SINOPSIS
Ramón (Javier
Bardem) lleva casi treinta años postrado en una cama al cuidado de su familia.
Su única ventana al mundo es la de su habitación, que da al mar, donde sufrió
el accidente que interrumpió su juventud. Desde entonces, su único deseo es
morir dignamente. En su vida ejercen una gran influencia dos mujeres: Julia
(Belén Rueda), una abogada que apoya su causa, y Rosa (Lola Dueñas), una vecina
que intenta convencerlo de que vivir merece la pena. Pero también ellas,
cautivadas por la luminosa personalidad de Ramón, se replantearán los
principios que rigen sus vidas. Él sabe que sólo quien de verdad le ame le
ayudará a emprender el último viaje. (FILMAFFINITY)
EDITORIAL
Se la espera, casi siempre, con temor. Algunos encontrarán en ella la paz que nunca tuvieron. Otros se ilusionarán que luego de su llegada, volverán a encontrarse con esas personas que tanto han extrañado. Y como todo en este mundo, también es un negocio. En las guerras, en las iglesias, en las casas velatorias, en los cementerios. Ni siquiera allí, en la muerte, estamos exentos de pagar el impuesto por haber vivido. Alguna vez el filósofo Séneca dijo: “La muerte es un castigo para algunos, para otros un regalo, y para muchos un favor.” Quizás esto último es la solución a ciertos castigos de ese Dios del cual nos hablan. ¿Que la vida es maravillosa no importa cuál sea la dificultad? La respuesta no es universal. Vayan y convenzan a un niño sirio que la vida es maravillosa luego de haber perdido medio cuerpo por unas bombas de una guerra que nunca pelearon...
O a nuestros pibes de Malvinas que un borracho mandó a inmolar para
ganar una batalla que la nefasta Junta Militar ya tenía perdida. Todo esto, sin
hablar de enfermedades y ciertos destinos del Señor. Porque como dijo Ramón
Sampedro, una vida que quita libertad, no es vida. Y como la vida es un derecho
y no una obligación, la muerte propia, también debería serlo. Mucha gente lleva
años esperando que llegue su final. La eutanasia está prohibida en casi todo el
mundo y algunos tienen que recurrir a medidas para nada alegres para cumplir su
mandato. Solo siete países la consideran legal. Los Países Bajos fueron los
adelantados en 2002. Y justamente España fue uno de los últimos en sumarse hace
poco más de un año... La lucha fue ardua, tan complicada como la vida misma. Pero
el sueño de cerrar los ojos y volar ya está en marcha. Serán los herederos de
ese dolor imposible. Donde en ese último latido encontrarán la paz. Para por
fin poder pegar el salto y sumergirse Mar Adentro...
Marcelo De
Nicola.-
Canción elegida
para la editorial
IMPRESIONES PARA MAR ADENTRO
Sin escala alguna recurramos a un amigo de esta casa, el filósofo de Salamanca, Don Miguel de Unamuno. En aquella obra inmensa llamada Del sentimiento trágico de la vida, Miguel sentencia que pensar en la muerte es el verdadero origen de la experiencia filosófica. El hombre no se puede concebir no existiendo sin un sentimiento de angustia o de congoja. Vendrá entonces allí a jugar sus cartas aquella necesidad de perpetuación, aquel anhelo de eternidad. El amor será la gran excusa para eternizarse en el otro, ese será su único motor. Antropológicamente hablando es sabido que lo que distingue más radicalmente a lo humano de los animales es el culto a los muertos. Es el ansia de inmortalidad personal origen y esencia de todas las religiones. Comercializar a través de la fe destinos paradisíacos o infernales, azarosas reencarnaciones, merecidos destinos, no es más que un intento desesperado de prolongar aquello que entendemos finito. Pero vamos, repitámoslo una vez más esto que hemos dicho ya tantas veces desde este mismo micrófono: después de la muerte la nada. Después de la muerte el verdadero final y allí el origen de esta filosa angustia, la angustia de ser al fin nada. Schopenhauer decía que es el desenfrenado amor a la vida lo que conduce muchas veces a la muerte, al suicidio. El que se suicida no lo hace porque desee la muerte, o sea la nada, sino porque le gustaría tener una vida más plena y rica que la que está viviendo. Es el ansia suprema de vivir mejor y de perpetuar y prolongar su vida lo que lleva al suicida a acabar con ella. Detengámonos un instante a pensar en el humano, en el ser humano, en lo que lo determina como uno y no otro, hablo de lo que lo define como el que es y no el que no es. Surgirá de aquella reflexión la idea de principio de unidad y principio de continuidad. Allí residirá su exclusividad. El principio de unidad se ejercerá, claro, en el espacio, aquella ocupación ejercida por un cuerpo. El de continuidad en la acción y en el propósito. Reza una vieja máxima de la dramaturgia, haciendo referencia al concepto técnico de premisa, que en cada momento de nuestras vidas tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de todas nuestras acciones. Ahora, ¿Qué hacer cuando aquel propósito, aquella premisa estructural, no es otra sino la muerte digna?
Tal es el caso del personaje Ramón Sampedro, protagonista del impecable film de nuestro amigo Alejandro Amenábar llamado Mar Adentro. Amigos, amigas, estamos frente a una obra cruda, valiente y por todo esto dolorosa. Una obra armada con inteligencia sobre un concepto estético delicado. Una obra que abarcará varios temas pero cuyo conflicto principal será la lucha legal de Ramón por acabar, sin ninguna represalia legal, con su propia vida, aquella que ya no es siquiera suya. La lucha de Ramón porque la ley acepte su libertad de elegir la nada para así no soportar más ese calvario en que se convirtió su existencia luego de aquel trágico accidente que lo inmovilizó e insensibilizo del cuello a los pies. El film comenzará con un recurso similar al utilizado por el propio Amenábar en su opera prima Tesis. Desde el negro absoluto se oirán las relajantes olas de un calmo mar. Una voz en off dirá la palabra: tranquilo, y allí comenzará algo parecido a una relajación guiada. Esta será la primer palabra que se oiga en todo el film, y se resignificará en su devenir. Tomará entonces el pesado sentido de definir la sentencia a la que Ramón estará sujeto durante todo el relato. Aunque su mundo se desarme o se altere, aunque las cosas no salgan según sus pretensiones, aunque las ventanas no den al mar, a Ramón solo le queda buscar la tranquilidad mental para no enloquecer dentro de aquella cárcel que es su cuerpo inútil e inmóvil el cual lo condena a ser espectador de una vida que ya no le pertenece. Esa será la continuación del relato de la voz en off, la cual invitará al espectador a ser consciente de lo que ya es, un ser pasivo e inmóvil cuyo único propósito será el de observar sin participar la historia que otro hizo. Alguien postrado que mira las aventuras de otros, los amores y desamores de otros, las pasiones incendiando otros cuerpos.
Para esto
aquella voz nos invitará a imaginar una pantalla de cine donde aparecerá por su
invocación un paisaje. Continuará solicitando agudizar los sentidos en las
tonalidades lumínicas, las texturas, la temperatura y los colores que visten
aquella escena imaginada. Con sutil inteligencia, Amenábar nos hará sentir de forma
poética, lúdica, vamos, artística el tortuoso punto de vista de su protagonista.
Respiración e imaginación, nada más. El relato contará con una paleta de
colores que remitirá claramente a aquel cuadro de Dalí llamado
El guión tendrá un trabajo
muy cuidado sobre la línea de diálogos, consiguiendo de esa manera frases
contundentes, cargadas de dolor y significado. Habrá mucho sentido de verdad en
el decir de los personajes y se utilizará de manera dosificada la herramienta
de diálogo interrumpido. Un personaje comenzará a decir algo y será cortado por
otro o hasta por él mismo frustrando de esa manera el devenir natural de su
línea. Este recurso servirá con sutileza a reforzar la idea del conflicto
madre, aquella interrupción en la fluidez de la vida del protagonista. Algo que
comienza y no logra terminar porque es interrumpido abruptamente por otra cosa.
Una cadencia intervenida que no logrará finalizar del modo previsto. Flotará
aquel fantasma por toda la cinta recordándonos con un susurro gélido al oído
aquella estupidez de eternizarnos en el tiempo a través de nuestra compleja
elaboración de acciones planificadas. Ramón nos hablará del amor denunciando la
posesión sobre el otro, la proyección del que ama sobre el ser amado. Nos
hablará de la libertad y traerá aquello dicho en este mismo foro respecto de su
relación intrínseca con la privacidad. Nadie puede ser realmente libre cuando
todos sus actos son públicos. Terminará planteándonos la idea de la muerte no
como un dolor en la perdida sino como el digno final a una vida de calvario. La
muerte para honrar de verdad a la vida. La muerte para reafirmar que la vida es
un derecho y nunca una obligación. La muerte como el último acto heroico de
verdadera libertad. Gracias Ramón por poner con clara honestidad sobre la mesa
aquello que tantos se empeñaron en ocultar y negar. Buen viaje compañero, hasta que
ninguna muerte nos distancie.
Lucas Itze.-
Canción post
impresiones
UNIVERSO AMENÁBAR
Alejandro Amenábar nació en Santiago de Chile el 31
de marzo de 1972. De madre española y padre chileno, al año la familia se
volvió a España por el golpe de Estado de Pinochet. Sus padres celosos de su
educación, no le permitían ver mucha televisión ni películas, por lo en su
infancia sus aficiones eran escribir relatos y leer libros. Recién a la edad de
15 años empezó a visitar los cines con más frecuencia y eso hizo que quiera
estudiar algo relacionado con el séptimo arte. Empezó a estudiar en la Facultad de
Ciencias de
Su ópera prima fue un éxito y se llevó 7
premios Goya, incluidos Mejor Película, dirección y guión. Un año después
llega Abre tus ojos, un estupendo thriller surrealista, donde
trabaja nuevamente con Eduardo Noriega y Fele Martínez al
que se suma Penélope Cruz. Tuvo tanto éxito que hubo una
remake en Estados Unidos llamada Vanilla Sky y protagonizada
por Tom Cruise. Gracias a eso se le abrieron las puertas de
Hollywood para filmar Los Otros, con Nicole Kidman.
Ambientada en
En 2004
llega otra de sus grandes obras: Mar adentro, con un Javier
Bardem irreconocible, cuenta la historia de un hombre que vive
postrado hace 30 años y su único deseo es morir dignamente. Otro éxito rotundo
confirmado con el Oscar a mejor película extranjera y una
catarata de premios en todo el mundo. Viaja en el tiempo para en 2009 filmar Agora con Rachel
Weisz, la historia de la brillante astrónoma Hypatia en Egipto del Imperio
Romano del siglo IV, en medio de una batalla cultural que amenaza con quemar
FICHA
TÉCNICA
Título original: Mar adentro
Año: 2004
Duración: 125 min.
País: España
Dirección: Alejandro Amenábar
Guion: Alejandro Amenábar, Mateo Gil
Música: Alejandro Amenábar
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Reparto: Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas,
Mabel Rivera, Clara Segura, Joan
Dalmau, Tamar Novas, Josep Maria Pou, Celso
Bugallo, Francesc Garrido
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