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martes, 10 de mayo de 2022

LEONERA DE PABLO TRAPERO

PROGRAMA 366 (29-04-2022)

 

SINOPSIS

 

Julia (Martina Gusman) es una joven acusada del asesinato de su novio. Aunque las circunstancias del crimen no están claras, acaba ingresando en prisión. Abatida y embarazada deberá adaptarse a su nueva vida en la cárcel, donde nacerá su hijo Tomás... (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

La libertad supone la condición de eternidad. Nadie puede ser realmente libre sabiendo que va a morirse. ¿Qué libertad en sentido pleno puede existir sin seguridad de eternidad? Preguntar con honestidad sobre la libertad del hombre es exigir una respuesta sincera respecto a la básica sentencia de si puede el ser humano tener un amo o no. Es discutir con franqueza la existencia de un dios todopoderoso y nuestra sumisión desesperada ante aquel truco de salón del libre albedrío. Al hacerse la luz, también se hizo la tiniebla. El mal acecha y esa no es novedad alguna, tanto para creyentes como para agnósticos. Advertirá aquí nuestro amigo Camus la siguiente paradoja: o no somos libres y el responsable del mal es dios todopoderoso, o somos libres y responsables, pero dios, entonces, no es todopoderoso. Es inadmisible pensar entonces en la idea de una libertad otorgada por un ser superior. Nos reduce aquello a tener de la libertar la concepción de un prisionero o de un individuo moderno regulado bajo las leyes que protegen su miedo, aquella concesión aceptada y tácita según la cual nuestros actos están delineados bajo una extensa y puntillosa lista de prohibiciones sentenciadas por la mano invisible del estado. Por temor el reo acepta. Temor a que le quiten, a que sean demasiados, a no poder, a que sean muy pocos, a no conocer, a perder la vida en todo aquello. Caminará entonces entre sus cuatro baldosas con la seguridad de quien recorre el mundo. Conocer los propios límites, y la muerte ciertamente es uno de ellos, nos hace experimentar algo parecido a la idea ordinaria de libertad. Nos da cierta ventaja, pero también claro, nos angustia porque de alguna manera quita aquellos velos que esconden el carácter absurdo de la existencia. Mayormente el universo no guarda para nosotros demasiadas buenas noticias. El saber nos reafirma en nuestro carácter finito, en el sin sentido de todos nuestros actos, en la insignificancia de nuestro viaje dentro del inconmensurable universo. Tal como nos decía Alejandro alguna vez, saber es siempre morir un poco, vivir, en cambio, es preguntar. 



Pensar la libertad en la soledad propia del ser es quizás una tarea sin demasiados desafíos. Ante la aparición de un otro nuestra libertad se ve amenazada. El carácter hostil de la otredad se manifiesta en la imposición de un límite, a tal punto que aquel otro nos modifica avasallando de alguna manera nuestro deseo. Decía Sartre: un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Es interesante pensar la libertad quizás en su modo más clásico, como la prohibición misma de circulación. Estar privados de nuestra libertad en ese caso es la imposibilidad manifiesta e impuesta de ocupar el lugar que uno desea, o sea, el encierro mismo. Urge señalar la falacia propia de este enunciado muy difundido en el pensamiento cotidiano. Perder la libertad es perder la privacidad, es claramente estar condenados a que todos nuestros actos, hasta los más íntimos, hasta los más impropios, sean públicos. Ante semejante panorama nos preguntamos entonces ¿cómo llegar a ser libres, de qué manera lograrlo? Quizás aquí coincidamos con lo pensado por el finado Platón y ubiquemos nuestra respuesta no este plano de lo corpóreo sino en aquel otro de las ideas, y pensemos de esta manera en el diseño del paraíso. La mala noticia, entre tantas, es el advenimiento de una nueva paradoja. Si el otro limita hostilmente, entonces, mi paraíso jamás podrá satisfacerlo. Lo que para mí podría llegar a ser el diseño paradisíaco de un hábitat, para aquel otro inabarcable y avasallante, podría tranquilamente transformarse en su propio infierno. Tal vez entonces, mis queridos amigos y amigas, nuestra única posibilidad de ser libres en este mundo donde las buenas noticias escasean, donde nos condenamos a los grilletes de una prisión perpetua solo por temor, donde lo prioritario es la búsqueda obsesiva de algún sentido, de un absoluto y donde nos ilusionamos con el control del conocimiento, tal vez nuestra única oportunidad entonces resida no aquí, en este plano de cuerpos que se degradan y sentidos que nos mienten, sino en el de la imaginación, en la laboriosa creación solitaria e inteligente de un paraíso propio.    

 

Lucas Itze.-

 

Canción post editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LEONERA


 

Una jaula que se abre. Los rugidos desde adentro causan temor. Pero la idea de libertad se consume en segundos. Los llantos y los quejidos son más profundos. Y la puerta que se cierra y ese pequeño mundo vuelve a ser como antes. Podemos escribir hojas y hojas sobre la libertad. Lo mismo sobre las cárceles. ¿Y a dónde llegaríamos? También nos surgirían preguntas ¿Es una cárcel un lugar para criar niños? La respuesta en general sería no. Pero cuando la respuesta viene desde adentro, esta puede transformarse. “Ya me hicieron un montón de veces esa pregunta. Todos te preguntan si se tienen que ir, no sé, yo no quiero que se vayan” responde una reclusa ante una pregunta de la revista de Ciencias Sociales titulada Desacatos, en el artículo llamado La construcción de significados sobre la maternidad en prisión. Mujeres presas en cárceles de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Allí harán un repaso de cómo viven y sobreviven en las cárceles y habrá entrevistas hasta llegar a la clásica pregunta. El artículo agrega: Si bien la compañía de sus hijos les da “fuerzas para seguir”, es “algo por lo que luchar”, como suelen decir, al mismo tiempo, en sus relatos, hay afirmaciones recurrentes, como “este lugar no es para ellos [los niños]”. La maternidad en el encierro se configura como una experiencia ambivalente, pues ser madre, en sus palabras, “es lo mejor que me pudo haber pasado”, y a la vez genera un gran sentimiento de culpa porque los niños comparten la detención. 



Todos esos sentimientos afloran en Julia, el personaje excelentemente interpretado por Martina Gusmán en el film Leonera de Pablo Trapero. La película arranca con una canción para chicos pero la simpatía girará rápidamente al drama con las escenas iniciales. Un asesinato, una acusada y el cambio de vida de un momento para otro serán el comienzo de la pesadilla. El director nos mostrará las cárceles y nos presentará como conviven allí las madres y futuras madres privadas de su libertad. La cámara será una testigo más de esas vivencias. Los primeros planos sobre Julia mostrarán esos primeros minutos de sufrimiento y su mirada perdida mientras la sangre surge como compañera de batalla. La cámara por momentos parecerá escondida intentando recluirse y ser sólo un simple espectador para luego pasar a primeros planos para marcar la angustiante realidad. El guión, firmado por Trapero junto a Alejandro Fadel, Martín Mauregui y Santiago Mitre cumplirá con la norma de los tres actos aristotélicos e irá, como solemos decir siempre, creciendo de forma dosificada. El personaje de Martina Gusmán irá cambiando a medida que pasa la película. Las elipsis temporales nos llevarán a notar esos cambios de forma más profunda. La película contará con una excelente fotografía, donde pasa de los lugares lúgubres propios de una prisión a colores más cálidos cuando aparece Tomás, el hijo de Julia. Lo mismo sucede cuando hay fiestas en el pabellón, los colores le darán vida a ese refugio insoportable. 


Para realzar la veracidad, el director contará con reclusas y guardia cárceles reales que le darán otro condimento a la historia. Y fundamentalmente, se sabe que se quiere mostrar. La cámara jugará con planos generales que realizarán pequeños movimiento revelando un paneo de lo que sucede. Habrá en ciertos momentos una profundidad de campo mostrando como eje a la protagonista, a la que también seguirá en planos secuencia por los pasillos de la cárcel. Todo eso servirá para hacer más angustiante la situación, además de crear el microclima de encierro tan necesario. Pero sin dudas el mayor logro del realizador, es no caer nunca en los golpes bajos. Sabiendo que una cárcel de mujeres y con niños alrededor asomaba como un tema delicado, Trapero siempre se mantuvo firme y contando la historia con altura, sin necesidad de recurrir a conflictos banales y fuera de lugar. Habrá si alguna que otra pelea y algunos gritos propios del lugar, pero nunca lo suficientemente exagerado para desviar la atención. Su segundo acierto será lo penal. Nunca queda claro si Julia es culpable o no de la muerte de su novio. Que finalmente no nos importe, nos muestra que lo importante venía por otro lado. Entre la lograda banda sonora y la poca pero excelente música elegida, la historia se centrará en la lucha de Julia por criar a su hijo en esas condiciones hostiles. Será su vecina de celda, Marta, quien le dice: “Agradece que tenes la panza, este  pabellón no es la cárcel”, dándole a entender que ahí tenían una posibilidad diferente al resto. 



La solidaridad entre ellas será clave para contrarrestar cualquier efecto nocivo de convivencia. La llegada de la madre de Julia será un anticipo del caos. Y las miradas y las acciones serán diferentes. La vida en la prisión será más solitaria y poco gratificante. Encontrará ciertos momentos de paz pero con un objetivo común: estar con su hijo. Entonces, volviendo al artículo que mencionábamos al principio, vuelve la misma pregunta: ¿Es una cárcel un lugar para criar niños?  Y nuevamente, todas las madres respondieron que sus niños no pueden estar mejor que a su lado y ninguna está dispuesta a desvincularse de ellos por medio de la entrega en adopción. Además, la posibilidad de egresar a sus hijos para que vivan en hogares —una de las soluciones propuestas por los funcionarios— implica la amenaza de una ruptura total del vínculo con los niños, porque saben que se encuentran en un lugar subordinado de asimetría extrema en caso de tener que entablar algún tipo de reclamo para poder ver a sus hijos... Será por este contexto que desde estas trincheras, apoyaremos a Julia y su furia leona, que es, sin más dobleces, que el amor de una madre...

 

Marcelo De Nicola-.

             

Canción post impresiones

 


UNIVERSO TRAPERO

 


Pablo Trapero nació en San Justo, en el famoso conurbano bonarense, el 4 de octubre de 1971. Estudió en la Universidad del Cine y se transformó rápidamente en una de las caras del llamado Nuevo Cine Argentino. En 1992 realizó su primer cortometraje llamado Mocoso malcriado, basado en el cuento "Nuestro primer cigarro", del libro "Cuentos de amor, de locura y de muerte" (1917) de Horacio Quiroga. En 1995 llegó el segundo titulado Negocios. Ese corto fue el puntapié inicial para su primer largometraje: Mundo Grúa, estrenada en 1999 y que fue nominada en los Premios Goya a mejor película extranjera. En 2002 llegó El bonaerense, film que confirmaba su reputación entre los jóvenes cineastas argentinos. En 2004 filma Familia Rodante, con la que gana el premio a mejor dirección en el Festival de Gijón. En 2006 llega Nacido y criado, con Martina Gusmán, su esposa, como protagonista. En 2008 estrena Leonera y en 2010 llegan el corto Nómade y el largo Carancho, con Ricardo Darín y Martina Gusmán, con el que logra el premio a mejor Película en los Premios Sur. 



En 2012 forma parte de los cortos de 7 días en La Habana junto a directores como Julio Medem, Gaspar Noé, Benicio del Toro, Elia Sulaiman, entre otros. Ese año también filma nuevamente con Darín y Gusmán Elefante Blanco, donde vuelve a ser nominado para todos los premios nacionales. Luego de participar en series de cortos junto a diferentes directores, en 2015 estrena El Clan, sobre la familia Puccio, con Guillermo Francella como protagonista. Logra el León de Plata a mejor director en Venecia y el Goya a mejor película hispanoamericana. Su último film fue La Quietud, estrenado en 2018, con un elenco de renombre internacional como Berenice Bejó, Edgar Ramírez, Martina Gusmán, Graciela Borges y Joaquín Furriel.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Leonera

Año: 2008

Duración: 113 min.

País: Argentina

Dirección: Pablo Trapero

Guion: Pablo Trapero, Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre

Música: Varios

Fotografía: Guillermo Nieto

Reparto: Martina Gusman, Elli Medeiros, Rodrigo Santoro, Laura García, Tomás Plotinsky, Leonardo Sauma, Clara Sajnovetzky, Roberto Maciel, Walter Cignoli, Marta Vera, Ricardo Ragendorfer

 

PELÍCULA COMPLETA

lunes, 9 de mayo de 2022

LA SONÁMBULA, RECUERDOS DEL FUTURO DE FERNANDO SPINER

 PROGRAMA 365 (22-04-2022)

 

SINOPSIS

 

Corre el año 2010 en Argentina, es el bicentenario de la Revolución de Mayo. Durante ese año, las autoridades realizan pruebas experimentales con una nueva sustancia química y ocurre un accidente por el cual cientos de miles de personas pierden la memoria y con ella su identidad. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Necesito otro trago de whisky. La pena me ahoga más rápidamente por la noche. Necesito escapar de esos pensamientos oscuros. La vida es tan hermosa. Pero también es tan cruel. La cabeza se estrella entre miradas y palabras. Miro la plaza y veo palomas rondando. También pañuelos que desafían a la muerte. Veo el mundo de hoy y me desespero por el mañana. A veces creo que es todo una farsa en la que somos los invitados de copetín. ¿Y si no hay mañana? ¿Qué estamos haciendo para cambiar el futuro? Ayer volví a soñar. Hacía mucho que no lograba conciliar el sueño. Pero ayer, por fin, lo logré. Y me encontré con la nada misma. Me desesperé por despertarme. Pero ese enemigo íntimo que es el despertador esta vez no sonaba. Me vi en sueños soñando sueños muertos. En un futuro siempre negro donde la alegría se evaporaba de las manos. 



Me encontré recordando pasados ajenos. Olvidando presentes quemados por el apuro del aquí y ahora. Me vi en quince años arrastrando estos harapos sin alma. Pensado en dónde iremos a buscar la esperanza ¿A esas montañas de cemento que nos amontonan como hormigas? ¿A esas pantallas donde vemos lo exitoso cada vez más lejano y las tragedias cada vez más cercanas? Me vi demacrado, hastiado del vivir sin más. De que ni siquiera en los sueños podamos ser felices. De que se borre todo de un plumazo. De que estas palabras volcadas al papel sean tan reales y a la vez tan efímeras. Me vi terminando ese último trago, para volver a ser un sonámbulo en busca de un futuro que no quiero recordar...

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA SONÁMBULA

 


¿Quién escribe el texto? ¿Quién interpreta el discurso? Alguien lo firma, con nombre y apellido. ¿Qué singularidad podrá aportarnos la categoría Lucas y de que peculiaridad se jactará el apellido Itze? Recuerdo la sorpresa compartida con mi amigo Pablo cuando descubrimos una noche entre vinos que ni siquiera nuestros nombres nos pertenecían. La identidad limita. Identificarse A asesina de manera automática al resto del abecedario. Si A no B. Reconocerme quien soy, este que escribe y que habla, este bípedo que piensa y esta atravesado por el virus del lenguaje, impide taxativamente que extienda sus extremidades y disfrute de una manera única el reverdecer de sus nuevos brotes o el canto singular de alguna ave.  Mis pies seguirán corriendo estúpidamente hasta algún final y jamás tendrán la firmeza pétrea de un árbol. Jamás. Si A no B. Tenemos una vida de soberbios caminantes, de avasallantes oradores, de simplistas razonadores como para entender que el pasado condena a una identidad. El tedio del absurdo nos explicará Camus en su libro El mito de Sísifo nace en la forzada búsqueda de una estabilidad, de una continuidad, aun bajo la pesada conciencia de que la existencia es una inestabilidad insoportable. Construimos identidad sobre la centralización narrativa de experiencias pasadas, pero también sobre la narración especulativa de lo que se continuará siendo. 



Aquella imagen que laboriosamente sostenemos de un pasado que nos excede, buscará clavar sus uñas allí en el futuro ajeno e improbable infectándolo y proyectándose. Morirá en aquella intromisión, la sorpresa. Pero claro, bien sabemos que hemos convertido este cascote solitario en un frio laberinto cuidadosamente diseñado para dar respuesta a la obsesiva organización destinada al salvajismo de la productividad. La sorpresa no tiene rentabilidad en ninguna góndola. Buscar una identidad, entonces, implica laboriosamente esquivar la sorpresa ya que tal como dijimos la construcción de una identidad se basa en la sustentación de un estado inmutable y de alguna manera constante. La búsqueda de la identidad es siempre una búsqueda de la verdad. Una búsqueda de la verdad es también una búsqueda de lo absoluto. Platón en el desarrollo de todo su pensamiento buscó sostener y argumentar la idea de la existencia de una realidad objetiva e inamovible, de un absoluto, de una realidad realmente real. La encontrará, pero no en este plano, recodaremos aquí el cuadro de Rafael, La escuela de Atenas, donde Platón es representado señalando hacia arriba. Ese será para el filósofo el lugar donde lo real resida. Sacará a la verdad, a lo real del plano corporal por ser deficiente, mutable, degradable y sensible y la ubicará allí en el mundo de las ideas, de lo incorpóreo. Aparecerá entonces el concepto de alma y le dará forma a aquella idea que ya todos conocemos como dualismo ontológico. El alma es lo verdadero y el cuerpo es la cárcel del alma. Lo sensible, lo que percibimos es solo una resonancia, un reflejo de aquello absoluto y real. Esto nos lleva a pensar en aquel universo distópico, en aquel verosímil tan delicadamente construido que nos invita a transitar Fernando Spiner en su maravillosa película La Sonámbula. 



El film optará por una estética que nos recordará con seguridad a aquel movimiento italiano llamado futurismo. Este movimiento nace a principios de 1900 en contraposición al arte oficial y de esta manera, claro, con aspiraciones a la modernidad. Su manifiesto declara el rechazo al punto de vista cultural estancado y perezoso del pasado y plantea una reivindicación de un nuevo orden moderno dominado por las máquinas, la velocidad y lo urbano. Reza el punto 11 de aquel texto: Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o por la revuelta: cantaremos las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al febril fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas devoradoras de serpientes que humean, en las fábricas colgadas en las nubes por los hilos de sus humaredas; en los puentes parecidos a gimnastas gigantes que salvan los ríos brillando al sol como cuchillos centelleantes; en los barcos de vapor aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta. Encontramos aquí el leiv motiv que acompaña de alguna manera a la construcción estética del relato audiovisual creado por Spiner. El film trabajará sobre el collage de imágenes logrando una mixtura conceptual cargada e idílica que servirá para recrear un futuro probable. La narrativa estará dividida bajo dos decisiones fotográficas claras y concretas. El presente se narrará en un blanco y negro que nos hará pensar que pisamos terreno expresionista, mientras que las otras líneas temporales como los flashbacks y los flashfowards ostentaran el color utilizando una paleta de tonalidades cálidas que contrastaran fuertemente con el desorden caótico transmitido por la escala de grises. 



Claramente estamos frente a una estructura narrativa no lineal. El film contará la historia de una sociedad que ha perdido la memoria por culpa de una prueba experimental aparentemente fallida realizada por el estado con sustancias químicas. Los afectados, ciento de miles de personas, son rehabilitados en el centro que las autoridades han destinado a tales efectos. El mensaje es claro, ante el robo fortuito (o no) de la memoria, es el propio estado quien reafirma la identidad de quienes la han perdido y los obliga a sostenerla en el tiempo. Aparecerá entonces el tema de la memoria como una catástrofe urbana y utilizará en su narrativa herramientas propias de la literatura fantástica argentina. Habrá cierto acercamiento en este sentido a Bioy Casares, tal vez a Borges o Cortázar. La protagonista del film Eva Rey será una suerte de esperanza para esa masa que deambula en aquel ensueño de ser todo presente, carente de la memoria imprescindible para la construcción de cualquier identidad. Ricardo Piglia, co-guionista de la obra, dirá que el personaje es una especie de mito, en su construcción habita algo de Eva Duarte y el trágico personaje de Tebas Edipo. 



Un Edipo Rey peronista concluirá el escritor argentino. Habrá otro personaje muy interesante interpretado magistralmente por Lorenzo Quinteros en un registro que por momentos rozará lo grotesco, hablamos del doctor que dirige la clínica de recuperación. En él se representará la voz de la ciencia que ayudará a generar el armado de un verosímil científico bastante psicótico, por cierto. El doctor es la cita de la ciencia en la palabra ciencia ficción, un elemento pleno de género. La película tendrá dos partes bien marcadas, una en donde la acción se centralizará en un escenario urbano y otra en los arrabales transformándola en una road movie. Los personajes buscaran a través de su recorrido destruir aquel mundo impuesto para recuperar otro no mucho más real. El fin del mundo es una mujer que despierta se dirá cerca de la resolución del conflicto y la frase nos quedará sonando no solo por su contundencia sino también por la potencia que concentra. Pero rápidamente la tristeza volverá a llenar nuestra copa con un agrio desencanto, porque bien sabemos que despertar de las sombras, salir de la caverna, escapar de aquella prisión que creemos verdadera, es solo un juego semántico. La realidad, queridos amigos y amigas es siempre una proyección de tenebrosas y tristes apariencias.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SPINER

 


Nacido el 27 de diciembre de 1958 en Buenos Aires, se fue a estudiar a Italia, donde se egresó en el Centro Sperimentale Di Cinematografía de Cinecittá, Roma, Italia, donde fue alumno de Gianni Amelio, Carlo Di Palma, Furio Scarpelli y Roberto Perpignani. Fue profesor en la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica. Arrancó con su primer cortometraje en el año 1983 llamado Testigos en cadena sobre un fotógrafo reportero es testigo de un asesinato frente a su apartamento, y registra el hecho con su cámara. Una visión de la vida argentina durante la dictadura militar. Luego siguió con algunos cortometrajes hasta unirse a Fito Páez para realizar el mediometraje Ciudad de pobres corazones, sobre el disco del músico rosarino. En ese año también filmó con Luis Alberto Spinetta el mediometraje Balada para un Kaiser Carabela. Luego llegó a la televisión donde dirigió capítulos de series como Cosecharás tu siembra, Zona de  riesgo, Poliladron o Bajamar, la costa del silencio. En 1998 dirigió La sonámbula, recuerdos del futuro, lo que sería su primer largometraje. Su segundo film fue Adiós querida Luna, dirigida en 2004, un film catástrofe, algo poco común en el país. En 2010 llegó el western Aballay, el hombre sin miedo, con el que ganó el Premio Especial del Jurado en Mar del Plata, además de cosechar buenas críticas. Volvió a la televisión con la serie Los siete locos y los lanzallamas, adaptación sobre ambas novelas de Roberto Arlt. Además, ha trabajado en documentales como Angelelli, la palabra viva, Regimiento 7 a casa o La Boya. Su último film llegó en 2020, titulado Inmortal, un film fantástico con Belén Blanco y Daniel Fanego.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: La sonámbula, recuerdos del futuro

Año: 1998

Duración: 107 min.

País: Argentina

Dirección: Fernando Spiner

Guion: Fabián Bielinsky, Ricardo Piglia, Fernando Spiner

Música: Leo Sujatovich

Fotografía: José Luis García

Reparto: Sofía Viruboff, Eusebio Poncela, Alejandro Urdapilleta, Lorenzo Quinteros, Patricio Contreras, Norman Briski, Gastón Pauls, Martin Slipak, Pastora Vega, Belén Blanco, Facundo Lozano, Lucrecia Capello, Pía Uribelarrea, Silvina Bosco

 

PELÍCULA COMPLETA

miércoles, 20 de abril de 2022

BOLIVIA DE ADRIÁN CAETANO

PROGRAMA 364 (08-04-2022)

 

SINOPSIS

 

Freddy emigra a Buenos Aires en busca de una vida más próspera. En su país natal, Bolivia, deja a su familia. Sin embargo, la capital argentina no es el paraíso que Freddy soñó, y mucho menos para los emigrantes ilegales como él. Pese a ello, consigue trabajo como cocinero en un restaurante. Un aclamado filme de bajo presupuesto premiado en varios festivales. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Alguien pregunta con recelo de donde soy y yo no contesto.

Guardo un silencio prudente y bajo mi mirada que se pierde en la tierra que pisan mis pies sucios y cansados.

Soy de donde crecen los que temen a las preguntas –me digo- porque jamás encontraron ninguna respuesta.

Soy de donde amanece sin sol porque el hambre apura y hay que salir de prisa apartando el sueño, empujando el día, sacudiendo las penas que no te sueltan.

Soy de la misma calle de los olvidados y también de los nadies, donde caen los que mueren por nada en cualquier lado, huérfanos de sorpresas ajenas y de cualquier justicia.



Soy de ahí, de donde nacen a los que explotan y precarizan, de donde se refugian los reprimidos con gases y caballos. Por donde corren desesperados los perseguidos del orden

Soy de donde te devora el olvido, de donde ya no quedan nombres y los sueños mueren extirpados en las salas de esperas de nuestro ánimo.

Soy el alienado, la ausencia, la falta y la carencia. Soy lo real que la palabra no nombra, que la mirada no ve, soy una pared gritando una consigna, soy el silencio ahogado en el barullo ensordecedor del futuro. Soy el excluido y el vencido, soy el fango donde se apoya el pesado pie del progreso.   

¿Cuál fue la mano que dividió al mundo?

¿Quién separo al hermano del hermano, si al fin y al cabo acá es todos lados?

 

Lucas Itze. –

 

Canción post editorial

 


IMPRESIONES SOBRE BOLIVIA

 


El físico austríaco Erwin Schrödinger se hizo famoso por una teoría que llevaría su apellido desde 1935. Esta, llamada “El gato de Schröndinger”, es un experimento mental de mecánica cuántica, en el cual, resumiendo muy brevemente la teoría, un gato encerrado en una cámara de acero, pueda estar vivo y muerto al mismo tiempo, debido a un átomo radiactivo. Este experimento, llevado al mundo de la inmigración, resulta cuanto menos interesante. Según las políticas de derecha, el inmigrante es el que viene a sacarle el trabajo al local. Pero, a la vez, son estos los vagos que requieren asistencia del estado o cobran planes en lugar de trabajar. Entonces, ahí tenemos esos dos opuestos que se unen y que, como en el experimento de Schröndinger, suceden ambas cosas a la vez: le quitan el trabajo a los locales y son vagos que no quieren trabajar. Ya que esto no es mecánica cuántica, ¿cómo es posible afirmar ambas cosas? El capitalismo busca entonces esa disputa de clases entre gente de menor poder adquisitivo. La idea de la dominación de esas clases sociales, de esa lucha por ese puñado de billetes que cada vez valen menos, son entonces el principal motor de las políticas de derecha, ayudados por empresarios que sirven para esclavizar a esas minorías. Y cuando la pelea es entre los que sólo quieren ganarse el pan del día, todo explota. Ese resumen, llevado a la Argentina del 2001, post fiesta menemista y  pre-corralito, se transforma en algo cotidiano. Ya con Pizza, Birra, Faso, junto a Bruno Stagnaro, el uruguayo Adrián Caetano mostraba sus cartas. En su primer film en soledad, iba a seguir por ese camino, pero de corte mucho más minimalista. 



Bolivia, tal el nombre del film que estamos haciendo referencia, arranca con una voz en off e imágenes de ese típico bar de esquina de barrio, de sus paredes, con planos detalle de sus elementos y porque no, de sus miserias. Todo filmado en un blanco y negro abrazador,  envolvente, casi sin esperanzas. Siempre decimos que hay que afinar vista y oído porque en los primeros minutos puede estar el resumen de la historia. En los créditos, con los Kjarkas de fondo (parte importante de la banda musical), empezará a verse un partido entre las selecciones de Argentina y Bolivia, en esos comentarios, no faltarán las apreciaciones de una Argentina despierta y superior frente a una Bolivia desesperada y desordenada. Un anticipo de ciertos arquetipos de personajes que se pasearán por el bar, aunque afinando la vista, notaremos que todo será al revés. Allí conoceremos a Freddy, quien llegó de Bolivia hace una semana, después de quedarse sin trabajo en su país culpa de los yanquis que barrieron los campos de coca. A Enrique, el dueño del bar, no le importará si es de Bolivia o de Perú, o si el país incaico queda en Centroamérica. Sólo le interesa alguien sin papeles para poder explotarlo mejor. La película estará marcada por un clásico estilo neorrealista. Actores profesionales como actores amateurs (como el caso de Freddy) se mezclan para darle más veracidad a la historia. Siendo un film rodado con escasos recursos, será el bar el escenario donde transcurra la mayor parte del metraje, aunque recorreremos con angustias ciertas calles donde la noche suele ser más oscura y los adoquines más huérfanos. El director utilizará planos fijos y no habrá mucho movimiento de cámara. Será en ciertos momentos un testigo más de lo que pasa ahí dentro. 



Habrá algunos planos detalles, como ese reloj que siempre está atrasado y que marca el final del día, pero sobre todo, la hora del cobro. Y pese a ser el protagonista, la cámara no siempre se irá con Freddy, sino que ahí adentro, estará en gran parte oculta, haciendo juego con la ilegalidad con la que convive. En ese pequeño universo, aparece Rosa, una joven paraguaya que es la mesera del bar y quien se transformará en compinche del recién llegado. Y allí empezarán a desfilar esas moscas de bar que habitan cotidianamente el lugar: taxistas, vendedores ambulantes y borrachos que vienen a beber sus últimos sorbos de la noche. El guión crecerá de forma dosificada, pero no así los personajes. Ellos generalmente no crecerán demasiado, hasta que el alcohol nos muestre su otra cara. Los poco más de 70 minutos nos revelará esa Argentina, o mejor dicho, esa Buenos Aires donde todo poco a poco estalla. La discriminación, la xenofobia y la cosificación son moneda corriente. Y llega la culpa, que siempre es del otro. Y si es extranjero mejor, porque nos viene a sacar lo nuestro. Y esa es la pelea de los que nada tienen que excita al poder de turno. Porque la lucha es siempre entre las clases trabajadoras que buscan un mejor futuro. Un lugar donde llenar la olla. Y el poder representado en un dueño de un bar de mala muerte o unos policías que patrullan la zona. Aunque ellos no quieran entender que están hundidos en la misma mierda, haciéndole el juego al sistema. Y porque bien sabemos, en las peleas de pobres contra pobres, todos terminamos siendo clandestinos.

                                                                                     

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CAETANO

 


Israel Adrián Caetano nació en Montevideo el 20 de diciembre de 1969. Hijo de padre brasileño y madre uruguaya. Su padre, un oriental cinéfilo, era proyectorista de cine en una Iglesia de Villa del Cerro en Uruguay, la iglesia no podía tocar la programación de lo que allí se proyectaba. Quizás debido a esto, eligió el cine y la televisión como un lenguaje de libertad, un lugar para poder reflejar lo que pasa en la vida sin medias tintas. Se mudó a Córdoba y allí creó su primer cortometraje: Visite Carlos Paz. Luego llegaron Blanco y negro, Calafate, Cuesta abajo y No necesitamos de nadie. Su largometraje debut, junto a Bruno Stagnaro, llegó con una de las películas que marcaría un antes y un después en el cine argentino: Pizza, birra, faso, la historia de unos jóvenes marginales mostraron la Buenos Aires decadente de los ´90 que tan oculta estaba para los grandes medios. 



En 2001 filma Bolivia con la que se da a conocer en varios festivales internacionales y un año después confirma su gran talento con Un oso rojo. En televisión, mientras tanto, se destaca con series como Tumberos y Disputas. En 2006 dirige Crónica de una fuga, ambientada en la dictadura militar argentina. En 2010 estrena el film Francia y la serie Lo que el tiempo nos dejó. Un año después es el encargado del documental sobre Néstor Kirchner. En 2013 llegó su film más criticado: Mala, pero se recuperó con la serie El marginal. Su último film es El otro hermano, mientras que en televisión fue parte de las series Sandro de América, Apache, la vida de Carlos Tévez y Puerta 7.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Bolivia

Año: 2001

Duración: 82 min.

País: Argentina

Dirección: Israel Adrián Caetano

Guion: Israel Adrián Caetano. Historia: Romina Lanfranchini

Música: Los Kjarkas

Fotografía: Julián Apezteguia (B&W)

Reparto: Freddy Flores, Rosa Sánchez, Óscar Bertea, Enrique Liporace, Marcelo Videla, Alberto Mercado, Héctor Anglada

 

PELÍCULA COMPLETA