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lunes, 3 de agosto de 2026

NOUVELLE VAGUE DE RICHARD LINKLATER

PROGRAMA 511 (17-07-2026)

 

SINOPSIS

 

La historia detrás de la creación del movimiento cinematográfico francés conocido como 'Nouvelle Vague', centrándose en la producción de la innovadora película de Jean-Luc Godard 'Al final de la escapada', en 1959.

 

EDITORIAL

 

En su libro La invención de la Soledad, el escritor Paul Auster escribió lo siguiente: No hay nadie menos cínico que un mago. Tanto él como todos los demás saben que lo que hace es una farsa, así que la función del truco no es exactamente la de engañar al público, sino la de complacerlos en su deseo de ser engañados. Uno amanece, camina las mismas calles todos los días, y como si hubiera un muro invisible, jamás junta el valor de atravesar el mundo más allá de aquel limite. Con la mismas miserias de un preso, que encadenado se encuentra impedido de elegir otros destinos, recorremos nuestro espacio con horarios establecidos y rutinas reiteradas, vigilados por aquel ojo instalado en cada dispositivo que nos acompaña. Tal como el caso de cualquier recluso, nuestra peor condena no es la perdida de libertad, la cual hemos perdido hace rato, sino la perdida de intimidad, la de hacer que todos nuestros actos sean públicos. Como hemos dicho más de una vez, las buenas noticias no saltan junto a las tostadas en este mundo. Escasean de manera desesperante. Aún cuando se ve a un pueblo festejar, hermanado en un abrazo, que sabemos efímero, ficticio, aun así, la buena noticia se esfuma con camiones hidrantes, con cabeza de tortugas y palos mata ideas al instante. Fin de la alegría, por si aún tenían alguna esperanza más de seguir sonriendo. Nos queda, tal como repetimos a modo de mantra, el pensamiento, para no perder el poder crítico, para mantener los ojos ciegos bien abiertos. El amor, para confundir a la muerte un instante y jugar en esa distracción a que somos eternos y claro, el arte, para decir todo aquello que resuena en nuestro cuerpo, para poder sacarlo de nosotros mismos y de esa forma entre en resonancia con el universo. Rara vez la vida toma algún sentido, la vida propia digo, la de cualquiera de nosotros y nosotras. No hablo del vivir por o en consecuencia de. 



Hablo del resultado de aquello que hicimos con lo que hicieron de nosotros. Las herramientas son mínimas, aunque la pared este repleta de títulos, la soledad es absoluta, aunque miremos a nuestro alrededor y nuestra mesa este completa de notables. Hemos perdido aquella conexión ancestral con nuestro interior, con nuestra intuición, con algo tan básico como nuestra respiración, nuestra postura corporal. Naturalizamos las tensiones musculares, las rigideces, el amanecer y que lo primero no seamos nosotros mismos sino la tecnología. ¿Cómo volvemos del sueño? ¿Qué tiempo nos damos a nosotros mismos para pasar de una etapa a otra, que respeto nos guardamos? Hemos sido miserables con nuestras vidas y por eso nuestras vidas son miserables. Lo cierto es que todos sueñan con aquel sentido perdido. Todos buscan una historia donde aquel sentido sea rescatado y funcione como esperanza para abrir los ojos al día siguiente. No importa en donde aparezca, pero sí que lo contenga. Todos y todas necesitan rescatar aquel sentido, que explique de alguna manera las relaciones humanas, la existencia, la soledad, la nostalgia, la falta misma de sentido de este ladrillo helado arrojado hacia la nada. Allí estarán los relatos que saldrán a nuestro rescate en todas sus formas: en cuentos, en novelas, en obras de teatro, en pinturas, en chistes. Allí estará armando desde la nimiedad un universo vivo para traernos algo, de forma chamánica, con brujería ancestral, referente al comportamiento humano. Entonces oiremos con atención aquello que paso en la cola de un banco una fría tarde de invierno, oiremos aquella de aquel que sumando las cifras de la serialidad de los billetes de su billetera encontró un mensaje oculto, o la del país en donde un olvido mata a un ángel para siempre o simplemente la de aquella chica de pelo a lo garzón, que quiso correr a su amado y en un descuido, cayo de rodillas sobre el asfalto ya sin aliento.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE NOUVELLE VAGUE

 


“El cine de papá está muerto”, dijeron 26 directores alemanes en el Manifiesto de Oberhausen de 1962. Era la forma de criticar la época dorada de Hollywood. Era fijarse en su propia cultura. Habían crecido con el Neorrealismo italiano y eran contemporáneos a uno de los movimientos artísticos más importantes de la década: La Nouvelle Vague. Los mismos representantes franceses tomaron esa frase y la hicieron suya. El cine necesitaba desacartonarse. Alejarse de las grandes productoras. Buscar su propia hoja de ruta y contar historias desde otras miradas. De Estados Unidos miraban el cine negro, Hitchcock u Orson Welles. Fue a través de las revistas donde empezaron a interesarse por un modo de cambiar el cine. Las discusiones abiertas entre ellos duraban horas. Ahí aparecían nombres claves como André Bazin o Alexandre Astruc. Este último, en 1948, escribió un artículo titulado Naissance d’une nouvelle avant-garde que es considerado hoy en día, como el primer fundamento teórico que dio lugar al nacimiento artístico de la Nouvelle Vague. Allí abogaba por la idea de que el cine debía convertirse en un medio más personal, como pasaba en la literatura, en el que la cámara del director se convirtiera en el bolígrafo del cineasta. La Revue du Cinema o Les Temps Moderns eran otras revistas donde se debatían sobre cómo se tenía que encarar el cine. Se hablaba de los inicios del mismo y del paso del cine mudo al sonoro. Se hablaba de como el arte tenía que retro alimentarse. 



Eric Rohmer era otro de los nombres de ese mundillo. Pero es en 1951 cuando todo empieza a cambiar. Creada por Bazin y Jacques Doniol-Valcroze, llega Cahiers Du Cinema, que se transformó en la revista más popular y contaba entre sus filas a nombres como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Agnés Varda, Eric Rohmer o Claude Chabrol. Ellos estaban en contra del tradicional cine francés, en épocas que adaptaba grandes obras literarias. Uno de los artículos más importantes lo firmó Truffaut, declarando “Y bien, yo no puedo creer en la coexistencia pacífica de la Tradición de la Calidad y de un Cine de Autor. En ese día estaremos de la tradición de la calidad hasta el cuello y el cine francés, rivalizando con realismo psicológico solo será un gran entierro para ir directamente, saliendo de Billancourt (estudios franceses de las grandes producciones galas), al cementerio”. Fue su grito de guerra, dejar de lado las grandes productoras y hacer cine con el poco dinero que haya, con Roberto Rosellini como referencia. Y cuando esos críticos se transformaron en cineastas, la Nouvelle Vague había llegado y cambiado el cine para siempre. Para muchos historiadores, el puntapié fue de Agnes Varda, la madre de la criatura, cuando filma Le Pointe-Coutre en 1954. Luego llegaron algunos films de Chabrol y en 1959 apareció Truffaut con Los 400 golpes, que se convirtió en un hito histórico. Pero había alguien más en ese grupo que, salvo un cortometraje, no podía terminar de componer su primera idea y llevarla a la gran pantalla. Era el tal Jean-Luc Godard y sus ideas pasaban de la mente a la libreta y de ahí a la acción. 



El año pasado, el siempre genial Richard Linklater, decide homenajear a uno de sus héroes. El film tiene el nombre corto, conciso y perfecto: Nouvelle Vague. Y acá cuenta puntillosamente, el trabajo de Godard para su primer largometraje, titulado aquí Sin Aliento. “La nouvelle vague fue un movimiento extremadamente influyente. Significa mucho para el mundo del cine, es una confluencia de grandes films y grandes realizadores, todos juntos en un mismo lugar. Y es algo que no había ocurrido antes de la misma manera. Probablemente sea lo más cercano que ha estado el cine del punk” dijo el director sobre este homenaje y estamos seguros de que es así. La película seguirá a Godard sin ensalzarlo, mostrándolo tal cual es. Por momentos parecerá un documental, la forma de filmación, el uso de fotografía en blanco y negro, el formato que emula el estilo visual de la época y hasta algunas manchas negras que aparecerán durante el metraje, nos muestra la dedicación y la perfección con la que el director recrea cada imagen. Imposible no hablar del parecido físico no sólo de Godard, Jean Seberg, Jean-Paul Belmondo y tantos otros que aparecen, que están casi idénticos. El film recorrerá los días de rodaje y los enojos del productor por los días cancelados, el convencimiento para con sus actores, pero, sobre todo, muestra la piedra basal de la Nouvelle Vague en la idea del célebre director francés: rodar en locaciones reales, los diálogos improvisados, el sonido directo, el no uso de maquillaje, la cámara en mano, y el poco apego a las sugerencias de edición. Allí las películas más que nunca terminaban en la sala de montaje, pero realizando cosas muy diferentes a lo que se trabajaba en el cine de esa época. 



Los planos secuencia eran otras de las características, las elipsis eran parte esencial de la trama. Linklater, otro cineasta que busca romper los moldes, basa parte del film en el encuentro entre Godard y Raoul Cottard, un fotógrafo de guerra que venía de trabajar en la Guerra de Indochina y armaron juntos una dupla perfecta. La nueva técnica de cámara en mano y los lugares en donde se tenían que poner tanto él como la cámara muestra el talento de ambos para buscar opciones debido al bajo presupuesto. “La realidad no cuadra”, “El público aceptará nuestra nueva verdad” o la frase de T. S. Elliot “Los poetas inmaduros imitan, los poetas maduros vuelan”, son algunas de las frases que deja el maestro durante el rodaje. Mientras vemos la película, no podemos no imaginarnos allí, con ellos, recorriendo esa París adoquinada y hermosa. Y también pensamos, en esta época que súper producciones, blockbusters, remakes y adaptaciones, quienes serán los próximos en salirse de la autopista para volver a recorrer los caminos sinuosos del arte, explorando sus mentes y desarrollando un nuevo lenguaje, como hicieron los artífices de la Nouvelle Vague.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO LINKLATER

 


Nacido el 30 de julio de 1960 en Houston, en 1982 dejó la Universidad para trabajar en una planta petrolífera en el Golfo de México. Su amor por el cine comenzó durante la estadía en Houston, cuando visitaba un teatro local. Allí con sus ahorros pudo comprar una cámara Super 8 y se mudó a Austin donde fundó la Sociedad cinematográfica de Austin. Algunos de sus cineastas preferidos eran Bresson, Fassbinder, Yazujiro Ozu y Dreyer, entre otros. En 1984 ingresa a la Universidad de Cine de Austin. Su primer corto se tituló Woodshock en 1985, y fue un documental sobre el festival del mismo nombre en Austin, Texas. En 1988 llegó su primer largometraje titulado It's Impossible to Learn to Plow by Reading Books. Exhibiendo una camiseta con el lema "Imposible aprender a arar en un libro", proverbio ruso que equivale al castellano "El camino se hace andando", Linklater sube a un tren con su cámara para vagabundear en busca de amigos y desconocidos. Empieza a hacerse conocido en 1991 cuando escribe y dirige Slacker, donde el director se pasea por Austin mostrando a diferentes personajes de la ciudad. El film fue nominado a Mejor Largometraje en el Festival de Cine Independiente. Dos años después llega la magistral Dazed and Confused, el film que narra las desventuras de un grupo de amigos de la secundaria en su último día de clase. Aparecen actores jovencísimos y en sus primeros papeles como Matthew McConaughay, Ben Affleck, Milla Jovovich, Parker Posey, Adam Goldberg y el papel sin acreditar de Renée Zellweger. En 1995 llegaría el film que lo haría famoso, quizás, una de las mejores historias de amor de todos los tiempos, con la primera parte de la llamada trilogía Before (Antes), en este caso, con Antes del Amanecer. La historia donde aparecen los entrañables Celine (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), que se conocen en un tren, se bajan en Viena y pasan la noche juntos, hablando del amor, de la vida, el sexo y diversos temas más. Logra el Oso de Plata al mejor director en Berlín. 



Un año después llega SubUrbia, la historia de un grupo de chicos de barrio que reciben a uno de sus amigos, que se ha convertido en una estrella de rock. El film nos muestra las diferencias, celos y la noche alocada de los protagonistas. Cambia totalmente, y no le va para nada bien, cuando en 1998 decide rodar The Newton Boys, sobre un grupo de criminales y asaltantes de bancos. Nuevamente dos de sus actores fetiches trabajan en el film: Ethan Hawke y Matthew Mc Conaughey. Pasa tres años hasta que estrena La Cinta, donde vuelve a demostrar su capacidad para filmar películas distintas, ya que la trama se filma en tiempo real y en una única escena donde aparecen los tres actores que aparecen en el film: Ethan Hawke, Robert Sean Leonard y Uma Thurman. En 2001 llega Despertando a la vida, filmada bajo la técnica de la rotoscopía. Forma de filmar que repetiría más adelante. En 2002 entra a rodar un proyecto sin nombre, sobre la vida de un chico en tiempo real… En 2003 llega quizás su película más comercial, cuando junto a Jack Black filma Escuela de Rock, la historia de un músico frustrado que termina dando clases en una escuela privada. A pesar de todo, es un hermoso film. 



En 2004 llega la segunda parte de Before, con Antes del atardecer. Nueve años pasaron del encuentro entre Celine y Jesse, esta vez se encuentran en París. La magia entre ambos, y los diálogos, vuelven a hacer de ella una película inolvidable. Para muchos la mejor de las tres. Simplemente brillante. Quizás su peor film llega un año después, filmando Una pandilla de pelotas, una remake de 1976, sobre un grupo de inadaptados jugadores de Beisbol que tienen la misión de ganarle al odiado rival, con Billy Bon Thornton y Greg Kinnear. Kinnear, que justamente protagonizaría, un año después, su próximo proyecto: Fast Food Nation. Linklater se mete como casi nadie en el mundo de las casas de comidas rápidas y denuncia el trabajo ilegal, la suciedad y todo el negocio que mueven las cadenas americanas. El film es nominado a la Palma de Oro en Cannes. En ese mismo 2006 llegaría Una mirada en la oscuridad, basada en una novela de Phillip Dick, vuelve a mezclar personajes reales con animación, en un futuro distópico, donde un policía tiene la misión de espiar a sus amigos. Trabajó con un cuarteto de lujo: Keanu Reeves, Robert Downey Jr, Woody Harrelson y Winona Ryder. En 2008 filma la adaptación de la novela de Robert Kaplow; Me and Orson Welles, donde la historia se traslada al año 1937 en la que un joven actor es convencido por Orson Welles para trabajar en su película. El film obtuvo buenas críticas además de varias nominaciones premios independiente, y de paso, le dio un buen giro a la carrera artística de Zac Efron, el protagonista. Vuelve a coincidir con Jack Black en 2011 cuando rodaron Bernie, la historia del famoso enterrador del pueblo que se hace amigo de la malvada viuda. Basada en una historia real. 18 años después de su primer film, se cierra la trilogía Before… Los tiempos cambian, y el paso del tiempo también, no sólo para los protagonistas de Antes del anochecer, sino también para los actores. Nominación al Oscar a mejor guion adaptado. En 2014 termina de rodar Boyhood, la historia de un chico en tiempo real, siguiendo la vida, el crecimiento y la adolescencia del personaje a lo largo de 12 años. Otra vez Linkater nos muestra algo completamente diferente a lo que hemos visto. Sin dudas, su película más personal y también más premiada. Globos de Oro, Nominación a Mejor película y premios de todo tipo hicieron que se transforme en uno de los directores de cine independiente más importante de estos años, junto a Wes Anderson o Jim Jarmusch, por nombrar sólo algunos. Sin dudas, su obra maestra, la que marcará un antes y un después. 



En 2016 filma Todos queremos algo, una historia similar a Dazed and Confused, pero ambientada en los ´80 y la llegada de los jóvenes a la universidad. En 2017 adapta una novela de Darryl Ponicsan y lleva a la pantalla El reencuentro, donde tres veteranos de Vietnam (Steve Carell, Bryan Cranston y Laurence Fishburne) se reúnen en 2003 para enterrar al hijo de uno de ellos, muerto en combate en Irak. En 2019 llega ¿Dónde estás Bernardette? Con Cate Blanchett como una madre que desaparece de su casa, basada en una novela de Mary Sample. Se suma a la animación con el film de 2022 titulado Apolo 10 y medio, una infancia espacial, ambientado en las misiones de Apolo del año 1969. En 2023 filma Hit Man (Cómplices del engaño), la historia de un asesino a sueldo que trabaja para la policía, hasta que se enamora de una mujer en una misión y todo puede transformarse. Su 2025 lo trajo con dos de sus grandes obras. Por un lado, Nouvelle Vague y su homenaje a Jean-Luc Godard y por otro, Blue Moon, la historia del legendario letrista de los años 40 Lorenz Hart, con un Ethan Hawke que tiene una de las mejores actuaciones de su carrera.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Nouvelle Vague

Año: 2025

Duración: 105 min.

País: Francia

Dirección: Richard Linklater

Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin

Reparto: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Bruno Dreyfurst, Benjamin Clery

Fotografía: David Chambille (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA

 

martes, 14 de marzo de 2023

VIVIR SU VIDA - VIVRE SA VIE DE JEAN-LUC GODARD

PROGRAMA 397 (10-02-2023)

 

SINOPSIS

 

Nana (Anna Karina) es una joven veinteañera de provincias que abandona a su marido y a su hijo para intentar iniciar una carrera como actriz en París. Sin dinero, para financiar su nueva vida comienza a trabajar en una tienda de discos en la que no gana mucho dinero. Al no poder pagar el alquiler, su casera la echa de casa, motivo por el que Nana decide ejercer la prostitución. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

Cruzó las vías por última vez. El color carmín de sus labios se confundía con sus bellos rizos. El maquillaje escondía la peor cara. La risa le era esquiva hacía mucho tiempo. No recordaba la última vez que una carcajada brotó de sus entrañas, sin compromiso alguno. Sin olor a champagne barato y a cigarros regalados. Sin promesas de París o Ibiza de por medio. Promesas que se esfumaban como humo apenas los billetes tocaban la repisa. Y que solo servirían para pagar ajustadamente otro mes de alquiler. Mientras cruzaba esas vías recordaba los vagones desvencijados. Pero para ella, que venía de una pobreza extrema, era una locomotora de lujo. En esos años, se sucedían rostros e historias. Bailes privados y amores de una noche.  Borracheras y comisarías. Todo en un mismo cuerpo, que ya pedía a gritos escapar de ahí. Muchas de sus compañeras de ruta fueron perdiéndose con el tiempo. Algunas lograron salir de ese universo. De otras no tuvo más noticias, pero nunca prefirió saberlas. Tenía bien claro que cuando de un día para el otro no las veía más, era mejor no preguntar. 



A veces saber de más no es bueno. Su miedo se transformó en una coraza que le heló el corazón. Más de una vez también se preguntó hacia donde iría. –Si no se hacer nada más que esto-, se respondía a sí misma, dejando el tema otra vez en espera. Hasta que un día, el estallido. Bocinas, sirenas, puertas golpeadas y gritos la despertaron con furia. Agarró como pudo un poco de ropa y se tiró por la ventana. Algún que otro disparo resonó entre las habitaciones. Con las rodillas ensangrentadas empezó a caminar sin rumbo. Algo había salido mal. Y entendió en ese momento que lo mejor era huir. De tantos pasos inertes, llegó otra vez a esas vías. Y creyó que el destino quería, de una vez por todas, tirarle una soga. El sonido del tren la llenó de viejos recuerdos. Eligió el mismo vagón que muchos años antes. Los rostros, los malos olores y las horas sin dormir empezaron a difuminarse. Esta vez las agujas del reloj giraron en sentido contrario. Y por fin llegó el momento de vivir su vida.

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE VIVIR SU VIDA

 


No hace mucho llegó a mis oídos el singular relato del narrador de historias. Fue en una cena familiar, aquellas de mesas pobladas por distintas generaciones, de parentescos forzados y de caras pocas veces vistas, donde alguien me señaló la punta opuesta a nuestra ubicación y me dijo de manera reveladora: aquel que está ahí es un primo lejano tuyo y su trabajo es contar historias. Historias de vidas reales, o sea, lleva al papel aquello que otros le cuentan. Rápidamente, y con cierto sarcasmo, contesté que, a aquello, en las cercanías de mi barrio, se lo solía llamar con el curioso nombre de escritor. Mi interlocutor lanzo sobre mí una mirada dura y desaprobatoria y volvió a la carga. No, lo que hace este pibe es distinto. No vende libros, no hace ficción (o quizás no del todo) sino más bien ordena recuerdos y los escribe. Les da un hilo. ¿Biografía? tampoco. Alguien lo contacta, le cuenta una situación particular y él la redacta intentando conservar el estilo de la narración original. Como ya sabrán, siempre me interesé por los procesos creativos, la construcción de relatos y las técnicas empleadas por aquellos que los creaban. Pero como también sabrán ustedes del otro lado, la simpatía y la capacidad de charla espontánea jamás fueron mis fuertes. Intentando apartar lo segundo, decidí ir por lo primero. Me levanté y encaré a aquel sujeto casi desconocido para mí. No hubo preámbulos, solo una copa de vino para cada uno. La charla fluyó con cierta naturalidad, más por su parte que por la mía, hasta que de pronto, la confesión llegó. 



Con cierta angustia, y entre sorbos de vino que se hacían cada vez más largos, más profundos, como si buscara alguna verdad en el fondo de la copa, aquel primo, o lo que fuere, reconoció no ser un escritor. Continuó, luego de una pausa que utilizó para llenar su copa y la mía, con lo siguiente: con el correr del tiempo entendí que la mejor manera de contar cualquier historia es siempre a través de la anécdota. Y que lo que las personas quieren es siempre oír historias. Historias de lo que sea, tenga el contenido que tenga. Lo que pasó en la cola de un banco, el error al dar un vuelto, una alianza perdida, la traición de un amigo, una puerta que no se abrió, un amor que nunca fue. Rara vez la vida toma un sentido digno de ser narrado, dijo mirándome a los ojos, pero todos sueñan con aquel sentido, todos juegan a que en un olvido muere para siempre un ángel, que en la suma de los números que conforman nuestro documento está la clave para ser millonario. Mi tarea, siempre humilde, no es otra que darles la razón. Realizó entonces una larga pausa. El vino ya se había terminado. Fue ahí entonces cuando entendí que se equivocaba. Aquel tipo que tenía frente a mí, era realmente un escritor. Alguna vez en esta misma casa, explicamos aquel concepto imprescindible para el armado, la organización y la escritura de un guion llamado secuencia. Si entendemos que la escena, aquella unidad de tiempo y espacio, es la partícula elemental de su armado, podemos plantearnos que la escena es al guion lo que el plano es al montaje. En este mismo sentido, entonces, definimos a la secuencia como una unidad de sentido. El espacio y el tiempo que es una escena se multiplica en función de narrar una situación cuya hilaridad se resuelva en el objetivo de lograr un mismo sentido, el cual claro, tiene un principio y un final. Es por esto que las secuencias pueden nombrarse. 



Podríamos hallar por ejemplo la secuencia de la seducción, la secuencia del entrenamiento, la de la persecución. Tal como podemos ver, nada más parecido a la construcción de una anécdota. Un grupo de escenas, unidas por un sentido en común que confluyen en el objetivo de contar una historia. Vivir su vida, de nuestro hermano Jean-Luc Godard se estructura según estos mismos parámetros recién descriptos. Una placa lo anuncia al comienzo del film: una vida contada en 12 secuencias. La película, como toda la filmografía de Jean-Luc será una experiencia en sí misma. Excede aquello de contar una historia. Un film de Godard es siempre mucho más que un film, logra llevar a esta expresión artística a niveles pocas veces visto, inimaginados. Podemos decir con seguridad que este director no hace películas, hace siempre mucho más. Cualquier título de su autoría es siempre un ejemplo preciso de disrupción, de uso del lenguaje audiovisual en toda su magnitud. Vivir su vida comenzara el relato de las 12 anécdotas que narraran la vida de Nana con sus dos personajes de espaldas sentados a la barra de un café. Hablaran y la cámara lejos de panear, optará por el travelling lateral. Estaremos viendo en la pantalla la separación de una pareja. Ella lo deja a él. Ella expone el por qué con calma y claridad. El problema, claramente, no es actual sino una situación, un malestar, que viene arrastrándose desde el pasado, que pesa en sus espaldas, que genera un ruido en la continuidad de su pareja. Una relación que ya no se mira con sinceridad a los ojos, sino que forma unas paralelas en sus vidas que jamás volverán a tocarse, por lo menos en este plano. Allí estará entonces la argumentación por la cual el director dispone a los cuerpos en escena de aquella particular manera, allí estará el por qué Jean-Luc decide presentar a su protagonista sin mostrarlo. 



Tal como ya lo dijimos, la estructura del film estará diseñada según el orden de 12 secuencias que a su vez obrarán como si de capítulos de una novela se tratara. Aquella será la marca indeleble de la Nouvelle Vague, del cine pluma. La cinta estará repleta de decisiones precisas, correctas e innovadoras. Cada escena del metraje podría ser sometida a un análisis meticuloso de estructura, composición y significado logrando de ellas un material de estudio inigualable. Sigamos con las sutilezas, con otro ejemplo magistral del manejo del lenguaje audiovisual. En otra escena, Nana charla con un hombre al que pretende. Estarán sentados enfrentados, el punto de vista del director será de frente a ella a una altura de cámara baja. Jean-Luc decidirá nuevamente no panear jamás la cámara, no caer en la dinámica típica del plano y contraplano. Aquello lo dejará para la industria, él optará por moverse en travelling laterales apoyándose en lo que el dialogo diga. La cámara entonces la tomará a ella cuando hable; cuando él responda, su respuesta será siempre una definición sobre ella. Él hablará para definirla. Allí entonces la cámara se moverá, sutilmente, con poesía, de manera lateral hasta tapar a Nana y dejar en soledad al personaje masculino de espaldas. Después de todo, definir a alguien es siempre limitarlo, no es más que un dialogo con uno mismo. La película planteará también una posición filosófica sobre el lenguaje. Hablará de la palabra como una imposición y dejará planteada la fantasía de su abolición definitiva. Fantasía a la que le responderá el propio Godard 52 años después con aquella otra maravilla de la cinematografía experimental a la que llamo Adiós al lenguaje. El personaje de Nana comenzará triste y en el transcurso de su curva dramática creerá encontrar la felicidad. Pero Jean Luc nos dejará en claro, en el último acto de la película, que la dicha, no es una cosa alegre.

 

Lucas Itze.-                          

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GODARD

 


Godard nació el 3 de diciembre de 1930 en París, Francia. Su infancia la pasó en el lado suizo del Lago Lemán donde su padre tenía una clínica. Pero pronto su vida estuvo marcada por la guerra que vivió Europa durante los primeros años de los 40. 

Esta situación de inestabilidad no fue un impedimento para que el joven Jean-Luc quedara prendado del séptimo arte. Este flechazo fue debido a un libro llamado “Esbozo de una psicología del cine” del novelista francés André Malraux. En este libro, el autor francés reflexionaba sobre el papel del cine en la sociedad. 

Terminada la guerra, Godard volvió a Francia donde se interesó por la pintura y la antropología. El interés por la antropología viene por la influencia de Jean Rouch, un antropólogo que se convirtió en el primer director/teórico del cine documental cinéma vérité («cine de realidad»). 

Los cineastas del Cinéma vérité emplean equipos de televisión ligeros para captar la realidad casi sin filtros, intentando llegar a un acercamiento lo más cercano posible a la realidad y con ello hacer un relato lo más objetivo posible.

Fruto de esta influencia, grabó su primer cortometraje: Opération Béton. Un documental sobre los trabajadores de la construcción en Suiza. Tras este primer cortometraje, el director de cine rodó otros tres cortometrajes Une femme coquette, Une historie d’eau y Charlotte et son Jules, rindiendo homenaje al poeta Jean Cocteau. 

Durante esa etapa de su vida se introdujo en los cine-clubes franceses donde se hacían coloquios y se opinaba sobre cine con mucha pasión. Jean-Luc Godard pertenecía al CCQL (Ciné-Club du Quartier Latin): junto con el crítico Maurice Schérer y los jóvenes cinéfilos, Francois Truffaut, Claude Chabrol y Jacques Rivette. Todos estos jóvenes compartían su amor por el cine y todos comenzaron sus andaduras como críticos de cine. En concreto, Godard empezó como crítico de cine para Cahiers du cinéma

A finales de la década de los 50, concretamente en 1959, Godard comenzó el rodaje de Al final de la escapada (A bout de souffle). Film que a la postre significaría una revolución en la forma de hacer cine, un cine sin reglas establecidas y una pieza clave para el desarrollo del movimiento cinematográfico de la Nouvelle Vague. 



Para esta película, su ópera prima, Godard contó con los actores Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg. La película fue rodada siguiendo un modus operandi en el que la improvisación era muy importante. Godard, con ayuda de Truffaut y Chabrol, diseñaron unas series de pautas que se debían seguir en cada escena, pero no un guion fijo. El film se estrenó en la Berlinale, donde Godard ganó el Oso de Plata a la Mejor Dirección. 

Después de este film, Godard realizó catorce películas: Le petit soldat (1960), Una mujer es una mujer (1961), Vivir la vida (1962), Los Carabineros, (1963), El desprecio (1963), Banda aparte (1964), Una mujer casada (1964), Pierrot El loco (1965), Masculino Femenino (1966), Made in U.S.A. (1966), 2 o 3 cosas que yo sé de ella (1967), La Chinoise (1967), Week-end (1967).



Posiblemente, la película más famosa de ese periodo revolucionario fue el drama de ciencia ficción Alphaville  (1965). La película fue reconocida con el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín. El film cuenta con numerosas referencias a Metrópolis (1926) de Fritz Lang y se centraba en las investigaciones de un periodista llamado Ivan Johnson, quien llegaba a la ciudad de Alphaville para investigar el paradero del profesor Von Braun, creador de una máquina con la que controlaba la mente de los habitantes de esa ciudad.



Una de las figuras más importante en la vida de Godard fue Anna Karina, modelo y actriz danesa con la que Godard se casó en el año 1961. Anna Karina protagonizó numerosas películas del director galo, entre las que se encuentran: la comedia romántica Una Mujer Es Una Mujer (1961), Vivir Su Vida (1962) o Banda Aparte (1964). El matrimonio entre Anna Karina y Jean-Luc Godard duró 6 años, aunque ese mismo año el director se casó con Anne Wiazemsky, también actriz.



A partir de los años 70 la calidad y cantidad de las películas de Godard fue descendiendo llegando a ser muy irregular. En la década de 1980 participó en proyectos cinematográficos en su país, así como en California y Mozambique. Su obra más notable de la década fue su «trilogía de lo sublime «, que consistió en tres películas: Pasión (1982), Nombre: Carmen (1983), y el controvertido film Yo te saludo, María «Je vous salue, Marie» (1985), película en la que introdujo su punto de vista sobre feminidad, naturaleza y cristianismo.



En los 90, el cineasta se centró en el documental sobre la historia de la cinematografía: Histoire(s) du cinéma (1988 – 1998), que ofrecía una construcción muy personal sobre los primeros 100 años de la historia del cine. Esta obra es para algunos, la mirada más lúcida sobre la Historia del Cine. 

En este documental, Godard utiliza varias técnicas como collages, fragmentos de films, textos, citas, fotos, cuadros, fragmentos musicales, sonidos, y lecturas a cargo de narradores de excepción (Juliette Binoche, Alain Cuny, Julie Delpy y el propio Godard).

Jean-luc fue sobre todo una persona con un fuerte carácter y una gran conciencia política, lo que le diferencia de su colega Truffaut que nunca permitió que la política condicionara su cine y su forma de ver la vida. En este sentido, Jean-Luc Godard politizó sus películas desde los tiempos revolucionarios de 1968, año en el que creó el Dziga Vertov Group, conjunto de cineastas atraídos por las ideologías marxista y maoísta. 

Sus últimas películas son el collage experimental Film socialisme (2010), Adiós al lenguaje (2014), una narrativa fragmentada sobre un hombre, una mujer y un perro, filmada en 3-D. Su último estreno fue El Libro De Imágenes (2018) siendo un ensayo cinematográfico, con un montaje de clips de películas, fotografías e imágenes de guerra, en el que Godard aporta comentarios. Jean-Luc Godard fue galardonado con un Oscar honorífico al conjunto de su carrera en el año 2010. El maestro nos dejó el 13 de septiembre de 2022 a los 91 años.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Vivre sa vie: Film en douze tableaux

Año: 1962

Duración: 83 min.

País: Francia

Dirección: Jean-Luc Godard

Guion: Jean-Luc Godard

Música: Michel Legrand

Fotografía: Raoul Coutard (B&W)

Reparto: Anna Karina, Sady Rebbot, André S. Labarthe, Guylaine Schlumberger, Gérard Hoffman, Monique Messine

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 12 de junio de 2018

MADE IN USA



EDITORIAL

Las colinas aparecen como inmortales. Las letras blancas brillan en lo verde. La palabra nos lleva inmediatamente a la meca del cine. Es Hollywood, ni más ni menos. Y es todo lo que lo rodea. Sus mujeres hermosas, rubias como la Monroe o morochas importadas como la Hepburn. Sus apuestos hombres de aspectos tan masculinos como los Humphrey Bogart, los Cary Grant o los Gary Cooper. Es la llegada a la gloria. El sueño americano en el país de las mil oportunidades. El de Mickey Mouse paseándose en la Quinta Avenida, el Empire State brillando en lo alto o la Estatua de la Libertad, cada vez más custodiada. El del rock de Elvis, la sensualidad de Madonna y la danza de Michael Jackson. Donde se mezclan unos y otros. La estupidez y la viveza de la familia amarilla más conocida del mundo. Las porristas universitarias y las masacres escolares. Los hot dogs, las hamburguesas y las gaseosas versión extra large. 


Los presidentes asesinados y los presidentes asesinos. La música de cada estado, desde el Blues de Misisipi hasta el punk neoyorkino. Los escritores malditos y sus rutas interminables. Los Estados robados y los Estados devueltos. Los mártires del pueblo y el Ku Klux Klan. Los deportes montados como un show y sus millonarios sponsors. Los superhéroes y los inmigrantes ilegales. Halloween y el Día de Acción de Gracias. La Blanca Navidad y el Papá Noel vendido al mejor postor. Las guerras como símbolo de nacionalismo barato. Disney y sus parques de lujo. Los pobres y el sueño de las zapatillas imposibles. Los indígenas olvidados y la bolsa de Wall Street. Los edificios interminables y los desiertos eternos. Los supermercados enormes y las gasolinerías rurales. La venta de armas y las balas perdidas por muertes absurdas. El ying y el yang del país más poderoso del mundo. El del último gran héroe y el idiota americano…
                      
Marcelo De Nicola.-

Canción elegida para la editorial



La magia de Charly, siempre presente


IMPRESIONES SOBRE MADE IN USA


Entonces aquella no era sino la muerte. Lloraba. Toda su humanidad yacía desparramada, desprolija sobre la mesa del bar. Su humanidad era insignificante, casi inexistente. Su yacer cómplice. Yo miraba desde la ausente oscuridad aquel sufrimiento, padre de todos los sufrimientos. Aquellas lágrimas que eran la única lágrima, que dibujaban un camino sobre la mejilla fría del espanto y que desembocarían sobre las grises aguas del Aqueronte. La noche completa se enredaba en su caótica melena y una medialuna furtiva parecía querer pescar a aquellos dos oscuros pececitos que tenía por ojos. Una muerte sin corona. Una muerte de barrio y de café al fondo, agazapada como una pantera herida. Susurraba nombres en todos los idiomas, hombres y mujeres se hacían en los labios mismos de la muerte y algo helado bailaba en mi espalda con cada sonido. Intenté acercarme pero su mano me detuvo delicada pero firme. Con su rostro aun escondido a medias entre la oscuridad y la vergüenza, su voz hablo ausente de todo sentimiento, de toda entonación sugerida. Mi nombre es la palabra sin sonido, un estruendo inacabable que al serlo todo ya no es nada, entonces mi historia no debe ser nunca escuchada. 


Y en un solo movimiento la muerte se levantó y se fue, llenándolo todo de una fría e insoportable ausencia. Será tal vez aquella soledad con la que nos convida la muerte, a la que nos enfrenta a través de la frialdad de lo ausente, el disparador o quizás la excusa de nuestro amigo Jean Luc Godard para entretejer las complejas peripecias que terminarán formando aquel relato sorprendente llamado Made In USA. El film poseerá una fotografía exquisita que se servirá de la estética Pop tanto para su paleta de colores como para la  construcción de sus encuadres. Cada recorte que conforma esta narración será compuesto con la sutileza pictórica y la inteligencia de quien construye una obra maestra. Palpitará la obra de Andy Warhol en aquella coherencia compositiva que se desarrollara a lo largo de este trabajo. El relato será un gran ejercicio de la correcta utilización de las convenciones establecidas bajo la pesada lista de los géneros. La construcción de los personajes así como el conflicto planteado, nos ubicaran rápidamente dentro del cine negro norteamericano clásico. Pero el maestro llevara la obra más allá. Buscará complejidad a través del extraordinario uso de otras herramientas comunicacionales. 


Allí estará el quiebre. Allí la película que creíamos estar viendo se desvanecerá en su esencia, invitándonos, tal como lo hiciera Alicia, a saltar dentro de la madriguera. Caeremos entonces, en un jardín repleto de preguntas, insolente de normas y carentes de toda regla. Se hablará sobre el lenguaje y sus carencias, de su triste traición ante la evocación. Se hablará de la guerra y de la ferocidad de las políticas ejercidas por las grandes potencias para someter al hombre, hambrear a los pueblos y satisfacer así su inagotable ansia de poder. Se hablara con crudeza, aun cuando la película coquetee con cierta tonalidad humorística. Se hablará a cámara rompiendo magistralmente aquella cuarta pared planteada por los teóricos dramaturgos, incluyendo al espectador como un personaje más que interpela a la trama dejando aquella forma pasiva y clásica. El experimento será arriesgado y pondrá en juego lo más preciado que una obra audiovisual posee que no es otra cosa que la atención del público. Seguramente habrá quien se levante abandonando la obra en aquella arriesgada pirueta. Pero también estaremos nosotros, los que decidamos quedarnos y jugar aquel juego, buscando en aquella interminable caída dentro de la oscura madriguera, lo que ya no somos, lo que tal vez alguna vez fuimos: algún sueño que valga la pena.-                       

Lucas Itze.- 

Canción post impresiones


Uno de los temas que suena en el film   



UNIVERSO GODARD

Jean Luc Godard nació en París, el 3 de diciembre de 1930. Vivió sus primeros años en Suiza, país en el cual nacieron sus padres, para trasladarse a París durante su adolescencia, donde estudiaba etnología en la Sorbona. En esta época comienza a descubrir su gran pasión por el cine, frecuenta de continuo la Cinemateca Francesa y los cineclub parisinos. En 1950 empezó a trabajar como crítico cinematográfico en varias revistas, entre ellas Cahiers du Cinéma, en las que utilizaba el seudónimo de Hans Lucas. En esta publicación coincidiría con la plana mayor de la nouvelle vague, es decir, con François Truffaut, Éric Rohmer, Claude Chabrol y Jacques Rivette. Al morir su madre en 1954, se trasladó de nuevo a Suiza donde trabajó como albañil, hecho que sirvió como argumento a su primer documental, Operation Béton. 

Al regresar a París, mientras seguía trabajando en Cahiers du Cinéma, rodó los cortometrajes Une femme coquette (1955) y Tous les garçons s' apellent Patrick (Los chicos se llaman Patrick) (1957) y le siguió otro llamado Charlotte et son Jules (1960). En el verano de 1959 comenzó el rodaje de su primer largometraje, À bout de souffle sobre un guion de François Truffaut —de quien fue por esos años muy amigo— y con la colaboración de Claude Chabrol. La película, protagonizada por Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg supuso una revolución en la manera de filmar al utilizar técnicas hasta entonces poco ortodoxas, como rodar cámara en mano, utilizar el estilo documental o saltar de un plano a otro. A pesar de no lograr ningún premio en el Festival de Cannes, ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, así como el Premio Jean Vigo. 


A partir de ese momento llegaría a filmar, muchas veces, más de un film por año. En 1961 filma Una mujer es una mujer, premio especial del jurado en Berlín. En 1962 llegaron Vivir su vida, premiada en Venecia, y Los siete pecados capitales, siete episodios sobre los mismos filmados por otros tantos directores. En 1963 filma junto a Pasolini, Rosselini y Gregoretti, Rogopag, que es también un conjunto de episodios dirigidos por cada uno. También en ese año salieron a la luz Los carabineros, El soldadito y El desprecio, esta última con Brigitte Bardot, Jack Palance y Fritz Lang. En 1964 filma Banda aparte y Las más famosas estafas del mundo, junto a directores como Chabrol y Polanski entre otros y Una mujer casada. En 1965 filma otra película de episodios como Paris visto por… que contó además con la participación de Chabrol, Rohmer, entre otros. Y llegan dos de sus films más reconocidos: Alphaville, que ganó el Oso de Oro en Berlín, y Pierrot, el loco, con una impecable actuación de Jean Paul Belmondo. 


En 1966 llegan Made In Usa, y Masculino, femenino. En 1967 filma, anotá: El oficio más viejo del mundo (un grupo de cineastas filmando episodios sobre la prostitución), Loin Du Vietnam; Dos o tres cosas que yo sé de ella; La Chinoise (Premio del Jurado en Venecia) y Weekend. Luego de este film Godard decidió poner su cine al servicio del movimiento revolucionario que eclosionaba con el Mayo francés y, adherido a la ideología maoísta, abandonó sus métodos de trabajo anteriores. En mayo de 1968 el Festival de Cannes fue suspendido por la interrupción de las proyecciones que hicieron Godard, François Truffaut, Polanski y otros cineastas, en apoyo y solidaridad al movimiento estudiantil y obrero del Mayo francés. Ese año también dirigió One plus One, más tarde titulado Sympathy for the Devil, un documental que no sólo muestra cómo los Rolling Stones van dando forma a esta canción paso a paso, sino que también es un relato simultáneo de dos o tres discursos políticos y estéticos revolucionarios. 

Con el fin de diluir la propia autoría en un colectivo cinematográfico miliante, creó el Grupo Dziga-Vertov, como homenaje al cineasta soviético Dziga Vertov junto al estudiante de Filosofía Jean-Pierre Gorin, la actriz Juliet Berto y la propia Wiazemsky, entre otros, y muchos de sus filmes, que comenzaría a rodar en 16 mm, se nutrirían de influencias del cine de propaganda soviético. En sus propias palabras, eran «películas revolucionarias para audiencias revolucionarias» y se caracterizaron por una gran desconfianza en las imágenes «bellas», en beneficio de un sonido por veces hipertrofiado, y por un discurso netamente marxista, abandonando las historias de ficción para mostrar ensayos fílmicos de gran radicalidad. Gracias a este grupo en el año 1969 salen los documentales: Pravda y Britsh Song. También dirigiría otro film de episodios como Amor y Rabia junto a Bertolucci. Y La gaya ciencia. Siguiendo con el Grupo Dziga-Vertov en 1970 filma: Vladimir y Rosa; Luchas en Italia y El viento del este, esta película constituyó una suerte de manifiesto fundacional del grupo. En 1972 llegan dos documentales: One Paralell Movie y Letter to Jane, donde a partir de una foto de Jane Fonda publicada en L’Express en la que la actriz norteamericana aparece retratada en Hanoi junto a dos vietnamitas, Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin denuncian la hipocresía y falsedad de los medios de comunicación de masas. También ese año filma Todo va bien. Por primera vez se toma unos años para volver al filmar y lo hace en 1975 con Número dos. 

En 1976 filma otro documental, el bélico Aquí y allá. En 1978 filma Comment Ce va? A partir de los 80 vuelve a los documentales y al cine clásico como por ejemplo en Salve quien pueda de 1980, nominada a la Palma de Oro. Pasión en 1982, Nombre: Carmen en 1983 (León de oro en Venecia); y la polémica Yo te saludo, María en 1984. Una de las películas más polémicas del cine europeo de todos los tiempos, por su libre y moderna interpretación del embarazo de la Virgen María. El Papa Juan Pablo II la condenó duramente de forma pública, a su director Jean-Luc Godard le tiraron una tarta a la cara en el Festival de Cannes, y fieles católicos de todo el mundo protestaron delante de muchos de los cines en los que se proyectaba la polémica cinta. 


En 1985 filma Detective, y en 1986 filma Meeting Woody Allen, una charla sobre cine y televisión con el genio neoyorquino. En 1987 filma Cubre tu derecha y participa del film Aria. También vuelve a dirigir a Allen en El Rey Lear y realiza un documental sobre cine llamado Histories du Cinema, con la participación de dos de las actrices francesas del momento como Juliette Binoche, y Julie Delpy. Ya en los 90 filma mucho menos, aparecen Nouvelle Vague con Alain Delon, nominada a la Palma de Oro en Cannes; Alemagne 90; Helas pour moi. En 1995 Forever Mozart. En 2001 llega Elogio del amor, nominada a la Palma de Oro en Cannes. En el medio y luego filmó varios documentales y películas de episodios. En 2004 dirige Nuestra música, en 2010 Film Socialisme. Su último film fue Adiós al lenguaje, del año 2014, con la participación del 3D, algo que viene utilizando bastante en los últimos años. Ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes.

FICHA TÉCNICA

Título original: Made in U.S.A. (Made in USA)
Año: 1966
Duración: 90 min.
País: Francia
Dirección: Jean-Luc Godard
Guion: Jean-Luc Godard (Novela: Donald E. Westlake)
Música: Ludwig van Beethoven, Robert Schumann
Fotografía: Raoul Coutard
Reparto: Anna Karina, Jean-Pierre Léaud, László Szabó, Marianne Faithfull, Ernest Menzer, Yves Afonso.

SINOPSIS

Paula Nelson deberá investigar en Atlantic City (Francia) la muerte de su amante, investigación que se presentará peligrosa debido a la atención que ésta consigue despertar entre los mafiosos de la ciudad. Inspirada en el cine negro americano, Godard realiza un ejercicio de intriga de deliberada incoherencia narrativa.