SINOPSIS
Un campesino tiene la desgracia de ser
séptimo hijo. En virtud de esta generosidad genealógica, recae sobre él una
maldición, que lo convierte en lobizón (hombre lobo de las Pampas) durante la
luna llena. Sin embargo, ha estado toda su vida viviendo alegremente sin tener
problemas, hasta que se enamora de una joven rubia del pueblo. A partir de ese
momento, se le aparece el Diablo, quien le advierte que el amor provoca un
efecto negativo en Nazareno, que es la consecusión de aquella legendaria
maldición. Ya no hay vuelta atrás: o deja de lado sus sentimientos por la
joven, o afronta vagar como lobo durante las noches de plenilunio. Claro, el
problema es que siendo lobo, Nazareno no puede evitar degustar el ganado ovino y
a algún que otro pastor. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Luego de sentir ese sonido apabullante y estruendoso, corto, seco, pero apabullante y estruendoso, aquella que había sabido ser una entidad superior, una corporeidad celestial, quiero decir un ángel, aún yacía en el suelo herido. Ahora el silencio, que lo ocupaba todo, era estremecedor. Un silencio al unísono, jamás escuchado a campo abierto, un silencio de respeto diría. Me surge decir de temor. Sus alas sucias, rotas, sangrantes denunciaban su condición, develaban su origen. Vestía un ropaje avejentado, oscuro, roído, muy alejado de cualquier concepto de deidad que cualquiera pudiera haber conjeturado. Sus cabellos largos y pegoteados por la sangre, se mezclaban con el barro sobre donde su cuerpo continuaba tumbado tras la fatal caída. Naturalmente, aquella fatalidad de la que hablo no había implicado su muerte, sino un cambio. Aquel era un ángel caído, un expulsado, aquella fatalidad traía dolor a su cuerpo, un dolor jamás experimentado, espantoso por cierto, aquella fatalidad traía sangre y por supuesto, la pesada carga dentro de su pecho de un corazón. De sentimientos contradictorios e inexplicables que aquel ente desconocía, pero que comenzaba a experimentar muy en el interior de su ser a modo de preguntas. En aquel suelo desconocido, en aquella sangre primera, apareció la duda, para demostrarle con cierta claridad que no solo él era el caído.
Con aquella patada en el culo santa, se derrumbaba
también las certezas, los absolutos, la implacable inmutabilidad del sabio,
aquella aponía y ataraxia, tan ligada a lo eterno. Aquel hombre como pudo, apoyó
sus puños temblorosos sobre la tierra, una tierra que jamás había sentido, e
hizo una fuerza indescriptible con sus brazos para arrodillarse. Conocía a la
perfección aquella posición de sumisión, de ruego constante, genuflexo ante la
mirada del innombrable. Con cierta vergüenza, elevó sus ojos al cielo, pero no
hubo súplica en aquel gesto, tampoco reproche. Una lágrima rodó por su rostro
herido y cayó en la tierra quemando la hierba a su alrededor. Por primera vez
sus pensamientos estaban desordenados, la pasión era su vergüenza, era su
silencio y también su desconcierto. Él entendía que había sido expulsado de su
paraíso por un capricho. Él sabía que podía repartirse como un pan de amor
entre la gente a imagen y semejanza de su creador. Pero entendió, en aquel acto
inesperado, que aquel que dijo hágase
y se hizo era juez y parte de su
circo. El cielo tronó nuevamente y una lluvia copiosa azotó la tierra. El
hombre, tembloroso se puso de pie y miró fijamente al horizonte. Ya con la
cabeza más clara pensó que tal vez los únicos paraísos verdaderos, sean
aquellos inexistentes, y caminó así ya sin rumbo. Fue entonces, cuando no
me quedo ninguna duda, de que aquella entidad, ya era humana definitivamente.
Lucas Itze.-
Canción elegida para la editorial
IMPRESIONES SOBRE NAZARENO CRUZ Y EL
LOBO
¿En qué momento los corderos se convirtieron en lobos y amenazaron con devorarnos? El verdadero poder continúa hambriento de venganza. Ya ni el mismo diablo entiende las razones. Seguimos creyendo que el amor lo recompone todo. Aunque bien sabemos que amar sangra, amar duele, para algunos significa posesión. De querernos convertir en un solo cuerpo olvidamos esa independencia. Y allí surgen ellos y esa falta de amor. Donde el odio se transforma en venganza. Y la vergüenza ya no es tal. Los lobos acechan y detrás de esas máscaras están los mismos de siempre. Camuflados, escondidos, sin entender las metáforas. Esos déspotas que financian campañas en contra del pueblo. Oprimiendo a los más débiles, queriéndolos ignorantes, como lo son ellos. Porque un pueblo ignorante, es más fácil de dominar. Una sociedad estancada, abrumada y que sigue los mandatos impuestos desde más arriba. Pero una vez más, se olvidan del amor, de la pasión, de jugarse todo por un ideal. El hombre es el lobo del hombre como decía Thomas Hobbes. Egoístas, competitivos, feroces, dispuestos a destruirnos entre iguales. Aunque por momentos es un insulto para el noble animal.
El dinero y el poder nos transforma y ahí radica esa competencia. ¿Estamos listos para afrontar ese cambio? ¿Destruiremos el amor por dinero? ¿O elegiríamos uno sobre el otro? Esa básicamente es la pregunta que el Diablo le hace a Nazareno en el film del siempre genial Leonardo Favio. Si, hablamos de Nazareno Cruz y el Lobo, un clásico del cine argentino que, hasta hace quince años, seguía siendo el film más taquillero de la historia nacional. Estamos ante un típico film basado en una tradición local, adaptado de un exitoso radioteatro de Juan Carlos Chiappe. Nazareno es el séptimo hijo varón. Y se convertirá en lobo en las noches de luna llena. Aunque él no cree en esas leyendas, todo cambiará cuando aparecerá Griselda. Nacerá el amor y con ello, la maldición. Ahí se le aparecerá Mandinga, el Diablo y le ofrecerá libertad y riqueza para olvidar a su amor… Favio se apropia del mito como voz autorizada y los recrea en las Pampas húmedas haciendo más verosímil la tradicional historia, un relato que mezcla lo fantástico y lo romántico, ¿Realismo mágico quizás? Lo debatiremos luego en estas trincheras. El guion irá in crescendo hasta el momento que la curva dramática acentúe el paso para un desenlace perfectamente elaborado. Se ayudará con elipsis para crear los saltos temporales y como en varios de sus films, habrá una voz over que acompañará el relato. La capacidad del director se verá en la ambientación, en el montaje por momentos abrupto, en los travellings, en los paneos, en los encuadres y en los cambios de planos.
Combinará planos generales y muy abiertos
para mostrar el campo con planos cerrados para crear una atmósfera oscura y
sufrida de sus personajes. Y el oído tendrá que estar atento a cada susurro,
cada viento, cada palabra que se esconde entre cada sonido. También dispondrá
de una banda musical que pasará desde música clásica hasta pop romántica y una
de las fotografías más bellas de una película argentina de esos tiempos, a
cargo de Juan José Stagnaro, también director y padre de un tal Bruno…
Las actuaciones de Juan José Camero y Marina Magalí distarán de
ser las mejores, pero se solventarán por los dos secundarios de lujo: Alfredo
Alcón y Nora Cullen, como Mandinga y la
Lechiguana, que no les hará falta tanto tiempo en pantalla para
demostrar su talento. Y como un ser político que fue, Favio no esquivará la
mirada social. Elaborará una crítica a la sociedad. A esa sociedad duramente
golpeada y creyente de ciertos mitos y supersticiones. Abrazará a quienes, como
él, se la jugaron por amor y por sus ideales sobre todo en esos revolucionados
años ´70. Nos quedarán diálogos memorables y una frase de este Diablo humano y
desilusionado con su rol, que hasta hoy sigue resonando “No te olvides de
mí. No te avergüences de mi cuando estés frente a Dios, Nazareno. Yo también,
si Él quisiera, me repartiría como un pan de amor entre la gente”.
Porque según los mandatos, unos son los buenos y otros son los malos. Pero
para el amor, no hay mejor rito, que el de los corazones sangrando.
Canción post impresiones
UNIVERSO FAVIO
Nacido en Mendoza, en un barrio pobre
y complicado, donde soportó el abandono de su padre. Pasó gran parte de su
infancia internado; conflictivo, siempre escapó o se le expulsó. Una serie de
robos pequeños lo llevaron incluso a la reclusión carcelaria.
Su madre, Laura Favio (o Fabio) actriz
y escritora de radioteatros, solía conseguirle «bolos» (pequeños papeles
escasamente remunerados) en Mendoza; etapa en la que además comenzó a preparar
sus primeros libretos.
En 1960 realizó un corto llamado El
amigo, que narra la historia de un chico que lustra zapatos en la
puerta de un parque de atracciones.
En 1965 llegó su primer largo, con el
cual se ganó el aplauso de la crítica: Crónica de un niño sólo.
Un año después dirigió El
romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y
unas pocas cosas más..., considerada una de las mejores películas
argentinas de todos los tiempos. Aniceto, interpretado por Federico Luppi está
enamorado de Francisca, una chica decente, la “santita” del pueblo, pero
también seduce a Lucía, apasionada y sexual, la “putita” del Aniceto…
En 1969 estrena El
dependiente, escrita por su hermano, sobre un empleado de una
ferretería, que empieza a pensar que si su patrón se muere, él puede quedarse
con el negocio.
Durante esos años empezó a componer y
empezó a forjar una carrera como cantante solista donde tuvo un éxito tremendo,
presentándose, entre otros festivales, en Viña del Mar.
En 1973 filma Juan Moreira,
la historia de un gaucho que es encarcelado erróneamente y al salir jura
venganza, donde se mete en el mundo de la política, las traiciones y la muerte.
En 1975 dirige Nazareno
Cruz y el Lobo, la historia de un séptimo hijo varón que por las noches
se convierte en Lobo, pero que después de enamorarse se le aparece el Diablo, e
le aparece el Diablo, quien le advierte que el amor provoca un efecto negativo
en Nazareno, que es la consecusión de aquella legendaria maldición. Nazareno
tendrá que decidir entre vivir vagando por las noches o dejar de lado sus
sentimientos.
Un año después llega Soñar,
soñar, con Carlos Monzón como protagonista. La historia de un
trotamundos que ofrece números artísticos, y en un viaje se encuentra con un
empleado municipal que quiere ser artista. Allí nacerá una gran amistad e
intentarán hacerse famosos en Bs As.
Después del exilio que sufrió durante
la dictadura, volvió al ruedo recién en 1993 con el film Gatica, el Mono, la historia del legendario boxeador argentino. Ganó el Goya a la
mejor película en habla hispana.
En 1999 dirige el documental Perón,
sinfonía de un sentimiento, donde narra la historia política del
político argentino.
Su último film fue Aniceto,
remake de su propio film del año 66. Después dirigió un corto titulado Gente
querible, en el que se emitían frases de próceres argentinos sobre imágenes de
películas de Leonardo Favio.
Y por último participó del film 25 miradas,
200 minutos. Película conformada por 25 cortometrajes de 8 minutos de
duración cada uno. Mirada introspectiva sobre la historia de Argentina, desde
el punto de vista de 25 directores de cine que participan de esta puesta, con
motivo del Bicentenario de Argentina. Entre los directores se destacaban: Caetano,
Sorín, Lucía y Esteban Puenzo, Martel, Stagnaro, Jusid, Taratuto, Lecchi, Paula
Hernández y Taretto, entre otros.
Falleció de neumonía en una clínica de
Buenos Aires, el 5 de noviembre de 2012, luego de estar varias semanas
internado…
FICHA TÉCNICA
Título original: Nazareno Cruz y el
lobo
Año: 1975
Duración: 92 min.
País: Argentina
Dirección: Leonardo Favio
Guion: Leonardo Favio, Jorge Zuhair
Jury, Juan Carlos Chiappe
Reparto: Juan José Camero, Marina
Magali, Alfredo Alcón, Lautaro Murúa, Nora Cullen
Música: Juan José García Caffi
Fotografía: Juan José Stagnaro







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