miércoles, 10 de diciembre de 2025

CONVIVENCIA DE CARLOS GALETTINI

PROGRAMA 489 (21-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Dos íntimos amigos, uno un porteño práctico (Brandoni) y el otro un español intelectual (Sacristán), pasan los fines de semana en una quinta en El Tigre, en el Delta del río Paraná. Un día de tormenta llega Tina (Dopazo), una joven extraviada, que afectará la relación entre ambos. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Un recuerdo se cuela en un pasillo oscuro, repleto de hojas secas. El viento las fue trayendo y amontonando. Se siente una risa que le da un poco de calor y color a esa imagen. No la encuentro como real, sin embargo, ella trae el aroma de su perfume y la suavidad de su piel. La vida es un poco más digna, podría decirse. Por ese pasillo salió por última vez. Sus rulos perfectos se bamboleaban con violencia. El ruido de los pasos despertaba hasta al pájaro más soñador. Las horas, días, meses y años se esfumaron en un suspiro. No hubo una despedida. Ni siquiera un hasta luego. Solo nos volvimos dos desconocidos que terminaron un pacto tácito. Un contrato sin formalizar. Los platos se habían amontonado y el café destilaba un gusto amargo. La cama quedaba enorme y las sábanas se arremolinaban en un costado. Los colores se volvían apagados, grises, sin alegría. Las paredes se descascaraban. Así que eso era la felicidad y no lo había notado. Al final, bastante imbécil había resultado. 



¿Qué era todo esto entonces? Tristeza, me repetía a mí mismo. Y así buscaba como escapar de ahí. Pero no, cualquier alegría duraba un tiempo y después volvía a la programación habitual. Soledad pensé luego. Era lo más lógico. Lo que todos te repetían. Pero no, siempre fui alguien que se llevó bien con la soledad, por lo tanto, había que tachar esa idea. Y un día mientras un tango sonaba apareció la nostalgia. Si, debía ser ella. No tenía dudas. Los recuerdos, las voces, los aromas y hasta las ausencias eran el combo de momentos que venían bajo ese nombre. Eran esas mezclas de felicidad y tristeza, de pasión y desencanto, de amores y odios. Se extrañaba todo a la vez. Y resurgía esa trillada frase que cita que todo tiempo pasado fue mejor. No sé si en este caso lo era. Seguramente no. Y llega la noche y vuelve a aparecer con fuerza. Y es en ese pequeño momento que llega el deseo de que esa nostalgia se transforme en convivencia.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE CONVIVENCIA

 


Miro por la ventana y llueve. Las gotas golpean el vidrio y el techo de chapa del pequeño galpón del patio que resuena como si fuera a quebrarse. Llueve con fuerza, con violencia. De manera copiosa, densa. El agua cae sin casi dejar lugar entre gota y gota. Chet Baker gira en el toca discos interpretando Lonely Star y tu mano se posa en mi hombro. Me sacas el cigarrillo, lo dejas sobre el cenicero repleto de colillas, me invitas a pararme y apoyas tu cabeza sobre mi pecho. No bailamos, pero nos movemos al ritmo de la música. Te abrazo fuerte, intento retener tu olor, la textura de tu piel, la sensación de ese no baile. Algo cae en la cocina que nos sobresalta. Corro, está oscuro. Piso vidrio. Enciendo la luz, la lluvia de fondo ruge cada vez más fuerte, enfurecida, la chapa golpea ensordecedora. Ya la música no se escucha, estás sentada, una copa de vino destrozada en el suelo es el reflejo fiel de tu ánimo. Intento darte la mano y te levantas espantada, furiosa. Tu mirada se clava en la mía con una frialdad que te desconozco. Gritas, me insultas, exigís. El vino recorre las baldosas como la sangre de un órgano vital herido de muerte, incurable, irreparable. Salís de la cocina empujándome, jurando no volver. En pocas palabras me convertís en una bestia en la que temo reconocerme injustamente. Intento seguirte por las escaleras que llevan a las habitaciones, pero no te alcanzo. Un relámpago ilumina los escalones. Afuera el mundo se desarma en agua y truenos, en viento y sudestada. La furia de la naturaleza golpea sobre los vidrios, las ventanas, el viento cierra las puertas con violencia, como invitándolas a no volver a abrirse jamás. Llego al piso de arriba y escucho el llanto de una nena. Es nuestra hija que llora en su cuarto desconsolada. La pequeña Zoe con sus 8 años, acostada en su cama hecha un bollo, temblando, abrazada a una soledad infinita. Me acuesto a su lado e intento calmarla. Finge hacerlo, lo hace por mí. Es ella quitándome angustia, es la niña curando al padre con sus manos de hada, con su mágica forma de ver las cosas que la hacen vencer el miedo, alejar la pena para ponerme a salvo. Sabe, de alguna manera, que el vulnerable soy yo. Por más que ella sienta el mismo dolor. Por más que ella tenga el mismo vacío en el pecho. Lo lee en mis ojos, en el temblor de mis manos. Con dulzura me acaricia y me abraza, un abrazo eterno, un abrazo que aun siento apretando mi cintura, dándome calor en el pecho. 



Acaricio su pelo largo, larguísimo. Le prometo que vamos a estar bien sin lograr que ninguno de los dos lo creamos. Nos llena el silencio. Y sus ojos me miran. Se produce quizás la más tierna de las conversaciones jamás tenida entre ambos. Desde el silencio, desde otro plano, sacando la palabra de lugar, poniendo en juego otros sentidos, otros sentires. Ya sin tiempo, sin edades, leo en sus ojos una sabiduría abrumadora, una compasión emotiva. Ese pequeño instante volverá a mí cada vez que lo necesite, será la tabla en la tempestad, será lo que ayude a no ahogarme entre tanta lluvia. Alguien cierra con fuerza la puerta principal de la casa. Suena seco, fuerte, decidido. Suena para siempre. Suena como deteniendo el tiempo, como jurando no volverse a abrir, suena a sentencia, a castigo. Bajo las escaleras corriendo. El pasillo hasta la puerta pareciera alargarse cada vez más. Una melodía entra lenta, algo sucia. Sigo caminando por aquel túnel oscuro que me lleva a la puerta de entrada. La lluvia pega fuerte sobre los vidrios del ventanal del comedor. Reconozco la melodía, Es Chet Baker, es Lonely Star. Alguien fuma  sentado solo sobre la ventana, mirando la lluvia. Se la oye golpear sobre el techo de chapa del pequeño galpón del patio como si fuera a partirla. La casa está oscura, sola, fría, inmensa. En cada rincón aguarda como un sicario una historia. La lluvia no cesa y sin saberlo la casa se llena de fantasmas que se protegen de ella a mi lado. La nostalgia puede ser la peor de las celdas cuyos barrotes ilusorios detienen el tiempo para nosotros y nos dejan bailando con nuestros propios espectros hasta caer muertos, viviendo quizás una vida de anécdotas que ya sucedieron, una vida cobarde, que se niega a la aventura del hoy. La gran aventura queridos amigos, no está en juntarnos con la tribu a narrar aquellas historias de cuando soñábamos conquistar el mundo sobre aquel barco de velas rojas. Nosotros, que hoy traicionamos a aquellos niños vistiéndonos de traje, cobrando un sueldo, alejándonos de lo salvaje, prefiriendo lo seguro y olvidando el bosque para siempre. No, la gran aventura está en seguir sumando anécdotas, contar historias de ayer para programar las de mañana. Ese es el juego, eso es ganarle al tiempo y escaparle, de alguna manera a aquel sentimiento trágico de la vida. El film Convivencia de Carlos Galettini, adaptación de la obra teatral del dramaturgo Oscar Viale, viene a reflexionar sobre todo aquello, sobre la nostalgia, sobre el tiempo, sobre la aventura. Será un film alegórico, metafórico, un hermoso juego de luces y sombras donde nada será lo que parece. De este juego nace el cine, y este es el juego que decide jugar Galettini a la hora de adaptar su obra. Del teatro quedaran algunos códigos como la economía de escenarios o la necesidad de una urgencia. 



La sudestada será la excusa inminente para mantener a los personajes dentro de la casa. Si nos manejáramos dentro de los códigos del teatro, bastaría con solo nombrarla para armar en el espectador la idea del temporal, en cambio, siendo una obra cinematográfica, nobleza obliga, el deber es mostrar aquel temporal para que el verosímil funcione. La cinta recordará a otro film ya tratado en esta tertulia llamado The House, película filmada por nuestro gran amigo Sharunas Bartas, en el tipo de tratamiento que se le dará a la casa donde sucederá toda la acción. El relato comenzará con una bruma que se disipará de a poco y dejará ver una vieja casona del Tigre bastante descuidada, la cámara seguirá en travelling e ingresará por transición. Adentro presentará a los otros personajes Enrique y Adolfo. El primero más mundano, más visceral, más natural y salvaje, el segundo más racional, más cultural y medido. La casa funcionará como un personaje más que los contiene, un personaje donde, tal como decíamos, será habitado por la nostalgia que los mantendrá atrapados en sus propios recuerdos. No podrán salir de allí, estarán atrapados como en un loop temporal, narrando las mismas historias, discutiendo los mismos detalles. Habrá un intento de cambio al llegar ella, Tina. Una especie de diosa que intentará curar esa nostalgia. Será lo nuevo, lo joven, lo bello. Hará funcionar el tiempo dentro de la casa, alejando por unos instantes al recuerdo, haciendo que los personajes habiten el aquí y el ahora. Pero no lo logrará. Tina se irá sin haber podido cumplir su misión. Vencerá la casa, la neblina. La muerte, que los estará esperando bajo la lluvia en forma de sombra. Podremos nosotros, los espectadores, quizás ir un poco más lejos en la interpretación de las alegorías y preguntarnos qué estamos viendo realmente. ¿Qué es real y que no dentro del relato? Es llamativo lo opuesto de los dos personajes protagónicos, la parte racional y la parte salvaje. Los recuerdos. La nostalgia. La casa. La neblina que lo confunde todo. Da la sensación, sin forzar demasiado las cosas, que el autor quiere contarnos cómo funciona la cabeza de una persona melancólica encerrada en sus recuerdos. La casa, su cabeza, luchando dentro de ella contra las imágenes que se repiten una y otra vez, deteniéndolo en el tiempo. Como aquellos amigos que cuentan las mismas anécdotas, se hace un silencio, las risas muren despacio y luego alguien paga la cuenta y se retiran del bar en silencio. Entiendo Convivencia en este sentido, veo en ella esa lucha, ese temor de morir sin avanzar, de morir creyendo estar viviendo una vida de aventuras mientras seguimos las reglas de otros, mientras vendemos nuestra libertad para que otros decidan sobre nuestra suerte. El tiempo se acaba, la aventura es ahora, el resto, queridos amigos, es solo ausencia.     

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO GALETTINI

 


Nacido en Buenos Aires, fue asistente de dirección en La tregua de Sergio Renan, la primera película argentina nominada al Oscar en el año 1975. En ese mismo año dirigió su primer film: Las sorpresas, una película de tres episodios junto a Luis Puenzo y Alberto Fischerman. El segmento de Galettini se tituló Corazonada. Un año después y en solitario, filma Juan que reía, con un gran elenco como Luis Brandoni, Luisina Brando, Federico Luppi, Enrique Pinti, entre otros. La historia de un vendedor de vinos que quiere ascender, pero que cuando le roban su auto (un Citroen 2cv), que no está asegurado, empieza una curva descendente inevitable. En 1979 dirige Cuatro pícaros bomberos, sobre unos bomberos que se ven involucrados en la estafa a un empresario de la carne. Ese mismo año dirige también La aventuras de los paraguas asesinos, donde los ya clásicos Tiburón, Delfín y Mojarrita, intentan luchar contra unos criminales. Este film, y los dos siguientes (Los superagentes y la gran aventura de oro, y Los superagentes contra todos), han sido calificadas como propaganda ideológica a favor de la Última dictadura.



En 1983 filma Se acabó el curro, sobre dos típicos chantas que quieren estafar a un turista peruano en medio de la especulación financiera de la época. En 1984 dirige Los tigres de la memoria, la historia de Carlos, quien buscando noticias de sus hijos exguerrilleros, acepta colaborar con su restaurante en una red de traficantes de drogas. En 1986 llega Seré cualquier cosa, pero te quiero, sobre una mujer de 40 años que se enamora de un fontanero. A partir de 1987 empieza con una serie de clásicos que conocemos todos, con cuatro nombres asociados a sus películas: Emilio Disi, Berugo Carámbula, Alberto Fernandez de Rosa Gino Renni, sumados a Paolo el Rockero, empezaban sus aventuras Los matamonstruos en la mansión del terror, que luego prosiguieron en Los bañeros más locos del mundo 1 y 2, y Los pilotos más locos del mundo.



También aparecieron clásicos como Las locuras del extraterrestre, y las 4 partes de Los Exterminaitors con la dupla Disi-Francella. Entre todas esas películas cómicas filmó en 1991: Charly, días de sangre, la historia de un joven con problemas (Fabián Gianola) que es llevado a una quinta donde murió quemado su hermano. La idea es disfrutar de un fin de semana agradable, pero un asesino serial amenaza al elenco y a la hiperinflación por entonces reinante. Vuelve un poco a las fuentes con Convivencia, donde gana el Condor de Plata a Mejor Película en 1993. La historia de dos amigos que viven en el Tigre, uno es porteño (Brandoni), el otro español (Sacristán), pero de repente aparece una chica (Dopazo), que amenaza con romper la amistad. En 1996 llega Policía corrupto, donde Romero es un policía de la división antinarcótico. Es ambicioso y no tiene escrúpulos y se mueve en un oscuro mundo de prostitutas, narcotraficantes y políticos. Todo se pudre cuando Romero se queda con un vuelto importante. El film estuvo teñido de escándalo al recibir un alto subsidio, luego incluso de haber sido declarado como "sin interés". El director renunció en el primer día de montaje (en los créditos figura un seudónimo); y la productora le inició juicio a Gerardo Romano, quien declaró: "esta debe ser la peor película argentina en años". Ese mismo año dirige Besos en la frente, y dos años después le encomiendan dirigir la segunda parte de Dibu, la exitosa serie argentina para chicos.



En 2003 llega Ciudad del sol, la historia de Manuela, una estudiante que empieza a encontrar los porqué del suicidio de su madre, en un pasado celosamente guardado, con un elenco importante como Darío Grandinetti, Jazmín Stuart, Leonor Manso, Luis Luque, Nicolas Cabré, Patricio Contreras, entre otros. Su último film fue La patria equivocada, en 2011, en la que Clarita se enamora de Clorindo y abandona su bien posicionado hogar para dedicar su vida a su marido, desertor del ejército, y a sus ideales. Luego de la muerte de Clorindo, busca otro destino para su hijo. Los descendientes de esta familia, irán recorriendo la historia de la construcción de la Argentina atravesada por el orgullo, la pasión y la venganza. Con Juana Viale como protagonista.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Convivencia

Año: 1993

Duración: 97 min.

País: Argentina

Dirección: Carlos Galettini

Guion: Carlos Galettini, Luisa Irene Ickowicz

Reparto: Luis Brandoni, José Sacristán, Cecilia Dopazo, Betiana Blum, Víctor Laplace.

Música: Oscar Kreimer

Fotografía: Félix Monti

 

PELÍCULA COMPLETA

jueves, 20 de noviembre de 2025

LA TRIBU - PLEMYA DE MIROSLAV SLABOSHPITSKY

PROGRAMA 488 (14-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Un adolescente sordomudo ingresa en un internado especial donde, para sobrevivir, tiene que formar parte de una organización salvaje, "la tribu", dedicada a todo tipo de actos delictivos. Su amor por una de las concubinas del líder lo llevará a desafiar las reglas no escritas en la jerarquía de la banda. Una película que no precisa de doblaje ni subtítulos, donde toda la comunicación es mediante el lenguaje de signos. Porque el amor y el odio no necesitan traducción. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Dice Roland Barthes en su libro Lo Neutro que el héroe occidental está destinado a tomar siempre una postura. Frente a un hecho debe actuar, frente a una situación, inevitablemente, debe tomar una posición, cualquiera sea. Esta postura, claro, lo sitúa ante la duda lejos del silencio. Ante una pregunta, nuestro héroe, deberá responder, jamás podrá llamarse a la neutralidad del silencio. Dicen que el silencio es divino, los dioses, los sabios callan,  la palabra es del hombre.  La duda, la pregunta, siempre se encuentra dentro del plano de lo humano. Es el humano el que busca el saber desnaturalizando mientras duda a través de la pregunta. Es el humano el que no calla por soberbia, por narcisismo, es el humano quien se incomoda frente al silencio hasta encontrarlo amenazante. Es el humano el que pone tal peso en la palabra oral que la utiliza como sentencia, le otorga cualidades mágicas, la lleva a tales extremos que exceden lo comunicacional.  Freud decía que toda pregunta es una voluntad de saber sexual, o sea, toda pregunta es siempre indiscreta. Roland Barthes, a su vez,  agregaba  que no era un modo natural del discurso sino uno cultural y que era la peor de las violencias. Toda pregunta es indiscreta y está relacionada con el voyerismo, ya que expone al cuestionado, lo exhibe. 



Nos urge de manera imperiosa postular el derecho a callarse, ese sería el único escudo contra el peligro del habla. Hablo aquí de resignificar el silencio, de devolverle el valor perdido a través de la historia. Hablo también de callar para habitarnos, para sentirnos, para encontrar aquel equilibrio armonioso dentro de nosotros, aquel  encuentro con nosotros mismos del que escapamos con la palabra hablada. Y cuidado, temo no ser interpretado y que se piense que este mensaje ataca torpemente a la comunicación. Lejos está de las intenciones de este que les habla caer en aquellas tentadoras trampas del lenguaje. El silencio comunica porque también es signo, por lo tanto de alguna u otra manera, también es texto y aquello hace que no caiga en la nada. Jaques Derrida lo enunciaba de la siguiente manera: no hay nada fuera del texto. El ser nombra, designa, da entidad. Se estructura y se articula su universo perceptivo y cognitivo a través de un sistema heredado, arbitrario y naturalizador. La palabra recolecta toda esa información y da sentido. Mi pregunta estuvo siempre sobre aquella nada que señala el filósofo. Aquel abismo innegable y ensordecedor, aquella línea entre el significado y el significante donde suceden otras cosas, donde seguramente nada es lo que parece y solo queda el silencio para la tribu.

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE LA TRIBU

 


El mundo parece un lugar tan sencillo, pero no siempre lo es. Hay muchos que están ahí, invisibilizados, olvidados. Quizás son noticias por algún motivo, pero vuelven al anonimato. La exclusión es parte de su vida. ¿Cuántos lugares vemos solo con escaleras y sin ascensores? ¿Cuántos edificios públicos no tienen ni una mísera rampa? ¿En cuántos lugares se nos enseña lenguajes de señas? Y para colmo, ni ellos escapan de los recortes presupuestarios. La sociedad los aglutina bajo la mirada de la lástima sin siquiera pensar en cómo se sienten ellos. Las miradas se esquivan, los murmullos se hacen más evidentes y los pasos se apuran solo de pasar frente a ellos. Alguna vez un amigo de esta casa, Lars Von Trier, llevó al cine Los idiotas para darle un cachetazo al mundo y mostrarle sus propias miserias. La vida de los excluidos suele tener hasta cierto morbo. También se me viene a la mente ese magistral film de Tom DiCillio llamado Living in Oblivion donde una persona de talla baja se ofende con el director de un film y le dice “a los enanos nos llaman para hacer siempre los mismos papeles”. Será que nosotros siempre los vemos como excluidos… ¿Y qué pasa cuando somos nosotros los que estamos en ese lugar? Desde ahí quizás podemos relacionar al film Plemya (o La Tribu en nuestro idioma) del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky, que nos cuenta una historia que transcurre en un internado para sordomudos y donde el único lenguaje que vemos a lo largo de los 130 minutos es el de señas. 



Aclaramos, no tiene nada que ver con los films que mencionamos anteriormente, ni cerca está de ser una historia Vontrieriana… ¿entonces? Bueno, la película arranca con una leyenda que nos dice que no habrá subtítulos ni voz en over y sólo se guiará por el lenguaje de señas. Ya desde un comienzo nos marca que hay que estar atentos a las imágenes y a los sonidos. Entonces… ¿Seremos capaces de seguir el ritmo, de no sentirnos excluidos de ese mundo que desconocemos? Luego, esa primera imagen, de un plano fijo donde un colectivo con fuelle color verde llega, nos llamará la atención. Entenderemos desde un principio que la cámara se situará siempre a distancia y evitará los primeros planos o planos detalle. Allí conoceremos a Sergey y lo escoltaremos hasta el internado. El sonido ambiente si nos recordará a algo de Von Trier: al Dogma 95, porque al no haber música, cada paso, cada sonido del viento, cada puerta que se abre o se cierra será clave para adentrarnos en la historia. La fotografía se nutrirá de una paleta de colores fríos que marcarán la opresión y la desesperanza del lugar. El azul y el verde estarán casi todo el tiempo en pantalla. Sumado al blanco de la nieve para esos paisajes inhóspitos. Los pasillos, las habitaciones y hasta las líneas de las paredes nos hacen pensar que es un lugar sin escapatoria. 



Como si estuviéramos encerrados juntos a ellos. El director utilizará muchos travellings y se guiará mayoritariamente por planos secuencia, necesarios para reemplazar las palabras. A medida que avanza el film, ya no estaremos esperando los subtítulos, sino que estaremos inmersos en esa historia. Con actores y actrices sordomudos y no profesionales, la película avanza lentamente. Sergey será parte de una “tribu” en la que tendrá que ir escalando para ganar poder. Como en muchas películas de este estilo, habrá malos, venta de drogas, robos, abusos y prostitución. La ley del más fuerte en la que los adolescentes son capaces de cualquier cosa por seguir perteneciendo a esa tribu. El protagonista llevará su curva dramática a medida que van pasando los minutos y llegará totalmente cambiado al final del camino. Se enamorará de una de las prostitutas, pero ese amor se terminará convirtiendo en una obsesión. Aparecerán la violencia y el sexo de manera cruda y directa, sin necesidad de subtítulos. Donde la intimidad parece no ser una opción. Está todo ahí, a la vista. Descarnado y desangelado. Y los ruidos de los pasos por las escaleras, que evocan a esos gritos que no dejan salir las palabras.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO SLABOSHPITSKY

 


Myroslav Slaboshpytskyi nació en Kiev el 17 de octubre de 1974. es hijo del escritor y crítico literario ucraniano Mykhailo Slaboshpytskyi. Hasta 1982 vivió en Lviv. Slaboshpytskyi Estudió en la Universidad Nacional de Teatro, Cine y TV en Kiev, se licenció en Dirección de Cine y Televisión. Ha trabajado como reportero y escrito guiones para cine y televisión. A principios de la década de 1990 trabajó en los Estudios Cinematográficos Dovzhenko. Desde 2000 es miembro de la Asociación Ucraniana de Cinematógrafos. Fue Vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Cineastas de Ucrania. En 2002, debido a un conflicto con la jefa del Servicio Estatal de Cinematografía, Anna Chmil, se marchó a Rusia, a San Petersburgo, donde empezó a trabajar como guionista y segundo director en varios proyectos. Trabajó en el estudio cinematográfico Lenfilm de San Petersburgo, en particular en la serie Detachment, con Igor Lifanov y otros. Empezó dirigiendo cortometrajes como El incidente (2006), Diagnóstico (2009), Sordera (2010) y Basura Nuclear (2012). Con su primer largometraje, estrenado en 2014 y titulado Plemya (La tribu), sobre jóvenes sordomudos que se encuentran en un internado, logró el premio a Mejor película en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Plemya (The Tribe)

Año: 2014

Duración: 130 min.

País: Ucrania

Dirección: Miroslav Slaboshpitsky

Guion: Miroslav Slaboshpitsky

Reparto: Grigoriy Fesenko, Yana Novikova, Rosa Babiy, Alexander Dsiadevich, Yaroslav Biletskiy, Ivan Tishko, Alexander Osadchiy, Alexander Sidelnikov, Alexander Panivan

Fotografía: Valentyn Vasyanovych

 

PELÍCULA COMPLETA

HONEY BOY DE ALMA HAR'EL

PROGRAMA 487 (07-11-2025)

 

SINOPSIS

 

Otis es un niño de 12 años que descubre desde muy joven la cara oculta de Hollywood, ejerciendo de especialista en shows televisivos. Su padre es un antiguo payaso de rodeo con diversos problemas, ahora sin trabajo, que decide convertirse en su guardián. Cuando Otis no está grabando sus escenas como doble, pasa el rato con él en hoteles de poca monta situados en las afueras de las ciudades donde se alojan. La convivencia entre ambos es muy compleja, y Otis anhela que su padre se comporte como tal. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Luz, cámara, acción… Una botella cae al piso. El ruido de los vidrios rompe el monótono silencio. Las paredes grises se oscurecen de golpe. Un labio se corta y un párpado se contrae. Hay gritos e insultos. Son las 2 de la mañana. La luz se apaga. Corten.

Luz, cámara, acción… El sol aparece levemente por la ventana. Un pie se apoya sobre el piso y su piel se abre con un vidrio. La sangre empieza a derramarse. Hay insultos al aire. Son las 2 de la tarde. Las persianas se bajan. Corten.

Luz, cámara, acción… Una lágrima amaga con escaparse, pero no lo logra. La música suena a todo volumen. El timbre también. Alguien grita del otro lado de la puerta. Se siente un olor a alcohol barato desde el otro lado. Los vidrios yacen en el piso. La sangre también. Son las 10 de la noche. Alguien cae fundido sobre una cama. Corten.

Luz, cámara, acción… Un grito resuena en la oscuridad. Otro vidrio sembrando venganza. Alguien se despierta con un golpe sobre su cuerpo. Los moretones son más evidentes. La televisión vomita odio. Y en ese cuarto el odio se respira en cada poro. Una sombra se va. Una puerta se abre y luego se cierra violentamente. Son las 4 de la mañana. Por fin hay algo de paz. Corten.



Luz, cámara, acción… Un perfume rodea toda la habitación. Hay risas y susurros. Luego se transforman en gemidos. Los vidrios y la sangre ya no están. Una escoba reposa junto a un placard. La música es más suave. Son las 6 de la mañana. La pasión lo envuelve todo. Corten.

Luz, cámara, acción… Las risas se convierten en llanto. El olor a cigarrillo elimina al del perfume. Ya no hay música ni tv. Un cenicero vuela de un lado a otro. Un vaso hace lo mismo en sentido contrario. Increíblemente no se rompe. Alguien se va corriendo dejando parte de sus prendas en el piso. Son las 7 de la mañana. Es la vuelta a lo natural. Corten.

Luz, cámara, acción… Una sirena se escucha a lo lejos. Se va acercando constantemente. En minutos, las paredes se vuelven azules y rojas. Alguien golpea fervientemente. Nadie atiende. De repente un ruido despierta a cualquiera que esté ahí dentro. Efectivos policiales entran. Son las 9 de la mañana. Otro domingo primaveral. Corten.

Luz, cámara, acción… Una puerta entreabierta. A lo lejos se ve una valija a medio armar. El sonido de la ducha se corta. Un cajón se abre y se siente el ruido de unas monedas. Una toalla cae sobre la cama. Una pequeña sombra se mueve por la habitación. Luego se escapa por la puerta. Esta se cierra lentamente. Son las 3 de la tarde. El futuro ya llegó. Los sueños se reinician. Corten.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE HONEY BOY

 


Matemos al sol, vamos, hagámoslo de una maldita vez. Entremos con rabia a la oscuridad. Entremos con salvajismo. Seamos puente. Caigamos en la madriguera. El conejo blanco, otro demonio. Sigámoslo hasta las fauces del peor de los infiernos, del más doloroso, aquel donde el fuego quema y purifica, arde en un grito liberador. Matemos al sol porque es en la noche donde todo pasa. Donde las defensas ceden, donde los besos son más largos, y los desamores tocan a la puerta de modo familiar, con aquel toque que no nos hace mirar por la mirilla. Que la noche sea larga y profunda y quizás así podamos confundir el temible vaho del infierno con la primaveral brisa del paraíso. Pero es necesario que el sol muera para que la luz se apegue y estemos frente a frente con la sombra, con el abismo. En la noche gobierna el miedo porque el viento susurra preguntas. El viento trae la duda. Nos aleja de aquella certeza de la que el sol dispone y alardea. Matemos al sol y llenemos el lugar de amigos, de la verdadera tribu. Cantemos las canciones ancestrales, aquellas melodías mágicas, bailemos sin ningún sentido, movamos nuestro cuerpo hasta caer agotados, preparemos nuestro ser, nuestra carne para morir. Estaremos todos juntos allí, pero nos sentiremos tan solos, y estará bien así. Atinaremos a tildar de traición aquel despojo, pero será solo miedo. El viaje que nos espera deberá ser solitario, oscuro y doloroso. 



Soltemos todo aquello que tengamos y ofrezcámoslo a la noche, al infierno que de ella depende. Al dios Baco encargado de deshacer nuestras máscaras y disfraces los cuales caerán sobre nuestros pies, dejando nuestros cuerpos desnudos, intactos, puros. Nos miraremos y no nos recordaremos.  Las llamas arderán a nuestro alrededor y sentiremos la serpiente llegar. ¿Pueden oírla? ¿Pueden sentir la dulce mordedura penetrando la carne, los tiernos dientes despojándonos del viejo mundo? Caen para siempre las montañas, los viejos rostros, los amores, todas las felicidades y las furias, se hacen cenizas purificándose papá y mamá, las estrellas, los cielos que vimos juntos, cada caricia se desvanece, todo vuelve a nada, al misterio de la chispa para empezar de nuevo. Mueren las palabras y con ellas lo que nombran. Se quiebra el relato y allí cae el telón de toda la farsa, de nuestra cosmovisión. Caen nuestros ojos muertos al fin. Nadie vive de paraísos es por eso que hay que matar al sol. Armar un nuevo relato, con nuevas palabras que resignifiquen el nuevo mundo. Renacer del dolor. Volver a la vida nuevos, con un nuevo sol que nos ilumine distinto, que alumbre a los objetos desde otra perspectiva, con otros dolores y otras penas, que claro, duelan distinto. Pero siendo otros, porque detenerse es quedarse en el infierno, es matar al sol para quedarse a soplar con melancolía sus cenizas. 



Alma Har'el demostrará en su film Honey Boy la importancia de recorrer el camino hacia nuestro propio infierno, por más dolor que esto traiga. Morir, matar al relato, las viejas palabras, para rearmar otro que sea más eficaz, que ayude a sobrellevar esto que llamamos vida, con todos sus recuerdos y frustraciones. Nacer de nuevo con nuevas palabras para matar viejos demonios, para no volverse ceniza y morir con el sol. El film narrará la vida de Otis, un niño actor con un padre alcohólico y abusivo. Con una relación extremadamente violenta y sometedora. En ese ámbito crece Otis, separado de su madre quien vive con Tom, su nueva pareja. La estructura narrativa del film no será lineal, recurrirá todo el tiempo al recurso del racconto para narrar la niñez del protagonista, sus padecimientos y abusos. El presente narrativo será el de él encerrado en un centro de tratamiento psicológico en donde seguiremos su terapia contra la ansiedad, que busca encontrar las raíces en traumas infantiles para combatir su actual alcoholismo y accionar violento. El film tendrá un montaje muy cuidado donde cada corte funcionará como elipsis para introducir al racconto. Las actuaciones serán orgánicas y precisas. Será tal la naturalidad y estará tan bien lograda la tridimensionalidad con la que estará construido el personaje de Otis que llegaremos a sentir su dolor, su ansiedad, sus mismas penas. Querremos quemar el sol para renacer nuevos en un mundo sin abusos, sin golpes ni adicciones. En un mundo más tierno, donde no haga falta morir a cada rato para rehacer el guion de nuestras vidas.

 

Lucas Itze.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO HAR'EL

 


Alma Har'el nació el 2 de julio de 1975 Tel Aviv, Israel. Comenzó su trabajo como fotógrafa y VJ en conciertos de música en vivo. Uno de los proyectos más destacados de Har'el como VJ fue una colaboración con el grupo musical israelí Balkan Beat Box, que incluyó un vídeo de 11 minutos. Su trabajo en actuaciones de videoarte en directo con diferentes músicos llevó a Har'el a dirigir vídeos musicales, y sus frecuentes colaboraciones con el cantante Zach Condon, de la banda Beirut, le valieron numerosos premios y nominaciones en festivales de cine y vídeos musicales. El trabajo de Har'el en el video musical de Beirut para su sencillo "Elephant Gun" (2009) le valió nominaciones a Mejor Debut como directora en los MTV Video Music Awards y los Music Video Production Association Awards, y fue número 30 en los 50 Mejores Videos de la Década de la revista Paste. En 2011 tuvo su debut como directora en un documental titulado Bombay Beach. Una nostálgica mirada al pasado que sigue a varios personajes, entre ellos un poeta octogenario, un joven bipolar de siete años y un prominente jugador de fútbol americano. En su videoclip de 2012 para la canción «Fjögur píanó» de la banda islandesa Sigur Rós, perteneciente al álbum Valtari, Har'el dirigió a Shia LaBeouf junto con la bailarina Denna Thomsen. El vídeo formó parte del experimento cinematográfico Valtari Mystery Film Experiment, en el que Sigur Rós invitó a doce cineastas a seleccionar una canción del álbum y grabar un vídeo inspirado en la música. The Wall Street Journal explicó que «Todos los directores recibieron el mismo presupuesto de 10 000 dólares y ninguna instrucción de la banda. Con esa libertad creativa, la cineasta Alma Har'el creó mariposas muertas, piruletas luminosas y una actuación sin ropa (en todos los sentidos) de una estrella de superproducciones de Hollywood». LaBeouf, al explicar su participación en el proyecto, declaró que le escribió una carta de admirador a Har'el tras quedar profundamente conmovido por Bombay Beach, a lo que Har'el respondió que le gustaría trabajar con él. Ambos volverían a colaborar: LaBeouf produjo su documental de 2016, LoveTrue, Un ensayo cinematográfico sobre la existencia de algo tan inefable como el "amor verdadero", a través de tres personajes: una stripper de Alaska, un librepensador criado en Hawaii, y un compositor de Nueva York que canta al desamor. Volvieron a unirse en 2019 cuando Har´el dirigió Honey Boy, basado en un guion autobiográfico del actor. Su última creación, es la miniserie La mujer del lago, que se estrenó el año pasado y está protagonizada por su compatriota Natalie Portman y ambientada en Baltimore en la década del ´60.

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Honey Boy

Año: 2019

Duración: 93 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Alma Har'el

Guion: Shia LaBeouf

Reparto: Noah Jupp, Shia LaBeouf, Lucas Hedges, Malika Monroe, Natasha Lyonne, Martin Starr.

Música: Alex Somers

Fotografía: Natasha Braier

 

PELÍCULA COMPLETA

 

 

SUSPIRIA DE DARÍO ARGENTO

PROGRAMA 486 (31-10-2025)

 

SINOPSIS

 

Una joven (Jessica Harper) ingresa en una exclusiva academia de baile la misma noche en que asesinan a una de las alumnas. La subdirectora del centro es la amable Madame Blank, que brinda a la nueva alumna las comodidades y facilidades necesarias para su aprendizaje. Pero, poco a poco, una atmósfera malsana se va apoderando del lugar, y la estancia de la joven se va convirtiendo en una verdadera pesadilla. (FILMAFFINITY)

 

EDITORIAL

 

Desde los comienzos de los tiempos, la verdadera manzana que envenenó la mente del ser fue la duda. Parafraseando al relato bíblico, la serpiente no hizo más que preguntar. Instalar la búsqueda de una respuesta, sobre todo una respuesta en aquello que hasta entonces se encontraba naturalizado o se atribuía a la inmensa gracia de dios. El pensamiento pre filosófico se organizó a través del mito, la religión y la magia. Allí estaban organizadas las respuestas que el ser buscaba. La magia, por su parte no solo buscó respuestas, sino también control. Entendió bajo una rigurosa contemplación que la naturaleza poseía ciertas repeticiones y constancias a las que intento gobernar en vez de entender para utilizar a su favor. Pasado el tiempo, la filosofía iría mas allá con el pensamiento y comprendería que la belleza estaba en la pregunta y jamás en la respuesta. El movimiento del pensamiento se encontraba en seguir preguntando sobre cuestiones tales como el origen, el por qué; a diferencia del sabio, cuyo pensar era reposado, detenido, expectante, porque ya era poseedor del saber y de todas las respuestas. Pero volvamos al pensamiento pre filosófico. Pensemos en la concepción actual evolucionista, esta fue realizada en un sentido claramente fijista, es decir sosteniendo el carácter inmutable de las especies, apegándose, claramente, a la versión bíblica de la creación. Allí la respuesta a la pregunta del origen, el mito bíblico. Por aquel entonces rondaba la idea preformacionista que ayudó a asentar la explicación mítica del origen bíblico. 



Esta teoría sintetizaba la continuidad específica, interpretaba que todas las especies vivientes se habían originado durante la creación, siguiendo siempre claro la tradición judío cristiana, y lo habían hecho con las mismas características que hoy podemos observar, y que su estudio y clasificación debía responder a la exaltación de la obra divina: en la adaptación de los organismos a un medio se veía la infinita sabiduría de dios y en las descripciones de las especies conocidas se vislumbraban los arquetipos ideales concebidos por el plan divino. Desde la antigüedad la humanidad conocía la existencia de conchas marinas en lo alto de las montañas o de inmensos huesos de animales desconocidos. A estas maravillas, los distintos pueblos le dieron variadas explicaciones como por ejemplo: creaciones abortadas de la Madre Tierra o los dioses, extinciones de míticas razas de gigantes, terribles lluvias e inundaciones que cubrieron al mundo incluso en sus cimas más elevadas. Las respuestas van a ir variando según el desarrollo del pensamiento. Lo interesante es que a través del tiempo y de las ideas, el pensamiento mágico ha sabido instalarse en el inconsciente del ser. Aquella necesidad de control sobre la naturaleza, sobre la otredad, sobre la física misma se ha abierto un camino en el tiempo que jamás nadie ha podido cerrar. Quien les habla debe admitir, más que le pese, haber conocido, haber tenido algún contacto con cierta forma de la magia. Creo, y digo esto sin temor a equivocarme, que el punto culmine del amor es el momento más mágico que la existencia del ser humano pueda experimentar. Aquel momento en que nuestro ser desaparece de este plano por unos instantes y se eleva a algo superior desconocido, luminoso, carente de tiempo y espacio. Esa es tal vez la única magia que recuerde haber experimentado.   

 

Lucas Itze.-

 

Canción elegida para la editorial

 


IMPRESIONES SOBRE SUSPIRIA

 


Allá, en un pueblito remoto del interior, un árbol se incendiaba todas las noches. Al otro día, este estaba como nuevo. Nadie entendía que sucedía. Al principio alguien osó llamar a los bomberos, pero con el correr de los días todo se volvió más habitual. Era un árbol alejado del ruido, de las luces, de la humanidad. Allá, en el medio del campo, decidía cada noche auto incendiarse para al otro día renacer con sus gigantes ramas y brillantes hojas. Los paisanos ya ni se inmutaban por el olor a humo que llegaba desde kilómetros no tan lejanos. La casa más cercana, a uno dos kilómetros, era de doña Maruja, una anciana solitaria, criolla, bien de campo. Había quedado viuda hace años y todos sus hijos, por tal o cual motivo, también habían fallecido. Cada tanto iba al pueblo con un aspecto poco más que andrajoso y muchos, sobre todos los más chicos, salían despavoridos ante su andar. La vieja bruja la llamaban los mocosos. Pero las ideas siempre vienen de sus mayores. Un atardecer, varios niños (o no tanto), fueron a ver como ardía el árbol, con tanta mala suerte que una rama se cortó y cayó sobre uno de ellos. Matándolo en el acto. El pueblo necesitaba encontrar culpables. Y claramente el nombre que se oyó en el medio de las discusiones de los vecinos fue claro: Maruja. Se convencieron y fueron hasta esa humilde casona de campo para pedirle explicaciones. La mujer no entendía nada, y hasta confesaba que nunca había visto al árbol prenderse fuego. Eso hizo que la rabia de la multitud se volviera más cruel. Hubo golpes, torturas, pero Maruja nunca cambió su opinión. Por la noche, mientras el árbol ardía, su corazón dijo basta. En ese momento, el árbol se iluminó como nunca antes, se veía hasta desde otros pueblos. 



Los vecinos imaginaron que fue el último suspiro lo que lo llevó a eso. Nunca se supo. Y si, después de la muerte de Maruja, al contrario de lo que todos pensaban, el árbol siguió ardiendo. Fueron días, semanas, meses. Hasta que un buen día, cuando ya nadie lo recordaba, no lo hizo más. Pero la tumba de Maruja si llevaba algunas mujeres, para muchos, pecadoras, que iban a pedirle justicia, perdón o simplemente, un consejo. Esa historia me recuerda a otra de Eduardo Galeano, que nos contaba lo siguiente: El libro Malleus Maleficarum, también llamado El martillo de las brujas, recomendaba el más despiadado exorcismo contra el demonio que lleva tetas y pelo largo. Dos inquisidores alemanes, Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, lo escribieron, por encargo del Papa Inocencio VIII, para hacer frente a las conspiraciones demoníacas contra la Cristiandad. Se publicó por primera vez en 1486, y hasta fines del siglo dieciocho fue el fundamento jurídico y teológico de los tribunales de la Inquisición en varios países. Los autores sostenían que las brujas, harén de Satán, representaban a las mujeres en estado natural: «Toda brujería proviene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable.» Y demostraban que «esos seres de aspecto bello, contacto fétido y mortal compañía» encantaban a los hombres y los atraían, silbidos de serpiente, colas de escorpión, para aniquilarlos. Y advertían a los incautos, citando a la Biblia: «La mujer es más amarga que la muerte. Es una trampa. Su corazón, una red, y cadenas sus brazos.» Este tratado de Criminología, que envió a miles de mujeres a las piras de la Inquisición, aconsejaba someter a tormento a todas las sospechosas de brujería. Si confesaban, merecían el fuego. Si no confesaban, también, porque sólo una bruja, fortalecida por su amante el Diablo en los aquelarres, podía resistir semejante suplicio sin soltar la lengua. 



El Papa Honorio III había sentenciado que el sacerdocio era cosa de machos: – Las mujeres no deben hablar. Sus labios llevan el estigma de Eva, que perdió a los hombres. Ocho siglos después, la Iglesia católica sigue negando el púlpito a las hijas de Eva. El mismo pánico hace que los fundamentalistas musulmanes les mutilen el sexo y les tapen la cara. Y el alivio por el peligro conjurado mueve a los judíos muy ortodoxos a empezar el día susurrando: – Gracias, Señor, por no haberme hecho mujer… Ya en el siglo XIX, aparece el poema en prosa Levana y Nuestras Señoras del Dolor, extraído del libro Suspiria de Profundis, de Thomas de Quincey. En él se contaba la historia de tres hermanas de la costa del Mar Negro que, haciendo uso de la brujería, extendieron su reinado de terror alrededor del mundo, alcanzando gran poder a medida que dejaban un reguero de destrucción a su paso. En el siglo XIX, Mater Lechrymarum, la Señora de las Lágrimas; Mater Suspiriorum, la Señora de los Suspiros; y Mater Tenebrarum, Señora de las Tinieblas, como eran conocidas, ordenaron al arquitecto y alquimista Emilio Varelli la construcción de sus respectivas residencias, en Friburgo (Alemania), Nueva York (Estados Unidos) y Roma (Italia), desde donde controlarían la humanidad a través del dolor, las lágrimas y la oscuridad. Será la Señora de los Suspiros, la parte que Dario Argento llevará a la pantalla en 1977 (la otras llegarán en un lapso de 30 años) bajo el nombre Suspiria



El film nos cuenta la historia de Susy, quien llega desde Nueva York a Friburgo para estudiar danza en una renombrada academia alemana. Ya desde el comienzo algo nos va a llamar la atención. Del aeropuerto la imagen se va con la protagonista, con un blanco angelical. A sus costados dos mujeres de rojo la pasan por al lado. La imagen muestra la puerta de salida con una de ella cruzándola. Un afroamericano con un guitarra y luego una pareja de ancianos vestidos de verde completan la escena. Ella de blanco impoluto sale de del aeropuerto mientras la bufanda se le vuela hacia atrás formando las alas de un ángel. Lo diabólico y lo angelical quedarán marcados en el comienzo mismo del film. El sonido de la lluvia y la música de la banda Goblin empezarán a confirmar que serán parte importante durante todo el metraje. Ella desde un taxi mira la lluvia y el agua que se junta, acaso símbolo de la purificación, o de la tormenta que será una especie de pasaje ritual, el que une a los muertos de los vivos. Un bosque y la llegada a la Academia, pintada con un rojo furioso. La salida de una joven será el comienzo de una historia que se transformará en pesadilla. Argento seguirá a esa joven y ahí veremos una puesta en escena magnífica. Comenzarán los asesinatos y todo se volverá asfixiante. La fotografía de Luciano Tovoli representará a la perfección lo que Argento pretendía. La paleta de colores compuesta por los colores rojo, azul y verde, pasando por algún salmón o rosado cada tanto, logra traspasar la pantalla. La escenografía será perfecta. Habrá partes que recuerden al expresionismo, a cierta cultura pop en algunas escenas, pero también destaca todo lo relacionado a la pintura y arquitectura. 



Habrá Art Decó y Art Noveau por doquier, habrá homenajes a diferentes pintores y artistas y también encontraremos algunas palabras escondidas que nos llevarán a la literatura. La trama seguirá a Susy en busca de sobrevivir en esa academia y tratando de encontrar respuesta a los asesinatos. El guion quizás se irá por las ramas y encontraremos un final no tan a medida de las expectativas generadas. Pero seguiremos maravillados con la puesta en escena y con esas imágenes que nos llevan a preguntarnos que nos está diciendo. El símbolo de la masonería aparecerá en algunos pasajes del film y la flor de lis, otro símbolo masón, será clave en el final. También en otras religiones es importante, como en la egipcia, que es la puerta a los Jardines Colgantes de Babilonia. Aquí es la manija de la puerta donde Susy empieza a descubrir todo, en un pasillo con pinturas doradas que recuerda a un útero, donde al final está la reunión de brujas. Ella, la ingenua con buena moral descubrirá todo. Y si con la puesta en escena no alcanza, la mano del director se verá en los excelentes planos, algunos simétricos que recuerdan a Kubrick, los travellings, los excelentes planos secuencia, en esa sangre espesamente roja y, sobre todo, en los planos detalle que todo amante del terror necesita. Y también en esa sensación de perturbación e inseguridad que se esconde entre cada decorado, que logran una experiencia visual fantástica. El fuego finalmente lo consumirá todo, como en ese árbol que contamos al principio. Quien sabe, si el día después esa academia de las brujas renacería de sus cenizas.

 

Marcelo De Nicola.-

 

Canción post impresiones

 


UNIVERSO ARGENTO

 


Nacido en Roma el 7 de septiembre de 1940, estuvo vinculado a las artes desde su niñez, ya que era hijo de un productor cinematográfico y de una fotógrafa profesional. A comienzos de su carrera se desempeñó como redactor en diversos diarios, y más adelante trabajó como guionista para cineastas como Sergio Leone, Tonino Cervi, Alfio Caltabiano y Armando Crispino, en géneros como el wéstern, el cine erótico y el cine bélico. Su debut detrás de las cámaras fue con la primera parte de la llamada “trilogía animal”, cuando en 1970 dirigió El pájaro de las plumas de cristal, sobre un joven escritor americano que está en Roma, presencia un asesinato y empieza a investigar a un asesino en serie. Fue el comienzo del director con el género llamado Giallo, que lo marcaría en toda su carrera. En 1971 llega El gato de las nueve colas, sobre otro asesinato donde un ciego es un testigo clave. La trilogía cierra con Cuatro moscas de terciopelo gris, con otra historia sobre asesinatos en las que se ve involucrado un baterista de rock. Da un paso a la comedia con el film La quinta jornada de 1973 ambientada en la Roma del Siglo XIX. Empieza a ser reconocido internacionalmente gracias al film de 1975 titulado Profundo Rojo, donde un compositor inglés presencia en Roma el brutal asesinato de una médium, e inmediatamente trata de localizar al sádico asesino. 



En 1977 filma la primera parte de la llamada Trilogía de las Tres Madres: Suspiria, que vuelve a llamar la atención de la crítica internacional. Tres años después llega la segunda parte: Inferno, que es una especie de secuela de Suspiria, donde una joven poetisa encuentra un antiguo diario en latín y descubre la existencia de las Tres Madres del Mal y empieza a creer que en su apartamento habita una de ellas. Sus films sobre asesinos en serie siguen con Tinieblas en 1982, Phenomena en 1985, con una adolescente Jennifer Connelly y Terror en la ópera de 1987, en la que para muchos fue la última gran película del director. 



En los años ´90 llegaron Ojos diabólicos, Trauma (su primer film americano, con su hija Asia Argento), El arte de matar y El fantasma de la Ópera. Ya en el siglo XXI su cine ha ido cada vez más en decadencia para los especialistas, aquí aparecen films como Insomnio (con el gran Max Von Sydow), El jugador, La madre de las lágrimas, que completa la trilogía de las Madres, Giallo (segundo film americano), Drácula 3D y su último film titulado Occhiali Neri (Dark Glasses en inglés).

 

FICHA TÉCNICA

 

Título original: Suspiria

Año: 1977

Duración: 101 min.

País: Italia

Dirección: Dario Argento

Guion: Daria Nicolodi, Dario Argento. Libro: Thomas De Quincey

Reparto: Jessica Harper, Stefania Cassini, Flavio Bucci, Udo Kier, Miguel Bosé, Rudolf Schündler, Joan Bennett, Alida Valli.

Música: Goblin, Dario Argento, Massimo Morante, Fabio Pignatelli, Claudio Simonetti

Fotografía: Luciano Tovoli

 

PELÍCULA COMPLETA