jueves, 29 de octubre de 2026

UTAMA DE ALEJANDRO LOAYZA GRISI

PROGRAMA 520 (16-10-2026)

 

SINOPSIS

 

En el altiplano boliviano, una pareja de ancianos quechuas lleva años viviendo la misma vida cotidiana. Durante una sequía inusualmente larga, Virginio y su esposa Sisa se enfrentan a un dilema: resistir o ser derrotados por el entorno y el propio tiempo. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Nietzsche proponía realizar un puente entre el hombre y el niño. Entre esta cosa que somos, este sucio engranaje insignificante y deshumanizado, que mantiene funcionando la más siniestra y tortuosa maquinaria jamás inventada, y lo salvaje. Nunca entendimos ser un puente y siempre aceptamos la soberbia de ser el final. Y sobre la piedra de la palabra, construimos las ciudades, las vergüenzas, los miedos y también los dioses. La rueda comenzó a girar y todos también lo hicimos junto a ella. La máquina nos exigió estar ahí bajo el lema del progreso y cumplimos con su mandato. Después ya ni lema se necesitó para que nuestros cuerpos accionaran y así satisfacer sistemáticamente un deseo que ni siquiera intuíamos ajeno. Cada vez más lejos del niño y del juego, tuvimos que inventarnos una vida, un relato que encajara, viendo morir con un silencio cómplice, ya sin rostro, nuestras viejas promesas tras la ventana de un bar olvidado en las calles del tiempo. Lejos del pensamiento mágico de nuestros ancestros, nuestros días transcurren hoy en este circo de cartón, donde todo está ubicado cuidadosamente en un caos controlado, y las personas se mueven en una danza coreográfica, con caminos repetidos y rutinas esclavizantes. 



Donde la sorpresa muere porque el guion lo indica. El plan es claro y está frente a nuestros ojos. Ya no seremos aquellos piratas en busca de nuevas tierras, porque estamos solos. Ya no seremos aquellos jóvenes desafiantes enfrentando la vida con la cadencia de un inmortal en cada pisada, porque estamos exhaustos, estamos tristes y cansados. Ya no atentaremos contra el lenguaje, con versos provocativos y desafiantes, encendiendo nuestra boca en una llama viviente, porque nos han adoctrinado y han puesto sus palabras allí donde iban las nuestras. Miramos a nuestros costados y ya no hay nada por lo que valga la pena entregar lo que nos queda. Eso lograron. Eso entregamos. Ya no hay en el silencio escondidas las palabras del poema. Ya no queda el rio para contarnos que es olvido, ya no vuela el cóndor sobre nosotros anunciando nuestra muerte. La música no nos atraviesa como una lanza encendida y tus brazos están tan lejos en toda esta mentira que me es imposible hacer casa ya sin ellos.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE UTAMA

 


“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo… y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que moja. Así describe nuestro gran amigo de esta casa Eduardo Galeano, “el descubrimiento de América”. Hace años, se festejaba el día de la raza y se eliminaba cualquier consulta sobre los pueblos originarios. Ya más adelante en el tiempo, ciertas políticas determinaron que se pase a llamar Dia de la Diversidad Cultural y que se recuerde a los nativos como las víctimas de un saqueo que sigue hasta el día de hoy. En estos tiempos que corren, muchas de esas cosas que se ganaron amenazan con perderse. Y los pueblos originarios no son la excepción. Por eso en estas fechas no hay nada que celebrar. Recordamos siempre que hubo genocidio, etnocidio y ecocidio producto de los procesos de exterminio, silenciamiento e invisibilización de pueblos enteros y sus culturas, usurpación de sus territorios, saqueo y robo de sus bienes comunes, desvalorización de sus saberes ancestrales…y un sinfín de atrocidades que fueron cometidas en nombre de “La Civilización”. Hoy, mientras se intenta regalar nuestra Patagonia al mejor postor, siguen sucediendo varias de esas crueldades. Y a eso le sumamos el cambio climático, negado por los mismos que quieren silenciar el pasado. 



En algunos sitios, las inundaciones son cada vez más frecuentes, los glaciares se deshielan cada vez más rápido, los océanos toman más lugar y hay islas que empiezan a pensar en ser despobladas antes que de que desaparezcan bajo el agua. Y, como contrapartida, los desiertos son cada vez más áridos y las sequías más extensas. El agua, la respuesta a todo, incluso a la vida, es el bien más deseado en este momento. Y su privatización ya está en camino. Con la falta de agua como tema de fondo, Alejandro Loayza Grisi nos trae el film Utama, que en quechua significa Nuestro Hogar. Ya de por sí es interesante ver una película de un país que no tiene tanta tradición en el cine. Jorge Sanjinés fue uno de sus pioneros y en estos últimos años han empezado a llegar más cine del altiplano a diferentes festivales. Recordando un poco a Paz Encina y su Hamaca Paraguaya, Loayza nos trae otra historia de una pareja de ancianos donde la familia, las raíces, las tradiciones y el clima se entremezclan para formar un todo. El film nos presenta a Virginio y Sisa, una pareja que está esperando que la sequía termine de una vez. La llegada de su nieto Clever intentará ser la conexión entre la tradición y lo moderno, entre lo sagrado y lo profano, y será el encargado de la curva dramática del film. El intentará que Virginio deje de arriar sus amadas llamas y decida ir a la ciudad, a hacerse ver una enfermedad que lo va consumiendo de a poco. El lugar ha quedado casi deshabitado porque la mayoría se ha ido la ciudad. Sólo queda la inmensidad del paisaje y unas pocas vidas que deambulan entre tierra agrietada. 



La película contará con un guion lineal y con una excelente fotografía de Bárbara Álvarez, quien ha sabido trabajar con Lucrecia Martel, quien dotará a las imágenes de una belleza absoluta, además de crear elipsis para crear los puentes necesarios entre los personajes y la naturaleza. Los planos generales de ese pequeño poblado desierto parecerán pinturas. El enfoque de los personajes ante la inmensidad del lugar, mostrará lo pequeño que es el ser humano ante la perfección del entorno. La música elegida será ideal para conectar y trasladarnos a ese mundo que vemos en pantalla. La banda de sonido, desde el viento hasta la respiración entrecortada del protagonista, demostrará la importancia de esos pequeños ruidos para que todo sea más verosímil. La sequía, como dijimos al principio, será la excusa perfecta para tratar un tema que es de vital importancia en esos lugares: el valor de la tradición. Pese a tener pocos diálogos, a lo largo del metraje irán apareciendo frases que nos dejarán pensando. “El tiempo se ha cansado” repite Virginio mientras espera esa lluvia que no llega. Y ahí aparecerán los ritos, con sangre de llama incluida, para ver si sus dioses escuchan sus plegarias. Mientras el director trabajaba con habitantes de pueblos originarios, varios le repetían una frase que al director le quedó resonando “No podemos irnos porque nuestra tierra quedará silenciada”. Ahí encontró entonces ese porqué que tanto necesitaba. Ahí estaba Virginio, explicando el porqué de su decisión pese a su salud cada vez más delicada. La clave nos la dará la charla con su nieto “El cóndor, cuando se siente inútil, cuando ya no puede volar... busca el pico más alto, encoge las alas y se deja caer” le dice. Virginio entiende como nadie que su tiempo se está acabando y de convertirse en polvo, lo mejor es que sea en esa tierra que habitó toda la vida. Quizás en algún momento sus huesos se transforman en piedras, como esas que él junta siempre para llevarle a su amada. Y recordar esos versos que don Ricardo recitó alguna vez “Sentimiento indiano, orgullo nativo han parido este canto en el corazón mío”.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO LOAYZA GRISI

 


Nacido en 1985, hijo de Marcos Loayza, reconocido director boliviano. Su ópera prima “Utama” se estrenó en el Festival de Sundance 2022 donde obtuvo el Gran Premio en la World Dramatic Competition. Además de este premio la película obtuvo más de una cuarentena de premios y participó en más de 80 Festivales Internacionales, incluyendo BFI London, Karlovy Vary, Hong Kong, Cartagena, Lima, El Cairo, Toulouse, Sydney, Palm Springs, San Francisco, Málaga, Göteborg, Guadalajara y Transilvania, entre otros. Fue nominada como Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya 2023 y tuvo 5 nominaciones a los Premios Platino 2023 en los cuales ganó Mejor Música y Mejor fotografía. Fue la representante boliviana para los Premios Oscar 2023. Alejandro inicia su carrera artística en la fotografía fija, realizando muestras, numerosas publicaciones y ganando 2 premios nacionales en Bolivia. Posteriormente salta a la imagen en movimiento como director de fotografía. Atraído por las historias que se pueden contar con la creación de imágenes, incursiona en guion y dirección de cine campo en el que hoy se desempeña. Estudió comunicación social, publicidad e hizo un máster en guion en la Universidad Complutense de Madrid junto a The MediaPro Studio. Es cofundador y co-organizador del laboratorio de guion ISLAB.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Utama

Año: 2022

Duración: 87 min.

País: Bolivia

Dirección: Alejandro Loayza Grisi

Guion: Alejandro Loayza Grisi

Reparto: Luisa Quispe, José Calcina, Santos Choque

Música: Cergio Prudencio

Fotografía: Barbara Álvarez

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 27 de octubre de 2026

ORFEO DE JEAN COCTEAU

PROGRAMA 519 (09-10-2026)

 

SINOPSIS

 

Orfeo es un poeta obsesionado con la Muerte (la Princesa) de la cual se enamora. Un día los esbirros de la Muerte matan a Eurídice, la esposa de Orfeo, y éste decide seguirla hasta el Inframundo para rescatarla. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Allí está, esperando. Se mirará al espejo o se sentará de lado. No importa, sabe que la victoria será suya. En una cama cercana, el poeta recita sus últimos versos. En esos suspiros finales divagan nombres, amores, recuerdos. La vida misma. Y palabras no dichas, esas que quedarán siempre atragantadas en la memoria, pero nunca serán olvido. Porque el tiempo es tan efímero y solo nos damos cuenta cuando el final ya se escribió. Es en ese momento donde él mira al espejo y se ve reflejado en ella. No teme, y… aunque siempre le tuvo miedo, esta vez es distinto. La encuentra hasta más amena. Recuerda la cantidad de veces que susurró su nombre. Las veces que dio vueltas para no nombrarla directamente. Las letras que se desparramaron en tinta intentando dejarla mal parada. Hasta se ríe pensando en esas puteadas pidiéndole que lo lleve. Tiempo al tiempo parece responderle ella, con su sonrisa impoluta. Aunque no se conocen, parecían destinados a encontrarse. Y es como que se sienten amigos de toda la vida. Ya hablarán de Girondo, de Neruda, de Octavio Paz, de Pizarnik... 



Seguramente no lleguen a un acuerdo de porqué a algunos los llevó tan rápido para su equipo. Y si, siempre uno quiere rodearse de los mejores, dirá ella. El espejo se deformará y la imagen de ella se difuminará como por arte de magia. Él sentirá que esa opresión sobre su pecho deja lentamente de molestarlo. Ve que esas flores que parecían marchitarse de pronto cobran vida y están resplandecientes. No sabe que de todo fue real y que no. Sólo sabe que le queda lugar para algún último verso. Y que esa fue una última advertencia, sabiendo que la próxima vez que se vean las caras no será porque vino sólo de visita…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE ORFEO

 


Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al verse. Esto escribía en aquella obra maestra llamada Rayuela nuestro gran amigo Julio Cortazar. Ya allí nos adelantaba que nadie elige en el amor. En este foro, entre estos amigos, hemos hablado, hemos sufrido y nos hemos acompañado por amor. Hoy, intentaremos pensarlo un poco más profundamente, tal vez desde otra perspectiva, que es desde donde se miran las cosas cuando uno busca aprender algo.  Podemos arrancar diciendo que amar es dar lo que no se tiene a quien no es. Hay amor porque hay lenguaje, de eso no cabe duda. Nos atraviesa un universo de palabras que suponen la ardua tarea de exteriorizar, organizar, anticipar y proyectar aquel misterio indescifrable que nos conforma. Allí el gran ruido del amor, la gran confusión, el gran embuste. El mundo animal se rige por el instinto, lejos de la lengua. Es por eso que allí la cosa funciona de otra manera, escapa a la mentira, a la traición o la fantasía. Menos complejo, pero más eficaz podríamos concluir apresuradamente y tal vez sin demasiada brillantez.  Cuando uno ama y da lo que tiene, sella una relación de poder. 



Entregar lo que uno ya tiene, o peor aún, lo que nos sobra, nos coloca instantáneamente sobre el otro. Siempre el amor es hacia afuera, es salirse de uno mismo, lograr corrernos de nuestra mismidad para dar aquello que no tenemos. Después de todo, el deseo es siempre el deseo del otro. Pero ¿Quién es ese otro? Es aquel que no es. Evitando la literalidad avasallante y siempre torpe, claro, pensamos rápidamente en Sartre, en aquello de Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. ¿Qué es el ser sino una invención, una construcción, o en todo caso, una proyección de cómo fuimos enseñados en el querer, en el amar y hasta en el desear?  Lo cierto es que lo que queremos es ser amados, no amar. Amar es dar lo que no se tiene, tal como acabamos de decir, es inventar, crear, dar lugar a algo que antes no había. El amor es un engaño que produce una verdad mayor y mejor que uno mismo, inventa un ser mejor y más verdadero que uno. Es por esto que cuando el amor se va, el duelo se hace tan duro que uno desafiaría hasta las miserias más crueles del propio infierno por salvar de la muerte a aquella proyección del ser amado que ha construido. Qué otra cosa es la muerte sino el olvido, dirá algún poeta de bar sentado en la oscuridad misma de la solitaria mesa de sus pensamientos. Allí entonces, lo tenemos a nuestro amigo Orfeo. 



Y es por él, aquel cantor, cantor en términos clásicos, claro; Orfeo era un Aedo, un músico y un poeta que componía y cantaba sus epopeyas y poemas clásicos con la capacidad sobrenatural de conmover a los dioses y a las fieras, entonces, es por eso queridos tertulianos que estamos reunidos, alrededor de esta mesa de bar imaginaria, entre amigos y copas y promesas que jamás cumpliremos.  El film lleva el nombre del héroe y el director es un surrealista del que poco hemos hablado, pero al cual respetamos muchísimo, llamado Jean Cocteau. La cinta adaptará el mito de Orfeo y Eurídice y lo ambientará en una actualidad de los años 50. La estructura del relato será lineal, y lejos de ser surrealista, trabajará con herramientas del género fantástico. Tomo un segundo de vuestra atención para hacer un llamado a la coherencia, termino muy pasado de moda, a la gente menor de 40 años le sugiero chequear su significado. Solicito anotar lo siguiente y repetirlo cual mantra cada mañana: Cualquier cosa que aparezca en pantalla que yo no comprenda o que supere la realidad cotidiana en la que se desarrolla mi desastrosa vida, no la llamaré surrealismo. Aquello nuevo que aparece, puede generar un verosímil nuevo y de esa manera conformar un mundo con sus propias leyes. Eso, no lo hace surrealista. Star Wars, posee una cantidad infinita de materiales ajenos a nuestra cotidianidad y todavía no nació el que se anime a tildarla de surrealista (toco madera). 



Dicho esto, podemos decir que el film se vestirá con algunos planos inteligentemente armados, notaremos algunos recursos que recordarán a los trucos de cámara utilizados por el magnífico Georges Méliès. Habrá una interesante vuelta de tuerca en la historia que no hará otra cosa que hablar de la labor del poeta, o mejor aún del artista en general. Cocteau mostrará al poeta enamorando a la muerte, y allí nos preguntaremos, que otra utilidad tiene el arte en esta vida sino es para hacernos inmortales, aunque sea por un instante. Con un verso distraer a la bella dama, con un acorde, un valsecito que haga olvidarnos de esta finitud que nos susurra al oído en los mejores momentos que todo se acabará. Pero también estará allí la muerte junto al poeta para simbolizarnos que, sin ella, sin un final, no existiría aquel arte que hace de Orfeo el ser extraordinario que es. Nadie escribiría un solo verso si no supiera que se va a morir. El arte, como el amor, nace de la ausencia, de la falta, el eterno espera y jamás tendrá el dolor de un desamor o de una traición dolorosa que le inspire un paso doble una noche sin luna. Tal como en el mito, Eurídice muere y Orfeo bajará al averno a rescatar su alma y será devuelta con la condición de no volver su vista atrás para observarla. En el mito original, Hades, le indica no darse vuelta hasta salir del infierno, condición, que como todos sabemos, Orfeo no cumplirá. 



En el caso del film, la condición es más tediosa. Orfeo y Eurídice volverán a su casa y él no podrá mirarla jamás. Condición que como todos sabemos, Orfeo no cumplirá provocando nuevamente la muerte de su amada de manera, esta vez, irrevocable. Ahora pensemos un poco en la idea de las condiciones impuestas por los dioses griegos, quienes ofrenden, pero de manera siempre tramposa. Siempre en su dar, se esconde alguna debilidad humana que hace perecer al elegido. Vanidad, desconfianza, siempre hay algo detrás que es lo que trae la tragedia. Pero volvamos a esto de no ser estúpidamente literales. Creo fuertemente en la importancia de darse vuelta y mirar para atrás cuantas veces sea necesario, porque allí, en aquel giro, habita la duda. Es en esa mesa donde encuentro a mis amigos. Allí se sientan los tipos que tienen el coraje de revisar aquello que hasta ayer juraban cierto. Los tipos que se dan vuelta para ver si todavía están allí, siguiéndolos, los seres amados, chequeando que la estrella que los guía no se ha apagado, que aquello por lo que daban su vida, todavía sigue valiendo la pena. Eso es pensar en uno, pero también es pensar en el otro, porque los que este programa hacemos bien sabemos que nadie se salva solo, entonces corregir un destino es corregir quizás el destino de varios. En tiempos en donde la felicidad colectiva es despreciada, yo levanto mi copa por los tipos que dudan sobre las voluntades propias por dar lugar a una sonrisa ajena. Salud.

 

Lucas Itze.-          

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO COCTEAU

 


(Maisons-Laffitte, 1889 - Milly-la-Forêt, 1963) Novelista, dramaturgo, poeta, ensayista y cineasta francés, una de las figuras descollantes de la vanguardia en las primeras décadas del siglo XX. Su multiforme actividad se ejercitó lo mismo en la poesía y en la novela que en el teatro y en el cine. También ensayó el dibujo, y llegó a ilustrar algunos de sus libros. En su copiosa producción se hallan huellas de todos los movimientos de vanguardia, pese a que Jean Cocteau nunca se adhirió plenamente a ninguno de ellos. Nacido en una familia de la gran burguesía, Jean Cocteau perdió a su padre a los diez años y vivió con su madre y hermanos en casa de su abuelo, quien le hizo descubrir las obras de Beethoven, Berlioz y Wagner. Comenzó a escribir en 1908 y fue consagrado como adolescente prodigio. Frecuentó los salones y conoció a Catulle Mendès, Anna de Noailles, Jules Lemaître, Edmond Rostand y Marcel Proust. Al mismo tiempo publicaba La Lampe d´Aladin (1909), Príncipe frívolo (1910) y La Danse de Sophocle (1912). Serguei Diaguilev y Stravinsky le señalaron que su camino era equivocado y decidió alejarse del éxito fácil de París retirándose al campo, donde compuso Potomak (1919), una toma de conciencia de las fuentes profundas y secretas de la poesía, expresada a través de una colección de textos y dibujos. En 1916 conoció a Picasso y frecuentó a pintores y escritores de vanguardia: Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Pierre Reverdy, Blaise Cendrars, Amedeo Modigliani. En 1917, los Ballets Rusos ofrecieron la primera representación de Parade, ballet realizado por Cocteau, Erik Satie y Picasso que provocó escándalo. En 1919 conoció a Raymond Radiguet, encuentro que lo llevó a escribir Le secret professionnel (1922), tratado de arte poética y de estilo de una gran profundidad. A partir de 1921 comenzó un período muy fecundo: Los novios de la torre Eiffel (1923), Antígona y Edipo Rey (1928) en teatro; Plain-Chant (1923), Thomas el impostor (1923) y Le Grand Écart (1923) en poesía y novela. La muerte de Radiguet lo sumió en la depresión y le hizo refugiarse en el opio y el catolicismo. 



En 1924 reunió y publicó una compilación de sus versos bajo el rótulo Poesías (1916-1923), y al año siguiente escribió Orfeo y algunos poemas de Opéra. En 1926, compuso para Stravinsky el texto de Edipo rey y publicó su Carta a Jacques Maritain, que marcó la ruptura con todo dogma religioso. En Opio (1930) describió la lucha por liberarse de la droga; durante su cura de desintoxicación en una clínica, compuso Los niños terribles (1929). En 1930 Jean Cocteau rodó su primera película, La sangre de un poeta, y dio a la Comédie-Française La voz humana. Hasta 1946 se expresó esencialmente por medio del teatro: La machine infernale (1934), Los caballeros de la Mesa Redonda (1937), Los padres terribles (1938), Los monstruos sagrados (1940), La máquina de escribir (1941), Renaud et Armide (1943) y El águila de dos cabezas (1946). También publicó Portraits-Souvenirs (1935), Soixante dessins pour les enfants terribles (1935) y Mon premier voyage (1937). A continuación, trabajó en la composición de guiones cinematográficos, entre los cuales cabe destacar La bella y la bestia (1945), El águila de dos cabezas (1948), Orfeo (1950) y El testamento de Orfeo (1960). Paralelamente compuso algunos de sus más bellos poemas: Allégories (1941), Léone (1945), La Crucifixion (1946), Le Chiffre sept (1952), Appogiature (1953), Clair-Obscur (1954), Cérémonial espagnol du phénix (1961), Requiem (1962). Las dos obras más significativas de este período de posguerra son La Difficulté d'être (1947) y Le Journal d'un inconnu (1952). En sus últimos años se dedicó también a la actividad pictórica, realizando la decoración de diversas iglesias en la Costa Azul (Fréjus, Villefranche-sur-Mer, alcaldía de Menton).

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Orphée (Orpheus)

Año: 1950

Duración: 112 min.

País: Francia

Dirección: Jean Cocteau

Guion: Jean Cocteau

Reparto: Jean Marais, María Casares, François Périer, Marie Déa, Edouard Dermithe, Juliette Greco, Henri Crémieux.

Música: Georges Auric

Fotografía: Nicolas Hayer (B&W)

 

PELÍCULA COMPLETA

martes, 15 de septiembre de 2026

LAS ACACIAS DE PABLO GIORGELLI

PROGRAMA 517 (11-09-2026)

 

SINOPSIS

 

Rubén es un camionero solitario que recorre desde hace años la autopista de Asunción del Paraguay a Buenos Aires, cargando madera. Sin embargo, el viaje de hoy será diferente. Esta mañana, en un paradero de la autopista cerca de Asunción, Jacinta se presenta una hora más tarde para iniciar un viaje por carretera que la llevará a Buenos Aires. Es más, Rubén se entera en ese mismo momento que la pequeña Anahí, de 5 meses, viajará con ellos. No es el mejor comienzo pero a medida que vayan pasando los kilómetros, la relación entre Rubén y Jacinta irá creciendo. Ninguno de ellos habla mucho de sus vidas, ninguno pide mucho tampoco. Es un viaje de pocas palabras, pero no silencioso. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Salió de la fábrica enfundado en un rojo furioso que parecía pintado por un artista. Se echó a andar por las rutas más recorridas del país. Pero tampoco le faltó meterse en el barro, en esas calles de tierra donde poder doblar requería un tiempo mayor al normal. Ha trasladado tantas cosas que perdió la cuenta. Y ha pasado por tantas manos. Hasta que llegó el día que todo fue tirando a definitivo. Como ese amor de verano que sirve para alejar soledades. Primero fue un viaje corto, casi una prueba de fin de semana. Luego, el tiempo los fue acercando. Ya el olor del primer mate de la mañana se sentía antes de que suba al asiento. Ya sabía que iban a ser horas. La música de fondo. Alguna confesión, sabiendo que su oído iba a estar siempre ahí. Y más seguro que un cura. Pobre el que los veía charlando, pensarán que era un loco decía… Es que de soledades se vive en este mundo. De estaciones de servicios, de parrillas al paso, de amigos por horas, de alguna visitante de ocasión. Y no iba a ponerse celoso por eso. Si, al fin y al cabo, nadie lo había cuidado mejor. Los mejores años de su vida, sin ninguna duda. 



Cada tanto al médico por alguna abolladura y no más que eso. Perdió la cuenta de las provincias que visitó. Ni hablar de los pueblos. En algunos lugares, los chiquilines hasta se sorprendían al verlo. Ahí se sentía como cuando salió de la fábrica. Aunque los años no venían solos. Varios lo quisieron retirar. Muchos otros intentaron desarmarlo de golpe, pero siempre resistió. Ya con los años empezó a caminar menos. Su pareja de toda la vida lo cambió por alguien más joven pero siempre volvía a ese amor. Nunca lo dejó de lado. Lo sacaba a carretear cada tanto, para no oxidarse en el olvido. Fue ahí cuando empezó a entender de soledades. Quizás cuando ya no tenía quien lo charle, cuando el aroma de ese mate lo gambeteaba y se iba por la otra punta. Pero ese gigante de hierro y varias ruedas se conformó con jubilarse poco a poco y, desde ese viejo garage, recibir el saludo de su amante día tras día, para que la maldita soledad no lo pueda vencer…

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 




IMPRESIONES SOBRE LAS ACACIAS

 


La naturaleza del hombre es, antes que nada, solitaria. Casi siempre estamos solos. Vivimos sumergidos en esta marea de gente, atravesados por un lenguaje que no nos contiene ni nos nombra. No hay mayor soledad que ese silencio ensordecedor que distancia la palabra de aquello que nombra. No existe mayor soledad que la palabra insuficiente, la del receptor que no oye, la del ruido en el mensaje, la de este grito que se ahoga en un murmullo virtual inalcanzable que nos promete un futuro que, paradójicamente, nos asegura que nos matará en 10 años. La soledad binaria de ceros y unos, simplificada, disociada y ajustada al entendimiento de un receptor sencillo, simple como el mensaje que pretende recibir. ¿Qué soledad más profunda en este mundo habrá que esta? Sábato tenía cierto optimismo, muy raro en él, respecto de esto. El escritor decía que tal vez aluna vez en la vida, muy de vez en cuando, se generaban efímeros puentes donde se forjaba una comunión con el otro, o sea una común unión, efímera, fugaz, temporaria, por demás breve. Agregaba Ernesto, o tal vez nosotros, que aquellos puentes se tendían en ocasiones muy particulares. Tal como Sábato, creemos desde este espacio, que esas breves conexiones se dan en situaciones particulares de las relaciones humana tales como el amor, el pensamiento y algún hecho artístico. Conectar con una lírica, con una melodía, voy a menos, conectar con un acorde, nos hermana inevitablemente con el artista, y eso hace puente. 



Unos ojos negros casi felinos descubiertos observándonos desde el anonimato en la espera de un semáforo, hace puente. Creer que uno está enamorado es puente. Sumergirse en la marea feroz de una charla inteligente también lo es. Luego, la mayoría del tiempo, el resto de la vida digo, somos, tal como nos describía Pirandelllo como islas incomunicadas que viajan sin interrelacionarse. Viviendo nuestras vidas en la soledad más íntima del ceno quizás de una familia, de una urbe, de una comunidad. Muriendo el tiempo tan callando. Porque la soledad siempre es en función del tiempo. Uno sufre la soledad porque se sabe finito, vamos, porque sabe que va a morir. El eterno no se siente solo porque vive en la certeza de que todo en algún momento le llegará. Tal como dijimos alguna vez en este mismo foro,  pensar al tiempo, darle una entidad de pasado, presente y futuro, darle una lógica, es nada más y nada menos que  volverlo ilógico. Pensar al tiempo es descubrirlo irracional, es comprender que es imposible afirmarnos en un presente, en un ahora. Aquel  ahora nos huye. El pasado no existe, no es, porque ya ha transcurrido, es nada. El futuro tampoco es porque no ha sucedido, es una especulación propia y personal, una intromisión desesperada del almanaque. El presente, tal como dijimos, es inhabitable e inaprensible, es el punto de encuentro entre el pasado y el futuro, es el crudo cruce entre dos nadas. Pensar el presente es hacerlo siempre desde el pasado, es una construcción fantasiosa sobre la que nos proyectamos y desde la que construimos existencia y también lenguaje. El presente es nada, no hay ahora. 



Aun así, el tiempo se sucede por una gracia inexplicable, y esta gracia puede convertirse en una condena. El futuro, asimismo, es una proyección que realizamos desde nuestra propia acumulación de pasado, pero aquella imagen especulativa, construida con lo que nos falta en el presente, tampoco la habitaremos jamás. Esa tal vez sea una buena noticia. El futuro nunca va a encajar con la imagen que diseñemos de él y es en aquella incongruencia cuando deviene la sorpresa. La mala noticia, y la real, es que padecemos nuestra existencia entre el choque de dos nadas. Camus, en su libro El mito de Sísifo, encontrará una solución a esta existencia sostenida entre el cruce de dos nadas, sin tiempo ni espacio: el suicidio. Por su lado, Schopenhauer dice: Toda vida es esencialmente sufrimiento, a lo que Nietzsche agrega descarnadamente en su pesimismo radicalmente trágico la idea de no haber nacido y de haberlo hecho morir pronto, retirarse de la vida. Estamos solos, estamos tristes y todo aquello es una tragedia en sí. Conocemos nuestro destino, y como héroes y heroínas que somos de nuestra epopeya, no podemos escapar a nuestro final trágico y solitario. Lo sabemos. Moriremos cualquier día de estos. Lo haremos en la más profunda de las soledades. Morirán aquellos que amamos y harán más profundo el abismo que nos habita. Pero estará bien, de eso también se trata esta aventura. 



Allí está Las Acacias, aquel film simple en toda la complejidad de la concepción de aquel término, tranquilo y movilizante, el cual va a venir a chocar un poco con todas estas ideas desde el amor, el pensamiento y claro, desde el arte. Pablo Giogelli, su flamante director, intentará entrar en aquel mundo tan excelentemente narrado por Lucrecia Martel, pero lo hará con su impronta personal. Eso le dará una riqueza particular a la cinta. La película abrirá inicialmente con el sonido sobre los títulos, anticipando que habrá algo que nuestro héroe tendrá que oír, que habrá algo que no estará en la imagen y que servirá para su proceso dentro de la curva dramática. Entonces, la cinta abrirá impactante con una Acacia de gran altura a contra luz y nuevamente el sonido. Se oirá fuera de campo el quiebre de una madera y un árbol entrará a cuadro cayendo. Estos 20 segundos de celuloide bien podrían ser una gran metáfora del conflicto de Rubén, protagonista del film. Gastón Bachelard dice que toda metáfora es un mito en miniatura. Allí está entonces el mito de Rubén, solo falta desarrollarlo. La película será una Road Movie, y transcurrirá en su mayoría en la cabina de un camión, situación que reducirá profundamente la capacidad de puesta de cámaras y de encuadres para una película de más de una hora. Esta situación estará resuelta con delicadeza e inteligencia por el director, el DF de la película, y el montajista. El relato será dinámico y entretenido, aunque sencillo y sin demasiadas pretensiones. Allí estará la belleza de Las Acacias. Tendrá la frescura de cuando uno se sienta a la vera de un río. 



En tal situación pueden pasar dos cosas. Que nos quedemos en el simple acto de visualización del agua correr, o conectarnos realmente, enérgicamente con la situación entera. Con la vibración de la tierra, la potencia del rio, su sonido, su canto, la historia que trae al chocar con las piedras, la caricia del viento en la cara, el movimiento de las hojas y el juego de sus sombras creando duendes inquietos recorriendo la tierra a nuestro alrededor. Y el rio… el rio fluyendo. Las Acacias decide sentir y mostrar al espectador la segunda situación. Logra con simpleza, con economía de planos, transmitir esa visión de la tierra, de las personas de la provincia, de la vida lejos de los edificios, del tránsito y la velocidad imperiosa citadina. La fotografía de la cinta estará virada a las tonalidades verdes y predominarán los planos cortos. La estructura narrativa del relato será lineal y el conflicto será interno. Veremos el árbol caer y aquella será la resolución del conflicto de Rubén. Nos sorprenderá, no lo veremos venir y será maravilloso. Nos quedaremos con la cara de nuestro protagonista en primer plano con sus ojos vidriosos y pediremos que funda a negro porque la película será eso, y Giorgelli lo hará en el momento exacto, justo allí donde Ruben, entre tanta coraza, tanto dolor asumido, tanta soledad mal llevada, podrá generar aquel efímero puente del que hablábamos al principio y en aquella brevedad de su ser, en aquella comunión podrá, aunque de manera casi imperceptible, dejar ver su corazón.

 

Lucas Itze.-        

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GIORGELLI

 


Nació en 1967 en la ciudad de Buenos Aires. Pablo Giorgelli Empezó como montajista en film como Moebius (1996), Sólo por hoy (2000) y Lo Natural (2002). En 2011 filma su primer largometraje: Las acacias, con el que gana la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. Luego llega Invisible en 2018, que narra la vida de Ely, que tiene 17 años y está embarazada.  En 2021 filma su último film hasta la fecha: La encomienda, sobre unos hombres que naufragan y quedan a la intemperie en el mar azul intentando sobrevivir.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Las acacias

Año: 2011

Duración: 82 min.

País: Argentina

Dirección: Pablo Giorgelli

Guion: Pablo Giorgelli, Salvador Roselli

Reparto: Germán de Silva, Hebe Duarte, Nayra Calle Mamani.

Fotografía: Diego Poleri

 

PELÍCULA COMPLETA

UPSTREAM COLOR DE SHANE CARRUTH

PROGRAMA 516 (04-09-2026)

 

SINOPSIS

 

Casi nueve años después de su aclamadísima ópera prima, "Primer", Carruth vuelve a ponerse tras la cámara -y vuelve a ejercer de guionista, compositor y director de fotografía- para contar la historia de un hombre y una mujer que se atraen el uno al otro para verse enredados en el ciclo vital de un organismo inmortal. La identidad se vuelve una ilusión mientras luchan para unir los fragmentos perdidos de sus destrozadas vidas. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Despojada de todo se acerca a la mesa pisando el pasto con sus pies descalzos. Su cuerpo se siente liviano. Ella la espera allí, impasible. Con su taza de té alzada en una mano. No bebe, la sostiene como si posara para un cuadro. Se la ve pálida y hermosa. La bella dama. La mujer de labios rojos. Allí sentada, esperando imperturbable su llegada.

¿Puedo sentarme? Pregunta la recién llegada.

Soy una reina, esta colina con césped es mi reino, debes hablarme con respeto, responde la pálida y hermosa mujer.

Fue entonces cuando la que ya no tenía nada, la de los pies descalzos, hizo una reverencia y pido perdón.

Ahora puedes sentarte, el té se ha helado. Aquí las esperas son largas y siempre el té se enfría, pero lo que abunda en mi reino es la paciencia. ¿Y cómo te llamas? Preguntó la dama de labios rojos.

No lo recuerdo. Hoy a la mañana lo recordaba, pero ya no.

No te acuerdas porque tu nombre ahora es mío, replicó con cinismo la soberana. Yo soy tu reina y todo lo que posees me pertenece.

Nada es lo que poseo su majestad.

La reina la miró fijo a los ojos, luego sacó una bolsita de terciopelo rojo de su saco de reina, y de ella unos pequeños huesos amarillentos que arrojos sobre la mesa. Leyó algo en la posición de su caída y pronto volvió a guardarlos.

El sol está cayendo por el norte dijo la reina y luego sorbió de su té helado.

Pero recién está amaneciendo mi bella reina, el sol recién asoma por el mar.

Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro despierta sentencio la pálida dama.

Tus ojos no sirven en mi reino.


 

La recién llegada cerró sus ojos y buscó sentir. Recorrió con la punta de sus dedos el blanco mantel que vestía la pequeña mesa del té. Con sus pies descalzos buscó la frescura del pasto verde y largo, pero su cuerpo no podía recibir sensación alguna. Cualquier acto era el mismo ante la falta de una respuesta al estímulo. Quiso sentir pena, pero no pudo. Elevó su cabeza hacia el cielo, y la mano huesuda de su soberana abrió sus ojos, deslizó su uña roja y puntiaguda lento sobre su nariz. Luego tomó una masita de un plato de plata que posaba sobre la mesa, la mordió y sus migas cayeron desagradablemente sobre su ropa, luego ella sonrió.

Mi aliento respira en cada una de tus horas, dijo mientras masticaba.

No hay flores en tu reino, quiero volver a sentir.

La noche anima tu insolencia. El sol alargaba sus sombras recién saliendo detrás del mar.

Quiero recordar, solo eso. Está muy mal visto no saber quién es uno. Fue entonces cuando la Bella señora se puso de pie, enorme, impactante, a contraluz de aquel sol que juraba negar. De un solo movimiento tiró la mesa que la separaba de la recién llegada, de la despojada, de aquella que nada sentía, y dijo con vos reverberante, a modo de conjuro final:

Ya no hay estrellas que iluminen ningún camino. No hay una luna que llore sobre las saladas aguas de este mar. La jaula está abierta. Ya eres pájaro. ¿Qué harás ahora con el miedo?

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE UPSTREAM COLOR

 


Con el paso del tiempo, la civilización ha mutado, ha ido transformándose. Cosas que antes resultaban naturales, hoy nos parecen una barbarie. La mayoría por suerte han sido para mejor. Aunque siempre hay cosas para cuestionar. Este nuevo siglo nos trajo la unión de la comunicación, la sociedad plena, la poca privacidad y la conexión eterna. Basta con pensar cuanto tiempo estamos con el celular en la mano… Crearon una máquina perfecta de dependencia, todo está ahí, en un pequeño objeto. Ahí están los amigos, la familia, los viajes, los recuerdos, la agenda, la calculadora, la cámara de fotos, la cuenta del banco… Somos parte de ese sistema que nos obliga a estar cada vez más conectado virtualmente y más alejados de la naturaleza que nos rodea. ¿Qué sería de nosotros si de pronto, nos desconectamos de todo? Lo primero que pensarán es que estamos locos, o mínimo, un poco separados de nuestra realidad. Básicamente por no seguir las reglas del juego. Algunos quizás nos llamaremos “trascendentalistas”. ¿Qué sería eso? El trascendentalismo fue una corriente filosófica de mitades del siglo XIX. Para ellos, el alma de cada individuo es idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene. Trabajaron con la sensación de que el advenimiento de una nueva era estaba al alcance de la mano. Fueron críticos de su sociedad contemporánea. Además del tema divino, entre sus ideas principales estaban la intuición sobre lógica, a través de la intuición espiritual y experiencia directa, el individualismo y la libertad, basado en la autosuficiencia y con un pensamiento crítico hacia las normas sociales y la resistencia pacífica ante la injusticia gubernamental y por último, la conexión con la naturaleza, ya que consideraban que el entorno natural es una manifestación viva de lo divino y un espacio esencial para sanar el espíritu y escapar de la deshumanización industrial. 



Algunos de estos filósofos fueron Ralph Waldo Emerson, Margarte Fuller y Henry David Thoreau. Este último, fue autor de dos de los grandes textos americanos. En 1849 escribió el célebre ensayo Desobediencia Civil, donde sostiene que los individuos deben dar prioridad a su conciencia antes que, a la obediencia a leyes injustas, argumentando que la sumisión pasiva a la autoridad gubernamental facilita la perpetuación de la injusticia. Su postura fue motivada por su oposición a la esclavitud y a la Guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), la cual consideraba moral y políticamente inaceptable. Ensayo que sirvió de base para nombres como Mahatma Gandhi o Martin Luther King, entre otros. Ya en esos años, el escritor se había mudado a una granja del lago Walden, donde se construyó una choza y vivió unos años para demostrar que la vida en la naturaleza es la verdadera vida del hombre libre que ansíe liberarse de las esclavitudes de la sociedad industrial. Por otro, que la comprensión de los recursos de la naturaleza, sus reglas, sus recompensas, son un camino que el hombre no debe olvidar. En 1854 escribe la obra Walden, basada en esas vivencias. Su primer párrafo dice “Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada”. 



En el mismo habla de economía, literatura, del sonido (del silbido del tren que interrumpía su sueño), de la soledad, los visitantes, el campo, los estanques, entre otras cosas. Hay un capítulo para cada uno de ellos. Y la conexión con la naturaleza como foco principal. Es justamente Walden, el texto que sirve como conexión para el film Upstream Color de Shane Carruth. Este comienza con alguien recolectando una larva. Luego esa larva es utilizada para que sea ingerida por una chica llamada Kris y así ejercer un control mental sobre ella, leyendo varios pasajes del libro Walden. Durante ese estadío, le robarán todos sus bienes y quedará en endeudada. Despertará luego en su casa con gusanos arrastrándose sobre su piel, que, aunque intente quitarlos con un cuchillo, no podrá. En el medio, se revela como alguien trasfiere un gusano del cuerpo de Kris a un cerdo. Al no tener pruebas, desiste de hacer una denuncia. Luego empieza a tener unas sensaciones extrañas. Cuando empieza una relación con un hombre llamado Jeff, se darán cuenta que han pasado por situaciones similares. Carruth, luego de Primer, vuelve a hacer un film no apto para todo público. Otra vez, será director, actor, guionista, montajista, director de fotografía y creador de la banda sonora. Hará un gran uso de la cámara, que pasará de los primeros planos a los planos medios, además de jugar mucho con el plano detalle. Justamente el montaje ayudará con las elipsis y la fotografía estará muy bien lograda, sobre todo por como utiliza la iluminación. La música también será destacada, ya que, en los momentos silentes, se servirá de ella con minúsculos sonidos que harán una obra minimalista. 



A lo largo del film, entendemos, o creemos entender, que lo que le pasa a ese cerdo que tiene la larva, le va pasando a los personajes. Hay alguien a cargo de ellos que resulta invisible para el resto. Una especie de observador secreto. Que tiene el don de ver o sentir a los seres psíquicamente vinculados a ellos. Cuando el cerdo tiene cría, la pareja siente como una sensación de pérdida, los recuerdos del otro suenan como propios. Es el giro de la curva dramática donde empiezan a aflorar ciertos recuerdos. ¿Conocieron al observador o es sólo una imaginación? ¿Es esa conexión la que juega entre ellos? ¿Es una conexión con la naturaleza? Thoreau en su libro cita “toda nuestra vida es de una moral sorprendente. Entre la virtud y el vicio jamás hay un instante de tregua. Somos conscientes de que hay un animal en nosotros cuyo despertar está en razón directa al letargo de lo superior de nuestra naturaleza. Aquel es reptil y sensual, y quizá no lo podemos expulsar completamente; es como los gusanos que están instalados en nuestro cuerpo, aunque estemos vivos y sanos”. Carruth utiliza Walden como un enlace entre estos dos mundos. Entre la literatura y el cine. Y utiliza el cine como medio para describir la conexión entre seres humanos y, sobre todo, para intentar que estos vuelvan a reconectarse con ese animal del pasado, con ese animal amante de la naturaleza. ¿Seremos esos gusanos capaces de destruirlo todo? ¿Tendremos que esperar que las orquídeas cambien de color para entender lo que hacemos? ¿O seguiremos siendo marionetas manejadas por la sociedad para adoctrinarnos y volvernos manejables? Quizás, somos parte de este mundo perdido, siendo observados sin saberlo y estableciendo con mayor precisión, esta desconexión sideral de la que somos parte…


Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO CARRUTH

 


Nacido en Myrtle Beach, Carolina del Sur, en 1972, Carruth estudió matemáticas en la universidad y se convirtió en desarrollador de software de simulación de vuelo antes de realizar su primera película. Posteriormente, dedicó los siguientes ocho años al desarrollo de "A Topiary", otra película de ciencia ficción. La película nunca se realizó y Carruth afirmó que "básicamente desperdicié toda mi vida" en el proyecto. El guionista y director Shane Carruth, antiguo ingeniero de software, irrumpió en la escena del cine independiente con su película de ciencia ficción de bajísimo presupuesto, Primer (2004), en 2004. Carruth también interpretó uno de los dos papeles principales y compuso la música. "Primer" ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio Alfred P. Sloan en el Festival de Cine de Sundance. 



Finalmente, Carruth realizó una segunda película, Upstream Color (2013), que se estrenó en 2013 tras su debut en el Festival de Cine de Sundance. Luego de varias discusiones con productoras, actualmente afirma haberse retirado del cine.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Upstream Color

Año: 2013

Duración: 96 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Shane Carruth

Guion: Shane Carruth

Reparto: Shane Carruth, Amy Seimetz, Andrew Sensenig, Juli Erickson, Thiago Martins.

Música: Shane Carruth

Fotografía: Shane Carruth

 

PELÍCULA COMPLETA