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martes, 14 de noviembre de 2023

VEN Y MIRA - IDI I SMOTRI DE ELEM KLIMOV

PROGRAMA 430 (10-11-2023)

 

SINOPSIS

 

Película de encargo para celebrar el 40 aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Relata, a través de los ojos de un niño progresivamente endurecido por el sufrimiento, la matanza sistemática de los habitantes de las aldeas bielorrusas, más de 600, durante la guerra. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Ey!, ven, ven y mira. Mira la cara de un niño envejecida de tristeza. Míralo buscando entre los escombros y los hierros retorcidos aun calientes, su inocencia perdida. Una inocencia que le pertenece y que debíamos cuidar como el tesoro más valioso. Ven, acércate, no tengas miedo. Ven, ven y mira las caras desfiguradas por el odio. Por el miserable temor a las diferencias, por el pánico que les provoca aquel que levanta su voz y se declara diferente, por aquellos que, aun así, tienen el valor de sentirse distintos. Mira su sangre alimentar la tierra, calmar la sed profunda del sol. Ven, mira a aquellos pequeños que ya no corren por ningún bosque. Míralos serpentear su infancia. Mira sus miembros mutilados, míralos fijos a los ojos, a esos ojos que ya ni dolor sienten. Míralos profundo y observa como aceptan la muerte, como entienden de bombardeos, de balaceras, de protocolos y de sirenas robándoles el sueño a medianoche. Míralos esconderse bajo un cielo envuelto en llamas, míralos a sus ojos y descubre las atrocidades que estos pequeños han visto, el espanto que apuñaló para siempre cualquier sonrisa, todo duelo. Ven, mira el bosque, mira las cenizas que dejaron las disputas, las indiferencias, el mirar hacia otro lado cuando había voces que gritaban desesperadas hacia donde verdaderamente debíamos mirar. Nadie entonces giró la cabeza. Todos pensamos despreocupados: alguien se ocupará. Ven, mira el hambre, mira a los mayores con sus manos ennegrecidas por el tiempo remover la tierra buscando algo que comer. Míralos en sus ropas andrajosas ya sin ningún suspiro. Míralos naturalizando el maltrato, la ausencia, el olvido. 



Ven, mira, mira a ese puñado de tipos sintiéndose superiores, decidiendo por el resto, adueñándose por medio segundo de todo el mundo. Ven, mira el miedo roer sus tripas, mira su sudor hediento que emana desesperado por temor a perder aquel manojo, por entregar aunque sea una parte, por ceder solo un poco. Míralos, míralos marchar detrás de una idea que anuncia, sin escrúpulos, su propia muerte. Obsérvalos trabajar por su desempleo, creer en mesías que nunca creyeron en ellos. Míralos como el cansancio les nubla la vista y en un descuido les hace creer que todo esto es un juego. Que todo vale lo mismo y que no hay consecuencias que surjan de nuestros actos. Ven, en serio, ven y mira como hoy odian a su hermano. Como matarían al que menos tiene porque eso les hace sentir que ejercen el poder que ellos mismos padecen. Mira como ya nadie abraza al de al lado, como la miseria devora todo sentimiento. Como en cuatro palabras olvidamos a miles de muertos, y entregamos aquellos pocos triunfos que solo daban oportunidades a tantos. Como un día cualquiera, nos olvidamos de los rostros de aquellos compañeros que nunca pudimos ver envejecer. Mira como con un discurso vehemente y lleno de odio, dejamos de recordar que nadie se salva solo, y descubrimos que hasta las religiones fallaron en su propio juego al ver desde la inmovilidad más absoluta como dejamos atrás al que menos puede para ir desesperados detrás del cielo propio. El fascismo nunca fue un juego. Ey!, ven y mira.    

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE VEN Y MIRA

 


La colonización y el imperialismo crearon un mundo nuevo. Desde el inicio de la vida, el ser humano quiso extender su dominio. Bajo el concepto de civilización, se transformaron en nómades buscando descubrir nuevos mundos. A medida que los siglos pasaban, ese concepto se iba extendiendo más y más. Empezaron las guerras por el territorio y con ello, el odio a lo diferente. La religión, las razas, las etnias pronto se vieron envueltas en batallas sangrientas, todo en base al odio y a la búsqueda de nuevas tierras. Un día surcaron los mares y llegaron a América. La tierra nueva se cubrió de gente que trajo su propia civilización y arrasaron con todo. Y así los genocidios se fueron dando a través de los años. Luego, ciertos planes de exterminio se empezaron a dar entre los mismos países. Todo ante la protección impuesta de ciertas potencias. A pesar del paso del tiempo, hay miradas que vuelven a resurgir. El planeta nuevamente está siendo acechado por la violencia. Los ruidos de las bombas vuelven a sonar cada vez más cerca. Las guerras las vemos en directo y aparecen en vivo en cualquier momento. El discurso del odio se transforma nuevamente en bandera. El pobre, el enfermo o el que tiene alguna discapacidad son otra vez carne de cañón para la derecha más recalcitrante. El negacionismo de ambos lados del océano vuelve a ser moneda corriente. El horror y el espanto siembran el terror. La piel se contrae y los pensamientos de desdoblan. La mirada vuelve a interpelar al otro. ¿Cómo se interpela el horror y desde que punto de vista? Quizás a esa pregunta llegó Elem Klimov al dirigir su película Ven y mira



El nombre es casi una invitación. Una especie de convite para ese espectador que va a ser interpelado… - Vení, sentate y mirá. Esto es lo que pasó, ¿cómo es tu reacción? -. Creemos que nadie puede permanecer indiferente ante un film de estas características. La película fue un encargo para celebrar el 40 aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Pero de propaganda oficial tiene poco y nada. Estamos ante un guion lineal escrito por el propio Klimov junto a Ales Adamovich, que sigue las andanzas de un joven bielorruso de 13 años que se alista a los partisanos soviéticos para ir a la guerra, ese sentido de pertenencia que los jóvenes de la época necesitaban para unirse a la masa. Lo dejarán de lado y se quedará con Glasha, una joven enamorada de un teniente y que solo sueña con amar y parir. Será ella quien le diga “te han dejado por ser un niño, eres ciego, sordo” palabras que luego del primer bombardeo toman más valor al ver al joven quedar atormentado y correr para esconderse ante el avance enemigo. Al llegar a su hogar, se dará cuenta de que toda su familia ha sido asesinada, será la pérdida de la inocencia de la forma más horrorosa. El reflejo en el agua, ese espejo que devuelve al niño en adolescente como metáfora. Lo lúdico se transforma en tragedia, de un momento a otro. Asistiremos, como suele pasar en los films soviéticos de esa época, a una fotografía maravillosa. Los contrastes y el contraluz en las escenas nocturnas serán de una calidad pocas veces vistas. Los paisajes naturales y los planos generales ayudarán a completar esa belleza fotográfica entre tanto caos. 



La historia se contará a través de muchos planos subjetivos y también de esos primeros planos que son los que interpelan al espectador. Este es invitado casi a ser un testigo del sufrimiento de Florya, nuestro joven protagonista. Sus primeros planos nos generan angustia y dolor en partes iguales. Habrá cierta cámara en mano que se moverá tan nerviosa como las personas a las que sigue. Se trabajará mucho con los planos secuencias y travellings a lo largo de todo el metraje. Gozará de un encuadre perfectamente diseñado, aprovechando el realismo que le da la naturaleza que lo rodea. Allí aparecerán esos planos generales que indican que, en la inmensidad, todos somos vulnerables. La película también estará plagada de simbolismos. Los aviones surcando el cielo, unos huevos pisados por el protagonista, una cigüeña que aparece cada tanto, nos hacen mirar algunas imágenes o situaciones con más detalle. Y empezamos a ver como el terror se apodera de la pantalla. No necesitamos asesinos múltiples o música de suspenso para crear terror. Aquí se logra solamente con imágenes, sonidos de una brillantez absoluta y con esas miradas que te dejan sin palabras. Y Florya lo sabe. Ha perdido su primera batalla. La niñez ha sido vencida y de ahora en más será todo muerte y destrucción. Entenderá que tener un rifle en la mano ya no es jugar. El caos, como siempre decimos, envuelve todo. Y se percibe siempre que algo puede pasar. El nerviosismo es parte de ese juego macabro. Entre los árboles o en la maleza siempre parece esconderse algo. Sin dudas es el mal el que está viniendo. Aunque no sabemos cómo ni dónde. Solo se ve a ese avión deambular cada tanto por los cielos. Prefacio de lo que vendrá. De una guerra que casi no veremos, no habrá soldados peleando frente a frente ni miles de ametralladoras disparando. 



Sólo seremos espectadores de un protagonista que es testigo de semejante masacre y de su sufrimiento acorde pasan los minutos. Donde sus gestos y su cara se van transformando, también gracias a la excelencia del maquillaje. Y aparecerá la perversidad y sus diferentes caras. Y otra vez el director parece preguntarnos: ¿A cuál se parecen ustedes? ¿Al traidor, al inmoral, al cobarde, al cínico? Somos un poco de todo eso, en medio de situaciones grotescas enajenadas no solo por la guerra sino por el alcohol, la lujuria o el poder y tomado en muchas ocasiones desde un primer plano estremecedor. "No todos los pueblos tienen derecho al futuro" dice sin titubear, un miembro del ejército nazi a punto de ser ejecutado por el pueblo soviético. Y la frase nos queda dando vueltas en la cabeza por varios minutos. El final nos traerá a Florya disparándole a un cuadro de Hitler mientras pasan videos en retrospectiva de la guerra y de la ascensión del Führer hasta una última foto con su madre cuando era un bebé. ¿Esos disparos serán para el propio Hilter o serán para su reflejo de ese niño soldado que quiso ser y no fue? Quizás en su mirada, estén las respuestas a esas preguntas.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO KLIMOV

 


Elem Guérmanovich Klímov nació en Stalingrado el 9 de julio de 1933. Sus padres eran comunistas, y su primer nombre fue un acrónimo derivado de los nombres de Engels, Lenin y Marx. Durante la batalla de Stalingrado, su madre, su hermano menor y él fueron evacuados de sus hogares, y cruzaron el río Volga en una balsa improvisada. En 1957, Klímov se graduó en el Instituto Superior de Aviación de Moscú. Posteriormente consideró iniciar su carrera en el periodismo, antes de decidirse por el cine. Se matriculó en la escuela de cine estatal, el Instituto Pansoviético de Cinematografía, donde estudió con el aclamado director Efim Dzigán. Mientras estudiaba en el instituto, Klímov conoció a la cineasta Larisa Shepitko, con quien se casaría. El primer largometraje de Klimov, Bienvenidos, o prohibida la entrada a los extraños (conocido en el Reino Unido como No Holiday for Inochkin) de 1964, era una sátira de la burocracia soviética disfrazada de una historia de aventuras en un campamento de verano para niños. La película fue prohibida brevemente por considerarse un insulto al Partido Comunista de la Unión Soviética; sin embargo, la prohibición fue revocada después de que Nikita Khrushchev tuviera una visualización privada y autorizara su publicación. 



La segunda película de Klimov, Las aventuras de un dentista (1965), fue una comedia oscura sobre un dentista que es ridiculizado por sus colegas por su talento natural para extraer dientes sin dolor. La implicación de que la sociedad inevitablemente condena al ostracismo a aquellos que tienen talento, horrorizó a los censores que le dijeron a Klimov que cambiara eso. Cuando Klimov se negó, la película recibió la clasificación más baja, "categoría tres", lo que significó que se proyectó sólo en 25 a 78 salas de cine. continuación, Klimov comenzó a hacer una película sobre Grigori Rasputin llamada Agony. El camino hacia el lanzamiento le llevó nueve años y muchas reescrituras. Aunque se terminó en 1975, la edición final no se estrenó en la URSS hasta 1985, debido a medidas represivas, en parte por sus escenas de orgía y en parte por su retrato relativamente matizado del emperador Nicolás II. Se había mostrado en Europa occidental unos años antes. En esos años dirigió los documentales Deporte, deporte, deporte de 1970 y en 1974 llegó Y sin embargo, creo, iniciada por su maestro Mikhail Romm antes de la muerte. En 1979, la esposa de Klimov, Larisa Shepitko, murió en un accidente automovilístico mientras dirigía una fábula ecológica basada en una famosa novela de Valentin Rasputin llamada Adiós a Matyora



La muerte de su esposa tuvo un profundo impacto en Klimov y todas sus películas posteriores fueron tragedias. Un año después de su muerte, Klimov filmó un homenaje de 25 minutos a su esposa titulado "Larisa" (1980) y luego terminó la película que ella había comenzado. A pesar de haber sido archivado durante dos años después de su finalización, Matyora aún se publicó en 1983. La última película de Klimov, Ven y mira, se estrenó en 1985 con gran éxito mundial y ganó el Premio de Oro en el 14º Festival Internacional de Cine de Moscú. Hablando de cómo la película se basó en su propia experiencia infantil de la guerra, Klimov dijo: "Como cuando era niño, había estado en el infierno... Si hubiera incluido todo lo que sabía y hubiera mostrado toda la verdad, ni siquiera yo podría haberlo visto". En 1986, recién salido del éxito de Ven y mira , y con los cambios traídos por la perestroika en el aire, Klimov fue elegido por sus colegas para ser el Primer Secretario de la Unión de Cineastas tras el V Congreso de Cineastas Soviéticos. El liderazgo de Klimov vio el estreno tardío de muchas de las películas previamente prohibidas y la reinstalación de varios directores que habían perdido el favor político. Este período es ampliamente considerado como el comienzo del declive del cine soviético y el surgimiento de los llamados "chernukha", es decir, artistas y periodistas que, liberados por la glasnost, expusieron la realidad soviética de la manera más pesimista posible. Klimov todavía estaba frustrado por los obstáculos que aún quedaban en su camino y cedió su puesto en 1988 a Andrei Smirnov, diciendo que quería volver a hacer películas. Klimov no completó más películas después de Ven y mira. Si bien tenía planes de hacer más películas a finales de la década de 1980, dijo en 2000 que había "perdido interés en hacer películas. Sentí que ya había hecho todo lo que era posible. Klimov falleció el 26 de octubre de 2003 por hipoxia cerebral, después de seis semanas en coma. Tenía 70 años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Idi i smotri (Come and See)

Año: 1985

Duración: 136 min.

País: Unión Soviética (URSS)

Dirección: Elem Klimov

Guion: Elem Klimov, Ales Adamovich

Música: Oleg Yanchenko

Fotografía: Aleksei Rodionov

Reparto: Alexei Kravchenko, Olga Mironova, Liubomiras Laucevicius, Vladas Bagdonas.

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 27 de diciembre de 2022

QUO VADIS, AIDA? DE JASMILA ZBANIC

PROGRAMA 394 (16-12-2022)

 

SINOPSIS

 

Bosnia, julio de 1995. Aida trabaja como traductora para la ONU en la pequeña ciudad de Srebrenica. Cuando el ejército serbio ocupa el pueblo, su familia está entre los miles de personas que buscan refugio en los campos de la ONU. Como participa en las negociaciones, Aida tiene acceso a información importante. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Más de una vez hemos traído a esta mesa, siempre desde nuestra humilde perspectiva, desde nuestro corto alcance, la problemática filosófica que decide reflexionar sobre la idea de “el otro.” Quiero decir que la otredad es un tema recurrente en el mundo artístico, en el del pensamiento, y en el cinematográfico en particular, y desde estas trincheras, hemos intentado compartir algunas ideas, algunos escritos de personas que han dedicado buen tiempo a pensar sobre el tema. Se ha dicho, con cierto aire resolutivo, aquello de que el otro es todo lo que yo no soy. Aquella estructura que postulaba Derrida según la cual diferenciaba entre un yo, un otro y un radicalmente otro. Aquella idea de que el otro nos excede y por eso se nos escapa siempre. El verdaderamente otro es aquel que de ninguna manera puedo terminar de alcanzar, es ese inabarcable, aquel inaccesible. Hemos pensado aquello también de que el yo está continuamente traduciendo al otro a su propia forma, a su propia lógica y subjetividad y en ese accionar, al delimitarlo, al definirlo, lo reduce salvajemente. Introducir al otro, entonces, dentro de nuestro marco perceptivo es simplificarlo y acomodarlo a lo que nuestro dispositivo previo y heredado, ese dispositivo creador de subjetividades, logre captar de aquello que su ser transmita. ¿Podríamos decir aquella verdad de su ser? Estas ideas, entre otras, hemos expuesto ante este mismo micrófono más de una vez. Hasta que un día nos llegó aquello de que La patria es el otro y desafió con una valentía inigualable todo este pensamiento lúcido y crítico reproducido por nosotros hasta el momento. La patria, o sea todo aquello que nos reúne en un cuerpo masa, todo aquello que nos identifica dentro de un ser popular, todo aquello que somos y nos define y por lo tanto nos diferencia, es definido ahora como el otro, o sea, todo aquello que yo no soy, todo lo inabarcable e inaprensible. Aquello inalcanzable es entonces, ahora, lo que yo soy



Cuando menos lo esperábamos, una idea revolucionaria e innovadora, una idea desafiante y deconstructiva nos interpela y moviliza luego de tanto tiempo sin que un pensamiento original nos invite a patear las estanterías de nuestros saberes. Una idea vanguardista que es muy posible que nos lleve mucho tiempo comprender y poner en funcionamiento. Decía Hobbes: Pues la verdad, no oponiéndose a ningún beneficio ni placer humano, es bienvenida para todos los hombres. Pero la pregunta entonces sería: ¿Queremos realmente la verdad o siempre hay un beneficio subyacente que le atribuye a su composición, a su construcción y armado, un modo particular? ¿Cuál es entonces la verdad que queremos? Alguna vez el filósofo argentino Diego Singer, gran amigo de esta casa, citando a Sócrates en Fedro, destacaba la siguiente frase: El poder de las palabras se encuentra en que son capaces de guiar las almas. Dejando cualquier ingenuidad a un lado, entendemos que Platón, en aquel texto, nos habla del poder real de gobierno que posee el discurso sobre el ser. Definir al otro, en este contexto, entonces ¿no respondería a una dirección tendenciosa por donde nuestra alma es llevada? ¿Cómo separar entonces entre opinión y conocimiento, entre apariencia y verdad? Bien sabemos que es la apariencia lo que persuade y nunca la verdad. ¿Cómo llegar a la verdad sin una construcción metafísica que la respalde, sin un mundo de las ideas que asegure su pureza? Hay un texto muy pequeño que solemos citar de Nietzsche llamado “Sobre verdad y mentira en el sentido extramoral”, en el cual Federico afirma que la verdad no es más que un acuerdo, una convención que respetamos para poder vivir de forma más segura, con cierto grado de entendimiento y previsibilidad. Buscar la verdad, en este sentido, no es otra cosa que buscar la seguridad, nuestra seguridad de individuos que comparten un habitad y se relacionan dentro de una sociedad. El objetivo final no es no ser engañado, no ser seducido por un discurso mentiroso, sino no ser perjudicados por el engaño, por las consecuencias hostiles de ciertas clases de embustes. Agregaba Federico: “Que la verdad sea más valiosa que la apariencia, eso no es más que un prejuicio moral; es incluso la hipótesis peor demostrada que hay en el mundo.”       

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES PARA QUO VADIS, AIDA?

 


“–Me despierto y siento que está vivo –dice una, dicen todas–. Me voy desinflando mientras pasa la mañana. Se me muere al mediodía. Resucita en la tarde. Entonces vuelvo a creer que llegará y pongo un plato para él en la mesa, pero se vuelve a morir y a la noche me caigo dormida sin esperanza. Me despierto y siento que está vivo...” La pluma de Eduardo Galeano imaginaba perfectamente a ciertas madres de estas tierras en Memoria del Fuego. Siempre con las palabras justas, el escritor uruguayo nos dejaba con un nudo en la garganta. Mas adelante agregaba: “Las llaman locas. Normalmente no se habla de ellas. Normalizada la situación, el dólar está barato y cierta gente también. Los poetas locos van al muere y los poetas normales besan la espada y cometen elogios y silencios. Con toda normalidad el ministro de Economía caza leones y jirafas en la selva africana y los generales cazan obreros en los suburbios de Buenos Aires...” Años más tarde, esa pluma apuntaba contra los mismo de siempre cuando hablaba de otro conflicto: “Donde dice: Misión humanitaria, debe decir: Misión publicitaria. "La próxima guerra mundial se hará con piedras", había anunciado Albert Einstein, pero a la vista está: no es exactamente con piedras que se ejecutan sus ensayos. Esta interminable misión humanitaria contra Yugoslavia esta dejando sin misiles a las potencias occidentales. Las empresas consagradas a la industria más prospera del mundo están fabricando nuevos misiles, a todo vapor, para abastecer al Pentágono y a sus socios del otro lado del mar. Lo mismo había ocurrido, antes, en el caso del Irak. La demanda de misiles agotaba los stocks de la industria bélica y de las fábricas de juguetes. A fines del año pasado, en mi ciudad, Montevideo, el misil era uno de los juguetes mas solicitados por los niños como regalo de Navidad. En abril de este año, las armas utilizadas contra Yugoslavia han sido las mas exitosas en la gran feria bélica abierta en Río de Janeiro”. Concluyó Galeano. 



Las misiones humanitarias son ese juego donde los países más importantes tienen que demostrar que le importan los países más conflictivos. Así, se han dado una vuelta por varios países africanos, por la vieja Yugoslavia, por Afganistán, Irak y siguen las firmas. Disfrazados de Cascos Azules, OTAN o Cruz Roja, estarán allí ante las cámaras. Pero las cámaras se apagan cuando empresas como Boeing, General Motors, Ford, IBM, Motorola, Microsoft y Sony financian una reunión cumbre de la OTAN en Washington. ¿A qué se debe la reunión preguntarán algunos? Para proporcionar vehículos, computadoras, equipos de sonido y todo lo necesario para que los altos mandatarios pudieran llegar a su conclusión más importante: la guerra. Meses después, los llamados daños colaterales estallaron en diferentes partes de Yugoslavia. Daños colaterales que vendrían en forma de hombres, mujeres y niños. Pero... ¿A quién le importa? Por su parte, las misiones de las Naciones Unidas también han tenido sus idas y vueltas. Pero de solo saber que el poder de veto lo tienen los cinco países más poderosos del mundo (China, Rusia, Francia, Estados Unidos y Reino Unido), no queda mucho margen para saber como pueden llegar a negociar. Mientras, los cascos azules se internan en lugares tan disímiles como Nicaragua, Ruanda o Bosnia con sus “áreas seguras, libres de ataques y otras acciones hostiles” pero siempre haciéndole caso al jerarca más poderoso. Y así como nuestras madres rondaban con sus pañuelos en la cabeza, en diferentes partes del mundo, también empezaban a caminar en busca de sus hijos perdidos. Acá entonces nacieron Las Madres de Plaza de Mayo mientras que en Bosnia nacieron las Madres de Srebenica, quienes con su fundación establecida en los Países Bajos, buscaron encontrar a los responsables de las masacres ocurridas en esas tierras. Masacre ideada por los serbios pero con gran responsabilidad de las Naciones Unidas. 



Sobre la base de ese conflicto se situará el film Quo Vadis, Aida? de Jasmila Zbanic. Basada en el libro de Hasan Nuhanovic “Bajo la bandera de la ONU: la comunidad internacional y el Genocidio de Srebrenica”, un ex intérprete de la ONU que perdió a sus padres y a su hermano allí. En este caso quien oficiará de traductora en el campo de refugiados será Aida, interpretada magistralmente por Jasna Duricic. Toda película de guerra es anti armamentista. Todas, lógicamente, son políticas. La directora en este caso elige un punto de vista. Hablará más con lo que no se muestra. No será necesaria la crudeza para que los estómagos se retuerzan. Ahí radicará uno de los grandes aciertos del film. En la inteligencia de lo que no se debe mostrar, porque imaginarlo, a veces es mucho peor. Lo que si se ven son las caras cansadas, sufridas. Rostros en primer plano que nos transportan, con silencios que dicen todo. Sobre todo en la protagonista. El guión seguirá una linealidad que se romperá con algún pequeño flashback. Recuerdos de tiempos mejores. La historia es sencilla. Aida es la traductora del campo de refugiados donde están su marido y sus dos hijos. Cuando las fuerzas de paz arreglan la negociación con las tropas enemigas, ella tendrá la certeza de que de alguna manera tiene que salvarlos. La película poco a poco se transformará en un thriller que seguirá las andanzas de Aida para lograr su objetivo. La fotografía será de colores fríos, donde los azules, marrones y grises estarán a la orden del día, a pesar del abrazador sol que hay en las afueras. 



El montaje será dinámico e irá plano por plano desde el comienzo. La cámara recorrerá el campo con paneos lentos pero se acelerará cuando haya más tensión. Habrá travellings donde correremos con la protagonista por todo el campo. La música acompañará los instantes más solemnes. Y habrá palabras. Habrá lenguaje. En inglés, holandés, serbio o bosnio. Y habrá miradas y gestos, que no hacen falta traducir. Pero entre tanto idioma, será su voz la que no sea escuchada. Sólo podrá anunciar falsas promesas que ella misma sabe no llegarán a nada. Su desesperación se hará más fuerte a medida que pasa los días. La guerra estará más allá. La denuncia será, esta vez, por la inoperancia de los cascos azules holandeses enviados por la ONU. Aida, como todos nosotros, intuye el final y quiere salvar vidas pero ante todo, es una madre. ¿Como se decide entre un hijo u otro? ¿En qué mente se habrá generado semejante aberración? Ella será miedo, angustia, coraje y esperanza en el medio de todo el caos. Una esperanza que ni ella piensa en creer. Pero que quizás es la única manera de mantenerse viva. Y en la sonrisa de esos niños encuentra esa inocencia que cree haber olvidado. Y por ellos quizás seguirán luchando. Por rescatar esas sonrisas que nos robaron hace tanto tiempo. Pero que siempre estarán presentes en su lucha. Las luchas de las madres del amor.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ZBANIC

 


Jasmila Zbanic nació en Sarajevo el 19 de diciembre de 1974. Žbanić asistió a escuelas locales antes de asistir a la Academia de Artes Escénicas de Sarajevo, donde se licenció. Trabajó durante un tiempo en los Estados Unidos como titiritera en el Bread and Puppet Theatre con sede en Vermont y como payaso en un taller de Lee De Long. En 1997, fundó la asociación de artistas "Deblokada" y comenzó a realizar documentales y cortometrajes. Después de su regreso a Bosnia y Herzegovina, fundó la asociación de artistas "Deblokada" (que significa "desbloqueo"). A través de Deblokada, Žbanić escribió y produjo muchos documentales, obras de arte en video y cortometrajes. Su trabajo se ha visto en todo el mundo, se ha proyectado en festivales de cine y se ha mostrado en exposiciones como el Manifesta 3 en Eslovenia en 2000, el Kunsthalle Fridericianum en Kassel en 2004 y la Bienal de Estambul en 2003. Desde entonces ha realizado largometrajes de gran acogida. Empieza a ser reconocida en el año 2006 gracias al film Grvabica (Sarajevo, mi amor), sobre una madre que le niega un certificado a su hija para que no descubra la verdadera historia de su nacimiento. Logra el Oso de oro en el Festival de Berlín



En 2010 sigue con En el camino, la historia de una joven pareja que quiere superar ciertos obstáculos como el alcoholismo del joven, que para dejarlo se empieza a transformar en un fundamentalista religioso. En 2013 filma For Those Who Can Tell No Tales sobre una turista australiana descubre el silencioso legado de las atrocidades cometidas en tiempos de guerra cuando llega a un pequeño pueblo y aparentemente idílico en la frontera entre Bosnia y Serbia. Un año después se vuelca a la comedia con el film Love Island, sobre una pareja bosnia que se va a una isla croata y se sienten atraídos por una hermosa mujer. En 2015 filma el documental One Day in Sarajevo sobre el centenario del asesinato de Francisco Fernando, el heredero al trono del imperio austrohúngaro, que desencadenó la Primera Guerra Mundial. Su último film fue Quo Vadis, Aida? con el que logra el reconocimiento internacional con nominaciones en los Oscars, Bafta y logrando los galardones a Mejor Película, dirección y actriz en los Premios del Cine Europeo.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Quo Vadis, Aida?

Año: 2020

Duración: 104 min.

País: Bosnia y Herzegovina

Dirección: Jasmila Zbanic

Guión: Jasmila Zbanic

Música: Antoni Lazarkiewicz

Fotografía: Christine A. Maier

Reparto: Jasna Djuricic, Izudin Bajrovic, Boris Ler, Dino Bajrovic, Boris Isakovic, Johan Heldenbergh, Raymond Thiry, Emir Hadzihafizbegovic, Joes Brauers, Reinout Bussemaker, Teun Luijkx, Ermin Sijamija, Alban Ukaj, Rijad Gvozden, Juda Goslinga, Ermin Bravo, Sanne den Hartogh, Micha Hulshof, Sol Vinken, Emina Muftic, Job Raaijmakers, Drazen Pavlovic

 

PELÍCULA COMPLETA