ritmo de sus películas lo lleva descubrir el fotograma rojo. El hallazgo despertará la curiosidad de José, quien emprenderá un viaje hacia el “arrebato”. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Me mira… nos miramos. Ella sabe lo que estoy pensando. Yo sé lo que quiere ella. No puedo dárselo… O quizás sí. Somos parte de lo mismo. Desde que era un niño soñé con ella. Es algo casi neurótico a esta altura. Está siempre sobre mí. No almuerzo, no ceno. Sólo pienso en ella. En sus ruidos. En sus propios fantasmas. Que ya son los míos. ¿Quién habita este ser? ¿Quién decoró esta habitación? El rojo furioso se entremezcla con el azul más frío. Está todo en un mismo cuadro. Las dos mitades de mí quizás… La mezcla perfecta de fuego y hielo. Un encuadre perfecto. Nadie se animaría a editar esa escena. Afuera se escuchan ruidos. Bocinas, gritos, a lo lejos una sirena invade todo. Bajo a ver… bajamos, dice ella. Que se inmiscuye entre todo el gentío para tener una mejor visión. Capta todo, no para. Como un niño que aprende cosas nuevas. Está así, siempre incorporando conocimiento. Alguien la quiere manotear, pero llegamos a un acuerdo. No se puede estar siempre viendo todo. La sangre llama la atención, pero también impacta. La muerte es así, hermosa y horrible al mismo tiempo. 



Y está siempre al acecho, ella también lo sabe, porque vio muertes de todo tipo. Pero nunca una real, entonces su corazón se moviliza. Además de sangre y muerte, ha visto tantas cosas en este tiempo. Hemos visto, mejor dicho. Mis ojos ya son los suyos y viceversa. Y yo sinceramente ya no sé quién soy. Mi mente arde. El whisky, las pastillas y las líneas de cocaína aspiradas me envuelven en sueños eternos y etéreos. Quizás surjan nuevas ideas. Quizás todo ya está escrito. Y por eso todo es repetitivo, aburrido, sin gracia. Copias de copias. Es la madrugada. Estoy casi desnudo. Corro por una avenida en sentido contrario al tráfico. Alguna bocina suena. Alguna puteada también. Los semáforos parecen todos del mismo color. No me interesa saber cuál es cuál. Creo que ella está conmigo. Estoy seguro que sí. O ella ya soy yo. Pienso sin pensar, respondo sin responder. Escucho un click, un rollo que cae, una brutal frenada. El sonido de ese último arrebato…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ARREBATO

 


El amor es todo aquello que dicen que no es.  Si hemos podido descifrar algo respecto del amor en este pequeño tiempo de  existencia, es que no se trata de otra cosa más que de entrega. Uno entra en el perverso juego del amor para perder. Quien pretenda salir de esta sádica  travesura ileso, afortunado o por la misma puerta por la que entró, confunde vilmente las reglas. Maneja canallescamente la economía de los sentimientos, y claro, esconde cartas bajo la manga para no mostrar nunca todo el mazo. Varios juegan en ese paño, sumando naipes, especulando ases, esperando las buenas para poder cantar sobre algo sólido. Basura, miseria. En la economía del amor, todo es pérdida, no existe acto más bello, más repleto de hidalguía, de nobleza, que apartar el yo para dejar que el otro sea. Evitar que el ser, en el encuentro con el otro, fagocite su deseo, lo posea. Amar, tal como hemos dicho alguna vez,  es un pretexto para adueñarse del otro y así transformar su vida en nuestra vida. ¡Vamos! en cualquier descuido aquella relación tan lábil, tan sin sentido, tan indefinida, tan innombrable, tan efímera puede tomar la dinámica del amo y esclavo en un pestañar de ojos, e instalarse años en la insania feroz del sometimiento del uno hacia el otro, variando el vínculo según la demanda. 



Allí entonces no habitará el amor sino el engaño y mezquindad, el ventajismo y el insostenible e infortunado egoísmo. Aun así, no podemos dejar de amar, porque queramos o no, aquel estado de insania, nos hace mejores. Queramos o no, el enamorado insiste en mejorarse. Y allí va y se aventura en el aprendizaje de algún acorde con séptima novena. O se inicia en la sorpresiva tarea de la higiene personal. O tal vez veremos al enamorado intentar proezas tales como caminar sin arrastrar los pies, aprender algún verso perdido de algún poema uruguayo o simplemente encontrar en tu mirada aquel rayo que el sol ha perdido hace ya tanto. Allí el único souvenir, que entre tanta perdida y tanto despojo, claro, no es poco. Se le atribuye a nuestro querido amigo Charles Bukowski la siguiente carta: Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada. Deja que te mate, y deja que devore tus restos. Porque de todas las cosas que te mataran, lenta o rápidamente, es mucho mejor ser asesinado por un amante. Sin demasiados malabares del pensamiento, podemos encontrar aquí un claro prólogo para el film Arrebato del director español Iván Zulueta. 



Más allá de la historia en la que podamos centrarnos, o mejor aún, en las historias que la cinta pueda empecinarse en contarnos, sin dudas, la película es una reflexión sobre el arte del cine, sobre el cineasta como personaje, sobre aquel ser creador. Un cineasta solo merece ese nombre cuando sabe lo que hace. Es un hombre que no puede prescindir de la consciencia de su arte, de la reflexión sobre su oficio, del pensamiento de aquello que lleva a cabo. El cineasta piensa al cine para decir el mundo, y con él inventa formas. Todo esto estará en el film más allá de la historia. Veremos al hombre consumido por su arte, obsesionado por el punto de vista, consumido por el Kino glaz, la cámara ojo. Veremos al hombre perder su mirada de hombre y ser devorado por aquella otra de artista, lo veremos creando forma, tal como teorizaba Bresson, moldeando frente y detrás de cámara. Imposible ser el mismo luego de gritar corten. Si algo verdadero ha sucedido en el plató, todos los ahí presentes habrán sido modificados por una energía inexplicable, irreproducible y fugaz. Eso será lo que irá a buscar el verdadero artista al rodaje, ese será el resplandor que deberá rodar, que lo valdrá todo. Por ese instante dará su vida, porque aquel ápice vertiginoso del tiempo será su obra, y allí dejará su alma para mutar en otra piel que vuelvan a lograr mirar la rosa hasta finalmente pulverizar los ojos. Este será el film de Iván Zulueta, todo el resto de la cinta, será simple ficción.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ZULUETA

 


Nacido como Juan Ricardo Miguel Zulueta Vergarajauregui en San Sebastián el 29 de septiembre de 1943. No se pudo inscribir como Iván debido al origen ruso del mismo. Nació en el seno de una familia burguesa con intereses azucareros en Cuba, su padre fue abogado y director del Festival de Cine de San Sebastián y su madre era pintora, por lo que de joven se interesó por las artes plásticas. Luego estudió decoración y se fue a Nueva York donde ingresó en la Liga de estudiantes de arte de Nueva York, donde estudió pintura al óleo y dibujo publicitario. Es aquí donde tuvo contacto con el Pop art, la Nouvelle Vague y el New American Cinema (con figuras como Jonas Mekas y John Cassavetes). En octubre de 1964, Zulueta ingresó en la Escuela Oficial de Cinematografía. Otros estudiantes eran Pilar Miró, Álvaro del Amo, Juan Tébar, Antonio Drove y Jaime Chávarri. Conoció a José Luis Borau, su profesor de guion, que se convirtió en su mentor a lo largo de toda su carrera. Iván Zulueta dirigió dos cortometrajes en 35 mm como prácticas para sus cursos: Ágata (1966), inspirado en El retrato ovalado de Edgar Allan Poe, e Ida y vuelta (1967), basado en un relato de William Jenkins. Este segundo cortometraje no es aprobado por el tribunal y, coincidiendo con los disturbios en la escuela que originan su clausura, Iván deja la EOC sin obtener su carné del sindicato (que durante los años del franquismo era esencial para poder firmar una película de forma oficial). En 1968, Pedro Olea produjo un programa televisivo llamado Último grito, presentado por José María Íñigo y Judy Stephen. Decide que sea Iván el que lo dirija debido a sus gustos musicales. El programa consistía en un "magazine", mezcla de sketches, video-clips, gags y psicodelia. En 1970 realiza su primer largometraje Un, dos, tres… al escondite inglés, una sátira donde un grupo de jóvenes músicos hará lo imposible para boicotear una canción que no les gusta nada, y que va a representar a España en un famoso festival de música. Una insólita cinta del singular Zulueta en la que, tras el éxito de Massiel en el Festival de Eurovisión, se parodia este tipo de concursos con una delirante historia rodada sin guión y con la actuación de varios grupos punteros de la época. Ya que Iván no pertenecía al sindicato de directores, fue José Luis Borau el que figuró como director. 



Al principio de esta década se inicia para Zulueta una prolífica carrera como cartelista. Gracias a un material sobrante de negativo en 35 mm de El Imán, experimenta con una truca y realiza los cortometrajes Masaje y Frank Stein, en los que principalmente juega con el ritmo y el tempo. Concretamente, Frank Stein consiste en remontar una película jugando con los tiempos. Esta técnica se convertirá en una fuente de experimentación para Zulueta que repetirá este mismo experimento en varios de sus cortometrajes en super 8 mm, como King Kong, Mi ego está en babia, A malgam A y El mensaje es facial. Conoce a Pedro Almodóvar y colabora como cámara en el cortometraje de este titulado "El sueño (o la estrella)" (1975) en super 8 mm. De una forma más profesional, colabora como ayudante de dirección en Vestida de tul (1975) de Jaime Chávarri y Los restos del naufragio (1978) de Ricardo Franco. Augusto Martínez Torres le propone entonces tratar de experimentar en un formato que le permita llegar a la distribución comercial sin perder por ello la posibilidad de jugar con la cámara. Finalmente, consigue una cámara 16 mm que posibilita a Iván lo deseado. El resultado fue Leo es pardo (1976), que fue presentado en el Festival de Berlín. Al mismo tiempo, el éxito de este cortometraje abrió las posibilidades de llevar esta experimentación al largometraje. Este iba a ser Arrebato, del año 1979. La adicción a la heroína y su bloqueo impulsaron un retiro y un tratamiento con metadona. Llegó a preparar un guion que quedó en la nada, aunque siguió trabajando de cartelista de directores como Almodóvar, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Borau o José Luis Garci. Vuelve a fines de los ´80 para trabajar para la TVE, en un mediometraje titulado Parpados y más adelante filma el corto Ritesti, una historia de terror con un montaje fragmentado que recuerda a David Lynch. En los 2000 críticos y personalidades del mundo del cine rescatan varios de sus cortometrajes, que hasta se reestrenan en salas. Zulueta muere en San Sebastián el 30 de diciembre de 2009 a los 66 años, dejando un legado de cineasta maldito y de culto.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Arrebato

Año: 1979

Duración: 110 min.

País: España

Dirección: Iván Zulueta

Guion: Iván Zulueta

Reparto: Eusebio Poncela, Cecilia Roth, Will More, Martha Fernández-Muro

Música: Grupo Negativo

Fotografía: Ángel Luis Fernández

 

PELÍCULA COMPLETA

viernes, 27 de diciembre de 2019

TODO SOBRE MI MADRE



SINOPSIS

Madrid. Manuela, una madre soltera, ve morir a su hijo el día en que cumple 17 años, por echarse a correr para conseguir el autógrafo de Huma Rojo, su actriz favorita. Destrozada, Manuela viaja entonces a Barcelona en busca del padre del chico. (FILMAFFINITY)

EDITORIAL

San Telmo, la noche empieza a empuñar sus armas. Una calle se corta en un pequeño pasaje. Cientos de adoquines permanecen inmutables. La lluvia moja las baldosas flojas que serán testigos de alguna puteada al aire. El olor a un faso atrae ciertas miradas. Las luces del patrullero titilan con más vehemencia. La vida empieza a destruirse a medida que avanza la madrugada. La tristeza se abraza a cada copa vacía. Afuera de los bares están ellas esperando a algún cliente. Ellas que pueden ser ellos. Y ellos que pretenden ser ellas. Nada se pierde, todo se transforma diría algún verso. Y a medida que pasan las noches, van desapareciendo, palabra que luego nos dará escalofríos. Desde lejos retumban viejos tacones. Los teatros van cerrando sus puertas y sus estrellas buscan lugares donde guarecerse. Las familias se esconden de la oscuridad y buscan purificarse saludando al galán de moda. Es épocas de silencios y aquí no ha pasado nada. Otros eligen drogas para escapar de esa realidad enfermiza. Son los herederos de los nadies. Los olvidados de siempre. Que quizás busquen solo un poco de amor. 


Algo tan simple pero tan lejano. En ciertos sitios el amor viene en cómodas cuotas. En otros se emparentará con violencia, locura y muerte. La vida misma, una fotocopia humillante de conocidos escenarios. La quietud de la noche empieza a alejar los fantasmas. Los primeros rayos de sol emergen sin herederos porque las nubes les impiden el paso. El sonido de los colectivos y el smog porteño ganarán la partida. La ciudad se despierta y San Telmo le da paso al microcentro. Y la plaza del pueblo se llena de gente mientras las palomas hacen sus acrobacias al pasar. Y allá están ellas. Ellas y su plaza. Ellas y sus marchas. Ellas como sinónimos de madres. Y como símbolo de una pérdida. Y las piezas que se unen como un rompecabezas. Y los años pasan. Y la Plaza queda. Y las muertes siguen. Y San Telmo muere y renace. Y nosotros nacemos hijos. Y nuestras madres luchan. Y sus sueldos no alcanzan. Y su sonrisa queda. Porque al fin y al cabo todos venimos desde el mismo lugar. Y por ellas brindamos en cada año que comienza. Y en cada brindis les ofreceremos nuestro corazón.

Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial



IMPRESIONES SOBRE TODO SOBRE MI MADRE


Se ha dicho, y en más de una ocasión hasta lo hemos discutido en este mismo foro, que el pasado, queramos o no, condena a una identidad. A través de estos micrófonos, y también seguro desde cualquier otra mesa, han escuchado aquello que dice que el desarrollo de la identidad se da sobre los pilares de la centralización narrativa de experiencias pasadas, pero también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. Quien les habla posee una identidad tan atada a su pasado que por mucho que se esfuerce, jamás podrá florecer soberbiamente por entre la tierra y ostentar ante la potencia del sol sus colores enfurecidos. Entendemos de esta manera, entonces, que la idea de identidad se relaciona íntimamente con el concepto de límite. Tal como lo denunciara nuestro gran amigo el filósofo de Salamanca, el pasado clavará sus uñas allí en el futuro, infectándolo y proyectándose. Allí entonces se levantaran aquellos muros inescrupulosos de los límites que separaran al caminante de la sorpresa. Ya no serán los estímulos aquellos vagabundos del tiempo, sin destinos ni definiciones, urgentes de peligros y salvajismo. En cambio habrá la soberbia especulativa de quien enuncia, aquella mano fría y gris del orden. Surgirá de manera que simulará la espontaneidad de lo natural, el plan. Aquella conquista de un futuro improbable funcionará como un claro fármaco ante esas almas deseosas de certezas y seguridades. 


Planificar mata al ser desde su esencia más profunda. Es el intento desesperado de transcender para evitar de alguna forma a la muerte. Es otorgarle de manera fantasiosa a nuestra existencia un mañana, un después de este ahora que tanto no promete. Tal como decía Stuart Mill, el desconocimiento del futuro es indispensable para la vida en sociedad. Todos nuestros pensamientos, todas nuestras lógicas, todos los pilares de nuestra civilización y todas nuestras construcciones mentales descansan sobre el desconocimiento del futuro. Conocerlo, aventurarlo es no haber comprendido jamás el juego. ¿Qué hubiera sido de Manuela, aquel personaje repleto de fortaleza que protagoniza el film Todo sobre mi madre del amigo Almodóvar, que hubiera sido de sus decisiones de haber sabido los desenlaces futuros, todas sus consecuencias? El film será una joya con aquel sello único e inconfundible que Pedro tan bien sabe retratar. Lo notaremos en la fotografía y el arte que el relato trabaja, repleto de rojos y verdes intensos, de objetos con aroma a los setenta, con ambientes inteligentemente cargados y artísticamente encuadrados. La cinta comenzará dando una gran pista sobre la trama. La cámara recorrerá en plano detalle, a través de un teleobjetivo que se encargará de focalizar nuestra atención sobre el objeto reduciendo en ese sentido la profundidad de campo de la toma, la bolsa de un suero la cual deformará la luz generando diversas figuras. 


Se sobreimprimirán los nombres de actores y equipo técnico sobre esta imagen con un efecto que simulará la deformación por agua y con esto fraguará de alguna manera aquel icono por excelencia de la identidad que es nuestro nombre. Ya desde los títulos entonces Pedro nos adelantará el conflicto. El relato, asimismo, estará llevado adelante por personajes sacados de aquel mundo interno del propio Almodóvar. Encontraremos entre ellos los excesos, la diversidad sexual, la increíble fortaleza de los personajes femeninos, capaces de perderlo todo y aun así seguir caminando. La estructura narrativa será lineal y se buscará el dinamismo del relato a través de la dosificación del conflicto y en particular del uso de la herramienta de la elipsis que ayudara a relatar en una hora cuarenta y cinco una cantidad considerable de años y de idas y venidas. El film planteara conflictos y problemáticas desde su subtramas que recién hoy, veinte años después, son abordados con naturalidad y seriedad por distintas obras. Pedro nos hablará por medio de estos personajes tan tridimensionales, tan orgánicos, tan viscerales y alejados de los grises, sobre la violencia de género, el sida, el aborto, la violencia familiar, la prostitución, el travestismo, el lesbianismo, las angustias y por qué no la venganza y el perdón. Temáticas todas que forman parte imprescindible de su universo creador. 


El relato estará estructurado en tres actos claramente divididos por dos grandes, pesados y angustiosos puntos de giros y estas sensaciones se repetirán a lo largo de toda la cinta con excepción de alguna que otra sonrisa que asomará contadas veces mientras secamos nuestras lágrimas. El conflicto será denso de sobrellevar y nos impregnará de una profunda tristeza aunque en su resolución, luego del tercer acto, Almodóvar dejara un mensaje que tal vez hoy, con las herramientas que contamos, podemos descifrar con más claridad. Gracias a las luchas feministas que aunque datan de varios años, tal vez en estos últimos lograron la visibilidad necesaria; gracias a la pelea dada por los movimientos de diversidad sexual, intersexuales, diversidad cultural y la idea que se expresó a través de los votos de las últimas elecciones, de que el país y la sociedad que queremos es una más rica en cuanto a la aceptación de las diferencias, que incluya a todos, todas y todes, podemos darnos cuenta que tal vez hayamos ganado más libertad al plantearnos con sinceridad y seriedad aquel concepto de identidad del que hablábamos al comienzo, presentándolo ya no arrastrado por un pasado limitador sino enriquecido y fortalecido por un presente inclusivo y respetuoso de las elecciones y diferencias. Esa es la batalla y no descansaremos hasta ganarla.-

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


UNIVERSO ALMODÓVAR

Nacido el 25 de septiembre de 1949 en Calzada de Calatrava. Se mudó a los 18 años a Madrid donde trabajó durante doce años como ordenanza en Telefónica, en esa época participaba de un grupo teatral llamado Los Goliardos, en el que conoció a Carmen Maura, entre otros. También crea el grupo de punk-glam rock Almodovar y McNamara, junto al músico Fabio McNamara.
También en esa época escribe sus primeras novelas y aparece en diferentes revistas o periódicos como El País, Diario 16 y La Luna. Empieza a hacer comics contraculturales que tuvieron un gran éxito en la ciudad, como fueron Star, El Vibora y Vibraciones.
Su primer filmación en Super 8 fue el film amateur Folle... folle... ¡fólleme Tim! La historia trata de una pobre chica que trabaja en unos grandes almacenes, con un novio ciego que toca la guitarra. Cuando él se hace famoso, ella se queda también ciega. Luego hace el corto Salomé. Ambos en el año 1978.
Según muchos analistas, a pesar de que todo el cine de Almodovar tiene una especie de linealidad y coherencia, se podría dividir en cuatro etapas:

Etapa experimental: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, con la participación de Carmen Maura y la aparición de una joven Cecilia Roth. Laberinto de pasiones, una historia de amor entre una ninfómana y un jeque árabe, Entre tinieblas, una comedia negra en torno a la religión y a las drogas, el corto para TV, Tráiler para amantes de lo prohibido y ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, otra comedia negra con la mujer como figura protagónica.


Etapa de perfeccionamiento formal: Matador, la historia de un torero que luego de retirarse sigue con ansias de matar, La ley del deseo, que nos presenta a dos hermanos que se dedican al mundo del espectáculo, Mujeres al borde de un ataque de nervios, ¡Átame!, donde una actriz es secuestrada por un obsesivo fanático, Tacones lejanos, otra gran historia entre madre e hija con un juez demasiado particular y Kika, la historia de una maquilladora de carácter ingenuo que un día recibe un encargo muy especial: ha de maquillar a un muerto, un atractivo fotógrafo llamado Ramón...


Etapa social: La flor de mi secreto, donde nos muestra a una escritora en crisis, Hable con ella, donde en una clínica se cruzan la historia de cuatro personas y la Trilogía de la memoria: Todo sobre mi madre, donde Manuela pierde a su hijo en el día de su cumpleaños número 17 y decide y a buscar al padre a Barcelona, Carne trémula, un drama donde dos policías tienen un enfrentamiento violento con un marginal que venía de tener un encuentro fortuito con una chica. Ese tiroteo traerá consecuencias dos años después y La mala educación, película sobre abusos en un colegio católico.


Etapa introspectiva: Volver, según las propias palabras de Almodóvar, la película nos habla de «tres generaciones de mujeres [que] sobreviven al viento solano, al fuego, a la locura, a la superstición e incluso a la muerte a base de bondad, mentiras y una vitalidad sin límites, Los abrazos rotos, la historia de un escritor que queda ciego luego de un accidente de tránsito, La piel que habito, con Antonio Banderas como un cirujano plástico que experimenta la elaboración de una nueva piel con la que hubiera podido salvar a su mujer de las quemaduras sufridas en un accidente.


Los amantes pasajeros, un grupo que está en un vuelo a México y que durante el viaje, este sufre una avería y hace que los pasajeros confiesen sus secretos más oscuros, Julieta, un film sobre la vida de una mujer y el dolor, la culpa y la pérdida, basada en los relatos "Destino", "Pronto" y "Silencio", de la Premio Nobel de literatura canadiense Alice Munro y por último Dolor y gloria, la historia de un director de cine en el ocaso de su vida, con el que vuelve a sorprender a la crítica.

FICHA TÉCNICA

Título original: Todo sobre mi madre
Año: 1999
Duración: 105 min.
País: España
Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Affonso Beato
Reparto: Cecilia Roth, Marisa Paredes, Penélope Cruz, Candela Peña, Antonia San Juan, Rosa María Sardà, Fernando Fernán Gómez, Fernando Guillén, Toni Cantó, Eloy Azorín, Carlos Lozano, Cayetana Guillén Cuervo

jueves, 14 de noviembre de 2019

UN LUGAR EN EL MUNDO



SINOPSIS

Ernesto hace un viaje a la provincia argentina de San Luis, a un remoto pueblo en un valle puntano, para recordar su infancia y las circunstancias que han determinado su vida: sus padres se habían exiliado voluntariamente de Buenos Aires para vivir en una comunidad campesina. La llegada de un geólogo español, contratado por el cacique local para buscar petróleo, representa una amenaza para la forma de vida de los campesinos. (FILMAFFINITY)

EDITORIAL

Estamos aquí, hoy, en este mundo. En este mundo donde nada es lo que parece y todo resulta cuestionable. En donde la revoltosa mano de un niño o una niña ensaya alegremente los garabatos que mañana crearán las leyes que enjaulen su propia libertad. Sí, claro, aquí, en donde estamos cagados de miedo y vale más un auto que un hermano con frio y hambre, y más aún que cualquier sentimiento profundo capaz de entregarnos vulnerables sobre las oscuras orillas de la locura. Aquí donde alguna vez entendimos que solo hay ahora y que el resto es un relato, un triste acercamiento cargado de mentiras, una mala foto condenada a los enredados vericuetos de quien la narra. Aquí, donde los que ayer se aventuraban al heroísmo de mares embravecidos, a la ferocidad de batallas desiguales contra bestias infernales, hoy caminan solos y encorvados, con sus ojos ciegos de nostalgia y sus sueños derrotados bajo el espantoso puño de un salario. En este mundo, sí, al que hemos enfermado con la agria saliva de nuestro egoísmo, al que hemos devastado con la autoritaria mano de nuestras guerras y nuestras estúpidas ambiciones. Sí, aquí, hoy, en este mundo. ¿Pero cuál es realmente nuestro verdadero mundo? Digo, aquel desde donde construimos y destruimos, aquel desde donde significamos y nombramos, aquel donde matamos o morimos. 


Ese mundo sos vos. Ante todo esto, tan inaprensible y fugaz, tan lejano y distante, nuestra aventura en este lio, en aquel juego al que llamamos existencia, no es otra más que la del autoconocimiento. Saber quiénes somos, aquí, hoy, no es poco. Apartar las cortinas de lo establecido y de lo impuesto para descubrir nuestro deseo es volver a mirar al mundo y saberlo nuevo. La tarea, por cierto, no será fácil y el bosque por lo general será oscuro y tenebroso. Pelearemos contra nuestros propios fantasmas y aquella será la peor de nuestras batallas. Pero entonces llegara la mañana y algunos se abrazaran a esos soles festejando su victoria. Llevaran así una vida somnolienta y miserable, atesoraran solo una anécdota y se abrazaran a ella celosamente porque será la única prueba de su paso por el mundo. Otros, entenderán que no hay victoria. Que el objetivo de nuestra existencia es la desestabilización de toda neutralidad instalada, la ebullición misma de toda calma aparente. Esa será nuestra militancia. Allí encontraremos nuestro único lugar en el mundo.

Lucas Itze.-

Canción elegida para la editorial


IMPRESIONES SOBRE UN LUGAR EN EL MUNDO


De chico soñábamos con ser grandes. Nuestra inocencia no nos permitía percibir todo lo que había a nuestro alrededor. Ver a nuestros padres o abuelos trabajar horas para poder darnos algún gusto cada tanto, era para nosotros algo natural. A medida que avanzamos en este camino llamado vida nos daremos cuenta que no todo es tan simple. Mientras vamos tomando nuestras propias obligaciones, entenderemos que en este juego son muchos más los que pierden que los que ganan. Y cuando ellos ya no estén, hundidos en el dolor, recordaremos todo lo que heredamos. Aparecerán entonces los valores, la humildad, la preocupación por el otro y el ir siempre con la verdad como pautas que forjarán nuestro ser y nuestro destino. Ese destino que estará ligado también a un punto de partida. Un lugar que será la marca que llevaremos siempre dentro de nuestro pecho. Ese lugar al que como dice el tango, siempre estaremos volviendo, aunque nunca nos hayamos ido. Será el gran Adolfo Aristarain el que nos recuerde de dónde venimos, a donde vamos y que queremos ser. Será Un lugar en el mundo, un film que nos llevará a reflexionar, mientras nuestros ojos se humedecen en un segundo. 


Estaremos ante un drama rural muy bien logrado. La cinta abrirá con esos caminos de tierra muy propios de nuestro país. Una ruta en el medio de la nada, un campo con animales y de repente el relato de una voz en over que se entremezcla con la música desoladora que suena de fondo. La llegada de un joven al pueblo después de muchos años, será la forma de empezar a contar la historia. En esos primeros minutos, la cámara se posará generalmente detrás del personaje, como indicando que vendrá por su pasado. A partir de allí, el guion romperá la linealidad para iniciar un racconto donde veremos al joven unos años antes, siendo un pre adolescente. Un tren que se acerca a toda velocidad romperá con la monotonía del relato. Del otro lado, el joven con un carro a caballo intentará cruzar antes que la locomotora, mientras la cámara lo sigue con un pequeño travelling. La banda sonora nos envolverá sin darnos cuenta. El montaje nos llevará de una imagen a otra sin pestañear. Será un film donde la cámara estará puesta siempre buscando el mejor plano. Habrá planos abiertos para mostrar la inmensidad del pueblo, cercano a la cordillera. Y servirá para destacar la soledad y el aislamiento. Mientras que en el interior, el encuadre se situará en planos medios o primeros planos. 


La fotografía de Ricardo DeAngelis servirá una paleta de colores otoñal, reflejando la monotonía del lugar pero a su vez ensalzando la belleza pre cordillerana. Llegará entonces la presentación de los personajes, con Ernesto (Gastón Batyi) como el hijo de la pareja formada por Mario y Ana, interpretados de manera magistral por Federico Luppi y Cecilia Roth, maestro y médica en un pueblo donde la pobreza gana la partida. En un principio veremos la llegada de Hans (José Sacristán), tiempo después nos enteraremos que es un geólogo español contratado por el intendente del pueblo y será vital en el desarrollo de la trama. El director nos entregará un film que será un espejo desolador de la Argentina de los ´90. La falta de insumos médicos, la pobreza en los pueblos rurales, la des alfabetización fueron temas estructurales que hundieron al país en esos primeros años de democracia. La llegada de capitales extranjeros y las ventas de tierras al mejor postor terminaron de dinamitar la calidad de vida de los habitantes, que trabajaban por migajas para servir a los terratenientes de turno, que volvían a mostrar al campo como el enemigo interior. Serán Mario y Ana, exiliados durante la dictadura y repatriados luego, quienes intentarán llevar un poco de esperanza al pueblo. 

Será Ernesto, casualmente llamado como el Che Guevara, quien intente seguir el legado de su padre. Y será Hans, alguien que se define a sí mismo como vendido al mejor postor, el que terminará cautivado por la familia. El sólido guion y los destacados diálogos no serían lo mismo sin las maravillosas actuaciones del cuarteto protagonista ni de los secundarios de lujo. Habrá una lucha de poder y sufriremos como Mario al ver como sus empleados y vecinos compran espejitos de colores, quizás porque sabemos cómo termina la historia. Nos quedaremos en silencio cuando el mismo Mario destruya su propia cooperativa. Pero lo entenderemos. Porque también estamos cansados de verlos triunfar a los déspotas de siempre. Y entonces tendremos la misión de comerles el hígado, como dice Hans, para luego levantar la bandera del honor y la ilusión por un mundo mejor. Un mundo que no sabemos si aún existe pero que añoramos la utopía de encontrarlo. Quizás nosotros nunca lo veamos. Quizás nuestros hijos o nietos puedan ser testigos de ese mundo nuevo por el que tantos cayeron peleando. En el silencio del más allá, seguiremos conversando con nuestros viejos queridos para confirmar que estamos en el rumbo correcto. Solo así brindaremos con la copa en alto para que las utopías alguna vez se transformen en realidad, sabiendo que encontraremos ese lugar.
                   
Marcelo De Nicola.-

Canción post impresiones


UNIVERSO ARISTARAIN


Nacido en el barrio porteño de Parque Chas el 19 de octubre de 1943, desde muy chico se interesó por el cine y prefirió no terminar sus estudios para ganarse la vida dando clases de inglés (idioma que dominaba muy bien) y tener tiempo libre para concurrir a los rodajes. Tras un pequeño papel de extra en Dar la cara (1961), de José Martínez Suárez, se marchó por unos meses a Brasil, donde trabajó en un laboratorio que doblaba series norteamericanas. A mediados de los 60 ya trabajaba con continuidad en el cine argentino, primero como meritorio y luego como ayudante de dirección. Unos años de exilio en Europa le permitieron ponerse a las órdenes, en carácter de asistente de dirección, de realizadores como Mario Camus, Giorgio Stegani, Vicente Aranda, Sergio Leone, Lewis Gilbert, Gordon Flemyng y Peter Collinson. En 1974 regresó a la Argentina con la intención de dirigir su primer largometraje. Aquí fue asistente de Daniel Tinayre y Sergio Renán entre otros. Cuatro años después de su llegada, pero pudo dar a luz un policial, La parte del león (1978), que sorprendió por su calidad y por abordar un género bastante inusual para la época en la Argentina, donde la censura impuesta por la dictadura militar no permitía el tratamiento de ciertos temas. La historia giraba en turno a un hombre común que se encontraba una suma de dinero en una terraza y los ladrones originales empiezan a buscarlo. La película fue un fracaso comercial, pero su solidez narrativa le brindó al director el reconocimiento del ambiente cinematográfico y la productora Aries -la más grande del país por entonces- lo contrató para dirigir dos films de una serie de musicales -La playa del amor (1979) y La discoteca del amor (1980)-, comedias livianas de poco relieve que le dieron dinero como para sortear los años difíciles y le valieron el cuestionamiento de la crítica, ambos con Cacho Castaña como protagonista, que venía de realizar Los éxitos del amor y La carpa del amor. En 1981 realizó Tiempo de revancha, film que refleja los conflictos sociales y laborales de la realidad argentina a través de la historia de un obrero ex-sindicalista, especialista en explosivos, quien frente al poder de un grupo financiero desarrolla un agudo juego. Logró el premio a la mejor película en los Festivales de La Habana y Montreal. 


La trilogía de buenos policiales la cerró en 1982 con Últimos días de la víctima, adaptación de la novela de José Pablo Feinmann en la que brilla Federico Luppi en el papel de un asesino a sueldo. De regreso en España, dirigió en 1983 una miniserie de ocho capítulos para Televisión Española, Pepe Carvalho, un producto atípico por su audacia. De nuevo en la Argentina, se hizo cargo de un film para los estudios Columbia que no quiso estrenar en el país: La extraña (The Stranger), sobre una mujer que despierta en un hospital sin acordarse de nada. A propósito de ella, declaró en una entrevista en el año 2013 en el periódico La Nación: "A excepción de la que hice en Estados Unidos para Columbia, que fue un espanto, recuerdo todo mi cine con enorme afecto." Tras el naufragio de varios proyectos, Aristarain volvió al éxito con Un lugar en el mundo (1991), un obra diferente en su filmografía sobre un matrimonio de ideas socialistas que se instala en un pequeño pueblo argentino para crear un proyecto corporativo y verlo fracasar a la par de sus ideales. Protagonizado por su actor fetiche, Luppi, Un lugar en el mundo le valió al director un gran reconocimiento y el máximo premio en el Festival de Cine de San Sebastián. Allí en España le financiaron su siguiente proyecto, La ley de la frontera (1995), una festejada película de aventuras que sirvió para comenzar a introducir a Luppi en el cine hispano, sobre dos niños criados en la frontera entre España y Portugal y que se reencuentran después de 20 años  Y también allí realizó, en coproducción con Argentina, Martín (Hache), con Luppi, Eusebio Poncela y Cecilia Roth. Historia de una familia dividida por los rencores y la distancia -la madre vive en Argentina, el padre en España y el hijo navega entre ambos mundos-, es la obra más descarnada y -para muchos- personal del cineasta. Una película que fue un éxito en España. 


Luego llegó el turno de Lugares comunes, una vez más con Luppi, en este caso acompañado por la española Mercedes Sampietro. El film trabaja nuevamente sobre las relaciones familiares (sobre todo, padre e hijo), con un contexto político-social muy evidente como trasfondo. Su último film llegó en 2004, hablamos de Roma, la historia de Joaquín Goñez , un escritor argentino que vive en España hace más de veinte años y contrata al joven Manuel Cueto para que lo ayude a escribir su autobiografía. La relación entre ambos se afianzará a medida que la película cuente, mediante flashbacks, la vida de Goñez cuando era joven en Buenos Aires y su relación con Roma, su madre…

FICHA TECNICA

Título original: Un lugar en el mundo
Año: 1992
Duración: 120 min.
País: Argentina
Dirección: Adolfo Aristarain
Guion: Adolfo Aristarain, Alberto Lecchi (Historia: Adolfo Aristarain, Kathy Saavedra)
Música: Emilio Kauderer
Fotografía: Ricardo de Angelis
Reparto: Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán, Leonor Benedetto, Gastón Batyi,  Mariano Ortega, Rodolfo Ranni, Lorena del Río, Hugo Arana, Mario Alarcón