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miércoles, 20 de julio de 2022

FACES DE JOHN CASSAVETES

PROGRAMA 376 (15-08-2022)

 

SINOPSIS

 

Richard Forst, un hombre de negocios de mediana edad y casado, tiene una aventura con una joven e inmediatamente le pide el divorcio a su mujer, a la que abandona para irse a vivir con su amante. Mientras tanto, su mujer conoce a un tipo en un bar y pasa la noche con él. A la mañana siguiente, Richard vuelve a su casa. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un gran amigo de esta casa, nada más y nada menos que el señor Oscar Wilde, dijo aquello de “dame una máscara y te diré la verdad.” Alguna vez, reunidos ante estos mismos fuegos, hemos pensado juntos sobre aquella idea de ocultamiento inminente que conlleva el uso mismo del disfraz. Antiguamente, la máscara era un accesorio usado por las mujeres para concurrir a los teatros. Su objetivo no era otro que el de ocultar sus posibles reacciones ante algún pasaje cualquiera de la obra, ante alguna línea intensa e inesperada del texto. Como bien sabemos, la moral burguesa centra el poder de todas sus energías, de la mayoría de sus intenciones, en evitar enfáticamente cualquier tipo de contratiempo, de infortunio, sorpresa o adversidad. En el lado opuesto, claro, está la moral heróica, aquella cuyo poseedor es capaz de dar su vida por una causa por pequeña que esta fuera. Basta con creer para que el héroe lo deje todo y luche. Para que no tenga límites sino un objetivo: la conquista de lo deseado. Por cierto, cabe aclarar que desde este espacio descreemos profundamente de esta clase de tipos, aunque nos caigan un poco mejor que los primeros. La moral heroica es simplemente sonora, es convincente por oposición. Grandes masacres se han sucedido por solo defender los intereses propios olvidándose por completo los del pueblo, o sea, de los de la mayoría. Las máscaras también fueron usadas con fines mágicos, los antiguos chamanes tallaban sobre madera rostros de animales y al usarlas, el mago de la tribu entraba en trance y adquiría de esta manera los poderes de la bestia evocada convirtiéndose en ella. 



Lo cierto es que el uso de la máscara da el lugar al juego de ser lo que no somos. De ocultar aquello verdadero, espontáneo, eso más nuestro. Hay algo de hipócrita en el uso de una máscara podría decirse, algo del orden de aquello que define o caracteriza al tipo que no muestra nunca todo el mazo. Pero después de todo quién de nosotros lo hace. Somos este conjunto de máscaras, de complejos antifaces, que se esconden cobardemente detrás de aburridas reglas que espantan a la sorpresa. Nos abrazamos a códigos de convivencia, a tradiciones que creemos naturales, definimos la ética, hacemos valer con recelo el peso de la moral, nombramos como enfermo y perverso a cierto tipo de deseo. Máscaras, tras máscaras, tras máscaras, huyendo así para siempre de nosotros mismos. Algunos dicen que quitándolas con cuidado cada una de ellas nos encontraremos finalmente a nosotros mismos. Desde este humilde espacio, preferimos creer que el juego es al revés. Que tal como dice Wilde con cualquier mascara diremos alguna verdad. La pregunta ahora, inminente, es qué verdad. La verdad, como bien sabemos, es una construcción. La verdad, aquella que buscamos con tanto anhelo, en definitiva, entonces, no es más que una máscara más.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE FACES

 


Ya desde años venimos barajando la idea Nietzcheana en la que la moral cristiana y sus valores católicos, como los son la humildad o la compasión, se basaban realmente en la hipocresía y en el resentimiento. La palabra hipocresía proviene del latín tardío hypocrisis y del griego hypokrisis, que significan "actuar", "fingir" o "una respuesta". También se puede entender como viniendo del griego hypo que significa "máscara" y crytes que significa "respuesta" y por lo que la palabra significaría "responder con máscaras”. Son esas máscaras los que nos definen de alguna manera. En ellas estarán nuestros vicios y nuestras virtudes. Galeano al respecto citó: “Hay quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad internacional”, ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos definiciones son correctas”. Seremos, entonces, infinitamente hipócritas… La imagen del éxito siempre asoma como el de la persona feliz. Vemos a ese hombre de traje y corbata, quizás maletín en mano, caminar entre la muchedumbre y creemos en esa imagen que nos vendieron con los años: la del hombre de familia que luego de una ardua jornada de trabajo, cenará tiernamente con su esposa para completar su día. Quizás irán al cine o a un restaurant clásico para terminar acostados casi por compromiso. 


Con sus máscaras a flor de piel. Serán caras retratadas por las revistas de moda. Las veremos año tras año en eventos de copetín. ¿Pero existe la felicidad detrás de esos rostros? Esos rostros muertos, envejecidos, desorientados son de los que nos habla John Cassavetes en el film Faces. Desde el primero momento Cassavetes apunta sin tregua.  Nos sentiremos desbordados por las palabras y también por los rostros. El montaje rápido y los primerísimos planos nos meterán de lleno en cada encuentro. El director nos hace partícipes de las peripecias de sus personajes. Sus actores (en su mayoría amateurs) desarrollan el papel con una naturalidad asombrosa. Habrá diálogos intempestivos y miradas sugerentes. Habrá mucho de improvisación, no tanto de lo hablado sino de lo callado. Estamos ante la típica historia de un matrimonio cansado. El hombre de negocios que luego de una noche de alcohol le pide a su esposa el divorcio… No mucho más… ¿No mucho más? Cassavetes nos muestra en 130 minutos otra feroz crítica al sistema americano y porque no también, a la clase media alta de cualquier país globalizado. La cámara seguirá a Richard Frost, el protagonista, y sus andanzas. Su encuentro con gente del ambiente del cine será una clara crítica a los productores de Hollywood. Aparecerá luego el nombre del film y luego la belleza de Jeannie. Los primeros minutos serán la locura de esa salida de dos hombres ebrios y capaces de querer conquistar el mundo. La rubia debilidad (la esposa del director, Gena Rowlands) será la atracción principal y el botín de guerra. Un cartel luminoso con la palabra Losers nos dará un indicio. 



En el fondo, los hombres de negocios y la prostituta serán lo mismo: tres eternos perdedores. Frost volverá a su casa, le planteará el divorcio a su esposa y la historia se dividirá. El volverá en busca de la rubia debilidad y ella saldrá con amigas y volverá a su casa acompañada. La historia irá paralelamente. El guión también. Será lineal y se compondrá de los tres actos aristotélicos. La fotografía de Al Ruben nos dotará de un maravilloso contraste blanco y negro donde las sombras y las luces se entremezclan. Como mencionamos antes, los planos serán vitales para crear cada escena. No habrá casi locaciones exteriores. El espacio escénico será en su mayoría interior (además de ser la casa de Cassavetes). Habrá sonido directo y poca música. La cámara en mano nos someterá más de una vez. Importarán las palabras, los silencios y las miradas. Veremos sus vidas miserables, aburridas y descoloridas. No hay valores, no hay ideales. El pesimismo estalla por los poros. Y así el blanco y negro toma más fuerza. Pero acaso… ¿es algo que no conocemos? Cassavetes nos acerca tanto a ellos para gritarnos que podríamos ser cualquiera de nosotros. Nuestros gritos, nuestras borracheras, nuestras infidelidades, nuestras victorias y nuestras frustraciones. La alegría y el aburrimiento en planos que acuchillan cada rostro. El vacío del amor en primera persona. La búsqueda de la felicidad fugaz para seguir con la comedia. Y las máscaras que seguiremos utilizando los burócratas del amor.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CASSAVETES

 


Nació el 9 de diciembre de 1929, hijo de inmigrantes griegos, cursó sus estudios en la famosa Academia de Artes Dramáticas donde se graduó en 1950. Luego empezó a actuar en películas y series de televisión (Doce del patíbulo y El bebé de Rosemary como las más importantes). En 1954 se casaría con Gena Rowlands, quien sería clave en su vida y en sus films. El de origen humilde, ella de familia adinerada y ambos conflictivos, lo que reflejarían en varios films. En 1959 debuta como director con Shadows, que tuvo que ser financiado en Europa porque en su país no lo querían hacer, luego del Premio de la crítica en Venecia, empieza a lograr reconocimiento en su país. 



En 1961 dirige Too Late Blues sobre un grupo musical de jazz y su tercer film es Un niño espera, con Judy Garland como una profesora para chicos deficientes mentales.  En 1968 llega otra de sus obras notables: Faces, sobre la desintegración de un matrimonio. Es nominado al Oscar como mejor guión original. Dos años después llega Maridos, la historia de tres hombres que acuden al entierro de un amigo y luego se dan cuenta que la juventud se les ha ido de las manos. En 1971 sigue con una historia de amor titulada Minnie and Moskowitz, nombre de ambos protagonistas intepretados por Gena Rowlands y Seymour Cassel. Es el comienzo de la era dorada según los críticos. Siguió con Una mujer bajo la influencia y más adelante filma The Killing of a Chinese Bookie, la historia de un ex combatiente que tiene una deuda de juego y sus acreedores le aconsejan que pague la deuda con un asesinato. 



En 1977 llega Opening Night, otro trabajo excluyente de Gena Rowlands como una actriz que se toma a fondo sus papeles en Broadway. La misma Gena le dio vida a Gloria y le vale el premio Oscar por interpretar a la ex novia de un gangster que se tiene que hacer cargo del hijo de sus vecinos asesinados. La película gana el León de Oro en Venecia. En 1984 dirige el melodrama Torrentes de amor, donde actúa junto a su esposa y dos años después llega su inimaginable último film, Big Trouble, un film que no fue de su autoría pero que se posicionó como una exitosa comedia donde un agente de seguros planea con una cliente matar a su alocado marido, que recuerda un gran duelo cómico entre Peter Falk y Alan Arkin. Sorprendentemente, Cassavetes falleció el 3 de febrero de 1989 con sólo 59 años por una cirrosis hepática y nos dejó con ganas de ver que más tenía en mente uno de los padres del cine independiente americano.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Faces

Año: 1968

Duración: 130 min.

País: Estados Unidos

Dirección: John Cassavetes

Guion: John Cassavetes

Música: Jack Ackerman

Fotografía: Al Ruban (B&W)

Reparto: John Marley, Gena Rowlands, Lynn Carlin, Fred Draper, Seymour Cassel, Dorothy Gulliver, Val Avery, Darlene Conley, Gene Darfler, Elizabeth Deering

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 29 de junio de 2021

UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA - A WOMAN UNDER THE INFLUENCE

PROGRAMA 332 (11-06-2021)

 

SINOPSIS

 

Nick (Peter Falk) tiene que cargar con la responsabilidad de cuidar a su mujer (Gena Rowlands) que padece inestabilidad emocional. Lucha sin descanso para mantener un ambiente de normalidad a pesar del anormal comportamiento de su mujer; sin embargo, llega un momento en que la situación afecta a sus hijos, de modo que no tendrá más remedio que tomar ciertas medidas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Una gota de sangre recorrió el piso. El color de ese rojo intenso hacía juego con el maquillaje de los labios y de las uñas. La habitación era un remolino desordenado. Las sábanas cubrían todo el cuarto y la única lamparita que había sobrevivido a esa noche incurable parpadeaba visiblemente cansada. El plano general nos mostraba frascos vacíos y una tenue música que amenazaba con vomitar sonidos estériles. Un cuerpo yacía en el piso, masacrado por el dolor y la frustración. Ese juego de muñecas para la que había sido creada desapareció por completo. Fue objeto de voces y frases que dinamitaron su alma. Un alma sensible creada para reír, bailar y soñar. Pero esos sueños ofenden a ciertos jerarcas de un sistema tan vetusto como abominable. 



Ya no había música en esos sueños. Ya no había danzas que pudieran controlar su bello pero ahogado corazón. Quedaron noches eternas donde el fuego consumió todo. Porque prenderse fuego era, y esperamos que siga siendo, el terror de los mediocres. Y ella era un incendio imposible de apagar. Aunque ciertos fuegos se apagan con agua, algunos eligen apagarlos con alcohol. Y las llamas entonces empiezan a ensombrecer todo. El presente se vuelve inmanejable y el futuro pende de un hilo. Y cuando el hilo se corta, el juego se termina. Y sólo quedarán momentos de risas hoy ya apagadas y fotos de recuerdos imborrables que atesoran esa imperfecta pero hermosa locura ordinaria.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post editorial

 


IMPRESIONES SOBRE UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA


 

Crecer es una trampa. Pero cuidado, no hablo de crecer físicamente, lo cual claro es inevitable dentro de los parámetros interpretados como normales por la comunidad científica, sino de aquel paso terrible que implica llegar y transitar ese periodo que llaman madurez. El convertirse en un ser adulto, vamos. Podríamos denunciar en este sentido también que el mundo está perversamente diseñado de manera tal que se prioriza, se festeja,  se estimula y hasta se premia valores tales como el consumo y la bendita meritocracia. Se cargan obstinadas e insoportables mochilas con la fanática idea de “ser bueno en”. Se habla del desarrollo profesional como una idea de completitud y hasta el ser se estanca y se define de manera inescrupulosa por lo que uno ha tenido la posibilidad de estudiar. Uno es médico, uno es doctor y también uno es maestro. Sin aquella posibilidad, uno pareciera no ser, pareciera que sus involuntarios días discurrieran dentro de las tinieblas indescifrables de la nada. Cuanto antes uno sea embaucado por el aroma pestilente de aquel queso macabro mayor será la recompensa prometida. El mundo gusta de aquello, lo disfruta, lo festeja y lo premia, nosotros no. Más rápido que tarde en aquel pase de manos al que llaman progreso se nos quitara sin la menor reserva nuestro tiempo, nuestras ganas y nuestra inocencia. Pero lo peor no ha sido dicho aun. Aquellos tipos de corbata con la cara más seria que el culo de un ají, esos tipos de buen hablar y afeitados, o esos otros también que intentan camuflar la frialdad de las escamas de su piel en aquel aspecto cuidadosamente desprolijo de barbas de días y jeans rotos, que posan distraídos con sus muecas sacadas del polvoriento inventario de los gestos, son ellos quienes se terminarán llevando nuestro tesoro más preciado, aquel cofre sagrado que es el último bastión: nuestro deseo de jugar, nuestro deseo de libertad. Jugar es ser libre. Jugar nos da la oportunidad de ser creativos y de usar el total de nuestra personalidad. Es en aquella oportunidad donde encontramos las herramientas para descubrirnos a nosotros mismos. 



Mabel, maravillosamente interpretada por la inigualable Gena Rowlands, era consciente de todo esto. Una mujer bajo la influencia, el film de nuestro amigo John Cassavetes se aventura a hacer una lectura sobre la adultez y su papel en la sociedad. Mabel no encajará a pesar de intentar hacerlo con todas sus fuerzas, con toda su cordura. Se repetirá a modo de mantra sanador que ella es adulta. Será un personaje del que nos falte casi toda la información de su tridimensionalidad, pero ahí estará el juego. Esa será la apuesta de Cassavetes animándose a una travesura digna de nuestro querido Cortázar. Poco sabremos de Mabel pero no importará, el personaje se construirá de manera tal de enamorarnos y grabarse de esa manera en nuestra memoria. Rowlands trabajará un registro de composición casi al límite de la parodia, exagerado pero no tanto, grotesco pero sin siquiera estar cerca de serlo. Magia pura. Actuación plena y delicada, el juego mismo. Su  personaje parecerá estar desconectado del universo que lo rodea. Realizará gestos opulentos, murmurará monólogos inaudibles, se reirá a los gritos cuando todos callen. Habrá solo una cosa que la traiga y que la conecte con el aquí y ahora, eso será el amor profundo a sus hijos. Claro, con ellos estará en la misma sintonía del juego. Mabel será maravillosa porque sabrá jugar. Jugará en un mundo de apariencias, repleto de sombras y convenciones. Ante todo ese cartón pintado, esos espejitos de colores, ella será verdadera en el juego, en la risa y en el baile. Aquella inocencia estará retratada con una cita a otro amigo de la casa, el señor Albert Lamorisse. Se reproducirá el famoso plano icónico del mediometraje Un globo rojo con Mabel sentada sosteniendo uno en medio de una fiesta improvisada con sus hijos. Se cuestionará todo el tiempo esta actitud de Mabel y esto a ella la alterará. Entenderá allí que lo que está en juego no se negocia. Caerá entonces sobre ella todo el peso de la sociedad con su molde mohoso de normalidad. Será terrible, digámoslo… será triste. 



El film estará estructurado bajo aquella idea Bressoniana del cinematógrafo en contraposición del concepto común del cine. Dirá Bresson que el cine busca la expresión inmediata y definitiva mediante mímica, gestos y entonaciones de voz. En cambio el cinematógrafo es decir la verdad sobre lo real, es permitir que lo real diga la verdad al provocar las condiciones de su encuentro por parte del espectador. En esta operación el cineasta actúa como una especie de mediador inspirado. En estos mismos términos trabajará Cassavetes. Priorizará el encuentro con lo real, con la chispa según términos de Bresson, antes que cualquier defecto que las leyes de la composición o el montaje condenen. Esto aportará inmensamente al sentido de verdad del relato, de las interpretaciones actorales, logrando una conexión con el drama que nos acompañará durante las dos horas y media del film. Será una película larga pero dinámica, dolorosa pero sin golpes bajos. Alguna vez en este programa comentamos aquella historia de Sir James Barrie narrada por él mismo en la biografía escrita sobre su madre Margaret Ogilvy. A raíz de este film, creo que vale la pena volver sobre ella. En la biografía Barrie escribe lo siguiente: el horror de mi infancia es que yo sabía que se acercaba el tiempo en que  debería renunciar a mis juegos y eso me parecía intolerable. Resolví seguir jugando en secreto. Mabel, como en su momento Barrie, optó por aquella alternativa para que la sociedad deje de lastimar y perseguir aquella niña que solo quería seguir jugando. Los que este programa integramos entendemos al deseo de jugar de la misma manera. Aún con todo nuestro cansancio encima nos repetimos cada día que seguiremos jugando a pesar de todas la miradas miserables que por ello nos condenen. Continuar jugando, sacudiéndonos los años de los hombros, es haberle encontrado algún sentido a todo esto. Es la travesura que nos prometimos aquel día, es escaparle a la mediocridad absoluta de seguir viviendo con el único fin de acumular bienes y prestigio. Mabel no quería crecer para no resignarse a ser lo que los demás querían que sea. No quería crecer para no perder jamás la sorpresa y el asombro, para no olvidar nunca su capacidad lúdica. Bajo aquella consigna nos encontraremos siempre, jugando con todas nuestras fuerzas, aunque debamos hacerlo en el más absoluto de los secretos.       

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CASSAVETES

 


Nació el 9 de diciembre de 1929, hijo de inmigrantes griegos, cursó sus estudios en la famosa Academia de Artes Dramáticas donde se graduó en 1950. Luego empezó a actuar en películas y series de televisión (Doce del patíbulo y El bebé de Rosemary como las más importantes). En 1954 se casaría con Gena Rowlands, quien sería clave en su vida y en sus films. El de origen humilde, ella de familia adinerada y ambos conflictivos, lo que reflejarían en varios films. En 1959 debuta como director con Shadows, que tuvo que ser financiado en Europa porque en su país no lo querían hacer, luego del Premio de la crítica en Venecia, empieza a lograr reconocimiento en su país. 



En 1961 dirige Too Late Blues sobre un grupo musical de jazz y su tercer film es Un niño espera, con Judy Garland como una profesora para chicos deficientes mentales.  En 1968 llega otra de sus obras notables: Faces, sobre la desintegración de un matrimonio. Es nominado al Oscar como mejor guión original. Dos años después llega Maridos, la historia de tres hombres que acuden al entierro de un amigo y luego se dan cuenta que la juventud se les ha ido de las manos. En 1971 sigue con una historia de amor titulada Minnie and Moskowitz, nombre de ambos protagonistas intepretados por Gena Rowlands y Seymour Cassel. Es el comienzo de la era dorada según los críticos. Siguió con Una mujer bajo la influencia y más adelante filma The Killing of a Chinese Bookie, la historia de un ex combatiente que tiene una deuda de juego y sus acreedores le aconsejan que pague la deuda con un asesinato. En 1977 llega Opening Night, otro trabajo excluyente de Gena Rowlands como una actriz que se toma a fondo sus papeles en Broadway. La misma Gena le dio vida a Gloria y le vale el premio Oscar por interpretar a la ex novia de un gangster que se tiene que hacer cargo del hijo de sus vecinos asesinados. La película gana el León de Oro en Venecia. 



En 1984 dirige el melodrama Torrentes de amor, donde actúa junto a su esposa y dos años después llega su inimaginable último film, Big Trouble, un film que no fue de su autoría pero que se posicionó como una exitosa comedia donde un agente de seguros planea con una cliente matar a su alocado marido, que recuerda un gran duelo cómico entre Peter Falk y Alan Arkin. Sorprendentemente, Cassavetes falleció el 3 de febrero de 1989 con sólo 59 años por una cirrosis hepática y nos dejó con ganas de ver que más tenía en mente uno de los padres del cine independiente americano.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: A Woman Under the Influence

Año: 1974

Duración: 155 min.

País: Estados Unidos

Dirección: John Cassavetes

Guion: John Cassavetes

Música: Bo Harwood

Fotografía: Mitch Breit

Reparto: Gena Rowlands, Peter Falk, Katherine Cassavetes, Fred Draper, J. P. Finnegan, Matthew Labyorteaux, Angelo Grisanti

 

PELÍCULA COMPLETA

 

martes, 25 de julio de 2017

SOMBRAS - SHADOWS


EDITORIAL

Veredas ocultas por lagunas de barro. Una vieja leyenda, confirmada por los ancianos del barrio, dice que alguna vez, estuvieron visibles. Cientos de zapatillas chapotean en esa agua infectada de promesas incumplidas. El barrio es el mismo, aunque las urgencias son otras. Basta con caminar 500 metros para notar que hay otra vida. Las edificaciones se superponen entre torres de cemento completamente olvidadas, dejando un panorama grisáceo. El futuro hace rato que se convirtió en pasado en este costado del mundo. Los medios solo aparecen cuando una tragedia se hace noticia. Los políticos recorren la zona con sonrisas impostadas ante cada nueva elección. La policía no cuida, sólo oculta su miedo cuando hay que hacer algún negocio con el transa de turno. Los jóvenes intentan escapar de la mala vida. Algunos lo logran. Otros quedan a la deriva, marginados por una sociedad tan políticamente correcta como cruelmente miserable. Veremos rostros sombríos, sonrisas secas, ojos fantasmas. Estarán siempre marcados con el dedo acusador que dicta quienes pueden progresar y quiénes no. 


La noche los encontrará entre las tinieblas deseando volver a amanecer. Ellos igual le mostrarán la sonrisa al mundo. Será tiempo de música y bailes, hermosos carnavales paganos, iluminados con luces de diferentes colores, y caderas danzantes que no sienten vergüenza alguna. Mujeres y niños encontrando una manera de no caer ante tanta desgracia. Allá están implicados todos los sueños. En cada ventana habrá una historia que contar. Quedan escalones que parecen gastados de tantas pisadas. Se ven zapatillas colgadas de los cables de luz, marcando ciertos encuentros fantasmagóricos. En pie todavía veremos algún mural, de alguien que los cuida desde quien sabe dónde. El grafitti hará las delicias de esos artistas callejeros que parecen salidos de alguna lejana alcantarilla, para homenajear a los caídos en batalla. Vagan por las ciudades esos seres olvidados por Dios, buscando respuestas ante tanta angustia, viajando siempre en horarios nocturnos, para llevar el pan a casa. Quizás por eso descreen del sol, como si fuera un invento para los ricos. Siempre estarán entre nosotros, en cada plaza, cada colectivo, en cada marcha, aunque a veces no lo notemos y los confundamos con sombras.

Marcelo De Nicola.-

Canción post editorial


Uno de los creadores del Bebop



IMPRESIONES SOBRE SHADOWS


Varias circunstancias intervienen en la vida de un hombre para otorgarle un lugar en el gran circo de esta vida. En esta jungla de postergados, donde la perversidad convida con hambre y soledad causando el peor de los genocidios visto jamás. Caminamos en aquella tiniebla, inventando sonrisas, naturalizando en nuestras fibras nerviosas, el dolor propio de la miseria, intentando ser sujeto de la oración de cualquiera. Con todas nuestras falencias, con el peso de la amputación de nuestras alegrías, en pleno acto revolucionario, aun andamos. Perdidos, equivocados, olvidados, pero andamos. Escribió alguna vez Bukowski: Somos como rosas que nunca se molestaron por germinar cuando debimos haberlo hecho y es como si el sol se hubiera hartado de esperar. Allí está la suerte para nosotros, por aquellas cuadras donde el sol ya no espera. Por aquellas esquinas donde el olvido nos espera en la oscura caricia de las sombras. Y tal fue el nombre de aquella cinta oscura y desafiante escrita y dirigida por John Cassavetes. El film tendrá una estructura lineal y contará con un grupo de personajes que recordaran a aquel mundo narrado con excelencia por Jack Kerouack en ese grito de libertad que se llamó “On the road”. Explorará la Nueva York del hot jazz, del Bebop, de la juventud desenfrenada y salvaje queriendo liberarse de aquellas cadenas malditas de los mandatos, queriendo boicotear cualquier estructura para que algo nuevo suceda. 


El plan, es el no plan. Esta también es una idea que nos acerca a Burroughs, el cual proponía aquel juego de perderse en el mundo, de caminar las calles sin ningún objetivo ni destino, perderse en aquel patio trasero del universo para dejar atrás cualquier ilusión de certeza y así, poder des adherirse para siempre de aquel triste personaje que creímos que éramos. Nos resultará inevitable encontrar ciertos conceptos Bressonianos en el tratamiento del film. Pensemos en aquella idea de figuración que nos proponía Robert Bresson. Figura, desciende del verbo latino Fingo que significa, entre otras cosas, modelar. Fue el mismo Bresson quien prefería la palabra modelo en vez de actor, por lo que entonces modelar seria dar forma a aquel cuerpo, aquel modelo que es su figura. El arte del cinematógrafo consiste entonces en llevar acabo aquel modelado, aquella figuración, mediante todas las herramientas que aporta el medio. Bresson, en aquel texto llamado Notas sobre el cinematógrafo hará un obsesivo hincapié sobre aquella idea de la verdad. Nos dirá, cito al director, que el cinematógrafo es un arte paradójico: basado en la captación de las apariencias, va en pos de un único objeto: la verdad. Aquella verdad, aquel momento de pura realidad, no es posible encontrarlo directamente sino que puede vislumbrarse con dificultad y fugazmente, en sus destellos e intermitencias. 


A esas intermitencias de percepción de la verdad de lo real, Bresson les dará el nombre de encuentros. Nos dirá que rodar, no es otra cosa que ir al encuentro. Será Shadows, una película pensada sobre aquellos encuentros. Cassavettes los provocará, los identificará y los comunicará. Esto podrá verse en el resultado actoral de la cinta. Habrá miradas reales, sentimientos reales, diálogos que escaparan a la estructurada pluma del escritor para culminar en la compleja musicalidad coloquial. El film culminará con una placa que indicará que lo que el espectador acaba de ver es el resultado de una larga improvisación. Salud Bresson nuevamente. Haciendo un claro juego con la estructura de improvisación sobre la que el bebop se basa, la placa referencia e invita a pensar nuevamente en el encuentro bressoniano, redondeando aquella idea desde la perspectiva de que improvisando, tal como un músico lo hace dentro de una estructura pautada de acordes, la verdad surgirá celosa de ser atrapada. En aquella arena se moverán estos personajes repletos de deseos truncos, aquellos jóvenes que no dejaron germinar.-

Lucas Itze.-

Canción post impresiones


Otro de los genios del Bebop


Nos fuimos con un tema que tiene el nombre del film...


FICHA TÉCNICA

Título original: Shadows
Año: 1959
Duración: 87 min.
País: Estados Unidos
Director: John Cassavetes
Guion: John Cassavetes
Música: Charles Mingus
Fotografía: Erich Kollmar
Reparto: Lelia Goldoni, Ben Carruthers, Hugh Hurd, Anthony Ray, Rupert Crosse

SINOPSIS


Benny, Lelia y Hugh son tres hermanos negros que comparten piso en Nueva York. Lelia sale con David, un intelectual neoyorquino, pero en una fiesta conoce a Tony y hacen el amor. Cuando Tony descubre que Lelia es mestiza no puede evitar sentir prejuicios raciales, por lo que Hugh le impide que vuelva a ver a su hermana.