Ficción o realidad, esa es la cuestión. El mundo del cine conjuga personajes de todo tipo y color, cada semana nos ocuparemos de analizar diferentes obras del séptimo arte, con el fin de informarnos, debatir y recordar esas películas que nos hicieron reír, llorar, pensar, y sobre todo, sumergirnos en ese mundo apasionante. Todos los viernes de 20 a 21 hs, por FM Boedo, con la conducción de Lucas Itze, Marcelo De Nicola y Camila Dubinsky.
En el año 2800,
en un planeta Tierra devastado y sin vida, tras cientos de solitarios años
haciendo aquello para lo que fue construido -limpiar el planeta de basura- el
pequeño robot WALL•E (acrónimo de Waste Allocation Load Lifter Earth-Class)
descubre una nueva misión en su vida (además de recolectar cosas inservibles)
cuando se encuentra con una moderna y lustrosa robot exploradora llamada EVE.
Ambos viajarán a lo largo de la galaxia y vivirán una emocionante e inolvidable
aventura... (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Tomo súbitamente un papel y anoto con desprolijidad:
“Yo, que conocí la primavera. Yo, que
conocí el nombre de cada flor…” Se detuvo. Intento evocar el último rayo de
sol en el rostro, la tibieza del día. Intento con gran esfuerzo recordar las
flores, su olor, la suavidad de sus pétalos al tacto. Aunque su escritura no
era sincera, un regocijo lo invadió al escribir sobre el papel. Después de todo
William no había movido nunca el culo de Inglaterra y su pluma era el catalejo del
mundo. La verdad es una mentira bien construida, se dijo y continuó, “Yo, que vi en la cara del otro la ausencia
y la muerte que no son mas que la misma cosa”. Muerte… había querido
escribir maldad, pero la mano dibujo muerte
sobre el papel, tal vez porque era lo único que había. Recordó aquellos últimos
ojos sin vida que vio, aquella mirada fría y vacía, mirando al infinito, a la
nada, mirándolo. Recordó una a una sus propias ausencias y sus mentiras,
aquellos acuerdos tácitos con él mismo para hacer más llevadera su miserable existencia.
Ahora sí era sincero. Miró a su alrededor y vio la oscuridad que ya había
ganado todo el espacio. Aquel cuarto sin luz era el mundo, era su mundo, negro
como la noche, oscuro como sus pensamientos. Afuera solo quedaban cadáveres
putrefactos, olores nauseabundos, cuerpos de niños mutilados, gusanos comiendo
la carne muerta de otros gusanos. Las ruinas de una ciudad arrasada por la
esencia misma del humano. El humano, el ser humano, la esencia misma de lo
humano, la nada misma del ser. Aquel papel sucio y garabateado era la única prueba
de su existencia. Ya no había destino para aquellas palabras, un poema nacido
sin vida, un cuerpo flácido parido en las peores de las condiciones. Se levantó
con dificultad, como para acomodar sus ideas, sus harapos inefables desprendían
un olor fétido en cada movimiento. El techo era bajo y no lo dejaba erguirse
por completo, respiraba débilmente a través de una especie de barbijo ya que la
polución había convertido el oxigeno en veneno. Se sentía como respirar dentro
de un mar de brea, espeso e imposible.
Afuera el viento soplaba con furia contra
los escombros de una vida olvidada. Él, por curiosidad o tal vez por nostalgia,
se asomaba por la pequeña ventana cada tanto, mientras esperaba que su propia
muerte acabara con ese infierno. Sobre sus hombros pesaba la carga de ser el
último de su especie, el último humano sobre aquel ladrillo hueco arrojado a la deriva. Ahora podía
compartir la frialdad de aquel viaje, la desolada experiencia de ir ya sin
rumbo sobre la nada inabarcable. “Yo,
que conocí la primavera… yo, que conocí el nombre de cada flor” recordó al
ver la sofocante oscuridad del afuera, tan idéntica a del adentro. Una tos
intensa lo sacó de la contemplación ahogándolo con una especie de mucosidad proveniente
de sus pulmones. Expectoró sobre su mano algo oscuro y espeso que luego limpio
en sus harapos. Entre los papeles indescifrables tirados sobre el suelo,
asomaba una fotografía bastante arruinada y antigua, una imagen fija de esas
tomadas mecánicamente por aquellos aparatos de impresión lumínica. Él la tomó y
la limpió sobre su manga. La imagen lo mostraba de pequeño mirando un río, a su
lado, su madre sostenía su mano. Era una escena típica de verano, el sol, ese
dios ausente, dibujaba un brillo melancólico sobre las figuras. Él acarició
aquella imagen con sus dedos mugrientos y gastados. Intentó aferrarse a esa
imagen, se mintió anécdotas de aquella época, se juro recordar cierta música de
fondo. Intento sentir nuevamente el olor de esa figura a la que él llamaba mamá,
pero el olvido, ese lobo hambriento, había arrasado con todo sin ningún
miramiento. Apretó fuerte la foto contra su pecho y sintió sus
ojos humedecerse. Su corazón empezó a galopar fuerte, libre, como si aquel
chico de la foto buscara abrirse paso a pesar de lo oscuro, a pesar de los lobos
y del tiempo, a pesar de todo. Su cuerpo cayó al suelo tan muerto como antes,
inmóvil, el otoño mismo de todo sentimiento. Su cadáver fue devorado por la
oscuridad del cuarto para siempre. Por la ventana comenzaban a filtrarse los primeros
ruidos de una nueva mañana. La gente, poco a poco, comenzaba a poblar las
calles con sus viejas ilusiones intactas. El sol se elevaba lento, majestuoso y
sistemático sobre las indiferentes calles de Buenos Aires.
Lucas Itze.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES
SOBRE WALL-E
“Hemos tenido suerte. No quedan más cohetes. Ya es
hora de que sepan que esto no es una excursión de pesca. He ido demorando el
momento de decirlo. La Tierra
ya no existe; ya no habrá viajes interplanetarios, durante muchos siglos, quizás
nunca. Aquella manera de vivir fracasó, y se estranguló con sus propias
manos...” Es el año 1950 y Ray Bradbury
nos cuenta eso en boca de William Thomas,
en el capítulo El picnic de un millón de
años, el último de sus Crónicas
Marcianas. La historia está contada entre los años 1999 y 2026. No acertó
en cuanto al tiempo pero vamos camino a eso. El futuro siempre es oscuro. El
hombre es un ser destructivo por naturaleza. Y nuevamente vienen estas palabras
de Stanley Kubrick como ese reflejo
“Si el hombre simplemente se sentara y
pensara en su fin inmediato y en su horrible insignificancia y soledad en el
cosmos, seguramente se volvería loco, o sucumbiría a un entumecido o soporífero
sentido de inutilidad. Porque, podría preguntarse: ¿por qué debería molestarme
en escribir una gran sinfonía o luchar para ganarme la vida, o incluso amar a
otro, cuando no soy más que un microbio momentáneo en una mota de polvo dando
vueltas por la inmensidad inimaginable del espacio?”. Es parte del mensaje
desesperanzador que llevó luego a la pantalla grande con una de sus obras
maestras: 2001: Odisea del Espacio.
Contrariamente, Bradbury en ese mismo libro pero en el capítulo Aunque siga brillando la luna
reflexionaba “¿Para qué vivir? La respuesta era la vida misma. La vida era la
propagación de más vida, y vivir la mejor vida posible.” Así, pese a que
todo se veía negro, llevaba un mensaje de esperanza.
Y por esa misma sintonía
nos transporta Andrew Stanton, co
guionista y director de esa maravilla de Pixar
que es Wall-e. Una vez más, la
compañía logra superarse a si misma. Estamos en el año 2800 y la Tierra sólo es un cúmulo de
chatarra. Allí sólo habita el robot Wall-e, el último limpiador de basura que
queda (además de una compinche cucaracha). Estamos ante un guión lineal
(firmado por Stanton y Jim Reardon) construido con los tres
actos aristotélicos. El film estará dividido en dos partes bien diferenciadas. El
film arrancará con una canción clásica del cine musical mientras la cámara
sobrevuela una ciudad en ruinas. Los primeros minutos servirán para conocer a
Wall-e, su vida dentro de ese planeta inhabitado, su trabajo, su curiosidad y
sobre todo, su soledad. Sentiremos empatía instantáneamente. Tendremos más de
media hora casi sin diálogos, y estarán ahí los homenajes a Buster Keaton, y especialmente, a Charlot, ese entrañable e inocente
personaje de Charles Chaplin. Estará
representado su clásico Luces de ciudad
y también estaremos en presencia de ciertos aspectos de Tiempos Modernos, aunque eso vendrá en la segunda parte del
metraje. Tanto la animación como la fotografía serán de calidad sobresaliente.
La paleta de colores pasará de esos colores sepias y marrones del comienzo para
pasar a un tono más rosáceo cuando aparezca EVE, las siglas de Evaluador de Vegetación Extraterrestre
(EVA/Alienígena en español), una robot mucho más actual enviada a buscar vegetación
sustentable.
La segunda parte del film será de colores más fríos, sobretodo por
la tonalidad de azules elegida para las situaciones fuera del destruido planeta
Tierra. El maestro Roger Deakins (el
colaborador de los Hermanos Coen)
fue uno de los asesores con la iluminación. Volviendo a lo anterior, la primera
parte del film será una obra maestra. Habrá poesía en cada imagen. Nos hará
preguntarnos como un simple robot animado nos puede emocionar tanto. Y ahí
entonces entenderemos a Wall-e cada vez que mira la escena del musical Hello, Dolly antes de irse a dormir,
con esa canción (Put On Your Sunday Clothes, que es la que abría el film)
sonando en su cabeza. La película tendrá guiños a muchas obras clásicas de
ciencia ficción. No faltarán Bradbury,
Ballard o Isaac Asimov. Y estarán presentes, además del mencionado Chaplin,
los homenajes a Odisea en el Espacio
(hasta suena Así habló Zaratustra de Strauss), Alien (Sigourney Weaver es la voz de la nave Axioma) o Star Wars (en la semejanza de algunos
robots). En cuanto a los planos, Stanton citó a Gus Van Sant como una clara influencia para crear intimidad en el
acercamiento de cámara. El giro dramático del film aparece cuando Wall-e
encuentra una planta, lo que lleva a EVE a llevarla a la nave desde donde vino
para su investigación. El, enamorado, la seguirá y allí comenzarán las andanzas
que nos llevarán a esa segunda parte de la que venimos hablando. Serán completamente
diferentes. Ella será astuta y él será tímido y asustadizo. Ella sólo buscará
cumplir con su trabajo y él no perderla. Entraremos en ese crucero
intergaláctico donde todo será igual.
Como si un planeta destruido no hubiese
sido demasiada crítica sobre el poco cuidado del medio ambiente, Stanton irá
por más y lanzará otro ataque hacia la humanidad. Los hombres que habitarán ese
mundo casi no harán contacto visual entre ellos y estarán mimetizados a través
de pantallas. Esos hombres y mujeres obesos casi no caminarán sino estarán todo
el día en sillones, durmiendo o ingiriendo todo tipo de alimentos a través de
vasos con comida procesada. Será una sociedad aburguesada y completa de
comodidades, en las que el deseo casi ha desaparecido. La aparición de la
planta como sinónimo de vida y la de Wall-e nos llevarán a conocer al Capitán Mc Crea que entiende que hay
que volver a la Tierra. Y
allí irán otra vez a buscar un nuevo origen para la humanidad. Tendrán que
aprender nuevamente a caminar y a labrar la tierra para que vuelva a crecer la
vegetación. Entonces recordaremos las palabras del personaje de Crónicas
marcianas: “Estamos solos. Nosotros y
algunos más que llegarán dentro de unos días. Somos bastantes para empezar de
nuevo. Bastantes para volver la espalda a la Tierra y emprender un nuevo camino...” Estos
en cambio volvían a dicha Tierra pero todo sabemos que tarde o temprano, el
futuro será el mismo...
Marcelo De
Nicola.-
Canción post
impresiones
UNIVERSO PIXAR
La historia de
Pixar arrnca en los años ´70. Los antecedentes de Pixar se remontan a 1974
cuando Alexander Schure, fundador
del Instituto de Tecnología de Nueva York y propietario de un estudio de
animación, creó el Computer Graphics Lab
con el afán de producir la primera película animada por computadora en la
historia del cine. Pero el proyectos tuvo problemas financieros y dos de sus
empleados (Alvy Ray Smith y Ed Catmull)
se integraron a LucasFilm, la
compañía de George Lucas para
trabajar en el área de Graphics Group y así crear efectos visuales para sus
películas y software de animación para otras producciones. Un tiempo después se
sumó un joven llamado John Lasseter
(formado en Disney junto a Tim Burton o Brad Bird) quien tenía la
intención de realizar la primera película animada por computadora de la
historia. El equipo creó un hardware con gran poder computacional capaz de
crear imágenes de alta resolución, al que llamó Pixar Image Computer. En 1984 llegó el cortometraje Las aventuras de André y Wally B,
dirigido por Smith y animado por Lasseter, la historia de un androide llamado
André, en un homenaje a Mi cena con
André de Louis Malle, este es considerado el primer corto de Pixar, aunque
sea para Lucas Films. Pero como a George Lucas no le interesaba la animación, en
1986 aprovechó una crisis financiera para venderle su producto a alguien que sí
estaba interesado: Steve Jobs. Ese
año sale el cortometraje Luxo Jr, la
historia de dos lámparas de escritorio que se terminaría transformando en la
imagen de Pixar. Obtiene su primera nominación al Oscar a mejor cortometraje.
En 1988 llega Tin Toy, la historia
de un juguete que se tiene que esconder de un bebé que rompe todo, donde logra
el Oscar a mejor corto de animación y le da una idea que sería furor años
después.
Ya estaban en la empresa Peter
Docter y Andrew Stanton, dos
recién graduados. Para 1991 la asociación era un hecho: Pixar produciría tres
largometrajes animados y Disney se ocuparía de la distribución y la
comercialización. Mientras tanto, Pixar, en su lucha por no desaparecer,
continuaba ofreciendo servicios de software y trabajando en animaciones para
comerciales. Pero Pixar podría sacar adelante su gran hito. La primera
presentación del proyecto terminó en fiasco. Se paralizaba la historia.
Lasseter pidió tiempo. Luz verde y estreno en el fin de semana de Acción de
Gracias de 1995. 350 millones de dólares de recaudación en todo el mundo...
Hablamos de Toy Story, la primera
película digitalmente animada de la historia. El resto es historia conocida,
luego vinieron Bichos, una aventura en
miniatura, Toy Story 2, Monsters, Inc, Buscando a Nemo, Los Increíbles y Cars,
hasta que en 2006 Disney adquiere totalmente la compañía. Los títulos seguirían
llegando y cada vez eran mejores: Ratatouille, Wall-E, Up, Toy Story 3, Cars 2,
Brave, Monsters University, Intesa-mente, The Good Dinosaur, Buscando a Dory,
Cars 3, Coco, Los increíbles 2, Toy Story 4, On Ward, Soul y Luca, lo
último que se ha estrenado. Han logrado 11 Oscars y 10 Globos de Oro, aunque lo
más importante sigue siendo que grandes y chicos sigan adorando sus personajes.
FICHA TÉCNICA
Título original:
WALL•E
Año: 2008
Duración: 103
min.
País: Estados
Unidos
Dirección: Andrew
Stanton
Guion: Andrew
Stanton, Jim Reardon. Historia: Andrew Stanton, Pete Docter
Música: Thomas
Newman
Fotografía: Animación,
Jeremy Lasky, Danielle Feinberg, Martin Rosenberg
Varsovia. Un
taxista está lavando su coche. Jacek, un joven campesino de mirada turbia, vaga
por la ciudad. Piotr, un estudiante de derecho, se prepara para hacer su último
examen. Sus destinos se cruzan cuando Jacek coge un taxi para ir a los
suburbios de la ciudad, donde asesina brutalmente al taxista golpeándolo con
una piedra. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
La mirada
perdida esquivaba cualquier contacto visual. La ropa se había convertido en
harapos que deambulaban entre su delgado cuerpo. ¿A dónde se fueron esas
sonrisas de cristal? La última imagen estaba ahí, nítida... El olor a sangre
cada tanto aparecía de repente. El suspiro final todavía podía sentirse. El
humo del cigarrillo mezclaría luego todos los olores. ¿Cuándo sucedió todo? Las
preguntas se acumulan en los pasillos de la memoria. La muerte siempre estuvo
ahí. Cercana. Distante. En ese caballo de campo sacrificado porque no podía
correr más. En esa hormiga aplastada por unas zapatillas desvencijadas. En esa
joven a la que le arrebataron los sueños y se transformó en la cara de muchas de
ellas. En esa marcha que terminó con vidas que fueron a pedir justicia. En esa
bala perdida de algún borracho en Navidad. En esa señora que cruza la calle sin
imaginar que será la última vez. En ese joven que no se dio cuenta que discutir
a veces no vale la pena. Pero ahí estabas vos y en el éxtasis del momento, la
locura te envolvió por completo. Una reacción. Sólo un golpe. Y dos vidas que
se apagaban de distinta manera. Ahora queda solo transitar un pequeño pasillo.
El Estado se convertirá también en verdugo y se vestirá con tus mismas ropas
harapientas en nombre de la justicia. Y serán semejantes, ambos asesinos pero
con distinta investidura. Porque la muerte para ellos es sólo un trámite más. Y
el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, porque nadie podrá
salir limpio quienes estén en el fango gritando No matarás.
Marcelo De
Nicola.-
Canción elegida
para la editorial
IMPRESIONES SOBRE NO MATARÁS
Ser humano no es
nunca una tarea fácil. El ser humano, aquel animal que habla y por ello también
es hablado. Subyugado enteramente bajo las fauces de un lenguaje impuesto, el
peor de los virus, la piedra más pesada. Marx
lo nombra como aquel animal que trabaja
y lo piensa como el ser produciendoen su organización del trabajo con el otro.
Entender entonces al humano es pensarlo en función de un entramado inmenso de
poder cuyo objetivo final no es otro sino la organización propia del trabajo.
El gran conflicto que encontrará Marx
es que el ser ejerce un trabajo que no elige, que lo realiza para sobrevivir,
el cual por ende no corresponde a su deseo, entonces el ser no se desarrolla jamás como humano. Si no hay desarrollo posible de ningún tipo entonces todo
lo que hagamos carece de cualquier sentido. De todos modos, la ilusión de
libertad siempre baila en cada descuido seduciendo la torpeza de nuestros
sentidos. Aspiramos a ser libres, pero la libertad angustia. El hombre, bien
sabemos, es pura posibilidad lo que implica claro una doble trampa, primero
aquella construcción ilusoria de poder elegir algo, de ser libre de realizar
aquel acto y segundo la obligación ineludible de tener que hacerlo. Nadie
escapa a elegir. Nuestra historia quizás no sea otra cosa que el conjunto de aquellas
elecciones. Elegir es siempre una negación. Optamos por esto o aquello y en ese
mismo instante negamos aquello otro. Optamos por estudiar medicina negando un
futuro de futbolista profesional. Elegimos hacer el bien, negando aquello que
la moral indica que es el mal. Entender esta dinámica, cuestionarla y hacerla
consciente angustia, y esta angustia es objeto directo de nuestra condición
humana finita.
El ser humano es un ser para la muerte decía Heidegger. Un ser para la muerte es un
ser para la nada, y si todo conduce a la nada, entonces nada tiene sentido. La
angustia es resultado y consciencia de que no hay escape, de que no hay salida
alguna. De nada sirve ocuparnos, enamorarnos o hasta relacionarnos, porque en
el fondo todo es nada, y esa nada es lo que angustia. Huir de la cotidianidad nos aconseja a los gritos un amigo. Huir de
lo cotidiano porque allí está la trampa, allí es donde el plan opera. Lo
cotidiano nos convence de alguna manera de que podemos realizarnos en sus prácticas,
en sus instituciones, en los vínculos que propone, pero todo esto no hace más
que postergarnos y esconder que al final todo se desvanece. Hay una molestia
constante que vive en la muerte misma de cada sonrisa. Una sensación de vacío
que nos acompaña y no deja completarnos, colmarnos, sentirnos plenos. Lo que
molesta es la nada, somos esa molestia, somos la nada. La angustia nos devuelve a ese estado originario y
primitivo donde todo se vuelve improductivo. La angustia es improductiva y nos
detiene. Nos saca del mundo de vanos objetos donde estamos arrojados, esos
objetos que hacen lo posible para que aquella sensación se disipe y así
olvidemos, por fin, nuestra desesperante condición. A Short Film About Killing (No matarás), película del polaco Krzysztof Kieślowski, está narrada por
personajes conscientes de esta angustia e invadidos fatalmente por una culpa
insoslayable.
Sus personajes estarán abrumados por un hastió insoportable que se
representará maravillosamente por la
pesada fotografía del film. La imagen que usará esta historia como lenguaje será de las más
perturbadoras y particulares que este quien les habla haya visto nunca. Uno
puede remitirse a varios films para describirla, pero todos quedaran a mitad de
camino, hasta quizás los más experimentales. La dirección fotográfica trabajará en la secuencia inicial del metraje sobre la idea
de la muerte, la idea profunda de la ausencia de cualquier futuro. El punto de
vista estará siempre atravesado por algo más. Primero un vidrio, luego un
espejo. Nunca será un punto de vista directo. Decía el propio director lo
siguiente: mi problema no es dónde poner una cámara, sino por qué. Los planos con los que
esta historia audiovisual está construida responden todos a ese por qué. Flotará por cada situación visual planteada esta idea de angustia,
elección,
muerte
y nada
desarrollada al comienzo de esta charla. Habrá una intención por marcar un
punto de vista puntual difuminando los vértices del cuadro. Se trabajará con
una paleta de colores sobre el sepia, con tonalidades duras disminuyendo la
ratio cromática al mínimo. Todo será una cosa o la otra, nada habrá en el
medio. Muchas veces los personajes accionarán desde la espesa oscuridad dando protagonismo al background de la imagen. En otras
oportunidades todo será oscuridad y la visión estará concentrada en el centro
mismo del cuadro. El relato narrará
tres historias aparentemente separadas que se cruzaran por un crimen absurdo.
Se desarrollará la historia de un taxista mal llevado, la de un abogado recién
recibido y la de un joven problemático que pareciera haberse escapado de algún
film de François Truffaut. El joven matará
y allí se producirá el punto de encuentro. Aquello que pareció azar se
convertirá luego en un sinuoso camino cuya dirección estará guiada por la
culpa, a veces manifiesta y otras inconsciente, y el intento de lidiar con
ella. El joven Jacek será
sentenciado a muerte y agregara allí, a último momento de su vida (que casi
coincidirá con el narrativo) una ficha importante que resignificará todo, su historia. Hablará de la muerte de su
hermana y se preguntará si las
cosas hubiesen resultado de la misma manera si él hubiera evitado su accidente.
Pondrá de manifiesto con aquel simple cuestionamiento la causalidad de la génesis del crimen, su propia dinámica. La culpa y
sus consecuencias quedarán expuestas.
Jacek acumulará culpa de manera
dosificada durante todo el film. Lo hará en la escena del café cuando ve a las
dos chicas y les sonríe, quizás acordándose de su hermana, pero a pesar de eso mancha
la vidriera dejando en evidencia aquella otra mancha de la que él es parte. Sumará
culpa y maldad cuando tira la piedra a la autopista o cuando espanta adrede las
palomas de la plaza. Esta misma dinámica se repetirá en el taxista, al cual se
lo ve en todas las circunstancias planteadas por el guionista actuando maliciosamente,
despiadadamente. El abogado en cambio vive su culpa por ser parte de un aparato
judicial y estatal que está en decadencia y del cual evidentemente descree y
hasta odia como sugiere al final del film. Un aparato punitivo que castiga un
asesinato efectuando otro. Kieślowski
planteará desde el comienzo de su
relato un puñado de personajes que tomarán decisiones que parecerán ser
azarosas. Decisiones que traerán consecuencias angustiosas y que no harán más
que demostrarnos nuestra espantosa condición frente a lo ingobernable. Nuestro
carácter finito en este absurdo viaje hacia la nada.
Lucas Itze.-
Canción post impresiones
UNIVERSO KIESLOWSKI
Nacido en
Varsovia, durante la ocupación alemana de Polonia el 27 de junio de 1941. Por
la enfermedad de su padre (tuberculosis), de niño se trasladaba de ciudad en
ciudad. Luego de terminar sus estudios, quiso ser bombero pero a los meses dejó
el curso. Empezó a estudiar teatro donde su tío era el director. Allí comenzó
como vestuarista de actores renombrados de la época. Luego ingresó en la Universidad de
Cine de Lödz donde se graduó en 1970. La carrera cinematográfica de
Kieślowski comenzó en 1966 con dos cortos de estudio: The Tramway,
que cuenta la historia de un joven que persigue el vehículo del título y The
Bureau, que es una sátira de la burocracia. En 1967 dirige Concert
de vœux, un cortometraje sobre una salida de la empresa al campo, y en 1968
firma el documental Le Photographer. Su tesis final titulada De
la ville de Łódź, escrita en 1969, está dedicada a la vida cotidiana de los
habitantes de Lodz. Kieślowski pasó los primeros años de la década de 1970
realizando documentales sobre la sociedad polaca contemporánea en los que
enfatizaba aspectos de la realidad a través de elecciones de edición, sonido y
filmación, que insinuaban los engranajes implícitos del sistema y los
sentimientos profundos de los individuos. “Lo que me interesó en Polonia durante la década de
1970 fue el mundo no representado. Quería describir este
mundo. ". En
esos años siguieron los documentales como L´Unsine, Antes del Rally, Le
Refrain, y The Workers of 71. Casi todos dedicados a la mirada de los
obreros. Su primer film de ficción fue el mediometraje Paso Subterráneo en
1974, la película es un profundo estudio sobre el comportamiento humano y las emociones
derivadas de la ruptura de una gran historia de amor. Luego de una serie de
documentales, llego su primer largometraje para TV: Personnel, que
cuenta la historia de Romek, un joven idealista de 19 años, encuentra trabajo
como sastre en el departamento de vestuario de una compañía de teatro de
Varsovia. A ellos le siguieron otros film de crítica social como La
cicatriz, El amateur (sobre un obrero que descubre en una cámara súper
8 una herramienta para visualizar el mundo) y La Calma, que lo empiezan
a hacer reconocido en su país y en otras partes del mundo.
En los ´80
dirige films como Un corto día de trabajo, Chance, Endless o El
azar. A fines de esa década llegaría el momento donde se convierte en uno
de los más importantes directores de su generación, gracias a la filmación
de El Decálogo, hecha para la TV: se centra en unos residentes de un complejo
residencial, en la Polonia del
comunismo tardío, cuyas vidas están sutilmente entrelazadas. Irán encontrando
dilemas emocionales tan profundamente personales como universales. Son diez
episodios y cada uno de ellos está basado en uno de los diez mandamientos y
están vinculadas por la música creada por Zbigniew Preisner. Dos de
esos films fueron presentados como largometrajes: No Matarás que logra premios
en Cannes y en el Cine Europeo y Una película de amor que gana en San Sebastián.
En
los ´90 dirige la coproducción franco-polaca La Doble vida de
Verónica, que es una historia metafísica sobre dos mujeres idénticas que
viven en Polonia y Francia, ambas interpretadas por Irène Jacob.
Otro film que fue reconocido en varios festivales. Su próximo proyecto fue la
saga Tres Colores: basados en los colores de la bandera de Francia
(azul, blanco y rojo) y que cada una represente los lemas de la Revolución Francesa: Libertad,
Igualdad y Fraternidad. Las tres películas son un éxito de crítica y
público. En la conferencia de Rouge, la última parte de la trilogía,
anuncia que se retira del cine: “Rodar es para mí un estrés
demasiado pesado, demasiado desproporcionado en relación con la satisfacción
que proporciona. El placer de hacer una película es muy caro, demasiado caro” fue
una de sus frases. Quería dedicarse a la enseñanza y a la escritura de guiones.
Tenía pensada una nueva trilogía (Heaven, Hell, Purgatory) pero en 1995
empezó con problemas cardíacos frecuentes. Su vida se apagó el 13 de marzo de
1996 luego de una cirugía cardiaca con solo 54 años. Quedaron dos guiones que
luego se convirtieron en películas dirigidas por otros directores. En 2002 el
alemán Tom Tykwer dirigió Heaven, que sería la
primera parte de la fallida trilogía. La segunda fue dirigida por Danis
Tanovic y se llamó L´enfer. Ninguna de las dos recibió
buenas críticas pero el director polaco dejó un legado enorme, que hoy se ve en
el cine europeo, como Cristian Mungiu, Nuri Bilge Ceylan y los
directores polacos que lo siguen homenajeando hasta estos días.
FICHA TÉCNICA
Título original: Joel
Año: 2018
Duración: 99 min.
País: Argentina
Dirección: Carlos Sorin
Guion: Carlos Sorin
Música: Nicolás Sorin
Fotografía: Iván Gierasinchuk
Reparto: Victoria Almeida, Diego Gentile, Joel
Noguera, Ana Katz, Gustavo Daniele, Emilce Festa
Cinta británica
independiente. Durante las vacaciones de verano de 1983, Shaun, (Thomas
Turgoose), un niño solitario cuyo padre ha muerto en la guerra de Las Malvinas,
es adoptado por un grupo de cabezas rapadas (skinheads). Con sus nuevos amigos,
Shaun descubre las fiestas, su primer amor y las botas Dr. Martens. Uno de sus
amigos es Combo (Stephen Graham) un skin racista que acaba de salir de la
cárcel. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Entender al ser
nacional es aceptar un conjunto común de cualidades que comparten un grupo de
personas bajo una misma circunstancia. Entender al ser nacional es aceptar la
construcción de un conjunto de valores, un conjunto de estéticas y de
costumbres que pretenden nombrarnos y definirnos. Que pretenden convocarnos en
una unidad que nos designe, nos categorice y nos oponga. Si el somos
es ser,
eso indica entonces que hay un otro.
Un otro que es todo aquello que el ser nacional no es. Una otredad hostil
y por cierto siempre inabarcable, inaprensible e inconquistable. Entendiendo de
esta manera entonces que hay un ser
que esta siendo al que se le opone un
otro inalcanzable, ese otro cuya
esencia es comparable a la de una isla solitaria e incomunicada reflejándose
incansablemente como un espejo obstinado, cómo entonces, me pregunto, es que el
ser puede derivar en un ordenado y
prolijo somos, en un somos acumulativo que lo contenga. Cual
será la mano autoritaria y feroz que desaparezca de un solo movimiento aquellas
aristas que nos diferencian. Junto a que hojas muertas se barrerán nuestras
individualidades, quién será aquel que apagará los colores para ofrecernos un
arcoíris monocromo.
El somos es el
grito desesperado del miedo. El somos,
al igual que todo idealismo, tiene
como condición fundante el asesinato mismo de la lógica y de la razón humana.
Toda doctrina idealista es opresora y explotadora. El poder se organiza en la
palabra y entonces nos nombra. Y es bajo aquel nombre que peleamos las luchas que
otros provocan. Bajo aquel nombre nos emocionamos y hasta conocemos usando los
valores y categorías que esos mismos otros crearon por nosotros. El somos nos oculta bajo las sombras de la
masa que nos marca el paso y nos convida con aquel dulce licor de la
pertenencia en medio de un océano infestado de terribles soledades y ausencias.
Pertenecer tranquiliza y quita penas. Pero no queremos soluciones sino
problemas. Preferimos las individualidades a los fríos gentilicios. Preferimos
el mundo a las fronteras y nuestros propios errores a las locuras impuestas.
Optamos siempre por la aventura revolucionaria de aquel cambio de paradigma en
donde el otro es nuestra propia patria. Optamos por ser, negando
siempre aquello que dicen que somos.
Lucas Itze.-
Canción elegida
para la editorial
IMPRESIONES SOBRE THIS IS ENGLAND
Sin dudas, los
primeros años de un niño son los más importantes. Allí empiezan a relacionarse
y absorber conocimientos con mayor naturalidad. Son esas enseñanzas las que
nunca olvidan. Luego llegará el colegio y por consecuencia, las amistades. Pero
también los conflictos. Muchos son los inconvenientes que pueden tener en esos
jóvenes años. El status social, los cambios en el cuerpo, los problemas
familiares, todo puede ser una sumatoria de cosas que terminan,
indefectiblemente, en el bullyng. Es entonces cuando empiezan a florecer
ciertos miedos y también la soledad como fiel compañera. Y cuando uno está con
las defensas bajas, cuando uno es invisible a los ojos del resto, una pequeña
palmada en la espalda puede transformarse en algo vital y ser el fruto de una
nueva etapa. Aunque también puede ser un cambio radical. En carne propia eso lo
vive Shaun,
el joven protagonista de This is England,
la cinta de Shane Meadows.
Ambientado en el año 1983, el film abre con un reggae de Fred Hibbert y sus Toots and the Maytals mientras se ven imágenes
relacionadas a Inglaterra, desde la Reina Isabel y Lady Di hasta violentos
enfrentamientos con la policía.
Una voz (¿Margaret
Thatcher?) será justamente la que aparezca luego de los créditos y oficie
de despertador para el protagonista. Un comienzo con una metáfora encerrada: “un
pueblo dormido que quiere despertar”. Estaremos ante un guión lineal, conformado
por los tres actos aristotélicos que todos conocemos: introducción, nudo y
desenlace. Allí nos enteraremos que el joven es un solitario que sufre la
reciente pérdida de su padre en la
Guerra de Malvinas. Mientras avanza el
metraje nos vendrán a la mente otras obras independiente británicas, como Full Monty, Trainspotting, Billy Elliot
y porque no, el cine social de Ken Loach
o Mike Leigh. Meadows beberá sin
dudas de todos ellos para completar su obra. La película no necesitará planos
grandilocuentes ni técnicas exquisitas. Habrá un gran trabajo de fotografía y
de edición. Notaremos desde el comienzo la especial atención que le puso a la
banda musical. A las composiciones de Ludovico
Einaudi le agregará una gama de géneros y artistas que suenan durante todo
el film. El reggae, el ska, el rock y el punk aparecerán de la mano de artistas
como los ya nombrados Toots and the
Maytals, Lee Perry, The Specials, UK Subs o Clayhill, por nombrar algunos.
Por momentos, cada tema parecerá formar parte de un video musical. Y habrá un
gran trabajo de dirección de actores.
La potente interpretación de Thomas Turgoose, de sólo 12 años, es de
las mejores de los últimos años. Tanto actor como personaje van transformándose
de una manera asombrosa a medida que avanza la curva dramática del film. Lo
veremos reír, enfurecerse, explotar en llanto o ponerse rojo de vergüenza con
la misma facilidad. El solitario Shaun encontrará en un grupo de skinheads
mayores que él una nueva vida. Será por fin tenido en cuenta y se sentirá parte
de un grupo, que sólo busca la libertad. La llegada de un nuevo integrante
llamado Combo, luego de tres años en prisión, pondrá contra las cuerdas ese
grupo y empezarán las diferencias. El director nos mostrará la otra cara del
país, la de un país que también mandó a morir a miles de jóvenes en otra guerra
sin sentido. Un país que se desangraba con una de las mayores tasas de
desempleo de la historia y donde el futuro de los jóvenes era una incógnita. De
ahí a las disputas de las bandas por poder territorial y luego, por poder de
clase, había solo un paso. Y Combo llegó
para arrasar con todo. Encontraremos en su personaje el típico racista de clase
media, que sólo sabe culpar a los demás y ese es el principal peligro de las
mentes nacionalistas.
Será la clara diferencia entre los primeros skins y los
fascistas de la llamada National Front.
También nos mostrará que el racismo no es algo solo de blancos o de
ultraderecha por lo que el director va directo al punto. Quizás no estemos ante
una obra mayor pero Meadows apela a la sinceridad y a la crudeza del relato. Y
cuando nos queramos acordar, nos pasará como a Shawn. Ya no habrá risas sino
llanto. El juego llegó demasiado lejos. Nos quedan entonces las palabras de ese
ejemplo que fue Nelson Mandela. Madiba
alguna vez dijo “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel. La gente
aprende a odiar. También se le puede enseñar a amar. El amor llega más
naturalmente al corazón humano que lo contrario”. La realidad nos da
otro cachetazo cuando hoy vemos que todo eso puede volver a pasar, fogoneados
desde ciertos medios y sectores de la sociedad. El final vendrá con ese
homenaje a Los 400 golpes de Truffaut, con Shawn mirando el mar, quizás en ese
horizonte encontremos la esperanza de ese futuro mejor que tanto anhelamos.
Marcelo De
Nicola.-
Canción post
impresiones
UNIVERSO MEADOWS
Shane Meadows
nació el 26 de diciembre de 1972 en Uttoxeter , Staffordshire . En 1982, su
padre Arty, un conductor de camiones, descubrió el cuerpo de una niña llamada
Susan Maxwell. Este fue inicialmente sospechoso hasta que finalmente se reveló
que el asesino fue Robert Black, uno de los pedófilos y asesinos en serie más
famosos del Reino Unido. Shane era intimidado en la escuela cuando habían
involucrado a su padre, por lo que esa etapa lo marcó a fuego y lo llevó al
cine en diversas cintas. Empezó luego a estudiar artes escénicas, donde conoció
a Paddy Considine, con quien
forjaría una gran dupla más adelante y con quien armó una banda de rock en ese
momento llamada She Talks to Angels.
Fue Mean Streets de Martin Scorsese el film que lo inspiró
a convertirse en cineasta “obviamente se trataba de personas que
Scorsese comprendía y con las que había crecido. Fue la primera vez que pensé:
"Tal vez no tengas que hacer una película sobre un género, tal vez puedas
hacer una película sobre tu propia vida". De ahí que mucho de su
cine sea de cosas que vivió de joven. Su primer corto fue en 1996 titulado Where's the Money Ronnie! Ese año lanza
el mediometraje Small Time. Un año
después llega su primer largometraje: 24/7,
con Bob Hoskins como un hombre que
decide abrir un club de boxeo en un barrio marginal para ofrecer una salida
digna a los jóvenes con problemas de drogas y delincuencia y afrontará
situaciones muy conflictivas. El film fue premiado en Venecia y le dio a Hoskins el premio a mejor actor del cine
europeo. En 1999 llega A Room for Romeo
Brass, una comedia sobre dos amigos de doce años que tiene que lidiar con
un excéntrico y peligroso personaje que está enamorado de la hermana de uno de
ellos. En 2002 filma Once Upon a Time in the Midlands, con Robert Carlyle como protagonista de un
triangulo amoroso en un pequeño pueblo británico. En 2004 lanzó Dead Man’s Shoes, la historia de dos
hermanos, el menor, con discapacidad mental, de quien se aprovechan los
traficantes de drogas de la zona. El hermano mayor vuelve del ejército en busca
de venganza.
Elegido el mejor film británico. En 2006 llega su film más
reconocido; This Is England, donde
vuelve a lograr el premio a mejor film británico, además de reconocimiento en
diferentes festivales. Su siguiente film es Sommer Town, la historia de dos amigos, uno que vagabundea por la
zona y otro que es inmigrante polaco y se dedica a fotografiar todo lo que
encuentra a su paso. En 2009 llega Le
Donk & Scor-zay-zee, un falso documental en el que vemos las aventuras
y desventuras de Le Donk, músico frustrado interpretado por Paddy Considine, un
habitual en las películas de Meadows. Le Donk, de gira con los Arctic Monkeys, pretende lanzar a la
fama a su amigo Scor-zay-zee (artista en la vida real) al que cree la última
sensación del hip hop.
En 2010 creó la secuela de This is England pero en forma
de miniserie. Estas son ´86, 88’ y ´90, lanzadas en
2010; 2011 y 2015 respectivamente, donde siguen la historia de Shaun, Combo,
Woody y compañía. Las 3 temporadas fueron un éxito de crítica y público y que
cosechó varios premios en su país. En el medio lanza el documental The Stone Roses: Made Of Stone, sobre
la legendaria banda británica. Lo último que ha hecho es otra miniserie, The Vitues, la historia de un hombre
(Stephen Graham) que vuelve a Irlanda para enfrentar sus recuerdos de la
infancia. Solo 4 capitulos que le dieron nuevamente a Meadows el premio a mejor
miniserie de TV y otro gran apoyo de la crítica.
FICHA TÉCNICA
Título original:
This Is England
Año: 2006
Duración: 100 min.
País: Reino Unido
Dirección: Shane Meadows
Guion: Shane Meadows
Música: Ludovico Einaudi
Fotografía: Danny Cohen
Reparto: Thomas Turgoose, Stephen Graham, Jo
Hartley, Andrew Shim, Vicky McClure, Joseph Gilgun, Rosamund Hanson, Andrew
Ellis, Perry Benson, George Newton, Frank Harper, Jack O'Connell, Kriss Dosanjh
El banquete está
listo. Los comensales se irán situando depende el orden de jerarquía. En una
punta de la mesa los veremos a ellos, sabios burgueses empilchados con suaves
pieles degustando vinos añejos. En la otra punta estarán los hazmerreíres del
poder. Ellos, amontonados unos al lado de otros, esperarán las sobras, que
llegarán cuando ya no haya más nada alrededor. La carta será piramidal. No
todos pueden probar las mismas delicias, no vaya a ser cosa que cierta gente
entienda un poco de comida gourmet. En ese sector donde abundan vestidos de
etiqueta y trajes a medida, también se escucharán voces por lo bajo, secretos
que no pueden ver la luz. Habrá sonrisas de cotillón y unas marcadas risas
artificiales. La naturalidad vendrá desde la otra punta. Allí no necesitarán
champañas francesas ni aromas sutiles. Allí habrá deseo, habrá corazón, habrá
empatía. Todo será de todos. Compartirán lo poco que les llega y brindarán
esperando una buena porción mientras los rufianes se autocomplacen.
Unas
carcajadas invadirán la armonía. Romperán la monotonía de esas charlas donde el
único problema es como repartirse la torta. Y molesta esa naturalidad. “El
burgués es el hombre que puede ya sentarse a descansar” dijo una vez Víctor
Hugo. Porque así piensan. Sólo ellos tienen derecho al descanso como si fueran
los únicos que trabajan. Ellos que te quieren aplastar para no permitir que
disfrutes de unas vacaciones o elijas comer en el mismo restaurante. Allí
estarán juzgándote depende del lugar de donde seas. Porque algunas cosas se
pueden hacer en unos lugares pero en otros no. Y no les entra en la cabeza que
puedan recorrer el mundo o divertirse de la misma forma que ellos. Hasta que un
día se cambien los lugares en la mesa. Y serán ellos quienes quedarán en el
fondo, peleándose en el lodo. Y brindamos para que llegue ese día, cuando la
alta sociedad, se transforme, como dijo Andrés, en Alta Suciedad.
Marcelo De
Nicola.-
Canción elegida
para la editorial
IMPRESIONES SOBRE EL COCINERO, EL LADRÓN, SU MUJER Y
SU AMANTE
La advertencia
la había dado Brecht hace ya un
tiempo. El poeta con deslumbrante acierto sentencio que No hay nada más parecido a un
fascista que un burgués asustado. La moral burguesa es aquella que se construye sobre un sistema que
busca evitar riesgos, que se esfuerza apasionadamente en neutralizar cualquier
contratiempo o problema. Gran parte de sus esfuerzos están destinados a la
realización de acciones concretas diseñadas con el único objetivo de alejarlos
de cualquier peligro. La apuesta burguesa siempre es cautelosa y bien lejana a
cualquier riesgo debido a que su preocupación está dirigida siempre sobre la
prosperidad y jamás sobre el honor. Las soluciones
son prosperas, los problemas no.
Arriesgar poco para asegurar alguna victoria por menor que esta sea es la
estrategia del pequeño burgués. Arriesgar poco para ganar poco, aquello es por
lo que brindan los muchachos del bar de enfrente. Los que esta mesa ocupamos, y
esto lo hemos señalado en otras oportunidades, nos declaramos siempre a favor
del conflicto caótico que del problema
surge. Preferimos así perder de verdad, jugándolo todo sin ningún reparo antes
que vivir la comodidad que ofrece la más común de las mentiras. El mundo está
pensado para el burgués no para el que arriesga su vida según dicta la moral
heroica.
En este mismo sentido vale decir entonces que el mundo del arte y el
del pensamiento están estrictamente regidos por las leyes del caos, del riesgo
y de los problemas. Es el artista el que ve el problema allí donde todos juran
haber visto una solución. Es su propia vida la que arriesga al desafiar a la
estética, al desnaturalizar conceptos impuestos y llevarlos a una instancia
superadora, al encontrar una relación que antes no existía, al desestabilizar
con una pregunta los duros cimientos de las verdades. Vaya que en este país
sabemos que son ellos los que arriesgan su vida, los que lo apuestan todo aun
sabiendo que se irán de aquella mesa sin ningún premio que festejar. En este
bar, las copas que se levantan son siempre por ellos, por sus aventuras que nos
han llenado de problemas nuestra triste existencia. Peter Greenaway ha planteado esta problemática burguesa en su
película El cocinero, el ladrón, su
mujer y su amante. Ya desde la longitud de su título plantea aquel riesgo
del que hablábamos hace solo un rato. De la solución burguesa hubiera resultado
un nombre bien distinto al planteado por el director. Se hubiera pensado tal
vez en evitar la confusión del espectador al recordarlo, la sonoridad al
decirlo, su diseño en los afiches de venta. Greenaway planteó el problema, no la solución. El film expondrá la
idea de acartonamiento y falsedad que la vida burguesa experimenta.
Comenzará
diciendo la verdad al mostrar en los primeros segundos de película una
estructura que se eleva y lleva al espectador al set de filmación donde la
historia se desarrollará. Otra vez la aventura heroica de exponer en una sola
mirada a la mentira. La estructura del relato será completamente lineal y
seguirá con exactitud el desarrollo de los tres actos aristotélicos. La
fotografía será uno de los puntos fuertes del metraje. Trabajará mayormente con
cámaras realizando travellings laterales manteniendo un punto de vista algo
distante que recordará a aquel utilizado al comiendo de la historia del cine
mediante el cual se buscaba simular la visión de un espectador teatral.
Trabajará fuertemente los matices rojos intensos, los verdes esmeraldas y la
pureza inmaculada de los blancos. El guion estará construido sobre la base
tonal del grotesco utilizando
ciertos tintes surrealistas. Habrá
economía de locaciones y de puesta de cámaras. No se dará esto en lo que al diálogo concierne, el burgués hablará
todo el tiempo, no soportará jamás el riesgo ni la tensión que el silencio
ejerce. Por otra parte, claro, estará su antagonista. El hombre de letras y de
libros, el hombre del pensamiento y del silencio. Spica, el burgués, demostrará ser una persona detestable, impune,
con una violencia que por momentos recordará a Alex aquel drugo
protagonista de La naranja Mecánica. Creará poder sobre el miedo que genera.
Destruirá todo sin importar las consecuencias.
Por otro lado, Michael, el hombre de letras, el amante
de su mujer, representará la sensibilidad del artista y arriesgará sin
metáforas de por medio su propia vida por un amor prohibido. Michael sabrá que la apuesta del amor
es siempre una apuesta perdida. Nos demostrará que el amor es siempre entrega y
que no hay beneficio alguno que nos haga prósperos en aquella transacción.
Decía un amigo de esta casa que lo bueno del amor es que es tan maravilloso que
uno quiere que dure para siempre, y eso es justamente lo malo del amor. Allí
estará el capricho burgués de Spica,
la peligrosa pretensión de defender con tiranía un capital y no un amor.
Aparecerá en el film representada la niñez como la única pureza genuina a la
cual se buscará someter sin llegar a lograrlo. La película estará cargada de
imágenes fuertemente metafóricas, de intensos simbolismos que buscarán muchas
veces el impacto visual, el dramatismo pictórico. Greenaway se arriesgará completo en este relato audiovisual y eso
es después de todo lo que hacen los buenos artistas. Formularnos grandes
preguntas para deconstruir pequeñas verdades.
Lucas Itze.-
Canción post
impresiones
UNIVERSO
GREENAWAY
Nacido en Newport, Reino Unido el 5 de abril de
1942, su primera formación se dio en las artes plásticas, más precisamente en
la pintura, algo que lo acompañaría a lo largo de su filmografía. Poco a poco
empezó a interesarse por el cine europeo, más precisamente en directores de la
talla de desarrolló un interés por el cine europeo, particularmente por las cintas
de Michelangelo Antonioni, Ingmar
Bergman, Jean-Luc Godard, Pier Paolo Pasolini y Alain Resnais. En 1962
inició estudios en el Walthamstow College of Art, donde compartió cursos con el
músico Ian Dury con quien
posteriormente trabajaría en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. Allí
realizó su primer cortometraje titulado Death
of Sentiment y que se desarrollaba alrededor de objetos del patio de una
iglesia: cruces, ángeles volando, tipografía esculpida en la roca. La película
fue filmada en cuatro cementerios londinenses. En 1965 se unió a la Oficina Central de
Información (COI), donde trabajó durante 15 años como editor y director. En
1966 dirigió Train, con fragmentos
de la filmación del último tren de vapor que llegó a la estación de Waterloo, que
estaba ubicada justo detrás de su lugar de trabajo en el COI. Una cinta de
estilo abstracto influenciada por Fernand
Léger y su Ballet mécanique,
todo montado por cortes sobre una banda sonora de música concreta. En 1966
también dirigió Tree, siendo el protagonista
un árbol del Royal Festival Hall de Londres que se encontraba completamente
rodeado de cemento. La década de 1970 verá un Greenaway más serio que
desarrollará en 1978 Vertical Features
Remake y A Walk Through H. La
primera, un estudio sobre formas con estructuras aritméticas, y la segunda, un
viaje a través de varios mapas.
En 1980 Greenaway producirá su más ambicioso
trabajo hasta ese momento, titulado The
Falls: un monstruo fantástico, una enciclopedia de lo absurdo de material
asociable con el vuelo, con la ley de la gravedad, 92 víctimas de algo que
denominó (VUE) "Violent Unknown Event" o Evento Violento Desconocido:
La película está ambientada en un extraño futuro después de un suceso violento
que ha cambiado la vida tal y como la conocemos ahora. La película recoge el
testimonio de 93 víctimas del suceso, elegidas porque sus apellidos comienzan
con las letras "FALL". Greenaway utiliza en su primer largometraje un
formalismo que lo acerca a la vanguardia y cuenta con la colaboración musical
de Michael Nyman y Brian Eno. Los años 80 vieron las
mejores películas de Greenaway: El
contrato del dibujante en 1982,
A Zed & Two Noughts (Titulada Zoo en
español) en 1985, la sorprendente El
vientre del arquitecto en 1987.
Conspiración
de mujeres en 1988 y El cocinero, el
ladrón, su mujer y su amante en 1989, su película más conocida por el
público. Los noventa nos dieron las más atractivas a nivel visual: Los libros de Próspero, basada en una
obra de Shakespeare en 1991, la
controvertida The Baby of Mâcon en
1993, Escrito en el Cuerpo en 1996 y
8 ½ Mujeres en 1999.
Las tres
películas de Las maletas de Tulse Luper
de 2003, 2004 y 2005 que cuenta la enigmática historia del escritor Tulse Luper
(JJ Feild), que abarca desde 1928, con el descubrimiento de una sustancia
llamada Uranio, hasta la caída del muro en 1989. Luper se pasa la vida de
prisión en prisión (en total 16) y las visitas a diferentes ciudades a lo largo
de 60 años y Nightwatching de 2007,
sobre el cuadro La ronda de noche de Rembrandt. En la última década llegaron Goltzius and the Pelican Company en
2012, Eisenstein en Guanajuato, un
biopic sobre el cineasta ruso cuando vivía en México para rodar el film ¡Qué
viva México! Y su último film fue el año pasado titulado Walking to Paris, sobre el escultor
rumano Constantin Brâncusi.
FICHA TÉCNICA
Título original:
The Cook, the Thief, His Wife and Her Lover
Año: 1989
Duración: 123 min.
País: Reino Unido
Dirección: Peter Greenaway
Guion: Peter Greenaway
Música: Michael Nyman
Fotografía: Sacha Vierny
Reparto: Richard
Bohringer, Michael Gambon, Helen Mirren, Alan Howard, Tim Roth, Ciarán Hinds,
Gary Olsen, Ron Cook, Ian Dury, Ewan Stewart, Diane Langton, Liz Smith