jueves, 5 de enero de 2023

SIN TECHO NI LEY - SANS TOIT NI LOI DE AGNES VARDA

PROGRAMA 396 (30-12-2022)

 

SINOPSIS

 

Mona (Sandrine Bonnaire) es una joven vagabunda que es encontrada muerta. La historia mostrando en flashback sus últimos meses de vida, su desarraigo social y sus relaciones con la gente que conoció. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La ciudad es aquella línea recta que la naturaleza desconoce. La ciudad son calles y edificios, son esquinas y baldosas. Es aquel asfalto del color del barro que no es barro. La ciudad es todo aquello que pretende ser lo que no es. Es una simulación controlada, con sus árboles mutilados y sus plantas consentidas. Es aquel control de semáforos coreográficos, aquel sincronismo en su recorrido en donde sin darte cuenta, día tras día, pisas sobre tus huellas de ayer. Es el triste plan de jamás volver a perderte. El dolor ahogado bajo el pesado y solido concreto. Aquel concreto que un millar de personas pisara sin misericordia ni tiempo alguno. Pisará por pisar, con un abismo gélido por mirada, con un hueco maldito en lugar de corazón. Aquellos pasos indiferentes que pisan cualquier pena, avanzando sobre su camino inescrupuloso hacia la nada. El dolor en la ciudad es siempre más corrosivo, más desolador que en cualquier otro lado. El escenario está preparado allí para nosotros, con sus luces resplandecientes, con sus espejos de colores que ensayan un progreso torpe que siempre anuncia más de lo que logra. La desilusión es precisa, la soledad segura. El dolor de estar allí, entre una muchedumbre enceguecida por aquel rumor del futuro, que les promete un papel picado que jamás lograrán tocar. 



Que les da de beber un vino hechos por otros, unos alimentos procesados a base de fe. Que les asegura una felicidad ficticia, efímera, una felicidad de anécdota de cola de supermercado. El dolor de saberse entre miles de personas adormecidas por una tecnología social que funciona de manera performativa y tiene a su servicio aquel conjunto de instituciones tanto lingüísticas como médicas o domesticas que constituyen finalmente la real maquina ontológica. El verdadero relato que el legítimo poder narra. Aquella sentencia naturalizada, aquel poder instalado allí donde nadie lo ve, donde el cuestionamiento no llega, allí, en la oscuridad misma del engranaje. El dolor de sentir nuestros cuerpos nombrados, atravesados por un lenguaje que nos resignifica, amenazados por el ineludible peso de la palabra que define, que se entromete en cualquier esencia, en toda elección. El dolor, tal como dice Enrique, de estar aquí, en donde los pájaros aprenden a leer y escribir las leyes que le prohíben volar.  

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE SIN TECHO NI LEY

 


A veces nos preguntamos, y lo hemos hecho varias veces desde este recinto, si la libertad es sinónimo de felicidad. Creernos libres, en cierta parte, nos hace sentirnos un poco menos despreocupados y así, más cercano a eso que entendemos por felicidad. Aunque bien sabemos, que ese también es un auto engaño para rebelarse un poco. Como decía Rousseau, hay un valor ético y político de rebelarse. Porque a pesar de todo, somos personas que estamos atravesados por una comunidad. Un barrio, un pueblo, una ciudad, una provincia hasta que esa comunidad se transforma en la Patria. Recordamos muchas veces que Sartre decía que “el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, o sea, una libertad asfixiada en cierta manera por la amenaza de un otro. Aunque lograr Ser, ya sería un motivo de aplauso. Por su parte, para Heidegger la trascendencia y la libertad eran idénticas. Un ente que es libre es, “en sí mismo, necesariamente un ente que trasciende”. En otras palabras, la libertad es la condición estructural de la existencia humana que le permite llevar o no llevar a cabo sus posibilidades, de efectuar o no sus proyectos, en último término, de formar o no formar mundo. El mundo, sostiene Heidegger, “nunca es, sino que se hace mundo”. El mundo en el que nos han formado, está muy lejos de ciertos conceptos de libertad. Entonces habrá que salir a patear las tierras para crearla. Esa libertad es la que ansía Mona, el bello personaje de Agnes Varda en su film Sin techo ni ley



La película empieza con un plano general de un campo. Luego a través de un travelling de derecha a izquierda seguiremos a un trabajador que recolecta ramas. Será este buen hombre quien encuentre un cadáver en una zanja. “Como nadie reclamó el cuerpo, éste pasó de la zanja a la fosa común. La muerte natural no dejaba rastro. Me pregunto quién se acuerda de ella entre los que la habían conocido de niña. Pero los que la conocieron hacia el final sí la recordaban. Gracias a ellos puedo contar sus últimas semanas. Ella les había impresionado. Hablaban sin saber que estaba muerta. No quise decírselo. Ni que se llamaba Mona Bergeron. Yo misma sé muy poco de ella. Aunque me parece que venía del mar”. La voz de la directora mientras el plano de la cámara sigue el recorrido de la arena hasta encontrarse con el mar, es el comienzo de esa historia que empieza por el final. A partir de allí, al igual que Varda, intentaremos conocer un poco más acerca de Mona, a través de un racconto de su vida. El guión será lineal pero estará armado como si fueran episodios donde iremos observando los últimos meses de vida de Mona. Como si de una road movie se tratara, seguiremos el camino de nuestra desgraciada heroína y las personas con las que se ha cruzado. La directora transformará el film por momentos en un documental, mostrando sus dotes de su extensa filmografía. Con ella escondida detrás de cámara, irán dando sus testimonios quienes la vieron con vida en sus últimos momentos. Se romperá más de una vez la famosa cuarta pared cuando sus personajes le hablen a la cámara directamente. La fotografía utilizará colores fríos y otoñales para remarcar el duro invierno que se avecina. 



Habrá varios actores no profesionales para darle más realidad a la trama. La banda musical funcionará muy bien con las imágenes. Imágenes que elegirán bien que mostrar y que no, para que el espectador arme su propio rompecabezas. La puesta en escena no será casualidad. Siempre habrá algo para contar. Porque la muerte siempre estará latente. La cámara la seguirá con esos travellings como una testigo de esa vida errante donde la naturaleza parece morir de a poco, anticipando el final. Máquinas abandonadas, árboles cayendo, pallets amontonados serán la marca registrada de un ojo que mira cada detalle. Y ella en su soledad en medio de la belleza campestre, pequeña ante la inmensidad. Mona será rebeldía, enjundia, belleza, caos y ternura en un alma indudablemente punk. Un trabajo extraordinario de una adolescente Sandrine Bonnaire, que nos convence con cada gesto, con cada mirada. La veremos haciendo autostop, buscando algún trabajo para ganarse el pan o durmiendo donde pueda para escapar de esa rutina que casi no conocemos (apenas sabemos que antes era secretaria). Será ni más ni menos que otra sucia marginal vagando por las calles. Será, también, una crítica feroz a ese sistema patriarcal donde ellas siempre tienen que estar bien vestidas para la sociedad. Aparecerá el miedo a lo desconocido y las reacciones negativas ante su presencia. Algunos empatizarán con ella pero pronto también acabarán desechándola. Sólo un inmigrante sabrá su nombre. Será al único que le demostrará un cariño sincero. Será el quien se quede sin palabras al recordarla. Porque a veces las palabras están de más. Allí estará también otra crítica marcada sobre esa sociedad. 



Los olvidados de siempre, los que no tienen nombre y son sólo un número más en una fosa común de un cementerio (de donde la han echado tiempo antes). Los pobres, los inmigrantes, los diferentes. “Quiero irme de aquí. La chica que vino por agua es libre y va donde quiere”, dice una joven mientras su madre sirve la mesa, quien responde “No comerá todos los días lo que le sirve su madre” a lo que la joven responde aferrándose a su idea: “A veces sería mejor no comer… Yo quiero ser libre”. Haciendo una crítica a las instituciones y a lo establecido, porque bien sabemos que en la inocencia, también se esconden ciertas verdades. El final ya lo sabemos pero no hacemos más que apartar la mirada cuando empieza a confirmarse. A pesar de que nosotros tampoco la conocimos, solo la vimos pasar. Agnes Varda también nos interpela y nos hace las mismas preguntas que a sus personajes. Encuentra poesía y glamour en la rebeldía, en contra de la sugerencia de los mandatos sociales. Y hace de su film, algo tan cercano a su protagonista. Será contestataria, valiente y orgullosa ante la hipocresía y el oportunismo social. Y es allí encontraremos esa libertad que buscamos hace tiempo...

 

Marcelo De Nicola.- 

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO VARDA

 


Agnès Varda nació en Bruselas, Bélgica el 30 de mayo de 1928. Es considerada por algunos críticos de cine la “abuela de la Nouvelle vague” y una de las pioneras del cine hecho por mujeres y del cine feminista. Varda estudió Historia del Arte en la École du Louvre antes de conseguir un trabajo como fotógrafa oficial del Teatro Nacional Popular o Théâtre National Populaire (TNP) de París. Le gustaba la fotografía, pero estaba más interesada en el cine. Después de pasar unos días grabando la pequeña ciudad pesquera francesa de Sète, en el barrio «La Pointe Courte», para un amigo con una enfermedad terminal que no podría visitarla por sí solo, Varda decidió hacer una película. De este modo aparece en 1954 su primera película, La Pointe Courte, que narraba la historia de una triste pareja y su relación en la pequeña ciudad. La película es la precursora estilística de la Nouvelle vague francesa. Varda fue pionera en la apertura de la dirección cinematográfica a las mujeres. “Sugerí a las mujeres que estudiasen cine. Les dije: "Salgan de las cocinas, de sus casas, háganse con las herramientas para hacer películas". Varda ha dirigido una cuarentena de piezas entre cortometrajes, documentales y largos de ficción. Su formación previa en fotografía le permite captar los pequeños detalles de la realidad que la circunda. Además de fotógrafa, fue artista plástica, directora de cine, guionista, artista, profesora de universidad, pedagoga, directora de fotografía, productora de cine, profesora y editora de cine. Luego de unos cortos, en 1962 llegó una de sus películas más importantes: Cleo de 5 a 7, sobre una joven cantante que espera a saber si padece una enfermedad terminal. La segunda fase de su obra se sitúa a partir del Mayo del 68 contagiada según la crítica del espíritu optimista de la época. 



La felicidad (1965), Las criaturas (1966), Lion´s Love (1969), cuestionan la rigidez de la sociedad burguesa. Destaca además Una canta, otra no (1977), con un estilo jovial transformando las luchas feministas en una danza de colores kitsch. Uno de sus trabajos más destacados fue Sin techo ni ley (1985), protagonizado por Sandrine Bonnaire, dando vida a una vagabunda que sobrevive sometida al azar. En la película cohabitaron actores y personas del lugar, siendo el germen de toda una corriente de cine realista contemporáneo, encabezado por los hermanos Dardenne y Ken Loach.  A su vez, nunca dejó de filmar documentales, varios considerados de los mejores del cine europeo, entre los que se encuentran: Salud a los cubanos (donde filma los primeros años luego de la revolución), Panteras Negras (1968), sobre el arresto de Huey Newton, uno de los fundadores de Panteras Negras, tras el supuesto asesinato de un policía., Daguerrotipos (1975), donde filma la calle Daguerre, en el distrito 14º de París, donde ella vivía. Filma a los comerciantes, al carnicero, a la panadera, al tendero de ultramarinos, al peluquero, a sus vecinos. Trasciende la vida apacible del francés medio. Hace un homenaje a lo cotidiano, Murs, murs (1980), sobre los murales de la ciudad de Los Ángeles, Jane B. par Agnès V. (1987), sobre la vida de Jane Birkin, Cinévardaphoto (2004), sobre el poder de la fotografía, por no hablar de Los espigadores y la espigadora... y su secuela Dos años después (2002), donde entrevista a gente que recolecta cosas de la basura ya sea por necesidad o por arte. 



La mayoría de ellos están considerados por la crítica pequeñas obras maestras del género y testimonios históricos y del paso del tiempo. En 2017 presentó su película, Caras y lugares, realizada junto al artista gráfico urbano y fotógrafo JR (Jean René), y en la que vuelve a plantear esa intersección entre documental, juego y exploración social de su cine, que ya es considerada una de las mejores películas de los últimos tiempos. La película logró financiarse a través de un crowdfunding y el apoyo de su hija que buscó financiación en el MoMA que compró una copia para su fondo archivístico antes de que empezase el rodaje y la Fundación Cartier. La artista ha tenido siempre su propia idea del feminismo. Por eso mismo, un año antes de Las criaturas, tras el estreno de su película más polémica, La felicidad, le cayeron fuertes críticas feministas. “Quizás la gente espera demasiadas cosas –contaba a Cineaste 3 en el 78–. Entiendo a las feministas radicales que dicen que no odio a los hombres lo suficiente. Creo que necesitamos a las feministas radicales, pero no creo que las películas feministas tengan que retratar mal a los hombres”. Algunas feministas radicales odiaban mi trabajo, a otras les encantaba. ¡He sido como una pelota de ping-pong!”,contaba a Film Quarterly en los 80. Varda no solo ha defendido los derechos de la mujer –el aborto, la contracepción, la maternidad, etc.– y le ha dedicado al tema de la mujer largometrajes y cortometrajes –el más famoso, Réponse de femmes o el más chocante, L’Opera Mouffe, que rodó embarazada en 1958–, sino que es un ejemplo de conciliación de vida artística y familiar. “La principal solución para una mujer es ser una ‘súper mujer’ –contaba a Women and Film en el 74– y llevar muchas vidas a la vez. Esa ha sido mi máxima dificultad: no renunciar a tener hijos, ni al cine, ni a los hombres”. 



Agnès volvió de EE.UU. para rodar Una canta, la otra no, su primera película explícitamente feminista que fue un absoluto éxito de taquilla en Francia y que cuenta la amistad de dos amigas desde los 15 años, su relación con el trabajo, con el amor y la amistad entre el 62 y el 72, mientras que la historia de la mujer evoluciona. “Quería revalorizar la amistad entre mujeres como un sentimiento que incorpora violencia, ternura, coherencia y solidaridad”, contó en su día a Cahiers du Cinéma. Convencida de que las mujeres debieran ser más tolerantes dentro del feminismo, es imposible no ser partidaria del que defiende ella misma. El de la felicidad de ser mujer, lejos del victimismo y el revanchismo de otras feministas. “Peleé mucho para que muchas mujeres pudieran ver una película sobre mujeres. Mujeres al sol, como dice Molly Haskell. ¡Eso me gusta! Es donde deben estar las mujeres, no en las sombras”, contaba en Cinéaste. Por último, dejaba su idea en una entrevista: "Sí, claro, yo soy feminista. En la historia siempre que se da un paso hacia adelante, se da otro hacia atrás. Pero si comparamos la situación de la mujer a principios del siglo pasado con la de ahora, hay un gran progreso: hemos luchado por cosas básicas como el derecho a tener niños deseados. En cuanto al cine, si miras la cantidad de directoras que había cuando yo empecé, ahora hay 50 veces más. O mujeres en puestos de responsabilidad, en la política o la judicatura... Se puede discutir mucho al respecto, pero las cosas van avanzando. ¡Pero no hay que parar! En Caras y lugares, por ejemplo, hablamos con los estibadores de Le Havre, hombres muy machos, luchadores, que han ido a la huelga, pero yo les pregunto por las mujeres. Y dicen que sus prejuicios han cambiado... El feminismo hoy hay que hacerlo con los hombres, es difícil, pero es lo interesante." Su último documental fue en 2019, llamado Varda por Agnès sobre su experiencia como directora, brindando una visión personal de lo que ella llama "escritura de cine", viajando desde la Rue Daguerre de París a Los Ángeles y Pekín.  Nos dejó poco antes de su estreno, el 29 de marzo de 2019 a los 90 años, pero el film fue su último legado.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Sans toit ni loi

Año: 1985

Duración: 105 min.

País: Francia

Dirección: Agnès Varda

Guión: Agnès Varda

Música: Joanna Bruzdowicz

Fotografía: Patrick Blossier

Reparto: Sandrine Bonnaire, Macha Méril, Yolande Moreau, Stéphane Freiss, Marthe Jarnias, Joël Fosse, Yahiaoui Assouna, Patrick Lepcynski, Gabriel Mariani Flaksman

 

PELÍCULA COMPLETA

 

miércoles, 4 de enero de 2023

TITANE DE JULIA DUCOURNAU

PROGRAMA 395 (23-12-2022)

 

SINOPSIS

 

Un joven con la cara magullada es descubierto en un aeropuerto. Dice llamarse Adrien Legrand, un niño que desapareció hace 10 años. Para su padre, Vincent, esto supone el final de una larga pesadilla y lo lleva a casa. Por otra parte, en la región se han sucedido una serie de horribles asesinatos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

¿Cómo se mata el dolor? El amor, de una forma u otra, es más simple de que muera. Motivos sobran. Entonces volvemos al eje de la pregunta… ¿Y con el dolor qué hacemos? Acostumbrarnos a vivir con él es seguramente el objetivo primordial. El tiempo pasa y quizás, de alguna manera, sana las heridas. Aparece el olvido que se instala como un virus que insiste en arrancarte todo y por momentos lo entendemos necesario. Pero a veces queremos volver a ese dolor que nos interpela el corazón y nos fagocita por dentro. La muerte acecha siempre, bella, salvaje, astuta. A ella no le interesan los preámbulos ni las emociones. Dictadora abusiva, ejercerá todo su poder en el momento que lo crea necesario. Y nosotros, simples mortales, no nos damos cuenta que en un chasquido de dedos, estaremos sentados sobre sus rodillas. Así nos entregamos a esta vida sin más. Algunos cosechando éxitos, fama y millones. Otros deseando que al comienzo del día siguiente, algo cambie y todo sea un sueño de un mal guionista. Pero la completitud es lo que creemos necesario. 



Completarse a uno mismo con ciertos seres que vienen a ocupar esos espacios vacíos. Esas piezas de rompecabezas claves para armar la vida. Y sabemos que con el tiempo, muchos compañeros de ruta nos irán dejando. Habrá un dolor diferente para cada uno. Pero… Ay, esos dolores inesperados que son como la muerte misma son los que no tienen respuestas. Del amor incondicional a la pérdida absoluta. ¿Y ahora qué? Entender otra persona como un reemplazo suena a cruel y desmedido. Ese dolor entonces seguirá mutando hasta transformarse en hechizo. Hechizo cruel y descarnado al que no podremos eliminar nunca. Solo una transformación visceral logrará destruir esos recovecos. Pero… ¿Estaremos capacitados para eso? Apelaremos a cientos de transformaciones para que el amor incondicional vuelva a hacerse presente. Mientras tanto, seguiremos siendo cuerpos atormentados en busca de algún masaje de calma. E intentando convencernos de que sólo el amor puede aunque sea unos minutos, apaciguar tanto dolor…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES PARA TITANE

 


Hace un par de semanas, en medio de una discusión de extremada importancia, cuya temperatura escalaba de manera casi incontrolable (discusión en la cual se definían cuestiones que me tocaban demasiado de cerca) la otra parte, de manera curiosa, argumentó e intento instalar su posición arguyendo que lo que trataba de explicarme era “de sentido común.” Esta persona, que hablaba ya con una vehemencia casi incontrolable, era abogada. El conflicto en cuestión, claro, no era para nada sencillo. Fue aquel termino, “sentido común” el que me indujo en una décima de segundo a un sinfín de pensamientos, de ideas, de autores que habían pensado mucho y muy bien sobre el tema, lo que por supuesto desembocó no en una exposición deslumbrante de mi parte, sino en un enojo inminente, en una paciencia demasiado humana, exquisitamente finita y urgida de límites. El resultado del pensamiento siempre es intempestivo, caótico e irracional, siempre es parecido al hecho artístico, muy lejano de las buenas costumbres y de las normas. Muy distinto al sentido común, por cierto. ¿Cómo alguien cuya formación está dirigida y orientada al trabajo exclusivo con conceptos, reglas o normas establecidas de manera tal que sean perdurables en el tiempo, casi inmutables, podía traer sobre la mesa, en una discusión de tamaña importancia  (por lo menos, y evidentemente, solo para quien les habla) un argumento cuyo origen y bases era tan endeble y frágil como un acuerdo tácito, una supuesta convención flotante en un imaginario social tendencioso y hasta fantasioso? Algo es ley o no lo es. Nunca podemos definir el futuro de alguien, su libertad o su culpabilidad basándonos en supuestos sociales, en creencias míticas, en lo que uno cree que la gente dice en las pizzerías o los bares. Muchachos, la realidad es un poco más compleja. 



La ley, en este caso, opera sobre la sociedad tal como lo hace el sentido de naturaleza. El carácter natural de las cosas, de los seres, lo dado por naturaleza es siempre incuestionable, es siempre algo emparentado o relacionado a la esencia, a lo primario. Aquella ley natural nos define y nos enmarca dentro de un camino. El sentido común, al ser una construcción lábil y especulativa, claramente escapa al alcance de este concepto. Pero detengámonos a pensar un instante en esta idea / concepto de lo natural. La filosofía, en particular la filosofía de género, parte de la premisa de que nada es natural. Realiza un arduo trabajo en deconstruir aquello que el poder naturaliza, en evidenciar, en visibilizar y, por qué no, de alguna manera, emancipar. Si la propuesta es que nada es natural, de esta manera, entonces, cae el sentido común y el mundo así se anarquiza. Tal como dijimos antes, la naturaleza cumple un rol de sostén, de incuestionabilidad, de solidez. Todo puede ser modificado, menos lo que es natural ya que es inherente a lo que somos. Surge allí una paradoja compleja. Si nos detenemos un instante en esta idea, llegaremos fácilmente a la conclusión de que no hay nada que cambien más que la naturaleza. Es un perpetuo movimiento, es el infinito movimiento del ser ¿cómo entonces podría ser reflejo de inmutabilidad? ¿Cómo lo natural comulgaría con la idea del no cambio, del estatismo y la estabilidad? En este sentido, entonces, y pensando ahora más en una cuestión de género ¿cómo podríamos separar lo natural de lo humano, como podríamos pensar que aquello elegido, intervenido por el ser humano deja de ser natural? ¿No es este último acaso parte de la naturaleza? ¿Cuál es la línea que separa lo natural de lo artificial?  Y yendo más profundamente, ¿qué naturaleza no está intervenida y que artificialidad no posee algo de natural? Existe realmente ese límite o basamos nuestros argumentos en absolutos  binarios creados con el objetivo de poder definir de manera inamovible una esencia particular exterior y estable. 



El filósofo español Paul Beatriz Preciado ha escrito sobre este tema en su libro Manifiesto Contrasexual, en donde habla sobre el límite ficticio entre naturaleza y artificialidad y denuncia algo esclarecedor y de una lucidez poca veces vista. Dice Preciado que la heteronormatividad está inscripta en el cuerpo y genera una estructura desde donde se naturaliza una concepción del mundo. El sexo es una escritura, nadie nace con una sexualidad. Preciado busca hacer explotar el sistema Sexo / Género argumentando que existe un juicio performativo de la palabra clínica, el cual define desde su enunciado, un sexo al cual le adjudica naturalmente un género. Por naturaleza, por enunciado performativo, entonces somos aquello que el binario dicta, somos masculinos o femeninos. Naturalmente, el sexo nos identifica. Pero pensado en este sentido, la identidad ¿no genera un hecho violento? ¿Toda definición no es de algún modo una sentencia? La identidad nos violenta porque nos exige siempre ser una sola y única cosa, nos condena a la mismidad olvidando de esa manera para siempre a los otros. Siempre que exista una política de la identidad va coexistir una política de la exclusión. Preciado propone una identidad narrativa que se vaya transformando todo el tiempo. Frente a esta corriente del pensamiento esencialista o naturalista, se contrapone una constructivista la cual propone que el sexo debe ser una construcción. Pero si hay una construcción, hay una base. Esta corriente aún sigue aceptando la existencia de un sexo natural sobre el cual construir cualquier otro. Estar a favor del constructivismo de género sería la idea más parecida a hacer la resistencia que el poder necesita, ya que no se termina rompiendo el paradigma, el gran enemigo donde el poder se instala, o sea el binario. El conflicto no está en aquello que nos resulta evidente. El poder juegas sus estructuras en aquello que se nos escapa, el poder más eficiente es siempre el que no se ve. Resuelve Preciado en su tesis que la filosofía de género tiende a la inminencia del CYBORG, o sea a la construcción de una figura mitad humana mitad máquina. Lo que genera esta deconstrucción respecto de la tecnología sexual es la figura de un ser humano que se abre hacia zonas imposibles abriéndolo a esquemas absolutamente emancipatorios con el objetivo de transformar su naturaleza. 



Sobre toda esta compleja base teórica se asienta el film escrito y dirigido por la directora Julia Ducournau, Titane. Este será un film que raspe. Estaremos frente a un relato incómodo, deconstructivo, que se rasca allí donde no pica. Un film claramente filosófico. Porque después de todo, gran parte de la labor filosófica, sino su único objetivo, es intentar dar respuesta a una pregunta que nadie hizo. Todo su esfuerzo está ahí, en lograr desenredar el enmarañado propósito del poder de naturalizar ciertos aspectos para poder setear la realidad de manera tal que se vuelva común e incuestionable. La pregunta voltea al monstruo, es por eso que vale mucho más que la respuesta. Titane es una película que denuncia, expone y se declara en contra del poder normalizador. Aparecerá en su relato el poder obrando sobre los cuerpos desde su forma más potente que son las instituciones. Hablará sobre la construcción familiar como un hecho socialmente establecido, con su armado funcional a un sistema capitalista y heterocéntrico. Aparecerá la sociedad disciplinaria normalizando desde su moral, interviniendo los cuerpos con sus tecnologías. Estará la policía ejerciendo su poder punitorio sobre los matices que pudieran aparecer dentro de una realidad naturalizada. Y por supuesto, también estará el amor operando directamente sobre los cuerpos y sus normas para relacionarse. Construyendo sexualidades, haciendo del cuerpo un constructo del poder. Definiéndolo, ordenándolo, jerarquizándolo. El film construido por Ducourneau será muy moderno en su propuesta temática, tal como venimos viendo, pero muy clásico en la elaboración de sus convenciones. Será, como hace mucho no veíamos, una película nueva que se inscribe dentro de las posibilidades que facilita el verosímil ideado dentro de un género clásico. Estamos hablando del género de horror corporal o también llamado de horror biológico derivado directamente de la literatura gótica. La película se servirá de estas herramientas, de estas estéticas, para relatar su historia. La directora y guionista optará por una estructura narrativa lineal y utilizará la fotografía para marcar una clara diferencia entre los tres actos aristotélicos del film. Optará en un comienzo por una paleta de colores cálida que se irá enfriando y metalizando con el correr de la curva dramática. La directora no solo evidenciará con esta película una problemática actual, sino que finalmente tomará partido y marcará una postura militante en la resolución del conflicto, anunciando que el futuro es no binario, que la naturaleza y el sentido común, son los tristes placebos que el poder instala en un organismo social salvajemente inorgánico y que la revolución nunca es solo teórica, que la historia, inevitablemente, se inscribe en nuestros cuerpos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO DUCOURNAU

 


Nació el 18 de noviembre de 1983 en París, Francia. Ducournau creció en la capital francesa con padres doctores que, según ha dicho ella misma en más de una entrevista, le despertaron una cierta obsesión por la carne y los cuerpos. Estudió guión en la escuela de cine La Fémis, de donde acabó sus estudios en 2008. Poco después llegaría su primer cortometraje, 'Junior', sobre una niña que muda su piel, como una serpiente, después de contraer un virus estomacal. Con ella consiguió sus primeras victorias en la industria, y también su creciente relación con el Festival de Cannes, que le concedió el Petit Rail d'Or en 2011. Un año después, Ducournau dirigió el telefilme 'Mange', sobre una bulímica que quiere vengarse del tipo que le está haciendo 'bullying' en el instituto. Estos primeros trabajos ya mostraron una serie de obsesiones que sus películas para la gran pantalla no han hecho más que confirmar y llevar a un nuevo nivel. Así lo hizo su ópera prima, 'Crudo', que fue también la película que la puso en el mapa. Sigue a Justine (Garance Marillier), una vegetariana de 17 años que lidia con las novatadas en la universidad mientras descubre que tiene un gusto inesperado por la carne (literalmente) y que los cambios físicos que está viviendo están conectados con su hermana mayor Alexia (Ella Rumpf) y su familia en general. Pasó por la Semana de la Crítica en Cannes en 2016 (donde se llevó el premio FIPRESCI) y más tarde ganó el premio a Mejor Ópera Prima en el London Film Festival y los premios a Mejor Película Europea y el Premio Jurat Carnet Jove a la Mejor Película. 



Pero, más allá de los premios, 'Crudo' demostró un estilo contundente y una mirada única, capaz de convertir un 'coming-of-age' sobre el despertar sexual en un estudio de la identidad que no deja fuera las partes más desagradables de la pubertad femenina. "No quería embellecer nada, especialmente con los cuerpos de las chicas. Un cuerpo es un cuerpo. En cada película que vemos, las mujeres tienen que ser guapas y estar en forma o lo que sea, y tienen que encajar en una casilla determinada, y no: las mujeres se tiran pedos, cagan, hacen pipí, eructan. Es por eso que puedes identificarte con ellas, porque no son estas criaturas celestiales, sino personas reales con sentimientos reales", dijo en una entrevista con The Guardian en 2017. Su mirada se expande ahora con 'Titane', donde las máximas de su cine siguen brillando mientras cuenta la historia de una bailarina erótica que siente atracción sexual por los coches. Uno incluso la deja embarazada. Alexia (Agathe Rousselle) es, además, una asesina en serie a la fuga que que se esconde haciéndose pasar por el hijo perdido de un bombero adicto al trabajo y a los esteroides (Vincent Lindon). El 'shock' en Cannes fue sonoro, y la Palma de Oro (y el respaldo crítico) confirma que no fue mucho ruido y pocas nueces. Veremos que nos trae a partir de ahora, una de las niñas prodigio del cine europeo. (Fuente Fotogramas)

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Titane

Año: 2021

Duración: 108 min.

País: Francia

Dirección: Julia Ducournau

Guión: Julia Ducournau

Música: Jim Williams

Fotografía: Ruben Impens

Reparto: Agathe Rousselle, Vincent Lindon, Garance Marillier, Myriem Akeddiou, Dominique Frot, Nathalie Boyer, Théo Hellermann, Mehdi Rahim-Silvioli, Anaïs Fabre, Lamine Cissokho, Céline Carrère, Mara Cisse.

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 27 de diciembre de 2022

QUO VADIS, AIDA? DE JASMILA ZBANIC

PROGRAMA 394 (16-12-2022)

 

SINOPSIS

 

Bosnia, julio de 1995. Aida trabaja como traductora para la ONU en la pequeña ciudad de Srebrenica. Cuando el ejército serbio ocupa el pueblo, su familia está entre los miles de personas que buscan refugio en los campos de la ONU. Como participa en las negociaciones, Aida tiene acceso a información importante. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Más de una vez hemos traído a esta mesa, siempre desde nuestra humilde perspectiva, desde nuestro corto alcance, la problemática filosófica que decide reflexionar sobre la idea de “el otro.” Quiero decir que la otredad es un tema recurrente en el mundo artístico, en el del pensamiento, y en el cinematográfico en particular, y desde estas trincheras, hemos intentado compartir algunas ideas, algunos escritos de personas que han dedicado buen tiempo a pensar sobre el tema. Se ha dicho, con cierto aire resolutivo, aquello de que el otro es todo lo que yo no soy. Aquella estructura que postulaba Derrida según la cual diferenciaba entre un yo, un otro y un radicalmente otro. Aquella idea de que el otro nos excede y por eso se nos escapa siempre. El verdaderamente otro es aquel que de ninguna manera puedo terminar de alcanzar, es ese inabarcable, aquel inaccesible. Hemos pensado aquello también de que el yo está continuamente traduciendo al otro a su propia forma, a su propia lógica y subjetividad y en ese accionar, al delimitarlo, al definirlo, lo reduce salvajemente. Introducir al otro, entonces, dentro de nuestro marco perceptivo es simplificarlo y acomodarlo a lo que nuestro dispositivo previo y heredado, ese dispositivo creador de subjetividades, logre captar de aquello que su ser transmita. ¿Podríamos decir aquella verdad de su ser? Estas ideas, entre otras, hemos expuesto ante este mismo micrófono más de una vez. Hasta que un día nos llegó aquello de que La patria es el otro y desafió con una valentía inigualable todo este pensamiento lúcido y crítico reproducido por nosotros hasta el momento. La patria, o sea todo aquello que nos reúne en un cuerpo masa, todo aquello que nos identifica dentro de un ser popular, todo aquello que somos y nos define y por lo tanto nos diferencia, es definido ahora como el otro, o sea, todo aquello que yo no soy, todo lo inabarcable e inaprensible. Aquello inalcanzable es entonces, ahora, lo que yo soy



Cuando menos lo esperábamos, una idea revolucionaria e innovadora, una idea desafiante y deconstructiva nos interpela y moviliza luego de tanto tiempo sin que un pensamiento original nos invite a patear las estanterías de nuestros saberes. Una idea vanguardista que es muy posible que nos lleve mucho tiempo comprender y poner en funcionamiento. Decía Hobbes: Pues la verdad, no oponiéndose a ningún beneficio ni placer humano, es bienvenida para todos los hombres. Pero la pregunta entonces sería: ¿Queremos realmente la verdad o siempre hay un beneficio subyacente que le atribuye a su composición, a su construcción y armado, un modo particular? ¿Cuál es entonces la verdad que queremos? Alguna vez el filósofo argentino Diego Singer, gran amigo de esta casa, citando a Sócrates en Fedro, destacaba la siguiente frase: El poder de las palabras se encuentra en que son capaces de guiar las almas. Dejando cualquier ingenuidad a un lado, entendemos que Platón, en aquel texto, nos habla del poder real de gobierno que posee el discurso sobre el ser. Definir al otro, en este contexto, entonces ¿no respondería a una dirección tendenciosa por donde nuestra alma es llevada? ¿Cómo separar entonces entre opinión y conocimiento, entre apariencia y verdad? Bien sabemos que es la apariencia lo que persuade y nunca la verdad. ¿Cómo llegar a la verdad sin una construcción metafísica que la respalde, sin un mundo de las ideas que asegure su pureza? Hay un texto muy pequeño que solemos citar de Nietzsche llamado “Sobre verdad y mentira en el sentido extramoral”, en el cual Federico afirma que la verdad no es más que un acuerdo, una convención que respetamos para poder vivir de forma más segura, con cierto grado de entendimiento y previsibilidad. Buscar la verdad, en este sentido, no es otra cosa que buscar la seguridad, nuestra seguridad de individuos que comparten un habitad y se relacionan dentro de una sociedad. El objetivo final no es no ser engañado, no ser seducido por un discurso mentiroso, sino no ser perjudicados por el engaño, por las consecuencias hostiles de ciertas clases de embustes. Agregaba Federico: “Que la verdad sea más valiosa que la apariencia, eso no es más que un prejuicio moral; es incluso la hipótesis peor demostrada que hay en el mundo.”       

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES PARA QUO VADIS, AIDA?

 


“–Me despierto y siento que está vivo –dice una, dicen todas–. Me voy desinflando mientras pasa la mañana. Se me muere al mediodía. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegará y pongo un plato para él en la mesa, pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto y siento que está vivo...” La pluma de Eduardo Galeano imaginaba perfectamente a ciertas madres de estas tierras en Memoria del Fuego. Siempre con las palabras justas, el escritor uruguayo nos dejaba con un nudo en la garganta. Mas adelante agregaba: “Las llaman locas. Normalmente no se habla de ellas. Normalizada la situación, el dólar está barato y cierta gente también. Los poetas locos van al muere y los poetas normales besan la espada y cometen elogios y silencios. Con toda normalidad el ministro de Economía caza leones y jirafas en la selva africana y los generales cazan obreros en los suburbios de Buenos Aires...” Años más tarde, esa pluma apuntaba contra los mismo de siempre cuando hablaba de otro conflicto: “Donde dice: Misión humanitaria, debe decir: Misión publicitaria. "La próxima guerra mundial se hará con piedras", había anunciado Albert Einstein, pero a la vista está: no es exactamente con piedras que se ejecutan sus ensayos. Esta interminable misión humanitaria contra Yugoslavia esta dejando sin misiles a las potencias occidentales. Las empresas consagradas a la industria más prospera del mundo están fabricando nuevos misiles, a todo vapor, para abastecer al Pentágono y a sus socios del otro lado del mar. Lo mismo había ocurrido, antes, en el caso del Irak. La demanda de misiles agotaba los stocks de la industria bélica y de las fábricas de juguetes. A fines del año pasado, en mi ciudad, Montevideo, el misil era uno de los juguetes mas solicitados por los niños como regalo de Navidad. En abril de este año, las armas utilizadas contra Yugoslavia han sido las mas exitosas en la gran feria bélica abierta en Río de Janeiro”. Concluyó Galeano. 



Las misiones humanitarias son ese juego donde los países más importantes tienen que demostrar que le importan los países más conflictivos. Así, se han dado una vuelta por varios países africanos, por la vieja Yugoslavia, por Afganistán, Irak y siguen las firmas. Disfrazados de Cascos Azules, OTAN o Cruz Roja, estarán allí ante las cámaras. Pero las cámaras se apagan cuando empresas como Boeing, General Motors, Ford, IBM, Motorola, Microsoft y Sony financian una reunión cumbre de la OTAN en Washington. ¿A qué se debe la reunión preguntarán algunos? Para proporcionar vehículos, computadoras, equipos de sonido y todo lo necesario para que los altos mandatarios pudieran llegar a su conclusión más importante: la guerra. Meses después, los llamados daños colaterales estallaron en diferentes partes de Yugoslavia. Daños colaterales que vendrían en forma de hombres, mujeres y niños. Pero... ¿A quién le importa? Por su parte, las misiones de las Naciones Unidas también han tenido sus idas y vueltas. Pero de solo saber que el poder de veto lo tienen los cinco países más poderosos del mundo (China, Rusia, Francia, Estados Unidos y Reino Unido), no queda mucho margen para saber como pueden llegar a negociar. Mientras, los cascos azules se internan en lugares tan disímiles como Nicaragua, Ruanda o Bosnia con sus “áreas seguras, libres de ataques y otras acciones hostiles” pero siempre haciéndole caso al jerarca más poderoso. Y así como nuestras madres rondaban con sus pañuelos en la cabeza, en diferentes partes del mundo, también empezaban a caminar en busca de sus hijos perdidos. Acá entonces nacieron Las Madres de Plaza de Mayo mientras que en Bosnia nacieron las Madres de Srebenica, quienes con su fundación establecida en los Países Bajos, buscaron encontrar a los responsables de las masacres ocurridas en esas tierras. Masacre ideada por los serbios pero con gran responsabilidad de las Naciones Unidas. 



Sobre la base de ese conflicto se situará el film Quo Vadis, Aida? de Jasmila Zbanic. Basada en el libro de Hasan Nuhanovic “Bajo la bandera de la ONU: la comunidad internacional y el Genocidio de Srebrenica”, un ex intérprete de la ONU que perdió a sus padres y a su hermano allí. En este caso quien oficiará de traductora en el campo de refugiados será Aida, interpretada magistralmente por Jasna Duricic. Toda película de guerra es anti armamentista. Todas, lógicamente, son políticas. La directora en este caso elige un punto de vista. Hablará más con lo que no se muestra. No será necesaria la crudeza para que los estómagos se retuerzan. Ahí radicará uno de los grandes aciertos del film. En la inteligencia de lo que no se debe mostrar, porque imaginarlo, a veces es mucho peor. Lo que si se ven son las caras cansadas, sufridas. Rostros en primer plano que nos transportan, con silencios que dicen todo. Sobre todo en la protagonista. El guión seguirá una linealidad que se romperá con algún pequeño flashback. Recuerdos de tiempos mejores. La historia es sencilla. Aida es la traductora del campo de refugiados donde están su marido y sus dos hijos. Cuando las fuerzas de paz arreglan la negociación con las tropas enemigas, ella tendrá la certeza de que de alguna manera tiene que salvarlos. La película poco a poco se transformará en un thriller que seguirá las andanzas de Aida para lograr su objetivo. La fotografía será de colores fríos, donde los azules, marrones y grises estarán a la orden del día, a pesar del abrazador sol que hay en las afueras. 



El montaje será dinámico e irá plano por plano desde el comienzo. La cámara recorrerá el campo con paneos lentos pero se acelerará cuando haya más tensión. Habrá travellings donde correremos con la protagonista por todo el campo. La música acompañará los instantes más solemnes. Y habrá palabras. Habrá lenguaje. En inglés, holandés, serbio o bosnio. Y habrá miradas y gestos, que no hacen falta traducir. Pero entre tanto idioma, será su voz la que no sea escuchada. Sólo podrá anunciar falsas promesas que ella misma sabe no llegarán a nada. Su desesperación se hará más fuerte a medida que pasa los días. La guerra estará más allá. La denuncia será, esta vez, por la inoperancia de los cascos azules holandeses enviados por la ONU. Aida, como todos nosotros, intuye el final y quiere salvar vidas pero ante todo, es una madre. ¿Como se decide entre un hijo u otro? ¿En qué mente se habrá generado semejante aberración? Ella será miedo, angustia, coraje y esperanza en el medio de todo el caos. Una esperanza que ni ella piensa en creer. Pero que quizás es la única manera de mantenerse viva. Y en la sonrisa de esos niños encuentra esa inocencia que cree haber olvidado. Y por ellos quizás seguirán luchando. Por rescatar esas sonrisas que nos robaron hace tanto tiempo. Pero que siempre estarán presentes en su lucha. Las luchas de las madres del amor.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ZBANIC

 


Jasmila Zbanic nació en Sarajevo el 19 de diciembre de 1974. Žbanić asistió a escuelas locales antes de asistir a la Academia de Artes Escénicas de Sarajevo, donde se licenció. Trabajó durante un tiempo en los Estados Unidos como titiritera en el Bread and Puppet Theatre con sede en Vermont y como payaso en un taller de Lee De Long. En 1997, fundó la asociación de artistas "Deblokada" y comenzó a realizar documentales y cortometrajes. Después de su regreso a Bosnia y Herzegovina, fundó la asociación de artistas "Deblokada" (que significa "desbloqueo"). A través de Deblokada, Žbanić escribió y produjo muchos documentales, obras de arte en video y cortometrajes. Su trabajo se ha visto en todo el mundo, se ha proyectado en festivales de cine y se ha mostrado en exposiciones como el Manifesta 3 en Eslovenia en 2000, el Kunsthalle Fridericianum en Kassel en 2004 y la Bienal de Estambul en 2003. Desde entonces ha realizado largometrajes de gran acogida. Empieza a ser reconocida en el año 2006 gracias al film Grvabica (Sarajevo, mi amor), sobre una madre que le niega un certificado a su hija para que no descubra la verdadera historia de su nacimiento. Logra el Oso de oro en el Festival de Berlín



En 2010 sigue con En el camino, la historia de una joven pareja que quiere superar ciertos obstáculos como el alcoholismo del joven, que para dejarlo se empieza a transformar en un fundamentalista religioso. En 2013 filma For Those Who Can Tell No Tales sobre una turista australiana descubre el silencioso legado de las atrocidades cometidas en tiempos de guerra cuando llega a un pequeño pueblo y aparentemente idílico en la frontera entre Bosnia y Serbia. Un año después se vuelca a la comedia con el film Love Island, sobre una pareja bosnia que se va a una isla croata y se sienten atraídos por una hermosa mujer. En 2015 filma el documental One Day in Sarajevo sobre el centenario del asesinato de Francisco Fernando, el heredero al trono del imperio austrohúngaro, que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Su último film fue Quo Vadis, Aida? con el que logra el reconocimiento internacional con nominaciones en los Oscars, Bafta y logrando los galardones a Mejor Película, dirección y actriz en los Premios del Cine Europeo.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Quo Vadis, Aida?

Año: 2020

Duración: 104 min.

País: Bosnia y Herzegovina

Dirección: Jasmila Zbanic

Guión: Jasmila Zbanic

Música: Antoni Lazarkiewicz

Fotografía: Christine A. Maier

Reparto: Jasna Djuricic, Izudin Bajrovic, Boris Ler, Dino Bajrovic, Boris Isakovic, Johan Heldenbergh, Raymond Thiry, Emir Hadzihafizbegovic, Joes Brauers, Reinout Bussemaker, Teun Luijkx, Ermin Sijamija, Alban Ukaj, Rijad Gvozden, Juda Goslinga, Ermin Bravo, Sanne den Hartogh, Micha Hulshof, Sol Vinken, Emina Muftic, Job Raaijmakers, Drazen Pavlovic

 

PELÍCULA COMPLETA